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Mateo 6

Enseñanza acerca de dar a los necesitados

1Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.🗨 2Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.🗨 3Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,🗨 4para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.🗨

Enseñanza acerca de la oración y el ayuno

5Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.🗨 6Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.🗨 7Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.🗨 8No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.🗨 9Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.🗨 10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.🗨 11El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.🗨 12Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.🗨 13Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.🗨 14Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;🗨 15mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.🗨 16Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.🗨 17Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,🗨 18para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.🗨

Enseñanza acerca del dinero y las posesiones

19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;🗨 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.🗨 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.🗨 22La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;🗨 23pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estaráen tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?🗨 24Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.🗨 25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?🗨 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?🗨 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?🗨 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;🗨 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.🗨 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?🗨 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?🗨 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.🗨 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.🗨 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 6:1

Comentario general

6.1 En este versículo el Rey hace referencia a las obras de justicia, o mejor dicho en justicia de los súbditos del reino de los cielos. Dichas obras en justicia están descritas en los versos siguientes: Sobre la limosna (2-4). Sobre la oración (5-15). Y sobre el ayuno (16-18). Hay algunas cosas sumamente importantes a considerar en éste versículo; cuando el Señor habla respecto de la verdadera justicia pone un énfasis especial en la intención de dichas obras. Las buenas obras, las obras de justicia, como son la limosna, la oración y el ayuno, no son producto de la vida natural. No se puede hacer verdadera justicia cuando el corazón humano no ha sido aun justificado ante Dios. Dicho de otro modo, las obras de justicia, según vemos en las palabras de Maestro, no se basan en un buen corazón humano; la verdadera motivación de las obras de misericordia se basan en la filiación que tenemos con Dios. Un hombre no regenerado, que no ha nacido de nuevo, que no ha sido engendrado por el Espíritu (Juan 1:12), hace su justicia delante de los hombres; el hombre natural necesita la alabanza de los hombres naturales; el hombre carnal necesita la alabanza de los hombres carnales; pero los hijos de Dios hacen su justicia para ser vistos de su Padre y recibir de Él la recompensa. En el evangelio según Mateo se relaciona a los súbditos del reino de los cielos con Dios como hijos y Padre respectivamente; por tanto, la enseñanza es que las obras de justicia se basan en esta relación que tenemos con Él, habiéndonos desligado de los hombres en cuanto a la naturaleza caída. Así mismo, hacer la justicia basándose en la relación con los hombres, por la carne misma, nos desliga de Dios; de modo que la recompensa viene a ser terrenal y no celestial, será la vanagloria y no la vida espiritual. Un versículo que sustenta esta postura es Efesios 2:10, dicho texto dice: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Esta cita habla de que somos creación de Dios, pero no se refiere a la primera creación, la terrenal, como las plantas, los animales y el mundo; sino a la recreación, a la segunda creación, la espiritual. Creados en Cristo, o lo que es lo mismo, una vez que hemos venido al conocimiento, a la fe y a la vida de Cristo, entonces, como nuevas criaturas e hijos de Dios vivimos para buenas obras; ¿para gloriarnos ante la gente? ¡No! Las obras son las que “Dios preparó de antemano”, ¡A Él sea toda la gloria! Para que nadie se gloríe (Ef. 2:9). Somos la luz del mundo, es inevitable que un cristiano verdadero tenga buenas obras, es inevitable ver su luz; sin embargo, dicha justicia no es para su gloria, sino para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mat. 5:15-16). ¿Es malo esperar recompensa por las buenas obras? No es malo, pues el Señor Jesús alienta a las buenas obras al hablar de la recompensa; el problema o el pecado no se encuentra en la recompensa, sino en la esperanza que tenemos acerca del proveedor de tal recompensa; por que si esperamos la recompensa de los hombres entonces hacemos evidente que nuestro corazón es terrenal y carece de la nueva vida espiritual; pero si esperamos la recompensa del Padre entonces manifestaremos nuestra identidad y relación de hijos para con Él, la nueva vida, que somos de la familia de Dios y poseemos la naturaleza divina, por tanto, recibiremos la recompensa y la herencia eternas. Además de que intentar hacer buenas obras sin esperar nada de parte de Dios es considerarnos los buenos de la relación, mientras que se tiene a Dios por injusto. Esto no es así. Dios no deberá nada a nadie, Él es bueno y si llegamos a realizar algo por alguien, fue Dios quien nos tuvo misericordia y permitió dicho privilegio, además de que también nos recompensará. Si eres hijo, tu justicia exalta al Padre; pero si buscas la gloria y el reconocimiento personal, o no eres hijo de Dios o se te ha olvidado portarte como tal. En esto se basan las siguientes enseñanzas del Rey Jesús sobre la limosna, así como sobre la oración y sobre el ayuno.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:2

Comentario general

6.2 La limosna era perfectamente conocida por los oyentes del Maestro, tanto los discípulos como el resto de los judíos estaban familiarizados con esta práctica (al menos en teoría). El libro más antiguo de la Biblia, el libro de Job, expresa repetidamente la limosna, por ejemplo, al resumir Job su defensa ante sus detractores dice: Porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador (Job 29:12). También la Ley de Moisés contenía mandamientos sobre la limosna: No endurecerás tu corazón contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente (Dt. 15:7-11). Cuando siegues tu mies …y olvides alguna gavilla… será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda (Dt. 24:19-21). Pero a pesar de estar familiarizados con las leyes de la limosna no conocían el verdadero espíritu de la misma; por lo que Jesús utiliza un hebraísmo para describir la presunción de los supuestos benefactores de su época, ellos hacían “tocar trompeta” cuando daban limosna. La trompeta se usaba para anunciar la llegada de un grande, de un rey. En la Biblia, la trompeta se señala como un instrumento para convocar a una solemne asamblea religiosa, para apercibir para la guerra o bien para anunciar el retorno del Rey Jesús en su segunda venida! De modo que haciendo esto están usurpando su gloria real. Jesús es el Rey solamente ante Él debe ser tocada la trompeta (Sal. 115:1). Cuando sea consumada la obra de la redención y sean entregados por Dios a los santos las coronas y los galardones correspondientes a sus obras de justicia, entonces, lejos de atribuirnos mérito alguno, los verdaderos redimidos, los hijos auténticos, habremos de postrarnos gustosos con la cara en el suelo y de arrojar las coronas delante del trono de Dios y de decir: ¡Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creados (Ap.4:10-11). Y luego nos reuniremos el cielo y la tierra para decir a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el Trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Todos dijeron ¡Amén!) (Ap.5:1-14). El Rey Jesús llamó hipócritas a los fariseos: “como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles”. Esta es una clara referencia de los religiosos contemporáneos de Jesús, en especial hacia los fariseos. La palabra usada para los hipócritas en el texto griego es “hupokrites”. Se usaba para describir el diálogo entre los actores, los cuales se cubrían el rostro con una máscara, la cual contaba con un instrumento para amplificar la voz. Estos dramas se llevaban a cabo a través de preguntas y respuestas, de allí viene “hupokrinomai”, “replica o contestar”. El actor era llamado “hupokrites”. De modo que un hipócrita en este caso, es aquél que esconde sus verdaderas intenciones con una máscara de piedad; es aquél que aparenta bondad y amplifica su voz y sus obras, pero en realidad su propósito es el reconocimiento y el aplauso de los demás. Dan limosna… para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa (Mt.6:2). Buscaban el reconocimiento humano y pueden estar satisfechos porque lo alcanzaron, pero esa es toda su recompensa. Cambiaron las bendiciones eternas por el ¡bravo! Y el “plac, plac” de las palmas (con que poco se conforman algunos). Las lentejas siempre serán inferiores a la primogenitura, pregunta a Esaú.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:3

Comentario general

6.3 El ser humano es dado a buscar el reconocimiento de sus semejantes como prioritario en su vida, pero esto no debe ser así en aquellos que pertenecen al reino. La iglesia es el cuerpo de Cristo (Ef. 1:23), somos miembros los unos de los otros (1 Cor. 12:12; Ef. 4:25) y aun cuando debemos trabajar en unidad, la limosna no debe usarse para ostentar entre los hermanos; que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha significa que la iglesia no debe permitir la presunción entre los diferentes miembros del cuerpo de Cristo. Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís (Col. 3:23-24). Si alguien da limosna como para el Señor, entonces no necesita publicarla pues Dios ve todas las cosas, su omnisciencia conoce lo secreto y su omnipresencia se encuentra en lo más secreto, de modo que el objetivo está cumplido: El Padre se ha enterado y su recompensa viene en camino. Entonces se produce una vez más otra de las paradojas del reino: lo que se hace en secreto es recompensado en público. La limosna en secreto produce recompensa en público. Es el mismo principio de vida de el reino de los cielos; el que vive para sí mismo pierde la verdadera vida espiritual; el que quiera salvar su vida la perderá, mas el que la pierda por causa de mí y del evangelio la hallará –dijo Jesús. El que busca la gloria del hombre pierde la gloria de Dios; el que consigue su propia gloria pierde al Dios de toda Gloria. Conviene aclarar la diferencia entre dar limosna y diezmar, pues alguno supone que en base a las palabras enseñadas por el Señor Jesús respecto a la limosna en secreto es que no debe llevarse registro administrativo, contable, sobre los diezmos. Pero la limosna es dada al menesteroso por misericordia, más el diezmo es llevado a la iglesia como señal del Pacto con Dios (véanse las notas de Génesis 14). Dios no es limosnero y su iglesia debe administrar con mucha exactitud y eficacia los diezmos, pues es cosa santa. Por ello, como ejemplo, es que los diezmos en la ley se registraban, pero las dádivas a los pobres no.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:4

Comentario general

6.3-4 El ser humano es dado a buscar el reconocimiento de sus semejantes como prioritario en su vida, pero esto no debe ser así en aquellos que pertenecen al reino. La iglesia es el cuerpo de Cristo (Ef. 1:23), somos miembros los unos de los otros (1 Cor. 12:12; Ef. 4:25) y aun cuando debemos trabajar en unidad, la limosna no debe usarse para ostentar entre los hermanos; que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha significa que la iglesia no debe permitir la presunción entre los diferentes miembros del cuerpo de Cristo. Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís (Col. 3:23-24). Si alguien da limosna como para el Señor, entonces no necesita publicarla pues Dios ve todas las cosas, su omnisciencia conoce lo secreto y su omnipresencia se encuentra en lo más secreto, de modo que el objetivo está cumplido: El Padre se ha enterado y su recompensa viene en camino. Entonces se produce una vez más otra de las paradojas del reino: lo que se hace en secreto es recompensado en público. La limosna en secreto produce recompensa en público. Es el mismo principio de vida de el reino de los cielos; el que vive para sí mismo pierde la verdadera vida espiritual; el que quiera salvar su vida la perderá, mas el que la pierda por causa de mí y del evangelio la hallará –dijo Jesús. El que busca la gloria del hombre pierde la gloria de Dios; el que consigue su propia gloria pierde al Dios de toda Gloria. Conviene aclarar la diferencia entre dar limosna y diezmar, pues alguno supone que en base a las palabras enseñadas por el Señor Jesús respecto a la limosna en secreto es que no debe llevarse registro administrativo, contable, sobre los diezmos. Pero la limosna es dada al menesteroso por misericordia, más el diezmo es llevado a la iglesia como señal del Pacto con Dios (véanse las notas de Génesis 14). Dios no es limosnero y su iglesia debe administrar con mucha exactitud y eficacia los diezmos, pues es cosa santa. Por ello, como ejemplo, es que los diezmos en la ley se registraban, pero las dádivas a los pobres no.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:5

Comentario general

6-5-6 Se utiliza el mismo principio de la hipocresía farisea: el reproche a la ostentación. Los fariseos amaban orar en lugares públicos y concurridos: En las sinagogas y en las esquinas de las plazas (literalmente); así como el orar de pie para ser vistos por los hombres, no humillados ni para ser oídos por Dios. Buscaban la vanagloria y la encontraban como recompensa a su exhibición. El texto bíblico griego literalmente dice: Mas tú, cuando ores, entra en el aposento interior de ti y, tras cerrar con llave la puerta de ti, ora al Padre de ti que (está) en secreto (vr. 6). La gramática griega en su forma conceptual está bien traducida al español; pero si lo analizamos con los ojos del espíritu, encontraremos que el problema de la mala oración de los fariseos no era el lugar, como las sinagogas y las esquinas; sino la actitud de su corazón. Cuando los súbditos del reino oran (porque el Maestro da por entendido que lo hacen) deben cerrar el aposento interior de sí mismos, deben cerrar su corazón con llave, lo cual es una referencia a que el reino de los cielos habite en su corazón (recuerda que el Señor dio a su iglesia las llaves del reino). Cuando ores cierre tu corazón al mundo, a la ostentación y a las circunstancias externas y quedarás a solas en tu interior con el Padre que habita en ti. Jesús oraba a solas en el monte, pero también acompañado de sus discípulos o en medio de la muchedumbre; Él no prohibió la compañía al orar, tampoco el lugar de oración. En realidad, la oración es la comunicación interna entre el espíritu humano y el Espíritu Divino, con palabras o sin palabras; de pie o de rodillas; en público o en privado; en el templo, en la calle o en la casa; pero siempre con el corazón cerrado con la llave del reino y con el Padre en su interior. Y el Padre que habita en el interior del hijo del reino recompensará en público. Nunca un Moisés que suba al monte descenderá sin el brillo de la gloria divina en su rostro que alumbre a todos.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:6

Comentario general

6-5-6 Se utiliza el mismo principio de la hipocresía farisea: el reproche a la ostentación. Los fariseos amaban orar en lugares públicos y concurridos: En las sinagogas y en las esquinas de las plazas (literalmente); así como el orar de pie para ser vistos por los hombres, no humillados ni para ser oídos por Dios. Buscaban la vanagloria y la encontraban como recompensa a su exhibición. El texto bíblico griego literalmente dice: Mas tú, cuando ores, entra en el aposento interior de ti y, tras cerrar con llave la puerta de ti, ora al Padre de ti que (está) en secreto (vr. 6). La gramática griega en su forma conceptual está bien traducida al español; pero si lo analizamos con los ojos del espíritu, encontraremos que el problema de la mala oración de los fariseos no era el lugar, como las sinagogas y las esquinas; sino la actitud de su corazón. Cuando los súbditos del reino oran (porque el Maestro da por entendido que lo hacen) deben cerrar el aposento interior de sí mismos, deben cerrar su corazón con llave, lo cual es una referencia a que el reino de los cielos habite en su corazón (recuerda que el Señor dio a su iglesia las llaves del reino). Cuando ores cierre tu corazón al mundo, a la ostentación y a las circunstancias externas y quedarás a solas en tu interior con el Padre que habita en ti. Jesús oraba a solas en el monte, pero también acompañado de sus discípulos o en medio de la muchedumbre; Él no prohibió la compañía al orar, tampoco el lugar de oración. En realidad, la oración es la comunicación interna entre el espíritu humano y el Espíritu Divino, con palabras o sin palabras; de pie o de rodillas; en público o en privado; en el templo, en la calle o en la casa; pero siempre con el corazón cerrado con la llave del reino y con el Padre en su interior. Y el Padre que habita en el interior del hijo del reino recompensará en público. Nunca un Moisés que suba al monte descenderá sin el brillo de la gloria divina en su rostro que alumbre a todos.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:7

Comentario general

6.7-8 Cuando el Rey hace referencia a los gentiles como los que usan repeticiones al orar, se estaba refiriendo a las prácticas que usaban los paganos para, según ellos, convencer a sus dioses. Ellos creían en dioses limitados que no podían entenderles adecuadamente y por tanto, había que explicarles bien. Así mismo, creían en dioses necios que eran difíciles de convencer, por lo que había que insistirles mucho a base de palabrerías. Nosotros tenemos al Único y Verdadero Dios. Él es omnisciente, sabe nuestra oración aún antes de que la pronunciemos. Él es bueno y misericordioso, no hay necesidad de obligarlo con sermones. Todo esto no quiere decir que no puedes repetir tu oración, Jesús lo hizo en Getsemaní y Pablo en relación al aguijón de su carne. Lo que significa es que tu confianza al orar no se deposita en la forma de la oración, ni en las palabras, ni en nada que provenga del hombre, sino en Dios, en su fidelidad, en su amor y en sus atributos de poder y sabiduría. Salomón expresó: No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto sean pocas tus palabras (Ecl.5:2). ¿Recuerdas el conflicto religioso entre Elías y los profetas de Baal? Los profetas hicieron el sacrificio e invocaron a Baal desde la mañana hasta el mediodía; saltaban, danzaban, clamaban a grandes voces y se sajaban con cuchillos y con lancetas hasta brotar su sangre. El profeta Elías por su parte, llenó de agua el altar de Dios hasta inundarlo y solamente dijo (la Biblia no dice que alzó su voz); Yahwéh Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres el Dios en Israel y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo yo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Yahwéh, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Yahwéh, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Yahwéh (1 R. 18:25-38). ¿Por qué fue oído Elías y los profetas de Baal no? ¡Porque Elías conocía al verdadero Dios, y su voluntad, y estaba orando a Él! Los demás no. Algunos oran sin conocer quién es realmente Dios, tratan de conmoverle con sacrificios ascéticos o de engañarle con palabrería, creen que es necesario convencerle, pero ¡Dios es Dios! El que lo tiene en su corazón lo conoce y puede tranquilamente decirle en su interior Abba Padre… y será oído por Papá.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:8

Comentario general

6.7-8 Cuando el Rey hace referencia a los gentiles como los que usan repeticiones al orar, se estaba refiriendo a las prácticas que usaban los paganos para, según ellos, convencer a sus dioses. Ellos creían en dioses limitados que no podían entenderles adecuadamente y por tanto, había que explicarles bien. Así mismo, creían en dioses necios que eran difíciles de convencer, por lo que había que insistirles mucho a base de palabrerías. Nosotros tenemos al Único y Verdadero Dios. Él es omnisciente, sabe nuestra oración aún antes de que la pronunciemos. Él es bueno y misericordioso, no hay necesidad de obligarlo con sermones. Todo esto no quiere decir que no puedes repetir tu oración, Jesús lo hizo en Getsemaní y Pablo en relación al aguijón de su carne. Lo que significa es que tu confianza al orar no se deposita en la forma de la oración, ni en las palabras, ni en nada que provenga del hombre, sino en Dios, en su fidelidad, en su amor y en sus atributos de poder y sabiduría. Salomón expresó: No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto sean pocas tus palabras (Ecl.5:2). ¿Recuerdas el conflicto religioso entre Elías y los profetas de Baal? Los profetas hicieron el sacrificio e invocaron a Baal desde la mañana hasta el mediodía; saltaban, danzaban, clamaban a grandes voces y se sajaban con cuchillos y con lancetas hasta brotar su sangre. El profeta Elías por su parte, llenó de agua el altar de Dios hasta inundarlo y solamente dijo (la Biblia no dice que alzó su voz); Yahwéh Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres el Dios en Israel y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo yo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Yahwéh, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Yahwéh, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Yahwéh (1 R. 18:25-38). ¿Por qué fue oído Elías y los profetas de Baal no? ¡Porque Elías conocía al verdadero Dios, y su voluntad, y estaba orando a Él! Los demás no. Algunos oran sin conocer quién es realmente Dios, tratan de conmoverle con sacrificios ascéticos o de engañarle con palabrería, creen que es necesario convencerle, pero ¡Dios es Dios! El que lo tiene en su corazón lo conoce y puede tranquilamente decirle en su interior Abba Padre… y será oído por Papá.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:9

