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Lucas 20
Desafían la autoridad de Jesús
1Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos,🗨📝 2y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?🗨📝 3Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme:🗨📝 4El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?🗨📝 5Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?🗨📝 6Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.🗨📝 7Y respondieron que no sabían de dónde fuese.🗨📝 8Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.🗨📝Parábola de los agricultores malvados
9Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.🗨📝 10Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.🗨📝 11Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías.🗨📝 12Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido.🗨📝 13Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto.🗨📝 14Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.🗨📝 15Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?🗨📝 16Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre!🗨📝 17Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo?🗨📝 18Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.🗨📝 19Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.🗨📝Los impuestos para el César
20Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.🗨📝 21Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.🗨📝 22¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?🗨📝 23Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?🗨📝 24Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.🗨📝 25Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.🗨📝 26Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron.🗨📝Discusión acerca de la resurrección
27Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,🗨📝 28diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.🗨📝 29Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos.🗨📝 30Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.🗨📝 31La tomó el tercero, y así todos los siete, y murieron sin dejar descendencia.🗨📝 32Finalmente murió también la mujer.🗨📝 33En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?🗨📝 34Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento;🗨📝 35mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.🗨📝 36Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.🗨📝 37Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.🗨📝 38Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.🗨📝 39Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.🗨📝 40Y no osaron preguntarle nada más.🗨📝¿De quién es hijo el Mesías?
41Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?🗨📝 42Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,🗨📝 43Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.🗨📝 44David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?🗨📝 45Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos:🗨📝 46Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;🗨📝 47que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Lucas 20: RV60
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Lucas 20:1
20.1 El Señor Jesús no se escondió para hacer discípulos; enseñaba abiertamente en los lugares más concurridos, como el templo. Enseñaba y anunciaba el evangelio, lo cual implica enseñar y predicar. Llegaron los grupos que representaban la religión, la academia y la autoridad civil. No venían con la intención de aprender, sino de cuestionar; sin saberlo, estaban cumpliendo la ley de Moisés consistente en examinar al Cordero de Dios antes de ofrecerlo en Pascua.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:2
20.2 Las principales autoridades judías cuestionaron a Jesús respecto a la autoridad con la que enseñaba y hacía milagros. Querían una declaración directa de que era el Mesías, no para seguirlo, sino para acusarlo de blasfemia y condenarle a muerte. Finalmente todo conflicto y problema en el universo es un problema de autoridad. Detrás de todo mal se encuentra la rebeldía; por ello, es imprescindible saber que Jesús es el Señor y, en lugar de cuestionar de dónde procede su autoridad, debemos obedecerle. Jesús es enviado por el Padre.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:3
20.3 Como era su costumbre, el Señor Jesús jamás se dejaba manipular por nadie siguiendo sus palabras; solía voltear el cuestionamiento para tomar el control de la conversación. En lugar de una respuesta, les hace otra pregunta; esto es magistral; ya que si les sigue en el orden de sus preguntas, estaría sometiéndose a la autoridad de ellos, pero iÉl es el Señor y son ellos los que se someterán a Él. Jesús es Señor hasta humillándose para morir.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:4
20.4 La pregunta del Maestro es una obra de arte apologética: lo que habían hecho con Juan el Bautista era similar a lo que hacían con Él y lo que pensaran de Juan igualmente pensarían de Él. ¿Por qué razón? Porque ambos fueron enviados por Dios, pero ambos serían rechazados por ellos. El problema no era saber con la autoridad de quién actuaban Juan o Jesús; sino dejar en claro que ellos de todas maneras lo rechazarían. Sabían que Juan vino de Dios y no creyeron; sabían también que Jesús venía de Dios y tampoco creían. La incredulidad es una decisión, un acto voluntario de rebeldía.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:5
20.5 La discusión entre ellos en realidad era una discusión contra ellos mismos. Estaban contra la espada y la pared, su respuesta les condenaba. Lo único que podían hacer era rendirse a Jesús, lo cual no estaban dispuestos a hacer. Cada vez que buscamos argumentos para no someternos a Dios peleamos contra nosotros mismos (aunque creemos pelear con Dios); tal actitud es una espina en la conciencia. ¿Quién es Jesús para ti? ¿Será tu vida del cielo o de los hombres?
— Roberto Tinoco
Lucas 20:6
20.6 Los que se oponen a Jesús están mas interesados en la opinión de los hombres que en la opinión de Dios. No es que no puedan aceptar la verdad, sino que han decidido no hacerlo, a causa de sus intereses terrenales y soberbia del corazón. Temen a los hombres más que temer a Dios porque sólo desean lo que pueden sacar de los hombres sin importar lo que pueda darles el Señor. No importa si se trata de las principales autoridades judías del primer siglo o el hombre común del siglo XXI, es la misma causa y acto de rebeldía.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:7
20.7 Se negaron a responder a Jesús dando una evasiva. Claro que sabían de dónde era la autoridad de Juan el Bautista y desde luego que también sabían de dónde procede la autoridad de Jesús; pero decidieron fingir ignorancia. Dios ve el corazón, aparentar desconocimiento solo empeora la sentencia en el día del juicio.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:8
20.8 Jesús no se prestó a la simulación; ellos mintieron diciendo no saber, pero el Señor les confronta con la verdad diciendoles que Él tampoco les dará respuesta a lo que preguntaron. Todo se trataba de quién es la autoridad y no se rebajaría a ser juzgado en los términos de quienes mentían deliberadamente. Habría de ser juzgado porque fue enviado por el Padre a morir por nosotros, pero dicho juicio sería, en su momento, conforme a la ley de Dios y no la hipocresía ni rebeldía humana. Vive para agradar a Dios y no tendrás que aparentar nada delante de los hombres.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:9
