Juan 6 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
2Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.
3Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
4Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
5Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
7Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:
9Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
10Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
12Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
13Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
14Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
15Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.
16Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar,
17y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
18Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.
19Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
20Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.
21Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.
22El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.
23Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor.
24Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.
25Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
28Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?
29Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
30Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
34Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
41Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.
42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
43Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.
46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.
47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de vida.
49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.
51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
53Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.
58Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.
59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
60Al oirlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
61Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?
62¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?
63El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.
64Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.
65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.
66Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
67Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?
68Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
70Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?
71Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.
Nueva Version Internacional (NVI)
1Algún tiempo después, Jesús se fue a la otra orilla del lago de Galilea, llamado también lago de Tiberíades.
2Y mucha gente lo seguía porque veían las señales que hacía en los enfermos.
3Entonces subió Jesús a una colina y se sentó con sus discípulos.
4Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua.
5Cuando Jesús alzó la vista y vio una gran multitud que venía hacia él, le dijo a Felipe:―¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?
6Esto lo dijo solo para ponerlo a prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer.
7―Ni con el salario de más de seis meses de trabajo podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno —respondió Felipe.
8Otro de sus discípulos, Andrés, que era hermano de Simón Pedro, le dijo:
9―Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?
10―Hagan que se sienten todos —ordenó Jesús.En ese lugar había mucha hierba, así que se sentaron. Los varones adultos eran como cinco mil.
11Jesús tomó entonces los panes, dio gracias y distribuyó a los que estaban sentados todo lo que quisieron. Lo mismo hizo con los pescados.
12Una vez que quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos:―Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada.
13Así que recogieron los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, y llenaron doce canastas.
14Al ver la señal milagrosa que Jesús había realizado, la gente comenzó a decir: «En verdad este es el profeta que había de venir al mundo».
15Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo.
16Cuando ya anochecía, sus discípulos bajaron al lago,
17subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago en dirección a Capernaúm. Para entonces ya había oscurecido y Jesús todavía no se les había unido.
18Por causa del fuerte viento que soplaba, el lago estaba agitado.
19Habrían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron que Jesús se acercaba a la barca, caminando sobre el agua, y se asustaron.
20Pero él les dijo: «Soy yo. No tengan miedo».
21Así que se dispusieron a recibirlo a bordo, y enseguida la barca llegó a la playa, el lugar al que se dirigían.
22Al día siguiente, la multitud que estaba aún en el otro lado del lago se dio cuenta de que los discípulos habían embarcado solos. Lo supieron porque allí había estado una sola barca y Jesús no había entrado en ella con sus discípulos.
23Sin embargo, algunas barcas de Tiberíades se aproximaron al lugar donde la gente había comido el pan después de haber dado gracias el Señor.
24En cuanto la multitud se dio cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm a buscar a Jesús.
25Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron:―Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26Jesús respondió:―Les aseguro que ustedes me buscan no porque han visto señales, sino porque comieron pan hasta llenarse.
27Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Dios el Padre ha puesto sobre él su sello de aprobación.
28―¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige? —le preguntaron.
29―Esto es lo que Dios quiere que hagan: que crean en aquel a quien él envió —les respondió Jesús.
30―¿Y qué señal milagrosa harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer? —insistieron ellos—.
31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”.
32―Les aseguro que no fue Moisés el que les dio a ustedes el pan del cielo —afirmó Jesús—. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre.
33El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
34―Señor —le pidieron—, danos siempre ese pan.
35―Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.
36Pero, como ya les dije, a pesar de que ustedes me han visto, no creen.
37Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y el que a mí viene no lo rechazo.
38Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.
39Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final.
40Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo y crea en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
41Entonces los judíos comenzaron a murmurar contra él, porque dijo: «Yo soy el pan que bajó del cielo».
42Y se decían: «¿Acaso no es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que sale diciendo: “Yo bajé del cielo”?».
43―Dejen de murmurar —respondió Jesús—.
44Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final.
