📲

Instala BRPV en tu iPhone

Toca el botón de compartir ⬆️ en Safari, y luego "Agregar a pantalla de inicio".

BRPV
📖 Ir a la Biblia 📅 Planes 🙏 Muro de oración
🔍

Antiguo Testamento

Nuevo Testamento

Tamaño de letra

Fondo de lectura

Hechos 2

La llegada del Espíritu Santo

1Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.🗨 2Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;🗨 3y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.🗨 4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.🗨 5Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.🗨 6Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.🗨 7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?🗨 8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?🗨 9Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,🗨 10en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,🗨 11cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.🗨 12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?🗨 13Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.🗨

Pedro predica a la multitud

14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.🗨 15Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.🗨 16Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:🗨 17Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;🗨 18Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.🗨 19Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo;🗨 20El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;🗨 21Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.🗨 22Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;🗨 23a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;🗨 24al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.🗨 25Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.🗨 26Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza;🗨 27Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.🗨 28Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.🗨 29Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.🗨 30Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,🗨 31viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.🗨 32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.🗨 33Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.🗨 34Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,🗨 35Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.🗨 36Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.🗨 37Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?🗨 38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.🗨 39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.🗨 40Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.🗨 41Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.🗨

Los creyentes forman una comunidad

42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.🗨 43Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.🗨 44Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;🗨 45y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.🗨 46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,🗨 47alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

Actualmente seleccionado

Hechos 2: RV60

🖍 Destacar
¿Quieres guardar tus resaltados y notas en todos tus dispositivos? Regístrate o inicia sesión

Elige un fondo

Compartir versículo

Comparar versiones

Hechos 2:1

Comentario general

2.1 El pueblo de Israel tenía por mandato divino tres grandes fiestas nacionales: La Pascua, la Fiesta de las Semanas y la Fiesta de los Tabernáculos. El pentecostés es la segunda de estas grandes fiestas y se celebraba cincuenta días después de la Pascua (de allí su nombre “Pentecostés = quincuagésimo”) (Ex. 34:23). La fiesta de pentecostés era la primera fiesta de la cosecha (Ex. 34:22) y recibía el nombre de “Fiesta de las Semanas” porque su fecha estaba fijada por siete semanas después de la ofrenda de la gavilla de cebada (Lv. 23:15-16). Era también conocido como “el día de las primicias” por cuanto se ofrendaban dos panes del trigo nuevo (Ex. 23:16; 34:22; Num. 28:26). En este día se suspendía todo trabajo (Lev. 23:21; Num. 28:26; Dt. 16:10). Posteriormente, los judíos enseñaron que el pentecostés recordaba los cincuenta días desde la salida de Egipto hasta la promulgación de la ley en el Sinaí. Siendo que la Fiesta tiene su cumplimiento en la muerte de Cristo, quien muere precisamente en la Pascua judía, es lógico pensar en el Pentecostés también tiene un cumplimiento cronológico y profético. Se contaban cincuenta días a partir del día siguiente al sábado pascual, esto es, a partir del domingo. En otras palabras, contando desde la resurrección del Señor Jesucristo el domingo (Mr. 16:1-2; Luc. 23:54-24:1) llegamos al número cincuenta en otro domingo (después de siete semanas). Lucas dice literalmente: “al cumplirse el día de Pentecostés” (Hch. 2:1). Pero este cumplimiento también es espiritual, ya que si la muerte de Cristo fue tipificado por la Pascua, entonces el descenso del Espíritu marca el cumplimiento de “los primeros frutos”, los tres mil varones convertidos ese día (Hch. 2:41). La cosecha de la iglesia estaba comenzando. También simboliza que habiendo “salido de Egipto” en la cruz del Calvario, la iglesia, la nueva congregación del desierto (Hch. 7:38) recibía la ley de Dios en el corazón por medio del Espíritu Santo derramado en el quincuagésimo día (Jer. 31:33-34; Ez. 11:19; 36:25-27). ¡Cuán significativo es que se tuviesen que contar cincuenta días desde la ofrenda de la gavilla (Lev. 23:15-16) hasta el Pentecostés! El Señor Jesucristo resucitó precisamente ese primer día de la semana en el que se ofrecía la gavilla, Él fue “la gavilla mecida” para Dios al resucitar siendo así “las primicias” de la resurrección (1ªCor.15:23), y cincuenta días después el Espíritu Santo ofreció las primicias de la iglesia en cuanto a la salvación, ¡Aleluya!. Veamos el cumplimiento de otro simbolismo. En el pasado Moisés edificó el Tabernáculo como casa de Dios, dicha casa estuvo vacía hasta que la nube de gloria, la shekinah de Yahwéh la llenó; esto es, Dios habitó su casa. Luego tenemos el templo de Salomón que también permaneció vacío hasta que Dios lo habitó llenándolo con su nube. Y lo mismo sucedió en el templo de la visión de Ezequiel. Ahora bien, Cristo levantó una nueva casa a Dios, esta casa es la iglesia (Heb. 3:6); sin embargo, la casa estaba vacía en tanto que el Espíritu Santo no descendía y la habitaba. ¡Gloria a Dios! Esto fue lo que sucedió en Pentecostés: Dios llenó su casa. El Señor Jesús había prometido que los que creyesen en Él de su interior correrían ríos de agua viva, “y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen” (Jn.7:37-39) ¿cuándo? Después de que Él fuera glorificado. Y si ponemos atención, notaremos que en la visión de Ezequiel un río salía de debajo del umbral de la casa (Ez. 47). Cómo ya vimos, esta casa es la iglesia y su río es el Espíritu Santo que habiendo descendido en Pentecostés sobre los que creyeron, ha ido en aumento “hasta los tobillos”, luego “hasta las rodillas”, y así sucesivamente hasta que el río lo llene todo. Lo mismo profetizó Joel al decir. Un manantial saldrá de la casa de Yahwéh” (Joel 3:18); y Zacarías: “en aquel día de Jerusalén saldrán aguas vivas…” (Zac. 14:8). El Río está fluyendo y todo lo que entrare en él vivirá. La dispensación del Espíritu, mejor llamada, de la casa de Dios (la iglesia) está en vigor, el Señor ocupó su casa en el Pentecostés como lo hiciera con el Templo de Salomón. Desafortunadamente, así como el pueblo de Israel fue llevado en cautiverio y el templo de Dios fue destruido, así también la iglesia sufrió su cautiverio en los mil quinientos años de oscurantismo. Pero así como el pueblo judío regresó a Jerusalén para reedificar la casa, así también la iglesia ha regresado y esta reedificando la casa de Dios que es la iglesia misma. Llegará el día en que ésta sea terminada y que el Lugar Santísimo sea ungido (Dn. 9:24). Nuevamente la shekinah de Yahwéh la saturará. Estaban todos unánimes juntos -La palabra griega para unánimes juntos es homothumadon. Significa estar de acuerdo, en mutuo consentimiento, mantener la unidad de grupo, ser todos de una sola mente y compartir un solo propósito. Encontramos a los discípulos unidos espiritual, mental, emocionalmente y en cierto grado, aún físicamente pues no sólo estaban todos de acuerdo, sino también en un solo lugar. La promesa divina de bendición es a los hermanos “juntos y en armonía” (sal.133), las dos cosas; ya que juntos y sin armonía es Babel y armonía sin congregación es secta. Si tal condición de unidad fue el preámbulo del momento en el que Dios llenó su casa, esto es, de que el Espíritu Santo descendió sobre la iglesia; entonces hoy, en la restauración de la casa de Dios es imperativo que los creyentes, olvidando denominaciones y demás asuntos que nos dividen, seamos un solo cuerpo en Cristo para estar en la posición correcta para el retorno del Señor.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:2

Comentario general

2.2 La iniciativa del derramamiento del Espíritu Santo vino de Dios. Era la promesa del Padre (Hch. 1:4; Jn. 14:26) y el ruego de Cristo (Jn. 14:16), a la vez que el bautismo en el que el Señor Jesús sumerge a su iglesia (Mt. 3:11; Lc. 3:16; Jn. 15:26). No fueron los hombres los que hicieron a Dios descender con sus oraciones y piedad, fue Dios en su plan eterno con la exactitud de los días (quincuagésimo) que dio el Espíritu Santo por misericordia. Porque Yo - dice Yahwéh - derramaré aguas sobre el sequedal y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos (Is. 44:3). Tal iniciativa fue del todo repentina, sorprendente y en cierto modo única o diferente a todo lo esperado. Un estruendo como de un viento recio que soplaba -Prácticamente al momento en el que el sacerdote presentaba en el templo la ofrenda mecida de un lado a otro (como produciendo aire) con la que haría el pan para la celebración del Pentecostés, se escuchó un estruendo “como de un viento recio”. ¡Cuán significativo! No es que soplara el viento, sino que sonó estrepitosamente como cuando hay mucho viento. De allí que la palabra griega usada para viento aquí sea pnoe, que significa “soplido, ráfaga”. Posiblemente no había viento físicamente, pero espiritualmente Dios estaba soplando su Espíritu en la iglesia, tal y como hiciese con Adán en su creación, cuando sopló en su nariz el aliento divino después de formarlo del barro, ¡el aliento de Dios sobre el nuevo Hombre! El estruendo es símbolo bíblico de victoria, como cuando cayeron los muros de Jericó (Jos. 6:20; 1 Sm. 7:10). Victoria que trasciende entre los enemigos (1ªSm.4:6-8). Era inevitable y conocido del mismo diablo que el Espíritu Santo entraría en la creación. No podía ser de otro modo. El viento es en las Sagradas Escrituras una figura simbólica del Espíritu Santo (Ez. 37:9-10,14; Jn. 3:8); en este pasaje nos encontramos con estruendo, viento y fuego en la recepción de la ley escrita en los corazones de los creyentes (Jer. 31:33) como una clara conexión paralela a la entrega de la ley Mosaica en Sinaí en donde hubo “truenos y relámpagos, una densa nube sobre el monte, y un fuerte sonido de corneta… todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahwéh había descendido sobre él en medio de fuego…” (Ex. 19:16-18). Por esto mismo el estruendo no era sólo como de un viento, sino como de un viento recio que soplaba, como un huracán ensordecedor y que se oyó en Jerusalén, pues hizo venir a una multitud de extranjeros (vr.6). Era el viento del amor divino que desprende las aromas del amor de su iglesia (Cant. 4:16); era el rozar de las alas de los seres vivientes (Ez. 37:9-10); era el nacer de la iglesia en medio del “viento” soplando desde donde quiere, oyéndose su sonido, pero sin saber su mover (Jn. 3:8). El cual llenó toda la casa donde estaban sentados -Esto es, el aposento alto y posiblemente la casa de Juan Marcos (véase la nota 1:13). En el pasado Dios había llenado el Tabernáculo de Moisés y el Templo de Salomón, los cuales fueron la casa de Dios en su momento (véase la nota 2:1); también Cristo fue lleno de la gloria de Dios, siendo Él el Tabernáculo ó Casa de Dios en los días de su carne (Jn. 1:14; Jn.2:19-21). Ahora, simbólicamente, el estruendo como de viento llenaba la casa de reunión como el Espíritu llenaba la nueva casa de Dios, la iglesia. Es por esto que el término griego usado aquí es pleróo, que significa “llenar el interior”. Vemos que los reunidos no estaban trabajando ni haciendo algo específicamente, sino sólo sentados, como esperando. Siempre es sano detenerse, estad quietos y conoced que Yo Soy Dios (Sal. 46:10).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:3

Comentario general

2.3 Frecuentemente se cita este versículo como cumplimiento a Mat. 3:11-12, sin embargo, por el contexto de Mateo vemos que el fuego referido allí es el de juicio y condenación, pues se corta el árbol que no da fruto y se quema junto con la paja de manera contraria al buen árbol que recibe el bautismo del Espíritu Santo. No se trataba de un fuego real, sino de lenguas “como “ de fuego, igual que el estruendo era “como” de viento. El significado es claro, Dios se refiere a su Presencia. En el pasado, un poderoso viento abrió el mar Rojo permitiendo a los israelitas escapar de los egipcios (Ex. 14:21) a la vez que una columna de fuego los detenía (Ex. 14.24); ahora Dios capacitaba a la iglesia con su Presencia para pasar del temor a la conquista confundiendo a los enemigos. Parece ser que aparecieron muchas lenguas juntas como un gran fuego y luego se repartieron sobre cada uno; símbolo de el Bautizador es Uno, pero los bautizados muchos. En cuanto al Bautismo del Espíritu como en el de agua, Dios no bautiza al Cuerpo sino a los miembros del Cuerpo (los creyentes individuales). Un solo Cuerpo con muchos miembros = un solo fuego repartido en muchos. Experiencia que además nos unifica al ser los miembros bautizados en un mismo Espíritu, somos entonces hechos un sólo cuerpo a pesar de las experiencias individuales del mismo (1 Cor. 12:13). Estas lenguas como de fuego fueron “repartidas”, “asentándose sobre cada uno”, lo que indica que la experiencia del bautismo del Espíritu es individual y de ningún modo fuimos nosotros bautizados en ellos; esta es una promesa al alcance de “cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (2:39). Cada uno de ellos (como dice Lucas, dando a entender que él no estuvo allí) recibió poder de Dios para hablar como con “lengua de fuego”. Todo cristiano debe rogar a Dios unido a la iglesia a fin de ser capacitado para dar testimonio en el poder del Espíritu. Dichas lenguas se “asentaron sobre”, pues aún cuando fueron llenos (dentro) del Espíritu seguían estando sujetos a la Cabeza. Ellos no tenían el poder, sino que el Poder los tenía a ellos.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:4

Comentario general

2.4 “Todos”, no sólo algunos de los reunidos recibieron el bautismo, sino cada uno hasta el total de su número. Dios estaba tomando posesión de su nuevo templo. Sabemos por el contexto que se refiere al bautismo en el Espíritu (1:5) (y no “con” el Espíritu, ya que este último término no está bien empleado), aún cuando la llenura del Espíritu y el bautismo en el Espíritu no son sinónimos. Dicho de otro modo, siempre que alguno es bautizado en el Espíritu recibe la llenura del mismo, pero no todo el que es lleno del Espíritu es bautizado en Él. Acerca de esto podemos ver que antes del derramamiento del Espíritu Santo hubo personas que fueron llenas de Él (Lc. 1:15, 67), lo mismo que después de ser bautizados en el Espíritu es repetida la llenura sin repetir el bautismo (Hch. 3:31; Hch. 13:9), al punto de que el apóstol Pablo exhorta a los Efesios a mantenerse llenos del Espíritu (Ef. 5:18). Cuando el creyente es lleno del Espíritu, el hombre es el recipiente; pero cuando el hombre es bautizado (baptiso = sumergir) el Espíritu es el recipiente. En el primero, el propósito es la bendición del creyente, en el segundo su utilización. Respecto del bautismo en el Espíritu Santo vemos que: Es una promesa para todos los creyentes (2:39). No significa recibir la Persona del Espíritu, sino su poder (1:4-5,8). El mismo Señor Jesús no comenzó su ministerio hasta que Dios “lo ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Luc. 4:1, 18; Hch. 10:38). Es parte del ministerio de Cristo (Mt. 3:11; Jn. 1:33). Es diferente a la regeneración. Los discípulos recibieron primero el Espíritu para su regeneración (Jn. 20:22) y después su poder para su servicio (Lc. 24:49). Es una experiencia posterior a la regeneración (Hch. 11:17). Una persona puede ser regenerada y aún no bautizada en el Espíritu Santo (Hch. 19:6). Recibir el bautismo en el Espíritu es diferente a recibir la Persona-Espíritu; de hecho, si no se tiene al Espíritu no se puede ser tenido posteriormente por Él. Cuando Lucas describe que el estruendo como de un viento llenó toda la casa usa para llenar el término griego “pleróo”, que significa llenar el interior; pero en el vr. 4 al referirse al bautismo en el Espíritu de los creyentes, usa la palabra “plétho”, la cual denota una llenura exterior, un derramamiento. Cuando el hombre cree recibe al Espíritu interiormente (Jn. 14:17; Rom. 8:11), pero cuando el mismo hombre es bautizado en el Espíritu recibe al Espíritu exteriormente, esto es, el Espíritu se derrama sobre él, tal y como un bautizado en aguas es sumergido dentro de las aguas (Hch. 1:8; 2:17). Aún el mismo Señor Jesús, primero nació del Espíritu (Lc. 1:35, Mt. 1:18,20), así como un hombre es hecho hijo de Dios; y después ungido con el Espíritu (Mt. 3:16; Lc. 4:18) para servir a Dios. El creyente tiene el Espíritu “dentro”, pero también debe tenerlo “sobre”. La señal visible del bautismo en el Espíritu (pero no de la llenura) fue en Hechos en algunas casos, pero no en todos, el hablar en otras lenguas (2:4; 10:45-46; 19:6). El bautismo en el Espíritu Santo faculta al creyente con valor y poder para testificar y hacer prodigios en el nombre de Jesús (Hch.1:8; 2:14-41; 4:31; 6:8; Rom.15:18-19, 1 Cor.2:4). Este poder no es una fuerza impersonal, sino la manifestación del Espíritu Santo (1 Cor.12:7, Jn.16:14). Las condiciones para recibirlo son el arrepentimiento y la conversión a Cristo (Hch.2:38-40; 8:12-17). Esto implica el sujetarse a Él (Hch.5:32); y el buscar el bautismo en el Espíritu con vehemencia (Jn.7:37-39; Is.44:3, Mt.5:6; Hch.1:14,2:1), por lo que frecuentemente se recibe al orar (Lc.11:13; Hch.1:14; 2:1-4; 4:31; 8:15,17). Y por último, esperar que Dios cumplirá su Promesa (Hch.1:4-5, Mr.11:24) en los que creen (Mr.16:17). Y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen (2:4b). El hablar en otras lenguas, conocido como glosalalia, es en algunos casos visto como la evidencia y confirmación externa de haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo (Hch.2:4, 10:44-46; 19:1-6); sin embargo, hay otros casos, en los cuales no se menciona el hablar en lenguas, pero sí se deja en claro que hubo alguna evidencia visible que probó el bautismo, tales casos son vistos en textos como Hch.8:4-24 en donde Simón el mago pudo ver y comprobar que los samaritanos habían recibido el bautismo por la imposición de manos de los apóstoles. Compárese también Hch.9:17 con 1Cor.14:18. Con todo, si las lenguas fueren tomadas como evidencia del bautismo deben separarse del don de lenguas, ya que no todos continúan hablando en lenguas, esto es, no en todos permanece como un don (1Cor.12:30,4-10). Respecto del hablar en lenguas de los creyentes en el pentecostés, debe notarse que fue un expresar idiomas no aprendidos, de manera sobrenatural y una obra exclusiva de Dios, ya que fue “según el Espíritu les daba que hablasen”. Pensar que Hch.2:1-4 fue cosa del pasado y que ha desaparecido es ignorar voluntariamente lo que Dios está haciendo por todo el mundo en millones de creyentes. Quienes esto hacen, arguyen su postura principalmente en 1Cor.13:8-12 asumiendo que “lo perfecto” es el canon del Nuevo Testamento. Pero lo que Pablo dice que “cuando venga lo perfecto” (gr.téleion), es cuando veremos “cara a cara” (vr.12) ¡Pablo está pensando en la Parusía! (la venida del Señor) y ni siquiera está hablando del bautismo en el Espíritu, sino del don de lenguas. El apóstol Pedro afirmó que el bautismo del Espíritu era “para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hch.2:39) y hasta el final “de los últimos días” (Joel 2:28-32; Hch.2:16-21. Nota como en estos últimos versículos lo interpreta Pedro de esta manera). Siendo esta la experiencia de millones hoy, no debiera debatirse teológicamente, ¿acaso no fue incuestionable por los judíos cristianos cuando los gentiles recibieron el bautismo? (Hch.10:45-46). Si la doctrina no se vive, ¿para qué sirve? Si se antepone el conocimiento y la teología a la práctica de la vida, ¿no es aún peor el envanecimiento? Los primeros creyentes “comenzaron a hablar en otras lenguas”, pero la iglesia aún no ha terminado.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:5

