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Romanos 14
El peligro de juzgar
1Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.🗨📝 2Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.🗨📝 3El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.🗨📝 4¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.🗨📝 5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.🗨📝 6El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.🗨📝 7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.🗨📝 8Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.🗨📝 9Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.🗨📝 10Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.🗨📝 11Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios.🗨📝 12De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.🗨📝 13Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.🗨📝 14Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.🗨📝 15Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.🗨📝 16No sea, pues, vituperado vuestro bien;🗨📝 17porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.🗨📝 18Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres.🗨📝 19Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.🗨📝 20No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come.🗨📝 21Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.🗨📝 22¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.🗨📝 23Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Romanos 14:1
Romanos 14.1-3 Toda iglesia de todos los tiempos ha tenido dos clase de hermanos: Los conservadores en la fe que tienen más prejuicios (en prácticas neutras no morales). Y los liberales en la fe que tienen más libertad (en prácticas neutras no morales). Unos y otros son hermanos. Los primeros juzgan a los segundos considerándolos carnales; mientras que los segundos menosprecian a los primeros como inmaduros. Ambos se consideran fuertes a sí mismos y débiles a los demás que no son como ellos. Pero Dios dice que se reciban unos a otros sin juzgarse ni menospreciarse, ¿por qué? Porque Dios los recibió a ambos. ¿Acaso habremos de ser más selectivos que Dios? Por ejemplo, una de las razones del fracaso de algunos matrimonios es su insistencia en cambiarse el uno al otro. No destruyas lo que te atrajo, no te engañaron, en todo caso, te engañaste a ti mismo (a). El reino de los cielos es semejante: nos recibimos unos a otros por cuanto somos recibidos por Dios. Si realmente tu eres fuerte y a u parecer, tu hermao es débil, entonces tu debes recibirlo y o rechazarlo. El apóstol Pablo hace referencia a la costumbre griega de comer carne comprada en la carnicería, pero que provenía de un sacrificio a alguno de los muchos dioses griegos. Pablo, fuerte en la fe, sabía que dicha carne no tenía nada espiritualmente malo, pues los dioses o ídolos no existen, pero aquellos que venían de practicar la idolatría, podrían tener una mente débil por estar habituada a los ídolos concediéndoles aún cierto grado de temor. El consejo de Pablo es que si tu eres fuerte, no tomes en poco al que no lo es. Si tú si comes esa carne, no menosprecies al que no lo hace; y si tu eres alguien que se ha propuesto abstenerse de dicha carne, no debes juzgar al que la consume como si se ratase de un pecador o idólatra. Esta misma actitud entre los hermanos debe prevalecer en todas aquellas cosas que no están claramente prohibidas en la Biblia y se prestan a interpretaciones. Unos y otros mantenemos la comunión, a pesar de las diferencias. Romanos 14.1 Toda iglesia de todos los tiempos ha tenido dos clase de hermanos: Los conservadores en la fe que tienen más prejuicios (refiriéndome a prácticas neutras no morales). Y los liberales en la fe que tienen más libertad (en prácticas neutras no morales). Unos y otros son hermanos. Los primeros juzgan a los segundos considerándolos carnales; mientras que los segundos menosprecian a los primeros como inmaduros. Ambos se consideran fuertes a sí mismos y débiles a los demás que no son como ellos. Pero Dios dice que se reciban unos a otros sin juzgarse ni menospreciarse, ¿por qué? Porque Dios los recibió a ambos. ¿Acaso habremos de ser más selectivos que Dios? El apóstol aclara que se reciban unos a otros, pero no para contender sobre opiniones; pues fácilmente se puede caer en la tentación de buscar al otro “para ayudarlo a cambiar” o para “sacarlo de su error”. Eso no es recibir al débil en la fe. La idea es unirse en amor a pesar de las diferencias doctrinales menores que se puedan tener.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:2
