📲

Instala BRPV en tu iPhone

Toca el botón de compartir ⬆️ en Safari, y luego "Agregar a pantalla de inicio".

BRPV
📖 Ir a la Biblia 📅 Planes 🙏 Muro de oración
🔍

Antiguo Testamento

Nuevo Testamento

Tamaño de letra

Fondo de lectura

Génesis 22

La prueba de fe de Abraham

1Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.🗨 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.🗨 3Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.🗨 4Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.🗨 5Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.🗨 6Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.🗨 7Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?🗨 8Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.🗨 9Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.🗨 10Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.🗨 11Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.🗨 12Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.🗨 13Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.🗨 14Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.🗨 15Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,🗨 16y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;🗨 17de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.🗨 18En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.🗨 19Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.🗨 20Aconteció después de estas cosas, que fue dada noticia a Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano:🗨 21Uz su primogénito, Buz su hermano, Kemuel padre de Aram,🗨 22Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel.🗨 23Y Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que dio a luz Milca, de Nacor hermano de Abraham.🗨 24Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

Actualmente seleccionado

Génesis 22: RV60

🖍 Destacar
¿Quieres guardar tus resaltados y notas en todos tus dispositivos? Regístrate o inicia sesión

Elige un fondo

Compartir versículo

Comparar versiones

Génesis 22:1

Comentario general

22.1-2 ¿Después de qué cosas? La prueba a Abraham vino después de que despidiera a Ismael y pactara con Abimelec para obtener el pozo de Beerseba donde habría de abastecerse su hijo Isaac. Abraham tenía éxito en la tierra, era temido. Estaba prosperando; además de que el hijo ilegítimo, Ismael, quien le fue dado a luz por Agar, la sierva egipcia, ya había sido despedido y no heredaría con su hijo legítimo Isaac. Todo era para Isaac; el corazón de Abraham estaba lleno de alegría por Isaac. Sus sueños de tener un hijo estaban completos. Estaba feliz; su centro era su único hijo legítimo. Es entonces cuando viene la prueba de parte de Dios: dame a tu hijo. Dios no tiene competencia. No valoramos a Dios del todo, a menos de que lo valoremos, sobre todo. El primer lugar no es suficiente; ha de amársele con todo. Si Dios no probaba a Abraham, con el paso del tiempo lo perdería. El corazón humano comienza inclinándose y termina perdiéndose. Una bendición puede llegar a ser tan peligrosa como una maldición. Si el hombre ama a la bendición por encima del que bendijo, el bien se transformará en mal. La idolatría no sólo es inclinarse a ídolos; sino sustituir a Dios en el corazón por cualquier cosa o persona. Quien ama a hijo o hija, a padre o madre, a mujer o a cualquier otra persona más que a Cristo no es digno de Él (Mat. 10:37). La pronta respuesta de Abraham muestra que no era consciente de su problema. ¿Qué tiene de malo el amor de un padre por su hijo, que, por cierto, lo tuvo en su vejez? El asunto no era el amor por Isaac; sino el olvido de Dios a causa de Isaac. La orden de Dios o el objeto de la prueba es darle a Isaac. Dios le aclara: tu único. ¿Qué no tenía también a Ismael? Ya no, pues lo había despedido y alejado de Isaac. Dios le amonesta: a quien amas. Indicándole así la causa del pedimento. Dios no compite. Esto es también una figura del amor de Dios. De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito… (Juan 3:16). En hebreo Génesis dice Yachid, único. Y en el Nuevo Testamento versión hebrea dice también en Juan 3:16 “tu Yachid”. Dios dio a su Hijo Amado, su único. Dios no le pidió a Abraham un amor que Dios mismo no tuviera por el hombre. La cruz del Calvario fue la prueba del amor de Dios. El amor no da algo, el amor da todo, se da a sí mismo. El precio de la ofrenda manifiesta el tamaño del amor. No es tu dogma lo que define tu amor, sino tu ofrenda. Es lo que pones en el altar lo que dicta cuál es tu concepto verdadero de Dios. …y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré (2b). El sueño de Abraham era un hijo. Él deseaba descendencia y tenía la promesa de Dios de que sería tan grande como las estrellas del cielo y como la arena a la orilla del mar. Sin embargo, cuando Dios le pidió a su hijo Isaac, por medio de quien Abraham esperaba el cumplimiento de sus sueños y de las promesas de Dios, no dudó en ofrecerlo, prefiriendo satisfacer a Dios dándolo todo para que Dios obtuviera sus sueños antes que los propios. Esta es la mayor muestra de adoración y la base bíblica de la misma: sacrificar nuestros sueños, anhelos y amores para que Dios obtenga los suyos. La mayor muestra de amor es que Dios nos dio a su hijo y la mayor muestra de amor del hombre hacia Dios es que Abraham le dio su hijo. ¿Qué estás dispuesto a sacrificar por Él? ¿Cuál es el límite de tu amor? Dios es vida, fuera de Él ninguno tiene vida en sí mismo. Toda vida pertenece a Dios por cuanto es Él quien la sustenta; de manera que, si pide la vida de cualquier criatura, está en su legítimo derecho como Dios y Creador. No hay injusticia, la Vida es Dueño de la vida. Ir al monte Moriah significaba un viaje de ochenta kilómetros; toda una tortura al llevar a su hijo en sacrificio por tan larga distancia. En ocasiones, el proceso que tarda en llegar la respuesta de una prueba suele ser más doloroso que la prueba misma. Este viaje duró tres días. Sería precisamente en uno de los montes de Moriah, sobre una de las colinas de Jerusalén, que Dios ofrecería a su Hijo Unigénito; y también, el templo de Jerusalén fue edificado en un de los montes de Moriah (2 Crónicas 3:1). Moriah significa “visto de Yahwéh”. En los siguientes versículos sabremos por qué. Ofrecer en holocausto implicaba desangrar al muchacho y luego quemarlo por completo. Significa entrega total, lo que resulta en olor grato al Señor. Esta es la primera mención bíblica de un holocausto (si bien Abraham ya los ofrecía, es la primera vez que se menciona la palabra holocausto como tal). En hebreo es ishshá que proviene de un término que significa “fuego”; denotando así lo que es quemado. Pero a la vez, el significado es más profundo; es la combinación de ish que significa “ser existente” en el sentido de “hombre, individuo”; y esh, “fuego”. En otras palabras, holocausto es “hombre o individuo en fuego, quemado”. ¿No es esto extraordinario? El principio del holocausto es ofrecerse en sacrificio totalmente quemado al fuego. Jesús es quien bautiza o sumerge al hombre en fuego (Mat. 3:11), su toque es la consagración total. La iglesia comenzó en el fuego de Pentecostés y no puede conformarse con las cenizas. Lo normal es ser como Juan el bautista, una antorcha ardiente para Dios. El sacrificio de Isaac nos ilustra esta verdad, era la consagración plena de Abraham y también de Isaac.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:2

