📲

Instala BRPV en tu iPhone

Toca el botón de compartir ⬆️ en Safari, y luego "Agregar a pantalla de inicio".

BRPV
📖 Ir a la Biblia 📅 Planes 🙏 Muro de oración
🔍

Antiguo Testamento

Nuevo Testamento

Tamaño de letra

Fondo de lectura

Génesis 28

1Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán.🗨 2Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre.🗨 3Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos;🗨 4y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham.🗨 5Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel arameo, hermano de Rebeca madre de Jacob y de Esaú.🗨 6Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán;🗨 7y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram.🗨 8Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre;🗨 9y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres.🗨

El sueño de Jacob en Betel

10Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.🗨 11Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.🗨 12Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.🗨 13Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.🗨 14Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.🗨 15He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.🗨 16Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.🗨 17Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.🗨 18Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.🗨 19Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.🗨 20E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,🗨 21y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.🗨 22Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

Actualmente seleccionado

Génesis 28: RV60

🖍 Destacar
¿Quieres guardar tus resaltados y notas en todos tus dispositivos? Regístrate o inicia sesión

Elige un fondo

Compartir versículo

Comparar versiones

Génesis 28:1

Comentario general

28.1 La iniciativa para enviar a Jacob fue de Isaac (si bien Rebeca se lo aconsejó); no fue Jacob quien vino a Isaac. ¿Cómo habría de acercarse a él después de haberlo engañado haciéndose pasar por su hermano Esaú para robar la primogenitura? Ese es el orden del reino, Dios es quien envía, como declara la Escritura: ¿cómo predicarán si no fueren enviados? (Rom. 10:15). Fue por el envío de Jacob por parte de su padre Isaac a otra tierra que estuvo en el lugar correcto para recibir la revelación de la Casa de Dios y de conocer a quienes darían a luz a las tribus de Israel. Isaac sabía que sobre Jacob descansaba la bendición de primogenitura, así que lo envía lejos para proteger la Simiente. Cada movimiento del creyente debe decidirse en base a la formación de Cristo, la Simiente que habita en él, nunca por motivos económicos ni conveniencias sociales. Isaac es figura del Hijo de Dios (como Abraham lo es del Padre y Jacob del Espíritu Santo). Como tal, al enviar a Jacob establece un símbolo necesario para la aparición de la Casa de Dios, el cual es el envío del Espíritu de Dios al mundo por parte del Hijo de Dios. Jesucristo prometió antes de su partida que enviaría al Espíritu Consolador (Juan 16:7). Si Isaac no hubiera enviado a Jacob, la revelación de la Casa de Dios hubiera continuado en misterio; así pues, el envío del Espíritu por parte del Hijo hizo posible la Presencia de Dios en los creyentes, de este modo, la casa de Dios fue revelada llamándose a la iglesia el templo de Dios (1 Cor. 3:16). La Casa de Dios no existe aparte del Espíritu de Dios. Tengo también otra reflexión de este pasaje: antes de enviar, Isaac primero llamó a Jacob. El llamado antecede al envío. Demasiadas personas salen argumentando ser enviadas cuando aún no han cumplido la primera fase de su llamado. Solo debe ir quien primero aprendió a venir. La sujeción es insustituible, primero somos llamados y luego somos enviados. Ir sin ser enviado constituye un falso ministerio. No es el “éxito” lo que justifica el ministerio; sino la autoridad del reino. …y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán –la revelación de la Casa de Dios va precedida de una orden: no mezclas. El material para su edificación requiere ser puro; entiendo que uno de los misterios del reino de los cielos son las mezclas (Mat. 13) y precisamente por eso es que el Hijo de Abraham ordena apartarse de ellas. La obra del Espíritu Santo es la santificación de la iglesia (Stg. 4:5). Él selecciona los materiales para la Casa de Dios según los parámetros del cielo. Isaac ordenó a Jacob que no tomara mujer de las hijas de Canaán; Dios no permite madera, heno ni hojarasca en la edificación de su Casa (1 Cor. 3:12-16). Las mezclas han sido motivo de destrucción desde el principio cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres (Gen. 6:2-3). Isaac sabía de este principio, pues su padre Abraham tuvo especial cuidado en estorbarle respecto de uniones con no creyentes (Gen. 24:3). En el Nuevo Pacto leemos: no os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (lee 2 Cor. 6:14-16). Aún la ley de Moisés prohibía sembrar semillas diferentes juntas, mezclar dos especies diferentes de animales y tejer hilos de diferentes materiales (Lev. 19:19); y cuando el pueblo de Israel entró a la tierra prometida, llevó la encomienda divina de destruir a los habitantes de la misma y no hacer alianza con ellos (Ex. 34:15). Ser cristiano es ser radical; no hay componendas ni negociaciones; no hay grises ni temperaturas tibias; todo es sí o no, blanco o negro, frío o caliente, santo o inmundo. Es imposible dar a luz a la Simiente Divina, es decir, la vida de Cristo en nosotros, mediante mezclas de espíritu y de carne. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:2

Comentario general

28.2 Padan-aram significa “planicie o meseta de tierras altas”. Isaac envió a su hijo Jacob a un nuevo nivel; debía subir su estilo de vida; debía ir a la casa de Betuel, al lugar donde su carne sería destruida (Betuel significa “destruido de Dios”). Jacob experimentaría el trato de Dios por mano de Labán, un suegro tramposo que aguijonearía su carne por dos décadas aproximadamente. Labán sería un instrumento duro, pero traería santidad (Labán significa “blanco”). Para subir a nuevos niveles espirituales es frecuente experimentar cierto grado de quebranto y de destrucción de la carne. Nunca menosprecies el trato de Dios ni te quejes de las circunstancias, Dios está detrás del telón. Fue Isaac quien envió a Jacob y es Cristo quien nos ha enviado a nosotros. Padan-aram es conocida también como “Aram de los dos ríos” o Mesopotamia; pues corresponde al territorio que está entre los ríos tigres y Eufrates. Es la zona cercana al huerto de Edén (Gen. 2:14); el origen de la vida. Isaac envió a su hijo al principio; tal es el envío de Cristo, el que es desde el principio nos lleva de regreso al principio, a la fuente de la vida. Si lo que crees y haces no te acerca a la vida, entonces caminas en sentido contrario al llamado del Hijo de Dios. La planicie de Aram es también la tierra de los arameos. El arameo es el idioma que dominaría con el tiempo al medio oriente y que, de hecho, fue la lengua de Jesús. Sé de donde eres por la lengua que tienes. Tu idioma denuncia tu origen y tu nacionalidad. ¿Hablas celestial o terrenal? Si tu lengua no es el idioma del cielo debes volver a Padan-aram; Jacob había sido un mentiroso toda su vida por lo que debía viajar a las tierras altas, al origen de la vida. Cuando vuelves a la vida cambias tu manera de hablar. No es el diccionario, sino el cambio de corazón lo que transforma la lengua.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:3

Comentario general

28:3 Si vuelves al origen, Dios te bendice. Él es el origen. Isaac declaró la bendición de Dios para su hijo. Esta fue una bendición patriarcal que se basó en el Shaddai, el Omnipotente. Dicho Nombre divino proviene de un término que significa “pecho femenino” y que tiene la connotación de “Soy todo lo que necesitas” usando la figura de que, así como la madre es suficiente para su bebé, así Dios es suficiente para nosotros. Él es suficiente, tiene la vida que requerimos para hacernos fructíferos y capaces de multiplicarnos. A medida que Jacob aprendiera a alimentarse de Dios sería fructífero. No que seamos competentes por nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios –diría Pablo (2 Cor. 3:5). Eres lo que comes. Tus frutos serán los de Dios si te alimentas de Dios. ¿Estás frustrado por tus resultados? ¿No debieras mejor estar frustrado de tu alimentación espiritual? No trates de hacer más y mejores cosas sin que primero comas más y mejor de Dios. Que sea Él tu alimento y será también Él tu fruto y tu recompensa. Uno de los propósitos de la bendición de Dios es la multiplicación; que sus hijos lleguen a ser multitud de pueblos. Pensar en pequeño nunca ha sido el estilo del reino; Dios puede usar lo poco, pero para multiplicarlo en mucho. ¿No fue el primer hombre creado para multiplicarse desde el principio? Dios no resta ni divide y tampoco suma, lo que Él hace es multiplicar. Asimismo, Dios no es racista, Él no desea solo un pueblo, sino multitud de pueblos, aunque finalmente los unirá en uno. Tiene la particularidad de hacer sentir a todos y cada uno de sus llamados como favoritos.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:4

