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Génesis 50

1Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y lo besó.🗨 2Y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel.🗨 3Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios setenta días.🗨 4Y pasados los días de su luto, habló José a los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo:🗨 5Mi padre me hizo jurar, diciendo: He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepulturás; ruego, pues, que vaya yo ahora y sepulte a mi padre, y volveré.🗨 6Y Faraón dijo: Ve, y sepulta a tu padre, como él te hizo jurar.🗨 7Entonces José subió para sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto,🗨 8y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre; solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus vacas.🗨 9Subieron también con él carros y gente de a caballo, y se hizo un escuadrón muy grande.🗨 10Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días.🗨 11Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los egipcios; por eso fue llamado su nombre Abel-mizraim, que está al otro lado del Jordán.🗨 12Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado;🗨 13pues lo llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo, para heredad de sepultura, de Efrón el heteo, al oriente de Mamre.🗨

José perdona a sus hermanos

14Y volvió José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a su padre, después que lo hubo sepultado.🗨 15Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.🗨 16Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo:🗨 17Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.🗨 18Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos.🗨 19Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?🗨 20Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.🗨 21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.🗨

Muerte de José

22Y habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y vivió José ciento diez años.🗨 23Y vio José los hijos de Efraín hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados sobre las rodillas de José.🗨 24Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.🗨 25E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.🗨 26Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Génesis 50: RV60

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Génesis 50:1

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50.1 José fue quien más amor mostró a su padre al fallecer este. Muchos años estuvieron separados y ahora, después de su bendición, falleció. Así que se arrojó sobre su rostro a llorar. Sus lágrimas mostraron su dolor y su beso su amor. Algunos lloran a quienes mueren y otros los añoran, pero José hizo ambas cosas. Es el vínculo entre dos generaciones que lleva la autoridad patriarcal de uno a otro por herencia. Si extrañas a quien te heredó con mayor pasión que la herencia que te dejó, eres digno de la herencia.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:2

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50.2 A la usanza egipcia y para preservar el cuerpo de su padre, José dio orden de embalsamarlo. El propósito era facilitar el traslado de sus restos a la cueva de Macpela, tal como Jacob lo había ordenado. Los médicos siervos, como dice el original, embalsamaron a Israel; no dice Jacob, aunque era Jacob, sino Israel. El patriarca sería llevado como un príncipe de Dios a la tierra prometida. No sería el funeral de un pastor sencillo, sino de un grande en la tierra. Vive de tal manera que al morir tú, rías y los demás te lloren.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:3

