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1 Corintios 10

Lecciones de la idolatría de Israel

1Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;🗨 2y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,🗨 3y todos comieron el mismo alimento espiritual,🗨 4y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.🗨 5Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.🗨 6Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.🗨 7Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.🗨 8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.🗨 9Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.🗨 10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.🗨 11Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.🗨 12Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.🗨 13No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.🗨 14Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.🗨 15Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo.🗨 16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?🗨 17Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.🗨 18Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar?🗨 19¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?🗨 20Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.🗨 21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.🗨 22¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?🗨 23Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.🗨 24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.🗨 25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia;🗨 26porque del Señor es la tierra y su plenitud.🗨 27Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia.🗨 28Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud.🗨 29La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?🗨 30Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias?🗨 31Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.🗨 32No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios;🗨 33como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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1 Corintios 10: RV60

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1 Corintios 10:1

Comentario general

10.1-2 ¿Qué es el bautismo? ¿Era la idea de Dios simplemente remojar creyentes? No lo creo. El bautismo significa muerte, sepultura y resurrección. Primero de Cristo y segundo, de nosotros en Cristo: porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Rom. 6:4). Sin embargo, en 1 Corintios 10, las sagradas Escrituras nos presentan el bautismo de manera doble, ¿acaso hay dos bautismos? ¿Qué no dice la Palabra “un bautismo? ¿Cómo es esto? Su propósito es introducirnos en un solo Dios mediante un proceso de varias partes. Veamos: Primero fueron bautizados en la nube. Cuando los israelitas fueron perseguidos por los egipcios en su salida de Egipto, la nube de gloria que iba delante de ellos guiándolos se elevó pasando por encima de ellos hasta ponerse a sus espaldas separándolos de faraón. Esto fue un “sumergirles” (bautizarles) en la gloria de Dios. El propósito de este bautismo era introducirlos en Dios para guiarles y protegerles. Dios primero los guió delante de ellos y luego los protegió del ejército de faraón al ponerse a las espaldas de Israel: Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros (Éxodo 14:19-20). Lo anterior es figura del Espíritu Santo en el creyente, el cual, no solo nos guía a toda verdad y a toda justicia, sino que además nos llena de poder para vencer y servir a Dios: pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad… (Juan 16:13). …recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo… (Hechos 1:8). Luego fueron bautizados en el mar. Una vez que Dios hizo separación entre faraón e Israel mediante la nube de gloria, les ordenó avanzar dándoles poder de abrir el mar rojo. Fue como si se sumergieran (bautizaran) en el mar. Este bautismo tenía el propósito de separarlos de Egipto. En otras palabras, la idea era librarlos de una vez y para siempre de la influencia y del poder de Egipto: …porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis (Éxodo 14:13). Lo anterior significa separar al cristiano del estilo de conducta del mundo. El bautismo salva al creyente del mundo, es decir, lo separa: El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo (1 Pedro 3:21). Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Rom. 6:4). El evangelio se caracteriza por pregonar libertad a los cautivos y liberar a los oprimidos por el diablo. Todo cristiano debe experimentar el doble bautismo, por un lado ser liberado de la influencia del mundo mediante el bautismo en agua, como un pacto de separación y testimonio de conversión; y por otro lado, ser liberado del poder del diablo y guiándolo mediante el bautismo en el Espíritu con poder y dones espirituales para servir a Dios. ¿Deseas ejemplos bíblicos de este doble bautismo? Tenemos primero el testimonio de Juan el Bautista: yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11; confirmado por Jesús Hechos 1:4, 5, 8). Esto se cumplió el día de Pentecostés cuando vino sobre los creyentes el Espíritu Santo con sonido como de un viento recio y como fuego sobre las cabezas de los discípulos (Hechos 2:1-4). Tenemos también la enseñanza de Jesús acerca de nacer del agua y del Espíritu: respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5). Cristo y sus discípulos ordenaban y ministraban el bautismo en agua y en el Espíritu Santo (Mar. 16:15-16; Mat. 28:18-20; Hechos 2:38-39). Y lo vemos también en la experiencia de los apóstoles: Pedro en casa de Cornelio fue testigo de cómo el Espíritu Santo bautizó a los presentes mientras el apóstol predicaba la Palabra. Ante lo cual, los judaizantes de Jerusalén que lo acompañaron cuestionaban al respecto. La respuesta de Pedro era que si habían recibido el bautismo en el Espíritu no debían negarles el bautismo en agua tampoco (Hechos 10:47). Y Pablo encontró después a unos discípulos en Éfeso, luego de interrogarles se dio cuenta de que no tenían ni el bautismo en el Espíritu ni el bautismo en agua, así que les ministró ambos bautismos (Hechos 19). Sin embargo, cuando el apóstol Pablo relata la experiencia de los israelitas en el capítulo 10 de Corintios, es enfático en recalcar la palabra “todos” en contraste con la expresión “los más de ellos”. Esto es muy significativo. La experiencia de Israel es un ejemplo y advertencia para los creyentes de hoy a fin de que no vayan a perder su salvación (1 Cor. 10:1-13). ¿No te dice nada esta advertencia? Estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros; si no tuviéramos riesgo alguno, ¿qué necesidad habría de dicha advertencia? Demasiados creyentes pasan por ambos bautismos para luego perder todo como si nunca hubieran sido sumergidos en el Señor. No olvides las palabras del Espíritu dichas en esta misma carta: “…si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Cor. 15:1-2).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:2