Comentario general

2.5 “Moraban” habla más de residentes que de visitantes; sin embargo, no es probable que hubiera tantos residentes de diferentes nacionalidades habitando permanentemente en Jerusalén, por lo que ha de tratarse de judíos que al venir a la fiesta se quedaban por algún tiempo considerable, quizá desde la Pascua para celebrar más de una fiesta (véase Hch.21:27). El texto claramente expresa que se trata de judíos. Hasta el momento la puerta del reino de los cielos no había sido abierta aún a los gentiles. Respecto del carácter de dichos judíos, Lucas dice que eran “varones piadosos”, lo que no habla de que fueran santos (“no hay justo ni aún uno”, “ninguno hay bueno, sino sólo Dios), sino de que su corazón era hacia Dios, pues si se encontraban en Jerusalén siendo “de todas las naciones bajo el cielo” era que buscaban a Dios al celebrar las fiestas que Él había encomendado. Respecto de las naciones a las cuales el texto se refiere, ha de notarse que eran “de todas las naciones”, lo que claramente indica de todo el mundo conocido. Luego Lucas dará una muestra (y no su totalidad) de estas naciones: “Partos, medos, elamitas, Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, Africa, más allá de Cirene, Roma, Creta y Arabia! (vrs.9-11).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:6

Comentario general

2.6 El estruendo fue similar a un “viento recio que soplaba” nombrado en el vr.2 con la añadidura del hablar en otras lenguas de los creyentes. El batir de las alas de la Paloma seguía escuchándose. La voz de Dios convocó a Israel como otrora lo hiciera en el Sinaí (Ex.19:17-19). La palabra para multitud usada por Lucas significa literalmente “un gran número”. Lucas la usa veinticinco veces entre su evangelio y Hechos a diferencia del resto del Nuevo Testamento, en donde sólo se usa siete veces más. Si Lucas la usa con tanta frecuencia, entonces el número sí es importante; mientras exista gente sin escuchar el evangelio la iglesia no debe perder su celo evangelístico. Y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua (2:6b). Si las lenguas en Babel trajeron confusión para desunión, las lenguas de Pentecostés trajeron confusión para unión, esto es, la unión en un nuevo Hombre. La iniciativa humana por la unidad trae confusión de juicio para muerte; sólo la iniciativa divina por la unidad del Cuerpo de Cristo trae confusión en arrepentimiento para vida. Aún cuando el texto parece indicar que la confusión de la multitud expectante se debía a las lenguas, en realidad va más allá; pues fueron congregados y confundidos mas por el poder de Dios que por el medio usado por Él. Era el Espíritu Santo quien atraía a los hombres usando para ello las lenguas como “señal a los incrédulos” (1Cor.14:22).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:7

Comentario general

2.7-8 Las expresiones en Hechos son reiterativas: “confusos, atónitos, maravillados”, haciendo claro que no fue un acontecimiento común, sino la expresión sobrenatural y excepcional del Espíritu Santo. De la curiosidad pasaron por el asombro hasta el extasío. El Espíritu Santo hablando en toda lengua a través de galileos con fama de ignorantes y mal hablados. Es probable que además de la apariencia a la usanza galilea, también conservaron su acento galileo en el uso de las lenguas. Aunque reconozco que esto carece de toda base. El término griego usado por Lucas para “lengua” es dialekto, que más allá de definir únicamente el idioma denota el lenguaje típico de una localidad. Esto se debe a que Dios no sólo habla en el lenguaje conocido por las multitudes, sino en la idiosincrasia de cada ser humano. Dios “ha hablado… de muchas maneras” (Heb.1:1) a fin de que todos podamos conocerle (Rom.1:19-20). El Señor llegó a ser tan explícito que sus profetas eran excelentes actores dramáticos que representaban el mensaje divino para que fuese bien entendido (Hch.21:10-11). De esta forma en el primer Pentecostés de la iglesia les habló en los diferentes dialectos en los que “habían nacido” los presentes, esto es, en los lenguajes típicos de cada región con todo y sus peculiaridades locales.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:8

Comentario general

2.7-8 Las expresiones en Hechos son reiterativas: “confusos, atónitos, maravillados”, haciendo claro que no fue un acontecimiento común, sino la expresión sobrenatural y excepcional del Espíritu Santo. De la curiosidad pasaron por el asombro hasta el extasío. El Espíritu Santo hablando en toda lengua a través de galileos con fama de ignorantes y mal hablados. Es probable que además de la apariencia a la usanza galilea, también conservaron su acento galileo en el uso de las lenguas. Aunque reconozco que esto carece de toda base. El término griego usado por Lucas para “lengua” es dialekto, que más allá de definir únicamente el idioma denota el lenguaje típico de una localidad. Esto se debe a que Dios no sólo habla en el lenguaje conocido por las multitudes, sino en la idiosincrasia de cada ser humano. Dios “ha hablado… de muchas maneras” (Heb.1:1) a fin de que todos podamos conocerle (Rom.1:19-20). El Señor llegó a ser tan explícito que sus profetas eran excelentes actores dramáticos que representaban el mensaje divino para que fuese bien entendido (Hch.21:10-11). De esta forma en el primer Pentecostés de la iglesia les habló en los diferentes dialectos en los que “habían nacido” los presentes, esto es, en los lenguajes típicos de cada región con todo y sus peculiaridades locales.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:9

Comentario general

2.9-11 Mira el éxito evangelístico de la iglesia llena del Espíritu. Cuando la iglesia es uno con el Señor no hacen falta ideas de la carne para alcanzar al mundo: Dios en la iglesia es un tremendo e irresistible imán para atraer las almas. En relación al término “prosélitos” que aparece entre la lista de los representantes de las diversas naciones, se refiere a todos los gentiles convertidos al judaísmo (prosélito, gr. proselutos, significa primariamente un extraño que ha llegado). Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. En primer lugar no hubo un escándalo, pues la multitud reunida podía oírles y distinguir su hablar, ¿habrán acaso hablado por turno? Pudiera esto deducirse de 1Cor.14:27 pero no podemos asegurarlo. En segundo lugar, las lenguas habladas en esa ocasión fueron entendibles, al menos así le pareció a la multitud, pues les oyeron hablar en sus dialectos. Sin embargo, esto era necesario por la ocasión y propósito como señal (1Cor.14-22), sin que esto implique que el hablar en lenguas como don del Espíritu sea sólo en lenguas humanas, ya que Pablo también menciona lenguas angélicas (1Cor.13:1). En tercer lugar, las lenguas de ese Pentecostés fueron por señal a los incrédulos, por lo que hablaban “las maravillas de Dios”, exaltaron a Dios alabándole y testificando de sus portentosas obras, pero no profetizaron al ejercitar las lenguas, pues la profecía es para los creyentes (1Cor.14:22). ¡Cómo hace falta ejercer esta administración en el uso de las lenguas congregacionalmente!, erróneamente es frecuente que se hable en lenguas sin control ni orden en la iglesia delante de los no creyentes. De allí que muchos digan “estáis locos” (1Cor.14:22-24) cerrándose así la puerta del reino por culpa de la mala administración del poder de Dios. Fue por eso que el apóstol Pedro tomó después la palabra para profetizar dando el mensaje del evangelio a los reunidos y trayendo salvación a más de tres mil personas sin contar mujeres ni niños (2:41). De modo que el uso de las lenguas en el Pentecostés primero de la iglesia fue como señal y las palabras fueron alabanzas a Dios y no profecía. Lucas usa megaleios (maravillas) de Dios; significa “magnífico, espléndido, majestuoso, sublime, grandioso, bellísimo, excelente, favorable”. En la iglesia, cuando hay no conversos presentes, las lenguas usadas deben ser inteligibles y que hablen de la grandeza de Dios y sus poderosas obras (salvo cuando Dios en su gracia guste de hacer algo excepcional), pero si no hay entendimiento en las lenguas ni intérprete “calle en la asamblea y hable para sí mismo y para Dios” (1Cor.14:28; 1Cor.14:2,4-6,9,13,19,26-28,33). Todo lo que la vida de Dios produce en la iglesia glorifica a Dios y edifica a la iglesia, cualquier cosa, por buena que parezca, si no glorifica a Dios o no edifica a la iglesia, no debe ejercitarse públicamente ya que puede incluso no provenir de la Vida Divina.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:10

Comentario general

2.9-11 Mira el éxito evangelístico de la iglesia llena del Espíritu. Cuando la iglesia es uno con el Señor no hacen falta ideas de la carne para alcanzar al mundo: Dios en la iglesia es un tremendo e irresistible imán para atraer las almas. En relación al término “prosélitos” que aparece entre la lista de los representantes de las diversas naciones, se refiere a todos los gentiles convertidos al judaísmo (prosélito, gr. proselutos, significa primariamente un extraño que ha llegado). Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. En primer lugar no hubo un escándalo, pues la multitud reunida podía oírles y distinguir su hablar, ¿habrán acaso hablado por turno? Pudiera esto deducirse de 1Cor.14:27 pero no podemos asegurarlo. En segundo lugar, las lenguas habladas en esa ocasión fueron entendibles, al menos así le pareció a la multitud, pues les oyeron hablar en sus dialectos. Sin embargo, esto era necesario por la ocasión y propósito como señal (1Cor.14-22), sin que esto implique que el hablar en lenguas como don del Espíritu sea sólo en lenguas humanas, ya que Pablo también menciona lenguas angélicas (1Cor.13:1). En tercer lugar, las lenguas de ese Pentecostés fueron por señal a los incrédulos, por lo que hablaban “las maravillas de Dios”, exaltaron a Dios alabándole y testificando de sus portentosas obras, pero no profetizaron al ejercitar las lenguas, pues la profecía es para los creyentes (1Cor.14:22). ¡Cómo hace falta ejercer esta administración en el uso de las lenguas congregacionalmente!, erróneamente es frecuente que se hable en lenguas sin control ni orden en la iglesia delante de los no creyentes. De allí que muchos digan “estáis locos” (1Cor.14:22-24) cerrándose así la puerta del reino por culpa de la mala administración del poder de Dios. Fue por eso que el apóstol Pedro tomó después la palabra para profetizar dando el mensaje del evangelio a los reunidos y trayendo salvación a más de tres mil personas sin contar mujeres ni niños (2:41). De modo que el uso de las lenguas en el Pentecostés primero de la iglesia fue como señal y las palabras fueron alabanzas a Dios y no profecía. Lucas usa megaleios (maravillas) de Dios; significa “magnífico, espléndido, majestuoso, sublime, grandioso, bellísimo, excelente, favorable”. En la iglesia, cuando hay no conversos presentes, las lenguas usadas deben ser inteligibles y que hablen de la grandeza de Dios y sus poderosas obras (salvo cuando Dios en su gracia guste de hacer algo excepcional), pero si no hay entendimiento en las lenguas ni intérprete “calle en la asamblea y hable para sí mismo y para Dios” (1Cor.14:28; 1Cor.14:2,4-6,9,13,19,26-28,33). Todo lo que la vida de Dios produce en la iglesia glorifica a Dios y edifica a la iglesia, cualquier cosa, por buena que parezca, si no glorifica a Dios o no edifica a la iglesia, no debe ejercitarse públicamente ya que puede incluso no provenir de la Vida Divina.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:11

Comentario general

2.9-11 Mira el éxito evangelístico de la iglesia llena del Espíritu. Cuando la iglesia es uno con el Señor no hacen falta ideas de la carne para alcanzar al mundo: Dios en la iglesia es un tremendo e irresistible imán para atraer las almas. En relación al término “prosélitos” que aparece entre la lista de los representantes de las diversas naciones, se refiere a todos los gentiles convertidos al judaísmo (prosélito, gr. proselutos, significa primariamente un extraño que ha llegado). Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. En primer lugar no hubo un escándalo, pues la multitud reunida podía oírles y distinguir su hablar, ¿habrán acaso hablado por turno? Pudiera esto deducirse de 1Cor.14:27 pero no podemos asegurarlo. En segundo lugar, las lenguas habladas en esa ocasión fueron entendibles, al menos así le pareció a la multitud, pues les oyeron hablar en sus dialectos. Sin embargo, esto era necesario por la ocasión y propósito como señal (1Cor.14-22), sin que esto implique que el hablar en lenguas como don del Espíritu sea sólo en lenguas humanas, ya que Pablo también menciona lenguas angélicas (1Cor.13:1). En tercer lugar, las lenguas de ese Pentecostés fueron por señal a los incrédulos, por lo que hablaban “las maravillas de Dios”, exaltaron a Dios alabándole y testificando de sus portentosas obras, pero no profetizaron al ejercitar las lenguas, pues la profecía es para los creyentes (1Cor.14:22). ¡Cómo hace falta ejercer esta administración en el uso de las lenguas congregacionalmente!, erróneamente es frecuente que se hable en lenguas sin control ni orden en la iglesia delante de los no creyentes. De allí que muchos digan “estáis locos” (1Cor.14:22-24) cerrándose así la puerta del reino por culpa de la mala administración del poder de Dios. Fue por eso que el apóstol Pedro tomó después la palabra para profetizar dando el mensaje del evangelio a los reunidos y trayendo salvación a más de tres mil personas sin contar mujeres ni niños (2:41). De modo que el uso de las lenguas en el Pentecostés primero de la iglesia fue como señal y las palabras fueron alabanzas a Dios y no profecía. Lucas usa megaleios (maravillas) de Dios; significa “magnífico, espléndido, majestuoso, sublime, grandioso, bellísimo, excelente, favorable”. En la iglesia, cuando hay no conversos presentes, las lenguas usadas deben ser inteligibles y que hablen de la grandeza de Dios y sus poderosas obras (salvo cuando Dios en su gracia guste de hacer algo excepcional), pero si no hay entendimiento en las lenguas ni intérprete “calle en la asamblea y hable para sí mismo y para Dios” (1Cor.14:28; 1Cor.14:2,4-6,9,13,19,26-28,33). Todo lo que la vida de Dios produce en la iglesia glorifica a Dios y edifica a la iglesia, cualquier cosa, por buena que parezca, si no glorifica a Dios o no edifica a la iglesia, no debe ejercitarse públicamente ya que puede incluso no provenir de la Vida Divina.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:12

Comentario general

2.12-13 La actividad sobrenatural en ese día de Pentecostés causó dos contrastantes actitudes frente a la manifestación del poder divino en las lenguas. Por un lado, unos buscaban entender sinceramente lo que estaba sucediendo, como sintiendo que venía de Dios. Dijeron: ¿que quiere decir esto? (lit. ¿qué quiere esto ser?). Pero por otro lado, no faltaron los burladores que hasta en las cosas de Dios encuentran circo: burlándose, decían: están llenos de vino dulce (lit.). Para quien no quiere creer no faltan explicaciones, se les hizo fácil pensar que a causa de la fiesta estaban ebrios - y es verdad que en ocasiones la gente llena del Espíritu actúa como tal, de allí que Pablo hiciese la comparación en Ef.5:18. Esto siempre ha sido así, todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro (lit.1:15). Para los primeros hay salvación, mas para los otros condenación (aunque algunos y a veces muchos, llegan a ser alcanzados por el evangelio ¡potencia de Dios!). Nota cómo los burladores hablaban sarcásticamente, pues según la traducción literal los acusaban de embriagarse con “vino dulce”, es decir, sin fermentar. Por un lado nos muestra el sarcasmo, pero sin quererlo, nos han dado una explicación del tipo de vino que usaban los creyentes y muy posiblemente el mismo Señor Jesús, vino dulce, en otras palabras, jugo de uva no fermentado.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:13

