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1 Corintios 7
Instrucciones sobre el matrimonio
1En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer;🗨📝 2pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.🗨📝 3El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.🗨📝 4La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.🗨📝 5No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.🗨📝 6Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.🗨📝 7Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.🗨📝 8Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo;🗨📝 9pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.🗨📝 10Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;🗨📝 11y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.🗨📝 12Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.🗨📝 13Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.🗨📝 14Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.🗨📝 15Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.🗨📝 16Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?🗨📝 17Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias.🗨📝 18¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide.🗨📝 19La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios.🗨📝 20Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.🗨📝 21¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más.🗨📝 22Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.🗨📝 23Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.🗨📝 24Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios.🗨📝 25En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.🗨📝 26Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está.🗨📝 27¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte.🗨📝 28Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.🗨📝 29Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen;🗨📝 30y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen;🗨📝 31y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.🗨📝 32Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor;🗨📝 33pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer.🗨📝 34Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.🗨📝 35Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.🗨📝 36Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case.🗨📝 37Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace.🗨📝 38De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor.🗨📝 39La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.🗨📝 40Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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1 Corintios 7: RV60
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1 Corintios 7:1
7.1-2 El apóstol Pablo está respondiendo preguntas específicas que los corintios le hicieron en alguna carta; una de ellas tiene que ver con la abstinencia de relaciones sexuales, lo cual aconseja; sin embargo, aclara que aunque es algo bueno, no es viable en la iglesia corintia debido a que tenían casos, posiblemente muchos, de fornicación o relaciones sexuales ilícitas. Lo cual se vería incrementado con un mandamiento de celibato. La historia ha demostrado que prohibir casarse o intentar vivir sin matrimonio tiene graves consecuencias. Por tanto, cada hombre tenga su propia mujer, su esposa. Una y nada más. Y cada mujer tenga su propio hombre, su marido, en exclusiva. Esta es la respuesta y solución contra la inmoralidad sexual: la sexualidad en el matrimonio.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:2
7.1-2 El apóstol Pablo está respondiendo preguntas específicas que los corintios le hicieron en alguna carta; una de ellas tiene que ver con la abstinencia de relaciones sexuales, lo cual aconseja; sin embargo, aclara que aunque es algo bueno, no es viable en la iglesia corintia debido a que tenían casos, posiblemente muchos, de fornicación o relaciones sexuales ilícitas. Lo cual se vería incrementado con un mandamiento de celibato. La historia ha demostrado que prohibir casarse o intentar vivir sin matrimonio tiene graves consecuencias. Por tanto, cada hombre tenga su propia mujer, su esposa. Una y nada más. Y cada mujer tenga su propio hombre, su marido, en exclusiva. Esta es la respuesta y solución contra la inmoralidad sexual: la sexualidad en el matrimonio.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:3
7.3 La relación sexual en el matrimonio, según estas palabras, es tanto una dádiva como una deuda que deben pagarse. Hay un deber del marido hacia su esposa y de la esposa hacia su marido: la relación conyugal. No saldar esta cuenta destruye el vínculo matrimonial. Hay necesidades sexuales por satisfacer y ambos requieren el compromiso y la voluntad necesarios para realizar esto. Es un mandamiento, un gozoso mandamiento para su bien. No por fuerza, sino por placer.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:4
7.4 Aunque el mandamiento es tajante y parece decir que el marido es propietario del cuerpo de su esposa y viceversa; este mandamiento, por decirlo así, es a medida de concesión y no de imposición (versículo 6). Ni el hombre puede usar a voluntad el cuerpo de su mujer como quien tiene esclava ni la esposa puede hacer algo semejante con el cuerpo del marido; sin embargo, en consentimiento, el hombre cede su cuerpo al deseo de su esposa y la esposa hace lo propio cediendo su cuerpo a su marido en mutua satisfacción sexual.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:5
7.5 La sexualidad es un hambre que debe satisfacerse en el matrimonio; si no es así, tanto el hombre como la mujer pueden ser tentados a la fornicación. Y tentados por el mismo Satanás, el acusador, quien suele ver en el sexo una de sus mejores armas. Ni siquiera la oración puede proteger por siempre contra la tentación sexual, solo la relación conyugal. Por ello no deben negarse el uno al otro, a no ser que estén de acuerdo. Aclarando que sólo por poco tiempo, ya que esta hambre no soporta el paso del tiempo. ¿Por qué abstenerse de relaciones sexuales para orar? Porque la oración es intimar con Dios y en tal búsqueda del Señor no debiera haber distracciones con otro amor menor. Se usa una palabra griega traducida como negarse (apostéreo) y que literalmente significa despojarse o defraudarse. Negarse sexualmente sin mutuo acuerdo con un buen propósito como la oración es un despojo al cónyuge de protección y al matrimonio de comunión.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:6
7.6 Mira la nota 4. Los límites en el matrimonio, así como las responsabilidades de los esposos siguen siendo de ánimo voluntario. Es una concesión, un permiso y a la vez, un recurso de bendición; pero de ninguna manera debe considerarse un mandato o una imposición. La relación conyugal debe seguir siendo un acto de amor y de comprensión; no legalismo ni tiranía. El sexo no es moneda para chantajear ni conseguir favores, así como tampoco un arma para presionar manipulando al cónyuge. El sexo es bendición de Dios para proteger el matrimonio, unirlo y proveerle alegría; además de su poder procreativo.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:7
7.7-9 Pablo desearía que todos los creyentes fueran solteros por su amor a Cristo y su reino; sabiendo que tendrían mayor tiempo y recursos para dedicarlos al ministerio (versículos 32-33); pero es consciente que no se puede vivir célibe, a menos que se tenga un don de continencia (versículo 9, la capacidad para vivir sin relaciones sexuales sin sentirse mal por ello). Dicho don es dado por Dios a algunos como al apóstol, pero no es común. Mejor casarse que estarse quemando, frase muy gráfica para describir la pasión de quien no tiene el don de continencia y su ardor irresistible; razón por la cual debe casarse. El deseo sexual es una razón muy importante para contraer nupcias; y de hecho, sin este deseo, es mejor no casarse.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:8
