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Romanos 8
La vida en el Espíritu
1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.🗨📝 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.🗨📝 3Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;🗨📝 4para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.🗨📝 5Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.🗨📝 6Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.🗨📝 7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;🗨📝 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.🗨📝 9Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.🗨📝 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.🗨📝 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.🗨📝 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;🗨📝 13porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.🗨📝 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.🗨📝 15Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!🗨📝 16El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.🗨📝 17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.🗨📝La gloria futura
18Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.🗨📝 19Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.🗨📝 20Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;🗨📝 21porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.🗨📝 22Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;🗨📝 23y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.🗨📝 24Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?🗨📝 25Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.🗨📝 26Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.🗨📝 27Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.🗨📝 28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.🗨📝 29Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.🗨📝 30Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.🗨📝Nada puede separarnos del amor de Dios
31¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?🗨📝 32El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?🗨📝 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.🗨📝 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.🗨📝 35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?🗨📝 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.🗨📝 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.🗨📝 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,🗨📝 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Romanos 8: RV60
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Romanos 8:1
Romanos 8.1 Después de un capítulo tan negativo, por decirlo así, como el anterior, este capítulo ocho es un oasis de esperanza y de vida. Las letras anteriores terminan con un lamento, pero las presentes comienzan con un grito de victoria. Para quien pelea contra la carne, la mejor noticia es: “ninguna condenación hay”. Sin embargo, hay una condición: “para los que están en Cristo”. Es decir, sólo Cristo es libre de condenación, separados de Él no podemos escondernos; más en Él no podemos condenarnos. Pueden ser muchos los pecados y muchas las condenaciones respectivas, pero en Cristo no hay pecado ni condenación. La expresión: “los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, no aparece en los manuscritos más antiguos, parece haber sido agregado tiempo después. En realidad, estar en Cristo es estar en el Espíritu, ¿cómo diremos estar en Él mientras andamos en la carne?
— Roberto Tinoco
Romanos 8:2
Romanos 8.2 La ley del pecado y de la muerte es poderosa para mantener al hombre como un esclavo de la injusticia aún contra su voluntad (7:21-24); ¡pero bendito sea Dios hay otra Ley más poderosa para libertar al hombre! Es la Ley del Espíritu de Vida. La ley de gravedad obliga a todos los hombres a estar sujetos a la tierra, pero la ley de aerodinámica permite que el hombre vuele en un avión, por ejemplo. Así pues, la Escritura no niega la inclinación humana a pecar, sino le anuncia el poder de la Vida Divina para hacerlo santo. ¿Por qué arrastrarse cuando puedes volar? El Espíritu es una persona; pero su Vida es una Ley poderosa. ¿Cómo accedemos a esa Ley? Por medio de Cristo. El Espíritu ama a Cristo y todo aquel que está en Él recibe su amor en forma de vida sobrenatural; por eso, quien está en Cristo expresa una conducta vital diferente, más alta al resto de la humanidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:3
Romanos 8.3 La ley de Moisés no fue dada para salvar, por lo que era imposible que nos ayudara, ya que nuestra carne infectada por el pecado lo impedía. La ley sólo podía condenarnos y darnos así, conciencia de la necesidad del Salvador. La forma como el Hijo de Dios nos libró del poder del pecado fue tomando a la carne, la cual, dicho sea de paso, es el elemento o naturaleza caída que hace irresistible pecar, y la llevó a la cruz matándola. Su encarnación era una trampa para la carne y su crucifixión, la muerte del pecado. De ese modo cumplió la ley y nos hizo libres de su condenación.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:4
Romanos 8.4 La ley es justa y demanda justicia; al aplicarse la justicia de Dios sobre Cristo en la cruz por nosotros, le dio cumplimiento a la justicia que demandaba de nosotros. Ahora estamos en Cristo, justificados. Debemos mantenernos en Cristo para conservarnos en la justicia de la ley. Andar en el Espíritu es tanto la evidencia como la condición para que la justicia de Dios se aplique en nosotros. Es una evidencia de la vida del Espíritu en el interior reflejada en el exterior; y es una condición, pues si teniendo la oportunidad de vivir para Cristo se vive para sí mismo, entonces no aplica la vida en el Espíritu. Recuerda: el Espíritu ama al Hijo y es a Él a quien bendice.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:5
Romanos 8.5 ¿Qué es andar en la carne? Es conducirse de acuerdo a pensamientos propios de ego o pecado. ¿Y qué es ser del Espíritu? Es vivir guiado por Dios Espíritu subordinando nuestra voluntad a sus deseos. Notemos que es mucho más que un estilo de vida, es pertenecer a quien obedecemos, ya sea a la carne o al Espíritu. Yo no quiero ser propiedad de una inclinación o instinto de maldad, sino propiedad a modo de amante del Señor Espíritu.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:6
Romanos 8.6 Ocuparse es pensar en. La mente es pare del alma y juega un papel crucial en la decisión de vivir para la carne o para el Espíritu. Pensar, meditar, planear, decidir es ocuparse. Dedicar los pensamientos a la inclinación pecaminosa resulta en muerte. La muerte comienza a matar el alma y es cosa de tiempo para cuando mate al individuo por completo en todas las áreas de su vida en la que pensó carnalmente. Por su parte, dedicar la mente y luego las acciones al Espíritu producen en forma natural el fruto del Espíritu, el cual consiste en vida y paz. ¿Falta de paz? No, exceso de pensamientos carnales. ¿Lleno de vida? Sí, lleno del Espíritu.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:7
Romanos 8.7 La carne, como ha venido explicando el apóstol Pablo, está enferma de muerte, ya que el pecado o la inclinación a pecar está en nuestros miembros del cuerpo. Habitamos una casa de pecado. Sus designios, griego frónema, literalmente su inclinación es enemistad contra Dios, es decir, se inclina por el mal, siente necesario pecar. De hecho, no sólo está en plena rebeldía contra Dios, sino que le resulta imposible dejar de pecar. No puede sujetarse a la ley de Dios, es por naturaleza pecador. Esto hace imposible salvarse a si mismo, necesita a Cristo.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:8
Romanos 8.8 Siendo que la carne es enemistad contra Dios, como expresa el versículo anterior, vivir según la carne o conducirse de acuerdo a lo que la carne desee en sus apetitos y pecados, hace del tal, un enemigo de Dios. Jamás agradará a Dios teniendo conducta pecaminosa. ¿Cómo relacionarse con Dios haciendo aquello que Él desaprueba? ¿Y cómo ser agradable ofendiéndole? El pecado es cómo un aroma nauseabundo para Dios; no le agradará quien así se perfume.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:9
Romanos 8.9 Es de esperarse que el cristiano viva según el Espíritu de Dios, guiado por Dios; y no según la inclinación de su carne o dado al pecado. Pablo advierte: “si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros”. En el Nuevo Pacto recibimos un nuevo corazón, una nueva mente y un nuevo espíritu para andar en la Palabra de Dios siendo guiados por el Espíritu Santo. Es verdad que existen cristianos conduciéndose como si no fueran cristianos, Pablo los llama “carnales” (1 Corintios 3:3-4; Romanos 7:14-25); pero esto no invalida el hecho de que podemos ser espirituales viviendo según el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios mora en nosotros.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:10
Romanos 8.10 Nuestro cuerpo físico no tiene remedio y morirá. Está infectado de muerte por el pecado, así nacimos. A pesar de ser cristianos, el cuerpo de carne que tenemos morirá. Con todo, espiritualmente tenemos vida eterna habiendo sido justificados en Cristo mediante la fe y llegará el día en el que recibamos un cuerpo de gloria incorruptible y eterno, como explica el apóstol en los siguientes versículos.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:11
Romanos 8.11 El Espíritu Santo resucitó a Jesús y ahora, este mismo Espíritu mora en nosotros habiendo hecho de la iglesia, su templo, su casa. El pensamiento del apóstol es que si el Espíritu de Dios, a quien podemos llamar el Espíritu de la resurrección, mora en nosotros, entonces podemos vivir santificándonos como explicó en el versículo 9; y, por lo mismo, por su Presencia en nuestro cuerpo mortal, recibiremos a su debido tiempo la resurrección de nuestro cuerpo siendo vestidos de gloria eterna. El Espíritu de resurrección nos da el poder de ser espirituales, así como de ser glorificados.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:12
Romanos 8.12 El cuerpo físico nos ha permitido relacionarnos con nuestros semejantes en ese mundo; sin embargo, el pecado está en sus miembros, por lo que ha traído consigo una serie de miseria y mal indecible. Esto hace que no le debamos nada a la carne como para estar obligados a obedecerle; por el contrario, es la carne la que nos ha ocasionado pérdida a nuestra vida. Ser hedonista o dedicarse al placer de la carne es absurdo; una especie de esclavitud voluntaria e innecesaria. Somos deudores al Espíritu de Dios, por lo que es a Él a quien debemos someternos para obedecerle.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:13
Romanos 8.13 Vivir conforme a la carne es comportarse según los apetitos y deseos de nuestro cuerpo; esto es, vivir en pecado. Siendo que nuestra carne está enferma por el pecado, y, siendo la muerte, la paga del pecado, vivir conforme a la carne trae muerte, no sólo en esta vida, sino eterna. Pecar mata. Por otro lado, vivir por el Espíritu es vivir en obediencia a lo que dicta el Espíritu de Dios, quien evidentemente nos guiará a no seguir las inclinaciones pecaminosas de la carne. Eso trae vida de mejor calidad en este mundo y retiene la vida eterna que Dios nos ha otorgado por gracia. ¿Qué ley seguirás? ¿La de tu carne o la del Espíritu de Dios? Tu no puedes vencer el pecado únicamente con fuerza de voluntad, necesitas el poder de Dios que viene de creer y obedecer su Espíritu. Jamás vas a poder resistir la tentación y dejar las obras de la carne completamente por cuenta propia, necesitas a Dios. Sólo Él es Santo.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:14
Romanos 8.14 La palabra “porque” liga este versículo al anterior. Vivir por el Espíritu haciendo morir las obras de la carne es ser guiado por el Espíritu de Dios; esta es la evidencia de ser hijo de Dios. ¿Significa que si peco no soy hijo de Dios? Eso no es lo que está diciendo. ¿Luego entonces, los cristianos carnales no son hijos de Dios? Eso no es lo que está diciendo Pablo. A primera vista parece ser ese el enfoque, pero Pablo usa aquí una palabra muy clara para “hijos” en griego, es huios, la cual no se refiere a hijos recién nacidos, tampoco a hijos pequeños, ni siquiera adolescentes; sino a hijos que han alcanzado la mayoría de edad (30 años en esa época). En otras palabras, Pablo inspirado por el Espíritu Santo está diciendo que los cristianos guiados por el Espíritu de Dios vencen la carne y eso es la evidencia de haber alcanzado madurez como hijos de Dios. Por tanto, en los siguientes versículos hablará de que han llegado a la capacidad de heredar. Los cristianos inmaduros todavía se comportan realizando obras de la carne; en consecuencia, no pueden recibir el cumplimiento de muchas promesas divinas.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:15
Romanos 8.15 El Espíritu Santo que nos santifica liberándonos del poder de la carne cuando rendimos nuestra voluntad a su guianza, nos lleva a la madurez cristiana. Entonces nos declara hijos maduros. Ya éramos hijos, pero inmaduros; más al aprender a obedecerle mostramos madurez que nos lleva a heredar sus promesas. La adopción en nuestra cultura occidental significa simplemente “tomar como hijo”; es decir, uno que no fue engendrado por un padre, pero que recibe la identidad, posición y beneficios como si hubiera sido engendrado por dicho padre. Pero en la cultura bíblica, la adopción es muy diferente. No sólo se trata de uno que no fue engendrado y luego fue tomado por hijo, sino de uno que habiendo sido engendrado por un padre, luego adquiere los beneficios del padre como resultado o recompensa de haber alcanzado madurez. De modo que no se trata de llegar a ser hijo, sino a recibir los beneficios de hijo. En la cultura bíblica se distingue el hijo según su estado de madurez con tres palabras griegas principales: Teknion, hijo niño pequeño. Teknon, hijo niño. Y huios, hijo maduro. Cuando el hijo crecía y demostraba haber alcanzado madurez, se llevaba a cabo una especie de ceremonia en donde el padre presentaba al hijo ante los familiares y amigos como su huios, su hijo maduro, en quien tenía confianza y a quien delegaba su autoridad. Esta ceremonia se conocía con el nombre de huiotesía, esto es, declarar huios, hijo maduro. Por ejemplo, cuando María reprendió a Jesús después de quedarse tres días sin ellos en Jerusalén, le llamó teknón (Lucas 2:48), un niño muchacho que aún carecía de responsabilidad; mientras que la ocasión cuando fue bautizado, el Padre celestial testificó de Jesús como huios amado en quien tenía complacencia (Lucas 3:22); estaba siendo declarado maduro y con la autoridad del Padre. Era el día de su adopción, de su huiotesía. Cuando recibimos a Cristo se nos da potestad de ser hechos hijos, somos engendrados por Dios con todo el potencial de llegar a la madurez: “más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13). Hay cinco versículos en el nuevo testamento relativos a la doctrina de la adopción; cada uno de ellos presenta principios maravillosos acerca de este tema: Romanos 8:15; 8:23; 9:4; Gálatas 4:5; Efesios 1:5. Todos estos versículos fueron escritos por el apóstol Pablo, de modo que la doctrina de la adopción es recibida de Dios y desarrollada por Pablo. “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción (huiotesía), por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Rom. 8:15). Curiosamente, el siguiente versículo hace la distinción entre el hijo por crecimiento (teknón) y el hijo adoptado o reconocido maduro (huios). “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos (huios) de Dios.” (Rom. 8:16). Habiendo nacido de nuevo, somos hijos de Dios que estamos en crecimiento; tenemos el testimonio interior del Espíritu que grita como una nueva naturaleza que Dios es nuestro Papá. Ya somos hijos y estamos madurando hasta alcanzar nuestra herencia, como dice el versículo posterior (vr 17). Sabemos por el contexto que la adopción no ha sido concluida, por maduros que lleguemos a estar en esta vida, pues dice la Escritura enseguida de lo que leímos: “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción (huiotesía), la redención de nuestro cuerpo” (Rom. 8:22-23). Es como si no sólo se tratara de una madurez individual, sino también corporativa, pues la adopción final será la glorificación, cuando la nueva creación sea manifestada en gloria en la venida del Señor. Así que somos declarados hijos de Dios por haber sido engendrados de Él; pero adoptados sólo en esperanza, hasta el día de la resurrección. De momento, todo es en primicias, como el Espíritu que nos fue dado. “…que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). Para Pablo, la adopción como hijos, esto es, aquellos que debían llegar a la madurez y ser reconocidos como los herederos de Dios, eran los judíos como el pueblo de Dios. Y a partir de ellos, nosotros seríamos injertados en el mismo pueblo, siendo para ello engendrados de Dios en el nuevo nacimiento. Por eso es que dice también: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:4-6). Los judíos eran los que estaban bajo la esclavitud de la ley y fueron ellos primeramente quienes recibieron la oportunidad de ser adoptados mediante la fe en Cristo Jesús. Pablo consideraba que la nación debía llegar a la mayoría de edad para tal efecto. Seguimos viendo que la adopción individual es un asunto de primicias, pero que la adopción corporativa es un asunto de realidad. Mientras tanto, las primicias en las cuales tenemos adopción nos hacen decir por el Espíritu Santo que Dios es nuestro Papá. Sigue siendo primicias, la realidad vendrá el día de la glorificación. Somos hijos de Dios, pero esperamos la adopción final. El apóstol Juan dice al respecto: “mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos (teknón) de Dios… amados, ahora somos hijos (teknón) de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:1-2). El último versículo que habla de la adopción dice: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos (huiotesía) suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:5). El propósito de este pasaje es más la presentación de la elección divina y su llamamiento en Cristo que de la adopción misma; sin embargo, notamos que en el propósito eterno de su voluntad, sigue hablando de forma corporativa y no individual, si bien no niega en lo absoluto la realidad individual, al contrario, la aplica. Concluyo que la adopción o derecho de ser tomado como un hijo maduro se llevará a cabo hasta el día de la glorificación de nuestros cuerpos en la manifestación del Señor; y que de momento tenemos las primicias de ser hechos hijos de Dios en desarrollo, primicias que incluyen la bendición del testimonio interior del Espíritu Santo, mediante el cual declaramos a Dios nuestro Papá gozosamente. En aquel día, la herencia completa será repartida como a hijos que han alcanzado madurez. Podemos aplicar esto sólo a forma de sombra de la realidad que a medida que el hijo de Dios crece y madura, le es confiado un poco más de las primicias de su herencia, siendo fiel en lo poco le es dado más, a fin de incentivar su desarrollo. Respecto a ser engendrados, es lo mismo que la regeneración, al momento de recibir a Cristo, el creyente recibe los genes de Dios de la misma forma que un niño al ser engendrado por su padre en el vientre de su madre, lleva con él y en él, los genes, la vida y naturaleza de su padre. Esto es el nuevo nacimiento y la regeneración. Volvamos a leer el versículo anteriormente citado: “más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13). ¿Lo notaste? Los cristianos no somos cristianos por adoctrinamiento, ni por prácticas, tampoco por membresía; sino porque nacimos de Dios. Este acto es exclusivo de Dios, Él nos hizo nacer (Santiago 1:18). No es voluntad de carne, no se trata de un asunto que los hombres puedan hacer, es obra exclusiva de Dios. Así como ningún hombre se engendra a sí mismo en la vida natural; mucho menos puede hacerlo en la vida sobrenatural. Dicho engendrar se basa en la recepción del semen espiritual de Dios, por decirlo así, el cual es la Palabra. Por esto el apóstol Juan continúa diciendo, después de referirse que ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, que “todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). Usando para simiente la palabra