Comentario general

2.12-13 La actividad sobrenatural en ese día de Pentecostés causó dos contrastantes actitudes frente a la manifestación del poder divino en las lenguas. Por un lado, unos buscaban entender sinceramente lo que estaba sucediendo, como sintiendo que venía de Dios. Dijeron: ¿que quiere decir esto? (lit. ¿qué quiere esto ser?). Pero por otro lado, no faltaron los burladores que hasta en las cosas de Dios encuentran circo: burlándose, decían: están llenos de vino dulce (lit.). Para quien no quiere creer no faltan explicaciones, se les hizo fácil pensar que a causa de la fiesta estaban ebrios - y es verdad que en ocasiones la gente llena del Espíritu actúa como tal, de allí que Pablo hiciese la comparación en Ef.5:18. Esto siempre ha sido así, todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro (lit.1:15). Para los primeros hay salvación, mas para los otros condenación (aunque algunos y a veces muchos, llegan a ser alcanzados por el evangelio ¡potencia de Dios!). Nota cómo los burladores hablaban sarcásticamente, pues según la traducción literal los acusaban de embriagarse con “vino dulce”, es decir, sin fermentar. Por un lado nos muestra el sarcasmo, pero sin quererlo, nos han dado una explicación del tipo de vino que usaban los creyentes y muy posiblemente el mismo Señor Jesús, vino dulce, en otras palabras, jugo de uva no fermentado.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:14

Comentario general

2.14 ¿Qué otro si no el apóstol Pedro habría de tomar la iniciativa? Pedro siempre fue el hombre del momento, el que, tratándose del Señor, no pensaba dos veces para aventurarse y tomar la punta; para caminar sobre las aguas; para confesar la identidad del Hijo de Dios; para correr al sepulcro; y también para dar el primer mensaje de la naciente iglesia pentecostés. Fue él quien recibió las llaves del reino (Mt.16:19), aquí usaba la primera con los judíos; poco tiempo después usaría la segunda en casa del gentil Cornelio. Hoy se necesitan Pedros, personas que no dudan en arriesgarlo todo por Cristo; corazones dispuestos a que su primer latido sea para el Señor; gente dispuesta a servir al Señor sin mirar el costo. Hoy Dios desea ver un Pedro en usted y en mí. El texto dice que Pedro se puso en pie con los once, lo que significa varias cosas. La primera, como ya vimos, es que el nombrado apóstol era destacado entre el grupo; “iba” a la cabeza, lo que es muy diferente de “ser” la cabeza, como algunos presuntuosos tratan de ver aquí un papado. Una sola es la cabeza de la iglesia: Cristo (Ef.1:22; 4:15; 5:23; Col.1:18; 2:10,19); y uno solo su representante en la tierra: el Espíritu Santo (Jn.14:16-18,25-26; 15:26; 16:7,13). Pedro no era Señor de los once, sino un portavoz “con los once”. En segundo lugar, miramos que Matías ya era contado entre los apóstoles (1:26): “en pie con los once”. En tercer lugar, notamos la presencia del predicador: “Pedro… alzó la voz”. Era la única manera de ser oído por una gran multitud; sin embargo, debemos confesar que por muy potente que fuese su voz, se necesitó de un milagro para que miles lo escucharan y se convirtieran (2:41). La expresión “alzó la voz”, asemeja al pregonero de un rey que toca trompeta para dar un anuncio o solemne mensaje. El evangelio es tan importante que ningún predicador debe intimidarse al pronunciarlo, por el contrario, debe ser capaz de “alzar su voz en cuello” (Is.58:1). Esta predicación es conocida como el kerygma. En cierto sentido la predicación del apóstol es la manifestación del don de profecía (1Cor.14:3). Pedro no se preparó con anticipación, sino que fue impulsado por el Espíritu Santo para dar un sermón tal, que aprueba con excelencia la más estricta homilética. El estudio es necesario, la preparación indispensable, pero la unción del Espíritu es insustituible. Es el Espíritu Santo quien glorifica a Cristo (Jn.16:13-14); de allí que el tema de Pedro al ser lleno del Espíritu Santo sea Cristo. Por último, hemos de percibir que el término griego usado por Lucas para “diciendo” no es lego, como se esperaría, sino apophthengomai; palabra compuesta para la ocasión, a fin de enfatizar la autoridad de la predicación de Pedro, significa “les arengó”, es una poderosa exhortación como quien les echa en cara su pecado. Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras (2:14b). Como se ha dicho hasta la saciedad, el primer mensaje del evangelio fue dirigido a los judíos y a los prosélitos (“los que habitáis en Jerusalén”). Es un poderoso llamado a tomar el mensaje en su cabal importancia. Lo que el apóstol está diciendo es que el contenido de su predicación ha de ser algo destacable y conocido en todo el pueblo, eso es lo que significa la palabra griega gnostos, traducida notorio. Pedro sabe que el mensaje que está por dar a conocer reformará no sólo su pueblo, los judíos y los que habitan en Jerusalén, sino todo el mundo de aquel entonces y de todos los tiempos. El evangelio es notable, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego (Rom.1:16). Por tanto, Pedro no duda en decir “prestad oído a mis palabras” (lit.). Dice “mis palabras”, y no las palabras de Dios, pues aquel que está lleno del Espíritu Santo se ha amalgamado en uno con Él al punto de poder decir “mis palabras”, tal y como el apóstol Pablo llama al evangelio “mi evangelio” (Rom.2:16; 1Tim.1:5; 2Ts.2:14). El verdadero predicador es aquel que no habla el mensaje de otro, sino que es uno con el que lo envió y uno experimentalmente con el mensaje anunciado. Sólo así los oyentes pueden “prestar oído”, oír atentamente, escuchar con disposición, ser “circuncidados de oídos” (Hch.7:51).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:15

Comentario general

2.15 El derramamiento del Espíritu Santo trajo tal conmoción que la enorme multitud reunida en pos de los oyentes estaba confundida. Les oían hablar en diferentes dialectos, los que reconocían su idioma entendían que hablaban “las maravillas de Dios”, pero aquellos que no comprendían sus lenguas optaron por burlarle acusando a los creyentes de ebrios. El razonamiento de Pedro es sencillo: no están ebrios, porque aún es muy temprano (la hora tercera corresponde a las 9 de la mañana). Por el tipo de vino utilizado se requería de consumir mucho más que el que pudiesen haber tomado a una hora tan temprana del día; recordemos además que la multitud reconocía que la bebida usada era vino dulce (mosto), el cual es jugo de uva sin fermentar. No hay razón para acusar de embriaguez a quien toma jugo de uva en el desayuno. Pedro sabe, lo mismo que la multitud, que los judíos no tomaban vino fermentado tan temprano, ya que ni siquiera comían antes de la oración de la mañana.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:16

Comentario general

2.16 Es significativo que un hombre lleno del Espíritu Santo lejos de hablar haciendo a un lado las Sagradas Escrituras, funda su palabra en ellas. Frases tales como: “Dios me dijo”, “me reveló el Señor”, o supuestos profetas que lejos del espíritu de profecía son más imitadores de los profetas antiguotestamentarios diciendo: “así dice el Señor”, para luego añadir una letanías propias fuera de las Escrituras. Los que tal hacen, al ser confrontados con la Palabra, arguyen hablar bajo la inspiración del Espíritu como en un éxtasis; mas en este texto en cuestión podemos notar como el apóstol Pedro fue lleno del Espíritu Santo y habló en lenguas, mas nunca se apartó de comprobar los hechos y las palabras con las Sagradas Escrituras. Todo lo que no esté fundado en la Biblia no proviene de Dios, debemos aprender de los ejemplos apostólicos a “no pensar más de lo que está escrito” (1Cor.4:6); para todo ellos decían: “está escrito”. La referencia de Pedro es Joel 2:28-32 (3:1-5 en la Biblia hebrea). Sin embargo, como veremos más adelante, Pedro no dijo que el Pentecostés cumplía la profecía de Joel, sino que era “lo dicho por el profeta Joel; en otras palabras, la profecía de Joel comenzó a cumplirse, pero algo de ella falta aún por realizarse. Los versículos 17-18 de Hch.2 se cumplieron en el día de Pentecostés, pero los versículos 19-20 están aún por cumplirse.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:17

Comentario general

2.17 Pedro interpretó bajo la unción del Espíritu Santo que el derramamiento del Espíritu era parte del cumplimiento de lo dicho por el profeta Joel. Esto marca que a partir de ese día comenzaron “los postreros días”; aunque es probable que desde el nacimiento de Cristo (1P.1:20) hayan comenzado “los postreros días” (Gal.4:4). Lo que sí es indudable es que tanto Pedro como nosotros estamos en “los últimos” o futuros días. El Señor Jesús dijo: desde Juan el reino de los cielos sufre violencia (Mt.11:12); pareciera que a partir de entonces se esté acelerando progresivamente el final del plan divino: la consumación de la iglesia. El apóstol Juan escribió: hijitos, ya es el último tiempo (1ªJn.2:18). Siendo que “los postreros días” se han venido llevando a cabo por lo menos desde el Pentecostés, entonces se refieren a la era de la iglesia y definen el desarrollo cronológico del plan divino entre la primera y segunda venida de Cristo. Todo esto es firme, pues Pedro asevera - citando a Joel - que esto lo dice Dios. Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo - diría el apóstol años después (1P.1:21). Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne (2:17b). La palabra “derramaré” (gr. ekqueo) significa “vaciar fuera”. No es llenar algo, sino vaciar sobre algo; así que denota la acción de inundar como una catarata de agua sobre un hombre y no un poco de agua en un recipiente. El bautismo en el Espíritu Santo es sumergir al creyente en la abundancia del Espíritu, lo que es aún más que ser lleno de Él. En el Antiguo Testamento se repite la frase: “el Espíritu de Dios vino sobre”; y siempre se trató de algunas personas con un llamado especial (reyes, sacerdotes, profetas, etc.). Por ejemplo, cuando Moisés llamó a setenta varones para que le ayudaran en el consejo del pueblo, Dios vino sobre ellos y comenzaron a profetizar, la Palabra nos dice que dos de ellos estaban en el campamento y también profetizaban; ante esto Josué sugirió alarmado a Moisés que se los impidiera, mas éste respondió: Que todo el pueblo de Yahwéh fuese profeta, y que Yahwéh pusiera su Espíritu sobre ellos (Nm.11:25-29). En el glorioso día de Pentecostés esto se cumplió, pues así como lo profetizó Joel, el Espíritu viene sobre toda carne; esto es, el derramamiento del Espíritu de Dios está disponible a todos, ya no hay distinción, ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gal.3:28). Sobre todo aquel que crea. hay acceso a recibir primero internamente al Espíritu Santo como la vida y naturaleza en él (2P.1:4; Rom.8:9,15-16); pero también todo aquel que crea tiene acceso a recibir externamente al Espíritu Santo como el poder divino para hacer la obra de Dios extraordinariamente (Hch.2:39; 1:8; 10:38). Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños (2:17b). Cuando Aarón y María murmuraron contra Moisés, Dios los reprendió diciéndoles que su trato con Moisés era especial y mejor que el que tenía con los demás profetas. En dicha exhortación Dios mencionó que a aquel que es profeta Dios le hablaba con visiones y sueños para que profetizara, más no era para todos (Nm.12:5-8); mas luego Joel habla de este mismo trato sí está disponible para todos: los hijos, las hijas, los jóvenes, los ancianos. ¡Ahora el Espíritu de profecía está disponible por el bautismo en el Espíritu a todos los creyentes! Y esto se llevará a cabo por toda la era de la iglesia, que es también la era del Espíritu Santo. El anhelo de Moisés, que quería que todo el pueblo de Dios fuese profeta es cumplido por el bautismo en el Espíritu Santo; lo que no significa que todos los creyentes hemos recibido este bautismo, sino que dicho poder está disponible a todos los que lo pidiesen (Lc.11:13). ¡Aleluya! Nunca como en la era de la iglesia han desaparecido las distinciones de sexo (hijos e hijas), de edad (jóvenes y ancianos) y sociales (siervos). Profetizar significa la proclamación de la mente y consejo de Dios (pro, “delante”; femi, “hablar”), no se refiere necesariamente a la predicción de eventos futuros, aún cuando a veces el profeta predecía. Actualmente todos los cristianos podemos profetizar al anunciar el mensaje de Dios (por ejemplo, el evangelio), pero nunca aparte de las Escrituras. Es por eso que toda visión o sueño debe ser discernido a la luz de la Biblia.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:18

Comentario general

2.18 Con todo, a pesar de que el bautismo del Espíritu está disponible a todos los creyentes, Dios ha puesto una condición: ser un siervo (a). El Señor prometió a los discípulos que recibirían poder cuando viniera sobre ellos el Espíritu, pero esto sería para que fuesen testigos de Él en todo el mundo (Hch.1:8). Los apóstoles decían que Dios ha dado el Espíritu Santo a los que le obedecen (Hch.5:32). Todo creyente tiene dentro al Espíritu Santo, si no, no sería salvo; pero los creyentes obedientes, los siervos (gr. doulos, esclavos), los que han renunciado a “sus derechos” para servir obediente e incondicionalmente al Señor tienen a su disposición la experiencia de ser investidos del poder del Espíritu. ¿Qué rey daría su autoridad al siervo infiel? ¿Quién pondría una pistola en la mano de un niño? Pero para los esclavos y esclavas es el poder del Espíritu, ya que no es para su uso privado, sino para que profeticen (anuncien poderosamente el mensaje divino).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:19

Comentario general

2.19-20 La profecía de Joel 2:28-32 es tan amplia que comenzó a cumplirse en el Pentecostés, pero terminará “hasta que venga el día del Señor”, esto es, el retorno de Cristo. Lo más probable es que Joel no conociera la dimensión cronológica de su profecía y que Pedro esperara un tiempo relativamente corto para que todo se cumpliese. Con respecto al día del Señor, notemos que tanto para Joel, como para el resto de los profetas antiguotestamentarios era “el día de Yahwéh” (Is.2:12; Joel 1:15; 2:11; 3:1,14, Am.5:18,20; Abd.15; Sof.1:7,14,18; 2:2-3; Zac.14:1; Mal.4:1,5), lo que significa que el Señor Jesús es Dios y el día como tal, no se refiere a un periodo de veinticuatro horas, sino al periodo de tiempo en el que el Señor juzgará al mundo en su venida (2 P.3:8).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:20

Comentario general

2.19-20 La profecía de Joel 2:28-32 es tan amplia que comenzó a cumplirse en el Pentecostés, pero terminará “hasta que venga el día del Señor”, esto es, el retorno de Cristo. Lo más probable es que Joel no conociera la dimensión cronológica de su profecía y que Pedro esperara un tiempo relativamente corto para que todo se cumpliese. Con respecto al día del Señor, notemos que tanto para Joel, como para el resto de los profetas antiguotestamentarios era “el día de Yahwéh” (Is.2:12; Joel 1:15; 2:11; 3:1,14, Am.5:18,20; Abd.15; Sof.1:7,14,18; 2:2-3; Zac.14:1; Mal.4:1,5), lo que significa que el Señor Jesús es Dios y el día como tal, no se refiere a un periodo de veinticuatro horas, sino al periodo de tiempo en el que el Señor juzgará al mundo en su venida (2 P.3:8).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:21

Comentario general

2.21 Quizá sea este el punto crucial del mensaje apostólico: invocar el nombre del Señor para salvación. Invocar significa “llamar sobre” (gr. epikaleo); implica la confesión y reconocimiento del señorío del Invocado. Los hijos de Dios se han distinguido desde siempre de los hijos de los hombres por el nombre que invocan. Esta división es manifiesta desde Enós (si bien viene desde Abel) cuando los hombres comenzaron a invocar el nombre del Señor (Gen.4:26).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:22