7.7-9 Pablo desearía que todos los creyentes fueran solteros por su amor a Cristo y su reino; sabiendo que tendrían mayor tiempo y recursos para dedicarlos al ministerio (versículos 32-33); pero es consciente que no se puede vivir célibe, a menos que se tenga un don de continencia (versículo 9, la capacidad para vivir sin relaciones sexuales sin sentirse mal por ello). Dicho don es dado por Dios a algunos como al apóstol, pero no es común. Mejor casarse que estarse quemando, frase muy gráfica para describir la pasión de quien no tiene el don de continencia y su ardor irresistible; razón por la cual debe casarse. El deseo sexual es una razón muy importante para contraer nupcias; y de hecho, sin este deseo, es mejor no casarse.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:9
7.7-9 Pablo desearía que todos los creyentes fueran solteros por su amor a Cristo y su reino; sabiendo que tendrían mayor tiempo y recursos para dedicarlos al ministerio (versículos 32-33); pero es consciente que no se puede vivir célibe, a menos que se tenga un don de continencia (versículo 9, la capacidad para vivir sin relaciones sexuales sin sentirse mal por ello). Dicho don es dado por Dios a algunos como al apóstol, pero no es común. Mejor casarse que estarse quemando, frase muy gráfica para describir la pasión de quien no tiene el don de continencia y su ardor irresistible; razón por la cual debe casarse. El deseo sexual es una razón muy importante para contraer nupcias; y de hecho, sin este deseo, es mejor no casarse.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:10
7.10-11 Aun cuando el apóstol ha venido dando consejos explicando que no son mandamientos, en este versículo si deja en claro que se trata de un mandamiento: ni la mujer debe dejar a su marido ni el esposo debe despedir a su esposa. Se hace una distinción en el divorcio que obedece a la cultura de la época: la mujer se apartaba del marido o ponía espacio entre ambos, pero no podía despedirlo; mientras que el marido si despedía a la esposa como repudiándola. No había la igualdad que hoy conocemos. También, por mandamiento expreso de Dios, si un matrimonio se separa o divorcia, no deben volverse a casar por su cuenta ninguno de los dos. En tal caso, mejor reconcíliense que estar solos. ¿Cómo mantenerse unidos en matrimonio? Permíteme tres consejos a los que he llamado las tres “A”. Primero, evita el aburrimiento. El amor es muy creativo, por lo que no debes soportar la costumbre. Leemos: Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores. Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado (Cantares 7:12-13). Levantarse es actuar. Hacer algo para refrescar la relación. Las viejas plantas también dan nuevos frutos, pero hay que buscarlos. Allí se dan los amores: nuevos frutos. Frutas nuevas y viejas: combinar la creatividad de nuevas experiencias con los recuerdos de las ya vividas. Dicen que gallina vieja hace buen caldo; pero también gallo viejo canta cada mañana. En segundo lugar, evita la abstinencia. Haz el amor con ganas aunque no tengas ganas. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia (1 Cor. 7:3-5). Mira cómo le llama deber y no solo placer. La estimulación sexual de los genitales libera dopamina, que sostiene el sentimiento de amor romántico. Gracias al orgasmo obtenemos un aluvión de oxitocina y vasopresina, dos neurotransmisores que potencian los sentimientos de apego a la pareja”. Además, “el líquido seminal es un buen antidepresivo, lleno de productos químicos que levantan el optimismo. Le perteneces a tu cónyuge. Supongo que no pides permiso para tomar lo tuyo. Hay que aprender a darse, pero también aprender a negarse de mutuo consentimiento. Si te niegas, me imagino que es porque te dedicas a orar. Y por poco tiempo, cuando dejas de orar, pues… Toda casa debe tener una recámara matrimonial y un cuarto de oración. O estás en uno o estás en el otro. Y tercero, evita la asfixia. Vive tu propia vida, no vivas por el otro ni para el otro. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios… (Gen. 1:27-28). La creación incluye a dos y a dos es a quien bendijo. Cuando era solo uno dijo que no era bueno. Son uno en cuanto a ser una sola carne, pero la individualidad del alma debe mantenerse. Vivir por otro es tratar de controlarlo y anularlo. Vivir para otro es asfixiarlo y anularse a sí mismo. En cualquier caso, la asfixia pierde los dones que pudieron haber sido dispuestos por uno y a veces, por ambos. Los demonios gustan de poseer; ¡y algunas personas también! Poseen controlando con lástima o con ira. Evita las tres A, Aburrimiento, Abstinencia y Asfixia. Ahora, conviene una palabra acerca del divorcio y las razones principales del mismo. Hagamos un acróstico con la palabra DIVORCIO: Desamor. Frecuentemente sucede cuando se remplaza el amor por la responsabilidad. Demasiadas ocupaciones transforman el matrimonio en una carga. ¿Qué hacer? Recuperar el amor con responsabilidad. Ocupándose del matrimonio responsablemente. Para mejorar hay que ocuparse en mejorar. Se tienen defectos que deben atenderse. Ocúpate en mejorar. Nada mejora ignorándolo. Inapetencia, falta de apetito sexual. El sexo es tan importante que Dios lo creó, le llama alegrarse y sin este, el hombre no fue llamado bueno ni la mujer existía. Junto con esto, se encuentra la falta de apetito financiero. Es una causa muy común de divorcio. Algunos se conforman con el mínimo y en el proceso destruyen su matrimonio. Cuando solo sobrevives económicamente, no vas a sobrevivir familiarmente. Vicios. Algunos no pecaminosos. Los cuales, dicho sea de paso, son los peores. Es patético cómo algunos suponen que el o la amante son maravillosos. Él lo es porque desea sexo; y ella lo es porque desea quién mantenga a sus hijos…eso es común. Vicios pecaminosos. Inmoralidad, sustancias, malos hábitos. Quita los vicios y malos hábitos de tu vida o éstos te quitarán la familia y la vida. ¡Cuidado con las crisis de edad! Olvido. No recordando lo bueno vivido. Olvidar lo bueno puede caer en desinterés o ser malagradecido; pero también es ocasionado por descuido, simple falta de concentración. No olvidando lo malo sufrido. Olvidar también puede ser una bendición, pues nos permite recuperarnos al olvidar lo traumático y doloroso. Aunque algunos prefieren un matrimonio dañado recordando todo. ¡Olvida lo malo! Rutina. El enemigo costumbre. Dejando de divertirse y entrando en una aburrida monotonía. Puedes hacer cualquier cosa de dos maneras: o alegre o infeliz. La costumbre solo llega con aquellos que dejan de divertirse. La rutina es un terrible enemigo; por lo que, además de divertirse, sé creativo. Vivir sin creatividad y dando por sentado que nada se pierde en el matrimonio termina por perderlo. Hay contratos que se revisan cada año. No le vendría mal al matrimonio éstas revisiones, no para deshacerlo, sino para mejorarlo sabiendo que sin cambios corre peligro. Crítica. Intolerancia conyugal. Pacientes con todos, menos con el cónyuge. Por ejemplo, el mal hábito de pelear, discutir. ¿Qué caso tiene? Esto es por no tener respeto conyugal. La importancia de la honra, el elogio y el respeto no puede enfatizarse lo suficiente. Mucho cuidado en cómo tratas a tu esposa. Generalmente es el hombre quien debe cambiar la aspereza y la mujer la discusión. Indiferencia, principalmente conyugal. La indiferencia es la antítesis del amor. No importa el cónyuge, terrible. ¡Tan divertido que es conocerse día a día! Aprende a valorar a tu cónyuge. Y está además, la indiferencia espiritual. Sin interés en Dios, la iglesia y los asuntos espirituales. Esto no es insignificante. Quien pierde interés por las cosas espirituales mañana las perderá por las familiares; pues si puede dejar a Dios, mucho más fácil dejara a su cónyuge. La iglesia recuperó el matrimonio y la monogamia cuando el mundo había perdido el diseño de Dios; ahora debe recuperar el anti divorcio. Omisión. Omitir primero, el propósito del matrimonio. Grave error. Segundo, representar a Dios y darle hijos. Omisión del compromiso del matrimonio. Amar a Dios en el cónyuge para aprender a amar a Dios en la eternidad.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:11
