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Génesis 13
Abram y Lot se separan
1Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.🗨📝 2Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.🗨📝 3Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai,🗨📝 4al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.🗨📝 5También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas.🗨📝 6Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar.🗨📝 7Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.🗨📝 8Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.🗨📝 9¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda.🗨📝 10Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.🗨📝 11Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro.🗨📝 12Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.🗨📝 13Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.🗨📝 14Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente.🗨📝 15Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.🗨📝 16Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.🗨📝 17Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.🗨📝 18Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Génesis 13: RV60
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Génesis 13:1
13.1 De Egipto se sube. El camino del reino es hacia arriba. La iglesia está en lugares celestiales con Cristo. Egipto es la tierra de abundancia regada por el río Nilo; mientras que Neguev significa “Árido”; sin embargo, entendemos por el espíritu que es mejor habitar en lugares áridos bajo la voluntad de Dios que en deleites terrenales sin Dios (Hebreos 11:25). En esto dio Abram un paso acertado de fe, lamentablemente siguió llevando consigo a Lot, el “velo espiritual”. Mientras Abram llevaba a Lot continuaba sin una visión clara; el padre de la fe caminaba medio ciego al principio de su llamado; ¿y no suele ser esa la experiencia inicial de todos los llamados?
— Roberto Tinoco
Génesis 13:2
13.2 Faraón no le había dado plata ni oro, solo ganado. Pero Abram era rico, no solo rico, sino riquísimo en ganado y también en plata y en oro. No fue Faraón la fuente de su riqueza ni “la venta” de su esposa llegó a tanto; fue Dios y solo Dios el origen de su abundancia (Génesis 24:35). Dios no está en contra de la riqueza, por el contrario, no favorece la pobreza. Dios ama al pobre, lo ama tanto que se hizo pobre, para que con su pobreza fuésemos enriquecidos (2 Cor. 8:9). Dios es próspero y no hace acepción de personas, ni favorece al rico por rico, ni al pobre por pobre (Lev. 19:15). Con todo, las buenas nuevas son predicadas a los pobres (Luc. 4:18); es decir, buenas noticias: “no tienes porque seguir pobre”. Desea que seamos prosperados en todo, así como prospera nuestra alma (3 Juan 1:2). Este es el primer versículo que menciona la riqueza material como tal; por tanto, establece el principio o semilla de la riqueza en la tierra. Dios no solo no está en contra de ella, sino a favor. El mal entendimiento de la humildad ha provocado que muchos piensen que hay virtud en la pobreza; pero la Palabra enseña lo contrario: riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Yahwéh (Prov. 22:4).
— Roberto Tinoco
Génesis 13:3
13.3-4 Abram se retiró de Dios cuando se fue a Egipto; pero Dios nunca se alejó de Abram. Después de su desventura con Faraón, Abram regresó al último lugar donde Dios se le había aparecido. Este es el retorno del arrepentimiento: de regreso al último sitio donde se experimentó la Presencia de Dios. De Egipto al Neguev y del Neguev a Bet-el; es decir, del mundo a la sequedad y del lugar árido a la Casa de Dios. No hay verdadero retorno a Dios sin volver a su casa. La prioridad del pueblo de Dios cuando regresó del cautiverio babilónico debía ser la Casa de Dios (Hageo 1); la restauración de Abram era el retorno a Bet-el, “Casa de Dios”. Todo pródigo debe volver a la casa del Padre y todo cristiano lo es en relación con la iglesia. Es allí donde está nuestra tienda, nuestra habitación y el lugar de nuestra morada. Mejor un día en sus atrios que mil fuera de ellos (Sal. 84:10). Abram volvió a donde dejó su altar, al lugar donde invocó a Dios por última vez y fue respondido. El creyente no posee adoración genuina aparte de la iglesia de Dios; en todo lugar podemos adorarle, pero jamás será la respuesta como en medio de la iglesia de Dios. Dios suministra su vida a través de los demás miembros del cuerpo de Cristo (Efesios 4:16; Col. 2:19).
