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Lucas 15
Parábola de la oveja perdida
1Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,🗨📝 2y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.🗨📝 3Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:🗨📝 4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?🗨📝 5Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;🗨📝 6y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.🗨📝 7Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.🗨📝Parábola de la moneda perdida
8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?🗨📝 9Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.🗨📝 10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.🗨📝Parábola del hijo perdido
11También dijo: Un hombre tenía dos hijos;🗨📝 12y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.🗨📝 13No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.🗨📝 14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.🗨📝 15Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.🗨📝 16Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.🗨📝 17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!🗨📝 18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.🗨📝 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.🗨📝 20Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.🗨📝 21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.🗨📝 22Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.🗨📝 23Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;🗨📝 24porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.🗨📝 25Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;🗨📝 26y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.🗨📝 27El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.🗨📝 28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.🗨📝 29Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.🗨📝 30Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.🗨📝 31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.🗨📝 32Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Lucas 15: RV60
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Lucas 15:1
15.1 El impacto del ministerio del Señor Jesús entre aquellas personas de mala reputación en Israel, fue impresionante. Los despreciados tenían esperanza. Los perdidos podían salvarse. Los malos tenían la oportunidad de ser aceptados por Dios. Fue un impacto de dimensiones nunca vistas. Los publicanos y pecadores querían oírle. Los publicanos eran los recaudadores de impuestos a favor de los conquistadores romanos; tenidos como lo más bajo en el escalafón de pecadores por traicionar a Israel, es decir, al pueblo de Dios; y, por ende, a Dios mismo (así lo entendían ellos).
— Roberto Tinoco
Lucas 15:2
15.2 Tener un ministerio abierto “a la peor gente” del momento no es fácil. El movimiento puede ser visto como carnal o sin valores, especialmente por los religiosos que llenan de requisitos el camino a Dios. Así como Jesús impactó a los pecadores, también escandalizó a los religiosos. Los fariseos eran la secta judía más radical, significa “los santos”. Se suponían los más consagrados a Dios de conducta irreprensible; pero eran duros y soberbios sintiéndose merecedores de la vida eterna, como si poseyeran la exclusiva del reino de Dios. Los escribas igualmente, estaban dedicado al estudio y reproducción de las Escrituras, por tanto, eran igualmente cerrados a los que ellos consideraban “inmundos”. Ambos grupos no podían entender cómo era posible que Jesús recibiera a los pecadores y peor aún, que tuviera comunión comiendo con ellos. Para los religiosos, esto era volverse inmundo, contaminarse. Cuando alguno deja de amar a su hermano por considerarlo más bajo que él, se ha endurecido volviéndose contrario al carácter de Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:3
15.3 En respuesta a la crítica de los religiosos judíos vista en los versículos anteriores, el Señor Jesús explicó su proceder con parábolas. Era su estilo, un estilo confrontativo. Tenían mucho por arrepentirse y luego por crecer. En el capitulo 15 de Lucas hay tres parábolas, las cuales dan el mismo mensaje: el amor de Dios hacía el perdido: La primera parábola es la oveja perdida, la cual se perdió por falta de entendimiento como muchos. La segunda parábola es la moneda perdida, la cual se perdió sin que fuera su culpa, es decir, por las circunstancias. Así muchos no pueden evitar ser arrastrados con el mundo. Y la tercera parábola es la del hijo perdido, el cual, sé perdió por rebeldía al Padre. La parábola de la oveja nos habla de la escuela de Jesús, el Buen Pastor. La parábola de la moneda presenta la escuela del Espíritu, el dador de dones y poder. Y la parábola del hijo nos ilustra la Escuela del padre Celestial. Son tres niveles de desarrollo. En el nivel de oveja aprendemos obediencia; en el nivel de moneda descubrimos nuestro potencial sin perder la cabeza; y en el nivel de hijo maduramos hasta alcanzar la herencia prometida. Todo cristiano debe pasar a través de este proceso. Se restaura la oveja, se busca a la moneda, pero no se persigue al hijo. En el proceso de desarrollo cristiano vamos creciendo en el conocimiento de Dios, primero conocimos a nuestro Salvador; luego al Espíritu Santo y su poder; todo esto, para conocer o intimar verdaderamente con el Padre Celestial. Después de todo, lo más alto en el reino en la dispensación presente es ser hechos hijos de Dios. ¿Cómo terminará tu vida? ¡Las tres parábolas terminan en fiesta!
