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Lucas 8
Las mujeres que seguían a Jesús
1Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,🗨📝 2y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,🗨📝 3Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.🗨📝Parábola del sembrador
4Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola:🗨📝 5El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron.🗨📝 6Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.🗨📝 7Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron.🗨📝 8Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.🗨📝 9Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?🗨📝 10Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.🗨📝 11Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios.🗨📝 12Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.🗨📝 13Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.🗨📝 14La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.🗨📝 15Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.🗨📝Parábola de la lámpara
16Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz.🗨📝 17Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz.🗨📝 18Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.🗨📝La verdadera familia de Jesús
19Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud.🗨📝 20Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.🗨📝 21El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.🗨📝Jesús calma la tormenta
22Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: al otro lado del lago. Y partieron.🗨📝 23Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban.🗨📝 24Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza.🗨📝 25Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?🗨📝Jesús sana a un hombre endemoniado
26Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea.🗨📝 27Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros.🗨📝 28Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.🗨📝 29(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.)🗨📝 30Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.🗨📝 31Y le rogaban que no los mandase ir al abismo.🗨📝 32Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso.🗨📝 33Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.🗨📝 34Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos.🗨📝 35Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.🗨📝 36Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.🗨📝 37Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió.🗨📝 38Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo:🗨📝 39Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.🗨📝Jesús sana en respuesta a la fe
40Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban.🗨📝 41Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;🗨📝 42porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. Y mientras iba, la multitud le oprimía.🗨📝 43Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada,🗨📝 44se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.🗨📝 45Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?🗨📝 46Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.🗨📝 47Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.🗨📝 48Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.🗨📝 49Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.🗨📝 50Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva.🗨📝 51Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña.🗨📝 52Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme.🗨📝 53Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta.🗨📝 54Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate.🗨📝 55Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer.🗨📝 56Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Lucas 8:1
8.1 Después de manifestar salvación hacia una mujer de mala fama en casa de Simón el fariseo; el Señor Jesús continuó su arduo trabajo. Su ministerio no se detenía en la salvación de un alma, era como si Jesús tratara de llegar a cada persona, salvación para todos, en la medida de lo posible. Iba por todas las ciudades y aldeas, por todas, no solo por algunas ni siquiera la mayoría o las más estrategicas. El Salvador es Salvador de todos e intentó llegar a todos. Fuesen honorables como Simón o vergonzosos como la mujer en cuestión, Jesús iba por todos. Si alguno se pierde, será porque no aceptó al Salvador. El Salvador fue predicando y anunciando el reino de Dios. Una cosa es predicar y otra anunciar. Predicar, traduce el griego kerússo, se refiere a la proclamación pública propiamente dicha, lo que hoy conocemos como predicación, sermón a las multitudes. Mientras que anunciar va ligado a “anunciando el evangelio”, del griego evangelízo, evangelizar. Como hablar uno a uno o a grupos pequeños acerca del Salvador Jesús. Semejante a enseñar. El tema de su mensaje era el reino de Dios, es decir, que el Mesías vino a traer la autoridad del cielo a la tierra. Y lo mismo que hacía Jesús, lo hacían también sus doce discípulos, desde el apasionado Pedro hasta el traidor Judas (que todavía no era traidor).
— Roberto Tinoco
Lucas 8:2
8.2-3 Juntamente con los doce discípulos de Jesús, le acompañaban también mujeres liberadas de demonios. Se mencionan entre ellas como sobresalientes a María Magdalena, Juana, Susana y otras. Ellas también evangelizaban, pero primordialmente, patrocinaban financieramente el ministerio del Salvador. ¿Mujeres sosteniendo económicamente el ministerio de Jesús? Así es, por escandaloso que esto pudiera parecer en este siglo y más aún, en el primero. Acerca de dichas mujeres, la primera es llamada María, cuyo sobrenombre para identificarla es Magdalena, posiblemente de Magdala, una ciudad cercana al lago de Genesaret. Lo significativo de ella es que se mencione que habían salido siete demonios de su ser. Siendo que se mencionan en los evangelios siete casos de endemoniados, pareciera ser un símbolo de que María sufría el cúmulo o todo lo que un endemoniado puede padecer. Su vida antes de Jesús fue terrible, de ahí que ella llegara a amar y a servir al Maestro tan apasionada y fielmente. Algunos han intentado degradarla llamándola prostituta y otros, relacionándola sentimentalmente con Jesús. Ambas cosas son inventos de los que nada habla la Sagrada Escritura. La segunda mujer mencionada en Juana, la mujer de Chuza, el que servía a Herodes como su intendente o administrador superior de la economía bajo el gobierno de Herodes. Se trataba de una mujer eminente, posiblemente solo la mujer de Herodes estaba por encima de ella. ¿Cómo fue posible que Chuza le permitiera irse detrás de Jesús de aldea en aldea y de ciudad en ciudad? ¿Y cómo le permitía participar en su sostenimiento económico (posiblemente la mayor patrocinadora)? Chuza la dejó ir, pues también ella fue una mujer liberada por Jesús de sus demonios. Había gratitud familiar en el asunto. Acerca de Susana nada sabemos, salvo su liberación y que participaba también económicamente, lo mismo que muchas otras mujeres que servían al Señor con sus bienes. Históricamente, la generosidad de las mujeres, financieramente hablando, ha sido mayor que la de los hombres; no porque hayan dado más, sino porque porcentualmente se esforzaron más en dar.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:3
8.2-3 Juntamente con los doce discípulos de Jesús, le acompañaban también mujeres liberadas de demonios. Se mencionan entre ellas como sobresalientes a María Magdalena, Juana, Susana y otras. Ellas también evangelizaban, pero primordialmente, patrocinaban financieramente el ministerio del Salvador. ¿Mujeres sosteniendo económicamente el ministerio de Jesús? Así es, por escandaloso que esto pudiera parecer en este siglo y más aún, en el primero. Acerca de dichas mujeres, la primera es llamada María, cuyo sobrenombre para identificarla es Magdalena, posiblemente de Magdala, una ciudad cercana al lago de Genesaret. Lo significativo de ella es que se mencione que habían salido siete demonios de su ser. Siendo que se mencionan en los evangelios siete casos de endemoniados, pareciera ser un símbolo de que María sufría el cúmulo o todo lo que un endemoniado puede padecer. Su vida antes de Jesús fue terrible, de ahí que ella llegara a amar y a servir al Maestro tan apasionada y fielmente. Algunos han intentado degradarla llamándola prostituta y otros, relacionándola sentimentalmente con Jesús. Ambas cosas son inventos de los que nada habla la Sagrada Escritura. La segunda mujer mencionada en Juana, la mujer de Chuza, el que servía a Herodes como su intendente o administrador superior de la economía bajo el gobierno de Herodes. Se trataba de una mujer eminente, posiblemente solo la mujer de Herodes estaba por encima de ella. ¿Cómo fue posible que Chuza le permitiera irse detrás de Jesús de aldea en aldea y de ciudad en ciudad? ¿Y cómo le permitía participar en su sostenimiento económico (posiblemente la mayor patrocinadora)? Chuza la dejó ir, pues también ella fue una mujer liberada por Jesús de sus demonios. Había gratitud familiar en el asunto. Acerca de Susana nada sabemos, salvo su liberación y que participaba también económicamente, lo mismo que muchas otras mujeres que servían al Señor con sus bienes. Históricamente, la generosidad de las mujeres, financieramente hablando, ha sido mayor que la de los hombres; no porque hayan dado más, sino porque porcentualmente se esforzaron más en dar.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:4
8.4 Jesús es el Hombre perfecto, el imán sin igual. Multitudes vinieron a Él sin los beneficios de la publicidad moderna. De boca en boca se corrió su fama por todo el mundo. Nada ni nadie es más atractivo que el Señor Jesucristo. Aun hoy, nada despierta más pasiones a favor y en contra que Jesús. Él es el centro de la historia y la creación entera orbita en su derredor. El Señor Jesús solía hablar en parábolas, como Él mismo lo explicó, para que fuera en código, de modo que se entendiese con el corazón. Su mensaje sólo puede ser entendido y recibido por los que quieren seguirlo. Dignísimo Maestro. No busca aplausos, sino sinceridad. Salva el alma, no el ego.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:5
8.5 En esta parábola del sembrador, registrada por Lucas, el énfasis se encuentra en la calidad de la tierra. La semilla es la misma: la Palabra de Dios. Lo que cambia y que define la cantidad de fruto, si lo hay, es el tipo de tierra. En el estricto apego a la parábola y sin que esto sea una estadística definitiva, únicamente la cuarta parte de los oyentes es buena tierra (y eso si cada parte tenía la misma cantidad, pues lo lógico sería que sea mayor la que fue sembrada en el campo bueno, a diferencia de lo que accidentalmente cayó en suelo infértil y en el no labrado). Una parte cayó junto al camino. Es la clase de personas que tienen el corazón duro por el transitar del mundo. Están endurecidos por los que han pasado por sus vidas y, por tanto, ya no reciben palabra alguna. Desconfiados, incrédulos, heridos. Incapaces de volver a arriesgarse a volver a sufrir, decidieron nunca más volver a confiar. Para ellos todos son malos, así que se dedican exclusivamente a sí mismos. Lo peor de esta actitud, es que las criaturas de las tinieblas, los ángeles que cayeron, les roben la semilla. Estos entes espirituales de maldad aprovechan la dureza del corazón y la amargura para robar la Palabra de Dios que parecían haber recibido tales personas.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:6
