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Mateo 19
Discusión acerca del divorcio y del matrimonio
1Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.🗨📝 2Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.🗨📝 3Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?🗨📝 4El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,🗨📝 5y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?🗨📝 6Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.🗨📝 7Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?🗨📝 8El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.🗨📝 9Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.🗨📝 10Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.🗨📝 11Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado.🗨📝 12Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.🗨📝Jesús bendice a los niños
13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.🗨📝 14Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.🗨📝 15Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.🗨📝El hombre rico
16Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?🗨📝 17El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.🗨📝 18Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.🗨📝 19Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.🗨📝 20El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?🗨📝 21Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.🗨📝 22Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.🗨📝 23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.🗨📝 24Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.🗨📝 25Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?🗨📝 26Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.🗨📝 27Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?🗨📝 28Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.🗨📝 29Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.🗨📝 30Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 19:1
19.1 Después de hablar acerca de las relaciones fraternales en el reino de los cielos con el capítulo 18, vemos en el capítulo 19 las relaciones conyugales entre los creyentes en el reino de los cielos; esto, como una ilustración de la unión entre Cristo y la iglesia. Mateo resume el final del ministerio del Mesías en Galilea al decir: aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras se alejó de Galilea. El interés de Mateo son los judíos, recuerda que está presentando al Mesías de Israel, por ello su énfasis es el ministerio del Señor para con el pueblo de la ley, así que salta varios meses para pasarse a Judea con la frase: y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán (vr.1). En esta acción del evangelista Mateo hallamos ilustrada la importancia de la cruz de Cristo: fue maravilloso lo que el Rey Jesucristo dijo e hizo, pero nada puede compararse con el centro de su obra, su muerte y resurrección. Si el Señor no hubiese ido al Calvario tendríamos hermosas enseñanzas que serían bellos recuerdos, mas una vez autentificados con su sangre y su gloria posterior tenemos en las palabras y obras de Jesús anteriores, la vida de Dios en forma de verbo. Comparando este versículo con Juan 10:40 encontramos que el Señor regresó al lugar en donde Juan había estado bautizando, de modo que el Señor había concluido el círculo de su testimonio en regiones gentiles y ahora regresaba al lugar en donde se inició todo cuando fue bautizado. Así es todo ministerio, finalmente ha de regresar al lugar de su llamado. Ya sea por causa del desaliento, ya sea por causa de las presiones ministeriales, ya sea para recuperar nuevas fuerzas o solo para recobrar, todo siervo hace bien en regresar al lugar de su llamado, recordar el momento en que el Señor le habló y volver a sentir el ardor del fuego del Espíritu que lo ungió entusiasmándole para lanzarse a la aventura del ministerio. En los momentos más difíciles conviene rememorar los instantes gloriosos en los que Dios nos llamó.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:2
19.2 Si el Rey caminó largas distancias a causa de su ministerio, también las multitudes lo hicieron a causa de su necesidad. No existe nada más atractivo que la Presencia de Jesús, vendrán multitudes. Y los sanó allí –ese es el resultado de encontrarse con el Señor. Sin el toque salvador, ¿cómo sabrán las personas que se han encontrado con Cristo?
— Roberto Tinoco
Mateo 19:3
19.3 se escuchan como palabras, pero son el lazo del cazador. Sabemos las intenciones de la pregunta, querían atraparle en alguna palabra de la cual poder acusarle luego conforme a la ley, se a de Dios o al menos de los hombres. No preguntaban para conocer, sino para acusar. Cuídate de los tales y sobre todo, cuídate de ser de los tales. No todos los que hablan de las cosas de Dios quieren a Dios, no perdamos el tiempo con ellos, no sea que perdamos también la eternidad. Los fariseos sabían lo que le había sucedido a Juan el Bautista a causa de haber recriminado su adulterio a Herodes y a Herodías, de modo que ahora intentan meter al Señor en la misma trampa para ver si alguna de sus palabras también produce su muerte. Escuchar la Palabra del Señor para buscar controversia siempre produce muerte, mas no del predicador, pues de este sólo podrían matar su cuerpo, sino del oyente, pues Dios ve el corazón. La disposición produce vida, mas la dureza muerte espiritual. ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? ¿Se le permite al hombre divorciarse de su mujer por lo que sea? Repudiar, del griego apoluo, “de” y “luo”, “soltar”. La pregunta no iba encaminada al divorcio, sino a las razones del divorcio: “…por cualquier causa?” Ya que los judíos tenían dos corrientes de interpretación en marcada diferencia: La escuela de Hillel que tomaba como base Dt. 24:1 para autorizar el divorcio por cualquier causa a partir de la frase “cosa vergonzosa” (lit. asunto de desnudez); en contraste con la escuela de Sahmmay, para quienes sólo era permitido por razones de adulterio. Por demás está decir que la corriente del Hillel era muy popular.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:4
19.4-5 La necedad de unos fue la oportunidad de la sabiduría para otros. Por la pregunta tentándole fue que el Señor nos dejó una gran enseñanza acerca del matrimonio. El Señor los remitió a las Escrituras. ¿No habéis leído…? Sea cual fuere nuestra duda, la Palabra de Dios tiene la respuesta, sólo hay que saber leer con el espíritu. El Señor los remitió al principio. Les mencionó la creación, les habló del Génesis, el libro de los principios de todas las enseñanzas de la Biblia. El texto citado es Génesis 1:27 en donde especifica que creó Dios al hombre, en el original que creó a Adam a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Dios creó a Adam al crearlos a ambos, eso es lo que dice el texto. En el proyecto divino no son entidades separadas, sino uno solo. La palabra hebrea “Adam” con “m” se traduce en el Antiguo Testamento como Adán (el nombre propio) una 20 veces y como “hombre” en más de 500. Esta palabra “Adam” no tiene nada que ver con la masculinidad, sino más bien con el género humano. ¡Incluso hay textos como Números 31:35 en donde se usa “Adam” para referirse a las mujeres! Así que el Señor Jesús estaba diciendo que en el plan de Dios el matrimonio no son dos personas, sino una sola creación. Adam (hombre y mujer) fue hecho a la imagen de Dios. Esto significa que el matrimonio tiene carácter indisoluble porque es figura del mismo Dios. Así como Eva fue sacada por Dios del costado de Adán, así también, la iglesia fue sacada del costado herido de Jesús en la cruz del calvario cuando por la lanza del soldado se vertió sangre y agua, símbolo de la iglesia redimida y purificada. ¡Aleluya! ¡El esposo y la esposa son figura de Cristo y de la iglesia, por eso no deben separarse!
— Roberto Tinoco
Mateo 19:5
19.4-5 La necedad de unos fue la oportunidad de la sabiduría para otros. Por la pregunta tentándole fue que el Señor nos dejó una gran enseñanza acerca del matrimonio. El Señor los remitió a las Escrituras. ¿No habéis leído…? Sea cual fuere nuestra duda, la Palabra de Dios tiene la respuesta, sólo hay que saber leer con el espíritu. El Señor los remitió al principio. Les mencionó la creación, les habló del Génesis, el libro de los principios de todas las enseñanzas de la Biblia. El texto citado es Génesis 1:27 en donde especifica que creó Dios al hombre, en el original que creó a Adam a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Dios creó a Adam al crearlos a ambos, eso es lo que dice el texto. En el proyecto divino no son entidades separadas, sino uno solo. La palabra hebrea “Adam” con “m” se traduce en el Antiguo Testamento como Adán (el nombre propio) una 20 veces y como “hombre” en más de 500. Esta palabra “Adam” no tiene nada que ver con la masculinidad, sino más bien con el género humano. ¡Incluso hay textos como Números 31:35 en donde se usa “Adam” para referirse a las mujeres! Así que el Señor Jesús estaba diciendo que en el plan de Dios el matrimonio no son dos personas, sino una sola creación. Adam (hombre y mujer) fue hecho a la imagen de Dios. Esto significa que el matrimonio tiene carácter indisoluble porque es figura del mismo Dios. Así como Eva fue sacada por Dios del costado de Adán, así también, la iglesia fue sacada del costado herido de Jesús en la cruz del calvario cuando por la lanza del soldado se vertió sangre y agua, símbolo de la iglesia redimida y purificada. ¡Aleluya! ¡El esposo y la esposa son figura de Cristo y de la iglesia, por eso no deben separarse!
— Roberto Tinoco
Mateo 19:6
19.6 Junto con el diseño de Dios corporativo para el hombre, el Señor Jesús también le hizo saber de su carácter indisoluble avalado por la unión sexual (Gen. 2:24). Una sola carne. En esto también los está enfocando de nuevo al Génesis, al principio de todo, porque la enseñanza de esta porción de la Palabra va mucho más allá que hacer alusión a una pareja y relación terrenal. Habla del principio de la unión de la humanidad con la divinidad. El matrimonio en el plan de Dios (aunque frecuentemente no lo es en la experiencia de los hombres) es que es indisoluble porque simboliza la unión de la humanidad con Dios; por ejemplo, dice en 1 Cor. 6:16-17 si un varón se une sexualmente a una mujer es un solo cuerpo con ella, mas en seguida se da la aplicación más alta, la espiritual, la celestial y eterna: el que se une con el Señor, un solo espíritu es con Él. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! que aprovechó la tentación de los judíos para enseñarnos que en el reino de los cielos el hombre es uno con Dios. Pablo usa la misma figura de unión entre el hombre y la mujer para referirse a Cristo y la iglesia en Efesios 5:28-32 ¡Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia!
— Roberto Tinoco
Mateo 19:7
19.7 De inmediato replicaron. Los fariseos intentan manipular la Biblia, no sé si por maldad o por ignorancia, pero dicen, “porque mandó Moisés”; pero ni Dios ni Moisés habían mandado el divorcio; solamente lo habían permitido, como les aclara el Señor Jesucristo en el siguiente versículo. La religiosidad ve mandamientos en todos lados, especialmente cuando se trata de avalar sus propias ideas.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:8
19.8 ¿Y por qué permitió Dios el divorcio si no es su plan original? Dios permitió el divorcio a causa de la dureza del corazón humano; de modo que el divorcio es consecuencia, no de “incompatibilidad de caracteres” como dicen hoy, sino de un corazón endurecido con respecto a Dios y a su reino. Detrás de cada divorcio hay un corazón apartado de Dios. La humanidad entera había caído en la depravación y el pecado por lo que no estaba a la altura de las demandas del reino de los cielos, así que Dios les permitió temporalmente separase, ¡pero ese no es el plan de Dios! Toda pareja que sea parte del reino de los cielos debe velar por su matrimonio, ya que en el Señor el matrimonio es para toda la vida, así como también es la representación de la unión de Cristo y la iglesia, la humanidad con la divinidad por toda la eternidad. ¡Gloria a Dios! ¡Somos la esposa del Cordero!
— Roberto Tinoco
Mateo 19:9
19.9 Jesús hablaba con autoridad. Deja en claro por qué permitió Moisés una excepción al matrimonio-divorcio, pero expresa la ley más alta, su voz: Y Yo os digo. Esto es superior y seguramente no fue grato en los oídos de los adversarios. Salvo en casos de depravación, como la inmoralidad sexual (fornicación, griego porneia), los casados no deben separarse; y si lo hacen, deben quedarse sin casar, pues de otro modo cometerán adulterio. En esto no hay víctimas, sino culpables.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:10
19.10 Ante las demandas del reino de los cielos para el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, los discípulos expresaron, quizá en tono irónico, que no convenía casarse. Esta es la reacción natural de la carne ante las restricciones; no comprende la vida más alta del reino. Dios dijo en un principio que no es bueno que el hombre esté solo; pero a causa del pecado y de la dureza del corazón, los hombres dicen que no conviene casarse. ¿A cuál ámbito perteneces tu: al de la carne o al reino de los cielos?