Comentario general

10.1-2 ¿Qué es el bautismo? ¿Era la idea de Dios simplemente remojar creyentes? No lo creo. El bautismo significa muerte, sepultura y resurrección. Primero de Cristo y segundo, de nosotros en Cristo: porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Rom. 6:4). Sin embargo, en 1 Corintios 10, las sagradas Escrituras nos presentan el bautismo de manera doble, ¿acaso hay dos bautismos? ¿Qué no dice la Palabra “un bautismo? ¿Cómo es esto? Su propósito es introducirnos en un solo Dios mediante un proceso de varias partes. Veamos: Primero fueron bautizados en la nube. Cuando los israelitas fueron perseguidos por los egipcios en su salida de Egipto, la nube de gloria que iba delante de ellos guiándolos se elevó pasando por encima de ellos hasta ponerse a sus espaldas separándolos de faraón. Esto fue un “sumergirles” (bautizarles) en la gloria de Dios. El propósito de este bautismo era introducirlos en Dios para guiarles y protegerles. Dios primero los guió delante de ellos y luego los protegió del ejército de faraón al ponerse a las espaldas de Israel: Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros (Éxodo 14:19-20). Lo anterior es figura del Espíritu Santo en el creyente, el cual, no solo nos guía a toda verdad y a toda justicia, sino que además nos llena de poder para vencer y servir a Dios: pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad… (Juan 16:13). …recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo… (Hechos 1:8). Luego fueron bautizados en el mar. Una vez que Dios hizo separación entre faraón e Israel mediante la nube de gloria, les ordenó avanzar dándoles poder de abrir el mar rojo. Fue como si se sumergieran (bautizaran) en el mar. Este bautismo tenía el propósito de separarlos de Egipto. En otras palabras, la idea era librarlos de una vez y para siempre de la influencia y del poder de Egipto: …porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis (Éxodo 14:13). Lo anterior significa separar al cristiano del estilo de conducta del mundo. El bautismo salva al creyente del mundo, es decir, lo separa: El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo (1 Pedro 3:21). Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Rom. 6:4). El evangelio se caracteriza por pregonar libertad a los cautivos y liberar a los oprimidos por el diablo. Todo cristiano debe experimentar el doble bautismo, por un lado ser liberado de la influencia del mundo mediante el bautismo en agua, como un pacto de separación y testimonio de conversión; y por otro lado, ser liberado del poder del diablo y guiándolo mediante el bautismo en el Espíritu con poder y dones espirituales para servir a Dios. ¿Deseas ejemplos bíblicos de este doble bautismo? Tenemos primero el testimonio de Juan el Bautista: yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11; confirmado por Jesús Hechos 1:4, 5, 8). Esto se cumplió el día de Pentecostés cuando vino sobre los creyentes el Espíritu Santo con sonido como de un viento recio y como fuego sobre las cabezas de los discípulos (Hechos 2:1-4). Tenemos también la enseñanza de Jesús acerca de nacer del agua y del Espíritu: respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5). Cristo y sus discípulos ordenaban y ministraban el bautismo en agua y en el Espíritu Santo (Mar. 16:15-16; Mat. 28:18-20; Hechos 2:38-39). Y lo vemos también en la experiencia de los apóstoles: Pedro en casa de Cornelio fue testigo de cómo el Espíritu Santo bautizó a los presentes mientras el apóstol predicaba la Palabra. Ante lo cual, los judaizantes de Jerusalén que lo acompañaron cuestionaban al respecto. La respuesta de Pedro era que si habían recibido el bautismo en el Espíritu no debían negarles el bautismo en agua tampoco (Hechos 10:47). Y Pablo encontró después a unos discípulos en Éfeso, luego de interrogarles se dio cuenta de que no tenían ni el bautismo en el Espíritu ni el bautismo en agua, así que les ministró ambos bautismos (Hechos 19). Sin embargo, cuando el apóstol Pablo relata la experiencia de los israelitas en el capítulo 10 de Corintios, es enfático en recalcar la palabra “todos” en contraste con la expresión “los más de ellos”. Esto es muy significativo. La experiencia de Israel es un ejemplo y advertencia para los creyentes de hoy a fin de que no vayan a perder su salvación (1 Cor. 10:1-13). ¿No te dice nada esta advertencia? Estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros; si no tuviéramos riesgo alguno, ¿qué necesidad habría de dicha advertencia? Demasiados creyentes pasan por ambos bautismos para luego perder todo como si nunca hubieran sido sumergidos en el Señor. No olvides las palabras del Espíritu dichas en esta misma carta: “…si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Cor. 15:1-2).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:3

Comentario general

10.3 No hay uno solo en el pueblo de Dios que pueda decir que le faltó alimento. Así como a Israel, la iglesia en el desierto, así también a todo creyente se le ha dado suficiente alimento, natural y espiritual de parte de Dios, para subsistir y desarrollarse. Todos tienen acceso a Cristo y pueden comer de Él en su Palabra cuanto deseen hasta su completa satisfacción. Él es el pan de Vida y por Él vivimos. Si alguno padece necesidad no será porque Dios no le sustente, sino por malas decisiones propias. La generosidad divina es abundante.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:4

Comentario general

10.4 Dios sacó agua de la roca cuando Moisés la golpeó con su vara. Es la figura de la ley cayendo sobre Jesús crucificándole y de ese modo, dando vida a cuantos crean en Él. Durante cuarenta años el pueblo de Israel recibió el suministro del agua de la Roca, la cual los seguía. No importa dónde estuviesen, milagrosamente la Roca estaba ahí y les daba de beber. Ellos creían beber agua física y era cierto; pero más que eso, bebían la bebida espiritual para salvación. Solo una vez debía ser golpeada y después de ello bastaba hablarle para que les diera de beber. Igualmente, Jesús murió una sola vez por nosotros y a partir de entonces está siempre intercediendo por nosotros a la diestra del Padre.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:5

Comentario general

10.5 A pesar de alimentarse de Cristo en el maná y en el agua de la Roca, aun así murieron en el desierto, la mayoría de ellos, pereciendo como si no fuesen el pueblo de Dios. Dios no se agradó de ellos a causa de sus constantes quejas y murmuraciones, producto de su incredulidad; por ello, quedaron postrados en el desierto. La advertencia para el cristiano de hoy es semejante, aunque sea cristiano puede perderse el cumplimiento de las promesas divinas e incluso su salvación, si no aprecia las riquezas de Cristo siendo incrédulo o rebelde. También ellos daban por sentado su salvación habiendo experimentado la libertad e impresionantes milagros; pero no aprovecharon y murieron como si no hubiesen sido redimidos. Hay creyentes en el Nuevo pacto que viven vidas como de desierto, muy limitados y sin distingo del mundo, incluso tienen un fin semejante por menospreciar su salvación. Si esto no fuese posible, en vano serían tantas advertencias bíblicas.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:6

Comentario general

10.6 Las Escrituras del Antiguo testamento son el tipo o figura de nuestras experiencias cristianas. Parece hablar de hombres y mujeres antiguos, pero en realidad está refiriéndose a nosotros, la iglesia del Nuevo Pacto. No debemos tomar la actitud de “estamos bajo la gracia, es diferente con nosotros”; por el contrario, temamos y tomemos ejemplo, así como advertencia. No codiciemos cosas malas, literalmente, cosas sin valor o que hacen daño. Seamos estrictos en nuestros deseos procurando solo aquellas cosas que corresponden a la vida y a la piedad; no sea que nos deslicemos como ellos. Si hubo malas consecuencias para los que vivían por la sangre de animales, ¡cuánto más tratándose de la sangre del Hijo de Dios!(Heb. 10:26-29).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:7

Comentario general

10.7 Otra de las razones por las que muchos de los israelitas que salieron de Egipto no alcanzaron las promesas de Dios fue la idolatría. Estaban habituados a los ídolos en Egipto y no sacaron estas prácticas de su corazón. Querían ver a su dios e incluso hicieron representaciones de Yahwéh, algo abominable para el Señor. Israel adoró al becerro de oro a quien llamaron erróneamente Yahwéh (tiempo después, engañados por Balaam se dejaron llevar a la fornicación por las moabitas, lo que les costó miles de muertes); luego se levantaron a jugar, del griego país, que significa muchacho; es decir, su idolatría les hizo comportarse como adolescentes sin freno, primero inmaduros y después con descontrol sexual (vr. 8).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:8

Comentario general

10.8 La inmoralidad sexual suele seguir a la idolatría (versículo 7). Este versículo es una referencia a Números 25:1-9; aunque en ese pasaje se mencionan mil muertos más. La diferencia se debe a que primero Dios ordenó a Moisés que mandara matar a los líderes de Israel que estaban detrás de semejante conducta inmoral y después vino una mortandad sobre todos ellos de parte de Dios; de manera que la suma de unos y de otros dio a veinticuatro mil; pero Pablo está citando a aquellos que murieron directamente por la plaga. La revelación de Pablo nos da un detalle adicional del hecho por revelación del Espíritu Santo: mil personas no frenaron al pueblo y provocaron la muerte de muchos otros miles.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:9

