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Romanos 13
Respeto por las autoridades
1Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.🗨📝 2De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.🗨📝 3Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;🗨📝 4porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.🗨📝 5Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.🗨📝 6Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.🗨📝 7Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.🗨📝El amor cumple con los requisitos de Dios
8No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.🗨📝 9Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.🗨📝 10El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.🗨📝 11Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.🗨📝 12La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.🗨📝 13Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,🗨📝 14sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Romanos 13:1
Romanos 13.1-2 Todos resistiéndose a la sumisión ante la autoridad; desde el hijo que le es difícil someterse a su padre a quien quizá considera pasado de moda; la esposa se opone a someterse a su esposo por cuanto él es falible; el hombre que no se somete a su jefe o a la autoridad civil porque los supone injustos o corruptos. Todos tienen razones y argumentos para estar en rebelión. Palabras como revolución e independencia son tenidas como virtudes en toda ocasión. «No te dejes» es un consejo común. El mundo parece estar de cabeza; sin embargo, el mundo mismo funciona en la medida que la autoridad prevalece. ¿Por qué? Porque la autoridad verdadera detrás de la autoridad delegada es Dios. De manera que la Ley del reino de Dios es la sumisión. En el capítulo anterior vimos que para ser transformados es necesario presentar nuestros cuerpos al servicio de Dios, renovar nuestra manera de pensar y estar unidos a la iglesia. En el presente versículo y siguientes vemos un asunto más de suprema importancia en esta transformación: la sumisión. Esta ley del reino sólo puede realizarse en amor y debe manifestarse en nuestro vivir externo y práctico. La palabra someterse no se oye muy atractiva; de inmediato se siente la reacción inicial de resistencia. Lo segundo, es enumerar los argumentos de por qué no debemos someternos a esta o a aquella autoridad. Pero la palabra de Dios no establece someterse al hombre que ejerce la autoridad, sino a la autoridad que reviste al hombre, por ello dice que toda autoridad ha sido establecida por Dios y resistirlo es resistir a Dios. Seguramente estás pensando: “¿acaso Dios puso a..?” Pues sí. Cómo llegó al poder y cómo ejerza dicho poder esa persona es otro asunto y de ello tendrá que dar cuenta a quien le comisionó. ¿Sabías que la autoridad de Pablo en ese tiempo era el imperio romano? Piensa en el César, en Nerón que incluso habría de matar al apóstol; en magistrados y jueces representando a un imperio impuesto por medio de la conquista de la guerra. Es hablar de someterse a los conquistadores… no suena muy atractivo nuevamente. De este modo someterse es un acto de fe a Dios (por eso es que la sumisión es absoluta, pero la obediencia relativa; desobedecemos en lo malo, pero nos sometemos a las consecuencias de tal desobediencia).
