Juan 11 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
2(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)
3Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.
4Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez.
8Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
10pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.
11Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.
12Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.
13Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
14Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
15y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.
16Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.
17Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;
19y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.
20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.
21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.
23Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
24Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.
25Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
28Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.
29Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.
30Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.
31Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
32María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
33Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,
34y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
35Jesús lloró.
36Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.
37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?
38Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.
39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.
40Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
41Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.
42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
43Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
44Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.
45Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.
46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.
48Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación.
49Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
50ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
52y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
53Así que, desde aquel día acordaron matarle.
54Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos.
55Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse.
56Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?
57Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen.
Nueva Version Internacional (NVI)
1Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y su hermana Marta.
2María era la misma que ungió con perfume al Señor y le secó los pies con sus cabellos.
3Las dos hermanas mandaron decirle a Jesús: «Señor, tu amigo querido está enfermo».
4Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado».
5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba.
7Después dijo a sus discípulos:―Volvamos a Judea.
8―Rabí —objetaron ellos—, hace muy poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y todavía quieres volver allá?
9―¿Acaso el día no tiene doce horas? —respondió Jesús—. El que anda de día no tropieza, porque tiene la luz de este mundo.
10Pero el que anda de noche sí tropieza, porque no tiene luz.
11Dicho esto, añadió:―Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo.
12―Señor —respondieron sus discípulos—, si duerme, es que va a recuperarse.
13Jesús les hablaba de la muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se refería al sueño natural.
14Por eso les dijo claramente:―Lázaro ha muerto,
15y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo.
16Entonces Tomás, apodado el Gemelo, dijo a los otros discípulos:―Vayamos también nosotros para morir con él.
17A su llegada, Jesús se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros de distancia,
19y muchos judíos habían ido a casa de Marta y de María a darles el pésame por la muerte de su hermano.
20Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro; pero María se quedó en la casa.
21―Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.
23―Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.
24―Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.
25Entonces Jesús le dijo:―Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera;
26y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?
27Marta dijo:―Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
28Dicho esto, Marta regresó a la casa y, llamando a su hermana María, le dijo en privado:―El Maestro está aquí y te llama.
29Cuando María oyó esto, se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
30Jesús aún no había entrado en el pueblo, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta se había encontrado con él.
31Los judíos que habían estado con María en la casa, dándole el pésame, al ver que se había levantado y había salido de prisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar.
32Cuando María llegó adonde estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies y le dijo:―Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
33Al ver llorar a María y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turbó y se conmovió profundamente.
34―¿Dónde lo han puesto? —preguntó.―Ven a verlo, Señor —le respondieron.
35Jesús lloró.
36―¡Miren cuánto lo quería! —dijeron los judíos.
37Pero algunos de ellos comentaban:―Este, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?
38Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra.
39―Quiten la piedra —ordenó Jesús.Marta, la hermana del difunto, objetó:―Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí.
40―¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús.
41Entonces quitaron la piedra. Jesús, alzando la vista, dijo:―Padre, te doy gracias porque me has escuchado.
42Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste.
43Dicho esto, gritó con fuerza:―¡Lázaro, sal fuera!
44El muerto salió con vendas en las manos y en los pies, y el rostro cubierto con un sudario.―Quítenle las vendas y dejen que se vaya —les dijo Jesús.
45Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y que habían presenciado lo hecho por Jesús creyeron en él.
46Pero algunos de ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron una reunión del Consejo.―¿Qué vamos a hacer? —dijeron—. Este hombre está haciendo muchas señales.
48Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él. Entonces vendrán los romanos y acabarán con nuestro lugar sagrado, incluso con nuestra nación.
49Uno de ellos, llamado Caifás, que ese año era el sumo sacerdote, les dijo:―¡Ustedes no saben nada en absoluto!
50No entienden que les conviene más que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.
51Pero esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que como era sumo sacerdote ese año profetizó que Jesús moriría por la nación judía
52y no solo por esa nación, sino también por los hijos de Dios que estaban dispersos, para congregarlos y unificarlos.
53Así que desde ese día convinieron en quitarle la vida.
54Por eso Jesús ya no andaba en público entre los judíos. Se retiró más bien a una región cercana al desierto, a un pueblo llamado Efraín, donde se quedó con sus discípulos.
55Faltaba poco para la Pascua judía, así que muchos subieron del campo a Jerusalén para su purificación ceremonial antes de la Pascua.
56Andaban buscando a Jesús y, mientras estaban en el templo, comentaban entre sí: «¿Qué les parece? ¿Acaso no vendrá a la fiesta?».
57Por su parte, los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado la orden de que, si alguien llegaba a saber dónde estaba Jesús, debía denunciarlo para que lo arrestaran.
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta.
2María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos.
3Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: Señor, mira, el que tú amas está enfermo.
4Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.
5Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7Luego, después de esto, dijo* a sus discípulos: Vamos de nuevo a Judea.
8Los discípulos le dijeron*: Rabí, hace poco que los judíos procuraban apedrearte, ¿y vas otra vez allá?
