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Lucas 2

Nacimiento de Jesús

1Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.🗨 2Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.🗨 3E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.🗨 4Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;🗨 5para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.🗨 6Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.🗨 7Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.🗨

Pastores y ángeles

8Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.🗨 9Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.🗨 10Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:🗨 11que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.🗨 12Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.🗨 13Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:🗨 14¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!🗨 15Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.🗨 16Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.🗨 17Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.🗨 18Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.🗨 19Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.🗨 20Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.🗨

Presentación de Jesús en el templo

21Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.🗨 22Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor🗨 23(como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor),🗨 24y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos.🗨

Profecía de Simeón

25Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.🗨 26Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.🗨 27Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,🗨 28él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:🗨 29Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra;🗨 30Porque han visto mis ojos tu salvación,🗨 31La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;🗨 32Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.🗨 33Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él.🗨 34Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha🗨 35(y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.🗨

Profecía de Ana

36Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad,🗨 37y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.🗨 38Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.🗨 39Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.🗨 40Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.🗨

Jesús habla con los maestros

41Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua;🗨 42y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.🗨 43Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre.🗨 44Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos;🗨 45pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole.🗨 46Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles.🗨 47Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.🗨 48Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.🗨 49Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?🗨 50Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.🗨 51Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.🗨 52Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Lucas 2:1

Comentario general

2.1 Para que se cumpliese la Palabra de Dios, que Jesús nacería en la misma aldea que David, Dios movió al mundo con un empadronamiento. No era extraño en ese tiempo la realización de dichos censos y en el caso de los judíos, se realizaba con el propósito de fijar los impuestos respectivos de Judea para el Imperio Romano. El César Augusto sin ser creyente, sirvió a Dios cuando promulgó este edicto. Ten la confianza de que todo el mundo está bajo el gobierno divino y es Él quien tiene tanto los hilos de la historia como del tiempo. El marco histórico del censo ubica cronológicamente el nacimiento de Jesús entre el año 4 y 8 antes de lo que en nuestro calendario denominamos el año cero.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:2

Comentario general

2.2 Dionisio el exiguo, abate romano (aprox. 530 d.C.) dio la fecha conocida a partir del 754 de la fundación de Roma. Josefo es más preciso, fecha el nacimiento de Cristo a partir del 751 de la fundación de Roma, después del eclipse parcial de luna en el 750 (12-13 marzo), siendo que Herodes el Grande murió un poco después del nacimiento del Señor: “Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea” (Mat. 2:19-22). Podemos pensar que este año es aproximadamente el 4 a.C. Respecto al día: Jesús nació seis meses después que Juan el Bautista: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María” (Lucas 1:26-27). Zacarías, el padre de Juan el Bautista fue sacerdote. Como sacerdote recibió el anuncio del nacimiento de su hijo mientras estaba oficiando en turno. El sacerdocio tenía 24 turnos (1 Cr. 24:7-19) que comenzaban el 1er. Mes judío, el mes de Nisan, al iniciar la primavera (1 Cr. 27:1-2). Zacarías era del turno de Abías (Luc. 1:5, 8-9). El turno de Abías era el octavo (1 Cr. 24:10) entre Iyar 27 y Sivan 5 (del 1 al 8 de junio). Luego, Zacarías tuvo que permanecer una semana más en el templo porque la semana que seguía a su turno era la semana de Pentecostés (9-16 de junio), en la cual, ningún sacerdote podía retirarse. Luego regresó a su casa y su esposa Elizabeth concibió (Luc. 1:23-24 Debemos tomar en consideración aproximadamente dos días de viaje de regreso). Al sexto mes concibió María: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. …Y he aquí tu parienta Elizabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril” (Luc. 1:26, 36), aproximadamente 18-20 de diciembre. Nueve meses después, contando 38 semanas de gestación, “cuando llegó el tiempo de su alumbramiento” según Lucas 2:6, nació Jesús. En otoño, aproximadamente a mediados de septiembre entre los días 15 – 20.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:3

Comentario general

2.3 Roma quería que todo el mundo fuese empadronado, tanto por motivos de impuestos como para el servicio militar y el llamado a nuevos soldados. Como todo imperio, habría de ser pasajero; pero detrás de Roma se encuentra el verdadero gobierno y la verdadera autoridad, la de Dios y no la del hombre. En el reino de Dios todos necesitamos nuestro nombre escrito, solo así estaremos disponibles para el momento en el que seamos solicitados.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:4

Comentario general

2.4-5 José era descendiente del rey David, lo mismo que María. Por lo que no era extraño que permaneciera a la misma aldea, Belén. Fue un viaje de 130 kilómetros. Belén significa “casa del pan”. Jesús es el Pan de Vida que habría de nacer allí. José no solo era de la casa de David, sino también de la familia de David. No solo era pariente de David, sino también era descendiente consanguíneo del rey David. Dios había prometido a David que le edificaría casa, esto habla de su parentela; pero también le prometió que no faltaría hijo suyo en el trono y que uno de sus hijos sería el Rey final, el Mesías prometido. Tanto José como María estaban en la línea de sangre del Mesías. La genealogía de Mateo presenta la línea legal, la de José; y la genealogía de Lucas expone la línea de María, la sanguínea.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:5

Comentario general

2.4-5 José era descendiente del rey David, lo mismo que María. Por lo que no era extraño que permaneciera a la misma aldea, Belén. Fue un viaje de 130 kilómetros. Belén significa “casa del pan”. Jesús es el Pan de Vida que habría de nacer allí. José no solo era de la casa de David, sino también de la familia de David. No solo era pariente de David, sino también era descendiente consanguíneo del rey David. Dios había prometido a David que le edificaría casa, esto habla de su parentela; pero también le prometió que no faltaría hijo suyo en el trono y que uno de sus hijos sería el Rey final, el Mesías prometido. Tanto José como María estaban en la línea de sangre del Mesías. La genealogía de Mateo presenta la línea legal, la de José; y la genealogía de Lucas expone la línea de María, la sanguínea.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:6

Comentario general

2.6 Dios planeó los tiempos de forma exacta (Gal. 4:4). Jesús debía nacer en Belén y el censo, lo mismo que el viaje, fue en el momento exacto de dicho alumbramiento. Lo que ha de ser, es. Lleva una agenda, pero procura establecerla a partir de la voluntad divina. No siempre conocerás claramente los tiempos, por lo que al menos, conoce el corazón de Dios haciendo lo que a Él le agrada. Entonces Él se encargará de tus tiempos. Vive en Cristo y tus días se cumplirán.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:7

Comentario general

2.7 Jesús debía nacer de mujer, pues si bien su vida es divina, se requería que fuese verdaderamente hombre; esto es lo que significa “Dios fue manifestado en carne” (1 Tim. 3:16; 2 Juan 1:7). Él es el Hijo del Hombre y Él es también Emmanuel, Dios con nosotros. De una mujer virgen (Isaías 7:14; Lucas 1:27-31; Gal. 4:4). La vida según la carne no puede engendrar la vida de Dios. Jesús es la vida de Dios y sólo podía ser engendrado por Él; así también, los hijos de Dios no son engendrados de voluntad de carne ni de voluntad de varón, sino de Dios. Engendrado por el Espíritu Santo y no a través de una fecundación de hombre: “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:34-35). ¿A quién se parecía Jesús? Definitivamente no se parecía a José y probablemente no hubo célula huevo, por lo que tampoco se parecía a María. Él se parecía a Dios, es el segundo Adán, Hijo de Dios. Dio a luz es una expresión de todos conocida refiriéndose al alumbramiento o parto. La entrada legítima a este mundo es el nacimiento y la entrada legítima al reino de los cielos es el nuevo nacimiento. Hijo primogénito, el primero en una serie. Lo que implica que María tuvo más hijos, pues de otro modo se le llamaría unigénito a Jesús. El intento de atribuir a María virtudes divinas hizo que algunos tratarán de dogmatizar una supuesta perpetua virginidad; pero tal cosa no es enseñada por las Escrituras. Por el contrario, los evangelios no permiten considerar a María corredentora, mediadora o de atributo alguno más allá de haber sido el instrumento humano para encarnar al Hijo de Dios. El Señor Jesús mismo le puso separación a María respecto a su identidad como Hijo de Dios, incluso dejando en claro que existe más bienaventuranza en obedecer a Dios que en parir a Jesús (Mat. 11:27-28). Dar a luz a Jesús, después del viaje hacia Belén y no hallar al inicio dónde posar, fue un alivio. ¿Qué tan preocupado estarías en su situación? Su nacimiento fue el inicio de una serie de sucesos, viviría siempre con la expectativa de una espada que traspasaría su corazón (la cruz). Lo envolvió en pañales. Se usaban telas de forma cuadrada para tal efecto. El Señor Jesús fue criado como un niño en toda la extensión de la Palabra. Salvo que no había pecado en Él ni los efectos del mismo como la enfermedad, era igual a todo ser humano. María tenía en sus manos a Dios convertido en un bebé para enseñarle todo como un niño. Si enseñarle a un niño común es un gran compromiso, enseñar a Dios era un compromiso verdaderamente enorme. No habiendo lugar para ellos en el mesón, no teniendo espacio entre los seres humanos; el Señor Jesús nació y fue recostado inicialmente en un pesebre, el sitio dedicado a los animales. Lo más humilde que podría haber. De manera semejante, para que nazca en nuestros corazones debemos estar desprovistos de soberbia y revestidos de humildad. Como María, José también estaría preocupado. Dios le confió a su Hijo y no había hallado donde hospedarlo. Podía sentir que le fallaba a Dios. Si alguno se sintió fracasado alguna vez, ese fue José. Pero no se rindió, buscó hasta hallar al menos el pesebre. ¿Has sentido que le fallas a Dios? ¿Fracasaste? ¿Pecaste? ¡No te rindas! ¡Sigue! Una vez que nace Jesús, José tiene en sus manos la obligación de proteger a Dios de toda clase de enemigos. Mira la historia, mataron cientos de niños en días de Moisés; y ahora matarían cientos de niños en días de Jesús (por orden Herodes y persecución del diablo). ¡Qué preocupación! Si no había podido lograr hospedaje, ¿cómo protegería al pequeño recién nacido del mundo y el infierno? Si no has sido la mejor persona de este mundo y fracasaste en tus sueños; hoy te anuncio que respecto al reino de Dios no fallarás.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:8

Comentario general

2.8 Fueron invitados los despiertos, no los dormidos. Seguramente los religiosos de Jerusalén sabían más de religión, pero estaban dormidos. Ellos habrían de dar el lugar exacto del nacimiento del Mesías a Herodes, pero no estuvieron en el nacimiento. Puede ser que sepas todo lo que se tiene que saber respecto de cómo alcanzar un milagro, pero no te servirá si no estás despierto y si no estás en dónde sucederá el milagro. Siempre que el cielo se manifiesta hay alguien despierto y es común que esa persona despierta estuviese cuidando a otros. Había pastores cuidando ovejas durante las vigilias en la noche, se parece a una descripción resumida de los patriarcas y es una bella aplicación a todo aquel que desea la manifestación de Cristo en su vida: cuidas ovejas, es decir, a hijos de Dios y conocerás a Dios. Cuando el Señor restauró a Pedro después de haberle negado, le preguntó si lo amaba. Ante la respuesta afirmativa de Pedro, Jesús le encomendó pastorear sus ovejas. Atrévete a soportar las penurias de la noche, soportar los malos tiempos y las tinieblas por amor cuidando a tus hermanos y Dios te sorprenderá haciendo a Cristo nacer en ti. Llamó a los pastores siendo Él el Príncipe de los pastores. Esto es muy significativo: - Mejor que el primer pastor Abel, pues mientras la sangre de Abel dice que Caín es culpable; la sangre de Cristo dice que todos somos perdonados. - Mejor que los pastores en Egipto (Israel), quienes recibieron herencia en Egipto por causa de José; mientras que en Cristo somos hechos herederos de las riquezas celestiales de Dios. - Mejor que el pastor de Ur, Abraham; quien dio a su hijo por fe siendo así llamado el padre de la fe. Pero Cristo es el Hijo dado que sí murió, por lo que es autor y consumador de la fe. - Mejor que el pastor de Madián, Moisés; quien libertó a Israel de la esclavitud egipcia; pero Cristo nos libró de la condenación eterna. -Mejor que el pastor que fue hecho rey, David. Pero Cristo es el Rey que fue hecho Pastor y luego, retomó su gloria como Rey de reyes. David cantó el Salmo 23, pero Cristo es el Salmo 23. David tipificaba al Mesías, Jesús es el Mesías.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:9