Comentario general

10.9 Nuestra versión dice que tentaron al Señor, pero la traducción correcta es, pusieron a prueba a Cristo; así, literalmente. ¿Y por qué a Cristo? Porque Él es el agua de Vida y fue contra Él contra quien se quejaron diciendo que morirían de sed (Ex. 17:2,7). Como consecuencia hubo una terrible plaga de serpientes que mordiendo a muchos murieron por miles. Incluso la salud en aquella ocasión fue mirar un asta de bronce que Dios ordenó hacer a Moisés. Cristo crucificado es nuestra Vida o nuestra muerte, quien cree en Él tiene vida eterna y quien no ha creído ya ha sido condenado (Juan 3:14-18).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:10

Comentario general

10.10 Ligado al versículo anterior, cuando los israelitas murmuraron contra Dios quejándose de la sed (aunque Dios los sustentaba en todo), provocaron la mortandad de muchos por medio de serpientes venenosas. Ese es el destructor, la serpiente. De manera que las palabras no son irrelevantes, sino llaves del reino para luz o para tinieblas. La iglesia debe tener mucho cuidado en lo que expresa, no sea que abra puertas al destructor y algunos de sus miembros perezcan eternamente. Bajo ninguna circunstancia te quejes ni murmures, ni de Dios ni de los hombres. Esto es propio del mal, pero no de los hijos de Dios.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:11

Comentario general

10.11-12 De nuevo, el escritor inspirado por el Espíritu Santo deja en claro que las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento fueron escritas tanto para nuestro ejemplo como para nuestra advertencia. Somos la realidad de la Palabra que ellos representaron simbólicamente; a nosotros la iglesia nos alcanzaron los fines de los siglos; esto es, el cumplimiento de lo escrito. Por tanto, debemos ver la Biblia y caminar con mucho cuidado en la salvación tan grande que hemos recibido, sabiendo que si muchos de ellos tropezaron y no alcanzaron lo prometido, nosotros también estamos bajo riesgo. Si la sombra o figura estuvo bajo riesgo; nosotros la realidad y el cumplimiento lo estamos aun más. La sentencia es determinante: el que piensa estar firme, mire que no caiga. La excesiva confianza ha perdido a muchos; suponer que es imposible perder la salvación coloca al creyente en la indefensión, le hace bajar la guardia y lo coloca en peligro. Mira el Antiguo Testamento y teme. Acerca de la seguridad de salvación, si se pierde o cómo evitarlo, definir esto es de suma importancia, pues los extremos pueden llevarnos a dos clases de errores: Por un lado, si consideramos que el creyente puede perderse fácilmente después de haber creído genuinamente y convertido a Jesucristo, podemos desarrollar un cristianismo temeroso e inseguro que se ocupe más en asegurarse de sí mismo que de extender el reino de Dios y su propósito. Por otro lado, si tomamos la salvación como un hecho terminado e imposible de revocar sin importar el pecado del creyente, podemos producir indiferencia a las advertencias y demandas morales que la Biblia hace a los creyentes concluyendo en libertinaje. El problema radica de divorciar las promesas divinas de la responsabilidad humana. Respecto de Dios, la salvación no se pierde; más respecto del hombre, la salvación debe guardarse. Miremos primero la seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes dicen que no se pierde. El énfasis está en las promesas divinas. Para los tales, la salvación es obra de Dios y el hombre nada puede aportar para la misma, por tanto, tampoco puede hacer nada para evitarla. Sostiene que Dios eligió a algunos para ser salvos y que su salvación no puede ser destruida, citan por ejemplo: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero (1 Pedro 1:3-5). De este modo, la seguridad de salvación para el que supone que no se pierde descansa sobre las promesas de Dios, de modo que hace eco de las palabras de Pablo diciendo: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom. 8:31-39). Todo esto es cierto y maravilloso, solo que este enfoque olvida o desconoce que la elección y predestinación, así como toda perseverancia, radica en Cristo. Nada nos puede separar del amor de Dios en Cristo, fuera de Él no hay nada. De parte de Dios no hay falla alguna, pues somos guardados por el poder de Dios, pero somos guardados mediante la fe (vuelve a leer 1 Pedro 1:5). La herencia es incorruptible para quien está en Cristo. Es así que podemos comprender pasajes como Juan 10:27-30 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. Para el que supone no poder perder la salvación, este es su fundamento. Repito, en lo que respecta a Dios, esto es imposible, pues en Él no hay falla. Es por ello que los verbos relativos a la salvación se dan una y otra vez en presente continuo: a quienes oyen la voz, esto es, están oyendo la voz, es imposible perderse. A quienes creen, es decir, están creyendo, es imposible perderse. A quienes están en Cristo, esto es, permanecen en Cristo, jamás se perderán. Las ovejas siguen su voz, no solo siguieron alguna vez, sino están siguiendo; por tanto, son salvas. Quienes suponen que no pueden perderse después de haber creído, sostienen que aun si el creyente se aparta para practicar el pecado, sólo pierde su gozo y recompensa, más no su salvación. Esto es anti bíblico y muy peligroso. Por otro lado, tenemos la seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes sostenemos que sí se pierde. El énfasis está en la responsabilidad humana. Es posible perderse después de haber creído, si se abandona la fe; su demostración se basa principalmente en todas aquellas advertencias bíblicas relativas a la apostasía. Jesús advertía a sus discípulos sobre el peligro de ser engañados (Mat. 24:4, 11-13). Si no fuese posible esto, lógicamente no sería necesaria la advertencia. Todo lo dicho por Pablo en 1 Corintios 10:1-12 es para alertarnos ante el peligro de perder la salvación. Notemos que la experiencia de Israel guarda las mismas experiencias de nuestra propia salvación, ellos como figura apuntando a Cristo, y nosotros como la realidad a partir de Cristo. Fueron salvos de Egipto cruzando el mal como nosotros rescatados del mundo y su sistema esclavizante de pecado; fueron bautizados en agua y Espíritu, por decirlo así; disfrutaron a Cristo como su pan y su agua; pero su pecado, murmuración e idolatría posterior los llevó a perecer. De parte de Dios no hubo falla alguna, simplemente no quisieron seguir en Cristo y como resultado se perdieron. Estas cosas fueron escritas para advertirnos, ¿habría necesidad de tal advertencia si fuera imposible perderse? Este pasaje es muy similar a lo dicho por el escritor a los Hebreos, quien, escribió a los nacionales judíos ante la apostasía a la que estaban siendo tentados de regresar al judaísmo y sus ritos dejando con ello a Cristo: Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? (Heb. 3:12-17). Y también: Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron (Heb. 2:1-3). Si aquellos que retrocedieron viviendo durante la era de las figuras y sombras del Antiguo Testamento fueron condenados, ¡cuánto mayor riesgo tienen quienes experimentan la realidad del Nuevo Pacto y vuelven atrás! (No olvides que se escribió a los hebreos que estaban siendo tentados a regresar al judaísmo). No siempre las promesas de Dios referentes a la salvación ponen la condición para su cumplimiento, pero bastan algunas que si lo hagan para que deba utilizarse el mismo principio en todas. Esto es, eres salvo y no te perderás, si dice la Biblia seguida de una condición. Por ejemplo: Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro (Col. 1:21-23). Semejante a lo escrito por el mismo apóstol en otra parte: Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano (1 Cor. 15:1-2). El apóstol Pedro lo dice de manera más enfática y hasta dura, dirían algunos: Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno (2 Pedro 2:20-22). Notemos que los tales ya habían escapado de las contaminaciones del mundo por haber conocido a Jesucristo como su Señor y Salvador, pero que de nuevo volvieron a involucrarse en el pecado; notemos que si conocieron el camino de la justicia, pero se volvieron atrás. ¿Resultado? Volvieron a ser de naturaleza pecaminosa como un perro o un puerco. Hebreos vuelve a advertir algo semejante: Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio (Hebreos 6:4-6). Algunos tratan de interpretarlo como una imposibilidad a partir del comienzo del versículo 4, esto es, que es imposible que recaigan y se pierdan quienes experimenten estas cosas; pero no es tal la enseñanza del pasaje, primero, por el propósito del libro; y segundo, no dice que sea imposible que recaigan, sino imposible que sean salvos si recayeron (lo dicho es que la condición de recaído o practica voluntaria del pecado es perdido, pues si volviese a Cristo sería salvo). Luego, se exhorta a alcanzar las promesas de Dios mediante la fe y la paciencia perseverante: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (Heb. 6:11-12). Recuerda que los verbos, tanto para salvación como para condenación obedecen a la condición de un presente continuo: el que está pecando o el que está en Cristo. Y aún más tajante lo encontramos palabras adelante: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (Heb. 10:26-27). La Biblia presenta muchos ejemplos de personas que gustaron la salvación en sus beneficios y riquezas, pero que finalmente dejaron el camino de la verdad por propia decisión: Saúl fue mudado en otro hombre, pero se apartó del Señor al punto de ser endemoniado y condenado. De hecho, Dios no quiso escuchar más sus oraciones (1 Sam. 28:6). Judas, fue llamado apóstol, comisionado y enviado por Dios para sanar enfermos y hacer milagros, incluso estaba presente cuando el Señor les dio la promesa a los doce de sentarse en tronos para juzgar a Israel, pero, como dice la Escritura: “llegó a ser el traidor”, llegó, originalmente no lo era. Pedro dice que se fue “a su propio lugar”, esto es, a lo que él mismo escogió. Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo y fueron muertos por la palabra profética del apóstol Pedro (Hechos 5:1-11). Himeneo y Alejandro desecharon la fe y la buena conciencia por lo que naufragaron en cuanto a la fe (1 Tim. 1:19-20). Tenemos también los malos ejemplos de Himeneo y Fileto (2 Tim. 2:16-18); Demas (2 Tim. 4:10); así como de los falsos maestros y sus seguidores (2 Pedro 2:1-2). La conclusión lógica es que no existirían advertencia de peligros inexistentes ni ejemplos de cosas que no pueden suceder; así como tampoco habría testimonios o casos de personas que les haya sucedido. En cierto modo, la salvación no se pierde, pues es un estado en Cristo, sino que es el hombre quien se pierde al apartarse de Él.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:12

