Juan 9 — comparando versiones
Reina Valera 1960 (RV60)
1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
5Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
6Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
7y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
9Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
10Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
12Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
14Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.
15Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
16Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
17Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
18Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
19y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
20Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
21pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
22Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.
23Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
24Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
25Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
26Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
28Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos.
29Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
30Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos.
31Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.
32Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.
33Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
34Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
35Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
36Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
37Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.
38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
39Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.
40Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?
41Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Nueva Version Internacional (NVI)
1A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
2Y sus discípulos le preguntaron:―Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?
3―No está así debido a sus pecados ni a los de sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.
4Mientras sea de día, tenemos que llevar a cabo la obra del que me envió. Viene la noche cuando nadie puede trabajar.
5Mientras esté yo en el mundo, luz soy del mundo.
6Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego,
7diciéndole:―Ve y lávate en el estanque de Siloé.(Esto significa «Enviado»).El ciego fue y se lavó, y al volver ya veía.
8Sus vecinos y los que lo habían visto pedir limosna decían: «¿No es este el que se sienta a mendigar?».
9Unos aseguraban: «Sí, es él». Otros decían: «No es él, sino que se le parece». Pero él insistía: «Soy yo».
10―¿Cómo entonces se te han abierto los ojos? —le preguntaron.
11Y él respondió:―Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de barro, me lo untó en los ojos y me dijo: “Ve y lávate en Siloé”. Así que fui, me lavé y entonces pude ver.
12―¿Y dónde está ese hombre? —le preguntaron.―No lo sé —respondió.
13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
14Era sábado cuando Jesús hizo el barro y le abrió los ojos al ciego.
15Por eso los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había recibido la vista.―Me untó barro en los ojos, me lavé y ahora veo —respondió.
16Algunos de los fariseos comentaban: «Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no respeta el sábado». Otros objetaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes señales?». Y había desacuerdo entre ellos.
17Por eso interrogaron de nuevo al ciego:―¿Y qué opinas tú de él? Fue a ti a quien te abrió los ojos.―Yo digo que es profeta —contestó.
18Pero los judíos no creían que el hombre hubiera sido ciego y ahora viera. Entonces llamaron a sus padres
19y les preguntaron:―¿Es este su hijo, el que dicen ustedes que nació ciego? ¿Cómo es que ahora puede ver?
20―Sabemos que este es nuestro hijo —contestaron los padres—, y sabemos también que nació ciego.
21Lo que no sabemos es cómo ahora puede ver ni quién le abrió los ojos. Pregúntenselo a él, que ya es mayor de edad y puede responder por sí mismo.
22Sus padres contestaron así por miedo a los judíos, pues ya estos habían convenido que se expulsara de la sinagoga a todo el que reconociera que Jesús era el Cristo.
23Por eso dijeron sus padres: «Pregúntenselo a él, que ya es mayor de edad».
24Por segunda vez llamaron los judíos al que había sido ciego y le dijeron:―¡Da gloria a Dios! A nosotros nos consta que ese hombre es pecador.
25―Si es pecador, no lo sé —respondió el hombre—. Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.
26Pero ellos le insistieron:―¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27Él respondió:―Ya les dije y no me hicieron caso. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿Es que también ustedes quieren hacerse sus discípulos?
28Entonces lo insultaron y le dijeron:―¡Discípulo de ese lo serás tú! ¡Nosotros somos discípulos de Moisés!
29Y sabemos que a Moisés le habló Dios; pero de este no sabemos ni de dónde salió.
30―¡Allí está lo sorprendente! —respondió el hombre—: que ustedes no sepan de dónde salió y que a mí me haya abierto los ojos.
31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí a los piadosos y a quienes hacen su voluntad.
32Jamás se ha sabido que alguien le haya abierto los ojos a uno que nació ciego.
33Si este hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.
34Ellos replicaron:―Tú, que naciste sumido en pecado, ¿vas a darnos lecciones?Y lo expulsaron.
35Jesús se enteró de que habían expulsado a aquel hombre y al encontrarlo le preguntó:―¿Crees en el Hijo del hombre?
36Él respondió:―¿Quién es, Señor? Dímelo, para que crea en él.
37―Pues ya lo has visto —le contestó Jesús—; es el que está hablando contigo.
38―Creo, Señor —declaró el hombre.Y postrado lo adoró.
39Entonces Jesús dijo:―Yo he venido a este mundo para hacer justicia, para que los ciegos vean y los que ven se queden ciegos.
40Algunos fariseos que estaban con él, al oírlo hablar así, le preguntaron:―¿Qué? ¿Acaso también nosotros somos ciegos?
41Jesús les contestó:―Si fueran ciegos, no serían culpables de pecado, pero, como afirman que ven, su pecado permanece.
La Biblia de las Americas (LBLA)
1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?
3Jesús respondió: Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar.
5Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.
6Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo barro con la saliva y le untó el barro en los ojos,
7y le dijo: Ve y lávate en el estanque de Siloé (que quiere decir, Enviado). Él fue, pues, y se lavó y regresó viendo.
8Entonces los vecinos y los que antes le habían visto que era mendigo, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba?
9Unos decían: Él es; y otros decían: No, pero se parece a él. Él decía: Yo soy.
