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Juan 8 — comparando versiones

Reina Valera 1960 (RV60)

1y Jesús se fue al monte de los Olivos.

2Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.

3Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,

4le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.

5Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

6Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

7Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

8E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

9Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.

10Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

11Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

12Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

13Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.

14Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy.

15Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.

16Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.

17Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.

19Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.

20Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

21Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.

22Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?

23Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

24Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

25Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho.

26Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.

27Pero no entendieron que les hablaba del Padre.

28Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.

29Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.

30Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.

31Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

32y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

33Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

35Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

36Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

37Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.

38Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

39Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.

40Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.

41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.

42Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.

43¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

44Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

45Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.

46¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?

47El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

48Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?

49Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis.

50Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.

51De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.

52Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.

53¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?

54Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.

55Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra.

56Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

57Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

58Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

59Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.

Nueva Version Internacional (NVI)

1pero Jesús se fue al monte de los Olivos.

2Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles.

3Entonces, los maestros de la Ley y los fariseos llevaron a una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio del grupo,

4le dijeron a Jesús:―Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio.

5En la Ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?

6Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo.

7Y, como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:―Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

8E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo.

9Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí.

10Entonces él se incorporó y le preguntó:―Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?

11―Nadie, Señor.Jesús dijo:―Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.

12Una vez más Jesús se dirigió a la gente y les dijo:―Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.

13―Tú te presentas como tu propio testigo —alegaron los fariseos—, así que tu testimonio no es válido.

14―Aunque yo sea mi propio testigo —respondió Jesús—, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.

15Ustedes juzgan según criterios humanos; yo, en cambio, no juzgo a nadie.

16Y, si lo hago, mis juicios son válidos porque no los emito por mi cuenta, sino en unión con el Padre que me envió.

17En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.

18Yo soy testigo de mí mismo y el Padre que me envió también da testimonio de mí.

19Ellos preguntaron:―¿Dónde está tu padre?Jesús respondió:―Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre. Si me conocieran, también conocerían a mi Padre.

20Estas palabras las dijo Jesús en el lugar donde se depositaban las ofrendas, mientras enseñaba en el templo. Pero nadie le echó mano, porque aún no había llegado su tiempo.

21De nuevo Jesús les dijo:―Yo me voy y ustedes me buscarán, pero en su pecado morirán. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.

22Comentaban, por tanto, los judíos: «¿Acaso piensa suicidarse? ¿Será por eso que dice: “Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”?».

23―Ustedes son de aquí abajo —continuó Jesús—; yo soy de allá arriba. Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo.

24Por eso les he dicho que morirán en sus pecados, pues, si no creen que yo soy el que afirmo ser, en sus pecados morirán.

25―¿Quién eres tú? —le preguntaron.―En primer lugar, ¿qué tengo que explicarles? —contestó Jesús—.

26Son muchas las cosas que tengo que decir y juzgar de ustedes. Pero el que me envió es veraz, y lo que le he oído decir es lo mismo que le repito al mundo.

27Ellos no entendieron que les hablaba de su Padre.

28Por eso Jesús añadió:―Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, sabrán ustedes que yo soy y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado.

29El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada.

30Mientras aún hablaba, muchos creyeron en él.

31Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo:―Si se mantienen fieles a mis palabras, serán realmente mis discípulos;

32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.

33―Nosotros somos descendientes de Abraham —le contestaron—, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir que seremos liberados?

34―Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —afirmó Jesús—.

35Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre.

36Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.

37Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham. Sin embargo, procuran matarme porque no está en sus planes aceptar mi palabra.

38Yo hablo de lo que he visto en presencia del Padre; y ustedes hacen lo que de su padre han escuchado.

39―Nuestro padre es Abraham —replicaron.Entonces Jesús les contestó:―Si fueran hijos de Abraham, harían lo mismo que él hizo.

40Ustedes, en cambio, quieren matarme a mí, que les he expuesto la verdad que he recibido de parte de Dios. ¡Abraham jamás hizo algo así!

41Las obras de ustedes son como las de su padre.―Nosotros no somos hijos ilegítimos —le reclamaron—. Un solo Padre tenemos y es Dios mismo.