Comentario general

10.11-12 De nuevo, el escritor inspirado por el Espíritu Santo deja en claro que las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento fueron escritas tanto para nuestro ejemplo como para nuestra advertencia. Somos la realidad de la Palabra que ellos representaron simbólicamente; a nosotros la iglesia nos alcanzaron los fines de los siglos; esto es, el cumplimiento de lo escrito. Por tanto, debemos ver la Biblia y caminar con mucho cuidado en la salvación tan grande que hemos recibido, sabiendo que si muchos de ellos tropezaron y no alcanzaron lo prometido, nosotros también estamos bajo riesgo. Si la sombra o figura estuvo bajo riesgo; nosotros la realidad y el cumplimiento lo estamos aun más. La sentencia es determinante: el que piensa estar firme, mire que no caiga. La excesiva confianza ha perdido a muchos; suponer que es imposible perder la salvación coloca al creyente en la indefensión, le hace bajar la guardia y lo coloca en peligro. Mira el Antiguo Testamento y teme. Acerca de la seguridad de salvación, si se pierde o cómo evitarlo, definir esto es de suma importancia, pues los extremos pueden llevarnos a dos clases de errores: Por un lado, si consideramos que el creyente puede perderse fácilmente después de haber creído genuinamente y convertido a Jesucristo, podemos desarrollar un cristianismo temeroso e inseguro que se ocupe más en asegurarse de sí mismo que de extender el reino de Dios y su propósito. Por otro lado, si tomamos la salvación como un hecho terminado e imposible de revocar sin importar el pecado del creyente, podemos producir indiferencia a las advertencias y demandas morales que la Biblia hace a los creyentes concluyendo en libertinaje. El problema radica de divorciar las promesas divinas de la responsabilidad humana. Respecto de Dios, la salvación no se pierde; más respecto del hombre, la salvación debe guardarse. Miremos primero la seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes dicen que no se pierde. El énfasis está en las promesas divinas. Para los tales, la salvación es obra de Dios y el hombre nada puede aportar para la misma, por tanto, tampoco puede hacer nada para evitarla. Sostiene que Dios eligió a algunos para ser salvos y que su salvación no puede ser destruida, citan por ejemplo: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero (1 Pedro 1:3-5). De este modo, la seguridad de salvación para el que supone que no se pierde descansa sobre las promesas de Dios, de modo que hace eco de las palabras de Pablo diciendo: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom. 8:31-39). Todo esto es cierto y maravilloso, solo que este enfoque olvida o desconoce que la elección y predestinación, así como toda perseverancia, radica en Cristo. Nada nos puede separar del amor de Dios en Cristo, fuera de Él no hay nada. De parte de Dios no hay falla alguna, pues somos guardados por el poder de Dios, pero somos guardados mediante la fe (vuelve a leer 1 Pedro 1:5). La herencia es incorruptible para quien está en Cristo. Es así que podemos comprender pasajes como Juan 10:27-30 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. Para el que supone no poder perder la salvación, este es su fundamento. Repito, en lo que respecta a Dios, esto es imposible, pues en Él no hay falla. Es por ello que los verbos relativos a la salvación se dan una y otra vez en presente continuo: a quienes oyen la voz, esto es, están oyendo la voz, es imposible perderse. A quienes creen, es decir, están creyendo, es imposible perderse. A quienes están en Cristo, esto es, permanecen en Cristo, jamás se perderán. Las ovejas siguen su voz, no solo siguieron alguna vez, sino están siguiendo; por tanto, son salvas. Quienes suponen que no pueden perderse después de haber creído, sostienen que aun si el creyente se aparta para practicar el pecado, sólo pierde su gozo y recompensa, más no su salvación. Esto es anti bíblico y muy peligroso. Por otro lado, tenemos la seguridad de salvación desde el punto de vista de quienes sostenemos que sí se pierde. El énfasis está en la responsabilidad humana. Es posible perderse después de haber creído, si se abandona la fe; su demostración se basa principalmente en todas aquellas advertencias bíblicas relativas a la apostasía. Jesús advertía a sus discípulos sobre el peligro de ser engañados (Mat. 24:4, 11-13). Si no fuese posible esto, lógicamente no sería necesaria la advertencia. Todo lo dicho por Pablo en 1 Corintios 10:1-12 es para alertarnos ante el peligro de perder la salvación. Notemos que la experiencia de Israel guarda las mismas experiencias de nuestra propia salvación, ellos como figura apuntando a Cristo, y nosotros como la realidad a partir de Cristo. Fueron salvos de Egipto cruzando el mal como nosotros rescatados del mundo y su sistema esclavizante de pecado; fueron bautizados en agua y Espíritu, por decirlo así; disfrutaron a Cristo como su pan y su agua; pero su pecado, murmuración e idolatría posterior los llevó a perecer. De parte de Dios no hubo falla alguna, simplemente no quisieron seguir en Cristo y como resultado se perdieron. Estas cosas fueron escritas para advertirnos, ¿habría necesidad de tal advertencia si fuera imposible perderse? Este pasaje es muy similar a lo dicho por el escritor a los Hebreos, quien, escribió a los nacionales judíos ante la apostasía a la que estaban siendo tentados de regresar al judaísmo y sus ritos dejando con ello a Cristo: Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? (Heb. 3:12-17). Y también: Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron (Heb. 2:1-3). Si aquellos que retrocedieron viviendo durante la era de las figuras y sombras del Antiguo Testamento fueron condenados, ¡cuánto mayor riesgo tienen quienes experimentan la realidad del Nuevo Pacto y vuelven atrás! (No olvides que se escribió a los hebreos que estaban siendo tentados a regresar al judaísmo). No siempre las promesas de Dios referentes a la salvación ponen la condición para su cumplimiento, pero bastan algunas que si lo hagan para que deba utilizarse el mismo principio en todas. Esto es, eres salvo y no te perderás, si dice la Biblia seguida de una condición. Por ejemplo: Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro (Col. 1:21-23). Semejante a lo escrito por el mismo apóstol en otra parte: Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano (1 Cor. 15:1-2). El apóstol Pedro lo dice de manera más enfática y hasta dura, dirían algunos: Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno (2 Pedro 2:20-22). Notemos que los tales ya habían escapado de las contaminaciones del mundo por haber conocido a Jesucristo como su Señor y Salvador, pero que de nuevo volvieron a involucrarse en el pecado; notemos que si conocieron el camino de la justicia, pero se volvieron atrás. ¿Resultado? Volvieron a ser de naturaleza pecaminosa como un perro o un puerco. Hebreos vuelve a advertir algo semejante: Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio (Hebreos 6:4-6). Algunos tratan de interpretarlo como una imposibilidad a partir del comienzo del versículo 4, esto es, que es imposible que recaigan y se pierdan quienes experimenten estas cosas; pero no es tal la enseñanza del pasaje, primero, por el propósito del libro; y segundo, no dice que sea imposible que recaigan, sino imposible que sean salvos si recayeron (lo dicho es que la condición de recaído o practica voluntaria del pecado es perdido, pues si volviese a Cristo sería salvo). Luego, se exhorta a alcanzar las promesas de Dios mediante la fe y la paciencia perseverante: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas (Heb. 6:11-12). Recuerda que los verbos, tanto para salvación como para condenación obedecen a la condición de un presente continuo: el que está pecando o el que está en Cristo. Y aún más tajante lo encontramos palabras adelante: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (Heb. 10:26-27). La Biblia presenta muchos ejemplos de personas que gustaron la salvación en sus beneficios y riquezas, pero que finalmente dejaron el camino de la verdad por propia decisión: Saúl fue mudado en otro hombre, pero se apartó del Señor al punto de ser endemoniado y condenado. De hecho, Dios no quiso escuchar más sus oraciones (1 Sam. 28:6). Judas, fue llamado apóstol, comisionado y enviado por Dios para sanar enfermos y hacer milagros, incluso estaba presente cuando el Señor les dio la promesa a los doce de sentarse en tronos para juzgar a Israel, pero, como dice la Escritura: “llegó a ser el traidor”, llegó, originalmente no lo era. Pedro dice que se fue “a su propio lugar”, esto es, a lo que él mismo escogió. Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo y fueron muertos por la palabra profética del apóstol Pedro (Hechos 5:1-11). Himeneo y Alejandro desecharon la fe y la buena conciencia por lo que naufragaron en cuanto a la fe (1 Tim. 1:19-20). Tenemos también los malos ejemplos de Himeneo y Fileto (2 Tim. 2:16-18); Demas (2 Tim. 4:10); así como de los falsos maestros y sus seguidores (2 Pedro 2:1-2). La conclusión lógica es que no existirían advertencia de peligros inexistentes ni ejemplos de cosas que no pueden suceder; así como tampoco habría testimonios o casos de personas que les haya sucedido. En cierto modo, la salvación no se pierde, pues es un estado en Cristo, sino que es el hombre quien se pierde al apartarse de Él.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:13

