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Mateo 17

La transfiguración

1Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;🗨 2y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.🗨 3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.🗨 4Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.🗨 5Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.🗨 6Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.🗨 7Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.🗨 8Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.🗨 9Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.🗨 10Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?🗨 11Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.🗨 12Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.🗨 13Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.🗨

Jesús sana a un muchacho endemoniado

14Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo:🗨 15Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.🗨 16Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.🗨 17Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.🗨 18Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.🗨 19Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?🗨 20Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.🗨 21Pero este género no sale sino con oración y ayuno.🗨

Jesús predice otra vez su muerte

22Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres,🗨 23y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.🗨

El pago del impuesto del templo

24Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?🗨 25El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?🗨 26Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.🗨 27Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 17:1

Comentario general

17.1 Antes de la cruz, el Rey se retiró a las alturas de un monte. Un guerrero se prepara por algún tiempo a fin de desarrollar destreza y resistencia para estar firme en el día de la pelea. Venía tiempo de dolor; así que necesitaba de fortaleza. También los creyentes necesitamos edificarnos en el espíritu para estar firmes en los días malos. ¿Qué haces ante la inminencia del problema? ¿Te preparas con anticipación? Jesús se llevó a sus tres discípulos más cercanos a un monte alto. Lucas registró que lo hizo para orar (Luc. 9:28). En buenos como en malos tiempos, lo mejor que podemos hacer es estar a solas con el Señor. Debido a este retiro es que el Señor fue librado del temor a la muerte (Heb. 5:7); no de la muerte, pero sí del temor a la misma. Antes de ser librados del problema, debemos ser librados primero de nosotros mismos. Hay que apartarse de todos para hallar al Todopoderoso. ¡Qué importante es apartarse de todas las cosas y de todos para buscar al Señor! Jesús acostumbraba hacer retiros para buscar al Padre. Después de alimentar a los cinco mil despidió a todos para irse al monte a orar a solas al padre, incluso forzó a sus discípulos a embarcarse y adelantarse a Betsaida mientras Él oraba (Mt.14:23). Su costumbre era la oración de madrugada (Mr.1:35). También pasó noches en oración (Lc.6:12). Su consejo fue la oración en secreto (Mt.6:6). Dios pregunta quién está en su secreto y a quiénes les hablará (Jer. 23:18, 22). A un monte alto. En las Sagradas Escrituras frecuentemente se utilizaron los montes como un lugar apartado para buscar a Dios. Abraham recibió un carnero en lugar de su hijo Isaac cuando iba a sacrificarlo y llamó el lugar “Yahwéh Yiréh” (Dios Proveedor); esto causó un dicho hasta los días de Moisés: “En el monte del Señor será provisto”. De modo que un monte alto en la Biblia cuando se trata en relación a Dios significa ascender espiritualmente para buscar la provisión del Señor; hay que dejar atrás al mundo y a la religiosidad, así como Jesús dejaba al pueblo, al templo y a los religiosos para encontrarse a solas con Dios en el monte. Ya que aparecieron Moisés y Elías con Él, veamos similitudes con respecto al monte alto: Fue en un monte donde Dios llamó a Moisés, es en las alturas espirituales donde el hombre es llamado. Dios abomina al perverso, pero su comunión íntima es con los rectos. Fue en un monte donde Moisés recibió las tablas de la ley; es en las alturas espirituales en donde el creyente recibe la Palabra de Dios. El secreto del Señor es para los que le temen; a ellos hará conocer su pacto (Sal.25:14). Fue en un monte alto donde Moisés vio la gloria del Señor. Fue después de hablar con Dios en el monte que el rostro de Moisés resplandecía; así como el Señor transfigurado; porque es en la búsqueda de alturas espirituales con Dios es el creyente es transformado y lleno con la gloria del Señor. Fue en un monte alto donde Dios se llevó a Moisés cuando éste murió; es en la búsqueda de la intimidad espiritual con Dios que el hombre muere a sí mismo y encuentra la protección divina. Fue en el monte Carmelo que Dios mostró su gloria con fuego y Elías destruyó a los profetas de Baal; es en las alturas espirituales que el fuego consumidor del Señor acaba con toda carnalidad de quien de verdad lo busca. Fue en el monte Horeb que Elías vio la gloria del Señor en medio de un silbo apacible, no en el grande y poderoso viento que destrozaba las montañas y rompía las peñas, ni en el terremoto, ni en el fuego. No siempre su gloria se encuentra en lo espectacular. Se cree que dicho monte era el monte Horeb. Donde Dios llamó a Moisés (Ex.3:1). Donde Dios le dio agua a Israel al golpear la peña de Horeb (Ex.17:6). Donde Moisés recibió la ley y Dios hizo el primer Pacto. Donde el pueblo se santificó dejando sus joyas (Ex.33:6). Donde Moisés vio la gloria de Dios escondido en la hendidura de la peña (Ex.33:22). Donde vino la palabra de Dios a Elías y donde Elías vio la gloria donde Dios (1ªR.14.8-13).

