Antiguo Testamento
Nuevo Testamento
Tamaño de letra
Fondo de lectura
1 Pedro 3
A las esposas
1Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,🗨📝 2considerando vuestra conducta casta y respetuosa.🗨📝 3Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,🗨📝 4sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.🗨📝 5Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos;🗨📝 6como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.🗨📝A los esposos
7Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.🗨📝A todos los cristianos
8Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;🗨📝 9no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.🗨📝 10Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño;🗨📝 11Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala.🗨📝 12Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.🗨📝Sufrir por hacer el bien
13¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?🗨📝 14Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis,🗨📝 15sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;🗨📝 16teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.🗨📝 17Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.🗨📝 18Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;🗨📝 19en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,🗨📝 20los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.🗨📝 21El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,🗨📝 22quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
Actualmente seleccionado
1 Pedro 3: RV60
Elige un fondo
Compartir versículo
Comparar versiones
Cargando...
1 Pedro 3:1
3.1 En el capítulo anterior el apóstol Pedro ordena a los siervos sujetarse a sus amos y soportar a los amos injustos sin dejar de hacer buenas obras, siguiendo así el llamado de Cristo de hacer buenas obras a pesar del sufrimiento. Luego termina el capítulo diciendo que los creyentes, como ovejas descarriadas volvimos al Pastor y Obispo de nuestras almas Jesucristo. En este contexto inicia el capitulo 3 diciendo: asimismo vosotras, mujeres; lo que significa que las mujeres deben ganar a sus maridos haciendo el bien, aun a aquellos maridos injustos y difíciles de soportar. Que “los maridos no creyentes sean ganados por la conducta de sus esposas”. Ellos también son como ovejas descarriadas que tienen que venir al Pastor y las esposas cristianas tienen gran influencia para lograr esto. Llama mi atención el hecho de que Dios nos considere como ovejas que vuelven y no como cabritos que jamás han estado en su redil; ¿no es maravillosa su ternura? Solo el amor y la presciencia de Dios pueden vernos así. La condición, por no decir la carga, para ellas es la sujeción. Desde mi perspectiva masculina constituye una gran muestra de amor y de fe a Dios sujetarse a un hombre y más si este no es creyente, es decir, no está sujeto a Dios. La tentación a hablar es mucha y la amonestación apostólica hacia las esposas es ganarlos sin palabras teniendo como exclusiva únicamente la conducta. Magistral.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:2
3.2 La conducta ejemplar de la esposa capaz de ganar a su marido para Cristo es casta y respetuosa, agnos y fobos, pura y temerosa. Entiendo perfectamente el atributo de la pureza demandado a una esposa, pero en nuestra cultura occidental resulta chocante que una esposa tema a su marido. Fobos es el término del cual se deriva fobia, ¿tendrá una esposa fobia a su marido? Evidentemente no se trata de ese tipo de temor, pues en tal caso la mujer huiría del marido en vez de procurarlo. El temor al que se refiere tiene que ver más con procurar agradarlo y no con el miedo. Respeto; atributo que es por cierto, el más valorado por un hombre sobre el trato de su mujer hacia él.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:3
3.3-4 Dios no está en contra del arreglo y belleza femenina; la Biblia está llena de descripciones y elogios a la belleza de mujeres relevantes, como las esposas de los patriarcas; lo que el Señor habla aquí por medio del apóstol Pedro es acerca de la superioridad del ser sobre el parecer. Como fruto de la vida interior, la vida exterior de las esposas ha de reflejarse. Por ello el apóstol enfatiza el cuidado interior por encima del exterior. No enseña que las esposas estén desarregladas, sucias o poco femeninas, por el contrario, que estén aún más hermosas por dentro que por fuera y, lógicamente, no es arruinando el exterior como embellecemos el interior, sino al contrario, embelleciendo el interior, luego el exterior ha de embellecerse también por resultado. Para ganar al marido para Cristo la esposa deberá ser mucho más que una mujer adornada físicamente, debe ser una mujer con esencia y contenido, que tenga vida verdadera. Que la mujer primero sea atractiva a Dios y luego a su marido.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:4