Comentario general

10.13 Todo lo que el cristiano enfrenta en la vida está dentro de sus posibilidades de resistir. Dios no permitirá que experimentemos algo que rebase los límites de nuestra firmeza. De hecho, las mismas cosas les suceden a otros, creyentes y no creyentes; así que si otros resisten, nosotros también podemos hacerlo. De manera que explotar o rendirse es tomar la decisión de no usar los recursos con los que fuimos dotados para soportar la tentación o prueba que llegue a nuestra vida. Todas las tentaciones, lo mismo que las pruebas, son una puerta cerrada que traen consigo una puerta abierta. Siempre habrá salida hasta de aquello que parezca sin salida. Dios prometió que podríamos y podemos; que habría salida y existe salida. No te rindas, pues con eso que te agobia o presiona, solo aguanta un poco más.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:14

Comentario general

10.14 Tiernamente el apóstol llama amados a los tentados. Los corintios estaban siendo tentados por la idolatría practicada en su ciudad; pero siendo que tenían la capacidad de resistir toda tentación, como les dice en el versículo precedente, debían huir de la idolatría. Algunas cosas con para hacerles frente y otras para huir de ellas. La idolatría no es para enfrentarse, sino para escaparse. Estamos hablando de aquellos que habituados a los ídolos podrían volver a ser seducidos por ellos. Todo el que estuvo en cierto tipo de pecado debe huir ante la tentación del mismo pecado. Quizá otro que jamás practicó la idolatría no necesita escapar, pues los ídolos le significan nada; pero aquellos que vienen de ahí, deben abstenerse de todo contacto con esa maldad.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:15

Comentario general

10.15 El apóstol apela al buen juicio o sentido común de los corintios, que si bien eran inmaduros, no eran ignorantes y podían juzgar la veracidad de sus palabras. Les escribe porque pueden entender y tu estás leyendo porque también puedes comprender la Palabra de Dios. Usa el sentido común y tu razonamiento al leer las Escrituras, no te prives de la inteligencia tomando las cosas solo de manera simbólica o subjetiva. Dios te habla de modo que puedas comprenderle, la Biblia se interpreta a si misma; toma las palabras en el sentido usual y ordinario; considera el contexto, el propósito del libro y los pasajes paralelos que hablen estas mismas cosas.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:16

