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Hechos 1
La promesa del Espíritu Santo
1En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,🗨📝 2hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;🗨📝 3a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.🗨📝 4Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.🗨📝 5Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.🗨📝La ascensión de Jesús
6Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?🗨📝 7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;🗨📝 8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.🗨📝 9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.🗨📝 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas,🗨📝 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.🗨📝Matías toma el lugar de Judas
12Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.🗨📝 13Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.🗨📝 14Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.🗨📝 15En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo:🗨📝 16Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús,🗨📝 17y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio.🗨📝 18Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.🗨📝 19Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre.🗨📝 20Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; y: |par Tome otro su oficio.🗨📝 21Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros,🗨📝 22comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.🗨📝 23Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías.🗨📝 24Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,🗨📝 25para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.🗨📝 26Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Hechos 1: RV60
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Hechos 1:1
1.1 El primer tratado es el evangelio según Lucas (Lucas 1:1-4). Hechos es continuación de Lucas, el segundo tomo de una obra aún sin terminar. En griego, “primer” es “protos”. Era una palabra usada en el griego clásico para definir el primero de tres o más obras. ¿Estaría Lucas pensando en escribir un tercer tomo o es que el Espíritu Santo lo está llevando a cabo? Y “tratado”, en griego es “logos”; significa “palabra”. Este es el único libro en las Sagradas Escrituras en donde se ha traducido tratado y no palabra. Hechos es la segunda palabra de Lucas, dicho de otra manera, la segunda vez que Lucas escribe inspirado por el Espíritu Santo, el Inspirador de Logos. Hechos es la continuación del Logos encarnado en los evangelios. Teófilo, del griego “Theos”, que significa “Dios” y “filein”, “amor filial”; es decir, “amado por Dios”, tanto como “amante de Dios”. Pudiera ser un nombre propio, tanto como un seudónimo. Teófilo es el cristiano normal enamorado de Dios. Lucas habla en primera persona. Está hablando en primera persona. Ha preparado este libro a título personal, pero su mensaje no es acerca de sí mismo, lo sabemos porque nunca dice su nombre en todo el libro ni relata nada sobre sí. Su mensaje es “acerca de Jesús”. El método de Dios para transmitir su vida es el hablar su palabra. He allí la importancia de predicar a Cristo, no estamos transmitiendo una ideología religiosa, sino la vida divina. Notemos que no dice “acerca de lo que Jesús hizo o enseñó”, sino de lo que “comenzó a hacer y a enseñar”. Esto significa que el Señor aún no ha terminado su obra, cuando Él dijo “he acabado la obra que me diste que hiciese” (Jn.17:4), se refería sólo a su trabajo en los días de su carne, pero aún está en desarrollo su obra a través de su Cuerpo, que es la iglesia. Esta es la obra de Cristo en el Espíritu. Hacer y enseñar dupla del ministerio de Jesús y de los que son como Él. La obra sin enseñanza es incomprendida, pero la enseñanza sin obra es hipocresía. En el Señor, vivir y aprender van de la mano; no se puede practicar sin conocimiento, pero tampoco es válido el conocimiento sin la práctica. “La fe sin obras es muerta”; pero las obras sin la fe pueden llevar a la condenación. Nótese que primero se menciona “hacer” y luego “enseñar”. Enseñar lo que no vivimos, ¿en qué estará fundado?; ¿cómo sabremos que es real? Debemos vivir el evangelio a fin de poder predicarlo. Primordialmente somos cartas abiertas leídas por todos los hombres y en consecuencia enseñamos las cartas de las Escrituras. La gente lee más lo que hacemos que lo que decimos.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:2
1.2 Se refiere a los cuarenta días posteriores a la crucifixión del Señor, en los cuales se dedicó a confirmar y alentar a los atemorizados discípulos. Jesús usó hasta el último momento de su estancia en la tierra para la edificación de la iglesia. Nosotros también debemos vivir con el mismo propósito. Dice la Palabra que les dio Mandamientos, gr. “enteilámenos”, lit. “habiendo dado órdenes”. Dar órdenes es una relación y no sólo una fría especie de ley. La relación con Dios implica obediencia. En el reino de los cielos no se puede tener amistad con la autoridad a menos de que se le obedezca. Jesús les había dicho: vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando (Juan 15:14). Mandamientos que les dio por el Espíritu Santo. Un verdadero líder no ordena arbitrariamente, sino guiado por el Espíritu Santo. Si el Señor Jesús, siendo Dios, vivió los días de su carne en completa sujeción al Padre por el Espíritu, ¡cuánto más nosotros debemos de sujetarnos! Una misma orden tiene un sentido diferente según su origen, si procede del hombre puede llegar a ser tiranía; pero si procede del Espíritu es orden y teocracia. Es interesante que el mismo Espíritu de gracia sea también quien da los mandamientos, ya sea de Cristo o de la ley de Moisés. Por eso dijo Jesús: si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mat. 19:17). Hay vida abundante en la obediencia. Mandamientos dados a los apóstoles que había escogido. Los apóstoles fueron escogidos por el Señor Jesús siguiendo la inspiración del Espíritu. Esta es la razón por la que el Señor Jesús pasó la noche orando antes de escoger a los discípulos que habrían de ser sus apóstoles (Luc. 6:12-13). Es menester que antes de tomar decisiones, especialmente acerca de cuestiones eclesiásticas y nombramiento de líderes, consultemos al Espíritu Santo para que podamos decir como la iglesia inicial “Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros” (Hch. 15:28). A esto se refería el apóstol Pablo al recomendarle a Timoteo “no impongas las manos con ligereza a ninguno…” (1ª Tim.5:22). Veamos también aquí que el Espíritu Santo no inició su obra a partir del Pentecostés, pues Jesús escogió a sus apóstoles y los comisionó antes de su ascensión en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es eterno y desde antes de que se moviese sobre la faz de las aguas ha estado activo (Gen. 1:2). Los mandamientos originales que dejó el Señor se los encomendó a los apóstoles; y se los encomendó a ellos porque ellos habrían de establecer el fundamento doctrinal y administrativo de la iglesia. Sobre dicho fundamento sería edificada la iglesia (Ef. 2:20) al perseverar en la doctrina de los apóstoles (Hch. 2:42). Toda aquella forma de doctrina que no esté basada en las enseñanzas de los apóstoles no debe ser seguida por la iglesia. Los apóstoles primero fueron elegidos y luego comisionados; pero la confirmación vino cuando recibieron mandamientos para transmitir al pueblo. Recibir los mandamientos de Dios es el fundamento del llamamiento. Un enviado ha recibido órdenes y si no tiene ordenes que cumplir y transmitir, tampoco tiene un llamado que seguir.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:3
1.3 La palabra “padecido”, única en la Biblia, apunta hacia la cruz. La ley de Cristo, sus órdenes y mandamientos, no proceden de la vida natural, como en Moisés; sino de la vida sobrenatural de resurrección. La ley de Moisés era débil a causa de la carne; pero la ley de Cristo es poderosa a causa del Espíritu. Intentar cumplir la ley de Moisés es una carga muy pesada; pero llevar el yugo de Cristo es fácil y ligero. Bajo el Espíritu hay descanso. “Se presentó vivo”; literalmente “Él se puso al lado de ellos”. Indica su aparición posterior a su muerte; vivo es resucitado. Esto lo hizo para fortalecer y alentar la fe de los discípulos (Lucas 24:30-31). Ninguno de ellos hubiese podido ser un buen testigo, literalmente un mártir, de Jesucristo si se tratase de un fraude; Jesús los convenció de ser fieles a su misión resucitando de entre los muertos a fin de que estuviesen dispuestos aún a morir por Él. Así también, nuestra fe se basa en hechos y no en suposiciones ni leyendas. La piedra angular del cristianismo es la resurrección del Señor a diferencia de cualquier otra “fe”. Ni siquiera la cruz es el centro de nuestra confianza, sino la resurrección. Los discípulos no eran testigos de la muerte, aunque lo testificaban; sino que eran testigos de la resurrección. Andamos en vida nueva y Jesús está a nuestro lado. Jesús se presentó “con muchas pruebas indubitables” (1:3b). No fue el éxtasis emocional de un profeta ni la ilusión pasajera de algunos fanáticos. La resurrección del Señor es el testimonio comprobado muchas veces. La verdad exige evidencia, el Señor presentó muchas pruebas de modo que la resurrección del Señor es un hecho probado no deducido y sus pruebas son indubitables, es decir, tan convincentes que no se pueden ni negar ni dudar. Así pues, la resurrección del Señor no es “un asunto de fe” ni de apariciones o figuraciones, es un hecho. Veamos algunas de estas pruebas: El Señor se presentó a los once en Galilea (Mt.28:17). Conversó y comió con los caminantes de Emaús (Lc.24:13-32). Se presentó ante Pedro (Lc.24:36; Jn.20:19,36). A siete discípulos (Jn.21:1,14). ¡A más de quinientos hermanos juntos! (1ªCor.15:6). Y por último, al apóstol Pablo (1 Cor.15:8) entre muchos otros. “Apareciéndoseles durante cuarenta días” (1:3c) –dice el texto. El número 40 en las Sagradas Escrituras es símbolo de prueba y disciplina, juicio para los enemigos, y entrenamiento para los hijos. 