Comentario general

22.1-2 ¿Después de qué cosas? La prueba a Abraham vino después de que despidiera a Ismael y pactara con Abimelec para obtener el pozo de Beerseba donde habría de abastecerse su hijo Isaac. Abraham tenía éxito en la tierra, era temido. Estaba prosperando; además de que el hijo ilegítimo, Ismael, quien le fue dado a luz por Agar, la sierva egipcia, ya había sido despedido y no heredaría con su hijo legítimo Isaac. Todo era para Isaac; el corazón de Abraham estaba lleno de alegría por Isaac. Sus sueños de tener un hijo estaban completos. Estaba feliz; su centro era su único hijo legítimo. Es entonces cuando viene la prueba de parte de Dios: dame a tu hijo. Dios no tiene competencia. No valoramos a Dios del todo, a menos de que lo valoremos, sobre todo. El primer lugar no es suficiente; ha de amársele con todo. Si Dios no probaba a Abraham, con el paso del tiempo lo perdería. El corazón humano comienza inclinándose y termina perdiéndose. Una bendición puede llegar a ser tan peligrosa como una maldición. Si el hombre ama a la bendición por encima del que bendijo, el bien se transformará en mal. La idolatría no sólo es inclinarse a ídolos; sino sustituir a Dios en el corazón por cualquier cosa o persona. Quien ama a hijo o hija, a padre o madre, a mujer o a cualquier otra persona más que a Cristo no es digno de Él (Mat. 10:37). La pronta respuesta de Abraham muestra que no era consciente de su problema. ¿Qué tiene de malo el amor de un padre por su hijo, que, por cierto, lo tuvo en su vejez? El asunto no era el amor por Isaac; sino el olvido de Dios a causa de Isaac. La orden de Dios o el objeto de la prueba es darle a Isaac. Dios le aclara: tu único. ¿Qué no tenía también a Ismael? Ya no, pues lo había despedido y alejado de Isaac. Dios le amonesta: a quien amas. Indicándole así la causa del pedimento. Dios no compite. Esto es también una figura del amor de Dios. De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito… (Juan 3:16). En hebreo Génesis dice Yachid, único. Y en el Nuevo Testamento versión hebrea dice también en Juan 3:16 “tu Yachid”. Dios dio a su Hijo Amado, su único. Dios no le pidió a Abraham un amor que Dios mismo no tuviera por el hombre. La cruz del Calvario fue la prueba del amor de Dios. El amor no da algo, el amor da todo, se da a sí mismo. El precio de la ofrenda manifiesta el tamaño del amor. No es tu dogma lo que define tu amor, sino tu ofrenda. Es lo que pones en el altar lo que dicta cuál es tu concepto verdadero de Dios. …y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré (2b). El sueño de Abraham era un hijo. Él deseaba descendencia y tenía la promesa de Dios de que sería tan grande como las estrellas del cielo y como la arena a la orilla del mar. Sin embargo, cuando Dios le pidió a su hijo Isaac, por medio de quien Abraham esperaba el cumplimiento de sus sueños y de las promesas de Dios, no dudó en ofrecerlo, prefiriendo satisfacer a Dios dándolo todo para que Dios obtuviera sus sueños antes que los propios. Esta es la mayor muestra de adoración y la base bíblica de la misma: sacrificar nuestros sueños, anhelos y amores para que Dios obtenga los suyos. La mayor muestra de amor es que Dios nos dio a su hijo y la mayor muestra de amor del hombre hacia Dios es que Abraham le dio su hijo. ¿Qué estás dispuesto a sacrificar por Él? ¿Cuál es el límite de tu amor? Dios es vida, fuera de Él ninguno tiene vida en sí mismo. Toda vida pertenece a Dios por cuanto es Él quien la sustenta; de manera que, si pide la vida de cualquier criatura, está en su legítimo derecho como Dios y Creador. No hay injusticia, la Vida es Dueño de la vida. Ir al monte Moriah significaba un viaje de ochenta kilómetros; toda una tortura al llevar a su hijo en sacrificio por tan larga distancia. En ocasiones, el proceso que tarda en llegar la respuesta de una prueba suele ser más doloroso que la prueba misma. Este viaje duró tres días. Sería precisamente en uno de los montes de Moriah, sobre una de las colinas de Jerusalén, que Dios ofrecería a su Hijo Unigénito; y también, el templo de Jerusalén fue edificado en un de los montes de Moriah (2 Crónicas 3:1). Moriah significa “visto de Yahwéh”. En los siguientes versículos sabremos por qué. Ofrecer en holocausto implicaba desangrar al muchacho y luego quemarlo por completo. Significa entrega total, lo que resulta en olor grato al Señor. Esta es la primera mención bíblica de un holocausto (si bien Abraham ya los ofrecía, es la primera vez que se menciona la palabra holocausto como tal). En hebreo es ishshá que proviene de un término que significa “fuego”; denotando así lo que es quemado. Pero a la vez, el significado es más profundo; es la combinación de ish que significa “ser existente” en el sentido de “hombre, individuo”; y esh, “fuego”. En otras palabras, holocausto es “hombre o individuo en fuego, quemado”. ¿No es esto extraordinario? El principio del holocausto es ofrecerse en sacrificio totalmente quemado al fuego. Jesús es quien bautiza o sumerge al hombre en fuego (Mat. 3:11), su toque es la consagración total. La iglesia comenzó en el fuego de Pentecostés y no puede conformarse con las cenizas. Lo normal es ser como Juan el bautista, una antorcha ardiente para Dios. El sacrificio de Isaac nos ilustra esta verdad, era la consagración plena de Abraham y también de Isaac.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:3