Comentario general

10.16-18 Es un misterio que lo que comemos sea procesado hasta llegar a ser uno mismo. Y es mayor el misterio de que seamos parte de un mismo cuerpo; esto no es una metáfora o símil, sino una realidad: así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Rom. 12:5). No somos miembros de un cuerpo gremial, sino del Cuerpo de Cristo; es decir, somos parte de Cristo, el actual Cristo en la tierra: Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo (1 Cor. 12:12); Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Cor. 12:27). Esto tiene algunas maravillosas implicaciones. La primera de ellas es que somos mutuo dependientes unos de otros. Si nos protegemos unos a otros en lugar de dividirnos, mantendremos el cuerpo y esto redundará en nuestro bien. Siendo miembros unos de otros nos complementamos; de manera que no podemos y no queremos ser cristianos solos (Ef. 4:15-16). Además, conservar la unidad traerá bendición sobre nosotros, la bendición de la iglesia es la bendición de los miembros de la misma. Otras de las implicaciones es que hay un solo propósito de nuestra vivir: el Cuerpo de Cristo y su edificación o desarrollo. ¿Acaso has visto una mano intentando ser más grande que la otra? ¿O a un miembro tratando se desempeñar la función de otro miembro? ¿Alguna vez uno de tus miembros se salió enojado del cuerpo o dejó de interactuar con el resto? Todo esto lo vemos en la celebración de la Cena del Señor, en donde el pan es más que comida física, es el Pan de la Presencia que nos vivifica por la fe en Cristo aun más que el pan sagrado que comían los sacerdotes del Antiguo Pacto. No que el pan sea el Cuerpo de Cristo, como para adorarlo, tal cosa es idolatría por representar a Dios como los israelitas con el becerro de oro, sino que siendo nosotros el Cuerpo de Cristo comemos de un mismo pan, siendo uno en el Señor. Hay una íntima relación entre la presencia de Dios en nosotros como su Cuerpo y la unidad de la iglesia celebrando la cena del Señor. En esto, somos nosotros como los doce panes de la Presencia y como las doce tribus que simbolizaban los mismos. Por algo la iglesia primera celebraba constantemente la cena del Señor, pues les gustaba confesar constantemente la presencia de Dios en ellos siendo un solo cuerpo: perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (Hechos 2:46). Al comer el pan, siendo que es uno y siendo que todos comimos del mismo pan, luego todos llegamos a ser uno solo: Cristo. Este es el pensamiento del apóstol Pablo al decir que los sacerdotes comen todos del mismo pan y con ello son participes del altar (vr. 18). Algunos hablan de que se cumpla la oración de Jesús: “que sean uno como tú y yo somos uno” (Juan 17). Yo digo que ya se cumplió su oración. Jesús dijo que fuésemos uno en Él y somos uno en Él, pues ¡somos el Cuerpo de Cristo!

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:17

Comentario general

10.16-18 Es un misterio que lo que comemos sea procesado hasta llegar a ser uno mismo. Y es mayor el misterio de que seamos parte de un mismo cuerpo; esto no es una metáfora o símil, sino una realidad: así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Rom. 12:5). No somos miembros de un cuerpo gremial, sino del Cuerpo de Cristo; es decir, somos parte de Cristo, el actual Cristo en la tierra: Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo (1 Cor. 12:12); Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Cor. 12:27). Esto tiene algunas maravillosas implicaciones. La primera de ellas es que somos mutuo dependientes unos de otros. Si nos protegemos unos a otros en lugar de dividirnos, mantendremos el cuerpo y esto redundará en nuestro bien. Siendo miembros unos de otros nos complementamos; de manera que no podemos y no queremos ser cristianos solos (Ef. 4:15-16). Además, conservar la unidad traerá bendición sobre nosotros, la bendición de la iglesia es la bendición de los miembros de la misma. Otras de las implicaciones es que hay un solo propósito de nuestra vivir: el Cuerpo de Cristo y su edificación o desarrollo. ¿Acaso has visto una mano intentando ser más grande que la otra? ¿O a un miembro tratando se desempeñar la función de otro miembro? ¿Alguna vez uno de tus miembros se salió enojado del cuerpo o dejó de interactuar con el resto? Todo esto lo vemos en la celebración de la Cena del Señor, en donde el pan es más que comida física, es el Pan de la Presencia que nos vivifica por la fe en Cristo aun más que el pan sagrado que comían los sacerdotes del Antiguo Pacto. No que el pan sea el Cuerpo de Cristo, como para adorarlo, tal cosa es idolatría por representar a Dios como los israelitas con el becerro de oro, sino que siendo nosotros el Cuerpo de Cristo comemos de un mismo pan, siendo uno en el Señor. Hay una íntima relación entre la presencia de Dios en nosotros como su Cuerpo y la unidad de la iglesia celebrando la cena del Señor. En esto, somos nosotros como los doce panes de la Presencia y como las doce tribus que simbolizaban los mismos. Por algo la iglesia primera celebraba constantemente la cena del Señor, pues les gustaba confesar constantemente la presencia de Dios en ellos siendo un solo cuerpo: perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (Hechos 2:46). Al comer el pan, siendo que es uno y siendo que todos comimos del mismo pan, luego todos llegamos a ser uno solo: Cristo. Este es el pensamiento del apóstol Pablo al decir que los sacerdotes comen todos del mismo pan y con ello son participes del altar (vr. 18). Algunos hablan de que se cumpla la oración de Jesús: “que sean uno como tú y yo somos uno” (Juan 17). Yo digo que ya se cumplió su oración. Jesús dijo que fuésemos uno en Él y somos uno en Él, pues ¡somos el Cuerpo de Cristo!

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:18

Comentario general

10.16-18 Es un misterio que lo que comemos sea procesado hasta llegar a ser uno mismo. Y es mayor el misterio de que seamos parte de un mismo cuerpo; esto no es una metáfora o símil, sino una realidad: así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Rom. 12:5). No somos miembros de un cuerpo gremial, sino del Cuerpo de Cristo; es decir, somos parte de Cristo, el actual Cristo en la tierra: Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo (1 Cor. 12:12); Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Cor. 12:27). Esto tiene algunas maravillosas implicaciones. La primera de ellas es que somos mutuo dependientes unos de otros. Si nos protegemos unos a otros en lugar de dividirnos, mantendremos el cuerpo y esto redundará en nuestro bien. Siendo miembros unos de otros nos complementamos; de manera que no podemos y no queremos ser cristianos solos (Ef. 4:15-16). Además, conservar la unidad traerá bendición sobre nosotros, la bendición de la iglesia es la bendición de los miembros de la misma. Otras de las implicaciones es que hay un solo propósito de nuestra vivir: el Cuerpo de Cristo y su edificación o desarrollo. ¿Acaso has visto una mano intentando ser más grande que la otra? ¿O a un miembro tratando se desempeñar la función de otro miembro? ¿Alguna vez uno de tus miembros se salió enojado del cuerpo o dejó de interactuar con el resto? Todo esto lo vemos en la celebración de la Cena del Señor, en donde el pan es más que comida física, es el Pan de la Presencia que nos vivifica por la fe en Cristo aun más que el pan sagrado que comían los sacerdotes del Antiguo Pacto. No que el pan sea el Cuerpo de Cristo, como para adorarlo, tal cosa es idolatría por representar a Dios como los israelitas con el becerro de oro, sino que siendo nosotros el Cuerpo de Cristo comemos de un mismo pan, siendo uno en el Señor. Hay una íntima relación entre la presencia de Dios en nosotros como su Cuerpo y la unidad de la iglesia celebrando la cena del Señor. En esto, somos nosotros como los doce panes de la Presencia y como las doce tribus que simbolizaban los mismos. Por algo la iglesia primera celebraba constantemente la cena del Señor, pues les gustaba confesar constantemente la presencia de Dios en ellos siendo un solo cuerpo: perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (Hechos 2:46). Al comer el pan, siendo que es uno y siendo que todos comimos del mismo pan, luego todos llegamos a ser uno solo: Cristo. Este es el pensamiento del apóstol Pablo al decir que los sacerdotes comen todos del mismo pan y con ello son participes del altar (vr. 18). Algunos hablan de que se cumpla la oración de Jesús: “que sean uno como tú y yo somos uno” (Juan 17). Yo digo que ya se cumplió su oración. Jesús dijo que fuésemos uno en Él y somos uno en Él, pues ¡somos el Cuerpo de Cristo!