— Roberto Tinoco
Génesis 13:4
13.3-4 Abram se retiró de Dios cuando se fue a Egipto; pero Dios nunca se alejó de Abram. Después de su desventura con Faraón, Abram regresó al último lugar donde Dios se le había aparecido. Este es el retorno del arrepentimiento: de regreso al último sitio donde se experimentó la Presencia de Dios. De Egipto al Neguev y del Neguev a Bet-el; es decir, del mundo a la sequedad y del lugar árido a la Casa de Dios. No hay verdadero retorno a Dios sin volver a su casa. La prioridad del pueblo de Dios cuando regresó del cautiverio babilónico debía ser la Casa de Dios (Hageo 1); la restauración de Abram era el retorno a Bet-el, “Casa de Dios”. Todo pródigo debe volver a la casa del Padre y todo cristiano lo es en relación con la iglesia. Es allí donde está nuestra tienda, nuestra habitación y el lugar de nuestra morada. Mejor un día en sus atrios que mil fuera de ellos (Sal. 84:10). Abram volvió a donde dejó su altar, al lugar donde invocó a Dios por última vez y fue respondido. El creyente no posee adoración genuina aparte de la iglesia de Dios; en todo lugar podemos adorarle, pero jamás será la respuesta como en medio de la iglesia de Dios. Dios suministra su vida a través de los demás miembros del cuerpo de Cristo (Efesios 4:16; Col. 2:19).
— Roberto Tinoco
Génesis 13:5
13.5 nombre Lot quiere decir “velo”. Las Sagradas Escrituras usan la figura del velo para referirse a aquello que está encubierto. La connotación no es positiva, por el contrario, tiene el sentido de prohibición y límite. Por ejemplo, Moisés ponía un velo sobre su rostro impidiendo a los israelitas mirar la gloria de Dios que brillaba en él (2 Cor. 3:13); Pablo dice que representa la ceguera del corazón de Israel, el cual les será quitado con la conversión al Señor (2 Cor. 3:14-16). Hebreos menciona cómo el sacrificio del Señor en la cruz abrió un camino hacia Dios a través del velo que nos impedía el acceso (Heb. 10:20-22). Lot era una especie de velo para Abraham. La compañía de su sobrino limitaba al patriarca en el desarrollo espiritual y en el avance en la carrera de la fe. Desde el principio Dios fue enfático al decir que Abraham se separara de su tierra “y de su parentela”; pero Abraham obedeció en parte. La obediencia parcial manifiesta la existencia de velos espirituales. Un velo espiritual es todo aquello que impide la plena relación con Dios. Un velo impedía el acceso del pueblo al atrio del tabernáculo, otro velo se necesitaba cruzar para entrar en el Lugar Santo, y uno más para llegar al Lugar Santísimo. David entendió muy bien el corazón de Dios al hacer un tabernáculo sin cortinas. ¡Dios aborrecía los velos! La cruz del Calvario testifica que su deseo era romper los velos que impedían la comunión entre Dios y el hombre (Mar. 15:37-38). Era imperativo que Abraham se separara de Lot. También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas” (Gen. 13:5). Lot era bendecido, ¿por qué? ¡Porque andaba con Abram! Lot no debía estar allí, pero había sido llevado por Abram. Su cercanía con el hombre de Dios le trajo abundancia. La misericordia vence sobre el juicio (Stg. 2:13). Yo creo en la cobertura espiritual. Un adagio popular dice: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”; esto es cierto, especialmente tratándose de la bendición de Dios. Dios llamó a Abram y por causa de él bendecía a todo su derredor. Todo lo que esté bajo la cobertura de un hombre bendito será bendecido. Lot tenía ovejas, vacas y tiendas. Aún el ministerio de muerte fue con gloria (2 Cor. 3:7); Lot representa ese ministerio, fue un ministerio velado, pero bendecido. Tenía pastorado, sacrificio y servicio en abundancia (simbolizado en ovejas, vacas y tiendas), pero no fue hallado perfecto en cuanto al propósito y voluntad de Dios. Fue un ministerio rumbo a Sodoma; fue un ministerio bendecido, pero como todos aquellos que son ministerios de muerte, fue temporal (2 Cor. 3:7, 11).
