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Lucas 7
La fe de un oficial romano
1Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.🗨📝 2Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.🗨📝 3Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.🗨📝 4Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;🗨📝 5porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.🗨📝 6Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;🗨📝 7por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano.🗨📝 8Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.🗨📝 9Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.🗨📝 10Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.🗨📝Jesús resucita al hijo de una viuda
11Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.🗨📝 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.🗨📝 13Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 🗨📝 14Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.🗨📝 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.🗨📝 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.🗨📝 17Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.🗨📝Jesús y Juan el Bautista
18Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos,🗨📝 19y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?🗨📝 20Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?🗨📝 21En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista.🗨📝 22Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;🗨📝 23y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.📝 24Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?🗨📝 25Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están.🗨📝 26Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.🗨📝 27Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti.🗨📝 28Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.🗨📝 29Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.🗨📝 30Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.🗨📝 31Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?🗨📝 32Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis.🗨📝 33Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.🗨📝 34Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.🗨📝 35Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.🗨📝Una mujer pecadora unge a Jesús
36Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.🗨📝 37Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;🗨📝 38y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.🗨📝 39Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.🗨📝 40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.🗨📝 41Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;🗨📝 42y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?🗨📝 43Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.🗨📝 44Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.🗨📝 45No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.🗨📝 46No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.🗨📝 47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.🗨📝 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.🗨📝 49Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?🗨📝 50Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Lucas 7: RV60
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Lucas 7:1
7.1 El Señor Jesús manejó la oratoria con maestría. No hablaba por hablar, sino que tenía un mensaje que dar. Palabras previamente preparadas con un principio y un final para cada mensaje, ya sea predicado o enseñado. Y solo hasta que terminaba todo lo que se había propuesto impartir, es que se movía de lugar o dejaba a la audiencia. La improvisación no es propio de quien valora la Palabra de Dios. La falta de preparación es negligencia. Dios es excelso, inmenso, pero considera de forma especial a quien tiembla ante su Palabra (Isaías 66:2). Capernaum era “la ciudad de Nahum”; pero debido a las obras de Jesús en dicha ciudad y a que tenía casa allí, con el tiempo se volvió en un refugio del Señor, “la ciudad de Jesús”, por decirlo así. ¿Y no es nuestra vida semejante? ¿No pasamos de “vivir mi vida” a “vivir Su Vida”?
— Roberto Tinoco
Lucas 7:2
7.2 El centurión en cuestión era un buen hombre, pues amaba a su siervo a pesar de que los siervos eran tenidos como esclavos. Dicho siervo se hallaba enfermo y a punto de morir, por lo que el centurión sufría por él. El amor destruye las barreras sociales y las separaciones de cualquier clase. Donde se ama no hay ricos ni pobres, esclavos ni libres, grandes ni pequeños. No existe separación racial, étnica, económica, social ni de ninguna índole. El verdadero amor es la expresión del reino de Dios. Si tienes barreras hacia tu prójimo, tienes ausencia de amor.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:3
7.3 La fama de Jesús crecía; por todas partes viajaban los testimonios de sus obras y la esperanza se despertaba en muchos escuchando sus milagros. Uno de ellos fue el centurión, quien, al oír acerca de Jesús y las sanidades efectuadas en su ministerio, envió personas importantes a traerle mediante ruegos, a fin de sanar a su siervo. Evidentemente este centurión era simpatizante de la fe judía, tenía amigos entre los judíos (por eso oyó hablar de Jesús) y también esperaba al Mesías, ya que los versículos posteriores demuestra que creyó que Jesús era el Cristo. Antes de los judíos, un gentil reconoció al Rey de Israel. No importa quién seas ni en medio de que ambiente hayas vivido, creer es tu libertad y decisión.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:4
7.4 Conocedor de la autoridad, el centurión le envió ancianos judíos, autoridades quizá de Capernaum, lo vimos en el versículo anterior. Fue una muestra de respeto y de honra hacia Jesús. Los ancianos rogaron al Señor Jesús diciendo que el centurión era digno de que fuera a sanar a su siervo; pero el centurió habría de reflexionar y darse cuenta que el verdadero digno es Jesús y no debería hacerle traer. En los versículos siguientes veremos que no le pareció suficiente al centurión darle dicha honra al Señor, reflexionó que, tratándose del Rey, él debería personalmente ir (además de los ancianos de la ciudad) y humillarse ante Él. No era digno de hacer traer al Mesías ni de que entrara en su casa. Jesús es el Señor.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:5