Romanos 14.1-3 Toda iglesia de todos los tiempos ha tenido dos clase de hermanos: Los conservadores en la fe que tienen más prejuicios (en prácticas neutras no morales). Y los liberales en la fe que tienen más libertad (en prácticas neutras no morales). Unos y otros son hermanos. Los primeros juzgan a los segundos considerándolos carnales; mientras que los segundos menosprecian a los primeros como inmaduros. Ambos se consideran fuertes a sí mismos y débiles a los demás que no son como ellos. Pero Dios dice que se reciban unos a otros sin juzgarse ni menospreciarse, ¿por qué? Porque Dios los recibió a ambos. ¿Acaso habremos de ser más selectivos que Dios? Por ejemplo, una de las razones del fracaso de algunos matrimonios es su insistencia en cambiarse el uno al otro. No destruyas lo que te atrajo, no te engañaron, en todo caso, te engañaste a ti mismo (a). El reino de los cielos es semejante: nos recibimos unos a otros por cuanto somos recibidos por Dios. Si realmente tu eres fuerte y a u parecer, tu hermao es débil, entonces tu debes recibirlo y o rechazarlo. El apóstol Pablo hace referencia a la costumbre griega de comer carne comprada en la carnicería, pero que provenía de un sacrificio a alguno de los muchos dioses griegos. Pablo, fuerte en la fe, sabía que dicha carne no tenía nada espiritualmente malo, pues los dioses o ídolos no existen, pero aquellos que venían de practicar la idolatría, podrían tener una mente débil por estar habituada a los ídolos concediéndoles aún cierto grado de temor. El consejo de Pablo es que si tu eres fuerte, no tomes en poco al que no lo es. Si tú si comes esa carne, no menosprecies al que no lo hace; y si tu eres alguien que se ha propuesto abstenerse de dicha carne, no debes juzgar al que la consume como si se ratase de un pecador o idólatra. Esta misma actitud entre los hermanos debe prevalecer en todas aquellas cosas que no están claramente prohibidas en la Biblia y se prestan a interpretaciones. Unos y otros mantenemos la comunión, a pesar de las diferencias. Romanos 14.2 El apóstol ejemplifica las diferencias doctrinales que se pueden tener entre los creyentes dividiéndolos: por un lado tenemos a los liberales que pueden comer de todo, no considerando pecado comer lo sacrificado a los ídolos que podrían haber comprado en la carnicería (no sacrificado por ellos, obviamente), así como alimentos no contemplados en la dieta levítica como mariscos y cerdo. Y por el otro lado, tenemos a los creyentes conservadores con una dieta más estricta, siendo prácticamente veganos. Ni unos ni otros deben descalificarse mutuamente como si fuesen superiores en fe. Esto aplica a todas clase de diferencias en usos y costumbres no definidas claramente en las Escrituras como contrarias a Cristo o el evangelio.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:3
Romanos 14.1-3 Toda iglesia de todos los tiempos ha tenido dos clase de hermanos: Los conservadores en la fe que tienen más prejuicios (en prácticas neutras no morales). Y los liberales en la fe que tienen más libertad (en prácticas neutras no morales). Unos y otros son hermanos. Los primeros juzgan a los segundos considerándolos carnales; mientras que los segundos menosprecian a los primeros como inmaduros. Ambos se consideran fuertes a sí mismos y débiles a los demás que no son como ellos. Pero Dios dice que se reciban unos a otros sin juzgarse ni menospreciarse, ¿por qué? Porque Dios los recibió a ambos. ¿Acaso habremos de ser más selectivos que Dios? Por ejemplo, una de las razones del fracaso de algunos matrimonios es su insistencia en cambiarse el uno al otro. No destruyas lo que te atrajo, no te engañaron, en todo caso, te engañaste a ti mismo (a). El reino de los cielos es semejante: nos recibimos unos a otros por cuanto somos recibidos por Dios. Si realmente tu eres fuerte y a u parecer, tu hermao es débil, entonces tu debes recibirlo y o rechazarlo. El apóstol Pablo hace referencia a la costumbre griega de comer carne comprada en la carnicería, pero que provenía de un sacrificio a alguno de los muchos dioses griegos. Pablo, fuerte en la fe, sabía que dicha carne no tenía nada espiritualmente malo, pues los dioses o ídolos no existen, pero aquellos