— Roberto Tinoco

Mateo 17:2

Comentario general

17.2 El día más glorioso de nuestro Señor Jesús en los días de su carne, fue el día en el que se transfiguró delante de sus discípulos. Tres discípulos pudieron ver su gloria porque estuvieron a solas con Él. Si quieres ver la gloria de Dios debes buscarle igualmente. Moisés pidió ver su gloria y le fue concedido; Isaías igualmente y fue transformado. Esto no es conocerle de oídas ni recibiendo información sobre Él, sino pasando tiempo con Él. Fueron con Él tres discípulos; es el principio de la unidad, donde estén dos o tres en su Nombre, allí estará Él con ellos y por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto. El Señor escogió llevar consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan (vr.1). Fueron los mismos que llevó consigo en la resurrección de la hija de Jairo y en la agonía suya en el Getsemaní. El Señor quiere que estemos en íntima comunión con Él tanto en su exaltación como en su humillación. ¡Ay de aquellos que solo quieren estar con Él en las buenas! ¡Ay de aquellos que solo quieran estar con Él en las malas! ¿Por qué a ellos? Tiempo después el apóstol Pablo diría de Pedro y de Juan que eran columnas de la iglesia (Gal. 2:9). Los mismos que también relatarían su experiencia en el monte (1 Jn. 1:1-2; Jn. 1:14; 2 P. 1:18). Fueron ellos porque eran los más dispuestos, Pedro con su entrega impulsiva y personalidad explosiva y Juan con su amor contemplativo y fiel. Disponte, sé de los dispuestos y apasionadamente disponibles. La palabra griega usada para trasfigurado en este versículo es metamorfoo, de la cual viene “metamorfosis”. El Señor se transformó, esto es, más que cambiar de apariencia (trans-figura), cambio de forma (la esencia misma de su ser fue modificada de adentro hacia afuera). La misma palabra es usada en relación a los creyentes (Rom. 12:1; 2 Cor. 3:18), con la diferencia de que tal transformación de los creyentes es un proceso lento y gradual. Así como el Señor, nosotros también estamos siendo transfigurados de adentro hacia afuera. Según Lucas 9:29 el Señor fue transformado mientras oraba; así también el creyente es transformado en medida de su comunión con Dios. En la medida que miramos su gloria por la fe a cara descubierta (sinceridad, sin estorbos, con libertad = sin velos), somos transformados a su imagen por el Espíritu del Señor (2 Cor. 3:18). Resplandeció su rostro como el sol. Por un momento les fue difícil mirar el rostro del Señor, tal y como pasaría a cualquiera que trata de mirar el sol. Fue su rostro el que sobresalió, en él se notaba más la luz; puesto que el rostro refleja siempre qué clase de persona es uno, el Rey es Luz. Juan habría de decir que Aquél era la Luz Verdadera que alumbra a todo hombre (Jn. 1:9). Por un momento, el velo de su carne no pudo impedir que la luz de su gloria lo traspasara y se mostrara a sus discípulos porque sol y escudo es Dios, gracia y gloria dará el Señor (Sal.84:11). Él mismo lo dijo: Yo Soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn.8:12). Un anticipo de la gloria celestial. Al mostrar una anticipación de su reino les mostraba también que su reino es lleno de luz. Un reino de luz: De limpieza, de paz, de gloria, de vida. Un reino de luz, un reino de relación: En las tinieblas no se puede caminar, en la luz todo es revelado. El Rey es “luz para revelación de las naciones y gloria del pueblo de Israel” (Lc.2:32). Quien está en el reino tiene revelación. Un reino de luz, un reino de santidad (notemos cómo sus vestidos se hicieron blancos como la luz, la blancura es símbolo bíblico de pureza y santidad). Quien está en el reino de los cielos participa de su santidad porque si bien en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois hijos de luz en el Señor. ¡Andad como hijos de Luz! (Ef.5:8). Un reino de luz, un reino de dirección. El hombre no es guiado en las tinieblas, sino que se guía por la luz, así como un barco en la noche por la luz del faro. Bien dijo el salmista: Envía tu luz y tu verdad, éstas me guiarán. Ellas me conducirán a tu santo monte y a tus moradas (Sal.43:3). El extraviado que no sabe de dónde viene ni a dónde va no está en el reino de los cielos. Un reino de luz, un reino de protección. ¿Recuerdas la plaga de las tinieblas en Egipto? (Ex.10:23). ¡Solo quien está dentro del reino de los cielos goza de protección para el día de la ira! Un reino de luz, un reino de victoria. Participar del reino de los cielos es participar de la gloria de Dios que progresivamente nos hace ser vencedores del mundo y de la carne. La senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento… (Pr.4:18). Un reino de luz, un reino de amor. Participar del reino de los cielos es participar del amor de Dios que nos hace amar a los demás así como Dios ama (1 Jn. 2:9-11; 3:14). Este versículo presenta un tipo del reino mesiánico en su manifestación. La transfiguración fue una anticipación de la manifestación futura de la plenitud del reino; y es en este sentido que tiene una excelente tipología. También, es un tipo de la segunda venida de Cristo en gloria (Mat. 24:30; 25:31, 24:64). Similar y aún mayor que en su transfiguración dice también que cuando Él se manifieste nosotros también seremos manifestados con Él en gloria (Col. 3:4).

