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Génesis 12
Llamado de Abram
1Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.🗨📝 2Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.🗨📝 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.🗨📝 4Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.🗨📝 5Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.🗨📝 6Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.🗨📝 7Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.🗨📝 8Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.🗨📝 9Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.🗨📝Abram y Sarai en Egipto
10Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.🗨📝 11Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;🗨📝 12y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.🗨📝 13Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.🗨📝 14Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.🗨📝 15También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.🗨📝 16E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.🗨📝 17Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.🗨📝 18Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?🗨📝 19¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.🗨📝 20Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Génesis 12:1
12:1 En Hechos 7:2 leemos que el Dios de la Gloria apareció a Abraham estando aún en Mesopotamia. Mesopotamia era un lugar de idolatría y de demonios. Era indispensable que Dios se le apareciera a Abram y le mostrara su gloria a fin de que él pudiera salir de dicha tierra y condición. Sin la gloria de Dios es imposible obedecer el llamado de Dios. Necesitamos una visión de la gloria de Dios para ser trasladados de la posición terrenal a la posición celestial del reino de Dios. ¿Por qué algunos parecen no poder salir de su situación terrenal? Porque no han visto la gloria de Dios. Abraham vivió bajo la cultura de Ur de los Caldeos por lo que era necesario que su mente fuera renovada. Solo a través de una mente renovada es que podemos conocer que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2). La importancia de esto radica en que disfrutamos de Dios según lo que creemos de Dios; ¿cómo habría de ser Abram el padre de la fe si no era transformada su forma de pensar? Necesitaba un cambio de hábitos: La idolatría de Mesopotamia debía ser cambiada por otra manera de vivir. Los hábitos no son dejados, sino sustituidos. La relación con Dios sustituyó la idolatría de Abram. Dios llama a despojarse del viejo hombre, ¿cómo? Vistiéndose del nuevo (Efesios 4:22-24). Un camino nuevo requiere de un andar nuevo. Necesitaba un cambio de tradiciones: Las costumbres de los pueblos son vanidad (Jer. 10:3); la realidad de Dios es vida relacional. El llamado de Dios incluía relacionarse con Abram en un nuevo comienzo. Nueva criatura (2 Cor. 5:17). El pasado era pasado. No más tradiciones. Ruptura total con Ur de los caldeos. La vida cristiana tiene futuro, pero no tiene pasado. Es una página en blanco para volver a escribir. Necesitaba un cambio de corazón cambiando sus afectos: …deja tu parentela… El hombre ama a su familia. Dejar la tierra es difícil, pero dejar a los parientes es aún más difícil, especialmente si consideramos que los tiempos de Abram eran tiempos patriarcales. Abram fue llamado a seguir a Dios como su mayor y más grande amor, los afectos familiares, por grande que fuesen, debían ser dejados de lado. Esto es figura del nuevo corazón del nuevo pacto (Eze. 11:19). Pablo escribió: Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa (1 Cor. 7: 29-31). Hebreos 11:8 dice que Abraham salió sin saber a donde iba. Eso es obediencia. Se necesita carecer de intenciones personales para ser verdaderamente obediente. Abram podía tener mil planes y metas en Ur y en Harán, pero después del llamado de Dios, su meta fue Dios y sus intenciones fueron siendo transformadas poco a poco a las de Dios. ¿Qué cosas dejó abram incompletas en Ur? ¿Y qué decir del clan de Taré que debía continuar Abram? No lo sabemos, la Biblia no nos dice nada al respecto. Así también todo el que sigue a Cristo suele dejar incompletos un sin fin de proyectos personales, pero no hay pérdida en ello, pues es llamado a una vida inmensamente mayor que la que tenía planeada. Necesitaba un cambio de sentimientos: Abram tenía 75 años cuando salió de Harán, tenía toda una vida de sentimientos y recuerdos relacionados con su parentela. Dejarlos no debió ser algo sencillo. ¿Puedes renunciar en este momento a todos los familiares que tienes? ¿No sería esto muy doloroso? Abram estaba a punto de pasar a ser parte de una nueva familia: la familia de Dios. Vivir según las emociones no es muy confiable; el creyente ha de hacer que sus sentimientos sean de acuerdo a su vida y no a la inversa. Necesitaba un cambio de soporte y dependencia: …y de la casa de tu padre. Había viajado con su padre Taré, llevado por él, a Harán. Estaban en un tiempo patriarcal, no era fácil dejar de depender del padre de familia. Dejar a su padre era toda una prueba, era cambiar del padre terrenal al Padre celestial. Esto no es desobediencia, ni independencia, sino cambio de dependencia. Era cambiar del brazo de carne al brazo divino (2 Crónicas 32:8). Necesitaba un cambio de confianza: Abram dependía de su padre Taré, si las cosas se ponían mal, era Taré quien daría la cara. Esta era la costumbre tribal. Ser apoyo no es lo mismo que ser la columna de soporte. Sin embargo, las rodillas de los hombres se doblan y aún los más fuertes caen; los santos pueden pecar y hasta los héroes han perdido batallas; pero Dios jamás se cansa ni renuncia ni pierde. ¡Él es el Todopoderoso! Dejar a su padre era depositar su confianza solo en el Señor. Confianza es fianza en común: Abram en Dios. Necesitaba un cambio de esperanza para la herencia del primogénito: Pero Abram no sólo debía dejar a su padre, sino dejar “la casa de su padre”. Era dejar a su padre y todo lo que esto implicaba. Era renunciar a la herencia de hijo; era ser de una casa diferente, un nuevo linaje. Abram tendría una nueva esperanza: no la herencia de su padre terrenal, sino la herencia de su Padre Celestial. Por eso se dice de él que esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios (Heb. 11:10). Abraham estaba aprendiendo a ver: …a la tierra que te mostraré… Abram fue motivado a salir a causa de la revelación de la gloria de Dios (Hechos 7:2); la cual incluía la promesa divina de recompensa por seguirle. Dios le prometió mostrarle una nueva tierra. Abram debía aprender a ver. Los llamados debemos adquirir la nueva visión, la visión del reino. Dicha visión viene después de obedecer el llamado a salir; sin santificación es corta la visión. Necesitaba aprender a esperar: La tierra prometida no le fue mostrada a Abram inmediatamente. El llamado debe aprender a esperar. La fe es salir sin saber a donde se va; sabemos a qué vamos, pero no a dónde vamos. Sabemos que somos herederos, pero aún no hemos visto completamente la herencia. