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Mateo 12
Discusión acerca del día de descanso
1En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer.🗨📝 2Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.🗨📝 3Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre;🗨📝 4cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?🗨📝 5¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa?🗨📝 6Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.🗨📝 7Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes;🗨📝 8porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.🗨📝Jesús sana en el día de descanso
9Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos.🗨📝 10Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?🗨📝 11El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante?🗨📝 12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.🗨📝 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.🗨📝 14Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.🗨📝Jesús, el Siervo elegido de Dios
15Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos,🗨📝 16y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen;🗨📝 17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:🗨📝 18He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio.🗨📝 19No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz.🗨📝 20La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque a victoria el juicio.🗨📝 21Y en su nombre esperarán los gentiles.🗨📝Jesús y el príncipe de los demonios
22Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.🗨📝 23Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David?🗨📝 24Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.🗨📝 25Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.🗨📝 26Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?🗨📝 27Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.🗨📝 28Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.🗨📝 29Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.🗨📝 30El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.🗨📝 31Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.🗨📝 32A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.🗨📝 33O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.🗨📝 34¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.🗨📝 35El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.🗨📝 36Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.🗨📝 37Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.🗨📝La señal de Jonás
38Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.🗨📝 39El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.🗨📝 40Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.🗨📝 41Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar.🗨📝 42La reina del Sur se levantaráen el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.🗨📝 43Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.🗨📝 44Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.🗨📝 45Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.🗨📝La verdadera familia de Jesús
46Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar.🗨📝 47Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar.🗨📝 48Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?🗨📝 49Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.🗨📝 50Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 12: RV60
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Mateo 12:1
12.1 En aquel tiempo, esto es, cuando Jesús estaba invitando a las multitudes a descansar en Él (mira el final del capítulo anterior). En ese contexto Mateo coloca este capítulo para enseñar acerca del reposo en Cristo como la vida verdadera más allá del sábado judío. El Rey Jesús iba por los sembrados en día de reposo, ya era bastante atrevido estar caminando ese día, pero su desafío irá más allá: arrancarán espigas para comer, un acto considerado como cosechar y por ende, quebranto del día de reposo conforme a la interpretación de la ley de Moisés, por parte de los fariseos. El Señor es confrontador, conmueve los cimientos de la religión y provoca el análisis de la conciencia. Si estuviera entre nosotros hoy físicamente como el Hijo del Hombre realizando su ministerio mesiánico, haría exactamente lo mismo con nuestros usos y costumbres religiosas. Valdría la pena detenernos a considerar si lo que tenemos como sagrado realmente lo es. Los discípulos de Jesús tuvieron hambre, que el Señor tuviera hambre y comiera tomando espigas podría, de algún modo, justificarse por ser el Mesías, al menos para nosotros no traería conflicto alguno con el sábado, pero que fuesen sus discípulos sí altera el orden religioso. Discípulos hambrientos ante religiosos condenatorios, el Señor va a usar la debilidad de unos para romper la dureza de otros.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:2
12.2 Los fariseos, la secta más estricta de la religión judía, estaban a la caza del Maestro. Si pudieron verlos pasar por los sembrados tomando espigas, en un día que no debían caminar largas distancias ni cosechar (consideraban que tomar espigas y frotarlas con las manos para comerlas era cosechar), es porque ellos los seguían esperando la oportunidad de acusarles. ¡También estaban en la posible infracción del día de reposo! Los fariseos tenían 39 categorías generales de actividades prohibidas en sábado (cada categoría tenía muchas reglas) cosechar era una de ellas. ¿No es absurdo considerar pecado arrancar espigas, pero no criticar en sábado? Si tu religión te sirve para perder al prójimo condenándolo, es una falsa religión. La religión debe ser como su nombre, del latín religare, “volver a unir”, no separar. Acusaron a Jesús del supuesto quebranto de sus discípulos del día de reposo cuando ellos mismos no estaban guardando la ley. ¿Acaso no habían escuchado las palabras anteriores de Jesús como nuestro sábado? (Mat. 11:28-30). Cuando alguno busca ocasión contra otro, la hallará hasta en el Nombre de Dios. El problema no era el sábado, sino que buscaban ocasión contra el Señor Jesús. Hasta un tecnicismo es excusa si de acusar se trata; pero Dios es un Dios de personas y no de reglas. Generalmente es más importante el hermano que aquello que nos separa de él.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:3
12.3-4 Lo fariseos no conocían al Legislador, por tanto, no entendían la ley. La ley de Moisés fue dada como un espejo para que pudiendo ver nuestra condición, fuésemos al Salvador (Gal. 3:19, 22-25), alcanzando así por la fe, la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, los legalistas fariseos rechazaron al Rey Jesucristo, la gracia que Dios tenía para ellos, por la observancia de la ley del sábado. El ejemplo que Jesús ha de poner a los fariseos acerca del por qué está “permitido”, así, entre comillas, quebrantar el día de reposo, es magistral. Si el rey David comió junto con los que le acompañaban de los panes sagrados, comida exclusiva de los sacerdotes, entonces era aun más factible que Él, el verdadero Rey, el Mesías, permitiera a sus discípulos saciar su hambre en ese día directamente de las espigas. Este argumento está basado en la Palabra de Dios: ¿no habéis leído? Porque toda revelación, nueva o vieja debe estar basada en la Biblia. Los fariseos conocían la Biblia, pero no tenían revelación (“hacen lo que no es lícito…”). Desconocían el verdadero espíritu de la ley y la Palabra. Con este primer argumento, Jesús estaba posicionándose no solo a la altura de David, sino por encima de Él. Al menos David pidió permiso, pero el Señor no tiene que pedirlo. El rey David fue superior al sacerdocio, pero el Rey Jesús es superior a la monarquía (Mat. 22:42-45; Sal. 110:1). Asimismo, la necesidad, si cabe el término, del Rey, es superior a cualquier ley. También, la acción de David, cumplida en Jesús, pone de manifiesto el cambio del sacerdocio levítico al sacerdocio del Rey, con este cambio de sacerdocio también hay un cambio de ley (Heb. 7:12). Cristo, como el Rey, el David verdadero cambia de la dispensación de la ley (con todas sus demandas) a la dispensación de la gracia. Venida la fe ya no estamos bajo ayo (Gal. 3:25; 4:1-7; 5:1).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:4
12.3-4 Lo fariseos no conocían al Legislador, por tanto, no entendían la ley. La ley de Moisés fue dada como un espejo para que pudiendo ver nuestra condición, fuésemos al Salvador (Gal. 3:19, 22-25), alcanzando así por la fe, la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, los legalistas fariseos rechazaron al Rey Jesucristo, la gracia que Dios tenía para ellos, por la observancia de la ley del sábado. El ejemplo que Jesús ha de poner a los fariseos acerca del por qué está “permitido”, así, entre comillas, quebrantar el día de reposo, es magistral. Si el rey David comió junto con los que le acompañaban de los panes sagrados, comida exclusiva de los sacerdotes, entonces era aun más factible que Él, el verdadero Rey, el Mesías, permitiera a sus discípulos saciar su hambre en ese día directamente de las espigas. Este argumento está basado en la Palabra de Dios: ¿no habéis leído? Porque toda revelación, nueva o vieja debe estar basada en la Biblia. Los fariseos conocían la Biblia, pero no tenían revelación (“hacen lo que no es lícito…”). Desconocían el verdadero espíritu de la ley y la Palabra. Con este primer argumento, Jesús estaba posicionándose no solo a la altura de David, sino por encima de Él. Al menos David pidió permiso, pero el Señor no tiene que pedirlo. El rey David fue superior al sacerdocio, pero el Rey Jesús es superior a la monarquía (Mat. 22:42-45; Sal. 110:1). Asimismo, la necesidad, si cabe el término, del Rey, es superior a cualquier ley. También, la acción de David, cumplida en Jesús, pone de manifiesto el cambio del sacerdocio levítico al sacerdocio del Rey, con este cambio de sacerdocio también hay un cambio de ley (Heb. 7:12). Cristo, como el Rey, el David verdadero cambia de la dispensación de la ley (con todas sus demandas) a la dispensación de la gracia. Venida la fe ya no estamos bajo ayo (Gal. 3:25; 4:1-7; 5:1).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:5
12.5-6 Este es el argumento del templo, por decirlo así. Por la autoridad del templo, que es la autoridad del Dios del templo, los sacerdotes trabajan en las cosas santas en día sábado, aun cuando la ley de Moisés prohibía laborar en dicho día. Y hacían esto sin culpa y sin que se considerase una profanación del día de reposo. Entonces Jesús les habló de un Templo mayor que el de piedras físicas: Su persona. “Uno mayor que…” En su momento habría de decir: Destruir este templo y en 3 días lo reedificaré, refiriéndose a su cuerpo físico. De modo que los discípulos, en la autoridad del Nuevo Templo, Cristo Jesús, podían pasar por alto el día de reposo sin culpa. En el argumento anterior el cambio fue del sacerdocio al reinado, en este caso, el cambio es del templo de piedra a la Persona de Cristo, específicamente a su Cuerpo (la iglesia). La ley, incluyendo sus días de reposo eran una sombra de las cosas permanentes, en este caso, del Cuerpo de Cristo, a saber, la iglesia. Estar en Cristo es estar en el reposo, Él es nuestro sábado. Mira la nota 1.7-8.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:6
12.5-6 Este es el argumento del templo, por decirlo así. Por la autoridad del templo, que es la autoridad del Dios del templo, los sacerdotes trabajan en las cosas santas en día sábado, aun cuando la ley de Moisés prohibía laborar en dicho día. Y hacían esto sin culpa y sin que se considerase una profanación del día de reposo. Entonces Jesús les habló de un Templo mayor que el de piedras físicas: Su persona. “Uno mayor que…” En su momento habría de decir: Destruir este templo y en 3 días lo reedificaré, refiriéndose a su cuerpo físico. De modo que los discípulos, en la autoridad del Nuevo Templo, Cristo Jesús, podían pasar por alto el día de reposo sin culpa. En el argumento anterior el cambio fue del sacerdocio al reinado, en este caso, el cambio es del templo de piedra a la Persona de Cristo, específicamente a su Cuerpo (la iglesia). La ley, incluyendo sus días de reposo eran una sombra de las cosas permanentes, en este caso, del Cuerpo de Cristo, a saber, la iglesia. Estar en Cristo es estar en el reposo, Él es nuestro sábado. Mira la nota 1.7-8.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:7