— Roberto Tinoco
Romanos 13:2
Romanos 13.1-2 Todos resistiéndose a la sumisión ante la autoridad; desde el hijo que le es difícil someterse a su padre a quien quizá considera pasado de moda; la esposa se opone a someterse a su esposo por cuanto él es falible; el hombre que no se somete a su jefe o a la autoridad civil porque los supone injustos o corruptos. Todos tienen razones y argumentos para estar en rebelión. Palabras como revolución e independencia son tenidas como virtudes en toda ocasión. «No te dejes» es un consejo común. El mundo parece estar de cabeza; sin embargo, el mundo mismo funciona en la medida que la autoridad prevalece. ¿Por qué? Porque la autoridad verdadera detrás de la autoridad delegada es Dios. De manera que la Ley del reino de Dios es la sumisión. En el capítulo anterior vimos que para ser transformados es necesario presentar nuestros cuerpos al servicio de Dios, renovar nuestra manera de pensar y estar unidos a la iglesia. En el presente versículo y siguientes vemos un asunto más de suprema importancia en esta transformación: la sumisión. Esta ley del reino sólo puede realizarse en amor y debe manifestarse en nuestro vivir externo y práctico. La palabra someterse no se oye muy atractiva; de inmediato se siente la reacción inicial de resistencia. Lo segundo, es enumerar los argumentos de por qué no debemos someternos a esta o a aquella autoridad. Pero la palabra de Dios no establece someterse al hombre que ejerce la autoridad, sino a la autoridad que reviste al hombre, por ello dice que toda autoridad ha sido establecida por Dios y resistirlo es resistir a Dios. Seguramente estás pensando: “¿acaso Dios puso a..?” Pues sí. Cómo llegó al poder y cómo ejerza dicho poder esa persona es otro asunto y de ello tendrá que dar cuenta a quien le comisionó. ¿Sabías que la autoridad de Pablo en ese tiempo era el imperio romano? Piensa en el César, en Nerón que incluso habría de matar al apóstol; en magistrados y jueces representando a un imperio impuesto por medio de la conquista de la guerra. Es hablar de someterse a los conquistadores… no suena muy atractivo nuevamente. De este modo someterse es un acto de fe a Dios (por eso es que la sumisión es absoluta, pero la obediencia relativa; desobedecemos en lo malo, pero nos sometemos a las consecuencias de tal desobediencia).
— Roberto Tinoco
Romanos 13:3
Romanos 13.3-4 Cuando no se comprende el verdadero sentido de la sumisión, se puede caer en dos excesos muy distintos: por un lado, en el maltrato soportando el mal por una supuesta sumisión; y por otro lado, en la anarquía, por ende, en el temor y la falta de libertad. No falta quien dice que él quiere ser libre y hacer su voluntad. Se engaña a sí mismo pensando que la anarquía es libertad. La ley funciona quiera el hombre o no. Dice el necio: “ignoraré la ley de gravedad, quiero ser completamente libre para volar”. Pero dará su rostro en el suelo, porque la ley se aplicará. ¿Quieres ser libre de la ley de gravedad, es decir, que no se aplique contra ti? Entonces no la ignores, necesitas respetarla, podrás volar por medio de un avión o algún aparato que respeta la gravedad y aprovecha sus reglas. La verdadera libertad está en la sumisión. ¿Quieres ser libre? No quebrantes la ley, porque entonces tal ley se aplicará contra ti cortando tu libertad. Considera la ley de tránsito, mientras no la quebrantas conduces con libertad por la ciudad; pero en el momento en el que rompes sus estatutos, perderás tal libertad. Te quitarán la licencia o el automóvil y no podrás transitar mas. La verdadera libertad está en la sumisión. Las autoridades delegadas por Dios (Pablo cita a los magistrados, pero aplica a toda autoridad), han sido instituidas con el propósito de que el orden prevalezca en la civilización humana. Infunden temor a quien hace el mal, al punto de “llevar espada y ser vengador de Dios”, consecuencias. De manera que si deseas vivir en paz y sin miedo, haz el bien. Entiendo que la injusticia por parte de aquellos que deberían velar por la justicia es algo que sucede en este mundo y puede producirse el miedo aun en quien hace el bien. Ese es uno de los males de este mundo; sin embargo, es la excepción. Generalmente al que vive haciendo el bien, le va bien y no tiene problemas con las justicia. Los funcionarios públicos en primera instancia parecen únicamente servidores del pueblo que los puso en eminencia; pero en realidad, son servidores de Dios. Parece incongruente que sean servidores de Dios porque en ocasiones se trata de personas sin fe ni temor de Dios; pero servir a Dios no siempre tiene una connotación religiosa; cumplir la función para la cual existimos en este mundo también implica servir a Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:4