— Roberto Tinoco
Mateo 19:11
19.11 No todos son capaces de recibir la revelación del diseño original para el matrimonio; hay quienes se escandalizan ante su carácter indisoluble y exclusivo para la unión entre un hombre y una mujer. Asimismo, no todos son capaces de recibir el celibato, sino aquellos que por diseño divino pueden vivir en continencia sexual. Ha de ser un don de Dios, pues impuesto genera terribles consecuencias. El matrimonio cristiano solo es posible entre cristianos.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:12
19.12 Según el Señor, hay tres clases de personas que recibieron en la voluntad de Dios la capacidad de permanecer solteros, Él les llamó eunucos. La palabra “eunuco” viene del griego “euné”, que significa “lecho” y el griego “echo”, guardar. “El guardián del lecho”. Cabe señalar que no todos los eunucos habían sido castrados, como se cree comúnmente, para los judíos era una práctica despreciable y prohibida, aunque común en las demás naciones. Acerca de las tres clases de personas que recibieron en la voluntad de Dios la capacidad de permanecer sin relaciones conyugales, veamos: Primero, los eunucos de nacimiento. Son aquellos que nacieron con alguna deficiencia, ya sea física o síquica que les impide el llevar a cabo la relación sexual. Segundo, los eunucos hechos por los hombres. Eran aquellos que eran castrados debido a las funciones a las cuales eran encomendados, por ejemplo el cuidado de un harén o la guardia y ayuda personal de una reina. Y tercero, los eunucos por causa del reino de los cielos. Son aquellos que decidieron voluntariamente (el texto dice: a sí mismo se hicieron) ser eunucos, conservarse célibes, esto es, sin casarse a fin de tener disponibilidad de ofrecer todo su tiempo y dedicación a la obra de Dios; como lo expresara el apóstol Pablo en 1 Corintios 7:32-44 El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Con todo, las palabras, tanto del Señor Jesucristo como del apóstol Pablo en nada demeritan el estado del matrimonio, pues el mismo Señor dijo que no es posible el permanecer solteros salvo para “aquellos a quienes es dado” (vr.11), esto es lo que Pablo llama el don de continencia. De hecho, el apóstol también dijo: a los solteros… bueno les fuera quedarse como yo (sin casar); pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando (1 Cor. 7:8-9). El matrimonio es santo, tanto que los santos del Antiguo Testamento eran casados, incluso los sacerdotes. El mismo Señor realizó su primer milagro en una boda y también lo confirmó como indisoluble en los pasajes anteriores. ¿no es acaso el matrimonio el símbolo de Cristo y la iglesia? El Señor Jesucristo dijo que hay eunucos que a sí mismo se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos, pero la imposición del celibato es un terrible pecado que acarrea nefastas consecuencias a la iglesia, por eso es que con excepción de Pablo y de Juan, todos los apóstoles eran casados: ¿No habla acaso la Biblia de la suegra de Pedro? (Mat. 8:14, Mar. 1:30). Si Jesús hubiese enseñado que sus ministros debiéramos de ser por decreto solteros, entonces Pedro y los demás habrían tenido que abandonar a sus familias, pero el Espíritu Santo registró en las Escrituras que Pedro junto con los demás apóstoles siguieron teniendo esposa; como dijo el apóstol Pablo al hablar de su lícito y auténtico derecho - si quisiese - de casarse: “¿no tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas (Pedro)? (1 Cor. 9:5). Uno de los primeros requisitos bíblicos mencionados para los obispos es que sea marido de una sola mujer… que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción (1 Tim. 3:2-5). Y por si esto fuera poco, en las Sagradas Escrituras está escrito: el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse (1 Tim. 4:1-3). Quien trate de obligar a los hombres a mantenerse solteros está siendo dirigido por demonios. El Señor Jesucristo concluyó diciendo: el que sea capaz de recibir esto que lo reciba, porque no todos son capaces de recibir esto. La continencia es un don dado sólo por Dios, por lo que no puede obligarse a nadie a vivir en abstinencia, ni siquiera uno mismo; pero si por voluntad y dominio propio; finalmente el verdadero eunuco no es el que no puede, sino el que elige no practicar los deseos de la carne. El Señor se refería a los que, por causa del reino de los cielos, renuncian voluntariamente al matrimonio y a la paternidad y al amor físico humano; pero nunca estableció base alguna para prohibir el matrimonio.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:13
19.13 Todo padre habría querido que Jesús orara por sus hijos, así que esperaríamos que fuese abrumador la cantidad de niños que le presentasen; pero no, el texto dice unos niños, como tratándose de pocos. Por lo visto la tolerancia de los discípulos también era poca y su estima por los pequeños igualmente pequeña. De manera absurda consideraban la bendición de Jesús a los niños una perdida de tiempo o un cansancio innecesario. De manera que reprendieron a los que traías a sus niños. Resulta ridículo que líneas atrás no pudiesen reprender un demonio, pero ahora estén reprendiendo padres; esto es propio de la religiosidad dura. Poner las manos sobre alguno para orar por él es una práctica de la fe cristiana fundamental conocida precisamente como “imposición de manos” (Heb. 6:2); y tiene como propósito, entre otras cosas, la trasmisión de la bendición de Dios por medio de la unción de quien ora. Otra forma de ver este versículo es considerar los puntos de vista diferentes hacia los niños: primeramente los padres. Lo más probable es que fuesen los padres de los niños, sin embargo, también es posible que fuese algún otro familiar. No falta el simpático tío o la tierna abuela que lleve a los pequeños familiares al Señor. Después de todo, la obra más importante que puede y debe hacer un padre o una madre de familia es la de llevar a sus hijos a Jesús. Lleva a tu hijo a centros culturales y será educado, culto. Lleva a tu hijo a lugares recreativos y será alegre, divertido. Lleva a tu hijo a malos lugares y será pecador. Por el contrario, lleva a tu hijo a Cristo y será salvo, hijo de Dios por la eternidad. Los padres los llevaban a las manos de Jesús. Les presentaban niños al Señor para que pusiese las manos sobre ellos. Habían visto lo que esas manos eran capaces de hacer: Sanar paralíticos, limpiar leprosos, resucitar muertos. ¡Oh! ¡el mayor anhelo de todo padre debe ser el toque del Señor en sus hijos! Más que una carrera universitaria, ¡que Jesús toque a tus hijos! Más que fortuna o fama, ¡que Jesús toque a tus hijos! Más que éxito terrenal, ¡Señor Jesús: toca a nuestros hijos! Los padres los llevaban a la oración de Jesús. Los buenos padres siempre procuran que sus hijos tengan relaciones sociales adecuadas, los encaminan hacia personas que puedan favorecerles y los retiran de aquellos que puedan ejercer una mala influencia en ellos. Pero por sobre todos hay uno que resulta en su bendición, Jesucristo. ¡El Señor oró por los niños que le llevaban! Llevarle nuestros hijos en oración, así como también ponerlos a ellos en comunión con Cristo por medio de la oración es nuestra mejor tarea en este mundo. En el segundo punto de vista tenemos a los discípulos, los cuales reprendían a quienes traían a los niños; no tanto porque aborrecieran a los niños, sino porque quizá querían proteger al Maestro dándole descanso de su arduo trabajo, el cual, dicho sea de paso, era agotador. Sin embargo, ¡cuánto daño hace el amor mal encauzado! Hay quienes impiden a otros ir a Jesús por temor a que se “fanatice”. Otros impiden a sus amados ir a Jesús al mostrarse a ellos como terribles celosos de la fe, cubiertos de santa religiosidad que los ahuyenta del Señor. Hay quienes pelean por todo tipo de asuntos religiosos que pareciera que reprenden a los demás para que no vayan al Señor; condenan criticando y con esto, condenan impidiendo ir al Señor. Nadie, y en especial los niños, deben ser impedidos a venir al Señor. Un niño en la iglesia es un pecador menos en el mundo.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:14
19.14 Es impresionante cómo ven los niños a Jesús y como Jesús mira a los niños. Sin duda jugaría con ellos. Para el Señor, no había nadie indigno o insignificante; nunca estuvo cansado de modo que no pudiese ayudar. Jamás le importó el aroma a pescado de quien duró todo el día en alta mar ni el olor a cama ajena de la mujer sorprendida en adulterio. El camino hacia Jesucristo siempre está abierto, para todos sin distingo y en especial, para aquellos que son como los niños: sencillos, humildes, carentes de malicia, de fe cándida.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:15
19.15 El Señor no se fue de allí sino hasta después de poner las manos sobre los niños para bendecirlos. No creo que fuesen pocos pequeños, pues si miles lo seguían, habría cientos de criaturas. Pero cada uno de ellos era importante para Él. ¿Lo sabías? Tú le importas, en forma personal y con gran amor, tú le importas. Sus brazos extendidos en las cruz dicen cuánto le importa bendecirte.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:16
19.16 Un joven distinguido, un triunfador vino a Jesús. Según Marcos llegó corriendo (Mar. 10:7); hoy sería en automóvil de lujo. No llegaría tarde, pues todo lo hace bien, no es casualidad que su vida sea un éxito. Es un principal (Luc. 18:18); respetado por el sanedrín a pesar de su corta edad. Seguramente contaba con un asiento entre los grandes. Es un hombre decente y moral; llamó bueno al Maestro, pues él mismo se considera bueno. Como buen judío, seguramente estaba apegado a la religión de su nación cumpliendo sus prácticas, ritos, ceremonias y fiestas. Es honrado, lo que la sociedad llama un buen hombre. Es rico y sus bienes siguen aumentando y seguramente sus amigos y familia le amaban; todo en su vida está bien, salvo que le falta Jesucristo. Por eso vino a Él. Sin embargo, tiene un pequeño problema y es que no reconoce tener un problema. Se siente demasiado bueno para necesitar un Salvador. Como buen hombre de negocios llegó con elogios ante el Maestro, pero no pudo impresionarlo. Creyó estar hablando con su igual, entre buenos, como dos jóvenes triunfadores. Así veía las cosas el joven rico. Su pregunta: ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Muestran que está acostumbrado a conseguirlo todo por sí mismo y que se siente capaz de lograrlo. A sus ojos ni la vida eterna es ajena a sus logros. Error. No puedes pagar el resto de tu vida en el hotel más caro del mundo; ¿por qué crees que puedes comprar la vida eterna en el cielo? El pordiosero que halló un sombrero nuevo cree poder entrar en la fiesta de gala, ¡está vestido de harapos! El sombrero no puede ocultar esto.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:17
19.17 La respuesta del Señor le puso un freno a su arrogancia (mira la nota anterior). No que el Maestro negara ser Dios, sino que le negó al joven la autodefinición de ser bueno, pues ese joven no era Dios. Como diciéndole: “¿me llamas bueno porque me reconoces Dios o me llamas bueno porque tú te sientes Dios?” El rico había sacado su mejor sonrisa, pero Jesús sacó su mejor espada. Le puso el verdadero parámetro de la bondad delante de él. Eres bueno, crees tú, pero, ¿comparado con quién? ¿con los hombres o con Dios? De manera que le puso el espejo de la ley: Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Con esto le dejó en claro que no era bueno. Pero además, no le habló de ganar la vida eterna, sino de entrar en la vida; es decir, si quería tener vida verdadera y no como la que había experimentado hasta el momento, debía guardar los mandamientos de Dios (detrás de su observancia están las promesas de Dios). Los principios de Dios traen prosperidad. Para disfrutar la verdadera vida se requiere obedecer los principios de Dios. Por ejemplo, en lo natural Dios dice que nuestro cuerpo es su templo y debe ser presentado como ofrenda; por lo tanto, debe cuidarse. Cuidar el cuerpo alarga la vida; así que guardar sus mandamientos nos da una mejor calidad de vida. ¡Verdadera vida! ¿Por qué Dios condiciona la experiencia de vida a la obediencia? Porque la obediencia demuestra la sinceridad del amor mucho más que los sentimientos. Así piensa el Señor: pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos (1 Juan 5:3). El hijo que ama a su padre le obedece. La mujer que ama a su marido lo respeta. Y el creyente que ama a Cristo obedece sus mandamientos. La relación con la vida se basa en obedecer la voluntad del Padre. Sin esto no existe genuina relación con Cristo (Mat. 12:47-50). Uno de los padres de la iglesia antigua llamado Ireneo, escribió: “la gloria de Dios es que el hombre esté completamente vivo”. Es verdad, el propósito de la vida de Cristo es que vivas plenamente: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10). Puedes disfrutar la vida abundante en todas las áreas, espiritual, familiar, física, eclesiástica, económica, emocional, etc. Siempre y cuando obedezcas al Señor en los principios respectivos del reino para cada área. Es imperativo aprender a recibir la vida abundante con la misma expectativa que un niño espera en su amoroso padre. ¿Te gustaría probar el reino de Dios? ¿Te gustaría reinar en vida? ¡Atrévete a recibir obedeciendo! Pues si por la trasgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia (Rom. 5:17). La vida abundante es una recompensa y no un regalo; “si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” –fue la respuesta del Señor.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:18