9Jesús respondió: ¿No hay doce horas en el día? Si alguno anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
10Pero si alguno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él.
11Dijo esto, y después de esto añadió: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo.
12Los discípulos entonces le dijeron: Señor, si se ha dormido, se recuperará.
13Pero Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, mas ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño.
14Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
15y por causa de vosotros me alegro de no haber estado allí, para que creáis; pero vamos a donde está él.
16Tomás, llamado el Dídimo, dijo entonces a sus condiscípulos: Vamos nosotros también para morir con Él.
17Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que estaba en el sepulcro.
18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros;
19y muchos de los judíos habían venido a casa de Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano.
20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, fue a su encuentro, pero María se quedó sentada en casa.
21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
23Jesús le dijo*: Tu hermano resucitará.
24Marta le contestó*: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.
25Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá,
26y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?
27Ella le dijo*: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.
28Y habiendo dicho esto, se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí, y te llama.
29Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
30Pues Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.
31Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32Cuando María llegó adonde estaba Jesús, al verle, se arrojó entonces a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
33Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció,
34y dijo: ¿Dónde lo pusisteis? Le dijeron*: Señor, ven y ve.
35Jesús lloró.
36Por eso los judíos decían: Mirad, cómo lo amaba.
37Pero algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?
38Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido en su interior, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella.
39Jesús dijo*: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió.
40Jesús le dijo*: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?
41Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído.
42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado.
43Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera!
44Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo*: Desatadlo, y dejadlo ir.
45Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él.
46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales.
48Si le dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación.
49Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: Vosotros no sabéis nada,
50ni tenéis en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos.
53Así que, desde ese día planearon entre sí para matarle.
54Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con los discípulos.
55Y estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse.
56Entonces buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se decían unos a otros: ¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?
57Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba Jesús,diera aviso para que le prendieran.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Un hombre llamado Lázaro estaba enfermo. Vivía en Betania con sus hermanas María y Marta.
2María era la misma mujer que tiempo después derramó el perfume costoso sobre los pies del Señor y los secó con su cabello. Su hermano, Lázaro, estaba enfermo.
3Así que las dos hermanas le enviaron un mensaje a Jesús que decía: «Señor, tu querido amigo está muy enfermo».
4Cuando Jesús oyó la noticia, dijo: «La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado».
5Aunque Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro,
6se quedó donde estaba dos días más.
7Pasado ese tiempo, les dijo a sus discípulos: —Volvamos a Judea.
8Pero sus discípulos se opusieron diciendo: —Rabí, hace solo unos días, la gente de Judea trató de apedrearte. ¿Irás allí de nuevo?
9Jesús contestó: —Cada día tiene doce horas de luz. Durante el día, la gente puede andar segura y puede ver porque tiene la luz de este mundo;
10pero de noche se corre el peligro de tropezar, porque no hay luz.
11—Después agregó—: Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero ahora iré a despertarlo.
12—Señor —dijeron los discípulos—, si se ha dormido, ¡pronto se pondrá mejor!
13Ellos pensaron que Jesús había querido decir que Lázaro solo estaba dormido, pero Jesús se refería a que Lázaro había muerto.
14Por eso les dijo claramente: —Lázaro está muerto.
15Y, por el bien de ustedes, me alegro de no haber estado allí, porque ahora ustedes van a creer de verdad. Vamos a verlo.
16Tomás, al que apodaban el Gemelo, les dijo a los otros discípulos: «Vamos nosotros también y moriremos con Jesús».
17Cuando Jesús llegó a Betania, le dijeron que Lázaro ya llevaba cuatro días en la tumba.
18Betania quedaba solo a unos pocos kilómetros de Jerusalén,
19y mucha gente se había acercado para consolar a Marta y a María por la pérdida de su hermano.
20Cuando Marta se enteró de que Jesús estaba por llegar, salió a su encuentro, pero María se quedó en la casa.
21Marta le dijo a Jesús: —Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto;
22pero aun ahora, yo sé que Dios te dará todo lo que pidas.
23Jesús le dijo: —Tu hermano resucitará.
24—Es cierto —respondió Marta—, resucitará cuando resuciten todos, en el día final.
25Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto.
26Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?
27—Sí, Señor —le dijo ella—. Siempre he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que ha venido de Dios al mundo.
28Luego Marta regresó adonde estaba María y los que se lamentaban. La llamó aparte y le dijo: «El Maestro está aquí y quiere verte».
29Entonces María salió enseguida a su encuentro.
30Jesús todavía estaba fuera de la aldea, en el lugar donde se había encontrado con Marta.
31Cuando la gente que estaba en la casa consolando a María la vio salir con tanta prisa, creyeron que iba a la tumba de Lázaro a llorar. Así que la siguieron.
32Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo: —Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
33Cuando Jesús la vio llorando y vio a la gente lamentándose con ella, se enojó en su interior y se conmovió profundamente.
34—¿Dónde lo pusieron? —les preguntó. Ellos le dijeron: —Señor, ven a verlo.
35Entonces Jesús lloró.