7.5 La dignidad del centurión a la que hicieron referencia los ancianos enviados por él, es que amaba la nación de Israel y les había construido una sinagoga. La verdadera dignidad se adquiere con amor y se expresa con obras. Tenían mucha razón al referirse al centurión como un hombre honorable; lo que no sabían y que el centurión sí llegó a entender, es que no había absolutamente nada que él pudiera hacer como para ser realmente digno ante el Señor. En comparación con Cristo, ¿qué es el hombre? ¿Hizo estas cosas el centurión a plena conciencia? Es decir, envió a los ancianos a decir lo que él había hecho por Israel y luego personalmente fue ante el Señor para reconocerse a sí mismo indigno de Él? Sería muy calculador de su parte; sin embargo, también sería una acción inteligente que el Señor apreciaría (por ejemplo: Lucas 16:1-13). No podemos asegurarlo, peroi si esto fue así, el centurión no solo reconocía el carácter mesiánico del Señor Jesús, sino la grandeza de su juicio e inteligencia, así como el correcto trato diplomático al Rey.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:6
7.6 Jesús vino a los judíos, así lo hizo saber a una mujer sirofenicia; sin embargo, si acudió a la solicitud del centurión. Esto podía malinterpretarse, de no ser porque el Señor luego diría que ni en Israel halló tanta fe. La fe de ese hombre rebasaba los límites. El centurión envió a unos amigos a decirle al Maestro que él, el centurión, no era digno de que Jesús pisara su casa. Era el centurión quien debería estar bajo el techo o cobertura del Señor y no a la inversa. El Rey es Jesús. Cotejando con el evangelista Mateo, hallamos que, además de los ancianos y de los amigos enviados por el romano, también él mismo acudió al encuentro del Señor humillándose ante Él. Cuando una persona intenta que Dios le respalde sus planes, está tratando de meter al Señor bajo su techo. Pero no somos dignos de ello. Lo correcto es que subordinemos nuestros planes a la voluntad de Dios, nosotros debajo de su techo.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:7
7.7 Parece una contradicción a lo dicho por el evangelista Mateo; pero es complementario. De inicio, el centurión no fue a Jesús sintiéndose indigno y le envió dos grupos; pero al final, el mismo fue a Jesús y mostró su fe. La grandeza de la fe del centurión está basada en la autoridad, plenamente convencido de la autoridad de Cristo, requería únicamente dar la orden. Jesús venía hacia el centurión, lo que implica que el soldado no estaba lejos del reino. Sin embargo, reconocía que no era digno que el Señor entrara en su casa; en otras palabras, que todavía no era el tiempo de salvación de los gentiles. ¿Cómo llegó a esta revelación? Debió haberla recibido del Padre. Con todo, confiaba en que la Palabra de Cristo era poderosa para actuar milagros antes del cumplimiento de los tiempos ya que el Rey no está sujeto a sus leyes temporales.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:8
7.8-9 La declaración del centurión revela que la fe es autoridad, es la Palabra en acción acorde la autoridad del reino de Dios. ¿Cuánta fe tienes? La respuesta es cuán sujeto eres a la autoridad. Su revelación era extraordinaria. Jesús se maravilló; ni siquiera en su pueblo donde tuvo siervos como Abraham, Moisés y Elías encontró tanta fe como la revelación de este hombre. Esto muestra que la fe, más que creencia es autoridad real.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:9
7.8-9 La declaración del centurión revela que la fe es autoridad, es la Palabra en acción acorde la autoridad del reino de Dios. ¿Cuánta fe tienes? La respuesta es cuán sujeto eres a la autoridad. Su revelación era extraordinaria. Jesús se maravilló; ni siquiera en su pueblo donde tuvo siervos como Abraham, Moisés y Elías encontró tanta fe como la revelación de este hombre. Esto muestra que la fe, más que creencia es autoridad real.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:10
7.10 Era imposible que ejerciendo la más alta fe vista por Jesús, no recibiera la sanidad buscada para su siervo. Este es un gran ejemplo: en lugar de buscar milagros, busca fe de reino. Ni en Israel halló tanta fe, ni grandes siervos como Moisés, Elías o algún otro de los profetas fue comparable en fe al centurión. No cualquier cosa pueden maravillar a Jesús, Él es el Verbo Creador de todas las cosas.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:11
7.11 Para este tiempo, Jesús tenía muchos más discípulos que sólo los doce o los setenta; sin embargo, no estaba haciendo alusión a ellos, sino a los gentiles como ese centurión rico en fe que lo maravilló. Millones de gentiles se han ido integrando al reino de Dios por medio del evangelio. Y de entre ellos, habrá eminentes hombres y mujeres de fe para compartir lugar con los patriarcas, por no decir, con el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob; el Padre, el Hijo y el Espíritu santo.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:12
7.12 En la puerta de la ciudad se sentaban los jueces de la misma para juzgar los asuntos de la gente. Jesús llegó cerca de la puerta, lo que implica que el acto de resurrección que estaba por efectuar, era un acto de juicio. La condición era deplorable: una mujer viuda llevaba a su único hijo muerto. No era justo. Con ella venía mucha gente de la ciudad. El Señor, como Hijo del Hombre, estaba por juzgar la miseria de la humanidad resucitando al Hijo Unigénito a fin de glorificar a Dios y la resurrección del hijo de la viuda era figura de esto. La muerte sería juzgada y condenada. Fuiste salvado no solo por causa del amor divino, sino por medio de un acto jurídico. Por medio de la fe en Cristo Jesús, en su muerte y resurrección, hs sido justificado para con Dios. Un acto legal, la juticia de Dios satisfecha.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:13
