Juan 7 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle.
2Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos;
3y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.
4Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
5Porque ni aun sus hermanos creían en él.
6Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto.
7No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.
8Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.
9Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
10Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto.
11Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
12Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo.
13Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos.
14Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.
15Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?
16Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
17El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.
18El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
19¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?
20Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte?
21Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis.
22Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo circuncidáis al hombre.
23Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre?
24No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.
25Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan para matarle?
26Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo?
27Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
28Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
29Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió.
30Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora.
31Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?
32Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen.
33Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió.
34Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir.
35Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos?
36¿Qué significa esto que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir?
37En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
38El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
39Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
40Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta.
41Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
42¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?
43Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él.
44Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano.
45Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído?
46Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!
47Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados?
48¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?
49Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es.
50Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos:
51¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?
52Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.
53Cada uno se fue a su casa;
Nueva Version Internacional (NVI)
1Algún tiempo después, Jesús andaba por Galilea. No tenía ningún interés en ir a Judea, porque allí los judíos buscaban la oportunidad para matarlo.
2Faltaba poco tiempo para la fiesta judía de las Enramadas,
3así que los hermanos de Jesús le dijeron:―Deberías salir de aquí e ir a Judea, para que tus discípulos vean las obras que realizas,
4porque nadie que quiera darse a conocer actúa en secreto. Ya que haces estas cosas, deja que el mundo te conozca.
5Lo cierto es que ni siquiera sus hermanos creían en él.
6Por eso Jesús les dijo:―Para ustedes cualquier tiempo es bueno, pero el tiempo mío aún no ha llegado.
7El mundo no tiene motivos para aborrecerlos; a mí, sin embargo, me aborrece porque yo testifico que sus obras son malas.
8Suban ustedes a la fiesta. Yo no voy todavía a esta fiesta porque mi tiempo aún no ha llegado.
9Dicho esto, se quedó en Galilea.
10Sin embargo, después de que sus hermanos se fueron a la fiesta, fue también él, no públicamente, sino en secreto.
11Por eso las autoridades judías lo buscaban durante la fiesta, y decían: «¿Dónde se habrá metido?».
12Entre la multitud corrían muchos rumores acerca de él. Unos decían: «Es una buena persona». Otros alegaban: «No, lo que pasa es que engaña a la gente».
13Sin embargo, por temor a las autoridades judías nadie hablaba de él abiertamente.
14Jesús esperó hasta la mitad de la fiesta para subir al templo y comenzar a enseñar.
15Los judíos se admiraban y decían: «¿De dónde sacó este tantos conocimientos sin haber estudiado?».
16―Mi enseñanza no es mía —respondió Jesús—, sino del que me envió.
17El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.
18El que habla por cuenta propia busca su vanagloria; en cambio, el que busca glorificar al que lo envió es una persona íntegra y sin maldad.
19¿No les ha dado Moisés la Ley a ustedes? Sin embargo, ninguno de ustedes la cumple. ¿Por qué tratan entonces de matarme?
20―Estás endemoniado —contestó la multitud—. ¿Quién quiere matarte?
21Jesús les dijo:―Hice una señal milagrosa y todos ustedes han quedado asombrados.
22Porque Moisés les dio la circuncisión, aunque en realidad no provino de Moisés, sino de los patriarcas, ustedes circuncidan aun en sábado.
23Ahora bien, si para cumplir la Ley de Moisés circuncidan a un varón incluso en sábado, ¿por qué se enfurecen conmigo si en sábado lo sano por completo?
24No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia.
25Algunos de los que vivían en Jerusalén comentaban: «¿No es este al que quieren matar?
26Ahí está, hablando abiertamente y nadie le dice nada. ¿Será que las autoridades se han convencido de que es el Cristo?
27Nosotros sabemos de dónde viene este hombre, pero cuando venga el Cristo nadie sabrá su procedencia».
28Por eso Jesús, que seguía enseñando en el templo, exclamó:―¡Conque ustedes me conocen y saben de dónde vengo! No he venido por mi propia cuenta, sino que me envió uno que es digno de confianza. Ustedes no lo conocen,
29pero yo sí lo conozco porque vengo de parte suya y él mismo me ha enviado.
30Entonces quisieron arrestarlo, pero nadie le echó mano porque aún no había llegado su hora.