8.6 Otra clase de individuos carecen de profundidad. De momento oyen la Palabra de Dios, pero no les llega al corazón. Ni siquiera podemos asegurar que sean creyentes tibios, parecen más, inconversos. No tienen vida, no hay humedad. Al principio parece salir la planta o dar resultado la Palabra de Dios, muestran inicialmente cierto tipo de fe, pero pierden fácilmente el resultado. Son superficiales, lo mismo que su devoción. Los tales no permanecen en el reino de Dios, pues si algo es necesario en dicho reino es precisamente la perseverancia.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:7
8.7 Existen también aquellos que parecen terrenos llenos de espinos, recordando que los espinos son consecuencia directa de la caída. La tierra produciría espinos y cardos a Adán, lo que significa que ganarse el pan sería afanoso y cansado. La ironía de este mundo es que ganándose la vida es como más fácilmente se pierde. Son las personas que parecen convertirse pero que, con el paso del tiempo y por los afanes de este mundo, se van apartando poco a poco hasta perder la Vida verdadera. Terminan perdidos como si nunca hubieran recibido la Palabra de Dios. Lo absurdo es que siempre se dicen ser cristianos, al menos nominalmente. Ni siquiera son conscientes de que sus afanes ahogaron el mensaje de la Palabra de Dios en ellos.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:8
8.8 A pesar de las malas calidades de tierra descritas en los versículos precedentes, siempre hay personas dispuestas a recibir la Palabra de Dios de corazón y con fe. Son buena tierra, fértiles a la Vida original, la Vida que descendió del cielo. En ellos nace la Vida y se desarrolla hasta dar fruto satiesfaciendo a Dios y a su prójimo. Y no poco fruto, sino a ciento por uno (figura de abundancia). La vida cristiana verdadera es muy fructífera. Conforme a su costumbre, el Señor retó a sus oyentes discriminándo a los que no querían seguirle como aquellos que carecían de oídos para oírle. Su mensaje fue siempre directo, frontal, confrontador. No estaba diseñado con el propósito principal de hacer sentir bien, aunque consolaba y proporcionaba paz; sino de introducir la Vida celestial al que decidiera confiar en Él.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:9
8.9 Sus discipulos preguntaron al Hijo del Hombre por el significado de la parábola. Suponemos que algo entendían, pero querían comprenderlo mejor, pues ellos eran de los que sí tenían oídos para oír. Esto es desafiante: no todos oyen y de los que oyen, no todos oyen igualmente claro. Hay distintos tipos de entendimiento o revelación. ¿Cómo podemos comprender más y mejor? Los discípulos aprovechaban su cercanía como un privilegio para crecer en la revelación de la Palabra de Dios, lo que nos permite una gran enseñanza: intima con Dios, a ellos el Señor da a conocer los secretos de su pacto.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:10
8.10 Hay un código divino. ¿Por qué solía Jesús hablar en parábolas? Para separar a los que querían escuchar de los que no. En el reino terrenal, el sonido sólo puede ser escuchado por quienes tienen los órganos auditivos apropiados para ello; en el reino espiritual es semejante, su sonido únicamente puede ser oído por quienes tienen los órganos espirituales abiertos. Dichos oídos se desarrollan en aquellos que desean escuchar; por ejemplo, un músico va desarrollando su oído musical con el paso del tiempo mientras entrena diariamente en la música. El don viene de nacimiento, pero luego debe desarrollar su don, ya que el oído musical no se desarrolla por accidente, sino por entrenamiento. El oído espiritual también se desarrolla por entrenamiento. A medida que disponemos nuestra voluntad y procuramos intimar con Dios en aquellas cosas que llamamos las cosas de Dios, es que podemos comprenderlas. Quien no desea oír ni practicar la Palabra de Dios, termina por parecerle como sonidos sin sentido, locura, mera palabrería. Jesús le hablaba en parábolas a la gente porque no tenía tiempo que perder, su ministerio era breve y requería de la mayor efectividad posible; por esto, hablaba de tal manera que su mensaje fuera comprendido sólo por los que tenían voluntad de oír. Él no daba “conciertos espirituales” a “sordos espirituales”. Para el Maestro, escuchar la Palabra de Dios tenía una condición: relación. Dijo: “a vosotros es dado conocer”; se refería a los suyos, a sus amigos y seguidores que pasaban tiempo en su compañía. A diferencia de “los otros que no entienden”; respecto de multitudes sin compromiso ni fe ni relación con Él. La única manera de comprender la Palabra de Dios es hablando el idioma del Dios de la Palabra. Y la única forma de aprender el idioma del Dios de la Palabra es pasando tiempo con Él conociéndole. Los niños aprenden a partir de la comunión. A medida que pasan tiempo con sus padres aprenden a hablar como ellos porque les escuchan hablar. Tendrán sus mismas palabras, acento e idiosincrasia idiomática. De eso estaba hablando el Señor cuando dijo: “en aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Lucas 10:21-22). Si no escuchamos la Palabra de Dios; es decir, si no entendemos las cosas de Dios, el problema no se encuentra en el intelecto, sino en la voluntad. Se necesita ser como un niño sencillo que anda detrás de Jesús para que Jesús le revele los asuntos espirituales. En realidad, los oídos sordos son corazones indiferentes. ¿Quiénes tienen sordera espiritual? Los de espíritu soberbio e indiferente (Lucas 10:21). Los de espíritu triste, deprimido y de esclavo (Exodo 6:9). Los de espíritu duro y que se ofenden fácilmente (Jeremías 6:10; Zacarías 7:11-12). Los de espíritu rebelde y desobediente (Ezequiel 12:2). Los de espíritu de estupor (Romanos 11:18). Los que un día oyeron y no obedecieron (Santiago 1:22; Amós 8:12). ¿Y cómo se destapan los oídos espirituales? Un sinónimo de “destapar los oídos” es “circuncidar los oídos” (Hechos 7:51). Esto nos ilustra cómo podemos hace que los oídos que no escuchan a Dios o no entienden las cosas de Dios, puedan hacerlo. La circuncisión en tiempos de los patriarcas se efectuaba cortando el prepucio con un pedernal o piedra afilada (Ex. 4:25; Jos. 5:2-3). Este era un procedimiento muy doloroso (Gen. 34:25). Dicho pedernal representa la dureza que golpea y corta. Esto es la circuncisión de los oídos: el golpe de Dios que arranca la carnalidad. Es dolor del arrepentimiento ante todas aquellas cosas que nos impiden escuchar a Dios. Dice la palabra: “¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír. La palabra, pues, de Yahwéh les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos” (Isaías 28:9-13). ¿Qué significa esto? Que Dios está intentando que el hombre entienda. Curiosamente son los pequeños o sencillos quienes lo hacen. Y aunque les da mandamientos y mensajes, palabras, frases, etc. Son para el oyente que no quiere oír como un balbuceo de tartamudos, como escuchar hablar en lenguas sin interpretación; y aunque Dios les promete descanso no quieren escuchar. Entonces, ¿qué hace Dios? Envía ahora una palabra fuerte que les quebrante y les lleve a arrepentirse a partir de duras experiencias. Dios se hará escuchar porque sabe que si el hombre no le oye se perderá eternamente sin esperanza. Es aquí donde la palabra profética aparece. Si no oyen a la enseñanza y a la palabra pastoral, e incluso a la palabra profética de bendición, entonces recibirán la palabra profética de advertencia y exhortación, antes de la palabra de juicio o reprensión. Es importante poder oír y entender, porque tener oídos espirituales abiertos es como tener las llaves del reino. Quien tiene el código o la llave tiene el acceso. Los oídos espirituales son una ventaja en asuntos espirituales. Es como conocer las ofertas antes de que aparezcan publicadas. Cuando sabes lo que Dios va a hacer te anticipas y participas de ello. Conoces el resultado antes del juego; sabes los números de la lotería antes del sorteo; y tienes el lugar exacto del oro en la mina. ¿Te gustaría prevenir el accidente de tus amados? ¿Querrías conocer el secreto del éxito? El reino de los cielos se caracteriza por anunciar sus secretos antes de que sucedan, a fin de hallar quienes se apoderarán de sus bendiciones: Nada hará Dios sin anunciarlo a sus siervos los profetas (Amós 3:7). Dios da a conocer su secreto a quienes intiman con Él (Sal. 25:14). Los amigos de Jesús se enteran de todas las cosas de su reino (Juan 15:15). Por eso es que una frase que Jesús acostumbraba decir era: “el que tiene oídos para oír, oiga” (Mar. 4:23). ¿Quiénes son los que tienen oídos para oír? Los que están escuchando al Espíritu de Dios (Ap. 2:7, 11, 17, 29). Para muchos, al oír la Palabra sólo están escuchando a un hombre o a una mujer; pero para aquellos que han circuncidado sus oídos mediante el arrepentimiento y dolor del corazón, están escuchando a Dios: “por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tes. 2:13). De esta manera reciben sus beneficios o lo que es lo mismo, los cielos se abren a ellos. Están usando una de las llaves del reino: la capacidad de oír. ¿Te ha pasado que te pierdas de algo bueno porque no te diste cuenta de ello? Quizá dijiste: “no lo escuché”. Nada es peor que perderte de la visitación de Dios por no haber oído que se presentaría, así que es momento de circuncidar tu oído, o lo que es lo mismo, arrepentirse de aquellas cosas que han estorbado el oír.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:11
8.11 El Señor Jesús da la interpretación a su parábola y con ello, nos da la oportunidad de acceder a la vida original. La semilla, la espora, es la Palabra de Dios. Así como una semilla tiene el potencial de vida de la planta o árbol que representa, un bosque puede estar en ella; así la Vida eterna, la original, con todo el potencial que implica la Vida divina, a saber, la creación de todas las cosas, por poner un ejemplo, está disponible a nosotros. ¡Vaya milagrosa bendición disponible en el Logos de Dios! Es Cristo, Dios con nosotros. La manifestación de Dios en el Logos, tanto de carne como escrito. ¿Comprendes la importancia de la Biblia?