42―Si Dios fuera su Padre —les contestó Jesús—, ustedes me amarían, porque yo he venido de Dios y aquí me tienen. No he venido por mi propia cuenta, sino que él me envió.

43¿Por qué no entienden mi modo de hablar? Porque no pueden aceptar mi palabra.

44Ustedes son de su padre, el diablo, cuyos deseos quieren cumplir. Desde el principio este ha sido un asesino, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!

45Y sin embargo a mí, que les digo la verdad, no me creen.

46¿Quién de ustedes me puede probar que soy culpable de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creen?

47El que es de Dios escucha lo que Dios dice. Pero ustedes no escuchan, porque no son de Dios.

48―¿No tenemos razón al decir que eres un samaritano y que estás endemoniado? —replicaron los judíos.

49―No estoy poseído por ningún demonio —contestó Jesús—. Tan solo honro a mi Padre; pero ustedes me deshonran a mí.

50Yo no busco mi propia gloria; pero hay uno que la busca y él es el juez.

51Les aseguro que el que cumple mi palabra nunca morirá.

52―¡Ahora estamos convencidos de que estás endemoniado! —exclamaron los judíos—. Abraham murió, y también los profetas, pero tú sales diciendo que, si alguno guarda tu palabra, nunca morirá.

53¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abraham? Él murió, y también murieron los profetas. ¿Quién te crees tú?

54―Si yo me glorifico a mí mismo —les respondió Jesús—, mi gloria no significa nada. Pero quien me glorifica es mi Padre, el que ustedes dicen que es su Dios,

55aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco. Si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes; pero lo conozco y cumplo su palabra.

56Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio y se alegró.

57―Ni a los cincuenta años llegas —le dijeron los judíos—, ¿y has visto a Abraham?

58Jesús afirmó:―Les aseguro que, antes de que Abraham naciera, ¡yo soy!

59Entonces los judíos tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió inadvertido del templo.

La Biblia de las Americas (LBLA)

1Pero Jesús se fue al Monte de los Olivos.

2Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñaba.

3Los escribas y los fariseos trajeron* a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio,

4le dijeron*: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio.

5Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿tú, pues, qué dices?

6Decían esto, probándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra.

7Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra.

8E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

9Pero al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio.

10Enderezándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado?

11Y ella respondió: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.

12Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

13Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.

14Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.

15Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.

16Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió.

17Aun en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.

19Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Jesús respondió: No me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.

20Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie le prendió, porque todavía no había llegado su hora.

21Entonces les dijo de nuevo: Yo me voy, y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; adonde yo voy, vosotros no podéis ir.

22Por eso los judíos decían: ¿Acaso se va a suicidar, puesto que dice: «Adonde yo voy, vosotros no podéis ir»?

23Y Jesús les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

24Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.

25Entonces le decían: ¿Tú quién eres? Jesús les dijo: ¿Qué os he estado diciendo desde el principio?

26Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros, pero el que me envió es veraz; y yo, las cosas que oí de Él, estas digo al mundo.

27No comprendieron que les hablaba del Padre.

28Por eso Jesús dijo: Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó.

29Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que le agrada.

30Al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él.

31Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos;

32y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

33Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»?

34Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado;

35y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre.

36Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.

37Sé que sois descendientes de Abraham; y sin embargo, procuráis matarme porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.

38Yo hablo lo que he visto con mi Padre; vosotros, entonces, hacéis también lo que oísteis de vuestro padre.

39Ellos le contestaron, y le dijeron: Abraham es nuestro padre. Jesús les dijo*: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.

40Pero ahora procuráis matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham.

41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Ellos le dijeron: Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios.

42Jesús les dijo: Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine de Él, pues no he venido por mi propia iniciativa, sino que Él me envió.

43¿Por qué no entendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra.

44Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.

45Pero porque yo digo la verdad, no me creéis.

46¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? Y si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?

47El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios.

48Contestaron los judíos, y le dijeron: ¿No decimos con razón que tú eres samaritano y que tienes un demonio?

