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Hechos 26
Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Hechos 26: RV60
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Hechos 26:1
26.1 El Espíritu les dará qué hablar –prometió Jesús para esos momentos en los que seríamos perseguidos e interrogados a causa de nuestra fe. No era Agripa quien daba permiso, sino Dios; y no era Pablo quien hablaba, sino Dios. Cuando las circunstancias parezcan más adversas, ten confianza, Dios estará más presente.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:2
26.2 Como preso, pero dichoso. Era acusado de muchas cosas por los judíos, pero no perdía su entusiasmo. Ser feliz no resulta de lo que sucede fuera de nosotros, sino de la actitud dentro de nosotros. El apóstol Pablo usó muy bien sus palabras para dirigirse al rey Agripa, comenzó honrándolo, como un orador profesional haría y seguramente impresionó al rey, que no esperaba tan elocuente preso.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:3
26.3 El rey Agripa era un conocedor del judaísmo, así como de los usos y costumbres de los judíos; esto representaba una ventaja en la defensa apostólica, pues sería comprendido. De esta manera el apóstol enfocaba el juicio a cosas “meramente judías” y quitando toda posibilidad de vincularle con delitos sancionados por la ley romana. El juicio se convertía en una parodia de religiosos fanáticos en una caza de brujas y no en una búsqueda de justicia. Magistral defensa.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:4
26.4 En lugar de echar abajo cada uno de los posicionamientos de las acusaciones judías, Pablo se enfoca en contar su testimonio y cómo conoció al Señor Jesús. No va a perder el tiempo en dimes y diretes, sino que aprovechará para ganar a cuantos pueda con el evangelio. La mejor defensa de un siervo de Dios es servir a Dios. Conocido por sus acusadores como el brillante joven Saulo, hace memoria al por qué tienen celo de él.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:5
26.5 Los que le acusaban tenían testimonio del curriculum intachable de Pablo cuando era Saulo. El apóstol puede hacer referencia a su vida como intachable fariseo educado en la ley judía. Ellos eran conscientes de haber perdido al mejor de sus exponentes y precisamente eso era su defensa: alguien tan comprometido solo podría hacerse cristiano si el cristianismo fuera real. Convertirse no solo es para las peores personas, sino también para las mejores.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:6
26.6 En su defensa, Pablo no atribuye a las intrigas de los judíos el ser llevado a juicio, sino a la esperanza de la promesa de Dios, que por cierto, no es una promesa directa a Pablo, sino a los patriarcas de los hebreos, es decir, a Abraham, Isaac y Jacob. Dicha esperanza es la venida del Mesías y la vida eterna que comienza a manifestarse con la resurrección de los muertos. Con estas palabras, el juicio se enfocaba en demostrar que Dios había o no dado esa esperanza y no en si Pablo había cometido algún delito.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:7
26.7 La promesa de la esperanza de la vida eterna, que comienza con la resurrección de los muertos, era creída por judíos del lado fariseo, pero no del lado saduceo. Los sacerdotes eran saduceos, así que Pablo está nuevamente dividiendo a los acusadores como lo hiciera en Jerusalén. Pero además, está poniendo los puntos sobre las íes hablando de la resurrección, pues esa era su predicación, que Cristo había resucitado. Con ello les presentaba a Jesús como el Mesías. Las doce tribus, frase para referirse a todos los judíos, procuraban alcanzar la promesa de Dios mediante el cumplimiento de la ley y de los rituales judíos. Evidentemente esto es imposible, pues nadie es justificado por las obras de la ley, pero eso no lo sabían ellos sin el evangelio. El apóstol está haciendo alusión a la fe de ellos y no a la propia al decir eso; pero también, haciendo un punto de contacto en lo que es mutua fe, de manera que no tiene sentido acusarle de lo que ellos (el lado fariseo) también creen. Cuando el mundo trate de pelear contigo, intenta enfatizar los puntos comunes para quitar la hostilidad.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:8
