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Romanos 5
La fe produce alegría
1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;🗨📝 2por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.🗨📝 3Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;🗨📝 4y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;🗨📝 5y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.🗨📝 6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.🗨📝 7Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.🗨📝 8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.🗨📝 9Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.🗨📝 10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.🗨📝 11Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.🗨📝Comparación entre Adán y Cristo
12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.🗨📝 13Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.🗨📝 14No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.🗨📝 15Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.🗨📝 16Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.🗨📝 17Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.🗨📝 18Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.🗨📝 19Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.🗨📝 20Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;🗨📝 21para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Romanos 5:1
5.1 El hombre es pecador y por ello, enemigo de Dios, ya que Dios es santo. Sin embargo, Dios ama al mundo y entregó a su Hijo en pago a su propia ley por nuestros pecados. Todo el que recibe a Jesucristo como Señor y Salvador es perdonado y reconciliado con Dios. Esto se conoce como la justificación o aplicación de la justicia de Dios en Cristo. La justificación es mucho más que ser tenido por justo, es ser hecho justo. Sólo así el hombre enemigo de Dios llega a tener paz con Dios. De modo que la justificación implica también la reconciliación (vr. 10). Sin embargo, todo esto es en el Señor Jesucristo, así que la paz y amistad de Dios la tiene con el Señor Jesús y no con los hombres aparte de Él.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:2
5.2 Así como el Señor Jesús nos reconcilia con Dios por creerle a Él; así también tenemos acceso al resto de la abundante gracia de Dios. ¿Qué es la gracia? Es el favor de participar de todo lo que Cristo es por creerle a Dios; es multiforme y abundante. No sólo la gracia general que en la bondad de Dios manifiesta a todos, como hacer salir su sol sobre buenos y malos; sino la gracia específica que Dios dispensa hacia aquellos que tienen una relación con Él. Gracias sobre gracia, creciendo en gracia, favores y bendiciones crecientes. Dicha fe requiere perseverancia para estar firme y regocijo por lo que recibiremos de Dios. La gloria de Dios no es un sinónimo del cielo, sino de lo que Dios es. Esperar su gloria es esperar el suministro de lo que Dios es, a fin de ser más como Él es.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:3
5.3 La gente que le cree a Dios es feliz (vr. 2); por lo mismo, puede seguir feliz a pesar de las circunstancias. De hecho, los acontecimientos sólo influyen en dicha persona para mejorarla, pero nunca para dañarla. La iglesia en el primer siglo experimentó toda clase de vicisitudes, pero mantenía la alegría resultante de tener paz con Dios. La paz con Dios produce paz de Dios. La tribulación produce paciencia; de modo que si pides paciencia recibirás tribulación. Sé sabio. No todos los cristianos somos llamados al martirio, de manera que no necesariamente tendremos tribulaciones; problemas si, pero no a ese nivel.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:4
5.4 El desarrollo del carácter mediante las tribulaciones pasa de la paciencia a la examen-evidencia y de la evidencia al aumento de la esperanza. Las cicatrices te ayudan a aprender a esperar correctamente. Toda prueba tiene el propósito de aprobar y promover al que así ha sido ejercitado; de modo que hay una bendición detrás de cada prueba. Para tener buena esperanza, no te concentres en que termine la prueba, sino en el resultado posterior, el gozo puesto delante de la cruz, como Jesús (Hebreos 12:2).