7.13 Todos intentamos dar consuelo a quien ha perdido un ser querido y más, tratándose de un hijo, hijo único cabe añadir, de una mujer viuda. Pero Jesús va más allá diciendo lo que nadie es capaz de hablar: “no llores”. ¡No llores! Sólo el vencedor de la muerte puede decir algo semejante. Y no lo dice en forma indiferente, por el contrario, lo hizo porque fue movidi a compasión. El Señor no estaba simplemente dando una clásica frase de consuelo, sino declarando la vida que auyenta la trsteza. ¿Hay algo que te hace llorar? ¿Por qué estás triste? La Vida original en Cristo es restauración y gozo para ti. Sólo Cristo puede consolar a una mujer viuda que está por sepultar a su único hijo. Sin importar la condición, Él tiene el consuelo. Volverás a reír.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:14
7.14 Jesús tocó el féretro; esto era inadmisible por la ley, ya que contaminaba a quien esto hiciera; pero Jesús es el Hijo del Hombre y no cualquier hombre, Él es la vida, así que al tocar la muerte no es contaminado, sino produce vida a lo muerto. Podía resucitarlo con una Palabra, pero añadió el toque, pues de esta forma mostró la superioridad de la vida que juzgaba a la muerte. Una acción que añade dramatismo a propósito. Luego, fue específico en dirigirse al joven para resucitarlo con su Palabra: “a ti te digo”; de otro modo se levantarían más muertos.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:15
7.15-17 Figura de avivamiento. Lo que ha sido avivado no permanece postrado. Se incorpora, recupera su dignidad. Lo que ha sido avivado por el Señor también ha sido desatado en su hablar. Siempre hay testimonio en la salvación y nueva vida. El muchacho fue dado a su madre. El avivamiento restaura tanto la esperanza como la familia. El genuino avivamiento es más que manifestaciones; produce temor de Dios, se caracteriza por dar gloria o alabanza al Señor, así como por la Presencia manifiesta de Dios, a lo cual podemos llamar también visitación. La fama derivada de esto es sólo una consecuencia. Fama que sirve al propósito del evangelio, pero solo como un medio y no como un fin. Que todos sepan quien es el salvador y lo que hace; sobtre nosotros, poco importa.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:16
7.15-17 Figura de avivamiento. Lo que ha sido avivado no permanece postrado. Se incorpora, recupera su dignidad. Lo que ha sido avivado por el Señor también ha sido desatado en su hablar. Siempre hay testimonio en la salvación y nueva vida. El muchacho fue dado a su madre. El avivamiento restaura tanto la esperanza como la familia. El genuino avivamiento es más que manifestaciones; produce temor de Dios, se caracteriza por dar gloria o alabanza al Señor, así como por la Presencia manifiesta de Dios, a lo cual podemos llamar también visitación. La fama derivada de esto es sólo una consecuencia. Fama que sirve al propósito del evangelio, pero solo como un medio y no como un fin. Que todos sepan quien es el salvador y lo que hace; sobtre nosotros, poco importa.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:17
7.15-17 Figura de avivamiento. Lo que ha sido avivado no permanece postrado. Se incorpora, recupera su dignidad. Lo que ha sido avivado por el Señor también ha sido desatado en su hablar. Siempre hay testimonio en la salvación y nueva vida. El muchacho fue dado a su madre. El avivamiento restaura tanto la esperanza como la familia. El genuino avivamiento es más que manifestaciones; produce temor de Dios, se caracteriza por dar gloria o alabanza al Señor, así como por la Presencia manifiesta de Dios, a lo cual podemos llamar también visitación. La fama derivada de esto es sólo una consecuencia. Fama que sirve al propósito del evangelio, pero solo como un medio y no como un fin. Que todos sepan quien es el salvador y lo que hace; sobtre nosotros, poco importa.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:18
7.18 La fama de Jesús seguía creciendo, mientras que el ministerio de Juan entraba en declive. Esto no lo tomaron bien los discípulos de Juan, ¿por qué su maestro estaba sufriendo en la cárcel por hacer, lo que consideraban, la obra de Dios, mientras Jesús parecía de fiesta? Así que fueron a Juan el Bautista con las noticias de lo sucedido. ¿No debería Jesús ayudar a Juan? Si realmente era el Mesías, ¿por qué no se manifestaba como tal ante los romanos quitando su yugo? Juan les escuchó y comisionó a dos de sus discípulos para ir a Jesús a cuestionar esto mismo. ¿Alguna vez te has encontrado en la situación de desamparo? ¿Cómo si el Señor no hiciera algo por ayudarte? Sigue confiando en Él, no cuestiones, su plan es bueno y termina bien. Dios sabe lo que hace. No sea que, por no esperar y moverte aparte de su plan, las cosas no terminen bien para ti, como tampoco terminaron bien para Juan.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:19
7.19 Juan el Bautista llegó a dudar de la identidad mesiánica de Jesús y con ello, de su propio ministerio, pues fue él quien dedicó todo su ministerio a preparar el camino y señalar al Mesías. ¿Acaso no había visto la señal de Dios sobre el Cordero? ¿Cómo entonces se hallaba tan confundido? Un poco por la cárcel, otro mucho por el ministerio tan distinto del Señor Jesús; quien, en lugar de ser un conquistador reuniendo fuerzas, hablaba de amor y perdón, incluso a los enemigos. Cuando nuestra doctrina, así como nuestra expectativa estén equivocadas, tropezaremos llegado el momento de la prueba. Necesitamos basarnos en la Palabra de Dios y no en lo que suponemos que Dios debería hacer. No busques en la Biblia respaldo a lo que ya crees; sino busca qué creer.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:20