Comentario general

2.22 Mira la cortesía de Pedro al predicar: varones israelitas. El mensaje en principio es dirigido al pueblo de Israel, porque eran ellos los oyentes y no porque excluyera a los gentiles. La frase alude dignidad, según las costumbres de la época, a los oyentes y no excluye a las mujeres. Oíd estas palabras, denota la urgencia de Pedro por que nadie se distrajera; es la segunda vez que los exhorta a estar atentos (vrs.14,22); como diciendo: “¡no se descuiden, el evangelio es sumamente importante! de su atención depende su eternidad”. El evangelio no es insignificante, sino lo más grande que podemos oír. Jesús nazareno, habla del Jesús histórico crecido en Nazaret; pero también habla del Dios misericordioso que se encarnó. El evangelio comienza en la encarnación, al menos a nuestros ojos, pues a los de Dios el evangelio es eterno. Los judíos tenían la costumbre de llamar a las personas añadiendo su lugar de origen o de crecimiento a su nombre; Dios permitió esta costumbre en relación a su Hijo, de esta manera tenemos testimonio histórico de que Dios anduvo entre nosotros. Jesús verdaderamente existió y a Pedro le debemos el apelativo de “de Nazaret” al nombre de Jesús (Hch.2:22; 3:6; 4:10; 10:38) aunque el mismo Señor Jesús se llamó a sí mismo al presentársele a Saulo de Tarso camino a Damasco (Hch.22:8). Nazaret, en tiempos del Señor Jesús era una aldea muy pequeña situada en un valle de Galilea, donde desciende la parte sur de la sierra del Líbano hacia la llanura de Esdraelón. No quedaba en ninguna encrucijada de caminos importantes y se mantenía como lugar apartado. No se menciona en el Antiguo Testamento y tampoco es mencionada por los historiadores más comunes. Desde allí, desde un rincón olvidado por la mayoría, menospreciado por otros, fue que Dios depositó su vida encargándose en la persona de Cristo Jesús. Lo necio y lo vil escogió Dios ¡bendita misericordia! Este Jesús, dijo Pedro fue varón aprobado por Dios. Muchos se atribuyeron el título de Mesías, pero sólo el Señor Jesús fue respaldado por Dios, y de tal forma, que fue manifiesto a todos: como vosotros mismos sabéis - continuó Pedro. Siendo Dios Todopoderoso se esperaría que al respaldar el ministerio de su Hijo lo hiciese con maravillas, prodigios y señales. Estas son las credenciales de los siervos de Jesucristo: maravillas (gr.dunamis), prodigios (gr.teras) y señales (gr.semeia). El término dunamis indica un enorme poder de origen sobrenatural; en tanto que teras (prodigios) atiende a la imaginación; y semeia (señal) apela al entendimiento. Sabemos que hay siervos que no fueron “espectaculares” en su ministerio y aún así fueron respaldados por Dios, como Juan el Bautista; pero también sabemos que todo aquel que manifiesta “dunamis, teras y semeia” cuenta con el respaldo divino. Lucas usa la palabra griega dunamis, traducida “maravillas”. De esta palabra proviene el término “dinamita” y se usa para definir un poder muy grande. Dunamis significa energía, poder, capacidad, gran fuerza, grande habilidad, fortaleza (compárese dinámico). El Señor Jesús fue aprobado, por Dios al manifestar el dunamis de Dios. “…el reino de los cielos no consiste en palabras, sino en poder” (1Cor.4:20). ¡Cristo es el poder de Dios! (1Cor.1:24). El apóstol Pablo solía decir: ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder (1Cor.2:4); con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo (Rom.15:19); porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2Cor.10:4); pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en el Espíritu Santo (1Ts.1:5). Tenemos luego el término “prodigios”, que es la traducción de teras (gr.). Teras significa algo extraño que provoca que el observador se maraville; de allí que teras siga a dunamis, porque el prodigio asombroso sigue al poder del Espíritu. Por su parte, las señales (gr. semeia; compárese “semáforo”) se refieren al hecho de que las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo en la Persona de Jesucristo son avisos y pruebas de la autenticidad del ministerio del Mesías. Las maravillas, prodigios y señales acompañaron al ministerio y a la predicación de Jesucristo y los ministros suyos. El apóstol Pedro afirma que esto es prueba de que vienen de parte de Dios; sus palabras eran creíbles, por cuanto manifestaban el poder de Dios. La iglesia primitiva oraba para que Dios hiciera sanidades, señales y prodigios en el nombre de Jesús (Hch.4:30). Carácter y poder, ambas cosas. Esta era la vida normal de la iglesia; eran varones paseándose con Cristo en medio del fuego.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:23

Comentario general

2.23 Con el amor por el Maestro que caracterizó a Pedro y por la unción del Espíritu Santo, el apóstol, en la primer parte de la argumentación del Evangelio habló de la muerte de Cristo; mas no como la de un mártir ni como la de uno que no pudo escapar a las circunstancias que lo envolvieron; sino que aclaró que el Señor Jesús murió por el plan de Dios. No fueron los romanos ni los judíos, tampoco fue satanás ni los demonios quienes llevaron a Cristo a la cruz; Dios lo entregó determinando su muerte para nuestra redención. De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda mas tenga vida eterna (Jn.3:16). A fin de cuentas y aunque a veces pareciera no ser así, Dios es quien ha tenido, tiene y seguirá teniendo los hilos de la historia en sus manos; hasta el más soberbio hombre habrá de reconocerlo tarde o temprano (Dn.4:35; Jn.19:11; 26.53-56). El Señor Jesús fue al Calvario porque así fue destinado por Dios desde antes de la fundación del mundo (1P.1:20) por el determinado designio y presciencia de Dios (2:23 lit.). Sin embargo, esto no exime de responsabilidad a los que participaron en la crucifixión; el mismo Señor Jesús había dicho: a la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido (Mt.26:24); por ello el apóstol Pedro, con el valor característico de un hombre lleno del Espíritu Santo, increpa a los judíos acusándolos de la muerte del Mesías: prendisteis y matasteis por manos inicuas, crucificándole (2:23). Prendisteis, porque se dejó prender en el Getsemaní ante el beso del traidor, la luz de las antorchas y el estupor de los ángeles. Matasteis, porque la paga del pecado es la muerte (Rom.6:23); y fueron los esbirros que usaron inicuos instrumentos (los romanos) para que la muerte tocara - al menos un momento - al Autor de la Vida (Hch.3:15). Manos de inicuos -lit. hombres sin ley. Crucificándole, la más terrible de las muertes para mostrar al más obediente de los siervos (Fil.2:8) y a la más sublime de las dádivas: ¡gracias a Dios por su don inefable! La sombra de la cruz, terror de aquellos, gozo nuestro. No podían escudarse, habían callado al procurador Pilato a la voz de ¡crucifícale! Las bisagras de la puerta de la salvación se recargan en la ceguera, el odio y la envidia de un pueblo que rogaba por la venida del Mesías y lo rechazó de muerte al venir este. ¡Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos! –dijeron (Mt.27:25). Se auto sentenciaron. Ahora debían rogar ¡límpianos con sangre de la culpa de esa misma sangre! Paradoja del amor divino que acudió al odio humano para amarle. Misterio de la misericordia que entre más es rechazada más se requiere y más se da. Con respecto a la crucifixión; tal muerte era vista como ser hecho el depositario de la maldición de Dios: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) (Gal.3:13). Según el Nuevo Diccionario Bíblico de Ediciones certeza la crucifixión consistía en que, cuando se condenaba a un criminal, era costumbre azotar a la víctima con el flagellum, que era un látigo con correas de cuero, lo que en el caso de nuestro Señor sin duda lo debilitó mucho y aceleró su muerte. Luego se le hacía llevar la viga trnasversal (patibulum), como un esclavo, hasta el lugar de su tortura y muerte, siempre fuera de la ciudad, mientras un heraldo iba delante de él con el “título”, o sea la acusación escrita. Se desnudaba completamente al condenado, se lo colocaba en tierra con la viga transversal debajo de los hombros, y se ataban o clavaban allí los brazos o las manos (Jn.20:25). Luego se levantaba esta viga y se la fijaba en el poste vertical hasta que los pies de la víctima, que entonces se ataban o clavaban, apenas dejaban de tocar el suelo, y no alto como se ve con frecuencia en las ilustraciones. Una clavija (sedile) proyectada hacia adelante generalmente soportaba la mayor parte del peso del cuerpo del condenado, que se sentaba a horcajadas en la misma. Luego se dejaba a la víctima para que muriera de sed y de agotamiento. A veces se aceleraba la muerte mediante el crurifragium o quebradura de las piernas como se hizo con los dos ladrones, pero no con nuestro Señor, porque ya estaba muerto. Los músculos retorcidos de las piernas deben haberle causado fuertes dolores, con contracciones espasmódicas e intensos calambres.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:24

Comentario general

2.24 El término griego anastasis, traducido “levantó” proviene de ana, “arriba”; e histemi, “poner en pie”. Es el lenguaje bíblico para decir que resucitó. Cada creyente debe ver en la resurrección de Cristo, su propia vivificación. Debido a que el mensaje que el apóstol Pedro está predicando presenta al Señor Jesús en su humanidad, por cuanto está hablando de su carácter Mesiánico y Salvador, afirma que es Dios quien lo resucitó. Esto es correcto; sin embargo, cuando se habla del Señor Jesús en su carácter divino se dice que Él se resucitó a si mismo (Jn.2:19-21; 10:18). Jesucristo es tanto Hombre como Dios. Sin embargo, aunque Jesús es Dios, fue resucitado por el poder del Espíritu Santo como Hombre. Sabemos que todo lo que el Señor Jesús dijo e hizo era verdad, por cuanto Dios lo confirmó al resucitarlo de entre los muertos. Han existido muchas personas que han anunciado grandes cosas, pero todos ellos han muerto y jamás se han levantado; ¡esta es la supremacía del evangelio! Dios resucitó a Cristo como la prueba y excelencia de la verdad. Es pues la resurrección la evidencia definitiva y contundente de que Jesús es el Cristo, el Ungido de Yahwéh. Los cristianos somos los únicos que a pesar de los siglos seguimos a un Líder Vivo, de allí que andemos como en resurrección. Sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. La palabra traducida “dolores” en nuestra versión Reina -Valera es en griego odinos. Odinos significa literalmente “dolores de parto”. De esta manera, el apóstol Pedro describe la resurrección de Cristo con una metáfora: así como una mujer encinta no puede retener ni posponer a su hijo en su vientre cuando ha llegado el tiempo de nacer, así tampoco la muerte pudo retener a Cristo en sus entrañas ni evitar su exaltación ¡Aleluya! Se le da personalidad a la muerte como de alguien intentando detener al Señor ¡Imposible! Era imposible que la muerte retuviera a Jesucristo por cuando Él es la vida y el Autor de la vida. Era imposible que la muerte retuviera a Jesucristo por cuanto él no puede ser vencido. Era imposible que la muerte retuviera a Jesucristo por cuanto la misericordia triunfa sobre el juicio (el juicio divino era la muerte). Era imposible que la muerte retuviera a Jesucristo por cuanto Jesucristo es el Creador y la muerte una creación. Era imposible que la muerte retuviera a Jesucristo por cuanto nada impide que Dios lleve a cabo su voluntad, en este caso su exaltación y nuestra salvación.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:25

Comentario general

2.25-28 Siendo que los oyentes del fervoroso apóstol no habían sido testigos de la resurrección de Cristo; y siendo que los judíos ignoraban que el Mesías habría de morir y de resucitar, Pedro acude a las Sagradas Escrituras para dar fortaleza a su argumentación de la resurrección del Señor. La cita proviene del salmo 16:8-11. En esta porción citada encontramos muchas cosas: Porque David dice de Él. David habló acerca de sí mismo, lo que significa que la profecía sobrepasó su entendimiento. David pensó que lo que el Espíritu le inspiraba a cantar en este salmo se refería a sí mismo; cuando, según aclara el mismo Espíritu por boca de Pedro, se refería al Cristo (Hch.2:29-31). Veía al Señor siempre delante de mí. El que habla es Cristo, y al que ve es al Padre; el cual es Señor del Cristo y como tal está siempre delante de Él. Todo lo que el Mesías hizo, lo hizo en obediencia al Padre Celestial. No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente (Jn.5:19); …y como el Padre me mandó, así hago, -solía decir el Señor Jesús (Jn.14:31); Dios Padre es la Cabeza de Cristo (Ef.11:3; vea también Fil.2:8); por lo que Jesús confirmó la Palabra: he aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí (Heb.10:7; vea también Jn.4:34, 5:30; 6:38). Como Hombre, Cristo siempre tiene al Padre delante de Él. Como Dios, Cristo es uno con el Padre (Jn.10:30; 14:8-11). Porque está a mi diestra, no seré conmovido. La derecha en la Biblia es símbolo de autoridad y respaldo. El hecho de que el Padre estuviese a la diestra del Mesías en su resurrección implica que el Cristo tenía todo el respaldo y la autoridad divina a su favor, de allí que pudiera estar estable (no seré conmovido, literalmente, para que no zozobre). Dios está a la diestra del Mesías para sostenerlo; mas cuando se habla de la exaltación del Mesías, entonces éste está o es puesto, a la diestra de Dios (Ef.1:20, Col.3:1; Heb.1:3; 10:12; 1P.3:22). Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua. El resultado primario del respaldo divino es el gozo. Saberse sustentado por Dios es la fuente de toda alegría. Una alegría profunda e interna: “mi corazón”; pero también, una alegría expresada en júbilo externo: “se gozó mi lengua”. El gozo se expresa en cantos y alabanzas, el salmista David sabía esto muy bien. Literalmente es “exultó mi corazón y se regocijó mi lengua”. El Señor Jesús mostró alegría con gran excitación mientras se encontraba en el Hades como resultado de la confianza en el respaldo divino. Todo el que confía en Dios debe mostrar tal gozo sin importar las circunstancias. Alegre aun en medio de la muerte. Y aún mi carne descansará en esperanza. Siendo que el Señor Jesús confiaba plenamente en Dios para su resurrección, la esperanza se había apoderado de su cuerpo de carne como un escudo. Aquí vemos que el hombre no es su cuerpo, sino que el hombre tiene un cuerpo; ya que mientras el Señor se gozaba confiando en Dios en el Hades, su cuerpo (carne) esperaba descansando (muerto físicamente). Tal es la muerte física de los creyentes, un descanso del cuerpo físico en esperanza de la resurrección (1Ts.4:13-14), pero un gozo del alma en salvación (Fil.1:21-23). Porque no dejarás mi alma en el Hades, el Hades se refiere al lugar de los muertos y corresponde en el griego al término hebreo sheol. No es el infierno en este caso, como algunos lo han traducido, sino una parte del Hades conocida como el paraíso (Lc.23:43) o el seno de Abraham (Lc.16:19-31). Esta sección del Hades estuvo a la par con la de los condenados en tanto que el Señor Jesús no ascendía a los cielos y sólo se separaba de aquél por una gran sima; pero una vez que Cristo ascendió, el paraíso se encuentra “en el tercer cielo” (2ªCor.12:1-4); este evento es descrito por Pablo en Efesios 4:8-10. Esta frase nos muestra también que el hombre es el alma inmaterial (no insubstancial) y no es un cuerpo. El hombre es el alma que posee un espíritu y está dentro de un cuerpo (1Ts.5:23); de allí que lo que desciende al Hades, en el caso de los condenados; o sube al paraíso, en el caso de los salvos, sea el alma (la esencia de la persona, el yo = mente, sentimientos y voluntad). Además, la frase sugiere que el alma permanece consciente después de la muerte física, ya que el Señor Jesús exaltó de gozo en el Hades en tanto su cuerpo descansaba en el sepulcro (muerte) en esperanza. Cuando la Escritura se refiere a la muerte como a un sueño o como a dormir, no se refiere al alma, sino al cuerpo en donde dicha alma habitaba; ya que al morir su cuerpo, el individuo pierde conciencia del mundo por no poseer más los sentidos físicos con los que podía relacionarse con lo físico; similar al dormir, en donde el alma sueña; esto es, está consciente, pero su cuerpo ha dejado de participar del mundo. Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. La muerte del Señor Jesús fue diferente de la de los demás hombres entre otras cosas, en que su cuerpo no fue tocado por la descomposición. Este es el argumento usado por el apóstol Pedro para aplicar dichos versículos a Cristo y no a David: el sepulcro de David estaba entre ellos (vr.29); el cuerpo de David se había corrompido (putrefacción), pero no así el del Señor Jesús (vr.31). ¡Todo Cristo es maravilloso! ¡su cuerpo es glorioso aún durante su muerte! De la misma manera, la iglesia como el Cuerpo de Cristo no tiene corrupción. Los hombres por separado se corrompen, pero no así el Cuerpo del Señor. Necesitas separarte del Cuerpo para poder perder el suministro de la vida y corromperte. Me hiciste conocer los caminos de la vida. Significa que Dios mostró a Cristo el camino de la resurrección. Conocer los caminos de la vida es saber atravesar la muerte resucitando en vida eterna. La confianza que Cristo depositó en Dios fue su garantía de resurrección; esto le significó conocer los caminos de la vida. Aquí el conocimiento es experiencia y no un asunto meramente intelectual. La frase significa que Jesús resucitó. Al conocer a Cristo, quien venció a la muerte, los creyentes conocemos los caminos de la vida; Cristo es tanto el camino como la vida (Jn.14:6), la fe en Él es el conocimiento o experiencia de la resurrección, la vida que vence la muerte; la Luz que derrota las tinieblas (1Cor.15:20-21). El mundo busca desesperadamente cómo ampliar la vida refiriéndose por su puesto a su vida física, dicha vida sólo puede ser adquirida en Cristo y dada por Cristo; Él es la resurrección y la vida (Jn.11:25-26). Me llenarás de gozo con tu Presencia. Es la profecía de la ascensión del Señor (vr.34). La profecía de David (vrs.25-28); el relato de la confianza y gozo de Cristo durante su muerte, en la cual su alma estuvo alegre en el Hades (paraíso) y su cuerpo incorruptible en esperanza en el sepulcro. Luego la experiencia de la resurrección y por último, con esta frase, expresa su ascensión. David había cantado en el salmo en cuestión (Sal.16:8-11): en tu Presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. Esta es la experiencia de la ascensión; llegar a la Presencia divina a través de la resurrección es un gozo indescriptible. ¡Aleluya! Por tu parte: ¿qué cantas en el dolor? ¿Cantas?