— Roberto Tinoco

Mateo 17:3

Comentario general

17.3 Moisés, tipo de los que han muerto en Cristo. Moisés no entró vivo a la tierra prometida, sólo la vio de lejos, pues murió en el monte Nebo (Dt. 32:49-50). Así también hay millones de santos que han muerto contemplando por la fe la gloria de Cristo. Muchos de ellos vendrán junto con el Señor Jesucristo, ya que antes de su segunda venida serán resucitados en gloria y reunidos con Él (1 Ts. 4:14-16; 1 Cor. 15:52). El diablo peleó el cuerpo de Moisés (Jud. 1:9) y ahora vemos a Moisés en gloria (Mat. 17). El Señor venció. Y también ha vencido en relación a los que murieron en Él. Le quitó las llaves de la muerte y del Hades. Elías, por su parte es tipo de los que en el cuerpo serán arrebatados. Elías, no vio muerte, pues fe llevado vivo a la presencia de Dios (2 R. 2:11). Así también hay millones de santos que seremos arrebatados (gr. harpadzo 1 Tes. 4:14-17) vivos en carne a la Presencia de Dios para luego regresar con Él (esta doctrina es conocida como “el Rapto”). Pablo habla de esto llamándole misterio en 1 Corintios 15:51-52. Unos y otros junto al Señor en su venida. Así como en el monte de la transfiguración los discípulos vieron a Jesucristo en gloria y luego les aparecieron Moisés y Elías; así también los judíos (simbolizados en Pedro, Jacobo y Juan) verán al Señor Jesucristo en su gloriosa segunda venida acompañado de todos los santos, tanto los que fueron resucitados como los que seamos arrebatados (Judas 14). Vendrá y tomará a sus escogidos (los judíos representados por los 3 discípulos) (Mat. 24:30-31). De hecho todo el mundo lo verá (Ap. 1:7). También, los 3 discípulos pueden representar a toda la humanidad. Pedro, apóstol de la circuncisión a los judíos. Jacobo, que significa “usurpador” a los gentiles, puesto que tomaron el lugar de los judíos. Juan, cuyo ministerio fue primordialmente hacia la iglesia, puede representar a los que crean en el Señor, tanto judíos como gentiles que estén vivos entonces y que no fueron arrebatados. Por otro lado, Moisés y Elías también representan a la Ley y los Profetas: Moisés es representativo de la ley. A la ley de Dios se le llamaba “La Ley de Moisés” (Jos. 8:31; 23:6; 1 R. 2:3; 14:6; 23:25; 30:16; Esd. 3:2; 7:6; Neh. 8:1; Dn. 9:11; Luc. 2:22; 24:44; Jn. 7:23; Hch. 13:39; 15:5; Hch. 28:25; 1 Cor. 9:9; Heb. 10:28). Como leemos en Juan 1:17 la ley por medio de Moisés fue dada. Elías es representativo de los profetas, tanto así que Dios usó su nombre para señalar al último de los profetas del Antiguo Testamento: Juan el Bautista fue llamado “el Elías que había de venir” (Mat. 17:12-13). La Biblia dice que la Ley y los Profetas fueron hasta Juan y que a partir de entonces son anunciadas las buenas nuevas del reino de los cielos (Luc. 16:16); esto es, al Rey Jesucristo. Hay tres testigos del reino de los cielos testificando en gloria; Moisés, Elías y Dios Padre, mientras en la tierra hay tres testigos: Pedro, Jacobo y Juan. Dos o tres testigos prueban la veracidad del reino de los cielos (conforme a las leyes y costumbres). También significa que el testimonio de la ley y los profetas es Cristo; esto es, el tema de la Biblia es Jesucristo. Escudriñad las Escrituras porque en ellas tenéis la vida eterna y ellas son las que dan testimonio de mí (Jn. 5:39). Pedro dijo en casa de Cornelio: todos los profetas dan testimonio de Él, y de que todo aquel que cree en Él recibirá perdón de pecados por su nombre (Hch. 10:43). Jesús habló a los caminantes de Emaús después de que resucitó de sí mismo: y comenzando desde Moisés y todos los profetas, les interpretaba en todas las Escrituras lo que decían de Él (Luc. 24:27). Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos (Luc. 24:44). Vemos también aquí que los discípulos supieron que eran Moisés y Elías, pero ¿cómo es esto posible si ellos no conocieron a Moisés ni a Elías? Esto significa que los santos glorificados nos reconoceremos mutuamente en el cielo (1 Cor. 13:12). ¿Qué era lo que hablaban? (vr.3b). Hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén (Luc. 9:30-31). Pedro usa la misma palabra para referirse a su muerte (2 P. 1:15). Esta palabra es “éxodos” en griego. Así como el pueblo de Israel salió de Egipto por medio de la muerte de los primogénitos, ahora el Señor Jesucristo saldría de este mundo por medio de su muerte (el Primogénito de la creación). Así como el pueblo de Israel atravesó el desierto para entrar a Canaán, así también el Señor Jesucristo habría de atravesar la muerte para entrar a la gloria. Podemos pensar que Moisés y Elías hablaban con Él para alentarle, puesto que fue al monte después de anunciar su muerte para ser fortalecido, y fueron ellos para que tuviera la certeza de que la Ley y los profetas anunciaban su muerte y resurrección (recordemos que Jesús aún estaba en carne y en dependencia del Padre como un hombre normal). En nuestros momentos más difíciles acudamos al testimonio de las Sagradas Escrituras. ¡En ellas hay consuelo y aliento! ¡En ellas hay esperanza y confianza! ¡En ellas hay gozo y alegría! ¡En ellas hay salud y salvación! ¡A la ley y al testimonio! ¿En dónde hallaríamos Palabra para vida eterna si no es en la Palabra de Dios? Respecto a que si serán Elías y Moisés los dos testigos en la tribulación el mayor error en la interpretación es el dogmatizar. La Biblia habla de dos testigos que profetizarán durante la gran tribulación: Ap. 11:3-6. Algunos dicen que serán Moisés y Elías debido a las características de su ministerio. Pero esto es un error de interpretación al omitir un principio básico de la misma como es “la repetición” (Dios siempre nos deja ejemplos de como sucederán las cosas). Volvamos a Mateo 17 en el versículo 10-13 el Señor Jesucristo dijo que Juan el Bautista era el Elías que había de venir sin embargo, no era literalmente el Elías del Antiguo Testamento (Jn. 1:21) sino otro hombre en la unción de Elías. Vestía como Elías, hablaba como Elías, vivía como Elías y su ministerio fue como el de Elías, ¡pero no era literalmente la misma persona Elías! Del mismo modo, Elías y Moisés no serán literalmente los dos testigos durante la gran tribulación; sino otras dos personas con las características de Elías y de Moisés: Porque Elías y Moisés ya habían pasado al paraíso, uno a través de la muerte y el otro siendo arrebatado al cielo en un carro de fuego; por lo que ya fueron transformados incorruptibles; además, el rapto y la resurrección de los justos es antes de la tribulación, por lo que también ya estarán glorificados como se ve en Mateo 17. Así que la muerte ya no puede tocarlos como vemos que les sucede a los 2 testigos durante la gran tribulación. Si Moisés prefigura a los salvos que murieron y serán resucitados y Elías es el tipo de los que seremos arrebatados vivos y luego han de morir, entonces no seríamos verdaderamente libres de la muerte, por cuanto regresaríamos a pasar por ella. Tampoco es posible porque transgrede todo principio bíblico de interpretación al basar una enseñanza en algo completamente nuevo, siendo que de todas las cosas que habrán de suceder la Escritura nos presenta ejemplos, y en relación a las promesas de hombre del pasado que volverían tenemos el ejemplo de Juan el Bautista que, sin ser literalmente Elías, sí era “el Elías que había de venir”. Para decir que son Elías y Moisés debemos usar de imaginación a fin de llenar los espacios vacíos que este dilema presenta: Como la glorificación, incorruptibilidad e inmortalidad de los cuerpos en gloria. Como el que la Escritura omita los nombres de los personajes de la tribulación; en todo caso sí dice que “son los dos olivos” y según Zac.4:3,11-14 los dos olivos eran Josué (representante del autoridad religiosa) y Zorobabel (representante de la autoridad civil) (mira la similitud de Zac.4:14 los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra). Sin embargo sabemos que Josué y Zorobabel son solo tipos de los dos testigos, así como Moisés y Elías.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:4

Comentario general

17.4 Bueno es para nosotros –dijo el discípulo. Tratando de prolongar la maravillosa experiencia de contemplar al Señor en su gloria, además del milagro extraordinario de tener con ellos a Moisés y a Elías, Pedro propuso hacer tres tiendas de campaña con ramas. Un error clásico de los que cometía Pedro, el campeón de los tropiezos. Con la actitud del primer monje intentó quedarse arriba en el monte con el Señor olvidándose de las multitudes que los necesitaban. Es bueno para la iglesia gozar de las cosas de Dios, pero es más importante descender a la vida cotidiana para ser luz allí e ir a la cruz para ser transformados verdaderamente. ¡Es muy fácil preferir el monte de la transfiguración al monte del calvario! Y peor aun, Pedro cometió la falta de poner al mismo nivel del Rey a los siervos Moisés y Elías. ¡Jamás los mensajeros están al nivel del que los envía! La ley presentada por Moisés testifica de Cristo, pero es inferior a Cristo. Los profetas, representados por Elías, testifican de Cristo, pero son inferiores a Cristo. ¡Jesucristo es Dios por encima de todas las criaturas! Otra forma de error es confundir a Cristo con la religión, sus dogmas y ceremonias.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:5

