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Génesis 15

Pacto del Señor con Abram

1Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.🗨 2Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?🗨 3Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.🗨 4Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.🗨 5Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.🗨 6Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.🗨 7Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.🗨 8Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?🗨 9Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.🗨 10Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.🗨 11Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.🗨 12Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.🗨 13Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.🗨 14Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.🗨 15Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.🗨 16Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.🗨 17Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.🗨 18En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;🗨 19la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos,🗨 20los heteos, los ferezeos, los refaítas,🗨 21los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Génesis 15: RV60

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Génesis 15:1

Comentario general

15:1 ¿Después de qué? Después de que Abram rescató a Lot derrotando a los cuatro reyes, después de que rechazó al rey de Sodoma, y después de que pactó con Cristo en la figura de Melquisedec. Los acontecimientos de Abram fueron muy intensos en el capítulo 14; después de pactar con el Señor debió entrar en un reposo. Ya en calma reflexionó sobre todo lo sucedido, quizá se preguntó: “¿cómo es posible que haya desafiado a las naciones de la tierra siendo solo un anciano? Además, ¿quién saldrá en mi defensa si rechacé aliarme con el rey de Sodoma?” Probablemente tales pensamientos le trajeron temor: “se recuperarán de la derrota, se agruparán y vendrán en mi busca por venganza”. Por eso es que Dios habló al patriarca, requería una palabra de aliento y de confianza: no temas, Abram, Yo Soy tu escudo. El término escudo es un instrumento militar de defensa; esto implica que Abram temía por su seguridad ante su victoria sobre los reyes; pero Dios no sería (futuro) su escudo, Él siempre lo había sido. Dios no sale a defendernos cuando estamos en problemas, Él ha estado a nuestro lado desde antes de los problemas. Vino Palabra de Yahwéh a Abram en visión, Dios habla. Esta es una verdad maravillosa vertida por toda la Escritura. La vida de fe es una vida de relación. Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras (Heb. 1:1-2); Dios puede parecer invisible, pero rara vez permanece callado. La Palabra de Dios es una forma de visitación de Dios: vino Palabra… es el Verbo viniendo. Esta Palabra viene en forma de visión, más que escucharla hay que verla: vino Palabra… en visión; en el libro de Apocalipsis Cristo, el Verbo de Dios, habló a Juan y Juan se volvió para ver la voz que hablaba con él (Apoc. 1:12), es la voz que se ve, la Palabra que se mira, el Verbo de Dios viniendo. Abram no sólo soñó o pensó o le vino una palabra al corazón, no, Abram estuvo con Dios. No temas, Abram; yo soy tu escudo, la causa de la confianza es lo que Dios es, no lo que el hombre tiene por circunstancias. 360 veces dice la Biblia “no temas” (incluyendo sus derivados), una para cada día del año. La vida del hombre tiene tanta paz como tenga vida de Dios. ¿No habrá problemas ni enemigos? Por el contrario, los habrá. Sin embargo, cada dificultad presentará una oportunidad más de conocer a Dios en una nueva faceta; Abram enfrentó a los reyes en el capítulo 14, su temor lo llevó a experimentar a Dios como su Escudo en el capítulo 15. Detrás de cada reto en la vida habrá un “Yo Soy” de Dios. …y tu galardón será sobremanera grande. Abram tuvo temor de una venganza de los reyes que venció y Dios lo alentó a no temer siendo su Escudo; pero también Abram rechazó el botín del rey de Sodoma; quizá pensó después: “¿habré hecho bien en despreciar tanta riqueza? ¿Y si un día me falta sustento?” O bien, “¿y si los reyes de Canaán, incluyendo al de Sodoma, ya no aceptan negociar más conmigo?” Todo creyente es tentado alguna vez a pensar que debiera rebajar sus principios por los bienes del mundo; pero la experiencia de Abram anima a confiar en Dios: tu galardón será sobremanera grande –nos dice Dios. Hay recompensa por la fidelidad. La santidad paga bien; quizá no paga cada quincena, pero finalmente recompensa en abundancia. Sobremanera es verdadera prosperidad. ¿Quieres saber cuánto es “sobremanera”? Mira al Calvario: de tal manera amó Dios al mundo… (Juan 3:16); y si eso hizo por el mundo, ¡cuánto más aún hará por sus hijos! ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Rom. 8:31-32).