— Roberto Tinoco
Lucas 15:4
15.4 La parábola es muy gráfica. Cualquier pastor de ovejas, al perder una, deja a buen resguardo el rebaño para salir a buscar la que se le perdió. Sin embargo, jamás un pastor buscará ovejas que no considera de su rebaño; ¿comprendes? Si no intentas la salvación del que se ha extraviado es porque no lo consideras parte del pueblo de Dios. Tu corazón está cerrado. Los religiosos cuidaban sus intereses, todos ellos buscarían a su oveja perdida, pero no hacían lo mismo con los judíos perdidos, llamados pecadores, pues ellos no les interesaban. Deberían estar trabajando en los que consideraban perdidos, pero no lo hacían porque no los consideraban suyos, en el sentido de aprecio. El líder religioso que no intenta salvar la vida de su prójimo, ha negado su llamado. ¿Se enojaban con Jesús porque Él es el Salvador? Deberían estar avergonzados de no estar ellos salvando a nadie. Aquello a lo que dedicamos la vida, traducida en tiempo, recursos y capacidades, incluso trabajo, es lo que verdaderamente amamos. Nuestro credo puede decir una cosa, pero nuestras obras demostrarán realmente la condición de nuestro corazón. Y si nuestros esfuerzos no están a favor del prójimo, no estamos trabajando por Jesús. La oveja se pierde por causa de su naturaleza. Es un animalito torpe de mala vista y fácilmente engañable; así que ilustra la inclinación a perderse del ser humano. Nadie recibe clases para perderse, sólo necesita no ser enseñado a salvarse. En la parábola la oveja número cien se pierde, pero en otra porción de las Escrituras se dice que todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino (Isaías 53:6), ¡todos! De fácil extravío. La oveja ilustra la inclinación a perderse. Dios en la Persona de Cristo es el Hijo que vino como buen Pastor (Juan 10). Dejó las noventa y nueve, su glorioso cielo donde todos son salvos, para venir a buscar a quien se había perdido. …a ti. No se cuántas criaturas tenga la creación de Dios, pero si se que vino a buscarte a ti personalmente. No envió ángeles, tampoco otro medio, Él vino por ti. Por ti fue su desierto. Por ti hasta encontrarte. Hagamos lo mismo que Él; nunca he visto a un salvavidas diciendo: “¡acérquese, venga hacia acá y lo salvaré. El agua está muy fría y no quiero meterme, venga usted!” No, él va por quien necesita ser salvado. Cristo vino por nosotros.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:5
15.5 El buen Pastor, Jesús, ama a la oveja por lo que es y no por su condición. Dios ama al ser humano por ser a su imagen y no por comportarse según su semejanza. Como un billete de gran valor, pero maltratado no pierde su valor; así el hombre, por mala que sea su condición, no pierde la posibilidad de ser salvado por el Señor. Dios se alegra al salvar. No se dice en la Biblia que haga fiesta por todo, pero siempre hace fiesta por un pecador que se arrepiente. Las tres parábolas de Lucas quince repetirán el final en fiesta. Al Salvador le produce enorme alegría salvar. ¿Quieres hacerlo sonreír? Trae a otros a conocerle.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:6
15.6 Irá al desierto por ti y luego te presumirá ante sus amigos habiéndote salvado. No se avergüenza de nosotros tratándonos como indignos en nuestro extravío; pero sí se gloriará de nosotros ante las criaturas celestiales el día que nos presente en su Presencia celestial. Alégrate con Jesús salvado a otros. Alégrate con Jesús evangelizando y discipulando. Alégrate con Jesús no despreciando a tu prójimo, independientemente de su condición, sino colaborando con el Salvador.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:7
15.7 La salvación produce más alegría en el cielo que la santidad. Esto es impresionante. Están acostumbrados a la integridad y cuando hubo una rebelión, nadie tuvo oportunidad de arrepentimiento; por lo que ver que un pecador se arrepienta les produce enorme asombro y alegría. Es realmente milagroso, portentoso. Tal debemos verlo nosotros: la salvación es una máxima acción del amor de Dios. Debe ser causa de la mayor alegría en la iglesia, ¿acaso no somos el reino de los cielos?