3.3-4 Dios no está en contra del arreglo y belleza femenina; la Biblia está llena de descripciones y elogios a la belleza de mujeres relevantes, como las esposas de los patriarcas; lo que el Señor habla aquí por medio del apóstol Pedro es acerca de la superioridad del ser sobre el parecer. Como fruto de la vida interior, la vida exterior de las esposas ha de reflejarse. Por ello el apóstol enfatiza el cuidado interior por encima del exterior. No enseña que las esposas estén desarregladas, sucias o poco femeninas, por el contrario, que estén aún más hermosas por dentro que por fuera y, lógicamente, no es arruinando el exterior como embellecemos el interior, sino al contrario, embelleciendo el interior, luego el exterior ha de embellecerse también por resultado. Para ganar al marido para Cristo la esposa deberá ser mucho más que una mujer adornada físicamente, debe ser una mujer con esencia y contenido, que tenga vida verdadera. Que la mujer primero sea atractiva a Dios y luego a su marido.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:5
3.5-6 El camino ya recorrido es el más seguro. Las mujeres de hoy pueden usar como ejemplo de conducta a las mujeres de ayer; y su conducta debe ser imitada para recompensas similares. Se menciona a Sara quien llamaba señor a Abraham, su marido como madre de las creyentes actuales. Una mujer hermosa tanto por dentro como por fuera. Las hijas de Sara o cristianas de este tiempo deben honrar a sus maridos de igual forma como fruto de su vida cristiana. No por temor al esposo, Pedro dice: sin temer ninguna amenaza, sino como dijimos líneas atrás, como un acto de fe a Dios, el Señor. Pero, como dice también Pedro: sois hijas si hacéis el bien, lo que implica que la mujer rebelde o irrespetuosa está negando su fe.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:6
3.5-6 El camino ya recorrido es el más seguro. Las mujeres de hoy pueden usar como ejemplo de conducta a las mujeres de ayer; y su conducta debe ser imitada para recompensas similares. Se menciona a Sara quien llamaba señor a Abraham, su marido como madre de las creyentes actuales. Una mujer hermosa tanto por dentro como por fuera. Las hijas de Sara o cristianas de este tiempo deben honrar a sus maridos de igual forma como fruto de su vida cristiana. No por temor al esposo, Pedro dice: sin temer ninguna amenaza, sino como dijimos líneas atrás, como un acto de fe a Dios, el Señor. Pero, como dice también Pedro: sois hijas si hacéis el bien, lo que implica que la mujer rebelde o irrespetuosa está negando su fe.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:7
3.7 Siendo que la Biblia tiene equilibrio e igualdad de género, refiere a los hombres: vosotros maridos igualmente. Así como una mujer trata honorablemente a un hombre, asimismo el hombre ha de tratarla a ella también honorable y respetuosamente. Luego Pedro, siendo un hombre casado, refleja la realidad de un buen matrimonio mediante la sabiduría: vivid con ellas sabiamente. La buena relación matrimonial es más que romance y responsabilidades hogareñas, es una relación basada más en la sabiduría que en las vísceras. Desde la perspectiva masculina, las mujeres son muy complejas y necesitamos sabiduría para hacerlas felices en la variedad de sus facetas. Dando honor usa el griego time que significa “valoración, precio pagado”, de modo que la honra a la mujer requiere de inversión, tanto de tiempo y cariño como detalles y finanzas. La expresión como a vaso más frágil implica tratarlas con cuidado, como cristalería fina o joyería de calidad. Sus emociones son muy delicadas y receptivas. Su corazón es muy sensible y tierno. Con todo, invertir en una esposa es una magnífica inversión. Como a coherederas de la gracia de la vida -es la razón del trato amoroso que un esposo debe prodigarle; no se pone en tela de duda que la mujer sea creyente aunque si se hace respecto al marido no creyente, lo que implica que un marido sabio y amoroso siempre tendrá una mujer cristiana. Ellas tienen la misma herencia por tener el mismo Padre, por lo que tenemos que responder ante Dios por ellas. No puede haber maltrato ni aspereza, pues no están por debajo de sus maridos, aún y cuando deban sujetarse a ellos. Respecto de la tierra hay un orden, pero respecto del cielo, ellas están a la par como coherederas de la gracia de la vida. Si un hombre trata a su esposa como a inferior, entonces el Padre no escuchará sus oraciones. En buena medida el cielo abre y cierra sus puertas en la forma que tú abres y cierras el amor y la honra a tu mujer. Estorbo traduce el griego ekkopto, que significa “cortar, quitar de golpe”. Las oraciones son eliminadas cuando se maltrata al cónyuge.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:8