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido (1 Cor. 13:12); porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos (Rom. 8:24-25). Necesitaba aprender a recibir: Si Dios promete al hombre es porque le quiere dar. ¿Por qué no simplemente le da sin prometérselo primero? Para enseñar al llamado a esperar, a creer y a recibir. El hombre necesita ser entrenado en estas tres cosas. La esperanza por sí sola permite sobrellevar el presente, pero carece de sustancia para el futuro. Se necesita la fe para que las cosas sucedan; de allí que es muy importante la fe correcta. El hombre recibe conforme cree, de manera que si su creencia es la escasez, eso recibirá. La fe le enseña al hombre a recibir. El que se acerca a Dios crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6); debemos esperar recibir lo mejor. No tengas miedo de malas noticias (Sal. 112:7); extiende la mano al cielo, aprende a recibir la vida de abundancia en Cristo.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:2
12.2 Antes de que Dios le prometiera a Abram bendecirlo, primero prometió hacer de él una nación. Tener es resultado de ser. Dios nunca se presenta a sí mismo como el Yo Tengo; sino como el Yo Soy. Cuando a un llamado le preguntan quien es él, debiera responder primero qué es en Dios y entonces quizá pueda decir que tiene de Dios o de cualquier otra cosa. Por lo mismo es de suma importancia anhelar en grande. Dios no le promete a Abram solamente hacer de él una nación, sino hacer de él una nación grande. Los sueños del llamado son grandes, acordes al Dios que llama. Es un insulto a Dios anhelar cosas pequeñas de Él y una honra esperar lo grande. Junto con esto, Dios le prometió a Abraham trascender prometiéndole hacer de él una nación. Esto va más allá del pueblo de Israel según la carne; habla del reino de Dios, de gobierno. Las promesas de Dios al hombre jamás están separadas de su reino. Dios desea la grandeza del llamado solo en relación de la grandeza de su reino. Da autoridad al llamado, pero para establecer el reino del que llama. Una nación es trascendencia. El reino es trascendencia. Vivir para el reino es vivir más allá de uno mismo. Es no morir jamás. Abram no está en la tierra, pero los millones de hijos de Abraham seguimos aquí. Nada hace trascender más al hombre que usar su vida para el establecimiento del reino de Dios, que, dicho sea de paso, no será conmovido jamás (Dan. 2:44). Luego, para bendecirlo conforme su Palabra: …y te bendeciré… Dios debía ser conocido por Abraham. La religión procura el sufrimiento del hombre supuestamente para agradar a Dios; pero el llamado de Dios es todo lo contrario: Dios llamó a Abram y le prometió bendecirlo. Es normal en el reino de Dios esperar la bendición de Dios. Dios hablará a favor de los llamados; en cierto modo, por eso lo seguimos, porque nadie nos ha hablado como Él (Juan 6:68; Juan 7:46). Al tiempo que conocía a Dios como su Dador, Abraham también estaba conociéndose a sí mismo como receptor. Dios bendice a buenos y malos (Mat. 5:45), esa es su bendición general. Pero su bendición especial está sobre aquel que es llamado por Él. El hombre llamado debe hacer a Dios el centro de su vida, porque a su vez, dicho hombre se convierte al obedecer el llamado, en el centro del propósito de Dios. No que Dios haga las cosas para el hombre, pero sí que Dios hace al hombre el centro de su afecto, a fin de llevar a cabo lo que se ha propuesto. Por eso la Biblia habla de un hombre a la cabeza en cada parte del desarrollo del plan divino. Así pues, entre más grande sea dicho hombre, mayor será la bendición que Dios dispense en él. A más grande el vaso, mayor su contenido. De manera que conociendo a Dios y a sí mismo, Abraham conoció la relación entre ambos. Dios prometió bendecir a Abram por cuanto el llamado es una relación. La bendición de Dios enamora al hombre como los presentes y atenciones del hombre pueden enamorar a una mujer. La bendición no tiene el propósito de engordar, sino de crecer al llamado. Entre más bendecido sea el llamado, mejor podrá llevar adelante el plan que Dios se ha propuesto a través de él; dicho de otro modo, la bendición consiste en los recursos que el llamado usará para cumplir con la voluntad de Dios para su vida. …y engrandeceré tu nombre… antes de ser Abraham, su primer nombre fue Abram, que significa “padre exaltado”. Era un nombre de carácter tribal y tenía como propósito el engrandecimiento de un clan o familia. Desde la perspectiva humana es un gran nombre; pero desde la perspectiva divina es inapropiado para un mortal. Solo uno es el Padre sobre todo; solo uno es el Padre Exaltado: Dios. El anciano recibirá un nuevo nombre, pronto sabrá lo que significa ser exaltado en verdad… En cierto modo todo el que conoce a Dios llega a experimentar algo similar a Abram: sea en su juventud o cuando ya faltan los dientes, cuando hipotecó su esperanza ante las heridas de la vida y piensa que su nombre es una mala broma del destino, Dios aparece en escena haciendo realidad los sueños más profundos. Le da un segundo nombre: Abraham, que significa “padre de multitudes”. Dios cambiaría el nombre a Abram por Abraham. ¿Estaría burlándose del viejo patriarca? No me parece. Pero, ¿cómo se le llama padre de multitudes a un anciano sin hijos y con esposa estéril? Este es el reino donde lo imposible es posible; y donde los milagros son anunciados con un nuevo nombre. Dios suele cambiar la identidad de quien habrá de cambiar la historia. Al Padre le gusta