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1 Pedro 2

1Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,🗨 2desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,🗨 3si es que habéis gustado la benignidad del Señor.🗨

Piedras vivas para la casa de Dios

4Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,🗨 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.🗨 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado.|🗨 7Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;🗨 8y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.🗨 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;🗨 10vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.🗨 11Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,🗨 12manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.🗨

Respeto por las autoridades

13Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior,🗨 14ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.🗨 15Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;🗨 16como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.🗨 17Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.🗨

A los esclavos

18Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.🗨 19Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.🗨 20Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.🗨 21Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;🗨 22el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;🗨 23quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;🗨 24quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.🗨 25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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1 Pedro 2: RV60

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1 Pedro 2:1

Comentario general

2.1 Para desear la Palabra de Dios (vr. 2) se necesita desechar la malicia, y no solo alguna malicia, sino toda malicia. Si deseas la Palabra de Dios sin desechar el mal serás como un bebé que después de alimentarle de leche, se le vacía el jugo de un limón en su boca, provocándole el vómito y expulsión de lo comido. Así el creyente que procura la Palabra de Dios sin despojarse de la maldad, pierde su fruto al no retener la vida espiritual. Abstente de toda especie de mal (1 Tes. 5:22); incluyendo todo engaño (griego dolos, que significa anzuelo y de donde se deriva el término doloso). El engaño es el anzuelo con el que se atrapa a los incautos, incluyendo a los engañadores. Deja la hipocresía (griego jupokrisis, referido al hablar de los actores en diálogo); la simulación, el actor de la piedad, el religioso sin amor. Apártate de envidias (griego fdsonos, secarse de celos, mala voluntad), que si envidias al hombre desprecias a Dios quien reparte todas las cosas. Y deja todas las detracciones (griego katalalía, difamación); hablar mal de los demás no dice quiénes son los demás, sino quién eres tú.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:2

Comentario general

2.2 Una vez que te despojas de aquellas cosas que se oponen al fruto de la Palabra de Dios, desea la Palabra con la misma urgencia y necesidad de un bebé. La mejor demostración de estar vivo es el hambre, especialmente de un recién nacido. Si verdaderamente has nacido de Dios deseas su Palabra; solo quienes están para morir pierden el apetito. La Palabra de Dios en su presentación de leche es el alimento espiritual básico del recién convertido, los fundamentos de la doctrina de Cristo (Heb. 6:1.2). Por tratarse especialmente del alimento de los bebés en Cristo, es necesario que sea doctrina pura, sin mezcla alguna de falsedad; así como tampoco rebaja en su integridad ocultando verdades fundamentales. Como el bebé afecta por siempre su desarrollo con alimento sin nutrientes, así el creyente deforma su vida espiritual sin el alimento sano de la Palabra de Dios. Mantén tu celo por la Palabra pura, procura la verdad. Tu crecimiento espiritual, y lo que es más importante aún, tu salvación dependerá de la pureza de la Palabra que asimiles.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:3

Comentario general

2.3 Quien ha gustado lo verdadero no se conforma con el error; quien ha disfrutado el alimento verdadero no soporta las algarrobas. La evidencia de haber gustado la benignidad del Señor es que deseamos su Palabra; y cuando dicha Palabra ha sido leudada, somos impelidos a rechazarla. Aquellos que son engañados fácilmente por la mentira es porque no tienen punto de comparación con la verdad. La bondad de Dios debe disfrutarse y no solo filosofarse. Prueba, saborea y goza las bondades divinas.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:4

Comentario general

2.4 Desear la Palabra pura de Dios es acercarse a Cristo, Él es la Palabra. Y gustar la bondad de Dios es gustar a Cristo. Probar su benignidad nos atrae (vr. 3). Pedro pasa a otra figura de dicción para hablar de Cristo, esta vez se refiere a Él como Piedra Viva”, figura por demás utilizada en las Escrituras para señalarlo como el fundamento de la obra de Dios. Los judíos fueron los edificadores llamados por Dios para levantar la obra de Dios ante el mundo entero; sin embargo, perdieron los planos en el camino y se dedicaron a edificar su propia obra; por ello, desecharon a Cristo en su primera venida, no supieron reconocerle como el centro del propósito de Dios. ¿Es Cristo el fundamento de tus obras? No seas hallado edificando algo diferente al diseño divino. Cristo es la Piedra Angular designada por Dios; como tal, fue escogido, es decir, aprobó siendo llamado por el Padre para ser el fundamento. También se le declara precioso, de sumo precio (1:19). Considéralo lo más importante en tu vida. Los versículos del 4 al 9 tratan acerca del escándalo de la Roca, la ironía de los religiosos del primer siglo que tropezaron en Cristo. Considerar que la gente se escandalizara de Jesús nos parece inconcebible, pero actualmente muchos siguen escandalizándose de la Roca sin darse cuenta de ello. Te explico. Ya de tiempo antiguo golpearon la Roca como figura de la cruz de Cristo (Ez. 17:6). Aquella vez en la que el pueblo de Israel se quejó y murmuró de Dios por causa de la sed. En aquel día Moisés consultó a Dios y la indicación divina le llevó a golpear la Roca con la misma vara que abrió el mar (símbolo de la ley). Dios estaba en la Roca. Entonces sucedió lo sorprendente, bebieron de la Roca que los seguía, Cristo. Pero, ¿cómo puede salir agua de una piedra suficiente para las necesidades de más de dos millones de personas? Ese es el poder y la bondad de Dios. No preguntes cómo caminar en el agua, camina. Si Moisés hubiera preguntado cómo darle de comer y de beber a dos millones y medio de personas o se hubiera puesto a hacer cálculos, jamás habría salido de Egipto. Hasta ahí hubo bendición, pero luego tropezaron en la Roca: Toma la vara, y reúne a la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la Peña a la vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la Peña, y darás a beber a la congregación y a sus bestias. Entonces Moisés tomó la vara delante de Yahwéh, como Él le mandó. Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la Peña, y les dijo: ¡oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la Peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación y sus bestias (Núm. 20:8-11). El propósito era enseñarle al pueblo cómo obtener agua; debían ir ante la Roca y hablarle. Por eso llevaría a Aarón, el sumo sacerdote, porque se trataba de enseñarle al pueblo cómo ser sacerdotes. Pero Moisés no fue a hablarle a la Roca como Dios le había infdicado, sino al pueblo; pues estaba muy enojado contra ellos. Y cómo quería golpear al pueblo, golpeó la Roca. Es decir, Moisés tropezó con el pueblo porque se escandalizó de ellos. Notemos que Moisés usó la vara que tomó delante de Yahwéh; es decir, la vara del sacerdocio, no su vara, símbolo de la ley. ¿Comprendes? El sacerdocio no debe golpear, es un tropiezo. Todo eso se cumplió en la cruz de Cristo; allí la Roca fue golpeada con la vara de la ley, pero también, el sacerdocio tropezó al pedir su crucifixión. Dios estaba en la Roca, dice el Antiguo Testamento. Y el Nuevo Testamento dice que Cristo es esa Roca. Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebieron de la Roca espiritual que lo seguía, y la Roca era Cristo (1 Cor. 10:4). Jesús es esa Roca herida en el Calvario. Herido por la ley. La Roca no fue herida por deseo de los hombres, sino porque Dios le aplicó su ley. Esta Roca herida da satisfacción, de ella bebemos vida (Juan 4:10; 7:37). Pero después de la cruz, la Roca no debe ser golpeada nuevamente, basta con hablarle para beber de ella. Repito, no requiere ser golpeada de nuevo. El Cuerpo de Cristo fue quebrantado una sola vez. 1 Cor. 10:4 dice que la Roca los seguía y la Roca era Cristo. Usa tiempo pasado: era. Jesús ya no es una Roca que pueda ser golpeada. Jesús dijo a la samaritana: si tu supieras quien es el que te pide de beber, tú le pedirías a Él y Él te daría agua viva. ¡Háblale a la Roca y te dará agua! Ahora sólo hay que hablarle. Esto es el sacerdocio. Jesús no puede ser crucificado dos veces. Te he hablado de tres tropiezos: Uno, Moisés tropezó en la Roca, pues se desesperó contra el pueblo y usando la vara del sacerdocio golpeó la Roca; lo que le impidió la entrada a la tierra prometida. Dos, los judíos tropezaron en Cristo, la Roca, pues se escandalizaron de Jesús; ¿cómo podía ser la Roca de Israel este carpintero galileo? –pensaron. Y tres, ahora muchos se desesperan contra el pueblo de Dios y golpean la Roca en lugar de ser sacerdotes a su favor. Esto impide el acceso a las promesas del reino. Respecto de la primera Roca los judíos tropezaron en Él porque no vieron sino a un hombre de carne. Y con relación a la segunda Roca, la gente se escandaliza porque no concibe que los cristianos sean Cristo. El escándalo del siglo XXI es la manifestación de la iglesia como la Roca. Aún los cristianos están de acuerdo en que si se unen al Señor son uno con Él; así como en que la iglesia es el Cuerpo de Cristo, pero ¡se escandalizan de pensar en que sean Cristo! Y si es Cristo, ¿no es la Roca? Él mismo nos ha llamado piedras vivas. Cuando se escandalizaban de Jesús, Él les dijo a sus discípulos: creéis en Dios, creed también en mí (Juan 14:1). Igual sucede ahora, la gente dice creer en Dios, pero se resiste a creer en su encarnación presente. Dicen: “con Dios sí, con la iglesia no”. ¿Cómo pueden desear estar sobre la Roca a la vez que se escandalizan de ella? Esta es la manifestación de la Roca hoy. En 1 Timoteo 3:16 habla de un misterio que es indiscutiblemente grande: Dios fue manifestado en carne. Solemos pensar que se refiere a la encarnación de Cristo en el Carpintero Galileo, pero en el versículo anterior se nos da el tema: la iglesia del Dios Viviente, columna y fundamento de la verdad (vr. 15) ¡Aleluya! ¿Habías considerado a la iglesia como fundamento? Pues lo es ya que es una con Cristo. Es el misterio indiscutible: Dios fue manifestado en carne. ¿Cuál es el misterio de Cristo? Efesios 3:4-6 dice que se refiere al Cuerpo de Cristo; esto es, que judíos y gentiles son Cristo al estar en su cuerpo, además de ser copartícipes de la promesas. ¿Qué fue lo que impidió a Moisés entrar en las promesas? Escandalizarse del pueblo de Dios, lo que equivale a golpear la segunda Roca. ¿Te escandaliza esto? Considera los tiempos de Moisés: y la Roca que los seguía era Cristo (1 Cor. 10:4). ¿Cómo puede una Roca seguir a un pueblo? Para los israelitas era una enorme piedra de donde salía agua, piedra que se topaban en todas partes, literalmente les seguía. Y para los tiempos de Jesús, la Roca fue a los pueblos a darles de beber, sin embargo, para muchos era sólo un hombre y se escandalizaban de Él. Hoy miran a la iglesia y se escandalizan; ¿por qué se escandalizan? Jesús dijo de sí que Él era la luz del mundo, pero luego llamó a la iglesia la luz del mundo y la sal de la tierra. Siendo el pan de vida dijo de nosotros: dadles vosotros de comer. La Palabra dice que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, Jesucristo; entonces ¿por qué la Ciudad de Dios tienen doce fundamentos, a saber, los doce apóstoles? (Ap. 21:14). ¡Porque Cristo y la iglesia son uno! (aunque no el mismo). ¿Dónde está hoy la Roca? ¿Cómo puede seguir a los cristianos? Él dijo que de nuestro interior correrían ríos de agua viva al creer en Él ¡La Roca está dentro de nosotros! ¡No te escandalices de la iglesia, pues tropezarás! ¿Has visto grupos sectarios heridos y amargados contra la iglesia? Tropezaron y cayeron.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:5