Comentario general

28.4 La bendición comenzó en Abraham; él es figura del Padre, de Él viene toda buena dádiva y todo don perfecto, del Padre (Stg. 1:17). Pero, ¿cuál es la bendición de Abraham? haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Gen. 12:2-3). Esa es la bendición de Abraham: en él y, mejor dicho, ¡en su Simiente serían benditas todas las familias de la tierra! Y por cuanto todo es del Hijo, los que son de la fe del Hijo son herederos de toda la tierra. La bendición de Abraham es generacional; Isaac declaró a su hijo: “te de la bendición de Abraham (padre de Isaac) y a tu descendencia (nietos de Isaac)”. Esta es una bendición patriarcal que apunta por lo menos hasta la cuarta generación. Todo creyente debiera trabajar buscando resultados hasta la cuarta generación y no solo para su tiempo. La bendición de Abraham requiere de cambiar los paradigmas mentales y pensar con trascendencia, con visión en los descendientes. Dios podía darle a Jacob la tierra en la que estaba morando por cuanto le pertenecía por derecho, pues ya se la había dado a su abuelo Abraham con anterioridad. El título de propiedad de Jacob era la promesa de Dios a Abraham, la Palabra. Tienes herencia cuando tienes una Palabra. A quien Dios multiplica descendencia también multiplica su territorio. Todo hijo del reino tiene tierra donde posar su pie. La falta de territorio suele implicar una falta de reino.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:5

Comentario general

28.5 Jacob fue a donde su padre le envió. Su destino quedó trazado por la palabra de su padre. Los hijos son como saetas en manos del valiente (Sal. 127:4); el padre sabio y valiente les da dirección. Y dicha dirección no debe ser tomada solo en beneficio del hijo; sino a favor de las demás generaciones; ese es el blanco de la vida. Mira además las notas 28:2.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:6

Comentario general

28.6 Isaac aborreció a Jacob por robarle la bendición del padre; pero lo aborreció aún más cuando el padre ratificó la bendición. Miró cómo Isaac bendijo nuevamente a Jacob y ahora lo envió a la tierra de origen familiar procurando conservar la pureza de su simiente. Esaú no se había conservado puro, pues se unió a mujeres cananeas (28:9); de manera que entendía que sus padres lo consideraban un fracaso. Esaú es figura de la carne y de los deseos de los ojos. Sus decisiones estaban basadas en lo que veía, así como en sus sentidos. Tenía celos de su hermano, pero no por complacer a su padre, sino por la competencia y rivalidad de la carne. Demasiadas acciones se hacen en el nombre del Padre, pero motivadas por la carne.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:7

Comentario general

28.7 Jacob obedeció a su padre. La obediencia de uno fue la caída del otro. Un principio del reino es que el parámetro no es puesto por la mayoría, sino por la fe más alta. Por la fe de Noé fue condenado el mundo antiguo (Heb. 11:7); y por la fe de Jacob vino la rebelión de Esaú. Los héroes de la fe afectan el promedio de las naciones y los que parecían grandes son empequeñecidos antes sus proezas. Jacob obedeció y se fue a Padan-aram, que significa “planicie en tierras altas”. La obediencia lleva a las alturas. En el reino, el más grande es el que más sirve.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:8

Comentario general

28.8 Esaú es un vivo ejemplo de la carnalidad que ofende a Dios. Buscó qué era lo que más ofendía a su padre para hacerlo. Esaú es la carne que procura hacer lo contrario al deseo de Dios. ¿Estás mirando con el espíritu o con la carne? ¿Qué es lo que ves: lo que agrada a Dios o lo que le desagrada? Lo que ves suele ser a causa de lo que eres. Esaú aborreció a su hermano y luego vio lo que aborrecía su padre: las hijas de Canaán. Nuestra visión es distorsionada cuando la relación con nuestro hermano es dañada. Es común que aquellos que se enojan con su hermano comienzan a mirar malo lo relativo al Padre; ya no disfrutan las alabanzas y la predicación que antes amaban, ahora les parece insípida o desagradable. El problema no está en su exterior, sino en su interior. Los lentes de odio aumentan las ofensas. El remedio es amar al hermano, lo cual cubrirá las faltas. No siempre el mal está en lo que vemos; en ocasiones se halla en la forma como miramos.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:9

Comentario general

28:9 Como Pilatos y Herodes, los enemigos de la Simiente se unen. Mala combinación: Esaú en tierra de Ismael. Ambos son hijos despreciados por sus padres y puestos de lado a causa de sus hermanos. Esaú perdió a su padre por Jacob; e Ismael fue desplazado por Isaac. Son primeros hechos segundos que tomaron en poco su primogenitura. Si otros tomaron su corona fue porque no estaba sobre sus cabezas, sino empolvada en la incredulidad. Con el tiempo la tierra de Ismael llevó su nombre…y también su ignominia. Esaú se fue a morar al sitio menos indicado, era una clara rebelión contra su padre. Esto nos enseña que los hombres malos son atraídos por los malos lugares; como Judas el traidor, quien finalmente se fue a su propio lugar (Hechos 1:25). Ya en tierra de Ismael, Esaú mezcló su sangre con las hijas de Ismael. De nuevo una mala combinación. Por ir en contra de su padre se casó con Mahalat, que significa “enfermedad”. Todo el que se une a la rebelión se une también a la enfermedad; primero del alma y luego del cuerpo. Mahalat era hermana de Nebaiot, “fructificación”. La línea entre la enfermedad y la fructificación es muy delgada. Esaú pasó rápidamente de hijo predilecto a rebelde contra su padre por el odio hacia su hermano Jacob. Para colmo, Esaú se unió a más mujeres. Los rebeldes son sensuales que no resisten sus apetitos carnales. La rebelión antecede a la inmoralidad.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:10

Comentario general

28.10 Mientras Esaú se corrompía más tratando de hacer sufrir a sus padres; Jacob salió de Beerseba y se fue a Harán; del “pozo del juramento” a “montañés”. Debía subir de nivel para recibir la revelación de la Casa de Dios. En Harán se encontraría la Casa de Dios; ¿en dónde exactamente? La Escritura sólo dice: en un cierto lugar. Este es el primer capítulo bíblico en donde se menciona a la Casa de Dios directamente; el hecho de no darle un lugar específico establece el principio de que Dios no habita en templos hechos por manos humanas, sino en los cuerpos humanos; sin embargo, tal conocimiento sería revelado claramente hasta el Nuevo Pacto (aunque los profetas lo anunciaran desde el Antiguo).

— Roberto Tinoco

Génesis 28:11

Comentario general

28.11 Jacob estaba cansado del viaje, la noche le alcanzó y el sueño también. No tenía idea de la gran experiencia que le esperaba. Con frecuencia Dios espera hasta el cansancio de la carne para dar las mejores revelaciones. Dios habla en sueños, por supuesto que no todos los sueños son su voz, pero Dios habla mientras dormimos (Sal. 42:8). ¿Será que entonces guardamos silencio? Antes de dormir, Jacob preparó su cama. Había sido tan precipitada su huida que no contaba con nada y tuvo que hacer su cabecera de piedras. Es interesante que se use el plural “piedras” y más tarde se habla sólo de una piedra que habrá de ser ungida como señal de la casa de Dios. Solo hay una piedra fundamento de la Casa de Dios, la cual es Cristo; pero la Casa se compone de muchas piedras. ¿Cuál es tu cabecera en el cansancio? ¿Sobre quién descansas? No importa dónde vayas siempre encontrarás a Cristo, la piedra fundamento y cabeza, Él es Roca que te seguirá y te sustentará (1 Cor. 10:4).