mirar cómo levantan su rostro los nuevos héroes cuando los llama con nombre de reyes. Después de todo, un nuevo nombre es también un nuevo aliento de vida al viejo barro que perdió sus sueños. Con todo, no podemos pasar por alto que el gran Nombre seguía siendo el Nombre de Dios: YHWH. Por ello, cuando decide engrandecer el nombre a su amigo Abram le da parte de su propio Nombre. Lo hace llamar AbraHam. El hombre suele ser tan grande como lo sean su nombre y sus amigos, y, tratándose de influencias, no hay nadie mejor respaldado que Abraham. Si el hijo de un grande entre los hombres recibe respeto y honores, ¡cuánto más habrá de recibir quien lleva en su nombre el Nombre del mismo Dios! Más no sé si maravillarme más de esto que de lo siguiente, pues si es asombroso que Dios pusiera su nombre a Abraham, ¿qué diré de que Dios se haga llamar del nombre de su amigo de carne? A partir de ese momento le gustó a Dios llamarse “el Dios de Abraham”. ¿Es esto una broma? Desde luego que no, ¡es el mayor intercambio de amor: lo divino y lo humano se funden en una familia! ¿Y no es eso precisamente el evangelio en la Persona de Cristo Jesús? El Dios de Abraham fue desde ese momento la mejor pista o señal de la revelación de Dios Padre. …y serás bendición… Dios bendice. Esa es una gran noticia. Sin embargo, ¿cómo expresa sus bendiciones? Muchas de ellas son directas, Él hace salir su sol sobre buenos y malos. Pero existen ciertas bendiciones que están relacionadas de manera especial con su reino y aquellas que son más personales son transmitidas por medio de otras personas. Dios bendice a través de personas y elige a algunos para ser medios particulares de su bondad. Podemos llamarles profetas o mensajeros, pero haríamos mejor en solo verlos como los dedos de su toque. Abraham no era un tubo, él era más que un conducto de bendición, él era la extensión de la bondad de Dios. Eso es lo que significa ser llamado y elegido. Un conducto no es parte de lo que transmite, es frío, muerto e impersonal; pero un hombre llamado a ser bendición tiene parte activa en dicha bendición; en cierto modo, de él depende la forma en que transmite la bendición. Abraham no solo daría bendición, él sería bendición. A quien Dios elige es bendito. Sería un hombre fuente, un bendecidor. Quien es bendito bendice lo que toca. Los religiosos procuran no tocar nada ni ser tocados por nada, a eso llaman santidad; pero los llamados tocan la muerte y la vivifican, entresacan lo precioso de lo vil y convierten las ruinas en bendición. Dios no desea cristalería de exhibición que se mire hermosa en aparadores intocables, sino hombres y mujeres de carne y hueso tan llenos de vida que van cambiando por doquier la maldición en bendición. ¿No es eso lo que sucedía por donde pasaba el Señor Jesús? ¿Y por qué habría de ser diferente con su cuerpo presente? Abraham fue un prototipo de la manifestación del Padre en carne. Abraham sería un hombre Pacto, una especie de prototipo. Dios hizo pacto con Abraham, él fue un prototipo del Nuevo Pacto, la vida de fe. Su caminar fue el laboratorio de la gracia. Su vida es un mapa de la iglesia, conociendo a Abraham conocemos la expresión del Padre Celestial a través de la iglesia. Jesús es la manifestación de Dios en carne, pero Abraham es un modelo a escala que tuvo el propósito de describir por medio de figuras el propósito del Padre Celestial. Abraham habría de ser bendición, todo el que se asoma a su testimonio encuentra la bendición del Padre. Hablo en misterio, más no tengo el tiempo ni el espacio para desglosarlo, eso corresponde a los que me seguirán en estas líneas.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:3
12.3 No hay mejor salvaguarda que esto. Los hombres piensan que aplastando a otros pueden levantarse a sí mismos, la historia ha demostrado lo vano y pasajero de esto; es bendiciendo como se obtiene la bendición. Lo que recibimos suele ser el eco de lo que decimos: no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición (1 Pedro 3:9). Bendecir es bien decir; cuando el hombre habla bien de otros, especialmente de quienes Dios ha elegido, recibe el bien hablar de Dios; ¡imagina esto: si el hombre habla bien es un elogio, ¡pero cuando Dios habló bien toda la creación llegó a ser! ¿No seremos benditos si nos dirige su aliento? Por el contrario, la maldición ocasiona maldición. Atacar a un puerco espín es un error que lleva en sí su propio castigo. Dar coces contra el aguijón no comenzó con Pablo (Hechos 26:14); ¿por qué espera bendición quien habla el mal? La queja, la murmuración, el chisme, la crítica, las malas palabras, etc. son semillas de maldad que cosecha quien las siembra. La promesa de Dios a su llamado fue a los que te maldijeren maldeciré; esto no es una sugerencia, sino una sentencia. Ninguno espere ser la excepción, la historia demuestra que aquellos que atentaron contra el pueblo de Dios, tanto terrenal como espiritual, fueron finalmente exterminados. Si alguien habla mal de otro, pasará un mal rato, pero si es Dios quien habla el mal para quien maldice, es lo peor que puede sucederle. Esto no es una hipérbole, es lo peor de lo peor. Por su parte, por la bendición, llegó a ser la familia de Dios: Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. ¿Quién no quisiera encontrar la cura contra todas las enfermedades? ¿Y qué me dices de acabar con el hambre del mundo entero? ¿O encontrar la fuente de la eterna juventud? Eso le sucedió a un viejo que tenía tantas arrugas como sueños perdidos. Abraham fue hecho el centro de todas las promesas bíblicas, al menos en símbolo. Un instante de fe y fue llamado el epicentro de la despensa del cielo. Un momento de amor entre Dios y Abraham y su rostro estaría por los siglos en los billetes del reino. Abraham es el símbolo o la figura tipológica del Padre Celestial, ¿por qué digo esto? Porque del Padre Celestial toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra (Efesios 3:14-15) y a Abraham fue dicho que en él serían benditas todas las familias de la tierra. El viejo patriarca fue un cheque firmado por el Padre a cobrarse dos mil años después, cuando su Simiente, Cristo, apareciera para bendecir a todas las familias de la tierra por medio de la fe en Él; Abraham hizo lo mismo cuando creyó y le fue contado por justicia.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:4