Comentario general

2.9 Algunos dicen que no deberíamos celebrar Navidad, pero Dios mismo lo celebró enviando ángeles: cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: adórenle todos los ángeles de Dios (Heb. 1:6). Celebremos el nacimiento de Cristo enfocándonos en Él. ¡La Vida se nos manifestó! Es motivo de gran gloria y alegría. De momento, los pastores tuvieron gran temor a la gloria que se les manifestaba. Esto es común en los seres humanos, temor a la gloria. Suena como un contrasentido, pero es real. Es la atiquifobia o miedo al fracaso. Quienes padecen este mal, se sabotean a sí mismos; y algunos, religiosamente, hasta desarrollan doctrinas para justificar la pobreza, la mediocridad y el dolor. La mayoría de la gente, sin saberlo, teme ser gloriosa. Por eso teme al éxito, a hacer las cosas a lo grande, a tener riesgo. Y se achica como si esto añadiera gloria a Dios. La gente hace lo que Moisés ante la gloria: se cubre con un velo; el problema es que la gloria se va y la persona continúa velada.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:10

Comentario general

2.10 El temor es un enemigo invisible que sin aparecer jamás puede mantenerse siempre presente. Carece de poder, pero somete aun a los reyes. Es intangible, pero destruye reinos. El temor es la sombra de la muerte que necesita la fe de los mortales para existir. Y, aunque sean muchas las causas de los distintos temores que sufren los que moran en carne, uno solo es el remedio contra todas estas causas: el evangelio de Jesucristo. Este es el anuncio de los ángeles y el motivo no solo del gozo, sino de gran gozo. Alegría y felicidad infinitas que están disponibles para todos, como dijeron los ángeles: “para todo el pueblo.” El que quiera creer en el Mesías, será feliz.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:11

Comentario general

2.11 El nacimiento de Jesús tiene su tiempo histórico y cronológico (ve la nota 2.2), en el que pudo decirse: “ha nacido hoy”. También, hay un lugar geográfico que puede señalarse como el sitio donde Jesús nació: Belén, la misma aldea de donde procedía el rey David y el lugar que Dios profetizó par el nacimiento de su Hijo. Sin embargo, es necesario que también tenga un nacimiento en ti. Debe haber un momento en tu historia en el que Cristo nazca en tu corazón y Cristo sea dado a luz en tu vida. Podría ser hoy. Provocarás la fiesta en el cielo si así es. Sea Cristo tu Salvador y tu Señor. Es necesario que sea ambas cosas para que pueda ser cada una. Tienes al Salvador cuando lo reconoces Señor y ten por seguro que te salva bajo su autoridad. Cristo es la forma griega para Mesías, significa Ungido y se refiere a ungido como Rey, el Rey de Israel y por supuesto, del reino de Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:12

Comentario general

2.12 La señal fue un bebé recién nacido envuelto en pañales, ¿qué clase de señal es esa? La obra más grande que Dios hace para ti suele estar disfrazada de la cosa más trivial y cotidiana. ¿Ya viste la señal de Cristo en tu vida? Estás invitado a abrir los ojos espirituales. Una señal extraña para ser la confirmación del nacimiento del Mesías: ¿un bebé en pañales? No se trataba de una señal para reconocer a Jesús, sino una señal del misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne (1 Tim. 3:16). Es la señal del amor de Dios más grande: la deidad expresándose por medio de la carne, vaciado de sus atributos divinos al presentarse como un bebé, en pañales y humildemente en un pesebre de animales. ¡Glorioso e incalculable amor! ¿Cómo habríamos de ignorar esta señal y no rendirnos al Señor? Si se envolvió en pañales no habremos de envolvernos en orgullo. ¿Qué no se supone que las señales se distinguen de lo demás? La señal fue un bebé recién nacido envuelto en pañales, ¿qué clase de señal es esa? La obra más grande que Dios hace para ti suele estar disfrazada de la cosa más trivial y cotidiana. ¿Ya viste la señal de Cristo en tu vida? Está disfrazada de todo lo cotidiano que vives. Estamos rodeados de belleza, de orden, de color y de música. Mira atentamente, todo tiene una forma, un diseño, un color y un ritmo. ¡Es hermoso! ve bien. ve a Dios, hay buenas noticias suyas en la cotidianidad. Esto te lo recuerda la Navidad, un niño en un pesebre.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:13

Comentario general

2.13 La reacción más normal al ver la señal de Cristo es alabarle. Los ángeles irrumpieron en alabanzas. Los que ven a Cristo se alegran y alaban; los tristes están viendo cosas que les hacen sufrir. Los ángeles alaban en el cielo y en cuanto vieron el nacimiento de Cristo vinieron a alabarle. ¡El cielo se ha acercado! ¡Dios ha venido! ¡Alégrate! Quiero añadirte una gran verdad: detrás de un ángel hay una hueste, un ejército; tranquilízate, ten paz. Si pudieras ver cuán protegido estás, no volverías a preocuparte jamás.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:14

Comentario general

2.14 Dios creó todas las criaturas para manifestarse a ellas y todas las cosas para manifestarse por medio de ellas. Dicha manifestación es su gloria, pues resulta en la opinión (griego doxa, “gloria”) que se tiene de Él. Pero la gloria más sublime o más alta que se tiene de Dios es la manifestación que tiene en Cristo. Él es la imagen visible del Dios invisible; la gloria de Dios. En Cristo sabes quién es Dios. Como resultado de la manifestación de la gloria de Dios en Cristo, los hombres podemos tener lo que más necesitamos: paz y buena voluntad. No es paz a los hombres de buena voluntad como han dicho algunos, sino paz y buena voluntad, esto es, de Dios a los hombres. Qué mejor descripción de la gracia de Dios en Cristo que esta.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:15

Comentario general

2.15 Los pastores no solo escucharon la palabra de los ángeles, sino que fueron a confirmar que efectivamente era como ellos habían dicho. De poco te servirá haber recibido una palabra si no procuras su cumplimiento. La Palabra fue dada, ¿qué vas a hacer con ella? Algunos irán a ver a Cristo, pero otros seguirán en la oscuridad de su noche y de sus quehaceres. ¿Alguien sabe qué pasó con las ovejas? Ellos dijeron: «pasemos»; necesitas decirlo tú también. Debes pasar al otro lado, debes ir al punto de confirmar las Palabras de Dios, de ver con tus ojos el cumplimiento de las promesas. Dilo: «pasemos, pues… y veamos». Es hora de vivir lo que otros dijeron.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:16

Comentario general

2.16 Los pastores escucharon la palabra de Dios por medio de los ángeles a altas horas de la noche; pero no esperaron al otro día para ir a confirmar que efectivamente era así como les habían dicho. Fueron “apresuradamente”. ¿Supones que José dejó a María hospedada una semana en el pesebre? Si no te apresuras, el milagro no estará allí para cuando quieras ir a verlo. ¡Rápido! ¡Apresúrate!

— Roberto Tinoco

Lucas 2:17

Comentario general

2.17-18 Los que ven a Cristo hablan de Cristo. Una boca cerrada en el reino es producto de ojos cerrados que no ven al Rey del reino. Cuéntalo. Los pastores dieron a conocer, no sólo a José y a María lo que vieron respecto de los ángeles y el anuncio del nacimiento del Mesías, sino que, además, la Biblia dice que todos los que oyeron, se maravillaron, lo cual significa que lo dijeron a muchos más. No te quedes con las buenas noticias sólo para ti, ¡cuéntalas! Anúncialas, testifica a cuántos puedas. ¿Se maravilla la gente que te escucha? Hay colorantes para dar color a los alimentos, pero suele ocurrir que los mismos, también pintan la boca de quienes los consumen. Cuando hablas con otros, ¿has considerado de qué color queda su corazón? ¿Cómo te sientes tú después de conversar con un pesimista o mal hablado?

— Roberto Tinoco

Lucas 2:18

Comentario general

2.17-18 Los que ven a Cristo hablan de Cristo. Una boca cerrada en el reino es producto de ojos cerrados que no ven al Rey del reino. Cuéntalo. Los pastores dieron a conocer, no sólo a José y a María lo que vieron respecto de los ángeles y el anuncio del nacimiento del Mesías, sino que, además, la Biblia dice que todos los que oyeron, se maravillaron, lo cual significa que lo dijeron a muchos más. No te quedes con las buenas noticias sólo para ti, ¡cuéntalas! Anúncialas, testifica a cuántos puedas. ¿Se maravilla la gente que te escucha? Hay colorantes para dar color a los alimentos, pero suele ocurrir que los mismos, también pintan la boca de quienes los consumen. Cuando hablas con otros, ¿has considerado de qué color queda su corazón? ¿Cómo te sientes tú después de conversar con un pesimista o mal hablado?

— Roberto Tinoco

Lucas 2:19

Comentario general

2.19 Además de testificar, guarda la Palabra de Dios en tu corazón. María guardaba estas cosas en su corazón meditándolas –dice el Libro. ¿Qué significa esto? Varias cosas: primero, que no lo olvides; y segundo, hay un significado más profundo detrás de lo que has visto. Medita, musita la Biblia. Ve más allá de lo vivido; hay más allá dentro donde encontraste esto. Durante la segunda guerra mundial, se desarrolló un intrincado sistema de códigos para mandar mensajes encriptados, a fin de que los enemigos no conocieran los planes. El espionaje y el contraespionaje, sistemas de inteligencia trabajaron mucho en esto. Dios te ha enviado su palabra en un lenguaje claro y directo, pero detrás de la letra que lees, se encuentran códigos y encriptaciones, por decirlo así, más profundas y vivificantes. ¡Descúbrelas!

— Roberto Tinoco

Lucas 2:20

Comentario general

2.20 Todo el que conoce a Cristo cambia. No puedes tener un encuentro con Él reconociéndolo Mesías, sin glorificar y alabar a Dios. La Presencia del Señor en nosotros nos lleva a glorificar a Dios; es decir, darle honor por toda bondad y virtud. Asimismo, alabamos a Dios, elogiamos a Dios por sus maravillosas obras. Sabemos quién no lo ha conocido en que no lo alaba; y reconocemos al que carece de relación con Dios en que no publica sus virtudes. Como los pastores en esa bienaventurada noche, todo lo que hemos oído y visto sobre Cristo y en Cristo, es extraordinario, majestuoso, brillante. ¿Cómo no alabaremos a Dios si todo lo que escuchamos y vemos de su Hijo es digno de alabanza? Si oyes de verdad, le alabas; y si ves con el espíritu, lo adoras. Tu vida no puede ser la misma después de ver a Cristo.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:21

Comentario general

2.21 Tienes una cita con el Señor. Dios estableció para su pueblo un día específico en el que debían ser presentados a Dios todos los hijos varones. Era el día de la circuncisión, el día del Pacto y el día en el que ponían fin a la carnalidad (al menos simbólicamente). Tu también tienes una cita con el Señor; es el día del Pacto y en el que le pones fin a la carnalidad, no solo simbólicamente. Esta navidad el Señor debe ser tu prioridad. Todo funciona cuando las prioridades están en el orden correcto; y suele fracasarse solo por invertir prioridades a pesar de las habilidades. Prioridad viene del latín prios, que significa primero, anterior. Dios es antes que todo, es prioridad. Algunos aprovechan las fiestas para soltar la carne; pero los que hemos nacido de nuevo aprovechamos Navidad para ponerle fin. Que la carnalidad tema más que los pavos la Navidad.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:22

Comentario general

Según la ley de Moisés (Luc. 12:2-6), la mujer que tenía un hijo debía tener un cierto tiempo entre rituales para purificarse. Simboliza que todo hombre nace en pecado, es decir, inclinado a pecar por naturaleza; por lo que necesita entrar en Pacto con Dios para salvarse. Y cuando la ley hablaba de la purificación posparto, no estaba hablando en realidad sobre un asunto de higiene femenina, sino sobre la iglesia simbolizada en la mujer. La iglesia hace el trabajo de producir hijos para Dios, por lo cual el Señor agrega a la iglesia los que han de ser salvos (Hechos 2:47). La iglesia es una mujer que entra en santificación cada vez que le da hijos a Dios. Y, según la misma ley de Moisés, el hijo varón debía ser circuncidado a los ocho días de nacido, figura de resurrección, el octavo día o primero de la nueva semana, el día en el que Jesús resucitó (Mar. 16:9). La circuncisión cortaba simbólicamente la impureza del pecado en la carne (por eso se extendía el tiempo de purificación de la mujer cuando daba a luz a una mujer; y, cada vez que un creyente carece de circuncisión, la iglesia se extiende en su tiempo de santificación). Aunque Jesús no traía la naturaleza de pecado con Él, por cuanto no era hijo de José, sino de Dios (el hombre es quien trasmite dicha naturaleza), con todo, fue circuncidado para cumplir la ley y toda justicia. Y si Él fue circuncidado al octavo día, ¡cuánto más nosotros necesitamos la circuncisión del corazón y una nueva vida, la vida de resurrección!