Comentario general

6.9 Mi Padre. Lo confieso, esto es demasiado grande para comprenderlo, así que lo creeré porqué Él lo dijo. Dios es mi Papá. Cuando era un adolescente fui invitado por unos amigos a su comunidad, no practicábamos la misma fe, así que intentaron convencerme de dejar el cristianismo evangélico y unirme a ellos mediante la confrontación con su líder espiritual. Acepté la invitación, yo no sabía que era una trampa, pues supuestamente se trataba de ir a escuchar el buen grupo de alabanza que tenían. Al entrar noté un gran número de imágenes y estatuas, tenían la creencia de que necesitamos su mediación para llegar a Dios. Apenas empezado el servicio religioso el líder de su comunidad me increpó públicamente: “así que tú no crees en la mediación de los santos” –y sin darme oportunidad a reaccionar ni a responder, añadió: “supongamos que necesito hablar con el Presidente del país, el es un hombre importante y muy ocupado, ¿quién soy yo para que me atienda?, sin embargo – continuó, - supongamos que yo conozco a un miembro de la cámara de senadores, somos muy amigos, o mejor aún, a la madre del Presidente, por medio de ella puedo concertar una cita con él, ¿no crees tú? Así también Dios es sobre todo y no cualquiera se acerca a Él así nada más” - terminó con aire de triunfo. Siendo un jovencito de menos de quince años no estaba acostumbrado a semejante cuestionamiento ni tenía el valor para enfrentar un debate público; sin embargo, la vida interior me impulsó a responder lleno de entusiasmo: “Bien, supongamos que necesito hablar con el Presidente y él es un hombre muy ocupado, supongamos también que conozco a un miembro del Senado, además de conocer a la mamá del Presidente; pero, si yo soy hijo del Presidente, ¿no puedo entrar hasta sus elegantes oficinas, sentarme en sus rodillas y llamarle Papá? ¡No necesito intermediarios para hablar con mi Padre Celestial, Él nunca está ocupado para mí! Su Palabra dice: vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro… ¡Aleluya! Fue uno de los momentos más gloriosos de mi vida, no fue un asunto de credos ni doctrinas, sino de vida. Tampoco creo haber respondido por algún conocimiento humano, sino por el Espíritu Santo. Dios es nuestro Padre; ¿habrá algo más glorioso? Saber esto te hace feliz. Es tiempo de echar de nosotros todo temor e incertidumbre, pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Rom.8:15). Cuando ores no te acerques como un esclavo temeroso del látigo hacia un dios iracundo y difícil de complacer; sino como hijo a su Padre. Por cierto, la palabra “Abba” citada anteriormente significa “papito” y tiene un curioso origen; fue acuñada a partir del balbuceo de los bebés, quienes, sin saber hablar aún, intentaban llamar a sus padres cuando estos les extendían los brazos. ¡Qué imagen más tierna! Dios es mi Abba y yo soy su hijo pequeño, mi oración frecuentemente es como un balbuceo, porque a pesar de poner todo mi intelecto, mis palabras parecen un absurdo ante su infinita sabiduría, no obstante Él me oye, no por lo que digo, tampoco por cómo lo digo, sino por lo que soy para Él, su hijo; y porque siendo mi Padre me ama. Esto también es para ti, ¿te diste cuenta de que la oración no dice Padre mío, sino Padre nuestro? Tu Papá está esperando hablar contigo. La oración, llamada comúnmente “El Padre Nuestro”, tiene algunos principios que debe llevar toda verdadera oración, en especial, el establecimiento de las prioridades. No como una lista a cumplir, sino como resultado de una relación con Dios. Estos principios son: Primero es Dios, Su Reino, Su Nombre y Su Voluntad; y después nuestras necesidades. Quien encuentra a Dios tiene la satisfacción de todas sus necesidades; quien busca primero proveer para sus necesidades no encuentra a Dios, al único que puede saciarle. En ocho puntos mostró el Señor el secreto de la oración: 1.- El parentesco como base de la comunión: Padre nuestro que estás en los cielos. 2.- La reverencia necesaria para la comunión: Santificado sea tu Nombre. 3.- La prioridad en la comunión: Venga tu reino. 4.- La forma de la comunión: hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 5.- La dependencia de la comunión: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 6.- La condición para la comunión: Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 7.- La protección de la comunión: Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. 8.- La razón de la comunión: Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amen. Respecto al primer punto, la base de la comunión, que es el parentesco con Dios, oramos a Dios porque Él es nuestro Padre. ¿No te da esto confianza? La comunión que el hombre puede tener con Dios radica en la posición con respecto de Él. Siendo hijos, podemos tener intimidad con Él; sin embargo debemos notar que esta premisa, aun cuando es una oportunidad para todos, no es una realidad en todos; pues si bien es cierto que todo el que recibe a Jesucristo es hecho hijo de Dios (Juan 1:12) siendo esto una oportunidad universal, no todos lo hacen. Jesús dijo: vosotros, pues, oraréis así, se refirió a los suyos, a los discípulos; palabras antes había hecho alusión a la hipocresía de los hombres, por tanto, es clara la diferencia, no todos pueden orar así, pues no todos son sus hijos. Mas todo aquél que ha nacido de nuevo a través de la fe de Cristo, y recibido el Espíritu Santo, puede y debe orar a Dios basado en su parentesco: Él es mi Padre y yo su hijo, nada impide nuestra comunión. Nuestra oración se basa en nuestra filiación con Dios. Además, cuando Jesús enseñó a orar de ésta manera, llamándolo Padre, estaba ilustrando el gran amor que nos tiene y la confianza que debemos experimentar al acercarnos a Él. La Biblia dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Rom.8:15). Hay oración de hijo y oración de esclavo. Cuando ores no te acerques a Dios como un esclavo temeroso del látigo, cuando hables con Dios hazlo como un hijo con su padre. Dile ¡Abba, Padre! Y siendo que no dice Padre mío, sino Padre nuestro; implica más hijos y por supuesto, más hermanos; habla de una familia. Es en una familia en donde las necesidades son satisfechas, allí encontramos el amor del Padre, la compañía de los hermanos, el sustento para la vida, la protección paterna, la guía divina. …ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Ef.2:19). Si dijera “mi Padre”, estoy solo hablando con Dios, mas, por cuanto dice “nuestro Padre”, estoy acompañado de mis hermanos. La oración más poderosa siempre será la comunitaria. Yo tengo tres hijos, un día vino uno de ellos pidiéndome que lo llevase a jugar a una plaza cercana a la casa, yo acababa de llegar del trabajo, de atender varias consejerías, planear la obra eclesial y de dar un sermón, por lo que estaba cansado y me negué. Mi hijo no se conformó y fue a traerse a sus dos hermanos mayores, la presión de tres voces infantiles, seis pequeñas manos jalándome la ropa y sus rostros alegres fue suficiente, minutos después estaba en la plaza con una pelota en mis manos. Oremos juntos como hermanos. Jesús dijo: Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos (Mat. 18:19). Por otro lado, notemos como el llamado “Padre nuestro” ubica a Dios en los cielos. Esto a primera vista es muy extraño, pues pareciera que no hace falta definir dónde está Dios, Él está en todo lugar, ¡Él está en mí! ¿por qué debo orar al Padre diciendo que está en los cielos si mora en mí? La razón es la búsqueda de la manifestación de su poder en base a su posición e identidad. Cuando declaramos que Dios está en los cielos a través de la oración estamos confesando su poder y su posición sobre la creación. Decir que Él está en mí es una realidad y entiendo en ello su propósito eterno de expresarse a través del hombre; pero cuando oro necesito mirar su gloria y su poder, necesito clamar a su Trono y a su autoridad, porque necesito respuesta a mi oración. Hay padres muy amorosos, pero carentes de poder. Cuando sus hijos los necesitan no pueden hacer nada por ellos. Recordar que nuestro Padre está en los cielos es confesar su todo poder y autoridad. La misericordia sin poder es solo lástima, mas la misericordia y el poder unidos es nuestro Padre que está en los cielos. ¡Oh Señor Yahwéh! He aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, nada hay que sea difícil para ti (Jer. 32:17). Santificado sea tu Nombre. El nombre define familias y desarrolla dinastías. Los hijos llevan el nombre del papá y la honra a sus padres es su bien. Por cierto, si honrar a los padres terrenales extiende la vida, ¡cuánto más alargará la vida quien honre al Padre Celestial! Y por lo mismo, no olvidemos la actitud honrosa, pues a pesar de la familiaridad y de la intimidad con Dios, no debemos olvidar Quién es Él. Algunos irreverentes se atreven a llamar a Dios con apodos y sobrenombres (términos tales que me avergüenza repetir), según ellos, basados en una comunión íntima (si fueran íntimos guardarían su Palabra y conocerían sus secretos: La comunión íntima de Yahwéh es con los que le temen; y a ellos hará conocer su Pacto (Sal. 25:14). Sin embargo, exceso de familiaridad sin respeto, lejos de ser comunión manifiesta el desconocimiento de la Deidad. Si conocieran a Dios íntimamente, como profesan, no tomarían el Nombre de Dios en vano. No tomarás el Nombre de Dios en vano; porque no dará por inocente al que tomare su Nombre en vano (Ex.20:7). Su Nombre y su Ser son inseparables, cuando oramos a Él debemos santificar su Nombre, mostrar respeto y reverencia, tenerle en sumo honor; ¡es al Único, Soberano y Todopoderoso Dios al que estamos dirigiéndonos! Cuando un escriba encontraba el Nombre de Dios en algún manuscrito de las Sagradas Escrituras, antes de copiarlo, se bañaba siete veces; y si lo volvía a encontrar, volvía a bañarse; y así sucesivamente. Este es un ejemplo, exagerado, pero ejemplar, acerca de santificar el Nombre de Dios. Si has conocido a Dios por su Nombre, entonces estás continuamente lavando tu alma. Los escribas tampoco volvían a usar para nada más el instrumento con el que escribieron el Nombre de Dios; así como tú no vuelves a usar tu vida, sino sólo como instrumento de su Santo Nombre. Los hijos llevan el nombre de sus padres, para bien o para mal. Es muy diferente la reacción de la gente si te apellidas Gandhi a Hitler. El Nombre de Dios no solo se santifica en el respeto hablado, sino en el respeto vivido. “Hablen con su Papá Celestial, pero sepan respetarlo en todo su vivir”. Una ilustración es la ocasión cuando el pueblo de Israel habló contra Moisés y Aarón en el desierto de Zin, quejándose de que no había agua para beber, sino sólo desierto y sequedad. Moisés y Aarón consultaron a Dios y la gloria de Yahwéh se les apareció. Dios le dijo a Moisés que juntara a la congregación y le hablara a la Peña y de ella saldría agua. Pero mira el problema. Moisés y Aarón juntaron a la congregación y empezaron a exhortarla duramente diciéndoles: “¡oíd ahora, rebeldes!” Entonces Moisés golpeó dos veces la peña, ¡no le habló sino que la golpeó! Este es el resultado: Y Yahwéh dijo a Moisés y a Aarón: por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado (Num. 20:1-2). Dios no estaba enojado, pero lo hicieron quedar mal, el pueblo veía a Dios en Moisés y en Aarón, pero vieron en ellos un pésimo dios, por tanto, estos líderes no entraron en Canaán. Cuando oren –dijo Jesús, santifiquen el Nombre de Dios, no se les olvide Quién es Él y la reverencia debida a su Nombre. No tomen la oración como poca cosa, no hagan del hablar con el Padre algo insignificante ni el vivir en este mundo como ajeno a su honra. Moisés y Aarón, dejándose llevar por su enojo, tomaron en poco a Dios, a su Nombre, a su Persona y a sus indicaciones, les costó que no pudieran entrar en la tierra prometida. Al cristiano y al hombre irreverente de hoy, que no santifican a Dios cuando oran les cuesta como mínimo que sus oraciones no son atendidas por lo que no pueden disfrutar de las bendiciones de las promesas divinas. Alejandro Magno dijo a un soldado que se llamaba igual que él y que huyó en la batalla, una vez que lo arrestaron: “si te llamas Alejandro, ¡pórtate como Alejandro!” El respeto al Nombre es básico en la relación con Dios. Cuando dos personas se conocen, se preguntan su nombre y suele responderse: “pero me dicen tal”. Así establece las condiciones del trato. En la Biblia, el nombre está ligado al ser. Un nombre no solo era una manera de llamar a alguien, sino la definición de su persona. Desde el principio fue así. Por ejemplo, Adán recibió el mandato de poner nombre a los animales y desde que él puso nombre, dice la Palabra que ese es su nombre. ¿Quién sabe cómo los nombró? ¿Por qué dice la Escritura que ese es su nombre si nadie lo conoce? Porque en el ponerles nombre, Adán recibió de Dios la facultad de definir el carácter de los animales. También lo hizo con Eva; y lo mismo hace Dios llamando a Abram, Abraham; y así con muchos más. Así que el Nombre de Dios (tiene muchos), es lo que es y no sólo como lo nombran. ¿Comprendes por qué un apodo insulta? El nombre representa la Persona: Jacob preguntó por el Nombre cuando luchó con Él. Moisés preguntó por el Nombre frente ante la Zarza al ser enviado. Dios proclamó su Nombre cuando pasó frente a Moisés mostrando su gloria. Los judíos ortodoxos, desde hace mucho tiempo, interpretaron el tercer mandamiento como la necesidad de no pronunciar el Nombre de Dios, pues consideraron que en cualquier situación que lo hicieran le deshonraban a causa de la infinita gloria del Señor. Pero, ¿el tercer mandamiento tenía como propósito que no se pronunciara el Nombre de Dios? Si esto fuera así, ¿para qué reveló Dios su Nombre? ¿No estaba mejor protegido en el misterio? Dios no deseaba que el hombre dejara de pronunciar su Nombre, pues en tal caso, hubiera dado el mandamiento expresamente para ello. En comparación, ordenó que no pronunciemos los nombres de otros dioses: Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca (Ex. 23:13). Y sin embargo, ha de referirse a no pronunciarlos en el sentido religioso o de fe, pues los profetas los usaron en sus proclamas contra ellos. De manera que no se prohíbe pronunciar el Nombre de Dios, pues vemos que los hombres y mujeres de Dios si los hicieron sin perjuicio ni condena; sino que no se mencionara en vano o sin la sumisión propia de la verdadera fe. Cuando los judíos ortodoxos interpretaron el tercer mandamiento como no pronunciar el Nombre de Dios, comenzaron a escribir incompleta toda referencia a Él, por ejemplo en español, Di-s y cambiaron Yahwéh por Jehová, así como lo sustituyeron por Hashem, que significa «el Nombre», y que irónicamente más tarde también se volvió sagrado. Con todo, nosotros somos sus hijos y nos fue enseñado por Cristo que oremos diciendo: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre (Mat. 6:9); y nos fue dado el Espíritu de adopción para confesar: ¡Abba Padre! (Rom. 8:15). Como hijo es que puedo y suelo escribir o pronunciar Yahwéh y Jeshúa, además de sus otros Nombres y traducciones, cuando estoy dirigiéndome ya sea a Dios o al Hijo. En contraste con la idea de no pronunciar su Nombre, la Palabra nos enseña que al hacerlo correctamente tenemos salvación: Torre fuerte es el Nombre de Yahwéh; a él correrá el justo, y será levantado (Pr. 18:10). Significa que una relación donde se le respete adquiere su protección. Y así lo entendieron los siervos de Dios, pues héroes de la fe como David pudieron exclamar: Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Yahwéh de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado (1 Sam. 17:45). ¿En qué nombre enfrentas tus problemas? Siendo que llamas a los demás como les gusta ser llamados; de otro modo les faltas el respeto, esto es aun más real tratándose del Señor.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:10

Comentario general

6.10 Este versículo trata acerca de la prioridad en la oración: no la necesidad humana, sino el reino de Dios. Así que una gran oración puede ser: “¿hay algo que yo pueda hacer por ti?” El Padre nuestro incluye orar por lo que Dios desea. Antes de comenzar la lista personal, dedica tus primeras palabras a buscar lo que Dios desea. Algunos oran como niños ante ese personaje Santa Claus y no como hijos de Dios. Pero solo para ilustración, pues no creemos en esos personajes, propongamos un cambio; imagina a un niño que antes de sacar su lista de regalos que desea, le pregunte al hombre de rojo: ¿necesitas algo? ¿Están bien tus renos? ¿Qué deseas esta Navidad: tamales y buñuelos? El reino de los cielos fue el inicio de la predicación de Juan el Bautista, (Mat. 3:1-2); ese fue también el mensaje del Señor Jesucristo (Mat. 4:17); y ese es también el propósito eterno de Dios; que su reino sea establecido (no por nada, el propósito y tema de Mateo es el Reino de Dios). Nuestra oración debe encaminarse al establecimiento del reino de Dios, ¡cuán tristes son las oraciones de algunos! Orando únicamente por sus problemas, por sus necesidades, por sus familias, por su trabajo, por sus cosas, ¡por su “reino”! ¡Pero rara vez por el reino de Dios! Venga tu reino debe ser nuestra oración. Al orar, algunos son como plañideras, aquellas mujeres que “amenizaban” los funerales en tiempos de Jesús llorando. Creen que conmoverán con lágrimas, así que fabrican lágrimas; suponen que moverán a Dios con gritos y gemidos, así que gritan y gimen. Pero Dios es movido por la fe y por el amor no fingidos. Oremos porque Jesucristo sea reconocido como lo que es, el Rey del mundo, el Rey de la nación, el Rey de la familia, mi Rey. Oremos por una iglesia gobernada por Jesucristo; oremos porque los hermanos vivan de acuerdo al reino de los cielos y porque Cristo sea formado en nosotros. Oremos por una iglesia unida; oremos por una iglesia a la estatura del varón perfecto, Cristo. Oremos hasta que sea dicho y cumplido: ¡Oh Yahwéh, Señor nuestro!, ¡Cuán grande es tu Nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos (Sal. 8:1). Oremos como príncipes y no como pordioseros. Enfocados en el reino de Dios y no en la satisfacción personal únicamente. Después de todo, nos conviene que el reino de Dios sea primero. Porque si el reino es primero, sus promesas se cumplirán debido a la fidelidad divina a sus Pactos. Si buscamos el Reino de Dios, todas las demás cosas que necesitemos serán añadidas (Mat. 6:33). Si su Reino es establecido, lo demás ya no es tan importante. Cuando Jesús es el Rey de nuestra vida, el afán y la desesperación desaparecen; los problemas y las necesidades se achican; y la felicidad florece. El reino primero también es el reino generoso. Venga tu reino es una oración que conlleva la bendición de todo lo que se necesita. Cuando la iglesia ora “venga tu reino”, esta acelerando la segunda venida de Cristo, el apóstol Pedro escribió: esperado y apresurándonos para la venida del día de Dios (2 P.3:12). La forma de apresurarnos o mejor dicho de apresurar su retorno es orar “venga tu reino”. Una vez que Cristo venga, el reino de los cielos será establecido en todo el mundo, conocido esto como el milenio (Ap. 20; Sal. 2). El reino de Dios primero es la voluntad de Dios primero. El texto dice “venga tu reino”; el reino debe venir, es una dádiva divina y sólo Dios puede proveerla. No se trata de superación personal, no puede formarse poco a poco; si el reino de Dios está es porque allí está su Rey y si su Rey no tiene trono en algún corazón, el reino no ha llegado a esa persona. Venga tu Reino es venga el Rey; místicamente por la fe en esta era, y literalmente en su segunda venida. Surge la pregunta: ¿Cómo sabemos si el reino ha llegado o no? ¿si está o no? La respuesta radica en ese mismo versículo que estamos analizando. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mat. 6:10). En los cielos, la voluntad de Dios es hecha sin reservas, los ángeles y demás criaturas celestes le obedecen incondicionalmente, un día los discípulos dijeron acerca de Jesús que aún los vientos y el mar le obedecen (Mat. 8:27); incluso los demonios al ser reprendidos le obedecen (Mat. 1:27); sin embargo, el hombre no hace la voluntad de Dios. El deseo de Dios es que así como los ángeles del cielo hacen su voluntad, así mismo lo hagan los seres humanos. De los ángeles dice: Bendecid a Yahwéh, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su Palabra, obedeciendo a la voz de su precepto. Bendecid a Yahwéh, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos que hacéis su voluntad (Sal.103:20-21). Nos conviene, ya que es muy complicado y problemático vivir fuera de la voluntad de Dios. Como ejemplo, considera que si quitamos las reglas y leyes de tránsito, ni un oficial, ni una señal más, tampoco un solo semáforo; y en cuestión de minutos el caos en las calles impediría transitar. Todos tus problemas tienen que ver con estar fuera de la voluntad de Dios, tu o los demás. No arruines tus oraciones con tus acciones. Los creyentes debemos guardar la voluntad de Dios a fin de poder entablar comunión con Dios, si no le obedecemos, nuestra oración no es válida; si no nos sujetamos a su voluntad, nuestra oración carece de sentido. Cuando el Maestro enseñó a orar diciendo Hágase tu voluntad, estaba expresando la necesidad que tenemos los creyentes, así como la obligación de orar para que cada día más gente obedezca al Rey Jesús hasta que toda la tierra esté sujeta a Él como lo está el cielo. Sujetarnos a la voluntad de Dios para ser oídos por Él cuando oramos, incluye que la oración debe estar de acuerdo a la voluntad de Dios: Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Juan 5:14). Considera: si tu hijo de cinco años de edad te pide prestado tu automóvil, ¿se lo concederías? ¡Por supuesto que no! Esto no habla mal de ti, por el contrario, te exalta como padre, pues estás protegiendo a tu hijo. Igualmente, hay oraciones que Dios no responderá o que dirá que no, debido a que la persona que oró no tiene la madurez para andar en la voluntad de Dios pidiendo cosas que a la postre le dañarán. Jesús nos enseña a no intentar manipular a Dios, la oración no es un arma para obligar a Dios a darnos lo que queramos, ni siquiera cuando se trata de sus promesas. La oración que Jesús nos enseña es aquella que se basa en buscar cuál es la voluntad de Dios y una vez que la conocemos estamos de acuerdo con ella orando hasta que se cumpla. Nada de oraciones de chantaje llorando ni de oraciones de soborno prometiendo. El súbdito del reino auténtico se presenta todos los días delante del Rey, se somete a su soberanía y se compromete a obedecer su voluntad.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:11