— Roberto Tinoco

Hechos 2:26

Comentario general

2.25-28 Siendo que los oyentes del fervoroso apóstol no habían sido testigos de la resurrección de Cristo; y siendo que los judíos ignoraban que el Mesías habría de morir y de resucitar, Pedro acude a las Sagradas Escrituras para dar fortaleza a su argumentación de la resurrección del Señor. La cita proviene del salmo 16:8-11. En esta porción citada encontramos muchas cosas: Porque David dice de Él. David habló acerca de sí mismo, lo que significa que la profecía sobrepasó su entendimiento. David pensó que lo que el Espíritu le inspiraba a cantar en este salmo se refería a sí mismo; cuando, según aclara el mismo Espíritu por boca de Pedro, se refería al Cristo (Hch.2:29-31). Veía al Señor siempre delante de mí. El que habla es Cristo, y al que ve es al Padre; el cual es Señor del Cristo y como tal está siempre delante de Él. Todo lo que el Mesías hizo, lo hizo en obediencia al Padre Celestial. No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente (Jn.5:19); …y como el Padre me mandó, así hago, -solía decir el Señor Jesús (Jn.14:31); Dios Padre es la Cabeza de Cristo (Ef.11:3; vea también Fil.2:8); por lo que Jesús confirmó la Palabra: he aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí (Heb.10:7; vea también Jn.4:34, 5:30; 6:38). Como Hombre, Cristo siempre tiene al Padre delante de Él. Como Dios, Cristo es uno con el Padre (Jn.10:30; 14:8-11). Porque está a mi diestra, no seré conmovido. La derecha en la Biblia es símbolo de autoridad y respaldo. El hecho de que el Padre estuviese a la diestra del Mesías en su resurrección implica que el Cristo tenía todo el respaldo y la autoridad divina a su favor, de allí que pudiera estar estable (no seré conmovido, literalmente, para que no zozobre). Dios está a la diestra del Mesías para sostenerlo; mas cuando se habla de la exaltación del Mesías, entonces éste está o es puesto, a la diestra de Dios (Ef.1:20, Col.3:1; Heb.1:3; 10:12; 1P.3:22). Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua. El resultado primario del respaldo divino es el gozo. Saberse sustentado por Dios es la fuente de toda alegría. Una alegría profunda e interna: “mi corazón”; pero también, una alegría expresada en júbilo externo: “se gozó mi lengua”. El gozo se expresa en cantos y alabanzas, el salmista David sabía esto muy bien. Literalmente es “exultó mi corazón y se regocijó mi lengua”. El Señor Jesús mostró alegría con gran excitación mientras se encontraba en el Hades como resultado de la confianza en el respaldo divino. Todo el que confía en Dios debe mostrar tal gozo sin importar las circunstancias. Alegre aun en medio de la muerte. Y aún mi carne descansará en esperanza. Siendo que el Señor Jesús confiaba plenamente en Dios para su resurrección, la esperanza se había apoderado de su cuerpo de carne como un escudo. Aquí vemos que el hombre no es su cuerpo, sino que el hombre tiene un cuerpo; ya que mientras el Señor se gozaba confiando en Dios en el Hades, su cuerpo (carne) esperaba descansando (muerto físicamente). Tal es la muerte física de los creyentes, un descanso del cuerpo físico en esperanza de la resurrección (1Ts.4:13-14), pero un gozo del alma en salvación (Fil.1:21-23). Porque no dejarás mi alma en el Hades, el Hades se refiere al lugar de los muertos y corresponde en el griego al término hebreo sheol. No es el infierno en este caso, como algunos lo han traducido, sino una parte del Hades conocida como el paraíso (Lc.23:43) o el seno de Abraham (Lc.16:19-31). Esta sección del Hades estuvo a la par con la de los condenados en tanto que el Señor Jesús no ascendía a los cielos y sólo se separaba de aquél por una gran sima; pero una vez que Cristo ascendió, el paraíso se encuentra “en el tercer cielo” (2ªCor.12:1-4); este evento es descrito por Pablo en Efesios 4:8-10. Esta frase nos muestra también que el hombre es el alma inmaterial (no insubstancial) y no es un cuerpo. El hombre es el alma que posee un espíritu y está dentro de un cuerpo (1Ts.5:23); de allí que lo que desciende al Hades, en el caso de los condenados; o sube al paraíso, en el caso de los salvos, sea el alma (la esencia de la persona, el yo = mente, sentimientos y voluntad). Además, la frase sugiere que el alma permanece consciente después de la muerte física, ya que el Señor Jesús exaltó de gozo en el Hades en tanto su cuerpo descansaba en el sepulcro (muerte) en esperanza. Cuando la Escritura se refiere a la muerte como a un sueño o como a dormir, no se refiere al alma, sino al cuerpo en donde dicha alma habitaba; ya que al morir su cuerpo, el individuo pierde conciencia del mundo por no poseer más los sentidos físicos con los que podía relacionarse con lo físico; similar al dormir, en donde el alma sueña; esto es, está consciente, pero su cuerpo ha dejado de participar del mundo. Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. La muerte del Señor Jesús fue diferente de la de los demás hombres entre otras cosas, en que su cuerpo no fue tocado por la descomposición. Este es el argumento usado por el apóstol Pedro para aplicar dichos versículos a Cristo y no a David: el sepulcro de David estaba entre ellos (vr.29); el cuerpo de David se había corrompido (putrefacción), pero no así el del Señor Jesús (vr.31). ¡Todo Cristo es maravilloso! ¡su cuerpo es glorioso aún durante su muerte! De la misma manera, la iglesia como el Cuerpo de Cristo no tiene corrupción. Los hombres por separado se corrompen, pero no así el Cuerpo del Señor. Necesitas separarte del Cuerpo para poder perder el suministro de la vida y corromperte. Me hiciste conocer los caminos de la vida. Significa que Dios mostró a Cristo el camino de la resurrección. Conocer los caminos de la vida es saber atravesar la muerte resucitando en vida eterna. La confianza que Cristo depositó en Dios fue su garantía de resurrección; esto le significó conocer los caminos de la vida. Aquí el conocimiento es experiencia y no un asunto meramente intelectual. La frase significa que Jesús resucitó. Al conocer a Cristo, quien venció a la muerte, los creyentes conocemos los caminos de la vida; Cristo es tanto el camino como la vida (Jn.14:6), la fe en Él es el conocimiento o experiencia de la resurrección, la vida que vence la muerte; la Luz que derrota las tinieblas (1Cor.15:20-21). El mundo busca desesperadamente cómo ampliar la vida refiriéndose por su puesto a su vida física, dicha vida sólo puede ser adquirida en Cristo y dada por Cristo; Él es la resurrección y la vida (Jn.11:25-26). Me llenarás de gozo con tu Presencia. Es la profecía de la ascensión del Señor (vr.34). La profecía de David (vrs.25-28); el relato de la confianza y gozo de Cristo durante su muerte, en la cual su alma estuvo alegre en el Hades (paraíso) y su cuerpo incorruptible en esperanza en el sepulcro. Luego la experiencia de la resurrección y por último, con esta frase, expresa su ascensión. David había cantado en el salmo en cuestión (Sal.16:8-11): en tu Presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. Esta es la experiencia de la ascensión; llegar a la Presencia divina a través de la resurrección es un gozo indescriptible. ¡Aleluya! Por tu parte: ¿qué cantas en el dolor? ¿Cantas?

— Roberto Tinoco

Hechos 2:27

Comentario general

2.25-28 Siendo que los oyentes del fervoroso apóstol no habían sido testigos de la resurrección de Cristo; y siendo que los judíos ignoraban que el Mesías habría de morir y de resucitar, Pedro acude a las Sagradas Escrituras para dar fortaleza a su argumentación de la resurrección del Señor. La cita proviene del salmo 16:8-11. En esta porción citada encontramos muchas cosas: Porque David dice de Él. David habló acerca de sí mismo, lo que significa que la profecía sobrepasó su entendimiento. David pensó que lo que el Espíritu le inspiraba a cantar en este salmo se refería a sí mismo; cuando, según aclara el mismo Espíritu por boca de Pedro, se refería al Cristo (Hch.2:29-31). Veía al Señor siempre delante de mí. El que habla es Cristo, y al que ve es al Padre; el cual es Señor del Cristo y como tal está siempre delante de Él. Todo lo que el Mesías hizo, lo hizo en obediencia al Padre Celestial. No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente (Jn.5:19); …y como el Padre me mandó, así hago, -solía decir el Señor Jesús (Jn.14:31); Dios Padre es la Cabeza de Cristo (Ef.11:3; vea también Fil.2:8); por lo que Jesús confirmó la Palabra: he aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí (Heb.10:7; vea también Jn.4:34, 5:30; 6:38). Como Hombre, Cristo siempre tiene al Padre delante de Él. Como Dios, Cristo es uno con el Padre (Jn.10:30; 14:8-11). Porque está a mi diestra, no seré conmovido. La derecha en la Biblia es símbolo de autoridad y respaldo. El hecho de que el Padre estuviese a la diestra del Mesías en su resurrección implica que el Cristo tenía todo el respaldo y la autoridad divina a su favor, de allí que pudiera estar estable (no seré conmovido, literalmente, para que no zozobre). Dios está a la diestra del Mesías para sostenerlo; mas cuando se habla de la exaltación del Mesías, entonces éste está o es puesto, a la diestra de Dios (Ef.1:20, Col.3:1; Heb.1:3; 10:12; 1P.3:22). Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua. El resultado primario del respaldo divino es el gozo. Saberse sustentado por Dios es la fuente de toda alegría. Una alegría profunda e interna: “mi corazón”; pero también, una alegría expresada en júbilo externo: “se gozó mi lengua”. El gozo se expresa en cantos y alabanzas, el salmista David sabía esto muy bien. Literalmente es “exultó mi corazón y se regocijó mi lengua”. El Señor Jesús mostró alegría con gran excitación mientras se encontraba en el Hades como resultado de la confianza en el respaldo divino. Todo el que confía en Dios debe mostrar tal gozo sin importar las circunstancias. Alegre aun en medio de la muerte. Y aún mi carne descansará en esperanza. Siendo que el Señor Jesús confiaba plenamente en Dios para su resurrección, la esperanza se había apoderado de su cuerpo de carne como un escudo. Aquí vemos que el hombre no es su cuerpo, sino que el hombre tiene un cuerpo; ya que mientras el Señor se gozaba confiando en Dios en el Hades, su cuerpo (carne) esperaba descansando (muerto físicamente). Tal es la muerte física de los creyentes, un descanso del cuerpo físico en esperanza de la resurrección (1Ts.4:13-14), pero un gozo del alma en salvación (Fil.1:21-23). Porque no dejarás mi alma en el Hades, el Hades se refiere al lugar de los muertos y corresponde en el griego al término hebreo sheol. No es el infierno en este caso, como algunos lo han traducido, sino una parte del Hades conocida como el paraíso (Lc.23:43) o el seno de Abraham (Lc.16:19-31). Esta sección del Hades estuvo a la par con la de los condenados en tanto que el Señor Jesús no ascendía a los cielos y sólo se separaba de aquél por una gran sima; pero una vez que Cristo ascendió, el paraíso se encuentra “en el tercer cielo” (2ªCor.12:1-4); este evento es descrito por Pablo en Efesios 4:8-10. Esta frase nos muestra también que el hombre es el alma inmaterial (no insubstancial) y no es un cuerpo. El hombre es el alma que posee un espíritu y está dentro de un cuerpo (1Ts.5:23); de allí que lo que desciende al Hades, en el caso de los condenados; o sube al paraíso, en el caso de los salvos, sea el alma (la esencia de la persona, el yo = mente, sentimientos y voluntad). Además, la frase sugiere que el alma permanece consciente después de la muerte física, ya que el Señor Jesús exaltó de gozo en el Hades en tanto su cuerpo descansaba en el sepulcro (muerte) en esperanza. Cuando la Escritura se refiere a la muerte como a un sueño o como a dormir, no se refiere al alma, sino al cuerpo en donde dicha alma habitaba; ya que al morir su cuerpo, el individuo pierde conciencia del mundo por no poseer más los sentidos físicos con los que podía relacionarse con lo físico; similar al dormir, en donde el alma sueña; esto es, está consciente, pero su cuerpo ha dejado de participar del mundo. Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. La muerte del Señor Jesús fue diferente de la de los demás hombres entre otras cosas, en que su cuerpo no fue tocado por la descomposición. Este es el argumento usado por el apóstol Pedro para aplicar dichos versículos a Cristo y no a David: el sepulcro de David estaba entre ellos (vr.29); el cuerpo de David se había corrompido (putrefacción), pero no así el del Señor Jesús (vr.31). ¡Todo Cristo es maravilloso! ¡su cuerpo es glorioso aún durante su muerte! De la misma manera, la iglesia como el Cuerpo de Cristo no tiene corrupción. Los hombres por separado se corrompen, pero no así el Cuerpo del Señor. Necesitas separarte del Cuerpo para poder perder el suministro de la vida y corromperte. Me hiciste conocer los caminos de la vida. Significa que Dios mostró a Cristo el camino de la resurrección. Conocer los caminos de la vida es saber atravesar la muerte resucitando en vida eterna. La confianza que Cristo depositó en Dios fue su garantía de resurrección; esto le significó conocer los caminos de la vida. Aquí el conocimiento es experiencia y no un asunto meramente intelectual. La frase significa que Jesús resucitó. Al conocer a Cristo, quien venció a la muerte, los creyentes conocemos los caminos de la vida; Cristo es tanto el camino como la vida (Jn.14:6), la fe en Él es el conocimiento o experiencia de la resurrección, la vida que vence la muerte; la Luz que derrota las tinieblas (1Cor.15:20-21). El mundo busca desesperadamente cómo ampliar la vida refiriéndose por su puesto a su vida física, dicha vida sólo puede ser adquirida en Cristo y dada por Cristo; Él es la resurrección y la vida (Jn.11:25-26). Me llenarás de gozo con tu Presencia. Es la profecía de la ascensión del Señor (vr.34). La profecía de David (vrs.25-28); el relato de la confianza y gozo de Cristo durante su muerte, en la cual su alma estuvo alegre en el Hades (paraíso) y su cuerpo incorruptible en esperanza en el sepulcro. Luego la experiencia de la resurrección y por último, con esta frase, expresa su ascensión. David había cantado en el salmo en cuestión (Sal.16:8-11): en tu Presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. Esta es la experiencia de la ascensión; llegar a la Presencia divina a través de la resurrección es un gozo indescriptible. ¡Aleluya! Por tu parte: ¿qué cantas en el dolor? ¿Cantas?