Comentario general

17.5 Dios Padre corrigió el error de Pedro, a la vez que honraba a su Hijo. Primero los cubrió con una nube, no de neblina ni opaca, sino de luz, la Shekina del Señor como en el Éxodo, la manifestación de la gloria del Padre. Y para no dejar lugar a dudas, dejó en claro que su Hijo amado es Jesús, a Él es a quien debe escucharse. El mensaje de Moisés y de Elías era Jesús, hasta leyendo a Moisés debe escucharse a Jesús. La complacencia del Padre está en su Hijo Jesús. Nadie más pudo llenar los requisitos del Padre, nadie más pudo complacerle completamente, solo Jesús. Por tanto, la salvación está en Él. Moisés y Elías nada podían hacer por los discípulos, la vida está en Jesús.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:6

Comentario general

17.6 Los tres discípulos comprendieron en la voz del Padre su error, por lo que tuvieron gran temor postrándose sobre sus rostros. Actitud plena de adoración. La adoración surge de la revelación. Quién escucha al Padre conoce al Hijo y quien conoce al Hijo adorará al Padre. Pierde toda seguridad en sí mismo: Daniel 10:9: oí el sonido de sus palabras y caí adormecido sobre mi rostro, con mi rostro en tierra. Se pierde toda arrogancia y religiosidad: Pablo cayó a tierra ante el Señor y su voz: Saulo, Saulo por qué me persigues. Se asume una santa adoración: Juan cayó como muerto a los pies del Cristo glorificado. Es una terrible responsabilidad recibir la revelación del Cristo de la gloria: Moisés tuvo que ser ocultado en la hendidura de la Peña ¡para ver las espaldas de la gloria! Pablo, no pudo explicar con palabras lo que vio y oyó cuando fue arrebatado al tercer cielo. El Sumo Sacerdote jamás intentó explicar “la Shekinah del Señor”. A mayor luz, mayor responsabilidad (Luc. 12:45-48; Jn. 15:22; Stg. 3:1; 2 P. 2:21; Mat. 11:23-24). Tuvieron gran temor. Verdadero temor. Algunos dicen que a Dios no hay que temerle, pero las Sagradas Escrituras nos enseñan que sí debemos temerle. Esto es especialmente cierto para el que hace lo malo, pero aplicable a todos. Guardarás los mandamientos del Señor tu Dios, andando en sus caminos y teniendo temor de Él (Dt. 8:6). Y no se refiere a reverencia, como algunos dicen, sino a verdadero temor, terror. La palabra temor usada aquí es un derivado de “phobeo” que significa “pánico que se apodera de una persona y la hace correr o escapar; estar alarmada, asustada, espantada, llena de terror (de phobeo viene la palabra “fobia”). Temer a Dios es bueno, la Palabra dice que el temor del Señor es limpio (Sal.19:9). A un Padre se le ama, pero cuando uno le desobedece tiene temor de Él (como Adán se escondió en el Huerto). El Salmista Asaf cantó: Temible eres tú, ¿quién podrá permanecer en tu presencia cuando se desate tu ira? (Sal. 76:7). Moisés también canto en el Salmo 90:11 ¿Quién conoce el poder de tu ira y de tu indignación, con que debes ser temido?. Y el Señor Jesucristo dijo: No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mat. 10:28). Hebreos 10:31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios Vivo! Y Hebreos 12:29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor!

— Roberto Tinoco

Mateo 17:7

Comentario general

17.7 La voz de Dios es aliento. Sin importar la caída puede levantar; y sin considerar la causa, se deshace del temor. El amor echa fuera el temor. El toque del Señor sigue a su Palabra, les habló y luego los tocó. Eran tres, de manera que fue uno a uno para hacerles sentir su mano porque su aliento es personal. El toque de Dios llega a quienes se postran ante Él. Si has de temer, teme a Dios y tanto su Palabra como su toque vendrá hacia ti. Siguieron a Jesús a las alturas y fueron muy bendecidos: vieron su gloria, oyeron a Dios y recibieron su toque. Eso es lo que debe buscar todo el que realiza un retiro espiritual.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:8

Comentario general

17.8 Si alzas los ojos del espíritu, solo mirarás a Jesús. Si los rostros humanos te nublan la mirada, levántala, estás viendo demasiado bajo. Quedarán fuera de cuadro todos los demás, no importa si fueron tan grandes como Moisés y Elías, serán como nada eclipsados ante la majestad de Jesús. Él es incomparable. No te atrevas a colocarle en la clasificación de los hombres, Jesús es clase aparte, inigualable. Ni siquiera las criaturas celestiales pueden verse a su lado, la criatura jamás se compara con el Creador.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:9

Comentario general

17.9 El misterio del silencio. A veces callar es tan importante como hablar y esperar suele darle mayor impacto a las palabras. De seguro iban llenos de gozo, tanto que reían infantilmente, deseaban decirlo a todos, pero el Señor se los prohíbe. Le espera la cruz, no era tiempo de fiesta, además la gente esperaba hacerlo un caudillo, no hacía falta darles la chispa que encendiera la revolución. No estaban listos para comprender la transfiguración ni el evangelio sin la muerte, así que había que esperar a la resurrección. Quien no asiste a la fe del Calvario no tiene lugar en el reino de los cielos.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:10