Comentario general

6.11 Comer es un placer, placer del cual se abusa y del cual se necesita aprender. Puede alargar la vida o acortarla. Posiblemente de todas las necesidades, ninguna como el hambre; por eso es que el Señor nos autoriza a orar por nuestras necesidades, después de haber buscado su voluntad y las necesidades de su reino. Es como “humildemente, dame lo que necesito”. Pide pan, no dice: dame el oro que quiero, sino el pan que necesito. No parece una oración muy gloriosa, pero encierra mucha gloria. Pues en última instancia necesitamos más el pan que el oro. Aunque tengas oro, sin la bendición de Dios no sirve o finalmente se pierde, basta un accidente o una enfermedad y se acaba todo. Sin la bendición de Dios en realidad nada tenemos. Solicitar el pan de cada día es orar gloriosamente: “dame lo que tienes para darme”. ¿Qué quiero decir con esto? Que además de pensar en el pan de cada día, podemos interpretar la frase de otra forma, que Dios nos de el pan de cada día, es decir, de todos los días en un solo día. El equilibrio a una oración humilde es una oración gloriosa y viceversa. Siendo el reino la prioridad, es tiempo de creer en bendición y no solo en casi bendición. Dios puede hacer en un día lo que no puedes lograr por ti mismo en toda la vida. Orar por el pan de cada día es una oración también de enfoque espiritual: “dame vida diariamente”. Jesús lo dijo, Él es el Pan de Vida y quien come de Él vivirá para siempre. Cuando comes el pan natural tu cuerpo recibe vida a la calidad de lo que comes. ¡Imagina si tu alimento es Cristo! El Señor les dijo esto en la alusión a Israel en el desierto, en donde debían conservarse vivos comiendo el maná, el pan del cielo que Dios les daba cada mañana, pero les aclaró que era para que supieran que no solo de pan vive el hombre, sino de la Palabra de Dios. ¿Comprendes? Israel en el desierto debía salir cada mañana a procurar maná. No debía guardarlo para el día siguiente. Significa que cada día comas a Cristo como el Logos y no que tomes la actitud de: ”ya se lo suficiente”. Día a día. Necesitas la revelación de la bendita Palabra de Dios todos los días. Semejante a la mesa del Señor, en la que recordamos su muerte y vivimos como su Cuerpo (antes la iglesia lo practicaba a diario Hechos 2:46). No puede ser que comas la comida que perece tres veces al día o más y el Logos eterno una vez por semana. Tener la Biblia guardada es una anorexia espiritual; mientras otros tienen bulimia espiritual, pues vomitan la Palabra no guardándola. Orar por el pan nuestro de cada día también es una oración colectiva, pues Jesús dijo: “dánoslo”, en plural. Busca tu pan, pero también que tu hermano reciba su propio pan. En ocasiones el problema no es la provisión, sino la distribución. No se vale dedicarse a uno mismo, entre las oraciones por el reino de Dios y por las necesidades de los demás, no debería quedarnos mucho tiempo para orar por nosotros. Hay dos tipos de personas que oran, unas son arañas y las otras abejas; las primeras trabajan para sí mismas; mientras que las segundas lo hacen para el bien común. Orar por el pan de cada día debe ser una oración con sabiduría, es el pan “de este día”. Te explico. Aunque proveemos para el futuro como la misma Palabra enseña, vivimos cada día al máximo. No te afanes y disfruta el hoy. No significa que no ahorres, sino que no te preocupes. Algunos ahorran y otros no, pero ambos están preocupados y afanados; esa no es manera de vivir. El pan de cada día dánoslo hoy significa que aunque eres diligente con el futuro, vives cada día al máximo. Ni con el maná ni con la Pascua dejaban nada para el día siguiente. Cómete este día (vive intensamente), disfrútalo todo y con todo. Por otro lado, es también una oración que atiende la vida corporal, pues Dios tiene cuidado de tu cuerpo. Hasta tus cabellos están contados y ni uno de ellos se perderá. Si se te cae un cabello, para Dios no se te cayó simplemente un cabello, sino el cabello número tres mil doscientos, por decirlo así. Dios los tiene numerados porque Él verdaderamente tiene cuidado de nosotros. Algunos dicen que lo que importa es lo de dentro, pero esto es ser un mal administrador de la casa donde vivimos, que por cierto, es la Casa de Dios. Si vives en una casa prestada o rentada y la dejas deshacerse, ¿no te reclamará el dueño de la misma? ¿No sabéis que el que destruya el templo de Dios, Dios le destruirá a él? –dice la Biblia (1 Cor. 3:17). Orar por el pan de cada día también es un asunto de justicia, se trata del pan nuestro y no del pan de otro. Hay un pan específico para ti de parte de Dios, por tanto, busca lo tuyo y no lo ajeno. No es pan de rapiña ni de injusticia. No se vale orar a Dios y luego engañar a los hombres para sacarles provecho. Contentamiento con tu pan diario (no conformismo, sino gratitud). Los que no tienen contentamiento suelen ser codiciosos que se endeudan o que defraudan a sus semejantes. Existe además el que pide su pan y no diezma. Es el pan de injusticia. Como si te quejaras ante un amigo de tu necesidad y él, por misericordia te invita a comer; pero ya en la comida, ese mismo amigo, que pagó todo, te pide un trozo de pan y se lo niegas. Esto es semejante a no diezmar. Orar por el pan de cada día es una oración agradecida: “danos”. No es pan de balde (como la mujer virtuosa que no come su pan de balde, es decir, no comer por comer). Disfrútalo con agradecimiento y disciplina. Comer bien no solo es comer lo bueno, sino en la medida y en la actitud correcta. No comas de mala manera y tampoco en demasía. No te quejes. Nadie gusta de cocinar ni darle pan al quejumbroso que maldice su comida. (en el mundo hasta podrían contaminar tu comida por maltratar al mesero). Orar por el pan de cada día es una oración que implica administración: es el pan de cada día y no del año. Dios es maravillosamente detallista y gobierna el universo cuidando los detalles microscópicos. Por eso nos enseña a orar por el pan de cada día, como quien lleva un presupuesto detallado. No es la oración por el pan del año. Has recibido mucho a lo largo de la vida, día a día. Si nada tienes es que no supiste administrar. Un hombre me decía que su vida había sido muy mala, que Dios jamás lo había bendecido y tenía bastante sobrepeso él y su familia. No digo nada de su sobrepeso, pero que no diga que Dios no lo ha bendecido. Orar por el pan de cada día es una oración esforzada; es decir, pides el pan, pero también buscas el pan. El hecho de orar por el pan nuestro de cada día no significa que tomes la actitud pasiva de que Dios te sostenga; por el contrario, es la invitación a buscarlo diligentemente todos los días y no a trabajar solo de vez en cuando. Si comes diario, trabaja diario. El que no trabaja que tampoco coma, dice la Biblia. No esperas a que te llegue el pan, sino que debes salir por él como Israel cada mañana antes de salir el sol. Son muchas las advertencias bíblicas acerca de la escasez y de la pobreza para el perezoso. Dios alimenta las aves, pero no les pone la comida en el pico. Orar por el pan de cada día es la oración dependiente: el pan diario es comunión con Dios. Ir constantemente al Señor. Algunos oran tres veces al día porque comen tres veces al día. Al menos su comida les hace comunicarse con el Padre. Se nota cuando algunos no oran por otra cosa, que al dar gracias por los alimentos aprovechan para agradecer un día más de vida y pedir por otros asuntos. Ora, si no comemos morimos en esta vida; y si no oramos morimos eternamente.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:12

Comentario general

6.12-15 Imagina una especie hecha completamente de espinas, sería fácil convivir sin lastimarnos unos a otros todo el tiempo. La especie humana así es, sumamente falible, lo común es que los seres humanos se ofenden unos a otros constantemente. Por eso la oración del Padre Nuestro incluye el perdón. Sin esta clausula no estaría completa la oración. Para tener comunión vertical, tienes que conservar la comunión horizontal. Se habla del perdón después de pedir el pan de cada día. De nada sirve la satisfacción de las cosas temporales sin la satisfacción de las cosas eternas. El perdón es la mejor salsa para el pan de cada día. Sin el perdón, el pan es lo mismo al preso que sin indulto come su última cena. El pecado es una deuda. Así lo llamó el Señor Jesús: deuda, de manera que lo es. Una deuda que encarcela porque temporalmente hace infeliz al hombre. Una deuda que finalmente condena porque no podrá justificarse en día del juicio. Una deuda que por cierto, es humanamente impagable. Es absurdo pedir paciencia y prometer pagar todo como en la parábola de Mateo 18:23-34. Se necesita el perdón. Para comprender la diferencia entre las dos deudas, sería como si al que se le perdonó la deuda de los cien denarios se le hubiese perdonado una deuda equivalente a poner monedas de un peso mexicano uno detrás de otro por 23 metros; mientras que aquel deudor a quien se le perdonó diez mil talentos, se pusiese su deuda en monedas de peso mexicano uno detrás del otro ¡por 268,000 metros! …cómo no habríamos de perdonar. Oramos por el perdón de nuestros pecados debido a que se trata de una deuda incalculable. De hecho, no es una deuda, sino muchas; porque no es un pecado, sino muchos. Cuántas y qué tan graves no podemos cuantificarlo como si podemos las cuentas financieras. Se puede hacer un presupuesto en base a los ingresos y egresos mensuales, pero no se puede hacer un presupuesto moral. Y si consideramos que se trata de una cuenta intransferible, reconocemos que necesitamos pedir perdón. No hay indulgencias. Tampoco termina con la muerte. Una colecta de los ángeles sería insuficiente. Nadie puede pagar por ti aparte del Señor. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque así reconocemos la deuda: Perdónanos nuestras deudas. Debe solicitarse el perdón, no debe pensarse que sin buscar el perdón y la reconciliación, Dios finalmente perdonará a todos. Si alguna vez se escondió de ti alguien que te debía, que molesto debió ser. No te escondas de Dios (no puedes). Reconoce que le debes con cada pecado. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque existe el fin de la deuda: el perdón. Dios es el único que puede perdonarnos y para esto fue necesario la sangre de Jesucristo. Incluso sin la muerte de Cristo, Dios no nos perdonaría, pues sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. ¿Comprendes? Puedes ser completamente perdonado de todo pecado, así que ora. Sin embargo, existe una condición para dicho perdón: que tú perdones a tus semejantes. Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. La medida de tu perdón recibido es la medida de tu perdón otorgado. Esto es parte de los frutos dignos de arrepentimiento. Todo el que tiene un corazón perdonado, por decirlo así, también será perdonador. Hay tarjetas de regalo que al presentarse en la tienda le canjean por el equivalente a dicha tarjeta. Cuando pides perdón a Dios presentas la tarjeta del perdón que diste, por decirlo así. Esta es la oportunidad de la deuda: conocer el amor de Dios y amarlo. Hazlo práctico: da lo que quieres recibir. La ley de la siembra y la cosecha. ¡Qué oportunidad: lo que necesitas puedes recibir! Siembras una semilla de perdón y recibes una cosecha de reconciliación! Muestra tu amor a Dios amando al prójimo. Perdona la ilustración, pero estoy seguro que te enojarías si el vecino golpeara a tu perro. ¿Tienes tu misericordia de tu perro y Dios no la tendrá de sus hijos? ¿Qué no sabes la bondad de Dios que existe detrás de su perdón? Hay salud y libertad al perdonar. Te haces mucho daño con el rencor, y haces mucho daño atando al ofensor. Uno atado al rencor, lo que puede enfermarle; el otro atado al no ser perdonado. Basta un susto, una mala noticia, estrés laboral o pequeñas presiones para que te enfermes temporalmente, un rato o un día; pero el rencor constante es una enfermedad permanente. Perdona. Tendrás paz, generalmente las personas con deudas no tienen paz, salvo aquellos que han perdido su conciencia, como la anécdota aquella en la que el César compró la almohada de un hombre que había fallecido y que durante su vida había acumulado grandes deudas. Le preguntaron para qué compraba una almohada usada, a lo que el rey respondió: ese hombre podía dormir a pesar de sus increíbles deudas. Perdona, pues la deuda es una realidad. Debes más y te conviene perdonar. Tienes más deuda para con Dios de lo que todos tus deudores juntos pueden deberte a ti. Nadie te ha ofendido todos los días de tu vida, pero tú si has ofendido a Dios de tal manera. basta considerar tus pensamientos. También podemos considerar la deuda como una deuda en común, ya que el pasaje dice “nuestras deudas” y no solo “mis deudas”. Los pecados de uno afectan a los demás; por ello, el perdón de uno trae libertad también a los demás; así como dejar de fumar es dejar de exponer al cáncer a uno mismo y también a los demás. Debemos procurar el perdón de Dios en nuestras oraciones; pues esta deuda perdonada es el perdón tanto de lo temporal como de lo eterno. ¿Qué cosas han hecho contra ti que sobrevivan la muerte? ¿Y qué cosas has hecho tu de las cuáles darás cuenta en el día del juicio? Perdonas lo temporal y te es perdonado lo eterno, ¿no vale la pena hacerlo? Nada es tan caro como el rencor y la falta de perdón; por otro lado, ninguna oferta es tan buena como la oferta del perdón, ya que la deuda perdonada no existe más; esto es tanto válido respecto de lo que debías a Dios como de lo que tu prójimo te debe a ti. Respecto al versículo 13, y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos, amén; Dios no tienta a nadie (Stg. 1:13), pero si puede introducir al hombre en donde puede ser tentado. Jesús recordaba que fue el Espíritu Santo quien lo llevó al desierto para ser tentado por el diablo. Y también, Adán y Eva fueron puestos en el huerto donde Dios plantó el árbol de la ciencia del bien y del mal. No podemos hacer nada cuando es Dios quien te coloca en tal situación, salvo solicitar que no sea así o nos proteja; pero, ¿has considerado que muchas de las experiencias de tentación que has tenido pudieron haberse evitado? La tentación constituye, desde la perspectiva de Satanás, una oportunidad de degradar al creyente; pero desde la perspectiva de Dios, la tentación es una prueba u oportunidad de promoverlo. Después de que Jesús fue tentado en el desierto, regresó en el poder del Espíritu Santo: Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo. Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos (Luc. 4:13-15). Deseamos ser promovidos, pero no probados. ¿Puedo orar para no pasar por pruebas malas? Jesús enseñó que sí. Es difícil de entender, porque mucha gente está habituada a que le pasen cosas malas; pero el Señor nos instruye a pedir que no estemos en situación de riesgo de pecado. La palabra “líbranos” traduce una palabra griega cuya raíz significa “fluir”. Jesús está diciendo: “que fluyamos sin el mal”. Ser aprobados sin necesidad de ser afligidos. Fluir en el mal es la clase de vida que si no le llueve le graniza; esto es, no sale de una para meterse en otra mala experiencia. Hay personas que fluyen en el mal; los problemas no les vienen como sorpresa, sino que nadan en ellos como en un río. Ya ni se sienten mal, están habituados al dolor y es la única forma para ellos de ser aprobados. Debemos aprender a fluir fuera del mal. Fluir en el bien. Recibir como normal el favor y la bendición de Dios. Fluir en el bien es esperar que todo salga bien y ser aprobados de esa manera. El mal se refiere tanto a las cosas malas como la enfermedad, el dolor, la pobreza; como al malo; esto es, al maligno. Oremos para fluir aparte de las cosas malas como aparte del maligno. Jesús no nos enseñó a orar que seamos fuertes en el mal; sino a que seamos libres del mal. ¿Por qué algunos oran únicamente por fortaleza en la adversidad? ¿No debieran orar para ser libres de la adversidad? No solo podemos orar que seamos librados de tentaciones, de cosas malas y del maligno, sino que debemos orar para que así sea. Es una orden, pide ser libre del mal. Y si debemos orar así, ¿por qué vivir de otro modo? ¿Y por qué podemos y debemos orar así? ¡Porque el reino es del Señor, lo mismo que el poder y la gloria! Que nosotros vivamos libres del pecado y de la maldad es la vida del reino; Dios tiene el poder de hacer esto y tal vida redunda en gloria a Dios. Algunas personas recitan estas palabras, pero no las entienden o no las creen. La oración del “Padre Nuestro” (como se le ha llamado) es más un manual de vida que una letanía de oración. Poco servirá que reces el “Padre Nuestro” miles de veces si no crees en la Palabra de Dios una sola vez.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:13