3.8 A modo de resumen, el nuevo pueblo o nueva especie del reino debe tener el mismo sentir, el de Cristo que habita en ellos. Se mencionan por lo menos cuatro características de este carácter cristiano: Compasivos, griego sumpathes, simpatía, tenerse mutuamente por compañero. Amándoos fraternalmente, griego filádelfos, amor de hermanos. Misericordiosos, griego eúsplanjnos, “de buen corazón”, bien compasivo. Y amigables, griego filófron, amistoso de mente, amable.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:9
3.9 El carácter de Cristo en el pueblo escogido de Dios es naturalmente bueno, no es dado a la venganza; sin embargo, si el apóstol debe amonestar a los creyentes a no devolver mal por mal, es que eran tentados a hacerlo a pesar de su nueva naturaleza. Recordemos que estaban experimentando injusta y cruelmente persecución a causa de su fe; en otras palabras, estaban siendo llevados al límite. De modo que las palabras del apóstol, como un experimentado pastor, tienen el propósito de alentarles a corresponder al carácter de la nueva vida mediante el estímulo de la bendición de Dios: si en lugar de vengarse bendicen, heredarán bendición; y esto además de la eternidad, aquí y ahora. Bendecir es bien decir o decir el bien.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:10
3.10 La vida abundante está en la lengua (Pr. 18:21; Cantares 4:11). Hablar el mal tiene un efecto boomerang, regresa a quien soltó dichas palabras acortando su vida y su luz. Dominar la lengua amplía la vida, tanto en cantidad como en calidad o luz. Si hablas engaño confundes a otros, pero te engañas a ti mismo, pues vivirás menos tiempo. Hablar mal es un suicidio lento.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:11
3.11 Aunado al hablar, la conducta también amplía o acorta la vida según se trate de hacer el bien o de hacer el mal respectivamente. No fuimos hechos para la maldad, de modo que dedicarse a ello es perder el propósito de nuestra creación, ¿por qué habría esta creación de soportarnos viviendo demasiado? Y especialmente con esto, la paz es un ingrediente importantísimo para vivir más y mejor. Personas sin paz mueren súbitamente, sin contar que viven en forma mediocre a causa de sus preocupaciones. De mal te apartas y el bien lo haces. Lo primero como si fuese plaga y lo segundo como la razón de la existencia. Por su parte, la paz se busca y una vez que se encuentra, se sigue. Hay quienes quieren paz sin buscarla, haciendo lo contrario a lo que es para su paz resulta imposible. También, hay quienes hallando la paz, no la siguen, así que la pierden nuevamente. Es lógico que después de apartarte del mal y de hacer el bien, se mencione hallar la paz.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:12
3.12 Si no fuera poco el incentivo de vivir más y mejor por hablar y hacer el bien, el favor y agrado de Dios debe hacernos dedicarnos a la justicia. La bendición sacerdotal por excelencia es que Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros (Num. 6:23-27) y no que lo oculte de nuestra vista, como aquella ocasión en la que pasó de espaldas ante Moisés por causa del pecado del pueblo (Ex. 33:23); y al menos esto fue por la intercesión de Moisés, ya que Dios no quería estar más entre ellos. La justicia atrae el oído de Dios a las oraciones. Si quieres ver a Dios, no olvides que Dios gusta de ver la justicia.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:13
3.13-14 Dirigiéndose a un pueblo perseguido, Pedro los alienta asegurándoles que la vida justa es un escudo contra aquellos que desean su mal. Sin embargo, pudiera darse el caso del sufrimiento injusto y aún el martirio, en tal caso, hay recompensa, bienaventuranza (griego makarios, felices). Procura que el gozo del Señor, la paz de la justicia y la esperanza de la recompensa sean mayores que el temor y la preocupación. No hay garantías de blindaje del cuerpo, pero si la posibilidad de mantener tu alma intocable si mantienes la fe y el gozo.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:14