— Roberto Tinoco
Lucas 15:8
15.8 A diferencia de la oveja de la parábola anterior, una moneda se pierde sin quererlo, por decirlo así. Carente de voluntad, ejemplifica la impotencia para salvarse. Hay personas como la moneda de la parábola, se pierden sin darse cuenta cómo; de pronto están atados a la calamidad y no supieron cómo llegaron allí. Vidas carentes de significado que rebotaron de allá para acá hasta no saber para que viven. La costumbre era diez dracmas en forma de un tocado, perder una era inutilizar dicho ornamento. He allí la razón de buscar una moneda tan pequeña. La mujer de la parábola es figura del Espíritu Santo, quien usa a los seres humanos conforme al propósito divino para asuntos específicos. Las personas, sin proponérselo, pierden el propósito de su existencia, dejan de ser útiles al reino de Dios. Cuando alguno pierde su propósito, el Espíritu Santo lo busca para reencauzarlo. Enciende una lámpara, despierta el espíritu humano y envía su revelación a su casa, la iglesia, para buscar diligentemente a quien perdió utilidad y luego la creación entera celebra que dicho don esté en servicio nuevamente.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:9
15.9 Semejante al final de la parábola de la oveja perdida, así como del hijo pródigo, la parábola de la moneda perdida termina en fiesta. El cielo entra en fiesta con el arrepentimiento de un pecador, ¡cuán diferente de los religiosos judíos que se escandalizaban de Jesús por juntarse con pecadores! (Lucas 15:1-2). Esto muestra quién está con Dios y quién es su opositor: ¿te alegras de la salvación del pecador o te escandalizas con los pecadores?
— Roberto Tinoco
Lucas 15:10
15.10 Lee la nota 15.7. Los ángeles no conocían la misericordia ni la compasión de Dios. Cuando el querubín que habría de ser transformado en diablo se rebeló, arrastrando tras sí a la tercera parte de los ángeles, no recibieron oportunidad de arrepentimiento, por lo que el honor de Dios pudo ser puesto en entredicho por los rebeldes y sus mentiras. Pero al salvar al pecador, Dios mostró su misericordia, su amor a quien no lo merece, con ello, reinvindicó el honor divino mostrando su bondad. Por tanto, cada pecador arrepentido es una fiesta delante de los ángeles de Dios, porque se demuestra una y otra vez que Dios es bueno y amoroso.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:11
15.11 La parábola del hijo pródigo, en realidad, trata más acerca del hijo mayor. Jesús la dijo en el contexto de la critica de los religiosos judíos a su apertura a los pecadores, por lo que dichos religiosos eran como el hermano mayor de la parábola. También, es una figura de cómo la nación judía se molestaría con la inclusión de los gentiles a la fe. Gentiles que en otro tiempo, como el hijo pródigo, vivieron perdidamente, pero luego obedecerían a la fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:12
15.12 El hijo menor tuvo voluntad para perderse. Por un lado, vemos el derecho del hijo inmaduro a la herencia, en el sentido de las costumbres de la época, que permitían heredar en vida, después de una fiesta en la que presentaban al hijo por ahí de los 30 años de edad como maduro y digno de hacerse cargo de los bienes del padre, al menos de su parte. Se le daba un anillo para hacer transacciones económicas. El hijo menor era heredero de una tercera parte, el mayor de dos terceras partes. Esta herencia es la vida que te ha dado y sus muchas bendiciones; es su aliento. El problema es que que el hijo menor aún era inmaduro y su padre no le hizo fiesta ni le dio la autoridad que esperaba. Esto era así porque el hijo tenía su propia idea de cómo “administrar” su herencia. Su carácter debió ser jovial e irresponsable, quería “disfrutar de la vida”; alegre, amiguero y de mala reputación. Un día, el hijo menor se armó de valor y encaró a su padre pidiendo su herencia; quizá motivado porque a su hermano mayor tampoco se le hizo fiesta y tampoco se le había dado la herencia y el poder de administrarla. Con esto manifestaba que no amaba a su padre, sólo a sus bienes, pues llegó a la edad en que se heredaba y aunque no estaba listo, exigió su parte. Hay personas que se acercan al Padre Celestial por bienes y una vez que los tienen se alejan de Él.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:13