31Con todo, muchos de entre la multitud creyeron en él y decían: «Cuando venga el Cristo, ¿acaso va a hacer más señales que este hombre?».
32Los fariseos oyeron a la multitud que murmuraba estas cosas acerca de él y, junto con los jefes de los sacerdotes, mandaron unos guardias del templo para arrestarlo.
33―Voy a estar con ustedes un poco más de tiempo —afirmó Jesús—, y luego volveré al que me envió.
34Me buscarán, pero no me encontrarán, porque adonde yo estaré ustedes no pueden ir.
35«¿Y este a dónde piensa irse que no podamos encontrarlo? —comentaban entre sí los judíos—. ¿Será que piensa ir a nuestra gente dispersa entre las naciones para enseñar a los que no son judíos?
36¿Qué quiso decir con eso de que “me buscarán, pero no me encontrarán” y “adonde yo estaré ustedes no pueden ir”?».
37En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó:―Si alguno tiene sed, ¡que venga a mí y beba!
38De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva.
39Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él. Hasta ese momento el Espíritu no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado todavía.
40Al oír sus palabras, algunos de entre la multitud decían: «Verdaderamente este es el profeta».
41Otros afirmaban: «¡Es el Cristo!». Pero otros objetaban: «¿Cómo puede el Cristo venir de Galilea?
42¿Acaso no dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y que será de Belén, el pueblo de donde era David?».
43Por causa de Jesús la gente estaba dividida.
44Algunos querían arrestarlo, pero nadie le puso las manos encima.
45Los guardias del templo volvieron a los jefes de los sacerdotes y a los fariseos, quienes los interrogaron:―¿Se puede saber por qué no lo han traído?
46―¡Nunca nadie ha hablado como ese hombre! —declararon los guardias.
47―¿Así que también ustedes se han dejado engañar? —replicaron los fariseos—.
48¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes o de los fariseos?
49¡No! Pero esta gente, que no sabe nada de la Ley, está bajo maldición.
50Nicodemo, que era uno de ellos y antes había ido a ver a Jesús, les preguntó:
51―¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre sin antes escucharlo y averiguar lo que hace?
52―¿También tú eres de Galilea? —respondieron—. Investiga y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta.
53Todos se fueron a casa,
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Después de esto, Jesús andaba por Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos procuraban matarle.
2Y la fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos, estaba cerca.
3Por eso sus hermanos le dijeron: Sal de aquí, y vete a Judea para que también tus discípulos vean las obras que tú haces.
4Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en público. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo.
5Porque ni aun sus hermanos creían en Él.
6Entonces Jesús les dijo*: Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo es siempre oportuno.
7El mundo no puede odiaros a vosotros, pero a mí me odia, porque yo doy testimonio de él, que sus acciones son malas.
8Subid vosotros a la fiesta; yo no subo a esta fiesta porque aún mi tiempo no se ha cumplido.
9Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
10Pero cuando sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió; no abiertamente, sino en secreto.
11Por eso los judíos le buscaban en la fiesta y decían: ¿Dónde está ese?
12Y había mucha murmuración entre la gente acerca de Él. Unos decían: Él es bueno. Otros decían: No, al contrario, extravía a la gente.
13Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de Él por miedo a los judíos.
14Pero ya a mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar.
15Entonces los judíos se maravillaban, diciendo: ¿Cómo puede este saber de letras sin haber estudiado?
16Jesús entonces les respondió y dijo: Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió.
17Si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mismo.
18El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero y no hay injusticia en Él.
19¿No os dio Moisés la ley, y sin embargo ninguno de vosotros la cumple? ¿Por qué procuráis matarme?
20La multitud contestó: ¡Tienes un demonio! ¿Quién procura matarte?
21Respondió Jesús y les dijo: Una sola obra hice y todos os admiráis.
22Por eso Moisés os ha dado la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), y en el día de reposo circuncidáis al hombre.
23Y si para no violar la ley de Moisés un hombre recibe la circuncisión en el día de reposo, ¿por qué estáis enojados conmigo porque sané por completo a un hombre en el día de reposo?
24No juzguéis por la apariencia, sino juzgad con juicio justo.
25Entonces algunos de Jerusalén decían: ¿No es este al que procuran matar?