— Roberto Tinoco

Lucas 2:23

Comentario general

2.23 El primogénito era llamado santo porque le pertenecía al Señor. El resto de los hijos era, por decirlo así, de la familia. Por esto mismo es que el primogénito recibía una doble porción de la herencia respecto de sus hermanos. Jesús es Hijo de Dios y también el Primogénito de la nueva creación. Pertenece al Señor y es el heredero de todas las cosas. En esto radica la enorme bendición de estar en Cristo: ¡somos tomados por santos, por herederos y por primogénitos por Dios! (Heb. 10:10; Rom. 8;17; Heb. 12:23).

— Roberto Tinoco

Lucas 2:24

Comentario general

2.24 José y María no presentaron lo se les ocurrió (desde Caín sabemos que no es una buena idea); sino que presentaron la ofrenda que Dios había pedido, dos tórtolas o dos palominos. Podrían pensar que esa ofrenda era muy sangrienta (uno para holocausto y el otro para expiación; uno lo quemaban y al otro lo sangraban), pero en realidad, tratándose de ofrenda, no importa nuestra opinión. Ofrendemos lo que Dios ha pedido, adoración, alabanza, ofrenda, diezmo, etc. Era la ofrenda de los pobres, lo que manifiesta que la familia de José no estaba pasando un buen momento financiero. El propósito de la ofrenda era sustituir la vida del primogénito, a fin de poder llevárselo consigo, ya que pertenecía al Señor (recuerda a Samuel dejado con el sacerdocio). Jesús pertenecía a Dios e, irónicamente, presentaron sustitución por quien habría de sustituirnos a todos delante de Dios. Presentamos ofrendas al Señor, pero todo es de Él. Por algo es que una tórtola se entregaba en holocausto para ser consumida en fuego y otra se desangraba para redimir o rescatar al niño.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:25

Comentario general

2.25 Todo hombre es un como un anciano, es frágil, los años ganarán. Pero a pesar de ser frágil, todo hombre tiene la oportunidad por la fe de “estar oyendo”, ser justo y ser piadoso. Entonces Navidad se transforma, para ese tipo de personas únicamente, en un motivo de consolación. Consuelo de todo lo malo que sucede en este mundo. El problema es que se busque el consuelo sin ser justo ni piadoso. Un hombre anciano como Simeón podría esperar cosas malas; achaques, necesidad y preocupaciones propias de su avanzada edad. Pero mira cómo el Espíritu Santo estaba sobre Simeón y él esperaba la consolación de Israel; es decir, la llegada del Mesías. Esperamos según lo que hay en nosotros: si está el Espíritu Santo, esperas al Señor; pero si está la duda, esperarás el mal. ¿Qué es lo que esperas? Eso es lo que hay en ti. Un hombre justo y piadoso no está esperando que las cosas se pongan peor en el mundo, sino la consolación de su pueblo. La esperanza es propia de los buenos corazones. Había un hombre bueno esperando la llegada del Mesías. Esperar la venida de Cristo es el enfoque del bien; otros están esperando al anticristo y el mal. El Espíritu Santo estaba sobre Simón, no dentro, sino sobre, como haciendo distinción de unción y Presencia. Es decir, el Espíritu Santo venía sobre los hombres, pero aún no los habitaba. Influía en ellos, pero comenzó a habitar hasta el Pentecostés. Es la promesa del Padre que solo podía cumplirse hasta que Cristo resucitara (Hechos 2:33).

— Roberto Tinoco

Lucas 2:26

Comentario general

2.26 El Espíritu Santo estaba sobre Simeón (vr. 25). No por nada era un hombre justo que esperaba el consuelo de Dios en Jesús. He visto a quienes hacen oraciones intensas buscando ser llenos del Espíritu, pero con vasijas sucias. Aquel que tiene sobre sí al Espíritu Santo, tiene también la revelación del Espíritu Santo. ¿Cuál es esta revelación? ¡Que te espera la vida y no la muerte en Cristo Jesús! No son supuestas revelaciones de juicio y de muerte, Navidad es revelación de vida, el nacimiento de la Vida. Tienes que ver al Ungido, a Jesús el Cristo. ¿Qué es lo que estás viendo? Unos ven problemas, otros, soledad, conflictos, y demás. Mira a Cristo, es Navidad. Existe un síndrome llamado “atención dispersa” (TDA) por el que un niño no puede concentrarse y se distrae fácilmente. Existen creyentes con atención dispersa, pendientes de todo, menos del Señor. Lo que el Espíritu Santo habla es maravilloso. Le dijo a Simeón que no moriría sin ver antes al Señor. Él nunca te hablará para mal, sino para avisarte el milagro o la bendición que vienen en camino. Aquellos que hablan malas noticias, ¿a quién estarán escuchando? El Espíritu Santo te anuncia que la buena vida no comienza hasta después de que mueres; sino que en esta vida vendrá sobre ti la Vida en abundancia, Cristo. Es un error enseñar a vivir hasta mañana: “el niño estará mejor cuando aprenda a hablar, lo bueno empieza cuando camina, cuando vaya a la escuela, cuando sea joven y se valga por sí mismo, cuando se gradúe, cuando trabaje, cuando se case, cuando tenga hijos, cuando se jubile, etc., y, por último, cuando muera en la otra vida”. La Vida es Cristo y se vive hoy. Como Simeón, si no has muerto es porque aun no ha terminado Dios contigo; y, también, porque tu no has terminado la asignación de tu vida. No mueras dejando cosas incompletas, vive hasta que digas cual Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia… (2 Tim. 4:7-8). Dios guardará tu vida y guárdala tu también. Cumple tu asignación.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:27

Comentario general

2.27 El Espíritu Santo guiaba a Simeón (y eso que aun no venía el Pentecostés); y lo movía hacia Cristo, lo llevaba al templo a encontrarse con Él. El Espíritu siempre te mueve hacia Cristo y hacia su Casa, la iglesia. Los que son guiados por el Espíritu de Dios son movidos hacia Dios. Mira a dónde vas para que sepas qué espíritu te mueve. Volvamos a ser como los primeros creyentes: guiados por el Espíritu Santo. Hacemos demasiado por nosotros mismos. Es como perderse en la era del GPS.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:28

Comentario general

2.28-30 Simeón tomó en los brazos a Jesús, es decir, fue guiado por el Espíritu Santo a encontrarse con Jesús para relacionarse con Jesús. No sirve de nada hallar la doctrina correcta sin relacionarse con Cristo; conocer versículos sin el Verbo. Tampoco encontrar la iglesia perfecta sin relacionarte con Jesús. Es como estar en la escuela perfecta y reprobar. Si te relacionas con Jesús, sin duda bendecirás a Dios. Los que blasfeman no le conocen. No podemos terminar esta vida en paz, a menos que la terminemos conforme a la Palabra de Dios. Pero, ¿cómo vivirás en una Palabra que no disfrutas diariamente? Cuando haces lo que haces, ¿por qué lo haces? ¿Consultaste la Palabra? Nuestra vida aquí no será plena, a menos que veamos al Salvador con los ojos de la fe. Es ver a Jesús en tu familia, en la iglesia, en la escuela y el trabajo, en la calle y en todo lugar. ¿Incompleto en la familia? No estás viendo a Jesús por no vivir en familia de acuerdo a la Palabra de Dios. ¿Insatisfecho en el trabajo? No estás viendo a Jesús por no trabajar según la Palabra de Dios. Que cuando salgas de esta vida estés satisfecho, pleno.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:29

Comentario general

2.28-30 Simeón tomó en los brazos a Jesús, es decir, fue guiado por el Espíritu Santo a encontrarse con Jesús para relacionarse con Jesús. No sirve de nada hallar la doctrina correcta sin relacionarse con Cristo; conocer versículos sin el Verbo. Tampoco encontrar la iglesia perfecta sin relacionarte con Jesús. Es como estar en la escuela perfecta y reprobar. Si te relacionas con Jesús, sin duda bendecirás a Dios. Los que blasfeman no le conocen. No podemos terminar esta vida en paz, a menos que la terminemos conforme a la Palabra de Dios. Pero, ¿cómo vivirás en una Palabra que no disfrutas diariamente? Cuando haces lo que haces, ¿por qué lo haces? ¿Consultaste la Palabra? Nuestra vida aquí no será plena, a menos que veamos al Salvador con los ojos de la fe. Es ver a Jesús en tu familia, en la iglesia, en la escuela y el trabajo, en la calle y en todo lugar. ¿Incompleto en la familia? No estás viendo a Jesús por no vivir en familia de acuerdo a la Palabra de Dios. ¿Insatisfecho en el trabajo? No estás viendo a Jesús por no trabajar según la Palabra de Dios. Que cuando salgas de esta vida estés satisfecho, pleno.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:30

Comentario general

2.28-30 Simeón tomó en los brazos a Jesús, es decir, fue guiado por el Espíritu Santo a encontrarse con Jesús para relacionarse con Jesús. No sirve de nada hallar la doctrina correcta sin relacionarse con Cristo; conocer versículos sin el Verbo. Tampoco encontrar la iglesia perfecta sin relacionarte con Jesús. Es como estar en la escuela perfecta y reprobar. Si te relacionas con Jesús, sin duda bendecirás a Dios. Los que blasfeman no le conocen. No podemos terminar esta vida en paz, a menos que la terminemos conforme a la Palabra de Dios. Pero, ¿cómo vivirás en una Palabra que no disfrutas diariamente? Cuando haces lo que haces, ¿por qué lo haces? ¿Consultaste la Palabra? Nuestra vida aquí no será plena, a menos que veamos al Salvador con los ojos de la fe. Es ver a Jesús en tu familia, en la iglesia, en la escuela y el trabajo, en la calle y en todo lugar. ¿Incompleto en la familia? No estás viendo a Jesús por no vivir en familia de acuerdo a la Palabra de Dios. ¿Insatisfecho en el trabajo? No estás viendo a Jesús por no trabajar según la Palabra de Dios. Que cuando salgas de esta vida estés satisfecho, pleno.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:31

Comentario general

2.31-32 Finalmente llego el momento de Simeón, aquel momento por el que esperó toda la vida. Solemos pensar que el momento de nuestra vida tiene que ver con nuestra alegría únicamente, pero la realidad es que el momento de nuestra vida tiene que ver con Jesús y su bendición a los demás. El momento de Simeón fue preparado por Dios en presencia de todos los pueblos. No que estuvieran ahí representantes de todos pueblos viendo, sino que lo que estaba sucediendo ahí tenía repercusión para todo el mundo. Luz de revelación y salvación para el mundo entero. Eso es Navidad y ese es el momento de Simeón. Tu momento fue diseñado por Dios no solo para ser tu momento, sino porque es parte de un engranaje perfecto que mueve todo el mundo. Eres una pieza muy importante en todo este movimiento. Un tornillo podría detener un viaje especial. Tu momento es muy importante para todo el mundo. Jesús es el Salvador y la Luz del mundo. Para Simeón era claro lo que para el resto de los judíos no: que el Mesías no venía con el propósito de hacerlos la nación más poderosa de la tierra que se enseñorease del mundo, sino para salvar a todo el mundo siendo Él únicamente el Señor. El misterio del Cuerpo de Cristo, misterio escondido en otro tiempo y que años después el apóstol Pablo revelará al mundo entero (Ef. 3), estaba ya siendo profetizado por el anciano Simeón. Sin duda hablaba por el Espíritu: los gentiles también serían salvos y miembros del mismo cuerpo por la obra del Mesías. La salvación de Dios es para todos los pueblos. Dios no hace acepción de personas (aunque algunos dicen que escoge a unos para condenación, los que creen en la predestinación se parecen a los que están a favor del aborto porque ellos ya nacieron). Navidad es luz, no más tinieblas por haber recibido al Salvador encarnado. Navidad es revelación para todos. En este caso dice gentiles, pues es como decir mundanos o pecadores. Comprensión espiritual del reino de Dios, eso es Navidad. Solía usarse con los niños la frase “¿cómo te portaste para recibir regalos esta Navidad?” Aunque Navidad es el regalo de Dios a todos, por pecadores que fuesen. “Gloria de tu pueblo Israel” -profetizó Simeón. Que Dios se hiciese carne es traer la gloria de Dios a los hombres. Por eso el apóstol Juan dijo: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14). Esta gloria entró a nosotros encarnándose de nuevo y haciéndonos gloriosos (aunque de momento la carne estorba a la manifestación de dicha gloria; Jesús se transfiguró para enseñar esto). Pero llegará el día en que seamos desvestidos de la carne y revestidos de gloria.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:32