12:7-8 El argumento del Señor del sábado (por si aun tenían dudas). Este versículo trata del espíritu que debe tener todo creyente: un espíritu de amor y de aceptación o misericordia; no de crítica. Es lamentable que se pueda ser como los fariseos, sacrificados y difamadores a la vez. Lee Romanos 14:1-8 sé fuerte y ten compasión de los débiles. Si alguno guarda el sábado no juzgue al que no lo guarda. Si alguno no guarda el sábado tampoco critique al que sí lo guarda. Aquél que ha sido justificado en Cristo es inocente, por tanto, no puede ser condenado ni juzgado. Rom.8:31-34. Cristo es el Señor del día de reposo y a la vez, Él es el que justifica, por tanto, ¿quién puede condenarte y obligarte a guardar el sábado según la ley mosaica? El cambio que el Señor Jesús hace con su tercer argumento es el de cambiar de la observancia del sábado hacia su persona. Como del sacerdocio al Rey y del templo a la iglesia.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:8
12: 7-8 El argumento del Señor del sábado (por si aun tenían dudas). Este versículo trata del espíritu que debe tener todo creyente: un espíritu de amor y de aceptación o misericordia; no de crítica. Es lamentable que se pueda ser como los fariseos, sacrificados y difamadores a la vez. Lee Romanos 14:1-8 sé fuerte y ten compasión de los débiles. Si alguno guarda el sábado no juzgue al que no lo guarda. Si alguno no guarda el sábado tampoco critique al que sí lo guarda. Aquél que ha sido justificado en Cristo es inocente, por tanto, no puede ser condenado ni juzgado. Rom.8:31-34. Cristo es el Señor del día de reposo y a la vez, Él es el que justifica, por tanto, ¿quién puede condenarte y obligarte a guardar el sábado según la ley mosaica? El cambio que el Señor Jesús hace con su tercer argumento es el de cambiar de la observancia del sábado hacia su persona. Como del sacerdocio al Rey y del templo a la iglesia.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:9
12: 9-14 Tenemos aquí el ejemplo visible del cambio dispensacional invisible. El Rey Jesús no solo habló de la libertad cristiana y del cambio de la ley a la gracia en el campo (los sembrados); era necesario que el corazón mismo de la religión lo entendiera (la sinagoga). Los que más necesitaban ser libres de la condenación de la ley eran los miembros de la sinagoga. En los puntos anteriores vimos el cambio de la ley a la gracia, de las prácticas levíticas al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por eso ahora, la Cabeza del Cuerpo, Cristo, viene a demostrar su preocupación por los miembros de su cuerpo. Considera la tentación de los legalistas: ¿Es lícito…? –preguntaron. ¡Seguían con lo mismo! ¡No entendieron nada! Mira la respuesta del Señor Jesús: Jesús comparó al hombre de la mano seca con una oveja. La oveja es miembro del rebaño, lo que significa que el hombre es miembro del cuerpo. Por lo cual, si está necesitado que importa que sea sábado, ya que siempre es tiempo para ayudar a un miembro del Cuerpo de Cristo. Los fariseos amaban más sus ovejas que a los hombres; como los gadarenos amaban más a sus cerdos; que no nos vaya a suceder amar más nuestras reglas que a los hermanos (liturgia; doctrinas, organizaciones, normas, ropa, días, punto de vista, enfoques doctrinales, todo esto es para la iglesia y no la iglesia para las reglas). Observa también la evidencia del cambio de dispensación (vr. 13). Así como nadie puede negar la sanidad de aquel hombre así mismo nadie debe negar el cambio de época. Su mano fue sanada. En 1 Reyes 13:4-6. Se menciona al rey Jeroboam que al señalar (para arrestar) a un hombre de Dios se le secó la mano y fue restaurada cuando el hombre de Dios oró por él. La profecía del varón de Dios fue contra el altar en Bet-el porque dicho altar hacía división entre el pueblo de Dios, pues Israel no subía a Jerusalén al templo para adorar (porque eso lo edificó Jeroboam), todo lo que divide al cuerpo lo seca y lo mata. Mientras que la sanidad viene de obedecer la Palabra de Jesús: Extiende tu mano –dijo. Cuando usas tus manos, figura de las obras de tu vida, en beneficio del cuerpo de Cristo (la iglesia), eres sanado del legalismo de muerte. La mano es símbolo de servicio. Pero cuidado con la actitud de quienes se resisten al cambio (14). Los fariseos salieron; lo primero que hacen es separarse del Cuerpo de Cristo o poner de manifiesto que no son parte del Cuerpo. Enseguida, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. La misma obra del diablo: matar, hurtar y destruir. El resultado de permanecer en el legalismo es la muerte, la crítica contra el Cuerpo de Cristo, el intentar destruirle.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:10
12: 9-14 Tenemos aquí el ejemplo visible del cambio dispensacional invisible. El Rey Jesús no solo habló de la libertad cristiana y del cambio de la ley a la gracia en el campo (los sembrados); era necesario que el corazón mismo de la religión lo entendiera (la sinagoga). Los que más necesitaban ser libres de la condenación de la ley eran los miembros de la sinagoga. En los puntos anteriores vimos el cambio de la ley a la gracia, de las prácticas levíticas al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por eso ahora, la Cabeza del Cuerpo, Cristo, viene a demostrar su preocupación por los miembros de su cuerpo. Considera la tentación de los legalistas: ¿Es lícito…? –preguntaron. ¡Seguían con lo mismo! ¡No entendieron nada! Mira la respuesta del Señor Jesús: Jesús comparó al hombre de la mano seca con una oveja. La oveja es miembro del rebaño, lo que significa que el hombre es miembro del cuerpo. Por lo cual, si está necesitado que importa que sea sábado, ya que siempre es tiempo para ayudar a un miembro del Cuerpo de Cristo. Los fariseos amaban más sus ovejas que a los hombres; como los gadarenos amaban más a sus cerdos; que no nos vaya a suceder amar más nuestras reglas que a los hermanos (liturgia; doctrinas, organizaciones, normas, ropa, días, punto de vista, enfoques doctrinales, todo esto es para la iglesia y no la iglesia para las reglas). Observa también la evidencia del cambio de dispensación (vr. 13). Así como nadie puede negar la sanidad de aquel hombre así mismo nadie debe negar el cambio de época. Su mano fue sanada. En 1 Reyes 13:4-6. Se menciona al rey Jeroboam que al señalar (para arrestar) a un hombre de Dios se le secó la mano y fue restaurada cuando el hombre de Dios oró por él. La profecía del varón de Dios fue contra el altar en Bet-el porque dicho altar hacía división entre el pueblo de Dios, pues Israel no subía a Jerusalén al templo para adorar (porque eso lo edificó Jeroboam), todo lo que divide al cuerpo lo seca y lo mata. Mientras que la sanidad viene de obedecer la Palabra de Jesús: Extiende tu mano –dijo. Cuando usas tus manos, figura de las obras de tu vida, en beneficio del cuerpo de Cristo (la iglesia), eres sanado del legalismo de muerte. La mano es símbolo de servicio. Pero cuidado con la actitud de quienes se resisten al cambio (14). Los fariseos salieron; lo primero que hacen es separarse del Cuerpo de Cristo o poner de manifiesto que no son parte del Cuerpo. Enseguida, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. La misma obra del diablo: matar, hurtar y destruir. El resultado de permanecer en el legalismo es la muerte, la crítica contra el Cuerpo de Cristo, el intentar destruirle.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:11
12: 9-14 Tenemos aquí el ejemplo visible del cambio dispensacional invisible. El Rey Jesús no solo habló de la libertad cristiana y del cambio de la ley a la gracia en el campo (los sembrados); era necesario que el corazón mismo de la religión lo entendiera (la sinagoga). Los que más necesitaban ser libres de la condenación de la ley eran los miembros de la sinagoga. En los puntos anteriores vimos el cambio de la ley a la gracia, de las prácticas levíticas al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por eso ahora, la Cabeza del Cuerpo, Cristo, viene a demostrar su preocupación por los miembros de su cuerpo. Considera la tentación de los legalistas: ¿Es lícito…? –preguntaron. ¡Seguían con lo mismo! ¡No entendieron nada! Mira la respuesta del Señor Jesús: Jesús comparó al hombre de la mano seca con una oveja. La oveja es miembro del rebaño, lo que significa que el hombre es miembro del cuerpo. Por lo cual, si está necesitado que importa que sea sábado, ya que siempre es tiempo para ayudar a un miembro del Cuerpo de Cristo. Los fariseos amaban más sus ovejas que a los hombres; como los gadarenos amaban más a sus cerdos; que no nos vaya a suceder amar más nuestras reglas que a los hermanos (liturgia; doctrinas, organizaciones, normas, ropa, días, punto de vista, enfoques doctrinales, todo esto es para la iglesia y no la iglesia para las reglas). Observa también la evidencia del cambio de dispensación (vr. 13). Así como nadie puede negar la sanidad de aquel hombre así mismo nadie debe negar el cambio de época. Su mano fue sanada. En 1 Reyes 13:4-6. Se menciona al rey Jeroboam que al señalar (para arrestar) a un hombre de Dios se le secó la mano y fue restaurada cuando el hombre de Dios oró por él. La profecía del varón de Dios fue contra el altar en Bet-el porque dicho altar hacía división entre el pueblo de Dios, pues Israel no subía a Jerusalén al templo para adorar (porque eso lo edificó Jeroboam), todo lo que divide al cuerpo lo seca y lo mata. Mientras que la sanidad viene de obedecer la Palabra de Jesús: Extiende tu mano –dijo. Cuando usas tus manos, figura de las obras de tu vida, en beneficio del cuerpo de Cristo (la iglesia), eres sanado del legalismo de muerte. La mano es símbolo de servicio. Pero cuidado con la actitud de quienes se resisten al cambio (14). Los fariseos salieron; lo primero que hacen es separarse del Cuerpo de Cristo o poner de manifiesto que no son parte del Cuerpo. Enseguida, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. La misma obra del diablo: matar, hurtar y destruir. El resultado de permanecer en el legalismo es la muerte, la crítica contra el Cuerpo de Cristo, el intentar destruirle.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:12
12: 9-14 Tenemos aquí el ejemplo visible del cambio dispensacional invisible. El Rey Jesús no solo habló de la libertad cristiana y del cambio de la ley a la gracia en el campo (los sembrados); era necesario que el corazón mismo de la religión lo entendiera (la sinagoga). Los que más necesitaban ser libres de la condenación de la ley eran los miembros de la sinagoga. En los puntos anteriores vimos el cambio de la ley a la gracia, de las prácticas levíticas al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por eso ahora, la Cabeza del Cuerpo, Cristo, viene a demostrar su preocupación por los miembros de su cuerpo. Considera la tentación de los legalistas: ¿Es lícito…? –preguntaron. ¡Seguían con lo mismo! ¡No entendieron nada! Mira la respuesta del Señor Jesús: Jesús comparó al hombre de la mano seca con una oveja. La oveja es miembro del rebaño, lo que significa que el hombre es miembro del cuerpo. Por lo cual, si está necesitado que importa que sea sábado, ya que siempre es tiempo para ayudar a un miembro del Cuerpo de Cristo. Los fariseos amaban más sus ovejas que a los hombres; como los gadarenos amaban más a sus cerdos; que no nos vaya a suceder amar más nuestras reglas que a los hermanos (liturgia; doctrinas, organizaciones, normas, ropa, días, punto de vista, enfoques doctrinales, todo esto es para la iglesia y no la iglesia para las reglas). Observa también la evidencia del cambio de dispensación (vr. 13). Así como nadie puede negar la sanidad de aquel hombre así mismo nadie debe negar el cambio de época. Su mano fue sanada. En 1 Reyes 13:4-6. Se menciona al rey Jeroboam que al señalar (para arrestar) a un hombre de Dios se le secó la mano y fue restaurada cuando el hombre de Dios oró por él. La profecía del varón de Dios fue contra el altar en Bet-el porque dicho altar hacía división entre el pueblo de Dios, pues Israel no subía a Jerusalén al templo para adorar (porque eso lo edificó Jeroboam), todo lo que divide al cuerpo lo seca y lo mata. Mientras que la sanidad viene de obedecer la Palabra de Jesús: Extiende tu mano –dijo. Cuando usas tus manos, figura de las obras de tu vida, en beneficio del cuerpo de Cristo (la iglesia), eres sanado del legalismo de muerte. La mano es símbolo de servicio. Pero cuidado con la actitud de quienes se resisten al cambio (14). Los fariseos salieron; lo primero que hacen es separarse del Cuerpo de Cristo o poner de manifiesto que no son parte del Cuerpo. Enseguida, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. La misma obra del diablo: matar, hurtar y destruir. El resultado de permanecer en el legalismo es la muerte, la crítica contra el Cuerpo de Cristo, el intentar destruirle.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:13