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50:3 Hay un tiempo para llorar (Eclesiastés habla de eso); y lógicamente, hay un tiempo también para dejar de llorar. No se debe llorar para siempre, pues cuando las lágrimas se prolongan, entonces no lloramos por amor, sino por falta de esperanza. Cuando pierdes lo que amas el dolor te puede sacar lágrimas. Y aunque es válido llorar, no se vale llorar indefinidamente. Es extraño que los cristianos lloren a sus seres queridos que murieron en Cristo, ¿no deberíamos alegrarnos por ellos? No os entristezcáis como los que no tienen esperanza (1 Tes. 4:13). ¿Lo notaste? No lloras por lo que perdiste, sino por la falta de esperanza. Es como si no hubiera madurez. El niño llora su paleta, el adulto por cosas y personas que cree más importantes, sigue siendo el mismo niño. Si trasladamos esto a la eternidad veremos que llorábamos por nada. Cuidado con sufrir indefinidamente; ¿cuánto dura tu dolor? El tiempo que dure, dice de qué estás hecho. ¿Eres israelita o egipcio? Los israelitas lloraban treinta días, los egipcios cuarenta días y en el caso de Jacob, lo lloraron setenta días. Lo que duras en recuperarte dice mucho de ti. Hay materiales que nunca se recuperan. No puedes pasar el papel por el fuego, pero el oro lo puedes fundir muchas veces y seguirá siendo valioso. Hay personas que no se recuperan de sus experiencias; mientras que otras se adaptan y salen adelante. Ahí está su valía, son de oro, no de papel. Por tanto, si no hay remedio, ¡haz fiesta! Como aquella ocasión en la que el rey David ayunó por su hijo mientras estaba enfermo, por muchos días, pero en cuanto supo que murió, se levantó a seguir con su vida (2 Sam. 12:16-24). Decían en mi pueblo: “ya ni llorar es bueno”. Si no hay remedio, ¿para qué sigues sufriendo? Si no puedes cambiar la circunstancia, cambia al menos tu estado de ánimo. Cuando no puedes cambiar el viento, cambias la posición de las velas. No divinices las emociones como irresistibles. Actúa y las emociones se activarán, dale de comer a un niño hambriento y sentirás compasión, ternura y misericordia; haz un viaje misionero y pensarás en hacerte misionero. Los sentimientos siguen a las acciones. Como los actores que actúan mucho un mismo personaje y terminan viviendo como tal. Finalmente, sus sentimientos siguieron a sus acciones. Finge que eres genial el tiempo que necesites para llegar a serlo. Después de todo no amas más por sufrir más. Algunos suponen que son más buenos o que demuestran amar más porque lloran más; en realidad están alargando su crisis, reprobando su proceso y manifestando su incredulidad y falta de esperanza. Están tan conscientes de lo que piensen los demás que lloran más. No fuimos hechos para sufrir, los malos sentimientos nos matan. Eso significa que fuimos hechos para los buenos sentimientos. Eso es amor de verdad. Qué prefieres: ¿que lloren por ti o que sean felices por ti? Una gran bendición está por llegar, pero necesitas dejar de llorar. La Palabra dice que cuando eres hombre debes dejar lo que es de niño. No vas al siguiente nivel sin dejar el primero. La primera vez que fui a un circo, me impresionaron muchas cosas. Una de ellas en especial, fueron los acróbatas. Deben dejar el trapecio que los sostiene para tomarse de otro, pero no ambos. La vida es semejante, tienes que dejar lo bueno para recibir lo mejor. Deja de llorar; lo que perdiste es el espacio que necesitas para lo que está por llegar.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:4

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50.4 Es muy extraño que José, siendo quién era para el faraón y habiendo hecho todo lo que había hecho por faraón, su casa y Egipto, envió mensaje a faraón, pero no entró él directamente. José nunca perdió su humildad ni se sintió superior. Mantenía el orden de autoridad y el respeto a la jerarquía. No abandonó el protocolo ni por la grandeza y el éxito obtenidos. No todos pueden manejar la gloria de forma tan excelente, pero José sí. Demuestra cuán grande eres no mareándote con el éxito ni reclamando privilegios. Todo el que dice: “usted no sabe con quién está hablando” es porque es él quien no sabe realmente quién es. Todo el que reclama honores de grandeza es porque trata de convencerse a sí mismo que no es pequeño.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:5

Comentario general

50.5 En el capítulo anterior Jacob ordenó a su hijo José que llevara sus restos a la cueva de Macpela donde estaban enterrados ya los huesos de Abraham y de Isaac; no leímos que le hiciera jurar, pero José dice que así fue, por lo que debió serlo. Lo que significa que Jacob dio el mandamiento, pero luego se aseguró mediante juramento que fuese obedecida su orden después de su muerte. Orden que no se supervisa suele ser como si no se hubiera dado; así que Jacob usó juramento. Jacob no tuvo fe para dicho mandamiento hasta que estaba para morir, sino que muchos años antes cavó un sepulcro para él y su mujer en dicho lugar. Desde entonces ya estaba su confianza en la promesa de Dios. Una persona diligente no deja deudas a sus sobrevivientes, sino herencia. Tienes que poner tus asuntos en orden, incluyendo tus propios gastos funerarios. Es lamentable llenar la ausencia con la deuda, morirse y luego dejar gastos a la familia. No es ligero dejar a los tuyos para añadirle también dejarlos mal. Junto con esto, informa a los tuyos de todos los asuntos que te sobrevivan, deben saber dónde está el sepulcro tanto como donde están las escrituras, los bienes, y todo documento. Que no tengan qué descubrir lo que tienen hasta que tú no estés presente. Si no lo haces solo descubrirán cuánto los desamparaste. Por otro lado, José solicitó permiso a faraón de dejar Egipto temporalmente e ir a sepultar a su padre en tierra de Canaán. A pesar de su grandeza, seguía bajo autoridad, rogó le fuese dado permiso. Nunca descuides tus obligaciones excusándote en asuntos familiares, eso es bajo, propio de inferiores.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:6

