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Mateo 1

Antepasados de Jesús el Mesías

1Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.🗨 2Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos.🗨 3Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram.🗨 4Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.🗨 5Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isa.🗨 6Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías.🗨 7Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa.🗨 8Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías.🗨 9Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías.🗨 10Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías.🗨 11Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.🗨 12Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel.🗨 13Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor.🗨 14Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud.🗨 15Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob;🗨 16y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.🗨 17De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.🗨

Nacimiento de Jesús el Mesías

18El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.🗨 19José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.🗨 20Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.🗨 21Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.🗨 22Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:🗨 23He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.🗨 24Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.🗨 25Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 1:1

Comentario general

1.1 Los primeros 17 versículos tratan sobre la ascendencia del Rey. Leemos en Mateo 1:1 que Jesús es hijo de David, hijo de Abraham. ¿Por qué Mateo se refiere a Jesús de esa manera? Podía haber dicho que Jesús era descendiente de David o de Abraham, pero los junta como si fueran descendientes inmediatos uno del otro. ¿A qué se debe que empiece la genealogía del Mesías de tal modo? La respuesta es, que Mateo intenta demostrar que Jesús es el Cristo, para lo cual dice que es hijo de David; pero también, que es judío entre los judíos, esto es, hijo de Abraham. De manera que resume todo lo que habrá de explicar en el evangelio en sus primeras palabras. Recordemos que el reino de Dios es espiritual y siendo que Mateo desea presentar al Rey del reino de los cielos, se ve obligado a ligarlos con los dos personajes principales al respecto, Abraham y David. Si Mateo presentara a Jesús como hombre, o bien, según la carne, entonces presentaría su genealogía desde Adán, como lo hace Lucas en su Evangelio dirigido a los griegos, con el propósito de mostrarles al Hombre perfecto. Mateo vincula a Jesús con las promesas de Dios, su reino es espiritual que no se basa en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17) y no consiste en palabras, sino en poder (1 Cor.4:20). Al hacer referencia a Jesús como descendiente de Abraham, lo vincula con las promesas de la fe, ya que todos los que son de fe dice el apóstol Pablo a los hermanos de Galacia: - estos son hijos de Abraham (Gal. 3:7-9). Y siendo que en Abraham serían benditas todas las familias de la tierra, entonces, está diciendo que Jesús es el Rey de los judíos y el Rey de todas las naciones. Sí, también es tu Rey y tu Señor. Además, siendo Jesús el hijo de David, tiene derecho a ocupar el trono del pueblo de Dios para representar a Dios, porque la promesa divina dada a David en 2 Samuel 7:16 fue que sería su casa y su reino afirmado para siempre delante de él y su trono sería establecido eternamente; sólo en Jesucristo puede esto cumplirse, porque únicamente Él es eterno, bendito por los siglos.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:2

Comentario general

1.2 Dios no solo es Dios para los judíos, sino conocido como el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob; es el Dios generacional que les ha acompañado a lo largo de la historia. Así que desarrollar el linaje mesiánico considerando a los primeros patriarcas de los judíos es argumentar el peso de Jesús como el Mesías puesto por Dios. Nosotros los cristianos comprendemos por la fe que este Dios que envió al Mesías es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Mira la biografía y los anhelos de Abraham y conocerás a Dios como Padre. Considera la satisfacción de Isaac y comprenderás que Dios también es el Hijo. Y examina la transformación de Jacob en Israel y verás a Dios como el Espíritu Santo. De Abraham, Isaac y Jacob pasó a Judá y a sus hermanos, el pueblo de Dios se extiende.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:3

Comentario general

1.3 Viendo en conjunto este versículo con el 5 y el 6 del mismo capítulo, hallamos que las Sagradas Escrituras citan a 4 mujeres en la línea mesiánica. Sólo esas cuatro y no otras cuyas biografías y obras podrían parecernos mucho más relevantes a primera vista. ¿Por qué razón sólo se mencionan ellas? ¿Acaso fueron las mujeres más sobresalientes en piedad? ¡Todo lo contrario! Tamar fue nuera de Judá, viuda, que procreó con engaños de su suegro Judá, haciéndose pasar por prostituta. Rahab era gentil (no judía) y ramera en la ciudad de Jericó. Rut también era gentil, además de sufrir la viudez y el desamparo, junto con haber sido rechazada por su pariente más cercano que se negó a redimirla. Era moabita, esto es, descendiente del incesto de Lot con sus hijas y por ello, también bajo maldición expresa de Dios. Israel no debía mezclarse con Moab hasta la décima generación. Y Betsabé, la que fue mujer de Urías Eteo, quien por su adulterio con David provocó el homicidio de su marido. ¿Por qué están únicamente estas 4 mujeres mencionadas en la línea de Jesucristo? Inclusive entre algunos reyes. Están allí para enseñarnos que no importa quién hayas sido hasta hoy, Dios te ama, quiere unirte a su familia y usarte en su servicio si te arrepientes de tus pecados y aceptas a Jesucristo por la fe en tu corazón como tu Señor y Salvador. Jesús es el Rey, no solo de Israel, sino también de todos los pecadores. El mensaje del Evangelio es que el Rey se llama Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt.1:21). Además, Jesús es el Rey, tanto del hombre, como de la mujer, sin distinción de género ni tropiezos en la vida. Estas 4 mujeres alcanzaron la salvación y el renombre en la historia, porque tuvieron fe y arrepentimiento, se abrazaron a la fe con frases como: No me ruegues que te deje y me aparte de tí; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré, tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios. Están allí, para enseñarnos a acercarnos a Dios con humildad, pues al corazón contrito y humillado no desprecia el Señor (Sal. 51:17), mientras que al altivo mira de lejos (Sal.138:6). Los nombres de Fares, Esrom y Aram significan “Ruptura”, “Sellar” y “Altura, Ilustre” respectivamente.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:4

Comentario general

1.4 Abinadab significa “Él es generoso” lo más probable es que se refiere a Dios. Naason significa “encantador”. Y Salmón, “Investidura”.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:5

Comentario general

1.5 Acerca de Rahab mira la nota 1.3 Rahab significa “Orgullosa” y puedes conocer más de ella leyendo las notas respectivas en Josué 2:1-22 y 6:22-25; también en Hebreos 11:31 y Santiago 2:25. Sobre Booz y cómo llegó a ser parte de la línea del Mesías, lee Rut capítulo 2. Booz posiblemente significa “en él está la fortaleza”. Sobre Rut es recomendable leer el libro que lleva su nombre, el cual significa “Amiga”. Obed quiere decir “servir”. Por su parte, Isaí significa “Dios existe”.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:6

Comentario general

1.6 De David se habla más que de cualquier otro hombre en la Biblia, a excepción de nuestro Señor Jesucristo. La razón de su importancia se debe a que es el prototipo o símbolo del Mesías, el Rey de Israel. David significa “amado, amante, amoroso”. Su vida está llena de claroscuros, especialmente en lo relativo a producir al hijo que habría de llevar la simiente del Cristo. Me refiero a Salomón, quien nace de Betsabé, la que fue mujer de Urías. David le quitó la mujer a uno de sus soldados y vecino también, uno de los valientes que lo llevaron al reino de Israel después de muchos años. Y junto con ello, también provocó su muerte tratando de evitar que se supiera del embarazo ilegítimo de Betsabé, producto de dicho adulterio. Finalmente, ese niño moriría al año de nacido, y tiempo después David y Betsabé tendrían a Salomón, quien llegó a ser el rey más sabio de todos los tiempos y consolidador del reino. Sin duda que el trato de Dios a David estuvo lleno de compasión y de oportunidad, Dios lo amaba de manera excepcional, tanto, que lo usó como el parámetro o medida para el resto de los reyes, si eran buenos, les decía que eran como David su Padre; y si eran malos, que no anduvieron en los caminos de David su padre. Para comprender su apasionante biografía lee el primer libro de Samuel con sus respectivas notas.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:7