40 años de prueba mediante adversidad estuvo Israel en el desierto y también 40 años pasó Israel desde la crucifixión hasta la destrucción de Jerusalén. 40 años de prueba mediante prosperidad en liberación y reposo bajo los jueces Otoniel (Jer.3:11) (Jec.3:31), Barac y Gedeón (Juec.8:28). 40 años de prueba mediante la prosperidad durante el dominio agrandado de David, Salomón, Jeroboam II y Joás. 40 años de prueba por humillación y servidumbre de Israel bajo los filisteos (Juec.13:1), en tiempos de Elí (1ªSm.4:18), y Saúl (Hch.13:21). 40 años de prueba en espera de Moisés en Egipto (Hch.7:23), y de Moisés en Madián (Hch.7:30). 40 días estuvo Moisés en el monte (Ex.24:18). 40 días estuvo Moisés nuevamente en el monte tras el pecado del becerro de oro (Dt.9:18,25). 40 días de los espías que trajeron 40 años de castigo (Nm.13:26; 14:34). 40 días de Elías en Horeb (1ªR.19:8). 40 días de Jonás en Nínive (Jon.3:4). 40 días estuvo Ezequiel acostado del lado derecho para simbolizar los 40 años de trasgresión de Judá. Así como el Señor tuvo que pasar por la prueba de los 40 días en el desierto para poder iniciar su ministerio, así también tuvo que presentarse por cuarenta días a los creyentes después de resucitar antes de ascender e iniciar su ministerio de Abogado Celestial y Cabeza de la Iglesia. ¿Quieres ser lleno del Espíritu Santo y realizar el propósito de Dios? No hay Pentecostés sin “los cuarenta” de la prueba. “Y hablándoles acerca del reino de Dios” (1:3d). El Señor no resucitó de entre los muertos para hablar de la muerte, sino del reino de Dios, tal y como lo hizo antes de su crucifixión. La muerte no alteró sus planes, la muerte era parte de sus planes. Muchos cambian su prédica cuando cambian sus circunstancias; pero no el Señor. El reino de Dios es el tema principal a predicar por parte de los discípulos y de la iglesia; siendo la cruz y la resurrección el punto de partida del reino. Vemos que los discípulos no entendían la amplitud de dicho reino, pues continuaban preguntando acerca del reino sólo en su carácter mesiánico, el cual es el reino de los cielos (vr.6). El reino de Dios es el plan gubernamental divino desde la eternidad y hasta la eternidad; el reino mesiánico es sólo una parte de él.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:4
1.4 El Señor capacita. Ante la falta de entendimiento de los judíos no vemos al Señor desesperado, pero sí atento, pues sabe muy bien que su obra será continuada por el Espíritu, así que en lugar de insistir más sobre la enseñanza del reino de Dios, les insta a que esperen y busquen el descender del Espíritu Santo sobre ellos. Esto es aun más válido para nosotros. “Y estando juntos” - del griego “sgnalizomenos” (sun, con; jalizo, agolpar; de jales, repleto de gente). Algunos lo interpretan como que estaban reunidos comiendo. El asunto es que las grandes obras de Dios en el Nuevo Testamento han comenzado en el congregarse de los santos en torno al Señor Jesús. Después de resucitar el Señor estuvo confirmando a los discípulos, juntando las ovejas, pues separados no podían llevar a cabo su obra. Recordemos que se trata de la extensión del cuerpo de Cristo, así que tenían (y tenemos) que ser uno. La visión individual es señal de falta de Rey (Jueces 21:25). En relación a la Presencia de Dios, la iglesia es su templo. En relación a la vida de Dios, la iglesia es su cuerpo. Quien no posee la visión de su cuerpo no posee tampoco el fluir de su vida. “Les mandó que no se fueran de Jerusalén”. Por el mismo principio anterior de la unidad del Cuerpo, les dio una orden explícita, mantenerse congregados a pesar de la tentación a escapar de la ciudad por temor a represalias. Tenían que quedarse en Jerusalén, pues de allí se habría de extender el reino al mundo, a pesar de que les pareciera más idóneo Galilea. Esto indica que nuestros pensamientos sin el Espíritu no son los del Señor. Habiendo sido Cristo expuesto a la humillación pública en Jerusalén, entonces desde allí ha de ser predicado en gloria. ¡Cuánta honra se le da a una ciudad rebelde! Nuestro Dios es lleno de misericordia y de oportunidad, haremos bien en insistir con el mensaje del reino ante aquellos que de entrada no lo recibieron. “Sino que esperasen la promesa del Padre”. La orden era que esperaran; pero no que esperaran a que las cosas se calmaran en Jerusalén, tampoco a que pasaran las fiestas y menos a que fuesen más personas. Ellos debían esperar el cumplimiento de la promesa del Padre. Esta promesa reiteradamente era que Dios nos daría su Espíritu Santo (Is.44:2-5; Ez.39:28-29; Joel 2:28-29). Aprendamos de esta orden que la obra de Dios se lleva a cabo con el poder de Dios no es de los veloces la carrera, ni de los valientes la batalla… (Ecl.9:11). No es con espada ni con ejército, sino con mi Santo Espíritu (Zac.4:6). Por tanto, no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios quien tiene misericordia (Rom.9:16). Haremos bien en no emprender nada por nuestra cuenta propia; sino que primero buscaremos la llenura del Espíritu Santo. “La cual, les dijo, oísteis de mí”. La promesa del Padre no era algo desconocido para los discípulos, sino un mensaje que el Señor les había enseñado repetidamente (Lc.24:49; Jn.14:16-17; 16:7). Incluso, como vimos en los textos citados, no era conveniente la partida del Señor para la recepción del Consolador. Cristo en su carne estaba en un solo lugar y limitado en su ministerio, mas por el Espíritu ahora está en todo lugar y no fuera de los creyentes, sino dentro. No es el ánimo de uno que te dice exteriormente, sino la vida de Dios desde nuestro interior. El Señor tomó muy en serio el mensaje y la llenura del Espíritu, hoy la iglesia enfatiza más la organización; pero ¿qué es la organización sin la vida divina? Si hemos de transmitir la vida divina, hemos de saturarnos de ella primero. Notemos: El Padre la prometió, el Hijo la confirmó y el Espíritu la cumplió. Así que ahora el Cuerpo de Cristo debe extenderla.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:5
1.5 El Señor honró a Juan. Juan fue para unos un loco, para otros un estorbo, unos vieron en él a un profeta más, el resto sólo recuerda su cabeza en el plato. Pero para el Señor, su siervo es quien tenía la razón y quien estuvo en la línea del propósito divino (Lucas 7:26-28). El bautismo de Juan era de agua. Un bautismo (gr. baptizo, sumergir) que simbolizaba el arrepentimiento, pero correspondiente a la dispensación anterior a la fe de Cristo (Hch.19:3-6). A partir de ahora ese sumergirse o ser sumergido será más allá del agua (sin que esto niegue el bautismo en agua, pues son dos diferentes), será del Espíritu Santo. Toda clase de cristianismo que niegue el bautismo en el Espíritu Santo es incompleto. El Señor Jesús ya había soplado en ellos el Espíritu Santo (Jn.20:22), pero ahora recibirían al Espíritu sobre ellos y no sólo dentro. Más allá de recibir, ellos serían sumergidos en el Espíritu. En esto vemos una diferencia entre “tener” el Espíritu y “ser tenidos” por el Espíritu. Esta es una promesa que debe buscarse por todos. El Bautizador es Cristo, el bautizado es el creyente y el recipiente es el Espíritu Santo (la diferencia a tener el Espíritu es el recipiente, en esta última el recipiente es el hombre). La Promesa, según vemos en la última parte del versículo, era para cumplirse “dentro de no muchos días”; esto es, inminente y pronto. Para “no muchos días después de hoy” (Blass). Este mismo proceso hubo en Jesús: Él fue concebido por el Espíritu Santo; el Espíritu Santo actuó en Él produciéndole una vida santa (Lc. 2:52). Pero después, el Espíritu descendió sobre Él para hacer posible su ministerio de poder (Lc. 3:22; 418).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:6
1.6 El Señor los comisiona. Los discípulos no tenían dudas en relación al establecimiento del reino, esto habla a su favor; pero seguían prejuiciados por su nacionalismo judío. No por dureza de corazón, sino porque aún no les había sido revelado. Miremos cómo el Señor Jesús no niega la realidad de un reino mesiánico futuro, el problema es que mientras Él les hablaba del reino de Dios, el cual es el gobierno eterno de Dios, ellos pensaban en un reino terrenal (Mt. 16:21-28; 20:26-28; Lc. 17:20-21; 18:31-34; Jn. 18:36). ¿Y no nos hemos equivocado igual que ellos alguna vez, buscando las bendiciones hoy y no las del mañana; enfatizando las bendiciones en lugar del que bendice? No critiquemos a los discípulos, entendamos que aún no había sido revelado que el nuevo Israel estaría compuesto de judíos y gentiles (Ef. 3:5-7), así que su pregunta tiene lógica.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:7