Comentario general

17.10 Los discípulos se sintieron intrigados por el dogmatismo de los escribas ante la experiencia que acababan de tener, es decir, de ver a Moisés y a Elías. De pronto la enseñanza de los escribas y la experiencia con Jesús fueron contradictorias. Con el pasar del tiempo los escribas, esto es, las intérpretes de la ley, los conocedores de las Escrituras, fueron agregando ideas y conceptos al retorno de Elías. Llegaron a pensar que para cuando el Mesías apareciera ya Elías habría recorrido el mundo entero obligando a los hombres a esperar al Mesías completamente convertidos a Él por temor a los prodigios de fuego y sequías que Elías manifestaba. Los discípulos habían oído las enseñanzas de los escribas y tenían en ellos muy marcada la idea de la venida de Elías y del Mesías en términos de poder; así que ahora que había contemplado a Elías en el monte no comprendieron porque en lugar de empezar a traer restauración a Israel simplemente desapareció. Además, ¿no habían visto primero al Mesías y después a Elías? Se comete el mismo error que los escribas al involucrar la imaginación en la interpretación de la profecía bíblica. La literatura cristiana ha desarrollado hasta novelas al respecto, que no tendría nada de malo si fuesen leídas como novelas. El riesgo en el dogmatismo es la ceguera. Si todo se ve a través de una estrecha y cuadrada interpretación y las cosas no suceden tal y como habíamos creído no pueden distinguirse el cumplimiento de los eventos. Los escribas decían que “es necesario que Elías venga primero” y al no ver literalmente a Elías no pudieron recibir a Jesucristo. Dios revela lo que sucederá, pero no exactamente como sucederá, el problema en el intérprete bíblico es que al entender lo que sucederá inventa luego el cómo. Considera el cómo de la escatología o enseñanza de las cosas futuras como teoría. Sabemos el qué, pero no el cómo.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:11

Comentario general

17.11 Elías efectivamente llegó, Jesús dijo: a la verdad. Es la interpretación y no el cumplimiento el problema de la profecía. Es verdad que Elías vendría y restauraría, pero no en el sentido en el que lo suponían los escribas. La Palabra de Dios es confiable, pero nuestra comprensión no lo es. Seamos prudentes en nuestra aseveración sobre la profecía bíblica. Los escribas esperaban al Elías antiguo que desafiara al César como hiciera el Tisbita contra Acab; pero eso no era lo que decía la profecía: He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Yahwéh, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición (Mal. 4:5-6). Esto se cumplió en Juan el Bautista (mira la nota 17.12).

— Roberto Tinoco

Mateo 17:12

Comentario general

17.12 El profeta Elías sí vino, pero no literalmente la misma persona de la época de los reyes, sino Juan el Bautista en la comisión y unción de Elías (Luc. 1:13-17; 3:3-14). El Señor Jesús dejó en claro cómo reaccionó la religión de su tiempo ante la visita de Elías: no le conocieron. Lo estaban esperando y no pudieron reconocerlo debido a su interpretación dogmática y cerrada. Cuando añadimos imaginación asegurando cómo sucederá a lo que sucederá, cometemos el mismo error (Mat. 11:9-15). Dios te sorprenderá, así que no pierdas tu capacidad de asombro ni limites el cómo de su manifestación. Juan el Bautista como el Elías prometido, padeció: hicieron con él todo lo que quisieron. No desprecies lo que no entiendes o maltratarás lo que Dios te envía. Y más grave el daño al siervo, fue el daño al Rey: Así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos (Mat. 21:23-25, 32). Cuidado extremo con lo que decimos saber, no sea que fuésemos hallados opuestos al Señor. La Biblia nos ha sido dejada para vivirse, no para discutir acerca de ella.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:13

Comentario general

17.12-13 El profeta Elías sí vino, pero no literalmente la misma persona de la época de los reyes, sino Juan el Bautista en la comisión y unción de Elías (Luc. 1:13-17; 3:3-14). El Señor Jesús dejó en claro cómo reaccionó la religión de su tiempo ante la visita de Elías: no le conocieron. Lo estaban esperando y no pudieron reconocerlo debido a su interpretación dogmática y cerrada. Cuando añadimos imaginación asegurando cómo sucederá a lo que sucederá, cometemos el mismo error (Mat. 11:9-15). Dios te sorprenderá, así que no pierdas tu capacidad de asombro ni limites el cómo de su manifestación. Juan el Bautista como el Elías prometido, padeció: hicieron con él todo lo que quisieron. No desprecies lo que no entiendes o maltratarás lo que Dios te envía. Y más grave el daño al siervo, fue el daño al Rey: Así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos (Mat. 21:23-25, 32). Cuidado extremo con lo que decimos saber, no sea que fuésemos hallados opuestos al Señor. La Biblia nos ha sido dejada para vivirse, no para discutir acerca de ella.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:14

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17.14 El Señor Jesucristo viene del monte de la transfiguración acompañado de Pedro, Jacobo y Juan para encontrarse con un cuadro desgarrador: Un Padre desesperado ante su hijo poseído por el demonio y ante nueve discípulos del Señor sin poder para ayudarle. Pareciera dibujarse aquí lo que Dios miró al contemplar a un mundo hundido en el pecado, a merced del maligno y con los pocos creyentes imposibilitados por su falta de poder espiritual, lo que lo movió a intervenir personalmente: “Yo iré y le sanaré”. El Salvador llegó ante una multitud, pero un hombre solo llegó ante Él. En medio de un mundo necesitado, se salvan las almas que le reciben personalmente. El gentío vitoreaba, pero hubo uno que se arrodillaba; es más fácil hallar porristas que adoradores; ¿a cuál grupo perteneces tú? El hombre vino ante Jesús, cuando los recursos terminan, Él apenas está empezando.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:15

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17.15 Un padre clamando por su hijo, la tierra tenía el sentido perfectamente inverso al cielo, en donde el Padre entregaba a su Hijo. El evangelista Marcos dice que se trataba del hijo único de ese hombre. Mateo dice que era lunático haciendo eco a los mitos urbanos de la época, creían que si una persona dormía a la luz de la luna, en ciertas condiciones podía ser influido por la luna y enloquecer poseído de demonios. Su condición era muy grave, pero comenzó de la manera correcta: vino al Rey, se arrodilló ante Él y le llamó Señor. No negamos los problemas, pero exaltamos su autoridad. Padece muchísimo –razón suficiente para solicitar misericordia. Que un padre hable del padecimiento de su hijo es algo que no debiera suceder nunca, pero sucede. Jóvenes sin solución, vidas arruinadas y padres desesperados vegetando a su derredor. Sucede. Si fuese tu caso, seas padre o seas hijo, la solución se encuentra a los pies de Jesús. Muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua –fue el clamor del padre y la terrible experiencia de su hijo. El espíritu maligno que lo poseía lo atormentaba con ambos extremos. ¡Cuán diferente al reino de Dios! En la ley de Moisés se purificaban los vasos sagrados para servir a Dios con fuego y agua, lo que resistía el fuego era pasado por fuego; y lo que no, entonces lavado con agua. Pero el espíritu maligno no quiere purificar nada, solo consagrarlo a las tinieblas destruyéndolo. Tal es la oscuridad del mal, usa experiencias extremas intentando degradar el alma hasta el punto que se dediquen al mal. Lo oprime como si le quemase y también lo insensibiliza hacia todo como ahogándolo, fuego y agua; de este modo consigue consagrar sus propios vasos, ilegítimamente e imitando el reino de Dios, pero lo hace.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:16