griega esperma. Nacemos de nuevo y somos tomados como hijos de Dios porque el esperma de Dios nos fecundó con la naturaleza divina, nacimos de Dios realmente, no es una metáfora, sino una realidad. El apóstol Pedro dice algo semejante en su primera carta: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Usando otro término griego igualmente que esperma traducido como simiente, el cual es espora. Tanto Juan como Pedro concuerdan, uno se refiere a la vida divina en términos de la semilla de Dios y el otro con la semilla de las plantas. De modo que la Palabra de Dios es la semilla de Dios que nos hace nacer de nuevo. El evangelio nos engendra como hijos de Dios. Por tanto, la Palabra engendra al individuo para que la adopción corporativa pueda realizarse el día del Señor. Llegado el tiempo de la adopción, cuando se manifieste el Señor y seamos glorificados, recibiremos también la herencia prometida en su totalidad y no sólo las primicias. Considero que es necesaria la glorificación primero, no sólo por causa de que la Palabra de Dios así lo enseña, sino por la limitación presente de la carne que no puede administrar aún lo eterno e imperecedero. Lee 1 Corintios 15:50 Después de que el apóstol Pablo habla acerca de la adopción como hijos y de referirse a que actualmente tenemos el Espíritu como primicias de la herencia para poder declarar que Dios es nuestro Papá, dice: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:17-23). Condicionando la herencia a haber nacido de nuevo y estar dispuesto a vivir y morir por Cristo, se nos promete la herencia. No que tengamos que ser mártires, sino dispuestos a ser uno con Él si por vida o por muerte. Luego se liga la herencia con la glorificación, tanto que el versículo 23 declara que esperamos la adopción como la redención de nuestro cuerpo, siendo este el cumplimiento de la herencia prometida. La manifestación de los hijos de Dios específica que se trata de los hijos huios o maduros y no de los hijos teknón o en desarrollo. Actualmente somos teknón (algunos teknion) y la redención de nuestro cuerpo pondrá de manifiesto que hemos sido aprobados como maduros por nuestro Padre, por lo que nos ha considerado dignos de recibir la herencia, a saber, ser glorificados. Evento que se llevará a cabo el día de las recompensas como un acto corporativo, si bien se recompensará a cada uno conforme a sus obras. Es decir, la clase o cantidad de gloria recibida será equivalente al resultado dado con las primicias de nuestra herencia que recibimos en esta vida. Si quiero enfatizar que la herencia no es para esta vida ni se basa en nada del tiempo presente, como dice el apóstol; sino que se refiere a gloria venidera. Mientras tanto, toda la creación está aguardando el día de la adopción, cuando la iglesia sea considerada un hombre maduro y perfecto, la plenitud de Cristo, listo para recibir la herencia por parte del Padre. Mientras tanto, toda la creación terrena está sujeta a la limitación de la vanidad, de lo pasajero y mortal. ¿En qué consiste la herencia? Tal pregunta es demasiado amplia para ser respondida, pues implica lo imperecedero, la gloria y la inmortalidad. Se trata de lo celestial, por tanto, ¿cómo explicamos lo que jamás hemos visto y que está reservado para el día de las recompensas? La Biblia habla de galardones y recompensas en muchas formas, pero tales ilustraciones son demasiado limitadas para explicar la herencia de los cielos y la tierra. No podemos medir el universo, ¿cómo mediremos el cielo de los cielos? Lo que sí podemos decir con certidumbre para nuestra confianza presente, es que haber recibido el Espíritu de adopción nos libra del espíritu de esclavitud (Romanos 8:15). El hijo de Dios, aún cuando esté en desarrollo, debe vivir como un príncipe heredero, sin temor alguno fuera de Dios.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:16
Romanos 8.16 Para comenzar nuestro caminar en la vida cristiana fue necesario reconocer que éramos pecadores; y por tanto, estábamos perdidos. Cosa que solíamos negar al no considerarnos tan malos como otros, a nuestro juicio. El Señor Jesús dijo: “Y cuando Él (Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:8-11). Esto es, el Espíritu Santo tuvo que convencernos. Fue así que rogamos perdón y un Salvador, Cristo Jesús. Pero ahora, ya como creyentes, despues de nuestra experiencia de pecado relatada en Romanos 7, necesitamos otro convencimiento por parte del Espíritu Santo para poder madurar y avanzar hasta la adopción: que nos convenza de que a pesar de nuestra inmadurez somos hijos de Dios, usando para hijo la palabra teknón, que se refiere a hijo adolescente, inmaduro aún, pero hijo. Jamás dudes de tu relación de hijo con Dios, ni siquiera por tu falta de consagración. Sigue madurando.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:17
Romanos 8.17 Por el contexto entendemos que si hoy somos hijos muchachos (teknon), inmaduros; un día seremos hijos maduros (huios) alcanzando la herencia que Dios nos ha reservado en el premio final como coherederos con Cristo. Para que eso suceda en la vida y experiencia de Pablo y la iglesia del primer siglo, sabían que serían mártires, sufrirían como el Cuerpo de Cristo y recibirían igualmente la glorificación o el remplazo de su cuerpo de carne que tantos problemas ocasiona por el cuerpo de gloria semejante al Cuerpo del Señor. Ellos sufrieron como Cuerpo de Cristo el martirio del principio, por lo que recibirán en recompensa la gloria con Cristo en el día de la resurrección. Nosotros podríamos o no ser mártires; pero igualmente debemos darnos enteramente al Señor viviendo a Cristo, si es que queremos disfrutar igualmente la recompensa de su gloria. Ser salvos es un acto de gracia; pero el grado de recompensa es equivalente a la consagración.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:18
Romanos 8.18 El apóstol era consciente de la etapa histórica que le tocaba vivir, llena de persecuciones y peligros. Eran la generación de los mártires, especialmente los apóstoles. Y a pesar de tantos muertos a causa de la fe, Pablo afirma que las aflicciones de su tiempo no se comparaban a la gloria venidera; es decir, aunque experimentaran la muerte era algo insignificante o sin comparación con la recompensa del cuerpo glorificado que recibirían. Para él, sufrir por Cristo era hacer muy poco o inmerecedor de tanta recompensa. ¿No es esto impresionante? ¿Qué diremos en nuestro tiempo presente que no estamos siendo perseguidos a muerte, sino rodeados de tantas comodidades? Si ellos estuvieron dispuestos a morir por Cristo; nosotros debemos estar dispuestos a vivir por Cristo. Vivamos dedicados, consagrados al Señor.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:19
Romanos 8.19-24 El planeta sufre las consecuencias de la caída humana; por lo que anhela, necesita con urgencia el final de nuestra redención, que es la glorificación de nuestros cuerpos. Ya que eso hará posible en la venida del Señor transformar al mundo en el Edén del principio. En lo que esto sucede, debemos ser un factor transformador del mundo, como luz y como sal. ¿No sientes que hay una vida mejor que la que estás viviendo? Este mundo es una creación gimiendo como una mujer a punto de dar a luz. Gime porque fue sujetada a vanidad (Romanos 8:20). Es un mundo sin propósito. Está dando vueltas, pero no va a ningún lado. ¿Cuáles son las metas de este mundo? ¿Para dónde va? Trabajan, comen, se multiplican, pero el mundo sigue sin mucho sentido. Es una especie de idolatría; el hombre se vuelve como aquello que adora, por eso, si adora ídolos (palabra que significa “vacío o vano”) se vuelve vanidad. La creación no está viviendo de acuerdo al propósito para el cual fue diseñada a causa del pecado del hombre. Parece existir sólo para sobrevivir, comiéndose unos a otros, pero ese no era el plan. Fue hecha para ser un disfrute no un campo de batalla. ¿Acaso fuimos diseñados sólo para ser parte de una cadena alimenticia? Permíteme el atrevimiento de preguntarte: ¿cómo está la creación en derredor de ti? El hombre se queja de su trabajo porque hay un mal ambiente en él, pero, ¿por qué no ha sido capaz de cambiar dicho ambiente? Una mujer se queja de la familia que tiene, pero ¿cómo ha contribuido ella para que la familia sea así? La Biblia dice que el justo Lot afligía su alma viendo lo que hacían los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2.8), pero ¿acaso hizo algo para cambiar a Sodoma? ¡No salvó ni a su esposa! Si en tu escuela son mal hablados o la conducta es inmoral, ¿cuál es tu actitud? ¿Piensas en cambiarte de escuela o en cambiar la escuela? Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente. ¡Levántate como un hacedor de cultura! La iglesia debe ser la conciencia del mundo. Que fácil es quejarse de la situación del país y decir que el presidente o los gobernantes deberían hacer esto o aquello, pero, ¿en verdad haríamos un mejor papel sobre todo un país sin antes cambiar el pequeño contexto en el que vivimos? La creación gime porque fue esclavizada a corrupción (Romanos 8:21). Es una esclavitud involuntaria, pues fue “sujetada… no por su propia voluntad”. Pero, ¿quién sujetó a la creación? ¡Dios! Sólo Él domina el mundo. Es increíble como el cristiano culpa a Satanás de la corrupción que actualmente existe en la creación, suben a los montes a reprender potestades, pero en realidad la creación fue sujetada a esclavitud y corrupción por culpa del hombre. También existen asociaciones ecologistas intentando salvar al mundo, pero tal cosa es un absurdo. Es el hombre quien necesita ser salvado. La obra ecológica más grande que puede ser hecha es manifestar a los hijos de Dios. ¿Y por qué sujetó Dios la creación? ¡Por causa de ti! Puede ser que no tires basura en la calle y que recicles, así como que cuides el agua, etc. Eso está bien, pero, ¿qué hay dentro de ti? La tierra no es liberada con una conciencia ecológica, sino con manifestación de gloria. ¿Cuántos pandas puedes criar? ¿Cuántos delfines puedes proteger? Eso es bueno, pero manifestar la gloria de Dios es mayor. No se puede liberar a la creación sin amistarse con aquel que la sujetó a esclavitud. Es como barrer la celda donde vivimos. Lo que necesitamos es la autorización del Juez para usar las llaves y abrir la prisión; o mejor aún, transformar la prisión de nuevo en un paraíso por la gloria de Dios. No te conformes a la esclavitud de corrupción. Cuando Adán fue transformado en carne y hecho pecador, la creación entera recibió maldición y cayó en un estado de corrupción (Génesis 3:17-19). Sin embargo, la creación en torno a ti será de acuerdo a quién eres tú. Mira el mundo, a medida que el hombre se corrompe su entorno se vuelve peor. Pero los países que han confesado a Cristo, son naciones prosperas y bendecidas; ¿y que sucede con las naciones sin fe en Dios? Sólo miseria y destrucción. ¿Dios los está castigando? No, no hace falta, la creación en torno a ellos se corrompe tanto como ellos. Los evolucionistas creen que la creación está mejorándose por sí sola, la física tiene una ley conocida como entropía, la cual explica la degradación constante e irreversible de la materia y energía en el universo. Mira un jardín sin cuidar, las malas hierbas ahogan a las buenas hierbas. Este mundo no es amistoso, sino violento y peligroso. Intenta la amistad de la selva. Vive sin protegerte del medio ambiente. Simplemente no es posible; la creación está sujeta a corrupción. Con todo, es una esclavitud temporal, pues “la creación será libertada” –dice el Libro. Dios ha dado su Palabra, su promesa es que la creación será finalmente libertada. Dios es Dios de libertad y ninguna esclavitud es para siempre. ¿Has visto como termina Isaías? Lee Isaías 65:20-25. Dios prometió restaurar la libertad de la creación y su estado de bendición. Mientras tanto la creación gime con dolores de parto (Rom. 8:22); es como si tuviera esperanza, pues la Palabra dice que aguarda (Rom. 8:19; Job 12:7-10). ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que te mira suspira por tu manifestación y gime por ti. Son gemidos de pasión: “con ardiente anhelo” (vr. 19). En griego se usa la palabra apokaradokia, cuyo significado tiene la figura de “observar con la cabeza estirada parándose de puntillas”. Son gemidos de dolor como de mujer dando a luz (vr. 22). Eva recibió la sentencia de los dolores de parto como consecuencia de la caída (Génesis 3:16). Esto significa que cada hijo que viene al mundo trae un mensaje: “la creación espera que te manifiestes”. Cada primavera tiene dolores de parto e intenta dar a luz una nueva creación, sin conseguirlo. Todos los desastres naturales en el mundo son dolores de parto. Esto viene antes de los cielos y la tierra nuevos (Isaías 66:7-9, 22). Y así como la creación, también los hijos de Dios estamos gimiendo en espera de un nuevo cuerpo (Romanos 8:23-24); un cuerpo glorificado que no se inclina al pecado ni está aprisionado por las limitaciones de la carne. Gemimos esperando la salvación plena, total (Rom. 8:24). Ya no queremos sólo ser salvos en esperanza ni en un proceso, sino total y absolutamente salvos, perfeccionados y en la Presencia de Dios. Gemimos esperando manifestarnos como realmente somos en Cristo (Romanos 8:19, 23). Interiormente tenemos el conocimiento de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios; por ello anhelamos nuestra verdadera posición. La medicina para este mundo somos los hijos de Dios. Y junto con el gemido de la creación y del nuestro, se halla también el clamor del Espíritu Santo (Romanos 8:23, 26). Él gime desde nuestro interior juntamente con nuestros gemidos (Rom. 8:23, 26). No hay manera de describir su clamor (8:26), es indecible. Tampoco es el don de lenguas ni alguna otra cosa. Es un idioma único entre el Padre y el Espíritu. Los gemidos del Espíritu son para un oído más alto. Intercede ante Dios Padre. ¿Y por qué gime el Espíritu? Clama a causa de nuestra debilidad presente. La creación anhela nuestra manifestación de hijos de Dios. Nosotros mismos anhelamos nuestra manifestación como hijos de Dios. ¡Pero también el Espíritu como nadie anhela que seamos manifestados! La manifestación de los hijos de Dios no sólo es una promesa para el futuro, sino que hay primicias presentes (Romanos 8:23). Si bien la manifestación actual es un anticipo y no es como la gloria venidera, aún así es maravillosa; somos transformados “de gloria en gloria” (2 Cor. 3:18). Manifiéstate a la manera de Jesús: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Es tu deber y privilegio deshacer toda especie de tinieblas y fortalecer la luz. Sé luz en amor y santidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:20
Romanos 8.19-24 El planeta sufre las consecuencias de la caída humana; por lo que anhela, necesita con urgencia el final de nuestra redención, que es la glorificación de nuestros cuerpos. Ya que eso hará posible en la venida del Señor transformar al mundo en el Edén del principio. En lo que esto sucede, debemos ser un factor transformador del mundo, como luz y como sal. ¿No sientes que hay una vida mejor que la que estás viviendo? Este mundo es una creación gimiendo como una mujer a punto de dar a luz. Gime porque fue sujetada a vanidad (Romanos 8:20). Es un mundo sin propósito. Está dando vueltas, pero no va a ningún lado. ¿Cuáles son las metas de este mundo? ¿Para dónde va? Trabajan, comen, se multiplican, pero el mundo sigue sin mucho sentido. Es una especie de idolatría; el hombre se vuelve como aquello que adora, por eso, si adora ídolos (palabra que significa “vacío o vano”) se vuelve vanidad. La creación no está viviendo de acuerdo al propósito para el cual fue diseñada a causa del pecado del hombre. Parece existir sólo para sobrevivir, comiéndose unos a otros, pero ese no era el plan. Fue hecha para ser un disfrute no un campo de batalla. ¿Acaso fuimos diseñados sólo para ser parte de una cadena alimenticia? Permíteme el atrevimiento de preguntarte: ¿cómo está la creación en derredor de ti? El hombre se queja de su trabajo porque hay un mal ambiente en él, pero, ¿por qué no ha sido capaz de cambiar dicho ambiente? Una mujer se queja de la familia que tiene, pero ¿cómo ha contribuido ella para que la familia sea así? La Biblia dice que el justo Lot afligía su alma viendo lo que hacían los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2.8), pero ¿acaso hizo algo para cambiar a Sodoma? ¡No salvó ni a su esposa! Si en tu escuela son mal hablados o la conducta es inmoral, ¿cuál es tu actitud? ¿Piensas en cambiarte de escuela o en cambiar la escuela? Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente. ¡Levántate como un hacedor de cultura! La iglesia debe ser la conciencia del mundo. Que fácil es quejarse de la situación del país y decir que el presidente o los gobernantes deberían hacer esto o aquello, pero, ¿en verdad haríamos un mejor papel sobre todo un país sin antes cambiar el pequeño contexto en el que vivimos? La creación gime porque fue esclavizada a corrupción (Romanos 8:21). Es una esclavitud involuntaria, pues fue “sujetada… no por su propia voluntad”. Pero, ¿quién sujetó a la creación? ¡Dios! Sólo Él domina el mundo. Es increíble como el cristiano culpa a Satanás de la corrupción que actualmente existe en la creación, suben a los montes a reprender potestades, pero en realidad la creación fue sujetada a esclavitud y corrupción por culpa del hombre. También existen asociaciones ecologistas intentando salvar al mundo, pero tal cosa es un absurdo. Es el hombre quien necesita ser salvado. La obra ecológica más grande que puede ser hecha es manifestar a los hijos de Dios. ¿Y por qué sujetó Dios la creación? ¡Por causa de ti! Puede ser que no tires basura en la calle y que recicles, así como que cuides el agua, etc. Eso está bien, pero, ¿qué hay dentro de ti? La tierra no es liberada con una conciencia ecológica, sino con manifestación de gloria. ¿Cuántos pandas puedes criar? ¿Cuántos delfines puedes proteger? Eso es bueno, pero manifestar la gloria de Dios es mayor. No se puede liberar a la creación sin amistarse con aquel que la sujetó a esclavitud. Es como barrer la celda donde vivimos. Lo que necesitamos es la autorización del Juez para usar las llaves y abrir la prisión; o mejor aún, transformar la prisión de nuevo en un paraíso por la gloria de Dios. No te conformes a la esclavitud de corrupción. Cuando Adán fue transformado en carne y hecho pecador, la creación entera recibió maldición y cayó en un estado de corrupción (Génesis 3:17-19). Sin embargo, la creación en torno a ti será de acuerdo a quién eres tú. Mira el mundo, a medida que el hombre se corrompe su entorno se vuelve peor. Pero los países que han confesado a Cristo, son naciones prosperas y bendecidas; ¿y que sucede con las naciones sin fe en Dios? Sólo miseria y destrucción. ¿Dios los está castigando? No, no hace falta, la creación en torno a ellos se corrompe tanto como ellos. Los evolucionistas creen que la creación está mejorándose por sí sola, la física tiene una ley conocida como entropía, la cual explica la degradación constante e irreversible de la materia y energía en el universo. Mira un jardín sin cuidar, las malas hierbas ahogan a las buenas hierbas. Este mundo no es amistoso, sino violento y peligroso. Intenta la amistad de la selva. Vive sin protegerte del medio ambiente. Simplemente no es posible; la creación está sujeta a corrupción. Con todo, es una esclavitud temporal, pues “la creación será libertada” –dice el Libro. Dios ha dado su Palabra, su promesa es que la creación será finalmente libertada. Dios es Dios de libertad y ninguna esclavitud es para siempre. ¿Has visto como termina Isaías? Lee Isaías 65:20-25. Dios prometió restaurar la libertad de la creación y su estado de bendición. Mientras tanto la creación gime con dolores de parto (Rom. 8:22); es como si tuviera esperanza, pues la Palabra dice que aguarda (Rom. 8:19; Job 12:7-10). ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que te mira suspira por tu manifestación y gime por ti. Son gemidos de pasión: “con ardiente anhelo” (vr. 19). En griego se usa la palabra apokaradokia, cuyo significado tiene la figura de “observar con la cabeza estirada parándose de puntillas”. Son gemidos de dolor como de mujer dando a luz (vr. 22). Eva recibió la sentencia de los dolores de parto como consecuencia de la caída (Génesis 3:16). Esto significa que cada hijo que viene al mundo trae un mensaje: “la creación espera que te manifiestes”. Cada primavera tiene dolores de parto e intenta dar a luz una nueva creación, sin conseguirlo. Todos los desastres naturales en el mundo son dolores de parto. Esto viene antes de los cielos y la tierra nuevos (Isaías 66:7-9, 22). Y así como la creación, también los hijos de Dios estamos gimiendo en espera de un nuevo cuerpo (Romanos 8:23-24); un cuerpo glorificado que no se inclina al pecado ni está aprisionado por las limitaciones de la carne. Gemimos esperando la salvación plena, total (Rom. 8:24). Ya no queremos sólo ser salvos en esperanza ni en un proceso, sino total y absolutamente salvos, perfeccionados y en la Presencia de Dios. Gemimos esperando manifestarnos como realmente somos en Cristo (Romanos 8:19, 23). Interiormente tenemos el conocimiento de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios; por ello anhelamos nuestra verdadera posición. La medicina para este mundo somos los hijos de Dios. Y junto con el gemido de la creación y del nuestro, se halla también el clamor del Espíritu Santo (Romanos 8:23, 26). Él gime desde nuestro interior juntamente con nuestros gemidos (Rom. 8:23, 26). No hay manera de describir su clamor (8:26), es indecible. Tampoco es el don de lenguas ni alguna otra cosa. Es un idioma único entre el Padre y el Espíritu. Los gemidos del Espíritu son para un oído más alto. Intercede ante Dios Padre. ¿Y por qué gime el Espíritu? Clama a causa de nuestra debilidad presente. La creación anhela nuestra manifestación de hijos de Dios. Nosotros mismos anhelamos nuestra manifestación como hijos de Dios. ¡Pero también el Espíritu como nadie anhela que seamos manifestados! La manifestación de los hijos de Dios no sólo es una promesa para el futuro, sino que hay primicias presentes (Romanos 8:23). Si bien la manifestación actual es un anticipo y no es como la gloria venidera, aún así es maravillosa; somos transformados “de gloria en gloria” (2 Cor. 3:18). Manifiéstate a la manera de Jesús: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Es tu deber y privilegio deshacer toda especie de tinieblas y fortalecer la luz. Sé luz en amor y santidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:21