1.7 Como el misterio del reino sería revelado más ampliamente en el ministerio de Pablo (1 Ts. 5:1-2), el Señor no trata de explicarles el carácter del mismo todavía. Un buen maestro sabe esperar a sus alumnos. Sólo les atiende la pregunta al punto de indicarles que el establecimiento del reino mesiánico (del cual ellos preguntaban) sería futuro y no les tocaría a ellos. “Tiempos y sazones” en gr. chronos y kairos. Chronos habla de la duración del tiempo (comp. cronología); mientras kairos señala los acontecimientos de ese espacio de tiempo. Así que el Señor les está diciendo que no les corresponde conocer ni el cuándo ni el cómo del establecimiento del reino en la tierra, al cual conocemos como el milenio. Este “cuándo y cómo” del plan divino es exclusivo de su Arquitecto. Sólo el Padre dispensa su plan (Hch. 17:26; Deut. 29:29; Mt. 24:36; Ef. 1:10; Mr. 10:40). Que el Padre tenga en sí mismo la sola potestad de los planes divinos no excluye a Cristo ni al Espíritu de la Deidad, esto tiene un carácter administrativo, el Padre dirige, el Hijo obedece obrando y el Espíritu es el medio y poder de dicha acción.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:8
1.8 Esta es la razón de la espera y la capacitación para la tarea. El bautismo en el Espíritu no es el recibir a la persona del Espíritu, sino la manifestación de su poder. “Poder”, en gr. dúnamis (compárese dinamita). Esta es una de las cuatro palabras bíblicas que designan un poder muy grande. Las otras son exousia, autoridad delegada; ischuros, fuerza grande (física); y kratos, autoridad de dominio. Dunamis significa energía, poder, capacidad, gran fuerza, habilidad sobrenatural, fortaleza. Así que la norma del cristiano y de la iglesia llena del Espíritu es la manifestación del “dunamis” (poder sobrenatural) de Jesús. Si la iglesia no expresa el poder de Jesús, conviene que se detenga hasta ser llena del Espíritu. “Cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”. Distíngase entre recibir “dentro” y “sobre” el Espíritu. Ellos ya tenían dentro el Espíritu Santo desde que el Señor les impartió su aliento (Jn. 20:22; Jn. 14:17); pero aún les faltaba la manifestación de su poder, la cual inicia con el bautismo en el Espíritu. Aquí está el secreto para la obra de Dios: la llenura del Espíritu Santo. Nunca la capacidad humana igualará la capacidad divina. Los discípulos no podían ser testigos sin antes recibir el poder de Dios. Y no podían recibir el poder de Dios sin antes ser bautizados en su Espíritu. Entonces, ¿por qué invertimos el proceso? ¿por qué hoy la iglesia planea y trabaja y luego busca el respaldo divino? O peor aún, ¿por qué sale sin el poder del Espíritu? Con todo, nuestro énfasis no debe ser la búsqueda del poder, sino la búsqueda de la Persona Espíritu Santo, esto es, no buscamos sus dones sin Él, es ofensivo buscar los bienes de alguien sin ese alguien. “Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. Si bien es cierto que no se debe ser testigo sin el poder del Espíritu, es también cierto que todo aquel que es lleno del Espíritu no puede dejar de ser testigo del Señor. Aquellos que profesan ser llenos del Espíritu sin alcanzar almas para Cristo mienten. La palabra griega para testigo es “martir”. ¡Cuán significativa! Ser testigo es estar dispuesto a darlo todo, incluso la vida, por Cristo. Un testigo es uno que ha sido participante del hecho. No es testigo el que “habla de oídas”, sino el que ha experimentado el nuevo nacimiento y testigo más eficaz el que ha experimentado “el nuevo poder”. Siendo así las circunstancias, ¡cuán necesario es ser llenos del Espíritu Santo! Algunos dicen que el bautismo en el Espíritu era sólo una experiencia del primer siglo, pero ¿acaso no la necesitamos hoy tanto como ayer? ¿Y acaso no se ha repetido en estos últimos días como un hecho innegable? Notemos también la deidad de Cristo en este pasaje. El Señor dijo: “me seréis testigos”, esto es, testigos de Cristo. Todo judío que se precie de serlo reconoce que en el Antiguo Testamento los Israelitas son llamados “testigos de Yahwéh” (Is.43.10). De igual forma la iglesia es el testigo de Cristo en el Nuevo Testamento, así que el Señor Jesús es uno con el mismo Dios. Mira la trina Deidad: El Hijo comisiona a sus discípulos como sus testigos y el Padre envía al Espíritu para capacitarlos en cumplimiento a su Promesa. Es también este versículo el centro del libro, ya que presenta tanto su estructura como su propósito. El testimonio del Señor en círculos de Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. Esta es la extensión de la vida al mundo o el agrandamiento del cuerpo de Cristo. En la versión griega llamada la Septuaginta, se usan las mismas palabras griegas para Hch. 1:8 e Is. 49:6 ¿Significativo, no? Esto enfatiza que el evangelio debe ser llevado hasta el último rincón del mundo. La iglesia no espera que el mundo venga a ella, la iglesia llena del Espíritu va al mundo. Pero no olvidemos que “el buen juez por su casa empieza”, un buen testigo comienza en su Jerusalén, con los suyos. Quien oculta el testimonio de Cristo a los suyos, ¿cómo hablará de Él a los extraños? (1 Tim.3:5). El misionero, antes de salir al mundo debe salir de sí mismo.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:9
1.9 Y habiendo dicho estas cosas. Una vez que el Señor terminó de dar instrucciones a sus discípulos. Significa el fin del ministerio terrenal personal del Señor Jesús; a partir de aquí llevaría su obra a través de la iglesia como su Cuerpo. La ascensión del Señor fue un hecho visible, comprobable y progresivo. Es un hecho, porque realmente fue alzado. Este hecho no tiene intenciones astronómicas ni es para definir dónde está el cielo, sino para dejar claro que el Señor Jesucristo verdaderamente dejó a los discípulos y se fue al Padre, por lo que tenemos por cierto el Espíritu Santo y nuestro camino a Dios. Es un hecho visible: “viéndolo ellos”, dice el texto. No desapareció cuando ellos voltearon hacia otro lado, ni siquiera se desvaneció ante sus ojos. Su visible ascensión deja en claro la realidad de su resurrección y glorificación corporal. Es un hecho comprobable, por cuanto hubo testigos. Y no dos o tres, sino muchos, por lo que no es una alucinación. Es un hecho progresivo, porque el texto denota que no fue “un abrir y cerrar de ojos”, sino que ellos pudieron verlo en su ascenso en un periodo de tiempo considerable como para ser conscientes de lo que sucedía. Note cómo en el vr.10 dice: “con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que Él se iba”. La expresión “fue alzado” nos sugiere también que el Señor no ascendió con su propio poder, aún cuando hubiese podido hacerlo, sino que fue Dios quien lo llevó. Más tarde el apóstol Pablo habría de decir que Cristo “subió por encima de todos los cielos” (Ef.4:10), lo que nos habla de la unidad de propósito y de obra en la deidad. Similar a su muerte y resurrección, en donde Dios Padre entregó al Hijo y lo resucitó de entre los muertos por el Espíritu, pero también el Hijo se dio y se resucitó a sí mismo (Jn.10:17-18). Y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Esta es una referencia a la Presencia de Dios. La nube simboliza aquí que Cristo es recibido por la Presencia de Dios o ha llegado a la Presencia de Dios. En Éxodo 34:5 dice que Yahwéh descendió en la nube y estuvo allí. También, el pueblo de Israel fue guiado en el desierto de día con nube y toda la noche con resplandor de fuego (Sal.78:14). Vemos también que cuando fue inaugurado el templo de Salomón la nube llenó la casa de Yahwéh (1 Reyes 8:10). Cuando el Señor se transfiguró delante de tres de sus discípulos en el monte se oyó la voz del Padre “desde la nube” (Mat. 17:5). Ahora vemos que el Señor Jesús fue llevado arriba y ocultado por una nube. Mañana vendrá en las nubes del cielo (Mat. 26:64). La palabra griega para nube aquí es “nephele”. No se usa la palabra “homichle”. “Homichle” se refiere a una neblina no tan espesa como “nephele”; mientras que “nephele” se refiere a una nube con forma definida o a masas de nubes con una forma definida. No es bruma, sino nubes espesas. Así que el versículo habla de nubes físicas como un símbolo de la realidad de la Presencia de Dios recibiendo al Hijo corporalmente. La expresión “le ocultó de sus ojos” (gr. upélaben) literalmente debe traducirse en lugar de ocultar “llevar por debajo”. Así que la frase literal es “le llevó por debajo de sus ojos” (de uper, debajo; y lambano, llevar). En otras palabras, la Presencia de Dios ha dejado al Señor Jesucristo fuera del alcance de nuestros ojos terrenales. La corrupción no hereda la incorrupción; cosas que ojo no vio ni oído oyó… …las cosas espirituales han de discernirse espiritualmente. Pero también, la frase en su original griego sugiere que la nube se colocó debajo de Cristo. Cristo no entró a la nube, sino que la nube de gloria, la “shekinah” de Dios se puso debajo de Él y le llevó hasta quedar fuera del alcance de la vista de los discípulos. Si la gloria de Dios no nos sostiene, no podemos ser llevados a ningún lado. Ahora bien, el Señor Jesús ascendió a los cielos porque era necesario que así como entró en el mundo en un momento determinado (“venido el cumplimiento del tiempo”); así también era necesario que saliera de él en un momento específico para que retornara a la gloria del Padre que había tenido antes de su encarnación (Juan 17:4-5,11,13; Fil. 2:4-11). Por su parte, el hecho de que la nube se pusiera debajo de los pies del Señor simboliza la exaltación de Cristo. Él no ascendió siguiendo la gloria de Dios como lo hicieran los israelitas en el desierto, sino que la gloria de Dios le fue dada y con ella, todas las cosas fueron puestas debajo de sus pies o bajo su autoridad (Ef. 1:22; Heb.2:8).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:10