Comentario general

22.3 No solo se trataba de evitar el calor del día (pues caminaría todo el día), sino de apresurarse a obedecer. No debe haber dilación en la consagración, el fuego no espera. Abraham se levantó muy de mañana, la entrega no espera la luz del día, comienza en la oscuridad. El patriarca “enalbardó su asno”. Era el medio de transporte de la época y para largas distancias se le prefería al caballo. Abraham sabía que el viaje no sería corto, no usó un caballo; pero tampoco consideraba que fuese demasiado largo, pues no usó un camello. Enalbardar es kjabásh, significa “envolver firmemente” refiriéndose a usar telas como silla de montar. Figurativamente se usaba la palabra para “gobernar”. Tomó consigo dos siervos suyos, ¿qué significan dichos siervos y por qué dos de ellos? Puede referirse al testimonio: en boca de dos o tres testigos se definirá todo asunto. Pero es poco probable, pues ellos no estuvieron en el lugar del sacrificio, solo en el camino. También pudiera tratarse del Antiguo y Nuevo Testamento simbolizados respectivamente, aunque uno vino antes y otro después del sacrificio. Y también pudiera aplicarse de forma sencilla al sacrificio de Cristo en medio de dos ladrones. Ese día hubo un Padre, un Hijo y dos decisiones al respecto. Aún la leña fue provista por el padre de la fe. Los siervos no la cortaron ni la trajeron. Fue obra de Abraham por completo como también el sacrificio de Cristo dependió en su totalidad de la voluntad divina. El Padre Celestial proveyó la leña, por decirlo así; Jesús fue entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios (Hechos 2:23). Abraham fue al lugar que Dios le dijo. Es evidente que mantuvieron comunicación durante el viaje, pues la primera palabra fue que lo ofreciera en el lugar que le habría de decir. Dichos momentos debieron ser extremadamente duros para Abraham, ¿cómo platicar con quien pide la vida de tu hijo? Sólo uno que ama a Dios por encima de su propio hijo. Es en los momentos más difíciles de la vida cuando más se necesita escuchar la voz de Dios; hay quienes rompen relaciones con el Señor en la adversidad acusándoles de sus problemas, pero no los hombres de fe.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:4

Comentario general

22:4 El tercer día es significativo en el Libro; simboliza resurrección (Oseas 6:2). Isaac fue sacrificado y resucitado en el mismo día, el tercer día. Jesús fue crucificado un día y resucitado al tercer día. Abraham anduvo en la fe sobrenatural, moviéndose en el poder de la resurrección: Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir (Heb. 11:17-19). Él no comenzó a creer que Dios podía resucitarlo cuando estaba a punto de matarlo, sino desde que inició la partida a lo largo de tres días. El tercer día es día de visión amplia, es ver de lejos. La resurrección hace todo posible. Quien anda en la vida natural ve de cerca, tiene imposibilidades; pero quien vive sobrenaturalmente anda según el poder de la resurrección, esto es, mira de lejos. ¿De qué tamaño es tu visión? La respuesta indica en qué día vives, si natural o en el poder de Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:5

Comentario general

22:5 Algunas cosas son incomprensibles a quienes no andan en fe. Abraham tuvo que dejar a sus siervos a cierta distancia, ellos no entenderían lo que Abraham estaba dispuesto a hacer. Solo los llamados comprenden las condiciones de su llamado. La vida de quienes no andan en fe es similar a la de las bestias. Ellos esperan con el asno. Viven para el afán del día. Nada saben de resurrección ni de poder sobrenatural. Si eres llamado por Dios has sido incomprendido en tu visión; pareces de un mundo diferente que habla locuras; vives en la dimensión del espíritu y no solo en la vida del alma. Por su parte, Abraham estaba convencido en que Dios resucitaría a su hijo, pues declara: volveremos. Sabe que ofrecerá a Isaac en holocausto desangrándolo y quemándolo, pero aún así confía que Dios lo resucitará de las cenizas (Heb. 11:17-19). La fe no niega las circunstancias, las supera. Ofrecer a Isaac fue el acto más doloroso de toda la vida del patriarca, pero él no lo consideró como algo de qué lamentarse, para Abraham, era un acto de adoración: iremos hasta allí y adoraremos –dijo él. No hay virtud en el sufrimiento; en todo caso, hay que poner virtud cuando hubiere sufrimiento. El dolor no te recuerda que eres espiritual, sino que eres humano; pero cuando le pones virtud a tu vida en el dolor, entonces recuerdas que eres espiritual aún en medio del dolor. No somos seres humanos con experiencias espirituales; sino seres espirituales con experiencias humanas. La fe no es sólo para hacer maravillas, sino también para rendirse en sacrificio.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:6

Comentario general

22:6 Fue Isaac quien cargó su propia leña donde habría de ser ofrecido en holocausto, de hecho, en hebreo es ets, que significa “árbol”. Isaac tomó, por así decirlo, el madero; como Jesús, el Hijo de Dios, quien cargó su propia cruz rumbo al Calvario donde habría de ser ofrecido en sacrificio. Nadie cargará la cruz que tu mismo debes cargar (Luc. 9:23); morir a ti y vivir para Dios será tu decisión personal, nadie lo decidirá por ti. El padre puso la leña sobre el hijo. Poner en este caso es sim (heb.), también significa “abandonar”. Jesús habría de clamar desde la cruz: Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mr. 15:34). ¿En qué forma llevó Abraham el fuego por tres días? No lo sabemos; posiblemente se trataba de llevar las herramientas con las que lo produciría llegado el momento (quizá una piedra de pedernal). El fuego comienza en Dios, al hombre le corresponde no dejarlo apagarse ni presentar fuego extraño delante de Él (Lev. 6:13; Num. 3:4). El fuego y el cuchillo correspondieron a Abraham; como la vida y la muerte corresponden al Padre Celestial. Aunque Jesús cargó su cruz, fue Dios Padre quien estableció el cuándo y el cómo de su muerte. La responsabilidad del Hijo fue rendir su voluntad: hágase Señor tu voluntad y no la mía (Mat. 26:42). Los llamados vivimos como ante fuego y cuchillo, entregados a muerte todo el tiempo, si vivimos para Dios vivimos y si morimos, para Él morimos, pues somos de Él (1 Cor. 4:9; Rom. 14:8). Abraham tomó en su mano el fuego y el cuchillo. La palabra es yad, que significa “mano abierta” (a diferencia de kaf, “mano cerrada”). Es la actitud dispuesta a dar, es un corazón abierto a todo por Dios. Cuchillo, en hebreo, maakelet, significa “instrumento para comer”. No se usó el término jerez, que se refiere al cuchillo hecho de pedernal; y tampoco se mencionó un cuchillo para afeitar (como en Ezequiel 5:1); sino maakelet, un instrumento para comer. Ofrecer sacrificio tiene el propósito de satisfacer a Dios, es su alimento, por decirlo así. Más no porque Dios se alimente de carne y sangre, sino porque le satisface la entrega, la fe y el amor. ¿Das de comer a Dios? ¿Es tu vida una verdadera entrega de amor a Él? Y fueron ambos juntos; aunque cada uno tenía su responsabilidad, el holocausto era obra de ambos, de Abraham y de Isaac; así como la cruz de Cristo fue obra conjunta del Padre y del Hijo. El Padre amó al mundo y entregó a su Hijo (Juan 3:16); pero también el Hijo dio su vida voluntariamente en amor al Padre (Juan 10:17).