Romanos 8.19-24 El planeta sufre las consecuencias de la caída humana; por lo que anhela, necesita con urgencia el final de nuestra redención, que es la glorificación de nuestros cuerpos. Ya que eso hará posible en la venida del Señor transformar al mundo en el Edén del principio. En lo que esto sucede, debemos ser un factor transformador del mundo, como luz y como sal. ¿No sientes que hay una vida mejor que la que estás viviendo? Este mundo es una creación gimiendo como una mujer a punto de dar a luz. Gime porque fue sujetada a vanidad (Romanos 8:20). Es un mundo sin propósito. Está dando vueltas, pero no va a ningún lado. ¿Cuáles son las metas de este mundo? ¿Para dónde va? Trabajan, comen, se multiplican, pero el mundo sigue sin mucho sentido. Es una especie de idolatría; el hombre se vuelve como aquello que adora, por eso, si adora ídolos (palabra que significa “vacío o vano”) se vuelve vanidad. La creación no está viviendo de acuerdo al propósito para el cual fue diseñada a causa del pecado del hombre. Parece existir sólo para sobrevivir, comiéndose unos a otros, pero ese no era el plan. Fue hecha para ser un disfrute no un campo de batalla. ¿Acaso fuimos diseñados sólo para ser parte de una cadena alimenticia? Permíteme el atrevimiento de preguntarte: ¿cómo está la creación en derredor de ti? El hombre se queja de su trabajo porque hay un mal ambiente en él, pero, ¿por qué no ha sido capaz de cambiar dicho ambiente? Una mujer se queja de la familia que tiene, pero ¿cómo ha contribuido ella para que la familia sea así? La Biblia dice que el justo Lot afligía su alma viendo lo que hacían los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2.8), pero ¿acaso hizo algo para cambiar a Sodoma? ¡No salvó ni a su esposa! Si en tu escuela son mal hablados o la conducta es inmoral, ¿cuál es tu actitud? ¿Piensas en cambiarte de escuela o en cambiar la escuela? Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente. ¡Levántate como un hacedor de cultura! La iglesia debe ser la conciencia del mundo. Que fácil es quejarse de la situación del país y decir que el presidente o los gobernantes deberían hacer esto o aquello, pero, ¿en verdad haríamos un mejor papel sobre todo un país sin antes cambiar el pequeño contexto en el que vivimos? La creación gime porque fue esclavizada a corrupción (Romanos 8:21). Es una esclavitud involuntaria, pues fue “sujetada… no por su propia voluntad”. Pero, ¿quién sujetó a la creación? ¡Dios! Sólo Él domina el mundo. Es increíble como el cristiano culpa a Satanás de la corrupción que actualmente existe en la creación, suben a los montes a reprender potestades, pero en realidad la creación fue sujetada a esclavitud y corrupción por culpa del hombre. También existen asociaciones ecologistas intentando salvar al mundo, pero tal cosa es un absurdo. Es el hombre quien necesita ser salvado. La obra ecológica más grande que puede ser hecha es manifestar a los hijos de Dios. ¿Y por qué sujetó Dios la creación? ¡Por causa de ti! Puede ser que no tires basura en la calle y que recicles, así como que cuides el agua, etc. Eso está bien, pero, ¿qué hay dentro de ti? La tierra no es liberada con una conciencia ecológica, sino con manifestación de gloria. ¿Cuántos pandas puedes criar? ¿Cuántos delfines puedes proteger? Eso es bueno, pero manifestar la gloria de Dios es mayor. No se puede liberar a la creación sin amistarse con aquel que la sujetó a esclavitud. Es como barrer la celda donde vivimos. Lo que necesitamos es la autorización del Juez para usar las llaves y abrir la prisión; o mejor aún, transformar la prisión de nuevo en un paraíso por la gloria de Dios. No te conformes a la esclavitud de corrupción. Cuando Adán fue transformado en carne y hecho pecador, la creación entera recibió maldición y cayó en un estado de corrupción (Génesis 3:17-19). Sin embargo, la creación en torno a ti será de acuerdo a quién eres tú. Mira el mundo, a medida que el hombre se corrompe su entorno se vuelve peor. Pero los países que han confesado a Cristo, son naciones prosperas y bendecidas; ¿y que sucede con las naciones sin fe en Dios? Sólo miseria y destrucción. ¿Dios los está castigando? No, no hace falta, la creación en torno a ellos se corrompe tanto como ellos. Los evolucionistas creen que la creación está mejorándose por sí sola, la física tiene una ley conocida como entropía, la cual explica la degradación constante e irreversible de la materia y energía en el universo. Mira un jardín sin cuidar, las malas hierbas ahogan a las buenas hierbas. Este mundo no es amistoso, sino violento y peligroso. Intenta la amistad de la selva. Vive sin protegerte del medio ambiente. Simplemente no es posible; la creación está sujeta a corrupción. Con todo, es una esclavitud temporal, pues “la creación será libertada” –dice el Libro. Dios ha dado su Palabra, su promesa es que la creación será finalmente libertada. Dios es Dios de libertad y ninguna esclavitud es para siempre. ¿Has visto como termina Isaías? Lee Isaías 65:20-25. Dios prometió restaurar la libertad de la creación y su estado de bendición. Mientras tanto la creación gime con dolores de parto (Rom. 8:22); es como si tuviera esperanza, pues la Palabra dice que aguarda (Rom. 8:19; Job 12:7-10). ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que te mira suspira por tu manifestación y gime por ti. Son gemidos de pasión: “con ardiente anhelo” (vr. 19). En griego se usa la palabra apokaradokia, cuyo significado tiene la figura de “observar con la cabeza estirada parándose de puntillas”. Son gemidos de dolor como de mujer dando a luz (vr. 22). Eva recibió la sentencia de los dolores de parto como consecuencia de la caída (Génesis 3:16). Esto significa que cada hijo que viene al mundo trae un mensaje: “la creación espera que te manifiestes”. Cada primavera tiene dolores de parto e intenta dar a luz una nueva creación, sin conseguirlo. Todos los desastres naturales en el mundo son dolores de parto. Esto viene antes de los cielos y la tierra nuevos (Isaías 66:7-9, 22). Y así como la creación, también los hijos de Dios estamos gimiendo en espera de un nuevo cuerpo (Romanos 8:23-24); un cuerpo glorificado que no se inclina al pecado ni está aprisionado por las limitaciones de la carne. Gemimos esperando la salvación plena, total (Rom. 8:24). Ya no queremos sólo ser salvos en esperanza ni en un proceso, sino total y absolutamente salvos, perfeccionados y en la Presencia de Dios. Gemimos esperando manifestarnos como realmente somos en Cristo (Romanos 8:19, 23). Interiormente tenemos el conocimiento de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios; por ello anhelamos nuestra verdadera posición. La medicina para este mundo somos los hijos de Dios. Y junto con el gemido de la creación y del nuestro, se halla también el clamor del Espíritu Santo (Romanos 8:23, 26). Él gime desde nuestro interior juntamente con nuestros gemidos (Rom. 8:23, 26). No hay manera de describir su clamor (8:26), es indecible. Tampoco es el don de lenguas ni alguna otra cosa. Es un idioma único entre el Padre y el Espíritu. Los gemidos del Espíritu son para un oído más alto. Intercede ante Dios Padre. ¿Y por qué gime el Espíritu? Clama a causa de nuestra debilidad presente. La creación anhela nuestra manifestación de hijos de Dios. Nosotros mismos anhelamos nuestra manifestación como hijos de Dios. ¡Pero también el Espíritu como nadie anhela que seamos manifestados! La manifestación de los hijos de Dios no sólo es una promesa para el futuro, sino que hay primicias presentes (Romanos 8:23). Si bien la manifestación actual es un anticipo y no es como la gloria venidera, aún así es maravillosa; somos transformados “de gloria en gloria” (2 Cor. 3:18). Manifiéstate a la manera de Jesús: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Es tu deber y privilegio deshacer toda especie de tinieblas y fortalecer la luz. Sé luz en amor y santidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:22
Romanos 8.19-24 El planeta sufre las consecuencias de la caída humana; por lo que anhela, necesita con urgencia el final de nuestra redención, que es la glorificación de nuestros cuerpos. Ya que eso hará posible en la venida del Señor transformar al mundo en el Edén del principio. En lo que esto sucede, debemos ser un factor transformador del mundo, como luz y como sal. ¿No sientes que hay una vida mejor que la que estás viviendo? Este mundo es una creación gimiendo como una mujer a punto de dar a luz. Gime porque fue sujetada a vanidad (Romanos 8:20). Es un mundo sin propósito. Está dando vueltas, pero no va a ningún lado. ¿Cuáles son las metas de este mundo? ¿Para dónde va? Trabajan, comen, se multiplican, pero el mundo sigue sin mucho sentido. Es una especie de idolatría; el hombre se vuelve como aquello que adora, por eso, si adora ídolos (palabra que significa “vacío o vano”) se vuelve vanidad. La creación no está viviendo de acuerdo al propósito para el cual fue diseñada a causa del pecado del hombre. Parece existir sólo para sobrevivir, comiéndose unos a otros, pero ese no era el plan. Fue hecha para ser un disfrute no un campo de batalla. ¿Acaso fuimos diseñados sólo para ser parte de una cadena alimenticia? Permíteme el atrevimiento de preguntarte: ¿cómo está la creación en derredor de ti? El hombre se queja de su trabajo porque hay un mal ambiente en él, pero, ¿por qué no ha sido capaz de cambiar dicho ambiente? Una mujer se queja de la familia que tiene, pero ¿cómo ha contribuido ella para que la familia sea así? La Biblia dice que el justo Lot afligía su alma viendo lo que hacían los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2.8), pero ¿acaso hizo algo para cambiar a Sodoma? ¡No salvó ni a su esposa! Si en tu escuela son mal hablados o la conducta es inmoral, ¿cuál es tu actitud? ¿Piensas en cambiarte de escuela o en cambiar la escuela? Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente. ¡Levántate como un hacedor de cultura! La iglesia debe ser la conciencia del mundo. Que fácil es quejarse de la situación del país y decir que el presidente o los gobernantes deberían hacer esto o aquello, pero, ¿en verdad haríamos un mejor papel sobre todo un país sin antes cambiar el pequeño contexto en el que vivimos? La creación gime porque fue esclavizada a corrupción (Romanos 8:21). Es una esclavitud involuntaria, pues fue “sujetada… no por su propia voluntad”. Pero, ¿quién sujetó a la creación? ¡Dios! Sólo Él domina el mundo. Es increíble como el cristiano culpa a Satanás de la corrupción que actualmente existe en la creación, suben a los montes a reprender potestades, pero en realidad la creación fue sujetada a esclavitud y corrupción por culpa del hombre. También existen asociaciones ecologistas intentando salvar al mundo, pero tal cosa es un absurdo. Es el hombre quien necesita ser salvado. La obra ecológica más grande que puede ser hecha es manifestar a los hijos de Dios. ¿Y por qué sujetó Dios la creación? ¡Por causa de ti! Puede ser que no tires basura en la calle y que recicles, así como que cuides el agua, etc. Eso está bien, pero, ¿qué hay dentro de ti? La tierra no es liberada con una conciencia ecológica, sino con manifestación de gloria. ¿Cuántos pandas puedes criar? ¿Cuántos delfines puedes proteger? Eso es bueno, pero manifestar la gloria de Dios es mayor. No se puede liberar a la creación sin amistarse con aquel que la sujetó a esclavitud. Es como barrer la celda donde vivimos. Lo que necesitamos es la autorización del Juez para usar las llaves y abrir la prisión; o mejor aún, transformar la prisión de nuevo en un paraíso por la gloria de Dios. No te conformes a la esclavitud de corrupción. Cuando Adán fue transformado en carne y hecho pecador, la creación entera recibió maldición y cayó en un estado de corrupción (Génesis 3:17-19). Sin embargo, la creación en torno a ti será de acuerdo a quién eres tú. Mira el mundo, a medida que el hombre se corrompe su entorno se vuelve peor. Pero los países que han confesado a Cristo, son naciones prosperas y bendecidas; ¿y que sucede con las naciones sin fe en Dios? Sólo miseria y destrucción. ¿Dios los está castigando? No, no hace falta, la creación en torno a ellos se corrompe tanto como ellos. Los evolucionistas creen que la creación está mejorándose por sí sola, la física tiene una ley conocida como entropía, la cual explica la degradación constante e irreversible de la materia y energía en el universo. Mira un jardín sin cuidar, las malas hierbas ahogan a las buenas hierbas. Este mundo no es amistoso, sino violento y peligroso. Intenta la amistad de la selva. Vive sin protegerte del medio ambiente. Simplemente no es posible; la creación está sujeta a corrupción. Con todo, es una esclavitud temporal, pues “la creación será libertada” –dice el Libro. Dios ha dado su Palabra, su promesa es que la creación será finalmente libertada. Dios es Dios de libertad y ninguna esclavitud es para siempre. ¿Has visto como termina Isaías? Lee Isaías 65:20-25. Dios prometió restaurar la libertad de la creación y su estado de bendición. Mientras tanto la creación gime con dolores de parto (Rom. 8:22); es como si tuviera esperanza, pues la Palabra dice que aguarda (Rom. 8:19; Job 12:7-10). ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que te mira suspira por tu manifestación y gime por ti. Son gemidos de pasión: “con ardiente anhelo” (vr. 19). En griego se usa la palabra apokaradokia, cuyo significado tiene la figura de “observar con la cabeza estirada parándose de puntillas”. Son gemidos de dolor como de mujer dando a luz (vr. 22). Eva recibió la sentencia de los dolores de parto como consecuencia de la caída (Génesis 3:16). Esto significa que cada hijo que viene al mundo trae un mensaje: “la creación espera que te manifiestes”. Cada primavera tiene dolores de parto e intenta dar a luz una nueva creación, sin conseguirlo. Todos los desastres naturales en el mundo son dolores de parto. Esto viene antes de los cielos y la tierra nuevos (Isaías 66:7-9, 22). Y así como la creación, también los hijos de Dios estamos gimiendo en espera de un nuevo cuerpo (Romanos 8:23-24); un cuerpo glorificado que no se inclina al pecado ni está aprisionado por las limitaciones de la carne. Gemimos esperando la salvación plena, total (Rom. 8:24). Ya no queremos sólo ser salvos en esperanza ni en un proceso, sino total y absolutamente salvos, perfeccionados y en la Presencia de Dios. Gemimos esperando manifestarnos como realmente somos en Cristo (Romanos 8:19, 23). Interiormente tenemos el conocimiento de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios; por ello anhelamos nuestra verdadera posición. La medicina para este mundo somos los hijos de Dios. Y junto con el gemido de la creación y del nuestro, se halla también el clamor del Espíritu Santo (Romanos 8:23, 26). Él gime desde nuestro interior juntamente con nuestros gemidos (Rom. 8:23, 26). No hay manera de describir su clamor (8:26), es indecible. Tampoco es el don de lenguas ni alguna otra cosa. Es un idioma único entre el Padre y el Espíritu. Los gemidos del Espíritu son para un oído más alto. Intercede ante Dios Padre. ¿Y por qué gime el Espíritu? Clama a causa de nuestra debilidad presente. La creación anhela nuestra manifestación de hijos de Dios. Nosotros mismos anhelamos nuestra manifestación como hijos de Dios. ¡Pero también el Espíritu como nadie anhela que seamos manifestados! La manifestación de los hijos de Dios no sólo es una promesa para el futuro, sino que hay primicias presentes (Romanos 8:23). Si bien la manifestación actual es un anticipo y no es como la gloria venidera, aún así es maravillosa; somos transformados “de gloria en gloria” (2 Cor. 3:18). Manifiéstate a la manera de Jesús: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Es tu deber y privilegio deshacer toda especie de tinieblas y fortalecer la luz. Sé luz en amor y santidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:23
