Juan 4 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan
2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
3salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
4Y le era necesario pasar por Samaria.
5Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.
26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
27En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
29Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
31Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
32El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?
34Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
36Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.
37Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
40Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
41Y creyeron muchos más por la palabra de él,
42y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
43Dos días después, salió de allí y fue a Galilea.
44Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra.
45Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
46Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.
48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.
49El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
51Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
53El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.
54Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
Nueva Version Internacional (NVI)
1Jesús se enteró de que los fariseos sabían que él estaba ganando y bautizando más discípulos que Juan
2(aunque en realidad no era Jesús quien bautizaba, sino sus discípulos).
3Por eso se fue de Judea y volvió otra vez a Galilea.
4Como tenía que pasar por Samaria,
5llegó a un pueblo samaritano llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob le había dado a su hijo José.
6Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía.
7En eso, una mujer de Samaria llegó a sacar agua y Jesús le dijo:―Dame un poco de agua.
8Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida.
9Entonces, como los judíos no se relacionaban con los samaritanos, la mujer le respondió:―¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?
10Jesús contestó:―Si supieras lo que Dios puede dar y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva.
11La mujer dijo:―Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es muy hondo; ¿de dónde, pues, vas a sacar esa agua viva?
12¿Acaso eres tú superior a nuestro padre Jacob que nos dejó este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?
13―Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—,
14pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.
15―Señor —dijo la mujer—, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla.
16―Ve a llamar a tu esposo y vuelve acá —le dijo Jesús.
17―No tengo esposo —respondió ella.Jesús le dijo:―Bien has dicho que no tienes esposo.
18Es cierto que has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad.
19La mujer dijo:―Señor, me doy cuenta de que tú eres profeta.
20Nuestros antepasados adoraron en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde debemos adorar está en Jerusalén.
21Jesús contestó:―Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre.
22Ahora ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos.
23Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.
24Dios es espíritu y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.
25―Sé que viene el Mesías, al que llaman el Cristo —respondió la mujer—. Cuando él venga nos explicará todas las cosas.
26―Ese soy yo, el que habla contigo —le dijo Jesús.
27En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó: «¿Qué pretendes?», o: «¿De qué hablas con ella?».
28La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente:
29―Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?
30Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús.
31Mientras tanto, sus discípulos le insistían:―Rabí, come algo.
32―Yo tengo un alimento que ustedes no conocen —respondió él.
33«¿Le habrán traído algo de comer?», comentaban entre sí los discípulos.
34―Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús—.
35¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”? Yo les digo: ¡abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura;
36ya mismo el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna. Ahora, tanto el sembrador como el segador se alegran juntos.
37Porque como ciertamente dice el refrán: “Uno es el que siembra y otro el que cosecha”.
38Yo los he enviado a ustedes a cosechar lo que no les costó ningún trabajo. Otros se han fatigado trabajando, y ustedes han cosechado el fruto de ese trabajo.
39Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
40Así que cuando los samaritanos fueron a su encuentro le insistieron en que se quedara con ellos. Jesús permaneció allí dos días
41y muchos más llegaron a creer por lo que él mismo decía.
42―Ya no creemos solo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo.
43Después de esos dos días Jesús salió de allí rumbo a Galilea
44(pues, como él mismo había dicho, a ningún profeta se le honra en su propia tierra).
45Cuando llegó a Galilea, fue bien recibido por los galileos, pues estos habían visto personalmente todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, ya que ellos habían estado también allí.
46Y volvió otra vez Jesús a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm.
47Cuando este hombre se enteró de que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a su encuentro y le suplicó que bajara a sanar a su hijo, pues estaba a punto de morir.
48―Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios —le dijo Jesús.
49―Señor —rogó el funcionario—, baja antes de que se muera mi hijo.
50―Vuelve a casa, que tu hijo vive —le dijo Jesús.El hombre creyó lo que Jesús le dijo y se fue.
51Cuando se dirigía a su casa, sus siervos salieron a su encuentro y le dieron la noticia de que su hijo estaba vivo.
52Cuando les preguntó a qué hora había comenzado su hijo a sentirse mejor, le contestaron:―Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre.
53Entonces el padre se dio cuenta de que precisamente a esa hora Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Así que él y toda su familia creyeron.