Comentario general

50.6 Faraón dio permiso a José de ir a Canaán a enterrar a su padre donde él lo había solicitado. Era un viaje largo de algunos días, por ello el permiso. El mundo entiende lo que significa el compromiso familiar y la honra a los padres, ¡cuánto más la iglesia debe honrarles! Incluso tenemos mandamiento y promesa de Dios al respecto. Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen sobre la tierra (Ap. 20:12; Ef. 6:2). Conviene que los hijos lleven esta honra más allá de la muerte de sus padres, no solo en el cumplimiento de su voluntad, sino en su recuerdo y la manera en la que hablen de ellos a los demás.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:7

Comentario general

50.7 No fue el funeral de un anónimo, sino la sepultura de un grande. Jacob fue llevado a Canaán, al sepulcro que había cavado al lado de Abraham e Isaac y sus respectivas esposas, acompañado de los ancianos de Egipto y de toda la familia de Israel, salvo los niños, así como los siervos de faraón, es decir, funcionarios principales de su casa y gobierno. Fue el funeral de un rey, la gloria de un grande. Aun nuestro Señor Jesucristo fue sepultado con los ricos. No debes acabar tu vida en el anonimato, si haces lo que Dios desea que hagas, terminarás rodeado de gloria; quizá no a la altura de Jacob, pero sí con honores. A menos de que seas llamado por Dios al martirio, debes crecer en gracia y en gloria, en honores y hasta en herencia. Es un gran mal que se desampare a la familia o que los sobrevivientes tengan que esforzarse para poder pagar los gastos funerarios. Es un gran mal que no haya nadie ante tu ataúd y que no sepan qué hacer con tus restos. Fuiste llamado a representar un reino, el reino de Dios. Eres un embajador, no crezcas en soberbia, pero crece en influencia. Que tus frutos te llenen de elogios a tu partida y no de deudas a tus dolientes.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:8

Comentario general

50:8 La familia de Israel debía regresar a Egipto y desarrollarse como una nación en la tierra de Gosén. Ese era su tiempo y estaba dentro de lo que Dios había permitido; por eso dejaron sus niños y sus ganados en Egipto. Mientras estén tus hijos en Egipto, regresarás allá. Por eso cuando Moisés los sacó para llevarlos a la tierra prometida, los llevó con todo y niños, así como sus bienes. Moisés no negoció, saldrían todos y con todo (Ex. 10:9). Medita en dónde tienes a tus hijos, dónde los estás formando y dónde están sus intereses; asimismo, considera dónde están tus bienes, en que usas tus recursos financieros y cuáles son las prioridades de tus inversiones. Esto dirá si estás en Egipto o no. Jesús dijo que donde esté tu tesoro estará tu corazón. Algunos viven en Dios, otros en Egipto. Cuando estás pensando en la Patria Celestial, no dejas hijos y bienes en el mundo, los enfocas también hacia lo eterno. No dejes en el mundo nada para volver.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:9

Comentario general

50.9 Como un ejército, multitudes de personas importantes, los grandes de Egipto en carros de guerra, caballos y con semejanza de príncipes, así fue la comitiva para llevar al viejo Jacob a sepultar a Canaán (mira la nota 50.7). Nuestro paso por este mundo debe dejar una nube de testigos, multitudes que hayan sido tocados de alguna manera por nuestra vida. Una palabra, una obra, alguna actitud, hombres y mujeres que puedan dar fe del bien que recibieron de ti, directa o indirectamente.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:10