3.13-14 Dirigiéndose a un pueblo perseguido, Pedro los alienta asegurándoles que la vida justa es un escudo contra aquellos que desean su mal. Sin embargo, pudiera darse el caso del sufrimiento injusto y aún el martirio, en tal caso, hay recompensa, bienaventuranza (griego makarios, felices). Procura que el gozo del Señor, la paz de la justicia y la esperanza de la recompensa sean mayores que el temor y la preocupación. No hay garantías de blindaje del cuerpo, pero si la posibilidad de mantener tu alma intocable si mantienes la fe y el gozo.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:15
3.15 En contraste con la preocupación de los versículos anteriores, producto de la persecución, el creyente debe santificar a Dios, es decir, dedicar su corazón, pensamientos y sentimientos al Señor y no a los problemas enfrentados en esta vida. De otro modo los problemas vencieron a la fe. Si te santificas a Dios a pesar de la adversidad, entonces podrás cumplir con su propósito, el cual consiste en anunciarle. En el caso de la persecución, se le anuncia con la defensa. La cual debe ser mansa y reverente, griego praútes fóbos, “apacible respeto, temor”. No provocamos conflictos, damos defensa cuando nos la demandan, mejor dicho, cuando demandan razón de nuestra esperanza y no cuando desean pelear con nosotros. Estamos ocupados en proclamar a Jesucristo y no en ganar debates religiosos ni filosóficos.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:16
3.16 No se puede presentar defensa de la fe cuando se tiene la conciencia ofendida. El éxito en la persecución es no ser hallado culpable, sino difamado injustamente a fin de avergonzar a los calumniadores. Después de todo, sus conciencias están de nuestro lado. Seguramente habrá calumnias hacia nosotros y nuestra conducta, pero que también haya buena conciencia de nuestra parte. Irónico que se calumnia la conducta cristiana cuando existen tantos en el mundo con mala conducta; pero sucede.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:17
3.17 No padecer sería mejor, pero si no pudiese evitarse, que al menos sea por causa de que hacemos el bien. La luz encandila las tinieblas, por lo que las tinieblas tratarán de provocar padecimientos a quien brille. Esto es comprensible hasta cierto punto por ser dos cosas antagónicas; lo que resulta misterioso es que la voluntad de Dios quiera nuestro padecimiento. Ese quiera Dios debe ser un permita Dios; pues siendo Padre bueno no puede tener en su querer el dolor de sus hijos.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:18
3.18 La voluntad de Dios que permite el padecimiento de quienes hacen el bien (versículo 17) es ejemplificada en el padecimiento de Cristo. En tal caso, por un propósito mayor: librarnos de nuestros pecados. El dolor del justo por los injustos, mientras sea para llevarnos a Dios, vale la pena. Así debes considerar tus padecimientos, si los tuvieras, que sean para llevar almas a Dios y no sufrir por el sufrimiento mismo. Asimismo, Cristo fue muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu; si padeces, que el crecimiento en vida que experimentes a causa de ello sea notable, de otro modo no tiene sentido el dolor.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:19
3.19-20 El Señor Jesús primero descendió del cielo haciéndose Hombre y luego descendió al Hades o Seol habiendo sido muerto (pero su alma no sería dejada en el Hades Hechos 2:31). Por lo cual dice: subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (Ef. 4:8-9). El Señor descendió a la tumba, por cuanto fue sepultado (1 Cor. 15:4). Y en tumba de rico, de José de Arimatea cabe señalar (Mar. 15:46). Luego, el Señor descendió al lugar de los muertos, es decir, a donde estaban los que habían muerto antes de que Cristo muriera y resucitara. Pongamos un límite, pues de ahí derivan algunos doctrinas espiritistas enseñando que es posible comunicarse con los muertos. Ellos nada saben de lo que se hace debajo del sol, es decir, de esta vida, y finalmente el mundo los olvida por completo, su memoria es puesta en olvido. Pero Jesús sí enseñó acerca de dicho lugar llamándolo: el seno de Abraham, el cual incluía tanto a salvos como a no salvos, esperando unos la vida eterna y otros el juicio final. Lee Lucas 16:19-31. Este pasaje no es una parábola, pues Jesús usó nombre para dos de los protagonistas, lo cual jamás hizo en sus parábolas. Tampoco podemos pensar que estaba usando creencias populares, ¿acaso habría de enseñar los errores de