26.8 Esta pregunta es un golpe poderoso a las acusaciones de los judíos: juzgar a Pablo era juzgar su propia doctrina, además, desconfiar de Dios no creyendo que Él pueda resucitar muertos. Cuando te persigan eleva el pleito, lleva las cosas a Dios y Él peleará tu causa.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:9
26.9 La defensa del apóstol incluye su etapa como perseguidor fariseo del cristianismo. Todos sabían que Pablo había sido irreprensible en cuanto a sus creencias fariseas y que era tan celoso de la ley que estuvo dispuesto a matar cristianos, ¿cómo entonces se hizo cristiano? Esto solo podría pasar si Jesús de Nazaret realmente es el Mesías y su fe la verdad. Pablo, antes Saulo, no hubiera abandonado su vida y seguido ante el riesgo de muerte una mentira.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:10
26.10 Mira las notas del versículo anterior. Saulo no fue ligero en su persecución de los cristianos, pero no hizo esto solo, los acusadores que hoy estaban ante el rey Agripa, esos principales sacerdotes, eran los mismos que le habían firmado cartas dando permiso de perseguir a la iglesia. Sacar esto a relucir podría colocar a los tales en ilegales ante el imperio romano, pues los judíos eran tributarios de los romanos y no tenían autoridad de matar a nadie. Si Pablo era culpable por haber dado su voto, ellos también por haberle dado poderes para ello. Este fue un momento muy tenso en el juicio, ya que de pronto todos podrían ser vistos como delincuentes.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:11
26.11 La furia religiosa es la peor de las furias. Más son los muertos de la religión que de cualquier otra cosa. Por algo el primer homicidio de la historia fue a causa de un altar. Saulo había sido un terrible perseguidor que no se conformó a Jerusalén, sino que persiguió a los cristianos aun en ciudades extranjeras. Tal confesión hacía de los principales sacerdotes presentes, los que le habían dado poderes a Pablo para esto, transgresores de la ley romana, pues, ¿con qué autoridad podían ellos perseguir a muerte a nadie y esto entre las ciudades romanas? Con esto no le quedaría otra cosa al rey Agripa que pasar por alto toda acusación contra Pablo, pues no provocaría una revolución judía apresando a los principales sacerdotes.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:12
26.12 El camino a Damasco fue para Saulo su propio camino al cielo. Todo hombre necesita su camino a Damasco, ese momento en el cual conozca a Cristo Jesús como Señor y Salvador y de vuelta a su vida para vivir para Él. Andas en poderes de este mundo y siguiendo comisiones temporales, tienes que dar vuelta a tu vida para vivirla para Cristo. En aquel día final ningún otro sacerdote podrá dar la cara por ti fuera de Cristo Jesús
— Roberto Tinoco
Hechos 26:13
26.13 La luz de Cristo rebasa toda luz natural. Es la revelación que te hace vivir para lo eterno. Andar en tinieblas es andar bajo la luz del sol, pero no de Cristo; esto es, dedicarse solo a las cosas temporales de esta vida, luz natural únicamente. Si te arrepientes te alumbrará Cristo, serás rodeado de la vida celestial y te darás cuenta que lo real no son las cosas que se ven, sino las que no se ven. Y aun los que estén contigo percibirán la luz que el Señor te habrá dado; iluminarte a ti les alumbrará el camino también a los tuyos.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:14
26.14 Cayeron a tierra, lo más probable es que fueran caminando como acostumbraban los rabinos. El Señor le habló en hebreo porque era hebreo. Dios te hablará en la manera que comprendas, sea dulce, sea duro, en el idioma que acostumbres hablar. Le dijo dos veces su nombre como llamó a los grandes profetas de la Biblia. Esto debió hacer sentir a Saulo, una vez que pasara el impacto del momento, muy especial. El Señor le revela que perseguir a la iglesia es perseguir a Cristo al preguntarle por qué le perseguía. Con esto, le mostró que Cristo y la iglesia son uno mismo. Es la revelación del Cuerpo de Cristo. Luego hizo referencia al dolor de Pablo, el aguijón al que constantemente daba coces, como un buey joven recién enyugado, era la fe cristiana. Saulo sufría persiguiendo a los cristianos, pues desde su debate con Esteban, le fue demostrado con la Palabra que estaba equivocado. Esteban le dio el primer aguijoneo, por decirlo así. La conciencia de Saulo estaba sufriendo como perseguidor. Es probable que algunos de los judíos presentes entre sus acusadores también tenían este mismo dolor de conciencia.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:15