— Roberto Tinoco

Génesis 15:2

Comentario general

15:2-3 La mejor respuesta que puede darse a Dios comienza con “Señor Yahwéh”. Esa es también la mejor introducción para ¿qué me darás...? La respuesta de Abram implicaba una insatisfacción: “de qué me sirve una gran riqueza si no me das hijo a quién heredarle la misma; ¿me darás más bienes para dejárselos finalmente a mi criado?” Y es que la hacienda nada es sin una familia con quien compartirla. En esto, Abram es figura del Padre Celestial, quien tuvo en la eternidad pasada el deseo de un Hijo corporativo. Tiene al Hijo Unigénito, pero ha deseado al Hijo compuesto de millones de creyentes y cuya Cabeza es Cristo. Dios ha sido el dueño y Señor de todo cuanto existe, pero ¿qué es la riqueza sin una familia con quien compartirla? El deseo del Padre es precisamente ser Padre. El universo no fue creado para los ángeles, sino para los hombres hijos de Dios. Eliezer era damasceno, era hijo de siervos de Abram cuyo origen era Damasco. Si Abram no tenía descendencia, su heredero sería él, pues era “nacido en su casa”; es decir, les nació a sus padres siendo esclavos de Abram, era lo más cercano a un hijo hasta el momento. ¡Cuán significativo es esto! La herencia no es para el siervo, pero el siervo prudente puede llegar a ser heredero (Prov. 17:2); el siervo mimado desde la niñez heredará a su amo dice Proverbios 29:21. Sin embargo, esa es la excepción, pues el principio bíblico establecido aquí es que es el hijo y no el siervo quien hereda. En Gálatas 4:1 dice entretanto que el heredero es niño en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo. Son los hijos los que heredan. La costumbre del pueblo de Dios es que aún el hijo debía madurar y ser declarado hijo en su mayoría de edad para poder recibir la herencia; así pues, los cristianos inmaduros y con actitudes propias de siervos en vez de hijos, no heredan las promesas de Dios a pesar de ser hijos. En nada difieren del esclavo por su inmadurez y son tenidos al mismo nivel que un damasceno; aunque hayan nacido en casa su corazón está en Damasco, son siervos. Son como la generación que salió de Egipto, niños que se quejan de todo e incapaces de poseer la tierra prometida.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:3

Comentario general

15:2-3 La mejor respuesta que puede darse a Dios comienza con “Señor Yahwéh”. Esa es también la mejor introducción para ¿qué me darás...? La respuesta de Abram implicaba una insatisfacción: “de qué me sirve una gran riqueza si no me das hijo a quién heredarle la misma; ¿me darás más bienes para dejárselos finalmente a mi criado?” Y es que la hacienda nada es sin una familia con quien compartirla. En esto, Abram es figura del Padre Celestial, quien tuvo en la eternidad pasada el deseo de un Hijo corporativo. Tiene al Hijo Unigénito, pero ha deseado al Hijo compuesto de millones de creyentes y cuya Cabeza es Cristo. Dios ha sido el dueño y Señor de todo cuanto existe, pero ¿qué es la riqueza sin una familia con quien compartirla? El deseo del Padre es precisamente ser Padre. El universo no fue creado para los ángeles, sino para los hombres hijos de Dios. Eliezer era damasceno, era hijo de siervos de Abram cuyo origen era Damasco. Si Abram no tenía descendencia, su heredero sería él, pues era “nacido en su casa”; es decir, les nació a sus padres siendo esclavos de Abram, era lo más cercano a un hijo hasta el momento. ¡Cuán significativo es esto! La herencia no es para el siervo, pero el siervo prudente puede llegar a ser heredero (Prov. 17:2); el siervo mimado desde la niñez heredará a su amo dice Proverbios 29:21. Sin embargo, esa es la excepción, pues el principio bíblico establecido aquí es que es el hijo y no el siervo quien hereda. En Gálatas 4:1 dice entretanto que el heredero es niño en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo. Son los hijos los que heredan. La costumbre del pueblo de Dios es que aún el hijo debía madurar y ser declarado hijo en su mayoría de edad para poder recibir la herencia; así pues, los cristianos inmaduros y con actitudes propias de siervos en vez de hijos, no heredan las promesas de Dios a pesar de ser hijos. En nada difieren del esclavo por su inmadurez y son tenidos al mismo nivel que un damasceno; aunque hayan nacido en casa su corazón está en Damasco, son siervos. Son como la generación que salió de Egipto, niños que se quejan de todo e incapaces de poseer la tierra prometida.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:4