— Roberto Tinoco
Génesis 13:6
13.6 Desde el principio Dios mandó al hombre llenar la tierra (Gén. 1:28; 9:1); la bendición no debe quedarse en exclusiva en un solo lugar o grupo. Cuando un grupo intenta privatizar la bendición se transforma en una secta. La tierra (el hombre hecho de tierra) nunca será suficiente para contener toda la bendición de Dios. No se ponen dos sementales en el mismo corral, así como no conviene que dos gigantes empalmen sus ministerios: “sus posesiones son muchas y no pueden morar en el mismo lugar”. Una aplicación diferente (más no contraria, sino complementaria) es que jamás habitarán la fe y el velo en el mismo lugar. El velo puede estar en el ministerio de la ley, más no en el de la gracia. La vida de fe requiere la separación de los velos. La fe camina a través de lo que ve; el velo existe para impedir la visión. Ambos ministerios tienen su parte en el reino de Dios, pero son opuestos; son de dispensaciones diferentes, no pueden estar en el mismo lugar al mismo tiempo. La única vez que cohabitaron la ley y la gracia produjeron tres cruces en un monte bajo la ira de Dios. Si un creyente intenta caminar por la fe, más cubriéndose con velos, cambiará su ministerio de vida por un ministerio de muerte (2 Cor. 3:13). ¡Hay que separar a Abram de Lot!
— Roberto Tinoco
Génesis 13:7
13:7 Pastores peleando por territorio mientras el mundo sigue habitándolo. La combinación de dos ministerios incombinables, el de vida y el de muerte (Abram y Lot, vea las notas anteriores), trae como consecuencia inevitable la contienda. ¿Por qué pelean los pastores? (Mi pregunta tiene un sentido eclesiológico). La respuesta es simple, porque unos tienen un ministerio de vida y otros uno de muerte. La unidad no puede forzarse por encima de la clase de ministerios que se ejercen. Lo más trágico aún es que mientras los pastores peleen, la tierra seguirá siendo habitada por cananeos y ferezeos. Los enemigos del pueblo de Dios se mantendrán firmes mientras que sus pastores no estén de acuerdo en ejercer un ministerio de vida.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:8
13:8 Abraham cede la tierra, aunque Dios se la había dado. Carácter cristiano. La unidad solo puede vivirse en el vínculo de la paz (Efesios 4:3); y la paz requiere de una razón para ser. Esta razón es la fraternidad, o mejor dicho, el amor fraternal (Rom. 12:10). Abram exhortó a su sobrino Lot a no pelear por cuanto eran hermanos. Esto no significa que no se separarían, pues la unidad no es necesariamente estar en el mismo lugar, sino en el mismo espíritu (1 Cor. 5:4). Si guardaban la paz, guardarían la unidad, y aunque no siguieran juntos, siempre serían hermanos. Abram habló primero buscando la reconciliación. Es el hermano maduro quien lleva las flaquezas de los débiles (Rom. 15:1). Este versículo bien pudiera servir para la relación entre los apóstoles que saben conservar la paz entre los pastores que dirigen.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:9
13.9 Siendo la tierra donde pastoreaban sus ganados demasiado pequeña para tan abundante ganado, Abram sugiere a Lot separarse. Esto no es división departe de Abram, aunque de hecho lo es por parte de Lot. La diferencia radica en la actitud de ambos. Para Abram, era un motivo de nuevas conquistas y recursos para ambos; más para Lot oportunidad de sacar ventaja de su hermano. La voluntad de Dios era que Abram se separara de su parentela, ese fue su llamado desde el principio. Abram había desobedecido, por lo que Dios buscó la forma de llevar adelante su plan. ¿Qué usó Dios