1.10 Mientras ellos tenían los ojos puestos en el Cristo de la gloria en los cielos fue que recibieron la palabra de Dios por medio de los ángeles acerca del retorno del Señor (vrs.10-11). Esto siempre es así, sólo cuando se tienen “los ojos puestos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe” es que podemos avanzar en la carrera cristiana; sólo mirando al Señor andamos sobre las aguas; sólo concentrados en Él recibimos de Él. Dios le habla a quienes miran a su Hijo. Sólo quienes tienen “los ojos puestos en el cielo” pueden llegar a Él venciendo lo terrenal. Y sólo quienes vivan como mirando el cielo podrán ver al Cristo de Gloria regresar. Respecto a los dos varones, la opinión general es que se refiere a dos ángeles ya que en las Sagradas Escrituras estos mensajeros se han presentado como varones vestidos de blanco, especialmente los dos de la resurrección del Señor (Mat. 28:3; Luc. 24:4; Jn.20:12); ¿serán los mismos de la resurrección? probablemente. Sabemos que eran dos ángeles porque el apóstol Juan lo dice (Jn. 20:12). Este es el testimonio del cielo en boca de “dos o tres testigos” (Heb. 10:28; 2 Cor. 13:1). Vemos que la costumbre de aquel tiempo era el enviar a “dos criados” (Hch. 9:38; 10:7), así como el Señor envió a sus discípulos de dos en dos (Lc. 10:1). No se usa el gr. “anthropos” por cuanto no se refiere a hombres, sino “andres” por cuanto sólo expresa su apariencia varonil. Vemos como aquel que está mirando al cielo tiene junto a él a los ángeles. Las vestiduras blancas son símbolo bíblico de la pureza (Ap. 3:4,18; 7:13-14). Es indispensable que el mensajero de Dios sea puro para que mantenga el mensaje divino puro. Sólo en santidad se puede ser embajador del Santo. Por ello David rogaba que le fuese dado “un corazón limpio” y renovado “un espíritu recto” dentro de él, sólo así podría “enseñar a los transgresores los caminos de Dios” para que se convirtieran a Él (Sal. 51:10-13).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:11
1.11 Implica que el mensajero del Señor no sólo debe acompañar; su misión principal es dar el mensaje. Los ángeles se pusieron “junto a ellos”, pero también les hablaron. Este mundo no será salvo sólo por la presencia de la iglesia, sino por el mensaje del evangelio dado por la iglesia. El hablar de los ángeles, su anuncio es prueba de certeza, ya que hay firmeza en la palabra dada por medio de ángeles (Heb.2:2). Varones galileos, ¿por qué estáis mirando el cielo? –dice el texto. Como recordándoles de dónde habían sido recogidos por el Señor. De Galilea, de la región despreciada. Era como si los ángeles les dijeran: “No se entristezcan, ¿recuerdan dónde estaban cuando Cristo vino a vosotros? ¡pues entonces nunca los abandonará!”. Parecía que los discípulos, después de que el Señor había sido llevado se quedaron en el asombro viendo el cielo, sólo la voz de los ángeles los sacó de su expectación. La obra no había terminado, no tenían porqué sentir melancolía; fueron traídos de Galilea y “largo camino les restaba”. El creyente no tiene porqué vivir impávido, sumergido en los recuerdos. La memoria sólo debe ser un aliciente (por la fidelidad de Dios); así como estuvo Dios en el pasado, así estará en el futuro. Quiera Dios hablarnos a través de ángeles cada vez que la somnolencia nos abrume. No sólo eran galileos, sino “varones galileos”; revestidos de dignidad. Debemos ver también aquí que la palabra “estáis”, en griego “estékate” significa “estar de pie”. No sólo es “estar mirando”, sino “estar de pie mirando”. Así es la condición del creyente que está expectante de lo que Dios hace, como el pueblo de Israel y los levitas ante el tabernáculo: “de pie delante de Yahwéh”. Sólo lo que tiene vida puede estar de pie y sólo lo que Dios ha vivificado con su Espíritu está de pie ante Él. “Este mismo Jesús” –leemos. En el original no dice “este mismo Jesús”, sino sólo este Jesús. Implica un solo Señor. La iglesia no espera otro Jesús, sino al mismo Señor Jesús. Es el mismo Señor anunciado en el Antiguo Testamento y el Señor encarnado en el nuevo; Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Heb.13:8). Denota también que Cristo está corporalmente en el cielo, es el mismo Jesús que resucitó de entre los muertos y que comió pan con sus discípulos; Esteban lo miró “a la diestra de Dios Padre” (Hch. 7:56). “Que ha sido tomado de vosotros al cielo” –sigue diciendo. En los evangelios hallamos el ministerio terrenal del Señor, a partir de ahora veremos el ministerio celestial del Señor. Fue tomado de entre los hombres para seguir trabajando a través de los hombres. Hechos es la continuación del ministerio de Cristo, sólo que ahora ascendido y por medio de la iglesia. “Así vendrá como le habéis visto ir al cielo” –leemos. El mensaje de los ángeles es la confirmación de que el Señor Jesucristo volverá. Ya Cristo mismo lo había prometido (Jn. 14:1-3). Aún cuando el término “segunda venida” no se encuentra en la Biblia, el retorno de Cristo es una doctrina y esperanza de la iglesia plenamente anunciada en las Sagradas Escrituras. El término bíblico es “parousía” (Mt. 24:3; 1 Cor.15:23; Fil. 3:20-21; 1 Ts.2 :1; 1 Ts. 3:13; 2 Ts. 2:1,8; Heb. 9:28; Stg. 5:7-8; 2 P.1:16; 3:4,12; 1 Jn. 2:28; Jud. 14-15; Apoc. 3:11; 22:7,12,20). Al no aparecer la expresión “segunda venida” en la Biblia claramente indica que se trata de una especie de continuación de la primera venida. Acerca de la forma del retorno del Señor, el texto dice claramente “así vendrá como le habéis visto ir”; en otras palabras, la venida del Señor será física, visible, corporal y con las nubes. “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Ap.1:7). (Dn. 7:13; Mt. 24:30; 26:64; Mr. 13:26; 14:62; Lc. 21:27; 1 Ts.4:17; 1 Jn.3:2).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:12
1.12 El Señor les mandó que no se fueran de Jerusalén (vr. 4), así que regresaron a Jerusalén. El plan divino era que desde allí debía extenderse el Cuerpo de Cristo. Quizá, a los ojos humanos, otros lugares eran más apropiados como base o centro de operaciones de la iglesia naciente, pero Dios había previsto en su propósito eterno que desde Jerusalén saliese su Palabra al mundo: en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre (2 Cr. 6:6; 37:7; Sal. 132:4). ¿Por qué Jerusalén? Me lo he preguntado algunas veces y sólo he concluido por Soberanía divina; salvo que trate de tomar “lo que no es para hacer lo que es”, un pueblo insignificante para hacer una gran obra que glorifique al Señor: “no por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Yahwéh y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Yahwéh os amó…” (Dt. 7:7-8). Mira la obediencia de los discípulos; pues siendo galileos regresaron a Jerusalén en sujeción a Cristo a pesar del menosprecio judío. Este es el principio del servicio del Cuerpo, bajo el yugo de la cabeza. El monte de los olivos se hallaba en las afueras de Jerusalén, al este, separado de la ciudad por el valle del Cedrón (2 Sm. 15:4,23,20). Es en este versículo el único lugar en el cual se le llama al monte de los olivos como el monte del olivar (forma latinizada). El profeta Ezequiel vio la gloria de Yahwéh resplandeciendo sobre el monte de los olivos cuando el Señor abandonó Jerusalén y su templo (Ez.11:23); Zacarías vio al Señor regresando a ese mismo monte (Zac.14:4-5). Allí fue donde comenzó la agonía del Maestro; desde allí ascendió a los cielos; y allí regresará. Así que este lugar es muy importante en la profecía bíblica; pero entre un cumplimiento y otro debe ser anunciado el evangelio, por lo tanto, los discípulos dejan el monte para ir a Jerusalén. El dejar el monte de los olivos e ir a Jerusalén tipifica un tiempo de gracia. Conforme a las leyes judías el día de reposo no se podía caminar más de dos mil codos; un codo en el Nuevo Testamento corresponde aproximadamente a 45 cms. Así que “camino de un día de reposo” es una distancia aproximada de novecientos metros. Esto significa que el lugar desde donde el Señor Jesús ascendió estaba a menos de un kilómetro de Jerusalén. ¡Cuán cerca estuvo Dios de los judíos y no lo supieron! Dios no está lejos de ninguno de nosotros - diría Pablo tiempo después en su discurso en el Areópago de Atenas (Hch. 17:27). Cristo, el reposo (camino de un día de reposo) de Dios, estaba cerca de los judíos.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:13
