2 Samuel 1 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag.
2Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia.
3Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del campamento de Israel.
4David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron.
5Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?
6El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo.
7Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí.
8Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita.
9El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí.
10Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.
11Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.
12Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada.
13Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita.
14Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová?
15Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió.
16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.
17Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha,
18y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.
19¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído los valientes!
20No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos, Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
21Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.
22Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada de Saúl volvió vacía.
23Saúl y Jonatán, amados y queridos; Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados; Más ligeros eran que águilas, Más fuertes que leones.
24Hijas de Israel, llorad por Saúl, Quien os vestía de escarlata con deleites, Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
25¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas!
26Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres.
27¡Cómo han caído los valientes, Han perecido las armas de guerra!
Nueva Version Internacional (NVI)
1Después de la muerte de Saúl, David se detuvo dos días en Siclag, luego de haber derrotado a los amalecitas.
2Al tercer día, llegó a Siclag un hombre que venía del campamento de Saúl. En señal de duelo se presentó ante David con la ropa rasgada y la cabeza cubierta de ceniza, y se postró rostro en tierra.
3―¿De dónde vienes? —le preguntó David.―Vengo huyendo del campamento israelita —respondió.
4―Pero ¿qué ha pasado? —exclamó David—. ¡Cuéntamelo todo!―Pues resulta que nuestro ejército ha huido de la batalla y muchos han caído muertos —contestó el mensajero—. Entre los caídos en combate se cuentan Saúl y su hijo Jonatán.
5―¿Y cómo sabes tú que Saúl y su hijo Jonatán han muerto? —le preguntó David al criado que le había traído la noticia.
6―Por casualidad me encontraba yo en el monte Guilboa. De pronto, vi a Saúl apoyado en su lanza y asediado por los carros y la caballería —respondió el criado—.
7Saúl se volvió y al verme me llamó. Yo me puse a sus órdenes.
8Me preguntó quién era yo y le respondí que era amalecita.
9Entonces me pidió que me acercara y me ordenó: “¡Mátame de una vez, pues estoy agonizando y no acabo de morir!”.
10Yo me acerqué y lo maté, pues me di cuenta de que no iba a sobrevivir al desastre. Luego le quité la corona de la cabeza y el brazalete que llevaba en el brazo para traérselos a usted, mi señor.
11Al oírlo, David y los que estaban con él se rasgaron las vestiduras.
12Lloraron y ayunaron hasta el anochecer porque Saúl y su hijo Jonatán habían caído a filo de espada, y también por el ejército del Señor y por la nación de Israel.
13Entonces David le preguntó al joven que le había traído la noticia:―¿De dónde eres?―Soy un extranjero amalecita —respondió.
14―¿Y cómo te atreviste a alzar la mano para matar al ungido del Señor? —le reclamó David.
15Y enseguida llamó a uno de sus hombres y le ordenó:―¡Anda, mátalo!Aquel cumplió la orden y lo mató.
16David, por su parte, dijo:―¡Que tu sangre caiga sobre tu cabeza! Tu boca misma te condena al admitir que mataste al ungido del Señor.
17David compuso este lamento en honor de Saúl y de su hijo Jonatán.
18Lo llamó el «Cántico del arco» y ordenó que lo enseñaran a los habitantes de Judá. Así consta en el libro de Jaser:
19«¡Ay, Israel! Tus héroes yacen heridos en las alturas de tus montes.¡Cómo han caído los valientes!
20»No lo anuncien en Gatni lo pregonen en las calles de Ascalónpara que no se alegren las filisteasni lo celebren esas hijas de incircuncisos.
21»¡Ay, montes de Guilboa,que no caiga sobre ustedes lluvia ni rocío!¡Que no crezca nada en sus campos!Porque allí deshonraron el escudo de Saúl:¡nunca más será ungido con aceite!
22»¡Jamás volvía el arco de Jonatánsin haberse saciado con la sangre de los heridosni regresaba la espada de Saúlsin haberse hartado con la grasa de sus oponentes!
23¡Saúl! ¡Jonatán!Fueron amados y admirados,y en la vida y en la muerte, inseparables.Más veloces eran que las águilasy más fuertes que los leones.
24»¡Ay, mujeres de Israel!Lloren por Saúl,que las vestía con lujosa seda escarlatay las adornaba con joyas de oro.
25»¡Cómo han caído los valientes en batalla!Jonatán yace muerto en tus alturas.
26¡Cuánto sufro por ti, Jonatán,pues te quería como a un hermano!Más preciosa fue para mí tu amistadque el amor de las mujeres.
27»¡Cómo han caído los valientes!¡Las armas de guerra han perecido!».
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Sucedió que después de la muerte de Saúl, habiendo regresado David de la derrota de los amalecitas, David permaneció dos días en Siclag.
2Y al tercer día, he aquí, un hombre llegó del campamento de Saúl con sus ropas rasgadas y polvo sobre su cabeza, y al llegar ante David, cayó en tierra y se postró.