19.18 La pregunta del joven rico es absurda; argumenta haber guardado todos los mandamientos de Dios y sin embargo pregunta cuáles son. Como principal entre los judíos seguramente los conocía, su fingimiento es en parte por aparentar humildad y en parte por desdén. La respuesta del Maestro es lo que se espera de todo rabí: los diez mandamientos. La ley, los mandamientos no fueron dados para salvar al hombre, sino para mostrarle cuán pecador era y cuánto necesitaba un Salvador (Gal. 3:21-24). Con todo, no comienza con el primero de ellos referente a Dios, tampoco menciona el resto de la primera tabla de mandamientos, la cual se refería precisamente a Dios; probablemente el joven rico, como la mayoría, no tenía problemas en aquello que tenía que ver con Dios, sino en lo referente al prójimo, de manera que el Señor le cita la segunda tabla. “Los preceptos de la primera tabla contienen más la esencia de la religión, los de la segunda contienen más de la evidencia de la religión. “Nuestra luz arde en el amor de Dios, pero nuestra luz brilla en el amor al prójimo” (Matthew Henry). Casi todos los creyentes que se sienten buenos suponen estar en paz con Dios, pero su verdadero problema es con sus semejantes. Jesús comenzó con no matarás, es de suponer que el carácter y posición de este hombre le hacían recio a amar al prójimo. Veamos: No matarás. ¿Has visto durante las campañas políticas o comerciales que algunos garabatean sobre sus afiches dibujando bigotes, lentes o la falta de un diente a sus fotografías? ¿Cómo se sentirá la persona a la que se le tomó tal imagen al verse maltrecho o ridiculizado? Ahora pregúntate ¿cómo se sentirá Dios cuando alguno mata a su prójimo que fue hecho a la imagen y semejanza de Dios? ¿Lo dejará pasar? El sexto mandamiento nos enseña que Dios es Vida y que tal vida fue puesta en nosotros desde el soplo a Adán; por tanto, debemos proteger la vida del prójimo para proteger la Vida que fue soplada por Dios. No desperdiciamos este don maravilloso de vivir. Amo a Dios al proteger su vida en mi prójimo. Considera el valor de la vida humana por la Vida Divina que representa: Cuando la tierra se llenó de violencia unos contra otros, fue necesario un diluvio universal; y después de éste, decretar la pena de muerte al asesino (juicio de Dios) para evitar otra posible degradación y consiguiente extinción: el que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre (Gen. 9:6). Por sólo hecho del diseño, independientemente de cómo se porte tal hombre, no debe ser asesinado; ya que tal acto se considera contra la imagen que representa. La diferencia entre pena capital y homicidio es la justicia. Si un rey decidiera hacer estatuas suyas en todo su reino y algunos súbditos desleales arremetieran contra ellas destruyéndolas, ¿no tomaría el rey esto como un acto contra él mismo? Y quien mata a su prójimo, ¿no atenta contra la imagen del que lo creó? Mira el valor de la vida humana y sus diferentes aspectos de la vida moderna: por ejemplo, el homicidio por accidente y por negligencia. La Palabra establece libertad para quien le quitó al vida a otro sin intención y sin haber entre ellos enemistad (Dt. 4:42; Ex. 21:12-13); pero decreta la pena de muerte para quien matara intencionalmente, así como para el que provocara la muerte a otro por negligencia (un ejemplo lo tenemos en Ex. 21:28-29). Considera a quien manejando su automóvil por un error involuntario atropella a alguien y lo matare, tendrá consecuencias, pero Dios no lo tiene por homicida, más si tal persona condujera ebrio y de hecho, tiene pasado en este mismo rubro, y matare a alguno, se le considera por Dios un homicida a quien su Ley quitaría la vida. Lo mismo podríamos decir de los vicios como las drogas, el cigarro, etc., que no sólo matan a quien las consume activamente, sino también a los pasivos. La ley de Moisés contemplaba incluso medidas sanitarias para los enfermos tales como la lepra, pues es un homicidio la contaminación de otro voluntariamente; por ejemplo, si alguno enfermo de sida, sabiéndose portador del virus, durmiera con otra persona sin decirle su afección, se contaría por homicidio. El aborto: Si es horrible quitarle la vida a un ser humano en la comodidad de su hogar, ¿no es mayormente monstruoso quitárselo en la comodidad del vientre materno? La Palabra dice: Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas (Sal. 139:13-16). Y también: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones (Jer. 1:5). Acerca de los que piensan que todavía no es un ser humano, tendrán que suponer que si el embrión no es un ser humano por no estar tan desarrollado como un niño de dos años, entonces el niño de dos años es sub humano respecto de un adulto de veinte. ¿Acaso no tiene el embrión su cadena genética o ADN totalmente completo de humano desde el principio? ¿Y qué del aborto judicial, digamos de quien concibió mediante una violación? La respuesta es obvia, debemos ser mejores que el violador, ¿o dará la ley unos años de cárcel al violador culpable y pena de muerte al niño inocente? He oído decir a alguna mujer que «la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo», pero Dios dice que todas las vidas son de Él (Ez. 18:4). Otro argumenta que defendamos el aborto para defender los derechos de la mujer; precisamente por eso no debemos abortar, pues al menos la mitad de esos homicidios son de mujeres. ¿Existe algún argumento médico que justifique el aborto? Si, si los hay. Pero, ¿podríamos recurrir al poder sobrenatural de Dios y a su misericordia en defensa de la vida? Debiéramos pensar en la pérdida de la vida con el aborto, cuando muere un anciano de cien años decimos: «tuvo una larga vida» y nos consolamos diciendo que ya vivió; ¿por qué no dolernos terriblemente de quien no tuvo la oportunidad de ver el sol? Alguno dirá: ¿y si viene con defecto? Respondemos: ¿se trata de vida humana o ganado de primera clase? Si enfermaras o perdieras alguno de tus miembros, ¿estarías de acuerdo en que comenzaran a succionarte poco a poco, miembro por miembro, órgano por órgano, hasta que te moliesen totalmente como en los abortos? ¿O aceptarías una solución salina en todo tu cuerpo que te produjera terribles dolores ocasionados por quemaduras y derrames cerebrales? Seleccionar quien debe y quien no debe vivir es darle la razón a Hitler con su genocidio nazi. Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza por lo que su ser está muy por encima de su apariencia física o psíquica. En un debate ante la televisión francesa, Lejeune, uno de los exponentes, preguntó a Monod, su contrincante: “de un padre sifilítico y una madre tuberculosa que tuvieron cuatro hijos; el primero nació ciego, el segundo murió al nacer, el tercero nació sordomudo y el cuarto tuberculoso; la madre queda embarazada de un quinto hijo. Usted, ¿qué haría? –Yo interrumpiría el embarazo –respondió Monod con toda seguridad. A lo que su contrincante contestó: “tengamos un minuto de silencio, acaba usted de matar a Beethoven”. Pensemos también en el mandamiento de no matarás considerando el suicidio. La Palabra hace distinción entre el suicida que perdiendo toda confianza en Dios decide quitarse la vida rodeado de tinieblas (como Saúl), y el héroe que dio su vida para rescatar a otros (como Sansón). Los primeros son tenidos como condenados por homicidas y los segundos como recompensados por su entrega. Sin embargo, esto es hablando en términos generales, pues Dios juzga cada caso en particular considerando circunstancias, estados mentales, presión psicológica, así como arrepentimiento de último momento. La eutanasia: Solicitar sea quitada la vida en la fase final de la misma me resultó en extremo difícil de juzgar, pues de hecho, no encontré evidencia ni a favor ni en contra de la misma. Se supone que debemos dejar esto en manos de Dios y ese es el enfoque cristiano; sin embargo, me presenta un problema pensar así, puesto que si hacemos todo lo que podemos por alargarla sin dejarla en las manos de Dios, ¿por qué no debemos acortarla en quien está muriendo en forma dolorosa y terrible? Con todo, no hablo de matar, sino que debemos distinguir entre ponerle fin a la vida y ponerle fin al tratamiento que lo prolonga vivo más allá del enfermo (sin dejar de cuidarlo y alimentarlo). Defensa propia: En las Escrituras, debía intentar evitarse lo más posible el derramamiento de sangre, incluso en defensa propia. Por ejemplo, leemos: si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto (Ex. 22:2-3). La diferencia estaba en que durante la noche no podía ver si el ladrón estaba o no armado o no podía ver como para considerar la forma de evitar derramar sangre; pero si era de día, tenía los elementos suficientes para intentar evitarlo. Sin embargo, si alguno defendiendo su vida quitó la vida al prójimo sin tener intención de matarle, sino que lo hizo sólo para defenderse, entonces debía huir a alguna de las ciudades de refugio entre tanto se juzgaba el caso, y era sin culpa. La guerra: La Biblia es pacifista individual, pero no así de forma nacional ante la injusticia. Muchas guerras se libraron por orden directa de Dios a la nación (Yahwéh de los Ejércitos es uno de sus nombres). Dios les dio leyes específicas para la guerra en la Ley Mosaica, lo que implica que el soldado era sin culpa al matar en batalla; con todo, la ley mantenía cierto grado de honor condenando la crueldad; además de que seguía considerando a la guerra como un asunto excepcional y anormal; ¿no impidió a David construir el templo por tener sangre en sus manos a causa de sus batallas? La pena capital: como vimos, Dios instituyó la pena de muerte a la humanidad con propósito de evitar la violencia que llevó a la destrucción de la humanidad antediluviana: El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre (Gen. 9:6). Este mandamiento fue confirmado en la Ley de Moisés y vemos que la iglesia siguió respaldándolo dentro del marco judicial: porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo (Rom. 13:4). Algunos argumentan que estamos bajo la gracia y no bajo la ley y que por ello no debe aplicarse la pena capital, pero tal razonamiento anularía toda disciplina y castigo. Además, estar bajo la gracia y no bajo la ley sólo aplica a quien no quebranta la ley, pues la Escritura misma establece que la ley es para el transgresor. Habiendo quebrantado el mandamiento, el hombre se coloca en automático bajo la ley para ser juzgado por la misma. Otros, arguyen que los juicios humanos tienen margen de error o son dados a la corrupción, por lo que no debe aplicarse la pena capital. Respondo igual que en el caso anterior, si tal es el juicio, no existiría castigo alguno ni pequeño ni grande, ni multas ni cárceles. Pues en tal caso se está pregonando que seas un gran criminal, más no un pequeño criminal. Es como esos que pelean por el cambio del «redondeo de centavos» que suelen hacer algunos establecimientos comerciales, pero luego tiran su dinero en compras ridículas. ¿Por qué algunos pelean contra la pena de muerte y no dejan primero de aborrecer a su prójimo? El valor de la vida humana respetado desde la intención: Los casos anteriores presentan muertes literales, la mayoría de las personas pueden escudarse en no haber matado nunca, pero nuestro Señor elevó dicho mandamiento a la intención del corazón, con lo cual, todos hemos pecado como homicidas: Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego (Mat. 5:21-22). Definitivamente que este mandamiento es primero para la iglesia, ¿a quién, sino a la iglesia se le puede exigir una vida interior? Por eso habla del enojo entre hermanos; aunque por supuesto aplica a todo ser humano. El Señor lleva el mandamiento al carácter interno para evitar el deslizarse hasta el homicidio externo; mira el proceso: en las ofensas: enojo, necio y fatuo. Y en las consecuencias: expuesto al juicio, culpable ante el concilio y expuesto al infierno de fuego. ¿Miras el deslizamiento y la caída del juicio a la culpa y por último la condenación? Para el reino de los cielos, la intención basta para decretarse el crimen. Cualquiera que se enoje, sin importar su grandeza, es culpable de homicidio. Existen dos palabras bíblicas griegas usadas para enojarse: Thumóo y Orguídzo. La primera de ellas se refiere a la reacción momentánea y explosiva de la pasión, al descontrol temporal de las emociones. La segunda, habla de la ira que una vez anidada en el corazón crece hasta llenar la vida de amargura y deseos de dañar al objeto odiado. Las Sagradas Escrituras utilizan la segunda palabra: Orguídzo. Tal actitud de desear lo malo al hermano expone al creyente ante el juicio de los ancianos de la iglesia. Después está el que le dice “Necio” a su hermano. Necio es la traducción del griego “Ra-cá”. Es una palabra que expresa desprecio y que dependía en gran medida del tono y de la forma en que la usara el ofensor. Esa palabra usada despectivamente, con desprecio y arrogancia podía ser sumamente hiriente en la cultura judía. Despreciar al hermano hace culpable ante el Concilio, es decir, corre el riesgo de excomunión. La siguiente ofensa a la que el Señor hace referencia es “cualquiera que le diga fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” La palabra traducida como fatuo es “morós”, y define el estado moral de un individuo. Son las palabras dedicadas a destruir la reputación o prestigio de un individuo. Jesús dijo que con la vara que medimos seremos medidos, como tal ofensa intentaba condenar a otro, hace condenable a quien así peca. Condenar a otro es emitir juicio contra uno mismo: todo aquél que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en Él (1 Juan 3:15). Se le llama homicida al que mata a uno. Multi-asesino al que mata a muchos; y genocida al que mata multitudes. ¿Cómo llamaremos al gruñón que se ha enojado con todos los que conoce? ¿Cómo puedo convencer a los cristianos de no aborrecer a sus hermanos ni matar a su prójimo? Mas gracias a Dios, su intención es nuestra santificación. La gente va a cursos de motivación, otros a cursos de capacitación; ¿qué es lo que nosotros recibimos, sino la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre? Podemos ser diferentes. Acerca de no adulterarás, la vida bajo el sol es semejante al curso de capacitación que dan en las empresas a los que habrán de ocupar puestos en la misma. Antes de estar literalmente en los cielos aprendemos a vivir como ciudadanos celestiales en la tierra. Fuimos creados para el cielo, nuestro destino es llegar a ser la compañía de Dios. Por esto es que somos puestos en la tierra en parejas (sin demérito a los solteros), a fin de aprender a amarnos como uno y de este modo, perfeccionar el amor por el cual finalmente seremos unidos a Dios. Adán y Eva fueron uno antes de ser dos; pero debían volver a ser uno, después de haber sido dos. Nosotros estamos separados de Dios, pero debemos unirnos a Él en el espíritu para un día ser hallados en Él. El divorcio es la distorsión de este llamado y como tal, del destino. Habiendo sido rescatados de Egipto, en donde tuvieron por más de cuatrocientos años, la influencia egipcia de infidelidad era considerable; así que Dios les da el séptimo mandamiento. Dentro de los diez mandamientos no podía faltar «No cometerás adulterio»; puesto que revela el carácter fiel de Dios y nos enseña a relacionarnos con Él en amor exclusivo. Conforme avanzó el tiempo, por casi mil años, el pueblo se apartó paulatinamente del Señor; llegando