para separar a Abram de Lot? ¡La bendición de la abundancia y prosperidad! ¡Cuán diferente trata Dios a sus llamados! Muchos pensarían que, ante la desobediencia de Abram, Dios lo castigaría duramente; sin embargo, nos sorprende su gracia al mirar cómo lo separa bendiciéndolo. El propósito de la bendición de Dios no es la saturación, ni siquiera la satisfacción, sino la consagración. Del mismo modo que Abram y Lot se separaron en su abundancia, se espera la prosperidad de los ministerios y su subsiguiente separación o distribución en la tierra, a fin de alcanzar el mayor territorio posible del mundo. Con todo, conviene retener el corazón de Abram, para no perder el llamado como le ocurrió a Lot al inclinar su corazón hacia Sodoma. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda, la madurez y fortaleza cristiana se expresa prefiriendo el bien del prójimo antes que el propio (Rom. 15:1-2). Esto es en verdad muy alto. Abram permitió que su sobrino Lot escogiera la tierra, ¿cómo fue posible que hiciera esto cuando toda la tierra era de él por la promesa de Dios? Además, ¿dejar escoger al codicioso Lot? Abram estaba viviendo el amor fraternal y conduciéndose según los principios del cuerpo, dando honor al miembro más débil. El respeto es muestra de madurez y de amor fraternal; pero también, de seguridad y de fe. Abram confiaba en Dios, por lo que no tenía temor alguno de se defraudado por su pariente. Estaba expresando la vida de Cristo. Cuando Jesús supo que el Padre le había entregado todas las cosas en sus manos, se ciñó una toalla y lavó los pies de sus discípulos (Juan 13:3-5); quien se sabe dueño no teme pérdida.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:10
13:10 La ambición confunde la tierra de Egipto y Sodoma con un Edén. Como hemos visto, Lot significa “velo”. Su vida es la expresión de un creyente incompleto que vive como “detrás de un velo” (1 Cor. 3:13-16). La visión de Lot estaba imperfecta: “alzó sus ojos”, pero no miró las alturas espirituales, sino “la llanura del Jordán”. Es la visión de lo temporal por encima de lo eterno. Este es el velo más común de los creyentes incompletos. Lot no veía los cielos abiertos, sino la tierra que era toda de riego, como el huerto de Yahwéh. Lot confundió la llanura que se dirigía a Sodoma con el huerto de Yahwéh. El corazón de Lot buscaba lo temporal, por lo que su visión estaba distorsionada. Un corazón velado tiene un ojo errado. Cuando el hombre deja de mirar el reino de Dios lo confunde con la tierra de los hombres; comienza a ver como bendición de Dios a sus propios intereses y deseos; y no que el placer del hombre sea malo, sino que el objeto de dicho placer requiere ser acorde al reino de Dios. …como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Yahwéh a Sodoma y a Gomorra. Sin visión hay perdición. Lot caminó bajo un velo, lo que consideró “como el huerto de Yahwéh” era más bien “como la tierra de Egipto”, el camino al mundo. El creyente velado iba rumbo a Zoar, el lugar donde habría de huir Lot con sus dos hijas después de la destrucción de Sodoma, solo para salir y cometer incesto tiempo después con sus propias hijas (Gen. 19:30-38). Quien pierde la visión, pierde también la dirección; en lugar de acabar en el huerto de Dios, Lot terminó huyendo de la destrucción de Sodoma y perdiéndolo todo. Zoar significa “pequeña”. Lot creyó tener una gran visión al escoger la mejor tierra anticipándose a su tío Abram, pero a causa de su corazón velado, lo que consideraba grande bendición, era sólo “pequeña”.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:11