que venían de practicar la idolatría, podrían tener una mente débil por estar habituada a los ídolos concediéndoles aún cierto grado de temor. El consejo de Pablo es que si tu eres fuerte, no tomes en poco al que no lo es. Si tú si comes esa carne, no menosprecies al que no lo hace; y si tu eres alguien que se ha propuesto abstenerse de dicha carne, no debes juzgar al que la consume como si se ratase de un pecador o idólatra. Esta misma actitud entre los hermanos debe prevalecer en todas aquellas cosas que no están claramente prohibidas en la Biblia y se prestan a interpretaciones. Unos y otros mantenemos la comunión, a pesar de las diferencias. Romanos 14.3 La reacción de liberales y conservadores, como lo definimos en versículos anteriores, no debe ser de menosprecio y juicio respectivamente. Esto es muy característico de dichas personalidades. El liberal suele sentirse superior por su supuesta madurez, como se considera a sí mismo; y toma en poco, menosprecia o considera inferior al que a sus ojos es un legalista y obtuso de mente. Por su parte, el conservador piensa de sí como más espiritual y santo que su hermano liberal, ya que él se abstiene de más cosas; así que comete el error de juzgar a su hermano como pecador, carnal o mundano. Unos y otros son inmaduros y están equivocados. El camino correcto es el amor que no menosprecia ni juzga, sino que bendice y ayuda.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:4
Romanos 14.4 En el mismo contexto de menosprecio por parte de liberales y juicio del lado de los conservadores, tratado en versículos precedentes, el apóstol Pablo pregunta ubicando a ambos a tener la identidad correcta, ambos son consiervos y no el Amo o Señor del reino. “¿Tú quién eres?” -dice. No puedes juzgar a un siervo si tu también eres otro siervo. ¿Quién te crees que eres para descalificar a tu hermano? El criado es ajeno, no tienes derecho de juzgarlo; ¿te robarás el esclavo de otro? ¿Ofenderás al Señor de esta manera? ¿Qué crees que hará al ladrón de su Hacienda? “Para su Señor está en pie o cae”; Dios sigue a cargo de su reino, no eres tú quien lo sostiene. ¿Pondrás en duda su poder y señorío? ¿Serás como Uza deteniendo el arca? (1 Samuel 6). Supongo que leíste: “pero estará firme”, el Señor se encarga de sus siervos, no te necesita para levantar ni santificar a nadie. Juzgar es común en todo el mundo. No me refiero al ejercicio de la justicia bajo el amparo de la ley; sino al juicio ligero que todos realizamos justa o injustamente de lo que a nosotros refiere sólo una opinión sobre el proceder del prójimo. Sin embargo, aunque contamos con la capacidad de discernir el bien y el mal, pecamos con frecuencia al colocarnos en la posición de juez. La Biblia dice que el Juez de vivos y muertos es Dios y en este sentido, Él es el Señor y todos nosotros sólo siervos o criados, por decirlo así, de su hacienda. Por tanto, siguiendo el lenguaje coloquial del pasaje, al juzgar, juzgamos al criado ajeno. La ofensa de esto es la usurpación de la autoridad del Señor y Juez de esta hacienda. Como desconfiando de su capacidad de juzgar, así como de su poder para ejercer la sentencia. Es decir, juzgar al prójimo suele manifestar la actitud de “porque Dios no hace nada, lo hago yo˝. No sólo se está juzgando al hombre, sino inconscientemente también se está condenando a su Creador. Por eso, las Escrituras dicen que, si el criado cae o está en pie, para su Señor cae o está en pie y poderoso es Dios para hacerle estar firme. En cierto modo los errores humanos son una buena oportunidad para expresar nuestra confianza en Dios o también en su defecto, para exhibir nuestra falta de confianza o mala opinión acerca de Él. ¿Significa esto que debemos soportar el mal o hacernos de la vista gorda ante la injusticia? De ninguna manera. La Biblia también deja en claro el uso de la justicia y de la ley que existe en este mundo como puestas por Dios, pero debe uno actuar en consecuencia a ellas y no vengarnos por nosotros mismos. Si me dices que la justicia de este mundo no es confiable, volvemos al mismo apartado expresado líneas atrás. O lo haces a tu modo o a actúas al modo de Dios. Usa la justicia antes de que la injusticia te use a ti. Así al menos te salvarás a ti mismo de convertirte en aquello que precisamente estás señalando en otro. Sea en esta vida o en la siguiente, Dios dará el pago. Después de todo, cuando hablas mal, no estás definiendo ni diciendo mucho de tu prójimo, pero si estás diciendo mucho acerca de ti. De niño me enseñaron que por cada dedo con el que señalo con mi propia mano, tengo cuatro dedos más señalándome a mi; y el evangelio dice: en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:5