12:4 Abram fue un hombre que aprendió a obedecer poco a poco. Al principio, lo mismo que todos, anteponía sus opiniones a la Palabra de Dios. Abram se fue, pero sus indecisiones dejaron tras de él a un padre muerto en Harán (11:31:32). El aprendizaje no molesta a Dios; pero la falta de aprendizaje sí. Abram fue como una máquina de tren, lento para arrancar, pero una vez que aprendió el camino de la fe, fue un poderoso siervo de Dios. En su primer viaje, acompañando a su padre Taré (por no decir que era él quien acompañaba a su padre), llegó hasta Harán. Llegó muy lejos, ya no estaba en Ur; pero tampoco estaba en su destino Canaán. En todo su recorrido aún no había cruzado el río Eufrates, el río que dividía la tierra. No era aún un hebreo, un “cruzador de ríos”. Muchos creyentes han caminado mucho, pero no cruzan el río. Ya no están en el mundo, pero todavía no han muerto a sí mismos (significado del bautismo del río). La Palabra dice que Abram se fue como Yahwéh le dijo. En Hebreos 11:8 dice que Abraham obedeció para salir… y salió sin saber a donde iba. No es nada fácil salir sin saber a donde ir. Por eso es el padre de la fe, porque obedeció. Jacobo dice que las obras (obediencia) demuestran la fe (Stg. 2:17-24). ¡Qué difícil debió ser también para Sarai! Aunque nunca se compara con aquel que llevaba la carga del llamado. La vida consiste en un viaje, pero no en un viaje a la ventura, sino en un viaje de obediencia. Posiblemente no tenemos clara la visión, no sabemos con certeza a donde vamos, pero es más importante reconocer la voz de Dios que nuestro destino. El asunto no es trazarnos metas (aunque nada malo hay en ellas), sino aprender a obedecer al Señor; es decir, descubrir cuál es la meta que Dios determinó para nosotros a cada paso. No se trata de llegar a ser lo que yo quiera ser; sino de llegar a ser lo que Dios desea que sea. Abram tenía 75 años cuando salió de Harán, lo cual significa que su padre Taré comenzó a engendrar cuando tenía 70 años (11:26), pero tuvo a Abram cuando ya tenía 130 años; pues según Hechos 7:2-4 Abram salió de Harán después de que murió su padre Taré.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:5
12:5 Nuevamente la obediencia de Abram fue parcial; pues se llevó a su sobrino Lot con él, a pesar del claro mandamiento de Dios de dejar a su parentela. La obediencia parcial también es desobediencia. A la postre, esta decisión robaría la paz a Abram y le costaría grandes sacrificios. Lot significa “velo”. El sobrino de Abram fue un velo para el patriarca. Todo el tiempo que Abram lo llevó consigo estuvo limitado en su visión y alcance, fue hasta que se separó de él que vino la promesa de Dios con mayor claridad (Génesis 13:14-18). El principio del velo en las Escrituras es todo aquello que impide ver claramente las cosas de Dios. El velo reduce al hombre (2 Cor. 3:14). ¿Cuál es mi velo? Cada uno habrá de identificarlo y rasgarlo; esto es, hacerlo a un lado. Todo aquello que lleva al hombre a una obediencia incompleta ha de ser quitado de en medio. No siempre se trata de cosas malas, por el contrario, los velos suelen ser cosas buenas que impiden recibir cosas mejores. No podemos ayudarle a Dios. Posiblemente Abram se consideraba viejo y pensó que Lot le sería útil en un viaje tan largo. Que común es pensar que tenemos grandes ideas y que podemos ayudar al plan de Dios; pero nada cumple mejor el plan de Dios que obedecer. Otra posibilidad es el aspecto sentimental, quizá el patriarca no quería abandonar a su sobrino por algún lazo de recuerdo o compromiso emocional con su hermano Harán, quien ya había muerto; ¿habría prometido a su hermano velar por su sobrino? El corazón puede ser muy engañoso (Jer. 17:9); aún los nobles sentimientos pueden hacer tomar pésimas decisiones. No es nuestro sentir, sino la Palabra de Dios nuestra norma de fe y conducta. Toda desobediencia tiene consecuencias; lo que Abram supuso una ayuda vino a ser dolores de cabeza, conflictos y guerras con naciones durante su vida; sin contar con los descendientes de Lot, moabitas y amonitas que vinieron a ser terribles enemigos de los descendientes de Abram en constante pleito por la tierra prometida. Toda desobediencia recibe castigo (2 Cor. 10:6). …y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán… - quien sigue el llamado de Dios ha de seguirlo con todos sus bienes. Jamás se amará a Dios con todo, a menos de que se le ame, sobre todo. Mientras la fe no involucra el tesoro, no ha llegado al corazón; pues donde está el tesoro, allí está el corazón (Mat. 6:21). A pesar de que no salieron en perfecta obediencia, sino que se detuvieron temporalmente en Harán, aún así Dios los bendijo y les permitió prosperar. La bondad de Dios es el mejor incentivo para alentar al llamado. …y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. Aproximadamente en el año 2090 a. C. Salieron y llegaron. Mucha gente emprende retos de fe, pero no llega a concretarlos. El galardón no es para quien sale de la línea de salida, sino para quien llega primero a la meta (1 Cor. 9:24). Es verdad que Abram no había terminado su recorrido, pero ya es visto en la Palabra como un hombre obediente. Algunos añoran su pasado y cuentan las grandes cosas que hicieron cuando comenzaron el camino de la fe, pero ¿qué es esto sin terminar la carrera? ¿No murieron igual los que recién cruzaron el mar, que los que se quedaron sin pasar el Jordán? Una palabra resume la vida de fe: determinación. La vida es más determinación que inspiración. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa (Heb. 10:35-36). Canaán significa “Mercader”. El viaje comienza entendiendo cuáles son los negocios del Padre. Jesús supo a los doce años de edad lo que la mayoría de las personas no consgue en toda la vida, que era llamado a los negocios del Padre (Luc. 2:49). Abram fue llamado a ir a la tierra de Canaán, era un viaje de negocios. El reino estaba buscando un tesoro en la tierra y una perla de gran precio. Todo mercader debe conocer los valores de su mercancía y todo llamado debe conocer los valores del reino. De allí que ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado (2 Tim. 2:4).