12: 9-14 Tenemos aquí el ejemplo visible del cambio dispensacional invisible. El Rey Jesús no solo habló de la libertad cristiana y del cambio de la ley a la gracia en el campo (los sembrados); era necesario que el corazón mismo de la religión lo entendiera (la sinagoga). Los que más necesitaban ser libres de la condenación de la ley eran los miembros de la sinagoga. En los puntos anteriores vimos el cambio de la ley a la gracia, de las prácticas levíticas al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por eso ahora, la Cabeza del Cuerpo, Cristo, viene a demostrar su preocupación por los miembros de su cuerpo. Considera la tentación de los legalistas: ¿Es lícito…? –preguntaron. ¡Seguían con lo mismo! ¡No entendieron nada! Mira la respuesta del Señor Jesús: Jesús comparó al hombre de la mano seca con una oveja. La oveja es miembro del rebaño, lo que significa que el hombre es miembro del cuerpo. Por lo cual, si está necesitado que importa que sea sábado, ya que siempre es tiempo para ayudar a un miembro del Cuerpo de Cristo. Los fariseos amaban más sus ovejas que a los hombres; como los gadarenos amaban más a sus cerdos; que no nos vaya a suceder amar más nuestras reglas que a los hermanos (liturgia; doctrinas, organizaciones, normas, ropa, días, punto de vista, enfoques doctrinales, todo esto es para la iglesia y no la iglesia para las reglas). Observa también la evidencia del cambio de dispensación (vr. 13). Así como nadie puede negar la sanidad de aquel hombre así mismo nadie debe negar el cambio de época. Su mano fue sanada. En 1 Reyes 13:4-6. Se menciona al rey Jeroboam que al señalar (para arrestar) a un hombre de Dios se le secó la mano y fue restaurada cuando el hombre de Dios oró por él. La profecía del varón de Dios fue contra el altar en Bet-el porque dicho altar hacía división entre el pueblo de Dios, pues Israel no subía a Jerusalén al templo para adorar (porque eso lo edificó Jeroboam), todo lo que divide al cuerpo lo seca y lo mata. Mientras que la sanidad viene de obedecer la Palabra de Jesús: Extiende tu mano –dijo. Cuando usas tus manos, figura de las obras de tu vida, en beneficio del cuerpo de Cristo (la iglesia), eres sanado del legalismo de muerte. La mano es símbolo de servicio. Pero cuidado con la actitud de quienes se resisten al cambio (14). Los fariseos salieron; lo primero que hacen es separarse del Cuerpo de Cristo o poner de manifiesto que no son parte del Cuerpo. Enseguida, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. La misma obra del diablo: matar, hurtar y destruir. El resultado de permanecer en el legalismo es la muerte, la crítica contra el Cuerpo de Cristo, el intentar destruirle.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:14
12: 9-14 Tenemos aquí el ejemplo visible del cambio dispensacional invisible. El Rey Jesús no solo habló de la libertad cristiana y del cambio de la ley a la gracia en el campo (los sembrados); era necesario que el corazón mismo de la religión lo entendiera (la sinagoga). Los que más necesitaban ser libres de la condenación de la ley eran los miembros de la sinagoga. En los puntos anteriores vimos el cambio de la ley a la gracia, de las prácticas levíticas al cuerpo de Cristo, la iglesia. Por eso ahora, la Cabeza del Cuerpo, Cristo, viene a demostrar su preocupación por los miembros de su cuerpo. Considera la tentación de los legalistas: ¿Es lícito…? –preguntaron. ¡Seguían con lo mismo! ¡No entendieron nada! Mira la respuesta del Señor Jesús: Jesús comparó al hombre de la mano seca con una oveja. La oveja es miembro del rebaño, lo que significa que el hombre es miembro del cuerpo. Por lo cual, si está necesitado que importa que sea sábado, ya que siempre es tiempo para ayudar a un miembro del Cuerpo de Cristo. Los fariseos amaban más sus ovejas que a los hombres; como los gadarenos amaban más a sus cerdos; que no nos vaya a suceder amar más nuestras reglas que a los hermanos (liturgia; doctrinas, organizaciones, normas, ropa, días, punto de vista, enfoques doctrinales, todo esto es para la iglesia y no la iglesia para las reglas). Observa también la evidencia del cambio de dispensación (vr. 13). Así como nadie puede negar la sanidad de aquel hombre así mismo nadie debe negar el cambio de época. Su mano fue sanada. En 1 Reyes 13:4-6. Se menciona al rey Jeroboam que al señalar (para arrestar) a un hombre de Dios se le secó la mano y fue restaurada cuando el hombre de Dios oró por él. La profecía del varón de Dios fue contra el altar en Bet-el porque dicho altar hacía división entre el pueblo de Dios, pues Israel no subía a Jerusalén al templo para adorar (porque eso lo edificó Jeroboam), todo lo que divide al cuerpo lo seca y lo mata. Mientras que la sanidad viene de obedecer la Palabra de Jesús: Extiende tu mano –dijo. Cuando usas tus manos, figura de las obras de tu vida, en beneficio del cuerpo de Cristo (la iglesia), eres sanado del legalismo de muerte. La mano es símbolo de servicio. Pero cuidado con la actitud de quienes se resisten al cambio (14). Los fariseos salieron; lo primero que hacen es separarse del Cuerpo de Cristo o poner de manifiesto que no son parte del Cuerpo. Enseguida, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. La misma obra del diablo: matar, hurtar y destruir. El resultado de permanecer en el legalismo es la muerte, la crítica contra el Cuerpo de Cristo, el intentar destruirle.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:15
12.15 En los versículos 14 al 32 vemos las características del Rey rechazado. Ante el consejo de los fariseos para destruir a Jesús, todos esperaríamos que un rey rechazado actúe con venganza, pero no el Rey Jesús. Lo primero que notamos es que evitó un enfrentamiento infructuoso porque aun no había llegado el momento de la cruz. Lo que resaltaba su bondad era la maldad de sus perseguidores: querían matarlo para callar sus buenas obras, ¿no es ridículo?
— Roberto Tinoco
Mateo 12:16
12.16 La estrategia de Jesús iba más allá de la popularidad, era la gloria de la vida verdadera. Sabía lo inflamable que era Israel ante las ideas revolucionarias y lo fácil que podían tergiversar sus palabras, de manera que llevó las cosas de forma estratégica controlando tiempos. No permitiría que el pueblo muriera por malas interpretaciones; sólo Él debía morir y sólo Él definiría su momento para hacerlo.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:17
12.17 La cita de Isaías originalmente se refería el rey Persa Ciro, el cual dominó el mundo en su tiempo. Fue usado como símbolo de la autoridad de Cristo Jesús como el Señor de todas las cosas. Toda la Biblia habla acerca de Jesús directa o indirectamente en forma tipológica. Actualmente, la Biblia suele referirse no solo al Cristo histórico, sino al Cristo en su Cuerpo que es la iglesia.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:18
12.18 Cristo Jesús es descrito proféticamente como obediente. La Biblia usa distintas palabras para referirse a un siervo: diakonos para el servidor; doulos refiriéndose al esclavo; huperetes es un ministro y un alguacil; leitourgos es el servidor, así como también un ministro; oiketes se denomina al criado doméstico; y therapon es el asistente. Pero en este versículo, Mateo utiliza el término pais, que se refiere a un niño o mozo ayudante. Jesús es el siervo de Yahwéh, el sirviente de Dios. Más allá de un servidor esclavo, y más allá de un ministro; Jesús era el Niño del Señor que le obedecía en todo como un mozo. Escogido, no cualquier hombre, sino el Único, el Hombre. La sulamita dijo de él: “distinguido entre diez mil” (Cant. 5:10). Según el cántico de Moisés: La roca de ellos no es como nuestra Roca; nuestros enemigos lo han de reconocer (Dt. 32:31). Amado –como lo llamase el Padre, su Amado, en quien se agrada su alma. No amado por cualquiera, sino por el mismo Dios. Fue escogido porque ha sido el único en agradar el alma de Dios. En su bautismo: Este es mi Hijo Amado en quien tengo complacencia (Mt.3:17). En la transfiguración: Este es mi Hijo Amado en quien tengo complacencia; a Él oíd (Mat. 17:5). Lleno del Espíritu: Pondré mi Espíritu sobre Él. Jesús actuó en el Espíritu de Dios aún cuando hubiera podido actuar en su propio poder. ¡Cuánto más nosotros debemos seguir su ejemplo!. Fiel al propósito de Dios: Y a los gentiles anunciará juicio. Literalmente “anunciará lo que es justo y recto”. Los judíos rechazaron al Mesías. Cristo siguió fiel al propósito de Dios al irse a los gentiles.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:19
12.19 Jesús no fue un agitador; sino lleno de prudencia. Tuvo que enfrentar enemigos, pero no era amante de discordias. Incluso más de una vez se retiró de aquellos que deseaban contender sin propósito. Nos recuerda el consejo del apóstol Pablo a Timoteo: el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar y sufrido; corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen, por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para comprender la verdad (2 Tim. 2:24-25). Tampoco fue un palabrero como los del mercado; no tenía necesidad de gritería; es decir, no fue un merolico. La dignidad real le acompañó en todo momento sin rebajar el evangelio.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:20
12.20 El carácter tierno y restaurador fue normal en Jesús. Los hacedores de flautas quebraban las cañas cascadas. Y cuando una mecha de lino humeaba por quedarse sin aceite, era costumbre apagarla. Así hay personas cuyas experiencias les desgastaron, son cañas cascadas e individuos que han perdido el fuego no quedando en ellos más reservar. Unos son cañas cascadas, no sirven como instrumentos, no sale buena música de ellos; los otros son mechas sin aceite, sin luz. Todo lo que hacen es humo. Pero tanto a los unos como a los otros, el Señor Jesús recibió. Fue paciente para restaurarles. No les rechazó ni les privó de oportunidad. Todos hallaron el segundo toque en el Señor y la gracia que habría de dignificarles. ¡Cuánta ternura del Señor hasta para el caído o el infiel! Venid a mí, todos los que estéis fatigados y cargados y yo os haré descansar (Mt.11:28). Sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas (Sal.147:3). Como un pastor apacentará su rebaño; con su brazo los reunirá. A los corderitos llevará en su seno, y conducirá con cuidado a las que todavía estén criando (Jer. 40:11). Buscaré a la perdida y haré volver a la descarriada. A la perniquebrada vendaré y fortalecerá a la enferma. Y a la engorda y a la fuerte guardaré. Las apacentaré con justicia (Ez. 34:16). Mira Hebreos 12:12-13. Bien haremos en ser más pacientes con las fallas ajenas y dando oportunidad a quienes parecen sin remedio…podría tratarse de nosotros. Jesús fue victorioso: Hasta que saque a victoria el juicio. La justicia vio su victoria en Él. Lo vieron caerse con la cruz y después ser crucificado en ella, pero… No se desalentará ni desfallecerá hasta que haya establecido la justicia en la tierra (Is.42:4). Lee Ap.19:11-16. ¡Ni la muerte lo pudo contener!