7.10-11 Aun cuando el apóstol ha venido dando consejos explicando que no son mandamientos, en este versículo si deja en claro que se trata de un mandamiento: ni la mujer debe dejar a su marido ni el esposo debe despedir a su esposa. Se hace una distinción en el divorcio que obedece a la cultura de la época: la mujer se apartaba del marido o ponía espacio entre ambos, pero no podía despedirlo; mientras que el marido si despedía a la esposa como repudiándola. No había la igualdad que hoy conocemos. También, por mandamiento expreso de Dios, si un matrimonio se separa o divorcia, no deben volverse a casar por su cuenta ninguno de los dos. En tal caso, mejor reconcíliense que estar solos. ¿Cómo mantenerse unidos en matrimonio? Permíteme tres consejos a los que he llamado las tres “A”. Primero, evita el aburrimiento. El amor es muy creativo, por lo que no debes soportar la costumbre. Leemos: Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores. Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado (Cantares 7:12-13). Levantarse es actuar. Hacer algo para refrescar la relación. Las viejas plantas también dan nuevos frutos, pero hay que buscarlos. Allí se dan los amores: nuevos frutos. Frutas nuevas y viejas: combinar la creatividad de nuevas experiencias con los recuerdos de las ya vividas. Dicen que gallina vieja hace buen caldo; pero también gallo viejo canta cada mañana. En segundo lugar, evita la abstinencia. Haz el amor con ganas aunque no tengas ganas. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia (1 Cor. 7:3-5). Mira cómo le llama deber y no solo placer. La estimulación sexual de los genitales libera dopamina, que sostiene el sentimiento de amor romántico. Gracias al orgasmo obtenemos un aluvión de oxitocina y vasopresina, dos neurotransmisores que potencian los sentimientos de apego a la pareja”. Además, “el líquido seminal es un buen antidepresivo, lleno de productos químicos que levantan el optimismo. Le perteneces a tu cónyuge. Supongo que no pides permiso para tomar lo tuyo. Hay que aprender a darse, pero también aprender a negarse de mutuo consentimiento. Si te niegas, me imagino que es porque te dedicas a orar. Y por poco tiempo, cuando dejas de orar, pues… Toda casa debe tener una recámara matrimonial y un cuarto de oración. O estás en uno o estás en el otro. Y tercero, evita la asfixia. Vive tu propia vida, no vivas por el otro ni para el otro. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios… (Gen. 1:27-28). La creación incluye a dos y a dos es a quien bendijo. Cuando era solo uno dijo que no era bueno. Son uno en cuanto a ser una sola carne, pero la individualidad del alma debe mantenerse. Vivir por otro es tratar de controlarlo y anularlo. Vivir para otro es asfixiarlo y anularse a sí mismo. En cualquier caso, la asfixia pierde los dones que pudieron haber sido dispuestos por uno y a veces, por ambos. Los demonios gustan de poseer; ¡y algunas personas también! Poseen controlando con lástima o con ira. Evita las tres A, Aburrimiento, Abstinencia y Asfixia. Ahora, conviene una palabra acerca del divorcio y las razones principales del mismo. Hagamos un acróstico con la palabra DIVORCIO: Desamor. Frecuentemente sucede cuando se remplaza el amor por la responsabilidad. Demasiadas ocupaciones transforman el matrimonio en una carga. ¿Qué hacer? Recuperar el amor con responsabilidad. Ocupándose del matrimonio responsablemente. Para mejorar hay que ocuparse en mejorar. Se tienen defectos que deben atenderse. Ocúpate en mejorar. Nada mejora ignorándolo. Inapetencia, falta de apetito sexual. El sexo es tan importante que Dios lo creó, le llama alegrarse y sin este, el hombre no fue llamado bueno ni la mujer existía. Junto con esto, se encuentra la falta de apetito financiero. Es una causa muy común de divorcio. Algunos se conforman con el mínimo y en el proceso destruyen su matrimonio. Cuando solo sobrevives económicamente, no vas a sobrevivir familiarmente. Vicios. Algunos no pecaminosos. Los cuales, dicho sea de paso, son los peores. Es patético cómo algunos suponen que el o la amante son maravillosos. Él lo es porque desea sexo; y ella lo es porque desea quién mantenga a sus hijos…eso es común. Vicios pecaminosos. Inmoralidad, sustancias, malos hábitos. Quita los vicios y malos hábitos de tu vida o éstos te quitarán la familia y la vida. ¡Cuidado con las crisis de edad! Olvido. No recordando lo bueno vivido. Olvidar lo bueno puede caer en desinterés o ser malagradecido; pero también es ocasionado por descuido, simple falta de concentración. No olvidando lo malo sufrido. Olvidar también puede ser una bendición, pues nos permite recuperarnos al olvidar lo traumático y doloroso. Aunque algunos prefieren un matrimonio dañado recordando todo. ¡Olvida lo malo! Rutina. El enemigo costumbre. Dejando de divertirse y entrando en una aburrida monotonía. Puedes hacer cualquier cosa de dos maneras: o alegre o infeliz. La costumbre solo llega con aquellos que dejan de divertirse. La rutina es un terrible enemigo; por lo que, además de divertirse, sé creativo. Vivir sin creatividad y dando por sentado que nada se pierde en el matrimonio termina por perderlo. Hay contratos que se revisan cada año. No le vendría mal al matrimonio éstas revisiones, no para deshacerlo, sino para mejorarlo sabiendo que sin cambios corre peligro. Crítica. Intolerancia conyugal. Pacientes con todos, menos con el cónyuge. Por ejemplo, el mal hábito de pelear, discutir. ¿Qué caso tiene? Esto es por no tener respeto conyugal. La importancia de la honra, el elogio y el respeto no puede enfatizarse lo suficiente. Mucho cuidado en cómo tratas a tu esposa. Generalmente es el hombre quien debe cambiar la aspereza y la mujer la discusión. Indiferencia, principalmente conyugal. La indiferencia es la antítesis del amor. No importa el cónyuge, terrible. ¡Tan divertido que es conocerse día a día! Aprende a valorar a tu cónyuge. Y está además, la indiferencia espiritual. Sin interés en Dios, la iglesia y los asuntos espirituales. Esto no es insignificante. Quien pierde interés por las cosas espirituales mañana las perderá por las familiares; pues si puede dejar a Dios, mucho más fácil dejara a su cónyuge. La iglesia recuperó el matrimonio y la monogamia cuando el mundo había perdido el diseño de Dios; ahora debe recuperar el anti divorcio. Omisión. Omitir primero, el propósito del matrimonio. Grave error. Segundo, representar a Dios y darle hijos. Omisión del compromiso del matrimonio. Amar a Dios en el cónyuge para aprender a amar a Dios en la eternidad.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:12
7.12-13 Así como fue claro con el mandamiento del Señor, el apóstol Pablo es igualmente claro para expresar que lo dicho en estos versículos no es un mandamiento del Señor. Es loable que conozca la diferencia; pero para nosotros los creyentes de nuestro tiempo, ambas palabras, el mandato y el consejo, debemos tomarlos como Palabra del Señor. No debe deshacerse un matrimonio ya establecido por causa de la fe. Un hombre casado con una mujer que no es creyente, pero que sí quiere estar con él, debe permanecer con ella. Igualmente la mujer cristiana que está casada con un hombre incrédulo. Por supuesto que no aplica a quienes aun no están casados y desean unirse en yugo desigual (2 Cor. 6:14); sino solo a los que ya estando casados entran en yugo desigual por la conversión de alguno.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:13