incluso a ser llevado en cautiverio por las naciones extranjeras. Luego, por la misericordia de Dios regresaron del cautiverio casi un siglo después en tres retornos diferentes. Dios levantó profetas que les advirtieran las razones del cautiverio para que no se repitiera, ¿qué fue lo que se les recriminó entre todos los pecados cometidos? El haber roto su Pacto matrimonial… Podía echar en cara una lista enorme de faltas, pero escogió enfatizar el adulterio, pues quien no es fiel al compañero de habitación, tampoco lo será al Señor. Este mandamiento trata acerca de la fidelidad del Pacto: Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Yahwéh de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. Mas diréis: ¿Por qué? Porque Yahwéh ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Yahwéh Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Yahwéh de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales (Mal. 2:13-16). Dios no escucha la oración de los infieles aunque estén llenas de lágrimas. Tampoco acepta sus ofrendas. El dinero y el servicio religioso no cubre el adulterio. Dios fue testigo del matrimonio y es ofendido en el adulterio. El adulterio no es cosa sólo de dos, es un pecado contra Dios. Así lo atestiguan las Sagradas Escrituras en las palabras del patriarca José ante la tentación de la esposa de Potifar: No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? (Gen. 39:9). También la oración del rey David después de su pecado con Betsabé dice lo mismo: Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio (Sal. 51:4). Dios considera el adulterio y divorcio como mutilar un cuerpo vivo. Él podía haber hecho millones de seres humanos pudiendo soplar en todos a la vez o uno por uno, pero prefirió verlos como uno sólo sacando a la mujer de Adán y teniendo el mismo soplo (Dios no volvió a soplar su aliento de vida para crear otro ser humano); por tanto, no concibe la infidelidad, sino como ajena a su creación. Dios diseñó el matrimonio para producirse hijos. En lugar de darnos hijos, nos da la capacidad de que nosotros le demos hijos a Él. Pero la infidelidad atenta contra su familia. No sólo contra tu familia, sino contra la familia de Dios. Los padres aman a sus hijos, este es el afecto natural y son capaces de defenderlos de forma impresionante. Dios más, mucho más. Y mira el adulterio como un enemigo de sus hijos. ¡Qué no harán los padres por los hijos! ¡Y qué no hará Dios por lo suyos! Hacemos chistes de cómo los padres disciplinan a los hijos, pero normalmente están dispuestos a todo por ellos. Ya anteriormente había enseñado Jesús: Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; pues mejor es que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno (Mat. 5:27-29). En toda época el adulterio ha sido muy común, desde sus inicios la sociedad está enferma. Más que cómico este acontecimiento es trágico, las Sagradas Escrituras tienen un mensaje a esto en boca de Jesús. Nuevamente Jesús va al centro del problema, al origen del pecado. En el ejemplo anterior Jesús ilustró la importancia de la intención del corazón en la justicia del Reino; ahora, con respecto al adulterio, el Maestro señala la importancia de la intención, lo mismo que la necesidad de evitar la provisión maligna de dichas intenciones. El séptimo mandamiento es al parecer, claro para los judíos: no cometerás adulterio (Ex. 20:14; Dt. 5:18). Para el judío religioso tradicional el adulterio era una acción. Más para Jesús, el adulterio nace en el deseo, se alimenta por los ojos y la consumación es sólo el fruto externo de una maldad interna. El hombre no solo es cuerpo; el hombre es espíritu, alma y cuerpo (en ese orden). Interpretar el mandamiento que prohíbe el adulterio como algo que atañe exclusivamente al cuerpo es un grave error. El cuerpo sólo es instrumento del alma, ya sea para consumar el pecado o para realizar las más nobles empresas. Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido (Stg. 1:14). Sin embargo, a pesar de que el pecado nace en el corazón, es ayudado por el cuerpo en la alimentación de sus malos deseos. Por ser el cuerpo el medio de comunicación que se tiene con el mundo (oír, ver, sentir, palpar), el alma que desea pecar alimenta su deseo por medio del cuerpo. En este caso, el corazón adúltero fortalece su deseo a través de los ojos; mirando a persona del sexo opuesto para satisfacer o acrecentar sus intenciones sensuales. He allí la advertencia apostólica: Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne (Rom.13:14). “Proveáis”, del griego “pronoia”; Pro = “antes” y noeo, “pensar”, “contemplar”. Volviendo a las palabras de nuestro Señor, ¡cuán poderosos son los términos usados por Él!: “mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró”, “mira”, “para”, “ya”. En “mira” vemos el medio, los ojos, el cuerpo. En “para” vemos el propósito, el deseo, el pecado del corazón. En “ya” vemos la consumación, la realidad, la existencia del pecado. Aún antes de la ley, hombres piadosos como Job entendían esto mismo: hice Pacto con mis ojos: ¿cómo pues, había yo de mirar a una virgen? (Job 31:1). ¡Para hacer un pacto con los ojos primero se necesita un pacto entre nuestro corazón y Dios! Un corazón que mira a Dios no usa los ojos del cuerpo para adulterar. Un corazón que mira a Dios usa los ojos del cuerpo para leer la Palabra. El corazón humano es unifocal, sólo puede mirar un sólo objeto a la vez, no puede dirigir su mirada a dos destinos diferentes. Un corazón que mira a Dios, está enfocado en Dios, sus deseos son para Dios, sus intenciones son por Dios, sus anhelos son en Dios, ¡su vida es Dios! Por eso dice la Palabra: Porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis (Rom. 8:13). Proverbios 6:25 establece: No codicies su hermosura en tu corazón… la única forma de obedecer este mandato es codiciando otra cosa mejor. Los ascetas de antaño nos mostraron que el maltrato del cuerpo no funciona contra los apetitos de la carne. La mutilación del cuerpo a la que pareciera hacer referencia el Señor en los versículos 29 y 30 (Mat. 5) no son literales. Se pueden arrancar los ojos físicos pero el pecado seguirá anidado en el corazón. Entonces, ¿qué significa cortar el ojo o la mano derecha? Primeramente al decir derecho (a) se refiere a la importancia del miembro y si debe ser cortado por causa del reino de los cielos, entonces, es una alusión a que el Reino de los cielos es más importante que cualquier otra cosa. Nuevamente aclaró que no se trata de mutilación literal. En segundo lugar, los ojos sirven para ver, para alimentar la naturaleza maligna (en este caso); mientras que las manos sirven para llevar a cabo el pecado. De modo, que Jesús está diciendo: Evita todo aquello que te fomente el mal de tu corazón y guarda tu cuerpo de proveer para él. Cortar el ojo o la mano derecha con tal de no pecar es considerarse muerto al pecado evitando todo aquello que pueda ser ocasión de caer, consagrándose sólo a Dios; así como decisiones dolorosas para mantener la integridad. Luego, cuando el Señor hace referencia al infierno, dice mejor es que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea echado en el infierno. Esto es un hábil juego de palabras y conceptos. Un pecador es echado al infierno por haber vivido para satisfacer los apetitos pecaminosos de su cuerpo; si hubiese mutilado, perdido (considerado muerto) uno de sus miembros (la fuente de su pecado) hubiera evitado su condenación. El que quiera ganar su vida la perderá, mas el que la pierda por causa de mi la hallará –sentenció el Señor. Esaú quiso satisfacer su hambre física y lo consiguió, aunque ello le costó la primogenitura. Sansón quiso deleitarse en los placeres de la fornicación acudiendo a prostitutas y lo consiguió, aunque ello le costó sus ojos, su honra y finalmente su vida física. Acán quiso satisfacer su avaricia tomando del anatema de Jericó y lo consiguió, aunque ello le costó el juicio de muerte propia y de la familia. Eva quiso satisfacer su curiosidad comiendo del árbol de la ciencia del bien y del mal, y lo consiguió, aunque ello nos ha costado a todos la condena de la muerte. Los ejemplos son innumerables; el remedio es uno solo: El Espíritu de Dios. El reino de Dios es más estricto que la Ley porque la provisión divina es infinitamente superior. El Señor demanda un control total de los miembros porque Él desea hacerlo su cuerpo. Otro gravísimo problema o consecuencia del adulterio es la corrupción del alma; esto es, quien ha cometido adulterio, aunque se haya arrepentido, ha mutado su alma de modo que no vuelve a la inocencia anterior a su falta. Dice la Palabra: más el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace (Pr. 6:32). No es cosa ligera que el adulterio aparezca primero en la lista de las obras de la carne (Gal. 5:19); la primera manifestación de una vida carnal es que pierde su fidelidad. Los primeros síntomas de un resfrío son el dolor de cabeza, cuerpo cortado y escurrimiento nasal, señal inequívoca de enfermedad; los primeros síntomas de la carnalidad son la falta de fidelidad; señal inequívoca de maldad en el corazón. Existe una profunda pérdida ante la ruptura dl Pacto. El matrimonio se basa en el diseño de uno en dos; en mantener este diseño está su bendición: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Gen. 1:27). Benditos para ser productivos y señores de la creación terrenal como uno en dos. Cuando se pierde este diseño, se pierde también su bendición de productividad y señorío. Mira cómo la infidelidad roba a los matrimonios el amor de la familia, el respeto de los amigos, el trabajo o el fruto del mismo, como son los bienes, así como la autoridad que antes se tenía. El adulterio suele tomarse como base, junto con la fornicación u otra clase de inmoralidad sexual, para el divorcio y re casamiento. Es verdad que nuestro Señor dio esta excepción a causa de la dureza del corazón de uno o de los dos; pero eso no implica que no se pierda, en mayor o menor grado, la bendición del matrimonio que está disolviéndose. También es cierto que hay perdón de Dios al adúltero como a cualquier otro pecador, incluso restauración; pero la pérdida es punto y aparte. Un ejemplo clásico es Sansón, quien recibió el perdón y su fuerza le fue restaurada; más la visión nunca más. La experiencia en esta clase de fallas es semejante a esos juegos como serpientes y escaleras o el Jenga. Siempre puedes continuar y volver a empezar, pero lo perdido ya no se recupera. Sin embargo, no deseo dejar una nota de condenación; pues la Palabra expresa ejemplos de misericordia como el de la mujer encontrada en adulterio a quien el Señor dijo no condenar y mandó no pecar más; así como la mujer samaritana y sus cinco maridos, además del que vivía entonces con ella sin casarse. Ésta última no sólo recibió perdón, sino la oportunidad de traer a los samaritanos a Jesús. Dios es bueno y justo; te perdona por misericordia y te manda dejar el pecado. Sobre el mandamiento no hurtarás, también hay mucho que decir. Robar dice: yo no respeto a Dios Podemos pensar que este mandamiento tiene como propósito proteger la propiedad privada de los seres humanos, pero aun cuando si la protege, en realidad, el mandamiento nace de proteger la propiedad de Dios. En última instancia, Dios es el Propietario de todo (de Yahwéh es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan Sal. 24:1) y los seres humanos sólo administramos temporalmente algunos de sus bienes; así que el octavo mandamiento fue dado para impedir el menosprecio de Dios como Dueño. Robar es como decirle a Dios: «no estoy de acuerdo con la distribución de recompensas ni con tus leyes y principios de prosperidad; así que tomaré lo que yo desee». Por esto la Palabra insiste a ser buenos administradores, ya que estamos siendo entrenados para recibir la herencia prometida en la eternidad: y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? (Luc. 16:12). Dice un comentario judío en el Midrash: «No robarás - Incluso nuestra Matriarca Rajel, quien robó los ídolos de su padre para evitar que éste los venerara, fue castigada negándosele el privilegio de ser enterrada en la Tumba de los Justos, Mearát HaMajpelá, pues Iaacov dijo (Génesis 31:32): Quien sea hallado con tus dioses [de Laván, padre de Rajel] que no viva. Por ello, el hombre debe cuidarse y no extender su mano para robar o hurtar. Por el contrario, procurará ganar su sustento mediante su propio esfuerzo. Si así hace, será afortunado en este mundo y en el Mundo Venidero, como expresa el versículo (Salmos 128:2): cuando comieres del trabajo de tus manos, dichoso serás y el bien estará contigo. Dichoso serás - en este mundo, y el bien estará contigo - en el Mundo Venidero» (Zohar I, 164b). Hay jóvenes que roban a sus padres y se gastan lo que un día podrían haber recibido como herencia en mucha mayor cantidad. Lo ridículo es que quedan en bancarrota antes de haber ganado algo primero. Se sabotearon a si mismos al robar a sus padres. Robar dice: yo no confío en Dios. El ladrón dice con sus actos: «como Dios no me proveerá, yo lo tomaré de mi prójimo». El octavo mandamiento protege la Propiedad Privada Divina, pero además, por cuanto se basa en confiar en Dios, protege también el honor de Dios. Dios es generoso y desconfiar de Él robando le declara injustamente mezquino. Le insulta. Por eso se incluyó el no diezmar como un robo a Dios: ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas (Mal. 3:8). El propósito de los diezmos, además de la gratitud, es el reconocimiento de la dependencia a Dios. Mira también Malaquías 1:8. Se que no falta el que diga que el diezmo era del Antiguo Pacto. Se equivoca, pues si bien el diezmo también se practicaba en el Antiguo Pacto, fue instituido en el Nuevo Pacto (Abraham fue anterior a la Ley y el pacto Antiguo; así como fue en él que Dios hizo la justificación por la fe): Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Yahwéh Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram (Gen. 14:17-23). 1.- Siempre que recibes bienes, saldrá primero el sistema del mundo a recibirte para que le des el alma a cambio de quedarte con los bienes materiales. 2.- Pero si eres de los de la fe, esperarás con tus bienes a Cristo, el Rey de Paz y de Justicia, el Sumo Sacerdote de Dios. 3.- Cristo viene a ti con Pan y Vino, el Cuerpo y la Sangre del Nuevo Pacto. Así como con su bendición. 4.- Entonces diezmarás. 5.- ¿Crees que el sistema mundano quedará conforme? No; sino que insistirá en que te quedes con los bienes y le des las almas. 6.