13.11 “Entonces” es una palabra que une lo dicho anteriormente con lo que se está a punto de decir. Cuando Abram sugirió la separación, Lot escogió lo que a sus ojos egoístas era la mejor parte. Olvidó que, si bien la tierra era buena, su tío era bendito. Lot era próspero a causa de Abram y no de la tierra. Siglos después Jesús testificaría de una mujer llamada María como la que escogió la mejor parte, la cual no le sería quitada (Luc. 10:42). Lot escogió toda la llanura del Jordán, una parte que le sería quitada por no ser la mejor. Abram prefirió la ciudad celestial y su Arquitecto, la mejor parte, herencia que jamás perdió (Heb. 11:9-10). Algo tiene el corazón de los hombres cuando se separaban de Dios que siempre miran hacia el oriente de la bendición. Caín habitó al oriente de Edén (4:16); y la generación postdiluviana que construyó la rebelde Babel, habitó al oriente de Ararat (11:2). ¿Por qué? Porque el huerto que Dios plantó estaba “al oriente” (2:8); es decir, entre más lejos está el corazón humano, más añora el principio de su creación. Agustín de Hipona escribió: “el hombre salió de Dios y no será feliz, hasta que no regrese a Dios”. Lot se apartó de Abram, pero inconscientemente, entre más lejos estaba, más necesitaba de él. Caminó hacia el oriente no sólo por la buena tierra, sino por la buena añoranza.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:12
13.12 Dios llamó a Abram en Ur de los Caldeos y ahora se encontraba en la tierra de Canaán. El llamado caminaba de acuerdo a su llamado. La palabra “acampó” es ajal, que significa “cubrir con toldo”; es vivir en una tienda de campaña o tabernáculo. En esto, Abram es un símbolo de la manifestación del Padre en la persona de su Hijo Jesucristo. Juan 1:14 dice que Dios hizo tabernáculo entre nosotros, traducido como habitó entre nosotros. Abram habitó en una tienda en Canaán, la tierra prometida y Dios habitaría dos mil años después también en una tienda de carne en la misma tierra. Mientras que Lot se fue acercando a Sodoma buscando una casa permanente, Abram habitó acampando en tiendas en la tierra prometida. El camino de los justos es el de extranjeros y peregrinos en la tierra (Heb. 11:13; 1 Pedro 2:11); con esto no digo que les sea imposible tener bienes materiales, pues Abram era riquísimo; y tampoco enseño que sea imposible tener casas construidas de piedra, vemos a muchos hombres y mujeres de Dios en la Palabra que habitaron en casa y palacios; el punto es que la actitud de la vida de los hombres llamados ha de ser la de aquellos que siempre están preparados para partir de este mundo al porvenir. Si Abram acampó en la tierra que se le había prometido como propia, también nosotros podemos vivir sin afanes ni apegos a las cosas de este mundo y esto es independiente de si las disfrutamos o no (1 Cor. 7:31). …en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. En contraste con Abram, Lot se fue acercando cada vez más a Sodoma. Cada decisión nos acerca o retira del propósito de Dios y por ende, nos retira o nos acerca a la ruina. Lot no puso su tienda en Sodoma de una sola vez, sino que se fue deslizando de la vida de fe poco a poco. Nadie abandona la fe de pronto, sino que acaricia la idea y la refuerza con pequeños pasos de dudas y malas decisiones. Preguntémonos: ¿de qué estoy más cerca? ¿A dónde me llevan mis decisiones? Abram acampaba, Lot habitaba. El primero era un peregrino, el segundo un ciudadano del mundo: habitó en las ciudades de la llanura. Hay cristianos de las alturas y hay personas de la llanura. Unos acampan en los montes de la fe; mientras que otros hacen habitación permanente en los terrenos bajos de una aparente “cómoda” vida sin Dios.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:13