— Roberto Tinoco

Hechos 2:28

Comentario general

2.25-28 Siendo que los oyentes del fervoroso apóstol no habían sido testigos de la resurrección de Cristo; y siendo que los judíos ignoraban que el Mesías habría de morir y de resucitar, Pedro acude a las Sagradas Escrituras para dar fortaleza a su argumentación de la resurrección del Señor. La cita proviene del salmo 16:8-11. En esta porción citada encontramos muchas cosas: Porque David dice de Él. David habló acerca de sí mismo, lo que significa que la profecía sobrepasó su entendimiento. David pensó que lo que el Espíritu le inspiraba a cantar en este salmo se refería a sí mismo; cuando, según aclara el mismo Espíritu por boca de Pedro, se refería al Cristo (Hch.2:29-31). Veía al Señor siempre delante de mí. El que habla es Cristo, y al que ve es al Padre; el cual es Señor del Cristo y como tal está siempre delante de Él. Todo lo que el Mesías hizo, lo hizo en obediencia al Padre Celestial. No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente (Jn.5:19); …y como el Padre me mandó, así hago, -solía decir el Señor Jesús (Jn.14:31); Dios Padre es la Cabeza de Cristo (Ef.11:3; vea también Fil.2:8); por lo que Jesús confirmó la Palabra: he aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí (Heb.10:7; vea también Jn.4:34, 5:30; 6:38). Como Hombre, Cristo siempre tiene al Padre delante de Él. Como Dios, Cristo es uno con el Padre (Jn.10:30; 14:8-11). Porque está a mi diestra, no seré conmovido. La derecha en la Biblia es símbolo de autoridad y respaldo. El hecho de que el Padre estuviese a la diestra del Mesías en su resurrección implica que el Cristo tenía todo el respaldo y la autoridad divina a su favor, de allí que pudiera estar estable (no seré conmovido, literalmente, para que no zozobre). Dios está a la diestra del Mesías para sostenerlo; mas cuando se habla de la exaltación del Mesías, entonces éste está o es puesto, a la diestra de Dios (Ef.1:20, Col.3:1; Heb.1:3; 10:12; 1P.3:22). Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua. El resultado primario del respaldo divino es el gozo. Saberse sustentado por Dios es la fuente de toda alegría. Una alegría profunda e interna: “mi corazón”; pero también, una alegría expresada en júbilo externo: “se gozó mi lengua”. El gozo se expresa en cantos y alabanzas, el salmista David sabía esto muy bien. Literalmente es “exultó mi corazón y se regocijó mi lengua”. El Señor Jesús mostró alegría con gran excitación mientras se encontraba en el Hades como resultado de la confianza en el respaldo divino. Todo el que confía en Dios debe mostrar tal gozo sin importar las circunstancias. Alegre aun en medio de la muerte. Y aún mi carne descansará en esperanza. Siendo que el Señor Jesús confiaba plenamente en Dios para su resurrección, la esperanza se había apoderado de su cuerpo de carne como un escudo. Aquí vemos que el hombre no es su cuerpo, sino que el hombre tiene un cuerpo; ya que mientras el Señor se gozaba confiando en Dios en el Hades, su cuerpo (carne) esperaba descansando (muerto físicamente). Tal es la muerte física de los creyentes, un descanso del cuerpo físico en esperanza de la resurrección (1Ts.4:13-14), pero un gozo del alma en salvación (Fil.1:21-23). Porque no dejarás mi alma en el Hades, el Hades se refiere al lugar de los muertos y corresponde en el griego al término hebreo sheol. No es el infierno en este caso, como algunos lo han traducido, sino una parte del Hades conocida como el paraíso (Lc.23:43) o el seno de Abraham (Lc.16:19-31). Esta sección del Hades estuvo a la par con la de los condenados en tanto que el Señor Jesús no ascendía a los cielos y sólo se separaba de aquél por una gran sima; pero una vez que Cristo ascendió, el paraíso se encuentra “en el tercer cielo” (2ªCor.12:1-4); este evento es descrito por Pablo en Efesios 4:8-10. Esta frase nos muestra también que el hombre es el alma inmaterial (no insubstancial) y no es un cuerpo. El hombre es el alma que posee un espíritu y está dentro de un cuerpo (1Ts.5:23); de allí que lo que desciende al Hades, en el caso de los condenados; o sube al paraíso, en el caso de los salvos, sea el alma (la esencia de la persona, el yo = mente, sentimientos y voluntad). Además, la frase sugiere que el alma permanece consciente después de la muerte física, ya que el Señor Jesús exaltó de gozo en el Hades en tanto su cuerpo descansaba en el sepulcro (muerte) en esperanza. Cuando la Escritura se refiere a la muerte como a un sueño o como a dormir, no se refiere al alma, sino al cuerpo en donde dicha alma habitaba; ya que al morir su cuerpo, el individuo pierde conciencia del mundo por no poseer más los sentidos físicos con los que podía relacionarse con lo físico; similar al dormir, en donde el alma sueña; esto es, está consciente, pero su cuerpo ha dejado de participar del mundo. Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. La muerte del Señor Jesús fue diferente de la de los demás hombres entre otras cosas, en que su cuerpo no fue tocado por la descomposición. Este es el argumento usado por el apóstol Pedro para aplicar dichos versículos a Cristo y no a David: el sepulcro de David estaba entre ellos (vr.29); el cuerpo de David se había corrompido (putrefacción), pero no así el del Señor Jesús (vr.31). ¡Todo Cristo es maravilloso! ¡su cuerpo es glorioso aún durante su muerte! De la misma manera, la iglesia como el Cuerpo de Cristo no tiene corrupción. Los hombres por separado se corrompen, pero no así el Cuerpo del Señor. Necesitas separarte del Cuerpo para poder perder el suministro de la vida y corromperte. Me hiciste conocer los caminos de la vida. Significa que Dios mostró a Cristo el camino de la resurrección. Conocer los caminos de la vida es saber atravesar la muerte resucitando en vida eterna. La confianza que Cristo depositó en Dios fue su garantía de resurrección; esto le significó conocer los caminos de la vida. Aquí el conocimiento es experiencia y no un asunto meramente intelectual. La frase significa que Jesús resucitó. Al conocer a Cristo, quien venció a la muerte, los creyentes conocemos los caminos de la vida; Cristo es tanto el camino como la vida (Jn.14:6), la fe en Él es el conocimiento o experiencia de la resurrección, la vida que vence la muerte; la Luz que derrota las tinieblas (1Cor.15:20-21). El mundo busca desesperadamente cómo ampliar la vida refiriéndose por su puesto a su vida física, dicha vida sólo puede ser adquirida en Cristo y dada por Cristo; Él es la resurrección y la vida (Jn.11:25-26). Me llenarás de gozo con tu Presencia. Es la profecía de la ascensión del Señor (vr.34). La profecía de David (vrs.25-28); el relato de la confianza y gozo de Cristo durante su muerte, en la cual su alma estuvo alegre en el Hades (paraíso) y su cuerpo incorruptible en esperanza en el sepulcro. Luego la experiencia de la resurrección y por último, con esta frase, expresa su ascensión. David había cantado en el salmo en cuestión (Sal.16:8-11): en tu Presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. Esta es la experiencia de la ascensión; llegar a la Presencia divina a través de la resurrección es un gozo indescriptible. ¡Aleluya! Por tu parte: ¿qué cantas en el dolor? ¿Cantas?

— Roberto Tinoco

Hechos 2:29

Comentario general

2.29 Pedro no desprecia a sus oyentes llamándolos “mundanos” o “hijos del diablo”; pues aún y cuando no son hijos de Dios en lo que respecta a la fe, sí lo son en lo que respecta a la creación y amor de Dios (Mal.2:10); y en el enfoque de Pedro, hermanos también por nacionalidad. La muerte de David fue un suceso de todos conocido - por cuanto tenían la tumba de David entre ellos – sabían que dicho rey no había resucitado ni ascendido a la Presencia de Dios como había cantado (vrs.25-28); de modo que esto sólo podía significar que su salmo no se refería a sí mismo, sino al Cristo (vr.30). Este mismo argumento esgrimimos contra todos los líderes religiosos de todos los tiempos fundadores de religiones; cada uno de ellos tiene su tumba en donde se veneran sus huesos; mas no así Cristo, de quien tenemos la tumba, pero no su cuerpo, como prueba indubitable de su resurrección y garantía de la nuestra. Sólo la tumba del Señor Jesús es célebre por lo que no posee ¡Aleluya! David fue un rey muy grande, pero no era más que un hombre, por eso tiene su tumba ocupada con sus restos; mas Cristo es el Dios - Hombre, por ello su tumba está vacía. Él es el verdadero Rey - está diciéndoles Pedro - y no David, ya que los judíos tenían a David como su gobernante ancestral. Sólo los muertos tienen reyes muertos.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:30

Comentario general

2.30 Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo -escribiría Pedro años más tarde (2P.1:21). David se sabía salmista y rey, y probablemente estuvo consciente de su ministerio profético. No sólo eran profetas los que eran llamados así en el Antiguo Testamento, sino que todos los que tomaron parte en su creación eran profetas por cuanto hablaban el mensaje divino. Tengamos cuidado es saber que frecuentemente profetizamos, aunque sea en parte. David, en parte profetizaba y en parte conocía (1Cor.13:9). No se sabía profeta en cuanto a oficio, pero conocía un poco respecto del Cristo que habría de venir por el juramento que Dios le había hecho; sabía que sería uno descendiente de él, humanamente hablando, y que reinaría a Israel. Tal juramento aparece en 2Sm.7:12-13 y aún cuando en principio se refería a Salomón, el hijo de David, David entendió que esto era más trascendente, ya que escribió posteriormente en el Sal.132:11-12 en verdad Yahwéh juró a David y no se retractará de ello: de tu descendencia pondré sobre tu trono… tus hijos se sentarán sobre tu trono… Sin embargo, por sus palabras notamos que aunque no tenía el pleno conocimiento de la revelación mesiánica, si profetizó acerca de Él. ¿Y no es nuestro hablar Cristo? Lo que David si entendía plenamente era que Dios nunca quitaría a uno de su simiente del trono de Israel y si sus hijos pecaban no sucedería como con Saúl y su descendencia que fueron quitados, sino que por la promesa de Dios, en la cual confiaba plenamente, haría falta la resurrección de Uno fiel de sus descendientes que estuviera para siempre como el Rey; esto es, levantaría al Cristo (el Ungido) para que se sentase en su trono.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:31

Comentario general

2.31 Lo maravilloso de los hombres de fe y de la fe misma es el poder ver anticipadamente y declarar misterios por cumplirse y revelarse. Tenemos por ejemplo el magistral relato de Hebreos 11 en donde vemos cómo los héroes de la fe se anticiparon a su tiempo viendo, hablando y esperando el cumplimiento de las extraordinarias promesas de Dios; tal es David, el cantor y rey de Israel que tuvo el privilegio de ver con anticipación de la revelación neoestamentaria, pero sí con la profundidad de que es posible conocer por fe. Así mismo hoy los creyentes miramos al futuro y contemplamos anticipadamente la venida del Señor. No sabemos con exactitud cómo será, se nos han revelado algunas cosas, pero lo que sí sabemos con la certeza de la fe, es que efectivamente volverá en gloria. Lo vemos y con paciencia lo aguardamos preparándonos para su encuentro.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:32

Comentario general

2.32 A este y no a otro; para que ninguno piense en resurrecciones místicas o espiritualizadas ni en reencarnaciones, ni en algún otro vino después diciendo que era él. “A este Jesús”, significa al Jesús histórico que murió bajo sentencia de Poncio Pilato y con la intriga de Anás y Caifás, sumo - sacerdotes de Israel. “A este Jesús”, implica el mismo galileo obrador de maravillosas, prodigios y señales (vr.22); al mismo nazareno que multiplicó los panes y los peces, que caminó sobre el agua, que tocó sanando al leproso, que amó a los suyos hasta el fin, etc.; al mismo que ocupó la tumba que le prestase José de Arimatea y que entre tanto descendiese al Hades acompañado de un ladrón. A este Jesús resucitó Dios. Con respecto a que Dios lo resucitó véase la nota alusiva a 2:24. En esto consiste el testimonio de la iglesia: Dios resucitó a su Hijo Jesús, de lo cual todos nosotros somos testigos. En relación a los ciento veinte del pentecostés, ellos fueron testigos presenciales de la resurrección del Señor. Nadie podía negarlo, la ley decía que con el testimonio de dos o tres el asunto se hacía firme, ¡cuánto más si eran tantos los testigos! Pablo dice que el Señor se presentó resucitado a más de 500 hermanos a la vez (1Cor.15:6). La resurrección de Cristo fue el motor de la iglesia en su nacimiento, habiendo visto al Resucitado podían morir por él… la muerte había perdido su temor. En relación a nosotros, creemos en la resurrección del Señor por el testimonio de ellos y por las Escrituras, pero también por el testimonio del Espíritu en nuestro espíritu. El cristianismo consiste entonces en ser testigo de estas cosas que para nosotros como para ellos han sido ciertísimas.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:33

Comentario general

2.33 Literalmente el texto griego se traduce: a la diestra, pues, de Dios exaltado. El versículo no dice en realidad que fue exaltado por la diestra, sino a la diestra de Dios. Esto se refiere a que el Señor Jesús en su humanidad fue puesto por el Padre en su trono a su diestra (Rom.8:34). Y el Señor Jesús, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios (Mr.16:19; Ef.1:20; Heb.1:13). Ser puesto en el trono de Dios y a su diestra significa recibir su autoridad y su poder (Ex.15:6; Sal.98:1; 1P.3:21-22). No existe exaltación más grande que ésta; pero conviene aclarar que el Señor Jesús no recibió dicha gloria como Dios, sino como Hombre. Es en su humanidad en la que conquista a la muerte y ocupa el lugar de preeminencia a fin de darnos o ganar para la iglesia, la misma gloria: al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono (Ap.3:21). ¡Aleluya! No hay nada que podamos hacer que nos dé un lugar de mayor gloria, por cuanto no existe posición más alta que la que recibimos en Cristo: juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo (Ef.2:6). Es también por su humanidad que Jesús ha conseguido que Dios nos de su Espíritu Santo al ser su Humanidad introducida en la gloria del Padre. El que el Espíritu Santo haya sido derramado sobre la iglesia es tanto la corona como a la vez la prueba de la exaltación de Cristo. Para Él fue la recompensa, para nosotros la confirmación de dónde y cómo está: en gloria y autoridad. Todo Dios trabaja en unidad; tanto el Padre envía su Espíritu, como el Hijo lo hace; y Él mismo fue enviado por ambos también. Intentar separar del todo las funciones de la deidad es un error, pues, como lo afirman las Sagradas Escrituras, aunque el Padre sea eminentemente el Creador, también el Hijo es el Creador junto con Él; y aún cuando el Hijo sea eminentemente el Redentor, también el Padre es el Redentor junto con él; y lo mismo podemos decir del Espíritu Santo, quien es el Creador y el Redentor junto con el Padre y el Hijo. De allí que sea Dios quien envía el Espíritu de su Hijo y también sea Cristo quien afirma: …yo os lo enviaré (Gal.4:6; Jn.16:7; 15:26). Así pues, aunque el Padre es eminentemente el Dador del Espíritu y el Hijo eminentemente el Bautizador en el Espíritu, su obra es conjunta, pues son Uno aunque no el mismo. Con respecto a la promesa del Espíritu Santo o mejor dicho, la promesa del Padre de darnos su Espíritu, todos aquellos que en la gracia de Dios hemos experimentado el bautismo en el Espíritu Santo tenemos también la confirmación de la gloria de Cristo; no porque necesitemos dicho bautismo para creer que el Señor está a al diestra del Padre, sino porque creemos que allí está lo hemos recibido. Millones de cristianos testifican que el Señor está a la diestra de Dios, pero no tienen pruebas de ello, salvo la fe (que no es prueba en sí misma); de allí que sea imprescindible el derramamiento del Espíritu. Ese fue el razonamiento de Pedro al decir que la prueba de la exaltación de Cristo a la diestra del Padre sea que ha derramado esto que vosotros veis y oís (vr.33). ¿Qué era lo que veían los judíos? ¿Y qué era lo que oían? Los judíos veían y oían a los ciento veinte creyentes reunidos hablar en otras lenguas por el bautismo en el Espíritu Santo (2:3-8). El Señor nos ha encomendado el ser sus testigos; esto es el ser testigos de su muerte, resurrección y exaltación. Un testigo es uno que puede hablar por experiencia, es uno que ha estado allí y que ha vivido lo que testifica. Sólo habla apropiadamente de la muerte de Cristo y de su resurrección quien ha nacido de nuevo; pero en relación a la exaltación de Cristo, sólo quien ha sido bautizado en el Espíritu puede hablar con propiedad de la exaltación de Cristo. Y entiéndase por dicho bautismo lo que realmente es: el derramamiento del mismo sobre el creyente y no sólo dentro de él. Tal es el contexto en que el mismo apóstol Pedro lo presenta. Hablar de la exaltación de Cristo sin la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo es hablar de oídas. Permítaseme ilustrar esto: se puede testificar que existen las naranjas si se han visto a otros comerlas, pero dicho testimonio es muy limitado; sólo quien ha probado las naranjas está verdaderamente calificado para hablar de ellas. ¡Puedo testificar que Cristo está a la diestra del Padre, es el Señor e intercede por mí porque me ha bautizado con su Espíritu! ¡Aleluya!

— Roberto Tinoco

Hechos 2:34

Comentario general

2.34 Una vez que el apóstol Pedro señala que el derramamiento del Espíritu es prueba de la ascensión de Cristo, incrementa su argumentación en forma de clímax al citar a David (Sal.110 citado 16 veces en el Nuevo Testamento) para indicar que el pentecostés es también una prueba de que Jesús es el Señor. ¡Qué importante es el derramamiento del Espíritu! Sólo quien es el Señor tiene la autoridad para bautizar con Espíritu Santo y fuego; Juan el Bautista entendía esto muy bien y ante Él se sentía indigno aún de desatar la correa del calzado (Lc.3:16). Para los judíos, David era el rey más grande que habían tenido y el tipo por excelencia del Mesías; esto es, los judíos tenían a David por señor. Sin embargo, el apóstol Pedro les hace ver la grandeza de Cristo superior a la de David, ya que David murió y fue sepultado y su sepulcro estaba con ellos (vr.29); todos sabían que David no resucitó y por lo tanto, tampoco ascendió al cielo glorificado (vr.34), a diferencia de Cristo, quien resucitó y subió a los cielos comprobándolo al derramar el Espíritu Santo que Dios había prometido. ¡Aleluya! Jesús es el Señor. Pedro comprueba que Jesús es el Señor usando la misma argumentación que meses atrás empleara el Señor Jesucristo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor; siéntate a mi derecha. Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? (Mt.22:42-45). Esto indica que Jesús es el Señor primeramente porque es el Hijo de Dios, de allí que el mismo David, el rey de Israel que sólo es hombre le llame Señor. Pero aún más allá de esto, lo que David está diciendo es que Dios (el Señor) le dijo a su Señor (Cristo Jesús el Señor de David) que se sentara a su diestra. En otras palabras, David profetizó la exaltación de Cristo Jesús; de modo que Jesús es el Señor no sólo a causa de su deidad como el Hijo de Dios, sino también como Hombre al ser obediente al Padre hasta la muerte (Fil.2:6-11; Rom.1:4).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:35

Comentario general

2.35 En cierta ocasión, Josué conquistó a los reyes amorreos y éstos fueron puestos como estrado de los pies de Israel: y cuando los hubieren llevado a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos (Jos.10:24). ¡Llegará el glorioso día en el que todos los que se han opuesto a Jesucristo sean humillados a sus pies reconociéndole como el Señor. Allí estarán los acérrimos ateos y tercos comunistas, los irreverentes y profanos, aún el diablo y sus demonios, ¡todos sus enemigos! Y notemos que serán puestos a sus pies, esto es, debajo de la iglesia tal y como Josué hiciera a sus principales guerreros pisotear a los reyes amorreos: Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Ef.1:22-23). ¡Aleluya! Aún el diablo que tanto daño ha hecho a los creyentes estará un día a los pies de la iglesia y ésta le pisoteará. ¡Gloria a Dios! ¡Bendito sea el Nombre del Señor! Es Dios, el Padre quien sujeta todas las cosas bajo el señorío de Cristo y no propiamente el Señor Jesús en ejercicio de su propio poder. Esto tiene un carácter administrativo. En 1Cor.15:24-28 el apóstol Pablo expresa esta misma verdad: Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1Cor.15:24-28). Esto no hace al Hijo inferior al Padre, por el contrario, lo hace Uno con Él (para que Dios sea todo en todos), a la vez que define las funciones de la Trinidad Divina.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:36

Comentario general

2.36 El mensaje revelado es verdad sin lugar a dudas: sepa, pues, ciertísimamente. El mensaje es dirigido primeramente a los israelitas, el pueblo de Dios a quienes vino el Mesías: toda la casa de Israel. El mensaje es acerca de Jesús y no de otro, Él es el Cristo: que a este Jesús. El mensaje incluye una acusación y un hecho histórico: a quien vosotros crucificasteis. El mensaje describe la obra y el propósito de Dios: Dios le ha hecho Señor y Cristo. El mensaje exalta la identidad de Jesús: Señor y Cristo. Después de toda la argumentación apostólica basada en las Sagradas Escrituras y en el derramamiento del Espíritu Santo que Pedro les presentó como pruebas, no podía haber lugar para dudas, la exaltación de Jesús a Señor y Cristo es un hecho anunciado, revelado, deducido y comprobado. La “casa de Israel” que implica la totalidad de los judíos no tenía razón para seguir rechazando a quien Dios mismo les había puesto por Señor. La traducción literal no sólo dice Señor y Cristo, sino Señor y también Cristo; lo que enfatiza que ambos términos son diferentes. Decirle a los judíos que Dios hizo a Jesús Señor (heb. Adon; gr. kyrios) era decirles a Quién debían de someterse como si se tratase de Dios mismo (nosotros sabemos que así es literalmente). Pero decirles que Dios hizo a Jesús el Cristo era hacerles ver que habían sido los homicidas del Mesías que tanto habían esperado. Cristo significa “ungido”; en el Antiguo Testamento se ungía a los reyes y sacerdotes, de modo que ahora sabían que habían crucificado a su Rey y Sumo-sacerdote por excelencia. ¡Cuán culpables se habrían sentido! ¡mataron a Aquel que venía a interceder por ellos… y ahora era su Señor, el Juez resucitado!