26.15 La pregunta más importante que todo hombre debe hacerse es quién es el Señor de su vida. La asertividad de Saulo fue espectacular. La respuesta de Jesús implica su deidad revelándole su Nombre Yo Soy. Seguramente Saulo, como erudito de las Escrituras, recordó al episodio en el que Dios se manifestó así a Moisés. ¡Cuán severo el impacto recibido: estaba persiguiendo a Dios! No era un asunto de hombres, jamás aborrecer o amar al prójimo es solo un asunto de hombres.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:16
26.16 Levántate, y ponte sobre tus pies –como orden del Señor es más que una posición física, una posición espiritual. Es vida de resurrección. Esta es la única manera en la que podemos servirle y esa es la razón por la que el Señor apareció a Pablo, lo mismo que metafóricamente a cada uno de los creyentes, para ser testigos suyos. Pablo llamado al ministerio, pero todos a ministrar (servir). Pablo es llamado a ser testigo de lo que ha visto, lo cual cumplió fielmente cada vez que tuvo oportunidad. Esta es la única forma de dar testimonio: si uno está viviendo lo que habrá de testificar. No podemos ser testigos de oídas hablando de un evangelio que no hemos experimentado. El Señor se apareció a Pablo y seguiría apareciéndose en más ocasiones a él; en grado menor, cada cristiano tiene experiencias con Cristo que lo facultan para ser su testigo. Procura la comunión con Jesús por encima de todo; el cristianismo para que sea genuino, debe ser experimentado. Cristiano teórico no es cristiano. Cuando Cristo es apreciado sobre todo es visto en todo.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:17
26.17 Decir en un juicio en donde buscan su vida que Dios le prometió librarle de ellos, tanto judíos como romanos, es casi como retarlos a que la demostración de que Dios está con él y no con ellos es que ellos mismos lo dejarán libre. Una declaración muy osada y por ello, llena de confianza. Cuando sabes que Dios no ha terminado contigo, te sabes invencible.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:18
26.18 Este versículo pone de manifiesta a qué fue llamado Pablo, es la esencia de su ministerio; pero también, es la causa que debe gobernar la vida de todos los creyentes (1 Pedro 2:9). Rescatados para rescatar. Llamados a abrir los ojos a quienes no pueden ver la realidad del reino de Dios. Llamados a alcanzar a cuantos sea posible para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Todo el que no tiene a Jesús como su Señor vive en tinieblas y por ende, se dirige a las tinieblas eternas. Cristo es la luz, convertirse a la luz es convertirse a Él. O está el hombre bajo la potestad de Dios o se encuentra bajo la potestad de Satanás; la cual, dicho sea de paso, no significa necesariamente que esté bajo las órdenes del diablo, sino que se trata de una persona que ha heredado la caída de Adán provocada por Satanás, con su pecado, tinieblas y condenación. Para librarse de dichas tinieblas y mala potestad, es imperativo recibir por la fe en Cristo Jesús el perdón de pecados. Jesús murió por todos, pero solo son salvos quienes reciben su salvación. Igualmente, pero varios pasos más allá del perdón de pecados, se encuentra la herencia del Señor, la cual también debe recibirse siendo parte de los santificados. En la medida de la consagración a Dios se encuentra la herencia recibida de Dios. Dicha consagración tiene que ver con la salvación completa, que incluye la santificación; así como el servicio alcanzando a otros.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:19
