Zacarías 11 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Oh Líbano, abre tus puertas, y consuma el fuego tus cedros.
2Aúlla, oh ciprés, porque el cedro cayó, porque los árboles magníficos son derribados. Aullad, encinas de Basán, porque el bosque espeso es derribado.
3Voz de aullido de pastores, porque su magnificencia es asolada; estruendo de rugidos de cachorros de leones, porque la gloria del Jordán es destruida.
4Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza,
5a las cuales matan sus compradores, y no se tienen por culpables; y el que las vende, dice: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus pastores tienen piedad de ellas.
6Por tanto, no tendré ya más piedad de los moradores de la tierra, dice Jehová; porque he aquí, yo entregaré los hombres cada cual en mano de su compañero y en mano de su rey; y asolarán la tierra, y yo no los libraré de sus manos.
7Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas.
8Y destruí a tres pastores en un mes; pues mi alma se impacientó contra ellos, y también el alma de ellos me aborreció a mí.
9Y dije: No os apacentaré; la que muriere, que muera; y la que se perdiere, que se pierda; y las que quedaren, que cada una coma la carne de su compañera.
10Tomé luego mi cayado Gracia, y lo quebré, para romper mi pacto que concerté con todos los pueblos.
11Y fue deshecho en ese día, y así conocieron los pobres del rebaño que miraban a mí, que era palabra de Jehová.
12Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata.
13Y me dijo Jehová: Echalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro.
14Quebré luego el otro cayado, Ataduras, para romper la hermandad entre Judá e Israel.
15Y me dijo Jehová: Toma aún los aperos de un pastor insensato;
16porque he aquí, yo levanto en la tierra a un pastor que no visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni llevará la cansada a cuestas, sino que comerá la carne de la gorda, y romperá sus pezuñas.
17¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada su brazo, y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido.
Nueva Version Internacional (NVI)
1¡Abre tus puertas, Líbano,para que el fuego devore tus cedros!
2¡Gime tú, ciprés, porque los cedros se han caídoy los majestuosos árboles se han derrumbado!¡Giman, encinas de Basán!¡Los tupidos bosques han sido derribados!
3Escuchen el gemido de los pastores,porque sus ricos pastizales han sido destruidos.Escuchen el rugido de los leones,porque la espesura del Jordán ha quedado devastada.
4Así dice el Señor mi Dios: «Cuida de las ovejas destinadas al matadero.
5Quienes las compran las matan impunemente y quienes las venden dicen: “¡Bendito sea el Señor, porque me he enriquecido!”. Ni sus propios pastores se compadecen de ellas.
6Pero ya no tendré piedad de los que habitan este país —afirma el Señor—, sino que los entregaré en manos de su prójimo y de su rey. Aunque devasten el país, no los rescataré de sus manos».
7Así que me dediqué a pastorear las ovejas que habían sido destinadas al matadero, las oprimidas del rebaño. Tomé dos varas de pastor: a una le puse por nombre Gracia y a la otra, Unión. Luego me dediqué a cuidar del rebaño.
8En un solo mes me deshice de tres pastores.Pero las ovejas me detestaron, y yo me cansé de ellas.
9Así que les dije: «Ya no voy a ser su pastor. Las que se vayan a morir, que se mueran; las que deban perecer, que perezcan; y las que queden con vida, que se devoren unas a otras».
10Tomé entonces la vara a la que había llamado Gracia y la quebré. De ese modo anulé el pacto que había hecho con todas las naciones.
11En aquel mismo día, el pacto quedó anulado. Las ovejas oprimidas que me observaban supieron que se trataba de la palabra del Señor.
12Les dije: «Si les parece bien, páguenme mi salario; de lo contrario, quédense con él». Y me pagaron solo treinta piezas de plata.
13Entonces el Señor me dijo: «¡Vaya precio con el que me han valorado! Entrega eso al alfarero». Así que tomé las treinta piezas de plata y se las di al alfarero del templo del Señor.
14Quebré luego la segunda vara, a la que había llamado Unión, y anulé el vínculo fraternal entre Judá e Israel.