15.13 La prisa de un corazón necio. Tenía prisa por irse así que vendió lo que no pudo cargar. Te diré lo que llevas a todos lados, aún cuando te alejas de Dios: su aliento de vida. Ahora observa la distancia de un corazón necio: Quería estar lo más lejos posible. No soportaba más las acusaciones de su hermano, los consejos del padre ni las miradas de los vecinos. ¡Corre, escóndete, pero no pecarás a gusto! Los judíos entendieron, había cuatro millones de ellos que emigraron de Palestina y sólo medio millón vivían en Jerusalén y los alrededores. Es la conducta de un corazón necio. Estaba preocupado sólo por su “libertad”. No quería límites para “disfrutar de la vida”. Se alejó de su padre y de su hermano. Son los nómadas de las iglesias. ¿Cuáles son los bienes que desperdicias? Te diré: es el aliento, es la vida, es cada día; es tu cuerpo y tú fuerza, es tu capacidad de sentir y de disfrutar; es tu voz que podría cantar y tu corazón capaz de amar.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:14
15.14 Es el precio del pecado. Todo lo malgastó: la herencia y la familia. El señorito provinciano rentó una mansión, esclavos, amigos, comida, mujeres y vicios. Pero el pecado cuesta; así que todo comenzó a faltarle: el dinero, la ropa, la casa, los amigos... su familia. Estás donde estás por las decisiones que fuiste tomando en la vidas. No es mala suerte ni casualidad; poco a poco llegaste allí. Pero las cosas pueden cambiar, primero, dejando de culpar a los demás; y segundo, haciéndose responsable en regresar a Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:15
15.15 El pecado alcanza. Rogó por trabajo terminando en cuidador de cerdos, oficio aborrecido por judíos. La nación de Israel, tan estricta en sus leyes, rechazó a Cristo al punto de la degradación absoluta. Puedes hallar ateos entre los judíos y también, promotores de toda clase de maldad. Dejar al Mesías fue para ellos como dedicarse a apacentar cerdos. Uno de los ciudadanos de aquella tierra –dice la Escritura, lo que implica que este no es tu lugar, no perteneces aquí. ¿Por qué tratas de vivir donde no es tu reino? Los celestiales están incómodos entre los terrenales.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:16
15.16 El pecado animaliza. Empezó a perder peso, su ropa a raerse, su cara a enjutarse, sus ojos a hundirse, y su orgullo a quebrarse. La vida sin Dios se vuelve aparentemente en vida sin ánima. Es una vida insatisfecha, el joven comenzó a envidiar a las bestias negras y rosadas que se revolcaban despreocupadas en el lodo comiendo hasta la saciedad. No le gustaban las algarrobas, pero con algo había que llenar el estómago. ¡Y ni siquiera eso le era permitido comer! Dejar a Dios embrutece, por lo que hallamos en la historia de la humanidad barbarie.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:17
15.17-19 La locura del pecado. Y volviendo en sí –de la amnesia espiritual. Jesús no considera al pecador como un total malvado, sino que habla de él como uno que no esta en sí. Dios opina mejor de mí que yo mismo. ¡Despierta de tu locura! ¿Haz mirado a los locos en el psiquiátrico? Su “realidad” no es más que sufrimiento. Así es quien se aleja del Padre Celestial. El ensayo del pecador. Quien vuelve en sí piensa en el Padre y la abundancia de su casa. Ver la vida cristiana como limitación y escasez es seguir loco. Quien vuelve en sí reconoce su pecado. Pensar que no necesita a Dios es besar la camisa de fuerza. Quien vuelve en sí se siente indigno de ser tomado como hijo. No regresa arrogante, sino quebrantado. Quien vuelve en sí ruega por otra oportunidad, por baja que sea. Si bien es un error tratar de ganar el favor del Padre con obras de esclavo; un corazón contrito y humillado nunca es despreciado por Él. Pero aunque el hijo estuvo como loco, el Padre nunca ha estado fuera de sí, Él no ha dejado de pensar en su hijo; no desea ver el pecado del hijo; se siente digno de seguir siendo su Padre y no quiere dar sólo una oportunidad, su amor quiere darlo todo.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:18
15.17-19 La locura del pecado. Y volviendo en sí –de la amnesia espiritual. Jesús no considera al pecador como un total malvado, sino que habla de él como uno que no esta en sí. Dios opina mejor de mí que yo mismo. ¡Despierta de tu locura! ¿Haz mirado a los locos en el psiquiátrico? Su “realidad” no es más que sufrimiento. Así es quien se aleja del Padre Celestial. El ensayo del pecador. Quien vuelve en sí piensa en el Padre y la abundancia de su casa. Ver la vida cristiana como limitación y escasez es seguir loco. Quien vuelve en sí reconoce su pecado. Pensar que no necesita a Dios es besar la camisa de fuerza. Quien vuelve en sí se siente indigno de ser tomado como hijo. No regresa arrogante, sino quebrantado. Quien vuelve en sí ruega por otra oportunidad, por baja que sea. Si bien es un error tratar de ganar el favor del Padre con obras de esclavo; un corazón contrito y humillado nunca es despreciado por Él. Pero aunque el hijo estuvo como loco, el Padre nunca ha estado fuera de sí, Él no ha dejado de pensar en su hijo; no desea ver el pecado del hijo; se siente digno de seguir siendo su Padre y no quiere dar sólo una oportunidad, su amor quiere darlo todo.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:19