Romanos 8.19-24 El planeta sufre las consecuencias de la caída humana; por lo que anhela, necesita con urgencia el final de nuestra redención, que es la glorificación de nuestros cuerpos. Ya que eso hará posible en la venida del Señor transformar al mundo en el Edén del principio. En lo que esto sucede, debemos ser un factor transformador del mundo, como luz y como sal. ¿No sientes que hay una vida mejor que la que estás viviendo? Este mundo es una creación gimiendo como una mujer a punto de dar a luz. Gime porque fue sujetada a vanidad (Romanos 8:20). Es un mundo sin propósito. Está dando vueltas, pero no va a ningún lado. ¿Cuáles son las metas de este mundo? ¿Para dónde va? Trabajan, comen, se multiplican, pero el mundo sigue sin mucho sentido. Es una especie de idolatría; el hombre se vuelve como aquello que adora, por eso, si adora ídolos (palabra que significa “vacío o vano”) se vuelve vanidad. La creación no está viviendo de acuerdo al propósito para el cual fue diseñada a causa del pecado del hombre. Parece existir sólo para sobrevivir, comiéndose unos a otros, pero ese no era el plan. Fue hecha para ser un disfrute no un campo de batalla. ¿Acaso fuimos diseñados sólo para ser parte de una cadena alimenticia? Permíteme el atrevimiento de preguntarte: ¿cómo está la creación en derredor de ti? El hombre se queja de su trabajo porque hay un mal ambiente en él, pero, ¿por qué no ha sido capaz de cambiar dicho ambiente? Una mujer se queja de la familia que tiene, pero ¿cómo ha contribuido ella para que la familia sea así? La Biblia dice que el justo Lot afligía su alma viendo lo que hacían los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2.8), pero ¿acaso hizo algo para cambiar a Sodoma? ¡No salvó ni a su esposa! Si en tu escuela son mal hablados o la conducta es inmoral, ¿cuál es tu actitud? ¿Piensas en cambiarte de escuela o en cambiar la escuela? Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente. ¡Levántate como un hacedor de cultura! La iglesia debe ser la conciencia del mundo. Que fácil es quejarse de la situación del país y decir que el presidente o los gobernantes deberían hacer esto o aquello, pero, ¿en verdad haríamos un mejor papel sobre todo un país sin antes cambiar el pequeño contexto en el que vivimos? La creación gime porque fue esclavizada a corrupción (Romanos 8:21). Es una esclavitud involuntaria, pues fue “sujetada… no por su propia voluntad”. Pero, ¿quién sujetó a la creación? ¡Dios! Sólo Él domina el mundo. Es increíble como el cristiano culpa a Satanás de la corrupción que actualmente existe en la creación, suben a los montes a reprender potestades, pero en realidad la creación fue sujetada a esclavitud y corrupción por culpa del hombre. También existen asociaciones ecologistas intentando salvar al mundo, pero tal cosa es un absurdo. Es el hombre quien necesita ser salvado. La obra ecológica más grande que puede ser hecha es manifestar a los hijos de Dios. ¿Y por qué sujetó Dios la creación? ¡Por causa de ti! Puede ser que no tires basura en la calle y que recicles, así como que cuides el agua, etc. Eso está bien, pero, ¿qué hay dentro de ti? La tierra no es liberada con una conciencia ecológica, sino con manifestación de gloria. ¿Cuántos pandas puedes criar? ¿Cuántos delfines puedes proteger? Eso es bueno, pero manifestar la gloria de Dios es mayor. No se puede liberar a la creación sin amistarse con aquel que la sujetó a esclavitud. Es como barrer la celda donde vivimos. Lo que necesitamos es la autorización del Juez para usar las llaves y abrir la prisión; o mejor aún, transformar la prisión de nuevo en un paraíso por la gloria de Dios. No te conformes a la esclavitud de corrupción. Cuando Adán fue transformado en carne y hecho pecador, la creación entera recibió maldición y cayó en un estado de corrupción (Génesis 3:17-19). Sin embargo, la creación en torno a ti será de acuerdo a quién eres tú. Mira el mundo, a medida que el hombre se corrompe su entorno se vuelve peor. Pero los países que han confesado a Cristo, son naciones prosperas y bendecidas; ¿y que sucede con las naciones sin fe en Dios? Sólo miseria y destrucción. ¿Dios los está castigando? No, no hace falta, la creación en torno a ellos se corrompe tanto como ellos. Los evolucionistas creen que la creación está mejorándose por sí sola, la física tiene una ley conocida como entropía, la cual explica la degradación constante e irreversible de la materia y energía en el universo. Mira un jardín sin cuidar, las malas hierbas ahogan a las buenas hierbas. Este mundo no es amistoso, sino violento y peligroso. Intenta la amistad de la selva. Vive sin protegerte del medio ambiente. Simplemente no es posible; la creación está sujeta a corrupción. Con todo, es una esclavitud temporal, pues “la creación será libertada” –dice el Libro. Dios ha dado su Palabra, su promesa es que la creación será finalmente libertada. Dios es Dios de libertad y ninguna esclavitud es para siempre. ¿Has visto como termina Isaías? Lee Isaías 65:20-25. Dios prometió restaurar la libertad de la creación y su estado de bendición. Mientras tanto la creación gime con dolores de parto (Rom. 8:22); es como si tuviera esperanza, pues la Palabra dice que aguarda (Rom. 8:19; Job 12:7-10). ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que te mira suspira por tu manifestación y gime por ti. Son gemidos de pasión: “con ardiente anhelo” (vr. 19). En griego se usa la palabra apokaradokia, cuyo significado tiene la figura de “observar con la cabeza estirada parándose de puntillas”. Son gemidos de dolor como de mujer dando a luz (vr. 22). Eva recibió la sentencia de los dolores de parto como consecuencia de la caída (Génesis 3:16). Esto significa que cada hijo que viene al mundo trae un mensaje: “la creación espera que te manifiestes”. Cada primavera tiene dolores de parto e intenta dar a luz una nueva creación, sin conseguirlo. Todos los desastres naturales en el mundo son dolores de parto. Esto viene antes de los cielos y la tierra nuevos (Isaías 66:7-9, 22). Y así como la creación, también los hijos de Dios estamos gimiendo en espera de un nuevo cuerpo (Romanos 8:23-24); un cuerpo glorificado que no se inclina al pecado ni está aprisionado por las limitaciones de la carne. Gemimos esperando la salvación plena, total (Rom. 8:24). Ya no queremos sólo ser salvos en esperanza ni en un proceso, sino total y absolutamente salvos, perfeccionados y en la Presencia de Dios. Gemimos esperando manifestarnos como realmente somos en Cristo (Romanos 8:19, 23). Interiormente tenemos el conocimiento de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios; por ello anhelamos nuestra verdadera posición. La medicina para este mundo somos los hijos de Dios. Y junto con el gemido de la creación y del nuestro, se halla también el clamor del Espíritu Santo (Romanos 8:23, 26). Él gime desde nuestro interior juntamente con nuestros gemidos (Rom. 8:23, 26). No hay manera de describir su clamor (8:26), es indecible. Tampoco es el don de lenguas ni alguna otra cosa. Es un idioma único entre el Padre y el Espíritu. Los gemidos del Espíritu son para un oído más alto. Intercede ante Dios Padre. ¿Y por qué gime el Espíritu? Clama a causa de nuestra debilidad presente. La creación anhela nuestra manifestación de hijos de Dios. Nosotros mismos anhelamos nuestra manifestación como hijos de Dios. ¡Pero también el Espíritu como nadie anhela que seamos manifestados! La manifestación de los hijos de Dios no sólo es una promesa para el futuro, sino que hay primicias presentes (Romanos 8:23). Si bien la manifestación actual es un anticipo y no es como la gloria venidera, aún así es maravillosa; somos transformados “de gloria en gloria” (2 Cor. 3:18). Manifiéstate a la manera de Jesús: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Es tu deber y privilegio deshacer toda especie de tinieblas y fortalecer la luz. Sé luz en amor y santidad.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:24
Romanos 8.19-24 El planeta sufre las consecuencias de la caída humana; por lo que anhela, necesita con urgencia el final de nuestra redención, que es la glorificación de nuestros cuerpos. Ya que eso hará posible en la venida del Señor transformar al mundo en el Edén del principio. En lo que esto sucede, debemos ser un factor transformador del mundo, como luz y como sal. ¿No sientes que hay una vida mejor que la que estás viviendo? Este mundo es una creación gimiendo como una mujer a punto de dar a luz. Gime porque fue sujetada a vanidad (Romanos 8:20). Es un mundo sin propósito. Está dando vueltas, pero no va a ningún lado. ¿Cuáles son las metas de este mundo? ¿Para dónde va? Trabajan, comen, se multiplican, pero el mundo sigue sin mucho sentido. Es una especie de idolatría; el hombre se vuelve como aquello que adora, por eso, si adora ídolos (palabra que significa “vacío o vano”) se vuelve vanidad. La creación no está viviendo de acuerdo al propósito para el cual fue diseñada a causa del pecado del hombre. Parece existir sólo para sobrevivir, comiéndose unos a otros, pero ese no era el plan. Fue hecha para ser un disfrute no un campo de batalla. ¿Acaso fuimos diseñados sólo para ser parte de una cadena alimenticia? Permíteme el atrevimiento de preguntarte: ¿cómo está la creación en derredor de ti? El hombre se queja de su trabajo porque hay un mal ambiente en él, pero, ¿por qué no ha sido capaz de cambiar dicho ambiente? Una mujer se queja de la familia que tiene, pero ¿cómo ha contribuido ella para que la familia sea así? La Biblia dice que el justo Lot afligía su alma viendo lo que hacían los habitantes de Sodoma (2 Pedro 2.8), pero ¿acaso hizo algo para cambiar a Sodoma? ¡No salvó ni a su esposa! Si en tu escuela son mal hablados o la conducta es inmoral, ¿cuál es tu actitud? ¿Piensas en cambiarte de escuela o en cambiar la escuela? Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente. ¡Levántate como un hacedor de cultura! La iglesia debe ser la conciencia del mundo. Que fácil es quejarse de la situación del país y decir que el presidente o los gobernantes deberían hacer esto o aquello, pero, ¿en verdad haríamos un mejor papel sobre todo un país sin antes cambiar el pequeño contexto en el que vivimos? La creación gime porque fue esclavizada a corrupción (Romanos 8:21). Es una esclavitud involuntaria, pues fue “sujetada… no por su propia voluntad”. Pero, ¿quién sujetó a la creación? ¡Dios! Sólo Él domina el mundo. Es increíble como el cristiano culpa a Satanás de la corrupción que actualmente existe en la creación, suben a los montes a reprender potestades, pero en realidad la creación fue sujetada a esclavitud y corrupción por culpa del hombre. También existen asociaciones ecologistas intentando salvar al mundo, pero tal cosa es un absurdo. Es el hombre quien necesita ser salvado. La obra ecológica más grande que puede ser hecha es manifestar a los hijos de Dios. ¿Y por qué sujetó Dios la creación? ¡Por causa de ti! Puede ser que no tires basura en la calle y que recicles, así como que cuides el agua, etc. Eso está bien, pero, ¿qué hay dentro de ti? La tierra no es liberada con una conciencia ecológica, sino con manifestación de gloria. ¿Cuántos pandas puedes criar? ¿Cuántos delfines puedes proteger? Eso es bueno, pero manifestar la gloria de Dios es mayor. No se puede liberar a la creación sin amistarse con aquel que la sujetó a esclavitud. Es como barrer la celda donde vivimos. Lo que necesitamos es la autorización del Juez para usar las llaves y abrir la prisión; o mejor aún, transformar la prisión de nuevo en un paraíso por la gloria de Dios. No te conformes a la esclavitud de corrupción. Cuando Adán fue transformado en carne y hecho pecador, la creación entera recibió maldición y cayó en un estado de corrupción (Génesis 3:17-19). Sin embargo, la creación en torno a ti será de acuerdo a quién eres tú. Mira el mundo, a medida que el hombre se corrompe su entorno se vuelve peor. Pero los países que han confesado a Cristo, son naciones prosperas y bendecidas; ¿y que sucede con las naciones sin fe en Dios? Sólo miseria y destrucción. ¿Dios los está castigando? No, no hace falta, la creación en torno a ellos se corrompe tanto como ellos. Los evolucionistas creen que la creación está mejorándose por sí sola, la física tiene una ley conocida como entropía, la cual explica la degradación constante e irreversible de la materia y energía en el universo. Mira un jardín sin cuidar, las malas hierbas ahogan a las buenas hierbas. Este mundo no es amistoso, sino violento y peligroso. Intenta la amistad de la selva. Vive sin protegerte del medio ambiente. Simplemente no es posible; la creación está sujeta a corrupción. Con todo, es una esclavitud temporal, pues “la creación será libertada” –dice el Libro. Dios ha dado su Palabra, su promesa es que la creación será finalmente libertada. Dios es Dios de libertad y ninguna esclavitud es para siempre. ¿Has visto como termina Isaías? Lee Isaías 65:20-25. Dios prometió restaurar la libertad de la creación y su estado de bendición. Mientras tanto la creación gime con dolores de parto (Rom. 8:22); es como si tuviera esperanza, pues la Palabra dice que aguarda (Rom. 8:19; Job 12:7-10). ¿Y sabes por qué? Porque cada vez que te mira suspira por tu manifestación y gime por ti. Son gemidos de pasión: “con ardiente anhelo” (vr. 19). En griego se usa la palabra apokaradokia, cuyo significado tiene la figura de “observar con la cabeza estirada parándose de puntillas”. Son gemidos de dolor como de mujer dando a luz (vr. 22). Eva recibió la sentencia de los dolores de parto como consecuencia de la caída (Génesis 3:16). Esto significa que cada hijo que viene al mundo trae un mensaje: “la creación espera que te manifiestes”. Cada primavera tiene dolores de parto e intenta dar a luz una nueva creación, sin conseguirlo. Todos los desastres naturales en el mundo son dolores de parto. Esto viene antes de los cielos y la tierra nuevos (Isaías 66:7-9, 22). Y así como la creación, también los hijos de Dios estamos gimiendo en espera de un nuevo cuerpo (Romanos 8:23-24); un cuerpo glorificado que no se inclina al pecado ni está aprisionado por las limitaciones de la carne. Gemimos esperando la salvación plena, total (Rom. 8:24). Ya no queremos sólo ser salvos en esperanza ni en un proceso, sino total y absolutamente salvos, perfeccionados y en la Presencia de Dios. Gemimos esperando manifestarnos como realmente somos en Cristo (Romanos 8:19, 23). Interiormente tenemos el conocimiento de nuestra verdadera identidad como hijos de Dios; por ello anhelamos nuestra verdadera posición. La medicina para este mundo somos los hijos de Dios. Y junto con el gemido de la creación y del nuestro, se halla también el clamor del Espíritu Santo (Romanos 8:23, 26). Él gime desde nuestro interior juntamente con nuestros gemidos (Rom. 8:23, 26). No hay manera de describir su clamor (8:26), es indecible. Tampoco es el don de lenguas ni alguna otra cosa. Es un idioma único entre el Padre y el Espíritu. Los gemidos del Espíritu son para un oído más alto. Intercede ante Dios Padre. ¿Y por qué gime el Espíritu? Clama a causa de nuestra debilidad presente. La creación anhela nuestra manifestación de hijos de Dios. Nosotros mismos anhelamos nuestra manifestación como hijos de Dios. ¡Pero también el Espíritu como nadie anhela que seamos manifestados! La manifestación de los hijos de Dios no sólo es una promesa para el futuro, sino que hay primicias presentes (Romanos 8:23). Si bien la manifestación actual es un anticipo y no es como la gloria venidera, aún así es maravillosa; somos transformados “de gloria en gloria” (2 Cor. 3:18). Manifiéstate a la manera de Jesús: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Es tu deber y privilegio deshacer toda especie de tinieblas y fortalecer la luz. Sé luz en amor y santidad. Romanos 8.24-25 La manifestación de los hijos de Dios o glorificación de nuestros cuerpos y la redención de esta creación presente es un asunto para el futuro, en esperanza. Esperamos que suceda y nos esforzamos en la gracia de Dios para tomar parte de ello, pero de momento seguimos en las limitaciones de un cuerpo de carne. Somos salvos viendo hacia el futuro, aunque estemos basados en un hecho de Cristo en el pasado; por lo que vivimos nuestro presente en la esperanza de la gloria venidera. Debido a que el cumplimiento de nuestra gloria prometida vendrá en el futuro, es decir, tratándose de un asunto de esperanza, necesitamos ser pacientes, esperar, aguardar confiadamerne que sucederá. Hay quienes desesperan en el mal del mundo y otros pierden la fe por lo aparentemente largo de la espera; no seamos de los tales, sino confiemos, conservemos la fe, ya que Dios es fiel. Lo que ha prometido sucederá. Para la generación de Pablo era especialmente dificil a causa de las tribulaciones de su tiempo, por lo que les alentaba a la paciencia; pero nosotros igualmente debemos aguardar con paciencia hasta la venida del Señor.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:25
Romanos 8.24-25 La manifestación de los hijos de Dios o glorificación de nuestros cuerpos y la redención de esta creación presente es un asunto para el futuro, en esperanza. Esperamos que suceda y nos esforzamos en la gracia de Dios para tomar parte de ello, pero de momento seguimos en las limitaciones de un cuerpo de carne. Somos salvos viendo hacia el futuro, aunque estemos basados en un hecho de Cristo en el pasado; por lo que vivimos nuestro presente en la esperanza de la gloria venidera. Debido a que el cumplimiento de nuestra gloria prometida vendrá en el futuro, es decir, tratándose de un asunto de esperanza, necesitamos ser pacientes, esperar, aguardar confiadamerne que sucederá. Hay quienes desesperan en el mal del mundo y otros pierden la fe por lo aparentemente largo de la espera; no seamos de los tales, sino confiemos, conservemos la fe, ya que Dios es fiel. Lo que ha prometido sucederá. Para la generación de Pablo era especialmente dificil a causa de las tribulaciones de su tiempo, por lo que les alentaba a la paciencia; pero nosotros igualmente debemos aguardar con paciencia hasta la venida del Señor.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:26
Romanos 8.26-27 Esperamos el día de nuestra glorificación, como menciona el escritor en los versículos anteriores, se hace evidente que somos débiles y podríamos perder la fe; así que necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para fortalecernos y poder aguardar con paciencia hasa aquel día. Es allí donde la Presencia de Dios en nuestra vida se hace imprescindible. Necesitamos su fuerza y mediación. Esto implica orar en el Espíriu. ¿Sabías que podríamos ser débiles para orar? Todos somos débiles en pedir. Algunos interpretan esto como si fuese pecado, pero eso no dice el versículo; lo que dice es que somos débiles en pedir, no en hacer. Tú no eres débil para obedecer, pues entonces Dios no te juzgaría cuando no haces lo que debes hacer; pero sí eres débil para pedir. “Dios no nos dejará ser tentados más de lo que podamos resistir…” (1 Corintios 10:13). ¿Débiles para pedir? Que increíble que el hombre sea débil en pedir. ¿Habías pensado que eres débil en pedir? El religioso te enseña que no pidas, que pedir es ser ambicioso o malo; pero Dios te dice que necesitas ser fuerte en pedir; es decir, aprender a pedir como conviene. Hay peticiones inconvenientes; el débil pide lo que no le conviene. Al oír esto, la mayoría piensa que está pidiendo para gastar en sus deleites, como escribe Santiago (Jacobo); pero esa no es toda la verdad; algunos piden lo que no les conviene cuando piden salir de problemas, en lugar de pedir no entrar en ellos (líbranos del mal). La palabra “conviene” significa “lo necesario”. A veces el hombre no sabe lo que necesita, pide dinero para arreglar el carro y quizá debiera pedir otro carro (pongo ejemplos naturales para ilustrar asuntos espirituales). Pide que Dios cambie a su esposa y quizá quien necesita cambiar es él. Allí es donde es débil en pedir, pero el Espíritu lo hace fuerte cuando el creyente ora: “cambia a mi mujer” y el Espíritu aclara: “Padre, lo que tu hijo quiere decir, es que le des otros ojos para ella”; además de enseñarlo a orar así. Es una gran oportunidad que el Espíritu interceda por nosotros. Sin embargo, El pide si yo pido. Puedo ser fuerte en pedir, cuando el Espíritu pide por mí. ¿Y cuándo pide por mí? ¡Cuando yo oro! La enseñanza del apóstol es un hecho y no sólo una posibilidad: el Espíritu intercede, es un hecho. El problema se presenta cuando no oro. El Espíritu me ayuda cuando no se pedir, pero si no pido, ¿en base a qué intercederá? A medida que le hablas a Dios, Dios mismo habla a tu favor. ¿No es esto maravilloso? Sé como niño que pide aunque no sabe qué pide, él sabe que su papá le dará lo mejor. Él Espíritu completa lo que a mi pedir le falta. Si el Espíritu intercede por mí, a fin de que mis oraciones sean fuertes en pedir, no debo tener temor de pedir, pues si fuese débil, el Espíritu completaría la fuerza que le hace falta a mi oración. ¡Atrévete a pedir! Pero si no pides, pierdes la oportunidad de la intercesión del Espíritu. El Padre y el Espíritu hablan de ti. Yo no escucho lo que el Espíritu dice en su intercesión por mí, son “gemidos indecibles”. No se refiere al hablar en lenguas, pues esos son sonidos que si se pueden decir; la Palabra se refiere a una comunicación entre el Padre y el Espíritu en una dimensión que nadie puede escuchar; ¡y están hablando de ti! Yo creo que Dios me escucha, ¡cuánto más el Padre escuchará al Espíritu Santo! Posiblemente Dios no me dé todo lo que yo le pida, pero una cosa es cierta, el Padre dará todo lo que el Espíritu le pida para mí. El Padre escudriña el corazón del Espíritu; ¿habías considerado que el padre escudriña lo que hay en el corazón del Espíritu? ¿Y qué hay allí? Allí está la intención de conseguir que la voluntad de Dios sea hecha en nuestra vida, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Los hombres oran: “Señor, muéstrame tu voluntad”. Jesús oró: “Señor, hágase tu voluntad”. ¿Por qué quieres saber? Simplemente vive en el Espíritu, Él se encargará de que andes en la voluntad de Dios. No tengo miedo de extraviarme, yo se quien me lleva de la mano. ¡Qué maravilloso es orar en el Espíritu!