Comentario general

15:4-5 Dios vino de nuevo a Abram a través de su Palabra. La respuesta de Dios a los llamados es su Presencia. No te heredará este, sino un hijo tuyo… De nuevo vemos el principio de que son los hijos y no los siervos los herederos (véase la nota anterior). A pesar de ser el mayordomo y de ser nacido en casa, Eliezer es inferior al hijo de Abram. En Hebreos 3:2-6 miramos cómo Cristo es superior a Moisés en la Casa de Dios, pues Moisés fue fiel como siervo, mientras que Cristo fue fiel como Hijo y más gloria posee el Dueño y edificador de la casa que el mayordomo y la casa misma. Un hijo tuyo, literalmente, “un hijo de tus entrañas”. La extensión de tu misma vida. Así son también los hijos de Dios, extensión de su propia vida. Y lo llevó fuera, Dios sacó a Abram de su tienda para ampliarle su visión. La tienda de Abram le proporcionaba protección contra el medio ambiente del desierto, pero a la vez le impedía ver el cielo. Necesitamos salir de nuestro contexto o área de confort para poder ver lo que Dios ve. Los llamados son llamados primero a salir de su tierra antes de entrar a la tierra que Dios les promete. Son precisamente las cosas cotidianas y cercanas a nosotros las que suelen impedirnos andar según la vida de fe y el llamado de Dios. Jesús llamó a sus discípulos a renunciar a todo por Él para ser así sus discípulos (Luc. 14:33). No es que Dios quiera quitar algo de nuestra mano, sino que desea quitarlo del corazón. Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia, desde la nueva posición, fuera de la tienda. Para ver sus hijos, Abram debe ver los cielos. Es mirando hacia arriba que conocemos lo que llevamos dentro. La vida de la simiente dentro de nosotros proviene de arriba, es vida divina (2 Pedro 1:4). Contar las estrellas es figura de los descendientes de Abram celestiales. Abram tiene hijos terrenales e hijos celestiales. Los terrenales son los descendientes según la carne y sangre (Israel terrenal), pero los celestiales son los hijos de la fe de Cristo, la iglesia sin distingo judío o gentil (Juan 8:39; Gal. 3:7). La descendencia de Abram es incontable, pues en cierto modo no se trata de los hijos de Abram, sino de los hijos de Dios y, ¿quién medirá su capacidad de procrear? En Dios somos fructíferamente ilimitados, no debemos minimizar su poder en nosotros. Dios irá hasta donde queramos ir; el límite lo ponemos nosotros, Dios no tiene término. Lo que tú mires es equivalente a lo que produzcas. La visión es tu producción. Si lo que miras es más de lo que puedes contar, entonces puede ser visión de Dios; pero si puedes medir lo que ves, entonces se trata de una visión propia. Nunca irás más allá de tu visión.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:5