Romanos 14.5 Otro ejemplo, además de la comida en los versículos anteriores, que separa a los hermanos conservadores de los liberales, es que los primeros consideran los días diferentes, apartando el sábado y algunos otros días como especiales o santos; mientras que los segundos consideran todos los días iguales, santos por igual. El consejo del apóstol no es unificar criterios ni definir quién está en lo correcto y quién está equivocado; sino que ambos deben estar convencidos de verdad, con plenitud en su propia mente. No que convenzan al otro, sino que sigan su conciencia después de asegurarse qué es lo que verdaderamente creen. En el siguiente versículo el apóstol dará la razón de esta actitud. Lo que implica que no se trata de una doctrina cardinal de la fe cristiana, sino de algo periférico que puede variar, siendo posible que ambos sean cristianos. Deben amarse y mantenerse en unidad a pesar de esta diferencia doctrinal.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:6
Romanos 14.6 Ambos grupos, conservadores que guardan cierto día para el Señor, sea sábado o domingo; como los liberales que consideran todos los días iguales, están convencidos de hacer esto para el Señor. Es su demostración de fe a Dios tener un día santo o todos los días santos; lo mismo respecto a la comida, si seguir la dieta levítica o no, comer solo legumbres o de todo, lo hacen para el Señor dando gracias por ello a Dios. Ante lo cual, el Señor de ellos es el único con autoridad para aceptar o no lo que hagan por Él. No lo hacen para ti, ¿con que derecho o autoridad serías tu quien acepta o rechaza el vivir de tu hermano? ¿Tomarás tu el lugar del Señor?
— Roberto Tinoco
Romanos 14:7
Romanos 14.7 La razón principal por la que no debemos menospreciar ni juzgar a los hermanos es que no son nuestros. Fuimos comprados con la sangre de Cristo y vivimos para Él. Sólo Él es el Dueño, el Señor y la Autoridad final de nuestra vida. A nuestros ojos puede parecer que tal o tal no está consagrado o que no hace lo que es agradable el Señor, pero solo el Señor juzga esto. Si realmente vivimos para el Señor, amemos al hermano y conservemos la unidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:8
Romanos 14.8 No te hicieron a ti para tu hermano y tampoco lo crearon a él para ti. Ambos fueron hechos para Dios. Sea que vivas o mueras, vives o mueres para Dios. Fuimos creados con un mismo propósito, pero con funciones diferentes, por ello somos y seremos diferentes. Nos compraron con un precio muy alto, la muerte de Cristo, de manera que no podemos ser nosotros quienes digamos quién sí y quién no es la iglesia. Tienes Dueño y tu voluntad también. El Señor es Señor tuyo y del juicio; por tanto, no ocupes su lugar juzgando.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:9
Romanos 14.9 La muerte de Cristo no solo nos libra de las tinieblas, también nos somete a la luz. Te rescata de un reino para que pertenezcas a otro. Vivos o muertos, todos somos de Cristo. Creyentes y no creyentes, todos somos de Cristo. No todos se someten a su voluntad conscientemente aún, pero lo harán. Jesús Cristo es el Señor. En realidad, nadie es libre de hacer lo que le plazca, pues le pertenece al Señor. En el contexto del capítulo significa que ames a tu hermano y no lo juzgues ni menosprecies, pues le pertenece al Señor, lo mismo que tú. ¿O acaso intentarás ocupar su lugar en el trono? Tu no moriste y resucitaste; tu no eres Señor. Tu fuiste comprado por Él, lo mismo que los demás. Sigue leyendo los siguientes versículos.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:10