49Jesús respondió: Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí.

50Pero yo no busco mi gloria; hay Uno que la busca, y juzga.

51En verdad, en verdad os digo que si alguno guarda mi palabra, no verá jamás la muerte.

52Los judíos le dijeron: Ahora sí sabemos que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas, y tú dices: «Si alguno guarda mi palabra no probará jamás la muerte».

53¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham que murió? Los profetas también murieron; ¿quién crees que eres?

54Jesús respondió: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: «Él es nuestro Dios».

55Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco seré un mentiroso como vosotros; pero sí le conozco y guardo su palabra.

56Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.

57Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

58Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.

59Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

Nueva Traduccion Viviente (NTV)

1Jesús regresó al monte de los Olivos,

2pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles.

3Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.

4«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio.

5La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?».

6Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo.

7Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!».

8Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.

9Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud.

10Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer: —¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?

11—Ni uno, Señor —dijo ella. —Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.

12Jesús habló una vez más al pueblo y dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida».

13Los fariseos respondieron: —¡Tú haces esas declaraciones acerca de ti mismo! Un testimonio así no es válido.

14—Estas afirmaciones sí son válidas, aunque las diga de mí mismo —respondió Jesús—. Pues sé de dónde vengo y adónde voy, pero eso es algo que ustedes no saben de mí.

15Ustedes me juzgan con criterios humanos, pero yo no juzgo a nadie.

16Y, si lo hiciera, mi juicio sería correcto en todo sentido, porque no estoy solo. El Padre, quien me envió, está conmigo.

17La misma ley de ustedes establece que, si dos personas concuerdan en algo, su testimonio se acepta como un hecho.

18Yo soy uno de los testigos, y mi Padre, quien me envió, es el otro.

19—¿Dónde está tu padre? —le preguntaron. Jesús contestó: —Como ustedes no saben quién soy yo, tampoco saben quién es mi Padre. Si me conocieran a mí, también conocerían a mi Padre.

20Jesús dijo todo esto mientras enseñaba en la parte del templo conocida como la tesorería, pero no lo arrestaron, porque aún no había llegado su momento.

21Más tarde, Jesús volvió a decirles: «Yo me voy, y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir».

22Por lo tanto, la gente se preguntaba: «¿Estará pensando suicidarse? ¿Qué quiere decir con “no pueden ir adonde yo voy”?».

23Jesús continuó diciendo: «Ustedes son de abajo; yo soy de arriba. Ustedes pertenecen a este mundo; yo no.

24Por eso dije que morirán en sus pecados; porque, a menos que crean que Yo Soy quien afirmo ser, morirán en sus pecados».

25—¿Y quién eres? —preguntaron. Jesús contestó: —El que siempre dije que era.

26Tengo mucho para decir acerca de ustedes y mucho para condenar, pero no lo haré. Pues digo solo lo que oí del que me envió, y él es totalmente veraz.

27Pero ellos seguían sin entender que les hablaba de su Padre.

28Por eso Jesús dijo: «Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre en la cruz, entonces comprenderán que Yo Soy . Yo no hago nada por mi cuenta, sino que digo únicamente lo que el Padre me enseñó.

29Y el que me envió está conmigo, no me ha abandonado. Pues siempre hago lo que a él le agrada».

30Entonces muchos de los que oyeron sus palabras creyeron en él.

31Jesús le dijo a la gente que creyó en él: —Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas;

32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.

33—Nosotros somos descendientes de Abraham —le respondieron—, nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué quieres decir con “los hará libres”?

34Jesús contestó: —Les digo la verdad, todo el que comete pecado es esclavo del pecado.

35Un esclavo no es un miembro permanente de la familia, pero un hijo sí forma parte de la familia para siempre.

36Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres.

37Claro que me doy cuenta de que son descendientes de Abraham. Aun así, algunos de ustedes procuran matarme porque no tienen lugar para mi mensaje en su corazón.

38Yo les cuento lo que vi cuando estaba con mi Padre, pero ustedes siguen el consejo de su padre.