Comentario general

2.31-32 Finalmente llego el momento de Simeón, aquel momento por el que esperó toda la vida. Solemos pensar que el momento de nuestra vida tiene que ver con nuestra alegría únicamente, pero la realidad es que el momento de nuestra vida tiene que ver con Jesús y su bendición a los demás. El momento de Simeón fue preparado por Dios en presencia de todos los pueblos. No que estuvieran ahí representantes de todos pueblos viendo, sino que lo que estaba sucediendo ahí tenía repercusión para todo el mundo. Luz de revelación y salvación para el mundo entero. Eso es Navidad y ese es el momento de Simeón. Tu momento fue diseñado por Dios no solo para ser tu momento, sino porque es parte de un engranaje perfecto que mueve todo el mundo. Eres una pieza muy importante en todo este movimiento. Un tornillo podría detener un viaje especial. Tu momento es muy importante para todo el mundo. Jesús es el Salvador y la Luz del mundo. Para Simeón era claro lo que para el resto de los judíos no: que el Mesías no venía con el propósito de hacerlos la nación más poderosa de la tierra que se enseñorease del mundo, sino para salvar a todo el mundo siendo Él únicamente el Señor. El misterio del Cuerpo de Cristo, misterio escondido en otro tiempo y que años después el apóstol Pablo revelará al mundo entero (Ef. 3), estaba ya siendo profetizado por el anciano Simeón. Sin duda hablaba por el Espíritu: los gentiles también serían salvos y miembros del mismo cuerpo por la obra del Mesías. La salvación de Dios es para todos los pueblos. Dios no hace acepción de personas (aunque algunos dicen que escoge a unos para condenación, los que creen en la predestinación se parecen a los que están a favor del aborto porque ellos ya nacieron). Navidad es luz, no más tinieblas por haber recibido al Salvador encarnado. Navidad es revelación para todos. En este caso dice gentiles, pues es como decir mundanos o pecadores. Comprensión espiritual del reino de Dios, eso es Navidad. Solía usarse con los niños la frase “¿cómo te portaste para recibir regalos esta Navidad?” Aunque Navidad es el regalo de Dios a todos, por pecadores que fuesen. “Gloria de tu pueblo Israel” -profetizó Simeón. Que Dios se hiciese carne es traer la gloria de Dios a los hombres. Por eso el apóstol Juan dijo: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14). Esta gloria entró a nosotros encarnándose de nuevo y haciéndonos gloriosos (aunque de momento la carne estorba a la manifestación de dicha gloria; Jesús se transfiguró para enseñar esto). Pero llegará el día en que seamos desvestidos de la carne y revestidos de gloria.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:33

Comentario general

2.33 José y María estaban maravillados, no como el orgullo normal de todos los padres, sino como quien ha recibido la visitación del cielo. No es común escuchar semejantes elogios para un hijo tuyo, esto era así por tratarse del Hijo de Dios. Con todo, la actitud normal de los padres ha de ser la de maravillarse e sus hijos. En ellos está la vida que el Señor ha permitido, a su imagen y semejanza. El Hijo de Dios no pudo pasar desapercibido ni en su nacimiento. La Vida del cielo tiene ese efecto y ocasiona lo mismo, aunque en menor grado, en todos aquellos que le recibieron. Causa maravillar e impresiona. Es Dios manifestado en carne.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:34

Comentario general

2.34-35 Veo los ojos de María dilatarse, no está mirando un cuchillo que corta el prepucio de su hijo, sino un presagio de los clavos del Calvario. Contiene la respiración, un peso le presiona el pecho y algo cortante comienza a introducirse en su corazón. Entonces escucha la voz de un anciano: “Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: he aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones” (Luc. 2:34-35). ¿Qué clase de bendición es esta? Se supone que una bendición hablará cosas bellas y hermosas y prometerá futuro maravilloso en larga y próspera vida; ¡pero le dice que su hijo provocará caídas y será una señal de escándalo! ¡Y remata asegurando que María sufrirá mucho a causa del niño como si una espada le atravesara el corazón! ¡Wow! …mejor no le hubiera dicho nada, pensamos de inmediato. Pero la envoltura de la bendición profética a veces no es un papel de colores. La espada traspasó el corazón de María en adolescencia de Jesús. María es una buena mujer, madre muy joven que cometió uno de esos errores que parecen imperdonables en el gremio de mamás: ¡olvidó a su hijo! ¡Y por tres días en una ciudad ajena a la suya! ¿Quién ha salido de viaje y olvidado a alguno de sus hijos? ¿Quién recordó que tenía otro hijo tres días después? En defensa de María debo decir que tenía al Hijo perfecto, a ese que todo lo hace bien, que jamás se equivoca ni desobedece en nada; era fácil suponer que venía en la caravana de familiares, después de todo, nunca se equivocó. Pero el templo es demasiado atractivo, Jesús se quedó ante los doctores de la ley como adolescentes en una tienda de video juegos, se le fue el tiempo y no escuchó cuando sus padres le ordenaron partir. Hablar de los negocios del Padre era emocionante en extremo. ¿Puedes quitarle el piano a Mozart? ¿Puedes esconderle para siempre el cincel a Miguel Ángel? ¡Tampoco puedes evitar al Hijo del Hombre hablar la Palabra de Dios! Así que María se desentendió del niño varios días, y cuando se dio cuenta que no venía con ellos ni con alguno de sus familiares, sintió de nuevo la espada, el dolor de perder a Cristo. Lo buscó entre todos; las lágrimas se asomaron a sus ojos al tiempo que los pensamientos negativos llenaban su cabeza. ¿Acaso no le fue encomendado el Hijo de Dios? ¿No deseaban las tinieblas y el infierno entero destruirlo? ¿No procuraron reyes su muerte? ¿Y si algo le había pasado? Regresaron cuán rápido pudiera José apurar a las bestias. Jerusalén es grande, ¿por dónde comenzar a buscar? ¿El mercado? No. ¿La sinagoga? Se aburrió allí. ¿La posada? No era afecto a estar solo, le gusta la gente. Cuando buscas a Jesús puedes perderte en tus propias necesidades, o en el humanismo o en la religión. ¿Dónde buscarlo? ¡Ah, en el templo! Recordaron cuán grandes ojos hizo al ver la Casa de Dios y cómo se impactó con los sacrificios; recordaron su boca abierta y su sonrisa emocionada al oír la lectura de la Ley y cómo gritó de alegría ante el sonido del shofar. No podía estar en otro lugar mejor que en el templo, así que fueron hacia allá. Y allí lo encontraron. Cómo toda madre asustada, descargó su alarma sobre su hijo reclamándole: “tu padre y yo te buscamos, ¿por qué nos has hecho así?” –es una pregunta válida para María, ridícula para la mente adolescente de Jesús: “¿por qué me buscabais? ¿no sabéis que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” –el no comprende para qué regresar a la pequeña Nazareth; ¿qué caso tiene retirarse del centro de la fe? Allí está la universidad teológica, allí suceden las cosas de Dios. Sin embargo, se sujetó a ellos y regresó a la aldea. La sujeción y respeto a la autoridad no siempre tiene sentido, pero siempre tiene recompensa. Una espada traspasó el corazón de María en el ministerio de Jesús. Pasando los años, una mañana de sábado, Jesús anuncia a su familia que habrá de dejarlos. Ha estado muy introspectivo los últimos días caminando por las calles y tomó la decisión de dedicarse al ministerio. María siente esa clásica punzada de dolor en el pecho que algunas veces le recuerdan la espada profetizada por Simeón… llegó la hora que tanto temía. Jesús era un hombre demasiado grande para estar escondido en una carpintería de una aldea cualquiera; y demasiado compasivo para permanecer toda la vida indiferente al dolor de la humanidad. Jesús toma lo básico y sale de casa. Al principio trataron de acompañarle y hacer del ministerio un asunto familiar (Juan 2:12); pero no es posible seguirle el paso a Jesús, no cuando eres su familia en la carne. Por lo que lo dejan. Al principio del ministerio las familias pastorales sufren mucho y no todos resisten. Lo próximo que escuchan es que se ha hecho de seguidores; no son unos cuantos locos que seguirían a cualquiera, son miles, la situación está tomando niveles alarmantes. Se habla del nuevo milagrero en todas partes; que sanó a un ciego, que limpió a un leproso, que habla como nadie. Pobres y ricos lo escuchan; ignorantes y letrados se asombran. Los religiosos ya comienzan a tener asambleas de advertencia acerca de Él. María siente la espada nuevamente: «¡lo van a matar!» Una tarde común, María ve llegar a uno de sus hijos llamado Jacobo corriendo apresuradamente. Casi sin aliento le cuenta lo que dicen de Jesús: «dijo ser el Hijo de Dios» (el secreto de María que casi le cuesta la vida treinta años antes está a punto de salir); «dicen que es el Rey, el Mesías libertador» (no tardan los romanos en echarle mano). Ahora la espada profetizada por Simeón llegó más hondo; dejó el trapo con el que limpiaba y ciñéndose a la carrera, María sale de casa, sus otros hijos, José, Simón y Judas se levantan para seguirla igualmente alarmados con Jacobo y sus hermanas. Cuando lo encuentran, tratan de aconsejarle: “sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno procura darse a conocer en secreto” (Juan 7:3-5). No creían en Él y suponían una vergüenza tenerle cerca, las mofas de la gente ya les alcanzaban, lo mismo que las visitas inesperadas a casa por causa de Él. Intentaron llevarlo consigo a una de las fiestas judías, lo suponían fuera de sí, era “el loco” de la familia. No mucho después, fueron por Él para llevarlo de regreso a casa, las cosas habían llegado a extremos escandalosos, era el Quijote persiguiendo molinos, «se hará daño si lo dejamos» -y fueron por Él, más no tuvieron éxito. La respuesta de Jesús fue contundente y radical: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Y señalando a los discípulos dijo: he aquí mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mar. 3:21, 31-35). Los hermanos eran incrédulos. María soportaba mucho dolor. El parentesco de la carne había sido sustituido por el parentesco del espíritu. Finalmente la espada traspasaría el corazón de María a los pies de una cruz: Pasó lo inevitable: fue puesto en una cruz y su madre estuvo al pie de la misma. La espada traspasó su corazón completamente. El amado rostro que tanto besó estaba lleno de sangre y deformado por los golpes, era una masa de carne abierta por los azotes, las espinas y el escarnio. Su hijo, su amado hijo respiraba con dificultad, más de una vez los soldados impidieron a María tratar de bajarlo de la cruz. ¿Ustedes creen que miraba impávida como las clásicas películas que transmiten en Pascua? ¡No! Les aseguro que si Jesús trató de impedir beber esa copa en el Getsemaní, María estuvo oponiéndose desde que nació. ¿Qué haces tú cuando tu amor se rompe? ¿Cómo reaccionas si tu esperanza es destrozada por clavos romanos? ¿De dónde sacarás ánimo para seguir viviendo sin Jesús? ¿Comprendes ahora cuál es la espada? ¡La espada es el dolor de perderle! Algunos lloran si pierden a la persona que aman románticamente; otros sufren si pierden su casa; y hay también quienes se suicidan ante la quiebra; ¡pero la espada que duele traspasando el corazón de los creyentes genuinos es la posibilidad de perder a Jesús! La espada traspasó el corazón de María a la entrada de una tumba: Por fin muere y María no sabe cómo bajar el precioso cuerpo de su hijo de la cruz. Un rico llamado José de Arimatea, que había sido discípulo en secreto, pide el cuerpo a Pilato y sin esperar más, en cuanto le es concedido, sube a la cruz a desclavarle. Se llena de sangre y con ello de la ignominia de saberse maldito y de no poder participar de la fiesta de Pascua; ¿a quién le importa comer un cordero cuando el Cordero de Dios está muerto? No puedes proteger el cuerpo de Cristo a menos que estés dispuesto a ensuciar tu propia reputación. Dios ama a los José’s y suele tenerlos en torno de su plan a lo largo de los siglos. María está allí, deteniendo sus pies, poniendo su hombro ante el cuerpo inerte. Luego José, envolviéndolo en una sábana blanca como quien trata de cubrir su vergüenza y devolverle honor, lo lleva a un sepulcro personal donde sepultarlo. María ha estado en todo el proceso, ella detuvo su cabeza para que no golpease con tierra; ella lavó su cuerpo junto a las otras fieles mujeres que le seguían para envolverle en las mortajas mortuorias entre perfumes y aloes. La espada está allí en su corazón; humanamente perdió a Jesús y le quedó sólo el dolor, pero sigue amando con fidelidad. Hay quienes sólo serán cristianos si el dolor se va y la prosperidad les rodea, pero no los que aman a Cristo con amor inalterable, para ellos será la gracia de Dios (Ef. 6:24). Permíteme una aplicación más: María es la ilustración de la iglesia, en nosotros también Cristo es formado y dado a luz para ser manifestado en gloria. Nuestro peor temor no debe ser perder alguno de los beneficios de esta vida, sino perderlo a Él. Teme abortarle y sufre ante la posibilidad de no tener la manifestación de su Presencia. Algunos consideran esto imposible, carecen de espada, con tal de no sufrir ensordecieron su conciencia con doctrinas. No los culpo, pregúntenle a María, ella también hubiera querido vivir con la confianza absoluta de que nunca estaría sin Jesús. Se dice que la cruz es negarse a sí mismo; pero, ¿qué me dices de la cruz en la que es Cristo quien muere? La cruz de sufrir por no vivir a Cristo plenamente. Para mí la cruz ya no es dejar de vivir yo, sino el dolor de que Cristo no esté viviendo en mí completamente. La espada es el dolor de perder a Cristo. Simeón profetizó al final: y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones”. Los corazones se definen cuando decides qué es lo que más te dolería en esta vida, si perder lo tuyo o perderlo a Él.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:35