Romanos 13.3-4 Cuando no se comprende el verdadero sentido de la sumisión, se puede caer en dos excesos muy distintos: por un lado, en el maltrato soportando el mal por una supuesta sumisión; y por otro lado, en la anarquía, por ende, en el temor y la falta de libertad. No falta quien dice que él quiere ser libre y hacer su voluntad. Se engaña a sí mismo pensando que la anarquía es libertad. La ley funciona quiera el hombre o no. Dice el necio: “ignoraré la ley de gravedad, quiero ser completamente libre para volar”. Pero dará su rostro en el suelo, porque la ley se aplicará. ¿Quieres ser libre de la ley de gravedad, es decir, que no se aplique contra ti? Entonces no la ignores, necesitas respetarla, podrás volar por medio de un avión o algún aparato que respeta la gravedad y aprovecha sus reglas. La verdadera libertad está en la sumisión. ¿Quieres ser libre? No quebrantes la ley, porque entonces tal ley se aplicará contra ti cortando tu libertad. Considera la ley de tránsito, mientras no la quebrantas conduces con libertad por la ciudad; pero en el momento en el que rompes sus estatutos, perderás tal libertad. Te quitarán la licencia o el automóvil y no podrás transitar mas. La verdadera libertad está en la sumisión. Las autoridades delegadas por Dios (Pablo cita a los magistrados, pero aplica a toda autoridad), han sido instituidas con el propósito de que el orden prevalezca en la civilización humana. Infunden temor a quien hace el mal, al punto de “llevar espada y ser vengador de Dios”, consecuencias. De manera que si deseas vivir en paz y sin miedo, haz el bien. Entiendo que la injusticia por parte de aquellos que deberían velar por la justicia es algo que sucede en este mundo y puede producirse el miedo aun en quien hace el bien. Ese es uno de los males de este mundo; sin embargo, es la excepción. Generalmente al que vive haciendo el bien, le va bien y no tiene problemas con las justicia. Los funcionarios públicos en primera instancia parecen únicamente servidores del pueblo que los puso en eminencia; pero en realidad, son servidores de Dios. Parece incongruente que sean servidores de Dios porque en ocasiones se trata de personas sin fe ni temor de Dios; pero servir a Dios no siempre tiene una connotación religiosa; cumplir la función para la cual existimos en este mundo también implica servir a Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:5
Romanos 13.5 Como vemos, la transformación cristiana implica la sumisión. Jamás un rebelde es espiritual; de hecho, nada se parece más a satanás que un rebelde y nada se parece más al carácter del Hijo de Dios que la sumisión. La evidencia de la espiritualidad es la sumisión, la cual no es tanto una acción externa (aunque la implica), que una acción interna. Alguno podría someterse por miedo (por razón del castigo), por falta de carácter, por conveniencia o por imposición; pero esto no es sumisión en toda la extensión de la palabra conforme a la Ley del reino. Debe ser “de conciencia” -dice el pasaje; es decir, interna, espiritual (la conciencia es un atributo o virtud del espíritu). Hay aparatos que miden el nivel de azúcar en la sangre, el ritmo cardiaco o la presión sanguínea; sería maravilloso poder inventar un aparato que midiera el nivel espiritual de los creyentes. Tendría que ser uno que midiera cuanto nos revelamos contra algún tipo de autoridad que está sobre nosotros en esos días, sean familiares, estudiantiles, laborales, civiles o religiosas.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:6
Romanos 13.6 Pagar impuestos no es agradable, menos cuando se trata de tributo. Ambos sirven para financiar al gobierno en funciones, pero el tributo es establecido por un conquistador, esto es, por imposición y no a través de un medio democrático. Sin embargo, el apóstol, bajo la inspiración de Dios, deja e claro que debe pagarse. No parece justo, pero en la soberanía de Dios sí lo es; además de que permite la paz en la sociedad.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:7