15El Señor me dijo entonces: «Vístete ahora como uno de esos pastores insensatos,
16porque voy a levantar sobre el país a un pastor que no se preocupará por las ovejas moribundas, ni buscará a las ovejas pequeñas, ni curará a las ovejas heridas, ni dará de comer a las ovejas sanas, sino que devorará a las más gordas y les arrancará las pezuñas».
17¡Ay del pastor inútilque abandona su rebaño!¡Que la espada hiera su brazoy le saque el ojo derecho!¡Que el brazo le quede tullidoy el ojo derecho, ciego!
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Abre tus puertas, Líbano,y consuma el fuego tus cedros.
2Gime, ciprés, porque ha caído el cedro,porque los árboles majestuosos han sido derribados;gemid, encinas de Basán,porque ha caído el bosque impenetrable.
3Voz de gemido de pastores,porque su esplendor está arruinado;voz del rugido de leoncillos,porque derribada está la gloria del Jordán.
4Así dice el Señor mi Dios: Apacienta las ovejas destinadas para la matanza.
5Los que las compran las matan y salen impunes, y el que las vende dice: «¡Bendito sea el Señor, porque me he enriquecido!»; y ni sus propios pastores se compadecen de ellas.
6Pues yo no me compadeceré más de los habitantes de esta tierra —declara el Señor— sino que he aquí, haré que los hombres caigan cada uno en manos de otro y en manos de su rey; y ellos herirán la tierra y yo no los libraré de sus manos.
7Apacenté, pues, las ovejas destinadas para la matanza, esto es, los afligidos del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: a uno lo llamé Gracia y al otro lo llamé Unión; y apacenté las ovejas.
8Y destruí a los tres pastores en un mes, pues mi alma se impacientó con ellos y su alma también se cansó de mí.
9Entonces dije: No os apacentaré más. La que ha de morir, que muera; y la que ha de ser destruida, que sea destruida; y las que queden, cómanse la carne unas a otras.
10Y tomé mi cayado Gracia y lo quebré para romper el pacto que yo había hecho con todos los pueblos.
11Y fue roto aquel día; así los afligidos del rebaño que me observaban, conocieron que era la palabra del Señor.
12Y les dije: Si os parece bien, dadme mi paga; y si no, dejadla. Y pesaron como mi salario treinta piezas de plata.
13Entonces el Señor me dijo: Arrójalo al alfarero (ese magnífico precio con que me valoraron). Tomé pues, las treinta piezas de plata y las arrojé al alfarero en la casa del Señor.
14Y quebré mi segundo cayado, Unión, para romper la hermandad entre Judá e Israel.
15Y el Señor me dijo: Toma otra vez los aperos de un pastor insensato.
16Porque he aquí, yo voy a levantar en la tierra un pastor que no se preocupará de la que perece, ni buscará a la descarriada, ni curará a la herida, ni sustentará a la fuerte, sino que comerá la carne de la cebada y arrancará sus pezuñas.
17¡Ay del pastor inútilque abandona el rebaño!¡Caiga la espada sobre su brazoy sobre su ojo derecho!Su brazo se secará por completo,y su ojo derecho totalmente se oscurecerá.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Líbano, abre tus puertas, para que el fuego pueda devorar tus bosques de cedro.
2Lloren, ustedes cipreses, por todos los cedros arruinados; han caído los más majestuosos. Lloren, ustedes robles de Basán, porque los tupidos bosques han sido talados.
3Escuchen el gemido de los pastores porque se destruyeron sus abundantes pastizales. Oigan rugir a los leones jóvenes porque se arruinaron sus matorrales en el valle del Jordán.
4El Señor mi Dios dice: «Ve y cuida del rebaño que está destinado para el matadero.
5Los compradores matan a las ovejas sin remordimiento. Los vendedores dicen: “¡Gloria al Señor ! ¡Ahora soy rico!”. Ni siquiera los pastores tienen compasión de las ovejas.
6De la misma manera, ya no tendré compasión de la gente de la tierra —dice el Señor —. Permitiré que uno caiga en manos del otro y en manos de su rey. Convertirán la tierra en un desierto y yo no los rescataré».
7Así que cuidé el rebaño destinado al matadero, el rebaño que fue oprimido. Entonces tomé dos varas de pastor y a una nombré Favor y a la otra Unión.
8En un solo mes me deshice de los tres pastores malvados. Sin embargo, perdí la paciencia con estas ovejas y ellas también me odiaron.