20.9 Dejando a los principales de entre los judíos que intentaron cuestionar la autoridad de Jesús, se dirigió al pueblo para enseñarles acerca del fracaso de la nación de Israel y el por qué sería quitado de ellos el reino (Mateo 21:43). En su estilo, les habló una parábola, la parábola de la viña, con la que estaban muy familiarizados los judíos debido a las enseñanzas de los profetas al respecto, ya que esa fue precisamente la Palabra que les dio el Señor por medio del profeta Jeremías cuando se apartó de ellos y fueron destruidos siendo llevados los sobrevivientes al cautiverio babilónico (Jeremías 2:21). Se repetía la historia, pero con peores consecuencias. La viña en esta parábola es el reino de Dios concedido a los judíos, cuyas autoridades era precisamente los labradores.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:10
20.10-12 El siervo enviado, lo mismo que cada uno de los siervos enviados a solicitar los frutos son los profetas enviados por Dios exigiendo frutos a la nación de Israel conforme al reino de Dios; pero en lugar de responder favorablemente a la demanda divina, la nación persiguió a los profetas haciendo mártires a cada uno de ellos. “Con las manos vacías” implica que el ministerio profético no logró, debido a la rebeldía de Israel, el arrepentimiento, conversión y obras de la nación. ¿No era exactamente lo mismo que estaban haciendo las autoridades judías con siervos de Dios como Juan y mismo Señor Jesús? ¿Cómo tratas a los siervos de Dios? Este trato es dado a Dios. Tres siervos: la ley, los profetas y los salmos.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:11
20.10-12 El siervo enviado, lo mismo que cada uno de los siervos enviados a solicitar los frutos son los profetas enviados por Dios exigiendo frutos a la nación de Israel conforme al reino de Dios; pero en lugar de responder favorablemente a la demanda divina, la nación persiguió a los profetas haciendo mártires a cada uno de ellos. “Con las manos vacías” implica que el ministerio profético no logró, debido a la rebeldía de Israel, el arrepentimiento, conversión y obras de la nación. ¿No era exactamente lo mismo que estaban haciendo las autoridades judías con siervos de Dios como Juan y mismo Señor Jesús? ¿Cómo tratas a los siervos de Dios? Este trato es dado a Dios. Tres siervos: la ley, los profetas y los salmos.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:12
20.10-12 El siervo enviado, lo mismo que cada uno de los siervos enviados a solicitar los frutos son los profetas enviados por Dios exigiendo frutos a la nación de Israel conforme al reino de Dios; pero en lugar de responder favorablemente a la demanda divina, la nación persiguió a los profetas haciendo mártires a cada uno de ellos. “Con las manos vacías” implica que el ministerio profético no logró, debido a la rebeldía de Israel, el arrepentimiento, conversión y obras de la nación. ¿No era exactamente lo mismo que estaban haciendo las autoridades judías con siervos de Dios como Juan y mismo Señor Jesús? ¿Cómo tratas a los siervos de Dios? Este trato es dado a Dios. Tres siervos: la ley, los profetas y los salmos.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:13
20.13 El Señor de la viña es Dios Padre; en su plan, envió a su Hijo Jesucristo, el amado a traer el evangelio del reino. Jesús estaba siendo muy claro en su parábola y seguramente los principales judíos presentes entendían que se refería a Él mismo. Le habían cuestionado acerca de dónde procedía su autoridad y, aunque no les dio respuesta como tampoco ellos respondieron, en la parábola sí decía de donde procede su autoridad: de Dios. Así como también, que Él es Hijo de Dios en grado superlativo y ellos debían respetarle reconociendo su autoridad, como labradores contratados (no sintiéndose señores ni dueños de la viña). Cosa que no harían al crucificarle.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:14
20.14 Cuando Jesús dijo que los labradores discutían entre sí, fue una clara alusión a los principales sacerdotes, escribas y ancianos del pueblo que lo cuestionaron preguntándole con qué autoridad hacía lo que hacía, ya que ellos acababan de discutir entre sí sobre qué responderían a Jesús (20:5) y el pueblo lo había visto. Fue casi caricaturesco, irónico y sumamente descriptivo. Me atrevería a decir que al momento de contar la parábola, Jesús haya imitado sarcásticamente a “los labradores” discutiendo entre sí. Los que se oponían sabían que Jesús era el heredero en el sentido de saber que se estaba quedado con el pueblo, lo que significaba que no disfrutarían más los beneficios de la viña para si mismos. Lo mataron para intentar apoderarse del reino de los cielos, esto es, de las cosas de Dios en ese momento y su abundancia.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:15
20.15 Le echaron fuera de la viña, sacaron a Jesús de Jerusalén como figura de sacarle del reino que deseaban para si mismos. Le mataron, a saber, crucificándole. ¿Qué esperaban que hiciera Dios en consecuencia? Suponer que la destrucción de Jerusalén en el año 70 de la era cristiana es cosa de los romanos o que Dios fuese cruel por permitirlo, es no entender la terrible maldición que se habían echado sobre la nación al matar al Hijo de Dios, al Rey de los judíos. Rechazar a Jesús, el Hijo de Dios, es suficiente para condenarse eternamente: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29).
— Roberto Tinoco
Lucas 20:16
20.16 Los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo comprendieron muy bien la parábola y supieron la sentencia que arrojaba sobre ellos. Incluso tuvieron temor, pues declararon: “¡Dios nos libre!” Entendieron que eran labradores malvados que intentaban quedarse con el reino de los cielos matando al Jesús; pero por absurdo que parezca, no se arrepintieron. Es como si entendieran la parábola y en el fondo supieran que Jesús tenía la razón, pero decidieron no creerle. ¡Ah cuánta gente entiende el evangelio, pero no se convierte a Cristo! ¡Ah, cuántos son los que deciden no creer verdaderamente!
— Roberto Tinoco
Lucas 20:17
20.17 Ante los versículos anteriores, no quedaba sino la conclusión en boca del Maestro, a manera de sentencia. Citó las Sagradas Escrituras en uno de los versículos más significativos de la misma: “la piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza el ángulo”; el salmo 118, el mismo que habría de cantar en el Getsemaní momentos antes de su arresto y consiguiente muerte. Lo que significa que la cruz de Cristo no es el invento de sus opositores, sino el determinado consejo de Dios que usó la maldad humana para mostrar la grandeza de la bondad divina. El reino de los cielos es una obra en construcción, cuyo fundamento, a la vez que la línea que define el resto o ángulo de la edificación, es Cristo Jesús. Cualquier cosa que excluya a Jesús está fuera del reino de los cielos. Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Corintios 3:11).