Romanos 13.7 En el mismo orden de ideas de los versículos precedentes, lee las notas, Pablo ordena pagar lo que se deba, sea tributo, impuesto, respeto, honra; dejando en claro la sujeción a la autoridad en distintas ordenes, todas; se trate de conquistadores como los romanos, impuestos para los funcionarios públicos elegidos democráticamente, respeto en el orden social que puede incluir el trabajo y las relaciones humanas; así como honra principalmente a las autoridades familiares. El reino de los cielos tiene una estructura de sumisión que incluye todo nivel de autoridad.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:8
Romanos 13.8 La Escritura es muy exacta, está hablando de la sumisión y de pronto, como sin aviso, trata el tema del amor como una deuda. ¿Por qué cambia al tema del amor? ¿Y por qué se refiere al amor como una deuda? La respuesta es que no existe manifestación más grande de sumisión que la de Dios mismo cuando se hizo Hombre en la Persona del Hijo por amor a nosotros: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8). Esta acción divina a nuestro favor nos hace deudores. ¿Por qué debemos someternos a la autoridad? Porque le debemos a Dios tanto amor que nos ha dado. Ahora, como se trata de una deuda que no podemos pagar, por cuanto no importa cuánto nos sometamos, nunca será equivalente a la humillación de Cristo (muerto por nuestro pecado y maldición que Él no merecía, lo que podríamos denominar desde nuestra perspectiva como injusto); ¿qué podemos hacer? Sólo abonar a la deuda amando al prójimo. Sometiéndonos por amor. El hijo que ama a su padre se somete al él sin sentirse mal por ello; la mujer que ama a su marido igualmente; el hombre a su patrón. Y todo cristiano espiritual que anda conforme a su conciencia está sometido en amor a las autoridades que le fueron puestas por cuanto ama al Señor. El que ame a Dios, ame también a su hermano.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:9
Romanos 13.9-10 Inmediatamente después de hablar de la sumisión se menciona el amor; es la única manera de someterse de verdad. La ley del reino, es decir, someterse a la autoridad de Dios en cualquier autoridad delegada, sólo puede cumplirse por amor. Ama y haz lo que quieras –dijo Agustín de Hipona. Tenía razón, pues el amor no hace nada indebido. Se necesita dejar de amar para cometer alguno de los pecados enumerados y los no enumerados también. La sentencia o resumen de la ley del reino es amar al prójimo. El cumplimiento de la ley es el amor; la ley del reino no es tener millones de súbditos sin carácter, sino millones de súbditos con gran carácter, tanto, que son amantes. Se necesita más carácter para someterse por amor que para rebelarse. “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Antes de ser dueño de algo, se dueño de alguien, de ti mismo.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:10
Romanos 13.9-10 Inmediatamente después de hablar de la sumisión se menciona el amor; es la única manera de someterse de verdad. La ley del reino, es decir, someterse a la autoridad de Dios en cualquier autoridad delegada, sólo puede cumplirse por amor. Ama y haz lo que quieras –dijo Agustín de Hipona. Tenía razón, pues el amor no hace nada indebido. Se necesita dejar de amar para cometer alguno de los pecados enumerados y los no enumerados también. La sentencia o resumen de la ley del reino es amar al prójimo. El cumplimiento de la ley es el amor; la ley del reino no es tener millones de súbditos sin carácter, sino millones de súbditos con gran carácter, tanto, que son amantes. Se necesita más carácter para someterse por amor que para rebelarse. “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Antes de ser dueño de algo, se dueño de alguien, de ti mismo.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:11