15.17-19 La locura del pecado. Y volviendo en sí –de la amnesia espiritual. Jesús no considera al pecador como un total malvado, sino que habla de él como uno que no esta en sí. Dios opina mejor de mí que yo mismo. ¡Despierta de tu locura! ¿Haz mirado a los locos en el psiquiátrico? Su “realidad” no es más que sufrimiento. Así es quien se aleja del Padre Celestial. El ensayo del pecador. Quien vuelve en sí piensa en el Padre y la abundancia de su casa. Ver la vida cristiana como limitación y escasez es seguir loco. Quien vuelve en sí reconoce su pecado. Pensar que no necesita a Dios es besar la camisa de fuerza. Quien vuelve en sí se siente indigno de ser tomado como hijo. No regresa arrogante, sino quebrantado. Quien vuelve en sí ruega por otra oportunidad, por baja que sea. Si bien es un error tratar de ganar el favor del Padre con obras de esclavo; un corazón contrito y humillado nunca es despreciado por Él. Pero aunque el hijo estuvo como loco, el Padre nunca ha estado fuera de sí, Él no ha dejado de pensar en su hijo; no desea ver el pecado del hijo; se siente digno de seguir siendo su Padre y no quiere dar sólo una oportunidad, su amor quiere darlo todo.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:20
15.20 Pero no sólo lo pensó...el hijo se levantó y fue. Demasiadas personas se proponen regresar a Dios, cambiar, recuperar el rumbo. Cuentan sus planes, pero no los llevan a cabo. Las buenas intenciones sin acción no sacan a nadie del estercolero. Tomó la decisión: “me levantaré e iré”. Tomó la acción: “y fue, no lo llevaron”. Tomó confesión: “he pecado contra el cielo y contra ti”. No sólo pide perdón a Dios, sino que reconoce haber pecado contra Dios delante del hombre; es decir, afectando al hombre. Como el padre de la parábola, es Dios es quien busca al perdido para amarlo. Hasta dónde mira el Padre: “Lo vio a lo lejos” – nunca lo perdió de vista. Los ojos que ya no podían leer y que confundían las ovejas con piedras, ¡pudieron ver por amor a su pequeño a lo lejos! La luz de la entrada siempre estuvo prendida, la sopa caliente y su cama lista. El padre acostumbró caminar por las noches a lo largo del camino a casa. ¿A dónde te irás que el Padre Celestial no pueda verte? Cuando te escondes, cuando buscas la noche, cuando cierras la puerta y corres las cortinas, cuando obligas a tu mente a no recordar, cuando cierras los oídos del alma a su canción… ¡hasta allá llega su amor! Qué mira el Padre: “Lo vio su padre” –No se veía la misma figura principesca que salió; su piel no era lisa, sino curtida; no olía a perfume, sino a cerdos. Su cabello no conservaba el ultimo corte de la moda, era una maraña enredada entre lodo y sudor. Sus largas uñas tenían tierra para hacer adobes; el fango alcanzaba sus rodillas; la ropa carente de color, salvo polvo, abundaba en hoyos... ¡pero el padre lo reconoció a lo lejos! Aunque encorvado, su padre lo miró erguido en su peculiar andar. Quizá los ojos del pródigo ya no tenían la vida del alegre muchacho que se fue, pero el padre amaba esos ojos. Cómo mira el Padre. “Fue movido a misericordia”. Su pequeño...su pequeñito venía todo zarandeado. Su hijo precioso, el que se sentaba en sus rodillas, el que corría por los pasillos, al que miró tantas veces dormir caliente en su cama... ahora venía todo sucio y andrajoso, había tenido que acurrucarse entre los cerdos... ¿A quién podía importarle que no se hubiese despedido? ¿Qué padre podía acordarse ahora de la herencia? Te acercas a la iglesia sintiendo que el hedor del pecado te acompaña, pero el Padre sólo puede ver al pequeño a quien le compartió su aliento suspirando en su nariz en un viejo huerto llamado Edén. “El que a mí viene no le hecho fuera” -dijo Jesús. Dios es una Roca más poderosa e inconmovible que el Everest. Puedes intentar moverlo con toda la creación empujando a la vez y no lo conseguirás; pero si pones ante Él a