Comentario general

6.12-15 Imagina una especie hecha completamente de espinas, sería fácil convivir sin lastimarnos unos a otros todo el tiempo. La especie humana así es, sumamente falible, lo común es que los seres humanos se ofenden unos a otros constantemente. Por eso la oración del Padre Nuestro incluye el perdón. Sin esta clausula no estaría completa la oración. Para tener comunión vertical, tienes que conservar la comunión horizontal. Se habla del perdón después de pedir el pan de cada día. De nada sirve la satisfacción de las cosas temporales sin la satisfacción de las cosas eternas. El perdón es la mejor salsa para el pan de cada día. Sin el perdón, el pan es lo mismo al preso que sin indulto come su última cena. El pecado es una deuda. Así lo llamó el Señor Jesús: deuda, de manera que lo es. Una deuda que encarcela porque temporalmente hace infeliz al hombre. Una deuda que finalmente condena porque no podrá justificarse en día del juicio. Una deuda que por cierto, es humanamente impagable. Es absurdo pedir paciencia y prometer pagar todo como en la parábola de Mateo 18:23-34. Se necesita el perdón. Para comprender la diferencia entre las dos deudas, sería como si al que se le perdonó la deuda de los cien denarios se le hubiese perdonado una deuda equivalente a poner monedas de un peso mexicano uno detrás de otro por 23 metros; mientras que aquel deudor a quien se le perdonó diez mil talentos, se pusiese su deuda en monedas de peso mexicano uno detrás del otro ¡por 268,000 metros! …cómo no habríamos de perdonar. Oramos por el perdón de nuestros pecados debido a que se trata de una deuda incalculable. De hecho, no es una deuda, sino muchas; porque no es un pecado, sino muchos. Cuántas y qué tan graves no podemos cuantificarlo como si podemos las cuentas financieras. Se puede hacer un presupuesto en base a los ingresos y egresos mensuales, pero no se puede hacer un presupuesto moral. Y si consideramos que se trata de una cuenta intransferible, reconocemos que necesitamos pedir perdón. No hay indulgencias. Tampoco termina con la muerte. Una colecta de los ángeles sería insuficiente. Nadie puede pagar por ti aparte del Señor. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque así reconocemos la deuda: Perdónanos nuestras deudas. Debe solicitarse el perdón, no debe pensarse que sin buscar el perdón y la reconciliación, Dios finalmente perdonará a todos. Si alguna vez se escondió de ti alguien que te debía, que molesto debió ser. No te escondas de Dios (no puedes). Reconoce que le debes con cada pecado. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque existe el fin de la deuda: el perdón. Dios es el único que puede perdonarnos y para esto fue necesario la sangre de Jesucristo. Incluso sin la muerte de Cristo, Dios no nos perdonaría, pues sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. ¿Comprendes? Puedes ser completamente perdonado de todo pecado, así que ora. Sin embargo, existe una condición para dicho perdón: que tú perdones a tus semejantes. Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. La medida de tu perdón recibido es la medida de tu perdón otorgado. Esto es parte de los frutos dignos de arrepentimiento. Todo el que tiene un corazón perdonado, por decirlo así, también será perdonador. Hay tarjetas de regalo que al presentarse en la tienda le canjean por el equivalente a dicha tarjeta. Cuando pides perdón a Dios presentas la tarjeta del perdón que diste, por decirlo así. Esta es la oportunidad de la deuda: conocer el amor de Dios y amarlo. Hazlo práctico: da lo que quieres recibir. La ley de la siembra y la cosecha. ¡Qué oportunidad: lo que necesitas puedes recibir! Siembras una semilla de perdón y recibes una cosecha de reconciliación! Muestra tu amor a Dios amando al prójimo. Perdona la ilustración, pero estoy seguro que te enojarías si el vecino golpeara a tu perro. ¿Tienes tu misericordia de tu perro y Dios no la tendrá de sus hijos? ¿Qué no sabes la bondad de Dios que existe detrás de su perdón? Hay salud y libertad al perdonar. Te haces mucho daño con el rencor, y haces mucho daño atando al ofensor. Uno atado al rencor, lo que puede enfermarle; el otro atado al no ser perdonado. Basta un susto, una mala noticia, estrés laboral o pequeñas presiones para que te enfermes temporalmente, un rato o un día; pero el rencor constante es una enfermedad permanente. Perdona. Tendrás paz, generalmente las personas con deudas no tienen paz, salvo aquellos que han perdido su conciencia, como la anécdota aquella en la que el César compró la almohada de un hombre que había fallecido y que durante su vida había acumulado grandes deudas. Le preguntaron para qué compraba una almohada usada, a lo que el rey respondió: ese hombre podía dormir a pesar de sus increíbles deudas. Perdona, pues la deuda es una realidad. Debes más y te conviene perdonar. Tienes más deuda para con Dios de lo que todos tus deudores juntos pueden deberte a ti. Nadie te ha ofendido todos los días de tu vida, pero tú si has ofendido a Dios de tal manera. basta considerar tus pensamientos. También podemos considerar la deuda como una deuda en común, ya que el pasaje dice “nuestras deudas” y no solo “mis deudas”. Los pecados de uno afectan a los demás; por ello, el perdón de uno trae libertad también a los demás; así como dejar de fumar es dejar de exponer al cáncer a uno mismo y también a los demás. Debemos procurar el perdón de Dios en nuestras oraciones; pues esta deuda perdonada es el perdón tanto de lo temporal como de lo eterno. ¿Qué cosas han hecho contra ti que sobrevivan la muerte? ¿Y qué cosas has hecho tu de las cuáles darás cuenta en el día del juicio? Perdonas lo temporal y te es perdonado lo eterno, ¿no vale la pena hacerlo? Nada es tan caro como el rencor y la falta de perdón; por otro lado, ninguna oferta es tan buena como la oferta del perdón, ya que la deuda perdonada no existe más; esto es tanto válido respecto de lo que debías a Dios como de lo que tu prójimo te debe a ti. Respecto al versículo 13, y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos, amén; Dios no tienta a nadie (Stg. 1:13), pero si puede introducir al hombre en donde puede ser tentado. Jesús recordaba que fue el Espíritu Santo quien lo llevó al desierto para ser tentado por el diablo. Y también, Adán y Eva fueron puestos en el huerto donde Dios plantó el árbol de la ciencia del bien y del mal. No podemos hacer nada cuando es Dios quien te coloca en tal situación, salvo solicitar que no sea así o nos proteja; pero, ¿has considerado que muchas de las experiencias de tentación que has tenido pudieron haberse evitado? La tentación constituye, desde la perspectiva de Satanás, una oportunidad de degradar al creyente; pero desde la perspectiva de Dios, la tentación es una prueba u oportunidad de promoverlo. Después de que Jesús fue tentado en el desierto, regresó en el poder del Espíritu Santo: Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo. Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos (Luc. 4:13-15). Deseamos ser promovidos, pero no probados. ¿Puedo orar para no pasar por pruebas malas? Jesús enseñó que sí. Es difícil de entender, porque mucha gente está habituada a que le pasen cosas malas; pero el Señor nos instruye a pedir que no estemos en situación de riesgo de pecado. La palabra “líbranos” traduce una palabra griega cuya raíz significa “fluir”. Jesús está diciendo: “que fluyamos sin el mal”. Ser aprobados sin necesidad de ser afligidos. Fluir en el mal es la clase de vida que si no le llueve le graniza; esto es, no sale de una para meterse en otra mala experiencia. Hay personas que fluyen en el mal; los problemas no les vienen como sorpresa, sino que nadan en ellos como en un río. Ya ni se sienten mal, están habituados al dolor y es la única forma para ellos de ser aprobados. Debemos aprender a fluir fuera del mal. Fluir en el bien. Recibir como normal el favor y la bendición de Dios. Fluir en el bien es esperar que todo salga bien y ser aprobados de esa manera. El mal se refiere tanto a las cosas malas como la enfermedad, el dolor, la pobreza; como al malo; esto es, al maligno. Oremos para fluir aparte de las cosas malas como aparte del maligno. Jesús no nos enseñó a orar que seamos fuertes en el mal; sino a que seamos libres del mal. ¿Por qué algunos oran únicamente por fortaleza en la adversidad? ¿No debieran orar para ser libres de la adversidad? No solo podemos orar que seamos librados de tentaciones, de cosas malas y del maligno, sino que debemos orar para que así sea. Es una orden, pide ser libre del mal. Y si debemos orar así, ¿por qué vivir de otro modo? ¿Y por qué podemos y debemos orar así? ¡Porque el reino es del Señor, lo mismo que el poder y la gloria! Que nosotros vivamos libres del pecado y de la maldad es la vida del reino; Dios tiene el poder de hacer esto y tal vida redunda en gloria a Dios. Algunas personas recitan estas palabras, pero no las entienden o no las creen. La oración del “Padre Nuestro” (como se le ha llamado) es más un manual de vida que una letanía de oración. Poco servirá que reces el “Padre Nuestro” miles de veces si no crees en la Palabra de Dios una sola vez.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:14

Comentario general

6.12-15 Imagina una especie hecha completamente de espinas, sería fácil convivir sin lastimarnos unos a otros todo el tiempo. La especie humana así es, sumamente falible, lo común es que los seres humanos se ofenden unos a otros constantemente. Por eso la oración del Padre Nuestro incluye el perdón. Sin esta clausula no estaría completa la oración. Para tener comunión vertical, tienes que conservar la comunión horizontal. Se habla del perdón después de pedir el pan de cada día. De nada sirve la satisfacción de las cosas temporales sin la satisfacción de las cosas eternas. El perdón es la mejor salsa para el pan de cada día. Sin el perdón, el pan es lo mismo al preso que sin indulto come su última cena. El pecado es una deuda. Así lo llamó el Señor Jesús: deuda, de manera que lo es. Una deuda que encarcela porque temporalmente hace infeliz al hombre. Una deuda que finalmente condena porque no podrá justificarse en día del juicio. Una deuda que por cierto, es humanamente impagable. Es absurdo pedir paciencia y prometer pagar todo como en la parábola de Mateo 18:23-34. Se necesita el perdón. Para comprender la diferencia entre las dos deudas, sería como si al que se le perdonó la deuda de los cien denarios se le hubiese perdonado una deuda equivalente a poner monedas de un peso mexicano uno detrás de otro por 23 metros; mientras que aquel deudor a quien se le perdonó diez mil talentos, se pusiese su deuda en monedas de peso mexicano uno detrás del otro ¡por 268,000 metros! …cómo no habríamos de perdonar. Oramos por el perdón de nuestros pecados debido a que se trata de una deuda incalculable. De hecho, no es una deuda, sino muchas; porque no es un pecado, sino muchos. Cuántas y qué tan graves no podemos cuantificarlo como si podemos las cuentas financieras. Se puede hacer un presupuesto en base a los ingresos y egresos mensuales, pero no se puede hacer un presupuesto moral. Y si consideramos que se trata de una cuenta intransferible, reconocemos que necesitamos pedir perdón. No hay indulgencias. Tampoco termina con la muerte. Una colecta de los ángeles sería insuficiente. Nadie puede pagar por ti aparte del Señor. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque así reconocemos la deuda: Perdónanos nuestras deudas. Debe solicitarse el perdón, no debe pensarse que sin buscar el perdón y la reconciliación, Dios finalmente perdonará a todos. Si alguna vez se escondió de ti alguien que te debía, que molesto debió ser. No te escondas de Dios (no puedes). Reconoce que le debes con cada pecado. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque existe el fin de la deuda: el perdón. Dios es el único que puede perdonarnos y para esto fue necesario la sangre de Jesucristo. Incluso sin la muerte de Cristo, Dios no nos perdonaría, pues sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. ¿Comprendes? Puedes ser completamente perdonado de todo pecado, así que ora. Sin embargo, existe una condición para dicho perdón: que tú perdones a tus semejantes. Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. La medida de tu perdón recibido es la medida de tu perdón otorgado. Esto es parte de los frutos dignos de arrepentimiento. Todo el que tiene un corazón perdonado, por decirlo así, también será perdonador. Hay tarjetas de regalo que al presentarse en la tienda le canjean por el equivalente a dicha tarjeta. Cuando pides perdón a Dios presentas la tarjeta del perdón que diste, por decirlo así. Esta es la oportunidad de la deuda: conocer el amor de Dios y amarlo. Hazlo práctico: da lo que quieres recibir. La ley de la siembra y la cosecha. ¡Qué oportunidad: lo que necesitas puedes recibir! Siembras una semilla de perdón y recibes una cosecha de reconciliación! Muestra tu amor a Dios amando al prójimo. Perdona la ilustración, pero estoy seguro que te enojarías si el vecino golpeara a tu perro. ¿Tienes tu misericordia de tu perro y Dios no la tendrá de sus hijos? ¿Qué no sabes la bondad de Dios que existe detrás de su perdón? Hay salud y libertad al perdonar. Te haces mucho daño con el rencor, y haces mucho daño atando al ofensor. Uno atado al rencor, lo que puede enfermarle; el otro atado al no ser perdonado. Basta un susto, una mala noticia, estrés laboral o pequeñas presiones para que te enfermes temporalmente, un rato o un día; pero el rencor constante es una enfermedad permanente. Perdona. Tendrás paz, generalmente las personas con deudas no tienen paz, salvo aquellos que han perdido su conciencia, como la anécdota aquella en la que el César compró la almohada de un hombre que había fallecido y que durante su vida había acumulado grandes deudas. Le preguntaron para qué compraba una almohada usada, a lo que el rey respondió: ese hombre podía dormir a pesar de sus increíbles deudas. Perdona, pues la deuda es una realidad. Debes más y te conviene perdonar. Tienes más deuda para con Dios de lo que todos tus deudores juntos pueden deberte a ti. Nadie te ha ofendido todos los días de tu vida, pero tú si has ofendido a Dios de tal manera. basta considerar tus pensamientos. También podemos considerar la deuda como una deuda en común, ya que el pasaje dice “nuestras deudas” y no solo “mis deudas”. Los pecados de uno afectan a los demás; por ello, el perdón de uno trae libertad también a los demás; así como dejar de fumar es dejar de exponer al cáncer a uno mismo y también a los demás. Debemos procurar el perdón de Dios en nuestras oraciones; pues esta deuda perdonada es el perdón tanto de lo temporal como de lo eterno. ¿Qué cosas han hecho contra ti que sobrevivan la muerte? ¿Y qué cosas has hecho tu de las cuáles darás cuenta en el día del juicio? Perdonas lo temporal y te es perdonado lo eterno, ¿no vale la pena hacerlo? Nada es tan caro como el rencor y la falta de perdón; por otro lado, ninguna oferta es tan buena como la oferta del perdón, ya que la deuda perdonada no existe más; esto es tanto válido respecto de lo que debías a Dios como de lo que tu prójimo te debe a ti. Respecto al versículo 13, y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos, amén; Dios no tienta a nadie (Stg. 1:13), pero si puede introducir al hombre en donde puede ser tentado. Jesús recordaba que fue el Espíritu Santo quien lo llevó al desierto para ser tentado por el diablo. Y también, Adán y Eva fueron puestos en el huerto donde Dios plantó el árbol de la ciencia del bien y del mal. No podemos hacer nada cuando es Dios quien te coloca en tal situación, salvo solicitar que no sea así o nos proteja; pero, ¿has considerado que muchas de las experiencias de tentación que has tenido pudieron haberse evitado? La tentación constituye, desde la perspectiva de Satanás, una oportunidad de degradar al creyente; pero desde la perspectiva de Dios, la tentación es una prueba u oportunidad de promoverlo. Después de que Jesús fue tentado en el desierto, regresó en el poder del Espíritu Santo: Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo. Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos (Luc. 4:13-15). Deseamos ser promovidos, pero no probados. ¿Puedo orar para no pasar por pruebas malas? Jesús enseñó que sí. Es difícil de entender, porque mucha gente está habituada a que le pasen cosas malas; pero el Señor nos instruye a pedir que no estemos en situación de riesgo de pecado. La palabra “líbranos” traduce una palabra griega cuya raíz significa “fluir”. Jesús está diciendo: “que fluyamos sin el mal”. Ser aprobados sin necesidad de ser afligidos. Fluir en el mal es la clase de vida que si no le llueve le graniza; esto es, no sale de una para meterse en otra mala experiencia. Hay personas que fluyen en el mal; los problemas no les vienen como sorpresa, sino que nadan en ellos como en un río. Ya ni se sienten mal, están habituados al dolor y es la única forma para ellos de ser aprobados. Debemos aprender a fluir fuera del mal. Fluir en el bien. Recibir como normal el favor y la bendición de Dios. Fluir en el bien es esperar que todo salga bien y ser aprobados de esa manera. El mal se refiere tanto a las cosas malas como la enfermedad, el dolor, la pobreza; como al malo; esto es, al maligno. Oremos para fluir aparte de las cosas malas como aparte del maligno. Jesús no nos enseñó a orar que seamos fuertes en el mal; sino a que seamos libres del mal. ¿Por qué algunos oran únicamente por fortaleza en la adversidad? ¿No debieran orar para ser libres de la adversidad? No solo podemos orar que seamos librados de tentaciones, de cosas malas y del maligno, sino que debemos orar para que así sea. Es una orden, pide ser libre del mal. Y si debemos orar así, ¿por qué vivir de otro modo? ¿Y por qué podemos y debemos orar así? ¡Porque el reino es del Señor, lo mismo que el poder y la gloria! Que nosotros vivamos libres del pecado y de la maldad es la vida del reino; Dios tiene el poder de hacer esto y tal vida redunda en gloria a Dios. Algunas personas recitan estas palabras, pero no las entienden o no las creen. La oración del “Padre Nuestro” (como se le ha llamado) es más un manual de vida que una letanía de oración. Poco servirá que reces el “Padre Nuestro” miles de veces si no crees en la Palabra de Dios una sola vez.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:15

Comentario general

6.12-15 Imagina una especie hecha completamente de espinas, sería fácil convivir sin lastimarnos unos a otros todo el tiempo. La especie humana así es, sumamente falible, lo común es que los seres humanos se ofenden unos a otros constantemente. Por eso la oración del Padre Nuestro incluye el perdón. Sin esta clausula no estaría completa la oración. Para tener comunión vertical, tienes que conservar la comunión horizontal. Se habla del perdón después de pedir el pan de cada día. De nada sirve la satisfacción de las cosas temporales sin la satisfacción de las cosas eternas. El perdón es la mejor salsa para el pan de cada día. Sin el perdón, el pan es lo mismo al preso que sin indulto come su última cena. El pecado es una deuda. Así lo llamó el Señor Jesús: deuda, de manera que lo es. Una deuda que encarcela porque temporalmente hace infeliz al hombre. Una deuda que finalmente condena porque no podrá justificarse en día del juicio. Una deuda que por cierto, es humanamente impagable. Es absurdo pedir paciencia y prometer pagar todo como en la parábola de Mateo 18:23-34. Se necesita el perdón. Para comprender la diferencia entre las dos deudas, sería como si al que se le perdonó la deuda de los cien denarios se le hubiese perdonado una deuda equivalente a poner monedas de un peso mexicano uno detrás de otro por 23 metros; mientras que aquel deudor a quien se le perdonó diez mil talentos, se pusiese su deuda en monedas de peso mexicano uno detrás del otro ¡por 268,000 metros! …cómo no habríamos de perdonar. Oramos por el perdón de nuestros pecados debido a que se trata de una deuda incalculable. De hecho, no es una deuda, sino muchas; porque no es un pecado, sino muchos. Cuántas y qué tan graves no podemos cuantificarlo como si podemos las cuentas financieras. Se puede hacer un presupuesto en base a los ingresos y egresos mensuales, pero no se puede hacer un presupuesto moral. Y si consideramos que se trata de una cuenta intransferible, reconocemos que necesitamos pedir perdón. No hay indulgencias. Tampoco termina con la muerte. Una colecta de los ángeles sería insuficiente. Nadie puede pagar por ti aparte del Señor. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque así reconocemos la deuda: Perdónanos nuestras deudas. Debe solicitarse el perdón, no debe pensarse que sin buscar el perdón y la reconciliación, Dios finalmente perdonará a todos. Si alguna vez se escondió de ti alguien que te debía, que molesto debió ser. No te escondas de Dios (no puedes). Reconoce que le debes con cada pecado. Oramos por el perdón de nuestros pecados porque existe el fin de la deuda: el perdón. Dios es el único que puede perdonarnos y para esto fue necesario la sangre de Jesucristo. Incluso sin la muerte de Cristo, Dios no nos perdonaría, pues sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. ¿Comprendes? Puedes ser completamente perdonado de todo pecado, así que ora. Sin embargo, existe una condición para dicho perdón: que tú perdones a tus semejantes. Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. La medida de tu perdón recibido es la medida de tu perdón otorgado. Esto es parte de los frutos dignos de arrepentimiento. Todo el que tiene un corazón perdonado, por decirlo así, también será perdonador. Hay tarjetas de regalo que al presentarse en la tienda le canjean por el equivalente a dicha tarjeta. Cuando pides perdón a Dios presentas la tarjeta del perdón que diste, por decirlo así. Esta es la oportunidad de la deuda: conocer el amor de Dios y amarlo. Hazlo práctico: da lo que quieres recibir. La ley de la siembra y la cosecha. ¡Qué oportunidad: lo que necesitas puedes recibir! Siembras una semilla de perdón y recibes una cosecha de reconciliación! Muestra tu amor a Dios amando al prójimo. Perdona la ilustración, pero estoy seguro que te enojarías si el vecino golpeara a tu perro. ¿Tienes tu misericordia de tu perro y Dios no la tendrá de sus hijos? ¿Qué no sabes la bondad de Dios que existe detrás de su perdón? Hay salud y libertad al perdonar. Te haces mucho daño con el rencor, y haces mucho daño atando al ofensor. Uno atado al rencor, lo que puede enfermarle; el otro atado al no ser perdonado. Basta un susto, una mala noticia, estrés laboral o pequeñas presiones para que te enfermes temporalmente, un rato o un día; pero el rencor constante es una enfermedad permanente. Perdona. Tendrás paz, generalmente las personas con deudas no tienen paz, salvo aquellos que han perdido su conciencia, como la anécdota aquella en la que el César compró la almohada de un hombre que había fallecido y que durante su vida había acumulado grandes deudas. Le preguntaron para qué compraba una almohada usada, a lo que el rey respondió: ese hombre podía dormir a pesar de sus increíbles deudas. Perdona, pues la deuda es una realidad. Debes más y te conviene perdonar. Tienes más deuda para con Dios de lo que todos tus deudores juntos pueden deberte a ti. Nadie te ha ofendido todos los días de tu vida, pero tú si has ofendido a Dios de tal manera. basta considerar tus pensamientos. También podemos considerar la deuda como una deuda en común, ya que el pasaje dice “nuestras deudas” y no solo “mis deudas”. Los pecados de uno afectan a los demás; por ello, el perdón de uno trae libertad también a los demás; así como dejar de fumar es dejar de exponer al cáncer a uno mismo y también a los demás. Debemos procurar el perdón de Dios en nuestras oraciones; pues esta deuda perdonada es el perdón tanto de lo temporal como de lo eterno. ¿Qué cosas han hecho contra ti que sobrevivan la muerte? ¿Y qué cosas has hecho tu de las cuáles darás cuenta en el día del juicio? Perdonas lo temporal y te es perdonado lo eterno, ¿no vale la pena hacerlo? Nada es tan caro como el rencor y la falta de perdón; por otro lado, ninguna oferta es tan buena como la oferta del perdón, ya que la deuda perdonada no existe más; esto es tanto válido respecto de lo que debías a Dios como de lo que tu prójimo te debe a ti. Respecto al versículo 13, y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos, amén; Dios no tienta a nadie (Stg. 1:13), pero si puede introducir al hombre en donde puede ser tentado. Jesús recordaba que fue el Espíritu Santo quien lo llevó al desierto para ser tentado por el diablo. Y también, Adán y Eva fueron puestos en el huerto donde Dios plantó el árbol de la ciencia del bien y del mal. No podemos hacer nada cuando es Dios quien te coloca en tal situación, salvo solicitar que no sea así o nos proteja; pero, ¿has considerado que muchas de las experiencias de tentación que has tenido pudieron haberse evitado? La tentación constituye, desde la perspectiva de Satanás, una oportunidad de degradar al creyente; pero desde la perspectiva de Dios, la tentación es una prueba u oportunidad de promoverlo. Después de que Jesús fue tentado en el desierto, regresó en el poder del Espíritu Santo: Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo. Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos (Luc. 4:13-15). Deseamos ser promovidos, pero no probados. ¿Puedo orar para no pasar por pruebas malas? Jesús enseñó que sí. Es difícil de entender, porque mucha gente está habituada a que le pasen cosas malas; pero el Señor nos instruye a pedir que no estemos en situación de riesgo de pecado. La palabra “líbranos” traduce una palabra griega cuya raíz significa “fluir”. Jesús está diciendo: “que fluyamos sin el mal”. Ser aprobados sin necesidad de ser afligidos. Fluir en el mal es la clase de vida que si no le llueve le graniza; esto es, no sale de una para meterse en otra mala experiencia. Hay personas que fluyen en el mal; los problemas no les vienen como sorpresa, sino que nadan en ellos como en un río. Ya ni se sienten mal, están habituados al dolor y es la única forma para ellos de ser aprobados. Debemos aprender a fluir fuera del mal. Fluir en el bien. Recibir como normal el favor y la bendición de Dios. Fluir en el bien es esperar que todo salga bien y ser aprobados de esa manera. El mal se refiere tanto a las cosas malas como la enfermedad, el dolor, la pobreza; como al malo; esto es, al maligno. Oremos para fluir aparte de las cosas malas como aparte del maligno. Jesús no nos enseñó a orar que seamos fuertes en el mal; sino a que seamos libres del mal. ¿Por qué algunos oran únicamente por fortaleza en la adversidad? ¿No debieran orar para ser libres de la adversidad? No solo podemos orar que seamos librados de tentaciones, de cosas malas y del maligno, sino que debemos orar para que así sea. Es una orden, pide ser libre del mal. Y si debemos orar así, ¿por qué vivir de otro modo? ¿Y por qué podemos y debemos orar así? ¡Porque el reino es del Señor, lo mismo que el poder y la gloria! Que nosotros vivamos libres del pecado y de la maldad es la vida del reino; Dios tiene el poder de hacer esto y tal vida redunda en gloria a Dios. Algunas personas recitan estas palabras, pero no las entienden o no las creen. La oración del “Padre Nuestro” (como se le ha llamado) es más un manual de vida que una letanía de oración. Poco servirá que reces el “Padre Nuestro” miles de veces si no crees en la Palabra de Dios una sola vez.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:16