7.12-13 Así como fue claro con el mandamiento del Señor, el apóstol Pablo es igualmente claro para expresar que lo dicho en estos versículos no es un mandamiento del Señor. Es loable que conozca la diferencia; pero para nosotros los creyentes de nuestro tiempo, ambas palabras, el mandato y el consejo, debemos tomarlos como Palabra del Señor. No debe deshacerse un matrimonio ya establecido por causa de la fe. Un hombre casado con una mujer que no es creyente, pero que sí quiere estar con él, debe permanecer con ella. Igualmente la mujer cristiana que está casada con un hombre incrédulo. Por supuesto que no aplica a quienes aun no están casados y desean unirse en yugo desigual (2 Cor. 6:14); sino solo a los que ya estando casados entran en yugo desigual por la conversión de alguno.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:14
7.14 La razón por la que un hombre o una mujer creyentes no deben dejar a su cónyuge incrédulo es la posibilidad de salvación a dicha familia por parte del cristiano. Es de esperarse que la luz venza a las tinieblas y que el marido u esposa que no es creyente sea finalmente santificado (a), lo mismo que sus hijos. No que sean santificados en automático, sino cuando lleguen a creer; con todo, gozan de cierta cobertura y oportunidad amándoles Dios por causa del o la creyente. Una gracia especial que Dios dispensa a la familia de sus hijos.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:15
7.15 Tratar de retener a quien quiere irse del matrimonio, especialmente si se trata de una persona no creyente, es una especie de esclavitud o servidumbre del alma. Ninguno debe aferrarse a un matrimonio en donde la otra parte no desea estar, pues perderá la paz a la que Dios nos ha llamado. Una cosa es la paz que Dios da y la otra es la paz a la que Dios nos llama. La paz que Dios da es una característica y condición del alma o interna que puede experimentarse en cualquier circunstancia, independientemente de la condición externa; mientras que la paz a la que Dios nos ha llamado es la encomienda de vivir en paz y respeto mutuos, tanto en familia como la iglesia y sociedad. En lo que dependa de nosotros, por supuesto.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:16
7.16 Mientras el cónyuge no creyente permanece en matrimonio tiene posibilidades de ser ganado para Cristo; por eso, a menos que insista en separarse, como dice el apóstol en los versículos anteriores, el creyente debe procurar seguir casado y proponerse la conversión de toda la familia. Es de esperarse que la luz del creyente sea superior a las tinieblas del incrédulo, y que la gloria del cristiano sea lo suficientemente atractiva para la conversión de su cónyuge.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:17
7.17 Es estado civil de los cristianos debe aprovecharse para el reino de Dios; si puede alguno permanecer soltero, use su soltería para el reino de Dios y si alguno está casado, que su familia sirva al Señor. Si tiene o no don de continencia dado por Dios, si tiene o no familia será parte de su llamado. Luego, el escritor va a incluir otros estados civiles como ser griego o judío con el mismo propósito: que todo sea para realizar la voluntad de Dios acerca del evangelio. Cada uno ha de ver por su propio llamado y no imponerlo a su prójimo. Todo esto relatado en el capítulo era parte de las ordenanzas apostólicas en las iglesias del apóstol Pablo. La iglesia no solo recibe vida eterna, sino una vida mejor aquí.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:18
7.18-19 Como ejemplo a lo anteriormente dicho, una persona que llegó a la iglesia siendo incircunciso, no debería circuncidarse por haberse convertido. La distinción entre judíos y gentiles seguía siendo un problema entre las iglesias del primer siglo; pues ante la conversión de los gentiles, algunos intentaban imponerles el rito de la circuncisión como requisito de la fe de Cristo. Incluso consideraban que no estar circuncidado los mantenía en una especie de cristianismo de segunda categoría y hasta como falsos hermanos. Los judaizantes habían inquietado a los cristianos de Corinto acerca de este particular, por lo que preguntaron al respecto. El apóstol es determinante: la circuncisión nada es y la incircuncisión tampoco, sino guardar los mandamientos de Dios; de modo que circuncidarse no es parte de tales mandamientos. Las sombras y figuras del Antiguo testamento ilustran la realidad del Nuevo Pacto, pero una vez que se experimenta la realidad, no tiene sentido regresar a los símbolos. Quien ha sido circuncidado en su corazón habiendo recibido de Dios una nueva vida, no debe buscar la circuncisión del cuerpo como forma de agradar a Dios.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:19
7.18-19 Como ejemplo a lo anteriormente dicho, una persona que llegó a la iglesia siendo incircunciso, no debería circuncidarse por haberse convertido. La distinción entre judíos y gentiles seguía siendo un problema entre las iglesias del primer siglo; pues ante la conversión de los gentiles, algunos intentaban imponerles el rito de la circuncisión como requisito de la fe de Cristo. Incluso consideraban que no estar circuncidado los mantenía en una especie de cristianismo de segunda categoría y hasta como falsos hermanos. Los judaizantes habían inquietado a los cristianos de Corinto acerca de este particular, por lo que preguntaron al respecto. El apóstol es determinante: la circuncisión nada es y la incircuncisión tampoco, sino guardar los mandamientos de Dios; de modo que circuncidarse no es parte de tales mandamientos. Las sombras y figuras del Antiguo testamento ilustran la realidad del Nuevo Pacto, pero una vez que se experimenta la realidad, no tiene sentido regresar a los símbolos. Quien ha sido circuncidado en su corazón habiendo recibido de Dios una nueva vida, no debe buscar la circuncisión del cuerpo como forma de agradar a Dios.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:20
7.20-21 El estado civil de un individuo, lo mismo que la condición de su vivir, debe buscarse en pro de las necesidades del reino de Dios. No buscar cambiar su condición únicamente por la comodidad que crea hallar en ello, sino porque esto le permita mejores posibilidades de servir al Señor. Quédese como llegó a Cristo, incluso si es esclavo (permitido en el primer siglo por la ignorancia humana), pero si podía alcanzar su libertad debía intentarlo, pues sería mas útil al evangelio. Si esto es válido para la emancipación de la esclavitud, también es válido para el tipo de trabajo al cual nos dedicamos, si tenemos familia o cualquier otra cosa en este mundo. Todo para la gloria de Dios.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:21
7.20-21 El estado civil de un individuo, lo mismo que la condición de su vivir, debe buscarse en pro de las necesidades del reino de Dios. No buscar cambiar su condición únicamente por la comodidad que crea hallar en ello, sino porque esto le permita mejores posibilidades de servir al Señor. Quédese como llegó a Cristo, incluso si es esclavo (permitido en el primer siglo por la ignorancia humana), pero si podía alcanzar su libertad debía intentarlo, pues sería mas útil al evangelio. Si esto es válido para la emancipación de la esclavitud, también es válido para el tipo de trabajo al cual nos dedicamos, si tenemos familia o cualquier otra cosa en este mundo. Todo para la gloria de Dios.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:22