— Roberto Tinoco

Génesis 28:12

Comentario general

28:12 Este no fue un sueño común, sino la revelación de la casa de Dios. Lo primero que vio Jacob en su sueño fue una escalera apoyada en tierra y su extremo en el cielo. El propósito de una escalera es unir lo que está arriba con lo que está abajo, es la conexión de dos dimensiones; en este caso, el cielo y la tierra. ¿Qué es la Casa de Dios? Es el cielo en la tierra. La escalera es una figura de Jesús, el único medio para ir a Dios. En Juan 1:51 escuchamos en boca del Señor: de aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. Es evidente que se trata de una referencia al sueño de Jacob. El Hijo del Hombre es la escalera al cielo y nadie va al Padre, si no es por medio de Él. Después de que Jacob engañara a su Padre y robara la primogenitura a su hermano Esaú, tuvo que escapar y ser errante para evitar la venganza de su hermano. De algún modo, era la consecuencia lógica de sus actos. Similar al terrible castigo dado a Caín por matar a su hermano Abel, andar errante: si Caín destruye la Casa de Dios (Abel), Dios destruye su casa. Pablo escribió a los Corintios: Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es (1 Corintios 3:16). Cuando David Mató a Urías Dios le anunció que la espada jamás se apartaría de su casa (2 Sam. 12:10). Si tocamos su casa, Él toca la nuestra. De manera que, Jacob se hallaba sin casa. Y en su caso, si Jacob no tenía casa, el Dios de Jacob tampoco. La necesidad de Jacob le enseñó acerca de “la necesidad” de Dios. Esto nos muestra el propósito de Dios. Lo anterior nos muestra el propósito del Dios de Jacob. ¿Cuál es este propósito? En el Antiguo Testamento vemos cómo Dios deseo un lugar donde morar con su pueblo. Por esto tenemos un tabernáculo (Ex. 25:8), después un templo (2 Sam. 7:12-13) y, por último, la restauración de dicho templo (Zac. 6:12-13). En el Nuevo Testamento tenemos también una tienda, luego un templo y por último la consumación de un templo restaurado. Miremos: tenemos a Cristo, después a la iglesia y por último la culminación, la Nueva Jerusalén, la iglesia gloriosa (la cual comenzó a ser restaurada mucho después del cautiverio del oscurantismo). El evangelio según Juan nos dice que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). Literalmente, la traducción es que el Verbo se hizo carne y puso tabernáculo entre nosotros. ¡Cristo es el tabernáculo de Dios! La Casa de Dios. Después de ir a la muerte y resucitar el Señor se infundió por el Espíritu en nosotros, por lo que ahora la iglesia es la casa de Dios: en Él (Cristo) también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2:22). Y por último, el plan de Dios es llevar a la iglesia hasta la perfección; la culminación de esto es llamada “la Nueva Jerusalén”. La Biblia tiene entre sus últimas palabras: Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios (Ap. 21:2-3). ¡Por fin Dios morando entre los hombres! ¿O debiéramos decir mejor: los hombres morando con Dios? Versículos más adelante entendemos que dicha ciudad se refiere primordialmente a la iglesia perfeccionada. Un ángel le dice a Juan que va a mostrarle a la Esposa del Cordero, la cual, sabemos por otras Escrituras, se refiere a la iglesia vencedora en Cristo. Lo lleva a un monte alto y le enseña una ciudad ¡la Nueva Jerusalén! (mira Ap. 21:9-10). ¡Aleluya! La iglesia gloriosa como la Casa perfeccionada o terminada de Dios. Resumiendo, tenemos el tabernáculo en Cristo, el templo en la iglesia presente y el templo perfeccionado en la iglesia gloriosa. La Biblia comienza con Dios completamente sólo, pero termina con Dios acompañado de los creyentes en y como su casa. Ese es el propósito eterno de Dios visto desde la perspectiva del Dios de Jacob; y su tipo, el patriarca, estaba recibiendo el principio de toda esta gloriosa revelación. …y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella... Notemos que los ángeles “subían” y luego “descendían”. Lo cual implica que moraban abajo con Jacob. El Ángel del Señor acampa en derredor de los que le temen y los defiende (Sal. 34:7). Si dijera la Palabra que primero descendía, diríamos que habitaban arriba. La Biblia dice que Cristo subió a los cielos, pero aclara que esto de que subió es porque primero había descendido (Efesios 4:8-10). Él es del cielo. Pero en el caso de los ángeles soñados por Jacob, ellos primero suben y luego descienden, lo cual implica que pertenecen a la tierra en el sentido de que moran en ella. Los ángeles referidos son moradores de la Casa de Dios. Donde habitan los ángeles está la casa de Dios y dónde está la casa de Dios allí estarán sus ángeles. Por esto entendió que se hallaba en la Casa de Dios, porque los ángeles moraban abajo donde él se hallaba. Así debes considerar tu propia vida, como rodeada por ángeles. Si estás en Cristo, tienes la escalera al cielo y también los ángeles que suben y descienden por ella. ¿Deseas saber dónde está la Casa de Dios? La Casa de Dios está donde Cristo está. Es un error tratar de ir al cielo; es mejor tener a Cristo y ser hallado en Él. Notemos también que la escalera se apoyaba en la tierra y tocaba el cielo. Yo pensaría que el fundamento o apoyo de la Casa de Dios está en el cielo y que a través de esto el cielo toca la tierra; sin embargo, la visión de Jacob nos muestra que donde está la Casa de Dios allí la autoridad del cielo ha descendido a la tierra, pues desde ella puede tocarse el cielo. Permíteme explicarte, después de que el Señor Jesucristo hablase de la edificación de la iglesia, también dijo: y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos (Mateo 16:18-19). Desde la Casa de Dios se influye en el cielo. El fundamento de la Casa de Dios es Cristo manifestado en carne, Dios en la tierra. De manera que sin la edificación de la casa de Dios el cielo está cerrado al hombre. Sin la iglesia, el mundo está en tinieblas absolutas. Es la iglesia, por causa de Cristo, la que hace posible que el cielo descienda a la tierra.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:13

Comentario general

28:13 Dios se encontraba al final de la escalera que soñó Jacob. Si tenemos la dirección de la casa, tenemos también forma de llegar al Dueño de la casa. Dios ha puesto a la iglesia como la casa de Dios (Heb. 3:6), Él está allí. Conociendo la morada llegamos al Morador. Solo por medio de Cristo va el hombre a Dios y en esto, el Cuerpo de Cristo, la iglesia, es uno con Él. No que la iglesia sea corredentora, tal cosa sería una blasfemia, sino que la iglesia es el lugar del deleite de Cristo y, por ende, el lugar donde le gusta manifestarse. En la Casa de Dios tenemos las bendiciones de Dios. Allí está el cumplimiento de sus promesas. En la Casa del Padre hay abundancia de pan -dijo el pródigo. La presentación de Dios habla mucho de su identidad. Por un lado, es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; el Dios de Abraham que espera un Hijo; el Dios de Isaac que anhela Esposa; y el Dios de Jacob en busca de su Casa. Y por otro lado es el Dios generacional que se presenta como el Dios de Abraham y el Dios de Isaac y por ende, le está diciendo a Jacob, “también soy tu Dios, el Dios de Jacob”. Ligado a esto se debe que se presente como el Dios de Abraham “tu padre”, aunque el padre era Isaac y Abraham el abuelo. Dios está marcando una línea generacional. Al Señor no le gusta trabajar para una generación, sino para mil generaciones. Debemos cambiar nuestra perspectiva de vida y no vivir para nosotros mismos, es decir, no vivir solo para nuestra generación (40 u 80 años), sino para las generaciones por venir. Prometerle la tierra era retomar las promesas dadas al padre Abraham. La fuente es el Padre (simbolizado en Abraham). Dicha tierra fue llamada la Casa de Dios y es también “la tierra prometida” a la que siglos después entrarían los israelitas en cumplimiento a las palabras de Dios. El mensaje es claro, donde está la Casa de Dios está la tierra prometida y el descanso. Cuando la iglesia es edificada como la Casa de Dios, esto trae la satisfacción de Dios y el descanso de los hombres. Desdichadamente, cuando este orden se invierte, al enfocar a la iglesia hacia los hombres y no hacia Dios, entonces se transforma en casa de hombres y no trae satisfacción a Dios ni descanso a los hombres. La tierra prometida está en hacer de la iglesia la Casa de Dios. Después de que Dios se presenta a sí mismo promete dar a Jacob y a sus descendientes la tierra en la que se hallaba. Nuestra identidad y bendición estriba en conocer quién es Dios. Sabemos quienes somos verdaderamente hasta después de saber Quién es Dios realmente. Cuando no sabes qué tienes ni quién eres es porque no has conocido Quién es Dios ni qué promete.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:14