— Roberto Tinoco
Génesis 12:6
12.6 Por primera vez, Abram cruzó el río Eufrates. En ese momento nació el primer hebreo (hebreo significa “cruzador de ríos”). Ningún cristiano debiera ser considerado como tal mientras permanezca “del otro lado del río”; es decir, del lado del mundo. No existe la conversión gradual, se es o no se es convertido a Jesucristo. No se vive a la mitad del río, hay que estar de uno de sus lados. Este es el principio hebreo: más que la nacionalidad según la carne, está la nacionalidad del espíritu. Hebreo es quien ha cruzado el río de la conversión; hebreo es quien tiene un antes y después; hebreo es haber nacido de nuevo y vivir en la fe y obras de Abraham (Juan 8:33-39; Rom. 4:13-18). Siquem significa “hombro” en el sentido de dar fortaleza. No se llega a tener fortaleza sin pasar por un proceso; Abram pasó por aquella tierra hasta el lugar de Siquem. Todos queremos ser fortalecidos, pero esto no sucede de la noche a la mañana, aún la vida natural enseña este principio, todo ser vivo nace frágil y va fortaleciéndose poco a poco, ¡cuánto más la vida espiritual! Los llamados tienen desde su inicio todo lo necesario para ser fuertes, excepto las experiencias que los fortalecerán, como los músculos o la mente, será el ejercicio del espíritu en obediencia lo que te hará fuerte en la vida de fe. El viaje de los llamados necesita de lugares o experiencias para fortalecerse. Sabemos que estamos caminando por donde deberíamos cuando somos fortalecidos; el yugo del Señor trae descanso (Mat. 11:28-29). Si el andar cristiano desgasta en vez de dar fortaleza, entonces no es verdaderamente vida cristiana. La religión y la relación se parecen solo en dos letras, pero nada tienen que ver entre sí. More significa “Maestro”. Abram llegó al lugar de la enseñanza y de la instrucción. Jesús también dijo: aprended de mí a los cansados y trabajados. El viaje de Abram había sido largo, pero el conocimiento de Dios le traería descanso. El encino representa la cobertura y protección. En cierto modo, el encino es la iglesia, el lugar de refugio y cobertura. Frecuentemente los hombres de Dios estuvieron debajo de las encinas. Abram viajó hasta un lugar de protección. Aplicando Siquem, More y el encino, hallamos “la fortaleza y cobertura de la instrucción”. La revelación trae protección. Este conocimiento no es el conocimiento del bien y del mal, sino el conocimiento de la vida. Tanto Siquem, como el encino y More son la iglesia. En la iglesia está el Maestro y su enseñanza, la cobertura y la protección, allí está el hombro de la comunión de los hermanos donde ser fortalecidos.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:7
12.7 El Dios de gloria le había aparecido en Mesopotamia y vuelve a aparecerle en Siquem; ¿qué significa esto? Que Abram iba por el camino correcto. Sabemos que andamos en el camino de la fe, cuando miramos al Dios en quien creemos por donde vamos. Si bien no vemos con los ojos naturales, es imprescindible ver con los ojos espirituales para ser confirmados en nuestro caminar. El camino de los llamados se conduce por medio de citas con Dios. Esta es la primera vez que se dice en la Biblia que Dios se aparece. Juan 1:18 dice que a Dios no le ha visto nadie, sino que el Hijo de Dios le ha dado a conocer. ¿A quién vio Abram? Las apariciones de Dios se conocen como teofanías, y se refieren a manifestaciones visibles de Dios en el sentido de representaciones acerca de Él, pero no de apariciones literales de Él. En todo caso, el único que se ha hecho visible una y otra vez es el Hijo. Abram había llegado simbólicamente a la iglesia, allí está la fortaleza, la cobertura y la instrucción; pero aún más importante, allí podemos ver al Señor. El cuerpo de Cristo está allí. El apóstol Juan miró al Hijo del Hombre glorificado en medio de los siete candeleros de oro; es decir, al mirar a la iglesia alumbrando en su vida divina (independientemente de lo que fueran esas siete iglesias en lo terrenal), pudo ver al Cristo de gloria. Todos necesitamos llegar al encinar de More en Siquem en nuestro camino cristiano; necesitamos estar bajo la cobertura y vida de la iglesia. …y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra, la aparición de Dios trae la Palabra de Dios. Quien le ve, también le escucha. Y quien le escucha, tiene también sus promesas. Abram sabía que había llegado al lugar correcto porque Dios le prometió darle ese lugar. Estamos donde debemos cuando ese algo puede ser heredado a nuestros hijos. Si una tierra no puede heredarse es porque no nos pertenece, por ejemplo, la tierra vendida y recuperada en el año del jubileo. Otro ejemplo, es un ministerio o servicio, si los hijos no pueden continuarlo, es porque se trataba del ministerio de otro. Y edificó allí un altar a Yahwéh, quien le había aparecido, este es el altar de la confirmación. Dios confirmó a Abram que iba por buen camino, por lo que Abram “marcó” ese lugar con un altar. Nuestra vida tiene que tener marcas de altares; experiencias de consagración y adoración. Algunos dicen que han oído a Dios e incluso que le han visto, pero, ¿dónde están sus altares? ¿Qué me dice de su consagración? Si no hay altar, lo más seguro es que tampoco hay visión. Detrás de cada visión queda un sacrificio.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:8