Comentario general

2.34-35 Veo los ojos de María dilatarse, no está mirando un cuchillo que corta el prepucio de su hijo, sino un presagio de los clavos del Calvario. Contiene la respiración, un peso le presiona el pecho y algo cortante comienza a introducirse en su corazón. Entonces escucha la voz de un anciano: “Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: he aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones” (Luc. 2:34-35). ¿Qué clase de bendición es esta? Se supone que una bendición hablará cosas bellas y hermosas y prometerá futuro maravilloso en larga y próspera vida; ¡pero le dice que su hijo provocará caídas y será una señal de escándalo! ¡Y remata asegurando que María sufrirá mucho a causa del niño como si una espada le atravesara el corazón! ¡Wow! …mejor no le hubiera dicho nada, pensamos de inmediato. Pero la envoltura de la bendición profética a veces no es un papel de colores. La espada traspasó el corazón de María en adolescencia de Jesús. María es una buena mujer, madre muy joven que cometió uno de esos errores que parecen imperdonables en el gremio de mamás: ¡olvidó a su hijo! ¡Y por tres días en una ciudad ajena a la suya! ¿Quién ha salido de viaje y olvidado a alguno de sus hijos? ¿Quién recordó que tenía otro hijo tres días después? En defensa de María debo decir que tenía al Hijo perfecto, a ese que todo lo hace bien, que jamás se equivoca ni desobedece en nada; era fácil suponer que venía en la caravana de familiares, después de todo, nunca se equivocó. Pero el templo es demasiado atractivo, Jesús se quedó ante los doctores de la ley como adolescentes en una tienda de video juegos, se le fue el tiempo y no escuchó cuando sus padres le ordenaron partir. Hablar de los negocios del Padre era emocionante en extremo. ¿Puedes quitarle el piano a Mozart? ¿Puedes esconderle para siempre el cincel a Miguel Ángel? ¡Tampoco puedes evitar al Hijo del Hombre hablar la Palabra de Dios! Así que María se desentendió del niño varios días, y cuando se dio cuenta que no venía con ellos ni con alguno de sus familiares, sintió de nuevo la espada, el dolor de perder a Cristo. Lo buscó entre todos; las lágrimas se asomaron a sus ojos al tiempo que los pensamientos negativos llenaban su cabeza. ¿Acaso no le fue encomendado el Hijo de Dios? ¿No deseaban las tinieblas y el infierno entero destruirlo? ¿No procuraron reyes su muerte? ¿Y si algo le había pasado? Regresaron cuán rápido pudiera José apurar a las bestias. Jerusalén es grande, ¿por dónde comenzar a buscar? ¿El mercado? No. ¿La sinagoga? Se aburrió allí. ¿La posada? No era afecto a estar solo, le gusta la gente. Cuando buscas a Jesús puedes perderte en tus propias necesidades, o en el humanismo o en la religión. ¿Dónde buscarlo? ¡Ah, en el templo! Recordaron cuán grandes ojos hizo al ver la Casa de Dios y cómo se impactó con los sacrificios; recordaron su boca abierta y su sonrisa emocionada al oír la lectura de la Ley y cómo gritó de alegría ante el sonido del shofar. No podía estar en otro lugar mejor que en el templo, así que fueron hacia allá. Y allí lo encontraron. Cómo toda madre asustada, descargó su alarma sobre su hijo reclamándole: “tu padre y yo te buscamos, ¿por qué nos has hecho así?” –es una pregunta válida para María, ridícula para la mente adolescente de Jesús: “¿por qué me buscabais? ¿no sabéis que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” –el no comprende para qué regresar a la pequeña Nazareth; ¿qué caso tiene retirarse del centro de la fe? Allí está la universidad teológica, allí suceden las cosas de Dios. Sin embargo, se sujetó a ellos y regresó a la aldea. La sujeción y respeto a la autoridad no siempre tiene sentido, pero siempre tiene recompensa. Una espada traspasó el corazón de María en el ministerio de Jesús. Pasando los años, una mañana de sábado, Jesús anuncia a su familia que habrá de dejarlos. Ha estado muy introspectivo los últimos días caminando por las calles y tomó la decisión de dedicarse al ministerio. María siente esa clásica punzada de dolor en el pecho que algunas veces le recuerdan la espada profetizada por Simeón… llegó la hora que tanto temía. Jesús era un hombre demasiado grande para estar escondido en una carpintería de una aldea cualquiera; y demasiado compasivo para permanecer toda la vida indiferente al dolor de la humanidad. Jesús toma lo básico y sale de casa. Al principio trataron de acompañarle y hacer del ministerio un asunto familiar (Juan 2:12); pero no es posible seguirle el paso a Jesús, no cuando eres su familia en la carne. Por lo que lo dejan. Al principio del ministerio las familias pastorales sufren mucho y no todos resisten. Lo próximo que escuchan es que se ha hecho de seguidores; no son unos cuantos locos que seguirían a cualquiera, son miles, la situación está tomando niveles alarmantes. Se habla del nuevo milagrero en todas partes; que sanó a un ciego, que limpió a un leproso, que habla como nadie. Pobres y ricos lo escuchan; ignorantes y letrados se asombran. Los religiosos ya comienzan a tener asambleas de advertencia acerca de Él. María siente la espada nuevamente: «¡lo van a matar!» Una tarde común, María ve llegar a uno de sus hijos llamado Jacobo corriendo apresuradamente. Casi sin aliento le cuenta lo que dicen de Jesús: «dijo ser el Hijo de Dios» (el secreto de María que casi le cuesta la vida treinta años antes está a punto de salir); «dicen que es el Rey, el Mesías libertador» (no tardan los romanos en echarle mano). Ahora la espada profetizada por Simeón llegó más hondo; dejó el trapo con el que limpiaba y ciñéndose a la carrera, María sale de casa, sus otros hijos, José, Simón y Judas se levantan para seguirla igualmente alarmados con Jacobo y sus hermanas. Cuando lo encuentran, tratan de aconsejarle: “sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno procura darse a conocer en secreto” (Juan 7:3-5). No creían en Él y suponían una vergüenza tenerle cerca, las mofas de la gente ya les alcanzaban, lo mismo que las visitas inesperadas a casa por causa de Él. Intentaron llevarlo consigo a una de las fiestas judías, lo suponían fuera de sí, era “el loco” de la familia. No mucho después, fueron por Él para llevarlo de regreso a casa, las cosas habían llegado a extremos escandalosos, era el Quijote persiguiendo molinos, «se hará daño si lo dejamos» -y fueron por Él, más no tuvieron éxito. La respuesta de Jesús fue contundente y radical: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Y señalando a los discípulos dijo: he aquí mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mar. 3:21, 31-35). Los hermanos eran incrédulos. María soportaba mucho dolor. El parentesco de la carne había sido sustituido por el parentesco del espíritu. Finalmente la espada traspasaría el corazón de María a los pies de una cruz: Pasó lo inevitable: fue puesto en una cruz y su madre estuvo al pie de la misma. La espada traspasó su corazón completamente. El amado rostro que tanto besó estaba lleno de sangre y deformado por los golpes, era una masa de carne abierta por los azotes, las espinas y el escarnio. Su hijo, su amado hijo respiraba con dificultad, más de una vez los soldados impidieron a María tratar de bajarlo de la cruz. ¿Ustedes creen que miraba impávida como las clásicas películas que transmiten en Pascua? ¡No! Les aseguro que si Jesús trató de impedir beber esa copa en el Getsemaní, María estuvo oponiéndose desde que nació. ¿Qué haces tú cuando tu amor se rompe? ¿Cómo reaccionas si tu esperanza es destrozada por clavos romanos? ¿De dónde sacarás ánimo para seguir viviendo sin Jesús? ¿Comprendes ahora cuál es la espada? ¡La espada es el dolor de perderle! Algunos lloran si pierden a la persona que aman románticamente; otros sufren si pierden su casa; y hay también quienes se suicidan ante la quiebra; ¡pero la espada que duele traspasando el corazón de los creyentes genuinos es la posibilidad de perder a Jesús! La espada traspasó el corazón de María a la entrada de una tumba: Por fin muere y María no sabe cómo bajar el precioso cuerpo de su hijo de la cruz. Un rico llamado José de Arimatea, que había sido discípulo en secreto, pide el cuerpo a Pilato y sin esperar más, en cuanto le es concedido, sube a la cruz a desclavarle. Se llena de sangre y con ello de la ignominia de saberse maldito y de no poder participar de la fiesta de Pascua; ¿a quién le importa comer un cordero cuando el Cordero de Dios está muerto? No puedes proteger el cuerpo de Cristo a menos que estés dispuesto a ensuciar tu propia reputación. Dios ama a los José’s y suele tenerlos en torno de su plan a lo largo de los siglos. María está allí, deteniendo sus pies, poniendo su hombro ante el cuerpo inerte. Luego José, envolviéndolo en una sábana blanca como quien trata de cubrir su vergüenza y devolverle honor, lo lleva a un sepulcro personal donde sepultarlo. María ha estado en todo el proceso, ella detuvo su cabeza para que no golpease con tierra; ella lavó su cuerpo junto a las otras fieles mujeres que le seguían para envolverle en las mortajas mortuorias entre perfumes y aloes. La espada está allí en su corazón; humanamente perdió a Jesús y le quedó sólo el dolor, pero sigue amando con fidelidad. Hay quienes sólo serán cristianos si el dolor se va y la prosperidad les rodea, pero no los que aman a Cristo con amor inalterable, para ellos será la gracia de Dios (Ef. 6:24). Permíteme una aplicación más: María es la ilustración de la iglesia, en nosotros también Cristo es formado y dado a luz para ser manifestado en gloria. Nuestro peor temor no debe ser perder alguno de los beneficios de esta vida, sino perderlo a Él. Teme abortarle y sufre ante la posibilidad de no tener la manifestación de su Presencia. Algunos consideran esto imposible, carecen de espada, con tal de no sufrir ensordecieron su conciencia con doctrinas. No los culpo, pregúntenle a María, ella también hubiera querido vivir con la confianza absoluta de que nunca estaría sin Jesús. Se dice que la cruz es negarse a sí mismo; pero, ¿qué me dices de la cruz en la que es Cristo quien muere? La cruz de sufrir por no vivir a Cristo plenamente. Para mí la cruz ya no es dejar de vivir yo, sino el dolor de que Cristo no esté viviendo en mí completamente. La espada es el dolor de perder a Cristo. Simeón profetizó al final: y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones”. Los corazones se definen cuando decides qué es lo que más te dolería en esta vida, si perder lo tuyo o perderlo a Él.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:36

Comentario general

2.36 Un corazón que ayuna por gracia. Se llamaba Ana, que significa “gracia”. Esta mujer parecía tener el corazón de aquella primer Ana, esposa de Elcana que dejó de comer y clamó en oración profundamente para que se le concediera como hijo al gran Samuel, el fiel profeta y último de los jueces de Israel. Posiblemente la vida de aquella primera Ana le inspiraba. Inspírate en las vidas de aquellos que amando a Dios le han servido profunda y dedicadamente. Era hija de Fanuel, que significa “rostro de Dios». Ese es un corazón de gracia, fruto de estar en Presencia de Dios. De la tribu de Aser, que significa “feliz”. Quien habita en su Presencia es de la tribu feliz. Ayunar por gracia es ayunar para que Dios sea propicio (como Esdras y Ester); que Dios esté a favor; que te vaya bien en la vida. Un corazón que ayuna por Palabra. Ana era profetisa. La Biblia menciona a muchas mujeres profetas: por ejemplo a María hermana de Moisés, Débora, Ana; y en el Nuevo Testamento tenemos por ejemplo a Ana; además de las hijas de Felipe el evangelista, cuyas hijas eran profetas. Se menciona incluso una Junias como apóstol. Y en las listas de Pablo sobre los pastores y las pastoras (presbíteros y presbíteras; en griego presbútes y presbítes) se mencionan los requisitos para que la mujer pueda ser pastora. Porque era profetisa ayunaba; ¿te imaginas la clase de Palabra que tendría una mujer que llevaba 84 años sirviendo a Dios con ayunos y oraciones? Si realmente quieres una boca poderosa, ten un estómago entrenado.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:37