1.13 Pedro, también llamado Simón y Cefas. Era de Betsaida, pescador. Fue traído al Señor por su hermano Andrés (Jn.1:40-42). Su nombre significa “piedra” en griego (cefas en arameo). Era casado (Mr.1:30-31; 1ªCor.9:5). Recibió la revelación del Cristo (Mt.16:16-17). El primero en abrir las puertas del reino a judíos (Hch.1:15; 2:1-40) y a los gentiles (Hch.10). Se cree que murió crucificado de cabeza (a solicitud suya) por Nerón en el 64 d.C. Jacobo. Su nombre significa “suplantador” (de Jacob, el que toma por el talón). Hijo de Zebedeo. Era hermano mayor de Juan y pariente del Señor (su madre Salomé era prima hermana de María); llamado por el Señor cuando remendaba redes de pesca (Mt.4:21-22). El Señor Jesús lo llamó “Boanerges” (“hijo del trueno”) por su carácter violento (Mr.3:17) y ambicioso (Mr.10:37). Era del círculo íntimo del Maestro junto con Pedro y Juan (Mt.17:1-8, en el monte de la transfiguración; Lc.8:51, en la resurrección de la hija de Jairo; Mr.14:33, en el Getsemaní). Murió por orden de Herodes Agripa (Hch.12:2), el primer mártir de los 12 (44 d.C.). Clemente de Alejandría dice que “cuando Jacobo estaba siendo conducido al lugar de su martirio, su acusador fue llevado al arrepentimiento, cayendo a sus pies para pedirle perdón, profesándose cristiano y decidiendo que Jacobo no iba a recibir en solitario la corona del martirio. Por ello, ambos fueron decapitados juntos. Juan, significa “Yahwéh es benigno” o “ha hecho gracia” (del hebreo Yohanan, gr. Ioannes). Hermano de Jacobo, hijo de Zebedeo (Mt.4:21), su madre se llamaba Salomé (compare Mt.27:56 con Mr.15:40; 16:1 y Jn.19:25). Vino a Cristo por el testimonio de Juan el Bautista (Jn.1:35-40), de carácter difícil (Lc.9:49 no quería “rivales”; 9:52-56). Fue “el discípulo amado” de Jesús (Jn.19:26; 20:2). Era influyente, ya que su padre era propietario de barcas de pesca (Mr.1:20), y conocido del Sumo Sacerdote (Jn.18:16). Poseía una casa en Jerusalén (Jn.19:27). Es el escritor del evangelio, de tres cartas y del Apocalipsis; este último en el exilio en la isla de Patmos. Se cree que fue él quien fundó las iglesias de Esmirna, Pérgamo, Sardis, Filadelfia, Laodicea y Tiatira y que habiendo sido echado en un caldero de aceite hirviendo, escapó milagrosamente, sin daño alguno; por lo que Domiciano lo desterró a la isla de Patmos. Después, Nerva, el sucesor de Domiciano, lo liberó. Fue el único apóstol que no murió de muerte violenta. Andrés, significa “varonil”. Nacido en Betsaida, hermano de Simón Pedro y pescador. Juan el Bautista lo llevó a Cristo y fue él quien trajo a su hermano Pedro (Jn.1:35-40). Realizó obra misionera en Escitia, Grecia y Asia menor; pero al llegar a Edesa fue prendido y crucificado en Patre, Acaya, en una forma de X, que por ello recibe el término de “Cruz de San Andrés”. Felipe, del gr. “filippos”, significa “aficionado a los caballos”. Llamado a seguir al Señor un día después que Andrés y Simón; trajo a Natanael al Señor (Jn.1:43-46). De Betsaida Galilea (Jn.1:44; 12:21). No pudo sugerir al Señor cómo alimentar a los cinco mil (Jn.6:5-7); fue él quien trajo unos griegos a Jesús (Jn.12:21-22); pidió ver al Padre (Jn.14:8). Trabajó diligentemente en Asia superior y sufrió el martirio en Heliópolis, Frigia. Fue azotado, echado en la cárcel y después crucificado (54 d.C.). Tomás, en gr. Thomas, del arameo “téoma”, significa “gemelo”; de allí que fuera llamado “Dídimo” o mellizo (Jn.11:16; 20:24; 21:2). Preguntó por el camino al Padre (Jn.14:5). Dudó de la resurrección del Señor (Jn.20:24-25), mas ocho días después creyó y le adoró (Jn.20:28). De acuerdo con la tradición, trabajó más tarde en Parthia, persia e India (un lugar cerca de Madrás es llamado “monte de santo Tomás”). Esta misma tradición dice que en la India, tras provocar a los sacerdotes paganos a ira, fue martirizado, atravesado con una lanza. Bartolomé, del gr. “Bartholomaios” (tomado del arameo) significa “hijo de Tolmai o Talmai”. No se vuelve a mencionar en la Biblia. Según las tradiciones predicó en varios países, tradujo el evangelio según Mateo al lenguaje de la India propagándolo en aquel país. Finalmente fue cruelmente azotado y luego crucificado por los idólatras. Mateo, contracción de Matatías, significa “regalo de Yahwéh”. Llamado también Leví (Lc.5:27), hijo de Alfeo (Mr.2:14) oriundo de Nazaret. Autor del primer evangelio (según el orden del Nuevo Testamento y no cronológicamente). Y lo hizo en hebreo, traducido al griego, según se cree, por Jacobo el Menor. Antes de que el Señor lo llamase era publicano (Mt.9:9) en Capernaum en días de Herodes Antipas. En su conversión, Mateo llevó al Señor Jesús a su casa en donde le hizo un gran banquete (Lc.5:29). Después del Aposento Alto no se le menciona más en las Sagradas Escrituras. Trabajó en Partia y en Etiopía, país en el que sufrió el martirio, siendo muerto con una alabarda en la ciudad de Nadaba en el año 60 d.C. Jacobo hijo de Alfeo. (“suplantador”). Era hijo de María (una de las mujeres que acompañó al Señor en la crucifixión Mt.27:56 no la madre del Señor), es llamado “el menor” por su pequeña estatura (Mr.15:40)” o más posiblemente por ser hermano menor de Mateo (Mr.2:14). Simón el Zelote. Simón es la forma helenizada del nombre hebreo shimon, Simeón; significa “Dios oye”. Es llamado “zelote” (“lleno de celo”) porque es muy posible que antes de venir al Señor perteneciera a una secta judía radical - nacionalista que se autoproclamaba defensor de la virtud y la religión, se piensa que fueron ellos los que provocaron la revuelta que trajo la destrucción de Jerusalén. A este Simón se le designo así para distinguirle de Simón Pedro. Predicó el evangelio en Mauritania, Africa, e incluso se cree que también lo anunció en Gran Bretaña, país en el que fue crucificado en el 74 d.C. Judas hermano de Jacobo. Significa “alabado, celebrado”; aunque puede tan sólo ser la forma griega del hebreo Judá, que significa “alabanza”. También es llamado Lebeo (del hebreo leb, corazón; “valiente, cordial”), por sobre nombre “Tadeo” (de “tad”, “seno femenino” sugiriendo un carácter tierno) (Mt.10:3, Mr.3:18). Posiblemente el sobrenombre sea para diferenciarle de Judas el traidor. Jerónimo dice que Tadeo se llamaba también “Lebeo” y “Judas de Jacobo” y que fue enviado con una misión a Abgar, rey de Edesa. Eusebio consideraba que fue sacado de entre los setenta. Finalmente fue crucificado en Edesa en el 72 d.C. ¡Cuán diferentes eran entre sí los discípulos! La multiforme gracia de Dios tiene un lugar para cada uno.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:14
1.14 “Todos estos”, es decir, los once “perseveraban” (del griego proskartereo, lit. “ser fuerte hacia”; de pros, “hacia”, utilizado intensivamente y kartereo, “ser fuerte”); significa que los once eran fuertes o intensivos hacia la oración. Podemos incluir aquí su fidelidad en la asistencia al templo por la mañana y por la tarde en las horas de oración y su permanencia en oración en el aposento alto como su lugar de reunión (Luc. 24:53). Fueron diez días de alabanza y oración. Rogamos por avivamiento espiritual como el que ellos tuvieran, pero ¿somos igual de intensos en la oración? La versión “de las Américas” dice: “todos estos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración…” y la “Nueva Versión Internacional” traduce: “todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración…” ¿Cuál es la versión de la vida de la iglesia hoy a este respecto? ¿Por qué se dedicaban tan asiduamente a la oración? Después de todo, ¿no era una promesa cierta que el Espíritu Santo descendería? Ese era precisamente su motivación, el carácter pentecostal no solo ve la promesa, sino que la conquista. Dios busca hombres que cooperen con su plan. Nada hará Dios en su plan Divino sin la participación de su iglesia: Ap. 8:3-5; Is. 45:11; 59:16;62:6; Mat. 18:18-20 “como en el cielo…” Pero notemos que no oraban cada uno por su lado, sino que oraban “unánimes”, con un mismo ánimo (trad. Lit.). “El buen óleo” desciende de la cabeza al cuerpo (Sal. 133), así el Espíritu Santo había de derramarse y se derrama en el Cuerpo de Cristo, cuando los creyentes se unen en un cuerpo, cuando “dos o tres se ponen de acuerdo en lo que piden” (Mat. 18:19). La oración individual puede ser piadosa, pero nunca sustituye la oración congregacional. “Unánimes” (gr. homothymadon) se usa en el libro de los Hechos en diez ocasiones, y a excepción de Rom. 15:6 no se usa en otra parte del Nuevo Testamento. La palabra proviene de “homos”, “mismo”, y “Thymos”, “mente”; de modo que significa “con la misma mente”. Esa es la verdadera oración. Vemos también su intensidad en que era “oración y ruego”. Ruega el humilde y el necesitado, ruega el indigente y el humillado, es esta clase de carácter la que conquista todo de Dios: “si mi pueblo se humillase” - es el deseo divino - “…entonces yo oiré…” (2 Cr. 7:14); sólo quien suplica por “las migajas que caen de la mesa de los amos” llega un día a sentarse a la mesa. Aunque aclaro: no es la lástima lo que mueve a Dios, sino la fe. Es buscar su rostro antes que sus manos. Leemos: Con las mujeres, y con María la madre de Jesús y con sus hermanos. Posiblemente, las mujeres a las que la Escritura se refiere serían aquellas que siguieron al Maestro desde Galilea (Luc. 8:2-3; 23.49,55). Es notable el respaldo y la fidelidad que mostraron estas mujeres, que, sin ser reconocidas supieron ser entregadas. Frecuentemente son las mujeres las más devotas en la oración. Esta mención de Lucas sobre las mujeres debe estremecer todo pensamiento sexista que menosprecia a la mujer. ¡Todo el evangelio según Lucas dignifica a la mujer! Con respecto de María, la madre del Señor, es esta la última mención bíblica que se hace de ella. Lo que implica que todo lo que se dice de ella religiosamente carece de sentido, pues si Dios hubiese tenido tal intención, mucho más se hablaría de ella. Mencionar a María tiene un significado especial en cuanto ella tenía mucho que decir del Señor, pero si ella ocupase un cargo de co-redentora, ¿no debiera la Escritura mencionar tan grande asunto? Si ella estaba allí era porque era creyente, porque también necesitaba del Espíritu Santo y porque Juan cumplía la encomienda del Maestro de cuidarle (María habría de fallecer de muerte natural bajo el cuidado de Juan