3Y David le dijo: ¿De dónde vienes? Y él le respondió: Me he escapado del campamento de Israel.
4David le preguntó: ¿Qué aconteció? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo ha huido de la batalla, y también muchos del pueblo han caído y han muerto; también Saúl y su hijo Jonatán han muerto.
5Dijo David al joven que se lo había contado: ¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto?
6El joven que se lo había contado, dijo: Yo estaba por casualidad en el monte Gilboa, y he aquí, Saúl estaba apoyado sobre su lanza. Y he aquí que los carros y los jinetes lo perseguían de cerca.
7Al mirar él hacia atrás, me vio y me llamó. Y dije: «Heme aquí».
8Y él me dijo: «¿Quién eres?». Y le respondí: «Soy amalecita».
9Entonces él me dijo: «Te ruego que te pongas junto a mí y me mates, pues la agonía se ha apoderado de mí, porque todavía estoy con vida».
10Me puse, pues, junto a él y lo maté, porque yo sabía que él no podía vivir después de haber caído. Tomé la corona que estaba en su cabeza y la pulsera que estaba en su brazo, y los he traído aquí a mi señor.
11Entonces David agarró sus ropas y las rasgó, y así hicieron también todos los hombres que estaban con él.
12Y se lamentaron y lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, porque habían caído a espada.
13Dijo David al joven que se lo había contado: ¿De dónde eres? Y él respondió: Soy hijo de un extranjero, un amalecita.
14Y David le dijo: ¿Cómo es que no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido del Señor?
15Llamando David a uno de los jóvenes, le dijo: Ve, mátalo. Y él lo hirió, y murió.
16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, porque tu boca ha testificado contra ti, al decir: «Yo he matado al ungido del Señor».
17David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán,
18y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; he aquí, está escrito en el libro de Jaser.
19Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes.¡Cómo han caído los valientes!
20No lo anunciéis en Gat,no lo proclaméis en las calles de Ascalón;para que no se regocijen las hijas de los filisteos,para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.
21Oh montes de Gilboa,no haya sobre vosotros rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas;porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes,el escudo de Saúl, no ungido con aceite.
22De la sangre de los muertos, de la grosura de los poderosos,el arco de Jonatán no volvía atrás,y la espada de Saúl no volvía vacía.
23Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida,y en su muerte no fueron separados;más ligeros eran que águilas,más fuertes que leones.
24Hijas de Israel, llorad por Saúl,que os vestía lujosamente de escarlata,que ponía adornos de oro en vuestros vestidos.
25¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!Jonatán, muerto en tus alturas.
26Estoy afligido por ti, Jonatán, hermano mío;tú me has sido muy estimado.Tu amor fue para mí más maravillosoque el amor de las mujeres.
27¡Cómo han caído los valientes,y perecido las armas de guerra!
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Después de la muerte de Saúl, David regresó de su victoria sobre los amalecitas y pasó dos días en Siclag.
2Al tercer día llegó un hombre del campamento del ejército de Saúl con sus ropas rasgadas y polvo sobre la cabeza en señal de duelo. El hombre cayó al suelo y se postró delante de David con profundo respeto.
3—¿De dónde vienes? —le preguntó David. —Me escapé del campamento israelita —le respondió el hombre.
4—¿Qué sucedió? —preguntó David—. Cuéntame lo que pasó en la batalla. —Todo nuestro ejército huyó de la batalla —le contó—. Murieron muchos hombres. Saúl y su hijo Jonatán también están muertos.
5—¿Cómo sabes que Saúl y Jonatán están muertos? —le insistió David al joven.
6El hombre respondió: —Sucedió que yo estaba en el monte Gilboa, y allí estaba Saúl apoyado en su lanza mientras se acercaban los enemigos en sus carros de guerra.
7Cuando se dio vuelta y me vio, me gritó que me acercara a él. “¿Qué quiere que haga?”, le pregunté
8y él me contestó: “¿Quién eres?”. Le respondí: “Soy un amalecita”.
9Entonces me suplicó: “Ven aquí y sácame de mi sufrimiento, porque el dolor es terrible y quiero morir”.
10»De modo que lo maté —dijo el amalecita a David—, porque me di cuenta de que no iba a vivir. Luego tomé su corona y su brazalete y se los he traído a usted, mi señor.
11Al escuchar las noticias, David y sus hombres rasgaron sus ropas en señal de dolor.
12Hicieron duelo, lloraron y ayunaron todo el día por Saúl y su hijo Jonatán, también por el ejército del Señor y por la nación de Israel, porque ese día habían muerto a espada.
13Luego David le dijo al joven que trajo la noticia: —¿De dónde eres? —Soy un extranjero —contestó—, un amalecita que vive en su tierra.
14—¿Y cómo no tuviste temor de matar al ungido del Señor ? —le preguntó David.
15Entonces le ordenó a uno de sus hombres: —¡Mátalo! Enseguida el hombre le clavó su espada al amalecita y lo mató,
16y David dijo: —Te condenaste a ti mismo al confesar que mataste al ungido del Señor .