12.8 Bet-el significa “Casa de Dios”. Abram se acercó a la Casa de Dios, pero no entró en ella. En cierto modo, fue como Caín habitando al oriente de Edén (Gen. 4:16). Hay creyentes que están cerca, pero no dentro; son como el ciego Bartimeo pidiendo limosna junto al camino, pero no en el Camino. Pueden estar en un monte como Abram, viven aparentes alturas espirituales, pero no según el propósito de Dios para ellos (no entran a Bet-el). Estar cerca del reino de los cielos no es estar dentro del reino; una cosa es verlo y otra vivirlo (Juan 3:3,5); Moisés vio la tierra prometida, pero no entró a ella sino hasta después de morir (Num. 27:12-13; Mat. 17:3). …y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente, Bet-el significa “Casa de Dios” y Hai quiere decir “Ruinas”. Abram se hallaba entre la Casa de Dios y las Ruinas. Es el creyente de en medio; es el valle de la decisión; el sitio intermedio entre la vida cristiana y la vida mundana; ni cristiano ni mundano; no lo llamarán fanático, pero tampoco genuino. Es como el joven Eutico sentado en la ventana (Hechos 20:9), teniendo a la iglesia de un lado y al mundo del otro; viviendo en el umbral de dos mundos y con riesgo a perecer en ambos. …y edificó allí altar a Yahwéh, e invocó el nombre de Yahwéh, aún cuando Abram se hallaba en medio, entre la Casa de Dios y las Ruinas, intentó tomar la decisión correcta por Dios. Edificó un altar en ese sitio. No se necesita llegar a ser absolutamente santo para edificar un altar a Dios, al contrario, el altar se edifica precisamente para santificarse ante el Señor. El altar es el lugar del sacrificio; es decir, de la consagración. Si el hombre quiere perfeccionarse antes de ir a la iglesia cometerá un gran error, pues jamás podrá ir. En realidad Dios agrega a la iglesia los que han de ser salvos (Hechos 2:47); los agrega para que la iglesia les perfeccione o santifique el alma con la Palabra de Dios y en el poder del Espíritu. ¿Qué puede hacer el ser humano cuando su vida anda “a medias”? La respuesta es invocar el Nombre del Señor. Yahwéh es el Dios del Pacto. Abram le edificó altar y le invocó; en esto establecía pacto con Dios. Ese es el principio para salir de la mediocridad. Mediocre es el que medio cree. Sin embargo, aún cuando Abram edificó altar a Yahwéh e invocó su Nombre, se hallaba en grave peligro por estar fuera de la Casa de Dios. Se menciona dos veces el Nombre de Yahwéh; esto es muy significativo. Esta no es la vida supersticiosa de un hombre antiguo, sino un patriarca pactando con Dios: el altar tiene Nombre, lo mismo que la invocación. Y no cualquier nombre, sino el Nombre del Dios que pacta, Yahwéh. Abram conoció al gran Yo Soy. En Éxodo 6:3 dice que Dios se manifestó como el Dios Todopoderoso a Abraham, pero que no se dio a conocer aún como Yahwéh, el Yo Soy; entonces, ¿cómo es posible que Abram invocará a Dios por dicho Nombre? La vida de Abram fue una vida de fe, invocó a Dios con un Nombre que aún no le era revelado; la vida de fe está adelantada a su tiempo. Si bien Dios no se presentó así, no podemos negar que sí era conocido de esa manera; los hombres y mujeres de fe han conocido cosas de Dios que todavía estaban ocultas a su generación. Si yo conozco solo lo que es revelado a mi generación, soy un número en la estadística; pero si conozco cosas que aún no han sido manifiestas a mis compañeros, entonces en verdad soy un hombre de fe y un llamado de Dios.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:9
12.9 Neguev significa “seco”. “Caminando y yendo” es lo mismo que poco a poco. Abram se fue moviendo poco a poco hacia tierras desérticas; ¿por qué hizo esto siendo ganadero? No lo se; como tampoco se por qué un creyente comienza a deslizarse de la hermosa relación con Cristo a una vida espiritual seca y estéril. El punto es que nadie cae de la noche a la mañana; sino que comienza a deslizarse poco a poco. Ninguna tentación es lo suficientemente atractiva para que un creyente enamorado del Señor se aparte inmediatamente; se requiere de seducción sutil. Siempre será más temible una Dalila que mil filisteos, por ejemplo. Abram “partió de allí”; es decir, de la tierra de en medio. Ni Bet-el ni Hai. La caída comienza en la tierra de la indecisión, la consagración a medias. Se necesita de tierra inclinada para deslizarse. Abram no llegó a donde debía por lo que cayó a donde no lo creería.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:10
12:10-12 La Palabra dice que hubo hambre en la tierra, pero no dice que Abram tuviera hambre. El patriarca miró a su alrededor y la sequedad del Neguev lo asustó: “me llegará el hambre a mí también –pensó. ¿Qué voy a hacer?” Es mirando las olas y el viento de la tempestad como Pedro comenzó a hundirse. Aún así, la caída del creyente no comienza fuera, sino dentro; pues no es sino hasta que el temor se apodera de él que acciona en error. Jamás tomes decisiones mientras estén alteradas sus emociones. El hambre era grande en la tierra, pero no tan grande como el temor de Abram. El temor hace pensar que en Egipto estaremos mejor. Egipto es un símbolo bíblico del mundo. En este versículo es la primera vez que se le menciona; por tanto, establece el principio de Egipto, ¿y cuál es este? Que el mundo seduce con promesas de una vida mejor. Si el temor te lleva a Egipto; será también el temor a Egipto lo que te haga no disfrutarlo. Ningún santo puede pecar a gusto. Después de que Abram tuvo temor de perder su sustento, vino el temor de perder su vida. El temor es fe a la inversa. La fe salva, el temor destruye. Cuando el creyente se rebaja al punto animal (de vivir sólo por el sustento) se mueve por el instinto de conservación; ya no le importa el amor filial ni siquiera el eros, sino seguir viviendo. Abram le dijo a su mujer ahora conozco que eres hermosa. No fue el amor lo que lo motivó a descubrir la belleza de su esposa, sino el temor que sentía a morir al estar por entrar a Egipto. El mundo finalmente quitará la vida al creyente; pero un hombre que ha perdido su amor, ya está muerto. Sarai era hermosa a sus sesenta y cinco años de edad. Estaban llenos de vida. Murió a los 127 años.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:11