7.20-21 Lee la nota 7.19. Antes de responder a los enviados por Juan con palabras, primero les dio una demostración del reino de los cielos: sanidad, libertad. Esto es muy significativo. La vida expresando el poder del evangelio debe ser el respaldo de nuestro mensaje. Limpieza, libertad y salud son la prueba de que somos de Dios. Todos ministerio debe mostrar estos frutos, de otro modo, quedaremos como uno hablador más. ¿Cómo sabe la gente que res de Dios? Por tus frutos te conocerán.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:21
7.20-21 Lee la nota 7.19. Antes de responder a los enviados por Juan con palabras, primero les dio una demostración del reino de los cielos: sanidad, libertad. Esto es muy significativo. La vida expresando el poder del evangelio debe ser el respaldo de nuestro mensaje. Limpieza, libertad y salud son la prueba de que somos de Dios. Todos ministerio debe mostrar estos frutos, de otro modo, quedaremos como uno hablador más. ¿Cómo sabe la gente que res de Dios? Por tus frutos te conocerán.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:22
7.22 Una vez que el Señor demostró los frutos de su ministerio evangelístico, dijo a los enviados de Juan que le hablaran acerca de ellos. El evangelio no solo se escucha, también debe verse. Además del claro poder manifestado por el Señor, a través del Espíritu Santo, podemos ver en forma de alegoría dichos milagros y sanidades: el evangelio abre los ojos, la Palabra de Dios alumbra. La Presencia de Dios transforma permitiendo andar en el reino de los cielos conforme a sus mandamientos. Todo pecador recibe perdón y santificación. Oímos en nuestro espíritu la Palabra de Dios confirmada en las Escrituras. Somos resucitados para andar en nueva vida. Y recibimos sabiduría para prosperar viviendo con excelencia. Esto es evidencia de que hemos conocido a Jesús, el Cordero de Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:24
7.24 Hasta que se retiraron los enviados de Juan el Bautista, Jesús comenzó a hablar de él a la gente. E hizo esto porque lo elogiaría como a nadie y esto era algo que Juan todavía no debía escuchar (llegará el día de las recompensas, entonces lo sabrá), pero no estorbaría la prueba que estaba experimentando Juan. A veces, por ayudar a los demás, cometemos el error de procurar que se sientan bien por encima de que sean transformados, eso es un error. Aprendamos con prudencia a callar y a esperar. Jesus se refiere a Juan como una caña sacudida por el viento en el desierto. No era un hombre físicamente imponente, por el contrario, los críticos lo tenían por endemoniado, su apariencia era la de un loco vagabundo.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:25
7.25 Siguiendo el comentario al versículo anterior, Jesús se expresó de Juan como uno que sin riquezas ni apariencia de potentado. Juan no era un príncipe ni lo parecía; tampoco vivía en un palacio ni su ministerio se llevó a cabo en una catedral. Todo lo contrario, era de apariencia escandalosamente básica. Un loco que hablaba de parte de Dios. En el siglo presente se tiene un gran énfasis en la apariencia física, lo cual no es malo necesariamente, pero esto jamás debe ser lo que describa nuestro ministerio. Fuimos llamados a anunciar la Palabra de Dios y, aunque no procuramos una apariencia contraria a esto, tampoco dependemos de lo que parecemos. Tenemos esencia, fondo, vida.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:26
7.26 Juan el Bautista era hijo de sacerdote con posibilidades de ministrar un día en el lugar santísimo; pero todo eso, junto con la enorme preparación ritualista que recibió, habían quedado atrás. Juan era un profeta. Esa es la definición de su ser. Un profeta y más que un profeta. ¿Cómo puede alguno ser más que un profeta? Juan era enviado por Dios a anunciar que el reino de los cielos se había acercado, pero era más que profeta porque fue el único comisionado a prepararle el camino al Mesías. Su presentador, el embajador personal del Rey. ¿Quién eres tú? Sé grande por vivir y manifestar a Cristo.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:27
7.27 A lo largo de la historia de la humanidad, Dios envió muchos profetas. La gran mayoría de ellos son desconocidos y unos pocos tuvieron el honor de ser registrados en las Sagradas Escrituras. Pues todavía, de entre esos pocos privilegiados, existió uno más, solo uno, al que Dios comisionó con el mejor de los ministerios: presentar a su Hijo Jesucristo como el Mesías prometido desde el principio. Este mensajero era Juan el Bautista, el enviado delante del Rostro del Señor para preparar el camino de su manifestación a la nación judía. Citar al profeta Malaquías ( 3:1) para referirse a Juan, fue un poderoso testimonio por parte del Señor Jesús. En dicho testimonio no solo exaltaba a Juan, sino que se presentaba a si mismo abiertamente como el Cristo. Esto era sumamente avanzado para este tiempo de su ministerio. La obra estaba en marcha, el Mesías reconocía su identidad delante de los demás. Jesús sabía quien era Él; para poder ayudar a los demás, necesitamos saber quienes somos realmente nosotros en Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:28
7.28 Juan es presentado por el Señor como el más grande los profetas y lo era; sin embargo, luego de exaltarlo, deja en claro el equilibrio de su identidad y llamado, para que ninguno se equivoque. Juan era el más grande los profetas humanos (de los nacidos de mujer); evidentemente las especies celestiales no son consideradas aquí (por ejemplo el ángel Gabriel); con todo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan. ¿Qué significa esto? ¿Acaso Juan no era parte del reino de los cielos? ¿Qué no era el mensajero del Rey? Esto es un misterio, Juan anunció un reino que no alcanzó a experimentar y presentó a un Rey al que finalmente no siguió. Por esto precisamente estaba en prisión, porque en lugar de seguir al Rey Jesús cuando lo presentó como el Cordero de Dios, continuó su movimiento, solo que ahora enfocado en señalar el pecado del rey Herodes. Finalmente perdería la cabeza, pues en el reino de Dios, solo Uno es Cabeza: Jesús. ¿Estás siguiendo al Rey o te dedicas a tu propio movimiento, causa o vida?