— Roberto Tinoco
Romanos 5:5
5.5 La vergüenza es resultado de la desesperanza; como Adán y Eva cuando pecaron y fueron conscientes de su desnudez. Cuando el hombre es frustrado en su expectativa se siente avergonzado. Si te sientes desanimado, revisa tu fe, probablemente estás basándote en lo que tú quieres creer y no en lo que Dios ha dicho. Sólo los cínicos y los amados no tienen vergüenza. Los cínicos por falta de conciencia y los amados por tener sus anhelos satisfechos. ¿A qué grupo perteneces? El nuevo corazón es resultado de la Presencia del Espíritu Santo en el creyente; por implicación, vivir avergonzado denota ausencia de Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:6
5.6 Éramos débiles e impíos, pecadores y enemigos de Dios sin posibilidad de reconciliarnos con Dios por nosotros mismos. Pero en Cristo Jesús ya no lo somos. La obra de Cristo hizo posible el cambio de identidad. No fuimos amados por nuestra condición, sino a pesar de nuestra condición. No fuimos amados por lo que éramos, sino por lo que Dios es. Dios es amor.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:7
5.7 En la humanidad se han visto arrebatos heroicos sacrificándose por personas amadas, ya sea en guerras o desastres; sin embargo, como dice el apóstol, apenas morirá alguno por el bueno o a quien considera bueno, pero no por aquellos que tiene por malos o pecadores. Esa es la diferencia entre el amor y bondad de Dios de nuestro amor y bondad humanos. Somos muy limitados, Él es infinito.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:8
5.8 ¿Habrá un versículo que describa mejor la gracia de Dios? ¿Podemos hallar un sacrificio más grande? ¡No existe amor comparable! Dios no sólo ama, sino manifiesta su amor; de modo que no lo deja en sentimientos, sino lo lleva a las acciones. Dios no solo ama, sino que nos ama a nosotros; por lo que no es platónico, sino impresionantemente relacional. La calidad y el tamaño del amor divino se miden en haber dado a su Hijo Jesucristo, su amor eterno, a muerte por pecadores tan pecadores como nosotros. Si hubiera muerto por un ángel que peca una vez o muerto por nuestros padres en el huerto del Edén antes de añadir un segundo pecado, lo entendería y aún así diría: ¡cuánto amor! Pero ¿morir por criaturas envueltas en carne a manera de gusanos pecaminosos? ¿Por nosotros que hicimos todo contra Él como para ser odiados? Este amor ya no puede entrar en los canones de nivel alguno, amor eterno. ¡Eligió amarnos y salvarnos dándolo todo! Escribió San Agustin: “la medida del amor es el amor sin medida”. La justificación está basada en la demostración más grande de amor; por tanto, solo puede ser gratuita y a la vez, rechazarle se convierte en una ofensa igualmente inmedible.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:9
5.9-10 Lee el comentario al versículo anterior. Y como si fuera poco el amor de Dios, le añade “mucho más”. ¿Cómo puede añadírsele algo al hecho de dar a su Hijo a muerte por nosotros? ¡Dándolo a vida para nuestra nueva vida! Resucitándolo. Ahora somos salvos de la ira viviendo en paz con Dios y en el proceso de nuestra sanificación hacia nuestra adopción y glorificación finales. La sangre de Cristo nos ha justificado con Dios por la fe en Él. Y por esa misma fe somos salvos de la ira de Dios estando Cristo resucitado de los muertos. En el día del juicio, el Hijo vive para interdeder a nuestro favor. La muerte de Cristo le pone fin al pasado; pero su Vida le da posibilidad a nuestro futuro. Y esto es lo que significa “mucho más”; ya que si fue capaz de dar a muerte a su Hijo cuando estabamos enemistados; ahora estando reconciliados nos ha sido dada la Vida del Hijo de Dios. Si su muerte fue eficaz; mucho más lo es su Vida. Si no te negó lo más siendo enemigos; mucho menos lo negará siendo amigos. Lo que éramos, pero ya no somos. No hay duda del pecado en los seres humanos; y tampoco hay duda de que Dios aborrece el pecado. Esto nos constituye a todos en enemigos de Dios. Sin embargo, la Escritura no dice que los creyentes somos enemigos, sino que éramos enemigos, pero ya fuimos reconciliados, de modo que tenemos paz