— Roberto Tinoco

Hechos 2:37

Comentario general

2.37 La directa y enfática acusación que les lanzara el apóstol Pedro en el versículo anterior surgió efecto. Su corazón fue compungido (gr. katenugesan); literalmente fue “punzado”, “traspasado”; perforó sus corazones atravesándolos de lado a lado. Las palabras de Pedro fueron como flechas que llegaron a lo más profundo de sus oyentes …este es el anhelo de todo predicador y la auténtica obra del Espíritu Santo en el convencimiento de justicia, de pecado y de juicio. Tan eficazmente habían sido conmovidos que no esperaron invitación alguna para venir al Señor, sino que ellos mismos apuraron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?. Podemos notar cómo los apóstoles eran uno a pesar de que sólo Pedro estaba hablando; de alguna manera los oyentes identificaban dicha unidad, pues se dirigieron a Pedro y a los demás. Lo más probable es que los once estuvieran en derredor a Pedro mientras éste predicaba. Por su parte, la desesperada pregunta de la multitud, “¿qué haremos?”, denota que se sintieron perdidos y se supieron condenados. El propósito de todo mensaje evangelístico este. El evangelio no es sólo un “sensibilizador”, tampoco predicamos para convencer a la gente, menos aún para entretenerla. La exposición del evangelio en el poder del Espíritu tiene como objetivo exponer al hombre a la realidad de su condenación para traerlo a la realidad del Salvador. “¿Qué haremos?”, debe ser el eco silencioso o audible de quienes escuchan el evangelio repetido justamente antes de la aplicación del mensaje. “¿Qué haremos?”, debe ser la expresión sincera de quienes buscan a Cristo. “¿Qué haremos?”, es, sin lugar a dudas, el grito de una conciencia desgarradoramente culpable. “¿Qué haremos?”, es la lucha del preso por el indulto. “¿Qué haremos?”, es el soltarse en los brazos de la misericordia divina. En cierto modo, todos debemos clamar por lo menos una vez en la vida a Dios: “¿qué haremos?”.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:38

Comentario general

2.38 Es justo que el portavoz inicial lo sea también del final. Es además necesario que todo mensaje evangelístico sea aplicado. Una predicación elocuente que olvida llevar a sus oyentes a tomar una decisión acerca de lo predicado ha perdido el sentido de su ministerio; lo más probable es que esté más interesado en “hacer un buen papel”. Cuán digno ejemplo de aplicación vemos en Pedro, quien no perdió tiempo con más argumentaciones, sino que aprovechó la oportunidad para llevar a los judíos reunidos a Cristo. Arrepentíos (gr. metanoesate) significa cambiar de modo de pensar, y por ende, de vivir. Su antigua manera de pensar fue el odio y la envidia, por lo que su antigua manera de vivir les llevó a gritar: “¡crucifícale!”. Así que ahora que el poder del evangelio había quebrantado su corazón, debían girar su pensamiento hasta el reconocimiento de que Jesús es el Señor y el Mesías, y cambiar su vivir de ellos mismos hacia Cristo. A esto se refería el apóstol con la orden de arrepentirse y bautizarse en el Nombre de Jesús y no a una supuesta fórmula bautismal. Argumentar una fórmula bautismal en base a este versículo es extraerlo por completo del contexto en el que fue dicho, así como violentar el propósito del Libro de los Hechos. Ahora, notemos cómo el bautismo sigue al arrepentimiento y nunca en orden inverso (de allí que no bauticemos a niños ni a personas sin convertir), porque el bautismo en aguas tiene el propósito de representar el cambio de vida que el arrepentimiento significa. Si arrepentirse habla de cambiar de mente y de vida, entonces implica un morir al pasado y un resucitar para Dios; de modo que si ha muerto requiere ser sepultado, y si ha sido sepultado, requiere resucitar. Esto es el bautismo: una muerte, sepultura y resurrección. Con respecto al perdón de los pecados referido en este versículo, algunos piensan al interpretar equivocadamente este versículo que se obtiene no sólo por la fe y el arrepentimiento, sino también por añadirle el rito del bautismo en aguas como esencial, llegando al absurdo herético de hacer del bautismo en aguas el agente de la regeneración. Ante esto, he de oponerme tajantemente junto a los maestros de la iglesia con sana doctrina; primero, porque si hace falta un acto externo de mi parte y la ayuda de otro hombre para que yo pueda ser salvo, entonces la salvación no es por gracia de Dios ni se aplica por la fe. La Palabra de Dios es clara al decir que tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes (Rom.5:2). Si necesito esencialmente el bautismo en agua para ser salvo de la condenación eterna, entonces otro hombre (el que oficia) es constituido en sacerdote y co-salvador junto con Cristo, ¡blasfemia! Si necesito del agua para que mis pecados sean lavados (ya que algunos citan Hch.22:16 con una pésima exégesis ), entonces, ¿dónde queda la sangre de Jesucristo? ¿Acaso dicha sangre carece del completo poder para lavar mis pecados? La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios nos limpia de todo pecado (1ªJn.1:7; Heb.9:14). El bautismo salva en el sentido de marcar una diferencia con el mundo al declararse así públicamente muerto al pecado y vivo para Dios, pero repito, no salva de la condenación, sino del mundo, ya que con el testimonio del bautismo nos hemos declarado fuera del sistema del mundo; el bautismo no quita el pecado, Pedro dijo muy claro: El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo. Nota cómo se habla de la resurrección, esto es, de la vida nueva y no dela vida eterna ni de la condenación; y nota también cómo no quita “las inmundicias de la carne”, esto sólo puede hacerlo la sangre de Jesucristo por la fe. Bautizados para testimonio de la fe en Cristo y del perdón de pecados recibidos en su sangre y no buscando un perdón como si la obra de Cristo fuera incompleta. La Biblia habla extensamente que todo aquel que cree en el Señor Jesús tiene vida eterna, y también que es imperativo arrepentirse para venir a Cristo; pero no habla así del bautismo; por ejemplo, el testimonio de los profetas, según Pedro dijo a Cornelio, es que todo aquel que cree en Cristo recibirá en su nombre remisión de pecados (Hch.10:43); y ante la pregunta ¿qué debo hacer para ser salvo? viene la respuesta: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo (Hch.16:30-31). También es clara al decir el que no creyere será condenado. Pero, ¿cuándo o dónde dice la Escritura que el que no se bautice será condenado? Y si así fuera, el ladrón arrepentido recibió de Cristo una falsa esperanza al prometérsele que ese día estaría en el paraíso cuando no fue bautizado. Si el bautismo en aguas fuese el medio de la salvación y de la regeneración, entonces ¿por qué el apóstol Pablo daba gracias a Dios porque él no había bautizado a ninguno de los Corintios? (1Cor.1:14,17). En el texto de Lucas: bapthistheto … eis aphesin ton hamartion que está traducido como bautícese … para perdón de los pecados. La misma estructura gramatical se usa en el versículo 25 del mismo capítulo porque David dice eis (acerca de) Él. Lógicamente la traducción no podría ser “David dice para Él”, sino “de o acerca de Él”. Así pues, en el versículo 38 tradúzcase: bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo por el (o cerca del) perdón de los pecados; es decir, bautícese por haber sido perdonados sus pecados. Este es el verdadero sentido del pasaje, ya que no nos bautizamos para ser salvos, sino que nos bautizamos para dar testimonio de que somos salvos. El apóstol Pedro continuó diciendo: y recibiréis el don del Espíritu Santo. La ocasión del sermón fue la de explicar el derramamiento del Espíritu Santo; Pedro no está condicionado dicho derramamiento al bautismo en agua, sino a la conversión a Cristo. Por ejemplo, en Hch.10:44-48 encontramos mientras Pedro predicaba el Espíritu se derramó sobre los oyentes y el apóstol se basó en eso para bautizarlos en agua después: ¿puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo…? De manera que, volviendo al capítulo 2, Pedro está diciéndole a los judíos que se conviertan a Cristo al decirles que se arrepientan y bauticen en su nombre para que reciban el don del Espíritu. El Espíritu vendrá, no por el rito, sino por la conversión. No hay nada que podamos nosotros hacer para recibir el Espíritu Santo, el texto dice que es un don, un regalo, un asunto de gracia inmerecida por nosotros. El pasaje no presenta una fórmula bautismal; no tiene ese propósito como tampoco en ningún otro pasaje del libro de los Hechos. Lucas no está escribiendo ni teología ni apología, sino registrando los sucesos apostólicos como un historiador. Hechos 2:38 debe traducirse bautícese cada uno de vosotros sobre (gr. epi) el nombre de Jesucristo, porque significa ser introducidos en la fe de Jesucristo, es decir, salir del judaísmo para venir a Cristo o al cristianismo, como comúnmente se le llama. A diferencia de Mt.28:19 en donde sí existe una fórmula bautismal por tratarse de una orden de bautizar. En este versículo se usa el término griego “eis” (en lugar del epi de Hch.2:38), así que se traduce literalmente “bautizándolos al nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, o bien “hacia” el nombre…” Esto es, consagrarse al Dios en tres Personas. (Con respecto a que Padre, Hijo y Espíritu Santo no es Nombre, véase tan sólo Is.9:6 como ejemplo de que tal argumento es absurdo, ya que allí dice “se llamará su Nombre… Padre eterno”. Y lo mismo podríamos decir del Hijo y del Espíritu, pero no tenemos el tiempo ni el espacio suficiente, además de que nos desviamos del propósito del versículo leído. Otro pasaje más que se usa al respecto es Hch.10:48; en él se utiliza el término en gr. “en” (a diferencia de Hch.2:38 “epi”; y Mt.28:19, “eis”); el cual significa ser introducido en la Persona de Cristo, es decir, salir del mundo gentil para seguir al Señor Jesús.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:39

Comentario general

2.39 En la línea temática de Pedro hallamos que, después de invitar a los judíos a convertirse a Cristo en el versículo anterior, les fortalece su fe diciéndoles que el don del Espíritu es una promesa de Dios al alcance de los descendientes: y para vuestros hijos. Al alcance de los gentiles: para todos los que están lejos (Ef.2:12-13). Y finalmente para todos los creyentes: para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. En otras palabras, el don del Espíritu traspasa barreras generacionales, ya que no sólo fue para aquel tiempo, sino que dicho bautismo del Espíritu es también para los descendientes de toda época. El don del Espíritu traspasa razas y fronteras, ya que es también “para todos los que están lejos”, en cualquier lugar y nación. El don del Espíritu traspasa barreras de raza, sexo, posición social y económica, etc. ¡todo! “es para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. ¡Aleluya! Cabe señalar que el don del Espíritu referido no puede ser otro sino el derramamiento del Espíritu Santo, ya que es la promesa del Padre que el apóstol está explicando como cumplida al citar al profeta Joel 2:28-32. Así que el bautismo en el Espíritu Santo es una bendición disponible para todo cristiano, para todos los salvos, para todo el que invoque el nombre del Señor (vr.21) (a esto se refiere con “todos los llamados”). El que algún cristiano no lo crea y por ello no lo pida es otra cosa, pero la promesa es que dará el Espíritu Santo a los que se lo crean, pidan y le obedezcan.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:40

Comentario general

2.40 El discurso de Pedro fue mucho más extenso que su registro correspondiente en el libro de los Hechos. El apóstol dio muchos más argumentos de cómo y por qué debían convertirse a Jesucristo. La vida de la iglesia incluye dar testimonio. Pedro testificaba, término que traduce el gr. dramarturomai y que significa “protestar solemnemente”. Tal testimonio implica mucho más que sólo hablar, dramarturomai es el énfasis de martyr (mártir). Pedro testificaba con muchas palabras, pero ser testigo (mártir) implica ser alguien que habla por experiencia, uno que ha vivido lo que declara. La iglesia testifica de Cristo porque vive en Él. Pero el apóstol no sólo testificaba, sino también exhortaba (exhortar, gr. parakalao). Exhortar no es regañar, como comúnmente se confunde; sino apremiar a alguien para que siga un curso de conducta determinado. Exhortar es animar a hacer algo. En este caso es animar a escapar del castigo de una generación incrédula que rechazó al Mesías. Tal es el contenido de la exhortación apostólica: “sed salvos de esta perversa generación”. No porque esa generación de Israel haya sido especialmente mala, sino porque esa generación cometió un pecado especialmente perverso: ¡Dios vino a ellos y lo rechazaron! En unos años más la ciudad sería destruida (Mt.24:1-2) y sobre ellos vendría la culpa de la sangre de Jesús (Mt.27:25), lo que los inculpaba de los pecados de la humanidad (Lc.11:51). El juicio venidero siempre acompañó la predicación apostólica del evangelio, tal práctica debe perpetuarse hoy. La realidad de la condenación debe hacerse real también en todo mensaje evangelístico. Y así como Pedro, todo predicador tiene el deber de cerciorarse que sus oyentes han comprendido el mensaje aunque tenga que hacer uso de “otras muchas palabras”; todo, con el único deseo de que sean salvos.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:41

Comentario general

2.41 La palabra a la que Lucas se refiere es la palabra de Pedro (lit. “la palabra de él”, es decir, de Pedro). Finalmente sólo puede ser añadida a un congregación la persona que acoge bien la palabra del pastor de dicha comunidad. Con todo, la palabra del siervo de Dios es la misma Palabra de su Señor, pues el que se une al Señor un espíritu es con Él (1Cor.6:17). La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios (Rom.10:17); y siendo que sin fe es imposible agradar a Dios (Heb.11:6), entonces tenemos que los judíos manifiestan fe al recibir la palabra, por lo que ya eran salvos y podían entonces ser bautizados como testimonio de su fe en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Rom.6:1-4; Hch.8:35-38). Aceptar la palabra implica ajustar la vida a ella (Stg.1:21-22). En el caso que nos ocupa, los judíos fueron desafiados a convertirse a Cristo, al mismo que habían crucificado, de modo que aceptar la palabra de Pedro (su mensaje) implicaba dejar el judaísmo para unirse a un nuevo movimiento: la iglesia. Pero más allá de un cambio de religión, ellos tuvieron un cambio de posición: de estar en contra de Cristo se pusieron por la fe a favor de Cristo; y esto públicamente, pues fueron bautizados en su Nombre. Aquí aprendemos que jamás debe ser unida a la iglesia una persona, salvo que haya creído en el Señor y tomado la decisión pública de un cambio de vida. La cosecha de la predicación pentecostés fue abundante: se añadieron aquel día como tres mil almas (lit. el alma es la persona y ésta posee un espíritu y está dentro de un cuerpo). Nada puede substituir el poder del Espíritu Santo en la cosecha de almas. Vemos también, por el orden de este versículo, que es saludable establecer como norma que sólo sean contados como miembros de la iglesia sólo aquellos convertidos a Cristo que han sido bautizados; refiriéndose por iglesia a la congregación local en su carácter administrativo y no salvífico. Después de todo, quien no ha roto con el mundo testificando públicamente su propia muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo en agua (Rom.6:1-5), ¿cómo puede tomar parte de la iglesia? (Stg.4:4). Los judíos entendían muy bien esto, ya que ellos mismos bautizaban a sus prosélitos al judaísmo.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:42