7.22 El Señor Jesús dijo que si el Hijo nos libertaba, seríamos verdaderamente libres. Esto es cierto; tanto, que incluso si el cuerpo llega a estar bajo cadenas, en prisión o esclavitud, el alma en Cristo es libre. Nuestro ser interior no puede ser atado, salvo que nosotros lo permitamos. Los esclavos que se convertían a Cristo experimentaron la paz y la libertad espiritual y psíquica a tal punto que se anticiparon cientos de años a su libertad. La paradoja es que el señorío de Cristo proporciona libertad, siendo esclavos de Él es que podemos ser en verdad libres. Así es el evangelio, quien sirve a Cristo llevando su yugo descansa; el que se humilla es exaltado; dando es como recibimos; somos herederos de todo aunque no tuviésemos nada. Los esclavos en Cristo son libres y los libres en Cristo somos gustosamente sus esclavos.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:23
7.23 La base de la emancipación de la esclavitud es que pertenecemos a Cristo. Fuimos comprados con su sangre, de manera que no debemos ser esclavizados por los hombres –ni siquiera a voluntad personal. La esclavitud y el señorío del hombre sobre el hombre no debe permitirse porque en este sentido, uno solo es el Señor, Amo y Dueño de los hombres, Jesucristo. Somos hermanos y aunque respetamos estratos sociales, dichos estratos no incluyen la esclavitud ni la opresión. Los hombres se esclavizan unos a otros por el poder y las riquezas; pero es una fantasía que no durará, vanidad. El señorío de Cristo es eterno y un día se manifestará plenamente para no acabarse jamás. Los hombres que poseen a su prójimo lo oprimen; pero Cristo lo glorifica. Su señorío es conveniente.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:24
7.24 Mira las notas anteriores. El evangelio transformó al mundo, pero no fue dado para provocar revueltas sociales ni revoluciones políticas, ideológicas ni económicas. El evangelio es poder para salvación, pero respecto de la condenación divina y las consecuencias del pecado. A su tiempo, poco a poco, la luz del evangelio provocaría el desarrollo de la civilización, pero jamás mediante el desorden, la violencia ni la anarquía. Por ello el consejo apostólico era permanecer en el estado en el que llegaban al evangelio, esclavos o libres, mas recomendablemente libres, pero solo si esto era pacíficamente posible. Con el tiempo la luz del evangelio cambió el mundo propiciando mejores condiciones de vida y equidad.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:25
7.25 Dentro de las preguntas realizadas al apóstol y padre espiritual de la iglesia de Corinto, se encontraba la relativa a las vírgenes; es decir, si dar o no en matrimonio a las hijas. Al respecto Pablo no tiene un mandamiento específico de parte de Dios, lo que significa que nunca el Señor le habló sobre el particular y no porque no le interesara al Señor, sino por no ser prioritario dentro de los propósitos del reino el cómo del matrimonio (dar las hijas o dejarlas escoger marido). Sin embargo, el apóstol se sabe digno de expresar su opinión con autoridad como uno que ha demostrado madurez y sabiduría dignas de confianza.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:26
7.26-27 Palabras que parecieran no estar a favor del matrimonio, pero en realidad, fueron escritas en el contexto de la premura evangelística por alcanzar el mundo. En tiempos dramáticos de persecución y a la vez, de crecimiento exponencial de la iglesia, el matrimonio no era lo más recomendable. Se requerían personas sin compromisos y con todo el tiempo disponible para extender el reino de los cielos. Semejante a las épocas de guerra y de martirio, en donde el matrimonio no es fácil de llevar. Los creyentes de Corinto necesitaban leer esto, pues estaban demasiado enfocados en las cosas de esta vida. Si tu sirves a Dios sin límites, entonces formar una familia será por su causa sin resultarte un impedimento; más si careces de luz y de influencia para servirle completamente, necesitarás permanecer como estás.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:27
7.26-27 Palabras que parecieran no estar a favor del matrimonio, pero en realidad, fueron escritas en el contexto de la premura evangelística por alcanzar el mundo. En tiempos dramáticos de persecución y a la vez, de crecimiento exponencial de la iglesia, el matrimonio no era lo más recomendable. Se requerían personas sin compromisos y con todo el tiempo disponible para extender el reino de los cielos. Semejante a las épocas de guerra y de martirio, en donde el matrimonio no es fácil de llevar. Los creyentes de Corinto necesitaban leer esto, pues estaban demasiado enfocados en las cosas de esta vida. Si tu sirves a Dios sin límites, entonces formar una familia será por su causa sin resultarte un impedimento; más si careces de luz y de influencia para servirle completamente, necesitarás permanecer como estás.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:28
7.28 El matrimonio fue creado por Dios y de ninguna manera debe considerarse malo ni pecaminoso; tampoco un pecado permisible, como algunos de mala conciencia supusieron. La aflicción de la carne a la que Pablo hace referencia no son los problemas comunes o carnales del matrimonio, como pudiese pensarse; sino los contratiempos que implicaba tener una familia en tiempos difíciles de la iglesia, tanto por la posible persecución, como por la dificultad para servir a Cristo estando dividido entre el evangelio y la satisfacción de las necesidades familiares.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:29
7.29-31 Sin perder las alas –podría ser el resumen de estos versículos. Vivir en este mundo sin perder la identidad celestial y la capacidad resultante para servir a Cristo. “¡No pierdas tu libertad!” –dicen quienes miran al matrimonio como cadenas, ya sea por malas experiencias o simplemente por desconocer lo que la Palabra de Dios enseña al respecto. También, algunas personas dedican su vida a los conflictos matrimoniales, no a su matrimonio, sino al conflicto matrimonial. Hay una diferencia notable entre invertirle a la relación e invertirle al pleito. Para aquellos que se dedican al pleito, deben recordar las palabras del Señor dichas por medio de la boca del apóstol Pablo. Primero, tener sin atarse: Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen (29). La madurez es equilibrio; y el equilibrio en la relación conyugal es madurez matrimonial. Tener sin ser tenido, por decirlo así, no en cuanto a la esposa, sino en cuanto a darse sin dejar de ser. ¿La razón? “El tiempo es corto, resta…” Entre menos existe algo, más grande es su necesidad y su valor; no queda mucho tiempo, la vida se va rápido, así que dedícate a lo que te sobrevivirá, esto es, al reino de Dios. Tener esposa es una bendición; pero si el reino perdió un esposo, ¿dónde está la ganancia? La idea no es anularse ni dedicarse a la resolución de problemas conyugales, considero que entre más se dedican a los problemas, más problemas se presentan, no hablo de ignorarlos, sino de no alimentarlos con preocupaciones vanas. Tener esposa no es excusa para no estar comprometido con el reino de Dios; al contrario, se debe estar agradecido y, en buena medida, en deuda. Sin llorar a pesar de los motivos: “…y los que lloran, como si no llorasen…” (30). Este mundo abofetea de cuando en cuando; razones para llorar seguramente habrá; sin embargo, ¿estoy obligado a llorar? No. Hay quienes así andan por este mundo, rogando amor con monedas de dolor, sienten la obligación de sufrir para ser tenidos por buenos, sólo para ser aceptados. Quizá les dan lástima y no amor, pero al menos el abrazo y haber sido el centro de atención por el momento gratifica