13.13 Lot se separó de Abram para ir a juntarse con los hombres de Sodoma. Quien se aparta de la fe se une a la maldad. Sodoma es el tipo del mal y de la degradación; sus habitantes no solo son descritos como malos, sino como muy pecadores. No solo eran inmorales, sino enemigos de Dios. Todo pecado es en cierto sentido contra Dios, pero el énfasis de la Palabra sobre los hombres de Sodoma es que eran “pecadores contra Yahwéh en gran manera”; expertos en rebelión; especialistas en romper mandamientos del Señor. Una sociedad maligna en el fondo de la degradación. Ese es el principio de Sodoma. La diferencia entre malos y pecadores es que “malos” describe la naturaleza de los habitantes de Sodoma; mientras que “pecadores” se relaciona mas con la conducta u obras de los mismos. Todo lo que Dios creó era bueno en gran manera; pero lo que los hombres de Sodoma llegaron a ser era malos en gran manera.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:14
13:14 Lot significa “velo”; mientras que Abram no se separó de él, su relación con Dios estuvo un tanto velada. Fue hasta que Abram se separó de Lot que Dios volvió a hablarle e incluso le añadió a sus promesas y aún le fue más específico en su llamado. Esta es la vida de fe, mirando a cara descubierta (2 Cor. 3:18). Dios llama a una visión alta: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Sin velos la visión es clara. Sin Lot, Abram es invitado a mirar alto. Mientras el llamado tenga una consagración a medias, la visión también será a medias; más cuando la consagración es profunda, la visión es alta. Abram le dio a Lot la oportunidad de escoger cuál tierra quería, al negarse a sí mismo, Abram aseguró que Dios le diera todo a él. Vemos que Dios no le dio a escoger, sino que le indicó que todo era suyo, al norte, al sur, al oriente y al occidente. De esta forma se quitó el patriarca el velo que le impedía una mejor relación y herencia con Dios. La visión depende de la posición. Un hombre consagrado es un hombre visionario. Dios le dijo a Abram que mirara “desde el lugar donde estaba”; lo que vemos es resultado de lo que pisamos; es decir, de la condición en la que estamos; por ejemplo, Juan el apóstol miró desde el desierto a Babilonia la Grande (Apoc. 17:3); pero vio a la Nueva Jerusalén cuando estaba sobre un monte grande y alto (Apoc. 21:10); en ambos casos estaba en el espíritu, pero la diferencia radicó en su posición. Desde los lugares celestiales con Cristo es fácil ver las maravillas de Dios y comprender su plan, pero desde una condición velada, de pecado o de desobediencia, las cosas se ven muy negativas y malas. Lo que vemos es resultado de lo que somos. La visión comienza con lo que se tiene. Hay que ver hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente desde el lugar en el que estamos actualmente. No llegaremos a ningún lado sin primero comenzar por donde estamos. Usa lo que sí tienes para obtener lo que aún no tienes. Quien llora lo que no tiene, sin usar lo que sí tiene, jamás llegará a nada. La visión de Dios es todo inclusiva; se extiende al norte, al sur, al oriente y al occidente. La visión de Dios no tiene límites; va mucho más allá de nosotros; es mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros (Efes. 3:20). Dios llegará hasta donde el hombre que ha llamado quiera llegar. El límite en este caso es puesto por el hombre.