— Roberto Tinoco

Génesis 22:7

Comentario general

22.7 El dramatismo aumenta. El hijo pregunta al padre lo que Abraham temía le preguntara: ¿dónde está el cordero…? No podemos imaginar el dolor que habría de experimentar Abraham. ¿Qué puede responderle? Solo lo que un hombre de fe avanzado dos mil años puede decir: Dios se proveerá de Cordero (vr. 8). Isaac preguntó lo que todos debemos procurar: ¿dónde está el cordero? y Juan el Bautista dio la respuesta señalando a Cristo: he aquí el Cordero de Dios. Esta es la primera mención del Cordero, por lo que establece su principio. El Cordero es un acto de amor y de adoración antes que un acto de remisión de pecados. Al hablar del Cordero muchos piensan solo en términos de quitar el pecado y sanar al hombre, pero, aunque esto es maravilloso, Jesús es el Cordero primero para satisfacer al Padre Celestial y después para satisfacer las necesidades humanas.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:8

Comentario general

22:8 El Cordero viene de Dios. Dios fue quien proveyó el cordero a Abraham y es Dios quien proveyó también a su Hijo como el Cordero para la humanidad. Por eso se le llama el Cordero de Dios. Abraham había comenzado a ver a Isaac como la provisión de Dios antes que como su propio hijo (aunque le llamó hijo mío); y como tal, confiaba en que Dios lo resucitaría (Heb. 11:19). ¿Cómo ves a tu familia y posesiones? ¿A quién pertenecen? Con todo, comprendamos que Dios proveyó el Cordero a favor de la humanidad, pero en realidad, originalmente lo proveyó para sí mismo: Dios se proveerá del Cordero –dice el Libro. Abraham e Isaac, su hijo, iban juntos al lugar del holocausto. Así el Padre y el Hijo celestiales actuaron en conjunto rumbo a la cruz del calvario. La cruz no fue la idea de un rabino radical del primer siglo ni tampoco una trampa que no pudiera evitar Jesús, sino el plan predeterminado por Dios, Padre e Hijo (incluso el Espíritu) en la eternidad (Hechos 2:23; 1 pedro 1:19-20). ¿Caminarías con Dios rumbo a tu propia muerte? No todos estarían dispuestos a esto. La prueba de ser hijo de Dios maduro es estar dispuesto a andar con Él así se trate de ir a la cruz. Esto no significa que la voluntad de Dios sea el sufrimiento del hombre, pues la cruz solo son tres horas de treinta y tres años; pero conociendo su gloria no estamos dispuestos a perdernos la oportunidad de satisfacerle ni siquiera por un momento. Dios no ha estado nunca a favor de los sacrificios humanos (Lev. 20:1-5), así que la petición sobre Isaac debió resultarle al patriarca contradictorio; aún así caminó con su hijo hasta el lugar del sacrificio. Si Dios te pidiera algo incongruente, ¿lo harías? La prueba máxima de obediencia es obedecer sin entender o sin estar de acuerdo.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:9

Comentario general

22.9 El altar habla de entrega; y la entrega es adoración. El altar se edifica por la Palabra de Dios, por lo que Dios habla, es decir, en el lugar que Dios ha dicho. La adoración se edifica con entrega. No es algo que se perfecciona de la noche a la mañana, sino que se va construyendo poco a poco, como un altar, entregando más y más de uno mismo vez tras vez. Es un lugar, por no decir un estado de relación con Dios al que tienes que llegar, y llegas allá siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios. Asimismo, no se puede edificar altar para holocausto sin componer la leña. La palabra para “compuso” la leña es arák, significa “poner en hilera”. La misma palabra aparece en el salmo 23:5 como “aderezas” mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. Un altar es ponerle mesa a Dios. Toda vida que se enfoca en satisfacerle es una vida ofrecida en altar espiritual. Abraham ató a su hijo. También Isaac manifestó fe al dejarse ofrecer por su padre, pero si no hubiera posibilidad de fallar a última hora no hubiera existido necesidad de atarle. Es similar a Jesús, el Hijo de Dios, quien siendo ofrecido presentó breve resistencia en el Getsemaní, más se dejó atar en obediencia por el amor del Padre para ser crucificado. ¿Te sientes atado por amor a Dios al punto de ofrecerte a Él? La leña que cargó a Isaac ahora lo cargaba a él; del mismo modo, la cruz que Cristo Jesús cargó hasta el Gólgota, luego lo cargó a Él. La cruz que cargas te sostendrá. La medida de tu entrega se convertirá en la medida de tu sostén. Quien carga la cruz aún no ha sido crucificado; pero quien ha sido puesto en la cruz puede descansar, pues ha muerto a sí mismo. ¿Llevas la cruz o la cruz te lleva a ti? Cuando Jesús demandó de sus seguidores que llevasen la cruz para seguirle era porque aún no habían muerto; era, por así decirlo, ponerle la medida más alta a fin de obligarlos a decidirse, o todo o nada para seguirlo. Más una vez que alguno es crucificado no debe permanecer más en la cruz, ha de ser quitado de inmediato, pues el día de reposo comienza. Vuelvo a preguntarte: ¿llevas tu cruz o la cruz te lleva a ti? ¿Has muerto ya? Entonces estás listo para la resurrección. Después de que Isaac fue puesto sobre la leña no fue necesario nunca más que llevara la leña. Una vez que has sido crucificado juntamente con Cristo no necesitas nunca más cargar la cruz. Si con Cristo estás crucificado, ya no vives tú, más vive Cristo en ti; esto es, tienes una vida nueva, ¿cómo sigues sufriendo aún tu antigua manera de vivir?

— Roberto Tinoco

Génesis 22:10

Comentario general

22.10 La mano que trajo el fuego, compuso la leña, ató al muchacho y lo colocó encima, fue la que se extendió para tomar el cuchillo con el fin de degollarlo. La mano de Abraham fue más allá de la que cualquier otro padre iría; asimismo, la mano del Padre Celestial fue más allá de nuestro dolor y pecado, se extendió más allá de nuestra caída al entregar a muerte a su propio Hijo por nosotros. Cuchillo, hebreo maakélet, “algo con que comer”. Isaac fue dado en alimento a Dios. Eso es lo que significa presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Rom. 12:1). ¿Usas tu cuerpo para satisfacer a Dios? Degollar, hebreo shakját, “matar cortando el cuello”. Un sacrificio es degollado para perder por lo menos dos cosas: la sangre en primer lugar, la cual es la vida. Y la segunda es la cabeza, la cual representa la autoridad. Todo el que se ha dado a Dios ha perdido su vida y su autoridad; ahora está bajo la sangre y autoridad de Jesús; Cristo es su vida y su Señor. No debió ser nada fácil para Abraham extender su mano con la intención de degollar a su propio hijo, es una muestra extraordinaria de amor. Ante tal ejemplo, ¿cómo dicen ser de la fe de Abraham quienes no son capaces de darse ni a sí mismos, y esto, espiritualmente? ¿O quienes aman a otros antes que al Señor? Suele pensarse en la fe como aquello que recibe un milagro; pero la fe más alta es aquella que da.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:11