un enorme ego vestido de dolor. ¿Qué dice la Palabra? Que no tienes tiempo de llorar. Es hora de levantarse y acelerar la venida del reino. El dolor a veces es inevitable, pero sentirse miserable es una opción. No lloras por el problema, sino porque decidiste enfrentarlo con lágrimas. ¿Tienes razones para llorar? Si las cuentas, seguramente tendrás. Pero si lo analizas adecuadamente, notarás que también tienes la opción de no llorar. Solo Jesús le dijo a una viuda en el funeral de su único hijo: “no llores”. ¿Insensible? No podemos decir eso de quien murió en tu lugar; es un propósito más alto que esta vida, es tener alas a pesar de todo. Es alegrarse con enfoque: “…y los que se alegran, como si no se alegrasen…” (30). El cristianismo no es amargo; por el contrario, es plenitud de gozo. Con todo, el consejo apostólico es enfocar las razones de la alegría. Cuando alegrarse está condicionado a las cosas externas al espíritu o dicho de otro modo, a los asuntos de este mundo, será una alegría cambiante y pasajera. Con ese enfoque no siempre podrás reír, serás como el mundo, cuyas fiestas no pueden existir sin baile ni licor. Enfoca tu alegría; el reino de Dios te ofrece una gama de razones para ser feliz más allá de una sala nueva y del diploma de un hijo. Veo hombres perder el control emocional por un gol y mujeres reír ruidosamente en pláticas de amigas, pero mantenerse indiferentes a los avances del reino. Están tan llenos de sus alegrías que no tienes espacio para nada más. Tengamos por nuestra mayor alegría aquellas cosas que engrandecen a Dios, gocémonos de sus éxitos; ríamos de lo que hace, alegres de la bendición de la iglesia y su crecimiento. Esta alegría es mucho mayor que las cosas de esta vida. Disfrutar con límites: “…y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (30-31). Comprar es divertido, poseer es cansado. Entre más cosas tienes, más necesitas hacer para mantenerlas. ¡Bendito sea Dios porque puedes comprar! …pero deja que sea Él quien posea todo lo que compras. Le dices a Dios Dueño de todo, pero no dispones tus bienes a su servicio. ¿Has visto cuanto compra una familia a lo largo de su vida? ¡Impresionante! Enseña a tus hijos a no poseer, que cuiden y administren, pero de acuerdo al Amo verdadero. Disfruta, pero con límites. Gobiérnate. No te pierdas en el proceso de hallarte. Diviértete, sé feliz, cada sabor, cada aroma, casa sonido, cada textura, disfruta cuánto puedas, pero no vivas para disfrutar, sino para que Dios pueda disfrutar de todo a través de ti. Eres cristiano, no hedonista. No vives para el placer, sino que sientes placer porque vives. Los matrimonios que dedican su existencia a pagar cuentas están entre los más infelices de la tierra. Pero aquellos que compran conforme a los parámetros del reino, es decir, con abundancia tanto de cantidad como de propósito, disfrutan mucho, sabiendo que nada es de ellos, aunque todo esté a su nombre. No pierdas las alas, el matrimonio debe potencializarte y no paralizarte. Debe darte impulso y no dejarte vegetando sin pulso. De ti depende: “los que tienen esposa, como si no la tuviesen”. Dios es el más grande amor y sus propósitos nuestra prioridad.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:30
7.29-31 Sin perder las alas –podría ser el resumen de estos versículos. Vivir en este mundo sin perder la identidad celestial y la capacidad resultante para servir a Cristo. “¡No pierdas tu libertad!” –dicen quienes miran al matrimonio como cadenas, ya sea por malas experiencias o simplemente por desconocer lo que la Palabra de Dios enseña al respecto. También, algunas personas dedican su vida a los conflictos matrimoniales, no a su matrimonio, sino al conflicto matrimonial. Hay una diferencia notable entre invertirle a la relación e invertirle al pleito. Para aquellos que se dedican al pleito, deben recordar las palabras del Señor dichas por medio de la boca del apóstol Pablo. Primero, tener sin atarse: Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen (29). La madurez es equilibrio; y el equilibrio en la relación conyugal es madurez matrimonial. Tener sin ser tenido, por decirlo así, no en cuanto a la esposa, sino en cuanto a darse sin dejar de ser. ¿La razón? “El tiempo es corto, resta…” Entre menos existe algo, más grande es su necesidad y su valor; no queda mucho tiempo, la vida se va rápido, así que dedícate a lo que te sobrevivirá, esto es, al reino de Dios. Tener esposa es una bendición; pero si el reino perdió un esposo, ¿dónde está la ganancia? La idea no es anularse ni dedicarse a la resolución de problemas conyugales, considero que entre más se dedican a los problemas, más problemas se presentan, no hablo de ignorarlos, sino de no alimentarlos con preocupaciones vanas. Tener esposa no es excusa para no estar comprometido con el reino de Dios; al contrario, se debe estar agradecido y, en buena medida, en deuda. Sin llorar a pesar de los motivos: “…y los que lloran, como si no llorasen…” (30). Este mundo abofetea de cuando en cuando; razones para llorar seguramente habrá; sin embargo, ¿estoy obligado a llorar? No. Hay quienes así andan por este mundo, rogando amor con monedas de dolor, sienten la obligación de sufrir para ser tenidos por buenos, sólo para ser aceptados. Quizá les dan lástima y no amor, pero al menos el abrazo y haber sido el centro de atención por el momento gratifica un enorme ego vestido de dolor. ¿Qué dice la Palabra? Que no tienes tiempo de llorar. Es hora de levantarse y acelerar la venida del reino. El dolor a veces es inevitable, pero sentirse miserable es una opción. No lloras por el problema, sino porque decidiste enfrentarlo con lágrimas. ¿Tienes razones para llorar? Si las cuentas, seguramente tendrás. Pero si lo analizas adecuadamente, notarás que también tienes la opción de no llorar. Solo Jesús le dijo a una viuda en el funeral de su único hijo: “no llores”. ¿Insensible? No podemos decir eso de quien murió en tu lugar; es un propósito más alto que esta vida, es tener alas a pesar de todo. Es alegrarse con enfoque: “…y los que se alegran, como si no se alegrasen…” (30). El cristianismo no es amargo; por el contrario, es plenitud de gozo. Con todo, el consejo apostólico es enfocar las razones de la alegría. Cuando alegrarse está condicionado a las cosas externas al espíritu o dicho de otro modo, a los asuntos de este mundo, será una alegría cambiante y pasajera. Con ese enfoque no siempre podrás reír, serás como el mundo, cuyas fiestas no pueden existir sin baile ni licor. Enfoca tu alegría; el reino de Dios te ofrece una gama de razones para ser feliz más allá de una sala nueva y del diploma de un hijo. Veo hombres perder el control emocional por un gol y mujeres reír ruidosamente en pláticas de amigas, pero mantenerse indiferentes a los avances del reino. Están tan llenos de sus alegrías que no tienes espacio para nada más. Tengamos por nuestra mayor alegría aquellas cosas que engrandecen a Dios, gocémonos de sus éxitos; ríamos de lo que hace, alegres de la bendición de la iglesia y su crecimiento. Esta alegría es mucho mayor que las cosas de esta vida. Disfrutar con límites: “…y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (30-31). Comprar es divertido, poseer es cansado. Entre más cosas tienes, más necesitas hacer para mantenerlas. ¡Bendito sea Dios porque puedes comprar! …pero deja que sea Él quien posea todo lo que compras. Le dices a Dios Dueño de todo, pero no dispones tus bienes a su servicio. ¿Has visto cuanto compra una familia a lo largo de su vida? ¡Impresionante! Enseña a tus hijos a no poseer, que cuiden y administren, pero de acuerdo al Amo verdadero. Disfruta, pero con límites. Gobiérnate. No te pierdas en el proceso de hallarte. Diviértete, sé feliz, cada sabor, cada aroma, casa sonido, cada textura, disfruta cuánto puedas, pero no vivas para disfrutar, sino para que Dios pueda disfrutar de todo a través de ti. Eres cristiano, no hedonista. No vives para el placer, sino que sientes placer porque vives. Los matrimonios que dedican su existencia a pagar cuentas están entre los más infelices de la tierra. Pero aquellos que compran conforme a los parámetros del reino, es decir, con abundancia tanto de cantidad como de propósito, disfrutan mucho, sabiendo que nada es de ellos, aunque todo esté a su nombre. No pierdas las alas, el matrimonio debe potencializarte y no paralizarte. Debe darte impulso y no dejarte vegetando sin pulso. De ti depende: “los que tienen esposa, como si no la tuviesen”. Dios es el más grande amor y sus propósitos nuestra prioridad.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:31