— Roberto Tinoco
Lucas 8:12
8.12 Además de lo dicho en los comentarios anteriores (especialmente el versículo 5), añado: los del camino son personas que oyen, pero no llegar a vivir lo escuchado; por el contrario, siendo suprficiales se sienten atraídos por aquellas cosas que el mundo ofrece, cosa que el diablo aprovecha para quitar la semilla recibida. Su fe superficial no llega a ser verdaderamente real y no alcanzan salvación.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:13
8.13 Lee la nota 8.6. Otra clase de oyentes son los que sí reciben la Palabra, incluso de forma gozosa, lo que les hace ver como convertidos. Desafortunadamente no echan raíces, referencia a la vida que no se ve. Los hábitos secretos. Sin humedad; sin oración, alabanza ni lectura de la Biblia a solas. Sin vida devocional no tienen fortaleza para soportar los malos tiempos que seguramente vendrán. Ante lo cual, se apartan. No volvemos a verlos en la iglesia y aunque en su mayoría dicen ser cristianos, en la práctica dejaron la fe de Cristo.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:14
8.14 Lee la nota 8.7. Los creyentes dedicados a obtener riquezas y disfrutar el placer de la carne. Los que aseguran no ser religiosos, sino libres; según ellos, no fanáticos. Mundanos que profesan ser cristianos. El problema de dedicarse al mundo es que se produce el fruto del mundo, pero no el fruto del reino; razón por la cual, el reino es quitado de ellos y dado a quienes sí los producen. Árboles infructíferos que son cortados. La ausencia de frutos es más elocuente que su dogma. El cristianismo occidental es sumamente tentado en estas cosas.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:15
8.15 Lee la nota 8.8. Los creyentes fructíferos; los de buen corazón porque se dispusieron a creer. Los de corazón recto porque se dispusieron a obedecer. Los que retienen al Logos por amar a Cristo y tener su Palabra implantada en el alma. Aquellos cuyos pies siguen a sus oídos practicando la Palabra que escuchan. Los que perseveran en vivir conforme a la Palabra de Dios, de modo que dan fruto con perseverancia. No importa el tiempo que pase, ellos están allí, con raíces. La Vida de la semilla divina está en ellos. No son cristianos de temporada, dan fruto en todo tiempo.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:16
8.16 La luz es sinónimo de la Vida celestial, la Vida original, la que Cristo nos trajo al venir a nosotros como Hombre. Dicha luz es una vida que no pasa desapercibida; Cristo jamás será anónimo y si está en nosotros verdaderamente, brillará. Esta es la normalidad cristiana. Pero si nosotros, como vasijas, no vivimos a Cristo, estorbaremos la manifestación de la Vida celestial. Esto puede suceder por muchas razones y una de ellas, la más común, es poner la luz bajo la cama, tener una vida perezosa, espiritualmente hablando, y mundana. Lo correcto es poner la luz en un candelero. ¿Qué es el candelero? Jesús dijo que es la iglesia (Apocalipsis 1:20). Habiendo recibido la Luz de Cristo tomamos parte en la vida de la iglesia brillando en la ciudad y haciendo que muchos entren al reino de Dios precisamente por ver esta luz.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:17
8.17 Este versículo suele utilizarse para amenazar a los creyentes respecto a que serán avergonzados cuando sus pecados sean descubiertos; sin embargo, ese no es el sentido del pasaje; por el contrario, se refiere a la Luz de Dios, la Vida original que nos fue dada en Cristo. Es verdad que dicha luz pondrá de manifiesto todo lo que exista, pero no con el propósito de avergonzar por la vergüenza misma, sino para santificar. La idea de sacar a la luz lo escondido surge a partir de la manifestación de la luz de Cristo que parecía escondida (el misterio de Dios), no del pecado; y si es mostrado algo indigno que estaba escondido será solo con el mismo propósito de hacer más notable el misterio de la piedad, Dios manifestado en Carne.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:18
8.18 En vista de las palabras anteriormente expuestas, pongamos los sentidos espitituales alertas para escuchar apropiadamente. Si nos concentramos en la luz y Vida del cielo que vino por medio de Cristo y no somos vasijas que la opaquen ni son nuestras vidas como una luz bajo la cama, mundanas y perezosas espirituales, entonces comprenderemos el Logos o Palabra de esta Vida. Oiremos bien y se nos añadirá más Vida. Pero si escondemos su luz, perderemos aun lo que todavía no recibíamos o suponíamos tener de Dios y de su reino.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:19
8.19 Entonces, precisamente cuando el Señor Jesús está enseñando acerca de la luz que no debe ser opacada ni escondida. En ese preciso momento llegan su madre y sus hermanos, ya que no estaban entre la multitud. ¿Qué hacían fuera? ¿Por qué no eran parte del movimiento del Mesías? Esto era así, porque los hermanos no creían en Él y su madre anteponía el dolor de saber que moriría a la fe de seguirle. Si la multitud que sigue a Jesús parece estorbarte para llegar a Jesús, es porque tu no eres parte de ella. Has estado fuera de la iglesia, de la fe y del reino. La mejor manera de entrar y llegar a Cristo no es sacar a Jesús, como intentan muchos tratndo de tener una relación con Cristo aparte de la iglesia; lo correcto es arrepentirte y convertirte, entonces amarás a la iglesia y ésta te llevará a Cristo. Que tú vayas a Él, no trates de tener un cristianismo amoldado a tu vida.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:20
8.20 La madre y los hermanos de Jesús no eran parte del movimiento y ministerio de Jesús; así que no es extraño que todo cristiano batalle en ganar para el Señor a su familia y hacerla parte de la vida de la iglesia. Le avisaron a Jesús que su familia estaba fuera y quería verle. Ellos querían que saliera porque ellos no estaban dentro. ¿No es esto patético? Esto es el intento de hacer de la fe cristiana una fe a la medida; dejar de lado la vida congregacional de la iglesia para ser cristiano “desde casa”, por decirlo así. Que Dios venga a nosotros sin rendirnos a Él y luego decir que amamos a Dios y tenemos una relación con Él, aunque esto no sea así. Esto no está bien.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:21
18.21 Lee los dos versículos anteriores y sus comentarios respectivos. Jesús se negó a salir de entre la multitud, figura de la iglesia, para ir a su madre y sus hermanos. Al hacer esto, su madre y sus hermanos estaban escondiendo la luz. Esto es muy significativo; si hizo eso con ellos, también se va a negar a tener una relación contigo aparte de la iglesia. Su relación, parentesco e intimidad, está con la iglesia. Ella es su familia, sus íntimos, su madre y sus hermanos. No aceptará ninguna relación basada en la carne; así que acude a Cristo y congrégate. Sé parte de la iglesia, ama y sirve a tus hermanos. Sé familia de Cristo oyendo su Palabra, siendo una verdadera luz no escondiendo la Vida verdadera (vrs. 16-18) y obedeciendo la Palabra de Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:22
18.22 “Aconteció un día”, frase que significa punto y aparte del relato anteriormente dicho. El Señor Jesús entró en la barca con sus discípulos para cruzar el lago de Galilea, muy conocido por las tormentas que se levantaban de improviso. Estos repentinos cambios atmosféricos se debían al choque del aire frío que descendía a manera de embudo por las montañas estrellándose con el aire cálido de la parte baja, la del lago, 200 metros por debajo del nivel del mar. El propósito de Jesús, era ir al otro lado del lago, en donde liberaría a un hombre poseído conocido solo como “el gadareno”, pero que sería un poderoso testimonio por todo Decápolis (diez ciudades). Jesús es el Señor de la tormenta, el que libera trayendo paz. No habrá circunstancia alguna ni tinieblas que le impidan salvar.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:23
8.23 La humanidad de Jesús es vista aquí de forma clara y directa. Jesús estaba agotado fisicamente y se durmió. Y durmió tan profundamente que tuvieron que despertarle en medio de la tormenta para que los salvara. ¿Quién puede dormir en una tempestad tan grande? Realmente estaba cansado. Él no escatimó nada en su encarnación para poder salvarnos, lo dio todo. La barca parecía hundirse y peligraban. Siendo algunos de los discípulos pescadores, los cuales estaban asustados, demuestra que realmente corrían peligro de morir ahogados. Las tempestades se desencadenan de improviso en esta vida. Pueden ser emocionales, físicas, mentales, materiales, espirituales. Desde accidentes, contratiempos, enemistades, cualquier cosa puede suceder. Inevitablemente, las tempestades llegarán y habrá peligros. La buena vida no consiste en evitar la tempestad, sino en asegurarse que Jesús esté en la misma barca con nosotros.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:24
8.24 ¿Qué haces en la tempestad? ¿En la crisis real cuando tu vida corre peligro? Los discípulos nos muestran lo que se debe hacer, inmediatamente fueron a Jesús. Ante la muerte, el ego y la autoconfianza termina. Despertaron a Jesús. Él dormía por el cansancio, recordemos que se hizo Hombre en todo sentido, menos en el pecado. Actualmente está a la diestra del Padre y no hace falta despertarle, de manera que, si estuvo dispuesto a salvar en su humillación, ¡cuánto más lo hará en su exaltación! Le llamaron Maestro en dos ocasiones; no Señor ni salvador, tampoco Mesías. Y no porque no lo fuese, sino porque reaccionaron como niños con su Maestro, completamente dependientes de Él. El Señor Jesús reprendió al viento y a las olas; y cesaron. El Logos en carne tiene la Palabra, por el poder del Espíritu, que trae orden a la creación. Todas las cosas están sujetas al Señor y no pueden resistirle. También tu vida y circunstancias, así como personas alrededor de ti están bajo su autoridad. Ten confianza. No necesitas preocuparte, solo hablar al Señor. Se hizo bonanza, esto es, tranquilidad. Lo que antes fue un caos total, tempestad y peligro, ahora era calma absoluta. Eso es lo que sucede no solo en aquello a lo cual Jesús dirige su Palabra, sino en aquel que la recibe. La vida cambia del caos a la paz. Ah, pero no olvides celebrar. Celebra la salvación con alegría, pero sobre todo, no volviendo a preocuparte nunca más. Dios es bueno.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:25
8.25 El temor presentado por los discípulos muestra que no tenían fe. Al menos en ese momento no. Todo temor es fe en el mal, suponer o estar convencido que el mal triunfará. Toda preocupación respecto del mal igualmente es falta de fe. El Señor Jesús tiene razón en preguntarles. Ahora se maravillaban y se preguntaban quién era Jesús que podía calmar la tempestad; ¿no es esto igualmente incredulidad? ¿Nos preguntaremos quién es Jesús? ¿Nos parecerá maravilloso que los elementos que Él creó, le obedezcan? ¿Quién es Jesús para ti? Si le has conocido, estás maravillado no solo de su poder, sino de su Ser. Pero si aún te preocupan las cosas de esta vida temporal, deberías preguntarte a conciencia quién es realmente Jesús par ti. Quizá tu credo es correcto, pero no tu fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:26
8.26 Llegaron a la tierra donde el Señor haría una extraordinaria liberación. Gadara es una ciudad al sudeste de Genesaret, perteneciente a Decápolis. Frente a Tiberias. La caractristica de la ciudad que la hacía diferente del resto en las que Jesús predicó, era que Gadara tenía una población mayormente gentil y de cultura helenizada. Por eso criaban cerdos. Actualmente, la ciudad se llama Um Qeis.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:27
8.27 Los evangelistas Mateo y Marcos (capítulos 8 y 5 respectivamente), complementan la historia diciendo que se trataba de dos hombres endemoniados y no solo uno, como Lucas describe. Evidentemente, los cuatro evangelios bíblicos no tienen errores, sino que son complementarios entre sí. El gadereno era un hombre endemoniado desde hacía mucho tiempo, su desgracia parecía haberse vuelto permanente. Hay males que se vuelven parte de la persona…hasta que llega el Señor. Que haya pasado mucho tiempo no tiene capacidad alguna de impedir un cambio. Jesús quiere y puede dar libertad. El hombre no vestía ropa ni moraba en casa. Tanto odia el enemigo al hombre que intenta avergonzarlo quitándole toda cobertura y civilidad. Es propio de quienes han caído bajo tinieblas convertirse en vergüenza de la sociedad. Por eso una de las primeras cosas que hace el Señor para el alma salvada, es regresarle su dignidad poniéndole bajo cubierta. La iglesia es esa cobertura de los que van siendo salvos, su ropa y su casa. El pobre endemoniado habitaba en los sepulcros. El alma perdida se siente atraído a la muerte. ¡Cuidado cuando los símbolos de la muerte son el gusto de la gente!