Romanos 14.10 De nuevo, conservadores juzgando y liberales menospreciando nos equivocamos (por supuesto no habla del juicio eclesiástico ni del tribunal civil que Dios mismo ha instituido, sino del juicio personal, la crítica). No somos jueces, el riesgo de juzgar es que “con la medida que medimos, seremos medidos” (Lucas 6:38); “con la vara con la que juzgamos, seremos juzgados”. Y “juicio sin misericordia se hará a quien no tenga misericordia” (Santiago 2:13). Además, “considérate a ti mismo, no sea que tu también seas tentado” (Gálatas 6:1). Sólo Dios tiene el derecho al juicio. Sólo Dios tiene la capacidad de considerar todos los elementos externos e internos para un juicio justo. Acerca del Tribunal de Cristo: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). El Juez es Jesucristo: “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo” (Juan 5:22). Es un juicio para recompensas y no para condenación: “la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:13-15). Es el juicio de los creyentes no de los incrédulos; notemos que dice: “todos nosotros”; es decir, la iglesia. Dios no trata al justo como al impío (Génesis 18:25), por lo que no desea juzgarlo junto con el impío y en los mismos términos; con todo, no lo dejará sin juicio. El que no haya ninguna condenación para los que están en Cristo (Romanos 8:1) no significa que no corra riesgo alguno de perder recompensas e incluso su vida (aunque esto no es juzgado en el tribunal de Cristo, sino ante el Trono Blanco); pues la promesa se mantiene firme para quien se mantiene en Cristo (1 Corintios 15:1-2). Este juicio se basa en las obras de los creyentes, “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo”; a saber, vivo en la tierra. De manera que ninguno vive para sí (Colosenses 3:24-25). El pasaje dice: “sea bueno o sea malo” lo que haya hecho; traducido literalmente: “sea bueno o de mala calidad”. Lo que establece que este no es un juicio para definir la salvación, sino para medir el grado de recompensa o la pérdida de ellas, según sea el caso, de los creyentes (1 Corintios 3:14-15; 4:5). Ningún cristiano puede evitar pasar por el Tribunal de Cristo, ya que esto es indispensable para glorificar a Dios: “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:10-12). El Tribunal de Cristo se efectuará hasta la venida del Señor: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Corintios 4:5). Más específicamente entre el arrebatamiento de la iglesia y la venida de Cristo pues las Bodas del Cordero con la iglesia esposa preparada se efectuarán antes de su venida (Apocalipsis 19:7-14). Los creyentes anhelamos la venida del Señor, pues con su venida vendrá también nuestra recompensa (Apocalipsis 22:12). Por eso es muy importante que antes de comparecer ante el tribunal de Cristo podamos juzgarnos a nosotros mismos en el sentido de examinarnos para ver que áreas de nuestra vida requieren ser purificadas. De este modo evitamos pérdidas para aquel día: “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:31-32). La condenación del mundo a la que este pasaje se refiere, lo sabemos por el contexto, es la vida de enfermedad, debilidad y pobreza que tiene el mundo sin Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:11
Romanos 14.11 Jesús es el Señor; esa es la razón para no juzgar al prójimo, como dice el versículo anterior. Todo el juicio le pertenece a Él. Jesucristo es el amo, el Señor, el Dueño, el sólo Soberano. En esto radica la salvación, ¿cómo habríamos de ser jueces cuando fuimos salvados por gracia? Ante Jesús se doblará toda rodilla; clara manifestación del reinado de Cristo. Y toda lengua confesará a Dios, porque Jesucristo es Dios. El mismo apóstol de Romanos escribe a los filipenses: “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10-11). ¿Lo ves? En Romanos dice “confesará a Dios” y a los Filipenses “confiese que Jesucristo es el Señor”. Activa tu espíritu y recibe vida eterna invocando al Señor Jesucristo.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:12
Romanos 14.12 En el tenor de los versículos precedentes, no juzgamos al prójimo y lo recibimos aunque sea o consideremos que es débil en la fe, porque nos hallamos en la misma condición delante del Rey Jesucristo. ¿Quién es inocente ante el Juez eterno? ¿Quién es fuerte ante el Todopoderoso? ¿Quién es santo ante Dios? ¿Quién es justo ante el Señor? Daremos cuanta de nosotros mismos y no de otros ante Dios; ¿cómo habríamos de juzgar al prójimo? Es un insulto rechazar al hermano cuando procuramos ser aceptables a Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:13