Comentario general

2.5 Cristo es la Piedra Viva, el fundamento de la obra de Dios (1 Cor. 311); como Él, nosotros también somos piedras vivas llamados a tomar parte en la misma edificación. La iglesia es la Casa espiritual de Dios compuesta de millones de piedras. No busques tu edificación individual por encima del beneficio corporativo de la iglesia. El propósito de dicha Casa es ser la morada de Dios en espíritu; además, el lugar donde se le ofrecen sacrificios a la usanza del Tabernáculo de Moisés o el Templo de Salomón, solo que ahora los sacrificios no son de animales, sino de nosotros mismos en espíritu y en el Nombre de Jesucristo. Así como las piedras son puestas sobre la Piedra fundamento, así los sacrificios espirituales son aceptados por Dios en base a los méritos del Cordero de Dios y no de los hombres.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:6

Comentario general

2.6 A causa del plan divino, la Escritura definió el fundamento de su obra: Cristo. Él es la esquina que define los ángulos y la Roca que constituye el fundamento de Sion, el reino de Dios. Por tanto, todo el que funde su vida en Él; esto es, que crea en Él, no será avergonzado o defraudado. El Señor es confiable y todo aquello que hagas basado en Él prosperará. Y si algo es edificado no teniendo a Cristo como su fundamento, tal cosa no es Sion.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:7

Comentario general

2.7-8 Siendo que el mundo prefirió rechazar la Piedra Angular que la malicia (compara versículos 1 con 4), se constituyó en el contraste que resalta la luz del creyente. Cristo no cambia por la opinión de los hombres, pero los hombres si cambian por la opinión que tengan de Cristo; para el creyente Cristo es de sumo precio y lo que da sentido de existencia su vivir; pero para los que no creen, Cristo es su tropiezo, su caída y su ruina. Irónicamente, Cristo es llamado en la Biblia Piedra de Tropiezo; sin embargo, lo es para los que no creen en Él. De modo que ser piedra de tropiezo es culpa de quien tropieza y no de la piedra en sí misma. No creer en la Palabra es tropezar en Cristo, pues Él es la Palabra y a la vez, la Palabra de Dios que testifica de Él como el fundamento de su obra. Todo el que no cree en Cristo tiene por destino la desobediencia; comprendamos esto, no fueron destinados a no creer, sino a tener el final de los desobedientes por no creer.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:8

Comentario general

2.7-8 Siendo que el mundo prefirió rechazar la Piedra Angular que la malicia (compara versículos 1 con 4), se constituyó en el contraste que resalta la luz del creyente. Cristo no cambia por la opinión de los hombres, pero los hombres si cambian por la opinión que tengan de Cristo; para el creyente Cristo es de sumo precio y lo que da sentido de existencia su vivir; pero para los que no creen, Cristo es su tropiezo, su caída y su ruina. Irónicamente, Cristo es llamado en la Biblia Piedra de Tropiezo; sin embargo, lo es para los que no creen en Él. De modo que ser piedra de tropiezo es culpa de quien tropieza y no de la piedra en sí misma. No creer en la Palabra es tropezar en Cristo, pues Él es la Palabra y a la vez, la Palabra de Dios que testifica de Él como el fundamento de su obra. Todo el que no cree en Cristo tiene por destino la desobediencia; comprendamos esto, no fueron destinados a no creer, sino a tener el final de los desobedientes por no creer.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:9

Comentario general

2.9 A diferencia de los incrédulos, los creyentes somos considerados escogidos y especiales; no por nosotros mismos, sino por la vida divina en nosotros, a saber, Cristo: Linaje escogido, griego génos eklektós, “género favorito”, de la familia selecta. Real sacerdocio, griego basíleios jieráteuma, “de estirpe de rey y fraternidad sacerdotal”. Nación santa, griego édsnos jágios, “raza terrible”, en el sentido de raza purísima, sagrada. El término édsnos era comúnmente usado para referirse a una raza o tribu de gentiles (no judíos). Pueblo adquirido (por Dios), griego laós peripoíesis, “hecho pueblo propio y preservado como tal”. ¿No es extraordinario? Y todo esto que fuimos hechos por Dios en su amor tiene el propósito de lo demos a conocer a Él en sus virtudes y atributos. La iglesia fue creada para manifestar a Dios. Para esto fue necesaria la salvación trasladándonos de las tinieblas a la luz, más propiamente dicho, de la ausencia de Dios a lo que Dios es, Luz maravillosa, atrayente, admirable. No pierdas la razón por la que el Señor te injertó en su pueblo, si pierdes el propósito dejando de anunciarle, perdiste razón de existir o seguir en su pueblo escogido. He visto como aquellos que no hacen discípulos, difícilmente permanecen en la fe. Reyes y sacerdotes, pero además profetas para anunciarle. Es como si el Señor mezclara los genes de Aarón con los de David y Elías, una nueva especie, sacerdotes, reyes y profetas en cada uno. ¿Comprendes que eres parte de un reino de sacerdotes? No te equivoques con la idea de una casta sacerdotal y sus abusos en la historia religiosa. Imagina un reino en donde todos son sacerdotes a la manera de Dios. El apóstol Pedro, siendo de oficio un rústico pescador sin mucha o ninguna preparación académica escribe acerca de la iglesia como un reino de sacerdotes; esto era muy innovador en Israel y de gran controversia, no solo en ese siglo, sino en todas las épocas; imagina cuánta crítica y problemas despertó en Israel!, especialmente en la casta sacerdotal que tanto se preparaba; además, el mensaje ahora era que no sólo los descendientes de Aarón eran sacerdotes, sino todo Israel; y no solo los hombres, sino también las mujeres; y no solo las personas de Israel, sino también los gentiles, sin distingo nacional. Escándalo total. Pero ese era el propósito original de Dios, no que fuese un individuo sacerdote a favor de los demás, sino de todo un pueblo de sacerdotes: Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel (Ex. 19:6). Pero el Israel terrenal o según la carne rechazó su llamado nacional al sacerdocio: Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios (Ex. 20:18-21). Moisés tuvo que hacer el trabajo de intercesor o mediador; sin embargo, él era profeta no sacerdote. Hay diferencia entre el sacerdote y el profeta: aunque ambos son mediadores, el profeta lo es para representar a ambas partes con la palabra, mientras que el sacerdote lo es para ofrecer sacrificios a favor de otros y oficiar ceremonias y rituales para el agrado de Dios como un acto de adoración del pueblo. El profeta no llevaba al pueblo a la adoración, sino el sacerdote. Por tanto, Dios tuvo que llamar a Aarón y a sus descendientes como sacerdotes: Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón (Ex. 28:1). Todos los sacerdotes eran levitas, pero no todos los levitas eran sacerdotes; a excepción de los hijos de Aarón. Todo este sistema sacerdotal era fallido. El sacerdocio aarónico era imperfecto, pues estaba basado en hombres pecadores y mortales (Heb. 7:23-28). Por lo cual, Dios cambió el sacerdocio del orden de Aarón por el sacerdocio de Cristo (Heb. 7:18-22). Este sacerdocio está basado en la vida indestructible de Cristo (Heb. 7:3, 16, 23-27). A causa de su Vida, el sacerdocio es perfecto. La vida no se mancha; esa es la razón por la que una vaca se mete al lodo y puede limpiarse perfectamente, mientras que un abrigo de piel de vaca que se mancha ya no puede limpiarse bien. Volviendo al sacerdocio de todos los creyentes; en realidad, sólo a Cristo se le considera sacerdote y sumo sacerdote delante de Dios en toda la extensión de la palabra. Nosotros somos llamados sacerdotes sólo en virtud de nuestra filiación con Él. Es decir, unidos a Cristo somos considerados por Dios como un pueblo de sacerdotes (recuerda un solo cuerpo, un nuevo hombre, cuya Cabeza es Cristo, un solo sacerdote corporativo) (1 Pedro 2:5-9; Ap. 1:6). Cada creyente es un sacerdote con acceso libre a Dios (Heb. 4:16; 10:22). Sin distinción de clero y laicado. A manera de complemento, conviene considerar las responsabilidades del sacerdocio levítico como una sombra de lo que debe ser nuestro sacerdocio. Primero, eran elegidos de una familia como un asunto de sangre (Ex. 28:1; 29:9); igual que nosotros por la sangre de Cristo y como familia de Dios. Únicamente siendo de la misma sangre del sumo sacerdote es posible tomar parte en el sacerdocio; esto es, sólo estando bajo la sangre de Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, es que podemos ser sacerdotes. También, el sacerdote debe vivir por encima del resto del mundo: no se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose inmundo (Lev. 21:4). Es imperativo que se mantenga fuera del alcance de la muerte: …diles que no se contaminen por un muerto (Lev. 21:1-3). Los sacerdotes del Antiguo Sacerdocio no podían tocar la muerte por cuanto se contaminaban con ella; sin embargo, Cristo, nuestro Sumo Sacerdote venció a la muerte resucitando al tercer día santo e incorruptible. No pudo ser retenido ni manchado por la muerte. Jamás conoció corrupción. Note que a los sacerdotes se les permitía tocar a los parientes cercanos muertos; pero al sumo sacerdote no se le permitía ni esto. Con todo, es imperativo que los creyentes nos mantengamos completamente al margen de toda especie de muerte: absteneos de toda especie de mal (1 Tes. 5:22). Sin tatuajes ni marcas, sano, íntegro (Lev. 21:5-6). Los paganos dañaban sus cuerpos en señal de duelo; el sacerdote es advertido acerca de evitar esto. Lo cual nos habla de ser capaz de controlar las emociones, vivir con equilibrio; así como de tener fe y esperanza eterna. Debía ser un ejemplo familiar (Lev. 21:7-9). Así también es necesario que el creyente mantenga buen testimonio para con el mundo, en especial, a través de su familia (2 Cor. 6:3; 8:21; Tito 2:7-8). Sin defecto (Lev. 21:16-23), no debía ser ciego El sacerdote necesita visión de Dios (Efesios 1:16-18). No debía ser cojo. El sacerdote debe estar plenamente capacitado para andar en los caminos de Dios ministrando al Señor y a los hombres (Col. 1:10). No debía ser mutilado; por ejemplo, manco. El sacerdote debe tener capacidad de servicio y buenas obras. No debía ser sobrado. El sacerdote no debe ser deforme ni desproporcionado. Lo cual habla de dominio propio y una vida equilibrada sin excesos (Pr. 25:16). No debía tener la mano o el pie quebrado. Un sacerdote herido es ineficaz en el reino: …heriré al pastor y las ovejas serán dispersadas (Zac. 13:7). No debía estar jorobado. Simboliza la indignidad, el no poderse enderezar como la mujer encorvada que sanó Jesús. Son caminos torcidos. Habituados al mal. Deformaciones morales ( 1 Cor. 6:9-10). No debía ser enano. La falta de crecimiento y madurez espiritual incapacita para el sacerdocio (Heb. 5:12-14). No debía tener “nube en el ojo”. Otra versión traduce “bizco”. Y se refiere al hecho de que no debía tener ninguna falla o riesgo de distorsión ocular. Cuando hay carnalidad, pecado, levadura, la visión espiritual se distorsiona de manera que el sacerdote “traduce” las cosas de Dios desde su propia condición: Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas (Tito 1:15). No debía tener sarna ni ninguna enfermedad en la piel. El sacerdote debe conservar su pureza, no solo en lo íntimo, sino aún en su apariencia (Rom. 14). No debía tener testículo magullado. Debía ser fértil y tener descendencia. El sacerdote debe ser fecundo, fértil, lleno de vida. Si algún sacerdote tenía defecto estaba impedido para oficiar como tal (aunque eran considerados sacerdotes de nombre); sin embargo, Dios no lo privaba de participar de los alimentos santos y de ser mantenido por medio de las ofrendas (Lev. 21:21-23). Cristo Jesús llama a su banquete celestial a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (Luc. 14:21); con todo, les permite comer de lo santo de su casa, más no participar como sacerdotes oficiantes ministrando. Para lo cual, Él primeramente los sana (Mat. 15:30). Por ejemplo, primero sanó a la suegra de Pedro y luego ésta le servía (Mat. 8:14-15).