en la ciudad de Éfeso). Si María ocupase un lugar preeminente sería una ofensa mencionarle después de los once y peor aún, después de las otras mujeres. Nada dice la Palabra con respecto a su supuesta ascensión y menos aún de su “mediación”; siguiendo el consejo apostólico no hagamos doctrinas de la imaginación, pues Dios nos ha enseñado a no pensar más allá de lo que está escrito (1 Cor. 4:6). Nótese que además, fue la madre de Jesús, pero nunca fue llamada “la madre de Dios” (el solo término anuncia herejía y blasfemia). Se mencionan también los hermanos del Señor. Las hipótesis levantadas para tratar de decir que eran primos o hijos de José de un matrimonio anterior son ridículas suposiciones con el malsano deseo de exaltar a María como siempre virgen. (Curiosamente, lo extraño en el pensamiento judío sería el celibato, pues el matrimonio era considerado honroso, lo mismo que la relación conyugal). La Biblia dice claramente - y esto nada tiene de impuro- que los hermanos de Jesús se llamaban Jacobo (el escritor de una epístola del Nuevo Testamento), José, Simón y Judas (otro escritor del Nuevo Testamento), además de hermanas (Mat. 13:55-56; Mar. 3:31-35). Tales hermanos fueron incrédulos hasta después de que el Señor resucitó (Mar. 3:21-32; Jn. 7:5; 1 Cor. 15:4,7); mas tarde Jacobo habría de destacarse como el primer dirigente de la iglesia de Jerusalén (Hch. 12:17; 15:13; 21:18; Gal. 2:9-12).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:15
1.15 Tal y como nos tiene acostumbrado el osado apóstol en los evangelios, también en Hechos toma la delantera. Pedro tenía liderazgo y tomaba la iniciativa, es visto como líder hasta el cap.15 del libro (2:14-37; 3-5-12; 4:8; 5:3-29; 8:20; 9:32; 10:5-48; 11:4; 12:3; 15:7) (sin contar además que el nombre del apóstol encabeza las cuatro listas de sus colegas); pero como bien expresan estos pasajes, nunca ejerció la autoridad como un solo obispo principal de Jerusalén y menos aún de Roma. Su espíritu impetuoso y el gran amor que le tenía al Salvador le hicieron tomar con frecuencia la delantera entre los doce. Así es todo aquel que ama vehementemente al Señor, su vida lo refleja, no puede permanecer impávido quien se ha dado a Cristo. Ahora bien, el hecho de que Pedro hablara y que hablara lo que dijo, indica que además de orar atendían las Escrituras. Parece ser que Pedro fue sorprendido por la revelación de textos bíblicos que lo impulsaron a buscar el remplazo de Judas. El apóstol aprendió a “escudriñar para ver qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu” (1 P.1:11). Y los reunidos eran como ciento veinte en número. ¿No había aparecido el Señor a más de quinientos hermanos juntos? (1ªCor.15:6) ¿en dónde estaban? Es claro que no todos permanecieron unidos y es también claro que se perdieron el privilegio del Pentecostés. Hay quienes, aún cuando retienen la fe, no retienen la visión del cuerpo, por lo que suelen perderse las bendiciones de Dios, tal y como Tomás perdió la primera aparición del Señor resucitado. El Espíritu se derramó en la reunión; Eklesía es Asamblea, estar fuera de ella voluntariamente priva de su vida. El número de los reunidos era “como” ciento veinte, no literalmente ciento veinte, pudo haber más o menos. En realidad, el texto dice traducido lit. “y era el grupo de nombres (gr. onomátron, comp. honomástico) reunidos como ciento veinte”. ¿Tomaban acaso lista de asistencia? Es por demás entendido que en la reunión de los santos cada nombre es importante, aún Dios mismo lleva registro de ellos en el libro de la vida. Con respecto al número 120, debe notarse que en la Biblia simboliza el gobierno divino. Por ejemplo, los judíos tenían en “la Gran Sinagoga” (Neh.10) a 120 miembros. De allí surgió el Sanedrín. Todo esto significa que ahora Dios acercaba el reino de los cielos restaurándole la Palabra a través de la iglesia.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:16
1.16 Un título de fraternidad y dignidad que en nada excluye a las mujeres, en el pensamiento judío generalizaba hombre y mujer, así como hoy nos referimos a la humanidad como a todos los hombres. Pedro expresó que la Biblia es infalible, tal y como el Señor había dicho: ni una tilde ni una jota pasará … sin cumplirse (Mt.5:18). El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lc.21:33); la hierba se seca y la flor se marchita; pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre (Is.40:8). ¡Cuánta seguridad nos da la fidelidad divina, no es como el hombre que por más fiel que intente ser no posee el poder de cumplir su palabra, Dios sí es Todopoderoso para ser fiel (Sal. 119:89-90,152; 1 P.1:25). En que el Espíritu Santo habló antes por boca de David. En esta frase se encuentra la semilla de la inspiración de las Sagradas Escrituras. Pedro reconoció que lo que David había hablado provenía del Espíritu Santo. La fortaleza de nuestra fe radica en que “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P.1:21; véase Lc. 1:70; 2 Tim. 3:16). No seguimos el invento de los hombres ni las ideas de presuntos iluminados, tenemos la Biblia como “la Palabra profética más segura, a la cual haremos bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra…” (2ªP.1:19). Acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús. Judas dio nombre a la traición con su incalificable hecho; pero, ¿por qué entregó al Maestro? ¿cuáles fueron las motivaciones de Judas? A mi juicio, son las siguientes: Era un hecho predeterminado de Dios. En su presciencia Dios supo lo que había de hacer Judas y, sin moverlo a ello, lo escogió sabiendo que sería el “vaso de deshonra” y “el hijo de perdición” (Jn. 6:64,70; 17:12, 13:21-26; Mt. 26:25) lo que no significa que Dios le negara alguna vez su misericordia; pues también Judas recibió las promesas del Señor como uno de los doce (incluyendo la de reinar en un trono a Israel); de hecho, hasta el último momento el Señor le llamó “amigo” (Mt. 26:50). ¡Cuánta oportunidad se le daría que el Señor mismo lavó sus pies y le amonestó a arrepentirse! (Jn. 13:10-11). En segundo lugar, Judas Iscariote (de “Keriot”) era un hombre ambicioso que creyó llegar a tener lo mejor “de ambos mundos”, siguió al Señor por las ventajas materiales que supuso le traería el reino mesiánico, de allí que, como tesorero de los doce sustrajera de la bolsa (Jn. 12.6). Al escuchar las constantes alusiones del Señor a su futura muerte, pensó en sacar provecho entregándole, esto es, dando a conocer el lugar privado en donde se reunían (el monte de los olivos) (Mt.26:14-16; Mr.14:10-11). Los principales sacerdotes acordaron darle 30 piezas de plata, el precio miserable de un esclavo (Ex.21:32) ¡esta fue la peor venta de la historia! (Siendo el precio de un esclavo, tipifica a Jesús como el Hijo del Hombre al tomar el lugar de la humanidad en su esclavitud para liberarle por medio de su muerte). Con todo, Judas no buscaba la muerte del Señor, sino que supuso que el Señor, al ser arrestado, se vería obligado a manifestarse como el Mesías; lo que traería el establecimiento del reino y la lógica exaltación de los doce, de allí cuando Judas vio que el Señor fue entregado a muerte se dio cuenta de que se había equivocado, las cosas no salieron como esperaba haciendo de él un terrible criminal, por lo que, lleno de remordimiento intentó deshacer el acuerdo con los judíos, mas al ser esto imposible se suicidó ahorcándose (Mt. 27:3-5). ¡Qué terrible advertencia hallamos en Judas todos los que seguimos al Señor Jesús! Conviene que hagamos un alto y meditemos: ¿lo seguimos porque lo amamos o porque buscamos sacar provecho de Él? ¿tenemos un comportamiento ambicioso y mundano que constantemente le traiciona? Cada uno medite acerca de sí mismo y entréguese al Señor.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:17
1.17 Literalmente, Judas Iscariote fue uno de los doce. Presenció los milagros del Señor, estuvo comisionado con los doce para predicar el evangelio recibiendo autoridad de Dios para expulsar espíritus inmundos y sanar enfermos (Mr.6:17-13; Lc.9:1-6). Participó en la alimentación milagrosa de los cinco mil (Jn.6) y de los cuatro mil (Mt.15:32-39). Recibió la promesa de sentarse en un trono para juzgar a Israel (Mt.19:28). Pero aún así, escogió el camino de satanás por lo que le acompañará eternamente. No tomemos en poco la condenación de Judas, él estuvo con el Maestro más de tres años cara a cara y aún así se perdió. El texto griego se traduce literalmente como “contado era entre nosotros y obtuvo la porción de este ministerio” (nótese “porción”, como quien goza de una herencia). Pongamos mucho cuidado a quiénes somos y lo que hacemos”: “no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser eliminado” - decía Pablo (1ªCor.9:27).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:18