45En los Profetas está escrito: “A todos los instruirá Dios”. En efecto, todo el que escucha al Padre y aprende de él viene a mí.
46Al Padre nadie lo ha visto, excepto el que viene de Dios; solo él ha visto al Padre.
47Les aseguro que el que cree tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de vida.
49Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto; sin embargo, murieron.
50Pero este es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere.
51Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne y lo daré para que el mundo viva.
52Los judíos comenzaron a disputar acaloradamente entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
53―Les aseguro —afirmó Jesús— que, si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida.
54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
55Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
57Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, también el que come de mí vivirá por mí.
58Este es el pan que bajó del cielo. Los antepasados de ustedes comieron maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.
59Todo esto lo dijo Jesús mientras enseñaba en la sinagoga de Capernaúm.
60Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: «Esta enseñanza es muy difícil; ¿quién puede aceptarla?».
61Jesús, muy consciente de que sus discípulos murmuraban por lo que había dicho, les reprochó:―¿Esto les causa tropiezo?
62¿Qué tal si vieran al Hijo del hombre subir adonde antes estaba?
63El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.
64Sin embargo, hay algunos de ustedes que no creen.Es que Jesús conocía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que iba a traicionarlo. Así que añadió:
65―Por esto les dije que nadie puede venir a mí, a menos que se lo haya concedido el Padre.
66Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él.
67Así que Jesús preguntó a los doce:―¿También ustedes quieren marcharse?
68―Señor —contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
70―¿No los he escogido yo a ustedes doce? —respondió Jesús—. No obstante, uno de ustedes es un diablo.
71Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, uno de los doce, quien lo iba a traicionar.
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
2Y le seguía una gran multitud, pues veían las señales que realizaba en los enfermos.
3Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
4Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Entonces Jesús, alzando los ojos y viendo que una gran multitud venía hacia Él, dijo* a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman estos?
6Pero decía esto para probarlo, porque Él sabía lo que iba a hacer.
7Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno reciba un pedazo.
8Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo* a Jesús:
9Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?
10Jesús dijo: Haced que la gente se recueste. Y había mucha hierba en aquel lugar. Así que los hombres se recostaron, en número de unos cinco mil.
11Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados; y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían.
12Cuando se saciaron, dijo* a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.
13Los recogieron, pues, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14La gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo.
15Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y llevárselo por la fuerza para hacerle rey, se retiró otra vez al monte Él solo.
16Al atardecer, sus discípulos descendieron al mar,
17y subiendo en una barca, se dirigían al otro lado del mar, hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos;
18y el mar estaba agitado porque soplaba un fuerte viento.
19Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, vieron* a Jesús caminando sobre el mar y acercándose a la barca; y se asustaron.
20Pero Él les dijo*: Soy yo; no temáis.
21Entonces ellos querían recibirle en la barca, e inmediatamente la barca llegó a la tierra adonde iban.
22Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos.
23Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias.
24Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús.
25Cuando le hallaron al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26Jesús les respondió y dijo: En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.
27Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará, porque a este es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.
28Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?
29Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que Él ha enviado.
30Le dijeron entonces: ¿Qué, pues, haces tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo».
32Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo.
34Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.
36Pero ya os dije que aunque me habéis visto, no creéis.
37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.
38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.
40Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.
41Por eso los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.
42Y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: «Yo he descendido del cielo»?
43Respondió Jesús y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
44Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final.
45Escrito está en los profetas: «Y todos serán enseñados por Dios». Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí.
46No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que viene de Dios, este ha visto al Padre.
47En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de la vida.
49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera.
51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne.
52Los judíos entonces contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?
53Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.
57Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.
58Este es el pan que descendió del cielo; no como el que vuestros padres comieron, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
59Esto dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.
60Por eso muchos de sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?
61Pero Jesús, sabiendo en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza?
62¿Pues qué si vierais al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba?
63El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.
64Pero hay algunos de vosotros que no creéis. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que le iba a traicionar.
65Y decía: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.
66Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él.
67Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también?
68Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.
70Jesús les respondió: ¿No os escogí yo a vosotros, los doce, y sin embargo uno de vosotros es un diablo?
71Y Él se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque este, uno de los doce, le iba a entregar.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Después Jesús cruzó al otro lado del mar de Galilea, conocido también como el mar de Tiberias.
2Una gran multitud siempre lo seguía a todas partes porque veía las señales milagrosas que hacía cuando sanaba a los enfermos.
3Entonces Jesús subió a una colina y se sentó allí rodeado de sus discípulos.
4(Ya era casi el tiempo de la celebración de la Pascua judía).
5Enseguida Jesús vio que una gran multitud venía a su encuentro. Dirigiéndose a Felipe, le preguntó: —¿Dónde podemos comprar pan para alimentar a toda esta gente?
6Lo estaba poniendo a prueba, porque Jesús ya sabía lo que iba a hacer.
7Felipe contestó: —¡Aunque trabajáramos meses enteros, no tendríamos el dinero suficiente para alimentar a toda esta gente!
8Entonces habló Andrés, el hermano de Simón Pedro:
9«Aquí hay un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero de qué sirven ante esta enorme multitud?».
10Jesús dijo: «Díganles a todos que se sienten». Así que todos se sentaron sobre la hierba, en las laderas. (Solo contando a los hombres sumaban alrededor de cinco mil).
11Luego Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios y los distribuyó entre la gente. Después hizo lo mismo con los pescados. Y todos comieron cuanto quisieron.
12Una vez que quedaron satisfechos, Jesús les dijo a sus discípulos: «Ahora junten lo que sobró, para que no se desperdicie nada».
13Entonces ellos juntaron las sobras y llenaron doce canastos con los restos que la multitud había dejado después de comer de los cinco panes de cebada.
14La gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, exclamó: «¡No hay duda de que es el Profeta que esperábamos!».
15Cuando Jesús vio que estaban dispuestos a hacerlo rey a la fuerza, se escabulló hacia las colinas él solo.
16Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del lago para esperarlo;
17pero al ver que caía la noche y que Jesús aún no había vuelto, subieron a la barca y comenzaron a cruzar el lago rumbo a Capernaúm.
18Poco después, se levantó un viento fuerte sobre ellos y el mar se agitó mucho.
19Habían remado unos cinco o seis kilómetros cuando de pronto vieron a Jesús caminando sobre el agua en dirección a la barca. Estaban aterrados,
20pero él exclamó: «No tengan miedo, ¡yo estoy aquí!».
21Entonces lo recibieron con entusiasmo en la barca, ¡y enseguida llegaron a su destino!
22Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla del lago se dio cuenta de que los discípulos habían tomado la única barca y que Jesús no había ido con ellos.
23Varias barcas de Tiberias arribaron cerca del lugar donde el Señor había bendecido el pan y la gente había comido.
24Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y cruzaron el lago hasta Capernaúm para ir en busca de Jesús.
25Lo encontraron al otro lado del lago y le preguntaron: —Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26Jesús les contestó: —Les digo la verdad, ustedes quieren estar conmigo porque les di de comer, no porque hayan entendido las señales milagrosas.
27No se preocupen tanto por las cosas que se echan a perder, tal como la comida. Pongan su energía en buscar la vida eterna que puede darles el Hijo del Hombre. Pues Dios Padre me ha dado su sello de aprobación.
28—Nosotros también queremos realizar las obras de Dios —contestaron ellos—. ¿Qué debemos hacer?
29Jesús les dijo: —La única obra que Dios quiere que hagan es que crean en quien él ha enviado.
30—Si quieres que creamos en ti —le respondieron—, muéstranos una señal milagrosa. ¿Qué puedes hacer?
31Después de todo, ¡nuestros antepasados comieron maná mientras andaban por el desierto! Las Escrituras dicen: “Moisés les dio de comer pan del cielo”.