Comentario general

22.11 Precisamente cuando Abraham estaba a punto de matar a su hijo, el ángel de Yahwéh lo detuvo. Dios espera hasta el último momento; Él no tiene prisa. Si la respuesta aún no ha llegado no significa que no vaya a llegar; debemos ser como Abraham, creyendo que Dios puede responder aún más allá de la muerte. Jamás cruzaremos una frontera donde Dios no pueda alcanzarnos. Dios habla desde el cielo. No me refiero sólo a una morada celestial o de arriba, sino a un estado o dimensión espiritual. Dios no gusta de hablar desde dimensiones terrenales. La solución viene del cielo. Por tanto, más que clamar “vamos al cielo” deberíamos decir: “venga tu cielo”; o lo que es lo mismo, “venga tu reino”. Cuando el hombre no oye a Dios suele ser por querer escucharlo en una dimensión diferente a la de Dios; procura con la carne entender al Padre, pero es por medio del espíritu que entendemos al Espíritu: hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual (1 cor. 2:13). Dios llama a Abraham a través de la forma del ángel de Yahwéh. El ángel de Yahwéh es una teofanía o representación visible de Dios. Dos veces le llamó: “Abraham, Abraham”. Cuando Dios llama a alguno por su nombre dos veces significa que el asunto apremia y es de gran importancia. Llamó a Abraham dos veces, igualmente a Moisés (Ex. 3:4), y a Samuel (1 Sam. 3:10). Esto es lo que significa “conocer por nombre” (Ex. 33:17); es decir, intimar. Hay dos palabras que le fascinan a Dios: heme aquí. Las expresó Abraham en esta ocasión, y las dijo también Jacob (Gen. 31:11; 46:2), Moisés (Ex. 3:4), Samuel (1 Sam. 3:4-10), Isaías (6:8), Ananías (Hechos 9:10), y Jesús mismo (Heb. 10:7-9). Son disposición a obedecer, apertura, atención. Abraham estaba pasando el momento más crítico de su vida, de modo que responder “heme aquí” en tal circunstancia debe resaltarse. No todos responden bien a Dios o están dispuestos a poner atención al Señor en momentos de crisis, algunos reniegan o se resisten, otros pierden interés; pero los amigos de Dios están siempre prestos a escucharle, aún en la apretura de su alma. Tu amistad con Dios y tu llamado manifiestan su nivel de madurez por la forma como respondes a Dios en los momentos difíciles.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:12

Comentario general

22.12 Dios le pidió a Abraham a su hijo en holocausto, cuando lo pidió, le dijo: dame a tu hijo, tu único, a quien amas; pero una vez que lo ofreció, Dios no volvió a llamar a Isaac “a quien amas”, sino sólo tu hijo, tu único. El patriarca había demostrado que amaba a Dios por sobre todas las cosas, aún por encima de su propio hijo; Dios era su Único, su primer Amor. Dios detuvo a Abraham mediante la voz del Ángel; pero no detuvo el sacrificio de su propio Hijo en la cruz del calvario. Uno es ofrecido en forma simbólica, el Señor fue ofrecido literalmente. Uno recibió vida como resucitado; más Cristo es efectivamente las primicias de la resurrección obteniendo vida eterna para nosotros. Ya conozco, debiera mejor traducirse como “ahora sabes lo que conozco de ti”. Conozco, en hebreo yadá, significa tanto “conozco” como “dar a conocer”. Dios sabía quien era Abraham, pero Abraham no sabía quien era él mismo. La vida se limita a lo que sabemos de nosotros mismos; nadie va más allá de sí mismo o de lo que cree que es y puede hacer. La actitud define la altitud, especialmente tratándose de la identidad. Dios confiaba en Abraham, pero el patriarca necesitaba conocerse y decidirse dentro de sí. Dios no quería matar a Isaac, sino vivificar a Abraham; es tan importante la identidad y el conocerse que Dios los llevó a la crisis de un holocausto familiar. …por cuanto no rehusaste, rehusar traduce el hebreo kjasák, se refiere a “no retener consigo”, en este caso, a Isaac. Una ofrenda es lo que no se retiene y se mide no por lo que se da, sino por lo que se conserva o no se conserva; por ejemplo, cuando la viuda pobre dio dos blancas, Jesús dijo que fue la que más dio, porque todos dieron de lo que les sobraba, pero ella dio su sustento (Luc. 21:3-4). La ofrenda de Abraham se midió en base a lo que retuvo, esto es, al no retener nada, la medida de su ofrenda era todo. ¿Qué dicen de ti tus ofrendas? ¿Cuál es su medida? Recuerda: no la midas según lo que das, sino según lo que conservas.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:13