un pecador arrepentido, ¡es seguro que será movido a misericordia inmediatamente! La prisa del Padre. “Y corrió”. ¡El anciano padre corrió!, aquel que le duelen las corvas, aquel que se queja al levantarse y suspira al sentarse; aquel que le duelen los huesos con el frío y que necesita un sirviente para sujetarse las sandalias. No hay dolor que detenga al amor de un padre por su hijo. Hacía años que no corría, había olvidado como saltar las piedras, había olvidado como levantarse los vestidos para no tropezarse, había olvidado como conservar la respiración para no cansarse...pero no había olvidado a su pequeño y lo amaba como para correr por él. Dios corre, ¿existe una revelación más alta que esta? No tuvo prisa para el diluvio, pero corre al encuentro del arrepentido. El abrazo del Padre. “Y se echó sobre su cuello”. No hubo un “te lo dije” ni un “¿qué vienes ha hacer ahora?” El hijo había estudiado el ruego que tenía que gritar al otro lado de la puerta, había imaginado que tendría que suplicar parte de la noche a la entrada o que dormiría en el establo de allí en adelante... parece que no conocía bien a su padre. Puedes pensar que no mereces nada y quizá tengas razón, pero tratándose de Dios piénsalo otra vez. El padre se echó sobre su cuello, ahora el hijo era más alto que él... tantas veces fue el hijo quien corrió hacía el padre para luego ser levantado por el aire en sus brazos entre giros y risas... ahora era el anciano quien corría hacía el hijo y se echaba sobre su cuello... sobre ese cuello hediondo y nauseabundo que por amor sabía a miel en los labios de su padre. Me imagino el día en el que correré a los brazos del Padre Celestial por los pasillos eternos; pero al leer esta parábola me hace pensar si no seremos sorprendidos por el correr de Dios hacia nosotros. Hijo: Yo abrazaré tu cuello, nunca más perderás la cabeza. El beso del Padre. Podía besarlo otra vez... aunque fuese así. Para papá era presente el recuerdo del bebé que mordía de amor desesperadamente su cara llenándolo todo de saliva, mientras sus manitas gordas se aferraban a sus mejillas... ahora como entonces, tampoco sintió asco. ¡Lo besó! Lo besó cuantas veces pudo y entre besos se separaba de cuando en cuando para decirle llorando: ¡hijo mío!, ¡hijo mío!, y mirar sus ojos con ternura. ¡Es real, mi hijo volvió!
— Roberto Tinoco
Lucas 15:21
15.21 Reconocer que el pecado contra su padre era un pecado también contra Dios, además de todo lo que hizo viviendo perdidamente, era un avance enorme en su restauración. Las puertas de los cielos comienzan a abrirse a quienes reconocen tenerlas cerradas; y las puertas de la restauración familiar comienzan a abrirse cuando se reconoce no ser digno de ellas. Jamás mejoras lo que no reconoces dañado. Reconoce que eres indigno de ser llamado hijo de Dios y en el Nombre de Jesús tendrás Padre eternamente.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:22
15.22 La aceptación del Padre. El hijo había ensayado su disculpa, pero también el padre su recibimiento. El hijo caminó lento para llegar, conoció profundamente la vergüenza. El padre corrió lo más rápido que pudo, conocía profundamente el amor. El hijo se sabía indigno de ser hijo. El padre no puede renunciar a ser padre. El hijo reconoce su pecado. El padre tiene prisa en perdonar, así que no le permite terminar su practicada disculpa. ¿Cómo habría de permitirle ser un siervo? Los regalos del Padre: “Sacad el mejor vestido, y vestidle”. Sabiendo que el hijo se siente indigno y avergonzado, el padre pide el vestido principal, el que se le preparó en su ausencia, no permitirá que su hijo sea humillado al entrar a casa; no permitirá que los sirvientes lo vean y murmuren; no está dispuesto a darle oportunidad a los vecinos de decir que ellos ya sabían “que terminaría mal”. Este vestido es Cristo, nuestra justicia. (“vestíos del Señor Jesucristo” Romanos 13:14) A la casa del rey se entra vestido de príncipe. Pienso en el día en el que entremos a las moradas eternas; no será un desfile de muertos de hambre, sino de príncipes vestidos de Cristo. “Y poned un anillo en su mano”. La última vez que el pródigo vio un anillo suyo fue en la casa de empeños. ...fue tan poco que apenas sí comió con el cambio. Pero el padre no recrimina, aunque no se lo merezca ha de darle el anillo de la familia, el que tiene el sello oficial, el que le da la autoridad de hijo. Su hijo no será un jornalero, sino el patrón. Con esto el Padre le dice: -sigo confiando en ti. Este anillo