Comentario general

28.14 El ser humano fue creado para extenderse, somos colonizadores por naturaleza. Desde el principio Dios mandó a Adán y a Eva multiplicarse y extenderse por toda la tierra (Gen. 1:28). El cielo es un reino que requiere de colonias; y la tierra es una colonia del cielo donde el hombre debe gobernar según las leyes del reino de los cielos. La promesa a Jacob es una promesa terrenal. Su descendencia es comparada con el polvo de la tierra. Hay una descendencia celestial o espiritual y hay una descendencia terrenal o según la carne: No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes (Rom. 9:6-8). Y si hay gran bendición para los que son como el polvo de la tierra, ¡cuanta mayor bendición hay para los que son como las estrellas del cielo! Cuando Dios creó al hombre lo creó precisamente “del polvo de la tierra” (Gen. 2:7); de manera que prometer bendición y extensión “como el polvo de la tierra” significa que la descendencia de Jacob recuperaría el propósito original de la creación de la humanidad. Desde que el hombre se apartó de Dios, se convirtió en un ser terrible. Esto le sucede al hombre cuando está en enemistad con Dios. Por ejemplo, Moisés golpeó con su vara, símbolo de la ley de Dios, el polvo de la tierra en Egipto, y el polvo se convirtió en una plaga de piojos. Así es la humanidad sin Dios, como una plaga. Ante esto, la promesa a Jacob cobra vital importancia; habla de restauración, salvación y regeneración de la humanidad mediante su descendencia, a saber, Cristo. Por otro lado, extenderse a los cuatro ángulos de la tierra es establecer el reino de Dios. El Señor Jesucristo dijo que vendrían del occidente, del oriente, del norte y del sur a sentarse a la mesa del reino de Dios (Luc. 13:29). El crecimiento en la tierra no es hacia arriba, sino hacia los lados. La torre de Babel trató de llegar al cielo y Dios lo impidió; mientras que la promesa de extensión siempre es por toda la tierra. El hombre no debe pensar en el cielo cuando todavía no ha aprendido a gobernar la tierra. La verdadera bendición consiste en multiplicar lo que se tiene antes de pensar en lo que no se tiene. En el reino de los cielos, la altura no es tan impresionante como la longitud. …y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente” (28:14b). La bendición de Abraham fue repetida a Jacob. Dicha bendición o simiente es Cristo, en Él son benditas todas las familias de la tierra y Él viene de la línea sanguínea de Abraham, Isaac y Jacob. Leemos: Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo (Gal. 3:16). El método de Dios para bendecir al mundo es bendecir a la familia, Su familia. Dios prometió bendecir a los descendientes de Jacob como resultado de hallarse en la Casa de Dios, asimismo, la iglesia trae bendición a la familia y sus descendientes que echan raíces en ella, para que, a través de ellos, fluya la bendición de Dios al mundo. ¿Por qué es bendita la familia en la iglesia? Porque la familia de Dios, sus hijos e hijas están en su casa y Dios ha puesto allí su bendición (Sal. 133). Si hacemos de nuestras familias parte de la Casa de Dios, serán benditas. Si son benditas, traerán bendición al mundo. En esto consiste la vida cristiana, en ser una bendición al mundo y a la vez el portador de Cristo, la vida de Dios. La promesa fue que en Jacob y en su Simiente serían benditas todas las familias, no sólo en la simiente, sino también en Jacob mismo. Por un lado, somos portadores de aquel que dijo Yo Soy la Luz del mundo (Juan 8:12) y por otro lado, nosotros mismos somos en Él la luz del mundo (Mat. 5:14). No vivas esperando recibir bendición del mundo, ni siquiera de la iglesia; tu llamado como cristiano es que seas tú una bendición a los demás. El término simiente es semilla (hebreo zéra). ¿Tienes semilla? ¿Está en ti la semilla de Dios? La semilla es Cristo en forma de vida o naturaleza divina (2 Pedro 1:4; 1 Juan 3:9). Ser cristiano es ser un fecundador con la vida divina; vamos como abejas de aquí para allá llevando el polen del cielo. En esto consiste ser bendición al mundo, no sólo en que hagamos buenas obras, sino en fecundarlo de Cristo.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:15

Comentario general

28:15 Esta es la más grande de todas las promesas: Yo estoy contigo. La Presencia de Dios es insustituible. Jacob se encontraba sin sus padres, hermano ni amigos; así que la promesa de la Presencia de Dios es la mejor noticia que podía recibir. No pienses que la solución de tus problemas consiste en algún milagro, tampoco es restauración familiar ni económica, y por cierto que tampoco es la sanidad. Lo que tú verdaderamente necesitas, independientemente de aquello que tu consideras necesidad, es la Presencia de Dios. En Él y solo en Él estarás completo. Miremos qué pasa cuando Dios está: te guardaré, hay protección. Volveré a traerte, hay restauración. No te dejaré, hay compañía. haré lo que te he dicho, hay perfeccionamiento y seguridad. La protección de Dios no está confinada a alguna tierra en particular; Dios promete te guardaré por dondequiera que fueres. Los dominios de su reino no tienen fin, por lo que tampoco su autoridad y poder para proteger. Las naciones tienen potestades territoriales, pero los cristianos tenemos al Dios Creador y Dueño de toda la tierra. ¿Qué es lo que temes? ¿Acaso hay algún lugar dónde la mano de Dios no pueda protegerte? La restauración de Dios siempre está implícita en nuestra relación con Él. Jacob podía ser bendecido por Dios en una tierra ajena a sus padres y a su hermano Esaú; pero promete regresar bendecido a Jacob a la tierra prometida. El propósito de Dios con esta promesa es asegurarle al patriarca que volverá a estar en paz con su familia, la relación sería restaurada y retomaría las promesas hechas a sus padres de la buena tierra. Nada se perdería a pesar de sus erradas acciones del pasado. No pienses que tu pasado te robará tu futuro; cuando estás delante de Dios todo puede ser restaurado. Dios le aseguró a Jacob que volvería a traerlo a Bet-el, sin lugar a dudas lo protegería y completaría su obra, pues no lo iba a dejar hasta que hiciese con él lo que le había dicho. La iglesia es ese instrumento usado por Él para transformar y proteger a los creyentes. Lo sabemos porque Jacob estaba precisamente en el lugar llamado “Casa de Dios” cuando recibió esa promesa divina. Fuera de la iglesia el hombre está desprotegido; por lo tanto, Dios lo lleva a morar en ella. Dios trabaja aún con el rebelde, sin embargo, mantenerse en comunión con la iglesia en el entendimiento correcto de la misma como Casa de Dios, es mantenerse en continuo cambio y mejoramiento en las manos del Alfarero Divino. Lo cual garantiza que el hombre será hecho finalmente morador de la Casa de Dios, tal y como a Jacob se le aseguró que regresaría a ella. Jamás estarás sólo. Dios estará contigo y cumplirá su propósito en ti. Permíteme extenderme un poco en esto. ¿Haz visto una corrida de toros? En ella, el toro sale de los corrales lleno de vigor y de fuerza. Salta y brinca de aquí a allá. No es fácil torearlo, pues cornea para todos lados con entusiasmo y gran agresividad. Entonces sale el torero y con maestría clava dos banderillas en el lomo del animal, teniendo que correr para evadir su ataque. Y después viene un segundo par y un tercero. La sangre del toro fluye y es notorio como el animal baja un poco su vigor. Hasta entonces el torero expondrá completa y libremente su arte seguido del clásico “¡olé!” de los espectadores emocionados. El reino de Dios es semejante. En él, existen personas voluntariosas que brincan y cornean y son difíciles de “torear”, por decirlo así. Pero luego el Espíritu del Señor, como un Maestro en el arte de torear almas, comienza a colocar banderillas en el alma de dichos hombres a través de las circunstancias; una después de otra. ¿Resultado? El vigor de la carne desciende; el corazón se rompe, y entonces Dios viene personalmente a luchar con esa persona. Esa es la historia de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham. En él vemos la obra del Espíritu Santo de forma magistral. Jacob fue un hombre voluntarioso como toro bravo, acostumbrado a conseguir todo lo que se proponía. Sin embargo, Dios lo fue aguijoneando una y otra vez, hasta colocarlo en una posición tal, que pudiera luchar con él cara a cara. Además de lo acontecido en casa de su padre, con el tiempo llegó a tener cuatro mujeres (dos esposas y dos concubinas que se peleaban todo el día), doce hijos varones que demostraron ser unos salvajes desde pequeños, una hija que sería abusada por un pagano, un suegro doblemente tramposo y algunos cuñados para quienes la muerte de Jacob era una buena idea; todos ellos resultaron ser “las banderillas de Dios” que le sacaron el aire de autosuficiencia y fuerza carnal. ¡Llegó a tal grado que hasta sus esposas se lo rentaban por mandrágoras! Después de esto, y sólo después de esto, Dios vino a luchar con él. Posiblemente tú estás en tu “primer par de banderillas”; o en el segundo par; quizá ya estás siendo “toreados” por el Espíritu. Puedes acortar el proceso. ¿Cómo hubiera Jacob podido librarse de tanto aguijón? ¿Y cómo puedes hacerlo tú? Te doy unos consejos: Primero, suelta las riendas de tu vida en las manos de Dios. Segundo, deja de preocuparte. Tercero, Dios está a cargo. Cuarto, práctica el bien. Quinto, alaba a Dios y se agradecido. Sexto, tienes todo lo que necesitas para ser feliz.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:16