— Roberto Tinoco
Lucas 8:28
8.28 Las tinieblas conocen y temen a la luz. El hombre gritó, pero no era su mente, sino la de los demonios quienes gritaban. El mal sufre ante la cercanía del bien. Es atormentado. Los hijos de luz no debemos temer ante los demonios ni las huestes de maldad; son ellos los que sufren ante la Vida que habita en nosotros. Como seres de fuego a causa de Cristo en nosotros, somos para ellos. La proximidad de la gloria del Señor los quema. Me sorprende la fuerza de voluntad de este hombre para postrarse ante el Señor Jesús. Basta un solo demonio para sumir en la completa locura a un infeliz, ¿cómo fue capaz de venir a Cristo ante el tormento de los demonios? No hay excusas para el que realmnte desea ser salvo. También, las tinieblas reconocieron al Señor Jesús como Hijo del Dios Altísimo. Antes de que se revelaran en los cielos, supieron que Dios creó todas las cosas por medio de su Hijo.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:29
8.29 Es interesante que Jesús diera la orden de salir al demonio varias veces. No creo que demonio ni legión alguna pudiera resistirle, así que debe ser otra la razón. Me inclino a pensar que era por torturarle (al demonio y legión), debido a que llevaban mucho tiempo apoderados del hombre. De hecho, eso es lo que dice el texto. Por mucho tiempo habían intentado sujetar a este hombre con grillos y cadenas, pero era imposible, en forma extraordinaria, las rompía. No puedes controlar con medios naturales a males sobrenaturales. Tal es la humanidad sin Cristo, en tinieblas y sin poder sujetar sus demonios. Necesita a Cristo. Suele referirse al demonio como uno, aunque se trataba de miles; lo que significa que había uno que dirigía a la legión. El demonio lo obligaba a ir a lugares desiertos. Para las tinieblas, el amor y la vida en comunión son aborrecibles. Sabiendo que fuimos hechos para habitar juntos, procura traer separación. Sabemos cuánta influencia están ejerciendo las tinieblas en alguien en que se aisla de los demás.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:30
8.30 Durante todo el relato, tanto Lucas como el Señor Jesús, se refieren a un solo demonio; sin embargo, este versículo demuestra que se trataba de muchos, una legión; la cual, dicho ea de paso, se componía generalmente de 4,200 soldados. Era un ejército de espíritus malignos dentro del gadareno. La base de operaciones desde la cual atemorizaban la región. Demasiado mal para un solo hombre. ¿Te has sentido rebasado por el mal? ¿Has estado en tal condición alguna vez, que pensaste imposible recuperarte? Dios siempre puede liberarte y darle propósito a tu vida. No estarás nunca en una condición que Dios no pueda cambiar ni en un sentir que Dios no pueda consolar. ¡Dios es bueno!
— Roberto Tinoco
Lucas 8:31
8.31 Durante el ministerio del Señor Jesucristo dio a conocer que existía un lugar conocido como el seol (hebreo) o Hades (griego). Un sitio, por no decir estado, dividido en dos partes. De un lado el seno de Abraham o lugar de los salvos; y del otro lado, el lugar del tormento. El Señor dijo que estaba dividido por una gran sima, una especie de abismo. Es muy posible que la legión de demonios se referían a este lugar suplicando al Señor que no los enviara allí a ser atormentados.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:32
8.32 Eso piensa el diablo y sus huestes de los hombres: que son como cerdos. Intentan rebajarlos porque aborrecen que fuesen hechos a la imagen y semejanza de Dios. Por eso, entre más se aleja de Dios el hombre, más se degrada. Pidieron al Señor permiso de entrar en el hato de cerdos y el Señor se los concedió; no porque pensase como ellos, sino porque los gadarenos debían ser probados entre su deseo de ser salvos o las cosas de este mundo (se suponía que no debían criar cerdos, pero no obedecían la ley de Moisés, ahora tampoco obedecerían la ley de Cristo). Lo que el hombre escoge le acerca a Dios o le acerca a los cerdos. ¿Qué eliges tú: la fe de Cristo o las cosas de este mundo?
— Roberto Tinoco
Lucas 8:33
8.33 En cuanto los cerdos sintieron la presencia de los demonios se precipitaron al lago. No está claro si los demonios los llevaron a hacer esto o fueron los animales quienes enloquecieron ante tortuosa presencia. Si fueron los demonios, buscarían poner en entre dicho a Jesús delante de los gadarenos, pues perdían su medio de vida (lo que serviría a la prueba de su fe); y si fueron los cerdos, entones resultaron más conscientes del bien y del mal que los hombres. ¿Qué clase de vida eliges: la superio de Jesús o la inferior de animal? Afirma inmediatamente tu fe y tu elección.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:34
8.34 Los gadarenos fueron falsos testigos que contaron la verdad, pero desde su óptica. Con el dolo de la codicia y con la maldad de la incredulidad. Amando más a los cerdos como fuente de ganancia que a su compatriota liberado. Así es el testimonio que surge del mal, no teme arriesgar la vida de otros con tal de lograr sus deseos. Las guerras y conflictos mundiales se deben a esta misma razón. Fueron falsos testigos dedicados. Dieron aviso en la ciudad y por los campos de lo que se perdió, pero no de lo que se ganó. Para avisar en tantos lugares requerían esfuerzo y lo hicieron; pero solo para provocar temor y no conversión. No pongas oídos a todo el que diga ser testigo; pues no vaya a ser sembrada una mala semilla en tu corazón contra la verdad de Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:35
8.35 Si quieres conocer la verdad, ven a Jesús. Si realmente quieres ver lo que hace el Señor, sal de lo que haces tú y ven a Jesús. Así lo hicieron los gadarenos. Desafortunadamente no a todos les gustará la verdad. El cristianismo es hermano de la verdad; torcer la verdad es negar la fe cristiana. Hallaron al hombre libre de demonios. Es la vida en libertad; el milagro de la salvación. La victoria sobre el mal. Sólo Cristo puede hacer esto y no hay espíitu maligno que pueda resistirlo. El hombre estaba sentado a los pies de Jesús. Es la normalidad de quien lo ha recibido como Salvador. Descansa delante de Él. Descansa de su locura; de su angustia y de toda tiniebla. Descansa a los pies de Jesús, reconociéndole Señor. No puedes ser libre de los demonios sin tener al Señor sobre todas las cosas como tu Señor. El hombre está en su juicio cabal; no más confusión ni locura; no más turbación ni bipolaridad; no más violencia ni neblina; no más torpeza ni enfermedad mental. ¡Libre por fin en Cristo Jesús! ¿Pero cuál fue la reacción de la gente? Tuvieron miedo. Vieron la bondad y el poder de Dios y tuvieron miedo. ¿No es esto absurdo? ¿Por qué no tenían miedo de los demonios en el gadareno? ¿Acaso ya era una cosa turística propia del lugar? No temían cuidar sus cerdos en la región de los demonios; pero si tuvieron miedo de tener allí al Salvador. ¡Ellos todavía no recuperaban su cabal juicio! ¡Oh! ¡Hay de aquellos que se asustan de Dios prefiriendo sus limitadas y sufriententes vidas!
— Roberto Tinoco
Lucas 8:36
8.36 Dios no salva en un rincón; siempre hay testigos de su amor. Los que presenciaron la liberación del gadareno contaron a los que vinieron de las ciudades y pueblos lo que había acontecido: un hombre fue salvado de la potestad de los demonios y trasladado al reino del amado Hijo de Dios. Testificaron lo que Jesús había hecho y más aún, cómo lo hizo. Lo que significa que detallaron su compasión, su cuidado y atención; su interés y amor. No se trata de un Salvador de anónimos, sino de un Salvador de almas que conoce personalmente por nombre. Cuando hables de lo que Dios ha hecho en ti, ve más allá y habla de cómo realizó tales cosas en ti. Testifica desde el corazón de quien tento te amó.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:37
8.37 Toda, no solo una parte o una turba, ni siquiera un grupo de antagonistas; no, fue toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos la que le rogó que se fuera de su tierra a Jesús. Un rechazo multitudinario al único Salvador del mundo. Y todo por temor. Irónico: corrían al único que podía librarles de todo mal, incluyendo de la misma muerte eterna. El enfermo rogando al médico marcharse. Pierde lo que sea, pero no dejes fuera de tu vida a Cristo Jesús. Era el temor al cambio, habituados a sus usos y costumbres. El temor a que la represalia de las tinieblas cuando Jesús se retirase de allí. El temor a lo desconocido, pues no conocían la plena libertad. El temor a la pobreza, pues perdieron sus cerdos. El temor a convertirse, pues no creían poder ser fieles como pueblo de Dios. ¿A qué tienes temor tu? Ama a Cristo y pierde todo temor. Entonces Jesús entró en la barca y regresó a Judea. Dios respeta el libre albedrío y no impone su salvación. Vivirás lo que quieras vivir y experimentarás hasta dónde aceptes experimentar. Entra en la barca y se regresa al pueblo desde su patriarca inicial, Abraham. El Señor Jesús se volvió, ¿no es esta una escena triste para los gadarenos?
— Roberto Tinoco
Lucas 8:38
8.38 El recién liberado rogaba a Jesús que le permitiera seguirle. No todos los salvos se muestran tan dedicadamente dispuestos a ser discípulos, debiera serlo, pero no siempre es así. Algunos pusieron excusas para no servirle, este tiene que ser convencido para que regrese a su casa. Todo el que ha sido sacado de las tinieblas quiere estar con Jesús. ¿Dónde más estaríamos seguros sin que los demonios regresen?