54Esta fue la segunda señal milagrosa que Jesús hizo después de que volvió de Judea a Galilea.
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Por tanto, cuando el Señor supo que los fariseos habían oído que Él hacía y bautizaba más discípulos que Juan
2(aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos),
3salió de Judea y partió otra vez para Galilea.
4Y tenía que pasar por Samaria.
5Llegó*, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la parcela de tierra que Jacob dio a su hijo José;
6y allí estaba el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta.
7Una mujer de Samaria vino* a sacar agua, y Jesús le dijo*: Dame de beber.
8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
9Entonces la mujer samaritana le dijo*: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos.)
10Respondió Jesús y le dijo: Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva.
11Ella le dijo*: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebió él mismo, y sus hijos, y sus ganados?
13Respondió Jesús y le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed,
14pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna.
15La mujer le dijo*: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla.
16Él le dijo*: Ve, llama a tu marido y ven acá.
17Respondió la mujer y le dijo: No tengo marido. Jesús le dijo*: Bien has dicho: «No tengo marido»,
18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.
19La mujer le dijo*: Señor, me parece que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar.
21Jesús le dijo*: Mujer, créeme; la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.
24Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad.
25La mujer le dijo*: Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo.
26Jesús le dijo*: Yo soy, el que habla contigo.
27En esto llegaron sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: ¿Qué tratas de averiguar? o: ¿Por qué hablas con ella?
28Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo* a los hombres:
29Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será este el Cristo?
30Y salieron de la ciudad e iban a Él.
31Mientras tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
32Pero Él les dijo: Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis.
33Los discípulos entonces se decían entre sí: ¿Le habrá traído alguien de comer?
34Jesús les dijo*: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.
35¿No decís vosotros: «Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega»? He aquí, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que ya están blancos para la siega.
36Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije juntamente con el que siega.
37Porque en este caso el dicho es verdadero: «Uno es el que siembra y otro el que siega».
38Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado; otros han trabajado y vosotros habéis entrado en su labor.
39Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: Él me dijo todo lo que yo he hecho.
40De modo que cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaban que se quedara con ellos; y se quedó allí dos días.
41Y muchos más creyeron por su palabra,
42y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que este es en verdad el Salvador del mundo.
43Después de los dos días, salió de allí para Galilea.
44Porque Jesús mismo dio testimonio de que a un profeta no se le honra en su propia tierra.
45Así que cuando llegó a Galilea, los galileos le recibieron, pues habían visto todo lo que hizo en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.
46Entonces vino otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había allí cierto oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm.
47Cuando él oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a su encuentro y le suplicaba que bajara y sanara a su hijo, porque estaba al borde de la muerte.
48Jesús entonces le dijo: Si no veis señales y prodigios, no creeréis.
49El oficial del rey le dijo*: Señor, baja antes de que mi hijo muera.
50Jesús le dijo*: Vete, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo y se fue.
51Y mientras bajaba, sus siervos le salieron al encuentro y le dijeron que su hijo vivía.
52Entonces les preguntó a qué hora había empezado a mejorar. Y le respondieron: Ayer a la hora séptima se le quitó la fiebre.
53El padre entonces se dio cuenta que fue a la hora en que Jesús le dijo: Tu hijo vive. Y creyó él y toda su casa.
54Esta fue la segunda señalque Jesús hizo cuando fue de Judea a Galilea.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Jesús sabía que los fariseos se habían enterado de que él hacía y bautizaba más discípulos que Juan
2(aunque no era Jesús mismo quien los bautizaba, sino sus discípulos).
3Así que se fue de Judea y volvió a Galilea.
4En el camino, tenía que pasar por Samaria.
5Entonces llegó a una aldea samaritana llamada Sicar, cerca del campo que Jacob le dio a su hijo José.
6Allí estaba el pozo de Jacob; y Jesús, cansado por la larga caminata, se sentó junto al pozo cerca del mediodía.
7Poco después, llegó una mujer samaritana a sacar agua, y Jesús le dijo: —Por favor, dame un poco de agua para beber.
8Él estaba solo en ese momento porque sus discípulos habían ido a la aldea a comprar algo para comer.