Comentario general

28:16 Al pensar en el acceso a las bendiciones del cielo solemos sentirnos gozosos, sin embargo, ese no fue la emoción de Jacob, al contrario, él se alarmó: ¡cuán terrible es este lugar! –dijo. ¿Por qué? Por la enorme responsabilidad que implica estar delante de Dios. Él es fácil de amar, sin embargo, también es temible. Jacob pactó con Dios (vrs. 18-22) debido al impacto de la revelación que recibió. El Pacto genuino siempre es resultado del impacto de Dios. El temor de Dios es resultado de la legítima revelación de Dios. ¿Temes a Dios? ¿Y temes a su iglesia? La expresión de Jacob implica que la iglesia como Casa de Dios es digna de temerse. Hoy hace falta este temor; hay personas que desprecian la iglesia dividiéndola o usándola para sus fines personales sin saber el daño que acarrean sobre sí mismos por esto. Ananías y Safira cayeron muertos cuando trataron de engañar a la iglesia y luego cayó gran temor sobre todos los que conocieron esto (Hechos 5:1-11). Hay enfermedades, debilidad y aún muertes prematuras para aquellos que no disciernen qué es la iglesia como Cuerpo de Cristo (1 Cor. 11:29-30). El rey Belsasar usó en una fiesta privada los vasos del templo de Dios para beber en ellos y Dios le quitó el reino además de la vida (Dan. 5). Los creyentes son los vasos en los que Dios encuentra satisfacción y todo ministerio o persona que los usa para sí mismos provoca su ruina. La iglesia es un temible lugar. Los creyentes necesitan despertar del sueño y confesar esta verdad. Jacob dijo: y yo no lo sabía –así debe reconocerlo todo cristiano y comenzar a honrar la Casa de Dios por causa del Dios de la Casa.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:17