36La gente que estaba cerca dijo: «¡Miren cuánto lo amaba!».
37Pero otros decían: «Este hombre sanó a un ciego. ¿Acaso no podía impedir que Lázaro muriera?».
38Jesús todavía estaba enojado cuando llegó a la tumba, una cueva con una piedra que tapaba la entrada.
39«Corran la piedra a un lado», les dijo Jesús. Entonces Marta, la hermana del muerto, protestó: —Señor, hace cuatro días que murió. Debe haber un olor espantoso.
40Jesús respondió: —¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?
41Así que corrieron la piedra a un lado. Entonces Jesús miró al cielo y dijo: «Padre, gracias por haberme oído.
42Tú siempre me oyes, pero lo dije en voz alta por el bien de toda esta gente que está aquí, para que crean que tú me enviaste».
43Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!».
44Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!».
45Al ver lo que sucedió, muchos de entre la gente que estaba con María creyeron en Jesús;
46pero otros fueron a ver a los fariseos para contarles lo que Jesús había hecho.
47Entonces, los principales sacerdotes y los fariseos convocaron al Concilio Supremo. «¿Qué vamos a hacer? —se preguntaron unos a otros—. Sin duda, ese hombre realiza muchas señales milagrosas.
48Si lo dejamos seguir así, dentro de poco todos van a creer en él. Entonces, el ejército romano vendrá y destruirá tanto nuestro templo como nuestra nación».
49Caifás, quien era el sumo sacerdote en aquel tiempo, dijo: «¡No saben de qué están hablando!
50No se dan cuenta de que es mejor para ustedes que muera un solo hombre por el pueblo, y no que la nación entera sea destruida».
51No dijo eso por su propia cuenta; como sumo sacerdote en aquel tiempo, fue guiado a profetizar que Jesús moriría por toda la nación.
52Y no solo por esa nación, sino que también moriría para congregar y unir a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.
53Así que, a partir de ese momento, los líderes judíos comenzaron a conspirar para matar a Jesús.
54Como resultado, Jesús detuvo su ministerio público entre la gente y salió de Jerusalén. Fue a un lugar cercano al desierto, a la aldea de Efraín, y se quedó allí con sus discípulos.
55Ya faltaba poco para la celebración de la Pascua judía, y mucha gente de todo el país llegó a Jerusalén varios días antes para participar en la ceremonia de purificación previa al comienzo de la Pascua.
56Seguían buscando a Jesús, pero mientras estaban en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? No vendrá para la Pascua, ¿verdad?».
57Mientras tanto, los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes públicamente de que cualquiera que viera a Jesús avisara enseguida, para que ellos pudieran arrestarlo.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta.
2María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos.
3Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que Tú amas está enfermo».
4Cuando Jesús lo oyó, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella».
5Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7Luego, después de esto, dijo* a Sus discípulos: «Vamos de nuevo a Judea».
8Los discípulos le dijeron*: «Rabí, hace poco que los judíos te querían apedrear, ¿y vas allá otra vez?».
9Jesús respondió: «¿No hay doce horas en el día? Si alguien anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
10Pero si alguien anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él».
11Dijo esto, y después añadió: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo».
12Los discípulos entonces le dijeron: «Señor, si se ha dormido, se recuperará».
13Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, pero ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño.
14Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: «Lázaro ha muerto;
15y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean; pero vamos a donde está él».
16Tomás, llamado el Dídimo, dijo entonces a sus condiscípulos: «Vamos nosotros también para morir con Él».
17Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros;
19y muchos de los judíos habían venido a la casa de Marta y María, para consolarlas por la muerte de su hermano.
20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, lo fue a recibir, pero María se quedó sentada en casa.
21Y Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
23«Tu hermano resucitará», le dijo* Jesús.
24Marta le contestó*: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final».
25Jesús le contestó: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá,
26y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
27Ella le dijo*: «Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, o sea, el que viene al mundo».
28Habiendo dicho esto, Marta se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: «El Maestro está aquí, y te llama».
29Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
30Porque Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado.
31Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32Al llegar María adonde estaba Jesús, cuando lo vio, se arrojó a Sus pies, diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
33Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció.
34«¿Dónde lo pusieron?», preguntó Jesús. «Señor, ven y ve», le dijeron*.
35Jesús lloró.
36Por eso los judíos decían: «Miren, cómo lo amaba».
37Pero algunos de ellos dijeron: «¿No podía Este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?».
38Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ella.
39«Quiten la piedra», dijo* Jesús. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: «Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió».
40Jesús le dijo*: «¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?».
41Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos, y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has oído.
42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que Tú me has enviado».
43Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!».
44Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo*: «Desátenlo, y déjenlo ir».
45Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Él.
46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales.
48Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación».
49Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no saben nada,
50ni tienen en cuenta que les es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca».
51Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos.
53Así que, desde ese día planearon entre sí matar a Jesús.
54Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con los discípulos.
55Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse.
56Entonces buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? ¿Que vendrá a la fiesta o no?».
57Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba Jesús, diera aviso para que lo prendieran.