— Roberto Tinoco
Lucas 20:18
20.18 Rechazar a Cristo, como hicieran las principales autoridades judías en el primer siglo, tiene por consecuencia volverse enemigo de Cristo. En su encarnación pudieron crucificarle, pero en su reino serán condenados. La Roca rechazada los aplastará quebrantándoles eternamente. Caer sobre la Piedra Principal, Jesucristo, es escandalizarse de Él, tropezar en su Palabra. Esto quebrantó a muchos en su primera venida y sigue quebrantando a quienes siguen escandalizándose. Su vida será mala. Sobre quien cae la Piedra Principal, Jesucristo, es el juicio de condenación, ser desmenuzado. Esto sucedió a la generación del Mesías que se opuso a Él. Desmenuzar traduce el griego likmao que significa “aventar”; como la paja llevada por el viento al ser aventada la cosecha para retener solo el grano. Los que se oponen a Cristo serán eternamente olvidados.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:19
20.19 En lugar de arrepentirse, los principales sacerdotes y escribas tuvieron ideas homicidas al comprender que la parábola sobre los labradores malvados estaba dedicada a ellos. No solo no tuvieron temor, sino que se enojaron y endurecieron aún más. Esto muestra que el que no quiere arrepentirse, no será convencido de hacerlo; por el contrario, se volverá aún peor. Sin embargo, a pesar de su odio, no se atrevieron a hacer nada contra el Señor Jesús por miedo al pueblo, ya que de él venían sus beneficios. ¿No es ridículo que no teman a Dios y teman a los hombres? Habían caído en el lazo de los hipócritas. Sólo el temor de Dios te libra de los demás temores.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:20
20.20 Siendo cobardes al no atreverse a intentar nada contra Jesús por temor al pueblo, asecharon como hacen las serpientes junto al camino. Enviaron espías que simularan ser justos; clásica estrategia del diablo, vestirse como ángel de luz. El plan estaba destinado a fracasar, ya que dichos espías debían sorprender a Jesús en algún error verbal, pero ¿cómo habría de equivocarse el Verbo de Dios? La palabra que necesitaban debía ser aquella que fuese digna de llevarle al gobernador, esto es, una palabra que pareciera revolucionaria o contra el imperio romano. ¡Cuanta hipocresía! Lo rechazaron por no librarlos de los romanos, entre otras cosas, ¡así que lo entregarían a los romanos! La simulación es propia de las tinieblas, no tengas sólo apariencia de justo, sino que sé justo. Jamás estés a la caza del error, eso es propio el diablo, no de hijos de Dios. Si esperas la caída de los demás, no estás el lado de Dios; y si eres parte de dicha caída, eres un diablo.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:21
20.21 Le llaman Maestro, pero buscan su error. Saben quién es y lo que hace, pero rechazan su señorío y obra de salvación. Admiran su dignidad al no hacer acepción de personas, pero ellos ya eligieron que habrían de hacerle mal. Reconocen que enseña el camino de Dios, pero no andan por él. Saben que es genuino, verdadero y decidieron ser falsos. Los espías ilustran muy bien a quienes llamándose cristianos no obedecen a Cristo.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:22
20.22 Preguntan lo que no quieren hacer, creyendo poner al Señor Jesús entre la espada y la pared. Pero Jesús no se someterá a ellos siguiendo el hilo de sus preguntas, sino que los confrontará magistralmente con la verdad. La vida en este mundo está lleno de cosas lícitas ante los hombres e injustas ante Dios; pero esa no es la pregunta de la vida. Sigue leyendo y sabrás cuál es.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:23
20.23 La inteligencia de Jesús era superior a cualquier otro ser humano que haya existido o vaya a existir. Él no trajo pecado en su ser, por lo que tampoco tuvo las consecuencias del pecado. Era genial en todo. Así que no le fue difícil entender la hipocresía de los espías; reconoció su astucia, su diabólica sagacidad y los trató como diablos: “¿Por qué me tentáis?” -les dijo. Sólo las tinieblas intentan hacer caer en tentación. Todo el que pregunta a quién pertenece tu lealtad política, lo hace para tentarte.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:24
20.24 El Señor Jesús no cayó en la trampa, ni siquiera sacó una moneda, sino que dijo a quienes le increpaban que le mostrasen una. Con esto, los tentadores cayeron en su propia trampa, eran ellos y no Jesús quienes se relacionaban con el César. Luego preguntó por la imagen y la inscripción. La imagen era la de Tiberio César Augusto y la inscripción: "Tiberio César Augusto, Hijo del Divino Augusto". Por lo que no pudieron responder otra cosa, sino que la moneda en su poder era la del César y, lógicamente, ellos estaban bajo su poder, por decirlo así. Preguntaban por la autoridad de Jesús y trataban de usar la autoridad del César contra Jesús, ¿no es esto ridículo? ¡Se colocaban bajo la autoridad el mundo y no la de Dios!
— Roberto Tinoco
Lucas 20:25
20.25 La conclusión del Señor Jesús fue contundente: las cosas y las personas, son y deben darse a quien se parecen o han tomado forma. No solo la moneda y los impuestos, más allá de ellos, eres de quién tienes la imagen, sea de Dios o del mundo. ¿A quién te pareces? ¿Está Cristo siendo formado en ti? Entonces esa será tu inscripción y a quien reconozcas como tu Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:26
20.26 ¿Cómo iban a sorprender en palabra alguna a la Palabra que creó todas las cosas? Estaba encarnado como un Hombre, pero Jesús es el Verbo de Dios (Juan 1:1, 14). Las respuestas del Maestro maravillaron a todos, su sabiduría era perfecta, Él es la sabiduría (1 Corintios 1:18; Proverbios 8). Cuando la sabiduría de Dios habla, los hombres callan. Solemos hablar mucho cuando creemos saber, pero la verdadera sabiduría tiene la capacidad de decir en forma breve la solución de todas las cosas.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:27
20.27 Los saduceos eran principalmente los sacerdotes, la élite de la autoridad judía. Tenían el control del templo y con ello, de la economía de la nación. En realidad, eran incrédulos negando la resurrección, el mundo espiritual, los ángeles y demás asuntos sobrenaturales. Eran materialistas y escépticos.Por eso vinieron tentando a Jesús con preguntas profundamente cargadas de incredulidad.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:28
20.28 Los saduceos trajeron un caso a Jesús, para tentarle, basado en la ley del levirato (Dt. 25:5-10). El cual consistía en que el hermano de un fallecido que no tuvo hijos, tuviese hijos con la viuda para que no se perdiera el nombre y con ello, la heredad de su hermano fallecido. Dicha ley tenía como propósito principal, que la tierra se mantuviera en las manos de la familia original a la que fue repartida. Pero los saduceos tenía una visión de la eternidad completamente terrenal, como veremos a continuación en su cuestionamiento, lo que les impedía ver el reino de Dios. Actualmente dicha ley no está en funcionamiento, pues evidentemente, la tierra de Israel no está en sus manos originales; y, segundo, los gentiles nunca tuvimos tal herencia y por ende, tal mandamiento. La aplicación espiritual sería que levantemos hijos a Dios a Nombre de nuestro hermano que murió, Jesucristo. Que lleven el nombre de cristianos y Dios se glorifique con ello estableciendo su heredad en toda la tierra, el reino de Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:29
