Isaías 6 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
2Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
7y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
9Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.
10Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
11Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto;
12hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra.
13Y si quedare aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa.
Nueva Version Internacional (NVI)
1El año de la muerte del rey Uzías vi al Señor sentado en un trono alto y excelso; las orlas de su manto llenaban el templo.
2Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban.
3Y se decían el uno al otro:«Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos;toda la tierra está llena de su gloria».
4Al sonido de sus voces se estremecieron los umbrales de las puertas y el templo se llenó de humo.
5Entonces grité: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, al Señor de los Ejércitos».
6En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar.
7Con ella me tocó los labios y me dijo:«Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada y tu pecado, perdonado».
8Entonces oí la voz del Señor que decía:―¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?Y respondí:―Aquí estoy. ¡Envíame a mí!
9Él dijo:―Ve y dile a este pueblo:»“Oigan bien, pero no entiendan;miren bien, pero no perciban”.
10Haz insensible el corazón de este pueblo;endurece sus oídosy cierra sus ojos,no sea que vea con sus ojos,oiga con sus oídosy entienda con su corazón,y se convierta y sea sanado.
11Entonces exclamé:―¿Hasta cuándo, Señor?Y él respondió:―Hasta que las ciudades queden destruidasy sin habitante alguno;hasta que las casas queden deshabitadasy los campos asolados y en ruinas;
12hasta que el Señor haya enviado lejos a la gentey sean muchos los lugares abandonados en el país.
13Y, si aún queda en la tierra una décima parte,esta volverá a ser devastada.Pero, así como al talar la encina y el roblequeda parte del tronco,esa parte es el linaje santo.
La Biblia de las Americas (LBLA)
1En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo.
2Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.
3Y el uno al otro daba voces, diciendo:Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos,llena está toda la tierra de su gloria.
4Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5Entonces dije:¡Ay de mí! Porque perdido estoy,pues soy hombre de labios inmundosy en medio de un pueblo de labios inmundos habito,porque han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos.
6Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas;
7y con él tocó mi boca, y dijo: He aquí, esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado.
8Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí.
9Y Él dijo:Ve, y di a este pueblo:«Escuchad bien, pero no entendáis;mirad bien, pero no comprendáis».
10Haz insensible el corazón de este pueblo,endurece sus oídos,y nubla sus ojos,no sea que vea con sus ojos,y oiga con sus oídos,y entienda con su corazón,y se arrepienta y sea curado.
11Entonces dije yo:¿Hasta cuándo, Señor? Y Él respondió:Hasta que las ciudades estén destruidas y sin habitantes,las casas sin gente,y la tierra completamente desolada;
12hasta que el Señor haya alejado a los hombres,y sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra.
13Pero aún quedará una décima parte en ella,y esta volverá a ser consumidacomo el roble o la encina,cuyo tronco permanece cuando es cortado:la simiente santa será su tronco.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso trono, y el borde de su manto llenaba el templo.
2Lo asistían poderosos serafines, cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban.
3Se decían unos a otros: «¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos Celestiales! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!».
4Sus voces sacudían el templo hasta los cimientos, y todo el edificio estaba lleno de humo.
5Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales».
6Entonces uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas.
7Con él tocó mis labios y dijo: «¿Ves? Este carbón te ha tocado los labios. Ahora tu culpa ha sido quitada, y tus pecados perdonados».
8Después oí que el Señor preguntaba: «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?». —Aquí estoy yo —le dije—. Envíame a mí.
9Y él me dijo: —Bien, ve y dile a este pueblo: “Escuchen con atención, pero no entiendan; miren bien, pero no aprendan nada”.
10Endurece el corazón de este pueblo; tápales los oídos y ciérrales los ojos. De esa forma, no verán con sus ojos, ni oirán con sus oídos, ni comprenderán con su corazón para que no se vuelvan a mí en busca de sanidad.
11Entonces yo dije: —Señor, ¿cuánto tiempo durará esto? Y él contestó: —Hasta que sus ciudades queden vacías, sus casas queden desiertas y la tierra entera quede seca y baldía;
12hasta que el Señor haya mandado a todos lejos y toda la tierra de Israel quede desierta.
13Si aún sobrevive una décima parte, un remanente, volverá a ser invadida y quemada. Pero así como el terebinto o el roble dejan un tocón cuando se cortan, también el tocón de Israel será una semilla santa.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de Su manto llenaba el templo.
2Por encima de Él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.
3Y el uno al otro daba voces, diciendo: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, Llena está toda la tierra de Su gloria».
4Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
5Entonces dije: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, Pues soy hombre de labios inmundos Y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, Porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos».
6Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas.
7Con él tocó mi boca, y me dijo: «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado».
8Y oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?». «Aquí estoy; envíame a mí», le respondí.
9Y Él dijo: «Ve, y dile a este pueblo: “Escuchen bien, pero no entiendan; Miren bien, pero no comprendan”.
10»Haz insensible el corazón de este pueblo, Endurece sus oídos, Y nubla sus ojos, No sea que vea con sus ojos, Y oiga con sus oídos, Y entienda con su corazón, Y se arrepienta y sea curado».
11Entonces dije: «¿Hasta cuándo, Señor?». Y Él respondió: «Hasta que las ciudades estén destruidas y sin habitantes, Las casas sin gente, Y la tierra completamente desolada;
12Hasta que el Señor haya alejado a los hombres, Y sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra.
13»Pero aún quedará una décima parte en ella, Y esta volverá a ser consumida Como el roble o la encina, Cuyo tronco permanece cuando es cortado: La simiente santa será su tronco».