10Entonces le decían: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11Él respondió: El hombre que se llama Jesús hizo barro, lo untó sobre mis ojos y me dijo: «Ve al Siloé y lávate». Así que fui, me lavé y recibí la vista.
12Y le dijeron: ¿Dónde está Él? Él dijo*: No sé.
13Llevaron* ante los fariseos al que antes había sido ciego.
14Y era día de reposo el día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos.
15Entonces los fariseos volvieron también a preguntarle cómo había recibido la vista. Y él les dijo: Me puso barro sobre los ojos, y me lavé y veo.
16Por eso algunos de los fariseos decían: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el día de reposo. Pero otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Y había división entre ellos.
17Entonces dijeron* otra vez al ciego: ¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos? Y él dijo: Es un profeta.
18Entonces los judíos no le creyeron que había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
19y les preguntaron, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
20Sus padres entonces les respondieron, y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego;
21pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a él; edad tiene, él hablará por sí mismo.
22Sus padres dijeron esto porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguno confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga.
23Por eso sus padres dijeron: Edad tiene; preguntadle a él.
24Por segunda vez llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es un pecador.
25Entonces él les contestó: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo.
26Le dijeron entonces: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27Él les contestó: Ya os lo dije y no escuchasteis; ¿por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
28Entonces lo insultaron, y le dijeron: Tú eres discípulo de ese hombre; pero nosotros somos discípulos de Moisés.
29Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a este, no sabemos de dónde es.
30Respondió el hombre y les dijo: Pues en esto hay algo asombroso, que vosotros no sepáis de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos.
31Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace su voluntad, a este oye.
32Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento.
33Si este no viniera de Dios, no podría hacer nada.
34Respondieron ellos y le dijeron: Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros? Y lo echaron fuera.
35Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y hallándolo, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
36Él respondió y dijo: ¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?
37Jesús le dijo: Pues tú le has visto, y el que está hablando contigo, ese es.
38Él entonces dijo: Creo, Señor. Y le adoró.
39Y Jesús dijo: Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos.
40Algunos de los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: ¿Acaso nosotros también somos ciegos?
41Jesús les dijo: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora, porquedecís: «Vemos», vuestro pecado permanece.
Nueva Traduccion Viviente (NTV)
1Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
2—Rabí, ¿por qué nació ciego este hombre? —le preguntaron sus discípulos—. ¿Fue por sus propios pecados o por los de sus padres?
3—No fue por sus pecados ni tampoco por los de sus padres —contestó Jesús—. Nació ciego para que todos vieran el poder de Dios en él.
4Debemos llevar a cabo cuanto antes las tareas que nos encargó el que nos envió. Pronto viene la noche cuando nadie puede trabajar;
5pero mientras estoy aquí en el mundo, yo soy la luz del mundo.
6Luego escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva y lo untó en los ojos del ciego.
7Le dijo: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé» (Siloé significa «enviado»). Entonces el hombre fue, se lavó, ¡y regresó viendo!
8Sus vecinos y otros que lo conocían como un pordiosero ciego se preguntaban: «¿No es ese el hombre que solía sentarse a mendigar?».
9Algunos decían que sí, y otros decían: «No, solo se le parece». Pero el mendigo seguía diciendo: «¡Sí, soy yo!».
10Le preguntaron: —¿Quién te sanó? ¿Cómo sucedió?
11Él les dijo: —El hombre al que llaman Jesús hizo lodo, me lo untó en los ojos y me dijo: “Ve al estanque de Siloé y lávate”. Entonces fui, me lavé, ¡y ahora puedo ver!
12—¿Dónde está él ahora? —le preguntaron. —No lo sé —contestó.
13Entonces llevaron ante los fariseos al hombre que había sido ciego,
14porque era día de descanso cuando Jesús hizo el lodo y lo sanó.
15Los fariseos interrogaron al hombre sobre todo lo que había sucedido y les respondió: «Él puso el lodo sobre mis ojos y, cuando me lavé, ¡pude ver!».
16Algunos de los fariseos decían: «Ese tal Jesús no viene de Dios porque trabaja en el día de descanso». Otros decían: «¿Pero cómo puede un simple pecador hacer semejantes señales milagrosas?». Así que había una profunda diferencia de opiniones entre ellos.
17Luego los fariseos volvieron a interrogar al hombre que había sido ciego: —¿Qué opinas del hombre que te sanó? —Creo que debe de ser un profeta —contestó el hombre.
18Aun así los líderes judíos se negaban a creer que el hombre había sido ciego y ahora podía ver, así que llamaron a sus padres.
19—¿Es este su hijo? —les preguntaron—. ¿Es verdad que nació ciego? Si es cierto, ¿cómo es que ahora ve?
20Sus padres contestaron: —Sabemos que él es nuestro hijo y que nació ciego,
21pero no sabemos cómo es que ahora puede ver ni quién lo sanó. Pregúntenselo a él; ya tiene edad para hablar por sí mismo.
22Los padres dijeron eso por miedo a los líderes judíos, quienes habían anunciado que cualquiera que dijera que Jesús era el Mesías sería expulsado de la sinagoga.