- Ante lo cual, la respuesta cristiana debe ser: «estoy en el Nuevo Pacto con Dios, Él me ha enriquecido y nadie más». ¿Alguna vez has visto a un pájaro preocupado? ¿O armado con pistola y capucha robando? (si bien la creación también fue sujetada a vanidad por nuestro pecado y sobrevive en una cadena alimenticia). La creación en este mundo funciona porque todos sus seres vivos contribuyen diezmando; por ejemplo, la abeja obtiene lo que necesita su colmena de la flor, pero lleva el polen a la siguiente flor polinizándola. Por esto dijo el Señor que las aves y los lirios no se preocupan y Dios las sustenta y viste. Tu vales más, no te comportes inferior robando. Robar dice: yo no amo en Dios. La obediencia a cada mandamiento es una demostración del amor a Dios: si me amáis, guardad mis mandamientos –dijo el Señor (Juan 14:15). Hay muchos ejemplos sobre el robo que manifiestan cómo el hombre puede amar muchas cosas antes que a Dios: El robo por codicia. El ladrón directo. Ama más las posesiones que a Dios. El robo laboral. El empleado que sustrae, ya sea dinero, especie o tiempo. El teléfono, auto, bienes, etc. El que tiene dos trabajos y hace en uno el trabajo del otro sin autorización. El robo hormiga. Ama más unos insignificantes consumibles que a Dios. El robo administrativo. El administrador que toma dinero para sí, la estafa, el fraude. El servidor público, maestro, político que no trabaja. Ama más unos pesos o unos días libres que a Dios. El robo irresponsable. Cuando sabe que se roba y se cierran los ojos haciéndose así cómplice. Esto incluye al que compra lo que otro robó. Ama más la no confrontación (temor), que a Dios. El robo familiar. Sustraer dinero de la cartera o bolsa de los padres. Cuando se usa el dinero fuera, mientras hay necesidades no satisfechas dentro. Se vende barato. Ama más unas insignificancias compradas que a Dios. El robo vecinal. Señales de cable, Internet, servicios. Ama más la diversión y la avaricia que a Dios. El robo eclesiástico. Usar el dinero para algo diferente a lo que fue ofrendado. No diezmar. También, el dividir la iglesia tomando el fruto del trabajo ajeno. Ama más a sí mismo que a Dios. El robo nacional. No pagar impuestos. Ama más la rebeldía que a Dios. Me recuerda a los dos ladrones conversando en la cárcel: «estoy aquí por tratar de hacerme rico rápidamente, y tú, ¿por qué estás aquí? «Yo por intentar de hacerme el pobre ante la Secretaría de Hacienda» -respondió el otro ladrón. El robo estudiantil. Cuando el estudiante falta o incumple haciendo sólo lo necesario para pasar. Su padre paga el cien por ciento de la colegiatura, sacar menos que cien es deuda. Ama más la irresponsabilidad e indolencia que a Dios. El robo comercial. Cuando engaña en la negociación: Pesa falsa y medida falsa, ambas cosas son abominación a Yahwéh. El que compra dice: Malo es, malo es; mas cuando se aparta, se alaba (Pr. 20:10, 14). Falsificar pesas y medidas. Bajar la calidad de los materiales. La piratería. Ama más la mentira que a Dios. El robo sobreviviente. Por hambre o necesidad; hijos, un familiar enfermo, la guerra, etc. Parece justificable, pero ¿qué dice la Biblia? No tienen en poco al ladrón si hurta para saciar su apetito cuando tiene hambre; pero si es sorprendido, pagará siete veces; entregará todo el haber de su casa (Prov. 6:30-31). No supongas que es divertido como el ladrón preso que se quejaba diciendo: «me metieron por robar pan una vez y aquí me lo traen gratis todos los días». El robo “justiciero”. Tipo Robin Hood que dice quitarle al rico para darle al pobre. Ama más su gloria que la de Dios. El peor robo de todos en la Ley de Moisés era el secuestro. Considerado asesinato social, ¡delito grave es privar de la libertad, y la Ley bíblica lo castiga con la muerte. No ama a nada ni a nadie. El robo de voluntad. La manipulación de las personas engañándolas o seduciéndolas. Ama más a las tinieblas que a Dios. El robo de oportunidad. No planeado, del momento, cristalazo, estirar la mano. Dicen los judíos: «no culpes al ratón, sino al hoyo en la pared». Los mexicanos tenemos un dicho semejante: «la ocasión hace al ladrón». El hombre ha inventado muchas formas de robar; ¿será que extraña el señorío inicial? Todos estos, por mucho que almacenaren, nunca serán ricos. Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. En resumen, aunque regula las relaciones humanas y la propiedad privada, el octavo mandamiento tiene como propósito honrar a Dios respetándolo por cuanto Él es el verdadero dueño de todo. Confiando en Él, ya que es bueno y generoso, además de justo. Y amándolo por cuanto nos ha amado tanto, primero creándonos y segundo sustentándonos con mucho más de lo necesario. Y sobre el mandamiento: no hablarás contra tu prójimo falso testimonio (Éxodo 20:16), tan tenido en poco por el mucho hablar de los humanos. Conversamos por todo y con todos, no sólo conocidos, sino también desconocidos; ¡hasta solos hablamos! Las palabras son sumamente importantes, con ellas hizo Dios los cielos y la tierra; además de seguir sustentando todas las cosas. Nada es más tangible, sabio y poderoso que su Verbo. Las palabras de los seres humanos son especialmente importantes cuando tratan de su prójimo. ¡He allí la gravedad de las malas palabras expresadas sobre los demás! ¿Qué tan peligroso es el chisme que su prohibición se incluyó entre los diez mandamientos? Considera cuánto mal se hace dando falso testimonio: hogares destruidos, iglesias mermadas, ministerios deshechos, proyectos no empezados, países empobrecidos, empresas quebradas, vidas arruinadas, etc. Las buenas palabras, por su parte, tienen beneficios maravillosos: edificación, sanidad, restauración, progreso, bendición, unidad, amor, etc. Mira al niño educado con buenas palabras. Mira a la mujer enamorada con amorosas palabras. Mira los negocios con sabias palabras. Mira al hombre exitoso con admirables palabras. Entendamos el marco del falso testimonio: Originalmente el mandamiento fue dado dentro del sistema de justicia de Israel; pero no es exclusivo al sistema judicial. Esto es, el mandamiento protege la justicia en todo el reino de Dios. ¿Por qué? Porque el reino de Dios fue hecho y se conduce por la Palabra. ¿Quién es el adversario del reino de los cielos? Satanás. ¿Cómo se le conoce? Como el padre de mentira, el acusador, y el calumniador. Nota que son tres características relacionadas al falso testimonio. Es como si quebrantar este mandamiento fuera directamente a favor de los propósitos de Satanás. Quien da falso testimonio miente o acusa o calumnia; y con esto, ayuda al mismo diablo. La próxima vez que estés hablando de alguien piensa: ¿a quién estoy sirviendo con mis palabras? El noveno mandamiento fue dado dentro de un marco judicial, como vimos, pero su principio es enseñar la lealtad de Dios. Él es fiel y todo el que quiera relacionarse con Él, también debe ser leal a sus relaciones. El universo entero está en una batalla de palabras… Permíteme ilustrarlo; hicieron falta millones de obreros y millones de toneladas para la edificación de la muralla china, de la cual, actualmente sólo queda el 30% de ella. ¿Cuántos obreros hacen falta para la edificación del reino de Dios? ¿Y qué están destruyendo o edificando todos los que hablan el mal? Si para una obra de hombres que habría de transformarse en reliquia hicieron falta tantas personas de innumerables esfuerzos sostenidos uno tras otro; ¡mucho más es necesaria la participación de todos los hijos de Dios para la edificación del reino! Y si la palabra de un embajador tiene repercusiones positivas y negativas para la nación que representa; ¡mucho más serán relevantes las palabras de los súbditos y embajadores del reino de los cielos! Las variadas formas del falso testimonio: Difamación. Cuando la gente habla contra otro con el propósito de desacreditar a un tercero, independiente-mente de si lo dicho es mentira o verdad, la intención hace la difamación. La difamación incluye la tergiversación, por ejemplo, Jesús dijo: destruid este templo y en tres días lo levantaré (Juan 2:19), hablando de su cuerpo. Pero en el juicio contra él, sus enemigos dieron falso testimonio diciendo que había dicho: «puedo derribar el templo de Dios y en tres días reedificarlo» refiriéndose al templo de Jerusalén. También pueden mezclarse éstas dos como verdades tergiversadas. Por ejemplo, se cuenta de cómo un marino desacreditó a su capitán informando: «mi Capitán hoy no está ebrio»; no mintió, pero hizo pensar algo diferente, pues su Capitán nunca bebía. La calumnia. Es la acusación de haber realizado algún delito sin que esto sea verdad. Es la injuria. Los inventores de males no faltan, ¿qué hacer al respecto? Dijo George Washington: «perseverar en el cumplimiento del deber y guardar silencio es la mejor respuesta a la calumnia». El chisme. Es un atentado con palabras contra la vida del prójimo: No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Yahwéh (Lev. 19:16). El grave problema del chismoso es que suele sucederle precisamente lo que esperaba provocarle a aquel de quien habló mal. La Ley de Moisés contemplaba esto en mandamiento y el reino en forma de principio: Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti (Dt. 19:18-19). ¡El chisme es un boomerang! El mundo lo dice burdamente, pero de forma certera: «el que escupe para arriba, del cielo le cae la saliva». El juicio fuera del sistema judicial: Juzgar sin un tribunal civil o eclesiástico es muy común y muy peligroso también. Señalar con el dedo también es un boomerang. Dijo nuestro Señor: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? (Mat. 7:1-3). Tu eliges cuánta misericordia usarán contigo. Cuidado con la doble moral: Si otro falla es pecado, pero si tu fallas es debilidad. ¿Que al otro lo disciplinen o castiguen, que a ti te den otra oportunidad? La adulación; La diferencia con el elogio es la intención de sacar provecho personal. La maldición: Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda (Judas 9). Siendo que antes de su caída el adversario fue un querubín en rango celestial superior al arcángel Miguel, el arcángel no lo maldijo aunque ahora fuese diablo. ¡Tal es el respeto de la autoridad para los celestiales! Amados, el falso testimonio no es insignificante. Es mucho el daño que ocasiona y casi siempre imposible restaurar lo afectado. El daño del falso testimonio: Martillo y cuchillo y saeta aguda es el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio (Pr. 25:18). Martillo, cuchillo y saeta aguda. Armas muy gráficas. El falso testimonio es martillo que aplasta. La palabra hebrea significa literalmente «rompedor». Son las palabras que aplastan, que quiebran la reputación del prójimo. Un ejemplo es lo que se dice contra una organización, no tiene como propósito lastimar a alguno, sino quebrantar la organización, acabarla. ¿Te has machucado un dedo con un martillo? ¿a dónde diriges el dedo? ¡A la lengua! Vaya que duele y puede reventarte el dedo, lo pone negro y hasta podrías perderlo. Así las palabras del chismoso amargan, ennegrecen la vida y pueden amputarla o destruir su destino. El falso testimonio es cuchillo que hiere. Son los comentarios hirientes, las frases que lastiman, dedicadas a sacar lágrimas, a deprimir, a producir dolor a un individuo o familia. Las palabras son semejantes; debemos usarlas como bisturí de cirujano y no cómo navaja de maleante. El falso testimonio es saeta que alcanza. Las palabras son un arma impresionante, ya que pueden matar a distancia; sin importar cuán lejos esté la persona contra la que se dirigen; sobreviven considerablemente el tiempo; y no tienen problemas de dirección, cambian de rumbo fácilmente. Incluso pueden retomar fuerza conforme encuentran personas que les ponen interés. El tiro con arco requiere precisión, pero también fuerza para tensar la cuerda. El falso testimonio usa una gran cantidad de energía y fuerza almacenada de maldad. Ser chismoso es cansado y agotador. Martillo, cuchillo y saeta; no debe ser esa la definición de nuestra lengua. En su lugar sea llamada medicina, tesoro y fortaleza.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:19
19.19 Aunque el Señor no dio todos los mandamientos del decálogo al joven rico, sí le citó algunos que suponemos el sabía, en su discernimiento, que dicho joven incumplía. Sobre: Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahwéh tu Dios te da (Éxodo 20:12), que lleva implícito promesa, lo que significa entrar en la vida, tema que preguntó el joven. Veamos: La relación de autoridad para conocer al Padre. Dios comienza las ordenes que rigen las relaciones entre seres humanos a partir de este mandamiento (aunque el Señor lo citó al final); esto es así pues la honra a los padres es la mejor representación de la relación de autoridad. Todas las relaciones humanas existen bajo la autoridad divina, solo funcionan si no irrespetan la autoridad de Dios en el prójimo. Todos los problemas entre los hombres son problemas de autoridad. Considera los conflictos en diversos aspectos, familia, jefes y empleados, amistades, etc.; y verás que se trata de problemas de autoridad. De modo que el quinto mandamiento establece la base de todas las relaciones humanas: respeto a la autoridad. El quinto mandamiento comienza diciendo «honra». Es la traducción del hebreo kabad, que literalmente significa «dar peso» y se deriva del término kabod, «pesado». Se traduce constantemente como «gloria». Así que honrar es dar gloria o procurar la gloria de.; o lo que es lo mismo, hacer glorioso. Los hijos han de hacer lo necesario para que sus padres sean gloriosos. Cuidan su reputación, salud, comodidad, bienestar, éxito, todo lo que contribuya a una mejor opinión de su ser. La vida es sabia. Nacemos pequeños, seres desvalidos que necesitamos protección. Bebés de comportamiento egoísta a causa de su necesidad, tiranos por indefensión, para darle a los padres la oportunidad de amar a quien tanto lo necesita. Pero después envejecemos; entonces es el anciano quien parece egoísta por razones semejantes, para darle la oportunidad a los hijos de amar a quien tanto lo necesita. Con todo, el quinto mandamiento está dirigido a los hijos y los padres no han de aprovecharse de esto para ordenar ser sustentados o vivir de ellos, pues en tal caso, no hay honra ni gloria verdadera, sino abuso. Citando el mandamiento, el Nuevo Testamento añade antes de pronunciarlo: hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo (Efesios 6:1), luego reitera el mismo mandamiento en los siguientes versículos. ¿Por qué debe