— Roberto Tinoco
Mateo 12:21
12.21 Objeto o fundamento de esperanza. Siendo como Cristo es, ¿quién no desea esperar en Él? En su Nombre hay: Salvación al invocarle: todo aquel que invoque el Nombre del Señor será salvo (Hch. 2:21). Sanidad en el Nombre de Jesús: No tengo oro ni plata, pero… (Hch. 3:6). Extiende tu mano - oración - para que sean hechas sanidades, señales y prodigios en el Nombre de tu Santo Siervo Jesús (Hch. 4:30). Liberación: Hechos 16:18. No en vano Pablo amaba el Nombre del Señor (Hch.21:13). El Nombre de Jesús es sobre todo nombre (Fil. 2:9-10). Y todo lo que hagáis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él (Col.3:17). No hay forma de describir de manera precisa y justa las características que hicieron de Jesús el Hombre más poderoso que ha pisado la tierra. Lo único que puedo hacer es pertenecerle por completo. El ensayo que sigue ha sido publicado muchas veces durante la época de Navidad. Por muchos años nadie sabía quién era el autor hasta que la Sra. George Peck descubrió el borrador original entre los apuntes de su marido, un pastor recién fallecido: “Aquí tenemos a un hombre joven que nace en un pueblo apartado, hijo de una campesina. Creció en otra aldea vecina. Trabajó en una carpintería hasta los treinta años, cuando lo dejó todo y se hizo predicador ambulante durante tres años. Nunca escribió un libro. Nunca tuvo un cargo público. Nunca tuvo su propia casa. Nunca se casó ni se rodeó de una familia. Nunca fue a la universidad. Nunca se trasladó a más de 200 millas del lugar en que había nacido. Nunca hizo cosa alguna de las que suelen acompañar la grandeza y la fama. No tiene otras credenciales que Él mismo. Cuando era todavía joven, la marca de la pública opinión se volvió contra Él, sus amigos le abandonaron. Fue entregado a sus enemigos. Le sometieron a un juicio que fue una farsa. Fue crucificado entre dos ladrones. Mientras estaba agonizando, sus verdugos echaron suertes sobre quien había de quedarse la única propiedad que tenía sobre la Tierra, que era su vestido. Una vez muerto, fue depositado en una tumba prestada por la compasión de un amigo. Han transcurrido diecinueve siglos desde entonces, y hoy es la figura central de la raza humana y el que dirige la columna del progreso. Estoy por completo dentro de lo cierto al decir que todos los ejércitos que han existido, todas las flotas que han cruzado los mares, y todos los parlamentos que han discutido y todos los reyes que han reinado, puestos juntos, no han afectado la vida del hombre sobre esta tierra tanto como esta vida solitaria”.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:22
12.22 A partir de este versículo y hasta el cincuenta, Israel tocará fondo rechazando al Mesías. Tenemos primero la figura del pueblo de Israel en el hombre ciego y mudo que estaba poseído. Mateo es sistemático, para entender su mensaje debemos ver más allá de la letra y contemplarlo dentro de un todo de la revelación de Jesucristo como el Mesías, el Rey. Para este momento, el rechazo les ha convertido en una nación sin facultad para ver la gloria de Dios y sin posibilidad de adorar a Dios verdaderamente. Recuerda el clamor del salmista: Señor, abre mis labios y proclamará mi boca tu alabanza (Sal.51:15). Tenían con ellos al Mesías, pero no veían al Mesías. Se maravillaban con sus obras y seguían preguntándose quién era (vr. 23).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:23
12.23 Mira la nota 12.22 Cuando el Mesías llegó a Israel, la nación recibió luz y llegó la salud. Luz para ver, salud para vivir y gloria para alabar. Cumpliendo así la palabra del profeta: En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro y los ojos de los ciegos verán desde la oscuridad y las tinieblas (Is.29:18). Entonces no se cerrarán los ojos de los que ven, y los oídos de los que oyen estarán atentos. El corazón de los imprudentes entenderá para comprender y la lengua de los tartamudos hablará con fluidez y claridad (Is.32:3-4). Sin embargo, el pueblo de Israel seguía cuestionándose la posibilidad de que Jesús fuera el Cristo. Se maravillaron “la gente estaba atónita”. La pregunta implica que lo reconocieron como Mesías pero no comprendían su ministerio debido a la idea que ellos se habían formado acerca de cómo vendría el Mesías. Comúnmente la gente rechaza al Mesías si éste se les presenta de forma diferente a como su religión o idea lo concibe. De modo que fue un rechazo consciente. Lee Heb.10:26-31. No es que no pudieran creer, sino que habían decidido no creer. Sabían lo necesario: el Mesías sería hijo de David; pero no sabían lo importante: Jesús es el Mesías e Hijo de David. Hay quienes tienen el credo correcto sin vivir la sana doctrina y quienes aprobarían un examen de teología reprobando el examen de la vida.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:24
12.24 Mientras la multitud estaba atónita y a la vez, dudando de la posibilidad de que Jesús fuese el Mesías, los fariseos abrieron la boca tratando de impedir que la opinión pública finalmente se inclinara a la fe correcta. No podían negar el milagro, pues era evidente a todos; por lo que se atrevieron a lo impensable: a pesar de saber que solo podía acudir de Dios, atribuyeron el milagro al poder de Satanás diciendo que lo había sanado por el poder de Beelzebú (señor de las moscas), nombre que le atribuían en forma de desprecio al príncipe de los demonios o diablo. Mostraron su desprecio a Jesús refiriéndose a Él con el simple “este”. Y su rechazo fue el peor de los rechazos. La blasfemia contra el Espíritu Santo es injuriarlo, en este caso, atribuirle al diablo las obras del Espíritu. La blasfemia contra el Espíritu Santo, como pecado imperdonable, no es producto de la ignorancia ni del error; sino de la negación consciente de su Persona y obra.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:25
12.25-26 Jesús conocía sus pensamientos, no por la virtud de su omnisciencia como Hijo de Dios, pues se había despojado del uso de sus atributos divinos voluntariamente anonadándose a sí mismo al tomar forma de siervo; sino por el discernimiento desarrollado en el trato con sus semejantes. Los conocía y podía leer sus intenciones (Juan 2:25). Su respuesta estuvo llena de sentido común: la unidad es necesaria para la victoria hasta en las tinieblas. Toda guerra civil debilita a quien la padece, sea reino, ciudad o casa. Es igual en lo macro como en lo micro: la división es muerte. Jesús vino a deshacer las obras del diablo (1 Jn. 3:8) no a hacer un pacto con él. Hasta el diablo y los que le siguen necesitan estar de acuerdo para sus fines. Las palabras de Jesús no dan por cierto que el diablo tenga un reino en el sentido legítimo, pero si un reino ilegítimo y espurio. Como tampoco dan por cierto que la obra de Satanás permanecerá, solo implica que intenta permanecer.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:26
12.25-26 Jesús conocía sus pensamientos, no por la virtud de su omnisciencia como Hijo de Dios, pues se había despojado del uso de sus atributos divinos voluntariamente anonadándose a sí mismo al tomar forma de siervo; sino por el discernimiento desarrollado en el trato con sus semejantes. Los conocía y podía leer sus intenciones (Juan 2:25). Su respuesta estuvo llena de sentido común: la unidad es necesaria para la victoria hasta en las tinieblas. Toda guerra civil debilita a quien la padece, sea reino, ciudad o casa. Es igual en lo macro como en lo micro: la división es muerte. Jesús vino a deshacer las obras del diablo (1 Jn. 3:8) no a hacer un pacto con él. Hasta el diablo y los que le siguen necesitan estar de acuerdo para sus fines. Las palabras de Jesús no dan por cierto que el diablo tenga un reino en el sentido legítimo, pero si un reino ilegítimo y espurio. Como tampoco dan por cierto que la obra de Satanás permanecerá, solo implica que intenta permanecer.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:27
12.27 El problema de ejercer juicio es que la justicia tiene dos lados: juzga a la persona en cuestión y a la vez, juzga al juzgador, pues en su juicio puso el estándar o límite para sí mismo. Si los fariseos decían que Jesús echaba fuera a los demonios por el poder del diablo; entonces eran culpables de lo mismo, pues tenían entre ellos exorcistas que realizaban cosas semejantes. Por supuesto que ni Jesús ni los hijos o miembros fariseos hacían tal cosa en el poder del maligno, pero sus palabras eran lazos para sí mismos. La murmuración suele ser un espejo que muestra la condición del que murmura. Como el viejo adagio: lo que Pedro dice de Juan, dice más de Pedro que de Juan.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:28
12.28 Satanás no está peleando consigo mismo; de manera que la conclusión lógica es que la expulsión de demonios realizada por Jesús era obra de Dios. Antes de emitir juicios, debemos tener el beneficio de la duda; antes de desacreditar algo, considerar la posibilidad de que venga de Dios. Estaban ante la manifestación de la llegada del reino de Dios, lo que implicaba que había llegado el Rey de Israel. Las palabras de Jesús tienen un sentido mesiánico y esa es la razón por la que trataban de desacreditar sus milagros, para no reconocerlo el Mesías, su Rey. Jesús es claro al exponer que sus milagros son realizados por el Espíritu de Dios. Jamás actuó en su propio poder de Hijo de Dios, eso sería caer en las tentaciones de Satanás que intentó contra Él repetidamente. Por el contrario, prefirió mantenerse sujeto al Padre despojándose del uso de sus atributos divinos y siendo el Hombre Salvador.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:29
12.29 La explicación dada por el Señor de su ministerio de liberación fue el asalto del mundo arrebatándoselo al diablo. El enemigo fue como un hombre fuerte que se apoderó de esta creación y desde su engaño en el Edén se comportó como si fuese legítimo propietario de la creación terrena, incluyendo a la humanidad. Pero Jesús vino como Hombre y como Hombre sujeto al Espíritu de Dios manifestó más fuerza que el diablo con liberaciones y milagros. De esta manera le ató, le quitó la creación y nos ha dado vida eterna. Nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Amado Hijo (Col.1:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:30
12.30 Los fariseos negaban la autoridad del reino de Dios en los milagros de Jesús; con esto, se oponían al reino de Dios. Por tanto, no solo no estaban con Dios, sino en contra de Dios. La guerra comenzó y no admite personas neutrales. Como aquel pasaje en el que Josué preguntó al Ángel de Yahwéh, no sabiendo que era el Ángel de Yahwéh: ¡yendo hacia él! Josué preguntó al ángel con la espada desenvainada: ¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos? También, estamos en una cosecha, quien no recoge desparrama. Los indiferentes colaboran con el enemigo y quienes no salvan almas son parte de quienes las pierden. No puedes conformarte con no hacer el mal, sino trabajar en el reino de Dios haciendo el bien y ganando almas con su Palabra.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:31