Comentario general

1.7 Salomón, nombre derivado de la palabra hebrea Shalom, significa “Pacífico”. Incluye el sentido de abundado de satisfacción y por ende, de paz. Acerca de él leemos: Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar (1 Reyes 4:29). Un gran cerebro, pero un corazón igualmente grande. Considero que ese es el diseño original de Dios para el hombre, aun cuando anatómicamente el cerebro pese tres veces más que el corazón. Pensamos mucho más de lo que sentimos. Esa máquina gris no deja de producir ideas y pensamientos, no en vano se dice que cada cabeza es un mundo. Ideas, sueños, imágenes, palabras, conceptos, recuerdos, planes, ¡es un avispero hecho de sesos! Dios le dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, fue famoso por ello; pero a fin de equilibrar todo esto, también le proporcionó un corazón ancho como la arena a la orilla del mar; es decir, capaz de amar y de sentir profundamente. Dios sabe que entre más sea tu capacidad de pensar, mayor requiere ser también tu magnitud de sentir. Que puedas razonar y sacar conclusiones, pero que puedas amar en igual medida. Sé un genio, pero sin dejar de ser amante. Mantén las masas gris y roja en equilibrio. He conocido a quienes se destacan por su capacidad intelectual, pero fracasan en su vida emocional; y no son pocos. También he podido mirar a quienes pierden la cordura por dejarse llevar por sus emociones irracionalmente; y tampoco son pocos. Lo uno no debe remplazar a lo otro. Piensa mucho y hazlo detalladamente. Ama a lo grande y hazlo profundamente. ¿Notaste que fue Dios quien le dio a Salomón semejante sabiduría y corazón? Él es la fuente de una vida inteligentemente apasionante. Puedes conocer mucho más acerca de Salomón en el primer libro de Reyes. Su vida, su gloria, la construcción del majestuoso templo de Jerusalén, sus errores como contraer setecientas nupcias y tener además trescientas concubinas; así como la vergüenza de construir templos paganos. Salomón inicia a lo grande, se convierte en mucho más grande aún; pero luego en su arrogancia pone el reino en riesgo. Reprendido por Dios escribe frustrado al fin de su vida el libro de Eclesiastés. Por su parte, Roboam, hijo de Salomón recibió el reino a la muerte de su padre, pero, debido a su soberbia, provocó la división del mismo en reinos del norte y del sur. Quedando únicamente como rey en Judá y media tribu de Benjamín, el reino del sur. En 1 Reyes 12 vemos más al respecto. Su madre fue Naamah y su esposa primera Maaca, aunque luego tuvo diez y siete más, con las que procreó a veintiocho hijos y sesenta hijas. Sobre Abías significa Mi Padre es Dios. Comenzó a reinar aproximadamente en el 915 a.C y solo duró tres años de rey; tuvo catorce esposas y treinta y ocho hijos. Su breve historia puede leerse en 1 Reyes 15. El sucesor de Abías, tanto en el trono de Judá como en la línea mesiánica fue su hijo Asa. Fue rey entre el 913 y 873 a.C. Fue reconocido reformador de la fe, aunque tuvo algunos errores de consagración y pudo resistir los intentos de invasión de Egipto e Israel o reino del norte. Murió en el 870 a.C. También podemos leer acerca de él en 1 Reyes 15. Su nombre significa doctor o sanador.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:8

Comentario general

1.8 Josafat significa Yahwéh Juzga y fue rey de Judá en sucesión de su padre Asa por veinticinco años a partir del 873 a.C. Es considerado como parte de los buenos reyes del reino del sur. Lee más acerca de él en 1 Reyes 22. Murió en el 849 a.C. Después de Josafat, vino Joram en la línea mesiánica y en el trono de Judá (subió al trono en el 850 a.C y reinó ocho años). Considerado uno de los malos reyes de Judá (2 Reyes 8:18) a causa de dejarse influenciar por la reina Atalia, así como su familia idólatra. Murió muy joven, apenas a los cuarenta años de edad (843 a.C). El rey de Israel mató a cuarenta y dos de sus hijos, quedando solo vivo como sucesor, por la gracia de Dios, Ocozías. Algo muy interesante en la línea mesiánica presentada por Mateo, es la omisión de los reyes Ocozías, Joás y Amasías (1 Cr. 3:11-12), saltando hasta Uzías. ¿A qué se debe que Mateo haya hecho esta omisión? El evangelista Mateo decidió quitar de la lista a estas tres personas debido a la maldición contra la terrible familia de Acab: Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Yahwéh. He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel. Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel (1 Reyes 21:20-22). De manera que retomó la lista solo hasta la cuarta generación, cumpliendo así que fuesen borrados de la casa del Mesías. Respecto a los reyes no mencionados, Ocozías se dedicó a hacer el mal (1 reyes 8:24-27). Joás hizo lo recto, pero solo hasta que murió su tutor, el sacerdote Joyada, a partir de entonces fue cruel e hizo el mal, especialmente contra los siervos de Dios (2 Cr. 24:17-22). Y Amasías hizo lo recto al principio de su reinado, pero se volvió idólatra posteriormente (2 Cr. 25:14-16). Estos tres recibieron sentencia de desaparecer. Ante su mal ejemplo y posteriores consecuencias, temamos. Después de ellos fue Uzías (Yahwéh es mi fuerza), conocido también como Azarías, rey de Judá (769-741 a.C.). Fue un buen rey, pero cometió un terrible error al intentar por orgullo ofrecer incienso a Dios como si fuese un sacerdote, en consecuencia, se volvió leproso de ahí en adelante (2 Cr. 26:16-21). Por lo que su hijo Jotam tuvo que encargarse de los asuntos del reino.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:9

Comentario general

1.9 Jotam (Yahwéh es Perfecto) se encargó de los asuntos del reino desde los veinticinco años de edad ante la lepra de su padre Uzías, pero fue considerado rey hasta que murió Uzías (748 a.C.), reinando diez y seis años hasta el 732 a.C. Fue un excelente constructor de Jerusalén y otras ciudades, pero tuvo que sufrir constantes guerras a causa de los enemigos vecinos, resistiendo a todos, venciendo a muchos. A la muerte de Jotam comenzó a reinar su hijo Acaz (su nombre puede significar “que se adueña”, aunque llegó a ser “apresado”), a los veinte años de edad (734-715 a.C.). Fue uno de los peores reyes de Israel (2 Cr. 28), quien desoyendo a los profetas en la era de oro de la profecía del Antiguo Testamento, provocó el inicio de la caída del reino. Después del mal rey Acaz, reinó en su lugar tomando también la línea mesiánica Ezequías, significa “Yahwéh fortalece”. Considerado uno de los buenos reyes de Judá, intentó crear reformas espirituales, pero no fue suficiente. Estuvo en constante asedio por parte de Senaquerib, rey de Asiria, le tocó recibir a los que huían de Israel, el reino del norte, hacia Judá, ante la invasión Asiria. Si no fuera por haber clamado a Dios, a quien ofendió Senaquerib, también Judá habría sido destruida. Pero Dios envió su ángel, quien mató una noche 185 mil soldados asirios durante el sitio de Jerusalén, lo que les obligó a retirarse. Después de esto Ezequías vio abundancia en su reino. Su fe y obras retrasaron el juicio sobre Judá, de modo que no sería en sus días la destrucción de Jerusalén, sino hasta la invasión babilónica cien años después.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:10

Comentario general

1.10 Manasés, rey de Judá entre los años 697 – 642 a.C. Su nombre significa “Olvidar”. Al principio de su reinado fue terriblemente dañino al reino, idólatra que unió el culto a Dios y a los dioses de Asiria. Bajo su autoridad murió el profeta Isaías aserrado, ante la oposición del profeta a sus malas prácticas. Fue llevado cautivo por Asiria en donde encontró el arrepentimiento en un calabozo, de modo que Dios le concedió otra oportunidad dándole libertad nuevamente. Regresando al trono de Judá, purificó el culto a Dios quitando la idolatría. Fue enterrado en los sepulcros de David, entre los reyes fieles. Después de Manasés, en la línea del trono y del Mesías le siguió Amón (“Pueblo”, “Pariente”). Rey entre el 642 – 640 a.C. Solo duró dos años en el trono, siendo asesinado por sus propios siervos (2 Reyes 21:18-26; 2 Crónicas 33:20-25) después de excesos de inmoralidad de parte de Amón. A continuación, fue ungido rey Josías (“Al que Dios ayuda”). Rey en los años 639-608 a.C., subiendo al trono apenas a los ocho años de edad ante el homicidio de su padre (ayudado por el sacerdocio, especialmente Hilcías). Resistió a los Asirios, incluso reconquistó regiones perdidas por Israel; pero murió en la batalla de Meguido a manos egipcias cuando el faraón Necao detuvo sus avances. Fue un hombre excelente que trajo reformas a Judá, incluyendo la restauración del templo y la salvaguarda de las Sagradas Escrituras, ayudado en esto por el profeta Jeremías.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:11

Comentario general

1.11 Se omite el nombre del rey Joaquim, siendo muerto por Nabucodonosor, rey de Babilonia durante el primer sitio de Jerusalén. Siendo olvidado en la línea mesiánica por su maldad; de manera que Jeconías siguió a Josías en la línea de padres del Mesías. Su nombre significa “Yahwéh establece o afirma”. Solo reinó tres meses entre los años 598 – 597 a.C., siendo parte de la primera deportación de judíos a Babilonia. En este tiempo comenzó la caída de Judá. Fue liberado en el año 562 a.C.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:12

Comentario general

1.12 Cuando Jeconías fue liberado Babilonia, en el año 562 a.C., engendró a Salatiel, aunque es mas probable que lo tomó por hijo, pues Lucas, que sigue la línea de la sangre, dice que Salatiel era hijo de Neri (Luc. 3:27), quien también proviene de David. Salatiel significa (“He pedido a Dios”). En la línea sigue Zorobabel, que significa “Semilla de Babilonia” o nacido en babilonia. Fue preponderante en el primer retorno de judíos a Jerusalén para iniciar la reconstrucción, esto bajo la orden del rey de Medos y Persas Ciro y según la profecía dada por Dios para dicho rey (Esdras 1). Zorobabel guió a más de 42 mil personas a Jerusalén; así como puso los cimientos del nuevo templo de Jerusalén.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:13

Comentario general

1.13 Abiud, “Padre Digno o de dignidad, renombre”. Eliaquim, “Dios axalta” y también “Dios de crianza”. Azor, “Útil, Provechoso”.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:14

Comentario general

1.14 Sadoc, “el Justo o inocente”. No debe confundírsele con el Sadoc que ayudó a Nehemías en la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, el cual era sacerdote. Aquim, “Dios afirma”. Eliud, “Dios es mi alabanza”.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:15