— Roberto Tinoco
Romanos 8:27
Romanos 8.26-27 Esperamos el día de nuestra glorificación, como menciona el escritor en los versículos anteriores, se hace evidente que somos débiles y podríamos perder la fe; así que necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para fortalecernos y poder aguardar con paciencia hasa aquel día. Es allí donde la Presencia de Dios en nuestra vida se hace imprescindible. Necesitamos su fuerza y mediación. Esto implica orar en el Espíriu. ¿Sabías que podríamos ser débiles para orar? Todos somos débiles en pedir. Algunos interpretan esto como si fuese pecado, pero eso no dice el versículo; lo que dice es que somos débiles en pedir, no en hacer. Tú no eres débil para obedecer, pues entonces Dios no te juzgaría cuando no haces lo que debes hacer; pero sí eres débil para pedir. “Dios no nos dejará ser tentados más de lo que podamos resistir…” (1 Corintios 10:13). ¿Débiles para pedir? Que increíble que el hombre sea débil en pedir. ¿Habías pensado que eres débil en pedir? El religioso te enseña que no pidas, que pedir es ser ambicioso o malo; pero Dios te dice que necesitas ser fuerte en pedir; es decir, aprender a pedir como conviene. Hay peticiones inconvenientes; el débil pide lo que no le conviene. Al oír esto, la mayoría piensa que está pidiendo para gastar en sus deleites, como escribe Santiago (Jacobo); pero esa no es toda la verdad; algunos piden lo que no les conviene cuando piden salir de problemas, en lugar de pedir no entrar en ellos (líbranos del mal). La palabra “conviene” significa “lo necesario”. A veces el hombre no sabe lo que necesita, pide dinero para arreglar el carro y quizá debiera pedir otro carro (pongo ejemplos naturales para ilustrar asuntos espirituales). Pide que Dios cambie a su esposa y quizá quien necesita cambiar es él. Allí es donde es débil en pedir, pero el Espíritu lo hace fuerte cuando el creyente ora: “cambia a mi mujer” y el Espíritu aclara: “Padre, lo que tu hijo quiere decir, es que le des otros ojos para ella”; además de enseñarlo a orar así. Es una gran oportunidad que el Espíritu interceda por nosotros. Sin embargo, El pide si yo pido. Puedo ser fuerte en pedir, cuando el Espíritu pide por mí. ¿Y cuándo pide por mí? ¡Cuando yo oro! La enseñanza del apóstol es un hecho y no sólo una posibilidad: el Espíritu intercede, es un hecho. El problema se presenta cuando no oro. El Espíritu me ayuda cuando no se pedir, pero si no pido, ¿en base a qué intercederá? A medida que le hablas a Dios, Dios mismo habla a tu favor. ¿No es esto maravilloso? Sé como niño que pide aunque no sabe qué pide, él sabe que su papá le dará lo mejor. Él Espíritu completa lo que a mi pedir le falta. Si el Espíritu intercede por mí, a fin de que mis oraciones sean fuertes en pedir, no debo tener temor de pedir, pues si fuese débil, el Espíritu completaría la fuerza que le hace falta a mi oración. ¡Atrévete a pedir! Pero si no pides, pierdes la oportunidad de la intercesión del Espíritu. El Padre y el Espíritu hablan de ti. Yo no escucho lo que el Espíritu dice en su intercesión por mí, son “gemidos indecibles”. No se refiere al hablar en lenguas, pues esos son sonidos que si se pueden decir; la Palabra se refiere a una comunicación entre el Padre y el Espíritu en una dimensión que nadie puede escuchar; ¡y están hablando de ti! Yo creo que Dios me escucha, ¡cuánto más el Padre escuchará al Espíritu Santo! Posiblemente Dios no me dé todo lo que yo le pida, pero una cosa es cierta, el Padre dará todo lo que el Espíritu le pida para mí. El Padre escudriña el corazón del Espíritu; ¿habías considerado que el padre escudriña lo que hay en el corazón del Espíritu? ¿Y qué hay allí? Allí está la intención de conseguir que la voluntad de Dios sea hecha en nuestra vida, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Los hombres oran: “Señor, muéstrame tu voluntad”. Jesús oró: “Señor, hágase tu voluntad”. ¿Por qué quieres saber? Simplemente vive en el Espíritu, Él se encargará de que andes en la voluntad de Dios. No tengo miedo de extraviarme, yo se quien me lleva de la mano. ¡Qué maravilloso es orar en el Espíritu!
— Roberto Tinoco
Romanos 8:28
Romanos 8.28 Suele pensarse que Rom. 8:28 significa que los cristianos ven el lado positivo de todas las cosas; pero eso no es lo que significa el pasaje. La frase “todas las cosas les ayudan a bien” traduce una palabra griega derivada de sinergia. Sinergia es la acción combinada de las cosas para lograr mejores resultados que la suma individual de las mismas. Por ejemplo el sodio y el cloro por separado son dos venenos, pero juntos son sal. “Todas las cosas”. El universo entero es siervo de Dios: “De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste. Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven” (Sal. 119:90-91). Toda la creación está armonizada por Dios de manera que yo reciba permanentemente millones de millones de cuidados. Tenemos absoluta certeza: “sabemos”. De manera que debo confiar en Dios. Nos ocupamos, pero no nos preocupamos, pues Dios está a cargo. Aún las cosas que nos parecen adversas están dentro de su plan: “Encomienda a Yahwéh tus obras, y tus pensamientos serán afirmados. Todas las cosas ha hecho Yahwéh para sí mismo, y aun al impío para el día malo” (Proverbios 16:3-4). No que Dios hiciera el mal, sino que en ocasiones permite el mal para llevar a cabo su propósito. ¡Todas las cosas! Y no solamente algunas. De momento podemos ver una mala circunstancia y pensar: “¿cómo puede ser esto para mi bien?” Pero después conoceremos que era parte de un gran plan. En la frase: “conforme a su propósito son llamados” se traduce la palabra próthesis como propósito. Se deriva de pro, “antes” y thesis, “un lugar”. Significa “llevar adelante”. Su uso era “añadir un sonido al principio de una palabra”. Actualmente, ¿qué es una prótesis? Es el reemplazo artificial de una parte de un cuerpo. De manera que en el ámbito espiritual, el propósito de Dios es la formación del cuerpo mediante la colocación paulatina de piezas. Dios está llamando, y con aquellos que entran en su llamado, está formando el cuerpo de Cristo. Por eso en el versículo 29 nos aclara que el propósito de todo esto es “que seamos transformados a la imagen de su Hijo”, ¡formar al Cristo corporativo teniendo individualmente más de Cristo! Si escuchamos individualmente a cada instrumento de una orquesta, perderemos el sentido de la sinfonía; pero si los escuchamos a todos juntos en armonía, oiremos deleitándonos qué fue lo que creó el compositor. Para muchos, el sufrimiento es sinónimo de cristianismo. La mente de siervo necesita del dolor y del látigo para moverse. Pero “…todas las cosas les ayudan a bien…” ¿A qué ayudan? ¡¡A bien!! ¿Por qué le es difícil al hombre creer que Dios desea hacerle bien? Esto es porque el hombre suele desear hacer el mal. Grítalo: “Dios tiene a todo el universo cooperando para hacerme bien”. Hay una condición para todo esto: amar a Dios. Dios tiene todo el universo engranado perfectamente; pero sólo quienes aman a Dios y confían en Él aceptan dicho orden. ¿Por qué se queja el ser humano? ¿Por causa de las circunstancias? No necesariamente. Se queja a causa de no amar a Dios. Por ejemplo, en Génesis 50:20 José atribuye a Dios lo malo que le hicieron sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”. Eso mantuvo sanó a José, rejuvenecido y lleno de vida. Compara con Génesis 42:36 “Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas”. Note que dijo “contra mí”. Esto envejeció prematuramente a Jacob. Al amar a Dios no decimos: “contra mí son las cosas”; sino “por mí”. Al amar a Dios nos ponemos en armonía con la creación de Dios y por ende, con su propósito. La gente pregunta: ¿cuál es el propósito de Dios para mi vida? Pero Dios responde con otra pregunta: “¿me amas?”
— Roberto Tinoco
Romanos 8:29
Romanos 8.29-30 Dios también desea hijos y para ellos nos hace pasar por el mismo proceso. Nos engendra, nos forma y luego nos hereda. Eso es la salvación: el proceso mediante el cual Dios obtiene sus hijos. La salvación del hombre ha de ser la salvación completa del hombre, pues de otro modo, algo quedaría perdido bajo el poder de la muerte. Por tanto, la salvación ha de ser espíritu, alma y cuerpo: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 4:17). La salvación del espíritu es vista en la doctrina conocida como la justificación. Al ser justificados somos salvos, nuestra posición es de reconciliados y en paz con Dios: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). Sin embargo, nuestra alma todavía presenta aspectos que parecen contrarios a la salvación: Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado (Romanos 7:25), Además de que nuestro cuerpo está muerto: Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia (Romanos 8:10). El alma ha de ser salvada, para esto, la carta a los Romanos presenta también la doctrina de la santificación. En ella aprendemos que estamos siendo salvos en nuestra alma, proceso que durará toda nuestra vida en este mundo. Una vez cumplido esto, vendrá la salvación del cuerpo, salvación llamada glorificación. Para comprender esto es clave Romanos 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. - Dios le puso vida al espíritu y fuimos salvos. - Dios está llenando de vida el alma por lo que estamos siendo salvos. - Dios pondrá vida a nuestro cuerpo glorificándolo, por lo que seremos finalmente salvos: Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros (Romaos 8:11). Hasta el capítulo 5 estuvo hablando de la salvación de nuestro espíritu o justificación. Del capítulo 5 al 8 habla de la salvación de nuestra alma o santificación. Y a partir del capítulo 8 comienza a hablar de la salvación de nuestro cuerpo o glorificación. Todos nosotros nos encontramos en la mitad de este proceso, estamos siendo salvos. La idea es ir creciendo en madurez hacia la glorificación Primero somos hijos pequeños de Dios: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos (teknón) de Dios” (Romanos 8:16). Luego debemos crecer a hijos maduros de Dios: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Rom. 8:14, 17). Para lograr eso hay una obra interna de santificación (Romanos 8:26-27) y sólo así llega la última parte del proceso de la salvación, la obra externa de transformación o glorificación de nuestro cuerpo (Romanos 8:18-19; 28-29). El propósito de este largo proceso de salvación es producir hijos a Dios: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). El Hijo de Dios es el prototipo, siempre ha sido Dios, pero al hacerse Hombre fue establecido como el modelo a partir del cual deben ser producidos los demás hijos de Dios. Como una gran maquiladora celestial que usa el molde Cristo para producir más “cristos”. No que haya más, pero si de Uno sacó a muchos. Así que la glorificación no tiene como propósito que seamos brillantes, sino que seamos Cristo. A la imagen del Hijo para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. La meta no es el cielo, no se trata de ir, sino de traer el cielo. La meta no es la recompensa, sino que Dios obtenga hijos. En el principio de los tiempos nadie entendió por qué Dios sacó del cielo al rebelde querubín que quiso ser como Dios y le dedicó todo su amor a una criatura hecha de polvo, muy frágil y absolutamente falible. Los cielos se escandalizaron al ver cómo Dios envió a su Hijo en forma de uno de esos seres tan insignificantes y para colmo, tomar sobre sí todas sus deficiencias y maldades, así como su ruina y dolores para morir. Veo a los ángeles horrorizados y al infierno haciendo fiesta. …pero no conocían el plan. ¡El Hijo se levantó! Se trataba de una semilla: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de tierra no cae en la tierra y muere, queda sólo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Sin la muerte sólo habría un Hijo, pero después de la misma y la resurrección, ¡somos muchos los hijos de Dios producidos por Él! Ahora el cielo sabe el por qué Dios hizo lo que hizo. No quería egoístas como el querubín, sino muchos hijos de Dios semejantes al Hijo Primogénito. ¡La sabiduría de Dios! Ahora bien, es imperativo dedicar algunas palabras al ema de la predestinación. Para lo cual, leamos nuevamente: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). La doctrina de la predestinación es enseñada en las Sagradas Escrituras, pero quizá es una de las más mal entendidas de todas. Tenemos principalmente dos posturas en lados opuestos de la misma: por un lado, el Calvinismo, y por el otro, el arminianismo. Clavino. (Jean Cauvin o Calvin) Teólogo y reformador protestante (Nyon, Francia, 1509 - Ginebra, 1564). Fue educado en el catolicismo, realizando estudios de Teología, Humanidades y Derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante -Las instituciones de la religión cristiana-, que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes. En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil. Tuvo su propia inquisición. Un Consistorio de ancianos y de pastores -dotado de amplios poderes para castigar- vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos. La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Por otro lado, tenemos a Jacobo Arminio. (1560-1609). Teólogo holandés; profesor de la Universidad de Leiden. Poco después de entrar en el ministerio, Armínio se encontró en una controversia sobre el tema de la predestinación. En 1578, dos ministros de Delft, habían debatido el Calvinismo con un humanista holandés, el cual había tenido una disputa con Calvino acusándolo de “representar a Dios como el autor del pecado”. La iglesia en Amsterdam le pidió a Armínio que refutara al humanista holandés, pero en vez de eso fue convencido por el pastor que le precedió en la iglesia para que refutara a los ministros de Delft. Fue durante este periodo de estudio en preparación para refutar a dichos ministros, que Armínio sufrió una transformación teológica, y “se convirtió a las mismas opiniones a las que le pidieron refutar”. Armínio tuvo cuatro disputas significativas sobre el Calvinismo durante su ministerio. Fue severamente atacado por ciertos Calvinistas infatigables entre los que se encontraban Petros Plancius, Franciscus Junios, William Perkins, y Franciscus Gomarus. Debido a esto, los Calvinistas acusaron a Armínio de seguir al Catolicismo, Socianismo, y Pelagianismo. La asociación con estas doctrinas se debían a que como el Católicismo negaba la predestinación, cualquiera que la negara debía ser católico. De igual forma porque el Socianismo rechazaba la predestinación, Armínio fue asociado con esta doctrina. Pero quizás la peor acusación sea la de aceptar el Pelagianismo. Esta era la favorita acusación de los Calvinistas, la cual Armínio repudió de forma tajante. Armínio reconoció que la siguiente acusación era una táctica empleada por los Calvinistas contra cualquiera que rechazase el Calvinismo: “Si se presenta cualquier contradicción a ésta doctrina (Calvinismo), Dios es deprivado de su gloria y gracia, y entonces el mérito de la salvación se atribuye al libre albedrío del hombre y a sus propios poderes y fuerza—lo que favorece al Pelagianismo”. Es interesante notar que el mismo Calvino tuvo que defenderse en 1549 de cargos de Pelagianismo. Además de ser injustamente acusado de herejías que igualmente rechazaban el Calvinismo, Armínio fue acusado de apartarse de los credos aceptados por las iglesias Reformadas: El catecismo de Heidelberg y la Confesión Belga. Armínio respondió con ímpetu que nunca había enseñado ni deseado enseñar nada que fuera contrario a la Confesión o Catecismo oficial. Armínio fue un teólogo Reformado Holandés, pero estaba en desacuerdo con las doctrinas Calvinistas. El redujo la controversia a dos preguntas: “¿Creemos porque hemos sido elegidos, o somos elegidos porque hemos creído?” A pesar que los términos Arminiano o Arminianismo se empezaron a usar poco después de la muerte de Arminio, con el tiempo se adjudicaron a cualquiera que no comulgara con el Calvinismo. Con esta división arbitraria de Cristianos en dos clases, o solo dos opiniones con las que catalogar a los creyentes, ha sido fácil asociar al Arminianismo con toda clase de herejía habida y por haber, y acusarlos de toda clase de apostasía. Los verdaderos seguidores de Arminio son los que reclaman su nombre para si mismos—y se encuentran en tres grupos: 1. Los que lo sucedieron después de su muerte en la iglesia Reformada de Holanda. 2. El segundo grupo empieza con John Wesley, el fundador del Metodismo, y sus seguidores. 