— Roberto Tinoco
Génesis 13:15
13:15 La herencia es de acuerdo a la visión. Hasta donde Abram pudiera ver Dios le daría. Tenemos lo que vemos; el límite de la visión es también el límite de la bendición. Por eso es tan importante la visión correcta. Fe y visión son sinónimos (Heb. 11:1); tenemos fe cuando tenemos visión y viceversa. Dios no entrega al hombre lo que no vea primero; por eso es que muchos se frustran tratando de tener sin ver. La fe no es ciega; al contrario, es poder ver cuando parece que nada existe. La fe no es intangible; al contrario, es tan tangible como lo era la tierra para Abram. El propósito de la visión es producir una actitud de conquistador. Abram recibió la visión y la promesa de la tierra a fin de que entrara en ella como un príncipe y no como un pordiosero. Abram fue grande entre las naciones de Canaán, lo respetaban y admiraban porque estaba revestido de grandeza y dignidad a causa de la visión de Dios. No puede el hombre poseer sin primero poseerse a sí mismo. Nadie será dueño de nada a menos de que primero sea dueño de sí mismo; por eso es que es más grande el que gobierna su espíritu que el que toma una ciudad (Prov. 16:32). No se conquista para tener carácter, sino que primero se tiene carácter para poder conquistar. …y a tu descendencia para siempre, Dios prometió darle la tierra de Canaán a Abram y a sus descendientes; no fue una promesa exclusiva para un hombre, sino para una raza. Actualmente se viven conflictos bélicos y terrorismo como consecuencia de varios pueblos peleando esa tierra; sin embargo, la promesa divina establece como legítimos propietarios para siempre a los israelitas. ¿Y por qué a los israelitas y no a los descendientes de Ismael? Porque a lo largo de las Sagradas Escrituras se fue repitiendo la misma promesa una y otra vez a los descendientes de Abram por la línea de Isaac (Gén. 24:7; 26:3-4; 28:4, 13; 35:12; Ex. 33:1; Núm. 34; Dt. 34:4; 2 Cr. 20:7). La única posibilidad de negar dicha tierra a Israel es negar también la autoridad divina de la Biblia. La tierra en herencia fue dada a Israel en herencia perpetua. La promesa fue “para siempre”. Cuando Israel se reveló contra Dios y se fue tras la idolatría fue llevado en cautiverio por 70 años. Esto estaba previsto y anunciado por Dios. Tiempo después, ante el rechazo del Mesías, Israel enfrentaría el exilio desde el año 70 d.C. hasta 1948 d.C. Pero nada de esto invalida la promesa de Dios a este pueblo. Si bien no poseyeron la tierra en muchos años, aún así eran los legítimos propietarios, por lo que Dios cumplió su promesa de regresarlos a su lugar de heredad (Jer. 12:15; 16:15; 24:6; 30:3; Eze. 37). Y si Dios cumplió sus promesas sobre asuntos terrenales a Israel, ¡cuánto más cumplirá sus promesas a la iglesia tratándose de asuntos espirituales y eternos!
— Roberto Tinoco
Génesis 13:16
13.16 Esto se refiere a la descendencia terrenal de Abram; es decir, a los israelitas como raza según la carne y ADN humano. Distíngase a los descendientes de Abram como el polvo de la tierra de los descendientes de Abram como las estrellas del cielo (Gen. 22:17) en que los primeros son terrenales, según la carne; mientras que los segundos son hijos espirituales o celestiales por la fe en Cristo Jesús (Rom. 9:3-8 a saber, la iglesia). Los primeros tienen las promesas del reino en la tierra; los segundos las promesas del reino de los cielos. En cuanto a los israelitas espirituales, las promesas divinas son sin distingo de raza judía o gentil (Gal. 3:28); ambos son parte de un solo pueblo (Efesios 2:13-15). …que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. La descendencia de Abram habría de ser en extremo numerosa, tanto que sería incontable. Israel es el pueblo más perseguido de todos los tiempos (considera el holocausto nazi que costó la vida a más de cinco millones de judíos); sin embargo, no solo ha sido imposible extinguirlo, sino que se ha multiplicado más y más de generación en generación. Al mismo tiempo, todos aquellos que han intentado destruirle, han terminado empequeñeciéndose, si bien no extinguiéndose por completo. Esto último va ligado a la promesa de bendeciré a los que bendijeren y a los que te maldijeren maldeciré (Gen. 12:3).