7.29-31 Sin perder las alas –podría ser el resumen de estos versículos. Vivir en este mundo sin perder la identidad celestial y la capacidad resultante para servir a Cristo. “¡No pierdas tu libertad!” –dicen quienes miran al matrimonio como cadenas, ya sea por malas experiencias o simplemente por desconocer lo que la Palabra de Dios enseña al respecto. También, algunas personas dedican su vida a los conflictos matrimoniales, no a su matrimonio, sino al conflicto matrimonial. Hay una diferencia notable entre invertirle a la relación e invertirle al pleito. Para aquellos que se dedican al pleito, deben recordar las palabras del Señor dichas por medio de la boca del apóstol Pablo. Primero, tener sin atarse: Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen (29). La madurez es equilibrio; y el equilibrio en la relación conyugal es madurez matrimonial. Tener sin ser tenido, por decirlo así, no en cuanto a la esposa, sino en cuanto a darse sin dejar de ser. ¿La razón? “El tiempo es corto, resta…” Entre menos existe algo, más grande es su necesidad y su valor; no queda mucho tiempo, la vida se va rápido, así que dedícate a lo que te sobrevivirá, esto es, al reino de Dios. Tener esposa es una bendición; pero si el reino perdió un esposo, ¿dónde está la ganancia? La idea no es anularse ni dedicarse a la resolución de problemas conyugales, considero que entre más se dedican a los problemas, más problemas se presentan, no hablo de ignorarlos, sino de no alimentarlos con preocupaciones vanas. Tener esposa no es excusa para no estar comprometido con el reino de Dios; al contrario, se debe estar agradecido y, en buena medida, en deuda. Sin llorar a pesar de los motivos: “…y los que lloran, como si no llorasen…” (30). Este mundo abofetea de cuando en cuando; razones para llorar seguramente habrá; sin embargo, ¿estoy obligado a llorar? No. Hay quienes así andan por este mundo, rogando amor con monedas de dolor, sienten la obligación de sufrir para ser tenidos por buenos, sólo para ser aceptados. Quizá les dan lástima y no amor, pero al menos el abrazo y haber sido el centro de atención por el momento gratifica un enorme ego vestido de dolor. ¿Qué dice la Palabra? Que no tienes tiempo de llorar. Es hora de levantarse y acelerar la venida del reino. El dolor a veces es inevitable, pero sentirse miserable es una opción. No lloras por el problema, sino porque decidiste enfrentarlo con lágrimas. ¿Tienes razones para llorar? Si las cuentas, seguramente tendrás. Pero si lo analizas adecuadamente, notarás que también tienes la opción de no llorar. Solo Jesús le dijo a una viuda en el funeral de su único hijo: “no llores”. ¿Insensible? No podemos decir eso de quien murió en tu lugar; es un propósito más alto que esta vida, es tener alas a pesar de todo. Es alegrarse con enfoque: “…y los que se alegran, como si no se alegrasen…” (30). El cristianismo no es amargo; por el contrario, es plenitud de gozo. Con todo, el consejo apostólico es enfocar las razones de la alegría. Cuando alegrarse está condicionado a las cosas externas al espíritu o dicho de otro modo, a los asuntos de este mundo, será una alegría cambiante y pasajera. Con ese enfoque no siempre podrás reír, serás como el mundo, cuyas fiestas no pueden existir sin baile ni licor. Enfoca tu alegría; el reino de Dios te ofrece una gama de razones para ser feliz más allá de una sala nueva y del diploma de un hijo. Veo hombres perder el control emocional por un gol y mujeres reír ruidosamente en pláticas de amigas, pero mantenerse indiferentes a los avances del reino. Están tan llenos de sus alegrías que no tienes espacio para nada más. Tengamos por nuestra mayor alegría aquellas cosas que engrandecen a Dios, gocémonos de sus éxitos; ríamos de lo que hace, alegres de la bendición de la iglesia y su crecimiento. Esta alegría es mucho mayor que las cosas de esta vida. Disfrutar con límites: “…y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (30-31). Comprar es divertido, poseer es cansado. Entre más cosas tienes, más necesitas hacer para mantenerlas. ¡Bendito sea Dios porque puedes comprar! …pero deja que sea Él quien posea todo lo que compras. Le dices a Dios Dueño de todo, pero no dispones tus bienes a su servicio. ¿Has visto cuanto compra una familia a lo largo de su vida? ¡Impresionante! Enseña a tus hijos a no poseer, que cuiden y administren, pero de acuerdo al Amo verdadero. Disfruta, pero con límites. Gobiérnate. No te pierdas en el proceso de hallarte. Diviértete, sé feliz, cada sabor, cada aroma, casa sonido, cada textura, disfruta cuánto puedas, pero no vivas para disfrutar, sino para que Dios pueda disfrutar de todo a través de ti. Eres cristiano, no hedonista. No vives para el placer, sino que sientes placer porque vives. Los matrimonios que dedican su existencia a pagar cuentas están entre los más infelices de la tierra. Pero aquellos que compran conforme a los parámetros del reino, es decir, con abundancia tanto de cantidad como de propósito, disfrutan mucho, sabiendo que nada es de ellos, aunque todo esté a su nombre. No pierdas las alas, el matrimonio debe potencializarte y no paralizarte. Debe darte impulso y no dejarte vegetando sin pulso. De ti depende: “los que tienen esposa, como si no la tuviesen”. Dios es el más grande amor y sus propósitos nuestra prioridad.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:32
7.32-34 En el matrimonio que funciona los cónyuges procuran agradarse mutuamente. Mira la nota 7.28 El matrimonio requiere dedicarse tiempo a la vida en pareja, así como al resto de la familia. Es una bendición, pero no puede negarse que el casado tiene menos tiempo libre para el ministerio o servicio a Dios y a la iglesia. Pablo está dando prioridad al ministerio no por menosprecio a la familia, sino por causa de la premura de la época. La iglesia estaba naciendo en medio de un mundo violento contra ella; así como de toda clase de peligros, incluyendo el pecado y los afanes. ¿Es pecado que un hombre agrade a su mujer? Desde luego que no, por el contrario, es loable. Pero tampoco es práctico para el propósito de la extensión del reino. Un hombre como Pablo se sentía presionado por la premura de consolidar el cristianismo y consideraba que no había nada más importante. Tenía razón. En este tiempo, sin descuidar a la familia, debemos retomar nuestra pasión por lo que a Cristo apasiona; el que pueda ser soltero dedíquese a servir a Cristo y el que no, dedíquele su familia a Cristo.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:33