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:10

Comentario general

2.10 ¡Semejante descripción del versículo anterior para nosotros que no éramos pueblo de Dios y por ende, no teníamos relación alguna con Él, es maravillosa! ¡Fuimos hechos pueblo! Cercanos a Dios en la totalidad de sus promesas, de su parentesco únicamente por misericordia, amor no merecido al que ahora tenemos acceso. Lo que resultó un escándalo para los judíos debe ser una gloria para nosotros los cristianos.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:11

Comentario general

2.11 A causa del privilegio descrito en los versículos tenemos una responsabilidad (mínima en comparación con el privilegio): no vivir almáticamente, sino espiritualmente. Quien ha recibido tanto debe ser consciente de su responsabilidad de administrar dicho tesoro siendo espiritual; no debes vivir por emociones ni por pensamientos, sino por el espíritu, de acuerdo a tu conciencia. Eres un extranjero, este mundo no es tu casa. Eres un peregrino, vas de paso hacia la morada celeste. Por tanto, no te rebajes a vivir como un simple mortal pecador.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:12

Comentario general

2.12 El creyente, como linaje escogido tiene una manera de vivir única, especial, más alta que el mundo. Somos seres celestiales en un mundo terrenal. Por esto se nos amonesta a mantener dicha forma de vida aunque vivamos entre gentiles. Referirse a los gentiles tiene un doble significado. Por un lado Pedro escribe a los judíos de la diáspora, quienes, debido a la persecución, huyeron de Jerusalén para refugiarse entre gentiles, es decir, no judíos. Y por otro lado, también es cierto que los cristianos somos tenidos por judíos a causa de obedecer a la fe de Cristo Jesús (Rom. 2:28-29). Manteniendo nuestra manera de vivir cristiana cambiamos la difamación en alabanza, facilitando así la conversión de quienes nos conozcan cuando el Señor disponga visitarles. Créeme: Dios los visitará.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:13

Comentario general

2.13-14 Como parte de nuestra manera de vivir cristiana, nos sometemos a las autoridades de este mundo. “Por causa del Señor” significa: siendo que Él es la autoridad genuina y verdadera detrás de todas las autoridades delegadas (Rom. 13:1). Pedro no solo se refiere a las buenas autoridades que hacen su trabajo con justicia, sino que escribe cuando el imperio romano gobernaba y el César era el rey (lo llama superior); asimismo, llama a los gobernadores describiendo su propósito como enviados de Dios para castigo de malhechores y alabanza de justos. Sea que realicen con justicia su tarea o no, ese es el propósito de su oficio. Y por difícil que parezca, Dios se encarga de mantener el orden por medio de estas personas.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:14

Comentario general

2.13-14 Como parte de nuestra manera de vivir cristiana, nos sometemos a las autoridades de este mundo. “Por causa del Señor” significa: siendo que Él es la autoridad genuina y verdadera detrás de todas las autoridades delegadas (Rom. 13:1). Pedro no solo se refiere a las buenas autoridades que hacen su trabajo con justicia, sino que escribe cuando el imperio romano gobernaba y el César era el rey (lo llama superior); asimismo, llama a los gobernadores describiendo su propósito como enviados de Dios para castigo de malhechores y alabanza de justos. Sea que realicen con justicia su tarea o no, ese es el propósito de su oficio. Y por difícil que parezca, Dios se encarga de mantener el orden por medio de estas personas.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:15

Comentario general

2.15 Si te preguntas cual es la voluntad de Dios para ti, este versículo te responde: hacer el bien; y por medio de dichas obras de bien se terminen los argumentos de quienes difaman el evangelio. Dos males tiene el que se opone al evangelio y uno es peor que el otro: la ignorancia y la insensatez. No saber lleva a equivocarse y ser necio decide equivocarse. Pero tanto el ignorante como el necio son avergonzados por las buenas obras del cristiano consagrado.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:16

Comentario general

2.16 Algunos consideran la libertad como el pretexto de su desobediencia; confundiendo anarquía con libertad, no se sujetan a nada ni respetan ley. Quien se supone libre de hacer el mal es esclavo del mal, por ende, carece de libertad. Quien es libre de verdad, es libre del mal, por lo que no lo hará. Ser verdaderamente libre implica ser siervo de Dios; pues así como respetar la ley de los hombres te permite no ser encarcelado por la ley de los hombres, es decir, ser libre; así también quien sirve a Dios está libre de la ley de Dios. Es libre.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:17

Comentario general

2.17 Cuatro cortos y poderosos imperativos que permiten al creyente vivir en libertad: honrad a todos; a saber, estimar digno de recompensa o aprecio. Amad a los hermanos; sentimientos y obras a beneficio de la iglesia. Temed a Dios; el principio de la sabiduría y la correcta actitud para una sana relación con Dios. Más allá de reverencia, es verdadero temor (griego fobéo, comparece fobia). Y honrad al rey; algo nada sencillo si consideramos que por la orden del rey de Roma estaban siendo perseguidos. Con todo, deben valorar digno de aprecio aun a su enemigo.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:18

Comentario general

2.18 Siervos, griego okkétes que se refiere al doméstico; no un esclavo, pues tiene derechos y salario, pero sí de baja categoría. Debían estar sujetos a sus amos, en obediencia, subordinados con temor, lo cual se lee actualmente como contrario a los derechos humanos, pero que marca el carácter de un cristiano en baja situación. Incluso usa para amos el término despotes, refiriéndose a uno con autoridad total, mucho más que patrones. Tal carácter respetuoso y obediente ha de tenerse no solo con aquellos amos de buen trato, sino también con los difíciles de soportar; pues no se trata de quienes son ellos, sino quienes somos nosotros los cristianos. Si tratas como te tratan eres solo un eco, un títere de los demás; pero si tu eres cristiano aun con los que no te tratan bien, entonces eres cristiano.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:19