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17.16 El fracaso de los discípulos no los hace malos ni inferiores; ¿qué podían hacer quienes no habían estado con Jesús en las alturas de su glorificación? (mira el inicio del capítulo). Pero el reclamo es válido, en ocasiones la iglesia no ejerce aquello para lo cual existe y carece de poder –no porque le falte verdaderamente– para ayudar, situación provocada por su falta de vida devocional, no ha estado con Jesús. La crítica del padre de familia es semejante a la crítica del mundo, si las tinieblas están presentes no son culpa totalmente de las tinieblas, después de todo hacen lo que son, tinieblas, pero, ¿dónde está la luz de la iglesia? Sin embargo, no se enciende una luz criticándola, por lo que nada aportamos haciendo lo mismo. En todo caso, solo resta buscar urgentemente el poder del Espíritu Santo como Jesús, para hacer aquello que fuimos llamados a hacer.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:17

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17.17 Jesús no se quejó de sus discípulos, más adelante les enseñará como crecer en fe. Lo que le molestó fue la multitud, pues se dirigió a toda la generación. El fallo de los discípulos sirvió para discusiones porque eran incrédulos, literalmente infieles. Y eran una generación perversa porque podían polemizar en lugar de hacer algo por el muchacho poseído (Marcos 9:14 dice que los escribas discutían con los discípulos). Estaban mas interesados en el conflicto religioso que en ayudar al necesitado; esto es una perversión que parecía estar generalizada en la multitud. La duda es infidelidad y al ser mesclada con la religión se convierte en perversión. Esto aleja al Señor porque insultan a Dios al poner en entredicho su poder y su bondad. Jesús se siente incómodo entre ellos y prefiere irse, si no lo hace inmediatamente es por compasión al joven y su padre. No dudes, no te quedes sin Dios.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:18

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17.18 Se quejó de la incredulidad de la gente, pero se dirigió al demonio expulsándolo del muchacho. La multitud tiene esperanza, el demonio no. El mal espíritu no pudo resistirle, si esto sucedía en los días de su carne, ¡imagina lo que realiza ahora sentado en gloria a la diestra del Padre! El muchacho no fue sanado poco a poco, más allá de su enfermedad, estaba poseído, por lo que fue sanado inmediatamente. No todas las enfermedades son obra directa de los demonios ni implican su presencia en el enfermo, pero en tiempos de Jesús era más o menos frecuente. Hoy no, pues Jesús ya tomó la autoridad del mundo entero mediante su muerte y resurrección, por lo que una posesión o presencia demoniaca en un ser humano es algo sumamente extraño. Si los discípulos de Cristo te fallan, acude al Cristo de los discípulos. Él jamás te fallará. Con todo, sigue amando a los discípulos por causa del gran Cristo de los discípulos.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:19

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17.19 ¿Por qué? Es más que curiosidad, es el deseo de ponerle fin a la causa del fracaso. La impotencia ante la necesidad del mundo es el insulto que tanto el ministro como el cristiano común debe soportar de vez en cuando, pero no vivir con ello. Es indispensable ser honestos ante nuestras fallas y preguntarle al Señor “¿por qué nosotros no pudimos..?” Solo así pondremos fin a la impotencia, la incompetencia y la improductividad. Esta es la clase de preguntas que se hacen aparte, a solas con el Señor. No es para gritarlo a los cuatro vientos ni para exhibirse ante la multitud descorazonando oyentes. Ante Dios humíllate, pero no desnudes tus debilidades y faltas delante de los hombres. Dios te ayudará a superarlas, pero los demás intentarán sepultarte con ellas. No los culpes, buscan héroes y sienten pánico ante los villanos.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:20

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17.20 La respuesta a la pregunta de los discípulos es también el reconocimiento de que el fracaso no está en el poder del enemigo, sino en la escasez de nuestra fe. No se necesita mucha fe, solo tener fe. Más allá de la fe del tamaño de una pequeña semilla de mostaza, es la fe que tiene la semilla de mostaza; la cual se mira pequeña, pero se sabe suficientemente poderosa para multiplicarse poderosamente. Una planta puede mover piedras con sus raíces y un creyente es semejante con las obras de su fe. O tienes fe o la incredulidad te tiene a ti. Echar fuera un demonio es semejante a mover un monte, ya que en la Biblia los montes son figura de potestades o personas encumbradas en el poder.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:21

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17.21 Los manuscritos considerados más antiguos no tienen este versículo, por lo que se considera una añadidura posterior a las palabras escritas por Mateo; sin embargo, esto no es del todo confirmado, ya que el evangelista Marcos también lo menciona, así que es inspirado por Dios; sin contar además con que el versículo en sí nos proporciona grandes enseñanzas. Primeramente, la fe es como una semilla que debe sembrarse y cultivarse por medio de la oración y el ayuno. Sin el alimento adecuado la semilla es infructífera y sin ayuno ni oración tu fe es inmadura e incapaz de milagros. Por otro lado, podemos pensar que el demonio que debe salir es de un género o especie más poderosa que otra, por lo que se requiere más poder para echarlo; sin embargo, esto colocaría al demonio en el centro del fracaso de los discípulos, cuando la enseñanza del Maestro fue que se debió a su poca fe. De manera que es más probable que lo que el género que debe salir es la fe como una semilla de mostaza que germina de la tierra abriendo la piedra o moviendo montes.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:22