26.19 ¿Sueños o visión? Por todos lados se escucha el tema de la visión; desafortunadamente suele enfocarse sólo como una “fachada espiritual” a las ambiciones personales. Eclesiastés 5:7 dice que donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras. Necesitamos visión, más no nuestra visión, sino la visión celestial. En ese sentido no hay muchas visiones ni muchos propósitos, sino una sola visión y un solo propósito, la visión de Dios y el propósito de Dios. Ya anteriormente vimos la conversión de Saulo de Tarso y su transformación en el gran apóstol Pablo. Ahora leemos sus palabras acerca de la visión celestial y de que no fue desobediente a la misma; pero, ¿qué fue lo que vio? ¿Qué impactó tanto su vida que lo llevó a dedicarse a ello? ¿Puede la misma visión impactarnos igualmente a nosotros? Vio a Cristo, esta es la visión que da vida y nos lleva a amarle. Saulo era ciego espiritualmente a pesar de ser un rabino de grandes conocimientos religiosos. Por eso fue que Dios lo dejó ciego físicamente con la visión, a fin de mostrarle que requería a Cristo para poder ver. Estaba ocupado creyendo servir a Dios, pero siendo su enemigo. Comisionado por la religión, pero sin conocer a Dios. Tenía poderes y comisión. Tenía religión, conocimiento y carrera. Pero no tenía ni conocía al Señor Jesús. Necesitaba una luz superior a la luz natural (lee el versículo 13). Esa es la condición espiritual de todos. Para esto tuvo que ser quebrantado; frecuentemente, el hombre requiere ser quebrantado para poder ver a Jesús. Las circunstancias pueden ser un tremendo aguijón de la conciencia que llevan al arrepentimiento. Mira la Palabra, dice que todos cayeron a tierra; la humillación trae revelación. Vio a la iglesia, es la visión que da comunión y que lleva a la unidad. ¿Por qué? Porque es la visión del cuerpo: Yo Soy Jesús, a quién tú persigues (vr. 15). Es obvio que Saulo vio a Jesús e incluso habló con Él. Nunca antes le había conocido. ¿Cuánta gente crítica y resiste lo que no conoce? Sin embargo, ¿a quién perseguía Saulo en realidad? Él no fue de los que crucificaron a Jesús; ¿cómo entonces era su perseguidor? Perseguir a los creyentes es perseguir el Cuerpo de Cristo: porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Cor. 12:12,27). Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Rom. 12:5). La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Efesios 1:23). …a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:12-13). Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia (Col. 1:24). Incluso lo sujetó a la iglesia al mandarle a Damasco para que Ananías orara por él (lea Hechos 9:10-18). Al ver la iglesia, Saulo recibió la fuente de su fortaleza; ¿recuerdas que el Señor le dijo: levántate y ponte sobre tus pies (vr. 16)? La firmeza viene de conocer a Cristo, especialmente a través de la iglesia. Saulo fue impactado por el conocimiento personal y no místico de Cristo y de su cuerpo. Para esto me he aparecido a ti (vr. 16). Necesitamos una revelación fresca de Cristo; y sobre todo, una relación personal con Él. Y luego de ver a Cristo en la iglesia, es necesario aprender a ver a Cristo también en las cosas. Nota como en el versículo 16 no sólo dice que Jesús se apareció a Saulo, sino que le promete que seguirá manifestándosele “en las cosas”. Esto significa tener visión espiritual para ver a Cristo en la vida cotidiana en todas las cosas. Por eso escribiría tiempo después: Para mí el vivir es Cristo. Hay gente enfocada en ver lo malo, ¡y siempre lo encuentran! Pero aquellos que recibimos visión de Cristo, vemos a Cristo en todo. Además, vio al mundo; esta es la visión que da ministerio. Primero vio al mundo necesitado de luz: librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (vrs. 17-18). Te libro para enviarte. Te libro y te doy visión para que abras sus ojos. Te libro y te transformo para que se conviertan. ¿No es suficientemente claro? Junto con esto, vio al mundo necesitado de libertad, de perdón y de herencia. ¡Gloria a Dios por el evangelio que trae todo esto al hombre! ¡Quien tuviera el tiempo y el espacio para considerar tales riquezas! Pablo no fue desobediente a la visión celestial dedicando su vida por completo a su cumplimiento; su visión es la misma que nosotros debemos tener, ya que él vio a Cristo, a la iglesia y al mundo. La visión de Cristo produce amor; la visión de la iglesia produce unidad; y la visión del mundo produce ministerio. Amor, unidad y ministerio es la vida cristiana madura. ¿Tienes tú la visión celestial?