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15:4-5 Dios vino de nuevo a Abram a través de su Palabra. La respuesta de Dios a los llamados es su Presencia. No te heredará este, sino un hijo tuyo… De nuevo vemos el principio de que son los hijos y no los siervos los herederos (véase la nota anterior). A pesar de ser el mayordomo y de ser nacido en casa, Eliezer es inferior al hijo de Abram. En Hebreos 3:2-6 miramos cómo Cristo es superior a Moisés en la Casa de Dios, pues Moisés fue fiel como siervo, mientras que Cristo fue fiel como Hijo y más gloria posee el Dueño y edificador de la casa que el mayordomo y la casa misma. Un hijo tuyo, literalmente, “un hijo de tus entrañas”. La extensión de tu misma vida. Así son también los hijos de Dios, extensión de su propia vida. Y lo llevó fuera, Dios sacó a Abram de su tienda para ampliarle su visión. La tienda de Abram le proporcionaba protección contra el medio ambiente del desierto, pero a la vez le impedía ver el cielo. Necesitamos salir de nuestro contexto o área de confort para poder ver lo que Dios ve. Los llamados son llamados primero a salir de su tierra antes de entrar a la tierra que Dios les promete. Son precisamente las cosas cotidianas y cercanas a nosotros las que suelen impedirnos andar según la vida de fe y el llamado de Dios. Jesús llamó a sus discípulos a renunciar a todo por Él para ser así sus discípulos (Luc. 14:33). No es que Dios quiera quitar algo de nuestra mano, sino que desea quitarlo del corazón. Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia, desde la nueva posición, fuera de la tienda. Para ver sus hijos, Abram debe ver los cielos. Es mirando hacia arriba que conocemos lo que llevamos dentro. La vida de la simiente dentro de nosotros proviene de arriba, es vida divina (2 Pedro 1:4). Contar las estrellas es figura de los descendientes de Abram celestiales. Abram tiene hijos terrenales e hijos celestiales. Los terrenales son los descendientes según la carne y sangre (Israel terrenal), pero los celestiales son los hijos de la fe de Cristo, la iglesia sin distingo judío o gentil (Juan 8:39; Gal. 3:7). La descendencia de Abram es incontable, pues en cierto modo no se trata de los hijos de Abram, sino de los hijos de Dios y, ¿quién medirá su capacidad de procrear? En Dios somos fructíferamente ilimitados, no debemos minimizar su poder en nosotros. Dios irá hasta donde queramos ir; el límite lo ponemos nosotros, Dios no tiene término. Lo que tú mires es equivalente a lo que produzcas. La visión es tu producción. Si lo que miras es más de lo que puedes contar, entonces puede ser visión de Dios; pero si puedes medir lo que ves, entonces se trata de una visión propia. Nunca irás más allá de tu visión.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:6

Comentario general

15:6 Este es uno de los versículos más importantes de toda la Biblia. Seis veces se dice en la Biblia que la fe de Abraham le fue contada por justicia; esto es muy importante y significativo. Prácticamente la vida cristiana está fundada sobre esta piedra de revelación. ¿Qué es lo que significa? Trataré de resumirlo, pues tendremos por lo menos cinco versículos más en la Biblia para ampliar el comentario. Abram quería saber acerca de su descendencia y Dios le mostró los cielos como el número de sus hijos. El patriarca creyó que Dios es fiel y que su Palabra es verdad; de manera que le fue contado como un hecho ya efectuado y no sólo prometido. La expresión: le fue contado en hebreo es chashab, significa “calcular, reconocer, pensar”; es decir, que Dios consideró la fe de Abram como equivalente a lo que Él le prometía. Por eso es el padre de la fe, ¿puedes considerar tu fe al mismo tamaño que la promesa de Dios? Solamente así somos justificados, es decir, recibimos lo que Dios ha dicho. Al decir la Escritura que le fue contada a Abram su fe por justicia no está diciendo que Abram sea impecablemente perfecto como Dios, sino que su creer está a la altura de lo que Dios le anunció. Abram es tenido por justo por su fe. Así mismo, los creyentes son tenidos por justos al creer plenamente que Cristo murió y resucitó por ellos. El acto de creer es la plena convicción de que lo que Dios dijo es un hecho (Heb. 11:1); al mirar esto, Dios toma por equivalente a su promesa al hombre que le dio dicha promesa. ¿Quieres recibir el cumplimiento de alguna promesa divina? Entonces tu fe debe ser tan firme como la Palabra de Dios. Jesús le dijo a varios: tu fe te ha salvado (Mat. 9:22; Mr. 10:52; Lc. 7:50; 8:48; 17:19; 18:42), no por el poder de la fe, sino porque creían plenamente, a la altura de la Palabra de Dios. La justificación por la fe está basada en creer plenamente la Palabra de Dios. La justicia es la equidad de recibir lo que corresponde. Abram fue justificado, es decir, tiene el pleno derecho de recibir por cuanto creyó. Su fe lo acredita y garantiza como propio lo que Dios prometió. Era imposible que Abram no engendrara pues su fe cambió las condiciones y limitaciones temporales. No se puede ser justificado sólo creyendo en lo que Dios ha dicho, es necesario creer en quien lo ha dicho. Abram fue justificado por la fe, sin obras que ameritaran su justicia (Rom. 4:1-5). La justificación implica ser acepto por Dios únicamente por la fe, sin obras, pero seguido por obras después de haber sido justificado inicialmente por la fe (Stg. 2:21-24). Ninguno es justificado por obras, pero ningún justificado permanecerá sin obras. La fe en Cristo nos justifica y las obras acompañan siempre a los justificados. Necesitas la fe para ser justificado, pero las obras para permanecer justificado (1 Cor. 15:1-2; Stg. 2:14-17). Creer sin obras no es posible y obrar sin fe es inadmisible.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:7