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17.22 Jesús reiteradamente hablaba de su muerte, no como quien la profetiza, sino como quien tiene una misión. A eso vino, entre otras cosas. Vivió permanentemente bajo la sombra de la cruz. Lo que es digno de resaltar de este versículo es la expresión: será entregado en manos de hombres, ¿quién o quienes le habrían de entregar? En parte, pero no completamente o de origen; pues si bien Mateo 20:18-19 expresamente declara que sería entregado a los principales sacerdotes y a los escribas y éstos, a su vez, lo entregarían a los gentiles; y Juan 18:18-30, 35 menciona que los judíos lo entregarían a Pilato; también es cierto que primero fue entregado a ellos. Entonces, ¿fue Judas quien lo entregó? Eso leemos en Mateo 26:14-16 y 46. Sin embargo, ¿quién lo entregó a Judas? Es evidente que si el Señor no lo permitiera, esto hubiera sido imposible. ¿Será que Jesús se entregó a sí mismo? Juan 10:17-18 demuestra que el Señor está en control de los hilos de la historia; no fue un mártir que no pudiese escapar a las circunstancias. Isaías 53:12 menciona que derramó su vida hasta la muerte, su amor se entregó. Jesús necesitó a Judas, a los judíos y a los gentiles como usó al asno con el que entró en Jerusalén, pero seguramente hay más detrás del velo del tiempo. ¿Será que el Padre entregó a su Hijo? Sin duda esto es cierto, como atestiguan Romanos 8:32; Isaías 3:7-10; Juan 3:16 y 1 Juan 4:9-10. El origen es el Padre celestial, pero conviene ver el por qué de esta decisión. Como dijeron uno a uno los discípulos en la última cena cuestionando acerca del traidor: ¿soy yo, Señor? (Mateo 26:22, 25). La razón final por la que el Rey fue entregado no fue por causa de la inflexibilidad de Judas ni por la envidia de los judíos ni el odio de los gentiles, sino tú que lees estas palabras. Tus pecados son los que han entregado al Señor Jesucristo a la muerte; escucha hoy la voz del profeta: “¡Tú eres ese hombre!” (2 Sam. 12:7). El Señor Jesús fue entregado en manos de hombres, el Creador en manos de las criaturas. Lo Infinito dispuesto a dejar de ser por los finitos. Un capellán del regimiento estaba hablando a un soldado en un hospital. Usted ha perdido un brazo para una gran causa - le dijo el capellán por consolarle. “No - dijo el soldado con devoción - no lo perdí, lo di”. De la misma manera Jesús no perdió su vida, la dio. Él nos hace observar claramente que su propósito fue morir para que nosotros pudiéramos ser perdonados, a fin de estar con Él por la eternidad. Fue puesto en manos de los judíos por el traidor Judas y ellos prefirieron que se les diera un homicida (Hechos 3:13-15; Luc. 23:17-25). ¿Cuál es tu elección? Fue puesto en manos de los romanos por los celosos judíos (Hechos 2:23). Trataron de deshacerse de Él, y tú, ¿lo deseas en tu vida?

— Roberto Tinoco

Mateo 17:23

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17.23 Jesús fue entregado en manos de hombres (vr. 22), y este versículo nos dice para que fue entregado: le matarán. El justo por los injustos para llevarnos a Dios. Fue una muerte sustitutoria a causa de nuestro pecado (Rom. 6:23; Heb. 2:9, 14-15). Solo así podía darnos salvación con justicia. Durante el entierro de Abraham Lincoln, y al pasar la procesión funeraria, una humilde madre de raza negra, de pie tras la multitud de hombres blancos, levantó a su hijito sobre su cabeza cuando pasaba el cuerpo del presidente asesinado y dijo: “Míralo bien, hijo; éste es el hombre que murió por todos nosotros”. El mirar a Cristo, que murió por nosotros, es recibir la vida, hallar purificación del pecado y derrotar la tentación. Dale una mirada prolongada hoy. Él es el Hombre que murió por ti. Tan cierta como su muerte, lo es también su resurrección. El evangelio no estaría completo sin ella. Jesús resucitó para ser Señor de vivos y de muertos. Para estar seguro de su muerte le traspasaron su costado con una lanza. Pilato colocó guardas ante la sepultura y los fariseos se cuidaban que la tumba fuese precintada oficialmente. Pero después de los tres días, Él resucitó gloriosamente. Las mentiras de los fariseos y los sobornos de los soldados no sirvieron para encubrir esta gran verdad. Él vive hoy y da vida al que cree en Él. Su resurrección convirtió a sus seguidores en invencibles, pues dejaron de temer a quienes les perseguían sabedores de la vida eterna. Completamente seguros de la resurrección del Señor, estuvieron dispuestos a morir para propagar esta verdad. En ese momento los discípulos no comprendían la enseñanza del Señor acerca de su muerte, ya que se entristecieron en gran manera. Sabiendo que hablaba en parábolas y con ideas preconcebidas de un Mesías inmortal, no era difícil confundirse.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:24

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17.24 El único evangelista que cita este evento es Mateo, después de todo, él era el único discípulo que antes de su llamado tenia por oficio el ser cobrador de impuestos. Vinieron a Pedro, lo que podría significar que su personalidad le hacía resaltar como alguien principal entre los doce. De hecho, Pedro iba a la cabeza del grupo a causa de su pasión, su fe y su amor por el Maestro. La pregunta fue en tono negativo, casi despectivo; como buscando ocasión para difamarlo y tener algo de qué acusarle. Cuando alguno cuestiona a nuestro Señor, seguramente tiene una mala intención; cuídate de los tales. Un dracma era la moneda equivalente a un día de salario, así que dos dracmas eran dos días de salario. Este impuesto era el pago que todo varón debía dar anualmente para el mantenimiento del templo. Primero fue para el tabernáculo y después para el templo de Herodes (Ex. 30:11-16). Los gastos del templo eran inmensos: sacrificios mañana y tarde de corderos, vino, harina y aceite, incienso diario, las cortinas y las ropas de los sacerdotes, además de muchas cosas más. El primero del mes de Adar (caía en marzo) se anunciaba en todo Judea el pago del impuesto. El impuesto tenía un carácter redentor, considerando que si no se pagaba se arriesgaba la vida.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:25

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17.25-26 “Sí” –se apresuró Pedro a responder. Quizá para hacer quedar bien al Maestro, ya que era presto para defenderlo; o bien, porque antes ya lo había visto pagarlo. La actitud de todo creyente respecto de cualquier cuestionamiento sobre nuestro Señor, es de inmediato cuidar su honor, pero hagámoslo sabiamente. Lo primero que Pedro hizo fue buscar al Señor (al entrar en casa). Haremos bien que cada vez que seamos confrontados, en lugar de pelear o discutir, busquemos al Señor. Jesús le habló primero –si le buscamos, Él nos dará su Palabra y esa será nuestra mejor respuesta, así como defensa. ¿Qué te parece, Simón? –el Señor sabe lo que va a hacer, pero no por eso ignora la opinión de su discípulo. Un atributo hermoso de Dios aunque misterioso, es su respeto. El hecho de que le pregunte a su siervo su sentir es maravilloso. Dios jamás actuará contra tu voluntad, obligándote como si fueses autómata. Si no estamos de acuerdo, nos pregunta y luego nos presenta argumentos suficientemente convincentes para hacer su voluntad. ¡Es glorioso! El impuesto era para el mantenimiento del templo; de manera que solicitar el pago al Señor Jesús era ignorar su identidad; pero al mismo tiempo, le permitió a Jesús la oportunidad de enseñar a sus discípulos al respecto. El templo era de su Padre y todo lo que pertenece al Padre celestial era suyo (Jn. 2:16; Jn. 16:15). Él es su Hijo y el Dueño del templo. Así que, ¿por qué habría de pagarse a sí mismo dicho impuesto? Los reyes cobran tributos para el mantenimiento de su casa, esto es de su familia, lógicamente los hijos del rey están exentos de dicho tributo.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:26