Comentario general

28.17 ¿Qué es la iglesia? No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo –respondería Jacob. La iglesia no es un club social, aunque hay mucha vida social; y tampoco se trata simplemente de un grupo de religiosos de fe común; en realidad, la iglesia es el medio previsto por Dios en Cristo para traer el cielo a la tierra. Dios habita en ella y abre el cielo a ella. En la Casa de Dios hay prosperidad: Dios es generoso. Él paga y paga bien (aunque no pague cada viernes). Todo esfuerzo u obra emprendida a favor de su casa recibe su recompensa. Involucrarse en el propósito divino es involucrarse en la bendición divina. La Biblia registra la historia del rey Ezequías. Este varón pasó a la historia como uno que fue prosperado: De esta manera hizo Ezequías en todo Judá; y ejecutó lo bueno, recto y verdadero delante de Yahwéh su Dios. En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado (2 Crónicas 31:20-21). La palabra prosperado implica efectivamente eso, que las cosas salgan bien y haya prosperidad. “Prosperado” en hebreo es tsaléakj. Dicha palabra proviene de una raíz que significa “empujar hacia delante”, y tiene la connotación de tener éxito en la vida. Ezequías sirvió a Dios con respecto a su casa y Dios le dio prosperidad a causa de eso. Desatender la relación con la iglesia pensando en que esto perjudicará los negocios es absurdo. Cuando Adán y Eva pecaron, ambos se escondieron detrás de los árboles del huerto, árboles que Dios había declarado buenos cuando los creó. Dicho de otra manera, estaban escondiéndose de su responsabilidad ante Dios detrás de las cosas buenas que Dios les había dado. Acercarse a la Casa de Dios es acercarse al bien de Dios. Como cantaba el salmista: Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo (Sal. 65:4). Nuestra sociedad está insatisfecha. El hombre está hambriento y constantemente inventa nuevas maneras de llenar su vacío sin éxito alguno. Dios puso eternidad en el corazón del hombre y sólo lo eterno puede satisfacerlo (Ecl. 3:11). Es por eso que su intención es atraerlo a su casa, es en la iglesia donde lo saciará de su bien. El hombre que entiende eso es inmensamente feliz, a saber, bienaventurado. Mantenerse alejado de la iglesia es equivalente a mantenerse alejado de Cristo. La iglesia es el cuerpo de Cristo. Por tanto, mantenerse alejado de la iglesia es mantenerse alejado del rico suministro del Cuerpo, ajeno a las riquezas de Cristo. En cierta ocasión, cuando el pueblo de Israel regresó del cautiverio babilónico para reconstruir Jerusalén y el templo de Dios, fue intimidado por los enemigos y por las circunstancias tan difíciles que les tocaba enfrentar, así que tomaron una cómoda decisión: dejemos la edificación de la casa de Dios y dediquémonos primero a edificar nuestras propias casas. ¿Tuvieron éxito? Veamos lo que escribió el profeta Hageo al respecto: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Yahwéh de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así ha dicho Yahwéh de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Yahwéh. Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Yahwéh de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos (Hageo 1:4-11). La enseñanza es clara: Dios es prioridad. Es interesante notar que hay ocasiones cuando los hombres intentamos eludir nuestra responsabilidad con Dios “esperando el tiempo de Dios”. Frase repetida por labios de esposos que rehúsan restaurar su matrimonio, así como también madres que se han dado por vencidas con respecto a sus hijos rebeldes. Pero dolorosamente también lo han dicho siervos de Dios que posponen el servicio a la iglesia y las cosas relacionadas con ella. Tienen tiempo, talentos, dinero y disposición para todo, menos para la Casa de Dios. Mira la Palabra de Dios dada por el profeta Hageo: el fruto y resultado del trabajo, así como la prosperidad (de toda índole) está directamente relacionada con servir a Dios edificando su casa (lo cual implica primeramente la gente, pero también el reino y las cosas que lo extienden). Si deseas prosperar en serio, edifica la casa de Dios. En la casa de Dios hay alimento: Un joven maltrecho, sucio y flaco recordaba hambriento los grandes festines que disfrutaba en el pasado. Banquetes que aún los criados más sencillos tenían en la casa de su padre: …deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (Lucas 15:11-24). Es la conocida y conmovedora historia del hijo pródigo. Nota cómo fue necesario que “volviera en sí” para recordar la abundancia que disfrutaba en la casa de su padre. Solo quien está fuera de sí como un loco niega necesitar el alimento que Dios tiene para él en la iglesia, la casa de Dios. David conocía muy bien la provisión de alimento que Dios siempre tiene en su casa a los que lo buscan; cuando él tuvo que escapar de Saúl y tuvo hambre junto con los que le acompañaban, dice la Escritura que entró en la casa de Dios y comió del pan de la Presencia reservado para los sacerdotes (Lucas 6:3-4). Solo quien conoce a Dios tiene la confianza de encontrar pan sagrado en la Casa de Dios y sólo quien es sacerdote de Dios come su pan. El santo come lo santo. El consagrado puede disfrutar lo sagrado. Hay quienes tienen hambre y descienden a Egipto por comida, pero los ungidos de Dios van a su casa y a su mesa a disfrutar de Cristo, el pan de vida. Parece un asunto sencillo. Dios es generoso y nosotros necesitados, la combinación no podría ser mejor; sin embargo, no podemos omitir el precio a pagar. Dicho costo es confianza expresada en obras, por ejemplo, Malaquías 3:10 dice: …traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Yahwéh de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. “Traer” es una acción producto de la fe. Y “traer” es también el fundamento de que haya alimento en la casa de Dios. Si el hombre no diezma no hay alimento, ni cielos abiertos, ni bendición ni reprensión del devorador. El hombre tiene que traer para que pueda recibir. La mano cerrada no puede lograr lo que la mano abierta: recibir. De la casa de Dios sale la instrucción necesaria para extender el reino y bendecir al hombre: Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Yahwéh, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Yahwéh (Is. 2:3). Esto es alimento. Muchas iglesias no tienen alimento a causa de no tener depósitos. José mandó hacer bodegas en Egipto para almacenar el alimento para los años de escasez. Hacer bodegas es un acto de provisión y de administración, pero también es un acto de fe. La fe provee porque la fe es pro-ver, esto es, ver anticipadamente. Cuando una iglesia no tiene alimento espiritual ni instrucción adecuada se debe a la falta de provisión en el pasado. Es falta de fe. En la casa de Dios hay abundancia de pan porque primero ese pan fue puesto allí. Ministros negligentes en el estudio de la Palabra y en la oración producen iglesias pobres y hambrientas; ministros diligentes en buscar el secreto de Yahwéh producen iglesias bien alimentadas y poderosas. Y lo mismo podemos decir de los diezmadores y los no diezmadores. La primera iglesia solía enseñar a Jesucristo todos los días en el templo y por las casas (Hechos 5:42). La diligencia de los creyentes (especialmente de los ministros) era la base de la abundancia de Palabra que tenían. En la Casa de Dios hay protección: En tiempos del Antiguo testamento el templo de Dios era visto como refugio en tiempos de mal. Por ejemplo, en cierta ocasión se levantó una mujer llamada Atalía, quien, en venganza por la muerte de su hijo mató a todos los príncipes para ocupar ilegítimamente el trono de Judá. Sin embargo, una princesa llamada Josabet escondió a uno de los herederos de la corona por seis años en el templo para salvarle la vida. La historia aparece en 2 Crónicas 22:10-12 Entonces Atalía madre de Ocozías, viendo que su hijo era muerto, se levantó y exterminó toda la descendencia real de la casa de Judá. Pero Josabet, hija del rey, tomó a Joás hijo de Ocozías, y escondiéndolo de entre los demás hijos del rey, a los cuales mataban, le guardó a él y a su ama en uno de los aposentos. Así lo escondió Josabet, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Jopada (porque ella era hermana de Ocozías), de delante de Atalía, y no lo mataron. Y estuvo con ellos escondido en la casa de Dios seis años. Entre tanto, Atalía reinaba en el país. El templo del Nuevo Testamento, la iglesia, es un buen refugio contra las persecuciones y problemas de este mundo. Cuantas veces hemos visto llegar a personas abatidas por los problemas y ser reconfortados por la comunión de los santos. Mientras los miembros están en el cuerpo reciben la protección del cuerpo. David cantaba: Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto (Sal. 27:5). ¿Dónde me esconderá? No me llevará al cielo, sino a un lugar que le agrada más: lo reservado de su morada. Su lugar preferido, su sitio especial y secreto, la iglesia. Allí está la Roca que me levantará en alto. Dios ha provisto protección a sus hijos a través de los diversos miembros de la iglesia. Por ejemplo, cuando alguno sufre necesidad económica, otros hermanos han suplido para sus necesidades de manera espontánea. No hace falta un programa de ayuda formal, aunque esto es bueno, la ayuda surge natural por el amor y la comunión de los miembros. Del mismo modo, aquellas personas que solo van a la iglesia de tanto en tanto evitando fraternizar con los hermanos, cuando tienen alguna necesidad, rara vez es conocido por otros; es decir, a mayor integración con el cuerpo, mayor protección; y a mayor distanciamiento de la iglesia, menor cobertura. Es en la iglesia donde Dios nos dota y capacita para la batalla espiritual. Allí están las armas de guerra: Dio también el sacerdote Joiada a los jefes de centenas las lanzas, los paveses y los escudos que habían sido del rey David, y que estaban en la casa de Dios; y puso en orden a todo el pueblo, teniendo cada uno su espada en la mano, desde el rincón derecho del templo hasta el izquierdo, hacia el altar y la casa, alrededor del rey por todas partes. Entonces sacaron al hijo del rey, y le pusieron la corona y el testimonio, y lo proclamaron rey; y Joiada y sus hijos lo ungieron, diciendo luego: ¡Viva el rey! (2 Crónicas 23:9-11). El Espíritu Santo derrama sus dones a los miembros de la iglesia para la edificación de la iglesia, así que es normal encontrar en ella las armas espirituales que son poderosas para la destrucción de fortalezas. Las armas del Rey están en su casa. En ella hallamos también entrenamiento militar y disciplina. La iglesia es hermosa e imponente como ejércitos en orden (Cantares 6:4). Aparte de ella somos como prófugos o desertores a merced del enemigo. Por otro lado, mira como el texto anteriormente leído explica cuál es el motivo de las armas, no es la venganza ni la defensa, sino el entronizar al Rey. El Espíritu arma a los creyentes no para una loca carrera en pos de la guerra espiritual (si bien es cierto que ésta se requiere), sino para proclamar la realeza de Cristo estableciendo su reino a través de su poderío. La iglesia es también una fortaleza en contra de las tentaciones. La comunión con los hermanos nos fortalece para resistir el mal. En ellos tenemos cobertura y protección. Es más fácil pecar estando sólo que al lado de la iglesia. Donde somos débiles otros nos fortalecen y a su vez, también nosotros somos fortaleza para los demás. El apóstol Juan dijo: …el que ama a su hermano permanece en luz y en él no hay tropiezo (1 Juan 2:10). ¡En él no hay tropiezo! ¡Cuán cierto es esto! Todo el que rechaza a su hermano manifiesta tinieblas y todo el que lo acepta recibe también la luz de Dios a través de su hermano. Las rodillas son más fuertes cuando los corazones son más ardientes. El poder de Dios en la iglesia es exponencial, uno contra mil, dos contra diez mil, cuatro contra cien mil, ocho contra un millón y así sucesivamente. ¡Bastan sólo doscientos cincuenta y seis hermanos unidos para hacer huir a cien mil millones de demonios! En la comunión de la iglesia nos sostenemos unos a otros, así como nos alentamos a estar siempre ardiendo por el Señor. Pero sobre todo, en la Casa de Dios está el Dueño de la casa, el Dios de Jacob: Lo mejor de todos los tesoros de la Casa de Dios es Dios mismo. Un escondedero solitario es una cárcel. Un tesoro sin compañía es un banco. Alimento sin amor es un restaurante. Y un refugio sin Él es solo un hotel. Lo que nos interesa es su Presencia. Todo se trata de comunión. Es un asunto de amor… de amor que Él empezó. Amamos la iglesia no sólo porque Dios la ama, sino también porque Dios está en ella. Dios mismo le dijo a Salomón cuando éste edificó su casa: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días (1 Reyes 9:3). La mayor razón que existe para amar a la iglesia, como la casa de Dios, es que Dios está en ella. …porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre (2 Cr. 7:16). Leíste bien, allí estará su corazón para siempre, y nada de lo que las criaturas hagan puede cambiar esto. Como resultado de su Presencia, en la Casa de Dios hay gozo. Estar cerca de la persona amada proporciona alegría. No se necesita hacer nada ni dejar de hacer algo, simplemente al estar cerca del amor tenemos felicidad. Tan cierto como que estar cerca del fuego produce calor, en el amor de Dios hay gozo. La cercanía de Dios es radiante alegría. Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos (Isaías 56:7). Esta es mas que una promesa, es un hecho. La palabra “recrear” significa “divertirse para descansar del trabajo”. Cuando Dios dice “los recrearé en mi casa de oración” está diciendo que aliviará la fatiga de su pueblo cuando su pueblo experimente el deleite de relacionarse con Él; a saber, sea su casa de oración. Cuando Cristo es amado su yugo es fácil y su carga es ligera. En su deleite hay alegre descanso (Mateo 11:28-29). En el Salmo 42 leemos cómo el estar lejos de Dios produce dolor y desasosiego: Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío (Salmo 42:1-5). Para el salmista el estar lejos del templo, la casa de Dios, era lo mismo que estar lejos de Dios. Por eso dice: ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Actualmente, bajo el Nuevo Pacto, Dios habita permanentemente en nosotros. No tenemos necesidad de ir a ningún lado para presentarnos delante de Dios. Literalmente, estamos delante de Él todo el tiempo. Sin embargo, a medida que apreciamos a su iglesia, apreciamos también a Dios. Y a medida que nos separamos de su Cuerpo, nos separamos también de Él. ¡Tremendo misterio: que habite en nosotros y a la vez moremos lejos de su Presencia! El salmista lloraba por encontrarse lejos de la casa de Dios. No sabemos exactamente cuál era la causa por la que temporalmente no podía presentarse en el templo. Lo único que le quedaba era la añoranza y recuerdo de cuándo condujo al pueblo a la casa de Dios entre voces de alegría y alabanza. Tal es la actitud de aquellos que conocen a Dios en su Casa, la iglesia, estar lejos de los hermanos les produce dolor y nostalgia. Pregúntate: Si Dios no fuese cómo es y no hubiera hecho todas las bondades que ha hecho contigo, ¿lo amarías? Si Él fuese exactamente lo contrario a lo que es o no te amara como te ama, ¿lo amarías? Pues bien, tu hermano no es como Dios, de hecho, puede comportarse exactamente lo contrario a Él; de manera que allí tienes tu oportunidad: si amas a tu hermano, entonces de verdad amas a Dios: Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano (1 Juan 4:20-21). La iglesia es la Casa de Dios y quien ama a la iglesia ama también a Dios. En lo que amas lo que Dios ama, lo amas a Él. Quien en verdad entiende esto sufre cuando está lejos de sus hermanos y es feliz al estar cerca de Dios precisamente en ellos. Si entras a la propiedad de alguna persona muy importante, que además es estricto, te conducirás con mucho cuidado. Serás precavido para no ir a ensuciar ni a romper nada de ese lugar; asimismo, cuando comprendemos que la iglesia es la casa de Dios procuramos por todos los medios mantenerla limpia con nuestra conducta santa y nuestro hablar exclusivo para edificar. No ensuciaremos con chismes ni mala conducta. El lugar (los creyentes) es temible, pues Dios mora allí.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:18