Comentario general

15.7 ¿Qué sigue a la justificación por la fe? ¡Yo soy Yahwéh! El tiempo que pasamos definiendo la fe de Abram no es por causa de Abram, sino por razón del Dios de Abram. Si quieres conocer a Dios créele; sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6). Estás tan cerca de Dios como tu fe. Después de que Dios se presentó a Abram, le explicó el propósito de su llamado: “te saqué de una tierra para darte otra”. Esto es mucho más que sólo hectáreas en un planeta, es posición en el reino de Dios. Ur de los caldeos es símbolo de lo demoníaco y la tierra prometida representa al reino de los cielos. Primero necesitamos salir de Ur para luego recibir por la fe la herencia prometida; primero somos librados de las tinieblas y luego somos trasladados al reino del amado Hijo (Col. 1:13). No se puede estar en la segunda tierra sin haber dejado la primera; no se puede ser cristiano sin dejar la vida del mundo.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:8

Comentario general

15.8 Abram creyó en Dios y le fue contado por justicia, pero aún así pidió anticipos de su fe: ¿en qué conoceré...? Creemos en lo porvenir, pero eso no impide que vivamos ya el reino de Dios. De poco sirve al enfermo la promesa de salud en el cielo y al pobre la abundancia en el siglo venidero, a menos de que comencemos hoy con anticipos de la eternidad. Queremos conocer hoy las evidencias de que habremos de heredar. ¿Es esto incredulidad? Todo lo contrario, es comenzar a echar mano de la vida eterna y el deseo de anticiparse en la obra de Dios. Ser avisados ayuda a ser precavidos. ¿Y cómo podemos saber lo que sucederá? Comencemos ofreciéndonos en sacrificio al Señor, como lo hizo figuradamente Abram.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:9

Comentario general

15.9 Dios dijo: “tráeme”; todo sacrificio válido ha de ser ofrecido a Él. En este caso, una becerra, una cabra y un carnero; son un sacrificio de paz (Lev. 17:35). La tórtola y el palomino ofrecidos por Abram son una ofrenda del todo quemada en olor grato a Dios (Lev. 1:14-17). “¿Cómo sabré qué habré de heredar?” –preguntó Abram. La respuesta de Dios estaba diciendo simbólicamente: “heredarás a través de tu vida ofrecida a mí en sacrificio santo y agradable” (Rom. 12:1-2). La consagración anticipa la herencia. El hombre suele enfatizar el recibir de Dios y le dice: “Señor, dame más de ti”. Esta parece una buena oración, pero es incompleta. Dios responde: “Dame tu más de ti”. Tenemos de Dios en medida que nos damos a Dios. Él ya se dio a nosotros por completo, ¿cómo responderemos a Él?