Comentario general

6.16-18 Jesús no cuestiona la práctica del ayuno, no da argumentos a su favor o en su contra; simplemente lo da por un hecho, y en su afirmación confirma su práctica. Los pueblos orientales han practicado el ayuno por siglos, desde mucho antes de Cristo hasta nuestros días. Para el pueblo judío no era la excepción, incluso, la ley lo obligaba a ayunar en el día de la expiación, en el cual debía “afligir su alma” (Lev. 16:29-31; 23:27; Num. 29:7); desafortunadamente, afligían sus rostros, pero no sus almas. A lo largo de la historia hebrea, la abstinencia de alimento fue practicada como algo natural, era practicado hasta por la gente más mala, tanto para lo bueno como para lo malo; la ley lo contemplaba (Lev. 16:29-31). Cada vez que Moisés acudió a Dios al monte ayunó 40 días y 40 noches (Ex. 34:28; Dt. 9:18). El siervo de Abraham no quiso comer hasta pedir la mano de Rebeca para Isaac (Gen. 24:33). Acab no comió cuando Nabot le negó la venta de su viña (1 R. 21:1-5). Jezabel proclamó ayuno para asesinar a Nabot (1 R. 21:9). Samuel convocó a Israel en ayuno en busca de un avivamiento nacional (1 Sam. 7:5-6). Ester pidió ayuno a Israel para presentarse delante del Rey sin ser llamada para interceder por su pueblo (Ester 4:16). David ayunaba frecuentemente: por los enemigos: Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía en mi seno (Sal. 35:13). En la persecución: Mis rodillas están debilitados a causa del ayuno, y mi carne desfallece por falta de gordura (Sal. 109:24). El profeta Daniel buscaba las revelaciones divinas ayunando y orando (Dan. 9:3). Israel ayunó en la reafirmación del Pacto con Dios en tiempo de Nehemías (Neh. 9:1). 40 judíos se juramentaron a permanecer en ayuno hasta dar muerte a Pablo (Hch. 23:12). Elías ayunó en su viaje a Horeb (1 R. 19:8). Jesús ayunó 40 días y sus noches antes de iniciar su ministerio (Mat. 4:2). Los fariseos ayunaban dos veces a la semana (Luc. 18:12). Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban (Mat. 9:14). La profetisa Ana servía a Dios con ayunos y oraciones (Luc. 2:37). Israel contaba con celebraciones nacionales que incluían el ayuno: Para conmemorar el inicio del asecho de Jerusalén en el 10º mes (Zac. 8:19; 2ª R. 25:1); su caída al mes 4º (Zac. 8:19; 2 R.25:3-4); la destrucción del templo en el 5º mes (Zac. 8:19; 2 R. 25:8-9); el asesinato de Gedalías y compañeros judíos en el 7º mes (Zac. 8:19; 2 R. 25:25). Hasta los gentiles ayunaban como por ejemplo: El rey Darío de Media (Dan. 6:18). Los ninivitas (Jon. 3:5). El ayuno judío era expresión de dolor, como cuando los valientes de Jabes ayunaron e hicieron duelo por la muerte de Saúl y de Jonatán (1 Sam. 31:13); lo mismo que David y su guerreros (2 Sam. 1:12). Así como todos estos ejemplos confirman la práctica judía del ayuno, del mismo modo, Cristo lo autentifica al decir “cuando ayunéis” dirigiéndose a sus discípulos. Esto da por seguro que el ayuno está vigente aún en el reino de los cielos. Sin embargo, el Maestro nos enseña la verdadera forma de practicarlo. Que nadie piense que el ayuno no es vigente en la vida cristiana por el hecho de que algunos en el pueblo de Israel corrompieron tan loable hábito. Es vigente, por cuanto el Maestro ha dicho: pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza… (Mat. 6:17). Ejemplos neotestamentarios de su uso son: Los profetas y maestros de Antioquía ayunaron antes de que Bernabé y Saulo fueran comisionados (Hch. 13:1-2). Pablo ayunaba (2 Cor. 6:5; 11:27 voluntaria e involuntariamente). Cornelio estaba en ayuno cuando recibió la visión de Dios que le hizo traer a Pedro para su salvación (Hch. 10:30). Pablo y los miembros de la tripulación de una nave alejandrina ayunaron durante su viaje a Italia por catorce días (Hch.27:9,33-34). Los discípulos de Jesús no ayunaron mientras Jesús estuvo entre ellos, mas el Señor dijo que lo harían después de la partida de su Presencia personal (Luc. 5:33-35). El Señor, en su acostumbrada forma de reprensión durante la promulgación de la Constitución del Reino de los cielos (conocida como “el sermón del Monte”) menciona la forma equivocada de practicar el ayuno por parte de los religiosos de su época, a quienes les llamaba hipócritas. Hipócrita viene del griego “Hupokrites”, y dijimos anteriormente que era la palabra usada para designar al actor de teatro. Eso eran precisamente los “ayunistas” de entonces, actores del teatro de la religión, profesionales del “show” de la piedad. Jesús dijo de ellos: Demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. Estos buscadores de fama ayunaban los lunes y los jueves, que eran precisamente los días de mercado, los días de mayor público; en los cuales se paseaban entre la gente con la cara larga, con polvo blanco en el rostro, el pelo desarreglado y la ropa rota, la cual en ocasiones era el vestido de cilicio. Aún los rabinos más sabios condenaron esta maldad. Su propósito era “ser vistos por los hombres”, no ayunaban buscando a Dios, sino a la gente, ¡y tenían éxito! A eso se refirió Jesús al decir “ya tienen su recompensa”. Buscaban el reconocimiento humano, el aplauso; podían sentirse satisfechos, lograron su propósito. El fin del actor es la conquista del público, en esto fueron expertos los religiosos contemporáneos al Maestro. Dios ayude a su iglesia a no caer en esa igualdad de vida (por no decir de muerte), ya que también los creyentes nos jactamos de cuanto oramos, ayunamos o servimos a Dios. Cuando hacemos esto, nos convertimos en los hipócritas modernos, en los actores de hoy buscadores del aplauso. Por otro lado, la forma correcta de ayunar enseñada por Jesús, es tanto externa como interna; contiene tanto la forma, como el propósito. En cuanto a la actitud externa, a la forma, dijo el Maestro: Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas (Mat. 6:17-18). La forma radica en el propósito; si el propósito es buscar a Dios, ¿para qué intentar hallar a los hombres? El verdadero propósito del ayuno es interno, veamos las palabras de Isaías para entenderlo (Is.58). En aquél tiempo, la gente decía: “¿por qué ayunamos y no hiciste caso; humillamos nuestras almas y no te diste por entendido? (v.3). La respuesta divina fue: “En el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto” (v.3). Esto nos enseña que el ayuno no es para beneficio personal. Continuó diciendo Isaías: He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día agradable a Yahwéh? (vs.4-5). El verdadero ayuno no consiste en el ascetismo, no se trata de autoflagelación, no se está “comprando” el bien divino con el dolor humano. Quien intenta sacar algún provecho personal con el ayuno lo único que conseguirá es reducir la talla de su ropa. No conoce el significado de la gracia. El verdadero ayuno - continuó Isaías - en forma de pregunta: ¿No es mas bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados, y que rompas todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (vs.6-7). ¡El verdadero ayuno busca la libertad y el beneficio de los demás! El verdadero ayuno está respaldado por una vida cristiana de amor práctico al prójimo. Ayunó Israel a Dios por la victoria (Jueces 20:26-28) para conocer la voluntad de Dios con respecto a la batalla (batalla con los benjamitas). Ayunó Esdras para que Dios los guiara y protegiera en su regreso a Jerusalén después del cautiverio babilónico (8:21-23). ¡Estemos con Dios en ayuno y oración hasta que nuestro rostro resplandezca como el rostro de Moisés! (Ex. 34.27-29). Y también, ¿recuerdas cuando David ayunó buscando a Dios acostado en tierra clamando por la vida de su hijo? ¡Duró 7 días! (2 Sam. 12:15-18) ¡Así se intercede! Tenemos también el ejemplo de los judíos cuando, amenazados de muerte por decreto del rey Asuero ayunaron, dicen las Sagradas Escrituras: Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos (Est.4:3). ¡Finalmente Dios les dio liberación y gran victoria! Lo mismo sucedió a los Ninivitas, la Palabra era “de aquí a 40 días serás destruida”; mas vee la actitud de esta gente: Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará el ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo (Jonás 3:5-10). En el caso del profeta Daniel, el ayuno fue resultado de leer la Palabra de Dios, de un corazón contristado por el pecado del pueblo y de la deplorable condición de Jerusalén tras la cautividad; el resultado de sus ruegos y de su ayuno fue la revelación divina de las 70 semanas o tiempos finales (Dan. 9:2-5,20-23). Años después recibiría más revelaciones después de un ayuno de 3 semanas (Dn.10:2-5,12). Volvamos a los tiempos bíblicos, cuando el ayuno era normal en todas las situaciones importantes, por ejemplo, cuando nombraron ancianos en la iglesia ayunaban, como hicieran Pablo y Bernabé (Hch. 14:23), lo que nos habla de que sus vidas estaban constantemente humilladas al Señor. Continuando con el texto, dice Mat. 6:18 Para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. La recompensa por ayunar en secreto trasciende a lo público. Gandhi fue un hombre que practicó el ayuno como pocos hombres lo han hecho, se obligó a sí mismo a no comer en diferentes ocasiones hasta lograr que Gran Bretaña permitiese la independencia de la India; así como para impedir las guerras triviales internas y lo logró. Su nombre pasó a la historia con un gran reconocimiento. Reconocimiento que no buscó y al no buscarlo se hizo digno de él. Dios ve el corazón, conoce el propósito, ve “lo secreto”, no se impresiona por apariencias ni lo engañan los actores. Esto es así cuando el ayuno es verdadero, honesto, a beneficio del reino de los cielos y con sincera humillación personal “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará…” Unge tu cabeza, ¡pero con el Espíritu Santo! Lava tu rostro, ¡pero primero lava tus pecados!

— Roberto Tinoco

Mateo 6:17

Comentario general

6.16-18 Jesús no cuestiona la práctica del ayuno, no da argumentos a su favor o en su contra; simplemente lo da por un hecho, y en su afirmación confirma su práctica. Los pueblos orientales han practicado el ayuno por siglos, desde mucho antes de Cristo hasta nuestros días. Para el pueblo judío no era la excepción, incluso, la ley lo obligaba a ayunar en el día de la expiación, en el cual debía “afligir su alma” (Lev. 16:29-31; 23:27; Num. 29:7); desafortunadamente, afligían sus rostros, pero no sus almas. A lo largo de la historia hebrea, la abstinencia de alimento fue practicada como algo natural, era practicado hasta por la gente más mala, tanto para lo bueno como para lo malo; la ley lo contemplaba (Lev. 16:29-31). Cada vez que Moisés acudió a Dios al monte ayunó 40 días y 40 noches (Ex. 34:28; Dt. 9:18). El siervo de Abraham no quiso comer hasta pedir la mano de Rebeca para Isaac (Gen. 24:33). Acab no comió cuando Nabot le negó la venta de su viña (1 R. 21:1-5). Jezabel proclamó ayuno para asesinar a Nabot (1 R. 21:9). Samuel convocó a Israel en ayuno en busca de un avivamiento nacional (1 Sam. 7:5-6). Ester pidió ayuno a Israel para presentarse delante del Rey sin ser llamada para interceder por su pueblo (Ester 4:16). David ayunaba frecuentemente: por los enemigos: Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía en mi seno (Sal. 35:13). En la persecución: Mis rodillas están debilitados a causa del ayuno, y mi carne desfallece por falta de gordura (Sal. 109:24). El profeta Daniel buscaba las revelaciones divinas ayunando y orando (Dan. 9:3). Israel ayunó en la reafirmación del Pacto con Dios en tiempo de Nehemías (Neh. 9:1). 40 judíos se juramentaron a permanecer en ayuno hasta dar muerte a Pablo (Hch. 23:12). Elías ayunó en su viaje a Horeb (1 R. 19:8). Jesús ayunó 40 días y sus noches antes de iniciar su ministerio (Mat. 4:2). Los fariseos ayunaban dos veces a la semana (Luc. 18:12). Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban (Mat. 9:14). La profetisa Ana servía a Dios con ayunos y oraciones (Luc. 2:37). Israel contaba con celebraciones nacionales que incluían el ayuno: Para conmemorar el inicio del asecho de Jerusalén en el 10º mes (Zac. 8:19; 2ª R. 25:1); su caída al mes 4º (Zac. 8:19; 2 R.25:3-4); la destrucción del templo en el 5º mes (Zac. 8:19; 2 R. 25:8-9); el asesinato de Gedalías y compañeros judíos en el 7º mes (Zac. 8:19; 2 R. 25:25). Hasta los gentiles ayunaban como por ejemplo: El rey Darío de Media (Dan. 6:18). Los ninivitas (Jon. 3:5). El ayuno judío era expresión de dolor, como cuando los valientes de Jabes ayunaron e hicieron duelo por la muerte de Saúl y de Jonatán (1 Sam. 31:13); lo mismo que David y su guerreros (2 Sam. 1:12). Así como todos estos ejemplos confirman la práctica judía del ayuno, del mismo modo, Cristo lo autentifica al decir “cuando ayunéis” dirigiéndose a sus discípulos. Esto da por seguro que el ayuno está vigente aún en el reino de los cielos. Sin embargo, el Maestro nos enseña la verdadera forma de practicarlo. Que nadie piense que el ayuno no es vigente en la vida cristiana por el hecho de que algunos en el pueblo de Israel corrompieron tan loable hábito. Es vigente, por cuanto el Maestro ha dicho: pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza… (Mat. 6:17). Ejemplos neotestamentarios de su uso son: Los profetas y maestros de Antioquía ayunaron antes de que Bernabé y Saulo fueran comisionados (Hch. 13:1-2). Pablo ayunaba (2 Cor. 6:5; 11:27 voluntaria e involuntariamente). Cornelio estaba en ayuno cuando recibió la visión de Dios que le hizo traer a Pedro para su salvación (Hch. 10:30). Pablo y los miembros de la tripulación de una nave alejandrina ayunaron durante su viaje a Italia por catorce días (Hch.27:9,33-34). Los discípulos de Jesús no ayunaron mientras Jesús estuvo entre ellos, mas el Señor dijo que lo harían después de la partida de su Presencia personal (Luc. 5:33-35). El Señor, en su acostumbrada forma de reprensión durante la promulgación de la Constitución del Reino de los cielos (conocida como “el sermón del Monte”) menciona la forma equivocada de practicar el ayuno por parte de los religiosos de su época, a quienes les llamaba hipócritas. Hipócrita viene del griego “Hupokrites”, y dijimos anteriormente que era la palabra usada para designar al actor de teatro. Eso eran precisamente los “ayunistas” de entonces, actores del teatro de la religión, profesionales del “show” de la piedad. Jesús dijo de ellos: Demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. Estos buscadores de fama ayunaban los lunes y los jueves, que eran precisamente los días de mercado, los días de mayor público; en los cuales se paseaban entre la gente con la cara larga, con polvo blanco en el rostro, el pelo desarreglado y la ropa rota, la cual en ocasiones era el vestido de cilicio. Aún los rabinos más sabios condenaron esta maldad. Su propósito era “ser vistos por los hombres”, no ayunaban buscando a Dios, sino a la gente, ¡y tenían éxito! A eso se refirió Jesús al decir “ya tienen su recompensa”. Buscaban el reconocimiento humano, el aplauso; podían sentirse satisfechos, lograron su propósito. El fin del actor es la conquista del público, en esto fueron expertos los religiosos contemporáneos al Maestro. Dios ayude a su iglesia a no caer en esa igualdad de vida (por no decir de muerte), ya que también los creyentes nos jactamos de cuanto oramos, ayunamos o servimos a Dios. Cuando hacemos esto, nos convertimos en los hipócritas modernos, en los actores de hoy buscadores del aplauso. Por otro lado, la forma correcta de ayunar enseñada por Jesús, es tanto externa como interna; contiene tanto la forma, como el propósito. En cuanto a la actitud externa, a la forma, dijo el Maestro: Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas (Mat. 6:17-18). La forma radica en el propósito; si el propósito es buscar a Dios, ¿para qué intentar hallar a los hombres? El verdadero propósito del ayuno es interno, veamos las palabras de Isaías para entenderlo (Is.58). En aquél tiempo, la gente decía: “¿por qué ayunamos y no hiciste caso; humillamos nuestras almas y no te diste por entendido? (v.3). La respuesta divina fue: “En el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto” (v.3). Esto nos enseña que el ayuno no es para beneficio personal. Continuó diciendo Isaías: He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día agradable a Yahwéh? (vs.4-5). El verdadero ayuno no consiste en el ascetismo, no se trata de autoflagelación, no se está “comprando” el bien divino con el dolor humano. Quien intenta sacar algún provecho personal con el ayuno lo único que conseguirá es reducir la talla de su ropa. No conoce el significado de la gracia. El verdadero ayuno - continuó Isaías - en forma de pregunta: ¿No es mas bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados, y que rompas todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (vs.6-7). ¡El verdadero ayuno busca la libertad y el beneficio de los demás! El verdadero ayuno está respaldado por una vida cristiana de amor práctico al prójimo. Ayunó Israel a Dios por la victoria (Jueces 20:26-28) para conocer la voluntad de Dios con respecto a la batalla (batalla con los benjamitas). Ayunó Esdras para que Dios los guiara y protegiera en su regreso a Jerusalén después del cautiverio babilónico (8:21-23). ¡Estemos con Dios en ayuno y oración hasta que nuestro rostro resplandezca como el rostro de Moisés! (Ex. 34.27-29). Y también, ¿recuerdas cuando David ayunó buscando a Dios acostado en tierra clamando por la vida de su hijo? ¡Duró 7 días! (2 Sam. 12:15-18) ¡Así se intercede! Tenemos también el ejemplo de los judíos cuando, amenazados de muerte por decreto del rey Asuero ayunaron, dicen las Sagradas Escrituras: Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos (Est.4:3). ¡Finalmente Dios les dio liberación y gran victoria! Lo mismo sucedió a los Ninivitas, la Palabra era “de aquí a 40 días serás destruida”; mas vee la actitud de esta gente: Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará el ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo (Jonás 3:5-10). En el caso del profeta Daniel, el ayuno fue resultado de leer la Palabra de Dios, de un corazón contristado por el pecado del pueblo y de la deplorable condición de Jerusalén tras la cautividad; el resultado de sus ruegos y de su ayuno fue la revelación divina de las 70 semanas o tiempos finales (Dan. 9:2-5,20-23). Años después recibiría más revelaciones después de un ayuno de 3 semanas (Dn.10:2-5,12). Volvamos a los tiempos bíblicos, cuando el ayuno era normal en todas las situaciones importantes, por ejemplo, cuando nombraron ancianos en la iglesia ayunaban, como hicieran Pablo y Bernabé (Hch. 14:23), lo que nos habla de que sus vidas estaban constantemente humilladas al Señor. Continuando con el texto, dice Mat. 6:18 Para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. La recompensa por ayunar en secreto trasciende a lo público. Gandhi fue un hombre que practicó el ayuno como pocos hombres lo han hecho, se obligó a sí mismo a no comer en diferentes ocasiones hasta lograr que Gran Bretaña permitiese la independencia de la India; así como para impedir las guerras triviales internas y lo logró. Su nombre pasó a la historia con un gran reconocimiento. Reconocimiento que no buscó y al no buscarlo se hizo digno de él. Dios ve el corazón, conoce el propósito, ve “lo secreto”, no se impresiona por apariencias ni lo engañan los actores. Esto es así cuando el ayuno es verdadero, honesto, a beneficio del reino de los cielos y con sincera humillación personal “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará…” Unge tu cabeza, ¡pero con el Espíritu Santo! Lava tu rostro, ¡pero primero lava tus pecados!