9Así que les dije: «Ya no seré su pastor. Si se mueren, que se mueran. Si las matan, que las maten. ¡Y que las sobrevivientes se devoren unas a otras!».
10Entonces tomé mi vara llamada Favor y la partí en dos para mostrar que había revocado el pacto que había hecho con todas las naciones.
11Así terminó mi pacto con ellas. El sufrido rebaño me miraba y sabían que el Señor hablaba por medio de mis acciones.
12Así que les dije: «Si les parece bien, páguenme lo que consideren que merezco; pero solo si quieren». Entonces ellos valuaron mi pago en treinta piezas de plata.
13Luego el Señor me dijo: «Arrójalas al alfarero», ¡esta magnífica cantidad con que me valuaron! Así que tomé las treinta monedas y las lancé al alfarero en el templo del Señor .
14Después tomé mi otra vara, Unión, y la partí en dos para mostrar que el lazo de unidad entre Judá e Israel estaba roto.
15Entonces el Señor me dijo: «Ve nuevamente e interpreta el papel de pastor irresponsable.
16Así ilustrarás que le daré a esta nación un pastor que no cuidará de las que están muriendo, ni protegerá a las pequeñas, ni sanará a las heridas, ni alimentará a las sanas. Al contrario, este pastor se comerá la carne de las ovejas más gordas y les arrancará las pezuñas.
17»¡Qué aflicción le espera a este pastor despreciable que abandona el rebaño! La espada cortará su brazo y perforará su ojo derecho. Su brazo quedará inútil, y su ojo derecho, completamente ciego».
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Abre tus puertas, Líbano, Y consuma el fuego tus cedros.
2Gime, ciprés, porque ha caído el cedro, Porque los árboles majestuosos han sido derribados. Giman, encinas de Basán, Porque ha caído el bosque impenetrable.
3Voz de gemido de pastores, Porque su esplendor está arruinado; Voz del rugido de leoncillos, Porque derribada está la gloria del Jordán.
4Así dice el Señor mi Dios: «Apacienta las ovejas destinadas para la matanza.
5Los que las compran las matan y salen sin ser castigados, y el que las vende dice: “¡Bendito sea el Señor, porque me he enriquecido!”; y ni sus propios pastores se compadecen de ellas.
6Pues Yo no me compadeceré más de los habitantes de esta tierra», declara el Señor, «sino que haré que los hombres caigan cada uno en manos de otro y en manos de su rey; y ellos herirán la tierra y Yo no los libraré de sus manos».
7Apacenté, pues, las ovejas destinadas para la matanza, esto es, los afligidos del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: a uno lo llamé Gracia y al otro lo llamé Unión; y apacenté las ovejas.
8Destruí a los tres pastores en un mes, pues mi alma se impacientó con ellos y su alma también se cansó de mí.
9Entonces dije: «No los apacentaré más. La que ha de morir, que muera; y la que ha de ser destruida, que sea destruida; y las que queden, cómanse la carne unas a otras».
10Tomé mi cayado Gracia y lo quebré para romper el pacto que yo había hecho con todos los pueblos.
11En aquel mismo día fue roto el pacto; así los afligidos del rebaño que me observaban, conocieron que era la palabra del Señor.
12Y les dije: «Si les parece bien, denme mi paga; y si no, déjenla». Y pesaron como mi salario treinta monedas de plata.
13Entonces el Señor me dijo: «Arrójalo al alfarero (ese magnífico precio con que me valoraron)». Tomé pues, las treinta monedas de plata y las arrojé al alfarero en la casa del Señor.
14Y quebré mi segundo cayado, Unión, para romper la hermandad entre Judá e Israel.
15Y el Señor me dijo: «Toma otra vez los aperos de un pastor insensato.
16Porque Yo voy a levantar en la tierra un pastor que no se preocupará de la que perece, ni buscará a la descarriada, ni curará a la herida, ni sustentará a la fuerte, sino que comerá la carne de la engordada y arrancará sus pezuñas.
17¡Ay del pastor inútil Que abandona el rebaño! ¡Caiga la espada sobre su brazo Y sobre su ojo derecho! Su brazo se secará por completo, Y su ojo derecho totalmente se oscurecerá».