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50.10 Llegaron a la era de Atad, lugar ubicado pasando el Jordán, del lado de la tierra prometida y a unas tres millas de Jericó. Siglos después habrán de pasar por ahí los hijos de Israel, no llorando, sino conquistando. Debes mañana ser el conquistador de lo que lloraste hoy. Atad significa “que perfora” se refiere a un tipo de árbol que tiene espinas. Allí, en el lugar espinoso, figura de la maldición y la muerte, endecharon a Jacob llorando, en un enorme duelo que duró siete días. Lo lloraron como una enorme pérdida. Todo hombre de Dios debiera vivir de tal manera que su partida de este mundo sea una terrible pérdida, un vacío muy grande. Irremplazable. La muerte es un enorme mal que ha hecho llorar a todas las familias de la tierra en todos los tiempos; pero es mucho peor cuando se trata de grandes hombres. ¡Qué diferente es la muerte de quienes no son soportados por sus familias!

— Roberto Tinoco

Génesis 50:11

Comentario general

50.11 También el dolor conquista. Los cananeos vieron el duelo de siete días de la familia de Israel acompañada de esa enorme multitud egipcia, carros y caballos, y supusieron que algo muy importante había sucedido al imperio. Pensaron que un egipcio muy importante había muerto, por ello, llamaron al lugar Abel-mizraim, que significa “Pradera de Egipto”. La honra con lágrimas trajo identidad al lugar, una conquista de la tierra prometida anticipada mediante el dolor y la honra a un patriarca. Tu puedes tener tierra de dolor o tierra de promesas, incluso puede ser la misma. La diferencia es si la consigues llorando o conquistando. ¿Cómo deseas ser conocido? ¿Qué quieres que se diga de ti y de tu obra?

— Roberto Tinoco

Génesis 50:12

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50.12 Los epitafios se ponen en las tumbas de los fallecidos; pero esta vez, la honra se quedó con sus sobrevivientes. ¿Qué hará tu familia después de ti? ¿Podrías darles mandamientos que llevarían a cabo después de tu muerte? ¿Incluso tan difíciles de realizar como un viaje por tierra por muchos días cargando el ataúd? No todas las familias llevan a cabo los deseos de sus padres cuando han fallecido; esto generalmente es culpa de dichos padres, que no supieron llevar una vida patriarcal, con ejemplo y autoridad, con herencia y fe. ¿Qué harán tus hijos después de ti? Solo quienes fueron gratamente impresionados por la integridad y carácter genuino del padre continuarán su obra.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:13

Comentario general

50:13 Jacob estaba siendo sembrado; 400 años después los israelitas reclamarían la cosecha de esa tierra. Lo sepultaron en la cueva de Macpela, el mismo lugar donde ya moraban los restos de Abraham, Sara, Isaac, Rebeca y Lea. El sitio que reclamaría Caleb como propio y que tomaría de mano de los gigantes hijos de Anac. Ese campo lo compró Abraham a precio justo de mano de los hijos de Het, que significa “hijos del terror”; más específicamente de Efrón. Lo compró Abraham, lo sembraron los tres patriarcas principlales Abraham, Isaac y Jacob y lo cosecharían los hijos de Israel bajo la capitanía de Josué. ¿Tienes promesas sembradas? Si deseas cosechar cumplimientos, siembra palabras proféticas haciendo actos de fe. Las cosas no suceden por casualidad, actúa estableciendo fundamento de lo que esperas cumplimiento.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:14