12.31-32 La humanidad está vestida de carne y la carne está enferma o afectada por el pecado. El pecado está en los miembros de nuestro cuerpo; por ello, se hallará pecado en todos los seres humanos, incluyendo a los creyentes (aunque no debemos pecar). Más allá de los pecados se encuentran las blasfemias, lo cual ya no está sujeto al pecado en la carne, sino a la decisión voluntaria del alma. Esto es peor que el pecado, aunque ambas cosas son reprobables y deben evitarse. El pecado es tanto la mala acción como la mala intención; mientras que la blasfemia es la mala intención seguida de la acción de hablar contra Dios, tanto directa como indirectamente contra Él. Esto es en extremo reprochable. Con todo, por la misericordia de Dios y si hay arrepentimiento en el Nombre de Jesús, Dios perdona tanto los pecados como las blasfemias, no del que habitúa practicarlas, sino del que se arrepiente, las confiesa y se aparta, este alcanza misericordia (Pr. 28:13). Sin embargo, existe una excepción al perdón y es la blasfemia contra el Espíritu Santo; en el caso al que Jesús se refiere es al de atribuirle a Satanás las obras de Dios, pues de eso acusaron a Jesús los fariseos a sabiendas de mentir: de echar fuera demonios por el poder de Satanás. La blasfemia contra el Espíritu Santo no es perdonada porque es el Espíritu Santo el que convence al ser humano de su pecado, más si voluntariamente le resiste, ¿quién le convencerá para arrepentimiento? No será perdonado ni en este siglo ni en el venidero, como diciendo: ni hoy ni en el milenio (Ap. 20).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:32
12.31-32 La humanidad está vestida de carne y la carne está enferma o afectada por el pecado. El pecado está en los miembros de nuestro cuerpo; por ello, se hallará pecado en todos los seres humanos, incluyendo a los creyentes (aunque no debemos pecar). Más allá de los pecados se encuentran las blasfemias, lo cual ya no está sujeto al pecado en la carne, sino a la decisión voluntaria del alma. Esto es peor que el pecado, aunque ambas cosas son reprobables y deben evitarse. El pecado es tanto la mala acción como la mala intención; mientras que la blasfemia es la mala intención seguida de la acción de hablar contra Dios, tanto directa como indirectamente contra Él. Esto es en extremo reprochable. Con todo, por la misericordia de Dios y si hay arrepentimiento en el Nombre de Jesús, Dios perdona tanto los pecados como las blasfemias, no del que habitúa practicarlas, sino del que se arrepiente, las confiesa y se aparta, este alcanza misericordia (Pr. 28:13). Sin embargo, existe una excepción al perdón y es la blasfemia contra el Espíritu Santo; en el caso al que Jesús se refiere es al de atribuirle a Satanás las obras de Dios, pues de eso acusaron a Jesús los fariseos a sabiendas de mentir: de echar fuera demonios por el poder de Satanás. La blasfemia contra el Espíritu Santo no es perdonada porque es el Espíritu Santo el que convence al ser humano de su pecado, más si voluntariamente le resiste, ¿quién le convencerá para arrepentimiento? No será perdonado ni en este siglo ni en el venidero, como diciendo: ni hoy ni en el milenio (Ap. 20).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:33
12.33 Un llamado a la decisión: bueno o malo medido por la clase de frutos que se tengan. La ironía de la religión, en este caso, la de los fariseos, es que aparentaban ser buenos y daban malos frutos, ¿cómo podían ser árboles buenos con malos frutos? Les insta a definirse y manifestar su verdadera naturaleza: o se convertían reconociendo a Jesús como el Mesías o dejaban la máscara y manifestaban su verdadera naturaleza maligna. Una persona puede parecerte buena o mala, pero puedes tener un juicio equivocado de ella. Ni siquiera una mala acción define a una persona como mala y tampoco una buena acción define a otra como buena; se necesita considerar el resultado de su vida. El fruto requiere paciencia, y lo mismo es tratándose de los seres humanos: nadie debe ser considerado bueno o malo, en la verdad o en las tinieblas por alguna acción; sino por el resultado final de su vivir.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:34
12.34 El Rey fue directo con los fariseos provocado por haber éstos blasfemado contra el Espíritu Santo diciéndoles que eran generación de víboras; es decir, hijos del diablo. Su naturaleza era maligna, por lo que les pregunta cómo logran hablar lo bueno yendo contra su propia esencia, ya que lo normal es que el hombre hable según su corazón, la fuente de sus intenciones. Las palabras ponen de manifiesto la clase de persona que cada quien es, pero en el caso de los religiosos fariseos, lograron perfeccionar el arte de la simulación hablando bien siendo malos.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:35
12.35 Todo ser humano tiene un tesoro en su interior, su corazón. Sin embargo, este tesoro es en algunos bueno y en otros malo, según decidieron inclinar sus intenciones al bien o al mal. Este tesoro existe a partir de la valoración que cada ser humano tiene dentro de sí; es decir, lo que dicha persona considera su tesoro, lo valioso de sus vida, de ahí, bueno o malo, sacará lo que realmente es. Por tanto, es de suma importancia dar valor al bien y desvalorizar el mal, ya que en eso nos convertiremos y en consecuencia, eso es lo que diremos y haremos.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:36
12.36 Los fariseos podían ser malos y hablar lo bueno (vr. 34). Normalmente un ser humano común habla según lo que consideró valioso en su interior, bueno o malo (vr. 35); pero ellos amaban lo malo y aun así hablaban lo bueno; refinaron al arte de la simulación. Sin embargo, esto podía engañar a los hombres, más no a Dios. Él escucha las palabras, pero mira el corazón. Ante esto, sus buenas palabras se convertían en ociosas palabras. Ociosa traduce una palabra griega que significa desempleado; así que hablar lo bueno siendo malo es tener palabras sin trabajo; es decir, sin poder. Para que una palabra no pierda su poder debe ser congruente con el que la ha expresado. De otro modo el logos es un antilogos. Por tanto, se habrá de dar cuenta en el día del juicio de todas esas palabras carentes de poder que el hombre expresa; incluso aquellas buenas palabras dichas que no se vivieron. Existe un día determinado por Dios para juzgar a los hombres y hasta las palabras con sus intenciones serán tomadas en cuenta en dicho juicio.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:37
12.37 Las palabras son en extremo importantes; siempre y cuando estén en congruencia con el interior de quien las habla (vrs. 34-36). Y su importancia radica en que Dios ha creado todo con palabras, de manera que lo que existe, existe o dejará de existir, dependiendo de su esencia, es decir, de la Palabra de Dios. En este sentido, las palabras de los hombres son tomados por Dios como la existencia misma de esos hombres que las hablan. Y que éstos sigan existiendo o sean condenados depende de ello. Para Dios, hablar es pactar. No hay palabras irrelevantes ni se puede hablar por hablar sin consecuencias. Somos nuestro propio abogado y fiscal cada vez que hablamos. La justificación y la sentencia están en nuestros labios. Por tanto, consideremos mucho mejor lo que salga de nuestra boca. Alguien dijo que “somos amos de lo que callamos, pero esclavos de lo que decimos”; y otro expresó “que sean dulces nuestras palabras, pues habremos de tragarlas algún día”.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:38
12.38 Los judíos buscaban señales (1 Cor. 1:22). Esta vez no eran los principales religiosos, sino algunos entre ellos quienes hipócritamente llamaban Maestro a Jesús después de haberle acusado echar fuera demonios en el poder del diablo. ¿No es esto el colmo? ¿Buscar un milagro después de acusarlo de hacerlos en el poder de Beelzebú? ¿Acaso querían ver manifestado al diablo? Por supuesto que no, sino que fingían –expertos en ello– que le habían creído a sus palabras al respecto. Quieren un milagro para juzgar quién está detrás del mismo. O le están dando poder al enemigo o sabiendo que son milagros de parte de Dios, fingirán que apenas se están dando cuenta de ello. En ambos casos piden a Dios manifestarse mintiéndole en su cara. Les sucedió como aquellos que mirando la luz y luego esta se apaga, encandilados no saben andar. Teniendo entre ellos a Cristo, se hallaban en tinieblas por su incredulidad.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:39
12.39 Generación mala porque era generación de víboras (vr. 34), hijos del diablo por su mala naturaleza. Generación adúltera porque teniendo al esposo entre ellos, prefirieron amar la mentira. Semejantes personas no son dignas de ninguna señal, salvo la de la resurrección simbolizada en Jonás. El judaísmo vería cómo Dios tenía misericordia del mundo que aborrecía, simbolizado en Nínive, después de la muerte y resurrección de Jesucristo.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:40
12.40 Jesús no anduvo con rodeos, muchas de las cosas que habló las dijo en forma de parábolas, pero en los asuntos primordiales fue claro y directo: Él estaría en la sepultura tres días y tres noches. Un asunto histórico y literal. Pero decidieron no creerle, pues llegado el momento pusieron guardas en la tumba para evitar un posible robo del cuerpo. Vemos además, que para Jesús la historia de Jonás no era un mito, sino una experiencia real del profeta. Verdaderamente estuvo en el vientre de un pez, que, leyendo el libro del profeta sabemos Dios preparó especialmente para Jonás. Tres días que fueron para ese santo antiguo semejantes al seol o lugar de los muertos. Cabe señalar que Jesús murió y fue sepultado en jueves y no en sábado como muchos suponen, haciendo así posible los tres días y tres noches; ya que murió antes del gran sabatón y no del sabath normal, es decir, cuando el día de reposo por causa de la Pascua se unía al día de reposo semanal, haciendo un gran sábado. Jesús gustaba llamarse a sí mismo el Hijo del Hombre para representarnos a todos cada vez que hablaba de redención o en relación a nosotros; y solo Hijo de Dios cuando se trataba de su relación con Dios. Con esto, Jesús se identifica como superior a Jonás, pues su muerte y resurrección no solo salvaría a una gran ciudad, sino a todo aquel que crea en todas las épocas.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:41