23Por eso dijeron: «Ya tiene edad suficiente, entonces pregúntenle a él».
24Por segunda vez llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: —Es Dios quien debería recibir la gloria por lo que ha pasado, porque sabemos que ese hombre, Jesús, es un pecador.
25—Yo no sé si es un pecador —respondió el hombre—, pero lo que sé es que yo antes era ciego, ¡y ahora puedo ver!
26—¿Pero qué fue lo que hizo? —le preguntaron—. ¿Cómo te sanó?
27—¡Miren! —exclamó el hombre—. Ya les dije una vez. ¿Acaso no me escucharon? ¿Para qué quieren oírlo de nuevo? ¿Ustedes también quieren ser sus discípulos?
28Entonces ellos lo insultaron y dijeron: —Tú eres su discípulo, ¡pero nosotros somos discípulos de Moisés!
29Sabemos que Dios le habló a Moisés, pero no sabemos ni siquiera de dónde proviene este hombre.
30—¡Qué cosa tan extraña! —respondió el hombre—. A mí me sanó los ojos, ¿y ustedes ni siquiera saben de dónde proviene?
31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores pero está dispuesto a escuchar a los que lo adoran y hacen su voluntad.
32Desde el principio del mundo, nadie ha podido abrir los ojos de un ciego de nacimiento.
33Si este hombre no viniera de parte de Dios, no habría podido hacerlo.
34—¡Tú naciste pecador hasta la médula! —le respondieron—. ¿Acaso tratas de enseñarnos a nosotros? Y lo echaron de la sinagoga.
35Cuando Jesús supo lo que había pasado, encontró al hombre y le preguntó: —¿Crees en el Hijo del Hombre?
36—¿Quién es, señor? —contestó el hombre—. Quiero creer en él.
37—Ya lo has visto —le dijo Jesús—, ¡y está hablando contigo!
38—¡Sí, Señor, creo! —dijo el hombre. Y adoró a Jesús.
39Entonces Jesús le dijo: —Yo entré en este mundo para hacer juicio, para dar vista a los ciegos y para demostrarles a los que creen que ven, que, en realidad, son ciegos.
40Algunos fariseos que estaban cerca lo oyeron y le preguntaron: —¿Estás diciendo que nosotros somos ciegos?
41—Si fueran ciegos, no serían culpables —contestó Jesús—, pero siguen siendo culpables porque afirman que pueden ver.
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
2Y Sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?».
3Jesús respondió: «Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él.
4Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar.
5Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo».
6Habiendo dicho esto, escupió en tierra, e hizo barro con la saliva y le untó el barro en los ojos al ciego,
7y le dijo: «Ve y lávate en el estanque de Siloé» (que quiere decir Enviado). El ciego fue, pues, y se lavó y regresó viendo.
8Entonces los vecinos y los que antes lo habían visto que era mendigo, decían: «¿No es este el que se sentaba y mendigaba?».
9«Él es», decían unos. «No, pero se parece a él», decían otros. Él decía: «Yo soy».
10Entonces le decían: «¿Cómo te fueron abiertos los ojos?».
11Él respondió: «El hombre que se llama Jesús hizo barro, lo untó sobre mis ojos y me dijo: “Ve al estanque de Siloé y lávate”. Así que fui, me lavé y recibí la vista».
12«¿Dónde está Él?», le preguntaron. Y él les dijo*: «No lo sé».
13Llevaron* ante los fariseos al que antes había sido ciego.
14Y era día de reposo el día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos.
15Por eso los fariseos volvieron también a preguntarle cómo había recibido la vista. Y él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, y me lavé y veo».
16Por eso algunos de los fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el día de reposo». Pero otros decían: «¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales?». Y había división entre ellos.
17Entonces preguntaron* otra vez al ciego: «¿Qué dices tú de Él, ya que te abrió los ojos?». «Es un profeta», les respondió.
18Pero los judíos no le creyeron que había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
19y les preguntaron: «¿Es este su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».
20Entonces sus padres les contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego;
21pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quién le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Pregúntenle a él; ya es mayor de edad, él hablará por sí mismo».
22Sus padres dijeron esto porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguien confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga.
23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor de edad; pregúntenle a él».
24Por segunda vez los judíos llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es un pecador».
25Entonces él les contestó: «Si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo».
26Ellos volvieron a preguntarle: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?».
27Él les contestó: «Ya les dije y no escucharon; ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Es que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».
28Entonces lo insultaron, y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; pero nosotros somos discípulos de Moisés.
29Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a Este, no sabemos de dónde es».
30El hombre les respondió: «Pues en esto hay algo asombroso, que ustedes no sepan de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos.
31Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace Su voluntad, a este oye.
32Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento.
33Si Este no viniera de Dios, no podría hacer nada».
34Ellos le respondieron: «Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros?». Y lo echaron fuera.
35Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?».
36Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?».
37Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, Ese es».
38Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró.
39Y Jesús dijo: «Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos».
40Algunos de los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso nosotros también somos ciegos?».
41Jesús les dijo: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porque dicen: “Vemos”, su pecado permanece.