26Y ved, habla en público y no le dicen nada. ¿No será que en verdad los gobernantes reconocen que este es el Cristo?
27Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es este; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.
28Jesús entonces, mientras enseñaba en el templo, exclamó en alta voz, diciendo: Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy. Yo no he venido por mi propia cuenta, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
29Yo le conozco, porque procedo de Él, y Él me envió.
30Procuraban, pues, prenderle; pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado su hora.
31Pero muchos de la multitud creyeron en Él, y decían: Cuando el Cristo venga, ¿acaso hará más señales que las que este ha hecho?
32Los fariseos oyeron a la multitud murmurando estas cosas acerca de Él, y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendieran.
33Entonces Jesús dijo: Por un poco más de tiempo estoy con vosotros; después voy al que me envió.
34Me buscaréis y no me hallaréis; y donde yo esté, vosotros no podéis ir.
35Decían entonces los judíos entre sí: ¿Adónde piensa irse este que no le hallemos? ¿Será acaso que quiere irse a la dispersión entre los griegos y enseñar a los griegos?
36¿Qué quiere decir esto que ha dicho: «Me buscaréis y no me hallaréis; y donde yo esté, vosotros no podéis ir»?
37Y en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba.
38El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: «De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva».
39Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.
40Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente este es el Profeta.
41Otros decían: Este es el Cristo. Pero otros decían: ¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea?
42¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David?
43Así que se suscitó una división entre la multitud por causa de Él.
44Y algunos de ellos querían prenderle, pero nadie le echó mano.
45Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?
46Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla!
47Entonces los fariseos les contestaron: ¿Es que también vosotros os habéis dejado engañar?
48¿Acaso ha creído en Él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?
49Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es.
50Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo*:
51¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace?
52Respondieron y le dijeron: ¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta surge de Galilea.
53Y cada uno se fue a su casa.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Después Jesús recorrió la región de Galilea. Quería alejarse de Judea, donde los líderes judíos estaban tramando su muerte;
2pero se acercaba el tiempo judío del Festival de las Enramadas,
3y sus hermanos le dijeron: —¡Sal de aquí y vete a Judea, donde tus seguidores puedan ver tus milagros!
4¡No puedes hacerte famoso si te escondes así! Si tienes poder para hacer cosas tan maravillosas, ¡muéstrate al mundo!
5Pues ni siquiera sus hermanos creían en él.
6—Este no es el mejor momento para que yo vaya —respondió Jesús—, pero ustedes pueden ir cuando quieran.
7El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí me odia, porque yo lo acuso de hacer lo malo.
8Vayan ustedes; no iré al festival, porque todavía no ha llegado mi momento.
9Después de decir esas cosas, se quedó en Galilea.
10Pero después de que sus hermanos se fueron al festival, Jesús también fue, aunque en secreto, y se quedó fuera de la vista del público.
11Los líderes judíos lo buscaron durante todo el festival y no dejaron de preguntar a la gente si alguien lo había visto.
12Se oían muchas discusiones acerca de él entre la multitud. Unos afirmaban: «Es un buen hombre», mientras que otros decían: «No es más que un farsante que engaña a la gente»;
13pero nadie se atrevía a hablar bien de él en público por miedo a tener problemas con los líderes judíos.
14Entonces, en la mitad del festival, Jesús subió al templo y comenzó a enseñar.
15Los presentes quedaron maravillados al oírlo. Se preguntaban: «¿Cómo es que sabe tanto sin haber estudiado?».
16Así que Jesús les dijo: —Mi mensaje no es mío, sino que proviene de Dios, quien me envió.
17Todo el que quiera hacer la voluntad de Dios sabrá si lo que enseño proviene de Dios o solo hablo por mi propia cuenta.
18Los que hablan por su propia cuenta buscan su propia gloria, pero el que busca honrar a quien lo envió, habla con la verdad, no con mentiras.
19Moisés les dio la ley, ¡pero ninguno de ustedes la cumple! De hecho, tratan de matarme.
20—¡Estás endemoniado! —respondió la multitud—. ¿Quién trata de matarte?