Comentario general

50.14 José volvió a Egipto junto con toda la familia que le acompañó. Llegaría el día en el que el pueblo de Israel no deberá volver a Egipto Jamás, pero ese tiempo aun no había llegado. Conoce tus tiempos, cuando debes estar en Egipto y cuándo debes salir de él. Distingue la era que te ha tocado vivir y cuál es el mover de Dios en ella, pues si estás fuera de tiempo o de sazón, las cosas saldrán muy diferente, con malos resultados. Quedarse en Egipto cuando debes salir es quedarse sin Dios; pero no estar en Egipto, cuando debes estar en Egipto, también puede significar lo mismo. Egipto es lo temporal, lo que se permite, pero que no durará. Egipto es una transición, aquello que sirve de momento, pero que no es permanente. Puedes estar en Egipto posiblemente en este momento, un trabajo que no durará, una relación que habrá de terminar, algo que se te ha permitido temporalmente y es benéfico hoy, pero no te aferres, habrás de salir de Egipto y dejarlo del todo. Cuando tengas que salir, sal. Cuando tengas que soltar, suelta. No perteneces a Egipto, agradece mientras duró, bendícelo y hazle bien, pero no le des tu corazón. Egipto hoy, la tierra prometida mañana.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:15

Comentario general

50:15 El impío huye sin que nadie le persiga (Pr. 28:1). Todo el que ha hecho mal se siente perseguido por las consecuencias del mal. Los hermanos de José supusieron que lo que detenía a José de vengarse contra ellos era su padre, quien ahora muerto, no impedía dicha venganza. No creían en la bondad de su hermano porque no había esa bondad en ellos; como el dicho popular: “el león cree que todos son de su condición”. Los malos no creen en la bondad. Lo que piensas de los demás con frecuencia no define a los demás, sino a ti. Y lo que hablas de otros no los describe a ellos, sino a ti mismo. Incluso tratas a los demás como te consideras ser tú; y esperas recibir lo que con frecuencia das.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:16

Comentario general

50.16-17 Los hermanos de José arguyen una mentira hacia su hermano por el temor a las represalias (mira la nota anterior). Irónicamente fueron crueles instigadores en su maldad y ahora querían ser asustados instigadores de nuevo para evitar lo que suponían consecuencias. Es común que el miedo engendre mentiras; pero no se lava una mentira con otra mentira. Se amparan a la sombra de la muerte los que carecen de la luz de la vida; usan la memoria de su padre para lazar a su hermano José a la misericordia. No lo conocían. José lloró mientras hablaban, le pareció muy doloroso que siguieran preocupados por las consecuencias de sus acciones contra él. Habían cambiado, pero no lo suficiente, pues seguían esperando el mal y mentían para evadirlo. Incluso dijeron de sí mismos ser los siervos del Dios de su padre, o pensaban que por ser administrador de Egipto ya no era su Dios o que era su Dios generacional al que no podían faltar sin deshonrar a su padre. Si le hiciste mal a tu prójimo no le añadas mayor mal catalogándolo de malo ni mintiéndole. No busques la reconciliación engañándolo.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:17

Comentario general

50.16-17 Los hermanos de José arguyen una mentira hacia su hermano por el temor a las represalias (mira la nota anterior). Irónicamente fueron crueles instigadores en su maldad y ahora querían ser asustados instigadores de nuevo para evitar lo que suponían consecuencias. Es común que el miedo engendre mentiras; pero no se lava una mentira con otra mentira. Se amparan a la sombra de la muerte los que carecen de la luz de la vida; usan la memoria de su padre para lazar a su hermano José a la misericordia. No lo conocían. José lloró mientras hablaban, le pareció muy doloroso que siguieran preocupados por las consecuencias de sus acciones contra él. Habían cambiado, pero no lo suficiente, pues seguían esperando el mal y mentían para evadirlo. Incluso dijeron de sí mismos ser los siervos del Dios de su padre, o pensaban que por ser administrador de Egipto ya no era su Dios o que era su Dios generacional al que no podían faltar sin deshonrar a su padre. Si le hiciste mal a tu prójimo no le añadas mayor mal catalogándolo de malo ni mintiéndole. No busques la reconciliación engañándolo.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:18