9La mujer se sorprendió, ya que los judíos rechazan todo trato con los samaritanos. Entonces le dijo a Jesús: —Usted es judío, y yo soy una mujer samaritana. ¿Por qué me pide agua para beber?
10Jesús contestó: —Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti y con quién estás hablando, tú me pedirías a mí, y yo te daría agua viva.
11—Pero señor, usted no tiene ni una soga ni un balde —le dijo ella—, y este pozo es muy profundo. ¿De dónde va a sacar esa agua viva?
12Además, ¿se cree usted superior a nuestro antepasado Jacob, quien nos dio este pozo? ¿Cómo puede usted ofrecer mejor agua que la que disfrutaron él, sus hijos y sus animales?
13Jesús contestó: —Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed,
14pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna.
15—Por favor, señor —le dijo la mujer—, ¡deme de esa agua! Así nunca más volveré a tener sed y no tendré que venir aquí a sacar agua.
16Jesús le dijo: —Ve y trae a tu esposo.
17—No tengo esposo —respondió la mujer. —Es cierto —dijo Jesús—. No tienes esposo
18porque has tenido cinco esposos y ni siquiera estás casada con el hombre con el que ahora vives. ¡Ciertamente dijiste la verdad!
19—Señor —dijo la mujer—, seguro que usted es profeta.
20Así que dígame, ¿por qué ustedes, los judíos, insisten en que Jerusalén es el único lugar donde se debe adorar, mientras que nosotros, los samaritanos, afirmamos que es aquí, en el monte Gerizim, donde adoraron nuestros antepasados?
21Jesús le contestó: —Créeme, querida mujer, que se acerca el tiempo en que no tendrá importancia si se adora al Padre en este monte o en Jerusalén.
22Ustedes, los samaritanos, saben muy poco acerca de aquel a quien adoran, mientras que nosotros, los judíos, conocemos bien a quien adoramos, porque la salvación viene por medio de los judíos.
23Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera.
24Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.
25La mujer dijo: —Sé que el Mesías está por venir, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas.
26Entonces Jesús le dijo: —¡ Yo Soy el Mesías!
27Justo en ese momento, volvieron sus discípulos. Se sorprendieron al ver que Jesús hablaba con una mujer, pero ninguno se atrevió a preguntarle: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué le hablas?».
28La mujer dejó su cántaro junto al pozo y volvió corriendo a la aldea mientras les decía a todos:
29«¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida! ¿No será este el Mesías?».
30Así que la gente salió de la aldea para verlo.
31Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús: —Rabí, come algo.
32Jesús les respondió: —Yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen.
33«¿Le habrá traído alguien de comer mientras nosotros no estábamos?», se preguntaban los discípulos unos a otros.
34Entonces Jesús explicó: —Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra.
35Ustedes conocen el dicho: “Hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha”, pero yo les digo: despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha.
36A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha!
37Ya saben el dicho: “Uno siembra y otro cosecha”, y es cierto.
38Yo los envié a ustedes a cosechar donde no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo, y ahora a ustedes les toca levantar la cosecha.
39Muchos samaritanos de esa aldea creyeron en Jesús, porque la mujer había dicho: «¡Él me dijo todo lo que hice en mi vida!».
40Cuando salieron a verlo, le rogaron que se quedara en la aldea. Así que Jesús se quedó dos días,
41tiempo suficiente para que muchos más escucharan su mensaje y creyeran.
42Luego le dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solo por lo que tú nos dijiste, sino porque lo hemos oído en persona. Ahora sabemos que él es realmente el Salvador del mundo».
43Pasados los dos días, Jesús siguió camino a Galilea.
44Él mismo había declarado que un profeta no recibe honra en su propio pueblo.
45Sin embargo, los galileos lo recibieron bien, porque habían estado en Jerusalén durante la celebración de la Pascua y habían visto todo lo que él hizo allí.
46En su paso por Galilea, Jesús llegó a Caná, donde había convertido el agua en vino. Cerca de allí, en Capernaúm, había un funcionario de gobierno que tenía un hijo muy enfermo.
47Cuando supo que Jesús había ido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que se dirigiera a Capernaúm para sanar a su hijo, quien estaba al borde de la muerte.
48Jesús le preguntó: —¿Acaso nunca van a creer en mí a menos que vean señales milagrosas y maravillas?