21Jesús contestó: —Yo hice un milagro en el día de descanso, y ustedes se asombraron;
22pero ustedes también trabajan en el día de descanso al obedecer la ley de la circuncisión dada por Moisés. (En realidad, la costumbre de la circuncisión comenzó con los patriarcas, mucho antes de la ley de Moisés).
23Pues, si el tiempo indicado para circuncidar a un hijo coincide con el día de descanso, ustedes igual realizan el acto, para no violar la ley de Moisés. Entonces, ¿por qué se enojan conmigo por sanar a un hombre en el día de descanso?
24Miren más allá de la superficie, para poder juzgar correctamente.
25Algunos de los que vivían en Jerusalén comenzaron a preguntarse unos a otros: «¿No es ese el hombre a quien procuran matar?
26Sin embargo, está aquí hablando en público, y nadie le dice nada. ¿Será que nuestros líderes ahora creen que es el Mesías?
27¿Pero cómo podría serlo? Nosotros sabemos de dónde proviene este hombre. Cuando venga el Mesías, sencillamente aparecerá; y nadie sabrá de dónde proviene».
28Mientras Jesús enseñaba en el templo, exclamó: «Es cierto, ustedes me conocen y saben de dónde provengo, pero no estoy aquí por mi propia cuenta. El que me envió es veraz, y ustedes no lo conocen;
29pero yo sí lo conozco porque provengo de él, y él me envió a ustedes».
30Entonces los líderes trataron de arrestarlo, pero nadie le puso las manos encima, porque aún no había llegado su momento.
31De las multitudes presentes en el templo, muchos creyeron en él. «Después de todo —decían—, ¿acaso esperan que el Mesías haga más señales milagrosas que las que hizo este hombre?».
32Cuando los fariseos se enteraron de lo que las multitudes andaban murmurando, ellos y los principales sacerdotes enviaron guardias del templo para arrestar a Jesús.
33Entonces Jesús les dijo: «Voy a estar con ustedes solo un poco más de tiempo, luego volveré al que me envió.
34Ustedes me buscarán pero no me encontrarán; y no pueden ir adonde yo voy».
35Desconcertados por esas palabras, los líderes judíos se preguntaban: «¿Adónde pensará ir? ¿Estará pensando salir del país e ir a los judíos dispersos en otras tierras? ¡Tal vez hasta les enseñe a los griegos!
36¿A qué se refiere cuando dice: “Me buscarán pero no me encontrarán” y “no pueden ir adonde yo voy”?».
37El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí!
38¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”».
39(Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria).
40Algunos de la multitud, al oír lo que Jesús decía, afirmaron: «Seguramente este hombre es el Profeta que estábamos esperando».
41Otros decían: «Es el Mesías». Pero otros expresaban: «¡No puede ser! ¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?
42Pues las Escrituras dicen claramente que el Mesías nacerá del linaje real de David, en Belén, la aldea donde nació el rey David».
43Así que hubo división entre la multitud a causa de él.
44Algunos querían que lo arrestaran, pero nadie le puso las manos encima.
45Cuando los guardias del templo regresaron sin haber arrestado a Jesús, los principales sacerdotes y los fariseos les preguntaron: —¿Por qué no lo trajeron?
46—¡Jamás hemos oído a nadie hablar como él! —contestaron los guardias.
47—¿También ustedes se han dejado engañar? —se burlaron los fariseos—.
48¿Habrá siquiera uno de nosotros, gobernantes o fariseos, que crea en él?
49Esa multitud tonta que lo sigue es ignorante de la ley, ¡está bajo la maldición de Dios!
50Entonces tomó la palabra Nicodemo, el líder que había ido a ver a Jesús:
51—¿Es legal condenar a un hombre antes de darle la oportunidad de defenderse? —preguntó.
52—¿También tú eres de Galilea? —contestaron ellos—. Estudia las Escrituras y compruébalo tú mismo: jamás ha salido un profeta de Galilea.
53[ Los manuscritos griegos más antiguos no incluyen Juan 7:53–8:11 ]. Así terminó la reunión, y cada uno se volvió a su casa.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Después de esto, Jesús andaba por Galilea, pues no deseaba andar por Judea porque los judíos lo querían matar.
2La fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos, estaba cerca.