— Roberto Tinoco
Lucas 8:39
8.39 El Señor Jesús no será como las tinieblas; las cuales, robaron a este hombre su vida, su familia, su trabajo y todo lo honorable que puede un hombre experimentar en esta vida; pero no el Señor Jesús; Él habrá de regresarle a su familia y a la vida productiva. Cuando alguno es redimido y recupera su dignidad, no solo restaura su vida, sino que publica a todos lo que Dios ha hecho con él. Es de dudarse la redención de alguno que llamándose cristiano se dedica únicamente a sí mismo. Quien ha experimentado grandes cosas de parte del Señor, no puede quedar callado.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:40
8.40 El gozo de la esperanza. Quien espera ser visitado por Dios vive en el gozo del Señor. La falta de esperanza proviene de no tener expectativas, especialmente de parte de Dios. ¿Tienes gozo y alegría en tu vida? Entonces como yo, estás esperando la venida del Rey Jesús.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:41
8.41 La frase “principal de la sinagoga”, seguida de “postrándose a sus pies”, parece antagónica. ¡Cuánto dolor necesita un principal religioso para humillarse a los pies de quien consideraban hereje y simple carpintero! Y no conforme con esto, pedía que entrara a su casa. El dolor humilla, pero la fe invita.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:42
8.42 La necesidad no reconoce prejuicios; ante el dolor de su hija enferma y moribunda, Jairo, el principal de la sinagoga, hizo a un lado todo su prejuicio contra Jesús; así como lo que podría ocasionarle ante el sanedrín poniendo en riesgo su carrera, el invitar a Jesús a su casa. Pero la situación era apremiante, su hija estaba muriendo. Algunas veces necesitamos llegar al límite para quitar prejuicios y demás obstáculos ideológicos, para clamar a Jesús. ¿Has llegado al límite? ¿Oras de verdad? Muchos oprimen a Jesús, pero no todos están tocándolo verdaderamente.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:43
8.43-44 Dos polos opuestos. Él, principal de la sinagoga, hombre rico, erudito, experto en religión, estimado entre sus conciudadanos. Ella inmunda, enferma de tiempo ya, empobrecida, desahuciada, despreciada. Muy diferentes para hallar punto de contacto o de comparación; jamás hubieran estado juntos en otras circunstancias; la religión y las costumbres de la época lo prohibían. Sin embargo, ambos consiguieron su milagro. Trata de entender el contexto, miles de personas oprimen a Jesús y se lanzan a la conquista de una respuesta; pero sólo dos se llevan el gran premio. Habría muchos más milagros y sanidades, pero sólo dos son anotados para la posteridad. Así que debieron de tener algo en común. Fe es ese algo. Fe hace la diferencia. Fe pone en el mismo plano a polos opuestos. Jairo debería haber estado en el lado de los opositores al Maestro, pero ¿quién puede estar en guerra con la única persona que pueda sanar a tu hija? Hizo a un lado sus prejuicios y fue al encuentro del Salvador. Se postró a sus pies. Esto es mucho para un principal de la sinagoga. Tirado, llorando, humillado. Esa es la virtud de la necesidad: rompe el cascarón más duro. Con todo, no fue la necesidad solamente lo que postró a Jairo a los pies de Jesús, sino la fe. Miles gritaban a su derredor procurando ser oídos y alcanzar su milagro, pero fue Jairo el que se tiró a los pies del Maestro. La necesidad te hace llorar y clamar, pero es la fe la que te hace llevar tu necesidad a los pies de Jesús. Miles se quejan de su dolor, pero sólo los creyentes lo llevan ante el Señor. Fe que vence el orgullo; fe que destruye el espíritu religioso; fe que rinde el alma. La mujer por su parte tiene el mismo impulso. A ella no le impide su prestigio acercarse, sino su condición. Su enfermedad era considerada por la ley de Moisés como inmunda, lo que implicaba que no podía entrar al templo ni participar de muchas de las ceremonias religiosas. Por nada del mundo debería estar donde estuviera Jairo. Tenía, por decirlo así, una ley de restricción para mantenerse a cierta distancia. Todo lo que tocare, sería declarado inmundo también y debía pasar por ciertos ritos de purificación. Si la multitud descubría su mal la apedrearían por atreverse a tocarlos. ¿Haz llevado una mancha en el alma que si fuese descubierta serías repudiado? Pero se abrió paso a empujones. No le quedaba mucha fuerza, pero era poderosa en fe. Carecía de la influencia de Jairo, pero su fe era semejante. Jairo era un intérprete de la Palabra; pero la mujer iba por la Palabra. Tocar las borlas del manto de Jesús era tocar la Palabra, pues representaban la Palabra en el vestuario de un judío clásico. Ambos buscan los pies. Pero especialmente lo que tenían en común estos dos polos opuestos era que, mientras nacía la hija de Jairo, comenzó la enfermedad de la mujer. Hacía doce años de ambos casos. El número doce simboliza el reino. Doce tribus, doce apóstoles. El producto de la ley estaba enfermo de muerte como la hija de Jairo; y también el pueblo del Señor era infecundo, de matriz enferma como la mujer. El reino estaba convaleciente, muriendo, sangrando. Los médicos de la religión los habían dejado en la ruina. La situación era apremiante; el protocolo no servía. Entonces cercaron a Jesús. ¿Haz atrapado a Dios? Jairo, figura de la religión vino de frente y se rindió a sus pies; entonces, ante una religión rota, pudo acercarse el pueblo también al Señor, en la figura de una mujer moribunda a su espalda. Lo capturaron en medio. La fe fue la trampa. Uno de los problemas por los que las multitudes no consiguen mucho de Jesús es que carecen de trampa o sobran en religión. Necesitas quebrar tus prejuicios y dogmas religiosos a sus pies para venir tras Él y tocar la verdadera Palabra de Dios. Sólo si Jairo se postra habrá seguidores toca mantos. Tú eres Jairo y tú eres también la mujer, te invito a vernos a sus pies.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:44
8.43-44 Dos polos opuestos. Él, principal de la sinagoga, hombre rico, erudito, experto en religión, estimado entre sus conciudadanos. Ella inmunda, enferma de tiempo ya, empobrecida, desahuciada, despreciada. Muy diferentes para hallar punto de contacto o de comparación; jamás hubieran estado juntos en otras circunstancias; la religión y las costumbres de la época lo prohibían. Sin embargo, ambos consiguieron su milagro. Trata de entender el contexto, miles de personas oprimen a Jesús y se lanzan a la conquista de una respuesta; pero sólo dos se llevan el gran premio. Habría muchos más milagros y sanidades, pero sólo dos son anotados para la posteridad. Así que debieron de tener algo en común. Fe es ese algo. Fe hace la diferencia. Fe pone en el mismo plano a polos opuestos. Jairo debería haber estado en el lado de los opositores al Maestro, pero ¿quién puede estar en guerra con la única persona que pueda sanar a tu hija? Hizo a un lado sus prejuicios y fue al encuentro del Salvador. Se postró a sus pies. Esto es mucho para un principal de la sinagoga. Tirado, llorando, humillado. Esa es la virtud de la necesidad: rompe el cascarón más duro. Con todo, no fue la necesidad solamente lo que postró a Jairo a los pies de Jesús, sino la fe. Miles gritaban a su derredor procurando ser oídos y alcanzar su milagro, pero fue Jairo el que se tiró a los pies del Maestro. La necesidad te hace llorar y clamar, pero es la fe la que te hace llevar tu necesidad a los pies de Jesús. Miles se quejan de su dolor, pero sólo los creyentes lo llevan ante el Señor. Fe que vence el orgullo; fe que destruye el espíritu religioso; fe que rinde el alma. La mujer por su parte tiene el mismo impulso. A ella no le impide su prestigio acercarse, sino su condición. Su enfermedad era considerada por la ley de Moisés como inmunda, lo que implicaba que no podía entrar al templo ni participar de muchas de las ceremonias religiosas. Por nada del mundo debería estar donde estuviera Jairo. Tenía, por decirlo así, una ley de restricción para mantenerse a cierta distancia. Todo lo que tocare, sería declarado inmundo también y debía pasar por ciertos ritos de purificación. Si la multitud descubría su mal la apedrearían por atreverse a tocarlos. ¿Haz llevado una mancha en el alma que si fuese descubierta serías repudiado? Pero se abrió paso a empujones. No le quedaba mucha fuerza, pero era poderosa en fe. Carecía de la influencia de Jairo, pero su fe era semejante. Jairo era un intérprete de la Palabra; pero la mujer iba por la Palabra. Tocar las borlas del manto de Jesús era tocar la Palabra, pues representaban la Palabra en el vestuario de un judío clásico. Ambos buscan los pies. Pero especialmente lo que tenían en común estos dos polos opuestos era que, mientras nacía la hija de Jairo, comenzó la enfermedad de la mujer. Hacía doce años de ambos casos. El número doce simboliza el reino. Doce tribus, doce apóstoles. El producto de la ley estaba enfermo de muerte como la hija de Jairo; y también el pueblo del Señor era infecundo, de matriz enferma como la mujer. El reino estaba convaleciente, muriendo, sangrando. Los médicos de la religión los habían dejado en la ruina. La situación era apremiante; el protocolo no servía. Entonces cercaron a Jesús. ¿Haz atrapado a Dios? Jairo, figura de la religión vino de frente y se rindió a sus pies; entonces, ante una religión rota, pudo acercarse el pueblo también al Señor, en la figura de una mujer moribunda a su espalda. Lo capturaron en medio. La fe fue la trampa. Uno de los problemas por los que las multitudes no consiguen mucho de Jesús es que carecen de trampa o sobran en religión. Necesitas quebrar tus prejuicios y dogmas religiosos a sus pies para venir tras Él y tocar la verdadera Palabra de Dios. Sólo si Jairo se postra habrá seguidores toca mantos. Tú eres Jairo y tú eres también la mujer, te invito a vernos a sus pies.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:45