7.32-34 En el matrimonio que funciona los cónyuges procuran agradarse mutuamente. Mira la nota 7.28 El matrimonio requiere dedicarse tiempo a la vida en pareja, así como al resto de la familia. Es una bendición, pero no puede negarse que el casado tiene menos tiempo libre para el ministerio o servicio a Dios y a la iglesia. Pablo está dando prioridad al ministerio no por menosprecio a la familia, sino por causa de la premura de la época. La iglesia estaba naciendo en medio de un mundo violento contra ella; así como de toda clase de peligros, incluyendo el pecado y los afanes. ¿Es pecado que un hombre agrade a su mujer? Desde luego que no, por el contrario, es loable. Pero tampoco es práctico para el propósito de la extensión del reino. Un hombre como Pablo se sentía presionado por la premura de consolidar el cristianismo y consideraba que no había nada más importante. Tenía razón. En este tiempo, sin descuidar a la familia, debemos retomar nuestra pasión por lo que a Cristo apasiona; el que pueda ser soltero dedíquese a servir a Cristo y el que no, dedíquele su familia a Cristo.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:34
7.32-34 En el matrimonio que funciona los cónyuges procuran agradarse mutuamente. Mira la nota 7.28 El matrimonio requiere dedicarse tiempo a la vida en pareja, así como al resto de la familia. Es una bendición, pero no puede negarse que el casado tiene menos tiempo libre para el ministerio o servicio a Dios y a la iglesia. Pablo está dando prioridad al ministerio no por menosprecio a la familia, sino por causa de la premura de la época. La iglesia estaba naciendo en medio de un mundo violento contra ella; así como de toda clase de peligros, incluyendo el pecado y los afanes. ¿Es pecado que un hombre agrade a su mujer? Desde luego que no, por el contrario, es loable. Pero tampoco es práctico para el propósito de la extensión del reino. Un hombre como Pablo se sentía presionado por la premura de consolidar el cristianismo y consideraba que no había nada más importante. Tenía razón. En este tiempo, sin descuidar a la familia, debemos retomar nuestra pasión por lo que a Cristo apasiona; el que pueda ser soltero dedíquese a servir a Cristo y el que no, dedíquele su familia a Cristo.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:35
7.35 El provecho del reino de Dios redunda en el provecho del que sirve a dicho reino. Dedícarse a su extensión es dedícarse a ser bendecido, ya sea en esta vida o en la venidera, incluso es posible en ambas. La recomendación de no casarse no tenía como propósito tender un lazo o trampa de reclutamiento, sino con motivos puros para que nada interfiriera entre los creyentes y Cristo, un consejo honesto y decente, literalmente “bien formado” y “quedar bien” con Dios. El matrimonio puede llegar a ser un impedimento para acercarse al Señor, al menos tratándose del tiempo posible para servirlo. Pero como ha venido diciendo el apóstol, esto solo es posible para quienes tengan don de continencia.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:36
7.36 En los tiempos bíblicos los padres tenían la completa autoridad sobre los hijos para casarlos o incluso para dejarlos sin casar; especialmente tratándose de las hijas. Dicha autoridad es loable cuando se trata de padres que aman a Dios y procuran el beneficio del reino de Dios y de sus hijos, pero no es recomendable cuando se trata de incrédulos. La historia muestra abusos al respecto. Si bien en este tiempo y en occidente sobre todo, las cosas no son iguales, con todo, conviene que los hijos honren a sus padres buscando su aprobación y su bendición para contraer nupcias.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:37
7.37-38 Los tiempos bíblicos eran tiempos complicados en las relaciones humanas; las hijas podían ser parte de negociaciones y acuerdos familiares, de manera que alguno no era dueño de su propia voluntad acerca de decidir si casar o no a su hija con alguien en particular. Debido al crecimiento de la luz a nivel mundial, es decir, los derechos humanos, hoy vemos esto con escándalo, pero no era así en el primer siglo. Alguno podía resolver en su corazón no casar a su hija y otro no podía evitarlo, no tanto por el deseo de su hija, sino por compromisos contraídos; el hecho es que la aplicación para nuestro tiempo es el procurar la libertad, tanto de tiempo como de compromisos para servir a Dios sin ataduras ni estorbos. En la medida de lo posible, nosotros debemos procurar ser libres para servir a Cristo, tanto en tiempo, como en dinero, trabajo, actividades y familia. Los padres deben buscar el bien de sus hijos, dicho bien incluye el guiarles en su matrimonio. Que sea en el Señor, así como con personas idóneas para alcanzar el propósito de Dios para ellos. El que no la da en matrimonio hace mejor –dice el apóstol por la premura del evangelio en tiempos críticos. Esto no significa que el matrimonio sea malo, pero en épocas de persecución y necesidad, no es lo más conveniente para la extensión del reino de los cielos (mira las notas anteriores del mismo capítulo).
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:38
7.37-38 Los tiempos bíblicos eran tiempos complicados en las relaciones humanas; las hijas podían ser parte de negociaciones y acuerdos familiares, de manera que alguno no era dueño de su propia voluntad acerca de decidir si casar o no a su hija con alguien en particular. Debido al crecimiento de la luz a nivel mundial, es decir, los derechos humanos, hoy vemos esto con escándalo, pero no era así en el primer siglo. Alguno podía resolver en su corazón no casar a su hija y otro no podía evitarlo, no tanto por el deseo de su hija, sino por compromisos contraídos; el hecho es que la aplicación para nuestro tiempo es el procurar la libertad, tanto de tiempo como de compromisos para servir a Dios sin ataduras ni estorbos. En la medida de lo posible, nosotros debemos procurar ser libres para servir a Cristo, tanto en tiempo, como en dinero, trabajo, actividades y familia. Los padres deben buscar el bien de sus hijos, dicho bien incluye el guiarles en su matrimonio. Que sea en el Señor, así como con personas idóneas para alcanzar el propósito de Dios para ellos. El que no la da en matrimonio hace mejor –dice el apóstol por la premura del evangelio en tiempos críticos. Esto no significa que el matrimonio sea malo, pero en épocas de persecución y necesidad, no es lo más conveniente para la extensión del reino de los cielos (mira las notas anteriores del mismo capítulo).
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:39
7.39 Los límites y reglas del matrimonio solo aplican en vida de los cónyuges. La muerte disuelve la unión permitiendo la libertad del sobreviviente para el recasamiento, si así lo desea. Con todo, se establece la salvaguarda que un nuevo matrimonio, como todo matrimonio, debe ser en el Señor; es decir, entre personas que aman a Dios y que están dispuestos a llevar su relación conyugal en los términos y principios cristianos. Se refiere a la viuda y no al hombre que igualmente pierde su cónyuge por fallecimiento, no porque exista una regla diferente para el género masculino, sino porque le preguntaron específicamente por las mujeres, debido a las costumbres del momento que sensuraba a las viudas, intentando algunos obligarlas a permanecer en luto de por vida.
— Roberto Tinoco
1 Corintios 7:40
7.40 Seguro de estar hablando de parte del Espíritu Santo, el apóstol Pablo aconseja a las viudas que elijan la soltería. Como él mismo lo explicó en versículos anteriores para los que nunca se casaron, les permite el tiempo y los recursos para servir a Dios con pocos limitantes. A eso se refiere con más dichosa, literalmente, bienaventurada o muy feliz. No porque sea imposible ser feliz casado o menos feliz que soltero, sino por razones exclusivas –repito, de la libertad para servir al Señor. Pensar que la soltería da más felicidad que el matrimonio contradice el consejo de Dios, el que halla esposa halla el bien y encuentra la benevolencia de Yahwéh (Pr. 18:22).
— Roberto Tinoco