— Roberto Tinoco
Lucas 7:29
7.29 Juan el Bautista tuvo un ministerio muy exitoso; tanto, que todo el pueblo salió para ser bautizado por él; incluso los considerados peores pecadores, los publicanos o cobradores de impuestos a favor de Roma. Su predicación produjo tal impacto que todos justificaron a Dios, término que significa que comprendieron la justicia de Dios y por ello se bautizaron, es decir, se convirtieron sometiéndose a Él. En eso consiste el bautismo, en entregarse como quien muere y vuelve a vivir (Romanos 6:4). Algo que los judíos practicaban aplicándolo a los prosélitos gentiles que se convertían al judaísmo, pero que Juan lo aplicó a los mismos judíos para que realmente se convirtiesen a Dios. No los incluía en el cristianismo todavía, quedándose sólo en el arrepentimiento de los pecados, pero que llevaba al pueblo en la dirección correcta hacia el Cristo.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:30
7.30 En su descripción de Juan, el Señor Jesús incluyó hablar de quienes quienes se le opusieron. Junto con las multitudes, también llegaron a la predicación de Juan los religiosos más famosos del momento: los fariseos y los intérpretes de la ley. Los fariseos, secta cuyo nombre significa “separados o santos” y los intérpretes de la ley, que podía incluir a miembros de varias sectas, pero que también se les conocía como los escribas, los eruditos de las Escrituras, quienes se comportaban como si solo ellos comprendieran la Palabra de Dios escrita. Ambos grupos se sentían intrigados por el éxito del Bautista, pero desafortunadamente no tuvieron la intención de arrepentirse. No sentían necesidad de hacerlo considerándose justos a si mismos. Con su oposición, desecharon los designios de Dios respecto de ellos. Esto que dijo el Señor es profundamente importante: Dios tenía algo designado para ellos en lo cual hubieran podido tomar parte, pero al oponerse a la Palabra de Dios, desecharon dicho designio, plan o propósito. No arruines el plan que Dios tiene para ti; consérvate fiel y entregado a Él conforme a las Escrituras.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:31
7.31 Conforme al estilo del Maestro, aplicó a los oyentes lo que estaba diciendo sobre el Bautista y sobre quienes lo escucharon. ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? No se trataba solo de uno o dos que no entendían la visitación de Dios que había comenzado el Bautista, sino de toda la generación. Irónicamente, multitudes se bautizaban, pero pocos se convertían; y la influencia de los religiosos confundía a unos y a otros. El mal generacional habría de concluir en la muerte y dispersión de toda la generación cuando el templo y la ciudad fueran destruidos por los romanos.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:32
7.32 El reino de los cielos se manifestó a Israel de formas muy distintas, pero lo rechazaron una y otra vez. Vino con Juan el Bautista como un ministerio adusto, exigente, de lágrimas por el énfasis del arrepentimiento; pero no lo aceptaron verdaderamente. Acudieron multitudes curiosas, pero no necesariamente convertidos. Luego vino el ministerio del Hijo del Hombre, Jesucristo, con fiesta, alegría y un énfasis del gozo de su Presencia; pero tampoco lo recibieron. Siempre menospreciado como si se tratase de unos muchachos sentados en una plaza divirtiendo a la gente. Dios va a hablar a tu vida de muchas maneras. Él espera que reacciones a cada una de ellas y crezcas en su amor. Tratará de llamar tu atención tanto con experiencias tristes como alegres; de ti depende que el reino de los cielos llegue a tu vida.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:33
7.33 Lee el comentario anterior. El ministerio exigente y adusto de Juan el Bautista era muy llamativo, pero lo tomaron más como un espectáculo circense. Muchos creyeron, es verdad; pero la mayoría lo consideró algo excepcional que no podían vivir. Los constantes ayunos de Juan fueron para los demás como una rareza espiritual, como si estuviese poseído de demonios. Si creían eso, ¡cuán dobles fueron con él! Y si no lo creían y solo lo decían burlándose, ¡cuán ingratos fueron con él! En uno y otro caso, se perdieron la visitación de Dios en Juan el Bautista. Ten mucho cuidado en la manera en la que te expresas de aquellas cosas de los ministros de Dios. No sea que por no entenderlo, blasfemes.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:34
7.34 Lee los comentarios anteriores. Jesús tuvo un ministerio totalmente opuesto en su forma al de Juan el Bautista. El Hijo del Hombre, Jesús, con un cuerpo sin pecado, por lo que no enfermaba ni deformaba comiendo y bebiendo; así como un alma henchida de amor por salvar, se juntaba con los indeseables de la sociedad, los considerados peores pecadores. Sin embargo, así esto para alcanzarlos con la vida eterna. Algunos toman el ministerio de Jesús para tener malas compañías y acudir a sitios de mala reputación; pero olvidan que el Señor siempre salvaba a los asistentes cambiándoles la vida. Sin salvar, no tiene sentido dicha amistad.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:35
7.35 Lo que rechazaron desaprobando los judíos de la generación de Juan el Bautista y de Jesús (lee comentarios anteriores), habría de ser aceptada por los descendientes de dichos judíos, es decir, la iglesia. Entonces la sabiduría, esto es, la verdad que anunciaron del reiuno de los cielos, sería justificada o confirmada por tales descendientes. El espíritu de religión tiene un índice muy largo. Pasa constantemente: lo que una generación señala como “no de Dios” (siendo de Dios), suele ser el avivamiento de sus hijos. Se prudente en aprobar o desaprobar basando tu fe y conducta en los principios de vida de la Biblia.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:36