12.41 La señal de Cristo es mayor que la señal de Jonás como Cristo es superior a Jonás. Y sin embargo, los ninivitas sí se arrepintieron, mientras que los israelitas no. Esto hacía que su pecado fuese aun más pecaminoso. Que los ninivitas arrepentidos se levanten en el día del juicio implica que se les dará autoridad de juzgar, al menos la de testificar contra los israelitas no arrepentidos. Esto debió escucharse muy agresivo en los oídos de los fariseos, pues colocaba a los gentiles por encima de ellos. Para los tales, los no judíos eran inferiores, aborrecidos de Dios, casi subhumanos y el Señor Jesús les daba posición de jueces, la misma posición a la que Dios llamó dioses (Elohim Salmo 82). Notemos que los ninivitas se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás y no por la “resurrección” de Jonás; lo mismo sucede con el Cristo, somos salvos por el evangelio y no por las señales, como las que pedían los fariseos (38-39). Quien no quiere creer a su Palabra, tampoco creerá a la resurrección (Luc. 16:31). No hay señal que salve a quien la Palabra no escucha.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:42
12.42 Cristo es más que Salomón, pero los judíos incrédulos son menos que una mujer gentil. Dos conceptos que ofendían la fe y los prejuicios judíos. El Señor jamás tuvo temor de hablar ni acomodó sus palabras a un lenguaje políticamente correcto. Nunca se limitó porque sus oyentes se sintieran ofendidos. Es importante considerar que el que alguno se sienta ofendido no lo hace tener la razón y tampoco lo coloca en posición de víctima. Cristo es mayor que Salomón porque Salomón recibió sabiduría, pero Cristo es la sabiduría. Cristo es mayor que Salomón porque Salomón edificó un templo de piedra, pero Jesús es la Casa de Dios. Su gloria es mucho mayor. Los ejemplos de los ninivitas en el versículo anterior y de Salomón y la reina de Saba en el presente versículo hablan de dos señales; significan que el Señor anunciaba anticipadamente el levantamiento del reino de los cielos, su reino, con gentiles y no solo con hebreos. Para esto, Cristo moriría y resucitaría como la señal de Jonás, y luego edificaría su templo con su Palabra de sabiduría como la señal de Salomón.
— Roberto Tinoco
12.43-45 A consecuencia de haber liberado a un endemoniado (vr. 22), los fariseos blasfemaron contra el Espíritu Santo. Así que el Señor los amonestó advirtiéndoles de su condenación. A causa de esto, la nación israelita tendría una terrible experiencia: la diáspora por casi diez y nueve siglos después de la destrucción de la ciudad y el templo de Jerusalén. Para ilustrarlo, usó el caso del endemoniado, el cual posiblemente experimentaría el volver a una peor situación posteriormente. Miremos primero lo literal y luego comprendamos lo alegórico para captar todo el cuadro. El endemoniado fue liberado y el espíritu maligno anduvo buscando dónde entrar. Es interesante que anduvo en lugares áridos, secos, buscando descanso, lo que significa que necesitan cuerpos humanos, compuestos principalmente por agua y que les proporcionan cierto alivio. Lo extraño es que no encontrara un lugar en donde descansar, habiendo tantos seres humanos en la tierra. Esto implica que un espíritu maligno no puede entrar o poseer a la persona que guste, sino que existen ciertas reglas espirituales que le impiden realizar esto. Podemos pensar que la persona en cuestión tiene que haberse involucrado de modo alguno con el ocultismo para que así ocurra, de otro modo, habiendo más demonios que personas, todo el mundo estaría poseído. También, vemos que el espíritu inmundo decide regresar al hombre de cual salió, de manera que se mueven a su completo arbitrio sin un patrón definido ni estrategia. Mera supervivencia o escape del dolor. La casa o persona de la cual salió el espíritu, se encuentra primeramente desocupada para poder volver a entrar en ella. Es decir, sin el Espíritu de Dios. Liberar a alguno que no se convierte, no garantiza que se mantendrá libre. Por el contrario, recaerá en su mal. También, es claro que si el espíritu que regresa hubiese hallado al hombre siendo Casa de Dios habitado por el Espíritu Santo, no habría vuelto a entrar. Los espíritus malignos necesitan casas vacías, personas sin Dios para poseerlas. Dios jamás permitiría cohabitar con Satanás. Por definición, la luz excluye a las tinieblas o no sería luz. En segundo lugar, el espíritu que regresa debe encontrar al hombre para volver a poseerlo, como una casa barrida. Es decir, limpiada de su antigua manera de vivir. La nueva vida no admite a la antigua muerte. Jamás el cristiano verdaderamente nacido de nuevo será habitación de demonios. Tendría que morir espiritualmente para tal efecto regresando a sus antiguos pecados. Tercero, el espíritu que regresa halla a la persona como una casa adornada. Es una vida con propósito, tiene gloria, hay luz en ella. Jamás las tinieblas pueden habitar en donde hay luz. Ni el mal hace casa en la bondad. La mejor defensa contra la maldad es ser bueno. Pero si el espíritu que regresa encuentra a la persona que antes poseyó sin Dios, en sus mismos pecados y sin buenas obras, entonces se asegurará de volverse más fuerte que antes para no volver a ser echado de lo que considera su casa; de manera que traerá a otros siete espíritus malignos, no por el número siete, sino como describiendo la suma de la posesión (en un gadareno fue una legión). De tal modo que ese hombre estará mucho peor que antes. Una condición infernal con toda clase de males. Con esta clase de reincidente poseído comparó el Rey Jesús a la generación judía que lo rechazó y que blasfemó contra el Espíritu santo. Una nación que vio la destrucción de la santa ciudad, así como del templo y de todo lo que consideraban sagrado: el sacerdocio, los rituales, las ceremonias…su nación. Jesús llegó con la Presencia de Dios, con la oferta de una nueva vida y con la posibilidad de alcanzar todas las promesas que Dios les había dado (casa habitada, barrida y adornada); pero prefirieron quedarse solos sin Él; sucios y sin gloria. En consecuencia, a merced de la maldad. Así es fácil comprender su destrucción en el año setenta y la dispersión de los sobrevivientes hasta el año 1948. Duro precio por rechazar al Mesías. Por otro lado, es interesante la descripción de la casa que volvió a ser poseída: estaba desocupada, barrida y adornada. Comprendo las dos primeras partes como necesarias. Es mal espíritu no entraría jamás a donde Dios habite y seguramente donde Dios habita, también ha sido limpiado por Él. Pero el término adornado va más allá, pues no parece ser una necesidad, sino algo adicional. Podemos comprenderlo como una vida gloriosa. Adornar es poner en orden y decorar o hermosear. Una vida así es una vida gloriosa y no solo cristiana. Los creyentes han de preocuparse no solo por ser creyentes, sino también por ser gloriosos. Agradecer a Dios por tener el Espíritu Santo (lo mejor de todo) y haber sido limpiados por Él; pero en consecuencia y en ese mismo agradecimiento, vivir gloriosamente. Si alguno no comprende que es gloria, considere a Jesús hablando de la gloria de Salomón.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:43
12.43-45 A consecuencia de haber liberado a un endemoniado (vr. 22), los fariseos blasfemaron contra el Espíritu Santo. Así que el Señor los amonestó advirtiéndoles de su condenación. A causa de esto, la nación israelita tendría una terrible experiencia: la diáspora por casi diez y nueve siglos después de la destrucción de la ciudad y el templo de Jerusalén. Para ilustrarlo, usó el caso del endemoniado, el cual posiblemente experimentaría el volver a una peor situación posteriormente. Miremos primero lo literal y luego comprendamos lo alegórico para captar todo el cuadro. El endemoniado fue liberado y el espíritu maligno anduvo buscando dónde entrar. Es interesante que anduvo en lugares áridos, secos, buscando descanso, lo que significa que necesitan cuerpos humanos, compuestos principalmente por agua y que les proporcionan cierto alivio. Lo extraño es que no encontrara un lugar en donde descansar, habiendo tantos seres humanos en la tierra. Esto implica que un espíritu maligno no puede entrar o poseer a la persona que guste, sino que existen ciertas reglas espirituales que le impiden realizar esto. Podemos pensar que la persona en cuestión tiene que haberse involucrado de modo alguno con el ocultismo para que así ocurra, de otro modo, habiendo más demonios que personas, todo el mundo estaría poseído. También, vemos que el espíritu inmundo decide regresar al hombre de cual salió, de manera que se mueven a su completo arbitrio sin un patrón definido ni estrategia. Mera supervivencia o escape del dolor. La casa o persona de la cual salió el espíritu, se encuentra primeramente desocupada para poder volver a entrar en ella. Es decir, sin el Espíritu de Dios. Liberar a alguno que no se convierte, no garantiza que se mantendrá libre. Por el contrario, recaerá en su mal. También, es claro que si el espíritu que regresa hubiese hallado al hombre siendo Casa de Dios habitado por el Espíritu Santo, no habría vuelto a entrar. Los espíritus malignos necesitan casas vacías, personas sin Dios para poseerlas. Dios jamás permitiría cohabitar con Satanás. Por definición, la luz excluye a las tinieblas o no sería luz. En segundo lugar, el espíritu que regresa debe encontrar al hombre para volver a poseerlo, como una casa barrida. Es decir, limpiada de su antigua manera de vivir. La nueva vida no admite a la antigua muerte. Jamás el cristiano verdaderamente nacido de nuevo será habitación de demonios. Tendría que morir espiritualmente para tal efecto regresando a sus antiguos pecados. Tercero, el espíritu que regresa halla a la persona como una casa adornada. Es una vida con propósito, tiene gloria, hay luz en ella. Jamás las tinieblas pueden habitar en donde hay luz. Ni el mal hace casa en la bondad. La mejor defensa contra la maldad es ser bueno. Pero si el espíritu que regresa encuentra a la persona que antes poseyó sin Dios, en sus mismos pecados y sin buenas obras, entonces se asegurará de volverse más fuerte que antes para no volver a ser echado de lo que considera su casa; de manera que traerá a otros siete espíritus malignos, no por el número siete, sino como describiendo la suma de la posesión (en un gadareno fue una legión). De tal modo que ese hombre estará mucho peor que antes. Una condición infernal con toda clase de males. Con esta clase de reincidente poseído comparó el Rey Jesús a la generación judía que lo rechazó y que blasfemó contra el Espíritu santo. Una nación que vio la destrucción de la santa ciudad, así como del templo y de todo lo que consideraban sagrado: el sacerdocio, los rituales, las ceremonias…su nación. Jesús llegó con la Presencia de Dios, con la oferta de una nueva vida y con la posibilidad de alcanzar todas las promesas que Dios les había dado (casa habitada, barrida y adornada); pero prefirieron quedarse solos sin Él; sucios y sin gloria. En consecuencia, a merced de la maldad. Así es fácil comprender su destrucción en el año setenta y la dispersión de los sobrevivientes hasta el año 1948. Duro precio por rechazar al Mesías. Por otro lado, es interesante la descripción de la casa que volvió a ser poseída: estaba desocupada, barrida y adornada. Comprendo las dos primeras partes como necesarias. Es mal espíritu no entraría jamás a donde Dios habite y seguramente donde Dios habita, también ha sido limpiado por Él. Pero el término adornado va más allá, pues no parece ser una necesidad, sino algo adicional. Podemos comprenderlo como una vida gloriosa. Adornar es poner en orden y decorar o hermosear. Una vida así es una vida gloriosa y no solo cristiana. Los creyentes han de preocuparse no solo por ser creyentes, sino también por ser gloriosos. Agradecer a Dios por tener el Espíritu Santo (lo mejor de todo) y haber sido limpiados por Él; pero en consecuencia y en ese mismo agradecimiento, vivir gloriosamente. Si alguno no comprende que es gloria, considere a Jesús hablando de la gloria de Salomón.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:44