— Roberto Tinoco

Génesis 15:10

Comentario general

15.10 Partir los animales por la mitad en sacrificio era una forma patriarcal de hacer pacto. Dios y Abram pactaron por medio de sacrificios de animales acerca de la fe y la herencia prometida (compara con el pacto con Noé en Gen. 8:21). El pacto con Abram es otra manera de definir la vida de fe que incluso los creyentes nuevo testamentarios disfrutamos; sin embargo, nació en base a la herencia de la tierra, lo cual se relaciona con el Israel terrenal. Dios aprovechó lo natural para revelar lo espiritual usando lo terrenal para anunciar lo celestial. Las aves no fueron divididas en dos partes, a diferencia de los animales grandes, como símbolo de incorrupción (Sal. 16:10); es ofrenda de olor grato (Lev. 1:17). Toda vida consagrada presenta dos aspectos: por un lado la muerte, simbolizada en los animales partidos en dos; y la vida de resurrección, representada por las aves no partidas en dos. Todo cristiano requiere ambas cosas, morir a sí mismo y vivir para Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:11

Comentario general

15.11 Los animales ofrecidos en sacrificio eran olor grato a Dios, pero también lo fueron para las aves de rapiña. Así es la vida consagrada, produce agrado a Dios, pero también llama la atención de los demonios y espíritus malos. ¿Qué debe hacer el creyente? Lo mismo que hizo Abram, ¡ahuyentarlos sin temor! No debemos permitir que un pensamiento o una distracción roben nuestra consagración al Señor. Es tiempo de enfoque. Es tiempo de dedicación. Jesús habló sobre las aves del cielo que roban la semilla que cayó junto al camino (Mat. 13:4); pudieron robar la semilla porque estaba sobre y no dentro de la tierra y junto al camino y no en el terreno de siembra. El hombre dañado por el pisar del mundo impide que la Palabra entre en él, lo que lo deja a merced de que espíritus malos y distracciones absurdas arrebaten su fe.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:12

Comentario general

15.12 El cansancio venció al patriarca y se quedó dormido. Todo creyente enfrentará tiempos de oscuridad y cansancio. Es difícil pelear para siempre. Es allí donde bajan los buitres y surgen los temores y las dudas. ¿Estará Dios conmigo? ¿Por qué me está pasando esto? Hay momentos “cuando cae el sol”; cuando se va la luz, cuando la vida y la revelación no son tan claras. Hay ocasiones de sueño espiritual, guerreros dormidos que depusieron las armas. ¿Los juzgaremos? De ninguna manera. ¿Quién no ha estado así alguna vez? ¿Quién no ha llegado al límite y reventado por lo menos en una ocasión? Cuando cae la luz, cae también el temor de una gran oscuridad sobre el hombre. Es una terrible lucha espiritual. ¿Solución? ¡La luz siempre vuelve! Llegará la mañana. Volverá el día. El mal tiempo pasará. Volveremos a estar de pie. Mi fin no es la noche. Las tinieblas no prevalecerán contra la luz (Juan 1:5).

— Roberto Tinoco

Génesis 15:13

Comentario general

15.13 –¿no es esto hermoso? Dios habla en las tinieblas de su siervo. Quizá no nos diga exactamente lo que queremos escuchar, pero es un consuelo saber que Dios está con nosotros en nuestro momento más difícil. Jesús decía: “de cierto de cierto te digo”; es como su estilo de hablar. Dios enfatiza su veracidad. Abram había preguntado: “¿en qué sabré que habré de heredar?” y la respuesta de Dios le confirma uno de sus temores: la herencia no vendrá pronto. No solo no la obtendrás en tu vida, sino que tampoco la obtendrán tus descendientes por cuatrocientos años. Esto nos enseña que la comodidad del hombre no es el proyecto divino, en todo caso su formación. Los descendientes de Abram tendrían una suerte peor que la de Abram; el patriarca fue extranjero en la tierra prometida (Canaán), pero vivió libre y poderoso en medio de ella; no así sus descendientes que serían esclavos en otra tierra, a saber, Egipto. La diferencia fue la fe. Además, no sería solo por una noche, como el mal sueño de Abram; sino ¡por cuatrocientos años! Y no serían esclavos de confianza o de un buen dueño, sino que serían oprimidos por los egipcios. Estas fueron muy malas noticias para un hombre de fe. Aún así siguió adelante esperando descendencia. Una persona de fe se sobrepone al temor de lo que vendrá. No subordines tus sueños a tus temores; mejor cambia tus temores por tus sueños. ¿Por qué permitió Dios los cuatrocientos años de Israel en el desierto? Mira la respuesta en las notas del versículo 16.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:14