8.45-46 Cualquiera puede ser tocado por Dios, después de todo, la creación entera a nuestro alrededor es una forma de sentir sus dedos; pero muy pocos pueden tocar a Dios. La multitud oprimía a Jesús, pero sólo una mujer lo tocó significativamente como para llamar su atención. Ten fe de modo que detengas al Todopoderoso y lo hagas voltear hacia ti. Pedro ha caminado sobre las aguas, pero ahora está por aprender a subirse a las alas de Dios: la fe que atrapa a Dios. Hay noticieros que utilizan la expresión: “un día como hoy” para referirse a que en ese día, pero en otra época, nació alguien importante o sucedió algún acontecimiento relevante para la historia de la humanidad. La vida de los seres humanos está misteriosamente entrelazada, un día como hoy sucedieron cosas maravillosas y también terribles. Otra forma de ver esto es conocido como “el efecto mariposa”, el aleteo de miles de mariposas en un lugar puede ocasionar a la postre el huracán de otro sitio; toda acción tiene consecuencias mundiales. Ningún evento es independiente, las vidas están entrelazadas en tiempo y espacio. Somos parte de un gran telar universal y nuestra vida es como pequeños hilos de diversos colores que forman un gran cuadro total. Esa es la historia del pasaje, dos vidas entrelazadas. En algún lugar de Israel nació una niña y hubo fiesta. Su padre, un erudito bíblico en ascenso que se perfilaba como principal de la sinagoga e intérprete de las Escrituras llamó a sus familiares, amigos y conocidos y presentó orgulloso a su pequeña. Presumió sus ojos y la besó en la mejilla para luego levantarla en alto. Al mismo tiempo, en otro lugar de Israel no muy distante, otra mujer descubrió sangrado en su matriz fuera del tiempo de las mujeres. Una anormalidad que fue en aumento. Consultó al sacerdote y después a los médicos, sin embargo, su mal continuó. Vivía avergonzada, la Ley religiosa la declaró inmunda y se le prohibió la entrada a la sinagoga, la misma donde Jairo, el padre de la niña anteriormente mencionada crecía como principal. Las dos vidas son una sola. Jairo está por descubrir al Salvador en medio de todo esto. En cierto modo metafórico, las dos vidas son una sola. La niña no tiene acceso a Dios, por ser muy pequeña no tiene acceso a su casa; y la mujer es inmunda para poder entrar. Doce años después la situación llega al clímax, la mujer, arruinada económicamente, es un cadáver ambulante a quien la vida se le ha estado escapando poco a poco; y la niña enferma gravemente, tanto, que es besada por la muerte. Detrás de una mujer enferma hay una niña muerta. Todo dolor presente esconde un golpe pasado. El número doce simboliza el reino. Doce tribus, doce apóstoles. El producto de la ley estaba enfermo de muerte como la hija de Jairo; y también el pueblo del Señor era infecundo, de matriz enferma como la mujer. El reino estaba convaleciente, muriendo, sangrando. Los médicos de la religión los habían dejado en la ruina. La situación era apremiante; el protocolo no servía. Jairo estaba entre dos mujeres, pero no ayudó a ninguna. Es el fracaso de la religión. Dos polos opuestos. Él, principal de la sinagoga, hombre rico, erudito, experto en religión, estimado entre sus conciudadanos. Ella inmunda, enferma de tiempo ya, empobrecida, desahuciada, despreciada. Muy diferentes para hallar punto de contacto o de comparación; jamás hubieran estado juntos en otras circunstancias; la religión y las costumbres de la época lo prohibían. Sin embargo, ambos consiguieron su milagro. A pesar de su posición, Jairo tuvo que reconocer su impotencia y postrarse a los pies del Maestro (vr. 41-42). ¡Cuánto le costaría a un hombre así postrarse ante Jesús! ¿Qué pensarían sus amigos? ¿Cómo afectaría esto su carrera como principal? Jairo debería haber estado en el lado de los opositores al Maestro, pero ¿quién puede estar en guerra con la única persona que pueda sanar a tu hija? Hizo a un lado sus prejuicios y fue al encuentro del Salvador. Se postró a sus pies. Esto es mucho para un principal de la sinagoga. Tirado, llorando, humillado. Esa es la virtud de la necesidad: rompe el cascarón más duro. Con todo, no fue la necesidad solamente lo que postró a Jairo a los pies de Jesús, sino la fe. Miles gritaban a su derredor procurando ser oídos y alcanzar su milagro, pero fue Jairo el que se tiró a los pies del Maestro. La necesidad te hace llorar y clamar, pero es la fe la que te hace llevar tu necesidad a los pies de Jesús. Miles se quejan de su dolor, pero sólo los creyentes lo llevan ante el Señor. Fe que vence el orgullo; fe que destruye el espíritu religioso; fe que rinde el alma. ¿Todavía tienes opciones? Entonces posiblemente seguirás de pie y tu milagro continuará ausente. Mientras una niña moribunda le esperaba, a espaldas del Maestro vino la mujer enferma. La mujer tiene el mismo impulso que Jairo. A ella no le impide su prestigio acercarse, sino su condición. Su enfermedad era considerada por la ley de Moisés como inmunda, lo que implicaba que no podía entrar al templo ni participar de muchas de las ceremonias religiosas. Por nada del mundo debería estar donde estuviera Jairo. Tenía, por decirlo así, una ley de restricción para mantenerse a cierta distancia. Todo lo que tocare, sería declarado inmundo también y debía pasar por ciertos ritos de purificación. Si la multitud descubría su mal la apedrearían por atreverse a tocarlos. ¿Haz llevado una mancha en el alma que si fuese descubierta serías repudiado? Todos pueden acercarse a Dios, pero no todos sacan poder de Él. La mujer se abrió paso a empujones. No le quedaba mucha fuerza, pero era poderosa en fe. Carecía de la influencia de Jairo, pero su fe era semejante. Jairo era un intérprete de la Palabra; pero la mujer iba por la Palabra. Tocar las borlas del manto de Jesús era tocar la Palabra, pues representaban la Palabra en el vestuario de un judío clásico. Ambos buscan los pies. Hay muchos obstáculos en la vida para llegar al punto de sacarle poder al Señor; podemos pensar que no hay vida o fuerza suficiente para abrirse paso entre la multitud hasta tocarle (vrs. 43-45). Al instante fue sanada. En esto se parece a Jairo, así como la mujer tuvo que abrirse paso entre la multitud de personas, así Jairo debió abrirse paso entre la multitud de prejuicios religiosos y opiniones de quienes le conocían. Era demasiado importante como para tirarse a los pies del Maestro. Pero lo hizo. Fe es lo que te lleva a empujar los obstáculos e ignorar la opinión de quienes se oponen. Se cuando alguno es tocado por Dios en que recibe vida; pero también se cuando alguno ha tocado a Dios en que retiene la vida recibida. Su matriz ya no sangra dejando escapar la vida. Algunos vienen a escuchar la Palabra, pero luego salen sin retener nada de la vida recibida, son enfermos de flujo de sangre; pero hay otros que reciben y luego aman la Palabra lo suficiente para retenerla (vr. 46).
— Roberto Tinoco
Lucas 8:46
8.45-46 Cualquiera puede ser tocado por Dios, después de todo, la creación entera a nuestro alrededor es una forma de sentir sus dedos; pero muy pocos pueden tocar a Dios. La multitud oprimía a Jesús, pero sólo una mujer lo tocó significativamente como para llamar su atención. Ten fe de modo que detengas al Todopoderoso y lo hagas voltear hacia ti. Pedro ha caminado sobre las aguas, pero ahora está por aprender a subirse a las alas de Dios: la fe que atrapa a Dios. Hay noticieros que utilizan la expresión: “un día como hoy” para referirse a que en ese día, pero en otra época, nació alguien importante o sucedió algún acontecimiento relevante para la historia de la humanidad. La vida de los seres humanos está misteriosamente entrelazada, un día como hoy sucedieron cosas maravillosas y también terribles. Otra forma de ver esto es conocido como “el efecto mariposa”, el aleteo de miles de mariposas en un lugar puede ocasionar a la postre el huracán de otro sitio; toda acción tiene consecuencias mundiales. Ningún evento es independiente, las vidas están entrelazadas en tiempo y espacio. Somos parte de un gran telar universal y nuestra vida es como pequeños hilos de diversos colores que forman un gran cuadro total. Esa es la historia del pasaje, dos vidas entrelazadas. En algún lugar de Israel nació una niña y hubo fiesta. Su padre, un erudito bíblico en ascenso que se perfilaba como principal de la sinagoga e intérprete de las Escrituras llamó a sus familiares, amigos y conocidos y presentó orgulloso a su pequeña. Presumió sus ojos y la besó en la mejilla para luego levantarla en alto. Al mismo tiempo, en otro lugar de Israel no muy distante, otra mujer descubrió sangrado en su matriz fuera del tiempo de las mujeres. Una anormalidad que fue en aumento. Consultó al sacerdote y después a los médicos, sin embargo, su mal continuó. Vivía avergonzada, la Ley religiosa la declaró inmunda y se le prohibió la entrada a la sinagoga, la misma donde Jairo, el padre de la niña anteriormente mencionada crecía como principal. Las dos vidas son una sola. Jairo está por descubrir al Salvador en medio de todo esto. En cierto modo metafórico, las dos vidas son una sola. La niña no tiene acceso a Dios, por ser muy pequeña no tiene acceso a su casa; y la mujer es inmunda para poder entrar. Doce años después la situación llega al clímax, la mujer, arruinada económicamente, es un cadáver ambulante a quien la vida se le ha estado escapando poco a poco; y la niña enferma gravemente, tanto, que es besada por la muerte. Detrás de una mujer enferma hay una niña muerta. Todo dolor presente esconde un golpe pasado. El número doce simboliza el reino. Doce tribus, doce apóstoles. El producto de la ley estaba enfermo de muerte como la hija de Jairo; y también el pueblo del Señor era infecundo, de matriz enferma como la mujer. El reino estaba convaleciente, muriendo, sangrando. Los médicos de la religión los habían dejado en la ruina. La situación era apremiante; el protocolo no servía. Jairo estaba entre