39—¡Nuestro padre es Abraham! —declararon. —No —respondió Jesús—, pues si realmente fueran hijos de Abraham, seguirían su ejemplo.

40En cambio, procuran matarme porque les dije la verdad, la cual oí de Dios. Abraham nunca hizo algo así.

41No, ustedes imitan a su verdadero padre. —¡Nosotros no somos hijos ilegítimos! —respondieron—. Dios mismo es nuestro verdadero Padre.

42Jesús les dijo: —Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque he venido a ustedes de parte de Dios. No estoy aquí por mi propia cuenta, sino que él me envió.

43¿Por qué no pueden entender lo que les digo? ¡Es porque ni siquiera toleran oírme!

44Pues ustedes son hijos de su padre, el diablo, y les encanta hacer las cosas malvadas que él hace. Él ha sido asesino desde el principio y siempre ha odiado la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando miente, actúa de acuerdo con su naturaleza porque es mentiroso y el padre de la mentira.

45Por eso, es natural que no me crean cuando les digo la verdad.

46¿Quién de ustedes puede, con toda sinceridad, acusarme de pecado? Y si les digo la verdad, ¿por qué, entonces, no me creen?

47Los que pertenecen a Dios escuchan con gusto las palabras de Dios, pero ustedes no las escuchan porque no pertenecen a Dios.

48—¡Samaritano endemoniado! —replicó la gente—. ¿No veníamos diciendo que estabas poseído por un demonio?

49—No —dijo Jesús—, no tengo ningún demonio. Pues yo honro a mi Padre; en cambio, ustedes me deshonran a mí.

50Y, aunque no tengo ninguna intención de glorificarme a mí mismo, Dios va a glorificarme y él es el verdadero juez.

51Les digo la verdad, ¡todo el que obedezca mi enseñanza jamás morirá!

52—Ahora estamos convencidos de que estás poseído por un demonio —dijo la gente—. Hasta Abraham y los profetas murieron, pero tú dices: “¡El que obedezca mi enseñanza nunca morirá!”.

53¿Acaso eres más importante que nuestro padre Abraham? Él murió, igual que los profetas. ¿Tú quién te crees que eres?

54Jesús contestó: —Si yo buscara mi propia gloria, esa gloria no tendría ningún valor, pero es mi Padre quien me glorificará. Ustedes dicen: “Él es nuestro Dios”,

55pero ni siquiera lo conocen. Yo sí lo conozco; y si dijera lo contrario, ¡sería tan mentiroso como ustedes! Pero lo conozco y lo obedezco.

56Abraham, el padre de ustedes, se alegró mientras esperaba con ansias mi venida; la vio y se llenó de alegría.

57Entonces la gente le dijo: —Ni siquiera tienes cincuenta años. ¿Cómo puedes decir que has visto a Abraham?

58Jesús contestó: —Les digo la verdad, ¡aun antes de que Abraham naciera, Yo Soy !

59En ese momento, tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús desapareció de la vista de ellos y salió del templo.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA)

1Pero Jesús se fue al monte de los Olivos.

2Al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñaba.

3Los escribas y los fariseos trajeron* a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio,

4dijeron* a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio.

5Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. ¿Tú, pues, qué dices?».

6Decían esto, poniendo a prueba a Jesús, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra.

7Pero como insistían en preguntar, Jesús se enderezó y les dijo: «El que de ustedes esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra».

8E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

9Al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio.

10Enderezándose Jesús, le dijo: «Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado?».

11«Ninguno, Señor», respondió ella. Entonces Jesús le dijo: «Yo tampoco te condeno. Vete; y desde ahora no peques más».

12Jesús les habló otra vez, diciendo: «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida».

13Entonces los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de Ti mismo; Tu testimonio no es verdadero».

14Jesús les respondió: «Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, Mi testimonio es verdadero, porque Yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni adónde voy.

15Ustedes juzgan según la carne; Yo no juzgo a nadie.