Comentario general

2.42 No cabe duda que la naciente iglesia estaba saturada de Dios. Dios es amor y ellos sabían amar. La iglesia amaba la enseñanza porque “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”; la iglesia amaba a sus miembros entre sí, porque “perseveraba en la comunión unos con otros”; la iglesia amaba al Señor porque “perseveraba en el partimiento del pan” en su memoria; y la iglesia amaba a Dios porque “perseveraba en las oraciones”, como la enamorada que no deja de hablar con su Amado. Veamos estos cuatro puntos un poco más atentamente: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles. Perseveraban (gr. proskartereo) significa “ser fuerte hacia” (de pros, “hacia”, utilizado intensivamente; y kartereo, ser fuerte). Proskartereo es esforzarse constantemente hacia un propósito específico sin desmayar; es insistir, luchar y obligarse a hacer algo propuesto sin tregua ni rendición. En este caso, la iglesia se había propuesto firmemente el ocuparse asiduamente “en la doctrina de los apóstoles”. La doctrina, cuando es la traducción del griego didache (como en este caso) denota tanto aquello que se enseña (contenido) como también el acto de enseñar (obra). De modo que “perseverar en la doctrina de los apóstoles” significa ocuparse asiduamente en el contenido de lo que los apóstoles enseñaban, esto es, perseverar en la doctrina de los apóstoles “ significa ocuparse asiduamente en el contenido de la sana doctrina; como también esforzarse sin desmayar en extender dicha doctrina apostólica. La iglesia no debe tener más doctrina que la doctrina apostólica, por ello es que Dios afirma en su Palabra: cualquiera que se extravía y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios (2Jn.9); es necesario aclarar que en el último versículo citado la palabra extravía es la traducción de proagos (gr.) que literalmente significa “marchar alejándose hacia adelante”. En otras palabras, sobrepasar la doctrina de los apóstoles, es decir, enseñar algo que ellos no enseñaron es dejar de perseverar en la doctrina apostólica y extraviarse de la fe. Perseveraban.. en la comunión unos con otros. Por cuanto se amaban se procuraban unos a otros; esta es la prueba del amor divino en la iglesia. Sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos (1ªJn.3:14). Si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado (1ªJn.1:7). Los primeros creyentes se ocupaban asiduamente de la unidad de la iglesia. Mantenerse unidos (como uno) era y es trabajo de todos: “unos a otros”. Ponían todo su empeño en la “koinonia” (comunión en gr.). Koinonia es mantener una estrecha relación de compañerismo y hermandad; unidad que sólo es posible mediante el Espíritu Santo. El camino de la vida eterna es angosto, ya que sólo es posible que pase un hombre, es decir, el Nuevo Hombre, ni siquiera dos pueden andarlo, debemos de ser uno. ¿Qué haremos? ¿esperar a que el hermano me procure? ¿oraré para que él sea movido a buscarme? ¡No! Soy yo quien debo estar solícito en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; después de todo, sólo así andaré a la altura de la dignidad a la que fui llamado (Ef.4:1-6). Alguien dijo que la única oración que la iglesia puede responder es: que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste (Jn.17:21). Vemos pues aquí, que la vida de la iglesia no depende sólo de reunirnos el día domingo, saludarnos y despedirnos; sino que la vida de la iglesia es que sus miembros se procuren unos a otros esforzándose por mantenerse unidos en un cuerpo. Esta comunión incluye el ministrarse unos a otros según los dones de unos y las necesidades de otros. La comunión de los hermanos es indispensable; no se trata de un club social ni de un gremio sindical, la iglesia es el cuerpo de Cristo y la comunión de sus miembros garantiza la vida del cuerpo mismo; de hecho, en medida que tenemos comunión con los hermanos es que tenemos comunión con el mismo Dios; y nadie se extrañe de esto, pues esta es la enseñanza apostólica: para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1Jn.1:3). ¡Perseveremos entonces en la comunión! Notemos cómo la unidad surgió como resultado del derramamiento del Espíritu Santo; para mí, no hay mejor evidencia de la llenura del Espíritu que el ver unido al cuerpo. Perseveraban …en el partimiento del pan. Esta es una referencia a la cena del Señor que la iglesia celebra por amor a Cristo en memoria de su nombre (Lc.22:19; 1Cor.11:24-25). En este versículo se le llama a la cena del Señor “el partimiento del pan” y no “la cena señorial” ni “la mesa del Señor” como en algunas otras porciones bíblicas porque el énfasis de este versículo y de Hechos es la vida de la iglesia como el conducto de la vida divina, es decir, si se le llamara aquí la cena del Señor, nuestro entendimiento sería puesto sólo en el Señor; y si se le llamase “la copa de bendición”, entonces nuestro énfasis aquí sería el perdón de nuestros pecados; sin embargo, se le llama “el partimiento del pan” para llevarnos a la visión del cuerpo de Cristo, a la unidad de la iglesia. Puesto que el pan es uno solo, nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo; pues todos participamos de un solo pan (1Cor.10:17). ¿Y quiénes eran los que perseveraban en el partimiento del pan? Claramente vemos que la iglesia. Nadie fuera de los miembros del cuerpo de Cristo puede participar de este pan. Vemos por ejemplo en Jn.13:21-30 que Judas fue apurado a irse por parte del Señor antes de la institución de la Cena. Y textos como este (Hch.2:42), así como Hch.2:46 van precedidos de Hch.2:38 y 41 en donde se nos aclara que los participantes de la cena del Señor eran los que creyeron y fueron bautizados. Acerca de esto mismo dice Hch.20:7 que quienes se reunían a partir el pan eran “los discípulos” (así eran llamados los cristianos). ¿No dice la Escritura que con aquel que se hace llamar hermano y practica el pecado ni aún comamos? (1Cor.5:11). Perseverar en el partimiento del pan significa procurar el esforzado empeño que la iglesia celebre en unidad y con regularidad la cena del Señor en memoria de Él. Es mucho más que un mero ritual; la cena del Señor, llamada aquí “el partimiento del pan” es el disfrute de Cristo al recordarlo por la fe. Cenar con alguien es algo íntimo, es establecer una relación en común, por ello el Señor dice a la iglesia: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo (Ap.3:20); en otras palabras, “disfrutaré su presencia y él la mía”. De este modo, el partimiento del pan es el disfrutar a Cristo en la comunión de los hermanos; es decir, al disfrutar a los hermanos al recordar juntos al Señor partiendo el pan, estamos disfrutando a Cristo. Perseveraban …en las oraciones. La iglesia apostólica tenía una especial dedicación a la oración. Este parece ser el orden correcto: la sana enseñanza seguida de la sana comunión produce la sana liturgia (a cena) y la sana devoción: la oración. Si lo que aprendemos y practicamos no nos lleva a la comunión con Dios, entonces no estamos aprendiendo lo que debemos. Vimos en el capítulo primero (vr.14) que los primeros creyentes eran intensivos hacia la oración asistiendo al templo mañana y tarde a las horas de acción, además de las oraciones en casa que practicaban. Para ellos era literal: orad sin cesar, dad gracias en todo porque esta es la voluntad de Dios (1Ts.5:17-18). Al perseverar en la enseñanza apostólica estaban siendo uno con Dios en la extensión de su reino a través de la preservación de la fe y su proclamación. Al perseverar en la comunión unos con otros y en el partimiento del pan estaban siendo uno con Dios en su cuerpo, la iglesia; manifestando así la vida divina. Y al perseverar en las oraciones estaban siendo uno con Dios en su propósito al cooperar con Él en el establecimiento de su reino (véanse las notas sobre la oración de autoridad en Ap.8:1-6). Sólo oran los vivos y sólo viven los que oran. Una iglesia que se preocupa por orar no tendrá más de qué preocuparse. A la iglesia le esperaban años luchando de pie, así que debía pasar todo lo posible de rodillas. La altura de una iglesia se mide en que sus miembros regularmente no pasan de un metro de alto… viven postrados. La iglesia ora porque sabe que su tarea es titánica y su enemigo formidable por lo que requiere de un Aliado invencible. Si hoy perseveramos como iglesia en la oración es seguro que podremos perseverar en todo lo demás que el Señor y la vida nos requieran.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:43

Comentario general

2.43 Y sobrevino phobos a toda alma, es por demás gráfico y emocionante. Phobos, traducido temor, en un principio significaba huida, y después vino a denotar aquello que puede provocar la huida. Es la misma palabra para indicar el miedo de los discípulos cuando gritaron al ver a Jesús sobre las aguas confundiéndole con un fantasma (Mt.14:26). Phobos es también la palabra que define el miedo de los guardias cuando vieron al ángel en el día de la resurrección del Señor: temblaron por miedo (phobos) de él y quedaron como muertos (Mt.28:4). ¡Aleluya! La ciudad de Jerusalén quedó espantada y llena de miedo al mirar como Dios hacía maravillas y señales a través de los apóstoles. Lo mismo sucedió cuando el Señor resucitó al hijo de la viuda de Naín (Lc.7:14-16). Cuando el Dios que se manifestaba en el monte al que nadie se podía acercar se manifiesta, entonces su poder hace declarar al hombre con miedo: ¡Dios ha visitado a su pueblo!. Aunque no siempre este temor es fe para salvación, pues el mismo llevó a los gadarenos a rechazar al Señor (Lc.8:37). Con todo, nuestro Dios es digno de ser temido (Sal.96:4). Dios es temible en la gran asamblea de los santos; formidable sobre todos cuantos están a su alrededor (Sal.89:7). Y si tal es el Dios de la iglesia, entonces tal es la iglesia. Notemos cómo las muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. De antemano sabemos que no era el poder de los apóstoles lo que hacía aquello, sino el poder de Dios en ellos; pero la simple estructura gramatical del versículo nos sugiere que el poder de Dios ya era uno con los apóstoles; es decir, Dios y los apóstoles eran uno, de allí que se diga que las maravillas y señales fuesen hechos por ellos. ¡La iglesia de Cristo es gloriosa! ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, sahumada de mina y de incienso y de todo polvo aromático? He aquí es la litera de Salomón; sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra… ¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden? ¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado? (Cant.3:6-8; 6:10; 8:5). Lo que Dios es lo ha depositado en su iglesia. Cuando Dios hace esto en su pueblo es normal que produzca temor al mundo, sobrevino temor a toda persona; Yahwéh está en su santo templo (que es la iglesia) ¡calle delante de Él toda la tierra! (Hab.2:20). Por otro lado, las maravillas (gr. teras), se refieren a acontecimientos como milagros, que producen la admiración y el asombro de los presentes. Mientras que las señales (gr. semeion) se refieren a las manifestaciones sobrenaturales como las sanidades y dones que confirman efectivamente que el Señor Jesucristo resucitó y Dios lo hizo Señor y Cristo. En relación a los apóstoles véase la nota al respecto en 1:2. Dios respalda a sus enviados cuando éstos exaltan a Quien los envió. Muchos comentaristas dicen que estas cosas fueron para aquel tiempo y no para el presente, y dan argumentos para sostener su afirmación; sin embargo, elige una fe simple - sigue creyendo que estas señales seguirán a los que creen… (Mr.16:17); y que …aún mayores obras se harán (Jn.14:12).

— Roberto Tinoco

Hechos 2:44

Comentario general

2.44-45 La evidencia de la fe es la unidad: todos los que habían creído estaban juntos. Asimismo, la evidencia de que la fe se ha perfeccionado es el amor: todos los que habían creído …tenían en común todas las cosas… y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno (Stg.2:14-17). No se puede aceptar a Cristo sin aceptar a los hermanos; y tampoco es posible aceptar a los hermanos sin juntarse con ellos. Por otro lado, estar los hermanos juntos es el primer paso hacia la bendición y vida eterna (Sal.133). Con respecto a la manera en que compartían sus propiedades y sus bienes con todos, esta es la manifestación espontánea de un corazón agradecido y no un precepto que deba imponerse en los creyentes. El dar es un acto de generosidad, mas cuando es impuesto deja de serlo (2 Cor.9:5). Vemos por ejemplo, en Hch.5:4 que el vender los bienes y darlo a la iglesia, esto es, a sus miembros, no era una práctica obligatoria. ¡Pero qué hermosa es una iglesia generosa! ¿Quién tiene dolor en una mano y no la protege, o frío en un pie y no lo cubre, o desnudez en un miembro y no lo cubre? Así también, quien entiende que la iglesia es el cuerpo de Cristo lo cuida con todo lo que puede. Con todo, esta clase de vida comunitaria no es comunismo en el sentido político del término; pues no se trataba de que todos tuvieran igual cantidad de todo, sino que no hubiera necesitados entre ellos: “repartían… según la necesidad de cada uno”. Lo normal es que en una iglesia ninguno de sus miembros padezca de hambre o de frío o de desnudez o de falta de techo a lo menos.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:45

Comentario general

2.44-45 La evidencia de la fe es la unidad: todos los que habían creído estaban juntos. Asimismo, la evidencia de que la fe se ha perfeccionado es el amor: todos los que habían creído …tenían en común todas las cosas… y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno (Stg.2:14-17). No se puede aceptar a Cristo sin aceptar a los hermanos; y tampoco es posible aceptar a los hermanos sin juntarse con ellos. Por otro lado, estar los hermanos juntos es el primer paso hacia la bendición y vida eterna (Sal.133). Con respecto a la manera en que compartían sus propiedades y sus bienes con todos, esta es la manifestación espontánea de un corazón agradecido y no un precepto que deba imponerse en los creyentes. El dar es un acto de generosidad, mas cuando es impuesto deja de serlo (2 Cor.9:5). Vemos por ejemplo, en Hch.5:4 que el vender los bienes y darlo a la iglesia, esto es, a sus miembros, no era una práctica obligatoria. ¡Pero qué hermosa es una iglesia generosa! ¿Quién tiene dolor en una mano y no la protege, o frío en un pie y no lo cubre, o desnudez en un miembro y no lo cubre? Así también, quien entiende que la iglesia es el cuerpo de Cristo lo cuida con todo lo que puede. Con todo, esta clase de vida comunitaria no es comunismo en el sentido político del término; pues no se trataba de que todos tuvieran igual cantidad de todo, sino que no hubiera necesitados entre ellos: “repartían… según la necesidad de cada uno”. Lo normal es que en una iglesia ninguno de sus miembros padezca de hambre o de frío o de desnudez o de falta de techo a lo menos.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:46

Comentario general

2.46 A través de la repetición Lucas enfatiza dos principios fundamentales de la iglesia: El primero es la perseverancia (Hch.1:14; 2:42,46); y el segundo es la unidad (1:4; 2:46; 14:1; 19:29; 2:17). Si hay algo en lo que debemos ser persistentes, es en que seamos uno. Tal persistencia debe sobrepujar el tiempo: “cada día”; y el lugar: “en el templo… y por las casas”. Respecto a la unidad, ¿cuál es la manera práctica de guardarla? La respuesta se encuentra en las cosas básicas de la vida, en juntarse para comer en un ambiente de gozo y con un corazón humilde “comían juntos con alegría y sencillez de corazón”. Vemos también que los primeros cristianos no abandonaron el templo de Jerusalén, esto es extraño, pues el mismo Señor Jesucristo lo había abandonado ya (véanse las notas de Mt.23:37-24:2). Los primeros discípulos no entendían aun que Dios había desechado el judaísmo. Pero además, Dios se valió de esta ignorancia de la iglesia para que diese testimonio precisamente allí en el centro mismo del huracán (Hch.5:42). Y en relación a nosotros, he aquí el ejemplo delante; en aquí el ejemplo delante; he aquí el perseverar unánimes en reunirse diariamente en el templo… como el enamorado busca a la persona amada; y como el hambriento bebe anhela al seno materno. Reuniéndose diariamente y no sólo los domingos. La iglesia mantenía servicios diarios entre el templo y las reuniones en las casas; celebrando la Cena del Señor. La iglesia debe ser un culto permanente en donde participen todos sus miembros y no sólo los ministros.

— Roberto Tinoco

Hechos 2:47

Comentario general

2.47 Alabar del griego aineo, significa “hablar en alabanza de”; es decir, hablar exaltando y elogiando a Dios delante de los hombres. La iglesia alababa a Dios en sus servicios, pero en este versículo significa que hablaba bien de Él a los demás, de allí que tenía favor con todo el pueblo, o lo que es lo mismo, gozaba de buena reputación ante la sociedad, era respetada y espiritualmente poderosa, por eso era creciente. Con relación a la segunda parte de este versículo, la versión Reina-Valera 60 traduce: Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos; sin embargo, la traducción literal más acertada es: Y el Señor añadía a los que iban siendo salvos cada día a lo mismo. ¡Gloria a Dios! Esto significa que conforme iban siendo alcanzados por el evangelio y convirtiéndose al Señor, Dios los agregaba a la vida de la iglesia, eso es pasivo, es como ser anotados en una membresía nada más; pero el texto dice que iban siendo agregados “a lo mismo”. ¿Qué es “a lo mismo”? ¡Es lo que la iglesia practicaba! A saber: la doctrina apostólica, la comunión de los hermanos, el partimiento del pan, las oraciones, las reuniones en el templo y en los hogares, la convivencia, etc. (vrs.42-46) ¡La vida de la iglesia! Ningún recién convertido debe vivir individualmente, separado del Cuerpo, pues si lo hace morirá. Lo normal es que todos aquellos que van siendo salvos sean involucrados y participen en la vida de la iglesia; nadie hace esto mejor que Dios mismo. Y también, lo normal es que esto sea “cada día”; creciendo diaria y constantemente. El crecimiento de la iglesia es el visto bueno de su vida práctica. Es de esta manera que Dios estaba extendiendo su vida a través de la vida de la iglesia.

— Roberto Tinoco

🔴
🔴