dos mujeres, pero no ayudó a ninguna. Es el fracaso de la religión. Dos polos opuestos. Él, principal de la sinagoga, hombre rico, erudito, experto en religión, estimado entre sus conciudadanos. Ella inmunda, enferma de tiempo ya, empobrecida, desahuciada, despreciada. Muy diferentes para hallar punto de contacto o de comparación; jamás hubieran estado juntos en otras circunstancias; la religión y las costumbres de la época lo prohibían. Sin embargo, ambos consiguieron su milagro. A pesar de su posición, Jairo tuvo que reconocer su impotencia y postrarse a los pies del Maestro (vr. 41-42). ¡Cuánto le costaría a un hombre así postrarse ante Jesús! ¿Qué pensarían sus amigos? ¿Cómo afectaría esto su carrera como principal? Jairo debería haber estado en el lado de los opositores al Maestro, pero ¿quién puede estar en guerra con la única persona que pueda sanar a tu hija? Hizo a un lado sus prejuicios y fue al encuentro del Salvador. Se postró a sus pies. Esto es mucho para un principal de la sinagoga. Tirado, llorando, humillado. Esa es la virtud de la necesidad: rompe el cascarón más duro. Con todo, no fue la necesidad solamente lo que postró a Jairo a los pies de Jesús, sino la fe. Miles gritaban a su derredor procurando ser oídos y alcanzar su milagro, pero fue Jairo el que se tiró a los pies del Maestro. La necesidad te hace llorar y clamar, pero es la fe la que te hace llevar tu necesidad a los pies de Jesús. Miles se quejan de su dolor, pero sólo los creyentes lo llevan ante el Señor. Fe que vence el orgullo; fe que destruye el espíritu religioso; fe que rinde el alma. ¿Todavía tienes opciones? Entonces posiblemente seguirás de pie y tu milagro continuará ausente. Mientras una niña moribunda le esperaba, a espaldas del Maestro vino la mujer enferma. La mujer tiene el mismo impulso que Jairo. A ella no le impide su prestigio acercarse, sino su condición. Su enfermedad era considerada por la ley de Moisés como inmunda, lo que implicaba que no podía entrar al templo ni participar de muchas de las ceremonias religiosas. Por nada del mundo debería estar donde estuviera Jairo. Tenía, por decirlo así, una ley de restricción para mantenerse a cierta distancia. Todo lo que tocare, sería declarado inmundo también y debía pasar por ciertos ritos de purificación. Si la multitud descubría su mal la apedrearían por atreverse a tocarlos. ¿Haz llevado una mancha en el alma que si fuese descubierta serías repudiado? Todos pueden acercarse a Dios, pero no todos sacan poder de Él. La mujer se abrió paso a empujones. No le quedaba mucha fuerza, pero era poderosa en fe. Carecía de la influencia de Jairo, pero su fe era semejante. Jairo era un intérprete de la Palabra; pero la mujer iba por la Palabra. Tocar las borlas del manto de Jesús era tocar la Palabra, pues representaban la Palabra en el vestuario de un judío clásico. Ambos buscan los pies. Hay muchos obstáculos en la vida para llegar al punto de sacarle poder al Señor; podemos pensar que no hay vida o fuerza suficiente para abrirse paso entre la multitud hasta tocarle (vrs. 43-45). Al instante fue sanada. En esto se parece a Jairo, así como la mujer tuvo que abrirse paso entre la multitud de personas, así Jairo debió abrirse paso entre la multitud de prejuicios religiosos y opiniones de quienes le conocían. Era demasiado importante como para tirarse a los pies del Maestro. Pero lo hizo. Fe es lo que te lleva a empujar los obstáculos e ignorar la opinión de quienes se oponen. Se cuando alguno es tocado por Dios en que recibe vida; pero también se cuando alguno ha tocado a Dios en que retiene la vida recibida. Su matriz ya no sangra dejando escapar la vida. Algunos vienen a escuchar la Palabra, pero luego salen sin retener nada de la vida recibida, son enfermos de flujo de sangre; pero hay otros que reciben y luego aman la Palabra lo suficiente para retenerla (vr. 46).
— Roberto Tinoco
Lucas 8:47
8.47-49 Hay una clase de personas que no se puede esconder: los que han tocado a Dios y recibido su poder. Los impíos y pecadores se esconden y la justicia lucha por hallarles, pero los que se abren paso para tocar al Señor y reciben su poder, siempre son descubiertos. ¿Qué hace una persona que ha tocado a Dios y recibido su poder? Adora a Dios postrándose a sus pies con temor reverente (vr. 47). ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Ser salvo por fe y vivir en paz (vr. 48). Siendo atrapado por la fe de una mujer por un lado, se tiende la segunda trampa para atrapar al Señor por el otro lado. Viene a avisarle a jairo que su hija ha muerto. Las malas noticias suelen venir acompañadas. No faltan los que anuncian la muerte. Son los que dicen que molestas al cielo con tus oraciones poco ortodoxas; los que piensan que ya no hay remedio y que ni Dios puede ayudarte. Vengo de parte de Dios a decirte que no lo molestas, puedes orar que el milagro está por llegar. Ante la buena noticia de la mujer sanada que estaba contemplando Jairo, recibe la mala noticia de su hija muerta. Hay dos aparentes realidades en esta vida, pero sólo una es genuina; pues oír la noticia que gustes, ya sea con los oídos de la carne o con los oídos del espíritu, pero finalmente tendrás que decidir cual creer. Cuando te preguntes “por qué a mí”, estás a punto de entrar al universo sobrenatural del reino de Dios. Y si te dicen que tus oraciones molestan a Dios, que son demasiado apasionadas, irreverentes o que están fuera del protocolo de la religión, responde que no oras a los hombres, sino a Dios. No faltan los apaga fe. Solo sigue adelante. Jamás puede ocultarse quien tiene fe. Tanto Dios como la creación entera le notarán. Si te acercas a Dios con semejante fe, no es de extrañarse que también te acerques temblando con semejante reverencia. Y una vez en su Presencia, adóralo. Haz reír a Dios, cuéntale cómo llamaste su atención. ¡Le agradan las historias de fe y de amor!
— Roberto Tinoco
Lucas 8:48
8.47-49 Hay una clase de personas que no se puede esconder: los que han tocado a Dios y recibido su poder. Los impíos y pecadores se esconden y la justicia lucha por hallarles, pero los que se abren paso para tocar al Señor y reciben su poder, siempre son descubiertos. ¿Qué hace una persona que ha tocado a Dios y recibido su poder? Adora a Dios postrándose a sus pies con temor reverente (vr. 47). ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Ser salvo por fe y vivir en paz (vr. 48). Siendo atrapado por la fe de una mujer por un lado, se tiende la segunda trampa para atrapar al Señor por el otro lado. Viene a avisarle a jairo que su hija ha muerto. Las malas noticias suelen venir acompañadas. No faltan los que anuncian la muerte. Son los que dicen que molestas al cielo con tus oraciones poco ortodoxas; los que piensan que ya no hay remedio y que ni Dios puede ayudarte. Vengo de parte de Dios a decirte que no lo molestas, puedes orar que el milagro está por llegar. Ante la buena noticia de la mujer sanada que estaba contemplando Jairo, recibe la mala noticia de su hija muerta. Hay dos aparentes realidades en esta vida, pero sólo una es genuina; pues oír la noticia que gustes, ya sea con los oídos de la carne o con los oídos del espíritu, pero finalmente tendrás que decidir cual creer. Cuando te preguntes “por qué a mí”, estás a punto de entrar al universo sobrenatural del reino de Dios. Y si te dicen que tus oraciones molestan a Dios, que son demasiado apasionadas, irreverentes o que están fuera del protocolo de la religión, responde que no oras a los hombres, sino a Dios. No faltan los apaga fe. Solo sigue adelante. Jamás puede ocultarse quien tiene fe. Tanto Dios como la creación entera le notarán. Si te acercas a Dios con semejante fe, no es de extrañarse que también te acerques temblando con semejante reverencia. Y una vez en su Presencia, adóralo. Haz reír a Dios, cuéntale cómo llamaste su atención. ¡Le agradan las historias de fe y de amor!
— Roberto Tinoco
Lucas 8:49
8.47-49 Hay una clase de personas que no se puede esconder: los que han tocado a Dios y recibido su poder. Los impíos y pecadores se esconden y la justicia lucha por hallarles, pero los que se abren paso para tocar al Señor y reciben su poder, siempre son descubiertos. ¿Qué hace una persona que ha tocado a Dios y recibido su poder? Adora a Dios postrándose a sus pies con temor reverente (vr. 47). ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Ser salvo por fe y vivir en paz (vr. 48). Siendo atrapado por la fe de una mujer por un lado, se tiende la segunda trampa para atrapar al Señor por el otro lado. Viene a avisarle a jairo que su hija ha muerto. Las malas noticias suelen venir acompañadas. No faltan los que anuncian la muerte. Son los que dicen que molestas al cielo con tus oraciones poco ortodoxas; los que piensan que ya no hay remedio y que ni Dios puede ayudarte. Vengo de parte de Dios a decirte que no lo molestas, puedes orar que el milagro está por llegar. Ante la buena noticia de la mujer sanada que estaba contemplando Jairo, recibe la mala noticia de su hija muerta. Hay dos aparentes realidades en esta vida, pero sólo una es genuina; pues oír la noticia que gustes, ya sea con los oídos de la carne o con los oídos del espíritu, pero finalmente tendrás que decidir cual creer. Cuando te preguntes “por qué a mí”, estás a punto de entrar al universo sobrenatural del reino de Dios. Y si te dicen que tus oraciones molestan a Dios, que son demasiado apasionadas, irreverentes o que están fuera del protocolo de la religión, responde que no oras a los hombres, sino a Dios. No faltan los apaga fe. Solo sigue adelante. Jamás puede ocultarse quien tiene fe. Tanto Dios como la creación entera le notarán. Si te acercas a Dios con semejante fe, no es de extrañarse que también te acerques temblando con semejante reverencia. Y una vez en su Presencia, adóralo. Haz reír a Dios, cuéntale cómo llamaste su atención. ¡Le agradan las historias de fe y de amor!