12.43-45 A consecuencia de haber liberado a un endemoniado (vr. 22), los fariseos blasfemaron contra el Espíritu Santo. Así que el Señor los amonestó advirtiéndoles de su condenación. A causa de esto, la nación israelita tendría una terrible experiencia: la diáspora por casi diez y nueve siglos después de la destrucción de la ciudad y el templo de Jerusalén. Para ilustrarlo, usó el caso del endemoniado, el cual posiblemente experimentaría el volver a una peor situación posteriormente. Miremos primero lo literal y luego comprendamos lo alegórico para captar todo el cuadro. El endemoniado fue liberado y el espíritu maligno anduvo buscando dónde entrar. Es interesante que anduvo en lugares áridos, secos, buscando descanso, lo que significa que necesitan cuerpos humanos, compuestos principalmente por agua y que les proporcionan cierto alivio. Lo extraño es que no encontrara un lugar en donde descansar, habiendo tantos seres humanos en la tierra. Esto implica que un espíritu maligno no puede entrar o poseer a la persona que guste, sino que existen ciertas reglas espirituales que le impiden realizar esto. Podemos pensar que la persona en cuestión tiene que haberse involucrado de modo alguno con el ocultismo para que así ocurra, de otro modo, habiendo más demonios que personas, todo el mundo estaría poseído. También, vemos que el espíritu inmundo decide regresar al hombre de cual salió, de manera que se mueven a su completo arbitrio sin un patrón definido ni estrategia. Mera supervivencia o escape del dolor. La casa o persona de la cual salió el espíritu, se encuentra primeramente desocupada para poder volver a entrar en ella. Es decir, sin el Espíritu de Dios. Liberar a alguno que no se convierte, no garantiza que se mantendrá libre. Por el contrario, recaerá en su mal. También, es claro que si el espíritu que regresa hubiese hallado al hombre siendo Casa de Dios habitado por el Espíritu Santo, no habría vuelto a entrar. Los espíritus malignos necesitan casas vacías, personas sin Dios para poseerlas. Dios jamás permitiría cohabitar con Satanás. Por definición, la luz excluye a las tinieblas o no sería luz. En segundo lugar, el espíritu que regresa debe encontrar al hombre para volver a poseerlo, como una casa barrida. Es decir, limpiada de su antigua manera de vivir. La nueva vida no admite a la antigua muerte. Jamás el cristiano verdaderamente nacido de nuevo será habitación de demonios. Tendría que morir espiritualmente para tal efecto regresando a sus antiguos pecados. Tercero, el espíritu que regresa halla a la persona como una casa adornada. Es una vida con propósito, tiene gloria, hay luz en ella. Jamás las tinieblas pueden habitar en donde hay luz. Ni el mal hace casa en la bondad. La mejor defensa contra la maldad es ser bueno. Pero si el espíritu que regresa encuentra a la persona que antes poseyó sin Dios, en sus mismos pecados y sin buenas obras, entonces se asegurará de volverse más fuerte que antes para no volver a ser echado de lo que considera su casa; de manera que traerá a otros siete espíritus malignos, no por el número siete, sino como describiendo la suma de la posesión (en un gadareno fue una legión). De tal modo que ese hombre estará mucho peor que antes. Una condición infernal con toda clase de males. Con esta clase de reincidente poseído comparó el Rey Jesús a la generación judía que lo rechazó y que blasfemó contra el Espíritu santo. Una nación que vio la destrucción de la santa ciudad, así como del templo y de todo lo que consideraban sagrado: el sacerdocio, los rituales, las ceremonias…su nación. Jesús llegó con la Presencia de Dios, con la oferta de una nueva vida y con la posibilidad de alcanzar todas las promesas que Dios les había dado (casa habitada, barrida y adornada); pero prefirieron quedarse solos sin Él; sucios y sin gloria. En consecuencia, a merced de la maldad. Así es fácil comprender su destrucción en el año setenta y la dispersión de los sobrevivientes hasta el año 1948. Duro precio por rechazar al Mesías. Por otro lado, es interesante la descripción de la casa que volvió a ser poseída: estaba desocupada, barrida y adornada. Comprendo las dos primeras partes como necesarias. Es mal espíritu no entraría jamás a donde Dios habite y seguramente donde Dios habita, también ha sido limpiado por Él. Pero el término adornado va más allá, pues no parece ser una necesidad, sino algo adicional. Podemos comprenderlo como una vida gloriosa. Adornar es poner en orden y decorar o hermosear. Una vida así es una vida gloriosa y no solo cristiana. Los creyentes han de preocuparse no solo por ser creyentes, sino también por ser gloriosos. Agradecer a Dios por tener el Espíritu Santo (lo mejor de todo) y haber sido limpiados por Él; pero en consecuencia y en ese mismo agradecimiento, vivir gloriosamente. Si alguno no comprende que es gloria, considere a Jesús hablando de la gloria de Salomón.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:45
12.43-45 A consecuencia de haber liberado a un endemoniado (vr. 22), los fariseos blasfemaron contra el Espíritu Santo. Así que el Señor los amonestó advirtiéndoles de su condenación. A causa de esto, la nación israelita tendría una terrible experiencia: la diáspora por casi diez y nueve siglos después de la destrucción de la ciudad y el templo de Jerusalén. Para ilustrarlo, usó el caso del endemoniado, el cual posiblemente experimentaría el volver a una peor situación posteriormente. Miremos primero lo literal y luego comprendamos lo alegórico para captar todo el cuadro. El endemoniado fue liberado y el espíritu maligno anduvo buscando dónde entrar. Es interesante que anduvo en lugares áridos, secos, buscando descanso, lo que significa que necesitan cuerpos humanos, compuestos principalmente por agua y que les proporcionan cierto alivio. Lo extraño es que no encontrara un lugar en donde descansar, habiendo tantos seres humanos en la tierra. Esto implica que un espíritu maligno no puede entrar o poseer a la persona que guste, sino que existen ciertas reglas espirituales que le impiden realizar esto. Podemos pensar que la persona en cuestión tiene que haberse involucrado de modo alguno con el ocultismo para que así ocurra, de otro modo, habiendo más demonios que personas, todo el mundo estaría poseído. También, vemos que el espíritu inmundo decide regresar al hombre de cual salió, de manera que se mueven a su completo arbitrio sin un patrón definido ni estrategia. Mera supervivencia o escape del dolor. La casa o persona de la cual salió el espíritu, se encuentra primeramente desocupada para poder volver a entrar en ella. Es decir, sin el Espíritu de Dios. Liberar a alguno que no se convierte, no garantiza que se mantendrá libre. Por el contrario, recaerá en su mal. También, es claro que si el espíritu que regresa hubiese hallado al hombre siendo Casa de Dios habitado por el Espíritu Santo, no habría vuelto a entrar. Los espíritus malignos necesitan casas vacías, personas sin Dios para poseerlas. Dios jamás permitiría cohabitar con Satanás. Por definición, la luz excluye a las tinieblas o no sería luz. En segundo lugar, el espíritu que regresa debe encontrar al hombre para volver a poseerlo, como una casa barrida. Es decir, limpiada de su antigua manera de vivir. La nueva vida no admite a la antigua muerte. Jamás el cristiano verdaderamente nacido de nuevo será habitación de demonios. Tendría que morir espiritualmente para tal efecto regresando a sus antiguos pecados. Tercero, el espíritu que regresa halla a la persona como una casa adornada. Es una vida con propósito, tiene gloria, hay luz en ella. Jamás las tinieblas pueden habitar en donde hay luz. Ni el mal hace casa en la bondad. La mejor defensa contra la maldad es ser bueno. Pero si el espíritu que regresa encuentra a la persona que antes poseyó sin Dios, en sus mismos pecados y sin buenas obras, entonces se asegurará de volverse más fuerte que antes para no volver a ser echado de lo que considera su casa; de manera que traerá a otros siete espíritus malignos, no por el número siete, sino como describiendo la suma de la posesión (en un gadareno fue una legión). De tal modo que ese hombre estará mucho peor que antes. Una condición infernal con toda clase de males. Con esta clase de reincidente poseído comparó el Rey Jesús a la generación judía que lo rechazó y que blasfemó contra el Espíritu santo. Una nación que vio la destrucción de la santa ciudad, así como del templo y de todo lo que consideraban sagrado: el sacerdocio, los rituales, las ceremonias…su nación. Jesús llegó con la Presencia de Dios, con la oferta de una nueva vida y con la posibilidad de alcanzar todas las promesas que Dios les había dado (casa habitada, barrida y adornada); pero prefirieron quedarse solos sin Él; sucios y sin gloria. En consecuencia, a merced de la maldad. Así es fácil comprender su destrucción en el año setenta y la dispersión de los sobrevivientes hasta el año 1948. Duro precio por rechazar al Mesías. Por otro lado, es interesante la descripción de la casa que volvió a ser poseída: estaba desocupada, barrida y adornada. Comprendo las dos primeras partes como necesarias. Es mal espíritu no entraría jamás a donde Dios habite y seguramente donde Dios habita, también ha sido limpiado por Él. Pero el término adornado va más allá, pues no parece ser una necesidad, sino algo adicional. Podemos comprenderlo como una vida gloriosa. Adornar es poner en orden y decorar o hermosear. Una vida así es una vida gloriosa y no solo cristiana. Los creyentes han de preocuparse no solo por ser creyentes, sino también por ser gloriosos. Agradecer a Dios por tener el Espíritu Santo (lo mejor de todo) y haber sido limpiados por Él; pero en consecuencia y en ese mismo agradecimiento, vivir gloriosamente. Si alguno no comprende que es gloria, considere a Jesús hablando de la gloria de Salomón.