es el Espíritu Santo, nuestro sello de Dios (2Cor.1:22; Ef. 1:13; 4:30). La próxima vez que alguien quiera decirte “cuida cerdos”, mira tu anillo, escucha al Espíritu hablarte al oído del alma: mío eres, Yo te redimí, mío eres tú. “Y calzado en sus pies”. Aquel que tenía calzado para escoger viene ahora descalzo. Si no fuera por el fango del chiquero se podría mirar la carne abierta por la tierra y las espinas del largo camino. Sólo los esclavos andan descalzos y el padre no permitirá que su hijo de un paso más como esclavo. ¿Y qué si perdió sus sandalias en una apuesta de borrachos? ¿A quién le importa ya? Delante del padre un hijo no anda descalzo, el polvo no se le pegara más. Dios no dejará que lo terrenal se pegue a ti. El Padre Celestial no permite que sus hijos sean terrenales, los levanta por amor. Este calzado es el evangelio (Efesios 6:15); tienes el mensaje de buenas noticias viviendo en ti.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:23
15.23 La fiesta del Padre: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta”. Toda hacienda importante tiene un animal sobresaliente para ocasiones especiales, para los triunfos y celebraciones. El padre tiene a su hijo nuevamente en casa, no hay motivo más grande que este para celebrar. Ya demasiado tiempo estuvieron separados, no puede esperar más. No hizo fiesta para entregarle la herencia porque no estaba maduro, pero ahora si hará fiesta recibiéndole, porque está procesado. Dios quiere hacer fiesta, está a la puerta tocando para hacer cena. Es el alegre Dios. Él mandó matar “al becerro gordo”, a Cristo en la cruz para que tengamos comunión con Él y podamos disfrutarle.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:24
15.24 Cuando pasaron los meses sin noticias el padre supuso muerto a su hijo. Entre más tiempo pasaba, el hijo se enredaba más en la muerte. El hijo siempre supo el camino a su casa, pero aún así andaba perdido: respiraba y se quejaba, pero aún así estaba muerto. Fue un cadáver sorprendido por su propio olor. Fue un extraviado siguiendo sus propios pasos. ¡Pero ha revivido! ¡Sólo Dios da nuevas oportunidades! ¡De nuevo en casa! ¡Es tiempo de fiesta: miremos lo que Dios ha hecho por nosotros! ¡y comenzaron a regocijarse! Maravillosamente las tres parábolas terminan en fiesta. Ese es tu futuro y ese es tu destino.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:25
15.25 El contexto de estas parábolas era la molestia de los legalistas del tiempo de Jesús que se oponían a la salvación de los perdidos. Preferían su condenación y procuraban venganza. Es la actitud clásica de la religiosidad: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (Lucas 15:1-2). Ellos eran el hijo mayor, molesto por el perdón hacia su pecaminoso hermano menor. Te conviene quitar el aire de santurrón y de inflexibilidad, porque a lo largo de la vida escucharás muchas veces la música y las danzas, la fiesta del cielo por el perdón de otro pecador que se arrepiente. Verás la misericordia y bondad divinas mostrarse una y otra vez en aquellos que a tus ojos, no sean dignos. Ese es el carácter del Padre Celestial y si deseas seguir como su hijo, aceptarás a tus hermanos.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:26
15.26-27 ¿Eres pródigo o hermano mayor? Los hermanos mayores en la Biblia generalmente no fueron muy favorables. Caín, Esaú, los hermanos de José, los hermanos de David, por mencionar algunos. El hijo mayor tiene una carga. Se había sentido libre cuando por fin el rebelde de su hermano se había ido. Hay creyentes que se sienten bien cuando su hermano se va de la iglesia. ¡Y ahora esto! ¿Volvió? ¿Una fiesta en su honor? ¡No es justo! –se decía. El había estado trabajando en el campo, venía tarde y cansado, sudoroso y de ceño fruncido, encuentra la casa en plena fiesta, música, danzas; para que tanto alboroto, ¡hay que trabajar! -piensa él. Los religiosos no saben disfrutar, sólo conocen crítica y esclavitud.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:27
15.26-27 ¿Eres pródigo o hermano mayor? Los hermanos mayores en la Biblia generalmente no fueron muy favorables. Caín, Esaú, los hermanos de José, los hermanos de David, por mencionar algunos. El hijo mayor tiene una carga. Se había sentido libre cuando por fin el rebelde de su hermano se había ido. Hay creyentes que se sienten bien cuando su hermano se va de la iglesia. ¡Y ahora esto! ¿Volvió? ¿Una fiesta en su honor? ¡No es justo! –se decía. El había estado trabajando en el campo, venía tarde y cansado, sudoroso y de ceño fruncido, encuentra la casa en plena fiesta, música, danzas; para que tanto alboroto, ¡hay que trabajar! -piensa él. Los religiosos no saben disfrutar, sólo conocen crítica y esclavitud.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:28