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17.25-26 “Sí” –se apresuró Pedro a responder. Quizá para hacer quedar bien al Maestro, ya que era presto para defenderlo; o bien, porque antes ya lo había visto pagarlo. La actitud de todo creyente respecto de cualquier cuestionamiento sobre nuestro Señor, es de inmediato cuidar su honor, pero hagámoslo sabiamente. Lo primero que Pedro hizo fue buscar al Señor (al entrar en casa). Haremos bien que cada vez que seamos confrontados, en lugar de pelear o discutir, busquemos al Señor. Jesús le habló primero –si le buscamos, Él nos dará su Palabra y esa será nuestra mejor respuesta, así como defensa. ¿Qué te parece, Simón? –el Señor sabe lo que va a hacer, pero no por eso ignora la opinión de su discípulo. Un atributo hermoso de Dios aunque misterioso, es su respeto. El hecho de que le pregunte a su siervo su sentir es maravilloso. Dios jamás actuará contra tu voluntad, obligándote como si fueses autómata. Si no estamos de acuerdo, nos pregunta y luego nos presenta argumentos suficientemente convincentes para hacer su voluntad. ¡Es glorioso! El impuesto era para el mantenimiento del templo; de manera que solicitar el pago al Señor Jesús era ignorar su identidad; pero al mismo tiempo, le permitió a Jesús la oportunidad de enseñar a sus discípulos al respecto. El templo era de su Padre y todo lo que pertenece al Padre celestial era suyo (Jn. 2:16; Jn. 16:15). Él es su Hijo y el Dueño del templo. Así que, ¿por qué habría de pagarse a sí mismo dicho impuesto? Los reyes cobran tributos para el mantenimiento de su casa, esto es de su familia, lógicamente los hijos del rey están exentos de dicho tributo.

— Roberto Tinoco

Mateo 17:27

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17.27 El reino de los cielos se caracteriza porque el prójimo es primero que uno mismo. La palabra griega para ofenderles es “skandalizein”, ofensa es “skándalon” de donde viene “escándalo”. Significa poner tropiezo. El ciudadano del reino jamás debe hacer algo que ofenda a su hermano, esto es, no debe causarle tropiezo con su vida, aun cuando esté convencido de tener la razón. El Señor Jesucristo era libre del impuesto, pero si no lo pagaba, los judíos pensarían que quebrantaba la ley, así que tropezarían en la opinión hacia Él, no le creerían. Hoy, nosotros los creyentes, somos libres de la ley, somos completamente libres, sin embargo, nuestra libertad tiene una limitante: la conciencia de nuestro hermano es la limitante (1 Cor. 8:13; 9:12; 10:32-33; 2 Cor. 6:3; Rom. 14:5-6,14-22; Mat. 18:6-9). Acerca del pago de impuestos, puede alguno preguntarse: ¿Ser ciudadano del reino de los cielos exime de ser ciudadano terrenal? De ninguna manera. Quien no es fiel ciudadano de su patria terrenal, ¿cómo lo será de su patria celestial? Quien no respeta a los hombres, ¿cómo dice respetar a Dios? Un mal ciudadano es un mal cristiano. Generalmente, los que no pagan impuestos tampoco pagan sus diezmos y por más excusas filosóficas, políticas, religiosas y hasta morales que pongan, la verdadera razón de fondo por lo que no lo hacen es la avaricia. Respeta la autoridad en todo lo que sea posible (Rom. 13:1-7). Solo puedes desobedecer cuando la persona que ostenta la autoridad intente que actúes contra Dios, es decir, que intenta que le desobedezcas a Él abiertamente (Hechos 4:19-20; 1 Pedro 2:13-17; Mateo 22:21). Después de hablar de la sujeción a la autoridad, el apóstol Pablo declara: No debáis a nadie nada, sino el amarnos unos a otros (Rom.13:8). Y lo mismo es aplicable para los poderosos (Dt.24:14-15, Luc. 3:8-14). Sobre la obtención del dinero, el Señor nos enseña la manera correcta de pagar nuestros compromisos: trabajando en aquello que corresponde a nuestro oficio. Se trataba de una pequeña cantidad que seguramente si tendría a la mano, el equivalente a dos días de salario de un jornalero por cada uno de los discípulos. La pregunta que le hiciesen a Pedro los recaudadores implica que se había pagado ya por todos y solo faltaban el Maestro y el discípulo en cuestión. Pedro sabía pescar, él era pescador de oficio, así que lo que tenía que hacer es trabajar en lo que sabía hacer. Tuvo que ir al mar, echar el anzuelo, esperar, sacar un pez y luego abrir la boca, sacar un estatero, y llevarlo a los que cobraban impuestos. El estatero valía dos dracmas, era el pago de dos hombres, equivalente a un ciclo (Ef. 4:28; 1 Ts.4:11-12; 2 Ts. 3:10-12). Si alguno dice que es cristiano y es perezoso y anda desordenadamente sin trabajar está negando la fe de Cristo (1 Tim. 5:8). Sepa además que padecerá necesidad, luego no culpe a nadie de su ruina ni piense que Dios no desea bendecirlo (Pr. 24:30-34; 13:4). Pero notemos bien que Pedro no obtuvo el estatero debido a sí mismo, sino que el Señor lo proveyó. Esto debe enseñarnos que aunque nosotros trabajemos, la prosperidad es fruto de la bendición de Dios. Dios suple nuestras necesidades, claro está, si trabajamos como Él lo ha mandado (Pr. 10:22; 20.21; Dt. 8:17-18; Sal.127:1-2). Por otro lado, existe una maravillosa enseñanza en este pasaje: no hubo dos monedas en la boca del pez, sino una sola equivalente al pago por ambos. Pedro pasó por experiencias diversas con el Señor, fue llamado bienaventurado y también Satanás y en unos días estaría negándolo; de manera que esta moneda sería un recordatorio de amor impresionante: “Pedro, un solo pago por ti y por mí, como del mismo valor”. Así te ama el Señor, con todo y tus debilidades, es el mismo pago por ti que por el mejor de los hombres.

— Roberto Tinoco

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