Comentario general

2.37 El versículo anterior dice que era viuda desde hacía 84 años y en el presente versículo que servía a Dios desde entonces. Era un corazón que servía a Dios ayunando por amor. Tenía muchos años dedicada a Dios, podríamos hacer un calculo: supongamos que la casaron a los 14 años y duró 7 años hasta que murió su marido, tendría 21 años de edad. Así que decidió no volver a casarse para dedicarse a Dios. Le dedicó hasta ese momento 84 años, ¡tenía al momento 105 años de edad! Toda una vida para Dios. Algunas Biblias lo traducen que era viuda hasta los 84 años, pero el texto griego dice que tenía 84 años viuda. Dijo san Agustín: el ayuno no es cosa del estómago, sino del corazón. Una mujer tan avanzada en años tendría buenas razones físicas para no ayunar, pero tenía mejores razones espirituales para hacerlo. El primer pecado fue por un alimento; he allí porque es tan poderoso el ayuno. Satanás dirá que no hay nada de malo y no miente en ello; pero trata de privarte de todo lo que sí hay de bueno. Es un corazón que ayuna para servir a Dios. ¡Vaya manera de servir! Tenía definido su lugar de servicio: no se apartaba del templo. Se presentó en la misma hora en la que fue presentado Jesús. Alguien que está siempre en el templo estará también en los momentos gloriosos en los que Dios se manifieste. Tenía definido su tiempo de servicio: sirviendo de noche y de día. Para algunos, el servicio a Dios depende del buen tiempo. Tenía definido su forma de servicio: con ayunos y oraciones. Muchos piden púlpito y sueñan con multitudes; otros quieren dones de sanidades y milagros; pero los que hacen posible la manifestación de Dios y los avivamientos son los que buscan servir con ayunos y oraciones.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:38

Comentario general

2.38 Presentándose en la misma hora daba gracias a Dios. Una mujer anciana que no tenía sus ojos en el pasado. Te volviste viejo cuando tienes más recuerdos que planes. Una mujer anciana que no tenía su corazón en los achaques. Los niños intercambian juguetes y los ancianos medicinas; Ana no era así. Era una mujer anciana llena de agradecimiento. Ana hablaba del Niño en el templo a los que esperaban la redención de Jerusalén. En el templo es fácil suponer que vienen buscando a Dios; pero como no podemos saber quiénes sí esperan y quienes no esperan la redención afuera, ¡hablemos a todos! Años ayunando, hasta que llegó el momento de soltar el mensaje; así que abrió las compuertas de su alma como una gran represa.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:39

Comentario general

2.39 Desde el nacimiento del Señor Jesús, su vida estuvo ajustada a la Ley de Dios que había sido dada por medio de Moisés. Jesús cumplió la ley. Nuestra salvación dependió de eso. ¡Gracias a Dios por la obediencia de Cristo! Ahora nosotros debemos estar sujetos a la ley de Cristo, el amor. ¿Acaso no está en nosotros, aquel que cumple la ley? Después de presentar a Jesús ante Dios y circuncidarle, José y María volvieron a Galilea, a su ciudad Nazaret. No se trataba de la zona más propicia para desarrollar la vida religiosa, la cual, dicho sea de paso, sucedía en Jerusalén, alrededor del templo. Sin embargo, Jesús no creció conforme la religión y fuerza humana, sino de acuerdo a la Vida indestructible que estaba en Él. Tu contexto no te va a definir más que tu interior. Solo la vida inferior culpa al medio ambiente de su derrota.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:40

Comentario general

2.40 La vida del Señor Jesús es una gran ilustración de lo que debe ser la vida de la iglesia. El cuerpo de carne del Salvador es figura del Cuerpo mistico de Cristo, la iglesia. Por eso dice la Palabra que crecía. El niño Jesús se hacía grande desarrollándose normalmente, conforme a la vida natural. La iglesia también debe crecer y ser grande; desarrollándose sobrenaturalmente, conforme a la vida espiritual. Jesús se fortalecía, pasó de la debilidad e la infancia a la fuerza de la juventud, convirtiéndose en un Hombre, en toda la extensión de la palabra. La iglesia también, como Cuerpo de Cristo, debe fortalecerse. No somos una organización débil; sino un organismo fuerte. La iglesia tiene la presencia del Nuevo Hombre con influencia social. Jesús se llenó de sabiduría conforme avanzabva su edad, su observación y su estudio (pues memorizó las Escrituras). No fue el adolescente típico, sino un Hombre de Dios desde el principio. Él es la sabiduría de Dios, por lo que su sabiduría era notable. La gracia de Dios era sobre Jesús. Todo le salía bien. Fue carpintero hasta los treinta años y no tuvo una sola cicatriz (solo así podría ser ofrenda a Dios como cordero). Vivía como si tuviera semáforos en verde, agradable a todos y comportándose de acuerdo a la gracia de Dios, con excelencia. El Hombre más carismático y atractivo de la historia. El más hermoso de los hijos de los hombres y el que mejor ha hablado jamás, con la gracia de Dios derramada en sus labios (Salmo 45:2). El postrer Adán, perfecto como el primero. No se parecía a José, pues era Hijo de Dios. Jamás cometía errores, ni enfermaba; y si no hubiese tenido que morir por nosotros dando su espíritu voluntariamente, no había muerto. ¿Qué voz tiene este Hombre que predica a las multitudes desde una barca en el mar? ¿Quién es Jesús, que nunca peleó con Él una mujer y que podían seguirlo las mujeres de pueblo en pueblo sirviéndole con sus bienes? ¿Qué clase de Hombre es, que los niños se juntan a su derredor atraídos por su alegría? Todo lo hizo bien, su disciplina era tal, que dobló los lienzos en la tumba. Su cerebro no venía de pecado, por lo que lo usaba completamente, genio en todas las especialidades, pues no estaba afectado por la caída. Lo acusaron de comer en demasía, pues la comida no lo dañaba ni el vino. Jesús, el Hombre perfecto en todo su ser.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:41

Comentario general

2.41 Todo judío que se preciaba de su fe y cultura nacional, debía ir año con año a celebrar la Pascua a Jerusalén. De hecho, solían subir al Templo por lo menos en tres ocasiones al año, con motivo de las tres fiestas principales del judaísmo: Pascua, Pentecostés y la fiesta de los tabernáculos. José y María eran esa clase de matrimonios piadosos que cumplían con esto, sin importar lo caro e incómodo que esto pudiese ser. Un gran ejemplo para los creyentes de todos los tiempos, que, piadosos en la fe, no ponemos excusas para dejar de congregarnos.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:42

Comentario general

2.42 A los doce años inicia la adolescencia. Una etapa de vida peligrosa y temporal. Pero Jesús no era un adolescente común. En la edad cuyos años representan el reino, Jesús se sentía listo para iniciar el ministerio. No lo estaba, pero tal era su crecimiento. Todos los hombres pasamos la vida entera para entender lo que Jesús ya dominaba a los doce años: que en los negocios del Padre debe estar. El propósito de esta visita a los doce años era ser examinado por los rabinos y si era aprobado, ser tenido por “hijo de la ley”. Todo varón debía pasar por esto, especialmente el primogénito y esto si sus padres obedecían las costumbres de su fe. Pero más allá de que Jesús fuera examinado, el día, convertido en tres, terminó siendo un examen para los doctores de la ley. Jesús era un genio en las Escrituras, tanto en su memorización como en su comprensión. Él es nuestro Salvador y sus pasos nuestro camino.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:43

Comentario general

2.43 Ninguna mujer olvidaría a su hijo y jamás padres se desentenderían de un hijo de doce años por tres días en una metropolí distinta su lugar; lo cual significa que Jesús no había sido un hijo común, sin extraordinario. El niño que jamás se lastima ni se mete en problemas. El que todo lo hace bien. Cien por ciento confiable, al punto de dejarlo solo entre la multitud. Jesús siempre estaba bien. Era Dios en carne. No tenían que saber José ni María que Jesús se había quedado en Jerusalén, pues Jesús jamás haría algo malo. Su obediencia era perfecta. El Hombre sin error ni falta. El único que podía salvarnos. Esto es maravilloso, si Él vive en nosotros debe verse el cambio.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:44

Comentario general

2.44 Lee la nota anterior. Jesús era perfecto y extraordinario, sus padres podían estar confiados en Él, al punto de poderse ir todo un día de camino de regreso a su ciudad, sin confirmar acerca de la presencia de Jesús con ellos. En ocasiones sucede algo semejante a los creyentes. Sabiendo de la bondad del Señor Jesús, perdemos su Presencia confiados en que va con nosotros y nos vamos de camino según nos parece. Fe prestada, pensamos equivocadamente que sí va con nuestros cercanos, también va con nosotros, pero cada uno debemos confirmar nuestra relación con Él. Buscamos a Jesús entre parientes y conocidos, cuando deberíamos tenerlo en el corazón. No sigas el viaje de la vida sin Jesús en tu interior. Fueron a la fiesta y cuando la fiesta terminó, sus padres regresaron, más Jesús no iba con ellos. En esto consiste la vida, cuando la fiesta se acabe, sólo quedará lo que hayamos negociado.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:45

Comentario general

2.45-47 Si no hayas a Jesús en los demás, búscalo en ti personalmente. En menor o mayor grado, todos somos negociantes. Negociamos el tiempo, la vida, etc. No todo trata de dinero, pero sí se trata de negocios. Y no tenemos lo que merecemos, sino lo que negociamos. Dios es un negociante por excelencia; Él es llamado “el Dios de Pactos”; ¿por qué? Porque estableció con la humanidad por lo menos ocho pactos. ¿Y qué es un pacto? ¿Acaso no es un negocio entre dos o más personas? Jesús entendía esto perfectamente a los doce años de edad. Vemos a Jesús en el templo, siendo aún un niño, oyendo y preguntando asiduamente a los doctores de la ley. Estaba ávido de aprender. Gran ejemplo para los adolescentes de hoy. Todos se sorprendían por sus preguntas y respuestas; la genial inteligencia en Jesús consistía en estar en el lugar correcto con la actitud correcta. La Palabra enseña que la inteligencia es apartarse del mal (Job 28:28); ¿por qué no estaba Jesús con los demás adolescentes divirtiéndose fuera del templo? Porque era inteligente. ¿Quieres saber qué tan inteligente eres? Eso no te lo dice una prueba de tu coeficiente; sabrás qué tan inteligente eres en medida que te involucres en los negocios del Padre. Todos se maravillaban de la inteligencia de Jesús; la medida de la inteligencia es equivalente al entendimiento de los negocios del Padre.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:46

Comentario general

2.45-47 Si no hayas a Jesús en los demás, búscalo en ti personalmente. En menor o mayor grado, todos somos negociantes. Negociamos el tiempo, la vida, etc. No todo trata de dinero, pero sí se trata de negocios. Y no tenemos lo que merecemos, sino lo que negociamos. Dios es un negociante por excelencia; Él es llamado “el Dios de Pactos”; ¿por qué? Porque estableció con la humanidad por lo menos ocho pactos. ¿Y qué es un pacto? ¿Acaso no es un negocio entre dos o más personas? Jesús entendía esto perfectamente a los doce años de edad. Vemos a Jesús en el templo, siendo aún un niño, oyendo y preguntando asiduamente a los doctores de la ley. Estaba ávido de aprender. Gran ejemplo para los adolescentes de hoy. Todos se sorprendían por sus preguntas y respuestas; la genial inteligencia en Jesús consistía en estar en el lugar correcto con la actitud correcta. La Palabra enseña que la inteligencia es apartarse del mal (Job 28:28); ¿por qué no estaba Jesús con los demás adolescentes divirtiéndose fuera del templo? Porque era inteligente. ¿Quieres saber qué tan inteligente eres? Eso no te lo dice una prueba de tu coeficiente; sabrás qué tan inteligente eres en medida que te involucres en los negocios del Padre. Todos se maravillaban de la inteligencia de Jesús; la medida de la inteligencia es equivalente al entendimiento de los negocios del Padre.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:47