honrarse a los padres? Porque es justo: Es justo por causa de la ley de supervivencia. Si no se transmite el conocimiento de los padres a los hijos, la siguiente generación caerá en la barbarie. Hoy los hijos aprenden en la escuela y tienen medios de comunicación con información en abundancia, pero al principio no fue así, sino que era responsabilidad casi exclusiva de los padres instruirlos. Es justo por la ley de la siembra y la cosecha. Se honra a los padres y después será honrado por sus hijos. Sembrar deshonra también trae cosecha. Recuerdo una frase antigua que en mi pueblo decían los padres a sus hijos: ¡Te deseo que tengas un hijo como tú! Del hijo depende si esto es una promesa o una advertencia, una bendición o una maldición. Es justo por la ley de gratitud, pues los padres invirtieron dando vida, cuidando, sustentando, etc., por tanto, se está en deuda con ellos. Sobre cómo honrar a los padres, incluye todo aquello que haga a sus padres más gloriosos; por ejemplo: Obedecerlos, como vimos, porque esto es justo. Invertir bienes o dinero en ellos: Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres (Mateo 15:4-9). Algunos decían que no podían darle nada a sus padres porque ya lo estaban dando a Dios y no tenían más; otros, simplemente decían dar porque Dios les mandaba, pero no porque ellos amaran a sus padres. No era de corazón. Ligado a lo anterior, cuando la Palabra expresa las condiciones de ayuda social a las viudas, ordena a los hijos sostener a su madre (lógicamente, si el padre también lo requiriera, aplica igualmente, pues lo aclara): Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios (1 Tim. 5:4). Prácticamente todo acto que contribuya a la gloria de los padres debe hacerse, como el ponerse de pie ante los mayores: Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Yahwéh (Lev. 19:32). Es vergonzoso haber perdido esta grata costumbre. Nada cuesta dar honra de pie al mayor. El principio es que si no honra a sus padres ni a los mayores a quienes ha visto, ¿cómo honrará a Dios a quien no ha visto? Si pierdes la línea de autoridad con tu prójimo inmediato, tampoco la tendrás con la autoridad máxima que es Dios. La honra en tiempos bíblicos incluía aspectos más allá de hijos a padres, algunos ejemplos son: Postrarse delante de los reyes. Tenemos a Cornelio erróneamente, pero hincándose ante Pedro como si fuera el César. ¡Cuánto honraba al siervo de Dios que lo tomó por rey! Pedro lo interpretó como adoración. Entiendo a uno y a otro. Cornelio no sabía que sólo ante Dios debía hincarse, pero Pedro tenía prejuicio al estar delante de un gentil. Llamarle señor al marido era una costumbre bíblica de época patriarcal que los ministros cristianos del primer siglo recomendaban no debía perderse: como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza (1 Pedro 3:6). Si fue válido para ellos, también lo es para nosotros. Es tal la honra bíblica, especialmente de hijos a padres, que incluso los padres tenían potestad de escoger con quién casar a sus hijos e hijas (1 Cor. 7:38). Hoy algunos jóvenes dicen que los padres no deben meterse en esto y que les atañe solo a ellos, pero, ¿cómo no opinarán nada después de engendrarlo y de darle 20 años de cuidados, dirección y sustento? “No te metas en mi vida” -dice el hijo sin sabiduría. ¡Pero fue él quien se metió en la vida de los padres! Ellos ya estaban juntos cuando él llegó. Otro dice: “yo no pedí nacer”, lo cual tampoco le excusa para no saber vivir. La recompensa de la honra: que tus días se alarguen en la tierra que Yahwéh tu Dios te da. La recompensa a este mandamiento lleva implícita retener la libertad recibida. Se les libertó de Egipto y luego se les dieron mandamientos para saber cómo vivir en la libertad, a fin de no volver a perderla. Especialmente porque ahora no vivirían en Egipto, sino en la tierra prometida (nota que dice larga vida en la tierra prometida, pues impíos pueden tener larga vida física sin que sea la vida preparada por Dios), figura de la vida de iglesia. Siendo que los padres tenían la responsabilidad de trasmitir dichos mandamientos a sus hijos, si los deshonraban, perderían los mandamientos y a la postre, su vida bendecida. Por esto también los padres no deben evadir la disciplina. Los hijos que deshonran a sus padres se pierden la vida que Dios les tenía preparada, sus promesas. Quizá alguno se asuste ante la probabilidad de que su vida sea acortada por no haber honrado a sus padres: -Pastor, ¿qué hago? Mis padres ya fallecieron y no los honré. –¡Busca ancianos y hónralos! Era tan grave el riesgo que les presentaba la deshonra a los israelitas que si los hijos deshonraban a los padres, la nación peligraba. Por esto es que se les dio el mandamiento de que los hijos rebeldes debían morir: Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá (Dt. 21:18-21). Suena terrible, pero en un tiempo de poca civilización y gran peligro de deshumanización, había que tomar medidas extremas para no corromperse del todo. Hoy no los matamos, pero el principio es el mismo. La honra alarga la vida y la deshonra la acorta. Esto aplica no sólo respecto de la vida física, sino de la espiritual también; ¿por qué crees que existen jóvenes fríos en cuanto a las cosas de Dios? La deshonra quita la vida verdadera, la lámpara o vida interior se apaga: Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa (Pr. 20:20). ¿Conoces personas envejecidas antes de tiempo? Decrépitos, débiles, enfermos mentales, muertos prematuramente… no todos se deben a la deshonra por supuesto, pero muchos sí. Es increíble que sintiéndose no necesitar a los padres terminen volviéndose necesitados como bebés. Con todo, esto es una gran oportunidad para la próxima generación de honrar y alargar su vida revirtiendo toda maldición en bendición. La Autoridad y las autoridades: El quinto mandamiento establece el principio de honrar la autoridad, no sólo al padre, sino también a la madre, pues se hace una alusión directa a ella. La Autoridad es Dios y todas las demás autoridades son delegadas por Él, por lo que honrarlas es dar gloria a quien les delegó autorización para ejercer poder, ya sea familiar, civil o religioso. Es seguir el orden de autoridad, como en la familia: Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo (1 Cor. 11:3). Desde luego podríamos seguir la línea de la mujer a los hijos. Además de las autoridades familiares; la Biblia también habla de: Padres espirituales como Eliseo que llamaba padre mío a Elías (2 Reyes 2:12). O civiles como David que llamaba padre al rey Saúl (1 Sam. 24:12). Incluso laborales en donde los siervos obedecen a los amos, actualmente empleados a jefes (Ef. 6:1-3, 5-8). Esto aplica igualmente en autoridades escolares y cualquier orden de autoridad ha de ser honrado. El límite es el amor a Dios (Mat. 10:37), pues jamás estarás dando gloria a Dios obedeciendo a los padres en algo contra Él. Es necesario obedecer solo en el Señor (Ef. 6:1: Col. 3:20). Prácticamente el declive comienza con un niño sacando la lengua a su padre o dando un manotazo a su madre. Si se permite, la vida inicia su deslizarse. También, es común tomar la bandera de héroe queriendo cambiar lo que se considera injusticia mediante el irrespeto a la autoridad. Creerse estar con derecho de quitar la autoridad. En la película Batman, por ejemplo, el personaje que habrá de convertirse luego en dos caras, el comisionado o alcalde, dijo: “si el héroe vive lo suficiente, se transforma en un villano”. Esto he encontrado, que el revolucionario al ganar se transforma en un tirano. El que no respeto la autoridad hacia arriba, tampoco la respetará hacia abajo. Detrás de cada rebelde existe un tirano. El principio de honra a la autoridad nos defiende de perdernos a nosotros mismos y enseguida, nuestra libertad. Y como concluyendo sobre los mandamientos, el Señor se refirió al joven rico con el segundo más grande mandamiento: amarás a ti prójimo como a ti mismo. Esto es el resumen de la segunda tabla del decálogo dado por Dios a Moisés. Los diez mandamientos fueron dados en dos tablas de piedra; son semejantes a la cruz de Cristo formada por dos travesaños. En apariencia, la cruz es una manifestación de dolor, pero al mirar su propósito detrás de ella, encontramos un acto de amor. Así son también los mandamientos. Ambas piedras, lo mismo que ambos travesaños, tienen el propósito de mostrar amor y no dolor. Te explico: la primera tabla habla acerca de amar a Dios; la segunda, sobre amar al prójimo. Eso es la cruz, un madero vertical representando el amor a Dios; y un madero horizontal, el amor al prójimo. Desde esta perspectiva, la cruz es un deleite, no un sufrimiento. La primera tabla tenía cuatro mandamientos: 3+1 Dios y el hombre. La segunda tabla tenía seis mandamientos: número de hombre; el hombre con el hombre. Son pues los diez mandamientos el camino de amor para con Dios y para con los hombres. Quien los guarda, guarda la ley del amor; o mejor dicho, sólo amando guardamos los mandamientos: Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio (2 Juan 1:6). Jesucristo no abrogó los diez mandamientos, pero le dio una interpretación más allá que la definición de los fariseos; con un carácter espiritual, sin dejar de ser práctico; e interno mayor que la apariencia o actos externos. En resumen, dio el verdadero sentido de la observación de los mandamientos (Mat. 5:17-22).
— Roberto Tinoco
Mateo 19:20
19.20 La respuesta del joven rico es soberbia y voluntariamente ciega. Niega haber faltado alguna vez a los mandamientos de Dios, cuando solo Dios puede hacer esto. Está lleno de carbón diciendo que no ha entrado en la mina; es el asesino negando su homicidio mientras está manchado de sangre; un ladrón hallado con el botín al hombro que argumenta no haberlo hecho. Aquí falta el cincel de la verdad para romper la congelada coraza de la falsa justicia. Era un joven y decía haber guardado todo esto desde su juventud, en realidad no hay hombre que haga el bien y nunca peque. El médico no puede ayudar a quien rechaza estar enfermo. Este hombre ignoraba que único requisito ante el Salvador es reconocer estar perdido creyendo que puede ser salvado.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:21
19.21-22 El cincel fue acomodado y el mazo descendió sobre él. Jesús fue directo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. ¡Zas! Este hombre no vino a buscar la vida eterna, sino a presumir que se la merecía; así que fue confrontado con su terrenidad, no porque el Señor deseara que todos sus seguidores sean pobres, pues no volvió a pedirle tal cosa a ningún otro, ni siquiera a los creyentes ricos que menciona la Biblia como salvos. El problema de este joven era la autosuficiencia, no hay Salvador para el que no se siente perdido. Estaba acostumbrado a pagar por todo, pero ahora el Rabí le pide negar lo que es, abandonar sus éxitos, romper la muleta en la que recargaba su orgullo, el dinero, descolgar los títulos de la pared y esconder los trofeos. No pudo sufrirlo y se fue triste. Su historia es el examen a todos, ¿qué tienes en tu vida que te haría irte triste si Jesús te lo pidiera? Ese es tu punto de quiebre, te recomiendo estar dispuesto a darlo antes de que te sea solicitado.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:22
19.21-22 El cincel fue acomodado y el mazo descendió sobre él. Jesús fue directo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. ¡Zas! Este hombre no vino a buscar la vida eterna, sino a presumir que se la merecía; así que fue confrontado con su terrenidad, no porque el Señor deseara que todos sus seguidores sean pobres, pues no volvió a pedirle tal cosa a ningún otro, ni siquiera a los creyentes ricos que menciona la Biblia como salvos. El problema de este joven era la autosuficiencia, no hay Salvador para el que no se siente perdido. Estaba acostumbrado a pagar por todo, pero ahora el Rabí le pide negar lo que es, abandonar sus éxitos, romper la muleta en la que recargaba su orgullo, el dinero, descolgar los títulos de la pared y esconder los trofeos. No pudo sufrirlo y se fue triste. Su historia es el examen a todos, ¿qué tienes en tu vida que te haría irte triste si Jesús te lo pidiera? Ese es tu punto de quiebre, te recomiendo estar dispuesto a darlo antes de que te sea solicitado.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:23
19.23-24 Jesús no está en contra de las riquezas, de hecho, la Biblia está llena de promesas de riquezas a quienes obedecen los principios de prosperidad escritos por Dios en su Libro. Jamás está la pobreza en el lado de la virtud en el reino de Dios y siempre se menciona a las riquezas en la lista de las bendiciones del reino. De manera que Jesús no está en contra de la prosperidad material, sino de la confianza en dicha prosperidad. Para ilustrarlo, puso un ejemplo que los judíos podían comprender. Cuando llegaba la noche se cerraban las puertas de la ciudad, todas, salvo una pequeña puerta por donde podían controlar el acceso a la ciudad uno a uno. Esa puerta era conocida como la aguja, pues era estrecha y no muy alta. Un hombre debía inclinarse un poco para cruzarla. He allí el problema para los mercaderes, aquellos que traían mucho con ellos. Pasar un camello era toda una hazaña. Primero debían descargarlo, luego ponerlo de rodillas y entonces obligarlo a arrastrarse de rodillas para pasar la puerta de la aguja. Con frecuencia los animales se resistían. Tal es el hombre que tiene su confianza en las riquezas: sufrirá para postrarse y humillarse, pero solo así entrará al reino de los cielos. Dios no te desea pobre, sino humilde de carácter. No quiere tu dolor, sino tu confianza. Prospera, pero no confundas la prosperidad con las posesiones; pues aunque tengas mucho, que lo que tengas no te posea a ti.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:24