3. El tercer grupo se encuentra entre los Menonitas, Bautistas, y “evangélicos” que confiesan su nombre. La denominación Bautista llamada Free Will Baptist, (que son los menos) creen que la salvación se puede perder. A este grupo también pertenecen los Nazarenos, Weslianos, y los Pentecostales. Veamos la predestinación y el Calvinismo. Para el calvinismo, la predestinación es el acto absoluto y soberano de Dios de elegir para vida eterna a unos y para muerte eterna a otros. Basa su argumentación no sólo en pasajes bíblicos que hablan de la elección divina, sino en la soberanía divina. Para quien considera que Dios es injusto al no elegir a todos para salvación responde con las palabras del apóstol Pablo: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Rom. 9:20-21). El calvinismo considera que toda la humanidad se encuentra en una completa depravación e incapacidad de responder a la gracia de Dios, a menos de que Dios le conceda precisamente una gracia previa que le ayude a creer y a aceptar el regalo de la vida eterna. El libre albedrío del hombre es considerado sin posibilidad de ejercerlo, suele usarse la ilustración de un ave con ala rota, tiene la voluntad de volar, pero no la capacidad de hacerlo. Un ejemplo de los versículos más utilizados en esta doctrina son: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:4-5). “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16). “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65). “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48). Fueron salvos cien de cien, por decirlo así. “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15-16). El mismo Calvino llamó a su interpretación doctrinal “un horrible decreto”, pero dijo mantener la doctrina a causa de que él la veía en la Biblia. Veamos la predestinación y el Arminianismo. Para el arminianismo, la humanidad es pecadora e incapaz de salvarse a sí misma, pero sí de responder a la oferta de salvación de Dios, pues de otro modo, sostiene, las invitaciones a la salvación que Dios hace a todos carecerían de sentido. No cree que exista un designio de unos para salvación y otros para condenación, sino la oportunidad de Dios a todos los seres humanos. El arminianismo mira la predestinación sólo desde la perspectiva del previo conocimiento de Dios, es decir, a los que Dios sabía en su omnisciencia que habrían de recibir la salvación preparó lo necesario para que así fuese completada: “porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). Algunos de los versículos utilizados por el arminianismo son: “Diles: Vivo yo, dice YHWH el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11). “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4). “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). ¿Qué es lo que yo pienso al respecto de la predestinación. La predestinación y mi fe. Mi postura se inclina más hacia el arminianismo, pero con alguna variante que considero puedo aportar en forma de ciertas ideas que darán luz respecto del exceso calvinista (ideas que no son nuevas, pues no sólo otros las han visto, sino la Palabra de Dios la enseña). Los versículos utilizados por el calvinismo parecen decir que efectivamente Dios predestinó a unos para salvación y a otros para condenación, pero tienen un punto de vista totalmente erróneo: irónicamente exaltan la soberanía de Dios pero interpretan la predestinación a partir del hombre; es decir, suponen que Dios elige a unos distinguiéndolos de otros, cuando la Palabra de Dios es clara en señalar que no existe elección ni predestinación alguna aparte de Jesucristo. Tomemos por ejemplo el primer capítulo de la carta a los Efesios: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef. 1:3-13). La constante repetición «en Él» es la clave de la predestinación y de la elección. Cristo es el elegido y el predestinado y toda la humanidad fue llamada a participar de dicha elección. La conclusión es clara: Dios ha dado los recursos necesarios para salvar a todos los hombres en Cristo, Él es la elección y la predestinación y fuera de Él no existe salvación. La humanidad entera está invitada a la vida eterna y puede entrar en la elección de Dios para ello, esto es, en Cristo. Dios no predestinó a Cristo como individuo, sino a Cristo como la Cabeza de un Hombre corporativo, todos los que sean parte de su cuerpo son participes de la elección. Es decir, ninguno es elegido de forma individual. La voluntad de Dios en su propósito eterno es elegir a Jesucristo y toda la raza humana está invitada a participar de esta elección en Él: “pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:17-18). Siendo Cristo el elegido, su obra hizo posible a toda la humanidad la elección; sin embargo, no todos viven como elegidos, por ello es necesaria la predicación del evangelio, a fin de que todos los hombres sean conscientes de la elección y se conviertan a Cristo, entrando así en la vida eterna. Debemos decirle a todos que pertenecen a Jesucristo y que la voluntad de Dios es que fueron destinados para Él. Por Él, en Él, y para Él. En Mateo 25:31-46 tenemos la descripción del juicio de los gentiles; en el versículo 34 dice a los salvos: “…venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” De lo cual podría deducirse cierta elección; pero al compararlo con la condenación de quienes se pierden, dice en el versículo 41: “…apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” ¡No dice preparado para vosotros! Es pues la elección de la humanidad para salvación en Cristo, más si alguno no obedece al llamado de venir a Él se pierde a sí mismo tomando el destino que era para el diablo y sus ángeles. Es semejante a lo expresado por Pablo al exaltar la soberanía divina: “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria” (Rom. 9:21-23). Nota que los vasos preparados para gloria fueron preparados por Dios, mientras que los vasos de ira preparados para destrucción fueron soportados con mucha paciencia por Dios. Quienes se pierden dan ocasión a la manifestación de atributos divinos relativos a su ira y justicia, pero no porque Dios los hizo así, sino los soportó así. Si no fuese así, ¿por qué diría la misma carta a los Romanos que los que se pierden lo hacen por menospreciar la bondad de Dios? “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Rom. 2:4-5). Dios preparó el juicio, pero no preparó a quien estaría en ese juicio de forma innevitable. Los seis versículos que tratan el tema de la predestinación en el Nuevo Testamento tienen como enfoque para qué fuimos predestinados, y no quienes fueron predestinados. Cristo fue predestinado y toda la humanidad puede participar de su elección: Dios ha determinado que “los que están en Cristo” sean “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29-30). El primer Adán pecó y su caída trajo la condenación a toda la humanidad; asimismo, el postrer Adán, que es Cristo, tomó la condenación de toda la humanidad para salvarla toda; más no que la humanidad sea salva de forma universal en automático, sino que fue elegida para salvación si está en Cristo. Para esto, el llamado inicia en Dios, como sostienen los calvinistas; pero requiere la respuesta del hombre, como enseñan los arminianos. Todos somos elegidos en Él y fuera de Él, todos somos condenados. Difiero en parte del arminianismo en que enseña la predestinación sólo a partir del preconocimiento divino de unos que serán salvos y de otros que serán condenados, lo cual en parte es verdad, pero no toda la verdad. Si bien Dios conoció de antemano, no preparó el misterio de Cristo sólo para algunos, sino para todos. En el estricto apego a la Palabra, Dios preparó a Cristo, eligió a Cristo y nosotros sólo podemos ser conocidos por Dios en Cristo. El enfoque es Cristo y no los individuos. De todo lo anterior, se puede desprender el tema de la seguridad de salvación. Veamos primero, la seguridad de salvación respecto de la discusión cristiana. Lo mismo que la predestinación, la doctrina de la seguridad de salvación ha sido igualmente discutida. Y de nuevo se divide principalmente en calvinistas y arminianos, por lo que los mismos argumentos se repiten en este apartado o se derivan de las mismas razones. Definir esto es de suma importancia, pues los extremos pueden llevarnos a dos clases de errores: 1.- Por un lado, si consideramos que el creyente puede perderse después de haber creído genuinamente y convertido a Jesucristo, podemos desarrollar un cristianismo temeroso e inseguro que se ocupe más en asegurarse de sí mismo que de extender el reino de Dios y su propósito. 2.- Por otro lado, si tomamos la salvación como un hecho terminado e imposible de revocar sin importar el pecado del creyente, podemos producir indiferencia a las advertencias y demandas morales que la Biblia hace a los creyentes concluyendo en libertinaje. El problema radica de divorciar las promesas divinas de la responsabilidad humana. Respecto de Dios, la salvación no se pierde; más respecto del hombre, la salvación debe guardarse. La seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes no se pierde. El énfasis está en las promesas divinas. Para el calvinismo la salvación es obra de Dios y el hombre nada puede aportar para la misma, por tanto, tampoco puede hacer nada para evitarla. Sostiene que Dios eligió a algunos para ser salvos y que su salvación no puede ser destruida, citan por ejemplo: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:3-5). De este modo, la seguridad de salvación para el calvinista descansa sobre las promesas de Dios, de modo que hace eco de las palabras de Pablo diciendo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 8:31-39). Todo esto es cierto y maravilloso, sólo que el enfoque calvinista olvida o desconoce voluntariamente que la elección y predestinación, así como toda perseverancia, radica en Cristo. Nada nos puede separar del amor de Dios en Cristo, fuera de Él no hay nada. De parte de Dios no hay falla alguna, pues somos guardados por el poder de Dios, pero “somos guardados mediante la fe” (vuelve a leer 1 Pedro 1:5). La herencia es incorruptible para quien está en Cristo. Es así que podemos comprender pasajes como Juan 10:27-30 “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos”. Para el calvinista este es un fundamento de la imposibilidad de perderse después de haber creído. Repito, en lo que respecta a Dios, esto es imposible, pues en Él no hay falla. Aunque habría de recordar que sus ovejas oyen su voz, no están e desobediencia al Buen Pastor. Es por ello que los verbos relativos a la salvación se dan una y otra vez en presente continuo: a quienes oyen la voz, esto es, están oyendo la voz, es imposible perderse. A quienes creen, es decir, están creyendo, es imposible perderse. A quienes están en Cristo, esto es, permanecen en Cristo, jamás se perderán. Las ovejas siguen su voz, no sólo siguieron alguna vez, sino están siguiendo; por tanto, son salvas. El calvinismo moderado dice que aquel que ha sido salvo nunca se apartará; pero existe otra rama del mismo, el calvinismo recalcitrante que sostiene que aún si el creyente se aparta para practicar el pecado, sólo pierde su gozo y recompensa, más no su salvación. Por demás está decir que podría elogiar un tanto el calvinismo moderado, pero aborrezco por antibíblico y por engañar a las almas exponiéndolas al fuego eterno, el calvinismo recalcitrante. Veamos ahora la seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes si se pierde. El énfasis está en la responsabilidad humana. Para el arminianismo es posible perderse después de haber creído, si se abandona la fe; su demostración se basa principalmente en todas aquellas advertencias bíblicas relativas a la apostasía. Jesús advertía a sus discípulos sobre el peligro de ser engañados (Mateo 24:4, 11-13). Si no fuese posible esto, lógicamente no sería necesaria la advertencia. “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. 5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. 6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7 Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. 8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. 9 Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 12 Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:1-12). Notemos que la experiencia de Israel guarda las mismas experiencias de nuestra propia salvación, ellos como figura apuntando a Cristo, y nosotros como la realidad a partir de Cristo. Fueron salvos de Egipto cruzando el mal como nosotros rescatados del mundo y su sistema esclavizante de pecado; fueron bautizados en agua y Espíritu, por decirlo así; disfrutaron a Cristo como su pan y su agua; pero su pecado, murmuración e idolatría posterior los llevó a perecer. De parte de Dios no hubo falla alguna, simplemente no quisieron seguir en Cristo y como resultado se perdieron. Estas cosas fueron escritas para advertirnos, ¿habría necesidad de tal advertencia si fuera imposible perderse? Este pasaje es muy similar a lo dicho por el escritor a los Hebreos, quien, escribió a los nacionales judíos ante la apostasía a la que estaban siendo tentados de regresar al judaísmo y sus ritos dejando con ello a Cristo: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, 15 entre tanto que se dice: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. 16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?” (Hebreos 3:12-17). Y también: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:1-3). Si aquellos que retrocedieron viviendo durante la era de las figuras y sombras del Antiguo Testamento fueron condenados, ¡cuánto mayor riesgo tienen quienes experimentan la realidad del Nuevo Pacto y vuelven atrás! (No olvides que se escribió a los hebreos que estaban siendo tentados a regresar al judaísmo). No siempre las promesas de Dios referentes a la salvación ponen la condición para su cumplimiento, pero bastan algunas que si lo hagan para que deba utilizarse el mismo principio en todas. Esto es, eres salvo y no te perderás, si dice la Biblia seguida de una condición. Por ejemplo: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro” (Colosenses 1:21-23). Semejante a lo escrito por el mismo apóstol en otra parte: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1-2). El apóstol Pedro lo dice de manera más enfática y hasta dura, dirían algunos: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22). Notemos que los tales ya habían escapado de las contaminaciones del mundo por haber conocido a Jesucristo como su Señor y Salvador, pero que de nuevo volvieron a involucrarse en el pecado; notemos que si conocieron el camino de la justicia, pero se volvieron atrás. ¿Resultado? Volvieron a ser de naturaleza pecaminosa como un perro o un puerco. Hebreos vuelve a advertir algo semejante: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Heb. 6:4-6). Algunos tratan de interpretarlo como una imposibilidad a partir del comienzo del versículo 4, esto es, que es imposible que recaigan y se pierdan quienes experimenten estas cosas; pero no es tal la enseñanza del pasaje, primero, por el propósito del libro; y segundo, no dice que sea imposible que recaigan, sino imposible que sean salvos si recayeron (lo dicho es que la condición de recaído o practica voluntaria del pecado es perdido, pues si volviese a Cristo sería salvo). Luego, se exhorta a alcanzar las promesas de Dios mediante la fe y la paciencia perseverante: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:11-12). Recuerda que los verbos, tanto para salvación como para condenación obedecen a la condición de un presente continuo: el que está pecando o el que está en Cristo. Y aún más tajante lo encontramos palabras adelante: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26-27). La Biblia presenta muchos ejemplos de personas que gustaron la salvación en sus beneficios y riquezas, pero que finalmente dejaron el camino de la verdad por propia decisión: Saúl fue mudado en otro hombre, pero se apartó del Señor al punto de ser endemoniado y condenado. De hecho, Dios no quiso escuchar más sus oraciones (1 Samuel 28:6). Judas, fue llamado apóstol, comisionado y enviado por Dios para sanar enfermos y hacer milagros, incluso estaba presente cuando el Señor les dio la promesa a los doce de sentarse en tronos para juzgar a Israel, pero, como dice la Escritura: “llegó a ser el traidor”, llegó, originalmente no lo era. Pedro dice que se fue “a su propio lugar”, esto es, a lo que él mismo escogió. Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo y fueron muertos por la palabra profética del apóstol Pedro (Hechos 5:1-11). Himeneo y Alejandro desecharon la fe y la buena conciencia por lo que naufragaron en cuanto a la fe (1 Timoeo 1:19-20). Tenemos también los malos ejemplos de Himeneo y Fileto (2 Timoeo 2:16-18); Demas (2 Timoeo 4:10); así como de los falsos maestros y sus seguidores (2 Pedro 2:1-2). La conclusión lógica es que no existirían advertencia de peligros inexistentes ni ejemplos de cosas que no pueden suceder; así como tampoco habría testimonios o casos de personas que les haya sucedido. En cierto modo, la salvación no se pierde, pues es un estado en Cristo, sino que es el hombre quien se pierde al apartarse de Él.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:30
Romanos 8.29-30 Dios también desea hijos y para ellos nos hace pasar por el mismo proceso. Nos engendra, nos forma y luego nos hereda. Eso es la salvación: el proceso mediante el cual Dios obtiene sus hijos. La salvación del hombre ha de ser la salvación completa del hombre, pues de otro modo, algo quedaría perdido bajo el poder de la muerte. Por tanto, la salvación ha de ser espíritu, alma y cuerpo: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 4:17). La salvación del espíritu es vista en la doctrina conocida como la justificación. Al ser justificados somos salvos, nuestra posición es de reconciliados y en paz con Dios: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). Sin embargo, nuestra alma todavía presenta aspectos que parecen contrarios a la salvación: Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado (Romanos 7:25), Además de que nuestro cuerpo está muerto: Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia (Romanos 8:10). El alma ha de ser salvada, para esto, la carta a los Romanos presenta también la doctrina de la santificación. En ella aprendemos que estamos siendo salvos en nuestra alma, proceso que durará toda nuestra vida en este mundo. Una vez cumplido esto, vendrá la salvación del cuerpo, salvación llamada glorificación. Para comprender esto es clave Romanos 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. - Dios le puso vida al espíritu y fuimos salvos. - Dios está llenando de vida el alma por lo que estamos siendo salvos. - Dios pondrá vida a nuestro cuerpo glorificándolo, por lo que seremos finalmente salvos: Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros (Romaos 8:11). Hasta el capítulo 5 estuvo hablando de la salvación de nuestro espíritu o justificación. Del capítulo 5 al 8 habla de la salvación de nuestra alma o santificación. Y a partir del capítulo 8 comienza a hablar de la salvación de nuestro cuerpo o glorificación. Todos nosotros nos encontramos en la mitad de este proceso, estamos siendo salvos. La idea es ir creciendo en madurez hacia la glorificación Primero somos hijos pequeños de Dios: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos (teknón) de Dios” (Romanos 8:16). Luego debemos crecer a hijos maduros de Dios: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Rom. 8:14, 17). Para lograr eso hay una obra interna de santificación (Romanos 8:26-27) y sólo así llega la última parte del proceso de la salvación, la obra externa de transformación o glorificación de nuestro cuerpo (Romanos 8:18-19; 28-29). El propósito de este largo proceso de salvación es producir hijos a Dios: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). El Hijo de Dios es el prototipo, siempre ha sido Dios, pero al hacerse Hombre fue establecido como el modelo a partir del cual deben ser producidos los demás hijos de Dios. Como una gran maquiladora celestial que usa el molde Cristo para producir más “cristos”. No que haya más, pero si de Uno sacó a muchos. Así que la glorificación no tiene como propósito que seamos brillantes, sino que seamos Cristo. A la imagen del Hijo para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. La meta no es el cielo, no se trata de ir, sino de traer el cielo. La meta no es la recompensa, sino que Dios obtenga hijos. En el principio de los tiempos nadie entendió por qué Dios sacó del cielo al rebelde querubín que quiso ser como Dios y le dedicó todo su amor a una criatura hecha de polvo, muy frágil y absolutamente falible. Los cielos se escandalizaron al ver cómo Dios envió a su Hijo en forma de uno de esos seres tan insignificantes y para colmo, tomar sobre sí todas sus deficiencias y maldades, así como su ruina y dolores para morir. Veo a