Comentario general

22.13 Cuando el Ángel detuvo a Abraham con la Palabra de Dios, él alzó sus ojos. Uno de los propósitos de la predicación de la Palabra es alzar la mirada de la gente, producir fe y expectativas celestiales; hacerlo anhelar alcanzar nuevos niveles. Abraham alzó los ojos y miró, esto no es redundante, solo vemos en verdad cuando vemos hacia arriba. Son las bestias sin fe y sin espíritu las que andan por la tierra con los ojos en el suelo, más los hijos de Dios caminan con ojos celestiales. Nuestra mirada está enfocada según aquello a lo que nuestros oídos están atentos. Oímos y volteamos a mirar; así pasa con el espíritu, cuando escucha la Palabra de Dios con atención aprende a ver espiritualmente. …y he aquí a sus espaldas… el carnero provisto por Dios está a la espalda. Es extraño, si no imposible, que la provisión aparezca delante, especialmente tratándose del Cordero de Dios. Abraham tuvo que voltear de su posición para hallar el carnero provisto por Dios, similar al apóstol Juan en la isla de Patmos, quien tuvo que voltear de su posición para mirar al Cordero de Dios en medio de los candeleros de oro (Ap. 1:10-13). La conversión exige otra posición. La palabra misma conversión es lo que significa. Es imposible hallar al Cordero provisto por Dios como nuestro sustituto sin cambiar de posición, es imperativo renunciar a la dirección de nuestra vida para tomar la suya. …trabado de un zarzal por sus cuernos… el carnero no hubiera estado allí de no estar trabado en un zarzal por sus cuernos. Esto es muy gráfico y lleno de significados. El zarzal, en hebreo sebák, representa, por así decirlo, los espinos y cardos que la tierra produciría por el pecado del hombre. Los cuernos son símbolo de poder. El poder del carnero estaba trabado al pecado de la humanidad; Cristo fue voluntariamente prendido por el juicio contra la humanidad. ¿Dónde está el cordero para el holocausto? –preguntó Isaac. El Cordero de Dios está trabado en su poder por la maldición de la ley; fue hecho maldición por nosotros a fin de librarnos de su poder. ¡Bendito sea Dios! (Gal. 3:13-14). El hombre no debe estar atado al pecado ni a maldición alguna, ya uno fue trabado en su lugar, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Moisés fue llamado por Dios desde una zarza que ardía sin consumirse (Ex. 3:2); allí se le apareció Dios. Del mismo modo, Dios apareció a Abraham en la forma del carnero para el holocausto desde un zarzal. Los llamados de Dios comienzan en la cruz de Cristo, allí miran la gloria de Dios por primera vez y lo que a otros parece negativo, a los hombres y mujeres de fe es bendición. ¿Qué significó para Isaac el carnero? Fue el sustituto, el que murió en su lugar; fue lo mismo que Cristo para nosotros, nuestra vida (Col. 3:4). …y fue Abraham y tomó el carnero… el carnero estaba allí, disponible para tomar el lugar de Isaac; pero Abraham tuvo que tomarlo para hacer la sustitución. Cristo, el Cordero de Dios ya fue ofrecido, pero los beneficios de su sacrificio solo son obtenidos por los que los toman por la fe. ¿Has recibido al Cordero? ¿Ha tomado tu lugar? …y lo ofreció en holocausto… Holocausto, se usa aquí la palabra hebrea olá que literalmente significa “escalón” (gradas). El concepto implícito es ascender, como subiendo en humo. Un holocausto representa la idea de ascender a Dios a través del sacrificio, así como sube el humo al cielo. El carnero ofrecido en sacrificio por Abraham lo elevó a una nueva dimensión de relación con Dios. El holocausto u ofrenda del todo quemada (Sal. 51:19) tiene también la idea de ser “olor grato” a Dios (Ex. 29:18), la entrega siempre deleita y satisface a Dios. Mientras algo de nuestro ser no sea cenizas, mientras aún no estemos en el fuego del Espíritu ardiendo totalmente, mientras se distinga algo de nosotros aparte de Cristo, no seremos del todo un deleite completo a Dios (si bien su gracia ha sustituido nuestras debilidades por la excelencia de Cristo). …en lugar de su hijo… el carnero sustituyó a Isaac; símbolo de Cristo tomando nuestro lugar en la cruz. Esta es la doctrina de la sustitución, se resume en que Cristo tomó nuestro lugar en cuanto al juicio y nosotros el suyo en cuanto a bendición. La sustitución es ampliamente enseñada en el Libro: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 Pedro 3:18). Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom. 5:6-8). Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahwéh cargó en él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:4-6). …quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2:24).

— Roberto Tinoco

Génesis 22:14

Comentario general

22.14-15 Abraham tuvo una extraordinaria revelación en el momento en el que el carnero sustituyó a su hijo Isaac, literalmente entendió y miró el sacrificio de Jesucristo dado por el Padre. Jesús dijo dos mil años después: Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó (Juan 8:56). ¿Qué día miró Abraham? Este hombre de fe vio la cruz de Cristo, por eso llamó a ese lugar “Yahwéh proveerá”. Proveer viene de ver anticipadamente, pro – ver; y por lo mismo, hacer provisión anticipándose. ¡Tremenda revelación tuvo Abraham! Vio el evangelio y comprendió la provisión que Dios haría a favor del hombre entregando a su propio Hijo en sacrificio. A partir de entonces, una profecía se repetiría de generación en generación: en el monte de Yahwéh será provisto. Dios ha hecho provisión, el Cordero irá al sacrificio. El ángel de Yahwéh llamó a Abraham una vez para impedir la muerte de Isaac y luego una segunda vez para jurarle la multiplicación de Isaac. Dios pide una vez y da muchas veces a quien le obedece. No nos pide para quitarnos, sino para liberar la semilla de multiplicación que ha puesto en nosotros. ¿Te ha pedido Dios algo? Entonces estás a punto de crecer. Cuando Dios habla dos veces lo hace para dar promesas de bendición (1 Reyes 9:2-5).

— Roberto Tinoco

Génesis 22:15

Comentario general

22.14-15 Abraham tuvo una extraordinaria revelación en el momento en el que el carnero sustituyó a su hijo Isaac, literalmente entendió y miró el sacrificio de Jesucristo dado por el Padre. Jesús dijo dos mil años después: Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó (Juan 8:56). ¿Qué día miró Abraham? Este hombre de fe vio la cruz de Cristo, por eso llamó a ese lugar “Yahwéh proveerá”. Proveer viene de ver anticipadamente, pro – ver; y por lo mismo, hacer provisión anticipándose. ¡Tremenda revelación tuvo Abraham! Vio el evangelio y comprendió la provisión que Dios haría a favor del hombre entregando a su propio Hijo en sacrificio. A partir de entonces, una profecía se repetiría de generación en generación: en el monte de Yahwéh será provisto. Dios ha hecho provisión, el Cordero irá al sacrificio. El ángel de Yahwéh llamó a Abraham una vez para impedir la muerte de Isaac y luego una segunda vez para jurarle la multiplicación de Isaac. Dios pide una vez y da muchas veces a quien le obedece. No nos pide para quitarnos, sino para liberar la semilla de multiplicación que ha puesto en nosotros. ¿Te ha pedido Dios algo? Entonces estás a punto de crecer. Cuando Dios habla dos veces lo hace para dar promesas de bendición (1 Reyes 9:2-5).

— Roberto Tinoco

Génesis 22:16

Comentario general

22:16 Dios juró por sí mismo, no hay nadie mayor por quien jurar (Hebreos 6:13-16). Tenemos la completa seguridad del cumplimiento de la bendición de Abraham en los que somos de la fe en Cristo (el Hijo entregado en sacrificio) porque Dios interpuso juramento. Primero dejaría de ser Dios antes que invalidar la bendición de Abraham. Dios juró porque Abraham no le negó su mayor amor. Dios se compromete con los que le aman. Cosas extraordinarias y maravillosas ha preparado Dios a los que le aman (1 Cor. 2:9). ¿Quieres el favor de Dios? No le niegues nada. Tu bendición es del tamaño de tu donación.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:17