12:10-12 La Palabra dice que hubo hambre en la tierra, pero no dice que Abram tuviera hambre. El patriarca miró a su alrededor y la sequedad del Neguev lo asustó: “me llegará el hambre a mí también –pensó. ¿Qué voy a hacer?” Es mirando las olas y el viento de la tempestad como Pedro comenzó a hundirse. Aún así, la caída del creyente no comienza fuera, sino dentro; pues no es sino hasta que el temor se apodera de él que acciona en error. Jamás tomes decisiones mientras estén alteradas sus emociones. El hambre era grande en la tierra, pero no tan grande como el temor de Abram. El temor hace pensar que en Egipto estaremos mejor. Egipto es un símbolo bíblico del mundo. En este versículo es la primera vez que se le menciona; por tanto, establece el principio de Egipto, ¿y cuál es este? Que el mundo seduce con promesas de una vida mejor. Si el temor te lleva a Egipto; será también el temor a Egipto lo que te haga no disfrutarlo. Ningún santo puede pecar a gusto. Después de que Abram tuvo temor de perder su sustento, vino el temor de perder su vida. El temor es fe a la inversa. La fe salva, el temor destruye. Cuando el creyente se rebaja al punto animal (de vivir sólo por el sustento) se mueve por el instinto de conservación; ya no le importa el amor filial ni siquiera el eros, sino seguir viviendo. Abram le dijo a su mujer ahora conozco que eres hermosa. No fue el amor lo que lo motivó a descubrir la belleza de su esposa, sino el temor que sentía a morir al estar por entrar a Egipto. El mundo finalmente quitará la vida al creyente; pero un hombre que ha perdido su amor, ya está muerto. Sarai era hermosa a sus sesenta y cinco años de edad. Estaban llenos de vida. Murió a los 127 años.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:12
12:10-12 La Palabra dice que hubo hambre en la tierra, pero no dice que Abram tuviera hambre. El patriarca miró a su alrededor y la sequedad del Neguev lo asustó: “me llegará el hambre a mí también –pensó. ¿Qué voy a hacer?” Es mirando las olas y el viento de la tempestad como Pedro comenzó a hundirse. Aún así, la caída del creyente no comienza fuera, sino dentro; pues no es sino hasta que el temor se apodera de él que acciona en error. Jamás tomes decisiones mientras estén alteradas sus emociones. El hambre era grande en la tierra, pero no tan grande como el temor de Abram. El temor hace pensar que en Egipto estaremos mejor. Egipto es un símbolo bíblico del mundo. En este versículo es la primera vez que se le menciona; por tanto, establece el principio de Egipto, ¿y cuál es este? Que el mundo seduce con promesas de una vida mejor. Si el temor te lleva a Egipto; será también el temor a Egipto lo que te haga no disfrutarlo. Ningún santo puede pecar a gusto. Después de que Abram tuvo temor de perder su sustento, vino el temor de perder su vida. El temor es fe a la inversa. La fe salva, el temor destruye. Cuando el creyente se rebaja al punto animal (de vivir sólo por el sustento) se mueve por el instinto de conservación; ya no le importa el amor filial ni siquiera el eros, sino seguir viviendo. Abram le dijo a su mujer ahora conozco que eres hermosa. No fue el amor lo que lo motivó a descubrir la belleza de su esposa, sino el temor que sentía a morir al estar por entrar a Egipto. El mundo finalmente quitará la vida al creyente; pero un hombre que ha perdido su amor, ya está muerto. Sarai era hermosa a sus sesenta y cinco años de edad. Estaban llenos de vida. Murió a los 127 años.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:13
12.13 No se puede deslizar nadie sin comprometer finalmente sus principios. Poco a poco se movió al desierto; luego vino el temor ante Egipto; y por último la mentira se apoderó de la boca de quien Dios llamaría profeta. Abram temía que por llevarse a su mujer al harén de Faraón lo matarían a él. ¿Cuál es el origen o causa de la mentira? El intento insensato de retener algo. El hombre miente en su trabajo para no perderlo; la mujer miente en casa para retener a su marido; el niño miente en la escuela para evitar ser castigado; y así sucesivamente. ¿Y cuál es el resultado? Precisamente perder lo que se intentó proteger. Antes de que Abram “vendiera” a su mujer buscando la bendición de Faraón, primero vendió sus principios. Todo el que busca la abundancia del mundo compromete sus principios; otros buscan la abundancia del reino de Dios y terminan por ser poseedores también del mundo.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:14
12.14-15 Egipto deseo a la mujer de Abram. ¿Cómo resultó tan codiciable una mujer de sesenta y cinco años que se cubría desde la cabeza a los pies a una nación llena de mujeres jóvenes que se exhibían? Y resultó atractiva para un rey que contaba con un harem con las mujeres más bellas del mundo, ¿cómo fue posible? Sin duda no vestía así y debió incluir algún elemento espiritual, sobrenatural. Sara es figura de la iglesia, hermosa y codiciable. Nunca pasará desapercibido al mundo la riqueza del creyente. Si algo es codiciable al enemigo de nuestras almas es nuestra familia. El propósito maligno espiritual era destruir a la simiente que nacería de Abram y Sara. El propósito maligno siempre será despojar al creyente de su naturaleza divina. Le informaron a Faraón de la belleza de la mujer de Abram. No sólo el cielo conoce a los creyentes destacados; sino también el infierno y las tinieblas. Pablo era conocido por los demonios (Hechos 19:14-15). Todo aquel que no cuida a su familia habrá de verla en la casa de Faraón algún día. El camino en ascenso no es una casualidad; sino una vida de dedicación. La familia no crecerá en la fe, a menos de que la instruyamos en la fe. Sara fue a parar a la casa de Faraón porque Abram no la llevó a Bet-el, la Casa de Dios. Deja a tu familia sin contacto con la iglesia y ese sólo acto será suficiente para perderla.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:15