los hombres? Sería tanto como si hoy enseñáramos hablando de fantasmas. Por otro lado, si alguno supone que los muertos están inconscientes, se equivoca, el cuerpo está dormido, pero el alma está muy consciente. Por ejemplo, en Apocalipsis 6 dice: vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? (Ap. 6:9-10). Nota que dichas almas no sólo están conscientes sino también hablando con Dios; incluso manifiestan aun su imperfección al desear venganza de quienes los mataron (por algo están bajo el altar, esto es, del holocausto, y no sobre el altar del incienso). En el siguiente versículo se les dice que descansen aun hasta que se cumpla el número de mártires. Tal descanso no es dormir en inconciencia, pues el Señor suele invitarnos a venir a Él a descansar hallando paz para nuestra alma. O que, ¿se le despiertan de cuando en cuando? El apóstol Pablo, quien amaba la Presencia del Señor como pocos, deseaba tanto estar con Él que llegó a desear la muerte; sintiéndose por esto como puesto en estrecho debido a que la iglesia aun necesitaba su ministerio. Si fuese a morir para estar dormido sin disfrutar la Presencia del Señor, ¿por qué habría de desearlo? Leemos sus palabras: Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor (2 Cor. 5:6-8). Considera cómo es claro al decir que en la vida de este cuerpo está ausente del Señor, pero que al morir está en su Presencia. Al morir es el cuerpo el que duerme y el que debe ser despertado; pero el alma se encuentra despierta. Otro ejemplo fue puesto por nuestro Señor Jesucristo al referirse al rico y a Lázaro, el que pedía limosnas a la puerta del rico. Mencionó que después de muertos uno estaba en tormento y el otro en salvación y hablaban entre sí. Todavía no llegaba la resurrección del cuerpo, pero estaban conscientes de su situación. ¿Por qué dice la Biblia en Eclesiastés que los muertos nada saben y que su memoria es puesta en olvido? (Ecl. 9:5). Porque nada saben de lo que pasa en esta vida o debajo del sol, como dice el escritor de Eclesiastés; ya que no tienen más participación en los asuntos de esta vida. Y su memoria es puesta en olvido significa que los que viven los olvidan (Ecl. 2:16), ya no les pagan por lo que hicieron. Y lo mismo podemos decir de pasajes similares usados en los Salmos. Volviendo a la historia del rico y Lázaro, prácticamente justos e injustos estaban en el mismo plano, pero separados el lugar de descanso del lugar de tormento por una gran sima, una especie de precipicio entre ambos. Al no poder ir ninguno a la Presencia de Dios hasta que Cristo fue por ellos, se cumplió la Palabra del Señor: nadie viene al Padre, sino es por mí (Juan 14:6). Jesús fue al Seol, Hades o seno de Abraham por los que habrían de ser llevados a Dios, por eso en el pasaje de Efesios que leímos dice que llevó cautiva la cautividad. Allí les habló acerca de la obra de salvación consumada en la cruz, vuelve a leer las palabras de Pedro: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua (1 Pedro 3:18-20). Esto duró tres días (de jueves a domingo), los mismos que pasó muerto su cuerpo: Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches (Mateo 12:40). La muerte no pudo retenerlo, era imposible que fuera retenido por ella, dice la Palabra (Hechos 2:24); usa en griego una palabra que se utilizaba para definir lo inevitable de un parto. El Señor Jesús les predicó a los salvos antiguos que esperaban su manifestación para poder ser llevados a Dios.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:20
3.19-20 El Señor Jesús primero descendió del cielo haciéndose Hombre y luego descendió al Hades o Seol habiendo sido muerto (pero su alma no sería dejada en el Hades Hechos 2:31). Por lo cual dice: subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (Ef. 4:8-9). El Señor descendió a la tumba, por cuanto fue sepultado (1 Cor. 15:4). Y en tumba de rico, de José de Arimatea cabe señalar (Mar. 15:46). Luego, el Señor descendió al lugar de los muertos, es decir, a donde estaban los que habían muerto antes de que Cristo muriera y resucitara. Pongamos un límite, pues de ahí derivan algunos doctrinas espiritistas enseñando que es posible comunicarse con los muertos. Ellos nada saben de lo que se hace debajo del sol, es decir, de esta vida, y finalmente el mundo los olvida por completo, su memoria es puesta en olvido. Pero Jesús sí enseñó acerca de dicho lugar llamándolo: el seno de Abraham, el cual incluía tanto a salvos como a no salvos, esperando unos la vida eterna y otros el juicio final. Lee Lucas 