— Roberto Tinoco
Hechos 26:20
26.20 Saulo, ya convertido, no perdió tiempo. En cuanto recibió la vista, apenas al tercer día de su conversión, como quien vive en resurrección, comenzó a predicar el evangelio a los que estaban en Damasco. Prepararte para predicar es bueno, pero no esperar a prepararte para hacerlo. Comienza hoy mismo hablando de Cristo a cuantos puedas. Saulo habló el evangelio en Damasco, luego en Jerusalén de donde venía; también en toda la tierra de Judea y fue más allá a griegos y romanos por toda Asia Menor. La historia daría cuenta de que también Europa conoció el evangelio con el mensaje de Pablo. No fue el único, pero sí el que más extendió la Palabra del Señor en el mundo durante el primer siglo. Posiblemente la historia jamas ha visto a otro hombre, aparte del Señor Jesús que sobrepasa a todos, semejante a Pablo y su compromiso con la obra de Dios. Nota que la predicación del evangelio para Pablo era un anuncio. No traía libertad, anunciaba que Jesús los había hecho libres. Predicaba que se arrepintiesen, pues el arrepentimiento es el punto de partida de la vida eterna. Y que se convirtiesen, pues sin convertirse a Dios, que significa vivir para Él, de nada sirve saber doctrina alguna. ¿Cómo sabemos que alguno está verdaderamente arrepentido y convertido? Por sus obras dignas de arrepentimiento. No serán sus palabras, sino sus acciones las que dirán si en verdad es cristiano.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:21
26.21 El evangelio fue el motivo por el que los judíos que se hallaban en ese momento ante el rey Agripa, así como los demás judíos que llegaron de Asia a Jerusalén, procuraron matar a Pablo. No lo prendieron en el templo por revuelta ni motín alguno, sino por predicar el evangelio. La motivación era exclusivamente su resistencia a convertirse a Dios. Los opositores al evangelio carecen de buena intención, en realidad están persiguiendo cristianos porque sus vidas les significa su propio llamado a la conversión. Son, por decirlo así, una visión de su conciencia, un aguijón.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:22
26.22 La evidencia de que es Pablo y no sus acusadores quien está del lado de Dios, es que no han podido matarlo, a pesar de tanta intriga a cargo de tantos. La mejor evidencia de que Dios no ha terminado contigo es que sigues vivo. Pablo sabía esto y aprovechaba el tiempo dando testimonio a chicos y grandes, es decir, a sencillos y poderosos. Lo mismo hablaba por las casas que a reyes en palacios; en sinagogas, el templo y también en tribunales. En el aeropago de Atenas y las calles de los pequeños pueblos. Pero todo lo que está haciendo, enfatiza, es según lo que dejaron escrito los profetas y el mismo Moisés, a quien tanto veneraban y decían seguir sus mismos detractores presentes. Esto es muy significativo, pues implica que los tales están del lado equivocado de la historia, siendo así, enemigos de Dios. Todos los que allí se hallaban eran una profecía de los escritores bíblicos: uno cumpliendo el propósito de Dios y los demás tratando de impedirlo. De pronto, los acusadores son los acusados. Si tienes odio o rencor no estás del lado de Dios.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:23
26.23 Toda la Biblia trata de Cristo, su centro es el evangelio, el cual consiste en que Jesús el Hijo de Dios y del Hombre, el Mesías prometido desde el principio, habría de vivir en carne, morir y resucitar al tercer día (1 Cor. 15:1-4). Él padeció por el perdón de nuestros pecados reconciliándonos con Dios y volvió a vivir para introducirnos en la vida eterna. Fue el primero de la resurrección, las primicias y garantía de nuestra resurrección. Este mensaje trae luz al mundo, tanto judío como gentil. Dicha luz consiste en el entendimiento de la vida celestial para comenzar a vivirse ya y por la eternidad.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:24
26.24 El mensaje del evangelio fue demasiado para Festo. El gobernador no pudo asimilar la eternidad ni la vida sobrenatural; su corazón estaba voluntariamente en las tinieblas. Sin embargo, reconocía que Pablo no era un ignorante, pues se refiere a su supuesta locura como ocasionada por las muchas letras. Aunque no crean a tu mensaje, que admiren tu vida.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:25