Comentario general

1.15 Eleazar, “Dios es mi ayuda”. Matán, derivado de Mateo que significa “Dádiva de Yahwéh”. Jacob, “Usurpador”.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:16

Comentario general

1.16 ¿Por qué presenta el evangelista Mateo el linaje de José, si Jesús es hijo de María y no lo es de José humanamente hablando? Para responder esto, debemos recordar que Mateo está presentando a Jesús como el Rey de los judíos, por tanto, está jurídicamente obligado a presentar la genealogía del padre, aún cuando sea adoptivo, ya que se trata de la autoridad legal para reinar. Como complemento, en el Evangelio según Lucas, se presenta la genealogía de Jesús a través de María, pues se trata del enfoque de Jesús como Hombre. Tanto José como María vienen de David. Por otro lado, nota el contraste en estos versículos, en cada uno se escribe que tal engendró a tal y así sucesivamente; pero al llegar a José no dice que José engendró a Jesús, sino que José era marido de María, de la cual nació Jesús, haciendo con esto clara alusión al nacimiento virginal del Señor; y con ello aclarando que Jesús es el Hijo de Dios. Este es el mensaje central del evangelio. El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios (1 Jn.4:15). En este primer capítulo hemos visto que Jesús viene de tres personas que sobresalen de las demás (dejando a un lado a las otras 4 mujeres ya mencionadas); estas personas son Abraham, David y María. En Abraham comprendemos que el hombre alcanza toda bendición de Dios por medio de la fe de Cristo Jesús, su simiente. En David, que tenemos entrada al reino de Dios, siendo nuestro Rey el Señor Jesús. Y en María, que las promesas de Dios se cumplen en el Redentor enviado por Él. Jesús es la simiente de la mujer que le aplastaría la cabeza al diablo y nos salvaría de nuestros pecados (Gen. 3:15).

— Roberto Tinoco

Mateo 1:17

Comentario general

1.17 Se divide la línea mesiánica presentada por Mateo en tres partes de catorce genealogías cada una. Esto es muy significativo. Si al nombre David se le asigna el número de orden correspondiente a cada letra del alfabeto hebreo, pues contaban originalmente por medio de letras y no de números, tenemos: DVD = D=4 V=6 y D=4. Con esto, la Escritura nos dice que Jesús es el nuevo y verdadero David. Nombre formado con tres consonantes, como en código. Además, el número 14 es la suma de 10 y el 4, que en la Biblia significan: el 10 plenitud (recuerda ejemplos como las parábolas de las 10 vírgenes por figurar la plenitud de la iglesia); mientras que el 4 es el número simbólico de las criaturas, como las vistas por Juan en Ap. 4:6; así como los cuatro ángulos de la tierra. Esto significa que el Rey David viene a reinar la plenitud de la creación. ¡El es el Rey de Reyes y Señor de Señores sobre todo! Esta división en tres partes también hace alusión a Dios como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; es decir, que todo Dios estuvo involucrado época a época en las generaciones de la línea mesiánica. Que Jesús viniera al mundo no tiene nada que ver con la casualidad, sino con el anticipado consejo de Dios. El primer grupo de 14 generaciones que menciona Mateo hace alusión a los patriarcas, el segundo grupo a los reyes antes de la deportación y el tercer grupo alude a los que regresaron de la cautividad. ¿Comprendes? Los patriarcas simbolizan la revelación de Dios Padre. Los reyes hasta la deportación representan la revelación de Dios Hijo. Y los que regresaron del cautiverio para edificar la ciudad y el templo de Jerusalén simbolizan la revelación del Espíritu Santo, quien anhela su casa. El plan de la salvación fue diseñado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¡Mira cuánto nos ama el Señor! También, 3 veces 14 suma 42, lo cuál es símbolo de descanso en la Biblia. El 40 es número de juicio, como el diluvio que llovió 40 días (Gen. 7:4, 12); o el ayuno de Moisés (Dt. 8:2) y el juicio decretado a Nínive (Jon. 3:4). Incluso la tentación de Jesús en el desierto duró 40 días (Mat. 4:2). Pero el número 42 habla de reposo, el fin del juicio, la satisfacción de la prueba. Por ejemplo, 42 estaciones pasó Israel antes de entrar en el reposo de Canaán. El reposo milenial llegará después de 42 meses de tribulación (Ap. 13:5). Así que a Cristo Jesús se le menciona como la generación número 42 para indicarnos que Él es nuestro reposo. Venid a mí los que estéis trabajados y cargados y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y mi carga ligera (Mat. 11:28-30). Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia (Heb.4:9-11).