Romanos 14.13 Para el apóstol Pablo, los asuntos por los que se dividían los hermanos carecían de valor; no los consideraba inmundos, pero tenía la prudencia de respetar a quienes sí lo veían de esa manera. Su razonamiento es maduro y claro: si Cristo amó al hermano al punto de morir por él, ¿qué derecho tengo yo a no amarlo rechazándolo? La idea es anteponer el amor a las diferencias. ¿Puedes amar a tu hermano por encima de las diferencias doctrinales o de prácticas? Si Dios puede amar así, renunciando a todo derecho de aborrecer, ¿puedes imitarlo? Decide no poner tropiezo a tu hermano; aunque no estés de acuerdo con él, no lo hagas tropezar haciendo algo que lo escandalize. No importa si tu estás seguro de que lo que haces no es indebido, prioriza a tu hermano anteponiendo su firmeza a tu placer. Ámalo. ¿Por egoísmo lo harás caer? No te es permitido pensar en ti pasando por encima de tu hermano.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:14
Romanos 14.14 Pablo dice que confía en el Señor Jesús como quien ha recibido este mandamiento de parte de Él y es uno con Él. Evidentemente, las palabras del apóstol deben entenderse en el contexto de lo que está hablando, no se refiere a que no haya pecados, sino a que los usos y costumbres, como el de comer carne en su tiempo, de lo sacrificado a los ídolos, no era inmundo en sí mismo, pues los llamados dioses no existen; sin embargo, para los que estuvieron habituados a los ídolos y que se convirtieron a Cristo, aborrecen dichas prácticas a las que estuvieron atados, por tanto, para ellos sí es inmundo.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:15
Romanos 14.15 Al no considerar las limitaciones de la fe de tu hermano o lo que tú consideras limitaciones, como el ejemplo del comentario al versículo anterior, pasando por encima de su fe en sus prácticas, aunque creas no estar haciendo nada malo, sí estás actuando de forma egoísta. ¿No es egoísmo anteponer la comida personal al amor al hermano? Esto no está bien, lo entristeces y podrías hacerlo tropezar. Primero el amor al prójimo que el gusto propio. Esto aplica a toda práctica en usos y costumbres; esto es, aquello que no está claramente especificado en las Escrituras.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:16
Romanos 14.16 Un versículo muy corto, pero de gran significado. Has sido bendecido con muchas cosas, Dios ha sido generoso contigo; pero no resulta en acción de gracias a Dios, sino en vituperio o descrédito el disfrutar dichas bendiciones por encima de los hermanos. Un bien ya no es tan bueno cuando te importa más que las personas. ¿No dejó el Señor el cielo por ti?
— Roberto Tinoco
Romanos 14:17
Romanos 14.17 El otro argumento del por qué debemos recibir a los hermanos es por causa del reino de Dios. El reino de Dios no es comida ni bebida, no consiste en prácticas religiosas, ni en cosas externas; sino en vida interior. La iglesia es el reino de los cielos aquí en este mundo y sólo puedes ser servir al Rey, agradarlo y ser aprobado por Él para vivir en su reino quien tiene vida interior amando a su hermano. Si lo rechazas te excluyes del reino, pues al rechazarlo ya no tienes justicia, ni paz ni gozo en el Espíritu Santo; sino injusticia, inquietud y dolo en la carne. Yo no quiero quedar fuera del reino de Dios, así que no rechazaré a mi hermano.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:18
Romanos 14.18 Anteponer al hermano por encima del bien propio es una manera de servir a Cristo y a la vez, agradar a Dios; y, finalmente, ser aprobado por los hombres. ¿Quieres servir a Cristo? ¿Deseas un ministerio? Entonces ama a la iglesia y priorízala por encima de tu satisfacción personal. ¿Te preguntas que desea Dios de ti? Que ames a los hermanos. ¿Quieres agradar al Padre? Ama a sus hijos verdaderamente, protégelos. ¿Te interesa la opinión de los demás? ¿Deseas gracia ante los hombres? El secreto es amar al prójimo.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:19
Romanos 14.19 Esa es la regla para lograr lo que hemos venido diciendo acerca de amar al hermano y poner primero su estabilidad en la fe que nuestro bien: la paz y la edificación. Seguir lo que contribuya a la paz es muy amplio; cada instante es un escenario para procurar la paz con los demás. En el trato con la iglesia elige siempre conservar la paz entre los hermanos; ser el factor de unidad y ver primero por el bien de la iglesia que imponer lo que uno considera deberían hacer o dejar de hacer los demás. Asimismo, busquemos la mutua edificación; es decir, nuestras desiciones, acciones e interacción debe hacernos crecer tanto a liberales como a conservadores sin escándalo para ninguno procuremos el equilibrio y crecimiento nuestro y de la iglesia.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:20