7.36 El Hijo del Hombre no solo comía en casa de publicanos y pecadores, también iba a la casa de “los peores” de Israel: los fariseos. Cuando vas a la casa de un pecador, ya sabes que hallarás algo que te incomodará; lo irónico es ir a la casa de un religioso y ser incomodado por el mal. Eso le sucedió a Jesús. El fariseo rogó a Jesús que fuese a su casa y comiese con él; pero no sabía cómo sería confrontado con su propia religiosidad una vez que Jesús estuvise en su casa. Si has orado por comunión con Dios, es un hecho que te confrontará desde el interior. El Señor no se adapta al mal, lo corrige. Estar a la mesa con Jesús no solo es un gran honor, también es una gran responsabilidad. La comunión con Dios es parecida a la comunión con el fuego.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:37
7.37 El lenguaje de Lucas describiendo la identidad de la mujer es crudo y lo hace a propósito. Le llama “pecadora” para poner en contexto la condición moral y cómo era vista por la sociedad. Se considera se dedicaba a la prostitución, nada tenía que hacer entrando en la casa del fariseo y menos acercarse al Maestro (al menos así supone la religión). Pero en cuanto ella supo que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, le trajo un perfume de alabastro. Cuando sabes que Jesús está en casa, figura de la iglesia, ¿qué haces? No puedes detenerte a pensar en quién eres tú ni lo que opinarán los demás, simplemente irás a ver a Jesús. Ni la culpa ni el desprestigio te deben apartar del Señor. Algunos religiosos han hecho difícil o inaccesible la Presencia de Dios exigiendo cierta santidad para poder acercarse, pero esto es desconocer su obra salvífica. No te acercas porque lo mereces, sino porque lo necesitas. Entiendo la parte solemne y sagrada de la manifestación de la Presencia de Dios; por supuesto, no podemos tomar en vano su gloria ni acercarnos cínicamente; pero tampoco podemos poner la carga de la gracia de Dios en el hombre (ya no sería gracia). Trae tu vida al Señor como un vaso de alabastro, lista para ser derramada ante Él.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:38
7.38 La mesa en tiempos bíblicos tenía una altura de aproximadamente diez centímetros. Por ello, no usaban sillas, sino que se recargaban semi acostados sobre su lado izquierdo para comer con su mano derecha. Así que alguien podía estar en la espalda y, a la vez, a los pies. logró escabullirse en una fiesta de hombres; me imagino que no se atrevieron a detenerla, pues no sólo ellos la conocían, sino que ella también los conocía a ellos. Traía un regalo al Señor, un perfume de buen precio. Llegó hasta Jesús, es evidente que se hallaba profundamente conmovida y escuchando sus palabra no soportó la carga de la culpa de sus pecados y comenzó a llorar. Sus lágrimas mojaron los pies del Maestro, tal sería la vergüenza de ella que trató de secarlos con sus cabellos. Estaba, aparentemente, haciendo el ridículo. Las lágrimas suelen decir los pecados que los labios no se atreven a confesar. ¿Has llorado por culpas? No me gusta que la gente llore por quejas, pero me conmueve quien llora por arrepentimiento. Y me conmueve aún más las lágrimas que te hacen quedar en ridículo, aquellas que tratas de retener, pero no puedes, aquellas que te llevan al piso y te hacen perder la vergüenza. Llorar con dolor. Tratando de honrar al Señor, a quien sentía haber deshonrado por llenarlo de lágrimas y luego tocarlo, siendo quien ella era, abrió el regalo que traía para el Maestro y comenzó a perfumar Sus pies. ¿Te ha sucedido sentirte tan bajo que solo puedes derramar tu vida ante el Señor? ¿Te ha pasado intentar arreglar las cosas solo para cometer más errores? Entonces es cuando presentas tu mejor adoración, aquella que sale del corazón roto y del alma avergonzada. Los profetas y los sacerdotes ungieron reyes; pero una prostituta ungió al Señor. Esa es la grandeza del alma derramada. Secar los pies con los cabellos es figura de ceder la autoridad, ponerse bajo cobertura. A la mujer, en lugar de velo le es dado el cabello –dice la Palabra. Además, dejarse crecer el cabello le es honroso, lo cual habla de gloria. Secar los pies del Maestro con sus cabellos no sólo fue un acto desesperado por corregir la vergüenza de manchar con lágrimas y maquillaje sus pies, sino una demostración de profunda humildad, es ceder su autonomía sometiéndose a Cristo como a su cobertura y declararlo su gloria. Para una mujer de mala fama que se vendía no es fácil aceptar como su autoridad a un hombre; y si el género masculino representó su vergüenza, ¿cómo lo hará ahora su gloria? Los hombres fueron su deshonra, ahora el Hijo del Hombre era su honra.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:39
7.39 Es evidente que el fariseo Simón despreciaba a Jesús y lo había invitado para examinarlo, pero no para conocerlo. Al ver que el Señor Jesús no se escandalizó por el toque de la mujer prostituta, lo juzgó con ligereza como alguien que no sabía quién le tocaba, algo obvio para cualquiera y más, para un profeta. Habría que preguntarnos si el fariseo lo sabía por alguna otra razón personal. Ese hombre despreciaba a Jesús, lo se por el contexto de la historia: Antes de esto, habían venido a Jesús discípulos de Juan el Bautista a preguntarle si era Él el Cristo o no, Juan estaba en la cárcel y su fe acerca de Cristo y por ende, de sí mismo, comenzaba a flaquear. Jesús dijo que vino Juan que ni comía ni bebía y dijeron que estaba endemoniado y luego vino Él y dijeron que era un comilón y bebedor. Ni Juan estaba endemoniado ni Jesús era mundano. Inmediatamente después de esto, ¡el fariseo invitó a Jesús a su casa a comer, como si quisiera demostrar que si era comelón y bebedor. Más que una invitación, fue una exhibición.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:40