— Roberto Tinoco

Mateo 1:18

Comentario general

1.18 La costumbre de aquella época respecto del desposorio era que aun cuando estaban solamente comprometidos en matrimonio, ya se habían ofrecido votos, y por tanto se requería para su disolución de el divorcio. Era prácticamente como estar casados, con la diferencia de que debían esperar alrededor de un año para que se llevase a cabo la unión física. Fue en ese tiempo cuando María se halló que había concebido del Espíritu Santo. ¡Imagina el dilema de esta jovencita de entre 14 y 17 años! Volviendo al propósito de Mateo al presentar a Jesús el Rey, entendemos el porqué de este versículo. Durante el ministerio de Jesús hubo algunos que se atrevieron a acusar a Jesús de ser este producto de la fornicación entre José y María; literalmente dijeron “nosotros no hemos nacido de fornicación”, haciendo indirectamente la alusión de que Jesús si lo era. Habiéndose propagado esta calumnia en tiempos de Mateo, el escritor enfáticamente declara, para corregir la mentira, que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo. La Escritura deja en claro que fue el Espíritu Santo quien concibió a Jesús para señalar que el verdadero Padre del Señor es Dios. Dijo el escritor a los hebreos (1:5) citando al salmista (2:7) mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré el Padre y Él me será a mí, Hijo. Mientras que para María la concepción significaba un serio problema, en los cielos se escuchaba la estruendosa voz de Dios Padre diciendo: Adórenle todos los ángeles de Dios (Heb.1:6), seguida del resonar de seres celestiales que al unísono del Padre exclamaban acerca de Jesucristo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino (Heb.1:8). Quizá te sientas como María, con un gran dilema en tu vida con preguntas tales como: ¿qué voy a hacer ahora? Puedes responderte con toda confianza que todo aquél que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo (1 Juan 5:5). Cree, estarás en el verdadero, en su Hijo Jesucristo, este es el verdadero Dios y la vida eterna (1 Jn.5:20). Permíteme otras enseñanzas sacadas de este mismo versículo: Como niño en espera de la Navidad, este versículo nos ayuda a entusiasmarnos con la llegada de Cristo como la Vida de Dios a todos. Es desear y cuidar la salvación.; que por cierto, viene ante el dolor y la amargura. Si tomamos María, Miriam con su significado en egipcio, sería “amada de Dios”. Pero su significado en hebreo es “amargura” y su nombre en realidad era hebreo. ¿Qué estarían experimentando los padres de Miriam en la esclavitud egipcia como para ponerle a su hija amargura? Es una experiencia que te marca y te acompaña toda la vida. Como ese accidente o la muerte del ser amado, como el divorcio o la quiebra financiera. Incluso, una violación, es el abuso o la circunstancia que te marca. Las cicatrices te recuerdan eventos dolorosos. Cicatrices del alma. angustia que rebasa el límite, en ocasiones el dolor y el sufrimiento pueden llegar a niveles insoportables. Espero que no sea tu caso, pero si así fuera, en lugar de dar a luz amargura, ven al Señor, estás a un paso del Salvador. Su ayuda siempre será mayor que el dolor y la amargura sufridos. La anestesia debe rebasar al dolor para que sea eficaz, la salvación es mayor que el mal. La salvación requiere cuidarse. La Miriam del éxodo debía cuidar a Moisés, quien habría de ser el libertador de Israel. Imagina la importancia de la obra de esta niña, podría haber retrasado el Éxodo unos cuarenta años más. Y la obra de Dios en ti también debe cuidarse, no sea que retrases tu propio camino a la tierra prometida hasta tus hijos. Pero la María de Mateo de mucha más importancia, pues debía cuidar a Jesús, quien es el Salvador de toda la humanidad. ¡Vaya responsabilidad de esta jovencita! La primera María cuidó a un niño en medio del río a causa de una matanza y lo escondió en Egipto bajo la hija de la hija de faraón; pero María cuidó a Jesús en medio de una matanza romana; y tuvo que huir a Egipto a esconder al niño hasta los doce años de edad. Algunos reciben a Cristo y hay quienes les hacen creer que ya no se preocupen, que nada puede abortarlo, pero lejos de eso, tienen una enorme responsabilidad de cuidarlo. Pablo habla de ocuparse en la salvación con temor y temblor (Fil. 2:12). La aplicación de María es que cuidemos nuestra salvación en Cristo Jesús. Todo lo que recibimos de Dios debemos cuidarlo. Desde que naciste has cuidado tu vida natural y al ocuparte en ella, la vida natural te ha cuidado a ti. Lo mismo sucede con la vida eterna, ocuparte en ella hace que la preserves y a su vez, ella te guarde a ti. Junto con esto, la salvación debe probarse. José significa “el que añade”. Todos los José´s de la Biblia fueron prósperos, llevaban en ellos la semilla de la multiplicación y de la abundancia. Sin embargo, la historia del primer José, el hijo de Jacob, muestra que primero se es probado por un buen tiempo antes de poder multiplicarse. La añadidura vendrá hasta que tu salvación sea probada. Es el camino de los 5 pasos a la abundancia: Primero, vencer las heridas de tus hermanos. Algunos aquí detienen su andar. Segundo, ser un señor en la esclavitud prosperando donde nadie prospera. Probado laboralmente. Tercero, vivir libre aun en la cárcel, de manera que puedan confiarte las llaves de los demás. Difamado, pero sigues fiel. Cuarto, tienes que interpretar sueños ajenos aunque los propios no se cumplan. Sirviendo aunque no parezcas recibir recompensa. Y quinto, mantenerte generoso ante la ingratitud. Aunque parezca que jamás llegará tu tiempo sigues haciendo la voluntad de Dios. ¡Entonces llega el trono! ¿No es esto semejante a las pruebas de materiales? Todo material tiene ciertos requerimientos: Pruebas de tensión: es estirado para ver hasta donde se rompe. Como José pasando de un problema a otro. Pruebas de dureza: lo presionan hasta dejarle una marca. Cuando los hermanos trataron de matarlo y luego lo vendieron como esclavo. Pruebas de flexión: es doblado hasta su ruptura. Como la tentación de la esposa de Potifar. Pruebas de compresión: es aplastado para ver cuánto resiste. Como la cárcel. Pruebas de textura: procura corromperlo. Como la fidelidad que tuvo que mostrar en casa de Potifar y como su lealtad con las llaves de la cárcel. Pruebas de penetración: poder agujerarlo. No se amargó ni con el daño de sus hermanos ni con la ingratitud del copero. ¡Gloria a Dios! Además, la salvación debe multiplicarse. El José del Génesis fue usado por Dios para dar posteridad de vida a Israel, a fin de que pudiera multiplicarse hasta llegar a ser una gran nación. No dejó solo para sí los beneficios, sino que los extendió a sus hermanos. El José de los evangelios fue usado por Dios para hacer posible que Jesús creciera y se desarrollara, a fin de que luego se manifestará como el Salvador del mundo. El mayor problema de fracasar en las pruebas es que dejamos de ser la bendición que Dios deseaba dar a muchos más, familiares, amigos, iglesia y sociedad. Y en su lugar nos convertimos en la necesidad. La aplicación de José es que multipliquemos la salvación que hemos recibido en Cristo Jesús. No puedes conformarte con que tú seas cristiano, debes multiplicar la salvación a tu familia y al mundo. Como el escandaloso caso de la familia Chamberlain, la cual, se dedicaba generacionalmente a la medicina de los siglos XVI al XVIII, ellos inventaron los fórceps, pero no compartieron su invento con el mundo, de manera que muchos niños y madres seguían muriendo en el parto, que podrían haberse salvado por tal invento. Su exclusividad podría considerarse criminal. No debes mantener es secreto el evangelio, es criminal. También, la salvación debe concebirse. No puedes vivir realmente lo que no has concebido como parte de tu propia vida. El mundo dice que nadie aprende en cabeza ajena. Jesús no nació como resultado de la unión sexual de José con María, ella era virgen; fue el resultado de la obra sobrenatural del Espíritu Santo, quien engendró a Jesús en el vientre de maría. Por ello Jesús no era un hombre caído ni traía consigo las consecuencias del pecado. Era el hombre perfecto, genio y hermoso, el postrer Adán con la genética original. Este es el Hombre formado en los creyentes, solo que, en la versión, por decirlo así, de cada hombre o mujer. Cristo debe ser formado en nosotros. María seguía siendo María, pero llevaba en ella la Vida divina. Sufrió cambios a causa de dicha Vida que alteró su propia vida, pero seguía siendo María. Si no soportas los cambios ocasionaras el aborto de la Vida divina. Por eso es que el apóstol Pablo escribió a los Gálatas diciéndoles que por haber sido engañados debía volver a sufrir dolores de parto por ellos, y esto, hasta que Cristo fuese formado en ellos: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gal. 4:19). Cristo debe ser formado en nosotros, es un proceso lento con todos los problemas que puede presentar un embarazo espiritual. Cambia tus hábitos, tu comer y tu andar, tu vivir completo y la forma en la que te relacionas con los demás. Además de todo lo anteriormente expuesto, la salvación debe engendrarse. Somos como María recibiendo la Vida divina, pero también, somos el instrumento del Espíritu Santo para engendrar en otros con el evangelio. Por eso dice el apóstol Pablo a los Corintios: Porque, aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio (1 Cor. 4:15). Tenemos que convertirnos en padres y madres espirituales. La aplicación del Espíritu Santo es convertirnos en dadores de Vida, ser espíritu vivificante. Seamos María donde Cristo es formado; seamos también José multiplicando esta vida a los demás y seamos además instrumento del Espíritu Santo llevando a Cristo, la Vida Eterna a todos.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:19

Comentario general

1.19 La justicia en el reino de los cielos es ilustrada por José, un marido que fue capaz de tomar las faltas de su mujer y cubrirla. Cualquiera pensaría que lo justo es lo que la ley de Moisés decía: llevarla a los ancianos de la ciudad y acusarla de adulterio, pero la Biblia habla de una justicia más alta, la que toma las faltas del otro. Cristo es la justicia de Dios porque llevó nuestros pecados en la cruz: al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Cor. 5:21). ¿Qué clase de justicia quieres, la ley de los hombres o la justicia de Dios? Leemos en la Biblia, por ejemplo, que la mujer rencillosa es como gotera continua; pero también, que el hombre prefiere estar en un rincón del terrado que con mujer rencillosa (Pr. 27:15; 25:24). Eso es lo que hace un hombre justo, ¡repara goteras! ¿Hay fallas en tu matrimonio? No te quedes abajo discutiendo, sube de nivel y repara la relación. Debes estar más alto para reparar una gotera, debes esforzarte y subir. No bajes a la discusión, sé mejor. Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos (Rom. 15:1). Demuestra que subes llevando las faltas, ¿tu cónyuge tiene mal carácter? Lleva su debilidad con tu fortaleza, se feliz por ti y por ella también. Pero si prefieres la actitud necia de ganar la discusión perderás el matrimonio, no te agrades a ti mismo. El secreto del matrimonio, como de todas las relaciones humanas, es agradar al otro, aunque a veces esto signifique hacer a un lado tus deseos. No me refiero a una actitud sufriente de mártir, sino a al disfrutar lo que hace feliz al otro. ¿Puedes alegrarte con sus gustos? Volviendo a José, lo miramos cambiando de residencia fácilmente de una ciudad a otra, aun perdiendo su casa por la necesidad de escapar rápidamente para proteger a Jesús; y todo, porque escuchaba en sueños indicaciones de Dios por medio de ángeles. Los hombres justos tienen oídos abiertos al cielo y no a las cosas de este mundo. Por otro lado, ¡cuánto sería el respeto de María que podía seguirlo a media noche sólo porque él dijo que había soñado peligro para el niño! Los hombres y mujeres justos reciben el respeto de sus familias. Si te falta autoridad en el hogar no la conseguirás con imposición, sino con justicia. Sé honorable, si tienes palabra y proteges tu familia, entonces tu familia te seguirá en tus sueños. Irán contigo si saben que sigues a Dios, pero te abandonarán si perciben que no sabes a donde vas o que eres injusto. ¡Con razón José no vivía para el tiempo en el que Jesús fue crucificado! Hubiera sido difícil que pudieran con él. Te ampliaré un poco más estos conceptos: José era justo, dice la Escritura. Justo, del griego “dikaios”, se refiere a una persona que vive conforme a la ley. En este caso, José era justo, no conforme a la ley de Moisés, sino a la nueva ley del Espíritu de gracia; justo en Dios para perdonar, justo en Dios para no condenar. Si tú has pecado, hoy es el día de la gracia. Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Jn.1:9). Así amaba José a María. No quiso culparla ni someterla a la vergüenza pública, lejos de eso, “quiso dejarla secretamente”, en otras palabras, prefirió que la gente lo señalara a él como culpable, su justicia estuvo en atribuirse la culpa de María a sí mismo, tan solo por amor. ¿Y no es acaso lo mismo que hizo Jesucristo por la Iglesia? La Biblia dice que llevó Él nuestros pecados y sufrió nuestros dolores (Isaías 53:4). Habiendo concebido la Iglesia la vida de Dios a través del Espíritu Santo (Rom. 8:2; 1 Cor. 3:16,19) y siendo la iglesia conformada de pecadores, mereciendo cada uno de nosotros la condenación (Rom. 3:23; 1 Cor. 6:11), lejos de repudiarnos el esposo de la Iglesia: Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella (Ef.5:25). Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Rom.5:8). ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom.8:34-39).