— Roberto Tinoco

Mateo 6:18

Comentario general

6.16-18 Jesús no cuestiona la práctica del ayuno, no da argumentos a su favor o en su contra; simplemente lo da por un hecho, y en su afirmación confirma su práctica. Los pueblos orientales han practicado el ayuno por siglos, desde mucho antes de Cristo hasta nuestros días. Para el pueblo judío no era la excepción, incluso, la ley lo obligaba a ayunar en el día de la expiación, en el cual debía “afligir su alma” (Lev. 16:29-31; 23:27; Num. 29:7); desafortunadamente, afligían sus rostros, pero no sus almas. A lo largo de la historia hebrea, la abstinencia de alimento fue practicada como algo natural, era practicado hasta por la gente más mala, tanto para lo bueno como para lo malo; la ley lo contemplaba (Lev. 16:29-31). Cada vez que Moisés acudió a Dios al monte ayunó 40 días y 40 noches (Ex. 34:28; Dt. 9:18). El siervo de Abraham no quiso comer hasta pedir la mano de Rebeca para Isaac (Gen. 24:33). Acab no comió cuando Nabot le negó la venta de su viña (1 R. 21:1-5). Jezabel proclamó ayuno para asesinar a Nabot (1 R. 21:9). Samuel convocó a Israel en ayuno en busca de un avivamiento nacional (1 Sam. 7:5-6). Ester pidió ayuno a Israel para presentarse delante del Rey sin ser llamada para interceder por su pueblo (Ester 4:16). David ayunaba frecuentemente: por los enemigos: Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía en mi seno (Sal. 35:13). En la persecución: Mis rodillas están debilitados a causa del ayuno, y mi carne desfallece por falta de gordura (Sal. 109:24). El profeta Daniel buscaba las revelaciones divinas ayunando y orando (Dan. 9:3). Israel ayunó en la reafirmación del Pacto con Dios en tiempo de Nehemías (Neh. 9:1). 40 judíos se juramentaron a permanecer en ayuno hasta dar muerte a Pablo (Hch. 23:12). Elías ayunó en su viaje a Horeb (1 R. 19:8). Jesús ayunó 40 días y sus noches antes de iniciar su ministerio (Mat. 4:2). Los fariseos ayunaban dos veces a la semana (Luc. 18:12). Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban (Mat. 9:14). La profetisa Ana servía a Dios con ayunos y oraciones (Luc. 2:37). Israel contaba con celebraciones nacionales que incluían el ayuno: Para conmemorar el inicio del asecho de Jerusalén en el 10º mes (Zac. 8:19; 2ª R. 25:1); su caída al mes 4º (Zac. 8:19; 2 R.25:3-4); la destrucción del templo en el 5º mes (Zac. 8:19; 2 R. 25:8-9); el asesinato de Gedalías y compañeros judíos en el 7º mes (Zac. 8:19; 2 R. 25:25). Hasta los gentiles ayunaban como por ejemplo: El rey Darío de Media (Dan. 6:18). Los ninivitas (Jon. 3:5). El ayuno judío era expresión de dolor, como cuando los valientes de Jabes ayunaron e hicieron duelo por la muerte de Saúl y de Jonatán (1 Sam. 31:13); lo mismo que David y su guerreros (2 Sam. 1:12). Así como todos estos ejemplos confirman la práctica judía del ayuno, del mismo modo, Cristo lo autentifica al decir “cuando ayunéis” dirigiéndose a sus discípulos. Esto da por seguro que el ayuno está vigente aún en el reino de los cielos. Sin embargo, el Maestro nos enseña la verdadera forma de practicarlo. Que nadie piense que el ayuno no es vigente en la vida cristiana por el hecho de que algunos en el pueblo de Israel corrompieron tan loable hábito. Es vigente, por cuanto el Maestro ha dicho: pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza… (Mat. 6:17). Ejemplos neotestamentarios de su uso son: Los profetas y maestros de Antioquía ayunaron antes de que Bernabé y Saulo fueran comisionados (Hch. 13:1-2). Pablo ayunaba (2 Cor. 6:5; 11:27 voluntaria e involuntariamente). Cornelio estaba en ayuno cuando recibió la visión de Dios que le hizo traer a Pedro para su salvación (Hch. 10:30). Pablo y los miembros de la tripulación de una nave alejandrina ayunaron durante su viaje a Italia por catorce días (Hch.27:9,33-34). Los discípulos de Jesús no ayunaron mientras Jesús estuvo entre ellos, mas el Señor dijo que lo harían después de la partida de su Presencia personal (Luc. 5:33-35). El Señor, en su acostumbrada forma de reprensión durante la promulgación de la Constitución del Reino de los cielos (conocida como “el sermón del Monte”) menciona la forma equivocada de practicar el ayuno por parte de los religiosos de su época, a quienes les llamaba hipócritas. Hipócrita viene del griego “Hupokrites”, y dijimos anteriormente que era la palabra usada para designar al actor de teatro. Eso eran precisamente los “ayunistas” de entonces, actores del teatro de la religión, profesionales del “show” de la piedad. Jesús dijo de ellos: Demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. Estos buscadores de fama ayunaban los lunes y los jueves, que eran precisamente los días de mercado, los días de mayor público; en los cuales se paseaban entre la gente con la cara larga, con polvo blanco en el rostro, el pelo desarreglado y la ropa rota, la cual en ocasiones era el vestido de cilicio. Aún los rabinos más sabios condenaron esta maldad. Su propósito era “ser vistos por los hombres”, no ayunaban buscando a Dios, sino a la gente, ¡y tenían éxito! A eso se refirió Jesús al decir “ya tienen su recompensa”. Buscaban el reconocimiento humano, el aplauso; podían sentirse satisfechos, lograron su propósito. El fin del actor es la conquista del público, en esto fueron expertos los religiosos contemporáneos al Maestro. Dios ayude a su iglesia a no caer en esa igualdad de vida (por no decir de muerte), ya que también los creyentes nos jactamos de cuanto oramos, ayunamos o servimos a Dios. Cuando hacemos esto, nos convertimos en los hipócritas modernos, en los actores de hoy buscadores del aplauso. Por otro lado, la forma correcta de ayunar enseñada por Jesús, es tanto externa como interna; contiene tanto la forma, como el propósito. En cuanto a la actitud externa, a la forma, dijo el Maestro: Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas (Mat. 6:17-18). La forma radica en el propósito; si el propósito es buscar a Dios, ¿para qué intentar hallar a los hombres? El verdadero propósito del ayuno es interno, veamos las palabras de Isaías para entenderlo (Is.58). En aquél tiempo, la gente decía: “¿por qué ayunamos y no hiciste caso; humillamos nuestras almas y no te diste por entendido? (v.3). La respuesta divina fue: “En el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto” (v.3). Esto nos enseña que el ayuno no es para beneficio personal. Continuó diciendo Isaías: He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día agradable a Yahwéh? (vs.4-5). El verdadero ayuno no consiste en el ascetismo, no se trata de autoflagelación, no se está “comprando” el bien divino con el dolor humano. Quien intenta sacar algún provecho personal con el ayuno lo único que conseguirá es reducir la talla de su ropa. No conoce el significado de la gracia. El verdadero ayuno - continuó Isaías - en forma de pregunta: ¿No es mas bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados, y que rompas todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (vs.6-7). ¡El verdadero ayuno busca la libertad y el beneficio de los demás! El verdadero ayuno está respaldado por una vida cristiana de amor práctico al prójimo. Ayunó Israel a Dios por la victoria (Jueces 20:26-28) para conocer la voluntad de Dios con respecto a la batalla (batalla con los benjamitas). Ayunó Esdras para que Dios los guiara y protegiera en su regreso a Jerusalén después del cautiverio babilónico (8:21-23). ¡Estemos con Dios en ayuno y oración hasta que nuestro rostro resplandezca como el rostro de Moisés! (Ex. 34.27-29). Y también, ¿recuerdas cuando David ayunó buscando a Dios acostado en tierra clamando por la vida de su hijo? ¡Duró 7 días! (2 Sam. 12:15-18) ¡Así se intercede! Tenemos también el ejemplo de los judíos cuando, amenazados de muerte por decreto del rey Asuero ayunaron, dicen las Sagradas Escrituras: Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro y lamentación; cilicio y ceniza era la cama de muchos (Est.4:3). ¡Finalmente Dios les dio liberación y gran victoria! Lo mismo sucedió a los Ninivitas, la Palabra era “de aquí a 40 días serás destruida”; mas vee la actitud de esta gente: Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará el ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo (Jonás 3:5-10). En el caso del profeta Daniel, el ayuno fue resultado de leer la Palabra de Dios, de un corazón contristado por el pecado del pueblo y de la deplorable condición de Jerusalén tras la cautividad; el resultado de sus ruegos y de su ayuno fue la revelación divina de las 70 semanas o tiempos finales (Dan. 9:2-5,20-23). Años después recibiría más revelaciones después de un ayuno de 3 semanas (Dn.10:2-5,12). Volvamos a los tiempos bíblicos, cuando el ayuno era normal en todas las situaciones importantes, por ejemplo, cuando nombraron ancianos en la iglesia ayunaban, como hicieran Pablo y Bernabé (Hch. 14:23), lo que nos habla de que sus vidas estaban constantemente humilladas al Señor. Continuando con el texto, dice Mat. 6:18 Para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. La recompensa por ayunar en secreto trasciende a lo público. Gandhi fue un hombre que practicó el ayuno como pocos hombres lo han hecho, se obligó a sí mismo a no comer en diferentes ocasiones hasta lograr que Gran Bretaña permitiese la independencia de la India; así como para impedir las guerras triviales internas y lo logró. Su nombre pasó a la historia con un gran reconocimiento. Reconocimiento que no buscó y al no buscarlo se hizo digno de él. Dios ve el corazón, conoce el propósito, ve “lo secreto”, no se impresiona por apariencias ni lo engañan los actores. Esto es así cuando el ayuno es verdadero, honesto, a beneficio del reino de los cielos y con sincera humillación personal “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará…” Unge tu cabeza, ¡pero con el Espíritu Santo! Lava tu rostro, ¡pero primero lava tus pecados!

— Roberto Tinoco

Mateo 6:19

Comentario general

6.19-21 Tanto este versículo como los siguientes hasta el 34 tratan acerca de la prioridad del reino de los cielos respecto de los bienes materiales; es decir, que éstos, han de subordinarse a los propósitos del reino de Dios. Pero primero, debemos comprender, ¿Jesús prohíbe las riquezas? ¿La idea del reino es que todos los cristianos sean pobres o vivan exclusivamente con lo necesario? Esta no es la enseñanza del Rey Jesús ni del resto de las Sagradas Escrituras. El Señor esta enseñando que la prioridad de la vida humana debe ser el reino de Dios. Primero explicó, en mensajes anteriores, que toda practica religiosa debe excluir la ambición de reconocimientos y de glorias humanas; habló de no dar limosna con el propósito de ser visto por los demás, de no orar para atraer la atención de otro fuera de Dios, y de no ayunar públicamente con el objetivo de ganar la admiración de la gente. En todos estos ejemplos, la prioridad es Dios y su reino. Ahora, siguiendo la misma línea de pensamiento, habla de la adquisición de bienes materiales, explicando que estos están por debajo del reino de los cielos. El Señor no prohíbe adquirir bienes, como tampoco prohibió dar limosna, orar ni ayunar; el Señor va al corazón del asunto, al propósito que lleva al hecho; Si el propósito es malo, el hecho es inútil y vano; sea este la limosna, la oración, el ayuno, o las riquezas. Dios no prohíbe las riquezas, pues la bendición de Yahwéh es la que enriquece (Pr. 10:20). Siempre han estado del lado de sus promesas las riquezas y los bienes materiales. Fue Dios quien enriqueció a Abraham y a sus descendientes; fue Dios quien dijo a Israel antes de darle Canaán en posesión: no digas en tu corazón: Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad. Al contrario, acuérdate de Yahwéh tu Dios. El es el que te da poder para hacer riquezas (Dt. 8:17-18). Y todo esto con el objetivo de confirmar su Pacto. Estas en su Pacto es estar en su abundancia (salvo los mártires, que tienen un llamado diferente). No olvidemos que fue un rico el que cedió su tumba para el cuerpo de Jesús. Lo que sí prohíbe Jesús son las posesiones terrenales. Podemos decir que el problema no son los bienes, sino su depósito, como símbolo de propósito, ¿Son posesiones terrenales o recursos celestiales? ¿Para qué habrán de usarse? Y, ¿la confianza esta en la tierra o en el cielo? ¡Ese es el problema! El patriarca Job expresó: Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tu… esto seria maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano (Job. 31:24,28). El Rey Jesús da varias razones por las cuales no se puede depositar la confianza en nada terrenal, estas razones son: Las riquezas terrenales son pasajeras, temporales. Las riquezas terrenales producen afanes (quitan la paz). Las riquezas terrenales desvían de Dios (La prioridad compromete la lealtad). No se debe confiar en las riquezas terrenales por razón de que estas son temporales, “donde la polilla y el orín corrompen”. Aquí el Señor parece referirse a dos bienes básicos en la acumulación de bienes de la época, al vestido y al dinero; al primero lo destruye la polilla, al segundo el óxido. Esto quiere decir que las riquezas se destruyen de forma natural. Además esta la inseguridad del robo; en aquel tiempo las casas eran de tierra, por lo que era común que los ladrones “minaran”, esto es, hicieron un hoyo en la pared, a través del cual extraían su botín. ¡Es una insensatez confiar en lo que puede desvanecerse de la noche a la mañana! Lo mismo sucede al avaro de hoy, en cualquier momento la bolsa de valores cae o el país entra en crisis económica o alguna catástrofe destruye por completo su economía y con esto el objeto de su confianza; sin contar con las enfermedades que pueden venirle, los accidentes e incluso la misma muerte… ¿dónde quedó su confianza? ¿Que sucedió con su seguridad? Para los tales es el lamento de Santiago: ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polillas. Vuestro oro y plata están enmohecidas; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego (Stg. 5:1-3). El apóstol Pablo da la solución para evitar que las posesiones terrenales nos arruinen espiritualmente; escribió: A los ricos de la edad presente manda que no sean altivos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios quien nos produce todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos (1 Tim. 6:17). La segunda razón presentada por el Señor para respaldar su enseñanza en contra de dar prioridad a las riquezas sobre el reino es que las riquezas terrenales producen afán al hombre. Cuando la prioridad son los bienes, la preocupación por no perderlos aumenta, a esto se refirió Salomón, quien pudo gozar de abundantes bienes como rey de Israel: El que ama el dinero no se saciará del dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. Esto es unidad… Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no lo deja dormir la abundancia (Ecl. 5:10-12). Cuando la prioridad humana son los bienes materiales, entonces los afanes, el cansancio, el stress, el dolor, la angustia y la infelicidad aumentan; seamos sensatos escuchando la Palabra: No te afanes por hacerte rico: se prudente y desiste (Pr. 23:4). Si Dios te enriquece, amén; pero no sea tu motivación. Algunos tienen riquezas y a otros los tienen las riquezas. De los últimos, entre mas se tiene en este mundo, donde es posible perder, más es la preocupación por no perder. Cuando las riquezas del hombre están en los cielos, donde no es posible perderlos, el alma humana descansa en seguridad; no hay ladrón ni diablo ni circunstancia que pueda arrebatar la vida, pues la confianza de su poseedor esta en el cielo, en Dios. No sea como el error de Acán, quien puso sus ojos y su prioridad en el botín de Jericó, el cual había sido prohibido por Dios, su confianza fueron un manto babilónico y un lingote de oro escondido debajo de su tienda ¡Cuánta insensatez! ¡Pudiendo haber descansando en Dios esperando de Él la bendición cuando poseyeran toda Canaán! La consecuencia fue que el ladrón robo su alma, al ser Acán y su familia lapidadas como anatema en Israel. (Josué 7). ¿Como podemos saber si nuestra confianza esta en Dios o esta en las riquezas ? La respuesta esta en las Sagradas Escrituras: La bendición de Yahwéh es la que enriquece y no añade tristeza con ella (Pr. 10:22). Tristeza. Cuando la prioridad humana esta en las riquezas, dicha persona tendrá tristeza a causa de sus posesiones; estará afanado, ocupado, descuidará a su familia y esto le provocara hijos rebeldes, no atenderá a su mujer y esta será conflictiva y rencillosa con él, su salud mermará, su sueño será difícil, su humor cambiará haciéndose irascible e impaciente, envidiará al sencillo trabajador que descansa en el pasto de un parque al lado de su mujer mientras ambos contemplan el juego de sus hijos. La tercera razón proporcionada por el Maestro para no depositar nuestra confianza en las riquezas terrenales es que la prioridad compromete la lealtad. El dijo: donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (vr. 21). Un lugar, un tesoro y un corazón. El corazón humano esta en el lugar en el que esté su tesoro; el tesoro al que el Señor se refiere es la prioridad de su vida y la fuente de todas sus motivaciones. Dicha prioridad pueden ser riquezas materiales, los hijos, la esposa, la carrera profesional, la fama, el pecado, el deporte, pasatiempos, el cuerpo, cualquier cosa que el hombre tenga como la mas importante en su vida. ¿Que es lo mas importante? Aquello a lo cual se le destina mas tiempo, mas esfuerzo, mas dedicación. Si alguno dice que la prioridad en su vida es Dios y no tiene oración ni lectura bíblica como lo mas importante en su vida, el tal es mentiroso. ¿Por qué dice que primero es Dios cuando no pasa tiempo con Él? Todo joven, cuando se enamora hace de su amada el centro de sus pensamientos y de su vida; es su prioridad, pues la ama; así mismo, cuando el hombre tiene a Dios como su prioridad, su vida gira en torno a El, piensa en El, medita en El, habla con El, le escucha a El, se entrega a El. Es un hombre que ha muerto a todo lo demás, por decirlo así. Cuando se trata de establecer prioridades, tratándose de poner cualquier otra persona o cosa, objetiva o subjetiva, real o imaginaria, al lado de Dios, dicha cosa o persona desaparece; el hombre solo mira a Dios, murió a todo lo demás y su vida esta resucitada y escondida con Cristo, como dicen el Libro: Siendo, pues, que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo esta sentado a la diestra de Dios. Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra; porque habéis muerto, y vuestra vida esta escondida con Cristo en Dios (Col. 3:1-3). ¡Que bendición! ¡Nuestro tesoro es Cristo! ¡Nuestra vida esta escondida con Cristo en Dios! ¡Nuestro tesoro esta en los cielos es eterno e inagotable! El lugar es el cielo, el tesoro es Cristo y nuestro corazón representa la vida que le hemos entregado sólo a Él. Una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros (1P. 1:4). 6.22-23 Previendo el Señor Jesús la duplicidad de intención en algunos, respecto de sus palabras anteriormente dichas, continuó su enseñanza advirtiendo que todo es un asunto de la intención del corazón entre la luz y las tinieblas. Utilizó la alegoría del ojo y del cuerpo para ilustrar la sencillez que debe haber en la intención del corazón. Un ojo sano enfoca un objeto a la vez y permite la entrada de la luz, si el ojo esta enfermo la luz no puede entrar, el enfoque es múltiple y la visión borrosa. El Señor esta diciendo que tengamos un ojo sano, un propósito y una intención sencilla, que nuestro enfoque esté en las cosas de arriba y no en las de la tierra; cualquiera que intenta tener tesoros en el cielo sin quitar su corazón de los tesoros de la tierra tiene un ojo malo, una doble visión; por tanto, su vida está en tinieblas. Ahora bien, si la bendición de Dios, la prosperidad, te han traído tinieblas ¿cuántas no serán las mismas tinieblas en tu vida? ¿Cómo será de oscuro tu corazón en lo referente al mal? Cualquiera que intenta compartir a Dios con las riquezas terrenales vive en tinieblas terribles. En las Escrituras, la luz y la vida son sinónimos, así como las tinieblas y la muerte también lo son entre sí. La luz y la vida son el bien, las tinieblas y la muerte son el mal. Ya que Cristo es la luz y la vida; el problema radica en los hijos del reino, los cuales éramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor (Ef. 5:8), siendo incongruente que algunos regresan a ser tinieblas al olvidar que su vida tiene un solo propósito y un solo significado, el cual es Cristo. Se enredan en el mundo en pro de las riquezas terrenales, volviendo con ello a ser tinieblas y a estar en muerte. A esto se refería el Rey Jesucristo cuando dijo: Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro; o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6:24).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:20