Comentario general

2.19 El creyente es aprobado por Dios cuando sufre injustamente; siempre y cuando dicho sufrimiento sea con limpia conciencia de ser obediente a su patrón, como el versículo anterior manda. Si el cristiano es consciente de la voluntad de Dios de sujetarse a su amo (mira la nota 2.18), y dicho amo lo tratara mal, Dios se complace de él. Lo cual significa que le recompensará, ya sea en esta vida o en la venidera. En este sentido está trabajando como para el Señor y no para los hombres.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:20

Comentario general

2.20 En este mundo existe cierto grado de justicia, de manera que si alguno se conduce de manera injusta recibe retribución por ello. Pedro dice que es abofeteado, hay castigo. Soportar dicho maltrato por haberse comportado de manera incorrecta de acuerdo a la ley de los hombres no tiene mérito alguno. Él se lo buscó, por decirlo así. De manera que si alguno soporta el maltrato por haberlo ocasionado, sin recompensa alguna por ello; ¡cuánto más el cristiano debe gloriarse si es injustamente maltratado, sabiendo que el Señor lo bendecirá por ello! Y si dicho maltrato es por hacer lo bueno, ¡pues aun más aprobado por Dios! Su galardón será mayor. Recuerda: como te traten los demás no dice quién eres tú, sino quiénes son ellos. Pero la forma como reaccionas a su trato sí dice quién eres tú.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:21

Comentario general

2.21-25 Siguiendo el orden del pasaje, este versículo continuación del anterior, parece decir que fuimos llamados a padecer por causa de Cristo. Pero, ¿es verdad que fuimos llamados al padecimiento y a soportar la injusticia? Si tal es el caso, millones de cristianos a lo largo de la iglesia no hemos padecido se manera semejante a los primeros apóstoles y la primera iglesia, lo cual significaría que no estamos en el llamado de Dios. De manera que el significado no es ser llamados a sufrir, sino ser llamados a seguir las pisadas de Cristo haciendo lo bueno, aunque esto ocasionara oposición. El padeció y la primera era de la iglesia también, así como muchos en distintos tiempos y lugares, los lectores originales de Pedro si estaban sufriendo por causa de la fe y debían seguir haciendo lo bueno a pesar de todo; así nosotros también debemos hacer el bien siguiendo el ejemplo del Señor. Que nadie piense que se trata de sufrir por sufrir. Una de las doctrinas cardinales de la fe cristiana es la doctrina de la cruz. No existe círculo evangélico, que se precie de serlo, que no predique la cruz de Cristo. Frases como “llevar la cruz” son conocidas por los cristianos. Sin embargo, suele ser confundido el verdadero significado de las mismas. ¿Qué es la cruz de Cristo? Una mala interpretación, y bastante común, por cierto, es que la doctrina de la cruz de Cristo es el sufrimiento de los cristianos. Pero ese no es el verdadero enfoque. Por el contrario, la enseñanza de la cruz de Cristo tiene como propósito que conozcamos la gracia de nuestro Señor Jesucristo; es decir, que a causa de los sufrimientos de nuestros Señor es que disfrutamos de los beneficios de su gracia. La cruz de Cristo resulta en los beneficios de la cruz. Con frecuencia, es visto como piadoso o santo quien sufre “imitando a Jesús”; esto es, si quiere alguno parecerse a Jesús, debe sufrir como Él. Para esto, citamos las palabras de Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo. ¿Es eso lo que Pedro estaba diciendo en realidad? Pero si seguimos leyendo comprobamos que se trata precisamente de hacer lo bueno y no del dolor; el asunto es que sigáis sus pisadas. ¿Cuáles son sus pisadas? Es lo que veremos a continuación. Primeramente entendamos lo que Pedro está diciendo con la expresión “dejándonos ejemplo”. En griego son dos palabras: jupolimpáno jupogrammós; que significa “dejó tras sí” “bajo escrito”; es decir, “dejó tras sí enseñanza o camino a aprender”. Un maestro griego trazaba letras para que los escolares escribieran encima, de esa manera aprendían copiando a escribir. Del mismo modo, un cristiano aprende mediante la cruz de Cristo cómo debe vivir. ¿Significa esto que debe ser también torturado? Es evidente que se trata de seguir una enseñanza, seguir las pisadas; ¿cuáles son esas pisadas? Supongamos que tú sigues a otra persona y miras como dicho individuo cae en un hoyo, ¿qué haces? ¿Te lanzas al hoyo también? Luego observas cómo una rama golpea su rostro, ¿pones el tuyo también? No será más bien que evitas lo que esa persona está sufriendo. Miras el ejemplo y brincas el hoyo y eludes la rama. Hay por lo menos cuatro pisadas que el apóstol Pedro menciona como ejemplo en los versículos 21 al 25. A estas mismas pisadas podemos llamarle los beneficios de la cruz. 1.- No pecar (vrs. 22, 24). 2.- No maldición (vr. 23). 3.- No enfermedad (vr. 24). 4.- No pobreza (vr. 25; la oveja tiene todo con su pastor, mira el salmo 23). A estas mismas cuatro pisadas podemos llamarle: “cuatro cosas que Jesús no era y que fue hecho para que nosotros no seamos”. Miremos bien. Número uno: Jesús no era pecador, pero se hizo pecado en la cruz. Él nunca pecó (1 Pedro 2:22). Fue tentado en todo… pero sin pecado (Hebreos 4:15). Y aunque nunca pecó, Él fue hecho pecado llevando nuestros pecados. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Cor. 5:21). ¿Cuándo sucedió esto? En la cruz del Calvario. Durante toda su vida fue santo, jamás pecó. El pecado fue puesto sobre Él hasta que fue crucificado. Esa es la enseñanza de la cruz. Ni siquiera se hizo a sí mismo pecado, sino que fue puesto el pecado encima de Él: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahwéh cargó en Él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6). Jesús llevó nuestros pecados para que nosotros no seamos pecadores. En esto consiste el ejemplo. ¿Llevar la cruz de Cristo significaría sufrir el pecado y sus consecuencias? ¡De ninguna manera! Por el contrario, la doctrina de la cruz es que Cristo llevó nuestros pecados para que seamos libres de ellos. Número dos: Jesús no era maldito, pero se hizo maldito en la cruz. No solo no había maldición en Él antes de la cruz, sino que jamás maldijo (1 Pedro 2:23). Toda su vida era un derrame de bendición. La gracia se derramó en sus labios, hermoso y bendito en todo (Sal. 45:2). Pensar en Jesús como maldito es absurdo por completo. Pero por causa de nosotros, a pesar de vivir lleno de bendición, fue hecho maldito en la cruz. Dios puso sobre Él la maldición de la humanidad, al punto de ser hecho maldito en nuestro lugar: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) (Gal. 3:13). El Padre Celestial le dio la espalda, prueba inequívoca de que el Hijo fue hecho maldito en la cruz. En esto consiste su ejemplo; es decir, en redimirnos, rescatarnos de la maldición. ¿La cruz de Cristo consiste en sufrir maldiciones? Por el contrario, nos muestra el beneficio, que a causa de que Jesús llevó toda maldición y fue hecho maldición en mí lugar, yo no debo padecer ninguna maldición. ¡Somos benditos en Cristo con toda bendición! Número tres: Jesús nunca estuvo enfermo, pero llevó nuestras enfermedades en la cruz. No solo no enfermó jamás, sino que donde quiera que llegara, sanaba a los enfermos. ¿Puedes imaginarlo estornudando o pidiendo a sus discípulos que lo sustituyeran porque se enfermó? La Biblia nunca presenta a Jesús enfermo. Es más, a donde iba los enfermos eran sanados, era el “arruina funerales”, pues resucitaba a los muertos. Jesús llevó nuestras enfermedades sobre sí mismo (1 Pedro 2:24). Esta es una enseñanza muy clara de la cruz de Cristo: todas las enfermedades de la humanidad y sus dolencias fueron puestas sobre Jesús al momento de ser crucificado. ¿Y por qué hizo esto? Directo y claro: para que seamos sanos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5). Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:16-17). No es una suposición, es un hecho que se aplica por la fe. Hay sanidad divina y sobrenatural en Jesucristo. Este es uno de los beneficios de la cruz. Número cuatro: Jesús no fue pobre, pero se hizo pobre en la cruz. Todo lo que el Padre tiene es mío –dijo en cierta ocasión (Juan 16:15). ¿De qué tamaño de fortuna estaba hablando al referirse a las riquezas de Dios? ¡A todas! Traía tesorero. ¿De qué sirve un tesorero al pobre? Mujeres ricas le servían con sus bienes. No se trataba de limosnas, sino de financiamiento ministerial. Tenía casa en Nazaret y en Capernaum, entre otros lugares posibles. Repartieron sus ropas por ser finas. ¿Cómo vestiría para que los soldados procuraran quedarse con sus vestiduras? Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Él se hizo pobre, pero no era pobre. Así como fue hecho pecado, pero no era pecador; así como llevó nuestras enfermedades, pero no estaba enfermo; y así como no era maldición, pero fue hecho maldito. Jesús se hizo pobre voluntariamente. ¿Cuándo se hizo pobre? En la cruz, allí murió desnudo. En la pobreza extrema, total y absoluta. ¿Y para qué hizo esto? ¿Para que justifiques tu necesidad y tu pobreza? Es todo lo contrario, su ejemplo consiste en sacarte de dicha condición, como también lo hace del pecado, la maldición y la enfermedad. Jesús se hizo pobre para enriquecernos: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Aquí es donde muchos batallan para creer. ¿Por qué espiritualizas esta parte? ¿Acaso es diferente a ser libres de los pecados y de la maldición? Si tomas las riquezas como simbólicas, entonces tendrías que tomar también el resto de los beneficios de la cruz como simbólicos. Esto es, si no debes ser rico, tampoco debes ser libre de los pecados, de la enfermedad y de la maldición. Pues también Cristo se hizo estas cosas para librarte de ellas. Pero sigue siendo un asunto de fe. Tú decides si crees o no; y de esto depende si recibes o no los beneficios de la cruz. La iglesia a nivel general, hace campañas de sanidad, pero se ofendería si hace campañas de riqueza. ¿Por qué no hacer una campaña de prosperidad? ¿Podemos creer que Jesús libra del pecado, de la maldición y de la enfermedad, pero dudamos que libre de la pobreza? Este es otro de los beneficios de la cruz. Es seguir otra más de sus pisadas. La cruz de Cristo te muestra la gracia del Señor; la cual implica que a causa de lo que Jesús sufrió, tú eres bendecido en Él. Esto es conocer la gracia. El rechazo de la cruz de Cristo y el desconocimiento de la gracia de Dios es querer pagar por lo que ya fue pagado (es tan absurdo como tratar de comprar tu salvación). Si entiendes la gracia del Señor Jesucristo, entonces vives como heredero de los beneficios de la cruz.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:22