Comentario general

28:18 El fundamento de la Casa de Dios es la Roca Ungida, Cristo. Levantarse después del sueño de Dios es levantarse transformado. Jacob no volvería a ser el mismo nunca más. ¿Necesitas cambiar? Busca el sueño de Dios antes que los sueños propios. Si descubres qué anhela Dios y cómo satisfacerlo; y si haces de sus sueños los tuyos, entonces descubriste el secreto de la felicidad y de la buena vida. En el sentido absolutamente natural, la piedra sin aceite no hubiera pasado de ser una dura almohada, pero una vez ungida, puede declararse como la Casa de Dios. Sabemos por las Escrituras que el aceite es símbolo bíblico del Espíritu Santo y la Piedra es Cristo; de manera que la Piedra ungida es el fundamento de la Casa de Dios. Jesús es el Cristo, el Ungido. Sobre Él descansa y es edificada la iglesia: …como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él (Hch. 10:38). Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Cor. 3:11). …edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2:20-22). Y así como la Casa de Dios es edificada sobre la Piedra Ungida, así también el resto de la construcción guarda el mismo principio. No solo se unge a la Cabeza, sino que dicha unción ha de bajar por todo el cuerpo (Sal. 133). No solo está la unción sobre Cristo, sino también sobre todos los miembros de su cuerpo. Así como Cristo es la Piedra Angular, así también los demás creyentes son llamados piedras vivas (1 Pedro 2:4-5), de manera que, así como Cristo hizo la obra del Padre (edificar su Casa) a través del Espíritu, así también el resto de los creyentes hemos de hacer la misma obra de Dios a través del Espíritu. Cuando se reconstruía el templo y la ciudad de Jerusalén en tiempos de los profetas Hageo y Zacarías, después del cautiverio babilónico, Dios les mostró que la edificación no sería por medio de la capacidad humana, sino la divina: …no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Yahwéh de los ejércitos (Zac. 4:6). Así que no serán las estrategias motivacionales ni empresariales del mundo las que llevarán a cabo la edificación de la iglesia, sino la unción del Espíritu Santo. Nos preparamos, planeamos y nos organizamos, pero jamás, nunca, por ningún motivo sustituimos la unción. ¿Dónde está la Casa de Dios? Donde la Piedra ungida sea exaltada, allí estará la Casa de Dios; en otras palabras, solo es iglesia en el sentido estricto de la Palabra, si su fundamento es Jesucristo. Donde se exalte al Hijo de Dios como el Cristo, allí está la Casa de Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:19

Comentario general

28.19 Bet-el significa “Casa de Dios”. Y Luz en hebreo es “almendro”. Esta es la resurrección de la ciudad. El almendro es un símbolo bíblico de resurrección, como la vara de Aarón que reverdeció cuando fue puesta delante del Arca de Dios (Nm. 17:8). Cuando una ciudad es visitada por Dios, o mejor dicho, cuando en una ciudad es establecida la Casa de Dios, tal ciudad tiene un nuevo comienzo. Nunca más será vista de igual manera. La sociedad cambia a partir de la iglesia. A pesar de que el propósito de Dios es habitar personas y no lugares (Hch. 17:24), su manifestación en lugares los marca como especiales. A partir de su Presencia tal sitio será una especie de pozo de bendición para futuras generaciones como lo ha sido Bet-el. ¿Puede alguno dudar que Jerusalén, por ejemplo, sea una ciudad elegida por Dios hasta el día de hoy? La memoria divina recuerda con ternura los lugares donde se ha encontrado con sus amados; en esto es similar a los enamorados que recuerdan sitios de sus encuentros. Todo siervo de Dios debe esforzarse por traer la Presencia de Dios a su ciudad y hacer así de ésta una ciudad especial para el cielo.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:20

Comentario general

28:20 El Pacto sigue al impacto. La revelación de la Casa de Dios produjo en Jacob el compromiso con el Dios de la Casa y con la Casa misma. De principio, el voto de Jacob parece ventajoso hacia su persona; pero si lo analizamos un poco más descubrimos que, aunque imperfecto, es lo más justo que podía ofrecer dado la dispensación y grado de luz que había recibido hasta el momento. En última instancia, todo lo recibimos de Dios, ¿qué podríamos ofrecerle, sino lo recibido de su mano? (1 Cr. 29:14). El voto de Jacob consiste, de parte de Dios, en proveer Presencia y sustento; que Dios estuviera con Él, como de hecho lo prometió; que le diera protección, comida y vestido. En otras palabras, Jacob pedía depender de Dios. Todos dependemos de Dios, es Él quien sustenta nuestro aliento; pero no todos estamos conscientes de esta verdad. Un Pacto con Dios es tomar conciencia de nuestra dependencia y vivirla. En Él vivimos y nos movemos y somos (Hch. 17:28). Solo pactan quienes han entendido el misterio de la Casa de Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 28:21

Comentario general

28.21 Enseguida, Jacob pidió paz y restauración. Había salido huyendo de su hermano Esaú y tenía en su corazón recobrar la relación familiar. Solo Dios podía hacer esto después de su conducta al engañar a su padre y pelear con su hermano. Con frecuencia la búsqueda de restauración familiar lleva a la restauración de paz del hombre para con Dios. Después de que tenemos paz para con Dios es que es posible tener la paz de Dios. Entendamos la diferencia entre estas dos clases de paz: la paz con Dios y la paz de Dios… La paz con Dios: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Rom. 5:1). El hombre vive enemistado con Dios a causa de su pecado. Como consecuencia de esto no tiene paz. No son los acontecimientos del mundo lo que lo intranquiliza, sino su mala o nula relación con el Creador, aunque no lo sepa. Recordemos que una vez que Adán y Eva pecaron contra Dios se escondieron de Dios llenos de miedo. La enemistad con Dios ocasionada por el pecado priva de la verdadera paz. Por ello, antes de pensar en vivir con paz, necesita volver a una relación con Dios; esto es, a hacer las paces con el Señor. La única manera en que esto puede lograrse es depositando nuestra fe confiadamente en la obra de Cristo. Lo que el Señor Jesús hizo es aplicado a nuestro favor cuando creemos en Él; de esta manera es que tenemos paz con Dios, somos reconciliados al ser justificados o tomados por justos en el lugar de su Hijo. La obra de Cristo en la cruz no solamente reconcilió a unas cuantas personas con Dios; sino que es una obra toda inclusiva que trajo paz en el universo entero, contando el cielo mismo: y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Col. 1:20). Antes de la cruz de Cristo todo estaba separado de Dios; pero ahora en Cristo, todas las cosas han vuelto a ser de Él y para Él. ¡Bendita sangre de Cristo! Esto no significa necesariamente que todos son amigos de Dios; pero sí que todos están bajo su gobierno y pueden llegar a ser sus amigos. La sangre de Cristo ha redimido o comprado todo para el Padre Celestial. Si mantenemos nuestra relación con Él, su carácter de paz comienza a ser el nuestro para dar lugar a una vida de paz, no falta de problemas externos, sino llena de paz interna (como Jesús durmiendo en medio de la tormenta). Esto es lo que se conoce como la paz de Dios. Por su parte, la paz de Dios es: Si el hombre pierde su relación con Dios al pecar contra Él o mantener una actitud de incredulidad o indiferencia a la vida espiritual, corre el riesgo de una vida sin paz. Esto no es insignificante, pues luego encontramos a muchas personas angustiadas y preocupadas por toda clase de cosas. En realidad, no necesitan solución a sus problemas para tener paz, sino regresar a la confiada intimidad con el Espíritu. El fruto será paz. Dice la Palabra: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil. 4:6-7). Te preguntas: “¿cómo se vive en paz?” Primordialmente dejando de afanarse. ¿Recuerdas a la afanada y turbada Martha? ¡Cuán diferente de María a los pies de Jesús! Concentrar la vida en los afanes que de sí se presentan en lugar de enfocarse en la vida en el Espíritu, produce falta de paz. Si tu problema tiene remedio, ¿por qué te preocupas? Y si no tiene remedio, ¿por qué te preocupas? Vive para Dios no para resolver afanes. Para dejar de preocuparte por los afanes, mantén una vida de oración. Platica con el Señor acerca de todo lo que te acontece (sean conocidas vuestras peticiones); y conserva una actitud de agradecimiento en todas las cosas (con acción de gracias). No olvides que Dios tiene el control y que nada escapa a su sabiduría, poder y bondad. Entonces la paz de Dios vendrá sobre ti para protegerte y dirigir tu corazón. Su paz rebasará tus expectativas de entendimiento por ir más allá de la paz humana producto de circunstancias y pensamientos. Con tu mente puedes pensar: “¿por qué estoy tan tranquilo en medio de un problema tan grande?” Y tu espíritu responderá: “Porque el Espíritu de Dios gobierna mi vida”. La expresión: guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús literalmente significa “será como un vigilante de lo que sientes y piensas”. ¡Aleluya! La paz de Dios se encarga de mantener a salvo mi mente y emociones. Por otro lado, Jacob también expresó: Yahwéh será mi Dios. Dios es Dios de todos, pero solo aquellos que depositan en Él su confianza pueden llamarle “mi” Dios. ¿Quién es tu Dios? Lo que sea el centro de tus pensamientos y tu confianza, así como tu temor, eso es tu Dios. Piensa en lo que te hace feliz y hallarás tu corazón… ¿es Dios?