12.14-15 Egipto deseo a la mujer de Abram. ¿Cómo resultó tan codiciable una mujer de sesenta y cinco años que se cubría desde la cabeza a los pies a una nación llena de mujeres jóvenes que se exhibían? Y resultó atractiva para un rey que contaba con un harem con las mujeres más bellas del mundo, ¿cómo fue posible? Sin duda no vestía así y debió incluir algún elemento espiritual, sobrenatural. Sara es figura de la iglesia, hermosa y codiciable. Nunca pasará desapercibido al mundo la riqueza del creyente. Si algo es codiciable al enemigo de nuestras almas es nuestra familia. El propósito maligno espiritual era destruir a la simiente que nacería de Abram y Sara. El propósito maligno siempre será despojar al creyente de su naturaleza divina. Le informaron a Faraón de la belleza de la mujer de Abram. No sólo el cielo conoce a los creyentes destacados; sino también el infierno y las tinieblas. Pablo era conocido por los demonios (Hechos 19:14-15). Todo aquel que no cuida a su familia habrá de verla en la casa de Faraón algún día. El camino en ascenso no es una casualidad; sino una vida de dedicación. La familia no crecerá en la fe, a menos de que la instruyamos en la fe. Sara fue a parar a la casa de Faraón porque Abram no la llevó a Bet-el, la Casa de Dios. Deja a tu familia sin contacto con la iglesia y ese sólo acto será suficiente para perderla.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:16
12.16 De momento, el mundo favorece a quienes se venden a él. No toda prosperidad es evidencia de la bendición de Dios; hay prosperidad temporal que denuncia la bendición del mundo. Abram vendió sus principios y se los pagaron bien; pero de eso a que Dios estuviera de acuerdo, hay una gran diferencia. No podemos decir que el crimen no paga; por el contrario, paga doble: primero recompensa con honores y riquezas mundanas, y luego con la muerte (Rom. 6:23). Abram tuvo de todo por causa de su mala acción, pero… ¿tendría paz? Hay hombres que venden sus familias por dinero, se dedican a trabajar y no tienen tiempo para su esposa e hijos, dicen que lo hacen por ellos, pero la realidad es que si fueran solteros harían lo mismo. Se llenan de bienes, pero pierden las verdaderas bendiciones.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:17
12:17 Dios se comprometió con Abram y aún cuando Abram se comprometiera con el mundo, Dios no daría la vuelta fácilmente para olvidarlo. Faraón hizo bien a Abram por su mujer; pero Dios le hizo mal a Faraón por la suya; es decir, por su pueblo, su iglesia antiguotestamentaria. Si Abram no defendía a su mujer, eso no impediría a Dios defender la suya. Sarai es en esto un símbolo de la iglesia, la esposa del Señor. Siglos después, Dios volvería a herir a Faraón con grandes plagas por causa de su pueblo, hasta obligarlo a dejarlo ir. El Éxodo es más que una liberación, es la protección de un Esposo amante. La condición del mundo suele ser resultado de la condición de la iglesia. Por culpa de Abram y su temor, Sarai fue a parar al harén de Faraón por lo que Dios lo hirió. Cuando la iglesia no brilla, las tinieblas del mundo son castigadas. La única posibilidad de bendición del mundo es la vida y santidad de la iglesia. La iglesia es la estrategia de Dios y la oportunidad del mundo.
— Roberto Tinoco
Génesis 12:18
12.18 Abram fue llamado por Dios en Ur de los Caldeos, pero a causa de su temor, fue llamado por Faraón en Egipto. Abram no fue consciente de la trascendencia de su llamado, pero Faraón si lo fue. Vemos al mundo reprendiendo al creyente, como los marinos a Jonás llamándole dormilón (Jonás 1:6). La obra del creyente bendice o perjudica al mundo, por ello es que Faraón lo tomó como algo que se le hizo a él. ¿Cómo fue que relacionó Faraón sus plagas con Sarai mujer de Abram? Lo más probable es que Dios mismo se lo dijese (compara con Génesis 20:6-9).
— Roberto Tinoco
Génesis 12:19
12.19 Faraón quiere una explicación; es inconcebible que el creyente mienta; hasta el mundo sabe que la vida cristiana y la mentira son incongruentes. En esta experiencia fue mayor la integridad de Faraón que la de Abram. Es de esas raras ocasiones cuando el pecador parece justo y los santos están cubiertos de lodo. El profeta y padre de la fe tiene que bajar la mirada y esconder su vergüenza; fue descubierto. ¡Si tan sólo no fuera un egipcio quien lo reprendiera! He aquí tu mujer; tómala –reconviene el príncipe egipcio. El mundo no puede tomar lo que no se le ha dado; la mujer de Abram debe regresar a Abram y luego el patriarca debe salir, no pertenece a Egipto. Faraón dijo a Abram: vete. Cuando un cristiano intenta practicar las cosas del mundo suele ser reprendido por los mismos del mundo, quienes le hacen saber que no pertenece allí. ¿No cosquillean los pies de la conciencia al pisar suelo extraño?
— Roberto Tinoco
Génesis 12:20
12:20 El pecado de un cristiano es una vergüenza ante el mundo. A pesar de que Abram fue reprendido por el mundo; Faraón ordenó que se protegiese al patriarca. Dios da gracia con Él y con los hombres. Abram entró como un engañador, pero por la misericordia y gracia divina salió como un príncipe escoltado. Protegiendo la honra de los hijos se protege la gloria del Padre. Abram fue devuelto a su verdadera dignidad; le acompañaron a él y también a su mujer, así como a sus bienes. ¡Ni siquiera perdió las riquezas recibidas con engaños! Con todo y sus faltas, los santos recibirán el reino finalmente.
— Roberto Tinoco