7.40 El Señor Jesús tenía muchas cosas por decir; pero eligió decirle una cosa al fariseo Simón. Basta una Palabra suya para cambiar la historia. No son los muchos sermones lo que cambia la vida, sino la aceptación a cada Palabra que sale de la boca de Dios. No me impresiona cuánto dice leer alguno la Biblia, sino cuánto la vive. El fariseo llamaba Maestro a Jesús, quería aprender de Él y suponemos que por eso lo invitó a su casa (aunque también se pudo deber a la fama del Señor); pero lo que más necesitaba era tenerle por Señor; oírle sí, pero también obedecerle.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:41
7.41 Conforme al estilo del Maestro, Jesús enseñó una parábola a Simón y con ello, también a nosotros. Quinientos denarios representan año y medio de trabajo de un jornalero; mientras que cincuenta denarios son casi dos meses. El centro de la parábola es directo: todos somos deudores ante Dios. Unos, pecando mucho, deben mucho. Otros, pecando poco (a sus ojos), deben menos. Pero unos y otros deudores ante Dios sin capacidad de pago, perdidos irredentos en cuanto a nuestras capacidades.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:42
7.42 El perdón de Dios está disponible para todos, pero la reacción de los hombres a dicho perdón no es la misma. Esta suele estar determinada por la consciencia que tenemos de lo que se nos perdonó. Amamos a Dios según valoramos su gracia. Cuando pensamos haber recibido un poco de gracia, un poco será nuestro amor. Esa clase de especie somos, nuestro amor es falible, pero amor al fin. Simón se consideraba justo, así que a sus ojos, no necesitaba mucha gracia de parte de Dios, por lo que las muestras de amor hacia el Salvador fueron casi nulas; a diferencia de la mujer que reconocía su necesidad de la gracia de Dios. Para ella, Jesús era todo. ¿Cuánto amas al Señor?
— Roberto Tinoco
Lucas 7:43
7.43 Simón el fariseo juzgaba rectamente cuando se trataba de la interpretación de una parábola; pero juzgaba incorrectamente cuando se trataba de la vida. Entendió la parábola, pero había sido duro con Jesús. Los religiosos no tienen problema con el entendimiento de la doctrina, su problema es con la aplicación de la gracia y del amor. El peligro de esto es que termine juzgando a Dios, como lo hizo el fariseo con Jesús. El que tal hace puede perderse, a pesar de su recto juicio.
— Roberto Tinoco
Lucas 7:44
7.44 Era normal en la cultura judía (y de otras naciones) de esos tiempos, el ofrecer agua para lavarse los pies del polvo del camino al entrar a una casa, especialmente cuando se invitó a una fiesta o comida social. Incluso se tenía un sirviente para ello, alguien especialmente dedicado a lavar los pies a los invitados conforme iban llegando. Recordemos que las distancias a pie en caminos polvorientos sin pavimentar, además de animales libres por todas partes, hacían necesaria esta práctica, primero por higiene, pues se reclinaban acostados para comer, y segundo, como una muestra de cortesía y buenas costumbres, además de aprecio. Al Señor no lavaron los pies en casa de Simón, fue como un mal discípulo, ya que tampoco en la última cena lo hicieron. Lo primero que un hombre decente debiera hacer con los que ama es lavar sus pies. La vida te dará razones suficientes para lavar los pies de otros; cada vez que encuentres a tu hermano con pies sucios, tienes la oportunidad de limpiarlos. ¿qué harás? ¿Te burlarás de lo que ha hecho o usarás tus palabras para limpiarlos?
— Roberto Tinoco
Lucas 7:45
7.45 El beso oriental era propio del saludo; lo vemos por toda la Biblia, Pablo recomienda en cuatro ocasiones distintas en sus cartas saludarse con ósculo entre cristianos y el apóstol Pedro lo menciona una vez; vemos su costumbre tan arraigada que el mismo Judas usó el beso como la señal para entregar al Maestro. Lo mismo hacían al llegar a una fiesta o cena a la que se ha invitado, se daba un beso en la mejilla como bienvenida al o a los invitados. El Señor recriminó esta falta de cortesía al fariseo. Mientras el fariseo intentaba exhibir al Maestro, la mujer pecadora estaba a sus pies besándolos. ¿Qué estás haciendo tú: adorando o criticando? Cualquiera se sentiría incómodo por esta acción de la mujer, pero no Jesús. Él no se incomoda por los actos excéntricos de adoración. La mujer se sentía indigna de besar la mejilla, era una prostituta reconocida, por lo que se tiró a sus pies a besarlos. Se sentía indigna del rostro del Señor. ¡Qué diferente del fariseo santurrón que despreció al Maestro no dándole el beso cordial de bienvenida en la mejilla. Si quieres hallar adoradores, es más fácil que los encuentres buscando pies que mejillas. ¿Cómo pudo entrar a la casa y llegar hasta Jesús? Como lo mencioné antes, no se atrevieron a detenerla ni a impedirle la entrada; ellos la conocían, pero también ella los conocía a ellos. Era la mujer de mala fama, la prostituta del pueblo, la pecadora, pero ellos eran secretamente los compradores de sus servicios. Así que llegó hasta el Señor. ¡Cuidado con los que ya no tienen nada que perder! ¡Son peligrosos! No pudieron detenerla, no pueden avergonzarla, no hay forma de echarla. Esta mujer lo había perdido todo, por lo que Cristo podía ser su todo; la generación que no tiene nada que perder y que Cristo es su tesoro es peligrosa para las tinieblas, es invencible. Mientras puedan quitarte algo, estarás en riesgo de ser hecho esclavo. La pecadora en este punto no debería ser vista más como una mala mujer; ella es una reina besando los pies del Rey: ¡Besad los pies al Hijo! No sea que se irrite y perezcáis en el camino, pues de repente se inflama su ira. ¡Cuan bienaventurados son todos los que se refugian en Él! (Sal. 2:12 versión textual). Oye, hija, y mira, y aplica tu oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre, y deseará el Rey tu hermosura, e inclínate a Él, porque Él es tu Señor (Salmo 45:10-11 versión textual).