Comentario general

6.19-21 Tanto este versículo como los siguientes hasta el 34 tratan acerca de la prioridad del reino de los cielos respecto de los bienes materiales; es decir, que éstos, han de subordinarse a los propósitos del reino de Dios. Pero primero, debemos comprender, ¿Jesús prohíbe las riquezas? ¿La idea del reino es que todos los cristianos sean pobres o vivan exclusivamente con lo necesario? Esta no es la enseñanza del Rey Jesús ni del resto de las Sagradas Escrituras. El Señor esta enseñando que la prioridad de la vida humana debe ser el reino de Dios. Primero explicó, en mensajes anteriores, que toda practica religiosa debe excluir la ambición de reconocimientos y de glorias humanas; habló de no dar limosna con el propósito de ser visto por los demás, de no orar para atraer la atención de otro fuera de Dios, y de no ayunar públicamente con el objetivo de ganar la admiración de la gente. En todos estos ejemplos, la prioridad es Dios y su reino. Ahora, siguiendo la misma línea de pensamiento, habla de la adquisición de bienes materiales, explicando que estos están por debajo del reino de los cielos. El Señor no prohíbe adquirir bienes, como tampoco prohibió dar limosna, orar ni ayunar; el Señor va al corazón del asunto, al propósito que lleva al hecho; Si el propósito es malo, el hecho es inútil y vano; sea este la limosna, la oración, el ayuno, o las riquezas. Dios no prohíbe las riquezas, pues la bendición de Yahwéh es la que enriquece (Pr. 10:20). Siempre han estado del lado de sus promesas las riquezas y los bienes materiales. Fue Dios quien enriqueció a Abraham y a sus descendientes; fue Dios quien dijo a Israel antes de darle Canaán en posesión: no digas en tu corazón: Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad. Al contrario, acuérdate de Yahwéh tu Dios. El es el que te da poder para hacer riquezas (Dt. 8:17-18). Y todo esto con el objetivo de confirmar su Pacto. Estas en su Pacto es estar en su abundancia (salvo los mártires, que tienen un llamado diferente). No olvidemos que fue un rico el que cedió su tumba para el cuerpo de Jesús. Lo que sí prohíbe Jesús son las posesiones terrenales. Podemos decir que el problema no son los bienes, sino su depósito, como símbolo de propósito, ¿Son posesiones terrenales o recursos celestiales? ¿Para qué habrán de usarse? Y, ¿la confianza esta en la tierra o en el cielo? ¡Ese es el problema! El patriarca Job expresó: Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tu… esto seria maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano (Job. 31:24,28). El Rey Jesús da varias razones por las cuales no se puede depositar la confianza en nada terrenal, estas razones son: Las riquezas terrenales son pasajeras, temporales. Las riquezas terrenales producen afanes (quitan la paz). Las riquezas terrenales desvían de Dios (La prioridad compromete la lealtad). No se debe confiar en las riquezas terrenales por razón de que estas son temporales, “donde la polilla y el orín corrompen”. Aquí el Señor parece referirse a dos bienes básicos en la acumulación de bienes de la época, al vestido y al dinero; al primero lo destruye la polilla, al segundo el óxido. Esto quiere decir que las riquezas se destruyen de forma natural. Además esta la inseguridad del robo; en aquel tiempo las casas eran de tierra, por lo que era común que los ladrones “minaran”, esto es, hicieron un hoyo en la pared, a través del cual extraían su botín. ¡Es una insensatez confiar en lo que puede desvanecerse de la noche a la mañana! Lo mismo sucede al avaro de hoy, en cualquier momento la bolsa de valores cae o el país entra en crisis económica o alguna catástrofe destruye por completo su economía y con esto el objeto de su confianza; sin contar con las enfermedades que pueden venirle, los accidentes e incluso la misma muerte… ¿dónde quedó su confianza? ¿Que sucedió con su seguridad? Para los tales es el lamento de Santiago: ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polillas. Vuestro oro y plata están enmohecidas; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego (Stg. 5:1-3). El apóstol Pablo da la solución para evitar que las posesiones terrenales nos arruinen espiritualmente; escribió: A los ricos de la edad presente manda que no sean altivos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios quien nos produce todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos (1 Tim. 6:17). La segunda razón presentada por el Señor para respaldar su enseñanza en contra de dar prioridad a las riquezas sobre el reino es que las riquezas terrenales producen afán al hombre. Cuando la prioridad son los bienes, la preocupación por no perderlos aumenta, a esto se refirió Salomón, quien pudo gozar de abundantes bienes como rey de Israel: El que ama el dinero no se saciará del dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. Esto es unidad… Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no lo deja dormir la abundancia (Ecl. 5:10-12). Cuando la prioridad humana son los bienes materiales, entonces los afanes, el cansancio, el stress, el dolor, la angustia y la infelicidad aumentan; seamos sensatos escuchando la Palabra: No te afanes por hacerte rico: se prudente y desiste (Pr. 23:4). Si Dios te enriquece, amén; pero no sea tu motivación. Algunos tienen riquezas y a otros los tienen las riquezas. De los últimos, entre mas se tiene en este mundo, donde es posible perder, más es la preocupación por no perder. Cuando las riquezas del hombre están en los cielos, donde no es posible perderlos, el alma humana descansa en seguridad; no hay ladrón ni diablo ni circunstancia que pueda arrebatar la vida, pues la confianza de su poseedor esta en el cielo, en Dios. No sea como el error de Acán, quien puso sus ojos y su prioridad en el botín de Jericó, el cual había sido prohibido por Dios, su confianza fueron un manto babilónico y un lingote de oro escondido debajo de su tienda ¡Cuánta insensatez! ¡Pudiendo haber descansando en Dios esperando de Él la bendición cuando poseyeran toda Canaán! La consecuencia fue que el ladrón robo su alma, al ser Acán y su familia lapidadas como anatema en Israel. (Josué 7). ¿Como podemos saber si nuestra confianza esta en Dios o esta en las riquezas ? La respuesta esta en las Sagradas Escrituras: La bendición de Yahwéh es la que enriquece y no añade tristeza con ella (Pr. 10:22). Tristeza. Cuando la prioridad humana esta en las riquezas, dicha persona tendrá tristeza a causa de sus posesiones; estará afanado, ocupado, descuidará a su familia y esto le provocara hijos rebeldes, no atenderá a su mujer y esta será conflictiva y rencillosa con él, su salud mermará, su sueño será difícil, su humor cambiará haciéndose irascible e impaciente, envidiará al sencillo trabajador que descansa en el pasto de un parque al lado de su mujer mientras ambos contemplan el juego de sus hijos. La tercera razón proporcionada por el Maestro para no depositar nuestra confianza en las riquezas terrenales es que la prioridad compromete la lealtad. El dijo: donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (vr. 21). Un lugar, un tesoro y un corazón. El corazón humano esta en el lugar en el que esté su tesoro; el tesoro al que el Señor se refiere es la prioridad de su vida y la fuente de todas sus motivaciones. Dicha prioridad pueden ser riquezas materiales, los hijos, la esposa, la carrera profesional, la fama, el pecado, el deporte, pasatiempos, el cuerpo, cualquier cosa que el hombre tenga como la mas importante en su vida. ¿Que es lo mas importante? Aquello a lo cual se le destina mas tiempo, mas esfuerzo, mas dedicación. Si alguno dice que la prioridad en su vida es Dios y no tiene oración ni lectura bíblica como lo mas importante en su vida, el tal es mentiroso. ¿Por qué dice que primero es Dios cuando no pasa tiempo con Él? Todo joven, cuando se enamora hace de su amada el centro de sus pensamientos y de su vida; es su prioridad, pues la ama; así mismo, cuando el hombre tiene a Dios como su prioridad, su vida gira en torno a El, piensa en El, medita en El, habla con El, le escucha a El, se entrega a El. Es un hombre que ha muerto a todo lo demás, por decirlo así. Cuando se trata de establecer prioridades, tratándose de poner cualquier otra persona o cosa, objetiva o subjetiva, real o imaginaria, al lado de Dios, dicha cosa o persona desaparece; el hombre solo mira a Dios, murió a todo lo demás y su vida esta resucitada y escondida con Cristo, como dicen el Libro: Siendo, pues, que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo esta sentado a la diestra de Dios. Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra; porque habéis muerto, y vuestra vida esta escondida con Cristo en Dios (Col. 3:1-3). ¡Que bendición! ¡Nuestro tesoro es Cristo! ¡Nuestra vida esta escondida con Cristo en Dios! ¡Nuestro tesoro esta en los cielos es eterno e inagotable! El lugar es el cielo, el tesoro es Cristo y nuestro corazón representa la vida que le hemos entregado sólo a Él. Una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros (1P. 1:4). 6.22-23 Previendo el Señor Jesús la duplicidad de intención en algunos, respecto de sus palabras anteriormente dichas, continuó su enseñanza advirtiendo que todo es un asunto de la intención del corazón entre la luz y las tinieblas. Utilizó la alegoría del ojo y del cuerpo para ilustrar la sencillez que debe haber en la intención del corazón. Un ojo sano enfoca un objeto a la vez y permite la entrada de la luz, si el ojo esta enfermo la luz no puede entrar, el enfoque es múltiple y la visión borrosa. El Señor esta diciendo que tengamos un ojo sano, un propósito y una intención sencilla, que nuestro enfoque esté en las cosas de arriba y no en las de la tierra; cualquiera que intenta tener tesoros en el cielo sin quitar su corazón de los tesoros de la tierra tiene un ojo malo, una doble visión; por tanto, su vida está en tinieblas. Ahora bien, si la bendición de Dios, la prosperidad, te han traído tinieblas ¿cuántas no serán las mismas tinieblas en tu vida? ¿Cómo será de oscuro tu corazón en lo referente al mal? Cualquiera que intenta compartir a Dios con las riquezas terrenales vive en tinieblas terribles. En las Escrituras, la luz y la vida son sinónimos, así como las tinieblas y la muerte también lo son entre sí. La luz y la vida son el bien, las tinieblas y la muerte son el mal. Ya que Cristo es la luz y la vida; el problema radica en los hijos del reino, los cuales éramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor (Ef. 5:8), siendo incongruente que algunos regresan a ser tinieblas al olvidar que su vida tiene un solo propósito y un solo significado, el cual es Cristo. Se enredan en el mundo en pro de las riquezas terrenales, volviendo con ello a ser tinieblas y a estar en muerte. A esto se refería el Rey Jesucristo cuando dijo: Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro; o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6:24).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:21

Comentario general

6.19-21 Tanto este versículo como los siguientes hasta el 34 tratan acerca de la prioridad del reino de los cielos respecto de los bienes materiales; es decir, que éstos, han de subordinarse a los propósitos del reino de Dios. Pero primero, debemos comprender, ¿Jesús prohíbe las riquezas? ¿La idea del reino es que todos los cristianos sean pobres o vivan exclusivamente con lo necesario? Esta no es la enseñanza del Rey Jesús ni del resto de las Sagradas Escrituras. El Señor esta enseñando que la prioridad de la vida humana debe ser el reino de Dios. Primero explicó, en mensajes anteriores, que toda practica religiosa debe excluir la ambición de reconocimientos y de glorias humanas; habló de no dar limosna con el propósito de ser visto por los demás, de no orar para atraer la atención de otro fuera de Dios, y de no ayunar públicamente con el objetivo de ganar la admiración de la gente. En todos estos ejemplos, la prioridad es Dios y su reino. Ahora, siguiendo la misma línea de pensamiento, habla de la adquisición de bienes materiales, explicando que estos están por debajo del reino de los cielos. El Señor no prohíbe adquirir bienes, como tampoco prohibió dar limosna, orar ni ayunar; el Señor va al corazón del asunto, al propósito que lleva al hecho; Si el propósito es malo, el hecho es inútil y vano; sea este la limosna, la oración, el ayuno, o las riquezas. Dios no prohíbe las riquezas, pues la bendición de Yahwéh es la que enriquece (Pr. 10:20). Siempre han estado del lado de sus promesas las riquezas y los bienes materiales. Fue Dios quien enriqueció a Abraham y a sus descendientes; fue Dios quien dijo a Israel antes de darle Canaán en posesión: no digas en tu corazón: Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad. Al contrario, acuérdate de Yahwéh tu Dios. El es el que te da poder para hacer riquezas (Dt. 8:17-18). Y todo esto con el objetivo de confirmar su Pacto. Estas en su Pacto es estar en su abundancia (salvo los mártires, que tienen un llamado diferente). No olvidemos que fue un rico el que cedió su tumba para el cuerpo de Jesús. Lo que sí prohíbe Jesús son las posesiones terrenales. Podemos decir que el problema no son los bienes, sino su depósito, como símbolo de propósito, ¿Son posesiones terrenales o recursos celestiales? ¿Para qué habrán de usarse? Y, ¿la confianza esta en la tierra o en el cielo? ¡Ese es el problema! El patriarca Job expresó: Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tu… esto seria maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano (Job. 31:24,28). El Rey Jesús da varias razones por las cuales no se puede depositar la confianza en nada terrenal, estas razones son: Las riquezas terrenales son pasajeras, temporales. Las riquezas terrenales producen afanes (quitan la paz). Las riquezas terrenales desvían de Dios (La prioridad compromete la lealtad). No se debe confiar en las riquezas terrenales por razón de que estas son temporales, “donde la polilla y el orín corrompen”. Aquí el Señor parece referirse a dos bienes básicos en la acumulación de bienes de la época, al vestido y al dinero; al primero lo destruye la polilla, al segundo el óxido. Esto quiere decir que las riquezas se destruyen de forma natural. Además esta la inseguridad del robo; en aquel tiempo las casas eran de tierra, por lo que era común que los ladrones “minaran”, esto es, hicieron un hoyo en la pared, a través del cual extraían su botín. ¡Es una insensatez confiar en lo que puede desvanecerse de la noche a la mañana! Lo mismo sucede al avaro de hoy, en cualquier momento la bolsa de valores cae o el país entra en crisis económica o alguna catástrofe destruye por completo su economía y con esto el objeto de su confianza; sin contar con las enfermedades que pueden venirle, los accidentes e incluso la misma muerte… ¿dónde quedó su confianza? ¿Que sucedió con su seguridad? Para los tales es el lamento de Santiago: ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polillas. Vuestro oro y plata están enmohecidas; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego (Stg. 5:1-3). El apóstol Pablo da la solución para evitar que las posesiones terrenales nos arruinen espiritualmente; escribió: A los ricos de la edad presente manda que no sean altivos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios quien nos produce todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos (1 Tim. 6:17). La segunda razón presentada por el Señor para respaldar su enseñanza en contra de dar prioridad a las riquezas sobre el reino es que las riquezas terrenales producen afán al hombre. Cuando la prioridad son los bienes, la preocupación por no perderlos aumenta, a esto se refirió Salomón, quien pudo gozar de abundantes bienes como rey de Israel: El que ama el dinero no se saciará del dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. Esto es unidad… Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no lo deja dormir la abundancia (Ecl. 5:10-12). Cuando la prioridad humana son los bienes materiales, entonces los afanes, el cansancio, el stress, el dolor, la angustia y la infelicidad aumentan; seamos sensatos escuchando la Palabra: No te afanes por hacerte rico: se prudente y desiste (Pr. 23:4). Si Dios te enriquece, amén; pero no sea tu motivación. Algunos tienen riquezas y a otros los tienen las riquezas. De los últimos, entre mas se tiene en este mundo, donde es posible perder, más es la preocupación por no perder. Cuando las riquezas del hombre están en los cielos, donde no es posible perderlos, el alma humana descansa en seguridad; no hay ladrón ni diablo ni circunstancia que pueda arrebatar la vida, pues la confianza de su poseedor esta en el cielo, en Dios. No sea como el error de Acán, quien puso sus ojos y su prioridad en el botín de Jericó, el cual había sido prohibido por Dios, su confianza fueron un manto babilónico y un lingote de oro escondido debajo de su tienda ¡Cuánta insensatez! ¡Pudiendo haber descansando en Dios esperando de Él la bendición cuando poseyeran toda Canaán! La consecuencia fue que el ladrón robo su alma, al ser Acán y su familia lapidadas como anatema en Israel. (Josué 7). ¿Como podemos saber si nuestra confianza esta en Dios o esta en las riquezas ? La respuesta esta en las Sagradas Escrituras: La bendición de Yahwéh es la que enriquece y no añade tristeza con ella (Pr. 10:22). Tristeza. Cuando la prioridad humana esta en las riquezas, dicha persona tendrá tristeza a causa de sus posesiones; estará afanado, ocupado, descuidará a su familia y esto le provocara hijos rebeldes, no atenderá a su mujer y esta será conflictiva y rencillosa con él, su salud mermará, su sueño será difícil, su humor cambiará haciéndose irascible e impaciente, envidiará al sencillo trabajador que descansa en el pasto de un parque al lado de su mujer mientras ambos contemplan el juego de sus hijos. La tercera razón proporcionada por el Maestro para no depositar nuestra confianza en las riquezas terrenales es que la prioridad compromete la lealtad. El dijo: donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (vr. 21). Un lugar, un tesoro y un corazón. El corazón humano esta en el lugar en el que esté su tesoro; el tesoro al que el Señor se refiere es la prioridad de su vida y la fuente de todas sus motivaciones. Dicha prioridad pueden ser riquezas materiales, los hijos, la esposa, la carrera profesional, la fama, el pecado, el deporte, pasatiempos, el cuerpo, cualquier cosa que el hombre tenga como la mas importante en su vida. ¿Que es lo mas importante? Aquello a lo cual se le destina mas tiempo, mas esfuerzo, mas dedicación. Si alguno dice que la prioridad en su vida es Dios y no tiene oración ni lectura bíblica como lo mas importante en su vida, el tal es mentiroso. ¿Por qué dice que primero es Dios cuando no pasa tiempo con Él? Todo joven, cuando se enamora hace de su amada el centro de sus pensamientos y de su vida; es su prioridad, pues la ama; así mismo, cuando el hombre tiene a Dios como su prioridad, su vida gira en torno a El, piensa en El, medita en El, habla con El, le escucha a El, se entrega a El. Es un hombre que ha muerto a todo lo demás, por decirlo así. Cuando se trata de establecer prioridades, tratándose de poner cualquier otra persona o cosa, objetiva o subjetiva, real o imaginaria, al lado de Dios, dicha cosa o persona desaparece; el hombre solo mira a Dios, murió a todo lo demás y su vida esta resucitada y escondida con Cristo, como dicen el Libro: Siendo, pues, que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo esta sentado a la diestra de Dios. Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra; porque habéis muerto, y vuestra vida esta escondida con Cristo en Dios (Col. 3:1-3). ¡Que bendición! ¡Nuestro tesoro es Cristo! ¡Nuestra vida esta escondida con Cristo en Dios! ¡Nuestro tesoro esta en los cielos es eterno e inagotable! El lugar es el cielo, el tesoro es Cristo y nuestro corazón representa la vida que le hemos entregado sólo a Él. Una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros (1P. 1:4). 6.22-23 Previendo el Señor Jesús la duplicidad de intención en algunos, respecto de sus palabras anteriormente dichas, continuó su enseñanza advirtiendo que todo es un asunto de la intención del corazón entre la luz y las tinieblas. Utilizó la alegoría del ojo y del cuerpo para ilustrar la sencillez que debe haber en la intención del corazón. Un ojo sano enfoca un objeto a la vez y permite la entrada de la luz, si el ojo esta enfermo la luz no puede entrar, el enfoque es múltiple y la visión borrosa. El Señor esta diciendo que tengamos un ojo sano, un propósito y una intención sencilla, que nuestro enfoque esté en las cosas de arriba y no en las de la tierra; cualquiera que intenta tener tesoros en el cielo sin quitar su corazón de los tesoros de la tierra tiene un ojo malo, una doble visión; por tanto, su vida está en tinieblas. Ahora bien, si la bendición de Dios, la prosperidad, te han traído tinieblas ¿cuántas no serán las mismas tinieblas en tu vida? ¿Cómo será de oscuro tu corazón en lo referente al mal? Cualquiera que intenta compartir a Dios con las riquezas terrenales vive en tinieblas terribles. En las Escrituras, la luz y la vida son sinónimos, así como las tinieblas y la muerte también lo son entre sí. La luz y la vida son el bien, las tinieblas y la muerte son el mal. Ya que Cristo es la luz y la vida; el problema radica en los hijos del reino, los cuales éramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor (Ef. 5:8), siendo incongruente que algunos regresan a ser tinieblas al olvidar que su vida tiene un solo propósito y un solo significado, el cual es Cristo. Se enredan en el mundo en pro de las riquezas terrenales, volviendo con ello a ser tinieblas y a estar en muerte. A esto se refería el Rey Jesucristo cuando dijo: Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro; o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6:24).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:22