Comentario general

15.14 La gloria no es para el instrumento, sino para el que lo usa. Dios usó a Egipto para el desarrollo de Israel, pero no estuvo de acuerdo con el abuso de Egipto sobre Israel; así que, si bien le permitió enseñorearse temporalmente de Israel, Dios juzgó finalmente a Egipto; además de que obligó a los egipcios a indemnizar a su pueblo por causa de dicha opresión y servicio (Ex. 6:5-6; 3:21-22; 12:35-36). El juicio a Egipto fueron las diez plagas. Dios paga y paga bien. Los años de servicio en Egipto tuvieron su gratificación; así las pruebas, luchas y servicio del creyente no quedarán sin recompensa; si Dios pagó a Israel por servir a Egipto, ¿no pagará por servirle a Él? Seamos constantes abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que nuestro trabajo en Él no es en vano (1 Cor. 15:58).

— Roberto Tinoco

Génesis 15:15

Comentario general

15.15 El capítulo 15 comienza con la promesa divina de ser escudo para Abram; esto demuestra que Abram tenía temor a la venganza de los reyes que había derrotado para rescatar a Lot (cap. 14). Luego Dios prometió a su llamado que su galardón sería sobremanera grande después de verlo rechazar el botín del rey de Sodoma; Abram no se entusiasma mucho con el galardón por no tener hijo a quien heredarle sus riquezas. Dios promete darle descendencia para que herede la tierra prometida; más luego le muestra que dichos descendientes serán siervos de los egipcios por cuatrocientos años y luego libertados con grandes riquezas. Abram podía estar pensando: “¿y qué será de mí? Si mis descendientes sufrirán, ¡cuánto más yo sufriré! ¿Moriré pronto?” Dios anima a su hijo prometiéndole una larga vida en paz. No viviría en guerra contra los reyes ni sirviéndole a nadie en la tierra como un esclavo; sino que tendría abundancia de paz y de bendición (Gen. 25:8). El Dios Bueno proporciona buena y abundante vida. Morir en paz es llamada la muerte de los justos (Isaías 57:2; Job 5:26). Considera al íntegro y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz (Sal. 37:37). “Ir a los padres” es un hebraísmo que se refiere a morir. Es reunirse con los salvos de otras generaciones pasadas.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:16

Comentario general

15.16 Una de las causas principales por la que el pueblo de Israel, descendientes de Abram, pasaron cuatrocientos años en Egipto fue el tiempo de gracia que Dios les concedió a los habitantes de Canaán. En este caso Dios tomó la generación por cien años y no por setenta ni por ochenta (Sal. 90:10); es una expresión de compasión y misericordia; años de gracia añadida; ¡y no una generación sino cuatro! Fueron cuatro generaciones. 400 años de espera paciente. 400 años de oportunidad para arrepentimiento. 400 años para llegar al colmo de la maldad de ellos y de la bondad de Dios. La maldad crece y tiene medida. Los amorreos llenaron esa medida en unas cuantas generaciones. Cristo Jesús se refirió a los judíos de su generación como los que llenaron la medida de la maldad de sus padres al darle muerte en la cruz (Mateo 23:32-35). No conocemos el límite hasta el que podemos llegar en cuanto a la maldad; por tanto, no conviene acercarnos a la línea; es mejor mirar el inicio del pecado como si fuese el colmo del mismo.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:17