Romanos 13.11 La razón por la cual debemos cumplir la ley del reino, que, como hemos venido diciendo, consiste en la sumisión; es porque no falta mucho para dar cuentas al Rey del reino, a quien se supone amamos. Cada día nos tiene más cerca de Él. Esto incluye que, siendo que queda menos tiempo para ese día, no debemos interrumpir el proceso de nuestra transformación. ¿Cuánto tiempo falta para el examen? –pregunta el mal estudiante que comenzará a estudiar un día antes del mismo. Pero aquel que es diligente se prepara cada día de su vida. Siendo que cada vez falta menos para nuestro encuentro con el Señor, sea por su segunda venida o por nuestra posible muerte, debemos ser diligentes en prepararnos. Mientras estemos e este mundo, estamos en espera de nuestra final reunión con Dios; no estemos descuidados como el que duerme, inconscientes a la vida del reino. Despertemos, seamos diligenes ya.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:12
Romanos 13.12-14 Al hablar de sumisión, como de cualquier otra virtud cristiana, siendo que se trata de virtudes internas, se corre el riesgo de dejarlo sólo en una supuesta actitud del corazón; pero sólo supuesta, por no tener expresión externa de la misma. Por eso la Palabra tiene el cuidado de hablar de vestirse de Cristo con ejemplos de conducta externa contraria a tal vestimenta. La sumisión verdadera se nota en la práctica cotidiana, especialmente en no proveer para los deseos de la carne; es decir, no hacer preparativos para una mala conducta que quebrante la ley del reino. La sumisión es una vida en luz; mientras que la ausencia de sumisión es ausencia de luz; es andar en tinieblas. ¿Sabes cuánto brillas al vivir en sumisión? Los que te conocen elogiarán tu buen andar y glorificarán al Padre celestial. Si ves alguna persona vestida de bombero piensas que se trata de un bombero; lo mismo podemos decir de quien viste de policía, policía; o soldado, soldado; así, al ver a una persona que respeta la ley del reino sometiéndose a las autoridades podemos pensar que se trata de un cristiano, por cuanto está vestido de Cristo.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:13
Romanos 13.12-14 Al hablar de sumisión, como de cualquier otra virtud cristiana, siendo que se trata de virtudes internas, se corre el riesgo de dejarlo sólo en una supuesta actitud del corazón; pero sólo supuesta, por no tener expresión externa de la misma. Por eso la Palabra tiene el cuidado de hablar de vestirse de Cristo con ejemplos de conducta externa contraria a tal vestimenta. La sumisión verdadera se nota en la práctica cotidiana, especialmente en no proveer para los deseos de la carne; es decir, no hacer preparativos para una mala conducta que quebrante la ley del reino. La sumisión es una vida en luz; mientras que la ausencia de sumisión es ausencia de luz; es andar en tinieblas. ¿Sabes cuánto brillas al vivir en sumisión? Los que te conocen elogiarán tu buen andar y glorificarán al Padre celestial. Si ves alguna persona vestida de bombero piensas que se trata de un bombero; lo mismo podemos decir de quien viste de policía, policía; o soldado, soldado; así, al ver a una persona que respeta la ley del reino sometiéndose a las autoridades podemos pensar que se trata de un cristiano, por cuanto está vestido de Cristo.
— Roberto Tinoco
Romanos 13:14
Romanos 13.12-14 Al hablar de sumisión, como de cualquier otra virtud cristiana, siendo que se trata de virtudes internas, se corre el riesgo de dejarlo sólo en una supuesta actitud del corazón; pero sólo supuesta, por no tener expresión externa de la misma. Por eso la Palabra tiene el cuidado de hablar de vestirse de Cristo con ejemplos de conducta externa contraria a tal vestimenta. La sumisión verdadera se nota en la práctica cotidiana, especialmente en no proveer para los deseos de la carne; es decir, no hacer preparativos para una mala conducta que quebrante la ley del reino. La sumisión es una vida en luz; mientras que la ausencia de sumisión es ausencia de luz; es andar en tinieblas. ¿Sabes cuánto brillas al vivir en sumisión? Los que te conocen elogiarán tu buen andar y glorificarán al Padre celestial. Si ves alguna persona vestida de bombero piensas que se trata de un bombero; lo mismo podemos decir de quien viste de policía, policía; o soldado, soldado; así, al ver a una persona que respeta la ley del reino sometiéndose a las autoridades podemos pensar que se trata de un cristiano, por cuanto está vestido de Cristo.
— Roberto Tinoco