para con Dios (Rom. 5:1), ¡ya no somos enemigos! No tengo que pensar que esté enojado o deba lograr su contentamiento. No te quedes tratando de terminar con la ira de Dios, sigue adelante en la relación, ya tienes paz con Él. Lo que somos y por qué lo somos. Estamos reconciliados con Dios, tenemos paz con Él. Somos amigos de Dios. ¿Te han dicho: tu que estás bien con Dios o tu que estás más cerca de él..? Responde: «sí, somos amigos». Esto fue posible sólo mediante la muerte de su Hijo, de modo que no debes menospreciar la reconciliación. Las buenas marcas tienen calidad, son costosas y por lo mismo exhiben la marca. Costaste demasiado como para que no aceptes lo que eres o para que ocultes la marca de Cristiano. Lo que seremos y por qué lo seremos. La primera vez que leí Romanos me sorprendió que dijera en futuro: «seremos salvos» y pensé: «¿qué no lo somos aun?» Entonces comprendí el pensamiento del apóstol y la enseñanza que el Espíritu nos daba a través de su carta: Salvos por su muerte de la enemistad con Dios y de la condenación resultante de tal enemistad; pero salvos por su Vida de la limitación de la presente vida, es decir, de los restos de la muerte. Las enfermedades dejan secuelas (ejemplo simple son las espinillas en la adolescencia y los rostros cicatrizados); a veces el que fue sanado todavía tiene que atender las consecuencias de la enfermedad que tuvo, cicatrices. La muerte de nuestra vieja naturaleza nos dejó cicatrizada el alma, por lo que necesitamos recibir más Vida para ser del todo sanados, regenerados, santificados.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:10
5.9-10 Lee el comentario al versículo anterior. Y como si fuera poco el amor de Dios, le añade “mucho más”. ¿Cómo puede añadírsele algo al hecho de dar a su Hijo a muerte por nosotros? ¡Dándolo a vida para nuestra nueva vida! Resucitándolo. Ahora somos salvos de la ira viviendo en paz con Dios y en el proceso de nuestra sanificación hacia nuestra adopción y glorificación finales. La sangre de Cristo nos ha justificado con Dios por la fe en Él. Y por esa misma fe somos salvos de la ira de Dios estando Cristo resucitado de los muertos. En el día del juicio, el Hijo vive para interdeder a nuestro favor. La muerte de Cristo le pone fin al pasado; pero su Vida le da posibilidad a nuestro futuro. Y esto es lo que significa “mucho más”; ya que si fue capaz de dar a muerte a su Hijo cuando estabamos enemistados; ahora estando reconciliados nos ha sido dada la Vida del Hijo de Dios. Si su muerte fue eficaz; mucho más lo es su Vida. Si no te negó lo más siendo enemigos; mucho menos lo negará siendo amigos. Lo que éramos, pero ya no somos. No hay duda del pecado en los seres humanos; y tampoco hay duda de que Dios aborrece el pecado. Esto nos constituye a todos en enemigos de Dios. Sin embargo, la Escritura no dice que los creyentes somos enemigos, sino que éramos enemigos, pero ya fuimos reconciliados, de modo que tenemos paz para con Dios (Rom. 5:1), ¡ya no somos enemigos! No tengo que pensar que esté enojado o deba lograr su contentamiento. No te quedes tratando de terminar con la ira de Dios, sigue adelante en la relación, ya tienes paz con Él. Lo que somos y por qué lo somos. Estamos reconciliados con Dios, tenemos paz con Él. Somos amigos de Dios. ¿Te han dicho: tu que estás bien con Dios o tu que estás más cerca de él..? Responde: «sí, somos amigos». Esto fue posible sólo mediante la muerte de su Hijo, de modo que no debes menospreciar la reconciliación. Las buenas marcas tienen calidad, son costosas y por lo mismo exhiben la marca. Costaste demasiado como para que no aceptes lo que eres o para que ocultes la marca de Cristiano. Lo que seremos y por qué lo seremos. La primera vez que leí Romanos me sorprendió que dijera en futuro: «seremos salvos» y pensé: «¿qué no lo somos aun?» Entonces comprendí el pensamiento del apóstol y la enseñanza que el Espíritu nos daba a través de su carta: Salvos por su muerte de la enemistad con Dios y de la condenación resultante de tal enemistad; pero salvos por su Vida de la limitación de la presente vida, es decir, de los restos de la muerte. Las enfermedades dejan secuelas (ejemplo simple son las espinillas en la adolescencia y los rostros cicatrizados); a veces el que fue sanado todavía tiene que atender las consecuencias de la enfermedad que tuvo, cicatrices. La muerte de nuestra vieja naturaleza nos dejó cicatrizada el alma, por lo que necesitamos recibir más Vida para ser del todo sanados, regenerados, santificados.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:11