16Pero si Yo juzgo, Mi juicio es verdadero; porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió.

17Aun en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

18Yo soy el que doy testimonio de Mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de Mí».

19Entonces le decían: «¿Dónde está Tu Padre?». «Ustedes no me conocen a Mí ni a Mi Padre», les respondió Jesús. «Si me conocieran, conocerían también a Mi Padre».

20Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie lo prendió, porque todavía no había llegado Su hora.

21Entonces Jesús les dijo de nuevo: «Yo me voy, y me buscarán, y ustedes morirán en su pecado; adonde Yo voy, ustedes no pueden ir».

22Por eso los judíos decían: «¿Acaso se va a suicidar, puesto que dice: “Adonde Yo voy, ustedes no pueden ir”?».

23Y Jesús les decía: «Ustedes son de abajo, Yo soy de arriba; ustedes son de este mundo, Yo no soy de este mundo.

24Por eso les dije que morirán en sus pecados; porque si no creen que Yo soy, morirán en sus pecados».

25«¿Tú quién eres?», le preguntaron. Jesús les contestó: «¿Qué les he estado diciendo desde el principio?

26Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes, pero Aquel que me envió es veraz; y Yo, las cosas que oí de Él, estas digo al mundo».

27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

28Por eso Jesús les dijo: «Cuando ustedes levanten al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo soy y que no hago nada por Mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó.

29Y Aquel que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque Yo siempre hago lo que le agrada».

30Al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él.

31Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: «Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos;

32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres».

33Ellos le contestaron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: “Serán libres”?».

34Jesús les respondió: «En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado;

35y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre.

36Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres.

37Sé que ustedes son descendientes de Abraham; y sin embargo, me quieren matar porque Mi palabra no tiene aceptación en ustedes.

38Yo hablo lo que he visto con Mi Padre; ustedes, entonces, hacen también lo que oyeron de su padre».

39Ellos le contestaron: «Abraham es nuestro padre». Jesús les dijo*: «Si son hijos de Abraham, hagan las obras de Abraham.

40Pero ahora me quieren matar, a Mí que les he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham.

41Ustedes hacen las obras de su padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios».

42Jesús les dijo: «Si Dios fuera su Padre, me amarían, porque Yo salí de Dios y vine de Él, pues no he venido por Mi propia iniciativa, sino que Él me envió.

43¿Por qué no entienden lo que digo? Porque no pueden oír Mi palabra.

44»Ustedes son de su padre el diablo y quieren hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.

45Pero porque Yo digo la verdad, no me creen.

46¿Quién de ustedes me prueba que tengo pecado? Y si digo verdad, ¿por qué ustedes no me creen?

47El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso ustedes no escuchan, porque no son de Dios».

48Los judíos le contestaron: «¿No decimos con razón que Tú eres samaritano y que tienes un demonio?».

49Jesús respondió: «Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a Mi Padre, y ustedes me deshonran a Mí.

50Pero Yo no busco Mi gloria; hay Uno que la busca, y juzga.

51En verdad les digo que si alguien guarda Mi palabra, no verá jamás la muerte».

52Los judíos le dijeron: «Ahora sí sabemos que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas, y Tú dices: “Si alguien guarda Mi palabra no probará jamás la muerte”.

53¿Eres Tú acaso mayor que nuestro padre Abraham que murió? Los profetas también murieron; ¿quién crees que eres?».

54Jesús respondió: «Si Yo mismo me glorifico, Mi gloria no es nada; es Mi Padre el que me glorifica, de quien ustedes dicen: “Él es nuestro Dios”.

55Ustedes no lo han conocido, pero Yo lo conozco; y si digo que no lo conozco seré un mentiroso como ustedes; pero sí lo conozco y guardo Su palabra.

56Abraham, el padre de ustedes, se regocijó esperando ver Mi día; y lo vio y se alegró».

57Por esto los judíos le dijeron: «Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?».

58Jesús les dijo: «En verdad les digo, que antes que Abraham naciera, Yo soy».

59Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

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