— Roberto Tinoco

Mateo 1:20

Comentario general

1.20 Vimos al respecto en el capítulo anterior que Dios instruyó a José. Fue necesario porque María no se defendió, no presentó ningún argumento, después de todo ¿quién podría creerle? Tenía los hechos, pero si los explicaba, no tendría argumentos ni razón en la opinión de quien la escuchara. ¡Ah! Debemos aprender a esperar en Dios buscando los hechos por encima de los argumentos. Estad quietos y conoced que Yo soy Dios. Exaltado seré entre las naciones de la tierra (Sal.46:10). Dios llamó a José “Hijo de David”, ¡pero era solamente un carpintero! La etiqueta de los hombres no corresponde a la identidad que Dios te da: Mirad cual amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo somos - Dice el apóstol Juan (1 Jn. 3:1)! Nadie te menosprecie, si tu has recibido a Jesucristo en tu corazón entonces eres hijo de Dios (Jn. 1:12), ¡eres hijo del verdadero David! ¡Perteneces al reino de Dios! Como una enseñanza adicional, podemos entresacar en este versículo riquezas para el matrimonio. Fundamentos de vida para el mismo. Cierta vez, miraba una película junto a mi amada esposa acerca de una pareja de científicos que superaron un grave problema matrimonial entre ellos por la búsqueda conjunta de un descubrimiento médico revolucionario con miras de erradicar enfermedades. De inmediato, mi esposa y yo coincidimos nuestros ojos volteando a vernos con el mismo pensamiento: «cuando se tiene un propósito más grande en la vida que ser un matrimonio podemos superar los problemas que se presenten en el mismo». El matrimonio de José estaba en verdaderos problemas, considera lo difícil que sería para cualquier hombre creerle a su mujer que el hijo que espera es por obra del Espíritu Santo; muy pocas personas superan los celos ante una inminente infidelidad, pero José y María salieron adelante. ¿Cómo lo lograron? Debido a que les fue dado un propósito más alto para su matrimonio que las cosas de este mundo: el Mesías y el reino de Dios. Algunos intentan seguir «por los hijos». Cuando el propósito del matrimonio es sólo la familia, no tiene mucho fundamento. Los hijos crecen y se van, entonces el matrimonio se rompe. Otros intentan seguir «por dinero». Principalmente mujeres que siguen casadas por miedo a la escasez; y hombres que siguen en casa por no pagar pensión ni dividir salario (aunque también sucede a la inversa). La Biblia dice que las riquezas son inciertas, por lo que no debemos poner nuestra esperanza en ellas (1 Tim. 6:17). Y también algunos intentan seguir únicamente en el estímulo de su propia fuerza: «por nosotros». Suena bien, pero, así como el vino se acabó en las bodas de Caná de Galilea (Juan 2), así también se termina el amor humano. Se necesita el amor más alto para sostenernos, el amor de Dios. También ten cuidado de no tratar de sostener el matrimonio por que qué dirán ni por costumbre o tradición. El propósito más alto es la formación de Cristo como Jesús formándose en María. Cristo está en tu matrimonio; no siempre lo ves, pero así es. José necesitó saber que lo que estaba siendo formado en su mujer era Cristo y no el producto de una infidelidad; y tu necesitas saber que Cristo también está siendo formado tanto en tu cónyuge como en ti. No veas con los ojos de la carne, los cuales pueden ser fácilmente engañados; sino con los ojos del Espíritu. Comprende que todo lo que experimenten como pareja es la obra de Dios. Todo lo que viven contribuye a dicha edificación; todo, lo bueno y aun aquello que te parece malo al principio. Si huyes del matrimonio escapas de la formación de Cristo. Si el barro se sale de la rueca, las manos del Alfarero no lo formarán. Este propósito más alto proviene del Espíritu Santo como Jesús fue engendrado en María. No establezcas un propósito matrimonial a partir de fines egoístas. Que no se trate de ti, sino de Dios. No establezcas un propósito matrimonial a partir de fines terrenales. Que provenga del cielo y establezca el reino de Dios; que transforme tu generación y no solo se trate de conseguir cosas de este mundo. Servir a Dios y al prójimo es maravilloso para mantener un gran matrimonio. No establezcas un propósito matrimonial a partir de fines temporales. Enfócate en lo eterno y tu matrimonio jamás terminará. Servir ambos a Dios es maravilloso para mantener un gran matrimonio. José nunca hubiera podido salir adelante arriesgándolo todo sin recibir un propósito más alto que solo casarse; y tu tampoco tendrás un matrimonio glorioso basado sólo en cosas de esta vida. Necesitas enfocar tu matrimonio a honrar a Dios.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:21

Comentario general

1.21-23 La costumbre de entonces indicaba que el padre era el encargado de poner el nombre a sus hijos, en especial, tratándose del primogénito. Pues bien, el nombre de Jesús no fue dado por José, sino por Dios Padre, porque Él es el verdadero Padre; por ello, Jesús dijo frecuentemente que Él era Hijo de Dios (Jn. 10:36). Satanás mismo, cuando tentó a Jesús en el desierto le decía “si tú eres hijo de Dios entonces...” (Mat. 4:3-6). Los demonios le decían: “¿qué tienes con nosotros Hijo de Dios? ¿has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mat. 8:29). Cuando Jesús calmó la tempestad sus asustados discípulos lo adoraron diciendo: “¡Verdaderamente eres Hijo de Dios!”. También, un día, el sumo sacerdote Caifás conjuró a Jesús a hablar de sí mismo y afirmar que efectivamente era el Cristo, el Hijo de Dios (Mat. 26:63); de hecho, esta fue la verdadera razón de la pena de muerte contra Él. Hubo otros, como un centurión, que tuvieron que esperar a que el Señor muriese en la cruz y ver el terremoto, así como los acontecimientos adversos en el clima para poder decir: “¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios” (Mat. 27:54)! Pero, ¿por qué necesitar de circunstancias críticas para ver a Jesús tal y cual es, el Hijo Divino? Juan el Bautista, Natanael, Marta, incluso el eunuco a quien Felipe le predicó, fueron capaces de ver la divinidad de Jesús en su primer encuentro con Él. ¿Y tú? (Jn. 1:34; Jn. 1:49; Jn. 11:27; Hch. 8:37). El apóstol Juan escribió en su evangelio: Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre (Jn.20:31). Y como leímos líneas atrás, ese fue el veredicto judío que llevó a la muerte a Jesús: Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley y según nuestra ley, Él debe morir, porque se hizo a sí mismo hijo de Dios (Jn.19:7). Regresando al versículo que nos ocupa, sabemos que el Nombre dado al Rey de Israel es Jesús (heb. Yeshúa). Jesús significa “Yahwéh es salvación”, “Yahwéh salva”. Esta es la especialidad de Dios: Salvar. Algunos tienen pasatiempos, diversiones como el deporte; pero Dios tiene la salvación, porque se complace en misericordia: Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia sois salvos! (Ef.2:4). Mateo nos enseña que la misión del Rey es la salvación del hombre; se llama Jesús porque “Él salvará a su pueblo de sus pecados”. El evangelista está preocupado por demostrar que Jesús es el Mesías, para ello cita frecuentemente el Antiguo