5.11 ¿Y no solo esto? ¿Qué más se puede decir de que Dios nos amó tanto que nos ha dado a su Hijo? Lo dio a muerte cuando éramos enemigos y lo ha dado a vida siendo amigos. ¿Y no sólo esto? ¿Hay más? Sí, gloriarnos en Dios. Absolutamente todo motivo de celebración surge o es posible de Dios que nos amó. No habría nada que celebrar, menos jactarnos, si Dios no nos hubiera dado a Jesucristo su Hijo reconciliándonos de esa manera con Él.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:12
5.12 “Por tanto”, como si el escritor decidiera retomar el hilo inicial de la conversación que había dejado líneas atrás: “en base a lo anterior, sigamos con lo que les venía diciendo”. La ley del reino de Dios (no se confunda con la ley de Moisés) establece que el infractor debe pagar por su infracción con la muerte; sin embargo, ya que la consecuencia del pecado de Adán dañó a toda su especie y ni Adán ni la especie humana pudieron pagar habiéndose convertido en pecadores, por ende, reos de muerte (¿nos condenarían a todos?). De manera que se necesitaba otro hombre para cumplir la ley de Dios que no tuviese pecado y a quien la muerte no pudiera imputársele.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:13
5.13 Nada de lo comentado en el versículo anterior podía saberse en este mundo hasta que se manifestó la ley de Dios en la ley de Moisés. Todos pecadores y condenados sin saberlo; de manera que tampoco sabíamos de condenación ni de la necesidad de un Salvador. Como enfermos que desconocen su enfermedad y no van al médico, mientras están acercándose a la muerte eterna.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:14
5.14 La humanidad heredó la condición pecaminosa de Adán. De padre a hijos se fue transmitiendo la naturaleza de pecado sin necesidad de volver a comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. En consecuencia, reinó la muerte sobre la humanidad, todo ser humano nacía enfermo de muerte hasta que finalmente moría sin posibilidades de vencer dicho mal. Adán fue el primero de los humanos pecadores y mortales; figura de Cristo e que es la cabeza de la humanidad y quien les heredó su naturaleza; mientras que Cristo Jesús es Cabeza de la nueva creación, el primero de los hijos de Dios a quienes se nos ha concedido vida eterna.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:15
5.15 El don de Dios, esto es, Cristo reconciliándonos con Dios es mucho más grande, trascendente e importante que la transgresión de Adán. Adán heredó muerte, final; mientras que Cristo ha traído vida eterna, continuidad por siempre. Adán destruye, Cristo glorifica. De manera que en Cristo hay abundancia, mientras que en Adán está la escasez. Cristo da el todo; Adán trajo la nada. Los muchos en Adán, así sean muchos; son como la nada; mientras que los muchos en Cristo alcanzaron todo. La gracia de Dios es toda bendición y el regalo o don que hace posible esta gracia es Cristo. Tu decides si eres hijo de Adán, un humano; o si eres hijo de Dios creyendo en Cristo.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:16
5.16 Bastó un solo pecado de Adán para hundir en tinieblas, muerte y condenación a toda la humanidad. Adán no tuvo ninguna capacidad para resolver ese único pecado. No pudo pagar por él; tampoco pudo borrar sus consecuencias. Evidentemente, si no podía hacer nada por sí mismo ni por nadie más con un sólo pecado; ¡menos lo haría con los pecados de todos! Muy distinto al Señor Jesús, quien es el don de Dios para salvación de todos por la fe; ya que el Señor Jesús dio un solo pago por todas las transgresiones y pecados de todo ser humano de todos los tiempos. ¡Cuán superior y maravilloso es el don de la justicia de Dios en Cristo!