17David compuso un canto fúnebre por Saúl y Jonatán,
18y ordenó que se lo enseñaran al pueblo de Judá. Es conocido como el Cántico del arco y está registrado en El libro de Jaser :
19¡Oh Israel, tu orgullo y tu alegría yacen muertos en las colinas! ¡Oh, cómo han caído los héroes poderosos!
20No lo anuncien en Gat, ni lo proclamen en las calles de Ascalón, o las hijas de los filisteos se alegrarán y los paganos se reirán con aires de triunfo.
21Oh montes de Gilboa, que no caiga sobre ustedes lluvia ni rocío, ni haya campos fructíferos que produzcan ofrendas de grano. Pues fue allí donde se contaminó el escudo de los héroes poderosos; el escudo de Saúl ya no será ungido con aceite.
22El arco de Jonatán era potente, y la espada de Saúl realizó su trabajo mortífero. Derramaron la sangre de sus enemigos y atravesaron a muchos héroes poderosos.
23¡Cuán amados y agradables fueron Saúl y Jonatán! Estuvieron juntos en la vida y en la muerte. Eran más rápidos que águilas, más fuertes que leones.
24Oh mujeres de Israel, lloren por Saúl, porque él las vistió con lujosas ropas escarlatas, con prendas adornadas de oro.
25¡Oh, cómo han caído los héroes poderosos en batalla! Jonatán yace muerto en las colinas.
26¡Cómo lloro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Oh, cuánto te amaba! Tu amor por mí fue profundo, ¡más profundo que el amor de las mujeres!
27¡Oh, cómo han caído los héroes poderosos! Despojados de sus armas, yacen muertos.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Después de la muerte de Saúl, habiendo regresado David de derrotar a los amalecitas, David permaneció dos días en Siclag.
2Al tercer día, un hombre llegó del campamento de Saúl con sus ropas rasgadas y polvo sobre su cabeza. Al llegar ante David, se inclinó a tierra y se postró.
3David le preguntó: «¿De dónde vienes?». «Me he escapado del campamento de Israel», le respondió.
4David le preguntó: «¿Qué aconteció? Te ruego que me lo digas». Y él respondió: «El pueblo ha huido de la batalla, y también muchos del pueblo han caído y han muerto; también Saúl y su hijo Jonatán han muerto».
5Así que David le preguntó al joven que se lo había contado: «¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto?».
6El joven que se lo había contado, dijo: «Yo estaba por casualidad en el monte Gilboa, y vi que Saúl estaba apoyado sobre su lanza. Y que los carros y los jinetes lo perseguían de cerca.
7Al mirar él hacia atrás, me vio y me llamó. Y dije: “Aquí estoy”.
8Y él me dijo: “¿Quién eres?”. Y le respondí: “Soy un amalecita”.
9Entonces él me dijo: “Te ruego que te pongas junto a mí y me mates, pues la agonía se ha apoderado de mí, porque todavía estoy con vida”.
10Me puse, pues, junto a él y lo maté, porque yo sabía que él no podía vivir después de haber caído. Tomé la corona que estaba en su cabeza y la pulsera que estaba en su brazo, y los he traído aquí a mi señor».
11Entonces David agarró sus ropas y las rasgó, y así hicieron también todos los hombres que estaban con él.
12Se lamentaron y lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, porque habían caído a espada.
13David le preguntó al joven que se lo había contado: «¿De dónde eres?». «Soy hijo de un extranjero, un amalecita», le respondió.
14Y David le dijo: «¿Cómo es que no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido del Señor?».
15Llamando David a uno de los jóvenes, le dijo: «Ve, mátalo». Y él lo hirió, y murió.
16Y David le dijo: «Tu sangre sea sobre tu cabeza, porque tu boca ha testificado contra ti, al decir: “Yo he matado al ungido del Señor” ».
17Entonces David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán,
18y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; el cual está escrito en el libro de Jaser:
19«Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes. ¡Cómo han caído los valientes!
20»No lo anuncien en Gat, No lo proclamen en las calles de Ascalón; Para que no se regocijen las hijas de los filisteos, Para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.
21»Oh montes de Gilboa, No haya sobre ustedes rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas; Porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, no ungido con aceite.
22»De la sangre de los muertos, de la grasa de los poderosos, El arco de Jonatán no volvía atrás, Y la espada de Saúl no volvía vacía.
23»Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, Y en su muerte no fueron separados; Más ligeros eran que águilas, Más fuertes que leones.
24»Hijas de Israel, lloren por Saúl, Que las vestía lujosamente de escarlata, Que ponía adornos de oro en sus vestidos.
25»¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! Jonatán, muerto en tus alturas.
26»Estoy afligido por ti, Jonatán, hermano mío; Tú me has sido muy estimado. Tu amor fue para mí más maravilloso Que el amor de las mujeres.
27»¡Cómo han caído los valientes, Y perecido las armas de guerra!».