Comentario general

2.45-47 Si no hayas a Jesús en los demás, búscalo en ti personalmente. En menor o mayor grado, todos somos negociantes. Negociamos el tiempo, la vida, etc. No todo trata de dinero, pero sí se trata de negocios. Y no tenemos lo que merecemos, sino lo que negociamos. Dios es un negociante por excelencia; Él es llamado “el Dios de Pactos”; ¿por qué? Porque estableció con la humanidad por lo menos ocho pactos. ¿Y qué es un pacto? ¿Acaso no es un negocio entre dos o más personas? Jesús entendía esto perfectamente a los doce años de edad. Vemos a Jesús en el templo, siendo aún un niño, oyendo y preguntando asiduamente a los doctores de la ley. Estaba ávido de aprender. Gran ejemplo para los adolescentes de hoy. Todos se sorprendían por sus preguntas y respuestas; la genial inteligencia en Jesús consistía en estar en el lugar correcto con la actitud correcta. La Palabra enseña que la inteligencia es apartarse del mal (Job 28:28); ¿por qué no estaba Jesús con los demás adolescentes divirtiéndose fuera del templo? Porque era inteligente. ¿Quieres saber qué tan inteligente eres? Eso no te lo dice una prueba de tu coeficiente; sabrás qué tan inteligente eres en medida que te involucres en los negocios del Padre. Todos se maravillaban de la inteligencia de Jesús; la medida de la inteligencia es equivalente al entendimiento de los negocios del Padre.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:48

Comentario general

2.48-49 Lee la nota anterior. José y María se sorprendieron de hallar a Jesús en el Templo, ya que no estaban acostumbrados a que Jesús hiciera algo fuera de estar sujetos en obediencia a ellos. Y estaban asustados, pues María lo increpó como si hubiese desobedecido. Sin duda recordaba la profecía de Simeón, una espada traspasaría su corazón, pero aún no. Eran palabras de angustia. Pero Jesús sabía perfectamente quién era Él y para qué estaba en el mundo: “¿Por qué me buscabais?” Jesús se sorprendió de que sus padres le hayan buscado por tres días. ¿A dónde vas cuando buscas a Jesús? ¡A su Casa! Hay quienes no encuentran a Dios porque no le buscan en el lugar adecuado: la iglesia. Leen libros extraños y confían en sus fantasías llenándose de incredulidad; van de aquí para allá buscando a un dios a su medida. Termina tu búsqueda: Dios está en su Casa. Ve directo a su dirección en la tierra. Algunos me critican por la forma como hablo de la iglesia; dicen que eso es mercadotecnia; y en cierto modo tienen razón, sí es mercadotecnia, son los negocios del Padre. ¿Es válido que se usen medios de comunicación para vender alfileres y no para dar a conocer la dirección de Dios? ¿Se debe hablar de dónde comprar leche por dinero y no de dónde comprar vida eterna sin precio? ¿Está bien hacer invitaciones para llenar las salas de cine, pero no para llenar los centros de adoración? Y los que hablan en contra, ¿no usan la mercadotecnia para desacreditar el uso de la misma? “¿No sabíais...? ¿No les dieron un manual sobre mí? ¿No les explicaron quién soy?” Jesús se sorprendió de que se olvidaran momentáneamente quién era y dónde podría estar. Habían tenido revelaciones, voces de ángeles y sueños; pero de momento no lo recordaron. ¿Y no nos pasa lo mismo cuando nos preocupamos con los temores de esta vida? Cada vez que ponemos nuestros ojos en las cosas de este mundo nos llenamos de afanes y de preocupaciones olvidando lo que Dios ha dicho, promesas maravillosas de prosperidad. “En los negocios de mi Padre”. Nadie duda que Jesús fuera judío, pues éstas fueron sus primeras palabras. Cuando llevaron a Jesús al templo a los doce años fue para ser declarado “hijo de la ley”; esto es, considerado un hombre ante Dios, Él pensó: “si ya soy un hombre ante mi Padre, ¿por qué no quedarme en casa de una vez?” Se le hizo fácil no pedir permiso a sus padres terrenales. A los doce años Jesús ya entendía lo que a la mayoría de la gente le lleva toda la vida: que nuestra vida es un negocio y dicho negocio tiene que ver con la casa de Dios. ¿Cómo lo descubrió? ¿Existe un manual sobre mí o sobre mis hijos? Sí, le llaman Biblia. Jamás descubrirás quién eres hasta que te veas a ti mismo como un negocio. Esto es madurez. No es la edad cronológica lo que define la madurez; sino la responsabilidad con el reino de Dios. Puedes saber lo que quieres hacer en la vida; pero si lo que quieres hacer no está de acuerdo al reino de Dios, en realidad no sabes quién eres ni lo que quieres. Las primeras palabras que encontramos de Jesús sobre Dios es precisamente: “en los negocios de mi Padre”; y las últimas de su vida fueron: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿No es esto maravilloso? Él sabía las dos cosas más importantes que todo ser humano necesita saber: que Dios es nuestro Padre y que nuestra vida es un negocio del reino. Jamás sabrás quién eres hasta que no conozcas a Dios como Padre; y jamás sabrás a dónde vas o qué debes hacer hasta que mires tu vida como un negocio del reino. Esto me hace pensar en Jesús y su dedicación como ejemplo: qué fue lo que comió durante los tres días que se quedó en el templo sin sus padres y dónde durmió. La vida cristiana genuina consiste en que todo lo que haces, aún comer y dormir, lo haces para la gloria de Dios; es decir, planeas tus actividades personales alrededor de los negocios del reino y no a la inversa. Algunos pueden congregarse si el tiempo lo permite o si no hay juego de futbol; pero otros planean cuándo jugarán, según el calendario de los negocios del Padre; ¿a cuál grupo perteneces? Todo depende de si sabes o no de quién eres hijo. La traducción “los negocios del”, se traduce aún mejor como “en la casa de”. Los negocios de Dios se relacionan con su Casa, la iglesia. Jesús tenía un territorio al que llamaba casa. Actualmente Dios no habita en casas hechas por manos humanas, pero en tiempo de Jesús tampoco, pues Él mismo era la Casa de Dios; sin embargo, aunque la iglesia es la casa de Dios, también es cierto que ésta se reúne en un lugar desde el cual reina la ciudad. Esta vez la casa no es por causa de Dios, sino para referencia a los hombres.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:49

Comentario general

2.48-49 Lee la nota anterior. José y María se sorprendieron de hallar a Jesús en el Templo, ya que no estaban acostumbrados a que Jesús hiciera algo fuera de estar sujetos en obediencia a ellos. Y estaban asustados, pues María lo increpó como si hubiese desobedecido. Sin duda recordaba la profecía de Simeón, una espada traspasaría su corazón, pero aún no. Eran palabras de angustia. Pero Jesús sabía perfectamente quién era Él y para qué estaba en el mundo: “¿Por qué me buscabais?” Jesús se sorprendió de que sus padres le hayan buscado por tres días. ¿A dónde vas cuando buscas a Jesús? ¡A su Casa! Hay quienes no encuentran a Dios porque no le buscan en el lugar adecuado: la iglesia. Leen libros extraños y confían en sus fantasías llenándose de incredulidad; van de aquí para allá buscando a un dios a su medida. Termina tu búsqueda: Dios está en su Casa. Ve directo a su dirección en la tierra. Algunos me critican por la forma como hablo de la iglesia; dicen que eso es mercadotecnia; y en cierto modo tienen razón, sí es mercadotecnia, son los negocios del Padre. ¿Es válido que se usen medios de comunicación para vender alfileres y no para dar a conocer la dirección de Dios? ¿Se debe hablar de dónde comprar leche por dinero y no de dónde comprar vida eterna sin precio? ¿Está bien hacer invitaciones para llenar las salas de cine, pero no para llenar los centros de adoración? Y los que hablan en contra, ¿no usan la mercadotecnia para desacreditar el uso de la misma? “¿No sabíais...? ¿No les dieron un manual sobre mí? ¿No les explicaron quién soy?” Jesús se sorprendió de que se olvidaran momentáneamente quién era y dónde podría estar. Habían tenido revelaciones, voces de ángeles y sueños; pero de momento no lo recordaron. ¿Y no nos pasa lo mismo cuando nos preocupamos con los temores de esta vida? Cada vez que ponemos nuestros ojos en las cosas de este mundo nos llenamos de afanes y de preocupaciones olvidando lo que Dios ha dicho, promesas maravillosas de prosperidad. “En los negocios de mi Padre”. Nadie duda que Jesús fuera judío, pues éstas fueron sus primeras palabras. Cuando llevaron a Jesús al templo a los doce años fue para ser declarado “hijo de la ley”; esto es, considerado un hombre ante Dios, Él pensó: “si ya soy un hombre ante mi Padre, ¿por qué no quedarme en casa de una vez?” Se le hizo fácil no pedir permiso a sus padres terrenales. A los doce años Jesús ya entendía lo que a la mayoría de la gente le lleva toda la vida: que nuestra vida es un negocio y dicho negocio tiene que ver con la casa de Dios. ¿Cómo lo descubrió? ¿Existe un manual sobre mí o sobre mis hijos? Sí, le llaman Biblia. Jamás descubrirás quién eres hasta que te veas a ti mismo como un negocio. Esto es madurez. No es la edad cronológica lo que define la madurez; sino la responsabilidad con el reino de Dios. Puedes saber lo que quieres hacer en la vida; pero si lo que quieres hacer no está de acuerdo al reino de Dios, en realidad no sabes quién eres ni lo que quieres. Las primeras palabras que encontramos de Jesús sobre Dios es precisamente: “en los negocios de mi Padre”; y las últimas de su vida fueron: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿No es esto maravilloso? Él sabía las dos cosas más importantes que todo ser humano necesita saber: que Dios es nuestro Padre y que nuestra vida es un negocio del reino. Jamás sabrás quién eres hasta que no conozcas a Dios como Padre; y jamás sabrás a dónde vas o qué debes hacer hasta que mires tu vida como un negocio del reino. Esto me hace pensar en Jesús y su dedicación como ejemplo: qué fue lo que comió durante los tres días que se quedó en el templo sin sus padres y dónde durmió. La vida cristiana genuina consiste en que todo lo que haces, aún comer y dormir, lo haces para la gloria de Dios; es decir, planeas tus actividades personales alrededor de los negocios del reino y no a la inversa. Algunos pueden congregarse si el tiempo lo permite o si no hay juego de futbol; pero otros planean cuándo jugarán, según el calendario de los negocios del Padre; ¿a cuál grupo perteneces? Todo depende de si sabes o no de quién eres hijo. La traducción “los negocios del”, se traduce aún mejor como “en la casa de”. Los negocios de Dios se relacionan con su Casa, la iglesia. Jesús tenía un territorio al que llamaba casa. Actualmente Dios no habita en casas hechas por manos humanas, pero en tiempo de Jesús tampoco, pues Él mismo era la Casa de Dios; sin embargo, aunque la iglesia es la casa de Dios, también es cierto que ésta se reúne en un lugar desde el cual reina la ciudad. Esta vez la casa no es por causa de Dios, sino para referencia a los hombres.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:50

Comentario general

2.50-51 Posiblemente Jesús se sentía listo para dedicarse a los negocios del Padre a los doce años de edad, pero lo cierto es que aún no era el tiempo correcto; necesitaba primero volver con sus padres a Nazaret y aprender el oficio familiar de carpintería. Mientras no dominas el oficio de vivir como hijo del hombre no dominarás el oficio de vivir como hijo de Dios. Jesús intentó empezar antes de tiempo; pero tenemos también aquellos que lo intentan después de tiempo. Los se pasan toda su vida viviendo para sí mismos, y el día que quieren involucrarse en los negocios del Padre no les queda mucho tiempo. Algunos sirven a Dios hasta que se jubilan de los negocios humanos; nunca entendieron que sus propios negocios debían hacerlos a la luz de la revelación de los negocios del Padre; esto es, que debían servir para la extensión del reino de los cielos. Eran sus minas a negociar. María guardaba todo esto en su corazón. Era lo suficientemente sabia para ver a Dios en carne. Retén las experiencias que tengas con Dios, las entiendas o no, algún día serán la vida que necesitas. Solo así podemos entender que María soportara la cruz, llevó suficiente depósito en el corazón para el día malo.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:51

Comentario general

2.50-51 Posiblemente Jesús se sentía listo para dedicarse a los negocios del Padre a los doce años de edad, pero lo cierto es que aún no era el tiempo correcto; necesitaba primero volver con sus padres a Nazaret y aprender el oficio familiar de carpintería. Mientras no dominas el oficio de vivir como hijo del hombre no dominarás el oficio de vivir como hijo de Dios. Jesús intentó empezar antes de tiempo; pero tenemos también aquellos que lo intentan después de tiempo. Los se pasan toda su vida viviendo para sí mismos, y el día que quieren involucrarse en los negocios del Padre no les queda mucho tiempo. Algunos sirven a Dios hasta que se jubilan de los negocios humanos; nunca entendieron que sus propios negocios debían hacerlos a la luz de la revelación de los negocios del Padre; esto es, que debían servir para la extensión del reino de los cielos. Eran sus minas a negociar. María guardaba todo esto en su corazón. Era lo suficientemente sabia para ver a Dios en carne. Retén las experiencias que tengas con Dios, las entiendas o no, algún día serán la vida que necesitas. Solo así podemos entender que María soportara la cruz, llevó suficiente depósito en el corazón para el día malo.