20.29-33 Los saduceos eran incrédulos y como consecuencia de ello, ciegos al reino de Dios. Tenían una imagen terrenal de las cosas eternas, eran patéticamente temporales. Pensaban que era imposible la resurrección por cosas como lo que preguntaron: si una mujer tuvo siete maridos, ¿de quién sería esposa en la resurrección? Trasladaban todo lo eterno a la similitud de este tiempo. Los materialistas suelen rechazar la vida eterna por considerarla solo una ampliación de la vida temporal. Si conoces un incrédulo que niegue la vida eterna, estarás conociendo a un ciego por voluntad propia, uno que no ve más allá de lo que puede ver y tocar. No se trata de uno que no puede creer, sino de uno que no quiere creer. Su lógica es absurda y su ignorancia e Dios gigantesca.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:30
20.29-33 Los saduceos eran incrédulos y como consecuencia de ello, ciegos al reino de Dios. Tenían una imagen terrenal de las cosas eternas, eran patéticamente temporales. Pensaban que era imposible la resurrección por cosas como lo que preguntaron: si una mujer tuvo siete maridos, ¿de quién sería esposa en la resurrección? Trasladaban todo lo eterno a la similitud de este tiempo. Los materialistas suelen rechazar la vida eterna por considerarla solo una ampliación de la vida temporal. Si conoces un incrédulo que niegue la vida eterna, estarás conociendo a un ciego por voluntad propia, uno que no ve más allá de lo que puede ver y tocar. No se trata de uno que no puede creer, sino de uno que no quiere creer. Su lógica es absurda y su ignorancia e Dios gigantesca.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:31
20.29-33 Los saduceos eran incrédulos y como consecuencia de ello, ciegos al reino de Dios. Tenían una imagen terrenal de las cosas eternas, eran patéticamente temporales. Pensaban que era imposible la resurrección por cosas como lo que preguntaron: si una mujer tuvo siete maridos, ¿de quién sería esposa en la resurrección? Trasladaban todo lo eterno a la similitud de este tiempo. Los materialistas suelen rechazar la vida eterna por considerarla solo una ampliación de la vida temporal. Si conoces un incrédulo que niegue la vida eterna, estarás conociendo a un ciego por voluntad propia, uno que no ve más allá de lo que puede ver y tocar. No se trata de uno que no puede creer, sino de uno que no quiere creer. Su lógica es absurda y su ignorancia e Dios gigantesca.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:32
20.29-33 Los saduceos eran incrédulos y como consecuencia de ello, ciegos al reino de Dios. Tenían una imagen terrenal de las cosas eternas, eran patéticamente temporales. Pensaban que era imposible la resurrección por cosas como lo que preguntaron: si una mujer tuvo siete maridos, ¿de quién sería esposa en la resurrección? Trasladaban todo lo eterno a la similitud de este tiempo. Los materialistas suelen rechazar la vida eterna por considerarla solo una ampliación de la vida temporal. Si conoces un incrédulo que niegue la vida eterna, estarás conociendo a un ciego por voluntad propia, uno que no ve más allá de lo que puede ver y tocar. No se trata de uno que no puede creer, sino de uno que no quiere creer. Su lógica es absurda y su ignorancia e Dios gigantesca.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:33
20.29-33 Los saduceos eran incrédulos y como consecuencia de ello, ciegos al reino de Dios. Tenían una imagen terrenal de las cosas eternas, eran patéticamente temporales. Pensaban que era imposible la resurrección por cosas como lo que preguntaron: si una mujer tuvo siete maridos, ¿de quién sería esposa en la resurrección? Trasladaban todo lo eterno a la similitud de este tiempo. Los materialistas suelen rechazar la vida eterna por considerarla solo una ampliación de la vida temporal. Si conoces un incrédulo que niegue la vida eterna, estarás conociendo a un ciego por voluntad propia, uno que no ve más allá de lo que puede ver y tocar. No se trata de uno que no puede creer, sino de uno que no quiere creer. Su lógica es absurda y su ignorancia e Dios gigantesca.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:34
20.34 Con la expresión “los hijos de este siglo” Jesús está refiriéndose a los seres humanos de todos los tiempos durante la vida en el cuerpo presente de carne. Es una manera de decir que el ser humano está ligado a las limitaciones del cuerpo y de la vida temporal, lo que hace necesaria la reproducción para la perpetuación de la especie humana. El matrimonio como tal, en este contexto, tiene la misma connotación: reproducción. La ley del levirato, a la que hicieron alusión los saduceos con su pregunta, está limitada a dicha necesidad de reproducción presente. Lógicamente, después de la muerte no es más necesaria la reproducción, por lo que después de resucitar en el mundo venidero, se ha quedado libres de la necesidad de la reproducción, ya que hay vida eterna. Sin muerte no hace falta la reproducción.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:35
20.35-36 Lee las notas alusivas a los dos versículos anteriores. Después de la muerte y por haber entrado en la vida eterna, no se necesita más la reproducción. Los seres eternos no se reproducen, esta es una necesidad de las criaturas perecederas para que no se termine su especie. Por lo mismo, no hacen falta tampoco en la eternidad ceremonias ni compromisos como el casamiento o matrimonio. No todos los que viven en esta vida son tenidos por dignos de alcanzar la vida eterna. Este regalo es dado exclusivamente a quienes decidieron estar en Cristo Jesús: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). “Alcanzar aquel siglo” llamó Jesús a entrar en la eternidad, en contraste con “los hijos de este siglo” usado en el versículo anterior por el Señor para referirse a quienes todavía están en un cuerpo mortal. La resurrección es la promesa de ser glorificados. La resurrección del cuerpo es uno de los fundamentos de la doctrina de Cristo: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” (Hebreos 6:1-2). Por lo que la esperanza de la iglesia se ha distinguido en su mensaje a través de las edades. La enseñanza apostólica especifica: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Cor. 15:51-56). Aunque seamos cristianos experimentamos la muerte incipiente en nuestro cuerpo envejeciendo con los años; pero llegará un día cuando este cuerpo corruptible se levante incorruptible lleno de vida, inmortal y eterno. Esto sucederá en los tiempos finales. La doctrina de la resurrección es una esperanza profetizada a lo largo de las Escrituras; desde los tiempos patriarcales, ya se creía en ella: “Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Aunque