— Roberto Tinoco
Lucas 7:46
7.46 Otra de las costumbres de la cortesía oriental era la de ungir el rostro y la cabeza con aceite a manera de refrescarse, quitarse el polvo, y ahuyentar mosquitos en las reuniones sociales, además de perfumar a los visitantes. El fariseo, por supuesto, no ungió la cabeza de Jesús, no estaba dispuesto a gastar nada en Él. La mujer, por otro lado, está dispuesta a dar el corazón. Curiosamente, los fariseos se consideraban por sí mismos y aún por el pueblo, como las personas más espirituales de Israel, eran los santos, los ungidos y representantes de la religión de la nación. Pero no tuvo aceite para el Maestro. La pecadora, como la llamaron, sí tenía aceite para el Señor. Es una ironía que tuviera más unción que los religiosos. ¿Por qué es esto así? No es más ungido el que hace milagros, sino el que más ama y se da por ello. ¿No dijo el Señor que muchos harían milagros en su Nombre y Él no los conocía? ¡Qué amen –dijo el Señor!
— Roberto Tinoco
Lucas 7:47
7.47 El contexto menciona a Juan el Bautista como el más grande entre los nacidos de mujer, pero se aclara que el menor en el reino de los cielos es mayor que él (vr. 28), ¿quién es ese menor en el reino que es mayor que Juan? ¡La mujer pecadora! A causa de su amor por haber sido perdonada mucho, ¡mayor que Juan! Nuestro amor y gratitud, están íntimamente relacionados a lo que se nos ha perdonado, y también nuestro lugar en el reino. Quiero imaginar la maldad y soberbia del fariseo, que seguro pensó como podría pensar también el deudor de los 50 denarios: ¡a ese le perdonaron 500!, de haber sabido pido más dinero y me habrían perdonado mucho más. Pensando el fariseo: ella se ha divertido haciendo lo que le vino en gana y la perdonan y yo no. Si nuestro lugar en el reino está relacionado con la medida de amor que le tenemos al Rey en gratitud por su perdón, ¿cuán conscientes estamos de lo que nos fue perdonado? ¿Ustedes creen que Jesús siguió visitando la casa del fariseo? Les digo que no. Y si la relación con Dios, esto es, lo que hará en nuestras vidas depende de esto, ¿cuánta hambre y pasión tenemos por Él? ¿Cuánto es nuestro amor y agradecimiento? ¿Entrarías a la fiesta sin invitación?
— Roberto Tinoco
Lucas 7:48
7.48 Jamás había escuchado algo semejante. La carga de la culpa y de la indignidad, así como de la vergüenza, eran enormes, pero Jesús la perdonó completamente. ¿Comprendes lo que significa su perdón? ¡Es como si jamás hubiese cometido tales pecados! Perdonada de verdad, sin cuenta de males. El fariseo se llevó una reprensión por su falta de amor al no mostrar la mínima cortesía al Maestro (también el protocolo importa); mientras la mujer recibió gracia y elogios. Tu decides qué recibirás de parte de Dios: su gracia y su perdón o su juicio y condenación. ¡Ámalo!
— Roberto Tinoco
Lucas 7:49
7.49 Los amigos del fariseo eran tan religiosamente duros como él. Comenzaron a murmurar entre sí sobre el perdón que dio Jesús a la mujer. Conforme a las Escrituras, solo Dios puede perdonar pecados y salvar, lo que significaba que Jesús estaba tomando una prerrogativa divina; ¿acaso es Dios? Sabemos que sí, pero ellos tropezaban al tenerle en carne delante de ellos. ¿Quién es este? -es la pregunta. Allí está todo el asunto de la fe cristiana: Quién es Jesús. Si se trata sólo de un hombre, se resume a buenos consejos sin vida eterna; pero si se trata de Dios hecho Hombre, tenemos perdón y vida eterna. ¿Quién es Jesús para ti?
— Roberto Tinoco
Lucas 7:50
7.50 Jesús usaba frases que ponían la responsabilidad de su milagro, así como de su salvación en los seres humanos: “tu fe te ha salvado”. Dios puede salvar a quien le plazca, pero en esa misma voluntad, ha decidido salvar a quien confía en su Hijo Jesucristo. Así que puso la carga de prueba, por decirlo así, en el hombre: su fe. En cierto modo, todo el que se salva, se salva porque decidió creer en Jesús; y todo el que se pierde, se pierde porque decidió no confiar en Jesús. La fe o incredulidad de cada uno define su destino eterno. Algunos dirán que no podemos creer si Dios no lo hace creer, pero entonces todas las reprensiones al fariseo Simón y los elogios a la mujer pecadora carecen de sentido. El don del libre albedrío sigue ejerciéndose. Una vez aplicada la salvación por la fe, el resultado normal es vivir en paz. La paz con Dios produce paz de Dios. Jesús le dijo a la mujer que podía irse en paz. Llegó llena de culpas y vergüenza, prácticamente a escondidas; pero se fue llena de paz y salvación. Entró pecadora, salió hija de Dios. Si tú no tienes paz, revisa tu conciencia y reconciliate con Dios.
— Roberto Tinoco