Testamento, vemos en los versículos 22 y 23 que: Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (citó a Isaías 7:14.). Mateo atribuyó dos nombres que describen al Mesías. En esto no hay nada raro, en una ocasión, también el profeta Isaías atribuyó 5 nombres más al Señor: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is.9:6). Jesús es el Nombre que habla acerca de su ministerio: Él es el Salvador del mundo. (Por cierto, que su nombre es sobre todo nombre y a Él se doblará toda rodilla, de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre Fil.2:10-11). Y mientras que Jesús es el Nombre que habla acerca de su ministerio, Emanuel es el Nombre que habla acerca de su naturaleza, respecto de quién es Él. ¡Y Él es Dios con nosotros! –significado de Emanuel. ¡Jesús es Dios! Eso mismo escribió el apóstol Pablo años después a los Romanos en el capítulo 9 verso 6: vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos, Amén. Y también lo cantaba la iglesia primitiva: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria (1 Tim.3:16). Por eso puede salvar, porque Él es Dios y fuera de Dios no hay quién salve (Is. 43:11). Nuestra seguridad no descansa en el intento y las mejores intenciones de un salvador humano, sino en Dios. También podemos ver el proceso de Cristo formado en María como el proceso de Cristo formado en nosotros, más específicamente, concebir, formar y dar a luz a Cristo en nosotros. El versículo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mateo 1:23), se parece a Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gálatas 4:19). Que Cristo sea formado en nosotros es la meta de nuestro vivir, sin embargo, esto no se logra fácilmente. El nacimiento de Jesús es una figura de este proceso. Para que demos a luz a Cristo pasamos por muchas cosas. Primero, entender que para concebir a Cristo no contábamos con el mejor vientre, ¿recuerdas la genealogía del Mesías? (mira las notas Mateo 1:3-6). Si se tratara de nuestro árbol genealógico, quizá contaríamos los reyes que hay en él, así como las damas más honorables cuyos nombres engalanan la lista. Pero de todas las mujeres que Dios podría nombrar en la genealogía de su Hijo, menciona sólo cuatro, las menos honorables. Esto muestra que no venimos con ventaja. Vuelve a ver quiénes eran Tamar, Rahab, Rut y Betsabé. ¿Por qué no está allí Sara o alguna de las hermosas madres de Israel? ¡Porque Dios hoy quiere decirte que sin importar la condición de tu vientre espiritualmente hablando, si crees concebirás y darás a luz a Cristo en tu vida. No vienes con ventaja, así que dile a Dios: «¡Señor, necesito misericordia!» Nadie daría nada por ellas y Dios lo dio todo. Les puso en su matriz la vida divina. Jesús tiene el estirpe de la misericordia y de la gracia. Éstas mujeres habían recibido mala semilla toda su vida, Tamar tenía marido estéril, Rahab era ramera, Rut también fue mujer de un hombre estéril, y Betsabé recibía semilla de Urías, también estéril, no simiente divina; pero una vez que el Señor les miró y ellas creyeron, recibieron la semilla que contenía el ADN del cielo, por decirlo así. Puede ser que hayas recibido mala semilla toda la vida y fuiste infértil o produjiste maldad, ¡pero ha llegado a ti la Palabra de Dios, la bendita Simiente del cielo! Por tanto, tu vientre espiritual no es fecundado más por carne, sino por el Espíritu Santo (Mat. 1:18). Como ya vimos, María era una adolescente embarazada que podía ser repudiada por su prometido y morir, ya sea quemada o lapidada. Condenada por la Ley y por la sociedad. Sería señalada toda la vida. Pero el Espíritu de Dios fecunda vientres capaces de arriesgarlo todo. Las cuatro mujeres anteriormente citadas carecían de buena reputación y María estaba dispuesta a perderla; ¿qué está diciéndonos el Señor? ¡Que Cristo será formado en ti si estás dispuesto a dejar de pensar en ti! Tu vientre espiritual será tentado a abortar el sueño de Dios (Mat. 1:19-20), pero Dios no lo permitirá (Mat. 1:24). ¿Puedes imaginar la desilusión e ira de José al enterarse del embarazo de María? Mil pensamientos tomaron por sitio su cabeza, seguro que sentía un profundo dolor en el pecho y sus ilusiones hechas añicos. ¿Qué hacer cuando todo se viene abajo? ¿Cómo reaccionar a la traición? José era justo y puso “las culpas” de María sobre sí. Prefirió dejarla secretamente y que pensaran mal de él. Tal actitud lo puso en sintonía con el sueño de Dios, así que un ángel le visitó en sueños para indicarle que el embarazo venía del Espíritu. Ofenderse aborta el sueño de Dios. Judas se ofendió y perdió el sueño apostólico; ¿dónde están sus descendientes? Caín se ofendió y mató a su hermano, fue hecho hijo del maligno y perdió su sueño agricultor siendo errante. Los fariseos se ofendieron contra Jesús y perdieron el sueño de ser el pueblo de Dios. No te ofendas. ¡Cuánto respeto despertó en María semejante liderazgo de José que después podía levantarla a media noche y mudarse de ciudad sin previo aviso! En segundo lugar, después de concebir por la bendita Palabra de Dios, requieres que Cristo sea formado en ti. Este es el proyecto de Dios. Jesús nació en Belén (Mat. 2:1); esto nos enseña muchas cosas: Nos habla de la providencia, pues un censo los llevó allá. Dios mueve toda la tierra para formar a Cristo. Nos habla de la provisión, Belén significa “Casa de Pan”; allí llegó el Pan de Vida. Nos habla de oportunidad, ya que Belén era un pequeñísimo poblado. Dilea Dios: «¿yo también, Señor?» De manera que Cristo debe ser formado en toda circunstancia y a pesar de todo. Cristo vino en días del rey Herodes, llamado “el grande”, hijo del idumeo Antipater, un hombre cruel y despiadado. No era el tiempo más piadoso ni con las mejores oportunidades si se trataba de llevar el evangelio al mundo entero. ¿No nos presenta más oportunidades nuestro tiempo? Pero el Mesías vino cuando su pueblo se hallaba bajo el yugo romano, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. EL Señor aprovechará la peor época de tu vida para que Cristo sea formado en ti. ¿Acaso los músculos no se forman bajo el dolor del ejercicio? Sin embargo, que Cristo sea formado requiere humildad. El evangelista Lucas nos dice que Jesús nació en un pesebre porque no había lugar para ellos en el Mesón. No te imagines el pesebre como los clásicos nacimientos en donde todo está ordenado y limpio, era simplemente una especie de cueva labrada en el monte sucia, maloliente, donde las bestias se amontonaban para pasar la noche y donde la paja o el heno estaba tirada entre desperdicios. No hubo lugar para el Hijo de Dios entre los hombres, pero si entre las bestias, ¿qué nos dice esto? Que es más fácil que Cristo sea formado y nazca de un corazón que se sabe sucio que de uno soberbio y orgulloso que se crea limpio y digno. Fue hasta después que el rey babilonio Nabucodonosor se comportó como una bestia que reconoció que el Dios Altísimo gobernaba los asuntos de los hombres (Dan. 4). ¿Es tu corazón un palacio o un pesebre? Hay muchos requisitos para entrar a un palacio, pero entrar a un pesebre es sencillo; ¿tendrá problemas Cristo para entrar en ti?