los ángeles horrorizados y al infierno haciendo fiesta. …pero no conocían el plan. ¡El Hijo se levantó! Se trataba de una semilla: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de tierra no cae en la tierra y muere, queda sólo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Sin la muerte sólo habría un Hijo, pero después de la misma y la resurrección, ¡somos muchos los hijos de Dios producidos por Él! Ahora el cielo sabe el por qué Dios hizo lo que hizo. No quería egoístas como el querubín, sino muchos hijos de Dios semejantes al Hijo Primogénito. ¡La sabiduría de Dios! Ahora bien, es imperativo dedicar algunas palabras al ema de la predestinación. Para lo cual, leamos nuevamente: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). La doctrina de la predestinación es enseñada en las Sagradas Escrituras, pero quizá es una de las más mal entendidas de todas. Tenemos principalmente dos posturas en lados opuestos de la misma: por un lado, el Calvinismo, y por el otro, el arminianismo. Clavino. (Jean Cauvin o Calvin) Teólogo y reformador protestante (Nyon, Francia, 1509 - Ginebra, 1564). Fue educado en el catolicismo, realizando estudios de Teología, Humanidades y Derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante -Las instituciones de la religión cristiana-, que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes. En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil. Tuvo su propia inquisición. Un Consistorio de ancianos y de pastores -dotado de amplios poderes para castigar- vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos. La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Por otro lado, tenemos a Jacobo Arminio. (1560-1609). Teólogo holandés; profesor de la Universidad de Leiden. Poco después de entrar en el ministerio, Armínio se encontró en una controversia sobre el tema de la predestinación. En 1578, dos ministros de Delft, habían debatido el Calvinismo con un humanista holandés, el cual había tenido una disputa con Calvino acusándolo de “representar a Dios como el autor del pecado”. La iglesia en Amsterdam le pidió a Armínio que refutara al humanista holandés, pero en vez de eso fue convencido por el pastor que le precedió en la iglesia para que refutara a los ministros de Delft. Fue durante este periodo de estudio en preparación para refutar a dichos ministros, que Armínio sufrió una transformación teológica, y “se convirtió a las mismas opiniones a las que le pidieron refutar”. Armínio tuvo cuatro disputas significativas sobre el Calvinismo durante su ministerio. Fue severamente atacado por ciertos Calvinistas infatigables entre los que se encontraban Petros Plancius, Franciscus Junios, William Perkins, y Franciscus Gomarus. Debido a esto, los Calvinistas acusaron a Armínio de seguir al Catolicismo, Socianismo, y Pelagianismo. La asociación con estas doctrinas se debían a que como el Católicismo negaba la predestinación, cualquiera que la negara debía ser católico. De igual forma porque el Socianismo rechazaba la predestinación, Armínio fue asociado con esta doctrina. Pero quizás la peor acusación sea la de aceptar el Pelagianismo. Esta era la favorita acusación de los Calvinistas, la cual Armínio repudió de forma tajante. Armínio reconoció que la siguiente acusación era una táctica empleada por los Calvinistas contra cualquiera que rechazase el Calvinismo: “Si se presenta cualquier contradicción a ésta doctrina (Calvinismo), Dios es deprivado de su gloria y gracia, y entonces el mérito de la salvación se atribuye al libre albedrío del hombre y a sus propios poderes y fuerza—lo que favorece al Pelagianismo”. Es interesante notar que el mismo Calvino tuvo que defenderse en 1549 de cargos de Pelagianismo. Además de ser injustamente acusado de herejías que igualmente rechazaban el Calvinismo, Armínio fue acusado de apartarse de los credos aceptados por las iglesias Reformadas: El catecismo de Heidelberg y la Confesión Belga. Armínio respondió con ímpetu que nunca había enseñado ni deseado enseñar nada que fuera contrario a la Confesión o Catecismo oficial. Armínio fue un teólogo Reformado Holandés, pero estaba en desacuerdo con las doctrinas Calvinistas. El redujo la controversia a dos preguntas: “¿Creemos porque hemos sido elegidos, o somos elegidos porque hemos creído?” A pesar que los términos Arminiano o Arminianismo se empezaron a usar poco después de la muerte de Arminio, con el tiempo se adjudicaron a cualquiera que no comulgara con el Calvinismo. Con esta división arbitraria de Cristianos en dos clases, o solo dos opiniones con las que catalogar a los creyentes, ha sido fácil asociar al Arminianismo con toda clase de herejía habida y por haber, y acusarlos de toda clase de apostasía. Los verdaderos seguidores de Arminio son los que reclaman su nombre para si mismos—y se encuentran en tres grupos: 1. Los que lo sucedieron después de su muerte en la iglesia Reformada de Holanda. 2. El segundo grupo empieza con John Wesley, el fundador del Metodismo, y sus seguidores. 3. El tercer grupo se encuentra entre los Menonitas, Bautistas, y “evangélicos” que confiesan su nombre. La denominación Bautista llamada Free Will Baptist, (que son los menos) creen que la salvación se puede perder. A este grupo también pertenecen los Nazarenos, Weslianos, y los Pentecostales. Veamos la predestinación y el Calvinismo. Para el calvinismo, la predestinación es el acto absoluto y soberano de Dios de elegir para vida eterna a unos y para muerte eterna a otros. Basa su argumentación no sólo en pasajes bíblicos que hablan de la elección divina, sino en la soberanía divina. Para quien considera que Dios es injusto al no elegir a todos para salvación responde con las palabras del apóstol Pablo: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Rom. 9:20-21). El calvinismo considera que toda la humanidad se encuentra en una completa depravación e incapacidad de responder a la gracia de Dios, a menos de que Dios le conceda precisamente una gracia previa que le ayude a creer y a aceptar el regalo de la vida eterna. El libre albedrío del hombre es considerado sin posibilidad de ejercerlo, suele usarse la ilustración de un ave con ala rota, tiene la voluntad de volar, pero no la capacidad de hacerlo. Un ejemplo de los versículos más utilizados en esta doctrina son: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:4-5). “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16). “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65). “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48). Fueron salvos cien de cien, por decirlo así. “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15-16). El mismo Calvino llamó a su interpretación doctrinal “un horrible decreto”, pero dijo mantener la doctrina a causa de que él la veía en la Biblia. Veamos la predestinación y el Arminianismo. Para el arminianismo, la humanidad es pecadora e incapaz de salvarse a sí misma, pero sí de responder a la oferta de salvación de Dios, pues de otro modo, sostiene, las invitaciones a la salvación que Dios hace a todos carecerían de sentido. No cree que exista un designio de unos para salvación y otros para condenación, sino la oportunidad de Dios a todos los seres humanos. El arminianismo mira la predestinación sólo desde la perspectiva del previo conocimiento de Dios, es decir, a los que Dios sabía en su omnisciencia que habrían de recibir la salvación preparó lo necesario para que así fuese completada: “porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). Algunos de los versículos utilizados por el arminianismo son: “Diles: Vivo yo, dice YHWH el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11). “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4). “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). ¿Qué es lo que yo pienso al respecto de la predestinación. La predestinación y mi fe. Mi postura se inclina más hacia el arminianismo, pero con alguna variante que considero puedo aportar en forma de ciertas ideas que darán luz respecto del exceso calvinista (ideas que no son nuevas, pues no sólo otros las han visto, sino la Palabra de Dios la enseña). Los versículos utilizados por el calvinismo parecen decir que efectivamente Dios predestinó a unos para salvación y a otros para condenación, pero tienen un punto de vista totalmente erróneo: irónicamente exaltan la soberanía de Dios pero interpretan la predestinación a partir del hombre; es decir, suponen que Dios elige a unos distinguiéndolos de otros, cuando la Palabra de Dios es clara en señalar que no existe elección ni predestinación alguna aparte de Jesucristo. Tomemos por ejemplo el primer capítulo de la carta a los Efesios: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef. 1:3-13). La constante repetición «en Él» es la clave de la predestinación y de la elección. Cristo es el elegido y el predestinado y toda la humanidad fue llamada a participar de dicha elección. La conclusión es clara: Dios ha dado los recursos necesarios para salvar a todos los hombres en Cristo, Él es la elección y la predestinación y fuera de Él no existe salvación. La humanidad entera está invitada a la vida eterna y puede entrar en la elección de Dios para ello, esto es, en Cristo. Dios no predestinó a Cristo como individuo, sino a Cristo como la Cabeza de un Hombre corporativo, todos los que sean parte de su cuerpo son participes de la elección. Es decir, ninguno es elegido de forma individual. La voluntad de Dios en su propósito eterno es elegir a Jesucristo y toda la raza humana está invitada a participar de esta elección en Él: “pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:17-18). Siendo Cristo el elegido, su obra hizo posible a toda la humanidad la elección; sin embargo, no todos viven como elegidos, por ello es necesaria la predicación del evangelio, a fin de que todos los hombres sean conscientes de la elección y se conviertan a Cristo, entrando así en la vida eterna. Debemos decirle a todos que pertenecen a Jesucristo y que la voluntad de Dios es que fueron destinados para Él. Por Él, en Él, y para Él. En Mateo 25:31-46 tenemos la descripción del juicio de los gentiles; en el versículo 34 dice a los salvos: “…venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” De lo cual podría deducirse cierta elección; pero al compararlo con la condenación de quienes se pierden, dice en el versículo 41: “…apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” ¡No dice preparado para vosotros! Es pues la elección de la humanidad para salvación en Cristo, más si alguno no obedece al llamado de venir a Él se pierde a sí mismo tomando el destino que era para el diablo y sus ángeles. Es semejante a lo expresado por Pablo al exaltar la soberanía divina: “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria” (Rom. 9:21-23). Nota que los vasos preparados para gloria fueron preparados por Dios, mientras que los vasos de ira preparados para destrucción fueron soportados con mucha paciencia por Dios. Quienes se pierden dan ocasión a la manifestación de atributos divinos relativos a su ira y justicia, pero no porque Dios los hizo así, sino los soportó así. Si no fuese así, ¿por qué diría la misma carta a los Romanos que los que se pierden lo hacen por menospreciar la bondad de Dios? “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Rom. 2:4-5). Dios preparó el juicio, pero no preparó a quien estaría en ese juicio de forma innevitable. Los seis versículos que tratan el tema de la predestinación en el Nuevo Testamento tienen como enfoque para qué fuimos predestinados, y no quienes fueron predestinados. Cristo fue predestinado y toda la humanidad puede participar de su elección: Dios ha determinado que “los que están en Cristo” sean “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29-30). El primer Adán pecó y su caída trajo la condenación a toda la humanidad; asimismo, el postrer Adán, que es Cristo, tomó la condenación de toda la humanidad para salvarla toda; más no que la humanidad sea salva de forma universal en automático, sino que fue elegida para salvación si está en Cristo. Para esto, el llamado inicia en Dios, como sostienen los calvinistas; pero requiere la respuesta del hombre, como enseñan los arminianos. Todos somos elegidos en Él y fuera de Él, todos somos condenados. Difiero en parte del arminianismo en que enseña la predestinación sólo a partir del preconocimiento divino de unos que serán salvos y de otros que serán condenados, lo cual en parte es verdad, pero no toda la verdad. Si bien Dios conoció de antemano, no preparó el misterio de Cristo sólo para algunos, sino para todos. En el estricto apego a la Palabra, Dios preparó a Cristo, eligió a Cristo y nosotros sólo podemos ser conocidos por Dios en Cristo. El enfoque es Cristo y no los individuos. De todo lo anterior, se puede desprender el tema de la seguridad de salvación. Veamos primero, la seguridad de salvación respecto de la discusión cristiana. Lo mismo que la predestinación, la doctrina de la seguridad de salvación ha sido igualmente discutida. Y de nuevo se divide principalmente en calvinistas y arminianos, por lo que los mismos argumentos se repiten en este apartado o se derivan de las mismas razones. Definir esto es de suma importancia, pues los extremos pueden llevarnos a dos clases de errores: 1.- Por un lado, si consideramos que el creyente puede perderse después de haber creído genuinamente y convertido a Jesucristo, podemos desarrollar un cristianismo temeroso e inseguro que se ocupe más en asegurarse de sí mismo que de extender el reino de Dios y su propósito. 2.- Por otro lado, si tomamos la salvación como un hecho terminado e imposible de revocar sin importar el pecado del creyente, podemos producir indiferencia a las advertencias y demandas morales que la Biblia hace a los creyentes concluyendo en libertinaje. El problema radica de divorciar las promesas divinas de la responsabilidad humana. Respecto de Dios, la salvación no se pierde; más respecto del hombre, la salvación debe guardarse. La seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes no se pierde. El énfasis está en las promesas divinas. Para el calvinismo la salvación es obra de Dios y el hombre nada puede aportar para la misma, por tanto, tampoco puede hacer nada para evitarla. Sostiene que Dios eligió a algunos para ser salvos y que su salvación no puede ser destruida, citan por ejemplo: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:3-5). De este modo, la seguridad de salvación para el calvinista descansa sobre las promesas de Dios, de modo que hace eco de las palabras de Pablo diciendo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 8:31-39). Todo esto es cierto y maravilloso, sólo que el enfoque calvinista olvida o desconoce voluntariamente que la elección y predestinación, así como toda perseverancia, radica en Cristo. Nada nos puede separar del amor de Dios en Cristo, fuera de Él no hay nada. De parte de Dios no hay falla alguna, pues somos guardados por el poder de Dios, pero “somos guardados mediante la fe” (vuelve a leer 1 Pedro 1:5). La herencia es incorruptible para quien está en Cristo. Es así que podemos comprender pasajes como Juan 10:27-30 “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos”. Para el calvinista este es un fundamento de la imposibilidad de perderse después de haber creído. Repito, en lo que respecta a Dios, esto es imposible, pues en Él no hay falla. Aunque habría de recordar que sus ovejas oyen su voz, no están e desobediencia al Buen Pastor. Es por ello que los verbos relativos a la salvación se dan una y otra vez en presente continuo: a quienes oyen la voz, esto es, están oyendo la voz, es imposible perderse. A quienes creen, es decir, están creyendo, es imposible perderse. A quienes están en Cristo, esto es, permanecen en Cristo, jamás se perderán. Las ovejas siguen su voz, no sólo siguieron alguna vez, sino están siguiendo; por tanto, son salvas. El calvinismo moderado dice que aquel que ha sido salvo nunca se apartará; pero existe otra rama del mismo, el calvinismo recalcitrante que sostiene que aún si el creyente se aparta para practicar el pecado, sólo pierde su gozo y recompensa, más no su salvación. Por demás está decir que podría elogiar un tanto el calvinismo moderado, pero aborrezco por antibíblico y por engañar a las almas exponiéndolas al fuego eterno, el calvinismo recalcitrante. Veamos ahora la seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes si se pierde. El énfasis está en la responsabilidad humana. Para el arminianismo es posible perderse después de haber creído, si se abandona la fe; su demostración se basa principalmente en todas aquellas advertencias bíblicas relativas a la apostasía. Jesús advertía a sus discípulos sobre el peligro de ser engañados (Mateo 24:4, 11-13). Si no fuese posible esto, lógicamente no sería necesaria la advertencia. “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. 5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. 6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7 Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. 8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. 9 Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 12 Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:1-12). Notemos que la experiencia de Israel guarda las mismas experiencias de nuestra propia salvación, ellos como figura apuntando a Cristo, y nosotros como la realidad a partir de Cristo. Fueron salvos de Egipto cruzando el mal como nosotros rescatados del mundo y su sistema esclavizante de pecado; fueron bautizados en agua y Espíritu, por decirlo así; disfrutaron a Cristo como su pan y su agua; pero su pecado, murmuración e idolatría posterior los llevó a perecer. De parte de Dios no hubo falla alguna, simplemente no quisieron seguir en Cristo y como resultado se perdieron. Estas cosas fueron escritas para advertirnos, ¿habría necesidad de tal advertencia si fuera imposible perderse? Este pasaje es muy similar a lo dicho por el escritor a los Hebreos, quien, escribió a los nacionales judíos ante la apostasía a la que estaban siendo tentados de regresar al judaísmo y sus ritos dejando con ello a Cristo: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, 15 entre tanto que se dice: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. 