Comentario general

15.17 Este versículo, junto con los que le anteceden, presenta un gran mensaje en tipología. El patriarca Abraham ofreció sacrificios a Dios y pactó con Él matando una vaquilla, una cabra y un carnero, cada uno de tres años de edad, los partió por la mitad y puso las mitades una frente a otra; luego tuvo que luchar contra los buitres que intentaban comerse el sacrificio y experimentó una visión terrible sobre el futuro de Israel: 400 años de tinieblas. La Palabra dice que se puso el sol y en las tinieblas apareció de pronto una antorcha ardiendo que pasó por en medio de los animales sacrificados. Ese día Dios pactó con Abraham (vr.18). Así sucedió también en tiempos del primer siglo, cuando todo Israel estaba en tinieblas (400 años de silencio sin la luz de la Palabra de Dios entre Malaquías y Mateo) y de pronto, en un ministerio sacrificial de tres años apareció entre el Antiguo y Nuevo Testamentos una antorcha ardiente, un hombre llamado Juan el Bautista, que vino a abrir camino al Mesías y al Nuevo Pacto. Jesús llamó a Juan una antorcha que ardía y alumbraba (Jn. 5:35). Un primer cumplimiento lo vemos en Éxodo; después de 400 años de servidumbre, Dios se presenta a Moisés en la zarza ardiendo para sacar a su pueblo guiados por una columna de fuego. La enseñanza personal es que para salir de las tinieblas y de la dura servidumbre se necesita arder para Dios. El fuego antecede al pacto y el pacto a la bendición. Después del terrible sueño y tinieblas de Abram, una antorcha encendida pasó por entre los animales divididos; enseguida Dios pactó con Abram. Así también la vida consagrada activa el cumplimiento de las promesas incluidas en los pactos de Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:18

Comentario general

15.18 En el capítulo 14 Dios estableció su pacto con Abram en la figura de Melquisedec cuando sacó para él pan y vino. Ese es el fundamento del Nuevo Pacto (1 Cor. 11:24-25). Luego, en el capítulo 15 del Génesis Dios establece un pacto con Abram prometiéndole darle tierra a su descendencia. ¿Es acaso el mismo pacto? Pienso que, aunque se relacionan no son precisamente el mismo pacto. La alianza celebrada por medio de Melquisedec es efectuada en misterio y como símbolo del Nuevo Pacto que incluye todas las cosas en Cristo Jesús; pero el pacto celebrado en el capítulo 15 de Génesis es directo y tiene como propósito satisfacer la pregunta de Abram: ¿cómo sabré que habré de heredar (la tierra de Canaán)?, es decir, es un pacto con el hombre Abram y sus herederos según la carne; por eso es que se delimita la tierra: desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates (confirmándose después en tiempos de Josué); mientras que la herencia de la Simiente que es Cristo y sus coherederos no puede delimitarse: pídeme y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra (Sal. 2:8; Rom. 8:32). Además, el pacto con Abram relatado en 15:18 comienza con en aquel día… ¿Cuándo fue ese día? Fue después de éstas cosas (15:1); es decir, después del pacto celebrado entre Melquisedec y Abram por medio del pan y el vino y después de la victoria sobre los reyes de la tierra. El río de Egipto representa el límite con el mundo (sistema sin Dios); mientras que el río Eufrates es símbolo de fructífero. La tierra prometida, a saber, la vida de bendición en reino de Dios se encuentra entre dos condiciones: no tocar el mundo sin Dios y llevar fruto constantemente.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:19

Comentario general

15.19 ¿A quienes despojaría Dios? ¿Qué clase de personas son a las que Dios les retira su bendición para darse a los justos? Veamos… Ceneos y Cenezeos, son derivados que significan “perteneciente a Cenaz”; es decir, “cazadores”. Quienes no respetan la vida son despojados de ella. Cadmoneos, son los “hombres del este”; es decir, los extranjeros, los que no son hijos no retienen la herencia.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:20

Comentario general

15:20 Heteos, “hijos de Het”, “hijos del terror”. Quienes viven en temor no viven en fe para alcanzar las promesas. Ferezeos, “aldeanos”. Quienes han hecho de esta vida su morada permanente perdiendo su identidad de peregrinos cambian lo eterno por lo temporal. Refaítas, un derivado de los “gigantes”. Los que caen en la ambición desmedida y el egocentrismo son despojados.

— Roberto Tinoco

Génesis 15:21

Comentario general

15.21 Amorreos, “montañeses”. Los atados a fortalezas de la mente carecen de la libertad del reino. Cananeos, “perteneciente a Canaán” (tierras bajas); y también, “mercader”. Representan a quienes están bajo el poder de demonios por lo que están ajenos al reino de Dios. Gergeseos, “moradores del barro”. Quienes viven en debilidad viven también en escasez. Jebuseos, “perteneciente a Jebús” (hollado). Los que están atados a las heridas del pasado no tienen las bendiciones del presente ni del futuro.

— Roberto Tinoco

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