Comentario general

2.21-25 Siguiendo el orden del pasaje, este versículo continuación del anterior, parece decir que fuimos llamados a padecer por causa de Cristo. Pero, ¿es verdad que fuimos llamados al padecimiento y a soportar la injusticia? Si tal es el caso, millones de cristianos a lo largo de la iglesia no hemos padecido se manera semejante a los primeros apóstoles y la primera iglesia, lo cual significaría que no estamos en el llamado de Dios. De manera que el significado no es ser llamados a sufrir, sino ser llamados a seguir las pisadas de Cristo haciendo lo bueno, aunque esto ocasionara oposición. El padeció y la primera era de la iglesia también, así como muchos en distintos tiempos y lugares, los lectores originales de Pedro si estaban sufriendo por causa de la fe y debían seguir haciendo lo bueno a pesar de todo; así nosotros también debemos hacer el bien siguiendo el ejemplo del Señor. Que nadie piense que se trata de sufrir por sufrir. Una de las doctrinas cardinales de la fe cristiana es la doctrina de la cruz. No existe círculo evangélico, que se precie de serlo, que no predique la cruz de Cristo. Frases como “llevar la cruz” son conocidas por los cristianos. Sin embargo, suele ser confundido el verdadero significado de las mismas. ¿Qué es la cruz de Cristo? Una mala interpretación, y bastante común, por cierto, es que la doctrina de la cruz de Cristo es el sufrimiento de los cristianos. Pero ese no es el verdadero enfoque. Por el contrario, la enseñanza de la cruz de Cristo tiene como propósito que conozcamos la gracia de nuestro Señor Jesucristo; es decir, que a causa de los sufrimientos de nuestros Señor es que disfrutamos de los beneficios de su gracia. La cruz de Cristo resulta en los beneficios de la cruz. Con frecuencia, es visto como piadoso o santo quien sufre “imitando a Jesús”; esto es, si quiere alguno parecerse a Jesús, debe sufrir como Él. Para esto, citamos las palabras de Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo. ¿Es eso lo que Pedro estaba diciendo en realidad? Pero si seguimos leyendo comprobamos que se trata precisamente de hacer lo bueno y no del dolor; el asunto es que sigáis sus pisadas. ¿Cuáles son sus pisadas? Es lo que veremos a continuación. Primeramente entendamos lo que Pedro está diciendo con la expresión “dejándonos ejemplo”. En griego son dos palabras: jupolimpáno jupogrammós; que significa “dejó tras sí” “bajo escrito”; es decir, “dejó tras sí enseñanza o camino a aprender”. Un maestro griego trazaba letras para que los escolares escribieran encima, de esa manera aprendían copiando a escribir. Del mismo modo, un cristiano aprende mediante la cruz de Cristo cómo debe vivir. ¿Significa esto que debe ser también torturado? Es evidente que se trata de seguir una enseñanza, seguir las pisadas; ¿cuáles son esas pisadas? Supongamos que tú sigues a otra persona y miras como dicho individuo cae en un hoyo, ¿qué haces? ¿Te lanzas al hoyo también? Luego observas cómo una rama golpea su rostro, ¿pones el tuyo también? No será más bien que evitas lo que esa persona está sufriendo. Miras el ejemplo y brincas el hoyo y eludes la rama. Hay por lo menos cuatro pisadas que el apóstol Pedro menciona como ejemplo en los versículos 21 al 25. A estas mismas pisadas podemos llamarle los beneficios de la cruz. 1.- No pecar (vrs. 22, 24). 2.- No maldición (vr. 23). 3.- No enfermedad (vr. 24). 4.- No pobreza (vr. 25; la oveja tiene todo con su pastor, mira el salmo 23). A estas mismas cuatro pisadas podemos llamarle: “cuatro cosas que Jesús no era y que fue hecho para que nosotros no seamos”. Miremos bien. Número uno: Jesús no era pecador, pero se hizo pecado en la cruz. Él nunca pecó (1 Pedro 2:22). Fue tentado en todo… pero sin pecado (Hebreos 4:15). Y aunque nunca pecó, Él fue hecho pecado llevando nuestros pecados. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Cor. 5:21). ¿Cuándo sucedió esto? En la cruz del Calvario. Durante toda su vida fue santo, jamás pecó. El pecado fue puesto sobre Él hasta que fue crucificado. Esa es la enseñanza de la cruz. Ni siquiera se hizo a sí mismo pecado, sino que fue puesto el pecado encima de Él: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahwéh cargó en Él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6). Jesús llevó nuestros pecados para que nosotros no seamos pecadores. En esto consiste el ejemplo. ¿Llevar la cruz de Cristo significaría sufrir el pecado y sus consecuencias? ¡De ninguna manera! Por el contrario, la doctrina de la cruz es que Cristo llevó nuestros pecados para que seamos libres de ellos. Número dos: Jesús no era maldito, pero se hizo maldito en la cruz. No solo no había maldición en Él antes de la cruz, sino que jamás maldijo (1 Pedro 2:23). Toda su vida era un derrame de bendición. La gracia se derramó en sus labios, hermoso y bendito en todo (Sal. 45:2). Pensar en Jesús como maldito es absurdo por completo. Pero por causa de nosotros, a pesar de vivir lleno de bendición, fue hecho maldito en la cruz. Dios puso sobre Él la maldición de la humanidad, al punto de ser hecho maldito en nuestro lugar: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) (Gal. 3:13). El Padre Celestial le dio la espalda, prueba inequívoca de que el Hijo fue hecho maldito en la cruz. En esto consiste su ejemplo; es decir, en redimirnos, rescatarnos de la maldición. ¿La cruz de Cristo consiste en sufrir maldiciones? Por el contrario, nos muestra el beneficio, que a causa de que Jesús llevó toda maldición y fue hecho maldición en mí lugar, yo no debo padecer ninguna maldición. ¡Somos benditos en Cristo con toda bendición! Número tres: Jesús nunca estuvo enfermo, pero llevó nuestras enfermedades en la cruz. No solo no enfermó jamás, sino que donde quiera que llegara, sanaba a los enfermos. ¿Puedes imaginarlo estornudando o pidiendo a sus discípulos que lo sustituyeran porque se enfermó? La Biblia nunca presenta a Jesús enfermo. Es más, a donde iba los enfermos eran sanados, era el “arruina funerales”, pues resucitaba a los muertos. Jesús llevó nuestras enfermedades sobre sí mismo (1 Pedro 2:24). Esta es una enseñanza muy clara de la cruz de Cristo: todas las enfermedades de la humanidad y sus dolencias fueron puestas sobre Jesús al momento de ser crucificado. ¿Y por qué hizo esto? Directo y claro: para que seamos sanos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5). Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:16-17). No es una suposición, es un hecho que se aplica por la fe. Hay sanidad divina y sobrenatural en Jesucristo. Este es uno de los beneficios de la cruz. Número cuatro: Jesús no fue pobre, pero se hizo pobre en la cruz. Todo lo que el Padre tiene es mío –dijo en cierta ocasión (Juan 16:15). ¿De qué tamaño de fortuna estaba hablando al referirse a las riquezas de Dios? ¡A todas! Traía tesorero. ¿De qué sirve un tesorero al pobre? Mujeres ricas le servían con sus bienes. No se trataba de limosnas, sino de financiamiento ministerial. Tenía casa en Nazaret y en Capernaum, entre otros lugares posibles. Repartieron sus ropas por ser finas. ¿Cómo vestiría para que los soldados procuraran quedarse con sus vestiduras? Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Él se hizo pobre, pero no era pobre. Así como fue hecho pecado, pero no era pecador; así como llevó nuestras enfermedades, pero no estaba enfermo; y así como no era maldición, pero fue hecho maldito. Jesús se hizo pobre voluntariamente. ¿Cuándo se hizo pobre? En la cruz, allí murió desnudo. En la pobreza extrema, total y absoluta. ¿Y para qué hizo esto? ¿Para que justifiques tu necesidad y tu pobreza? Es todo lo contrario, su ejemplo consiste en sacarte de dicha condición, como también lo hace del pecado, la maldición y la enfermedad. Jesús se hizo pobre para enriquecernos: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Aquí es donde muchos batallan para creer. ¿Por qué espiritualizas esta parte? ¿Acaso es diferente a ser libres de los pecados y de la maldición? Si tomas las riquezas como simbólicas, entonces tendrías que tomar también el resto de los beneficios de la cruz como simbólicos. Esto es, si no debes ser rico, tampoco debes ser libre de los pecados, de la enfermedad y de la maldición. Pues también Cristo se hizo estas cosas para librarte de ellas. Pero sigue siendo un asunto de fe. Tú decides si crees o no; y de esto depende si recibes o no los beneficios de la cruz. La iglesia a nivel general, hace campañas de sanidad, pero se ofendería si hace campañas de riqueza. ¿Por qué no hacer una campaña de prosperidad? ¿Podemos creer que Jesús libra del pecado, de la maldición y de la enfermedad, pero dudamos que libre de la pobreza? Este es otro de los beneficios de la cruz. Es seguir otra más de sus pisadas. La cruz de Cristo te muestra la gracia del Señor; la cual implica que a causa de lo que Jesús sufrió, tú eres bendecido en Él. Esto es conocer la gracia. El rechazo de la cruz de Cristo y el desconocimiento de la gracia de Dios es querer pagar por lo que ya fue pagado (es tan absurdo como tratar de comprar tu salvación). Si entiendes la gracia del Señor Jesucristo, entonces vives como heredero de los beneficios de la cruz.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:23