Comentario general

50.18 A veces es más fácil para el ofendido olvidar lo sucedido que para el ofensor. José tuvo que sanarlos y restaurarlos de nuevo, pero antes los vio hincarse una y otra vez ante él llamándose a sí mismos sus siervos. Quien ama no gusta de humillar a los amados, pero el que es acusado por su conciencia suele vivir humillándose constantemente hasta ser libre de su culpa. No cargues la culpa ni canses la relación pidiendo perdón una y otra vez; en lugar de ello cambia y demuestra tu arrepentimiento con frutos dignos de él. Es mejor portarse bien que estar pidiendo perdón continuamente.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:19

Comentario general

50.19 Lo que José responde ante el miedo de sus hermanos de posibles represalias es magistral: La razón por la que podemos perdonar y no vengarnos de quienes nos han hecho mal, es que no estamos en lugar de Dios. Esta respuesta sirve también para quienes tienen vengador sobre ellos, pues finalmente Dios sigue a cargo a pesar de cómo se vean las cosas (mira la nota siguiente).

— Roberto Tinoco

Génesis 50:20

Comentario general

50.20 Si vives para Dios, solo Dios estará a cargo de tu vida. Los hermanos de José pensaron mal contra él y aunque de momento parecía que les funcionaban sus planes y que José sufría de mal en peor, con el tiempo se vio que Dios seguía a cargo de la vida de José, llevando las intrigas y maldades planeadas contra él como el medio para lograr su grandeza en Egipto y la salvación del mundo de la hambruna. Dale tu vida a Dios y tus enemigos no tendrán poder sobre ti. El plan de Dios prevalecerá y lo que de momento parezca tu mal se tornará en mucho bien. Si le das tu vida a Dios, hasta tus malas experiencias serán usadas para tu bendición y la bendición de los demás. El Señor cumplirá su propósito en ti, Él no tirará la vida de quien confía en Él ni lo desamparará. Hay un buen plan de Dios para ti y no habrá diablo ni hombre que pueda impedirlo mientras confíes en el Señor.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:21

Comentario general

50.21 José repite una y otra vez a sus hermanos que no tengan miedo. No solo no se vengará de ellos, sino que los sustentará en sus necesidades a ellos y a sus hijos. Nada consuela mejor el corazón que la generosidad. Usa tus recursos para mejores relaciones humanas, ten por cierto que valen más tus amados que tus bienes; y que las verdaderas riquezas son personas y no cosas. Como alguien dijo: las mejores cosas de la vida no son cosas. ¿Estás bendecido? Compártelo con los tuyos se lo merezcan o no.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:22

Comentario general

50.22 Mira la nota 50.14. Era el plan de Dios que José viviera en Egipto para salvar al mundo de una terrible hambruna, así como para proteger a los hijos de Israel en lo que se transformaban en una nación que pudiera ir a conquistar la tierra prometida. Egipto era una fortaleza en su derredor. Allí vivió, se puede tener vida verdadera en todo lugar, aun en Egipto. Hay quienes en el cielo se convierten en diablos, pero hay otros que en Egipto se vuelven siervos de Dios. ¿A qué grupo perteneces? ¿Te haces como tu entorno o lo transformas? José vivió ciento diez años, menos que Abraham, Isaac y Jacob. Aunque José fue su consumación y aunque vivió más de lo que vivía su generación, con todo, se desgastó. Quien tanto se da, tanto se reparte a sí mismo pedazo a pedazo, trozo a trozo.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:23

Comentario general

50:23 En cierto modo, José trató de equilibrar el hecho de que su padre tomó a sus hijos como suyos repitiéndolo con los hijos de Manasés. Su edad avanzada le permitió ver a sus descendientes hasta la tercera generación. Esa es la razón de la larga vida: criar a los vástagos en las rodillas, esto es, formar a los nietos y bisnietos como hijos. No te desligues de tus nietos, también tu tienes la obligación de encaminarles en el propósito de Dios. Aprovecha tus años produciendo hijos a Dios; ¿de qué sirve envejecer si te cuidarán a ti en lugar de educarlos tú? Mantente vital por el poder de Dios en ti. Conserva tu fuerza, tus nietos y bisnietos la necesitan.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:24