32Jesús les respondió: —Les digo la verdad, no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, fue mi Padre. Y ahora él les ofrece el verdadero pan del cielo,
33pues el verdadero pan de Dios es el que desciende del cielo y da vida al mundo.
34—Señor —le dijeron—, danos ese pan todos los días.
35Jesús les respondió: —Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca volverá a tener hambre; el que cree en mí no tendrá sed jamás.
36Pero ustedes no han creído en mí, a pesar de que me han visto.
37Sin embargo, los que el Padre me ha dado vendrán a mí, y jamás los rechazaré.
38Pues he descendido del cielo para hacer la voluntad de Dios, quien me envió, no para hacer mi propia voluntad.
39Y la voluntad de Dios es que yo no pierda ni a uno solo de todos los que él me dio, sino que los resucite, en el día final.
40Pues la voluntad de mi Padre es que todos los que vean a su Hijo y crean en él tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día final.
41Entonces la gente comenzó a murmurar en desacuerdo, porque él había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo».
42Ellos se decían: «¿Acaso no es este Jesús, el hijo de José? Conocemos a su padre y a su madre. ¿Y ahora cómo puede decir: “Yo descendí del cielo”?».
43Jesús les contestó: «Dejen de quejarse por lo que dije.
44Pues nadie puede venir a mí a menos que me lo traiga el Padre, que me envió, y yo lo resucitaré en el día final.
45Como dicen las Escrituras: “A todos les enseñará Dios”. Todos los que escuchan al Padre y aprenden de él, vienen a mí.
46(No es que alguien haya visto al Padre; solamente yo lo he visto, el que Dios envió).
47»Les digo la verdad, todo el que cree, tiene vida eterna.
48¡Sí, yo soy el pan de vida!
49Sus antepasados comieron maná en el desierto, pero todos murieron,
50sin embargo, el que coma el pan del cielo nunca morirá.
51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Todo el que coma de este pan vivirá para siempre; y este pan, que ofreceré para que el mundo viva, es mi carne».
52Entonces la gente comenzó a discutir entre sí sobre lo que él quería decir. «¿Cómo puede este hombre darnos de comer su carne?», se preguntaban.
53Por eso Jesús volvió a decir: «Les digo la verdad, a menos que coman la carne del Hijo del Hombre y beban su sangre, no podrán tener vida eterna en ustedes;
54pero todo el que coma mi carne y beba mi sangre tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
55Pues mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56Todo el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
57Yo vivo gracias al Padre viviente que me envió; de igual manera, todo el que se alimente de mí vivirá gracias a mí.
58Yo soy el pan verdadero que descendió del cielo. El que coma de este pan no morirá —como les pasó a sus antepasados a pesar de haber comido el maná—, sino que vivirá para siempre».
59Jesús dijo esas cosas mientras enseñaba en la sinagoga de Capernaúm.
60Muchos de sus discípulos decían: «Esto es muy difícil de entender. ¿Cómo puede alguien aceptarlo?».
61Jesús estaba consciente de que sus discípulos se quejaban, así que les dijo: «¿Acaso esto los ofende?
62¿Qué pensarán, entonces, si ven al Hijo del Hombre ascender al cielo otra vez?
63Solo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida,
64pero algunos de ustedes no me creen». (Pues Jesús sabía, desde un principio, quiénes eran los que no creían y también quién lo traicionaría).
65Entonces les dijo: «Por eso dije que nadie puede venir a mí a menos que el Padre me lo entregue».
66A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se apartaron de él y lo abandonaron.
67Entonces Jesús, mirando a los Doce, les preguntó: —¿Ustedes también van a marcharse?
68Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna.
69Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
70Entonces Jesús dijo: —Yo los elegí a ustedes doce, pero hay uno de ustedes que es un diablo.
71Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, uno de los doce, quien más tarde lo traicionaría.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
2Y una gran multitud lo seguía, pues veían las señales que realizaba en los enfermos.