49—Señor, por favor —suplicó el funcionario—, ven ahora mismo, antes de que mi hijito se muera.
50Entonces Jesús le dijo: —Vuelve a tu casa. ¡Tu hijo vivirá! Y el hombre creyó lo que Jesús le dijo y emprendió el regreso a su casa.
51Mientras el funcionario iba en camino, algunos de sus sirvientes salieron a su encuentro con la noticia de que su hijo estaba vivo y sano.
52Él les preguntó a qué hora el niño había comenzado a mejorar, y ellos le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, ¡la fiebre de pronto se le fue!».
53Entonces el padre se dio cuenta de que la sanidad había ocurrido en el mismo instante en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vivirá». Y tanto él como todos los de su casa creyeron en Jesús.
54Esa fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús en Galilea al volver de Judea.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Por tanto, cuando el Señor supo que los fariseos habían oído que Él hacía y bautizaba más discípulos que Juan
2(aunque Jesús mismo no bautizaba, sino Sus discípulos),
3salió de Judea y se fue otra vez para Galilea.
4Y Él tenía que pasar por Samaria.
5Llegó*, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la parcela de tierra que Jacob dio a su hijo José;
6y allí estaba el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía.
7Una mujer de Samaria vino* a sacar agua, y Jesús le dijo*: «Dame de beber».
8Pues Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
9Entonces la mujer samaritana le dijo*: «¿Cómo es que Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos).
10Jesús le respondió: «Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva».
11Ella le dijo*: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
12¿Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebió él mismo, y sus hijos, y sus ganados?».
13Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed,
14pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna».
15«Señor», le dijo* la mujer, «dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla».
16Jesús le dijo*: «Ve, llama a tu marido y ven acá».
17«No tengo marido», respondió la mujer. Jesús le dijo*: «Bien has dicho: “No tengo marido”,
18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad».
19La mujer le dijo*: «Señor, me parece que Tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar».
21Jesús le dijo*: «Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre.
22Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren.
24Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad».
25La mujer le dijo*: «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo».
26Jesús le dijo*: «Yo soy, el que habla contigo».
27En esto llegaron Sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: «¿Qué tratas de averiguar?» o: «¿Por qué hablas con ella?».
28Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo* a los hombres:
29«Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será este el Cristo?».
30Y salieron de la ciudad y fueron adonde Él estaba.
31Mientras tanto, los discípulos le rogaban: «Rabí, come».
32Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben».
33Entonces los discípulos se decían entre sí: «¿Le habrá traído alguien de comer?».
34Jesús les dijo*: «Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra.
35¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”? Pero Yo les digo: alcen sus ojos y vean los campos que ya están blancos para la siega.
36Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije junto con el que siega.
37Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siega”.
38Yo los envié a ustedes a segar lo que no han trabajado; otros han trabajado y ustedes han entrado en su labor».
39Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: «Él me dijo todo lo que yo he hecho».
40De modo que cuando los samaritanos vinieron, rogaban a Jesús que se quedara con ellos; y Él se quedó allí dos días.
41Muchos más creyeron por Su palabra,
42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que Este es en verdad el Salvador del mundo».
43Después de los dos días, Jesús salió de allí para Galilea.
44Porque Jesús mismo dio testimonio de que a un profeta no se le honra en su propia tierra.
45Así que cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron, pues habían visto todo lo que Él hizo en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.
46Entonces vino otra vez Jesús a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había allí cierto oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm.
47Cuando él oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a Su encuentro y le suplicaba que bajara y sanara a su hijo, porque estaba al borde de la muerte.
48Jesús entonces le dijo: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creerán».
49El oficial del rey le dijo*: «Señor, baja antes de que mi hijo muera».
50«Puedes irte, tu hijo vive», le dijo* Jesús. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
51Y mientras bajaba a su casa, sus siervos le salieron al encuentro y le dijeron que su hijo vivía.
52Entonces les preguntó a qué hora había empezado a mejorar. Y le respondieron: «Ayer a la una de la tarde se le quitó la fiebre».
53El padre entonces se dio cuenta que fue a la hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su casa.
54Esta fue la segunda señal que Jesús hizo cuando fue de Judea a Galilea.