— Roberto Tinoco

Génesis 28:22

Comentario general

28:22 El diezmo resulta de la revelación de la Casa de Dios y el Pacto de compromiso con el Dios de la casa. Quien comprende la revelación de la Casa de Dios se compromete con dicha Casa. La Piedra ungida es la señal de parte de Dios acerca de su Casa y el diezmo es la señal visible de parte del hombre respecto de su compromiso con la Casa. Parece que Jacob se compromete a diezmar si Dios lo bendice; pero en realidad Jacob estaba comprometiéndose a diezmar por haber comprendido el compromiso de la Casa de Dios. ¿Por qué no diezman algunos? Porque no tienen la revelación de la Casa de Dios ni compromiso con ella; no les parece un lugar temible ni ven la Presencia de Dios en ella. Piensan que estarían dando dinero a los hombres. Esta es la segunda ve en la que se habla directamente del diezmo; para más notas al respecto léase Génesis 14:20. El diezmo consiste en dar la décima parte de los ingresos recibidos a la Casa de Dios. La expresión esta piedra que he puesto por señal implica que existe una verdad más profunda en estos versículos. El tema es la Casa de Dios establecida sobre la piedra. Dios disfruta sus palabras, tanto que suele repetirlas además de dar cumplimiento a cada una de ellas. De manera que cada acontecimiento registrado por las Escrituras del Antiguo Testamento es una sombra o figura que representa una realidad espiritual del Nuevo. Con respecto a la experiencia de Jacob en Bet-el, hallamos su cumplimiento en el primer capítulo del evangelio según Juan: Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre (Juan 1:51). Éstas son palabras directas del Señor Jesús. Son una obvia referencia al sueño de Jacob, es decir, a la Casa de Dios. Como vimos anteriormente, el patriarca había soñado el cielo abierto con una escalera que llegaba al cielo y sobre la cual subían y descendían los ángeles. Jesús dijo que los ángeles suben y descienden por Él, de manera que la escalera que Jacob soñó es Cristo mismo. En Génesis 28 había un hombre vagando sin casa, también, un sueño donde vio a Dios, una piedra cabecera, una escalera con ángeles subiendo y descendiendo y aceite derramado sobre la piedra. En Juan 1 vemos al Cordero de Dios, Cristo y también al Espíritu Santo descendiendo como Paloma sobre Él. Él es la Piedra ungida con aceite: El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre Él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre Él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo (Juan 1:29, 32-33). Otro detalle sobresaliente que hallamos en el primer capítulo de Juan es que se le pregunta al Maestro en donde estaba su morada, su casa: Volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él… (Juan 1:38-39). No es casualidad que se hable de la morada del Hijo del Hombre en un capítulo que es el cumplimiento del sueño de Jacob sobre la Casa de Dios, ya que Cristo es la Piedra Cabecera; sin embargo, una casa no se construye solo con una piedra, sino de muchas. Por eso en el mismo capítulo vemos más piedras para la edificación de la Casa de Dios: Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro “piedra”) (Juan 1:40-42). Andrés fue conquistado por Cristo. Él trajo a su hermano Simón y lo presentó a Jesús. El Señor reconoció en Simón a una piedra para su Casa, por eso lo llamó Pedro, que significa piedra. Este momento fue tan significativo que Simón quedó marcado de por vida consagrando su ser a la edificación de la morada de Dios. Siendo ya un hombre de edad y habiendo acumulado años de experiencia apostólica escribió: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pedro 2:4-5). Volviendo al primer capítulo de Juan, vemos que Jesús encontró más piedras para su Casa, entre ellas a Felipe y Natanael (Jn. 1:43-45). En el caso de Natanael, el Señor testificó de él que era “un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (vr. 47). Ahora bien, las palabras que la Biblia registra acerca de Jesús son muy económicas, Él no dijo esto sólo como un elogio o hablando por hablar, sino que declaró la antítesis de Jacob, a quien Dios llamó Israel, pero que tenía engaño. La piedra Jacob es perfeccionada en la piedra Natanael. Lo que era una figura en tiempo patriarcal y en el Antiguo Testamento es una realidad en el Nuevo. ¿Quién eres tú? ¿Jacob o Natanael? ¿Pactas con Dios condicionando tu obediencia como Jacob o eres verdadero israelita sin engaño? Tenemos también el Cordero y la Paloma en Juan capítulo uno. El Espíritu Santo descendiendo sobre Jesús tal como Jacob derramó aceite sobre la piedra cabecera. El Cordero y la Paloma son otra expresión de La Piedra y el Aceite, Cristo y el Espíritu. Cuando el Cordero y la Paloma se combinan atraen más piedras para la edificación de la Casa de Dios. La iglesia no es edificada con eventos ni con estrategias humanas. La carne no tiene lugar aquí, la obra de Dios es producto de la combinación del Cordero y la Paloma. La sangre de Cristo y la unción del Espíritu son la fuente de vida de cada creyente. Cuando Juan el Bautista vio a Jesús anunció que Él era el Cordero de Dios. Juan había visto cómo el Espíritu Santo descendía sobre Él corporalmente como paloma. Juan vio la combinación del Cordero y la Paloma, por eso confesó. Al oír esto dos de sus discípulos, siguieron a Jesús (lea Juan 1:35-37). Las piedras vivas son atraídas por el Cordero y la Paloma. Cuando el Cordero y la Paloma se combinan en un hombre, entonces la iglesia es bendecida con crecimiento y edificación. Jacob entendió esto. El Cordero es la entrega y la consagración sin reservas; mientras que la Paloma es el carácter de Dios y la unción. ¿Quién no se siente atraído hacia aquellos que tienen éstas virtudes? ¿Qué iglesia fracasaría con el Cordero y la Paloma en ella? Algunos buscan al León y al fuego. Sin lugar a dudas Cristo y el Espíritu son también el León de la tribu de Judá y el fuego Pentecostés respectivamente, pero lo que edifica a la iglesia es el Cordero y la Paloma. Solemos dejarnos impresionar por el poder, la fuerza y lo grandioso. Con buena publicidad, mercadotecnia y finanzas amplias se puede hacer casi cualquier cosa de este mundo, incluso hacer crecer las iglesias en cuanto a su asistencia e instalaciones, muchas piedras, pero no necesariamente vivas. Sin embargo, aunque la apariencia sea majestuosa es solo eso, apariencia. La edificación es una obra interna. Edificar la iglesia no es ampliar las dimensiones de sus edificios, sino transformar internamente a los hombres, las piedras vivas. El Cordero y la Paloma no buscan resultados según las estadísticas humanas, sino personas en quienes conformar su naturaleza. En Levítico 12 se habla de la purificación de la mujer después de que de a luz. Ella debía guardar un ritual en el cual presentaba un cordero y una paloma como ofrendas para expiación. Solo por medio de la obra del Cordero y la Paloma la iglesia da a luz hijos que Dios reconoce como suyos.

— Roberto Tinoco

🔴
🔴