— Roberto Tinoco
Génesis 13:17
13:17 La promesa debe pisarse, poseerse. Dios prometió la tierra a Abram, pero el patriarca tenía que ver la tierra, levantarse y caminar a lo largo y ancho de ella. Las promesas de Dios requieren de la participación obediente de los hombres. Considérese por ejemplo que Dios prometió la tierra por medio de Moisés a los que salieron de Egipto en el Éxodo; sin embargo, no entraron a causa de su incredulidad y desobediencia (Heb. 3:16-19); debiendo cumplirse la promesa hasta la siguiente generación (Num. 14:30-31). Dios siempre cumple su Palabra, pero no todos los hombres experimentan para sí mismos el cumplimiento de ella. La promesa dice “a ti la daré”; pero la condición habla: “si tu andas a lo largo y ancho de ella”. Detrás de cada promesa hay una condición bíblica. Quien camine en las promesas de Dios las obtendrá; esa es la vida de fe y también la vida de los llamados. Tanto como caminen por la tierra obtendrán de ella. Dios da al hombre lo que el hombre pisa (Dt. 11:24); la osadía humana para creer y reclamar las promesas divinas tiene recompensa. Nuevamente Dios amonesta a tener un carácter de conquistador y no de niño inmaduro que por la fe y la paciencia herede las promesas (Heb. 6:12).
— Roberto Tinoco
Génesis 13:18
13:18 Abraham busca la Presencia por encima de la promesa. Las promesas de Dios animan a remover nuestras tiendas. ¿Quién puede avanzar en el reino de Dios a menos de que Dios le hable? Pedro pidió al Señor: “si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (Mat. 14:28); no caminó sobre el agua, sino sobre la Palabra de Dios. Abram no removió su tienda buscando una tierra mejor, sino buscando a Dios y el cumplimiento de su Palabra. Leemos que moró en el encinar de Mamre. Mamre significa “firmeza” Morar bajo el encinar de Mamre es símbolo de ser fuerte y fructífero. Quien camina en las promesas de Dios habiéndose despojado de los velos (Lot) habita firme y próspero (Jer. 23:6; Sal. 91). El encinar de Mamre estaba en Hebrón. Hebrón habría de ser el sepulcro de Abraham, Isaac y Jacob, así como de muchos familiares más; también, Hebrón fue la primera capital del reino de Israel por siete años, bajo el reinado de David. Prácticamente el primer sitio de morada de Abram una vez que caminó sin velos fue también el último. Es muy importante considerar qué es lo primero que recibimos cada vez que un velo es removido; pues dicha herencia será permanente y trascendente en nuestra historia como llamados. …que está en Hebrón, y edificó allí altar a Yahwéh. El hombre llamado es también un hombre de altares. Donde Abram levantaba una tienda también edificaba un altar. Las tiendas se levantan, pero los altares se edifican. Una tienda no es permanente a diferencia del altar que si tiene fundamentos. Los tabernáculos son temporales, los altares son eternos. Cristo fue un tabernáculo muerto en el Calvario, pero resucitado como Templo al tercer día (compare Juan 1:14 con Juan 2:19-22). También nosotros somos una tienda de campaña que está deshaciéndose (nuestro cuerpo), pero por el sacrificio de Cristo (altar), tendremos un edificio eterno hecho por el Señor (2 Cor. 4:16; 5:1). El altar que Abram edificó en Hebrón es el altar de la comunión. En el siguiente capítulo veremos cómo una confederación de reinos se levantará contra las ciudades donde habita Lot, llevándoselo cautivo y siendo necesario que Abram, el llamado de Dios le rescatara. La base de esta proeza es el altar de Hebrón, allí Abram fue hecho el hermano libertador. Nadie puede libertar a otro a no ser que se encuentre él mismo sobre el altar. Esta es la grandeza de la cruz de Cristo: siendo Él mismo el sacrificio en el altar, tiene el poder para salvar a todos.
— Roberto Tinoco