Comentario general

50.24 Podríamos pensar que José vivió menos que sus hermanos, pero se refiere a los hijos de Israel, esto es, a los demás descendientes (mira el versículo siguiente). Sería sumamente extraño que el justo viviera menos que los demás. Puede suceder excepcionalmente, pero no es lo normal. Son muchas las promesas bíblicas de larga vida a quienes viven para el Señor. José sabía que iba a morir, todos pueden suponer esto cuando se llena de años y la vejez se presenta, pero el texto parece indicar una acción de la fe y no de la ancianidad. José conoce sus tiempos y los de Israel y va a profetizar. La fe trasciende. Antes de que José muriera en Egipto dijo por la fe que Dios visitaría a su pueblo para sacarlos de Egipto y llevarlos a la tierra que prometió a sus padres (Gen. 50:24; Ex. 3:16; 4:31; 13:19). En el lenguaje original, el “visitar” de Dios tiene la connotación de “visitar con su favor” y así lo traducen correctamente algunas versiones. En tiempo de Rut se oyó el rumor de que Dios había visitado a su pueblo (en Belén) para darles pan (Rut 1:6). Después de que Ana diera a Samuel, Dios la visitó con su favor (dice en el lenguaje original) para darle tres hijos y dos hijas más (1 Sam. 2:21). El Salmo 8:4 dice ¿qué es el hombre, para que tengas de él memoria; y el hijo del hombre, para que lo visites? La visitación de Dios es la manifestación directa de la bendición de Dios. El Salmo 65:9 dice: Visitas la tierra y la riegas, en gran manera la enriqueces. Si un gran hombre visita algún lugar, lo más probable es que habrá algarabía; cuando Dios visita a su pueblo hay gran bendición. Jamás pasará de largo donde halla necesidad. Cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naím el pueblo dijo un gran profeta se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo (Luc. 7:16). José se mantuvo en el plan original dado por Dios a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob acerca de la tierra prometida. El tiempo no borra la fidelidad divina. Con todo y la abundancia y larga vida de José en Egipto no olvidó las promesas de Dios. Conserva la Palabra de Dios a pesar del tiempo y de las circunstancias.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:25

Comentario general

50.25 Como hiciera su padre Jacob con él, José lo hizo con los hijos de Israel: les hizo jurar que llevarían sus huesos a la tierra prometida. Hizo esto como un acto de fe (Heb. 11:22) y no como un capricho personal. Todo hombre de Dios sabe que la obra de Dios no termina con él y se asegura que después de su muerte sus descendientes continúen dicha obra. Moisés cumplió este juramento sacando los huesos de José de Egipto (Ex. 13:19), más específicamente su momia; y Josué concluyó el juramento depositando los restos en la misma tierra que Abraham había comprado de los hijos de Hamor (Jos. 24:32), concluyendo con esto la vida y propósito de Josué y su generación de conquista. Esto es, la conquista no fue declarada como tal hasta que se depositaron los huesos de José en su sepulcro la tierra prometida. Tal es la importancia de José: por él se pudo formar la nación de Israel en Egipto y fueros sus restos la bandera de la conquista. Un ejemplo de vida cristiana para todas las generaciones. José repitió el hecho de que Dios los visitaría, en eso se basaba todo lo vivido y todo lo esperado; mira la nota 50.24.

— Roberto Tinoco

Génesis 50:26

Comentario general

50:26 La fe de José trajo “la bendición de abajo” sobre Israel. Mira la nota 49.25. Estarían sus restos momificados en Egipto esperando el momento en el que los llevarían a la tierra prometida; serían la firma de la fidelidad divina para los duros y malos momentos. Parece que Génesis termina muy mal, comienza con Dios creando y finaliza con un ataúd en Egipto; sin embargo, su ataúd en Egipto fue un grito de esperanza por generaciones entre tanto era levantado el libertador. ¿Tienes un ataúd en Egipto? Te pregunto si conservas la promesa de Dios en medio de la opresión. Aunque parezca un testimonio de muerte, es una señal de confianza.

— Roberto Tinoco

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