1.18 Tanto para Pedro, como para el resto de la iglesia, el salario dado a Judas no es el precio de Cristo, sino el salario de la iniquidad del traidor; del mismo modo que la primogenitura no vale un plato de lentejas. Esto nos muestra cuán desproporcionada es la visión del ambicioso, que cambia lo eterno por lo perecedero y peor aún que cambia, al Dios Todopoderoso por el mundo. Hay Judas hoy que no tienen tiempo para Dios por estar demasiado afanados con los negocios de esta vida. Luego, en la frase “adquirió un campo”, si la comparamos con Mt.27:7, parece haber una diferencia. Lucas dice en Hechos que Judas adquirió un campo con el pago de la traición, mientras que Mateo dice que fueron los principales sacerdotes quienes hicieron dicha compra. En realidad fueron los sacerdotes quienes, después de común acuerdo, compraron el campo, la alusión de Lucas significa que Judas, con toda su ambición, sólo llegó a producir lo suficiente para un pequeño terreno que se usaría para sepultura de los extranjeros. Otros lo interpretan como que Judas ya estaba en tratos para la compra del terreno y que luego los sacerdotes lo concluyeron, pero esto, a mi juicio, no lo explica. La siguiente porción de la Escritura señala que Judas, después de haberse colgado, cayó de su horca, ya sea porque el cinto (con el que comúnmente se colgaban quienes se suicidaban) se rompió o porque la rama que lo sostenía se quebró o simplemente porque, en la presión psicológica y nerviosa en que se encontraba no supo cómo atarse. Lo cierto es que cayó y de una altura considerable, pues su cabeza se reventó por la mitad y sus entrañas (cerebro) se derramaron. Con frecuencia, quienes se suicidaban colgándose lo hacían de un árbol que estuviese en la orilla de un precipicio para que una vez colgado, sus pies no hallaran piso firme. Ni Pedro ni Lucas extienden la explicación, pues esto “fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén”. ¡Todos lo sabían! Así que no había necesidad de concordar Hechos con los Evangelios; no hay diferencias, sino complementaciones.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:19
1.19 El caso Judas fue tan conocido en su tiempo, que llegó a ponérsele nombre al campo comprado con el dinero de la traición (vr.19). Siempre que alguno se vuelve atrás de la fe de Cristo es producto del escándalo, todos se enteran (1 Sm.2:24; 2 Cor.6:3; 8:21; Tit. 2:8; 1 P. 4:15). El campo fue llamado Acéldama (Arameo), Lucas nos da su significado: “Campo de sangre”. Ese es el producto de la ambición, sangre y muerte. La ambición es el terreno propicio para sembrar la muerte, es un campo muy apropiado para cementerio, es el veneno que cambia un campo del Alfarero en sepultura de los extranjeros (Mt. 27:7); aquella vida que estaba siento transformada por el Alfarero Divino, a causa de su propia codicia llegó a ser muerte como extranjero, ajeno a los pactos y promesas de Dios “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, fueron descarriados de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores” (1 Tim. 6:9-10).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:20
1.20 El apóstol Pedro encontró sustento espiritual para que eligiesen a otro discípulo en el círculo y ministerio de los doce. Citó los Salmos 69:25 y 109:8. En ambos salmos mesiánicos las porciones bíblicas están dirigidas en forma de maldiciones a aquellos que atentaron traicioneramente contra David, Jesús es el nuevo y verdadero David (Mesías), así que es congruente la aplicación sobre la traición de Judas. Aparentemente Pedro usó arbitrariamente el Antiguo Testamento, pero una vez que se mira más atentamente, se verá la profundidad espiritual del apóstol. Sea hecha desierta su habitación -significa que la traición humana deja vacío el puesto ministerial. Y no haya quién more en ella, señala la necesidad de un remplazo, por lo que lógicamente agrega: y tome otro su oficio. Es muy interesante la palabra griega usada para oficios: “epískope”, de donde proviene “episcopal” y “obispo”. Significa “supervisor” (de epi, “sobre”; y skopeo, “mirar, vigilar”). De modo que los doce apóstoles, entre ellos Judas, eran obispos, supervisores de la iglesia (superintendentes, sobreveedores). Más tarde los apóstoles llamarían obispos a las personas encargadas de dirigir las iglesias (Hch. 20:17, 28). El término obispo en las Sagradas Escrituras es intercambiable con el de “pastores” y “ancianos”. Con todo, debemos entender que el oficio referido de obispo es más un servicio que un cargo: si alguno anhela obispado, buena obra desea (1 Tim.3:1), no dice buen cargo, sino buena obra. Con relación a los requisitos para esto véase 1 Tim. 3:1-7; 2 Tim. 2:24-26; Tito 1:5-9).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:21
1.21-22 Pero debe sustituir a Judas. No se está adelantando a su tiempo; por el contrario, es indispensable el número perfecto del reino (12) para la venida del Espíritu Santo. Es la perfección gubernamental en contraste con el 11, que en la Biblia señala el desorden y la imperfección. Por ejemplo, cuando la familia de Jacob estaba sin José por haberle vendido y hallarse en Egipto, se encontraba desordenada y en graves problemas. También, cuando Sedequías reinó en Jerusalén, lo hizo por once años que fue cuando Nabucodonosor completó el trabajo de poner fin al gobierno de Judá (2 Cr. 36:2; Jer. 39;12; 52:1). El número 12, por su parte, representa la perfección gubernamental en la Biblia; veamos ejemplos: Doce es el múltiplo de 3 (perfección divina) y 4 (número de lo terrenal), de modo que es el gobierno divino sobre la tierra. Hubo 12 patriarcas desde Set hasta Noé y 12 desde Sem hasta Jacob. Fueron 12 los hijos de Jacob y 12 las tribus de Israel. 12 fueron los Jueces de Israel. El Templo de Salomón estaba diseñado en base al 12, lo mismo que La Nueva Jerusalén descrita en Ap.21. Fueron 12 las personas ungidas: 5 sacerdotes (Aarón, Nadab. Abiú, Eleazar e Itamar) y 7 reyes (Saúl, David, Absalón, Salomóm, Jehú, Joás y Joacaz). Se puede observar en esta lista que Saúl es el ungido número 6, él es la elección humana; a diferencia de David, ungido número 7, la elección divina, el hombre escogido “conforme al corazón de Dios”. Jesús apareció en público por primera vez a los 12 años, 12 legiones de ángeles marcan la perfección de poderes angélicos (Mt.26:53). Como nota interesante, puede verse que la palabra “palacio” (aulé) aparece 12 veces en la Biblia; perfección gubernamental. Estos son los requisitos para nombrar al doceavo apóstol: Haber sido fiel: “estado junto con nosotros todo el tiempo”. La promoción de uno que, ocupando un cargo inferior fue fiel a Él. Fiel a Cristo y a la iglesia: “con nosotros…” y con “el Señor Jesús que entraba y salía entre nosotros” (se enfatiza mucho el “nosotros”). Ser testigo presencial: desde “el bautismo de Juan” hasta la ascensión. Precisamente porque la función principal de los apóstoles sería el ser testigos de Cristo en su evangelio (especialmente de la resurrección). Debía ser un testigo de Cristo, uno que también anduvo con Él, por cuanto todo lo que Cristo hizo fue para el perfeccionamiento ministerial de los que le seguían; entrenamiento que dio desde Juan hasta su ascensión. Nadie estaría capacitado para esto fuera de los que anduvieron con el Señor (si bien Pablo se destacaría más tarde como apóstol, es por demás claro que pertenecía a un orden diferente).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:22
1.21-22 Pedro debe sustituir a Judas. No se está adelantando a su tiempo; por el contrario, es indispensable el número perfecto del reino (12) para la venida del Espíritu Santo. Es la perfección gubernamental en contraste con el 11, que en la Biblia señala el desorden y la imperfección. Por ejemplo, cuando la familia de Jacob estaba sin José por haberle vendido y hallarse en Egipto, se encontraba desordenada y en graves problemas. También, cuando Sedequías reinó en Jerusalén, lo hizo por once años que fue cuando Nabucodonosor completó el trabajo de poner fin al gobierno de Judá (2 Cr. 36:2; Jer. 39;12; 52:1). El número 12, por su parte, representa la perfección gubernamental en la Biblia; veamos ejemplos: Doce es el múltiplo de 3 (perfección divina) y 4 (número de lo terrenal), de modo que es el gobierno divino sobre la tierra. Hubo 12 patriarcas desde Set hasta Noé y 12 desde Sem hasta Jacob. Fueron 12 los hijos de Jacob y 12 las tribus de Israel. 12 fueron los Jueces de Israel. El Templo de Salomón estaba diseñado en base al 12, lo mismo que La Nueva Jerusalén descrita en Ap.21. Fueron 12 las personas ungidas: 5 sacerdotes (Aarón, Nadab. Abiú, Eleazar e Itamar) y 7 reyes (Saúl, David, Absalón, Salomóm, Jehú, Joás y Joacaz). Se puede observar en esta lista que Saúl es el ungido número 6, él es la elección humana; a diferencia de David, ungido número 7, la elección divina, el hombre escogido “conforme al corazón de Dios”. Jesús apareció en público por primera vez a los 12 años, 12 legiones de ángeles marcan la perfección de poderes angélicos (Mt.26:53). Como nota interesante, puede verse que la palabra “palacio” (aulé) aparece 12 veces en la Biblia; perfección gubernamental. Estos son los requisitos para nombrar al doceavo apóstol: Haber sido fiel: “estado junto con nosotros todo el tiempo”. La promoción de uno que, ocupando un cargo inferior fue fiel a Él. Fiel a Cristo y a la iglesia: “con nosotros…” y con “el Señor Jesús que entraba y salía entre nosotros” (se enfatiza mucho el “nosotros”). Ser testigo presencial: desde “el bautismo de Juan” hasta la ascensión. Precisamente porque la función principal de los apóstoles sería el ser testigos de Cristo en su evangelio (especialmente de la resurrección). Debía ser un testigo de Cristo, uno que también anduvo con Él, por cuanto todo lo que Cristo hizo fue para el perfeccionamiento ministerial de los que le seguían; entrenamiento que dio desde Juan hasta su ascensión. Nadie estaría capacitado para esto fuera de los que anduvieron con el Señor (si bien Pablo se destacaría más tarde como apóstol, es por demás claro que pertenecía a un orden diferente).