16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?” (Hebreos 3:12-17). Y también: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:1-3). Si aquellos que retrocedieron viviendo durante la era de las figuras y sombras del Antiguo Testamento fueron condenados, ¡cuánto mayor riesgo tienen quienes experimentan la realidad del Nuevo Pacto y vuelven atrás! (No olvides que se escribió a los hebreos que estaban siendo tentados a regresar al judaísmo). No siempre las promesas de Dios referentes a la salvación ponen la condición para su cumplimiento, pero bastan algunas que si lo hagan para que deba utilizarse el mismo principio en todas. Esto es, eres salvo y no te perderás, si dice la Biblia seguida de una condición. Por ejemplo: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro” (Colosenses 1:21-23). Semejante a lo escrito por el mismo apóstol en otra parte: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1-2). El apóstol Pedro lo dice de manera más enfática y hasta dura, dirían algunos: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22). Notemos que los tales ya habían escapado de las contaminaciones del mundo por haber conocido a Jesucristo como su Señor y Salvador, pero que de nuevo volvieron a involucrarse en el pecado; notemos que si conocieron el camino de la justicia, pero se volvieron atrás. ¿Resultado? Volvieron a ser de naturaleza pecaminosa como un perro o un puerco. Hebreos vuelve a advertir algo semejante: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Heb. 6:4-6). Algunos tratan de interpretarlo como una imposibilidad a partir del comienzo del versículo 4, esto es, que es imposible que recaigan y se pierdan quienes experimenten estas cosas; pero no es tal la enseñanza del pasaje, primero, por el propósito del libro; y segundo, no dice que sea imposible que recaigan, sino imposible que sean salvos si recayeron (lo dicho es que la condición de recaído o practica voluntaria del pecado es perdido, pues si volviese a Cristo sería salvo). Luego, se exhorta a alcanzar las promesas de Dios mediante la fe y la paciencia perseverante: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:11-12). Recuerda que los verbos, tanto para salvación como para condenación obedecen a la condición de un presente continuo: el que está pecando o el que está en Cristo. Y aún más tajante lo encontramos palabras adelante: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26-27). La Biblia presenta muchos ejemplos de personas que gustaron la salvación en sus beneficios y riquezas, pero que finalmente dejaron el camino de la verdad por propia decisión: Saúl fue mudado en otro hombre, pero se apartó del Señor al punto de ser endemoniado y condenado. De hecho, Dios no quiso escuchar más sus oraciones (1 Samuel 28:6). Judas, fue llamado apóstol, comisionado y enviado por Dios para sanar enfermos y hacer milagros, incluso estaba presente cuando el Señor les dio la promesa a los doce de sentarse en tronos para juzgar a Israel, pero, como dice la Escritura: “llegó a ser el traidor”, llegó, originalmente no lo era. Pedro dice que se fue “a su propio lugar”, esto es, a lo que él mismo escogió. Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo y fueron muertos por la palabra profética del apóstol Pedro (Hechos 5:1-11). Himeneo y Alejandro desecharon la fe y la buena conciencia por lo que naufragaron en cuanto a la fe (1 Timoeo 1:19-20). Tenemos también los malos ejemplos de Himeneo y Fileto (2 Timoeo 2:16-18); Demas (2 Timoeo 4:10); así como de los falsos maestros y sus seguidores (2 Pedro 2:1-2). La conclusión lógica es que no existirían advertencia de peligros inexistentes ni ejemplos de cosas que no pueden suceder; así como tampoco habría testimonios o casos de personas que les haya sucedido. En cierto modo, la salvación no se pierde, pues es un estado en Cristo, sino que es el hombre quien se pierde al apartarse de Él.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:31
Romanos 8.31-32 Somos una especie resistente; tenemos la capacidad de sobrevivir a las peores circunstancias. Hay personas viviendo en los polos y también en el desierto. Fuimos creados para ser invencibles. Y el cristiano mucho más, pues venció mil persecusiones. El contexto de este versículo es que podemos vencer la carne y las aflicciones de este mundo. Lo que sea que enfrentemos, finalmente seremos glorificados. De hecho, “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (vr. 28). Todas las cosas sinergian (gr.), están actuando en conjunto para ayudarnos a alcanzar el propósito final de nuestra existencia. Claro, a los que aman a Dios. Así que, ¿qué diremos ante las malas circunstancias? Mucho se habla de lo que experimentamos. Es común pasar un mal momento y contárselo a todos. Sin embargo, ese no es el carácter de un campeón; un vencedor no gusta de contar su dolor ni ir sufriendo por la vida. ¿Qué, pues, diremos de una pandemia o de la crisis económica? Hablaremos el bien, contaremos que somos vencedores en medio de cualquier circunstancia. Después resulta ridículo lo que dijimos o cómo nos comportamos al quejarnos, una vez que ha pasado todo. Lo que habremos de asegurarnos, es que Dios esté con nosotros. ¿Qué dirás en la escasez? Que Dios es tu Sustento. ¿Qué dirás en la enfermedad? Que Dios es tu Sanador. ¿Qué dirás en la crisis económica? Que Dios es tu Restaurador. El centro no es estar libre de problemas, cosa deseable, pero irreal en este mundo; el asunto es tener a Dios con nosotros en todo tiempo.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:32
Romanos 8.31-32 Somos una especie resistente; tenemos la capacidad de sobrevivir a las peores circunstancias. Hay personas viviendo en los polos y también en el desierto. Fuimos creados para ser invencibles. Y el cristiano mucho más, pues venció mil persecuciones. El contexto de este versículo es que podemos vencer la carne y las aflicciones de este mundo. Lo que sea que enfrentemos, finalmente seremos glorificados. De hecho, “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (vr. 28). Todas las cosas sinergian (gr.), están actuando en conjunto para ayudarnos a alcanzar el propósito final de nuestra existencia. Claro, a los que aman a Dios. Así que, ¿qué diremos ante las malas circunstancias? Mucho se habla de lo que experimentamos. Es común pasar un mal momento y contárselo a todos. Sin embargo, ese no es el carácter de un campeón; un vencedor no gusta de contar su dolor ni ir sufriendo por la vida. ¿Qué, pues, diremos de una pandemia o de la crisis económica? Hablaremos el bien, contaremos que somos vencedores en medio de cualquier circunstancia. Después resulta ridículo lo que dijimos o cómo nos comportamos al quejarnos, una vez que ha pasado todo. Lo que habremos de asegurarnos, es que Dios esté con nosotros. ¿Qué dirás en la escasez? Que Dios es tu Sustento. ¿Qué dirás en la enfermedad? Que Dios es tu Sanador. ¿Qué dirás en la crisis económica? Que Dios es tu Restaurador. El centro no es estar libre de problemas, cosa deseable, pero irreal en este mundo; el asunto es tener a Dios con nosotros en todo tiempo. Romanos 8.32 Dios nos entregó a su Hijo. Lo primero que nos dio fue la cruz de Cristo. No hay nada más valioso para el Padre Celestial que su Hijo. El cielo con todo lo que tiene poco importa ante esto; igualmente, el universo entero es nada ante la sombra incomparable del Hijo de Dios. Sin embargo, ya nos dio a su Hijo, ¿qué es el resto, cuando la garantía vale más que el pago final? Normalmente se entrega un anticipo de lo que se ha pactado. Por ejemplo, si han de pagarse cierta cantidad, podría pedirse un quince o veinte por ciento en garantía del resto. De esa manera, si no se cumple con el pago final, la persona afrentada se queda con la garantía sin entregar lo convenido. ¡Pero Dios nos dio en garantía lo más! ¡Qué importa lo menos! ¿Todavía tienes dudas de que te libraría o te sustentará en los asuntos de esta vida?
— Roberto Tinoco
Romanos 8:33
Romanos 8.33 Las acusaciones en este mundo son cosa común y para los creyentes de la generación de Pablo podían ser acusaciones de consecuencias mortales. De hecho, así murieron casi todos los primeros apóstoles, incluyendo a Pablo. De manera que el apóstol no está dando importancia a las consecuencias de las acusaciones terrenales; sino a la realidad eterna: ¿qué puede hacer una acusación humana ante la justificación divina? Podemos ser vistos injustos y acusados de todo mal; pero si Dios nos ha dado vida eterna teniéndonos por justos en Cristo Jesús, la consecuencia terrenal carece de repercusiones eternas.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:34
Romanos 8.34 La lógica apostólica es clara: no puedes condenarte si tu Juez es también tu Salvador; y más aún, si para salvarte tomó tu lugar muriendo. Y si a esto le sumas que el mismo Salvador resucitó para ser tu Abogado celestial, no hay manera en la que puedas condenarte. Necesitas rechazar al Salvador y Abogado para enfrentarte al Juez. ¡Glorioso! ¡Magistral!
— Roberto Tinoco
Romanos 8:35
Romanos 8.35-36 Siguiendo la lógica de los versículos anteriores, el inspirado autor da conclusiones a manera de preguntas: si el Juez es el mismo que el Salvador y el Abogado no puedes condenarte estando en Cristo. No existe nada que pueda separarte de este amor. ¿Cómo vamos a dejar a Cristo si en Él estamos seguros? Pablo no está diciendo que no exista la posibilidad de apostatar de la fe, puesto que la evidencia empírica muestra que muchos se apartaron y con ello, se condenaron; recuerda que el mismo apóstol insta a ocuparte en la salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12); así como advierte que eres salvo sólo si te mantienes en la fe de Cristo, pero si dejas dicha fe, creíste en vano (1 Corintios 15:1-2). Lo que si está diciendo es que debido a la comprensión de quién es Cristo Jesús como Salvador y Abogado nuestro (contexto), no lo dejaremos en ninguna circunstancia. No está haciendo una aseveración de imposibilidad, sino una declaración emocionante de victoria en gratitud al amor de Cristo: “¿cómo voy a dejarlo si me ha amado tanto? ¡Nada me apartará de su amor!” Y en su pregunta menciona precisamente las cosas que había sufrido como siervo de Jesucristo y que lejos de apartarse del Señor, decidió servirlo hasta la muerte. La generación de los mártires tuvo grandes héroes, leales y consagrados que prefirieron morir antes que dejar a Cristo. Por ello cita la Escritura (Salmo 44:22), dejando en claro que no se trataba de algo no previsto por Dios como si las tinieblas o los enemigos del evangelio tomaran alguna ventaja. Dios había previsto que la iglesia se extendiera a partir de la sangre de los mártires. Cabe señalar que dichos mártires son vistos como ovejas, animales de sacrificio. Su muerte fue una ofrenda agradable a Dios y tiene la más alta recompensa, la superresurrección, el Lugar Santísimo o Nueva Jerusalén.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:36
Romanos 8.35-36 Siguiendo la lógica de los versículos anteriores, el inspirado autor da conclusiones a manera de preguntas: si el Juez es el mismo que el Salvador y el Abogado no puedes condenarte estando en Cristo. No existe nada que pueda separarte de este amor. ¿Cómo vamos a dejar a Cristo si en Él estamos seguros? Pablo no está diciendo que no exista la posibilidad de apostatar de la fe, puesto que la evidencia empírica muestra que muchos se apartaron y con ello, se condenaron; recuerda que el mismo apóstol insta a ocuparte en la salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12); así como advierte que eres salvo sólo si te mantienes en la fe de Cristo, pero si dejas dicha fe, creíste en vano (1 Corintios 15:1-2). Lo que si está diciendo es que debido a la comprensión de quién es Cristo Jesús como Salvador y Abogado nuestro (contexto), no lo dejaremos en ninguna circunstancia. No está haciendo una aseveración de imposibilidad, sino una declaración emocionante de victoria en gratitud al amor de Cristo: “¿cómo voy a dejarlo si me ha amado tanto? ¡Nada me apartará de su amor!” Y en su pregunta menciona precisamente las cosas que había sufrido como siervo de Jesucristo y que lejos de apartarse del Señor, decidió servirlo hasta la muerte. La generación de los mártires tuvo grandes héroes, leales y consagrados que prefirieron morir antes que dejar a Cristo. Por ello cita la Escritura (Salmo 44:22), dejando en claro que no se trataba de algo no previsto por Dios como si las tinieblas o los enemigos del evangelio tomaran alguna ventaja. Dios había previsto que la iglesia se extendiera a partir de la sangre de los mártires. Cabe señalar que dichos mártires son vistos como ovejas, animales de sacrificio. Su muerte fue una ofrenda agradable a Dios y tiene la más alta recompensa, la superresurrección, el Lugar Santísimo o Nueva Jerusalén.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:37
Romanos 8.37 Lee las notas a los versículos anteriores, Pablo es parte de la generación de los mártires que dieron sus vidas por aquel que murió por todos, Jesucristo. ¿Cómo habrían de apartarse del Salvador que llevó nuestros pecados y ahora es nuestro Abogado? Persecuciones y sufrimientos no pueen apartar al que está viviendo a Cristo en su muerte y resurrección; ”antes, en todas esas cosas, somos más que vencedores por medio de Cristo, quien nos amó hasa la muerte”. Antes de considerar el problema, piensa que ya eres un vencedor. Antes de sufrir por la situación, siente la gloria de saberte vencedor. Antes de preocuparte por el mañana, sabe que ya eres el vencedor. Cuando todo haya terminado, seguirás aquí. Tu problema acabará y seguirás aquí. Pero, todo esto sólo es, si tu quieres. Tienes la opción de ser un vencedor o dejarte vencer. Puedes ser el campeón o el derrotado, lo que tu quieras. Enfrentaremos muchas cosas, pero Cristo nos ha amado haqsta la muere y la resurrección para ser vencedores de la muere viviendo en el poder de la resurrección. Y no solo vencedores, sino más que vencedores. ¿A qué se refiere esto? Permíteme ilustrarlo: El boxeador entrenó arduamente y es vencedor; pero la esposa del boxeador no entrenó y recibió el cheque pagado de su marido, ella es más que vencedora. Cristo hizo todo muriendo en nuestro lugar y venció resucitando sentándose a la diesta del Padre para hacernos más que vencedores en Él, ya que recibimos los beneficios de su obra.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:38
Romanos 8.38-39 Lee los versículos anteriores y las notas respectivas para comprender este grito de victoria del apóstol Pablo, símbolo de una generación de mártires que entendieron cómo vivir a Cristo en su muerte y resurrección. Los que así conocemos el amor del Salvador y Abogado nuestro, Jesucristo, esamos absolutamente seguros de vivir en su muerte y resurrección sin que nada pueda apartarnos de Él. Los que apostatan o dejan la fe no tuvieron tal seguridad. No se trata de un más o menos ni de a lo mejor; estamos completa y absolutamente seguros: somos más que vencedores. Ten la completa seguridad y serás más que vencedor. Muchos de los que fracasan, fracasan porque antes de intentarlo dudan. Se convencen a sí mismos de que no lo lograrán y efectivamente, no lo logran. Pero nosostros estamos absolutamente seguros: en Cristo, por su amor, somos más que vencedores. Cuando la circunstancia quiera hacerte llorar, ¡ríete en su cara! Sé invencible. Los actores pueden salir a escena a pesar de haber recibido una mala noticia y dicen: “el show debe continuar”. Tu puedes seguir feliz, porque el reino debe continuar. ¿Qué hay más importante que la vida y la muerte? Pues ni eso puede vencernos; ¡en Cristo somos eternos! ¿Qué más poderoso que ángeles, principados y potestades? Pues ni eso puede vencernos; ¡en Cristo somos hijos de Dios! ¿Qué más relevante que lo presente y más esperanzador que lo porvenir? Pero ni eso puede vencernos; ¡en Cristo tenemos un presente bendecido y un porvenir glorioso! Un campeón de peso completo no se preocupa con las palabras de un peso paja; y un cristiano más que vencedor no pierde su alegría por las cosas de este mundo. Cosas espectaculares existen en lo alto, lo celestial es inconmensurable; y cosas misteriosas y hasta temibles existen en lo profundo; pero ni lo uno ni lo otro tiene efecto sobre nosotros; pues en Cristo Jesús, Señor nuestro, ¡somos más que vencedores! ¿Comprendes: ninguna cosa creada? ¿Pandemia? También fue creada. ¿Crisis? También fue creada. ¡Ninguna cosa creada! ¡Ninguna! ¡Ninguna cosa creada! Has sido atrapado y cercado por el amor de Dios. Tienes que pasar por encima de Dios para llegar a ti. Volvamos al ejemplo de la esposa del boxeador que mencioné líneas atrás: si a ella la ofendiera otro boxeador, no tiene que subirse al ring, su marido lo hará por ella.
— Roberto Tinoco
Romanos 8:39
Romanos 8.38-39 Lee los versículos anteriores y las notas respectivas para comprender este grito de victoria del apóstol Pablo, símbolo de una generación de mártires que entendieron cómo vivir a Cristo en su muerte y resurrección. Los que así conocemos el amor del Salvador y Abogado nuestro, Jesucristo, esamos absolutamente seguros de vivir en su muerte y resurrección sin que nada pueda apartarnos de Él. Los que apostatan o dejan la fe no tuvieron tal seguridad. No se trata de un más o menos ni de a lo mejor; estamos completa y absolutamente seguros: somos más que vencedores. Ten la completa seguridad y serás más que vencedor. Muchos de los que fracasan, fracasan porque antes de intentarlo dudan. Se convencen a sí mismos de que no lo lograrán y efectivamente, no lo logran. Pero nosostros estamos absolutamente seguros: en Cristo, por su amor, somos más que vencedores. Cuando la circunstancia quiera hacerte llorar, ¡ríete en su cara! Sé invencible. Los actores pueden salir a escena a pesar de haber recibido una mala noticia y dicen: “el show debe continuar”. Tu puedes seguir feliz, porque el reino debe continuar. ¿Qué hay más importante que la vida y la muerte? Pues ni eso puede vencernos; ¡en Cristo somos eternos! ¿Qué más poderoso que ángeles, principados y potestades? Pues ni eso puede vencernos; ¡en Cristo somos hijos de Dios! ¿Qué más relevante que lo presente y más esperanzador que lo porvenir? Pero ni eso puede vencernos; ¡en Cristo tenemos un presente bendecido y un porvenir glorioso! Un campeón de peso completo no se preocupa con las palabras de un peso paja; y un cristiano más que vencedor no pierde su alegría por las cosas de este mundo. Cosas espectaculares existen en lo alto, lo celestial es inconmensurable; y cosas misteriosas y hasta temibles existen en lo profundo; pero ni lo uno ni lo otro tiene efecto sobre nosotros; pues en Cristo Jesús, Señor nuestro, ¡somos más que vencedores! ¿Comprendes: ninguna cosa creada? ¿Pandemia? También fue creada. ¿Crisis? También fue creada. ¡Ninguna cosa creada! ¡Ninguna! ¡Ninguna cosa creada! Has sido atrapado y cercado por el amor de Dios. Tienes que pasar por encima de Dios para llegar a ti. Volvamos al ejemplo de la esposa del boxeador que mencioné líneas atrás: si a ella la ofendiera otro boxeador, no tiene que subirse al ring, su marido lo hará por ella.
— Roberto Tinoco