26.25 Ante el insulto, el elogio. Así responde un grande, llamando grande a quien le ataca (excelentísimo). Sin duda que el apóstol hablaba palabras de verdad y de cordura; no existe nada más verdadero que la Palabra de Dios y se necesita estar en su sano juicio para recibir el evangelio. La peor demencia está en rechazar a Cristo; solo un loco se resiste a ser salvado. Demuestra tu cordura viviendo el evangelio.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:26
25.26 Como haciendo a un lado al gobernador en su ignorancia, Pablo hace alusión a los conocimientos del rey acerca de la resurrección y lo referente a Jesucristo. Y si algo ignorara al respecto, quedaría muy mal posicionado como rey de Judea, ya que no hubo asuntos más relevantes y llamativos que el ministerio, la muerte y la resurrección del Señor Jesús. Este es un movimiento magistral en el ajedrez de las relaciones humanas, lo acusan de loco, pero con solo unas palabras, el gobernador y el rey están en el centro del juicio en lugar de Pablo. Cristo no murió ni resucitó en un rincón, por el contrario, a partir de Él se mide el mundo. Todo, absolutamente todo es antes y después de Cristo. …tu vida también.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:27
26.27 ¡Vaya pregunta para un rey! Si cree la Biblia debe creerle a Pablo. Ni siquiera lo dejó responder, pero si lo ató con su respuesta: yo sé que crees. La pregunta del apóstol al rey de Judea no necesita respuesta. Ambos saben que Agripa cree a los profetas de Dios; y por cuanto cree, sabe lo que dijeron acerca de Cristo. Acusaron a Pablo de locura, pero la verdadera locura era conocer y creer y aun así no convertirse a Cristo. Casi a todos los que le preguntan en occidente si creen en Cristo responderán que sí. Casi todos tienen una Biblia en su casa. Casi todos han oído el evangelio, por no decir que todos. Casi todos han asistido a la iglesia alguna vez, de nuevo, todos. Sin embargo, de esos millones, tenemos convertidos solo cientos de miles. ¿No es esto una locura?
— Roberto Tinoco
Hechos 26:28
26.28 La respuesta del rey Agripa ha sido la desgracia de muchos: por poco cristiano. El rey sabía que Pablo tenía razón y que era inocente, pero aun así no se convirtió. Lo consideraba una buena persona, pero seguía sin entregarse a Dios. Pensar bien de los cristianos no significa conversión. Hay simpatizantes que suponen estar en paz con Dios porque están de acuerdo con la fe cristiana o porque hablan bien de los creyentes, pero el cristianismo verdadero implica necesariamente la conversión. Otra variante de esto mismo es una supuesta apertura, en la que permites que cada quien crea lo que guste, pero no te conviertes a Cristo. Si la salvación fuera tan simple como tener una mente abierta, por demás murió Cristo. El Santo no hubiera sido hecho pecado si existiera otra forma de salvación. El Justo fue hecho injusto. El Bendito fue hecho maldición. El Inseparable se separó y descendió al Seol, ¿y dices que basta tener la mente abierta y permisiva para ser salvo? ¡Vaya error de Dios! (ironía). Convencido, pero no convertido; así estaba Agripa. Los argumentos del apóstol le resultaban convincentes, pero no se convertía a Cristo. Quizá asintió con la cabeza en algún momento, pero no inclinó su corazón. Así que decidió desviar su compromiso como hombre ante Dios para dedicarse a su compromiso como juez de Pablo. Se escondió en sus obligaciones terrenales definiendo que no podía soltar a Pablo por causas legales debido a su apelación. No le he visto en la iglesia –le pregunté a un hermano que encontré en la calle. Su respuesta fue la misma actitud de Agripa: “es que tengo mucho trabajo, usted sabe, las obligaciones”. Por demás está decir que no me satisfizo la respuesta. Es como si sometieran a Dios mismo debajo de su patrón laboral o de sus cuentas económicas. Estar de acuerdo con la fe cristiana no es tener fe cristiana.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:29