es posible que Job hablara de su piel deshecha por la enfermedad, también podemos aplicarlo a la resurrección. Y en los tiempos del reino de Israel era cantado en sus salmos: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmos 16:9-10). “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo. Selah” (Salmos 49:15). Los profetas lo anunciaron: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos” (Isaías 26:19). La doctrina de la resurrección debe darnos alegría: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:2-3). Incluso habrá resurrección para juicio. Y el mismo Señor Jesucristo, además de demostrar la resurrección, enseñó acerca de ella: “Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:37-39). “Y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29). De nuevo vemos que hasta para condenación habrá resurrección. De hecho, no solamente enseñó acerca de la resurrección, sino que mandó a sus apóstoles a que predicaran el evangelio y resucitaran muertos en su Nombre (Mateo 10:8). Aunque dichos resucitados volvían a morir, pues todavía no eran resucitados incorruptibles. Los primeros cristianos eran conocidos como testigos de la resurrección del Señor Jesús y se caracterizaban por enseñar acerca de la resurrección, no sólo del Señor, sino de los creyentes; por ejemplo, escribió el apóstol Pablo: “quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él” (1 Tesalonicenses 5:10). El apóstol habla de velar como permanecer vivo sin morir físicamente hasta la venida del Señor y de dormir como experimentar la muerte física del cuerpo; pero en uno y otro caso, la promesa es que volveremos a vivir con el Señor; es decir, resucitar. Surgen muchas preguntas, cuándo será esto, cómo será, qué clase de cuerpo tendremos, volveremos a vivir, etc. Atendamos esto… Hay necesidad de un cuerpo de gloria. La doctrina apostólica deja en claro que “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Cor. 15:50) y dice esto exactamente antes de comenzar a hablar acerca del arrebatamiento de los santos); por lo que es necesaria la resurrección del cuerpo, esto es, que recibamos de la gloria de Dios para vivir con Él en gloria. Así como un astronauta no puede habitar el espacio exterior sin un traje espacial ni un buzo puede morar bajo el agua sin un equipamiento especial; así tampoco el hombre puede habitar en la espera celestial a menos que sea revestido como un ser celestial. Sin la glorificación del cuerpo no existe completa salvación, pues la muerte hubiera retenido algo, dándole así corona las tinieblas en algo, cuando todo debe ser sometido a Dios dándole gloria al Padre; leemos: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corinttios 15:21-26). Entonces podemos declarar: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:53-55). Características del cuerpo de gloria: ¿Y con qué cuerpo resucitaremos? Esta es una pregunta que también los primeros cristianos se hacían. La respuesta vino a través de la carta a los Corintios: “pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo” (1 Corintios 15:35-38). Así como es diferente la semilla al árbol y fruto que sale de ella; así es mucho mejor el cuerpo resucitado con relación al cuerpo terrenal que tenemos actualmente. Nuestro cuerpo físico es una especie de semilla, en él se encuentran los elementos necesarios para producir el cuerpo de gloria después de ser vivificado por el poder de Dios. Otra metáfora que ilustra la misma verdad es la de un edifico en comparación a una tienda de campaña: “porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (1 Corintios 5:1-4). El cuerpo de carne es una simple tienda de campaña (eso es lo que significa tabernáculo) en comparación con el cuerpo de gloria que es como un edificio comparativamente hablando. La tienda es temporal, el edificio es permanente; así nuestro cuerpo de carne es para unos cuantos años, mientras que el cuerpo de gloria es para la eternidad. Ser desnudados de nuestro cuerpo de carne significa morir físicamente, Pablo dice que preferimos ser revestidos con el cuerpo de gloria; esto es, ser glorificados sin necesidad de morir. Cuando Jesús resucitó podía hacer lo mismo que antes de morir como comer y beber (Luc. 24:39-43), pero también podía sobrepasar las leyes naturales que hoy limitan al cuerpo de carne; por ejemplo, traspasaba material sólido e incluso podía aparecerse en otro lugar (Juan 20:19) y se trasladaba de la tierra al tercer cielo ida y vuelta en el mismo día (Juan 20:17-19), entre otras muchas cosas como no cansarse ni enfermarse, tampoco estar atado a los instintos de la carne como la sexualidad (Mateo 22:30), etc. A pesar de que podía tomar la forma humana exacta a la que tenía en carne, pues mostró las cicatrices de la crucifixión (Juan 20:20), siendo que en otra ocasión lo vieron sin reconocerlo (Luc. 24:13-31). El apóstol Juan declaró por el Espíritu: “seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2). Otro pasaje declara: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Filipenses 3:20-21). Ser como Él es, es mucho más que recuperar la gloria que perdió Adán, es más que regresar al inicio, es llegar a la meta. A Jesús se le llama “el segundo Adán” porque nos lleva más allá que el primero. El primer Adán era “alma viviente”, es decir, recibió el aliento de Dios para vivir (Gen. 2:7); pero Cristo, el segundo Adán, es “espíritu vivificante”, produce vida a los demás (1 Cor. 15:45). La resurrección hace del hombre un ser glorioso lleno de vida que vivifica lo que toca, no lo inanimado, sino lo que ya vive. ¿Resucitaremos todos al mismo tiempo? ¿Recibiremos todos los resucitados un cuerpo exactamente igual en virtudes o algunos tendrán más habilidades que otros? Es importante saber que no todas las resurrecciones se efectuarán al mismo tiempo, existe un orden en las mismas ilustrado por medio del ciclo de la cosecha agrícola (la iglesia es como una labranza según 1 Cor. 3:9). La Palabra nos enseña: “pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia” (1 Corintios 15:23-24). Tres partes de ese orden: 1.- Primicias (clara referencia al orden de la cosecha). 2.- La venida. 3.- El fin. Esto corresponde con los tiempos en los que se levantaba la cosecha, a saber: 1.- Primicias, que se llevaba al templo como ofrenda a Dios: “No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos” (Ex. 22:29). “Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Yahwéh tu Dios” (Ex. 23:19). “Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero” (en el contexto de los 144000 Apocalipsis 14:1-5). 2.- Cosecha, que se llevaba al granero: “También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo” (Ex. 23:16). “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada (Apocalipsis 14:14-16). 3.- Rebusca, se le llamaba así a lo que no se recogía o maduraba después y que se dejaba para los huérfanos, las viudas, los pobres y los forasteros: “Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Yahwéh vuestro Dios” (Lev. 23:22). “Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Yahwéh tu Dios en toda obra de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda (Deuteronomio 24:19-21). “El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:39-43). De manera que el orden de la resurrección es: 1.