Comentario general

2.21-25 Siguiendo el orden del pasaje, este versículo continuación del anterior, parece decir que fuimos llamados a padecer por causa de Cristo. Pero, ¿es verdad que fuimos llamados al padecimiento y a soportar la injusticia? Si tal es el caso, millones de cristianos a lo largo de la iglesia no hemos padecido se manera semejante a los primeros apóstoles y la primera iglesia, lo cual significaría que no estamos en el llamado de Dios. De manera que el significado no es ser llamados a sufrir, sino ser llamados a seguir las pisadas de Cristo haciendo lo bueno, aunque esto ocasionara oposición. El padeció y la primera era de la iglesia también, así como muchos en distintos tiempos y lugares, los lectores originales de Pedro si estaban sufriendo por causa de la fe y debían seguir haciendo lo bueno a pesar de todo; así nosotros también debemos hacer el bien siguiendo el ejemplo del Señor. Que nadie piense que se trata de sufrir por sufrir. Una de las doctrinas cardinales de la fe cristiana es la doctrina de la cruz. No existe círculo evangélico, que se precie de serlo, que no predique la cruz de Cristo. Frases como “llevar la cruz” son conocidas por los cristianos. Sin embargo, suele ser confundido el verdadero significado de las mismas. ¿Qué es la cruz de Cristo? Una mala interpretación, y bastante común, por cierto, es que la doctrina de la cruz de Cristo es el sufrimiento de los cristianos. Pero ese no es el verdadero enfoque. Por el contrario, la enseñanza de la cruz de Cristo tiene como propósito que conozcamos la gracia de nuestro Señor Jesucristo; es decir, que a causa de los sufrimientos de nuestros Señor es que disfrutamos de los beneficios de su gracia. La cruz de Cristo resulta en los beneficios de la cruz. Con frecuencia, es visto como piadoso o santo quien sufre “imitando a Jesús”; esto es, si quiere alguno parecerse a Jesús, debe sufrir como Él. Para esto, citamos las palabras de Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo. ¿Es eso lo que Pedro estaba diciendo en realidad? Pero si seguimos leyendo comprobamos que se trata precisamente de hacer lo bueno y no del dolor; el asunto es que sigáis sus pisadas. ¿Cuáles son sus pisadas? Es lo que veremos a continuación. Primeramente entendamos lo que Pedro está diciendo con la expresión “dejándonos ejemplo”. En griego son dos palabras: jupolimpáno jupogrammós; que significa “dejó tras sí” “bajo escrito”; es decir, “dejó tras sí enseñanza o camino a aprender”. Un maestro griego trazaba letras para que los escolares escribieran encima, de esa manera aprendían copiando a escribir. Del mismo modo, un cristiano aprende mediante la cruz de Cristo cómo debe vivir. ¿Significa esto que debe ser también torturado? Es evidente que se trata de seguir una enseñanza, seguir las pisadas; ¿cuáles son esas pisadas? Supongamos que tú sigues a otra persona y miras como dicho individuo cae en un hoyo, ¿qué haces? ¿Te lanzas al hoyo también? Luego observas cómo una rama golpea su rostro, ¿pones el tuyo también? No será más bien que evitas lo que esa persona está sufriendo. Miras el ejemplo y brincas el hoyo y eludes la rama. Hay por lo menos cuatro pisadas que el apóstol Pedro menciona como ejemplo en los versículos 21 al 25. A estas mismas pisadas podemos llamarle los beneficios de la cruz. 1.- No pecar (vrs. 22, 24). 2.- No maldición (vr. 23). 3.- No enfermedad (vr. 24). 4.- No pobreza (vr. 25; la oveja tiene todo con su pastor, mira el salmo 23). A estas mismas cuatro pisadas podemos llamarle: “cuatro cosas que Jesús no era y que fue hecho para que nosotros no seamos”. Miremos bien. Número uno: Jesús no era pecador, pero se hizo pecado en la cruz. Él nunca pecó (1 Pedro 2:22). Fue tentado en todo… pero sin pecado (Hebreos 4:15). Y aunque nunca pecó, Él fue hecho pecado llevando nuestros pecados. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Cor. 5:21). ¿Cuándo sucedió esto? En la cruz del Calvario. Durante toda su vida fue santo, jamás pecó. El pecado fue puesto sobre Él hasta que fue crucificado. Esa es la enseñanza de la cruz. Ni siquiera se hizo a sí mismo pecado, sino que fue puesto el pecado encima de Él: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahwéh cargó en Él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6). Jesús llevó nuestros pecados para que nosotros no seamos pecadores. En esto consiste el ejemplo. ¿Llevar la cruz de Cristo significaría sufrir el pecado y sus consecuencias? ¡De ninguna manera! Por el contrario, la doctrina de la cruz es que Cristo llevó nuestros pecados para que seamos libres de ellos. Número dos: Jesús no era maldito, pero se hizo maldito en la cruz. No solo no había maldición en Él antes de la cruz, sino que jamás maldijo (1 Pedro 2:23). Toda su vida era un derrame de bendición. La gracia se derramó en sus labios, hermoso y bendito en todo (Sal. 45:2). Pensar en Jesús como maldito es absurdo por completo. Pero por causa de nosotros, a pesar de vivir lleno de bendición, fue hecho maldito en la cruz. Dios puso sobre Él la maldición de la humanidad, al punto de ser hecho maldito en nuestro lugar: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) (Gal. 3:13). El Padre Celestial le dio la espalda, prueba inequívoca de que el Hijo fue hecho maldito en la cruz. En esto consiste su ejemplo; es decir, en redimirnos, rescatarnos de la maldición. ¿La cruz de Cristo consiste en sufrir maldiciones? Por el contrario, nos muestra el beneficio, que a causa de que Jesús llevó toda maldición y fue hecho maldición en mí lugar, yo no debo padecer ninguna maldición. ¡Somos benditos en Cristo con toda bendición! Número tres: Jesús nunca estuvo enfermo, pero llevó nuestras enfermedades en la cruz. No solo no enfermó jamás, sino que donde quiera que llegara, sanaba a los enfermos. ¿Puedes imaginarlo estornudando o pidiendo a sus discípulos que lo sustituyeran porque se enfermó? La Biblia nunca presenta a Jesús enfermo. Es más, a donde iba los enfermos eran sanados, era el “arruina funerales”, pues resucitaba a los muertos. Jesús llevó nuestras enfermedades sobre sí mismo (1 Pedro 2:24). Esta es una enseñanza muy clara de la cruz de Cristo: todas las enfermedades de la humanidad y sus dolencias fueron puestas sobre Jesús al momento de ser crucificado. ¿Y por qué hizo esto? Directo y claro: para que seamos sanos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5). Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:16-17). No es una suposición, es un hecho que se aplica por la fe. Hay sanidad divina y sobrenatural en Jesucristo. Este es uno de los beneficios de la cruz. Número cuatro: Jesús no fue pobre, pero se hizo pobre en la cruz. Todo lo que el Padre tiene es mío –dijo en cierta ocasión (Juan 16:15). ¿De qué tamaño de fortuna estaba hablando al referirse a las riquezas de Dios? ¡A todas! Traía tesorero. ¿De qué sirve un tesorero al pobre? Mujeres ricas le servían con sus bienes. No se trataba de limosnas, sino de financiamiento ministerial. Tenía casa en Nazaret y en Capernaum, entre otros lugares posibles. Repartieron sus ropas por ser finas. ¿Cómo vestiría para que los soldados procuraran quedarse con sus vestiduras? Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Él se hizo pobre, pero no era pobre. Así como fue hecho pecado, pero no era pecador; así como llevó nuestras enfermedades, pero no estaba enfermo; y así como no era maldición, pero fue hecho maldito. Jesús se hizo pobre voluntariamente. ¿Cuándo se hizo pobre? En la cruz, allí murió desnudo. En la pobreza extrema, total y absoluta. ¿Y para qué hizo esto? ¿Para que justifiques tu necesidad y tu pobreza? Es todo lo contrario, su ejemplo consiste en sacarte de dicha condición, como también lo hace del pecado, la maldición y la enfermedad. Jesús se hizo pobre para enriquecernos: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Aquí es donde muchos batallan para creer. ¿Por qué espiritualizas esta parte? ¿Acaso es diferente a ser libres de los pecados y de la maldición? Si tomas las riquezas como simbólicas, entonces tendrías que tomar también el resto de los beneficios de la cruz como simbólicos. Esto es, si no debes ser rico, tampoco debes ser libre de los pecados, de la enfermedad y de la maldición. Pues también Cristo se hizo estas cosas para librarte de ellas. Pero sigue siendo un asunto de fe. Tú decides si crees o no; y de esto depende si recibes o no los beneficios de la cruz. La iglesia a nivel general, hace campañas de sanidad, pero se ofendería si hace campañas de riqueza. ¿Por qué no hacer una campaña de prosperidad? ¿Podemos creer que Jesús libra del pecado, de la maldición y de la enfermedad, pero dudamos que libre de la pobreza? Este es otro de los beneficios de la cruz. Es seguir otra más de sus pisadas. La cruz de Cristo te muestra la gracia del Señor; la cual implica que a causa de lo que Jesús sufrió, tú eres bendecido en Él. Esto es conocer la gracia. El rechazo de la cruz de Cristo y el desconocimiento de la gracia de Dios es querer pagar por lo que ya fue pagado (es tan absurdo como tratar de comprar tu salvación). Si entiendes la gracia del Señor Jesucristo, entonces vives como heredero de los beneficios de la cruz.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:24