— Roberto Tinoco
Romanos 5:17
5.17 No viviremos en el pesimismo ni en las quejas ni en el dolor ni en el fracaso de aquellos que creen que sufriendo son más dignos del reino de los cielos; la vida en cristo es una vida de victoria de triunfo en triunfo y de victoria en victoria, debe terminar el tiempo de los creyentes quejumbrosos, sufrientes, para empezar el tiempo de los que viven la fe alcanzando las promesas de Dios. Este versículo presenta que, si hubo poder para muerte en la caída de Adán hay mucho mas poder para vida , en la gracia y la justicia de Jesucristo. Si el que Adán cayera propició con esa caída pecado, enfermedad, pobreza, muerte; si hubo poder en esa caída; hay mucho mas poder para la vida, es decir para santidad, para salud, y para sustento, en la gracia y la justicia de nuestro Señor Jesucristo. Si trajo nefastos resultados la caída de Adán, pues mas abundantes y gloriosos resultados trae la gracia de Jesucristo, si hubo poder para el pasado, para el mal, hay mas poder para el futuro y el bien en Jesucristo. Podemos experimentar por la fe el reino anticipadamente o podemos por incredulidad esperar a que Cristo lo manifieste en su venida al mundo incrédulo. Queremos y podemos por la fe en Jesús comenzar a experimentar los anticipos de la gracia de Jesucristo, el reino de Cristo en su abundancia, en su bendición. ¿Queremos experimentar anticipadamente por la fe del reino del Señor o queremos esperar a que Cristo regrese para que sea manifestado el reino y entonces podamos experimentarlo junto con el resto del mundo? Cada vez que en algún momento se le vendió la idea a la iglesia de que tenía que vivir sufriendo empobrecida, en pecado, y que no podía ser verdaderamente libre del mal o que era normal la enfermedad entre los creyentes, se le engañó. El diablo ha mentido a la iglesia, y quizá le ha mentido desde los púlpitos al indicarle a los creyentes que vivir en pecado, en enfermedad o con pobreza tenía virtud. Es cierto Dios puede permitir temporalmente en base a una prueba específica, que una persona experimente enfermedad o pobreza, pero esa no es la condición normal de la iglesia, así que repito, podemos experimentar por la fe el reino del Señor anticipadamente, o podemos a causa de nuestra incredulidad esperar a que Cristo lo manifieste en su venida, siendo nosotros parte del mundo incrédulo. Este pasaje dice que la transgresión de Adán fue poderosa para traerle al hombre la muerte, es decir para que la muerte reinara sobre el hombre; pero también dice que es mucho más poderosa la vida de Cristo para que los que creemos en El, recibamos la abundancia de la gracia y el don de la justicia; de hecho dice el pasaje que reinemos en vida. No solamente habla de reinar vivos, sino reinar con la vida de Cristo para recibir la abundancia de dicha gracia y de dicho don de la justicia. La abundancia de su gracia es todo lo que El ha provisto, santidad, sanidad, provisión, muchas cosas más sin contar además las cosas eternas, como salvación, justificación, redención todo esto que mencionó respecto a la santidad, sanidad y provisión están dentro de la obra salvifica que el Señor hizo por nosotros, es parte de la abundancia de su gracia. El don de la justicia habla de que está pagado el precio, todo esto es posible hoy, ahora, “no es para ponerle cargas a nadie”, al contrario, es para liberar al hombre de sus cargas. Hay una condición, recibir dicha abundancia de la Vida. Hay quienes llamándose creyentes, no la reciben, ya que verdaderamente no creen que esto sea posible. Podemos reinar en vida por medio de la fe, es decir aprovechar la provisión hoy por la fe. Hacer provisión hoy, por decirlo de otra manera, el apóstol Pedro escribió en su segunda carta capítulo 1 versículo 3: “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel, que nos llamó por su gloria y excelencia.”
— Roberto Tinoco
Romanos 5:18
3.18 Por uno que pecó, toda la humanidad fue condenada. La transgresión de uno vino a ser la condenación de todos. Adán pecó en el huerto de Edén desobedeciendo al comer del árbol de la ciencia. Él prefirió seguir sus emociones hacia su mujer que la voluntad de Dios. Juzgó lo que le pareció bueno y malo y comió. Toda la humanidad nos encontrábamos en Adán, él tenía potencialmente todas nuestras vidas. La Biblia habla de que al diezmar Abraham, Leví estaba en sus lomos diezmando; es decir, la Escritura hace al padre del clan (o especie) responsable de todos. Es un asunto de naturaleza, lo que llegó a ser el primer hombre lo trasmitió a sus descendientes. El problema no estuvo tanto en lo que hizo como en lo que se hizo; es decir, en lo que se convirtió; pues por ser sus hijos, todos nos convertimos en lo mismo. Alguno dirá: ¿qué culpa tenemos? El punto es que el cielo sólo puede ser