- Cristo y todos los que sean resucitados antes de su venida son tenidos como primicias y pasarán su eternidad en intimidad con Dios para su deleite. 2.- Todos los que resuciten en la venida de Señor (1 Tes. 4:15-17), teniendo acceso a la Presencia de Dios, pero sin morar permanentemente en Él. 3.- Por último, los que sean resucitados hasta el final de los tiempos habiendo de pasar por el juicio y con riesgo de condenación (Ap. 20:11-15). ¡Esto corresponde a los tres lugares del tabernáculo de Moisés: atrio, donde todo el pueblo podía entrar; lugar santo, donde sólo los sacerdotes ministraban; y Lugar Santísimo, donde sólo el Sumo Sacerdote tenía acceso. Y también puede verse como la tierra nueva para los salvos a duras penas; los cielos nuevos para los salvos; y la Nueva Jerusalén para los vencedores o sobresalientes en la fe: Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (Apoc. 21:1-2). Estos tres niveles de recompensa se ven a lo largo de toda la Biblia; para ser parte de las primicias o de la mayor recompensa; es decir, para ser de “los que están con Cristo son llamados y elegidos y fieles” (Ap. 17:14). Muchos son llamados, pocos son escogidos; y de entre los escogidos hay que ser hallado fiel. Otra forma resumida y más simple de considerar el orden de la resurrección es mirándola sólo en dos partes: la primera resurrección es la de todos aquellos que sean resucitados antes del milenio; mientras que la segunda resurrección se efectuará después del milenio según Apocalipsis 20:4-6. Habiendo conocido el orden de las resurrecciones, descubrimos que el nivel más alto es una mejor resurrección, con mayor gloria y recompensa. El apóstol Pablo escribió acerca de esto a los filipenses diciendo: “…a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Fil. 3:10-11). Cuando el apóstol dice esto, no está dudando de que vaya a resucitar, en realidad está expresando su deseo de una mejor resurrección a la del resto de los creyentes. Nuestra versión al español no lo traduce tan acertadamente, pero la palabra resurrección es en este pasaje diferente al resto de las Escrituras. Normalmente se usa en la Biblia la palabra anástasis, para referirse a la resurrección; pero en este versículo, como una excepción, se escribe exanástasis. Pablo hace esto para enfatizar que no está hablando de la resurrección común, sino de una resurrección más excelente o privilegiada. Dicha mejor resurrección es la de las primicias, la de mayor recompensa que se efectuará antes de la venida del Señor, en lo que se conoce como “el arrebatamiento de la iglesia”.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:36
20.35-36 Lee las notas alusivas a los dos versículos anteriores. Después de la muerte y por haber entrado en la vida eterna, no se necesita más la reproducción. Los seres eternos no se reproducen, esta es una necesidad de las criaturas perecederas para que no se termine su especie. Por lo mismo, no hacen falta tampoco en la eternidad ceremonias ni compromisos como el casamiento o matrimonio. No todos los que viven en esta vida son tenidos por dignos de alcanzar la vida eterna. Este regalo es dado exclusivamente a quienes decidieron estar en Cristo Jesús: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). “Alcanzar aquel siglo” llamó Jesús a entrar en la eternidad, en contraste con “los hijos de este siglo” usado en el versículo anterior por el Señor para referirse a quienes todavía están en un cuerpo mortal. La resurrección es la promesa de ser glorificados. La resurrección del cuerpo es uno de los fundamentos de la doctrina de Cristo: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” (Hebreos 6:1-2). Por lo que la esperanza de la iglesia se ha distinguido en su mensaje a través de las edades. La enseñanza apostólica especifica: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Cor. 15:51-56). Aunque seamos cristianos experimentamos la muerte incipiente en nuestro cuerpo envejeciendo con los años; pero llegará un día cuando este cuerpo corruptible se levante incorruptible lleno de vida, inmortal y eterno. Esto sucederá en los tiempos finales. La doctrina de la resurrección es una esperanza profetizada a lo largo de las Escrituras; desde los tiempos patriarcales, ya se creía en ella: “Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Aunque es posible que Job hablara de su piel deshecha por la enfermedad, también podemos aplicarlo a la resurrección. Y en los tiempos del reino de Israel era cantado en sus salmos: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmos 16:9-10). “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo. Selah” (Salmos 49:15). Los profetas lo anunciaron: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos” (Isaías 26:19). La doctrina de la resurrección debe darnos alegría: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:2-3). Incluso habrá resurrección para juicio. Y el mismo Señor Jesucristo, además de demostrar la resurrección, enseñó acerca de ella: “Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:37-39). “Y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29). De nuevo vemos que hasta para condenación habrá resurrección. De hecho, no solamente enseñó acerca de la resurrección, sino que mandó a sus apóstoles a que predicaran el evangelio y resucitaran muertos en su Nombre (Mateo 10:8). Aunque dichos resucitados volvían a morir, pues todavía no eran resucitados incorruptibles. Los primeros cristianos eran conocidos como testigos de la resurrección del Señor Jesús y se caracterizaban por enseñar acerca de la resurrección, no sólo del Señor, sino de los creyentes; por ejemplo, escribió el apóstol Pablo: “quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él” (1 Tesalonicenses 5:10). El apóstol habla de velar como permanecer vivo sin morir físicamente hasta la venida del Señor y de dormir como experimentar la muerte física del cuerpo; pero en uno y otro caso, la promesa es que volveremos a vivir con el Señor; es decir, resucitar. Surgen muchas preguntas, cuándo será esto, cómo será, qué clase de cuerpo tendremos, volveremos a vivir, etc. Atendamos esto… Hay necesidad de un cuerpo de gloria. La doctrina apostólica deja en claro que “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Cor. 15:50) y dice esto exactamente antes de comenzar a hablar acerca del arrebatamiento de los santos); por lo que es necesaria la resurrección del cuerpo, esto es, que recibamos de la gloria de Dios para vivir con Él en gloria. Así como un astronauta no puede habitar el espacio exterior sin un traje espacial ni un buzo puede morar bajo el agua sin un equipamiento especial; así tampoco el hombre puede habitar en la espera celestial a menos que sea revestido como un ser celestial. Sin la glorificación del cuerpo no existe completa salvación, pues la muerte hubiera retenido algo, dándole así corona las tinieblas en algo, cuando