Comentario general

6.22-23 Previendo el Señor Jesús la duplicidad de intención en algunos, respecto de sus palabras anteriormente dichas, continuó su enseñanza advirtiendo que todo es un asunto de la intención del corazón entre la luz y las tinieblas. Utilizó la alegoría del ojo y del cuerpo para ilustrar la sencillez que debe haber en la intención del corazón. Un ojo sano enfoca un objeto a la vez y permite la entrada de la luz, si el ojo esta enfermo la luz no puede entrar, el enfoque es múltiple y la visión borrosa. El Señor esta diciendo que tengamos un ojo sano, un propósito y una intención sencilla, que nuestro enfoque esté en las cosas de arriba y no en las de la tierra; cualquiera que intenta tener tesoros en el cielo sin quitar su corazón de los tesoros de la tierra tiene un ojo malo, una doble visión; por tanto, su vida está en tinieblas. Ahora bien, si la bendición de Dios, la prosperidad, te han traído tinieblas ¿cuántas no serán las mismas tinieblas en tu vida? ¿Cómo será de oscuro tu corazón en lo referente al mal? Cualquiera que intenta compartir a Dios con las riquezas terrenales vive en tinieblas terribles. En las Escrituras, la luz y la vida son sinónimos, así como las tinieblas y la muerte también lo son entre sí. La luz y la vida son el bien, las tinieblas y la muerte son el mal. Ya que Cristo es la luz y la vida; el problema radica en los hijos del reino, los cuales éramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor (Ef. 5:8), siendo incongruente que algunos regresan a ser tinieblas al olvidar que su vida tiene un solo propósito y un solo significado, el cual es Cristo. Se enredan en el mundo en pro de las riquezas terrenales, volviendo con ello a ser tinieblas y a estar en muerte. A esto se refería el Rey Jesucristo cuando dijo: Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro; o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6:24).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:23

Comentario general

6.22-23 Previendo el Señor Jesús la duplicidad de intención en algunos, respecto de sus palabras anteriormente dichas, continuó su enseñanza advirtiendo que todo es un asunto de la intención del corazón entre la luz y las tinieblas. Utilizó la alegoría del ojo y del cuerpo para ilustrar la sencillez que debe haber en la intención del corazón. Un ojo sano enfoca un objeto a la vez y permite la entrada de la luz, si el ojo esta enfermo la luz no puede entrar, el enfoque es múltiple y la visión borrosa. El Señor esta diciendo que tengamos un ojo sano, un propósito y una intención sencilla, que nuestro enfoque esté en las cosas de arriba y no en las de la tierra; cualquiera que intenta tener tesoros en el cielo sin quitar su corazón de los tesoros de la tierra tiene un ojo malo, una doble visión; por tanto, su vida está en tinieblas. Ahora bien, si la bendición de Dios, la prosperidad, te han traído tinieblas ¿cuántas no serán las mismas tinieblas en tu vida? ¿Cómo será de oscuro tu corazón en lo referente al mal? Cualquiera que intenta compartir a Dios con las riquezas terrenales vive en tinieblas terribles. En las Escrituras, la luz y la vida son sinónimos, así como las tinieblas y la muerte también lo son entre sí. La luz y la vida son el bien, las tinieblas y la muerte son el mal. Ya que Cristo es la luz y la vida; el problema radica en los hijos del reino, los cuales éramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor (Ef. 5:8), siendo incongruente que algunos regresan a ser tinieblas al olvidar que su vida tiene un solo propósito y un solo significado, el cual es Cristo. Se enredan en el mundo en pro de las riquezas terrenales, volviendo con ello a ser tinieblas y a estar en muerte. A esto se refería el Rey Jesucristo cuando dijo: Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro; o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6:24).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:24

Comentario general

6.24 Servir es la traducción del griego “douleuein”, termino que proviene de “doulas” (esclavo) de modo que “servir” significa “servir como un esclavo”; habla de un esclavo no de un sirviente. Un sirviente es alguien que ha sido contratado por un precio y por un tiempo determinado, quien tiene derechos y libertades, alguien que posee identidad y libertad. Un esclavo por su parte, era tenido como un hombre que pertenece a su amo, no ha sido contratado, sino comprado; no por tiempo determinado, sino su vida toda, carece de lo que hoy llamamos “tiempo libre”; no posee identidad ni libertad, pues se llama del nombre de su dueño y todo lo que es o tiene, incluyendo su familia, le pertenece incondicionalmente a su amo (no estoy de acuerdo con la esclavitud, pero la enseñanza tiene una connotación cultural para poderse comprender). Por otro lado, la palabra griega traducida “señores” es “kurios”; dicha palabra significa “dueño absoluto”. Esto nos recuerda que Dios es “celoso” (Ex. 20:5;34:14; Dt. 4:24; 5:9;6:15; Jos. 24:19; Ez. 39:25; Nah. 1:2); jamás compite con nada ni con nadie; o es el Dueño Absoluto o no desea ningún trato; Él es “Kurios”, Él es Dios. Jesús mismo fue tentado por el diablo para servir a Dios y a las riquezas, su radical respuesta fue: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás (Mat. 4:10). En esta enseñanza el Rey personifica las riquezas con el nombre de Mammón; esta es una palabra aramea que proviene del verbo aman y significa “sustentar”. En un principio se usaba este termino para referirse a la persona a la cual se le podían confiar las riquezas para tener la seguridad de no perder el sustento; sin embargo, con el tiempo, Mammón paso a referirse al objeto mismo de la confianza, a aquello en lo cual se confía, de modo que terminó escribiéndose con mayúscula personificando e idolatrando las riquezas. Esto es exactamente lo mismo que le ha sucedido a algunos, principalmente a aquellos a los cuales se les han concedido riquezas, al inicio se les había confiado solo para ser su sostén, mas con el paso del tiempo llego a convertirse en la prioridad de su vida, en su dios, en Mammón. Es tiempo de que el hombre decida que hacer, si seguir a los dioses que el mismo se ha fabricado, como las riquezas y los afanes de esta vida o al Dios verdadero (Pues todo aquello que sea la prioridad de la vida será su dios). ¡Ah! ¡Cuantas veces se ha oído la misma amonestación por parte de los profetas! Josué: Si mal os parece servir a Yahwéh, escogeos hoy a quien sirváis, si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieran al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis, pero yo y mi casa serviremos a Yahwéh (Jos.24:15). Elías acercándose a todo el pueblo dijo: ¿Hasta cuándo claudicareis vosotros entre dos pensamientos? Si Yahwéh es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de el (1R. 18:21). Y por ultimo, el apóstol Pablo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos (1 Tim. 6:17). En el orden lógico de la enseñanza del Maestro, esta pasa de la idolatría de las riquezas a los afanes, es claro que quien busca enriquecerse o conservar sus riquezas padecerá muchos afanes.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:25

Comentario general

6.25 Afanéis es la traducción del griego “merimnao;” palabra que proviene de la etimología griega “menizo,” cuyo significado es “dividir en partes”. Se refiere a aquello que distrae la atención y provoca preocupación, ansiedad y tensión. De modo que afanarse se refiere a distraer la confianza en Dios por la preocupación de la vida cotidiana. Jesús da siete argumentos para respaldar su punto; el primero y quizá el más contundente de ellos aparece en este versículo, es la provisión de la vida: ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Su razonamiento es el siguiente: Si Dios te ha provisto de vida y de cuerpo, ¿Será mezquino en la impartición de lo que sustenta dicha vida y dicho cuerpo? ¿Qué clase de dios sería aquel que hace vivir impidiendo el sustento? Con esto, el Señor no está aconsejando la pereza o la negligencia de no proveer para el futuro; sino que está ordenando a que no nos preocupemos ni perdamos la paz por ello. Como dicen las Sagradas Escrituras: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil.4:6-7). Estar preocupado por el sustento de modo que se pierda la paz es falta de fe, pues el tal no confía en Dios como su sustentador, en Aquél que le ha dado vida y cuerpo; por tanto, además de ser una insensatez es también una ofensa al Creador. Mas nosotros no hemos aprendido así de Él. Echa sobre Yahwéh tu carga y Él te sustentará. Jamás dejará caído al justo (Sal. 55:22). Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podamos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre (Heb. 13:5-6). ¡Hasta el diablo reconoció que la vida es más que cualquier otra cosa cuando dijo todo lo que el hombre tiene dará por su vida! (Job. 2:4).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:26

Comentario general

6.26 La segunda razón por la cual no debemos afanarnos (mira la nota anterior) radica en el valor que Dios le ha dado al hombre como corona de la creación: Mirad las aves… ¿no valéis vosotros mucho más? Dios le dio al hombre toda la creación (Gen. 1:19-31); el hombre está por encima de cuanto animal se mueve en la tierra o en el agua, con todo, ni un animal es desamparado por Dios; los ojos de todos (los animales) esperan en Él, y Él les da su comida a su tiempo. Abre su mano y colma la bendición a todo ser viviente (Sal. 145:15-16). Nuestra confianza en Dios radica en su fidelidad, si Él suple las necesidades de seres inferiores a nosotros, que no poseen ni espíritu ni intelecto, ¡Cuánto más tendrá cuidado de su criatura principal, de su imagen y semejanza! Que no te gane un pájaro en fe, jamás se ha visto a un ave buscando deprimido por no encontrar empleo. Confía.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:27

Comentario general

6.27 La tercera razón por la cual no debemos afanarnos radica en nuestra propia incapacidad: ¿Y quién de vosotros podrá…? A pesar de ser tan importante dentro de la creación, el hombre no tiene poder alguno para hacer nada fuera del consentimiento divino. Tiene que confiarse a la soberanía de Dios lo mismo que la más pequeña de sus criaturas. El hombre se afana por su supuesta autosuficiencia: “Yo puedo”, “yo tengo”, “yo sé”, etc. Esta fue la soberbia de Pilato cuando fue llevado ante él el Maestro, a quien increpó: ¿A mí no me hablas? ¿Qué no sabes que tengo autoridad para crucificarte y que tengo autoridad para soltarte? La respuesta de Jesús fue por demás contundente y refuerza nuestro punto: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba (Jn. 19:10-11). El hombre tiene que confiarse a Dios porque todo lo que es, lo que puede ser, todo lo que tiene y lo que puede tener depende de Dios. No tenemos poder en nosotros mismos ni para permanecer vivos, por tanto, ¿Por qué afanarse? ¿No es más sensato y cuerdo confiar en el Todo Sustentador?

— Roberto Tinoco

Mateo 6:28

Comentario general

6.28-31 La cuarta razón para la cual no debemos afanarnos en las cosas de este mundo radica en el propósito para el cual Dios creó al hombre: Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros? (vr. 30). Los lirios del campo a los que el Señor hace referencia (anémonas y amapolas) tenían una vida de unas cuantas horas, sin embargo, Dios les daba en este pequeño espacio de tiempo una apariencia hermosa, mayor a la de la gloria de Salomón; el propósito de su vida era simplemente servir de combustible en los hogares hebreos. Ahora bien, ¿No es lógico pensar que no le faltará vestido a aquel ser (el hombre) que Dios ha hecho para que sea su hijo, para heredarle todas las cosas y para expresarle viviendo en él? ¡Desde luego que si! De modo que el afán en criaturas con propósito semejante no es otra cosa sino el resultado de ser hombres de poca fe, personas que han perdido de vista el significado de sus vidas, el propósito para el cual Dios los creó.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:29

Comentario general

6.28-31 La cuarta razón para la cual no debemos afanarnos en las cosas de este mundo radica en el propósito para el cual Dios creó al hombre: Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros? (vr. 30). Los lirios del campo a los que el Señor hace referencia (anémonas y amapolas) tenían una vida de unas cuantas horas, sin embargo, Dios les daba en este pequeño espacio de tiempo una apariencia hermosa, mayor a la de la gloria de Salomón; el propósito de su vida era simplemente servir de combustible en los hogares hebreos. Ahora bien, ¿No es lógico pensar que no le faltará vestido a aquel ser (el hombre) que Dios ha hecho para que sea su hijo, para heredarle todas las cosas y para expresarle viviendo en él? ¡Desde luego que si! De modo que el afán en criaturas con propósito semejante no es otra cosa sino el resultado de ser hombres de poca fe, personas que han perdido de vista el significado de sus vidas, el propósito para el cual Dios los creó.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:30

Comentario general

6.28-31 La cuarta razón para la cual no debemos afanarnos en las cosas de este mundo radica en el propósito para el cual Dios creó al hombre: Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros? (vr. 30). Los lirios del campo a los que el Señor hace referencia (anémonas y amapolas) tenían una vida de unas cuantas horas, sin embargo, Dios les daba en este pequeño espacio de tiempo una apariencia hermosa, mayor a la de la gloria de Salomón; el propósito de su vida era simplemente servir de combustible en los hogares hebreos. Ahora bien, ¿No es lógico pensar que no le faltará vestido a aquel ser (el hombre) que Dios ha hecho para que sea su hijo, para heredarle todas las cosas y para expresarle viviendo en él? ¡Desde luego que si! De modo que el afán en criaturas con propósito semejante no es otra cosa sino el resultado de ser hombres de poca fe, personas que han perdido de vista el significado de sus vidas, el propósito para el cual Dios los creó.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:31

Comentario general

6.28-31 La cuarta razón para la cual no debemos afanarnos en las cosas de este mundo radica en el propósito para el cual Dios creó al hombre: Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros? (vr. 30). Los lirios del campo a los que el Señor hace referencia (anémonas y amapolas) tenían una vida de unas cuantas horas, sin embargo, Dios les daba en este pequeño espacio de tiempo una apariencia hermosa, mayor a la de la gloria de Salomón; el propósito de su vida era simplemente servir de combustible en los hogares hebreos. Ahora bien, ¿No es lógico pensar que no le faltará vestido a aquel ser (el hombre) que Dios ha hecho para que sea su hijo, para heredarle todas las cosas y para expresarle viviendo en él? ¡Desde luego que si! De modo que el afán en criaturas con propósito semejante no es otra cosa sino el resultado de ser hombres de poca fe, personas que han perdido de vista el significado de sus vidas, el propósito para el cual Dios los creó.

— Roberto Tinoco

Mateo 6:32

Comentario general

6.32 La quinta razón por la cual no debemos afanarnos (mira las notas anteriores) es la identidad: Porque los gentiles buscan… pero vuestro Padre sabe… Afanarse puede considerarse hasta cierto punto normal en aquellos que no conocen a Dios, que no tienen filiación alguna con Él, pero no es normal en aquellos que somos sus hijos. Que el mendigo pida limosna o esté desesperado por qué comer o qué beber o qué vestir, puede ser hasta lógico, pero, ¿que los hijos del Rey de reyes y Señor de Señores se desesperen por las necesidades básicas? ¡Es absurdo! El mundo vive para su gente, pero los hijos de Dios tenemos un propósito más digno, nuestro destino es la gloria y nuestra gloria es eterna. No perdamos el tiempo ni el objetivo de nuestra misión llorando por el sustento de las necesidades básicas, eso estará bien para el mundo, mas nosotros digamos como el fiel siervo, el apóstol Pablo: Cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como perdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (Fil. 3:7-8). Sea Pablo, sea Apolos, sea Pedro, se el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, ¡todo es vuestro! (1Cor.3:22).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:33

Comentario general

6.33 La sexta razón por la cual no debemos afanarnos (mira las notas anteriores) está ligada a la anterior y radica en la supremacía del reino de Dios; Mas buscad primeramente el reino de Dios. El primer lugar dentro de las prioridades siempre corresponde a Dios; es este pensamiento el secreto para vencer toda ansiedad. Cuando el hombre busca el reino de Dios, enfoca su vida en amar a Dios y obedecerle; todos los afanes se disuelven. Este nuevo y gran amor disipa toda las pasiones humanas. En reciprocidad a ese amor, Dios añadirá todas estas cosas. ¿Cuáles son esas todas las cosas? Lo sabemos por el contexto, todo aquello que afanaba. El sustento de las necesidades básicas: comida, bebida y vestido. Notemos como el Señor cuido su palabra, como evitando que el ambicioso base su pecado en estas palabras; creyendo que por buscar el reino de Dios está obligando a Dios a enriquecerle. Sin embargo, conociendo a Dios, su amor y su recompensa para los que buscan su reino sin codicias, estoy seguro que los abundará de bendiciones. Salomón pidió sabiduría y Dios le dio junto con ella riquezas y gloria: Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido… y aún también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria… (1 Reyes 3:11-13). Esta fue también la condición dada a la necesitada viuda de Sarepta para sustentarla a ella y a su hijo: Hazme a mi primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo… Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó (1 R. 17:13,15). Es una ley espiritual que trasciende lo terrenal: Honra a Yahwéh con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto (Pr. 3:9-10). Esta fue la demanda del profeta Hageo cuando Israel decía que no era tiempo de reedificar el templo de Jerusalén, pero si edificaban y decoraban sus propias casas, por lo cual no eran prosperados como podrían serlo (Hageo 1:2-11; 2:16-19). Esta es la prioridad de los súbditos del reino: Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece (Juan 6:27). Pero el mejor ejemplo de dar el primer lugar al reino de Dios lo encontramos en el Señor Jesucristo, quien dejó todo para obedecer al Padre, Él es el mercader que vendió todo lo que tenia para comprar la perla de gran precio (Mat. 13:45-46). Algunos buscan a Dios solo para que satisfaga sus necesidades, pero en esto no consiste su reino. El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom. 14:17). Dios es bueno y bendice satisfaciendo necesidades, pero ese no es el objetivo principal. Busquemos a Dios como siervos a su amo, como creación a su Dios, como hijos a su Padre; no para que nos satisfaga, sino porque Él es nuestro deleite y ya nos satisfizo. Quien busca desinteresadamente el reino de Dios, sabemos que ganará a Dios, el sustento para sus necesidades básicas de comida, bebida y vestido, además de cien veces más, ahora en este tiempo y la herencia de la vida eterna (Mat. 19:29; Mar. 10:30; Luc. 18:29-30).

— Roberto Tinoco

Mateo 6:34

Comentario general

6.34 La séptima y ultima razón por la cual no debemos afanarnos es la necesidad de depender de Dios: No os afanéis por el día de mañana… basta a cada día su propio mal. El deseo divino es que sus criaturas dependamos diariamente de Él. Muchos son los ejemplos de esto: En la oración: El pan nuestro de cada día dánoslo hoy (Mat. 6:11). Israel en el desierto recogía diariamente el maná que caía del cielo (Ex. 16:18-19). En la esperanza: las misericordias de Dios, nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad (Lam. 3:23). Elías en el arrollo de Querit fue sustentado diariamente a través de cuervos que le traían pan y carne por la mañana y pan y carne por la tarde (1 R. 17:4-6). La expresión “basta a cada día su propio mal” no significa que sus días son malos, sino a que el hombre no viva sufriendo por problemas que aún no se le han presentado; cuando venga la necesidad, entonces los afrontará, mientras tanto debe vivir en paz.

— Roberto Tinoco

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