— Roberto Tinoco

Lucas 2:52

Comentario general

2.52 Creciendo de adentro hacia afuera. ¿En dónde se desarrolló Jesús de semejante modo? En Nazaret; esto es, en un ambiente que aparentemente no era el más apropiado. El crecimiento depende más de la vida interior que del ambiente exterior. Jesús se desarrolló bajo la autoridad de dos personas en apariencia insignificantes, José y María. Cualquiera pensaría en enviar al niño prodigio al Harvard de la época, a Jerusalén, a ser enseñado por los eruditos de su tiempo y donde estaba el templo y la cultura; sin embargo, el mayor crecimiento se obtiene de estar bajo autoridad. Antes de crecer en estatura hay que crecer en sabiduría. La vida es un negocio y la sabiduría es mayor que el oro y la plata (Prov. 16:16). Los malos comerciantes trabajan por dinero (todos los fracasados trabajan por dinero); pero los grandes comerciantes son impulsados por la sabiduría. Si pierdes tu dinero, pero tienes sabiduría lo volverás a hacer; pero si pierdes la sabiduría perderás finalmente tu dinero también. ¿Cómo creces en sabiduría? La pides a Dios (Stg. 1:5); y luego, amando y obedeciendo la Palabra de Dios: Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta (Dt. 4:6; Sal. 119:98). Crecer en estatura. No sólo necesitas ser sabio, sino también grande. Es verdad que el versículo trata acerca de la estatura física de Jesús, pero también ilustra la necesidad de ser grande para hacer los negocios de Dios. Los negocios del padre han de hacerse de acuerdo al padre; no pienses en pequeño, sino a lo grande. Sueña, visiona, piensa en grande. La iglesia requiere de personas que crecen, que tienen capacidades y potencial. No sirve de mucho querer estar en los negocios del Padre sin poder estarlo. Crece tus finanzas y tus bienes materiales. Crece la estatura de tus recursos. El reino necesita que seas grande. Cuando Dios sacó a Israel de Egipto lo sacó enriquecido en oro (Ex. 3:22), ¿para qué les serviría el oro en el desierto? Dios estaba pensando en el tabernáculo de Moisés (desafortunadamente hubo quienes lo usaron para un becerro de oro). Crecer en gracia. Jesús se sometió a sus padres terrenales y se desarrolló. Para crecer en gracia delante de Dios se necesita estar involucrado en los negocios de Dios; y para crecer en gracia delante de los hombres hay que estar sometido a las autoridades delegadas a los hombres. Una persona con gracia es aquella que le acompaña una especie de virtud que le permite el favor de Dios y de los hombres. Tú debes crecer en gracia, que cada día crezcas en el favor de Dios y de los hombres. ¿Cómo podemos crecer en gracia? Cuando eres una persona de bien que tiene misericordia del prójimo y es íntegro delante de Dios: Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres (Pr. 3:3-4). Permíteme algunas notas adicionales acerca del crecimiento equilibrado de Jesús. El crecimiento es propio de la vida. La vida no es estática, la muerte es estática; la vida crece constantemente. Por algo Dios prometió a Israel andar entre ellos y no sólo estar entre ellos. Todo aquello que deja de moverse comienza a morir; considera los miembros del cuerpo. Lo mismo sucede con el crecimiento, lo que deja de crecer comienza a morir, primero decrece y luego muere. Sea que hablemos de un cuerpo físico, una empresa o una familia, así como de una congregación, lo que sigue creciendo sigue viviendo y en cuanto deja de crecer corre peligro de comenzar a desaparecer. No podemos vivir a la defensiva; mira los deportes, el equipo que no ataca perderá a la postre. La vida es semejante, mientras tenga proyectos y desarrollo creciente seguirá viva. Jesús es la encarnación de la vida. Nadie como Él para mostrarnos la importancia del crecimiento. Jesús no solo es el Salvador del mundo, sino también el prototipo del plan de Dios. El proyecto final ha de pasar del Cristo individual al Cristo corporativo; de la vida particular de Jesús a la vida congregacional manifestada en la particularidad de sus miembros. Así se cumple el misterio de Dios. Ante esto, podemos mirar el prototipo para comprender el crecimiento del Cristo corporativo, la iglesia. ¿Has considerado la sabiduría de Jesús? La Palabra enseña repetidamente que Jesús crecía. Desde pequeño lo presenta como un ser humano sobresaliente, crecía: “y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él” (Lucas 2:40). A los doce años maravilló a los eruditos de la Ley, esto es semejante a sorprender a virtuosos concertistas tocando el piano en la infancia: “y todos los que le oían se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas” (Lucas 2:47). Esto siguió en aumento, apenas en su juventud, alrededor de los treinta años, demostró una sabiduría superior a la de sus enemigos, quienes no podían hallar manera de tomarle en un error. ¿Podrías salir bien librado bajo la lupa de enemigos expertos? “Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿de dónde tiene este esta sabiduría y estos milagros?” (Mat. 13:54). “Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” (Juan 7:15). No le ganaron un solo debate y solía dejarlos callados con una sola frase. El Verbo invicto. Aun aquellos que fueron enviados a encontrarle en una palabra para arrestarle, regresaron sin Él diciendo: “nunca hombre alguno ha hablado como este hombre” (Juan 7:46). En Cristo está escondida la sabiduría de Dios; así que el hombre es sabio en medida que sea cristiano: “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. 30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:24, 30). Tal debe ser la sabiduría de la iglesia. Así como Jesús creció en sabiduría en los días de su carne; así la iglesia como el Cristo corporativo debe crecer en sabiduría constantemente. “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:18-21). Nota la sabiduría corporativa: ser plenamente capaces de comprender con todos los santos. Considera la magnitud de dicha sabiduría: la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de conocer a Cristo. ¿Cuál es el resultado de esto? Ser llenos de la plenitud de Dios. Entre más sabiduría cristiana tengas, mayores posibilidades de ser lleno de Dios tendrás: para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Aunado a esto, lo que Dios haga en tu vida se relacionará estrechamente a lo que tienes de Dios dentro de ti: según el poder que actúa en nosotros. Lo que sabes puedes. Y también está la sabiduría que debe procurar todo creyente. Todo cristiano debe crecer en sabiduría; sin esto es imposible la perfección cristiana: “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28). «Sentirse bien» no es suficiente; se necesita adquirir sabiduría. Para lo cual, no basta el cerebro, más que intelectual, la sabiduría viene como producto de la intención del corazón. Como escribió el salmista: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmo 51:6). Si intimas con Dios serás hecho sabio (el que se junta con sabios, sabio será). No es que el necio no pueda aprender, sino que no quiere hacerlo. Esa clase de obstinación es muy molesta, la palabra enseña que es mejor hallarse con una osa a la que le han robado sus cachorros que con un necio en su necedad (Pr. 17:12). La necedad es una bestia peligrosa. La Palabra de Dios te hace sabio (Pr. 2:6; Col. 3:16). Desde luego, si la obedeces (Dt. 4:6). Veamos ahora el desarrollo físico de Jesús. El cuerpo de Cristo no fue un accidente; de hecho, ningún cuerpo humano lo es, pues hasta nuestros cabellos están contados. Algunos parecen salidos de un accidente, pero no es así, fueron cuidadosamente planeados por Dios. Respecto de Cristo, esto es especialmente cierto. Dios le preparó un cuerpo físico con el propósito de que presentara el sacrificio perfecto a Dios; ¿crees tu que llevaría su cuerpo a la cruz lleno de virus, achaques, triglicéridos, colesterol, y demás anomalías? De ninguna manera, pues como Cordero debía ser sin defecto: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo” (Hch. 10:5). “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19). Nuestro Señor Jesús tuvo que mantener su cuerpo perfecto, sin daños, sin tatuajes, sin marcas, sin enfermedades, cuidándolo en todo porque habría de presentarlo a Dios. Tal debe ser también el desarrollo físico de la iglesia. Y así como el cuerpo de Cristo tuvo que crecer y desarrollarse en los días de su carne; así también el Cuerpo de Cristo presente, que es la iglesia, debe crecer y desarrollarse. Así como el cuerpo de Cristo crecía como parte de su proceso normal de vida; así la iglesia debe crecer como parte del proceso normal de su vida. Los primeros cristianos pusieron la muestra, fueron la primicia que marcó el rumbo; como dice el adagio: «para muestra basta un botón». Mira el énfasis de crecimiento constante de la iglesia en sus inicios: - “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41). - “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4). - “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14). - “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (hechos 6:7). - “Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor” (Hechos 11:24). Y junto con la iglesia, con el ejemplo del Señor, también el creyente debe desarrollarse físicamente de forma individual. En la misma medida que el cuerpo físico de Cristo debió conservarse perfecto para llegar a ser una ofrenda a Dios, así nosotros debemos conservar nuestro cuerpo lo más íntegro posible como ofrenda viviente a Dios. No se trata de si quiero o no hacer ejercicio, de si me gusta o no comer esto o aquello, es que mi cuerpo es una ofrenda a Dios y no deseo ofenderle con fuego extraño: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Rom. 12:1). Quizá alguno piense que esto no es importante, que Dios ve el corazón; pero el hecho de que Dios vea el corazón no implica que deje de ver el cuerpo; además, ¿qué clase de corazón es aquel que descuida y maltrata la casa de Dios por negligencia o placer? La Palabra es tan estricta en esto que incluso amonesta a presentarnos con el corazón sincero, pero también con el cuerpo lavado: “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22). El Señor Jesús también creció en gracia para con Dios y los hombres. Su desarrollo social fue notorio. El Señor tenía conciencia social; era piadoso y compasivo sin fines ocultos; por ejemplo, un día sanó a diez leprosos aunque sólo uno habría de regresar a dar gracias. No dijo: “sanaré sólo al que me seguirá”, sino que se mostró compasivo con todos.nTambién asistía a bodas y fiestas; era amado por los niños, los cuales no suelen acercarse a los amargados y huraños. Compartió el pan con las multitudes. El versículo más popular de la Biblia dice “de tal manera amó Dios al mundo…” (Juan 3:16). A todos, al mundo. En su original es más inclusivo todavía: “de tal manera amó Dios al Cosmos”. Y lo demostró pagando por todos aunque no todos se hacen cristianos. Como Jesús, la iglesia también debe crecer socialmente. La iglesia igualmente como Cuerpo de Cristo, tiene bondad social. No podemos medir el bien que han hecho los cristianos al mundo entero. Desde el principio se mostró que la cabeza de la iglesia es Cristo: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:46-47). No le caerás bien a todos y tampoco se trata de esforzarse por ser aceptado por todos; pero es claro que aquellos que son benéficos a la sociedad son elogiados por ella tarde o temprano. Los cristianos no debemos aislarnos del mundo, si bien no compartimos sus intereses, si procuramos ser de bien a cuantos sea posible conforme al reino de Dios. Esto funciona más corporativamente, pero también en lo individual cada cristiano manifiesta conciencia social al tener compasión de sus semejantes. Las buenas obras son la vida normal cristiana y su resultado es que aquellos que son testigos de la bondad de los cristianos glorifican a Dios: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). ¿Qué palabras salen de los que te observan? ¿Qué inspiran tus obras? Una obra de arte, un discurso, una obra, hechos por ti, ¿qué reacción ocasionan en los espectadores? Además, Jesús crecía en gracia para con Dios. ¿Cómo veía Dios Padre a Jesús? Cuando introdujo al unigénito en el mundo dijo a los ángeles que lo adoraran (Heb. 1:6). Cuando fue bautizado le llamó hijo amado de su complacencia (Mat. 3:17). Cuando se transfiguró delante de sus discípulos en un monte, el Padre dijo que era su Hijo amado a quien deberían oír (Mat. 17:5). El apóstol Pedro dice que el Padre le dio al Hijo honra y gloria con esto (2 Pedro 1:17); y esto es así porque lo puso por encima de Moisés y de Elías, la Ley y los profetas. ¿Cómo ve Dios a la iglesia? Algunos se expresan muy mal de ella supuestamente en el Nombre de Dios, pero, ¿de verdad piensa Dios eso del Cuerpo de Cristo? No lo creo: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Linaje escogido. Significa «parientes favoritos». Íntimos familiares. Real sacerdocio. «Reyes y sacerdotes». Las dos castas más veneradas de toda sociedad. Nación santa. «Raza terrible» (consagrada, celestial). Toda especie se identifica a sí misma. Dios dice de ti: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:1-2). Escúchalo: «te amo, eres acepto en Cristo».

— Roberto Tinoco

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