todo debe ser sometido a Dios dándole gloria al Padre; leemos: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corinttios 15:21-26). Entonces podemos declarar: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:53-55). Características del cuerpo de gloria: ¿Y con qué cuerpo resucitaremos? Esta es una pregunta que también los primeros cristianos se hacían. La respuesta vino a través de la carta a los Corintios: “pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo” (1 Corintios 15:35-38). Así como es diferente la semilla al árbol y fruto que sale de ella; así es mucho mejor el cuerpo resucitado con relación al cuerpo terrenal que tenemos actualmente. Nuestro cuerpo físico es una especie de semilla, en él se encuentran los elementos necesarios para producir el cuerpo de gloria después de ser vivificado por el poder de Dios. Otra metáfora que ilustra la misma verdad es la de un edifico en comparación a una tienda de campaña: “porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (1 Corintios 5:1-4). El cuerpo de carne es una simple tienda de campaña (eso es lo que significa tabernáculo) en comparación con el cuerpo de gloria que es como un edificio comparativamente hablando. La tienda es temporal, el edificio es permanente; así nuestro cuerpo de carne es para unos cuantos años, mientras que el cuerpo de gloria es para la eternidad. Ser desnudados de nuestro cuerpo de carne significa morir físicamente, Pablo dice que preferimos ser revestidos con el cuerpo de gloria; esto es, ser glorificados sin necesidad de morir. Cuando Jesús resucitó podía hacer lo mismo que antes de morir como comer y beber (Luc. 24:39-43), pero también podía sobrepasar las leyes naturales que hoy limitan al cuerpo de carne; por ejemplo, traspasaba material sólido e incluso podía aparecerse en otro lugar (Juan 20:19) y se trasladaba de la tierra al tercer cielo ida y vuelta en el mismo día (Juan 20:17-19), entre otras muchas cosas como no cansarse ni enfermarse, tampoco estar atado a los instintos de la carne como la sexualidad (Mateo 22:30), etc. A pesar de que podía tomar la forma humana exacta a la que tenía en carne, pues mostró las cicatrices de la crucifixión (Juan 20:20), siendo que en otra ocasión lo vieron sin reconocerlo (Luc. 24:13-31). El apóstol Juan declaró por el Espíritu: “seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2). Otro pasaje declara: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Filipenses 3:20-21). Ser como Él es, es mucho más que recuperar la gloria que perdió Adán, es más que regresar al inicio, es llegar a la meta. A Jesús se le llama “el segundo Adán” porque nos lleva más allá que el primero. El primer Adán era “alma viviente”, es decir, recibió el aliento de Dios para vivir (Gen. 2:7); pero Cristo, el segundo Adán, es “espíritu vivificante”, produce vida a los demás (1 Cor. 15:45). La resurrección hace del hombre un ser glorioso lleno de vida que vivifica lo que toca, no lo inanimado, sino lo que ya vive. ¿Resucitaremos todos al mismo tiempo? ¿Recibiremos todos los resucitados un cuerpo exactamente igual en virtudes o algunos tendrán más habilidades que otros? Es importante saber que no todas las resurrecciones se efectuarán al mismo tiempo, existe un orden en las mismas ilustrado por medio del ciclo de la cosecha agrícola (la iglesia es como una labranza según 1 Cor. 3:9). La Palabra nos enseña: “pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia” (1 Corintios 15:23-24). Tres partes de ese orden: 1.- Primicias (clara referencia al orden de la cosecha). 2.- La venida. 3.- El fin. Esto corresponde con los tiempos en los que se levantaba la cosecha, a saber: 1.- Primicias, que se llevaba al templo como ofrenda a Dios: “No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar. Me darás el primogénito de tus hijos” (Ex. 22:29). “Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Yahwéh tu Dios” (Ex. 23:19). “Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero” (en el contexto de los 144000 Apocalipsis 14:1-5). 2.- Cosecha, que se llevaba al granero: “También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo” (Ex. 23:16). “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada (Apocalipsis 14:14-16). 3.- Rebusca, se le llamaba así a lo que no se recogía o maduraba después y que se dejaba para los huérfanos, las viudas, los pobres y los forasteros: “Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Yahwéh vuestro Dios” (Lev. 23:22). “Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Yahwéh tu Dios en toda obra de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda (Deuteronomio 24:19-21). “El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:39-43). De manera que el orden de la resurrección es: 1.- Cristo y todos los que sean resucitados antes de su venida son tenidos como primicias y pasarán su eternidad en intimidad con Dios para su deleite. 2.- Todos los que resuciten en la venida de Señor (1 Tes. 4:15-17), teniendo acceso a la Presencia de Dios, pero sin morar permanentemente en Él. 3.- Por último, los que sean resucitados hasta el final de los tiempos habiendo de pasar por el juicio y con riesgo de condenación (Ap. 20:11-15). ¡Esto corresponde a los tres lugares del tabernáculo de Moisés: atrio, donde todo el pueblo podía entrar; lugar santo, donde sólo los sacerdotes ministraban; y Lugar Santísimo, donde sólo el Sumo Sacerdote tenía acceso. Y también puede verse como la tierra nueva para los salvos a duras penas; los cielos nuevos para los salvos; y la Nueva Jerusalén para los vencedores o sobresalientes en la fe: Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (Apoc. 21:1-2). Estos tres niveles de recompensa se ven a lo largo de toda la Biblia; para ser parte de las primicias o de la mayor recompensa; es decir, para ser de “los que están con Cristo son llamados y elegidos y fieles” (Ap. 17:14). Muchos son llamados, pocos son escogidos; y de entre los escogidos hay que ser hallado fiel. Otra forma resumida y más simple de considerar el orden de la resurrección es mirándola sólo en dos partes: la primera resurrección es la de todos aquellos que sean resucitados antes del milenio; mientras que la segunda resurrección se efectuará después del milenio según Apocalipsis 20:4-6. Habiendo conocido el orden de las resurrecciones, descubrimos que el nivel más alto es una mejor resurrección, con mayor gloria y recompensa. El apóstol Pablo escribió acerca de esto a los filipenses diciendo: “…a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Fil. 3:10-11). Cuando el apóstol dice esto, no está dudando de que vaya a resucitar, en realidad está expresando su deseo de una mejor resurrección a la del resto de los creyentes. Nuestra versión al español no lo traduce tan acertadamente, pero la palabra resurrección es en este pasaje diferente al resto de las Escrituras. Normalmente se usa en la Biblia la palabra anástasis, para referirse a la resurrección; pero en este versículo, como una excepción, se escribe exanástasis. Pablo hace esto para enfatizar que no está hablando de la resurrección común, sino de una resurrección más excelente o privilegiada. Dicha mejor resurrección es la de las primicias, la de mayor recompensa que se efectuará antes de la venida del Señor, en lo que se conoce como “el arrebatamiento de la iglesia”.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:37