15.28 El evangelio molesta al hermano mayor. Ni siquiera entró a ver que sucedía, sino que, acostumbrado a mandar y condenar, llamó a uno de los criados y le preguntó qué era aquello. La respuesta fue un balde de agua helada: “tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar al becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano”. «¡Que me amarren a una roca y me tiren al río! ¿Es así como reciben a los irresponsables? ¿Te hacen una fiesta cuando cambiaste a papá por aguardiente? ¡No es justo!» -gritó más de una vez el hermano mayor. Aventó su callado contra la baranda y pateando el polvo se abrió paso entre los invitados que venían llegando. ¿Nunca has tenido envidia del derrochador que Dios bendice? ¿Nunca te has sentido víctima de la desigualdad? Esto pasa cuando nos sentamos en nuestro “trono” de justicia, santurrones que no reconocemos nuestro estercolero y que estamos caídos dentro de la casa. «El no se lo merece, yo sí» – decimos una y otra vez meneando la cabeza. Está tan enojado que no quiere entrar. Nunca el airado con su hermano, ni el amargado ni el envidioso están en comunión con el Padre. Hay hermanos que culpan a otros hermanos para no entrar a la iglesia. La búsqueda del Padre: “Salió por tanto su padre y le rogaba que entrase”. El mismo que corrió por uno, corría también por el otro. Cuando el hombre no vino a Dios, entonces Dios vino al hombre. ¿Puedes ver al anciano rogando? «Por favor, hijo entra. Mira que afuera está frío; vamos a gozarnos juntos; hay comida caliente en tu lugar a la mesa...» Ante el ruego del padre ¿qué hace el hijo soberbio?
— Roberto Tinoco
Lucas 15:29
15.29 El rechazo del hijo. ¡Enumera su impecable currículo! “He aquí tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos”. ¿Será verdad? «Llevo tanto sin faltar a la iglesia y escogieron a otro». «Soy el que más trabaja y nunca me han dado ni un reconocimiento» etc. El lodo fariseo es más pegajoso que el lodo publicano. Ve la mala opinión del hijo: “nunca me has dado ni un cabrito”; «Dios o la iglesia han sido malos conmigo; es injusto». “Para gozarme con mis amigos”; desnuda finalmente su corazón, como diciendo que allí está la verdadera alegría: «allí está la verdadera diversión, y no contigo». Para algunos, la integridad es un fastidio y “la felicidad” se encuentra en la mala conducta.
— Roberto Tinoco
Lucas 15:30
15.30 La envidia del hijo mayor. Hay quienes están tan satisfechos consigo mismos que nadie más les satisface. Frecuentemente, nuestra envidia hace salir nuestra bajeza: “Pero cuando vino este tu hijo” – desconociéndolo como hermano. “Que ha consumido tus bienes con rameras” - no porque le preocuparan los bienes del padre, sino porque él no había tenido a esas rameras. “Has hecho matar para él el becerro gordo” ¿Acusa al padre de amar demasiado? A veces somos tan santurrones que llegamos a decir: esta bien que Dios bendiga a este o a aquel o a mí... ¿pero por qué a ese? ¿A ese precisamente que no soporto? ¿Al hermano que me ha dañado? El Señor dice: “¿qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiera? ¿O tienes tu envidia porque Yo Soy bueno?”
— Roberto Tinoco
Lucas 15:31
15.31 La aceptación del Padre. “Hijo, tu siempre estás conmigo”. Dios ha visto tu fidelidad. Hacen falta ministerios de hermanos mayores que sí sean guardas de su hermano, fieles al ministerio y a la membresía. Su derecho: hijo ¡nadie puede quitar este privilegio! Este es el remedio contra la amargura Su lugar: “tú siempre estás conmigo”. Su posesión: “y todas mis cosas son tuyas”. No seas un criado, ¡disfruta tu hacienda! Toma los corderos que quieras. ¡Todo es tuyo! Dios desea hijos más que esclavos. Lo que tenemos (todo) es más importante que lo que no tenemos = ¡esta es la medicina a la envidia y amargura!
— Roberto Tinoco
Lucas 15:32
15.32 El corazón del Padre: Es necesario hacer fiesta; no hay opción, no puede callarse la alegría de la salvación. Es necesario regocijarnos; indispensable alegrarse con la fiesta que Dios hace en los cielos por un pecador que se arrepiente; y, los que son como Él, se alegran con las mismas cosas que Él. Es necesario venir a la vida; Dios nada tiene que ver con la muerte. Todo en Él es vida.
— Roberto Tinoco