Romanos 14.20 El caso mencionado por Pablo se resume a la práctica de comer de lo sacrificado a los ídolos (lee los comentarios a los versículos anteriores de este mismo capítulo); algo que para hermanos estrictos era considerado pecado, mientras que para otros menos estrictos respecto a esto, no tenía mal alguno (ya que los llamados dioses no existen). Comer dicha comida pasando por encima de la fe de los estrictos podía hacerlos tropezar, escandalizarse, ocasionando con ello conflicto con los primeros o incluso, deslizarse en su fe. Algo semejante ocurre en el siglo XXI en países latinoamericanos acerca de tomar vino; para una parte de la iglesia es pecado; mientras que para otra parte no lo es. El problema es que si beben los que no tienen problema con dicha práctica, sin tomar en cuenta a sus hermanos, no sólo escandalizan a unos dividiéndose; sino que provocan a otros habituados en el pasado al vino, regresar al vicio. Esto no debe ser así. Siempre debemos priorizar la salud y vida de la iglesia, tanto individual como corporativa, por encima de nuestros gustos en usos y costumbres. La obra que Dios está realizando en su reino de manera individual y congregacional es impresionante, grandiosa. No es algo pequeño, lleva miles de años y tiene como fin la gloriosa ciudad celestial, la habitación eterna de Dios. Cada creyente debe trabajar con este mismo propósito y no como un destructor. ¿Qué se dirá de quien intente sabotear la obra de Dios? Que es un Satanás. Cuando no recibes a tu hermano no contribuyes a la paz ni a la edificación de la obra de Dios, sino que te conviertes en un destructor, en un enemigo. Actuar sin que te importe el prójimo, haciéndolo tropezar con una práctica como comer algo que al hermano escandaliza también es atentar contra la obra de Dios. Se que no podemos ir por la vida agradando a todos, pero tampoco podemos tomar la actitud de que no nos importe la iglesia. Colabora con la obra de Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:21
Romanos 14.21 Lee los versículos anteriores; el apóstol resume lo que ha venido diciendo en este capítulo. El hermano débil en la fe o que se escandaliza de alguna práctica que tu no consideras pecaminosa, debe ser protegido. No hagas nada que escandalice, ofenda o debilite al hermano; por el contrario, ámalo. Hay prácticas que difieren de unos hermanos a otros, puede ser el comer o en los días considerados sagrados; también en la forma de vestir o de alabar; otra diferencia estriba entre ser iglesia numerosa o pequeña. Hay muchas cosas diferentes y solemos mantener tales cosas como asuntos de fe, pero no necesariamente lo son. El amor es primero. No era justo que Dios dejase el uso de sus atributos divinos y su cielo por nosotros, pero nos amó al punto de morir llevando nuestras culpas; ¿habríamos de ser tan soberbios para poner primero nuestro deleite terrenal que la iglesia comprada con Su sangre?
— Roberto Tinoco
Romanos 14:22
Romanos 14.22 No te condenes yendo contra tu propia conciencia, pero tampoco impongas a otro tu fe tratando de obligarlo a pensar y comportarse como tu. Equilibrio. No harás aquello que escandalice a tu hermano; pero tampoco harás aquello que tu hermano hace y te escandaliza a ti (aunque nunca deberías escandalizarte). No hagas lo que tu no apruebas; pero tampoco lo que no aprueba tu hermano; cuida la iglesia. Eva aprobó lo que Dios había desaprobado; en consecuencia, todos caímos. Nuestro juicio puede hacernos daño, tanto a nosotros como a los demás; por tanto, procura la vida, el árbol cuyo fruto es amor y da vida eterna a todos.
— Roberto Tinoco
Romanos 14:23
Romanos 14.23 El justo por la fe vivirá; el injusto vive por la duda. Asegúrate en la fe; confirma lo que crees; sabe que sabes. El apóstol deja en claro en el mismo ejemplo quye ha venido manejando, que no debemos ir contra conciencia. Si nuestra conciencia nos reprende como faltando a la fe, no comamos de aquello que tenemos por malo. Simplemente abstente de toda especie de mal. Dejarse llevar porque otro lo hace lleva al pecado, desliza el alma borrado la línea entre el bien y el mal. Si no sabes si es bueno o es malo, no hace falta preguntar, no lo hagas.
— Roberto Tinoco