Comentario general

22.17 La bendición de Abraham incluye por lo menos tres cosas: producción, posesión y progresión. Producción al ser multiplicado; posesión al tomar las puertas de los enemigos; y progresión al ser bendición a todas las naciones. El estilo de Dios es la verdad. Dios dijo “de cierto”; Jesús solía hablar igual (Juan 14:12). Significa “sin lugar a dudas”. ¿Y qué es lo que Dios llama certero y que no fallará? ¡Su bendición! De cierto te bendeciré -es es una promesa y una bendición en sí misma. Bendecir es “bien decir” o decir lo bueno. Si los hombres hablamos el bien producimos beneficios; por ejemplo, el Libro dice que por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida; más por la boca de los impíos será trastornada (Prov. 11:11). Y si esto es bueno y cierto para los hombres, ¡cuánto más para Dios! Por su Palabra fueron hechos los cielos y la tierra. Dios habla el bien de los que le aman; Abraham mostró su amor a Dios entregando a su hijo y Dios se comprometió a hablar el bien a Abraham. Cada palabra que Dios pronunciare sobre el patriarca le traería cosas buenas. Andar a la luz de la Palabra de Dios produce prosperidad en todo (Jos. 1:8). Multiplicaré. Perdemos lo que retenemos, mientras que lo que damos a Dios se multiplica. Abraham le dio un hijo a Dios y Dios le prometió multiplicarlo. La prosperidad radica en dar no en retener; por eso es que es más bienaventurado dar que recibir (Hechos 20:35). La ley de la siembra y la cosecha establece que se siembra una semilla, pero no se recoge una semilla, sino un árbol; ¿y qué es un árbol? ¡Miles de semillas! Isaac, como simiente de Abraham sería multiplicado “como las estrellas del cielo y como la arena del mar”. Nunca pienses que recibirás lo que sembraste, espéralo multiplicado. Desde la creación del hombre la multiplicación es parte de su propósito (Gen. 1:28); lo mismo confirmó a Noé y a su familia después del diluvio (Gen. 9:1). Sin embargo, multiplicar la simiente prometida va más allá de la reproducción; es llenar la tierra con la imagen de Dios, a saber, Cristo. Esto sólo fue posible después de que el Padre entregó a su Hijo. Algunos se molestan ante el tema de la prosperidad, pero la Palabra de Dios muestra que Dios no suma, multiplica. Descendencia, hebreo zéra, “semilla”. Antes que los hijos sean hijos son semilla. Dios se refería a Cristo (3.15, Num. 24.7; Is. 6.13; Gal. 3.16) multiplicado en los hombres que vinieran de Abraham (1 Pedro 1:23; 1 Juan 3:9). La simiente de Abraham es doble. Por un lado es como las estrellas del cielo; celestial. Y por otro es como la arena que está a la orilla del mar; es decir, terrenal. Se refiere tanto a los hijos espirituales, a saber la iglesia sin distingo nacional; como a los hijos naturales, es decir, al pueblo de Israel según la carne. Los primeros alumbran al mundo y los segundos viven a su lado como una especie de señal o reloj de los asuntos espirituales. Estrella, traduce el hebreo kókab que significa “brillando” pero lleva el sentido de “rodar” en los cielos. Y arena, en hebreo kjol, significa “partículas que giran”. Hay descendencia que gira en lugares celestiales y los hay también quienes giran en lugares terrenales. Ambos son descendencia, pero unos a duras penas sobreviven entre los habitantes del mundo; mientras que los otros tienen una vida alta, son espirituales y se saben celestiales. ¿A cuál de ellos perteneces? La palabra orilla traduce el hebreo sapah, literalmente es “labio”, aunque se usa metafóricamente como rivera del mar o de un río. La descendencia natural de Abraham, el pueblo de Israel según la carne, ha estado siempre involucrado en los asuntos del mundo, ha estado “de boca en boca” en cada generación. Ellos han sido como los labios del mundo. El pueblo de Dios debe ser protagonista de los aconteceres mundiales como parte de su llamado, no enredado con el mundo, sino como luz del mundo. Todo lo que tenga la simiente de Dios (Cristo) es invencible: poseerá las puertas de sus enemigos. La puerta de una ciudad era su acceso y su autoridad; allí se reunían sus príncipes y jueces a juzgar la ciudad y por allí pasaban todos los ciudadanos de la misma; de manera que el que poseía la puerta de una ciudad era dueño de ella. Tal es la iglesia, las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (Mateo 16:18); las tinieblas no pueden resistir el embate de los hijos de Dios (1 Cor. 15:57). En el plan eterno de Dios, todas las cosas serán puestas debajo de Cristo, la Simiente prometida (Ap. 11:15); una vez que esto sea consumado, el Hijo entregará todas las cosas al Padre para que Él sea el todo y en todos (1 Cor. 15:27-28). Enemigo, hebreo oyéb, “odiar”. No necesitas hacer nada en contra de alguien para constituirte en su enemigo; basta odiarle para ello.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:18

Comentario general

22:18 Este versículo trata acerca del reino abierto a los gentiles, esto es el misterio de Cristo. La simiente de Abraham es Cristo (Gal. 3:16); en Él son benditas todas las familias de la tierra mediante el evangelio (Gal. 3:8-9). Abraham fue justificado por medio de la fe, pero su bendición fue extendida a causa de la obediencia. La fe alcanza el cielo, las obras alcanzan la tierra. Asimismo, todo hombre ha de creer para alcanzar la bendición de Abraham en su persona; y luego debe obedecer para extender su fe y bendición a otros. Cuando Abraham creyó en la promesa de Dios recibió la justicia que necesitaba para ser salvo (Gen. 15:1-6; Rom. 4:1-5). Y por esa fe, no tuvo temor de obedecer ofreciendo a Isaac, creyendo que Dios podía resucitarlo (Heb. 11:17-19). Su obediencia no sólo demostró su fe, sino que también la extendió, pues Dios le dijo que serían benditas todas las familias de la tierra por cuanto obedeció a su voz. Abraham ofreció a su hijo amado y esto desató la promesa divina de bendecir a todas las naciones. Es una figura del evangelio: Dios ofreció en sacrificio a su Hijo Amado y esto bendijo al mundo entero de todas las edades. La vida que es ofrecida se amplía. ¿Has creído personalmente para ser salvo? Y una vez que creíste, ¿has demostrado tu fe con obediencia? Hay personas que dicen creer ellos para sí en Cristo, pero no alcanzan a nadie con esta bendición, ¿y por qué no se extiende su bendición? ¿Por qué no alcanzan a nadie? ¡Porque no han obedecido verdaderamente lo que dicen creer! Si en verdad creyeran obrarían y si en verdad obraran otros serían bendecidos. Este es el secreto de la paternidad espiritual, no hay reproducción sin obras de obediencia a la fe. Tu bendición llegará tan lejos como tu obediencia. La misma voz (hebreo col) que llevó a Adán a esconderse en el huerto, produjo en Abraham que ofreciera a su hijo. La diferencia es la condición del corazón. La voz de Dios ha salido por todo el mundo (Rom. 10:18), pero en unos ha significado temor y desagrado; mientras que para otros ha sido deleite y bendición. Los portadores de la simiente divina se alegran en la voz de Dios; mientras que los que carecen de dicha naturaleza se incomodan. ¿Qué es para ti la palabra de Dios? Tu respuesta declara las intenciones de tu corazón.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:19