19.23-24 Jesús no está en contra de las riquezas, de hecho, la Biblia está llena de promesas de riquezas a quienes obedecen los principios de prosperidad escritos por Dios en su Libro. Jamás está la pobreza en el lado de la virtud en el reino de Dios y siempre se menciona a las riquezas en la lista de las bendiciones del reino. De manera que Jesús no está en contra de la prosperidad material, sino de la confianza en dicha prosperidad. Para ilustrarlo, puso un ejemplo que los judíos podían comprender. Cuando llegaba la noche se cerraban las puertas de la ciudad, todas, salvo una pequeña puerta por donde podían controlar el acceso a la ciudad uno a uno. Esa puerta era conocida como la aguja, pues era estrecha y no muy alta. Un hombre debía inclinarse un poco para cruzarla. He allí el problema para los mercaderes, aquellos que traían mucho con ellos. Pasar un camello era toda una hazaña. Primero debían descargarlo, luego ponerlo de rodillas y entonces obligarlo a arrastrarse de rodillas para pasar la puerta de la aguja. Con frecuencia los animales se resistían. Tal es el hombre que tiene su confianza en las riquezas: sufrirá para postrarse y humillarse, pero solo así entrará al reino de los cielos. Dios no te desea pobre, sino humilde de carácter. No quiere tu dolor, sino tu confianza. Prospera, pero no confundas la prosperidad con las posesiones; pues aunque tengas mucho, que lo que tengas no te posea a ti.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:25
19.25-26 La gracia de Dios es indispensable para salvación. La vida eterna es imposible de conseguir o alcanzar por mérito propio; esto es un regalo de Dios por medio de la fe en Jesús (Ef. 2:8-9). El joven rico (mira el contexto) afrentó este principio creyéndose bueno y merecedor del cielo; él tenía su codicia; pero todos tenemos algo. Por ello es imprescindible reconocer nuestra incapacidad y solicitar misericordia a Dios para ser salvos. Para los hombres, ser salvos es imposible; solo Dios puede darnos vida eterna. No necesitas hacer algo o ser una persona perfecta, lo que realmente necesitas es un Salvador. Esto fue confirmado por el Señor diciendo: otra vez os digo. La versión Reina Valera dice mas para Dios, todo es posible. Sin embargo, en el texto griego no dice: para Dios, sino con Dios. La palabra griega usada aquí no significa para Dios, sino junto a Dios. No es Dios aparte del hombre, sino el hombre unido a Dios, amándole y siguiéndole. Como lo expresa el apóstol Pablo a los Filipenses al decir todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil.4:13). No es Pablo sin Cristo, pero tampoco es Cristo sin Pablo, sino Pablo siendo uno con Cristo como puede todo. Así que lo que el Señor Jesucristo estaba diciendo es que el vivir en el reino de Dios es imposible para el hombre sin estar unido a Dios. Por eso dice la Palabra que a los que le recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12). Sin Él es imposible ser y comportarse como hijos de Dios; pero unidos a Él tenemos el poder de ser y de comportarnos como hijos de Dios. No se trata de imitar la vida cristiana, sino de unirse a Cristo por la fe para ser hecho cristiano. ¡Con Dios, unidos a Dios, todo es posible! La palabra posible en griego es dunatos de donde también viene dinamita. Separados del Señor nada podemos hacer, pero unidos a Él somos dinamita! ¿Qué es ser uno con Dios? Ser uno con Dios es el resultado de un proceso espiritual que se lleva a cabo a partir del momento en el que creímos en Cristo. En 1 Corintios 6:17 dice que el que se une al Señor, un espíritu es con Él. Habiendo creído en Cristo lo recibimos por fe, de modo que Él vive espiritualmente en nuestro espíritu (2 Tim. 4:22). ¡Él vive en nuestro corazón! Como dicen las Sagradas Escrituras: para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones (Ef. 3:17). De esta manera venimos a ser miembros de Cristo y uno con Cristo. Al recibirlo en nuestro corazón por la fe somos unidos al cuerpo de Cristo que es la iglesia y siendo que somos miembros del Cuerpo de Cristo no estamos separados de Cristo, sino que seamos uno con Él. Mis manos no son aparte de mí sino uno conmigo. Así también todos los miembros de mi cuerpo no son aparte de mí, sino uno conmigo. Si fuesen aparte de mí no serían mi cuerpo, ni uno conmigo. Así también Cristo y el creyente no son dos, sino uno solo. Dice en 1 Corintios 12:12 porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. No dice así también la iglesia, sino así también Cristo. Porque una vez que recibimos a Cristo ya no somos aparte de Él, hemos perdido nuestra identidad individual para ser parte del Cuerpo de Cristo como un miembro más. Comprendemos ahora que no podemos vivir en el reino de Dios aparte de Dios, de hecho, separados del Señor nada podemos hacer. Pero con Dios, esto es, unidos a Dios, siendo uno con Cristo a través del Espíritu entonces todo es posible, pues todo el poder que hay en Dios y toda la vida que Dios es fluye en nosotros al ser miembros del Cuerpo de Cristo, siendo lógicamente uno con Él. Vivir en el reino de Dios solo es posible con la vida de Dios. Si yo quisiese vivir bajo el agua necesitaría un sistema respiratorio como el de los peces, necesitaría la naturaleza de los peces. Del mismo modo, vivir en el reino de Dios sólo es posible con la naturaleza de Dios. Como hombre no puedo vivir en el agua, como pez sí podría. Como hombre no puedo vivir en el reino de Dios, pero con la vida de Dios en mí, que es su naturaleza, sí puedo vivir en el reino de Dios. Haz hoy tu decisión por Cristo y recíbelo por la fe en tu corazón. Pídele perdón por tus pecados y que entre a tu espíritu para que puedas vivir la vida cristiana. Es la única manera. Así como un animal no puede aprender el ser hombre, así tampoco un ser humano puede aprender a vivir cristiano sin estar en Cristo. Puede llegar a ser un gran religioso que se parezca mucho a un verdadero cristiano, pero no será cristiano. A los ojos de Dios es tan absurdo como un simio manejando un automóvil para sentirse hombre. Para ser hombre hay que nacer hombre; así también para ser hijo de Dios y vivir en su reino es necesario e indispensable nacer de Dios. Jesús sigue diciendo hoy: os es necesario nacer de nuevo. Sólo con su naturaleza es posible entrar al reino de Dios.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:26
19.25-26 La gracia de Dios es indispensable para salvación. La vida eterna es imposible de conseguir o alcanzar por mérito propio; esto es un regalo de Dios por medio de la fe en Jesús (Ef. 2:8-9). El joven rico (mira el contexto) afrentó este principio creyéndose bueno y merecedor del cielo; él tenía su codicia; pero todos tenemos algo. Por ello es imprescindible reconocer nuestra incapacidad y solicitar misericordia a Dios para ser salvos. Para los hombres, ser salvos es imposible; solo Dios puede darnos vida eterna. No necesitas hacer algo o ser una persona perfecta, lo que realmente necesitas es un Salvador. Esto fue confirmado por el Señor diciendo: otra vez os digo. La versión Reina Valera dice mas para Dios, todo es posible. Sin embargo, en el texto griego no dice: para Dios, sino con Dios. La palabra griega usada aquí no significa para Dios, sino junto a Dios. No es Dios aparte del hombre, sino el hombre unido a Dios, amándole y siguiéndole. Como lo expresa el apóstol Pablo a los Filipenses al decir todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil.4:13). No es Pablo sin Cristo, pero tampoco es Cristo sin Pablo, sino Pablo siendo uno con Cristo como puede todo. Así que lo que el Señor Jesucristo estaba diciendo es que el vivir en el reino de Dios es imposible para el hombre sin estar unido a Dios. Por eso dice la Palabra que a los que le recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12). Sin Él es imposible ser y comportarse como hijos de Dios; pero unidos a Él tenemos el poder de ser y de comportarnos como hijos de Dios. No se trata de imitar la vida cristiana, sino de unirse a Cristo por la fe para ser hecho cristiano. ¡Con Dios, unidos a Dios, todo es posible! La palabra posible en griego es dunatos de donde también viene dinamita. Separados del Señor nada podemos hacer, pero unidos a Él somos dinamita! ¿Qué es ser uno con Dios? Ser uno con Dios es el resultado de un proceso espiritual que se lleva a cabo a partir del momento en el que creímos en Cristo. En 1 Corintios 6:17 dice que el que se une al Señor, un espíritu es con Él. Habiendo creído en Cristo lo recibimos por fe, de modo que Él vive espiritualmente en nuestro espíritu (2 Tim. 4:22). ¡Él vive en nuestro corazón! Como dicen las Sagradas Escrituras: para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones (Ef. 3:17). De esta manera venimos a ser miembros de Cristo y uno con Cristo. Al recibirlo en nuestro corazón por la fe somos unidos al cuerpo de Cristo que es la iglesia y siendo que somos miembros del Cuerpo de Cristo no estamos separados de Cristo, sino que seamos uno con Él. Mis manos no son aparte de mí sino uno conmigo. Así también todos los miembros de mi cuerpo no son aparte de mí, sino uno conmigo. Si fuesen aparte de mí no serían mi cuerpo, ni uno conmigo. Así también Cristo y el creyente no son dos, sino uno solo. Dice en 1 Corintios 12:12 porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. No dice así también la iglesia, sino así también Cristo. Porque una vez que recibimos a Cristo ya no somos aparte de Él, hemos perdido nuestra identidad individual para ser parte del Cuerpo de Cristo como un miembro más. Comprendemos ahora que no podemos vivir en el reino de Dios aparte de Dios, de hecho, separados del Señor nada podemos hacer. Pero con Dios, esto es, unidos a Dios, siendo uno con Cristo a través del Espíritu entonces todo es posible, pues todo el poder que hay en Dios y toda la vida que Dios es fluye en nosotros al ser miembros del Cuerpo de Cristo, siendo lógicamente uno con Él. Vivir en el reino de Dios solo es posible con la vida de Dios. Si yo quisiese vivir bajo el agua necesitaría un sistema respiratorio como el de los peces, necesitaría la naturaleza de los peces. Del mismo modo, vivir en el reino de Dios sólo es posible con la naturaleza de Dios. Como hombre no puedo vivir en el agua, como pez sí podría. Como hombre no puedo vivir en el reino de Dios, pero con la vida de Dios en mí, que es su naturaleza, sí puedo vivir en el reino de Dios. Haz hoy tu decisión por Cristo y recíbelo por la fe en tu corazón. Pídele perdón por tus pecados y que entre a tu espíritu para que puedas vivir la vida cristiana. Es la única manera. Así como un animal no puede aprender el ser hombre, así tampoco un ser humano puede aprender a vivir cristiano sin estar en Cristo. Puede llegar a ser un gran religioso que se parezca mucho a un verdadero cristiano, pero no será cristiano. A los ojos de Dios es tan absurdo como un simio manejando un automóvil para sentirse hombre. Para ser hombre hay que nacer hombre; así también para ser hijo de Dios y vivir en su reino es necesario e indispensable nacer de Dios. Jesús sigue diciendo hoy: os es necesario nacer de nuevo. Sólo con su naturaleza es posible entrar al reino de Dios.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:27
19.27 En los versículos anteriores pudimos percibir que la única forma de estar dentro del reino de los cielos es uniéndonos a Dios por la fe en Jesucristo. Vimos también que unirnos a Dios significa ser uno con Él; esto es, que nuestro espíritu y el Espíritu de Dios sean uno solo. Algo así como el mezclar dos colores de plastilina: supongamos que el hombre es la plastilina color amarillo y Dios la plastilina color azul. Al empezar a mezclar ambas naturalezas todavía podemos percibir rasgos de amarillo y de azul, mas, poco a poco, empieza a surgir un sólo color uniforme, el verde. Ya no se distingue el amarillo ni el azul, el hombre y Dios. Ahora es una nueva naturaleza. Dicha unión permite vivir dentro del reino de los cielos y conlleva grandes recompensas (con nuestras fuerzas nunca podríamos hacer la voluntad de Dios). El apóstol Pedro percibió tales recompensas y por ello trató de hacer negocios con el Señor Jesucristo. Estaba perdiendo de vista las enseñanzas del Señor y reclamaba orgulloso haber cumplido con el requisito que no pudo cumplir el joven rico, dejarlo todo y seguirle; por lo que ahora quería saber si el negocio había valido la pena. Lo mismo nos pasa a todos cuando creemos que merecemos algún premio por haber hecho la voluntad de Dios. ¡Pero si esa era nuestra responsabilidad! (Luc. 17:7-10). Con todo, Jesús va a bendecirlo abundantemente, sigue leyendo.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:28
19.28-29 A pesar del atrevimiento de Pedro (mira la nota anterior), Jesús moduló su paciencia con su amor. El esclavo rescatado reclamando un pago, pero el Señor prometiendo la abundancia. Jesús no recriminó haber dejado más, mucho más por ellos y le prometió recompensa en dos sentidos. Primero, las recompensas en esta era, compuestas de cosas materiales y naturales. Y segundo, las recompensas en la era venidera, compuestas de la vida eterna a heredar y el disfrute del reino por venir. La historia de la iglesia está escrita con la tinta de la renuncia. Renuncia al mundo, renuncia al pecado, renuncia al “yo”; y también, frecuentemente con la renuncia a la propia familia y a los bienes materiales. En muchas ocasiones la misma familia ha sido el mayor de los obstáculos. Desde el amanecer de la iglesia encontramos a mujeres creyentes ser repudiadas por sus incrédulos maridos; a piadosos jóvenes ser arrojados a la calle por sus padres a causa de su fe en Cristo; y aún varones, perder su familia por convertirse a Jesucristo. Mas la promesa del Señor es recibir en esta era cien veces más de lo perdido. ¿Cómo es esto posible? ¡Es el disfrute de la iglesia, la gran familia de Dios! Aquí hay por lo menos dos cosas muy importantes a notar: Primero, no existe nadie que posea una familia tan numerosa como lo es la iglesia. Y segundo, la iglesia no debe considerarse como un grupo de individuos que cumplen rigurosamente con asistir a algún lugar de reunión. En el corazón de Dios, la iglesia es su familia, está compuesta de sus hijos. Por ello es que un cristiano jamás está solo. Cuando adquiere la visión de lo que es la iglesia en realidad, entonces disfruta de una gran familia, disfruta de la comunión de los hermanos y todos en común disfrutan de sus casas y tierras. Ellos son nuestros amigos y parientes. Nos une un vínculo mucho más grande, sublime e importante que el vínculo de la sangre humana, pues aunque no seamos parientes según la carne, tenemos en común una sangre invaluable, la sangre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha redimido. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19). Con ellos tienes también cien casas más, cien mesas más, y cien de todo más. Por otro lado, notemos que Jesús no responde a lo de dejarlo todo. La recompensa no está en ello, sino en el seguir a Cristo. Luego habló de la regeneración. Es la palabra usada por el Señor para definir la era por venir; no se refiere al nuevo nacimiento, sino a la restauración del mundo, lo que se conoce como el reino mesiánico. Regeneración en griego es “palingenesia” de palín, “de nuevo”, y génesis, “nacimiento, principio”. Así que el Señor está diciendo “en el nuevo nacimiento del mundo, que será cuando Él, que es el Hijo del Hombre se siente en el trono de gloria nos recompensará”. En el evangelio según Mateo el énfasis es el reino de los cielos, y precisamente es aquí en donde aparece por única vez en toda la Biblia la expresión “en la regeneración”; esto es así, porque tiene el propósito de señalar el reino mesiánico que el Señor Jesucristo habrá de traer con su segunda venida. La vieja creación que conocemos hoy va a ser reemplazada por una nueva. Ese es el anhelo ardiente de la creación que aguarda la manifestación de los hijos de Dios (Rom.8:19). Cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria. Frecuentemente el Señor se llamó a sí mismo el Hijo del Hombre. Hizo esto para identificarse con la humanidad. Él, como Hijo del Hombre, es el heredero legal a reinar sobre la humanidad. (Si habláramos de la salvación, Él, como Hijo del Hombre, es el pariente cercano autorizado para redimir. En relación a la intercesión, Jesús, como Hijo del Hombre nos comprende perfectamente al haber sido tentado en todo y resultado vencedor, y así sucesivamente). El trono de su gloria define lo gloriosa que será su venida, la Biblia dice que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus obras (Mat. 16:27). Él se sentará sobre el trono de su gloria y todas las naciones serán reunidas delante de Él (Mat. 25:31-32) (2 Ts. 1.7-10). Acerca del reinado de los santos: Vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel, es una promesa que el Señor Jesucristo dio personalmente a sus doce discípulos. La promesa es que serán los 12 apóstoles los gobernantes de Israel, cada uno de una tribu diferente, cada una de las doce tribus de Israel (Luc. 22:28-30). Los enviados serán hechos reyes, pues el camino a la gloria es la obediencia. Para ellos es Israel y para los gentiles, la posibilidad de reinar las naciones gentiles, ya que el Señor continuó diciendo: y cualquiera que haya dejado… por mi nombre, recibirá. El apóstol Pablo decía: ¿no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? ¿no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? (1 Cor. 6:2-3). Con todo, esta es una recompensa que habrá de ser dada únicamente a quienes sean vencedores de entre los creyentes por su fe, fidelidad y servicio: si perseveramos, también reinaremos con Él. Si le negamos, Él también nos negará (2 Tim. 2:12). Y también, al que venza y guarde mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones (Ap. 2:26). Al que venza, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo también he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono (Ap. 3:21). Tomemos en serio esta oportunidad, pues aun uno de los doce la perdió. Judas era uno de los que recibieron esta promesa y sin embargo, no la alcanzó por su traición. Solo así se cumplirá lo que vio Juan en el Apocalipsis cuando escribió: Y vi tronos, y se sentarán sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar (Ap. 20:3). Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:29
19.28-29 A pesar del atrevimiento de Pedro (mira la nota anterior), Jesús moduló su paciencia con su amor. El esclavo rescatado reclamando un pago, pero el Señor prometiendo la abundancia. Jesús no recriminó haber dejado más, mucho más por ellos y le prometió recompensa en dos sentidos. Primero, las recompensas en esta era, compuestas de cosas materiales y naturales. Y segundo, las recompensas en la era venidera, compuestas de la vida eterna a heredar y el disfrute del reino por venir. La historia de la iglesia está escrita con la tinta de la renuncia. Renuncia al mundo, renuncia al pecado, renuncia al “yo”; y también, frecuentemente con la renuncia a la propia familia y a los bienes materiales. En muchas ocasiones la misma familia ha sido el mayor de los obstáculos. Desde el amanecer de la iglesia encontramos a mujeres creyentes ser repudiadas por sus incrédulos maridos; a piadosos jóvenes ser arrojados a la calle por sus padres a causa de su fe en Cristo; y aún varones, perder su familia por convertirse a Jesucristo. Mas la promesa del Señor es recibir en esta era cien veces más de lo perdido. ¿Cómo es esto posible? ¡Es el disfrute de la iglesia, la gran familia de Dios! Aquí hay por lo menos dos cosas muy importantes a notar: Primero, no existe nadie que posea una familia tan numerosa como lo es la iglesia. Y segundo, la iglesia no debe considerarse como un grupo de individuos que cumplen rigurosamente con asistir a algún lugar de reunión. En el corazón de Dios, la iglesia es su familia, está compuesta de sus hijos. Por ello es que un cristiano jamás está solo. Cuando adquiere la visión de lo que es la iglesia en realidad, entonces disfruta de una gran familia, disfruta de la comunión de los hermanos y todos en común disfrutan de sus casas y tierras. Ellos son nuestros amigos y parientes. Nos une un vínculo mucho más grande, sublime e importante que el vínculo de la sangre humana, pues aunque no seamos parientes según la carne, tenemos en común una sangre invaluable, la sangre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha redimido. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19). Con ellos tienes también cien casas más, cien mesas más, y cien de todo más. Por otro lado, notemos que Jesús no responde a lo de dejarlo todo. La recompensa no está en ello, sino en el seguir a Cristo. Luego habló de la regeneración. Es la palabra usada por el Señor para definir la era por venir; no se refiere al nuevo nacimiento, sino a la restauración del mundo, lo que se conoce como el reino mesiánico. Regeneración en griego es “palingenesia” de palín, “de nuevo”, y génesis, “nacimiento, principio”. Así que el Señor está diciendo “en el nuevo nacimiento del mundo, que será cuando Él, que es el Hijo del Hombre se siente en el trono de gloria nos recompensará”. En el evangelio según Mateo el énfasis es el reino de los cielos, y precisamente es aquí en donde aparece por única vez en toda la Biblia la expresión “en la regeneración”; esto es así, porque tiene el propósito de señalar el reino mesiánico que el Señor Jesucristo habrá de traer con su segunda venida. La vieja creación que conocemos hoy va a ser reemplazada por una nueva. Ese es el anhelo ardiente de la creación que aguarda la manifestación de los hijos de Dios (Rom.8:19). Cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria. Frecuentemente el Señor se llamó a sí mismo el Hijo del Hombre. Hizo esto para identificarse con la humanidad. Él, como Hijo del Hombre, es el heredero legal a reinar sobre la humanidad. (Si habláramos de la salvación, Él, como Hijo del Hombre, es el pariente cercano autorizado para redimir. En relación a la intercesión, Jesús, como Hijo del Hombre nos comprende perfectamente al haber sido tentado en todo y resultado vencedor, y así sucesivamente). El trono de su gloria define lo gloriosa que será su venida, la Biblia dice que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus obras (Mat. 16:27). Él se sentará sobre el trono de su gloria y todas las naciones serán reunidas delante de Él (Mat. 25:31-32) (2 Ts. 1.7-10). Acerca del reinado de los santos: Vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel, es una promesa que el Señor Jesucristo dio personalmente a sus doce discípulos. La promesa es que serán los 12 apóstoles los gobernantes de Israel, cada uno de una tribu diferente, cada una de las doce tribus de Israel (Luc. 22:28-30). Los enviados serán hechos reyes, pues el camino a la gloria es la obediencia. Para ellos es Israel y para los gentiles, la posibilidad de reinar las naciones gentiles, ya que el Señor continuó diciendo: y cualquiera que haya dejado… por mi nombre, recibirá. El apóstol Pablo decía: ¿no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? ¿no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? (1 Cor. 6:2-3). Con todo, esta es una recompensa que habrá de ser dada únicamente a quienes sean vencedores de entre los creyentes por su fe, fidelidad y servicio: si perseveramos, también reinaremos con Él. Si le negamos, Él también nos negará (2 Tim. 2:12). Y también, al que venza y guarde mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones (Ap. 2:26). Al que venza, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo también he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono (Ap. 3:21). Tomemos en serio esta oportunidad, pues aun uno de los doce la perdió. Judas era uno de los que recibieron esta promesa y sin embargo, no la alcanzó por su traición. Solo así se cumplirá lo que vio Juan en el Apocalipsis cuando escribió: Y vi tronos, y se sentarán sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar (Ap. 20:3). Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
— Roberto Tinoco
Mateo 19:30
19.30 A pesar del atrevimiento de Pedro (mira la nota anterior), Jesús moduló su paciencia con su amor. El esclavo rescatado reclamando un pago, pero el Señor prometiendo la abundancia. Jesús no recriminó haber dejado más, mucho más por ellos y le prometió recompensa en dos sentidos. Primero, las recompensas en esta era, compuestas de cosas materiales y naturales. Y segundo, las recompensas en la era venidera, compuestas de la vida eterna a heredar y el disfrute del reino por venir. La historia de la iglesia está escrita con la tinta de la renuncia. Renuncia al mundo, renuncia al pecado, renuncia al “yo”; y también, frecuentemente con la renuncia a la propia familia y a los bienes materiales. En muchas ocasiones la misma familia ha sido el mayor de los obstáculos. Desde el amanecer de la iglesia encontramos a mujeres creyentes ser repudiadas por sus incrédulos maridos; a piadosos jóvenes ser arrojados a la calle por sus padres a causa de su fe en Cristo; y aún varones, perder su familia por convertirse a Jesucristo. Mas la promesa del Señor es recibir en esta era cien veces más de lo perdido. ¿Cómo es esto posible? ¡Es el disfrute de la iglesia, la gran familia de Dios! Aquí hay por lo menos dos cosas muy importantes a notar: Primero, no existe nadie que posea una familia tan numerosa como lo es la iglesia. Y segundo, la iglesia no debe considerarse como un grupo de individuos que cumplen rigurosamente con asistir a algún lugar de reunión. En el corazón de Dios, la iglesia es su familia, está compuesta de sus hijos. Por ello es que un cristiano jamás está solo. Cuando adquiere la visión de lo que es la iglesia en realidad, entonces disfruta de una gran familia, disfruta de la comunión de los hermanos y todos en común disfrutan de sus casas y tierras. Ellos son nuestros amigos y parientes. Nos une un vínculo mucho más grande, sublime e importante que el vínculo de la sangre humana, pues aunque no seamos parientes según la carne, tenemos en común una sangre invaluable, la sangre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha redimido. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19). Con ellos tienes también cien casas más, cien mesas más, y cien de todo más. Por otro lado, notemos que Jesús no responde a lo de dejarlo todo. La recompensa no está en ello, sino en el seguir a Cristo. Luego habló de la regeneración. Es la palabra usada por el Señor para definir la era por venir; no se refiere al nuevo nacimiento, sino a la restauración del mundo, lo que se conoce como el reino mesiánico. Regeneración en griego es “palingenesia” de palín, “de nuevo”, y génesis, “nacimiento, principio”. Así que el Señor está diciendo “en el nuevo nacimiento del mundo, que será cuando Él, que es el Hijo del Hombre se siente en el trono de gloria nos recompensará”. En el evangelio según Mateo el énfasis es el reino de los cielos, y precisamente es aquí en donde aparece por única vez en toda la Biblia la expresión “en la regeneración”; esto es así, porque tiene el propósito de señalar el reino mesiánico que el Señor Jesucristo habrá de traer con su segunda venida. La vieja creación que conocemos hoy va a ser reemplazada por una nueva. Ese es el anhelo ardiente de la creación que aguarda la manifestación de los hijos de Dios (Rom.8:19). Cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria. Frecuentemente el Señor se llamó a sí mismo el Hijo del Hombre. Hizo esto para identificarse con la humanidad. Él, como Hijo del Hombre, es el heredero legal a reinar sobre la humanidad. (Si habláramos de la salvación, Él, como Hijo del Hombre, es el pariente cercano autorizado para redimir. En relación a la intercesión, Jesús, como Hijo del Hombre nos comprende perfectamente al haber sido tentado en todo y resultado vencedor, y así sucesivamente). El trono de su gloria define lo gloriosa que será su venida, la Biblia dice que el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus obras (Mat. 16:27). Él se sentará sobre el trono de su gloria y todas las naciones serán reunidas delante de Él (Mat. 25:31-32) (2 Ts. 1.7-10). Acerca del reinado de los santos: Vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel, es una promesa que el Señor Jesucristo dio personalmente a sus doce discípulos. La promesa es que serán los 12 apóstoles los gobernantes de Israel, cada uno de una tribu diferente, cada una de las doce tribus de Israel (Luc. 22:28-30). Los enviados serán hechos reyes, pues el camino a la gloria es la obediencia. Para ellos es Israel y para los gentiles, la posibilidad de reinar las naciones gentiles, ya que el Señor continuó diciendo: y cualquiera que haya dejado… por mi nombre, recibirá. El apóstol Pablo decía: ¿no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? ¿no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? (1 Cor. 6:2-3). Con todo, esta es una recompensa que habrá de ser dada únicamente a quienes sean vencedores de entre los creyentes por su fe, fidelidad y servicio: si perseveramos, también reinaremos con Él. Si le negamos, Él también nos negará (2 Tim. 2:12). Y también, al que venza y guarde mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones (Ap. 2:26). Al que venza, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo también he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono (Ap. 3:21). Tomemos en serio esta oportunidad, pues aun uno de los doce la perdió. Judas era uno de los que recibieron esta promesa y sin embargo, no la alcanzó por su traición. Solo así se cumplirá lo que vio Juan en el Apocalipsis cuando escribió: Y vi tronos, y se sentarán sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar (Ap. 20:3). Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
— Roberto Tinoco