3Por eso los hermanos de Jesús le dijeron: «Sal de aquí, y vete a Judea para que también Tus discípulos vean las obras que Tú haces.
4Porque nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en público. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo».
5Porque ni aun Sus hermanos creían en Él.
6Entonces Jesús les dijo*: «Mi tiempo aún no ha llegado, pero el tiempo de ustedes es siempre oportuno.
7El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero me odia a Mí, porque Yo doy testimonio de él, que sus acciones son malas.
8Suban ustedes a la fiesta; Yo no subo a esta fiesta porque Mi tiempo aún no se ha cumplido».
9Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
10Pero cuando Sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Jesús también subió; no abiertamente, sino en secreto.
11Por eso los judíos lo buscaban en la fiesta y decían: «¿Dónde está Ese?».
12Y había mucha murmuración entre la gente acerca de Él. Unos decían: «Él es bueno». Otros decían: «No, al contrario, extravía a la gente».
13Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de Él por miedo a los judíos.
14A la mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar.
15Entonces los judíos se maravillaban, diciendo: «¿Cómo puede Este saber de letras sin haber estudiado?».
16Jesús entonces les respondió: «Mi enseñanza no es Mía, sino del que me envió.
17Si alguno está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, sabrá si Mi enseñanza es de Dios o si hablo de Mí mismo.
18El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero Aquel que busca la gloria del que lo envió, Él es verdadero y no hay injusticia en Él.
19¿No les dio Moisés la ley, y sin embargo ninguno de ustedes la cumple? ¿Por qué me quieren matar?».
20La multitud contestó: «¡Tienes un demonio! ¿Quién te quiere matar?».
21Jesús les respondió: «Una sola obra hice y todos se admiran.
22Por eso Moisés les ha dado la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), y en el día de reposo ustedes circuncidan al hombre.
23Y si para no violar la ley de Moisés un hombre recibe la circuncisión aún en el día de reposo, ¿por qué están enojados conmigo porque sané por completo a un hombre en el día de reposo?
24No juzguen por la apariencia, sino juzguen con juicio justo».
25Entonces algunos de Jerusalén decían: «¿No es Este al que procuran matar?
26Y vean, habla en público y no le dicen nada. ¿No será que en verdad los gobernantes reconocen que Este es el Cristo?
27Sin embargo, nosotros sabemos de dónde es Este; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es».
28Jesús entonces, mientras enseñaba en el templo, exclamó en alta voz: «Ustedes me conocen y saben de dónde soy. Yo no he venido por decisión propia, pero Aquel que me envió es verdadero, a quien ustedes no conocen.
29Yo lo conozco, porque procedo de Él, y Él me envió».
30Procuraban, pues, prender a Jesús; pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado Su hora.
31Pero muchos de la multitud creyeron en Él, y decían: «Cuando el Cristo venga, ¿acaso hará más señales que las que Este ha hecho?».
32Los fariseos oyeron a la multitud murmurando estas cosas acerca de Él. Entonces los principales sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para que lo prendieran.
33Pero Jesús dijo: «Por un poco más de tiempo estoy con ustedes; después voy a Aquel que me envió.
34Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no pueden ir».
35Decían entonces los judíos entre sí: «¿Adónde piensa irse Este que no lo podamos encontrar? ¿Será acaso que quiere irse a la dispersión entre los griegos y enseñar a los griegos?
36¿Qué quiere decir esto que ha dicho: “Me buscarán y no me hallarán; y donde Yo esté, ustedes no podrán ir”?».
37En el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: «Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba.
38El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva” ».
39Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.
40Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: «Verdaderamente Este es el Profeta».
41Otros decían: «Este es el Cristo». Pero otros decían: «¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea?
42¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David?».
43Así que surgió una división entre la multitud por causa de Él.
44Y algunos de ellos querían prender a Jesús, pero nadie le echó mano.
45Entonces los guardias vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo trajeron?».
46Los guardias respondieron: «¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla!».
47Entonces los fariseos les contestaron: «¿Es que también ustedes se han dejado engañar?
48¿Acaso ha creído en Él alguien de los gobernantes o de los fariseos?
49Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es».
50Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo*:
51«¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace?».
52Ellos le respondieron: «¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta sale de Galilea».
53Y cada uno se fue a su casa.