20.37-38 Para los religiosos judíos, especialmente para los saduceos que eran escépticos, las enseñanzas de Jesús trataban de cosas nuevas, distintas a la ley de Moisés; por ello, el Señor Jesús les refiere a lo dicho por Moisés. Desde la aparición de Dios en la zarza, el día que llamó a Moisés de en medio del fuego, Dios es nombrado Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, evidentemente, sólo si Abraham, Isaac y Jacob estuviesen vivos después de morir Dios de haría llamar Dios de ellos. Esto muestra la vida más allá de la muerte, la conciencia despierta de los que fallecieron y, por ende, la posibilidad de la resurrección para consumar su salvación. Dicho sea de paso, como Dios de Abraham, Dios es el Padre Celestial, ejemplificado en el patriarca que deseaba hijo. Como Dios de Isaac, Él es Dios Hijo, el Hijo o Simiente prometida; y como Dios de Jacob, el patriarca que deseaba casa, Dios es Espíritu Santo, cuya casa somos nosotros, la iglesia.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:38
20.37-38 Para los religiosos judíos, especialmente para los saduceos que eran escépticos, las enseñanzas de Jesús trataban de cosas nuevas, distintas a la ley de Moisés; por ello, el Señor Jesús les refiere a lo dicho por Moisés. Desde la aparición de Dios en la zarza, el día que llamó a Moisés de en medio del fuego, Dios es nombrado Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, evidentemente, sólo si Abraham, Isaac y Jacob estuviesen vivos después de morir Dios de haría llamar Dios de ellos. Esto muestra la vida más allá de la muerte, la conciencia despierta de los que fallecieron y, por ende, la posibilidad de la resurrección para consumar su salvación. Dicho sea de paso, como Dios de Abraham, Dios es el Padre Celestial, ejemplificado en el patriarca que deseaba hijo. Como Dios de Isaac, Él es Dios Hijo, el Hijo o Simiente prometida; y como Dios de Jacob, el patriarca que deseaba casa, Dios es Espíritu Santo, cuya casa somos nosotros, la iglesia.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:39
20.39 Los escribas, cuyas ideas estaban en franca oposición con los saduceos en las cuestiones espirituales y eternas como la resurrección, aprovecharon para denostar a los saduceos dando la razón a Jesús. También querían atraparle en una palabra, pero de momento, les convenía asentir con el Señor. Le llamaron Maestro siendo ellos los eruditos de las Escrituras; pero no porque quisieran amistarse o hacer equipo con Él, eran como serpientes escondidas esperando atacar. Ten cuidado con el elogio de los impíos; cree a los frutos y a las obras, por encima de las palabras.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:40
20.40 La sabiduría termina enmudeciendo tanto la necedad como la maldad; sé sabio y prevalecerás. Dejaron de intentar cazar al Señor con sus palabras, carecían de carnada para quien no es presa.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:41
20.41 Habiendo enmudecido a sus adversarios, el Señor Jesús tomó la ofensiva preguntándoles acerca de lo que sabían del Cristo. El propósito era demostrarles que no sabían lo que creían saber o que sus creencias eran insuficientes; que Él era el Mesías; que el Mesías era Hijo de Dios; y, por ende, que Él era Dios. ¿De quién es Hijo el Cristo? Todos sabían que era descendiente de David; pero el Señor está a punto de dar vuelta a las cosas colocando a David debajo el Mesías. Con esto, Jesús dirá que Él es el Señor de David, el más memorable rey de Israel. Revisa tu credo, perfecciona tu fe.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:42
20.42 Citando el salmo 110, Jesús saca a la luz lo que siempre ha estado delante de los escribas y demás líderes de Israel, que el Mesías es Señor de David. Esto es sumamente misterioso, pues demuestra que el Mesías es anterior a David, aunque sea descendiente de David. Es la encarnación del Hijo de Dios. Además, explica el propósito de la encarnación del Hijo de Dios, el cual consiste en el reino de Dios con el entronizamiento del Hijo a la diestra el Padre y para gloria el Padre. Junto con esto, demuestra que hay más de una Persona en Dios al llamarle Señor, Dueño o Amo tanto al Padre como al Hijo.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:43
20.43 En el plan divino, su Hijo no sólo es el vencedor, sino que, además, es el absoluto vencedor. Todos los enemigos de Cristo, tanto declarados enemigos como los que se oponen sin saberlo, se postrarán ante Él. Incluso los que creemos, también nosotros nos postraremos ante el Mesías y llamaremos Señor a Jesús, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:5-11). Dios será todo y en todos: “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:27-28).
— Roberto Tinoco
Lucas 20:44
20.44 Lee los comentarios a los dos versículos anteriores. Jesús es Señor de David; desciende de David según la carne como Hombre, pero es el Creador de David como Dios; “porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él” (Colosenses 1:16).
— Roberto Tinoco
Lucas 20:45
20.45 Dejando a los religiosos y líderes que trataron de tentarlo, el Señor Jesús dirigió sus palabras a los discípulos a oídos del pueblo que se había reunido. Tal debe ser nuestro mensaje: para discipular a los creyentes, pero para evangelizar a todos.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:46
20.46 Jesús advierte sobre los malos motivos de los escribas, religiosos dedicados al estudio de las Sagradas Escrituras, pero con el propósito de aprovecharse del pueblo. Decían servir a Dios, pero en realidad, se servían del pueblo. Procuraban el primer lugar entre todos y los honores resultantes de ello. El ministerio en tiempo de paz suele dar bendiciones, lo cual lleva a algunos a fingirse siervos de Dios para recibir tales bendiciones. Esto no debe ser así. Revisa cuáles son las razones y cuál es el verdadero propósito por el cual sirves a Dios y a la iglesia.
— Roberto Tinoco
Lucas 20:47
20.47 Los escribas, lo mismo que los demás líderes de Israel en tiempo de Jesús, en su mayoría, se habían convertidos en mercaderes de la religión y mercenarios de la fe. Se aprovechaban de los momentos más débiles de sus conciudadanos para sacar provecho de ellos, como los funerales y el dolor que las personas experimentaban por un ser querido fallecido. Sabían que alguien en dicha circunstancia era manipulable, lo que hacía su proceder aun mas despreciable. Pero precisamente por esa baja actitud es que recibirían mayor condenación. No todos los pecados serán castigados en igual forma, Dios juzgará tanto las intenciones como las obras, así como todos los atenuantes y también todas las cosas que incrementen la culpabilidad. Incluso usar lo santo para el mal dará como consecuencia mayor condenación, es impiedad.
— Roberto Tinoco