— Roberto Tinoco
Lucas 8:50
8.50-53 La respuesta es tan sencilla como maravillosa: “no temas; cree solamente y será salva”. ¿Qué hacer con los anunciadores de malas noticias? ¡Déjalos fuera de tu ambiente! Son ladrones de milagros. El Señor no dejó entrar a nadie consigo, sino sólo a los íntimos y a los que de verdad querían a la niña (vr. 51). ¿Para qué dejar entrar a quienes sólo se lamentaban y lloraban? (vr. 52). Son ladrones de milagros. Burladores que se oponen al cielo. Son los que se ríen de la pasión de los buscadores de Dios. Los que se burlan saben algo, pero los que oran creen algo (vr. 53). El temor puede robarte tu milagro, cambia tus miedos por confianza en Dios. El miedo es un ladrón que hacer perder no sólo las bendiciones, sino el alma misma; mientras que la fe retiene la bendición y atrae salvación. Somos salvos por fe. Algunas cosas tiene Dios sólo para los íntimos. Rodearse de gente aumenta el riesgo de perjudicar el milagro por la incredulidad de algunos; el Señor deseaba fortalecer la fe de Jairo. Que tus amigos también sean amigos de Dios. Por esto no los quería dentro de casa (versículo anterior), los incrédulos son expertos en llorar y lamentarse. Aprende del Maestro: para Él no existe la muerte, vive en la dimensión del cielo, la vida eterna. A partir de hoy, no vuelvas a llorar de desesperanza. Lo que el mundo sabe le produce desesperanza y debido a su dolor e incredulidad, se burla de los demás y rechaza la fe de Cristo; pero lo que nosotros los creyentes sabemos, es que la muerte no es permanente y que la vida prevalece, en consecuencia tenemos paz y gozo continuos. Las circunstancias no definen el estado de ánimo, sino la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:51
8.50-53 La respuesta es tan sencilla como maravillosa: “no temas; cree solamente y será salva”. ¿Qué hacer con los anunciadores de malas noticias? ¡Déjalos fuera de tu ambiente! Son ladrones de milagros. El Señor no dejó entrar a nadie consigo, sino sólo a los íntimos y a los que de verdad querían a la niña (vr. 51). ¿Para qué dejar entrar a quienes sólo se lamentaban y lloraban? (vr. 52). Son ladrones de milagros. Burladores que se oponen al cielo. Son los que se ríen de la pasión de los buscadores de Dios. Los que se burlan saben algo, pero los que oran creen algo (vr. 53). El temor puede robarte tu milagro, cambia tus miedos por confianza en Dios. El miedo es un ladrón que hacer perder no sólo las bendiciones, sino el alma misma; mientras que la fe retiene la bendición y atrae salvación. Somos salvos por fe. Algunas cosas tiene Dios sólo para los íntimos. Rodearse de gente aumenta el riesgo de perjudicar el milagro por la incredulidad de algunos; el Señor deseaba fortalecer la fe de Jairo. Que tus amigos también sean amigos de Dios. Por esto no los quería dentro de casa (versículo anterior), los incrédulos son expertos en llorar y lamentarse. Aprende del Maestro: para Él no existe la muerte, vive en la dimensión del cielo, la vida eterna. A partir de hoy, no vuelvas a llorar de desesperanza. Lo que el mundo sabe le produce desesperanza y debido a su dolor e incredulidad, se burla de los demás y rechaza la fe de Cristo; pero lo que nosotros los creyentes sabemos, es que la muerte no es permanente y que la vida prevalece, en consecuencia tenemos paz y gozo continuos. Las circunstancias no definen el estado de ánimo, sino la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:52
8.50-53 La respuesta es tan sencilla como maravillosa: “no temas; cree solamente y será salva”. ¿Qué hacer con los anunciadores de malas noticias? ¡Déjalos fuera de tu ambiente! Son ladrones de milagros. El Señor no dejó entrar a nadie consigo, sino sólo a los íntimos y a los que de verdad querían a la niña (vr. 51). ¿Para qué dejar entrar a quienes sólo se lamentaban y lloraban? (vr. 52). Son ladrones de milagros. Burladores que se oponen al cielo. Son los que se ríen de la pasión de los buscadores de Dios. Los que se burlan saben algo, pero los que oran creen algo (vr. 53). El temor puede robarte tu milagro, cambia tus miedos por confianza en Dios. El miedo es un ladrón que hacer perder no sólo las bendiciones, sino el alma misma; mientras que la fe retiene la bendición y atrae salvación. Somos salvos por fe. Algunas cosas tiene Dios sólo para los íntimos. Rodearse de gente aumenta el riesgo de perjudicar el milagro por la incredulidad de algunos; el Señor deseaba fortalecer la fe de Jairo. Que tus amigos también sean amigos de Dios. Por esto no los quería dentro de casa (versículo anterior), los incrédulos son expertos en llorar y lamentarse. Aprende del Maestro: para Él no existe la muerte, vive en la dimensión del cielo, la vida eterna. A partir de hoy, no vuelvas a llorar de desesperanza. Lo que el mundo sabe le produce desesperanza y debido a su dolor e incredulidad, se burla de los demás y rechaza la fe de Cristo; pero lo que nosotros los creyentes sabemos, es que la muerte no es permanente y que la vida prevalece, en consecuencia tenemos paz y gozo continuos. Las circunstancias no definen el estado de ánimo, sino la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:53
8.50-53 La respuesta es tan sencilla como maravillosa: “no temas; cree solamente y será salva”. ¿Qué hacer con los anunciadores de malas noticias? ¡Déjalos fuera de tu ambiente! Son ladrones de milagros. El Señor no dejó entrar a nadie consigo, sino sólo a los íntimos y a los que de verdad querían a la niña (vr. 51). ¿Para qué dejar entrar a quienes sólo se lamentaban y lloraban? (vr. 52). Son ladrones de milagros. Burladores que se oponen al cielo. Son los que se ríen de la pasión de los buscadores de Dios. Los que se burlan saben algo, pero los que oran creen algo (vr. 53). El temor puede robarte tu milagro, cambia tus miedos por confianza en Dios. El miedo es un ladrón que hacer perder no sólo las bendiciones, sino el alma misma; mientras que la fe retiene la bendición y atrae salvación. Somos salvos por fe. Algunas cosas tiene Dios sólo para los íntimos. Rodearse de gente aumenta el riesgo de perjudicar el milagro por la incredulidad de algunos; el Señor deseaba fortalecer la fe de Jairo. Que tus amigos también sean amigos de Dios. Por esto no los quería dentro de casa (versículo anterior), los incrédulos son expertos en llorar y lamentarse. Aprende del Maestro: para Él no existe la muerte, vive en la dimensión del cielo, la vida eterna. A partir de hoy, no vuelvas a llorar de desesperanza. Lo que el mundo sabe le produce desesperanza y debido a su dolor e incredulidad, se burla de los demás y rechaza la fe de Cristo; pero lo que nosotros los creyentes sabemos, es que la muerte no es permanente y que la vida prevalece, en consecuencia tenemos paz y gozo continuos. Las circunstancias no definen el estado de ánimo, sino la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:54
8.54-55 Ahora el Maestro toma de la mano a la niña y la resucita. Cuando la mujer sana, la niña resucita. ¿Te dije que detrás de cada mujer enferma hay una niña muerta? Pues ahora permíteme decirte que ¡detrás de una mujer salva habrá una niña resucitada! El niño que murió en ti con los golpes recibidos a lo largo de la vida vuelve a levantarse cuando alcanzas el toque del Salvador. Tus sueños vuelven; tus ilusiones y planes regresan; el entusiasmo se recupera. Tu te acercas a tocarlo hoy entre empujones de la gente; y al tiempo, el Señor introduce su poder en tu interior para tomar de la mano tu espíritu y levantarlo. Ahora ordena darle de comer a la niña (vr. 55). Todo está alrededor de la vida que recibimos de Él, maná del cielo. Jairo era intérprete de la ley que usaría más el corazón que el cerebro de ahora en adelante (el religioso volvía a creer); la mujer nunca más perdería su vida sangrando por tocar la Palabra del borde del manto del Maestro (no el dolor, sino la fe le toca); y la niña vuelve a llenarse de vida comiendo en la cobertura del hogar (toda la vida por delante). Ven a tocarle por la fe; ven a que levante, por volver a creer, al niño muerto del ayer. Tanto el Señor como Jairo, quedaron atrapados por la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:55
8.54-55 Ahora el Maestro toma de la mano a la niña y la resucita. Cuando la mujer sana, la niña resucita. ¿Te dije que detrás de cada mujer enferma hay una niña muerta? Pues ahora permíteme decirte que ¡detrás de una mujer salva habrá una niña resucitada! El niño que murió en ti con los golpes recibidos a lo largo de la vida vuelve a levantarse cuando alcanzas el toque del Salvador. Tus sueños vuelven; tus ilusiones y planes regresan; el entusiasmo se recupera. Tu te acercas a tocarlo hoy entre empujones de la gente; y al tiempo, el Señor introduce su poder en tu interior para tomar de la mano tu espíritu y levantarlo. Ahora ordena darle de comer a la niña (vr. 55). Todo está alrededor de la vida que recibimos de Él, maná del cielo. Jairo era intérprete de la ley que usaría más el corazón que el cerebro de ahora en adelante (el religioso volvía a creer); la mujer nunca más perdería su vida sangrando por tocar la Palabra del borde del manto del Maestro (no el dolor, sino la fe le toca); y la niña vuelve a llenarse de vida comiendo en la cobertura del hogar (toda la vida por delante). Ven a tocarle por la fe; ven a que levante, por volver a creer, al niño muerto del ayer. Tanto el Señor como Jairo, quedaron atrapados por la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 8:56
8.56 Permíteme usar la imaginación para darle a la historia un final alterno. El pasaje dice que el Señor sólo dejó entrar (supongo a la habitación de la niña) a sus amigos, Pedro, Jacobo y a Juan; así como al padre y a la madre de la niña. Mira a Jairo con su esposa al lado tomándola de la mano al encuentro de la resurrección de su hija. Quisiera ver allí a la mujer sanada como la esposa de Jairo, quien, doce años antes dio a luz a la niña y a causa de un parto difícil quedó dañada su matriz con un permanente flujo de sangre. Ante esto, el matrimonio queda separado, pues el principal de la sinagoga, la lámpara de los judíos de esa región no puede tener a una mujer con una enfermedad considerada inmunda por la Ley. Tuvieron que romper entre sí para que el pueblo de Dios no perdiera la enseñanza de este erudito intérprete de la Palabra. Doce años de dolor hasta que llega el salvador a restaurarles. Ahora están los tres abrazados al pie de una cama llorando por la bendición de un nuevo comienzo. Sólo Jesús hace esto posible. Llegó tu turno, ahora comienza la historia de tu restauración.
— Roberto Tinoco