3Entonces Jesús subió al monte y se sentó allí con Sus discípulos.
4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Cuando Jesús alzó los ojos y vio que una gran multitud venía hacia Él, dijo* a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman estos?».
6Pero decía esto para probarlo, porque Él sabía lo que iba a hacer.
7Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno reciba un pedazo».
8Uno de Sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo* a Jesús:
9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos?».
10«Hagan que la gente se siente», dijo Jesús. Y había mucha hierba en aquel lugar; así que se sentaron. El número de los hombres era de unos cinco mil.
11Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían.
12Cuando se saciaron, dijo* a Sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada».
13Ellos los recogieron, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14La gente, entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: «Verdaderamente Este es el Profeta que había de venir al mundo».
15Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y por la fuerza hacerle rey, se retiró Él solo otra vez al monte.
16Al atardecer Sus discípulos bajaron hasta el mar,
17y subiendo en una barca, se dirigieron al otro lado del mar, hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido adonde ellos estaban;
18y el mar estaba agitado porque soplaba un fuerte viento.
19Cuando habían remado unos 25 o 30 estadios (cuatro o cinco kilómetros), vieron* a Jesús caminando sobre el mar y que se acercaba a la barca, y se asustaron.
20Pero Él les dijo*: «Soy Yo; no teman».
21Entonces ellos querían recibir a Jesús en la barca, y la barca llegó enseguida a la tierra adonde iban.
22Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con Sus discípulos, sino que Sus discípulos se habían ido solos.
23Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias.
24Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco Sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús.
25Cuando lo hallaron al otro lado del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo llegaste acá?».
26Jesús les respondió: «En verdad les digo, que me buscan, no porque hayan visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado.
27Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello».
28Entonces le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?».
29Jesús les respondió: «Esta es la obra de Dios: que crean en el que Él ha enviado».
30Le dijeron entonces: «¿Qué, pues, haces Tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo” ».
32Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que no es Moisés el que les ha dado el pan del cielo, sino que es Mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo».
34«Señor, danos siempre este pan», le dijeron.
35Jesús les dijo: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed.
36Pero ya les dije que aunque me han visto, no creen.
37Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera.
38Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.
40Porque esta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final».
41Por eso los judíos murmuraban de Él, porque había dicho: «Yo soy el pan que descendió del cielo».
42Y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: “Yo he descendido del cielo”?».
43Jesús les dijo: «No murmuren entre sí.
44Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que me envió, y Yo lo resucitaré en el día final.
45Escrito está en los profetas: “Y todos serán enseñados por Dios”. Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a Mí.
46No es que alguien haya visto al Padre; sino Aquel que viene de Dios, Él ha visto al Padre.
47En verdad les digo: el que cree, tiene vida eterna.
48»Yo soy el pan de la vida.
49Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron.
50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera.
51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que Yo también daré por la vida del mundo es Mi carne».
52Los judíos, por tanto, discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo puede Este darnos a comer Su carne?».
53Entonces Jesús les dijo: «En verdad les digo, que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes.
54El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día final.
55Porque Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida.
56»El que come Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí y Yo en él.
57Como el Padre que vive me envió, y Yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por Mí.
58Este es el pan que descendió del cielo; no como el que los padres de ustedes comieron, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
59Esto dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.
60Por eso muchos de Sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: «Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?».
61Pero Jesús, consciente de que Sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
62¿Pues qué si vieran al Hijo del Hombre ascender adonde estaba antes?
63»El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida.
64Pero hay algunos de ustedes que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar.
65También decía: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a Mí si no se lo ha concedido el Padre».
66Como resultado de esto muchos de Sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él.
67Entonces Jesús dijo a los doce discípulos: «¿Acaso también ustedes quieren irse?».
68Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios».
70Jesús les respondió: «¿No los escogí Yo a ustedes, los doce, y sin embargo uno de ustedes es un diablo?».
71Él se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque este, uno de los doce, lo iba a entregar.