— Roberto Tinoco

Mateo 1:22

Comentario general

1.21-23 La costumbre de entonces indicaba que el padre era el encargado de poner el nombre a sus hijos, en especial, tratándose del primogénito. Pues bien, el nombre de Jesús no fue dado por José, sino por Dios Padre, porque Él es el verdadero Padre; por ello, Jesús dijo frecuentemente que Él era Hijo de Dios (Jn. 10:36). Satanás mismo, cuando tentó a Jesús en el desierto le decía “si tú eres hijo de Dios entonces...” (Mat. 4:3-6). Los demonios le decían: “¿qué tienes con nosotros Hijo de Dios? ¿has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mat. 8:29). Cuando Jesús calmó la tempestad sus asustados discípulos lo adoraron diciendo: “¡Verdaderamente eres Hijo de Dios!”. También, un día, el sumo sacerdote Caifás conjuró a Jesús a hablar de sí mismo y afirmar que efectivamente era el Cristo, el Hijo de Dios (Mat. 26:63); de hecho, esta fue la verdadera razón de la pena de muerte contra Él. Hubo otros, como un centurión, que tuvieron que esperar a que el Señor muriese en la cruz y ver el terremoto, así como los acontecimientos adversos en el clima para poder decir: “¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios” (Mat. 27:54)! Pero, ¿por qué necesitar de circunstancias críticas para ver a Jesús tal y cual es, el Hijo Divino? Juan el Bautista, Natanael, Marta, incluso el eunuco a quien Felipe le predicó, fueron capaces de ver la divinidad de Jesús en su primer encuentro con Él. ¿Y tú? (Jn. 1:34; Jn. 1:49; Jn. 11:27; Hch. 8:37). El apóstol Juan escribió en su evangelio: Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre (Jn.20:31). Y como leímos líneas atrás, ese fue el veredicto judío que llevó a la muerte a Jesús: Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley y según nuestra ley, Él debe morir, porque se hizo a sí mismo hijo de Dios (Jn.19:7). Regresando al versículo que nos ocupa, sabemos que el Nombre dado al Rey de Israel es Jesús (heb. Yeshúa). Jesús significa “Yahwéh es salvación”, “Yahwéh salva”. Esta es la especialidad de Dios: Salvar. Algunos tienen pasatiempos, diversiones como el deporte; pero Dios tiene la salvación, porque se complace en misericordia: Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia sois salvos! (Ef.2:4). Mateo nos enseña que la misión del Rey es la salvación del hombre; se llama Jesús porque “Él salvará a su pueblo de sus pecados”. El evangelista está preocupado por demostrar que Jesús es el Mesías, para ello cita frecuentemente el Antiguo Testamento, vemos en los versículos 22 y 23 que: Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (citó a Isaías 7:14.). Mateo atribuyó dos nombres que describen al Mesías. En esto no hay nada raro, en una ocasión, también el profeta Isaías atribuyó 5 nombres más al Señor: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is.9:6). Jesús es el Nombre que habla acerca de su ministerio: Él es el Salvador del mundo. (Por cierto, que su nombre es sobre todo nombre y a Él se doblará toda rodilla, de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre Fil.2:10-11). Y mientras que Jesús es el Nombre que habla acerca de su ministerio, Emanuel es el Nombre que habla acerca de su naturaleza, respecto de quién es Él. ¡Y Él es Dios con nosotros! –significado de Emanuel. ¡Jesús es Dios! Eso mismo escribió el apóstol Pablo años después a los Romanos en el capítulo 9 verso 6: vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos, Amén. Y también lo cantaba la iglesia primitiva: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria (1 Tim.3:16). Por eso puede salvar, porque Él es Dios y fuera de Dios no hay quién salve (Is. 43:11). Nuestra seguridad no descansa en el intento y las mejores intenciones de un salvador humano, sino en Dios. También podemos ver el proceso de Cristo formado en María como el proceso de Cristo formado en nosotros, más específicamente, concebir, formar y dar a luz a Cristo en nosotros. El versículo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mateo 1:23), se parece a Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gálatas 4:19). Que Cristo sea formado en nosotros es la meta de nuestro vivir, sin embargo, esto no se logra fácilmente. El nacimiento de Jesús es una figura de este proceso. Para que demos a luz a Cristo pasamos por muchas cosas. Primero, entender que para concebir a Cristo no contábamos con el mejor vientre, ¿recuerdas la genealogía del Mesías? (mira las notas Mateo 1:3-6). Si se tratara de nuestro árbol genealógico, quizá contaríamos los reyes que hay en él, así como las damas más honorables cuyos nombres engalanan la lista. Pero de todas las mujeres que Dios podría nombrar en la genealogía de su Hijo, menciona sólo cuatro, las menos honorables. Esto muestra que no venimos con ventaja. Vuelve a ver quiénes eran Tamar, Rahab, Rut y Betsabé. ¿Por qué no está allí Sara o alguna de las hermosas madres de Israel? ¡Porque Dios hoy quiere decirte que sin importar la condición de tu vientre espiritualmente hablando, si crees concebirás y darás a luz a Cristo en tu vida. No vienes con ventaja, así que dile a Dios: «¡Señor, necesito misericordia!» Nadie daría nada por ellas y Dios lo dio todo. Les puso en su matriz la vida divina. Jesús tiene el estirpe de la misericordia y de la gracia. Éstas mujeres habían recibido mala semilla toda su vida, Tamar tenía marido estéril, Rahab era ramera, Rut también fue mujer de un hombre estéril, y Betsabé recibía semilla de Urías, también estéril, no simiente divina; pero una vez que el Señor les miró y ellas creyeron, recibieron la semilla que contenía el ADN del cielo, por decirlo así. Puede ser que hayas recibido mala semilla toda la vida y fuiste infértil o produjiste maldad, ¡pero ha llegado a ti la Palabra de Dios, la bendita Simiente del cielo! Por tanto, tu vientre espiritual no es fecundado más por carne, sino por el Espíritu Santo (Mat. 1:18). Como ya vimos, María era una adolescente embarazada que podía ser repudiada por su prometido y morir, ya sea quemada o lapidada. Condenada por la Ley y por la sociedad. Sería señalada toda la vida. Pero el Espíritu de Dios fecunda vientres capaces de arriesgarlo todo. Las cuatro mujeres anteriormente citadas carecían de buena reputación y María estaba dispuesta a perderla; ¿qué está diciéndonos el Señor? ¡Que Cristo será formado en ti si estás dispuesto a dejar de pensar en ti! Tu vientre espiritual será tentado a abortar el sueño de Dios (Mat. 1:19-20), pero Dios no lo permitirá (Mat. 1:24). ¿Puedes imaginar la desilusión e ira de José al enterarse del embarazo de María? Mil pensamientos tomaron por sitio su cabeza, seguro que sentía un profundo dolor en el pecho y sus ilusiones hechas añicos. ¿Qué hacer cuando todo se viene abajo? ¿Cómo reaccionar a la traición? José era justo y puso “las culpas” de María sobre sí. Prefirió dejarla secretamente y que pensaran mal de él. Tal actitud lo puso en sintonía con el sueño de Dios, así que un ángel le visitó en sueños para indicarle que el embarazo venía del Espíritu. Ofenderse aborta el sueño de Dios. Judas se ofendió y perdió el sueño apostólico; ¿dónde están sus descendientes? Caín se ofendió y mató a su hermano, fue hecho hijo del maligno y perdió su sueño agricultor siendo errante. Los fariseos se ofendieron contra Jesús y perdieron el sueño de ser el pueblo de Dios. No te ofendas. ¡Cuánto respeto despertó en María semejante liderazgo de José que después podía levantarla a media noche y mudarse de ciudad sin previo aviso! En segundo lugar, después de concebir por la bendita Palabra de Dios, requieres que Cristo sea formado en ti. Este es el proyecto de Dios. Jesús nació en Belén (Mat. 2:1); esto nos enseña muchas cosas: Nos habla de la providencia, pues un censo los llevó allá. Dios mueve toda la tierra para formar a Cristo. Nos habla de la provisión, Belén significa “Casa de Pan”; allí llegó el Pan de Vida. Nos habla de oportunidad, ya que Belén era un pequeñísimo poblado. Dilea Dios: «¿yo también, Señor?» De manera que Cristo debe ser formado en toda circunstancia y a pesar de todo. Cristo vino en días del rey Herodes, llamado “el grande”, hijo del idumeo Antipater, un hombre cruel y despiadado. No era el tiempo más piadoso ni con las mejores oportunidades si se trataba de llevar el evangelio al mundo entero. ¿No nos presenta más oportunidades nuestro tiempo? Pero el Mesías vino cuando su pueblo se hallaba bajo el yugo romano, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. EL Señor aprovechará la peor época de tu vida para que Cristo sea formado en ti. ¿Acaso los músculos no se forman bajo el dolor del ejercicio? Sin embargo, que Cristo sea formado requiere humildad. El evangelista Lucas nos dice que Jesús nació en un pesebre porque no había lugar para ellos en el Mesón. No te imagines el pesebre como los clásicos nacimientos en donde todo está ordenado y limpio, era simplemente una especie de cueva labrada en el monte sucia, maloliente, donde las bestias se amontonaban para pasar la noche y donde la paja o el heno estaba tirada entre desperdicios. No hubo lugar para el Hijo de Dios entre los hombres, pero si entre las bestias, ¿qué nos dice esto? Que es más fácil que Cristo sea formado y nazca de un corazón que se sabe sucio que de uno soberbio y orgulloso que se crea limpio y digno. Fue hasta después que el rey babilonio Nabucodonosor se comportó como una bestia que reconoció que el Dios Altísimo gobernaba los asuntos de los hombres (Dan. 4). ¿Es tu corazón un palacio o un pesebre? Hay muchos requisitos para entrar a un palacio, pero entrar a un pesebre es sencillo; ¿tendrá problemas Cristo para entrar en ti?