Comentario general

2.21-25 Siguiendo el orden del pasaje, este versículo continuación del anterior, parece decir que fuimos llamados a padecer por causa de Cristo. Pero, ¿es verdad que fuimos llamados al padecimiento y a soportar la injusticia? Si tal es el caso, millones de cristianos a lo largo de la iglesia no hemos padecido se manera semejante a los primeros apóstoles y la primera iglesia, lo cual significaría que no estamos en el llamado de Dios. De manera que el significado no es ser llamados a sufrir, sino ser llamados a seguir las pisadas de Cristo haciendo lo bueno, aunque esto ocasionara oposición. El padeció y la primera era de la iglesia también, así como muchos en distintos tiempos y lugares, los lectores originales de Pedro si estaban sufriendo por causa de la fe y debían seguir haciendo lo bueno a pesar de todo; así nosotros también debemos hacer el bien siguiendo el ejemplo del Señor. Que nadie piense que se trata de sufrir por sufrir. Una de las doctrinas cardinales de la fe cristiana es la doctrina de la cruz. No existe círculo evangélico, que se precie de serlo, que no predique la cruz de Cristo. Frases como “llevar la cruz” son conocidas por los cristianos. Sin embargo, suele ser confundido el verdadero significado de las mismas. ¿Qué es la cruz de Cristo? Una mala interpretación, y bastante común, por cierto, es que la doctrina de la cruz de Cristo es el sufrimiento de los cristianos. Pero ese no es el verdadero enfoque. Por el contrario, la enseñanza de la cruz de Cristo tiene como propósito que conozcamos la gracia de nuestro Señor Jesucristo; es decir, que a causa de los sufrimientos de nuestros Señor es que disfrutamos de los beneficios de su gracia. La cruz de Cristo resulta en los beneficios de la cruz. Con frecuencia, es visto como piadoso o santo quien sufre “imitando a Jesús”; esto es, si quiere alguno parecerse a Jesús, debe sufrir como Él. Para esto, citamos las palabras de Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo. ¿Es eso lo que Pedro estaba diciendo en realidad? Pero si seguimos leyendo comprobamos que se trata precisamente de hacer lo bueno y no del dolor; el asunto es que sigáis sus pisadas. ¿Cuáles son sus pisadas? Es lo que veremos a continuación. Primeramente entendamos lo que Pedro está diciendo con la expresión “dejándonos ejemplo”. En griego son dos palabras: jupolimpáno jupogrammós; que significa “dejó tras sí” “bajo escrito”; es decir, “dejó tras sí enseñanza o camino a aprender”. Un maestro griego trazaba letras para que los escolares escribieran encima, de esa manera aprendían copiando a escribir. Del mismo modo, un cristiano aprende mediante la cruz de Cristo cómo debe vivir. ¿Significa esto que debe ser también torturado? Es evidente que se trata de seguir una enseñanza, seguir las pisadas; ¿cuáles son esas pisadas? Supongamos que tú sigues a otra persona y miras como dicho individuo cae en un hoyo, ¿qué haces? ¿Te lanzas al hoyo también? Luego observas cómo una rama golpea su rostro, ¿pones el tuyo también? No será más bien que evitas lo que esa persona está sufriendo. Miras el ejemplo y brincas el hoyo y eludes la rama. Hay por lo menos cuatro pisadas que el apóstol Pedro menciona como ejemplo en los versículos 21 al 25. A estas mismas pisadas podemos llamarle los beneficios de la cruz. 1.- No pecar (vrs. 22, 24). 2.- No maldición (vr. 23). 3.- No enfermedad (vr. 24). 4.- No pobreza (vr. 25; la oveja tiene todo con su pastor, mira el salmo 23). A estas mismas cuatro pisadas podemos llamarle: “cuatro cosas que Jesús no era y que fue hecho para que nosotros no seamos”. Miremos bien. Número uno: Jesús no era pecador, pero se hizo pecado en la cruz. Él nunca pecó (1 Pedro 2:22). Fue tentado en todo… pero sin pecado (Hebreos 4:15). Y aunque nunca pecó, Él fue hecho pecado llevando nuestros pecados. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Cor. 5:21). ¿Cuándo sucedió esto? En la cruz del Calvario. Durante toda su vida fue santo, jamás pecó. El pecado fue puesto sobre Él hasta que fue crucificado. Esa es la enseñanza de la cruz. Ni siquiera se hizo a sí mismo pecado, sino que fue puesto el pecado encima de Él: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahwéh cargó en Él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6). Jesús llevó nuestros pecados para que nosotros no seamos pecadores. En esto consiste el ejemplo. ¿Llevar la cruz de Cristo significaría sufrir el pecado y sus consecuencias? ¡De ninguna manera! Por el contrario, la doctrina de la cruz es que Cristo llevó nuestros pecados para que seamos libres de ellos. Número dos: Jesús no era maldito, pero se hizo maldito en la cruz. No solo no había maldición en Él antes de la cruz, sino que jamás maldijo (1 Pedro 2:23). Toda su vida era un derrame de bendición. La gracia se derramó en sus labios, hermoso y bendito en todo (Sal. 45:2). Pensar en Jesús como maldito es absurdo por completo. Pero por causa de nosotros, a pesar de vivir lleno de bendición, fue hecho maldito en la cruz. Dios puso sobre Él la maldición de la humanidad, al punto de ser hecho maldito en nuestro lugar: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) (Gal. 3:13). El Padre Celestial le dio la espalda, prueba inequívoca de que el Hijo fue hecho maldito en la cruz. En esto consiste su ejemplo; es decir, en redimirnos, rescatarnos de la maldición. ¿La cruz de Cristo consiste en sufrir maldiciones? Por el contrario, nos muestra el beneficio, que a causa de que Jesús llevó toda maldición y fue hecho maldición en mí lugar, yo no debo padecer ninguna maldición. ¡Somos benditos en Cristo con toda bendición! Número tres: Jesús nunca estuvo enfermo, pero llevó nuestras enfermedades en la cruz. No solo no enfermó jamás, sino que donde quiera que llegara, sanaba a los enfermos. ¿Puedes imaginarlo estornudando o pidiendo a sus discípulos que lo sustituyeran porque se enfermó? La Biblia nunca presenta a Jesús enfermo. Es más, a donde iba los enfermos eran sanados, era el “arruina funerales”, pues resucitaba a los muertos. Jesús llevó nuestras enfermedades sobre sí mismo (1 Pedro 2:24). Esta es una enseñanza muy clara de la cruz de Cristo: todas las enfermedades de la humanidad y sus dolencias fueron puestas sobre Jesús al momento de ser crucificado. ¿Y por qué hizo esto? Directo y claro: para que seamos sanos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5). Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:16-17). No es una suposición, es un hecho que se aplica por la fe. Hay sanidad divina y sobrenatural en Jesucristo. Este es uno de los beneficios de la cruz. Número cuatro: Jesús no fue pobre, pero se hizo pobre en la cruz. Todo lo que el Padre tiene es mío –dijo en cierta ocasión (Juan 16:15). ¿De qué tamaño de fortuna estaba hablando al referirse a las riquezas de Dios? ¡A todas! Traía tesorero. ¿De qué sirve un tesorero al pobre? Mujeres ricas le servían con sus bienes. No se trataba de limosnas, sino de financiamiento ministerial. Tenía casa en Nazaret y en Capernaum, entre otros lugares posibles. Repartieron sus ropas por ser finas. ¿Cómo vestiría para que los soldados procuraran quedarse con sus vestiduras? Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Él se hizo pobre, pero no era pobre. Así como fue hecho pecado, pero no era pecador; así como llevó nuestras enfermedades, pero no estaba enfermo; y así como no era maldición, pero fue hecho maldito. Jesús se hizo pobre voluntariamente. ¿Cuándo se hizo pobre? En la cruz, allí murió desnudo. En la pobreza extrema, total y absoluta. ¿Y para qué hizo esto? ¿Para que justifiques tu necesidad y tu pobreza? Es todo lo contrario, su ejemplo consiste en sacarte de dicha condición, como también lo hace del pecado, la maldición y la enfermedad. Jesús se hizo pobre para enriquecernos: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Aquí es donde muchos batallan para creer. ¿Por qué espiritualizas esta parte? ¿Acaso es diferente a ser libres de los pecados y de la maldición? Si tomas las riquezas como simbólicas, entonces tendrías que tomar también el resto de los beneficios de la cruz como simbólicos. Esto es, si no debes ser rico, tampoco debes ser libre de los pecados, de la enfermedad y de la maldición. Pues también Cristo se hizo estas cosas para librarte de ellas. Pero sigue siendo un asunto de fe. Tú decides si crees o no; y de esto depende si recibes o no los beneficios de la cruz. La iglesia a nivel general, hace campañas de sanidad, pero se ofendería si hace campañas de riqueza. ¿Por qué no hacer una campaña de prosperidad? ¿Podemos creer que Jesús libra del pecado, de la maldición y de la enfermedad, pero dudamos que libre de la pobreza? Este es otro de los beneficios de la cruz. Es seguir otra más de sus pisadas. La cruz de Cristo te muestra la gracia del Señor; la cual implica que a causa de lo que Jesús sufrió, tú eres bendecido en Él. Esto es conocer la gracia. El rechazo de la cruz de Cristo y el desconocimiento de la gracia de Dios es querer pagar por lo que ya fue pagado (es tan absurdo como tratar de comprar tu salvación). Si entiendes la gracia del Señor Jesucristo, entonces vives como heredero de los beneficios de la cruz.