— Roberto Tinoco
Hechos 1:23
1.23 ¿Por qué no escogieron como candidatos al apostolado a tres o a diez o a otro número cualquiera? El Espíritu Santo los guió a sólo dos por cuanto en la Biblia el número dos, en el sentido positivo, señala el testimonio. Miremos sólo unos ejemplos: El testimonio de Dios al hombre está en dos partes: El Antiguo y el Nuevo Testamentos. Dos fueron los testigos fieles de la incursión a Canaán: Josué y Caleb. El Señor Jesús envió a sus discípulos a dar testimonio del reino de dos en dos (Mr. 6:7; Lc. 10:1). La Segunda Persona de la Deidad, el Hijo, es llamado “el Testigo Fiel” (Ap. 1:5). La palabra aletheuo (decir o hablar la verdad) aparece dos veces. Inmutable (ametathetos), dos veces. Interesante. A José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo y a Matías -Aquí tenemos un tipo de la ley y la gracia, o mejor dicho, de cómo la gracia hizo a un lado a la ley. José significa “que Él añada”. Este José era llamado “Barsabás” que significa “hijo del sábado” y era apodado “Justo”. ¿No es este un claro tipo de la ley? La ley demandaba la justicia de Dios y su característica sobresaliente era guardar el sábado, el día de reposo. Por otro lado, Matías es la forma abreviada de Matatías, “Don de Yahwéh”, ¿y qué es la gracia, sino el don de Yahwéh”. La ley y la gracia testifican de Cristo, mas la ley es hecha a un lado por causa de la gracia.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:24
1.24 ¡Cuán diferentes a hoy fueron las primeras elecciones de la iglesia! No eligieron en base a la política ni a títulos ni a la simpatía; fue la iglesia unida preguntando al Señor por su voluntad. No fue uno el que oró, fueron todos “y orando, dijeron” (plural). Pero no fueron muchos los que escogieron, no fue democrático, fue sólo uno: “Tú Señor”. La voz del pueblo, al menos aquí, no es voz de Dios. Por eso es que podían pedir al Señor “muestra cuál de estos dos has escogido”. Miramos también la manera en la que oraban los primeros cristianos: unánimes. Para tomar decisiones importantes (especialmente y no únicamente), sigamos estos principios: Determinar un criterio lógico y bíblico, examinar las alternativas y orar a Dios pidiendo sabiduría y dirección para tomar decisiones sabias en Él. Mientras las intenciones del corazón no sean las correctas, ningún método para la elección de obreros serán las correctas. Siendo que todos los apóstoles fueron escogidos personalmente por el Señor Jesucristo (Lc. 6:13); la iglesia trajo ahora ante Él la decisión de la sustitución de Judas. Más tarde habría de ser revelado más ampliamente que es precisamente el Señor Jesús quien levanta los ministerios (Ef. 4:11). Es a Cristo a quien habrán de servir; por tanto, es Él quien debe nombrarlos. De allí que ningún ministro debe ser instituido como tal por los hombres; a lo más la iglesia, como Cuerpo de Cristo, ratifica lo que Cristo, la Cabeza, ha establecido. ¡Cuántos “fracasos” ministeriales se evitarían si se atendiese a esto! Sólo nuestro Señor está realmente capacitado para levantar y nombrar ministros, ya que sólo Él “conoce los corazones de todos”; de manera que sea Él quien escoja y muestre a la iglesia su elección. Los hombres miramos los títulos y la apariencia, pero Dios escoge de acuerdo al corazón (1 Sam. 16:7). Los ministros deben ser escogidos, primero, por Dios y confirmados por los hombres; y segundo, de acuerdo a su corazón y no a su apariencia o credenciales. Con todo, no podemos pasar desapercibido que los candidatos fueron traídos al Señor por la iglesia, viéndose en esto la participación humana en la elección divina; mas nunca la suplantación de dicha elección. Dios elige y la iglesia confirma y no que la iglesia elija y Dios confirme.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:25
1.25 La palabra “ministerio” (gr. diakonía), de donde surge el término de ministros y ministración, proviene en principio de los deberes domésticos de un servidor (Luc. 10:40 “quehaceres”). De modo que el ministerio es el servicio dado a Dios en relación a su casa, la iglesia y su reino. Para el apostolado véase la nota alusiva a 1:2. “De que cayó Judas por trasgresión, para irse a su propio lugar” (1:25b). En el texto griego se usa la palabra parebe, derivado de parabino (de “para”, aparte, a través; y “baino”, ir). Literalmente significa “caer por transgresión”, “extraviarse” en el sentido de quebrantar y no sólo de perder el rumbo. Así que no se trata sólo de un desvío o de dejar por descuido, sino de transgredir el llamamiento divino. “Parabino” es el término usado para señalar el acto de hacerse indigno de confianza, violación, rebelión, aberración, apostasía, desviación voluntaria y en maldad de una dirección original y verdadera. Así que Judas voluntariamente abandonó su servicio apostólico porque se decidió por el pecado. La frase “irse a su propio lugar” más que referirse al infierno, señala que Judas tomó otro camino diferente a su ministerio, el camino de la traición. De modo que la condenación no era un lugar definido para él, sino por él.
— Roberto Tinoco
Hechos 1:26
1.26 No debe extrañarnos el método usado por este primer grupo de creyentes para la elección del doceavo apóstol. A veintiún siglos de distancia y en un entorno democrático puede parecernos fuera de lugar el echar suertes, sin embargo, en el contexto del momento, esto era perfectamente normal. Aún no había descendido el Espíritu Santo y el Señor Jesús ya se había retirado, de modo que tuvieron que acudir a las costumbres que había usado Israel a lo largo de su historia para este tipo de decisiones (Lev. 16:8; Jos. 18:10; 1 Sm. 14:41-42; 1 Cr. 24:5; Jon. 1:7; Neh. 11:1). En Israel todos los puestos y tareas en el templo se distribuían por sorteo; escribían los nombres de los propuestos sobre piedras; se ponían las piedras en un recipiente, el cual era sacudido hasta que una de las piedras cayera; y el nombre inscrito en ella era el elegido para ocupar el cargo. No debemos pensar en repetir este proceso, pues las Sagradas Escrituras no vuelven a mencionar el echar suertes después de la venida del Espíritu Santo. A partir del Pentecostés es el Espíritu Santo dentro de los creyentes quien nos guía a toda verdad y a toda justicia (Jn.16:13). Y la suerte cayó sobre Matías y fue contado con los once apóstoles -Dios lo eligió con el sistema antiguo testamentario (Pr. 16:33). Acerca de Matías nada más sabemos por la Biblia; la historia de la iglesia dice que desarrollando su ministerio en Jerusalén fue apedreado y luego decapitado. Con la elección de Matías el número de los doce quedó completo.
— Roberto Tinoco