habitado por celestiales, así como el mar sólo puede ser habitado por los que tienen las condiciones para vivir bajo el agua. Simplemente como pecadores no somos una especie apta para el cielo. No es nuestro habitat. Existe predisposición genética a tener los ojos de cierto color, a ser de tal altura, etc.; Adán era humano y engendró humanos; asimismo, fue hecho pecador por lo que engendró pecadores. Por uno que es Justo todos los hombres pueden ser hechos justos. La Palabra enseña que por causa de Adán todos somos pecadores; pero también, que a causa de Cristo, somos justos. ¿Cómo sucedió esto? Si quisiéramos pasar a todos de esa especie pecaminosa a una nueva especie libre del pecado, ¿qué tendríamos que hacer? Conseguir la vida de una especie capaz de soportar el embate del pecado (tentación) sin sucumbir ante él para producir anticuerpos de vida. Luego inyectar dichos anticuerpos a los enfermos para sanarlos. Edward Jenner, médico rural, inyectó en 1796 a un niño de ocho años con la viruela vacuna, menos peligrosa que la viruela humana, el niño enfermó; pero 48 horas después estaba bien. Luego lo inyectó con la vacuna humana y el niño no presentó ningún síntoma. ¡Hoy Jenner iría a la cárcel! Luego, en 1881, Louis Pasteur inyectó a muchos animales (carneros, chivos, vacas) con un virus atenuado en su peligrosidad, días después volvió a inyectarles el virus, pero esta vez menos atenuado; por último, días adelante les inyectó el virus no atenuado, lo mismo que a otros animales no vacunados (más carneros, chivos, vacas); ¿resultado? Los animales no vacunados murieron, mientras que todos los animales vacunados sobrevivieron. Cristo es la Vida verdadera capaz de soportar el pecado y la muerte y sobrevivir (resucitar). Él en nosotros nos da la nueva vida, la Vida del Justo: “por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (5:18). La justificación no es una excusa, sino impartición de vida. Nota cómo dice la Escritura: la justificación de vida; no en la vida. No se trata sólo de ser tenidos por justos en esta vida, sino de recibir la Vida del Justo. En Cristo tienes la Vida del Justo. El problema de los cristianos es que tratan de ser cristianos por imitación y no por impartición. Sólo Cristo puede ser como Cristo. Los animales como el camaleón se disfrazan como su medio ambiente, pero no se convierten en el medio ambiente. Tratar de parecerse a Cristo sin su vida nos hace malas copias, burdas imitaciones; mimos de la religión.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:19
5.19 El mal y todo lo que implica entró a este mundo por medio de la desobediencia de Adán. Un solo pecado abrió la maldición y la muerte a la humanidad. Esto exigía, en la ley de Dios, que para traer de nuevo la Vida del cielo y todas las bendiciones que esto implica, la obediencia de otro Hombre, en este caso, Jesucristo, el postrer Adán y Cabeza de la nueva creación. Sólo hay dos hombres: uno viejo, cuya cabeza es Adán; y uno nuevo, cuya cabeza es Cristo. En Adán todos son considerados pecadores; en Cristo todos son considerados justos. ¿En dónde estás tú: en Adán o en Cristo? ¿Eres humano solamente o eres hijo de Dios?
— Roberto Tinoco
Romanos 5:20
5.20 Como un artista utiliza las sombras para luego resaltar la luz; la ley de Moisés denunciando el pecado lo hizo más evidente, abundar, para que la gracia sobreabundara. ¿Cómo se conocería la misericordia del Creador sin la ruina de la criatura? ¿Y cómo se sabría de dicha ruina sin una ley que la expusiera? Esto no significa que Dios esté de acuerdo con el pecado y mucho menos que lo haya propiciado de modo alguno, ¡jamás! Dios es justo y santo y dejaría de serlo si condicionara a sus criaturas a pecar. Lo que Dios sí hizo fue dar la ley que servía de luz dejando el pecado a la vista, a fin de darle la gracia que lo quitaba. Como un doctor cuyos análisis permiten ver el mal (la ley fueron dichos análisis) y la gracia es la medicina. Tampoco significa que pequemos más para que Dios nos de más gracia; pues en tal caso no sólo se desconoce completamente lo que la gracia es, sino que se afrenta al dador de la gracia como burlándose de Él. ¿Quién querría enfermarse más con el propósito de recibir más medicina? ¿O qué locura hay en procurar más virus sólo porque existe la medicina? La gracia además de proveer perdón, también santifica.
— Roberto Tinoco
Romanos 5:21
5.21 La ley puso de manifiesto que la humanidad era pecadora y condenada a muerte. Miles de años reinando el pecado para muerte. Pero una vez que la gracia de Dios se manifestó en Cristo, los que creemos en Él somos justificados y recibimos vida eterna. Esto despoja al pecado de su reino y a la muerte de su victoria, ahora reina la gracia en la nueva creación. ¡Glorioso! ¡Dios es bueno!
— Roberto Tinoco