26.29 Por poco no es suficiente; Dios desea que seas cristiano completamente. Desafortunadamente hay quienes se encuentran como Agripa, por poco cristianos. Como aquel escriba a quien el Señor dijo: «no estás lejos del reino de Dios» (Mar. 12:34), pero todavía no estaba dentro. Dios quiere de hecho, que todos sean cristianos: El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). La idea de que Dios escogió a unos para ser salvos y a otros para condenarse es antibíblica. Por amor, Dios entregó a su Hijo por todos, Él es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo (1 Juan 2:2). No sólo que seamos cristianos, sino que seamos como Pablo, a excepción de las cadenas. Es decir, cristianos completamente comprometidos con la obra de Cristo como lo estuvo Pablo. Dedicados a la expansión del evangelio, como lo estuvo Pablo. Y transformados en su vivir, como lo fue Pablo. Transformados y transformando a otros: a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí (Col. 1:28-29). por poco no convertirse es tan condenable como por mucho… En cierta ocasión, un profesor tomó un examen a sus estudiantes y futuros técnicos, que consistía en la resolución de un problema de cálculos matemáticos. La consigna era resolver el problema, en el cual solo había dos calificaciones posibles: cero o diez. Si el resultado del problema era el correcto, el alumno obtenía un diez en su calificación, si por el contrario, el resultado no era coincidente con el esperado... el alumno era reprobado con un cero. De toda la clase, algunos aprobaron y otros no. Un alumno, que fue reprobado, muy indignado se dirigió al escritorio del profesor, y con firmeza le dijo: -Profesor usted no puede ponerme un cero, el resultado es "casi correcto", solo me faltó una conversión de unidad de medida. Creo que comete una injusticia conmigo! El profesor con toda tranquilidad toma sus lentes, relee el examen, y contesta con calma: -Lo siento pero no puedo aprobarlo, usted hizo mucha parte del procedimiento bien, pero falló en el último punto, por tanto el resultado no coincide. El alumno con cierto aire amenazante responde -Disculpe profesor, pero usted mismo dijo que hice casi todo bien, no merezco acaso una calificación de nueve u ocho puntos.... ¿ y no un cero.? No.. (contestó el profesor...) Un cero es la justa calificación... ya les había advertido que en este examen no habría calificaciones intermedias. Pero ¿Porque.? –Pregunta enfurecido el alumno. El profesor suspira... y saca una revista de su portafolio, señalando con el dedo dice al alumno: -¿Que dice aquí, puede leerlo en voz alta? Y el alumno leyó: “Calculo de resistencia de materiales para caldera”... El profesor continuó: -Sr Perez usted ha hecho la mayoría del procedimiento bien pero falló en el último resultado. Esto es hoy solo un examen, pero en la vida real, el número que dio su ecuación, hubiese ocasionado la explosión de la caldera... el incendio de la planta... y la muerte de decenas de operarios... ¿Cree usted que puede aprobar algo así? El alumno luego de escuchar esto, sin decir una palabra regreso a su asiento, avergonzado.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:30
26.30 La exposición de Pablo fue brillante y certera. La conciencia de todos los presentes se había despertado; solo que no estaban dispuestos a convertirse. En lugar de eso, se levantaron huyendo como insectos cuando se enciende una luz. Reconocer la luz no necesariamente es ser parte de la luz. Que estés de acuerdo con la verdad no te hace andar en la verdad.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:31
26.31 Trataban de calmar su conciencia reconociendo la inocencia de Pablo en lugar de convertirse ante el mensaje de Pablo. La empatía no es conversión. Muchos simpatizan con el evangelio, pero no son salvos por ello.
— Roberto Tinoco
Hechos 26:32
26.32 En cierto modo el rey Agripa tenía razón; pero por otro lado sí podía ponerlo en libertad, pues podía dar por nulo el juicio, razón por la que no era necesario que el apóstol fuese llevado ante el Cesar; pero esto venía de Dios, quien se había propuesto llevar el evangelio a Roma.
— Roberto Tinoco