Comentario general

22.19 Después de ofrecer a su hijo y recibirlo de nuevo simbólicamente como por resurrección, Abraham regresó a sus siervos. Esto es una figura del evangelio: después de que el Padre diera al Hijo Amado, los cielos pudieron descansar al recibir al Hijo de Dios resucitado. Y si el descanso del cielo está en la resurrección de Cristo, ¿cómo no lo estará aún más el descanso de la tierra? El hombre se cansa por no acceder al poder de la resurrección. Aún los creyentes olvidan ocasionalmente que tienen acceso a la vida sobrenatural. Pueden volver de sus afanes, pueden regresar de sus dolores, pueden salir de su miseria. El Hijo ya fue ofrecido y resucitado, podemos volver a casa, a la vida del reino, al ambiente de regocijo sobrenatural. ¿Por qué quedarse a llorar en el monte pudiendo entrar a la abundancia del reino? Es hora de volver, el Hijo de Dios ya fue muerto y resucitado. No se menciona que Isaac fuera con Abraham, aunque de hecho iban juntos; pero la omisión de su persona es un símbolo espiritual; la próxima vez que se menciona a Isaac será con relación a su esposa Rebeca (Gen. 24:62-67); como a Cristo, que una vez muerto y resucitado no volvemos a verlo, sino en las Bodas del Cordero cuando reciba a la iglesia. Beerseba significa “pozo del juramento”. Abraham regresó al lugar donde sembró el árbol tamarisco. La Palabra podía decir que volvió con su esposa, pero no dice eso; no porque no volviera, sino para mostrarnos una enseñanza más alta. El patriarca entregó a su Hijo y luego volvió al Pacto. La sangre de Isaac, aunque no fue derramada, sino simbólicamente, prefigura la sangre de Cristo, la sangre del Nuevo Pacto. Abraham regresó al lugar del Pacto después de la muerte y resurrección de su hijo amado; asimismo, el Nuevo Pacto fue establecido después de la muerte y resurrección del Hijo de Dios, Jesucristo (Luc. 22:20). ¿Dónde habita el Padre? Muchos dirán que en el cielo, pero esto no es del todo exacto. Dios habita en su pacto, Él se obligó a sí mismo por medio del juramento (Gen. 21:31-33; 22.16; Heb. 6:13-14). ¿Dónde puedo hallar a Dios? En el Nuevo Pacto.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:20

Comentario general

22:20 ¿Después de qué? Después de ofrecer a su hijo amado y de volver a Beerseba. Abraham escuchó la noticia de que su parentela estaba multiplicándose también después de que ofreciera a Isaac; esto tiene gran importancia, pues es la multiplicación de la semilla sembrada. Si el grano de trigo cae en tierra y muere lleva mucho fruto (Juan 12:24); Isaac fue una semilla sembrada y Abraham comenzó a escuchar las noticias de su multiplicación. El fruto del reino siempre vendrá después de la muerte y de la resurrección. …que fue dada noticia a Abraham… Símbolo del evangelio. Las buenas nuevas incluyen la multiplicación de la Simiente. Abraham recibió la noticia de que su parentela estaba multiplicándose, esto era una señal de la preparación para la esposa de su hijo. El Padre celestial también escucha las noticias de la multiplicación de Cristo por toda la tierra a través de las iglesias; esto es parte del evangelio. Cuando los hombres escuchan el evangelio oyen de la semilla sembrada a su favor; pero cuando el Padre escucha el evangelio, oye de los frutos de la siembra de su Hijo. …diciendo: he aquí que también Milca ha dado a luz hijo a Nacor tu hermano. Milca significa “reina”; y Nacor, “roncador”. El sueño de un hombre y la obra de una reina son la preparación de la esposa para el hijo de Abraham. La obra humana de la iglesia en combinación del Espíritu de Dios está dando a luz a los vencedores de donde vendrá la esposa del Cordero (Ap. 12).

— Roberto Tinoco

Génesis 22:21

Comentario general

22.21 Uz significa “consulta”; Buz, “faltar al respeto”; y Kemuel, “criado por Dios”. Hay una gran mezcla en la ascendencia de la esposa de Isaac; entre ellos hay dudas, faltas de respeto y también hombres criados por Dios. ¿No es esto la parte humana de la iglesia?

— Roberto Tinoco

Génesis 22:22

Comentario general

22.22-23 Quesed es de significado incierto, lo mismo que Pildas. Hazo significa “vidente”; Jidlaf, “lleno de lágrimas”; y Betuel, “destruido de Dios”. Es interesante que Rebeca, “encadenar (con belleza)”, quien llegaría a ser la esposa de Isaac, viniera de Betuel, “destruido por Dios” y no de Kemuel, “criado por Dios”. Antes de que Dios saque lo mejor de nosotros ha de destruir lo peor de nosotros. Nacor tuvo ocho hijos, de ellos vino la esposa de Isaac. El número ocho habla de resurrección y nuevo comienzo, Jesús resucitó el día domingo, el ocho después de la semana. La iglesia esposa es producida en resurrección.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:23

Comentario general

22.22-23 Quesed es de significado incierto, lo mismo que Pildas. Hazo significa “vidente”; Jidlaf, “lleno de lágrimas”; y Betuel, “destruido de Dios”. Es interesante que Rebeca, “encadenar (con belleza)”, quien llegaría a ser la esposa de Isaac, viniera de Betuel, “destruido por Dios” y no de Kemuel, “criado por Dios”. Antes de que Dios saque lo mejor de nosotros ha de destruir lo peor de nosotros. Nacor tuvo ocho hijos, de ellos vino la esposa de Isaac. El número ocho habla de resurrección y nuevo comienzo, Jesús resucitó el día domingo, el ocho después de la semana. La iglesia esposa es producida en resurrección.

— Roberto Tinoco

Génesis 22:24

Comentario general

22.24 Nacor tuvo también una concubina aparte de su esposa Milca. Se llamaba Reúma, “levantada, elevada”. Por mucho que fuese elevada, Reúma era sólo una concubina, la esposa era Milca, “reina”. La concubina dio a luz a Teba, “masacre”; a Gaham, “quemar, llama”; a Tahas, “animal limpio” (probablemente antílope o tejón); y a Maaca, “perforar, depresión, perforar, presionar”. ¿Qué más podía producirse de quien no era la esposa legítima? Todo lo que el hombre sembrare, esto también segará. La esposa de Isaac no vino de la concubina de nacor, sino de su esposa. La iglesia esposa del Cordero no procede del total de la iglesia, sino de los creyentes vencedores de entre ella; así como la esposa de Adán vino del cuerpo de Adán, pero no fue todo el cuerpo de Adán.

— Roberto Tinoco

🔴
🔴