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:19

Comentario general

10.19-20 No nos abstenemos de los ídolos porque sean algo o porque tengan poder alguno sobre nosotros los creyentes. De hecho, ídolo significa “solo figura”, vacío, vano. Pero precisamente por tratarse de nada es que resulta pecaminoso tomarlo como algo. Aprovechando esta ignorancia del mundo, los demonios o seres espirituales de maldad, se han aprovechado escondiéndose detrás de los ídolos y tomando para sí la adoración que los gentiles o inconversos les rinden. Y a eso se debe también que las culturas más idólatras han experimentado la mayor cantidad de posesiones demoniacas; así como pobreza, enfermedad y toda clase de males. He allí otra razón por la que el cristiano no debe tener ninguna representación para usos religiosos, no sea que los demonios se escondan también detrás de esto para engañar al creyente, incluso mediante prodigios o milagros engañosos (Oseas 4:12). Tampoco debemos involucrarnos en ningún tipo de fiesta pagana dedicada a ídolos ni en nada que los involucre; así se traten de mezclas con el cristianismo, si tiene figuras o representaciones religiosas, debemos abstenernos de participar.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:20

Comentario general

10.19-20 No nos abstenemos de los ídolos porque sean algo o porque tengan poder alguno sobre nosotros los creyentes. De hecho, ídolo significa “solo figura”, vacío, vano. Pero precisamente por tratarse de nada es que resulta pecaminoso tomarlo como algo. Aprovechando esta ignorancia del mundo, los demonios o seres espirituales de maldad, se han aprovechado escondiéndose detrás de los ídolos y tomando para sí la adoración que los gentiles o inconversos les rinden. Y a eso se debe también que las culturas más idólatras han experimentado la mayor cantidad de posesiones demoniacas; así como pobreza, enfermedad y toda clase de males. He allí otra razón por la que el cristiano no debe tener ninguna representación para usos religiosos, no sea que los demonios se escondan también detrás de esto para engañar al creyente, incluso mediante prodigios o milagros engañosos (Oseas 4:12). Tampoco debemos involucrarnos en ningún tipo de fiesta pagana dedicada a ídolos ni en nada que los involucre; así se traten de mezclas con el cristianismo, si tiene figuras o representaciones religiosas, debemos abstenernos de participar.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:21

Comentario general

10.21-22 Participar de la Santa Cena y también practicar la idolatría es tratar de compaginar la luz y las tinieblas, la mesa del Señor y la mesa de los demonios. Esto es imposible, pues la Presencia de Dios no estará ahí. La Santa Cena deja de ser santa si el que participa de la ceremonia no es santo; y la Cena del Señor no será más del Señor si el que participa no tiene al Señor por su Señor. En lugar de agradar a Cristo, le provocará a celos con su infidelidad espiritual o idolatría o lo que es lo mismo, el tal se volverá enemigo de Cristo. Bajo ninguna manera podrá vencerle, no hay fuerza que se le compare. Una terrible advertencia a la cristiandad, que por siglos se llenó de ídolos y rindió culto a toda clase de imágenes y estatuas, santos, vírgenes, reliquias y más, e incluso a representaciones visibles de Dios.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:22

Comentario general

10.21-22 Participar de la Santa Cena y también practicar la idolatría es tratar de compaginar la luz y las tinieblas, la mesa del Señor y la mesa de los demonios. Esto es imposible, pues la Presencia de Dios no estará ahí. La Santa Cena deja de ser santa si el que participa de la ceremonia no es santo; y la Cena del Señor no será más del Señor si el que participa no tiene al Señor por su Señor. En lugar de agradar a Cristo, le provocará a celos con su infidelidad espiritual o idolatría o lo que es lo mismo, el tal se volverá enemigo de Cristo. Bajo ninguna manera podrá vencerle, no hay fuerza que se le compare. Una terrible advertencia a la cristiandad, que por siglos se llenó de ídolos y rindió culto a toda clase de imágenes y estatuas, santos, vírgenes, reliquias y más, e incluso a representaciones visibles de Dios.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:23

Comentario general

10.23 No se refiere a la participación del culto a los ídolos; sino a la comida sacrificada a los ídolos, ya que el mismo apóstol ha venido hablando de eso desde el capítulo 6 prácticamente con las mismas palabras (6:12). Ninguno debe participar de los ídolos, ni aun de la comida que se ofrecía a ellos (mira las notas respectivas del capítulo 6). Todas nuestras decisiones deben ser con el propósito de edificar el Cuerpo de Cristo y para esto, procuramos el bien de cada uno de sus miembros.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:24

Comentario general

10.24-25 Aun cuando no se trate de algo malo, si afecta la fe del hermano, no debe realizarse. Los corintios preguntaron si podían o no comer de la carne que compraban en la carnicería sabiendo que la misma era de lo ofrecido a los ídolos. Cuando una persona ofrecía sacrificio a sus dioses, vendía el restante del sacrificio a la carnicería, en donde era comprado nuevamente por cualquiera. Los creyentes tenían problema con esto, especialmente aquellos que en el pasado adoraban ídolos. Pablo les hace ver que aun cuando podían comer libremente de esa carne, no debían hacerlo porque escandalizaba a los otros hermanos. Debía procurar lo que edifique a la iglesia y no lo que deseen de manera personal. Estamos limitados por el cuerpo de Cristo a decidir solo aquello que le beneficie. Por supuesto si no sabían el origen de dicha carne, no debían preguntar, de ese modo su conciencia estaría limpia o sin reproche; pero si lo sabían era mejor abstenerse. No por ellos, sino por los demás hermanos que todavía tenían problema con los ídolos.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:25

Comentario general

10.24-25 Aun cuando no se trate de algo malo, si afecta la fe del hermano, no debe realizarse. Los corintios preguntaron si podían o no comer de la carne que compraban en la carnicería sabiendo que la misma era de lo ofrecido a los ídolos. Cuando una persona ofrecía sacrificio a sus dioses, vendía el restante del sacrificio a la carnicería, en donde era comprado nuevamente por cualquiera. Los creyentes tenían problema con esto, especialmente aquellos que en el pasado adoraban ídolos. Pablo les hace ver que aun cuando podían comer libremente de esa carne, no debían hacerlo porque escandalizaba a los otros hermanos. Debía procurar lo que edifique a la iglesia y no lo que deseen de manera personal. Estamos limitados por el cuerpo de Cristo a decidir solo aquello que le beneficie. Por supuesto si no sabían el origen de dicha carne, no debían preguntar, de ese modo su conciencia estaría limpia o sin reproche; pero si lo sabían era mejor abstenerse. No por ellos, sino por los demás hermanos que todavía tenían problema con los ídolos.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:26

Comentario general

10.26 Hasta los animales sacrificados a los ídolos le pertenecen al Señor. Toda la creación es de Cristo, le fue dada por el Padre como parte de su herencia y aunque de momento algo parezca dedicado al mal, no por ello está fuera de la propiedad de Dios. Asimismo, todo lo que eres y tienes es de Cristo; lo reconozcas o no, todo es de Él.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:27