16:19-31. Este pasaje no es una parábola, pues Jesús usó nombre para dos de los protagonistas, lo cual jamás hizo en sus parábolas. Tampoco podemos pensar que estaba usando creencias populares, ¿acaso habría de enseñar los errores de los hombres? Sería tanto como si hoy enseñáramos hablando de fantasmas. Por otro lado, si alguno supone que los muertos están inconscientes, se equivoca, el cuerpo está dormido, pero el alma está muy consciente. Por ejemplo, en Apocalipsis 6 dice: vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? (Ap. 6:9-10). Nota que dichas almas no sólo están conscientes sino también hablando con Dios; incluso manifiestan aun su imperfección al desear venganza de quienes los mataron (por algo están bajo el altar, esto es, del holocausto, y no sobre el altar del incienso). En el siguiente versículo se les dice que descansen aun hasta que se cumpla el número de mártires. Tal descanso no es dormir en inconciencia, pues el Señor suele invitarnos a venir a Él a descansar hallando paz para nuestra alma. O que, ¿se le despiertan de cuando en cuando? El apóstol Pablo, quien amaba la Presencia del Señor como pocos, deseaba tanto estar con Él que llegó a desear la muerte; sintiéndose por esto como puesto en estrecho debido a que la iglesia aun necesitaba su ministerio. Si fuese a morir para estar dormido sin disfrutar la Presencia del Señor, ¿por qué habría de desearlo? Leemos sus palabras: Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor (2 Cor. 5:6-8). Considera cómo es claro al decir que en la vida de este cuerpo está ausente del Señor, pero que al morir está en su Presencia. Al morir es el cuerpo el que duerme y el que debe ser despertado; pero el alma se encuentra despierta. Otro ejemplo fue puesto por nuestro Señor Jesucristo al referirse al rico y a Lázaro, el que pedía limosnas a la puerta del rico. Mencionó que después de muertos uno estaba en tormento y el otro en salvación y hablaban entre sí. Todavía no llegaba la resurrección del cuerpo, pero estaban conscientes de su situación. ¿Por qué dice la Biblia en Eclesiastés que los muertos nada saben y que su memoria es puesta en olvido? (Ecl. 9:5). Porque nada saben de lo que pasa en esta vida o debajo del sol, como dice el escritor de Eclesiastés; ya que no tienen más participación en los asuntos de esta vida. Y su memoria es puesta en olvido significa que los que viven los olvidan (Ecl. 2:16), ya no les pagan por lo que hicieron. Y lo mismo podemos decir de pasajes similares usados en los Salmos. Volviendo a la historia del rico y Lázaro, prácticamente justos e injustos estaban en el mismo plano, pero separados el lugar de descanso del lugar de tormento por una gran sima, una especie de precipicio entre ambos. Al no poder ir ninguno a la Presencia de Dios hasta que Cristo fue por ellos, se cumplió la Palabra del Señor: nadie viene al Padre, sino es por mí (Juan 14:6). Jesús fue al Seol, Hades o seno de Abraham por los que habrían de ser llevados a Dios, por eso en el pasaje de Efesios que leímos dice que llevó cautiva la cautividad. Allí les habló acerca de la obra de salvación consumada en la cruz, vuelve a leer las palabras de Pedro: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua (1 Pedro 3:18-20). Esto duró tres días (de jueves a domingo), los mismos que pasó muerto su cuerpo: Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches (Mateo 12:40). La muerte no pudo retenerlo, era imposible que fuera retenido por ella, dice la Palabra (Hechos 2:24); usa en griego una palabra que se utilizaba para definir lo inevitable de un parto. El Señor Jesús les predicó a los salvos antiguos que esperaban su manifestación para poder ser llevados a Dios.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:21
3.21 El diluvio es una figura o símbolo del bautismo en agua. La salvación a la que Pedro alude en el bautismo, no es la salvación del alma, pues aclara que el bautismo no se trata de quitar las inmundicias o pecados de la carne, sino de la conciencia. La salvación a la que se refiere es la de una conciencia buena y libre para servir a Dios conforme a la nueva vida que recibimos en Cristo. Esta nueva vida fue hecha posible mediante la resurrección de Jesucristo, esto en verdad salva, pues Cristo mató la vieja vida de la carne en la cruz y trajo a nosotros la nueva vida resucitando. Al recibirle en nuestro corazón, su vida nos hace vivir. De esto damos testimonio bautizándonos en agua, declarando como el diluvio, quedó atrás el mundo sin Dios, comienza la nueva vida.