— Roberto Tinoco
Mateo 12:46
12.46-50 En el orden de ideas de este capítulo, conviene leerlo seguido desde el versículo 22 para comprender que el rompimiento de relaciones con su familia, fue una figura del rompimiento de relaciones con su pueblo. Tanto la familia como su pueblo no creían en Él. Las dos cosas están ligadas por cuanto vinieron a Él precisamente cuando estaba hablando acerca del rechazo de Israel. Notemos a la familia de Jesús como a Israel: vinieron a Él, pues no estaban con Él. Si hubieran sido de los suyos habrían estado ahí. También, se quedaron afuera, no entraron. Como la nación judía, que no entró en el reino al rechazar al Rey (Rom. 2:28-29; 9:6-8; 11:17,19-20). Le querían hablar, pero no le querían escuchar. Valoraban más lo que ellos decían que la Palabra de Cristo. La respuesta del Rey Jesús fue un rompimiento de relaciones familiares: ¿quién es mi madre y quienes son mis hermanos? –esto es, respecto al reino de Dios no tenía relación con quienes no creyesen en Él como su Rey. Por eso es que señaló a sus discípulos declarándolos su madre y sus hermanos. La única filiación que hay con Jesús es la obediencia a la fe, no la sangre ni la carne. Considerar a María la madre de Dios es una blasfemia y este pasaje lo deja muy claro. En cuanto a su humanidad, María fue madre de Jesús y tuvo más hijos; pero en cuanto al reino de Dios y las cosas eternas, María no tiene injerencia alguna. ¿Quieres relacionarte con Cristo? Obedecer la voluntad del padre Celestial será tenido por Cristo aun mayor que haberlo dado a luz (ver. 50. Lee también Lucas 11:27-28).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:47
12.46-50 En el orden de ideas de este capítulo, conviene leerlo seguido desde el versículo 22 para comprender que el rompimiento de relaciones con su familia, fue una figura del rompimiento de relaciones con su pueblo. Tanto la familia como su pueblo no creían en Él. Las dos cosas están ligadas por cuanto vinieron a Él precisamente cuando estaba hablando acerca del rechazo de Israel. Notemos a la familia de Jesús como a Israel: vinieron a Él, pues no estaban con Él. Si hubieran sido de los suyos habrían estado ahí. También, se quedaron afuera, no entraron. Como la nación judía, que no entró en el reino al rechazar al Rey (Rom. 2:28-29; 9:6-8; 11:17,19-20). Le querían hablar, pero no le querían escuchar. Valoraban más lo que ellos decían que la Palabra de Cristo. La respuesta del Rey Jesús fue un rompimiento de relaciones familiares: ¿quién es mi madre y quienes son mis hermanos? –esto es, respecto al reino de Dios no tenía relación con quienes no creyesen en Él como su Rey. Por eso es que señaló a sus discípulos declarándolos su madre y sus hermanos. La única filiación que hay con Jesús es la obediencia a la fe, no la sangre ni la carne. Considerar a María la madre de Dios es una blasfemia y este pasaje lo deja muy claro. En cuanto a su humanidad, María fue madre de Jesús y tuvo más hijos; pero en cuanto al reino de Dios y las cosas eternas, María no tiene injerencia alguna. ¿Quieres relacionarte con Cristo? Obedecer la voluntad del padre Celestial será tenido por Cristo aun mayor que haberlo dado a luz (ver. 50. Lee también Lucas 11:27-28).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:48
12.46-50 En el orden de ideas de este capítulo, conviene leerlo seguido desde el versículo 22 para comprender que el rompimiento de relaciones con su familia, fue una figura del rompimiento de relaciones con su pueblo. Tanto la familia como su pueblo no creían en Él. Las dos cosas están ligadas por cuanto vinieron a Él precisamente cuando estaba hablando acerca del rechazo de Israel. Notemos a la familia de Jesús como a Israel: vinieron a Él, pues no estaban con Él. Si hubieran sido de los suyos habrían estado ahí. También, se quedaron afuera, no entraron. Como la nación judía, que no entró en el reino al rechazar al Rey (Rom. 2:28-29; 9:6-8; 11:17,19-20). Le querían hablar, pero no le querían escuchar. Valoraban más lo que ellos decían que la Palabra de Cristo. La respuesta del Rey Jesús fue un rompimiento de relaciones familiares: ¿quién es mi madre y quienes son mis hermanos? –esto es, respecto al reino de Dios no tenía relación con quienes no creyesen en Él como su Rey. Por eso es que señaló a sus discípulos declarándolos su madre y sus hermanos. La única filiación que hay con Jesús es la obediencia a la fe, no la sangre ni la carne. Considerar a María la madre de Dios es una blasfemia y este pasaje lo deja muy claro. En cuanto a su humanidad, María fue madre de Jesús y tuvo más hijos; pero en cuanto al reino de Dios y las cosas eternas, María no tiene injerencia alguna. ¿Quieres relacionarte con Cristo? Obedecer la voluntad del padre Celestial será tenido por Cristo aun mayor que haberlo dado a luz (ver. 50. Lee también Lucas 11:27-28).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:49
12.46-50 En el orden de ideas de este capítulo, conviene leerlo seguido desde el versículo 22 para comprender que el rompimiento de relaciones con su familia, fue una figura del rompimiento de relaciones con su pueblo. Tanto la familia como su pueblo no creían en Él. Las dos cosas están ligadas por cuanto vinieron a Él precisamente cuando estaba hablando acerca del rechazo de Israel. Notemos a la familia de Jesús como a Israel: vinieron a Él, pues no estaban con Él. Si hubieran sido de los suyos habrían estado ahí. También, se quedaron afuera, no entraron. Como la nación judía, que no entró en el reino al rechazar al Rey (Rom. 2:28-29; 9:6-8; 11:17,19-20). Le querían hablar, pero no le querían escuchar. Valoraban más lo que ellos decían que la Palabra de Cristo. La respuesta del Rey Jesús fue un rompimiento de relaciones familiares: ¿quién es mi madre y quienes son mis hermanos? –esto es, respecto al reino de Dios no tenía relación con quienes no creyesen en Él como su Rey. Por eso es que señaló a sus discípulos declarándolos su madre y sus hermanos. La única filiación que hay con Jesús es la obediencia a la fe, no la sangre ni la carne. Considerar a María la madre de Dios es una blasfemia y este pasaje lo deja muy claro. En cuanto a su humanidad, María fue madre de Jesús y tuvo más hijos; pero en cuanto al reino de Dios y las cosas eternas, María no tiene injerencia alguna. ¿Quieres relacionarte con Cristo? Obedecer la voluntad del padre Celestial será tenido por Cristo aun mayor que haberlo dado a luz (ver. 50. Lee también Lucas 11:27-28).
— Roberto Tinoco
Mateo 12:50
12.46-50 En el orden de ideas de este capítulo, conviene leerlo seguido desde el versículo 22 para comprender que el rompimiento de relaciones con su familia, fue una figura del rompimiento de relaciones con su pueblo. Tanto la familia como su pueblo no creían en Él. Las dos cosas están ligadas por cuanto vinieron a Él precisamente cuando estaba hablando acerca del rechazo de Israel. Notemos a la familia de Jesús como a Israel: vinieron a Él, pues no estaban con Él. Si hubieran sido de los suyos habrían estado ahí. También, se quedaron afuera, no entraron. Como la nación judía, que no entró en el reino al rechazar al Rey (Rom. 2:28-29; 9:6-8; 11:17,19-20). Le querían hablar, pero no le querían escuchar. Valoraban más lo que ellos decían que la Palabra de Cristo. La respuesta del Rey Jesús fue un rompimiento de relaciones familiares: ¿quién es mi madre y quienes son mis hermanos? –esto es, respecto al reino de Dios no tenía relación con quienes no creyesen en Él como su Rey. Por eso es que señaló a sus discípulos declarándolos su madre y sus hermanos. La única filiación que hay con Jesús es la obediencia a la fe, no la sangre ni la carne. Considerar a María la madre de Dios es una blasfemia y este pasaje lo deja muy claro. En cuanto a su humanidad, María fue madre de Jesús y tuvo más hijos; pero en cuanto al reino de Dios y las cosas eternas, María no tiene injerencia alguna. ¿Quieres relacionarte con Cristo? Obedecer la voluntad del padre Celestial será tenido por Cristo aun mayor que haberlo dado a luz (ver. 50. Lee también Lucas 11:27-28).
— Roberto Tinoco