Comentario general

10.27-30 Además de la restricción del Cuerpo de Cristo mencionada en los versículos anteriores, tenemos también la restricción del mundo. La relación con los incrédulos implica la posibilidad de ser invitado a compartir los alimentos por alguno; como sucedía en Corinto, la comida dada al creyente podía provenir de lo sacrificado a los ídolos; en este caso, el creyente no debía preguntar nada al respecto y comer sin pecar contra Dios. ¿Por qué? Porque todo es de Dios y un ídolo es nada. Sin embargo, también podía darse el caso de que el anfitrión especificara que la comida compartida había sido ofrecida a sus dioses, en tal caso, el creyente no debía participar de ello; pues aun cuando su conciencia personal no le condenara, pues un ídolo es nada, siendo que sí tenía un significado religioso importante para el anfitrión, el creyente invitado debía abstenerse de dicha comida, cuidando así que el que le invita no se fortalezca en su idolatría. ¿Por qué yo debo ser censurado si doy gracias a Dios por la comida y todo es de Él? Se trata de una limitación autoimpuesta por causa de los demás y aun cuando no hay pecado alguno para ti, procuras ser ejemplar a todos (vr. 32).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:28

Comentario general

10.27-30 Además de la restricción del Cuerpo de Cristo mencionada en los versículos anteriores, tenemos también la restricción del mundo. La relación con los incrédulos implica la posibilidad de ser invitado a compartir los alimentos por alguno; como sucedía en Corinto, la comida dada al creyente podía provenir de lo sacrificado a los ídolos; en este caso, el creyente no debía preguntar nada al respecto y comer sin pecar contra Dios. ¿Por qué? Porque todo es de Dios y un ídolo es nada. Sin embargo, también podía darse el caso de que el anfitrión especificara que la comida compartida había sido ofrecida a sus dioses, en tal caso, el creyente no debía participar de ello; pues aun cuando su conciencia personal no le condenara, pues un ídolo es nada, siendo que sí tenía un significado religioso importante para el anfitrión, el creyente invitado debía abstenerse de dicha comida, cuidando así que el que le invita no se fortalezca en su idolatría. ¿Por qué yo debo ser censurado si doy gracias a Dios por la comida y todo es de Él? Se trata de una limitación autoimpuesta por causa de los demás y aun cuando no hay pecado alguno para ti, procuras ser ejemplar a todos (vr. 32).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:29

Comentario general

10.27-30 Además de la restricción del Cuerpo de Cristo mencionada en los versículos anteriores, tenemos también la restricción del mundo. La relación con los incrédulos implica la posibilidad de ser invitado a compartir los alimentos por alguno; como sucedía en Corinto, la comida dada al creyente podía provenir de lo sacrificado a los ídolos; en este caso, el creyente no debía preguntar nada al respecto y comer sin pecar contra Dios. ¿Por qué? Porque todo es de Dios y un ídolo es nada. Sin embargo, también podía darse el caso de que el anfitrión especificara que la comida compartida había sido ofrecida a sus dioses, en tal caso, el creyente no debía participar de ello; pues aun cuando su conciencia personal no le condenara, pues un ídolo es nada, siendo que sí tenía un significado religioso importante para el anfitrión, el creyente invitado debía abstenerse de dicha comida, cuidando así que el que le invita no se fortalezca en su idolatría. ¿Por qué yo debo ser censurado si doy gracias a Dios por la comida y todo es de Él? Se trata de una limitación autoimpuesta por causa de los demás y aun cuando no hay pecado alguno para ti, procuras ser ejemplar a todos (vr. 32).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:30

Comentario general

10.27-30 Además de la restricción del Cuerpo de Cristo mencionada en los versículos anteriores, tenemos también la restricción del mundo. La relación con los incrédulos implica la posibilidad de ser invitado a compartir los alimentos por alguno; como sucedía en Corinto, la comida dada al creyente podía provenir de lo sacrificado a los ídolos; en este caso, el creyente no debía preguntar nada al respecto y comer sin pecar contra Dios. ¿Por qué? Porque todo es de Dios y un ídolo es nada. Sin embargo, también podía darse el caso de que el anfitrión especificara que la comida compartida había sido ofrecida a sus dioses, en tal caso, el creyente no debía participar de ello; pues aun cuando su conciencia personal no le condenara, pues un ídolo es nada, siendo que sí tenía un significado religioso importante para el anfitrión, el creyente invitado debía abstenerse de dicha comida, cuidando así que el que le invita no se fortalezca en su idolatría. ¿Por qué yo debo ser censurado si doy gracias a Dios por la comida y todo es de Él? Se trata de una limitación autoimpuesta por causa de los demás y aun cuando no hay pecado alguno para ti, procuras ser ejemplar a todos (vr. 32).

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:31

Comentario general

10.31 No vivimos para nosotros mismos, sino para Dios. Y en esta vida, nada de lo que hacemos es irrelevante, pues hasta las cosas más comunes como comer y beber, deben realizarse de acuerdo al propósito de Dios, el cual desea que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. No comemos solo porque nos gusta, sino con propósito. ¿Es de acuerdo a Dios o lo prohíbe? ¿Es benéfico para mi cuerpo, que en realidad administro para Dios? ¿Qué coma o beba tal cosa produce escándalo a quienes me vean comerlo o beberlo? Todo esto debe considerarse para glorificar a Dios con la comida. Glorificar es dar opinión que exalte a Dios ante aquellos que nos vean comer y beber. Si mi comida hace que los demás piensen bien de Dios, lo comeré; pero si ocasiona tropiezo a la fe de Cristo, entonces no lo comeré, sin importar que no me parezca pecaminoso.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:32

Comentario general

10.32-33 Estamos bajo el escrutinio de todos, por tanto, debemos comportarnos de forma ejemplar y por encima del promedio del vivir de los demás. Nuestro estándar de vida debe ser más estricto que el del mundo. La humanidad se compone de tres grupos principales: judíos, gentiles y la iglesia. Cada uno de ellos tiene su propia cultura y limitaciones; cada uno tiene asuntos que considera sagrados y se escandaliza de cosas diferentes; como cristianos, debemos procurar en la medida de lo posible no causar tropiezo a ninguno de estos grupos. Vivir respetándoles y sin escandalizarlos, al menos no a propósito. El apóstol Pablo vivía bajo esta regla y así enseñaba a la iglesia: como un diplomático que intenta no ofender a nadie, sino hacer puentes entre el hombre y el cielo. Aunque esto signifique tener que tomar decisiones no basadas en el beneficio propio, sino para la salvación de cuantos sea posible, judíos, gentiles y la iglesia de Dios. La prioridad es la salvación, por esto murió Cristo Jesús, ¿acaso no podemos tener su prioridad como nuestra y más tratándose de asuntos como comer y beber?

— Roberto Tinoco

1 Corintios 10:33

Comentario general

10.32-33 Estamos bajo el escrutinio de todos, por tanto, debemos comportarnos de forma ejemplar y por encima del promedio del vivir de los demás. Nuestro estándar de vida debe ser más estricto que el del mundo. La humanidad se compone de tres grupos principales: judíos, gentiles y la iglesia. Cada uno de ellos tiene su propia cultura y limitaciones; cada uno tiene asuntos que considera sagrados y se escandaliza de cosas diferentes; como cristianos, debemos procurar en la medida de lo posible no causar tropiezo a ninguno de estos grupos. Vivir respetándoles y sin escandalizarlos, al menos no a propósito. El apóstol Pablo vivía bajo esta regla y así enseñaba a la iglesia: como un diplomático que intenta no ofender a nadie, sino hacer puentes entre el hombre y el cielo. Aunque esto signifique tener que tomar decisiones no basadas en el beneficio propio, sino para la salvación de cuantos sea posible, judíos, gentiles y la iglesia de Dios. La prioridad es la salvación, por esto murió Cristo Jesús, ¿acaso no podemos tener su prioridad como nuestra y más tratándose de asuntos como comer y beber?

— Roberto Tinoco

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