— Roberto Tinoco
1 Pedro 3:22
3.22 Después de resucitar, Jesucristo ascendió al cielo para sentarse a la diestra de Dios. Como Hijo de Dios es Dios, pero esta exaltación fue su recompensa como Hijo del Hombre, sin uso de sus atributos divinos. Y siendo que el Hijo del Hombre representa a todos los hombres, es que podemos si vencemos en Cristo, sentarnos juntamente con Él en su trono (Ap. 3:21). Por su victoria, el Señor Jesús recibió en su resurrección toda potestad en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra (Mat. 28:18); así que ángeles, autoridades y potestades están sujetas a Él. Entendemos quiénes son los ángeles, del griego angelos, mensajeros. Un ejemplo de estos mensajeros es Gabriel, a quien lo vemos continuamente llevando los mensajes de Dios a los hombres (Dan. 8:16; 9:21; Lucas 1:19, 26). También podemos pensar que incluye a la caballería, por decirlo así, las huestes, la generalidad angélica. Respecto a las autoridades es una manera más amplia para referirse a distintos cargos en la jerarquía celestial (querubines, serafines, arcángeles, tronos, dominios, principados, etc.), mientras que potestades refiere otra clasificación basada en el poder. Veamos algunos: Serafines, con gran parecido en algunos pasajes a los querubines, su nombre se deriva del significado “ardientes”, son llamas de fuego (Hebreos 1:7), apasionados seres especialistas en adorar a Dios declarando “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:2-6). Cuando Satanás engañó a Eva se presentó como un serafian, un ser ardiente; aunque lo traducen como serpiente. Querubines; encargados del cuidado del trono de Dios y de que no sea profanada su santidad (Gen. 3:24; Ex. 26:1- ss; 36:8 –ss; 1 Reyes 6:23-29; Ez. 1:4-5; 10:15-20). Se les presenta con mucha similitud a los seres vivientes. Arcángeles. Arcángel significa “jefe de ángeles” Miguel es a la vez un arcángel y un principado, más específicamente uno de los principales príncipes (Daniel 10:13: 12:1). Podemos notar que Miguel estuvo en otro tiempo sujeto a al querubín que llegó a ser Satanás (lee nuevamente Judas 9 y considera el respeto de Miguel al no maldecir). Dominios (Col. 1:16); algo así como autoridades territoriales, ya que la palabra dominios en la Escritura define los territorios de un rey (2 Reyes 20:13). Principados (Col. 1:16; 2:10, 15; Ef. 3:10; 6:12); seres celestiales con derecho legal en el reino. Potestades (Rom. 8:38; 3:10: 6:12; Col. 1:16; 2:15; 1 Pedro 3:22). En griego es dúnamis, dinamita, dínamo, poder de hacer milagros y prodigios. Se podría traducir como “los poderosos”, seres angelicales que se caracterizan por ser poderosos y capaces de efectuar prodigios aún para el resto de los ángeles. Los ángeles de su poder (2 Ts. 1:7). Gobernadores (Ef. 6:12). Como su nombre lo indica, con gobierno celestial, delegado por Dios y sobre estructuras celestes que desconocemos. Es muy posible que sean los mismos denominados como Tronos (Col. 1:16); posiblemente refiriéndose a quienes les fue dado poder durante la presente dispensación para juzgar a los demás ángeles antes de los juicios finales (Col. 1:16; Judas 1:9). Los vigilantes (Daniel 4:17). Una especie de supervisores del cumplimiento de los preceptos divinos, ya que se usa la misma palabra para supervisores de obras de construcción (1 Reyes 9:23), y para guardias (Salmo 130:6). Las huestes o estrellas (Job 38:7). Posiblemente es un término genérico para referirse a todas las criaturas celestiales; especialmente aquellas que componen los ejércitos celestiales. Los hijos de Dios (Job 1:6). En forma semejante a estrellas. Sabemos que el ser humano es hecho hijo de Dios en un grado mayor a los ángeles, ya que no sólo hacemos su voluntad, sino que nos fue dada su naturaleza, así como su imagen y semejanza. Otra posible manera de llamar a los ángeles. Las tradiciones judías tenían siete ángeles como principales o más conocidos en sus escritos, especialmente en el libro apócrifo de Enoc; sus nombres: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Raguel, Zerachiel, y Remiel.
— Roberto Tinoco