— Roberto Tinoco

Mateo 1:23

Comentario general

1.21-23 La costumbre de entonces indicaba que el padre era el encargado de poner el nombre a sus hijos, en especial, tratándose del primogénito. Pues bien, el nombre de Jesús no fue dado por José, sino por Dios Padre, porque Él es el verdadero Padre; por ello, Jesús dijo frecuentemente que Él era Hijo de Dios (Jn. 10:36). Satanás mismo, cuando tentó a Jesús en el desierto le decía “si tú eres hijo de Dios entonces...” (Mat. 4:3-6). Los demonios le decían: “¿qué tienes con nosotros Hijo de Dios? ¿has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mat. 8:29). Cuando Jesús calmó la tempestad sus asustados discípulos lo adoraron diciendo: “¡Verdaderamente eres Hijo de Dios!”. También, un día, el sumo sacerdote Caifás conjuró a Jesús a hablar de sí mismo y afirmar que efectivamente era el Cristo, el Hijo de Dios (Mat. 26:63); de hecho, esta fue la verdadera razón de la pena de muerte contra Él. Hubo otros, como un centurión, que tuvieron que esperar a que el Señor muriese en la cruz y ver el terremoto, así como los acontecimientos adversos en el clima para poder decir: “¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios” (Mat. 27:54)! Pero, ¿por qué necesitar de circunstancias críticas para ver a Jesús tal y cual es, el Hijo Divino? Juan el Bautista, Natanael, Marta, incluso el eunuco a quien Felipe le predicó, fueron capaces de ver la divinidad de Jesús en su primer encuentro con Él. ¿Y tú? (Jn. 1:34; Jn. 1:49; Jn. 11:27; Hch. 8:37). El apóstol Juan escribió en su evangelio: Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre (Jn.20:31). Y como leímos líneas atrás, ese fue el veredicto judío que llevó a la muerte a Jesús: Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley y según nuestra ley, Él debe morir, porque se hizo a sí mismo hijo de Dios (Jn.19:7). Regresando al versículo que nos ocupa, sabemos que el Nombre dado al Rey de Israel es Jesús (heb. Yeshúa). Jesús significa “Yahwéh es salvación”, “Yahwéh salva”. Esta es la especialidad de Dios: Salvar. Algunos tienen pasatiempos, diversiones como el deporte; pero Dios tiene la salvación, porque se complace en misericordia: Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia sois salvos! (Ef.2:4). Mateo nos enseña que la misión del Rey es la salvación del hombre; se llama Jesús porque “Él salvará a su pueblo de sus pecados”. El evangelista está preocupado por demostrar que Jesús es el Mesías, para ello cita frecuentemente el Antiguo Testamento, vemos en los versículos 22 y 23 que: Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (citó a Isaías 7:14.). Mateo atribuyó dos nombres que describen al Mesías. En esto no hay nada raro, en una ocasión, también el profeta Isaías atribuyó 5 nombres más al Señor: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is.9:6). Jesús es el Nombre que habla acerca de su ministerio: Él es el Salvador del mundo. (Por cierto, que su nombre es sobre todo nombre y a Él se doblará toda rodilla, de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre Fil.2:10-11). Y mientras que Jesús es el Nombre que habla acerca de su ministerio, Emanuel es el Nombre que habla acerca de su naturaleza, respecto de quién es Él. ¡Y Él es Dios con nosotros! –significado de Emanuel. ¡Jesús es Dios! Eso mismo escribió el apóstol Pablo años después a los Romanos en el capítulo 9 verso 6: vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos, Amén. Y también lo cantaba la iglesia primitiva: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria (1 Tim.3:16). Por eso puede salvar, porque Él es Dios y fuera de Dios no hay quién salve (Is. 43:11). Nuestra seguridad no descansa en el intento y las mejores intenciones de un salvador humano, sino en Dios. También podemos ver el proceso de Cristo formado en María como el proceso de Cristo formado en nosotros, más específicamente, concebir, formar y dar a luz a Cristo en nosotros. El versículo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mateo 1:23), se parece a Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gálatas 4:19). Que Cristo sea formado en nosotros es la meta de nuestro vivir, sin embargo, esto no se logra fácilmente. El nacimiento de Jesús es una figura de este proceso. Para que demos a luz a Cristo pasamos por muchas cosas. Primero, entender que para concebir a Cristo no contábamos con el mejor vientre, ¿recuerdas la genealogía del Mesías? (mira las notas Mateo 1:3-6). Si se tratara de nuestro árbol genealógico, quizá contaríamos los reyes que hay en él, así como las damas más honorables cuyos nombres engalanan la lista. Pero de todas las mujeres que Dios podría nombrar en la genealogía de su Hijo, menciona sólo cuatro, las menos honorables. Esto muestra que no venimos con ventaja. Vuelve a ver quiénes eran Tamar, Rahab, Rut y Betsabé. ¿Por qué no está allí Sara o alguna de las hermosas madres de Israel? ¡Porque Dios hoy quiere decirte que sin importar la condición de tu vientre espiritualmente hablando, si crees concebirás y darás a luz a Cristo en tu vida. No vienes con ventaja, así que dile a Dios: «¡Señor, necesito misericordia!» Nadie daría nada por ellas y Dios lo dio todo. Les puso en su matriz la vida divina. Jesús tiene el estirpe de la misericordia y de la gracia. Éstas mujeres habían recibido mala semilla toda su vida, Tamar tenía marido estéril, Rahab era ramera, Rut también fue mujer de un hombre estéril, y Betsabé recibía semilla de Urías, también estéril, no simiente divina; pero una vez que el Señor les miró y ellas creyeron, recibieron la semilla que contenía el ADN del cielo, por decirlo así. Puede ser que hayas recibido mala semilla toda la vida y fuiste infértil o produjiste maldad, ¡pero ha llegado a ti la Palabra de Dios, la bendita Simiente del cielo! Por tanto, tu vientre espiritual no es fecundado más por carne, sino por el Espíritu Santo (Mat. 1:18). Como ya vimos, María era una adolescente embarazada que podía ser repudiada por su prometido y morir, ya sea quemada o lapidada. Condenada por la Ley y por la sociedad. Sería señalada toda la vida. Pero el Espíritu de Dios fecunda vientres capaces de arriesgarlo todo. Las cuatro mujeres anteriormente citadas carecían de buena reputación y María estaba dispuesta a perderla; ¿qué está diciéndonos el Señor? ¡Que Cristo será formado en ti si estás dispuesto a dejar de pensar en ti! Tu vientre espiritual será tentado a abortar el sueño de Dios (Mat. 1:19-20), pero Dios no lo permitirá (Mat. 1:24). ¿Puedes imaginar la desilusión e ira de José al enterarse del embarazo de María? Mil pensamientos tomaron por sitio su cabeza, seguro que sentía un profundo dolor en el pecho y sus ilusiones hechas añicos. ¿Qué hacer cuando todo se viene abajo? ¿Cómo reaccionar a la traición? José era justo y puso “las culpas” de María sobre sí. Prefirió dejarla secretamente y que pensaran mal de él. Tal actitud lo puso en sintonía con el sueño de Dios, así que un ángel le visitó en sueños para indicarle que el embarazo venía del Espíritu. Ofenderse aborta el sueño de Dios. Judas se ofendió y perdió el sueño apostólico; ¿dónde están sus descendientes? Caín se ofendió y mató a su hermano, fue hecho hijo del maligno y perdió su sueño agricultor siendo errante. Los fariseos se ofendieron contra Jesús y perdieron el sueño de ser el pueblo de Dios. No te ofendas. ¡Cuánto respeto despertó en María semejante liderazgo de José que después podía levantarla a media noche y mudarse de ciudad sin previo aviso! En segundo lugar, después de concebir por la bendita Palabra de Dios, requieres que Cristo sea formado en ti. Este es el proyecto de Dios. Jesús nació en Belén (Mat. 2:1); esto nos enseña muchas cosas: Nos habla de la providencia, pues un censo los llevó allá. Dios mueve toda la tierra para formar a Cristo. Nos habla de la provisión, Belén significa “Casa de Pan”; allí llegó el Pan de Vida. Nos habla de oportunidad, ya que Belén era un pequeñísimo poblado. Dilea Dios: «¿yo también, Señor?» De manera que Cristo debe ser formado en toda circunstancia y a pesar de todo. Cristo vino en días del rey Herodes, llamado “el grande”, hijo del idumeo Antipater, un hombre cruel y despiadado. No era el tiempo más piadoso ni con las mejores oportunidades si se trataba de llevar el evangelio al mundo entero. ¿No nos presenta más oportunidades nuestro tiempo? Pero el Mesías vino cuando su pueblo se hallaba bajo el yugo romano, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. EL Señor aprovechará la peor época de tu vida para que Cristo sea formado en ti. ¿Acaso los músculos no se forman bajo el dolor del ejercicio? Sin embargo, que Cristo sea formado requiere humildad. El evangelista Lucas nos dice que Jesús nació en un pesebre porque no había lugar para ellos en el Mesón. No te imagines el pesebre como los clásicos nacimientos en donde todo está ordenado y limpio, era simplemente una especie de cueva labrada en el monte sucia, maloliente, donde las bestias se amontonaban para pasar la noche y donde la paja o el heno estaba tirada entre desperdicios. No hubo lugar para el Hijo de Dios entre los hombres, pero si entre las bestias, ¿qué nos dice esto? Que es más fácil que Cristo sea formado y nazca de un corazón que se sabe sucio que de uno soberbio y orgulloso que se crea limpio y digno. Fue hasta después que el rey babilonio Nabucodonosor se comportó como una bestia que reconoció que el Dios Altísimo gobernaba los asuntos de los hombres (Dan. 4). ¿Es tu corazón un palacio o un pesebre? Hay muchos requisitos para entrar a un palacio, pero entrar a un pesebre es sencillo; ¿tendrá problemas Cristo para entrar en ti?

— Roberto Tinoco

Mateo 1:24

Comentario general

1.24 ¡Cuán importante es aprender a oír a Dios! José no vio un ángel, no siguió un milagro, ni nada vistoso o sobresaliente, sólo ¡obedeció un sueño! El hombre de Dios conoce la voz de Dios. Jesús dijo: Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen (Jn. 10:27). Este es el segundo José en la Biblia al cual Dios guía con sueños, el primero fue el hijo de Jacob, un patriarca que llegó a ser el segundo más importante en Egipto. José, el esposo de María, era un carpintero, pero por algún tiempo, fue el más importante en la tierra, ya que fue el papá de Jesús y el encargado de cuidarlo y protegerlo. Quién sabe, quizá Dios tenga una posición de eminencia también para ti. ¿La condición? Aprende a oír la voz de Dios, posiblemente no en sueños, pero si en la Biblia. Todos los grandes hombres de Dios, a pesar de sus diferencias en personalidad y trayectoria, han tenido dos similitudes, dos características imprescindibles del siervo de Dios. La primera es oír a Dios; y la segunda es obedecer su voz. ¿Por qué le hablaba Dios a José en sueños? En principio, porque debía instruirle respecto de qué hacer con su hijo. Pero, además, pudiéramos pensar, que Dios habla al hombre cuando este se calla por fin (generalmente esto sucede cuando el hombre duerme). No estoy diciendo que Dios sólo habla a través de sueños, tampoco que estos se requieran; lo que le estoy diciendo es que guardes silencio, que medites en las Sagradas Escrituras y mientras callas, Dios te hablará. No te precipites con tu boca, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras (Ecl. 5:2). No es dejar de orar, al contrario, es aprender a oír mientras oras, y una vez que hayas escuchado su Palabra, obedecer.

— Roberto Tinoco

Mateo 1:25

Comentario general

1.25 Esto significa que mientras María estaba embarazada del Espíritu Santo con Jesús formándose en su interior, no mantuvo vida marital, a saber, relaciones sexuales con José, sino hasta después de que nació Jesús. La palabra “hasta” es una conjunción acompañada por un adverbio que Mateo usa frecuentemente en su evangelio para indicar un cambio de condición después de un tiempo determinado. Quienes piensan que cómo puede ser posible que María, la madre de Jesús, tuviera relaciones sexuales con José (por supuesto, después de nacer Jesús) han de tener una creencia muy equivocada respecto de la relación conyugal, atribuyéndole al sexo, aun en el matrimonio, características pecaminosas. Junto con esto, la palabra que define a Jesús como hijo de María llamándolo “Primogénito”, es decir, primero; y si hay un primero, hay un segundo e incluso más. ¿Por qué no dice hijo unigénito como cuando se refiere a Hijo de Dios? Mateo lo dice después en el capítulo 13 versos 55 y 56. Jesús tuvo por hermanos carnales a Jacobo, José, Simón y Judas así como por lo menos 2 hermanas. El propósito en el nacimiento del Rey se había cumplido, nada impedía la relación conyugal posterior. El sexo matrimonial es bendecido por Dios: Honroso sea en todos el matrimonio y la relación conyugal (Heb. 13:4). Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne (Gen. 2:24). Entonces, es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer (1 Tim.3:2).

— Roberto Tinoco

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