— Roberto Tinoco

1 Pedro 2:25

Comentario general

2.21-25 Siguiendo el orden del pasaje, este versículo continuación del anterior, parece decir que fuimos llamados a padecer por causa de Cristo. Pero, ¿es verdad que fuimos llamados al padecimiento y a soportar la injusticia? Si tal es el caso, millones de cristianos a lo largo de la iglesia no hemos padecido se manera semejante a los primeros apóstoles y la primera iglesia, lo cual significaría que no estamos en el llamado de Dios. De manera que el significado no es ser llamados a sufrir, sino ser llamados a seguir las pisadas de Cristo haciendo lo bueno, aunque esto ocasionara oposición. El padeció y la primera era de la iglesia también, así como muchos en distintos tiempos y lugares, los lectores originales de Pedro si estaban sufriendo por causa de la fe y debían seguir haciendo lo bueno a pesar de todo; así nosotros también debemos hacer el bien siguiendo el ejemplo del Señor. Que nadie piense que se trata de sufrir por sufrir. Una de las doctrinas cardinales de la fe cristiana es la doctrina de la cruz. No existe círculo evangélico, que se precie de serlo, que no predique la cruz de Cristo. Frases como “llevar la cruz” son conocidas por los cristianos. Sin embargo, suele ser confundido el verdadero significado de las mismas. ¿Qué es la cruz de Cristo? Una mala interpretación, y bastante común, por cierto, es que la doctrina de la cruz de Cristo es el sufrimiento de los cristianos. Pero ese no es el verdadero enfoque. Por el contrario, la enseñanza de la cruz de Cristo tiene como propósito que conozcamos la gracia de nuestro Señor Jesucristo; es decir, que a causa de los sufrimientos de nuestros Señor es que disfrutamos de los beneficios de su gracia. La cruz de Cristo resulta en los beneficios de la cruz. Con frecuencia, es visto como piadoso o santo quien sufre “imitando a Jesús”; esto es, si quiere alguno parecerse a Jesús, debe sufrir como Él. Para esto, citamos las palabras de Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo. ¿Es eso lo que Pedro estaba diciendo en realidad? Pero si seguimos leyendo comprobamos que se trata precisamente de hacer lo bueno y no del dolor; el asunto es que sigáis sus pisadas. ¿Cuáles son sus pisadas? Es lo que veremos a continuación. Primeramente entendamos lo que Pedro está diciendo con la expresión “dejándonos ejemplo”. En griego son dos palabras: jupolimpáno jupogrammós; que significa “dejó tras sí” “bajo escrito”; es decir, “dejó tras sí enseñanza o camino a aprender”. Un maestro griego trazaba letras para que los escolares escribieran encima, de esa manera aprendían copiando a escribir. Del mismo modo, un cristiano aprende mediante la cruz de Cristo cómo debe vivir. ¿Significa esto que debe ser también torturado? Es evidente que se trata de seguir una enseñanza, seguir las pisadas; ¿cuáles son esas pisadas? Supongamos que tú sigues a otra persona y miras como dicho individuo cae en un hoyo, ¿qué haces? ¿Te lanzas al hoyo también? Luego observas cómo una rama golpea su rostro, ¿pones el tuyo también? No será más bien que evitas lo que esa persona está sufriendo. Miras el ejemplo y brincas el hoyo y eludes la rama. Hay por lo menos cuatro pisadas que el apóstol Pedro menciona como ejemplo en los versículos 21 al 25. A estas mismas pisadas podemos llamarle los beneficios de la cruz. 1.- No pecar (vrs. 22, 24). 2.- No maldición (vr. 23). 3.- No enfermedad (vr. 24). 4.- No pobreza (vr. 25; la oveja tiene todo con su pastor, mira el salmo 23). A estas mismas cuatro pisadas podemos llamarle: “cuatro cosas que Jesús no era y que fue hecho para que nosotros no seamos”. Miremos bien. Número uno: Jesús no era pecador, pero se hizo pecado en la cruz. Él nunca pecó (1 Pedro 2:22). Fue tentado en todo… pero sin pecado (Hebreos 4:15). Y aunque nunca pecó, Él fue hecho pecado llevando nuestros pecados. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Cor. 5:21). ¿Cuándo sucedió esto? En la cruz del Calvario. Durante toda su vida fue santo, jamás pecó. El pecado fue puesto sobre Él hasta que fue crucificado. Esa es la enseñanza de la cruz. Ni siquiera se hizo a sí mismo pecado, sino que fue puesto el pecado encima de Él: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Yahwéh cargó en Él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6). Jesús llevó nuestros pecados para que nosotros no seamos pecadores. En esto consiste el ejemplo. ¿Llevar la cruz de Cristo significaría sufrir el pecado y sus consecuencias? ¡De ninguna manera! Por el contrario, la doctrina de la cruz es que Cristo llevó nuestros pecados para que seamos libres de ellos. Número dos: Jesús no era maldito, pero se hizo maldito en la cruz. No solo no había maldición en Él antes de la cruz, sino que jamás maldijo (1 Pedro 2:23). Toda su vida era un derrame de bendición. La gracia se derramó en sus labios, hermoso y bendito en todo (Sal. 45:2). Pensar en Jesús como maldito es absurdo por completo. Pero por causa de nosotros, a pesar de vivir lleno de bendición, fue hecho maldito en la cruz. Dios puso sobre Él la maldición de la humanidad, al punto de ser hecho maldito en nuestro lugar: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero) (Gal. 3:13). El Padre Celestial le dio la espalda, prueba inequívoca de que el Hijo fue hecho maldito en la cruz. En esto consiste su ejemplo; es decir, en redimirnos, rescatarnos de la maldición. ¿La cruz de Cristo consiste en sufrir maldiciones? Por el contrario, nos muestra el beneficio, que a causa de que Jesús llevó toda maldición y fue hecho maldición en mí lugar, yo no debo padecer ninguna maldición. ¡Somos benditos en Cristo con toda bendición! Número tres: Jesús nunca estuvo enfermo, pero llevó nuestras enfermedades en la cruz. No solo no enfermó jamás, sino que donde quiera que llegara, sanaba a los enfermos. ¿Puedes imaginarlo estornudando o pidiendo a sus discípulos que lo sustituyeran porque se enfermó? La Biblia nunca presenta a Jesús enfermo. Es más, a donde iba los enfermos eran sanados, era el “arruina funerales”, pues resucitaba a los muertos. Jesús llevó nuestras enfermedades sobre sí mismo (1 Pedro 2:24). Esta es una enseñanza muy clara de la cruz de Cristo: todas las enfermedades de la humanidad y sus dolencias fueron puestas sobre Jesús al momento de ser crucificado. ¿Y por qué hizo esto? Directo y claro: para que seamos sanos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5). Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:16-17). No es una suposición, es un hecho que se aplica por la fe. Hay sanidad divina y sobrenatural en Jesucristo. Este es uno de los beneficios de la cruz. Número cuatro: Jesús no fue pobre, pero se hizo pobre en la cruz. Todo lo que el Padre tiene es mío –dijo en cierta ocasión (Juan 16:15). ¿De qué tamaño de fortuna estaba hablando al referirse a las riquezas de Dios? ¡A todas! Traía tesorero. ¿De qué sirve un tesorero al pobre? Mujeres ricas le servían con sus bienes. No se trataba de limosnas, sino de financiamiento ministerial. Tenía casa en Nazaret y en Capernaum, entre otros lugares posibles. Repartieron sus ropas por ser finas. ¿Cómo vestiría para que los soldados procuraran quedarse con sus vestiduras? Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Él se hizo pobre, pero no era pobre. Así como fue hecho pecado, pero no era pecador; así como llevó nuestras enfermedades, pero no estaba enfermo; y así como no era maldición, pero fue hecho maldito. Jesús se hizo pobre voluntariamente. ¿Cuándo se hizo pobre? En la cruz, allí murió desnudo. En la pobreza extrema, total y absoluta. ¿Y para qué hizo esto? ¿Para que justifiques tu necesidad y tu pobreza? Es todo lo contrario, su ejemplo consiste en sacarte de dicha condición, como también lo hace del pecado, la maldición y la enfermedad. Jesús se hizo pobre para enriquecernos: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Cor. 8:9). Aquí es donde muchos batallan para creer. ¿Por qué espiritualizas esta parte? ¿Acaso es diferente a ser libres de los pecados y de la maldición? Si tomas las riquezas como simbólicas, entonces tendrías que tomar también el resto de los beneficios de la cruz como simbólicos. Esto es, si no debes ser rico, tampoco debes ser libre de los pecados, de la enfermedad y de la maldición. Pues también Cristo se hizo estas cosas para librarte de ellas. Pero sigue siendo un asunto de fe. Tú decides si crees o no; y de esto depende si recibes o no los beneficios de la cruz. La iglesia a nivel general, hace campañas de sanidad, pero se ofendería si hace campañas de riqueza. ¿Por qué no hacer una campaña de prosperidad? ¿Podemos creer que Jesús libra del pecado, de la maldición y de la enfermedad, pero dudamos que libre de la pobreza? Este es otro de los beneficios de la cruz. Es seguir otra más de sus pisadas. La cruz de Cristo te muestra la gracia del Señor; la cual implica que a causa de lo que Jesús sufrió, tú eres bendecido en Él. Esto es conocer la gracia. El rechazo de la cruz de Cristo y el desconocimiento de la gracia de Dios es querer pagar por lo que ya fue pagado (es tan absurdo como tratar de comprar tu salvación). Si entiendes la gracia del Señor Jesucristo, entonces vives como heredero de los beneficios de la cruz.

— Roberto Tinoco

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