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Génesis 17
De Abram a «Abraham»
1Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.🗨📝 2Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.🗨📝 3Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo:🗨📝 4He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes.🗨📝 5Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.🗨📝 6Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti.🗨📝 7Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.🗨📝 8Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.🗨📝La marca del pacto
9Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones.🗨📝 10Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.🗨📝 11Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros.🗨📝 12Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje.🗨📝 13Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.🗨📝 14Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.🗨📝De Sarai a «Sara»
15Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.🗨📝 16Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.🗨📝 17Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?🗨📝 18Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.🗨📝 19Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.🗨📝 20Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.🗨📝 21Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.🗨📝 22Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham.🗨📝 23Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le había dicho.🗨📝 24Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio.🗨📝 25E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio.🗨📝 26En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo.🗨📝 27Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado del extranjero por dinero, fueron circuncidados con él.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Génesis 17: RV60
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Génesis 17:1
17:1 El último versículo del capítulo anterior señala la vida de Abram de 86 años. Durante trece años Dios no se manifestó al patriarca; fue hasta que Ismael cumplió trece años de vida y Abram 99 que Dios volvió a manifestarse a Abram. Dios buscaba dos cosas: Primero, que Abram estuviera como muerto, sin capacidad de engendrar. Mientras el hombre se valga de su carnalidad para conseguir sus sueños e incluso para hacer la obra de Dios, Dios no tratará con él. Dios esperará el tiempo necesario hasta que se agote o fracase la fuerza de la carne. Y segundo, que Ismael llegara a lo que los judíos llaman bar mitzvah, que pasara sus doce años; de esta manera, poniendo fin al tiempo de su inocencia se haría manifiesto que no era Ismael el hijo elegido por Dios. Todo esto significa que, sin importar la apariencia de grandeza y obras, los años de la carne no cuentan. Según Mateo 20:1-6 quien está fuera de la viña es un desocupado. No todos los años de vida en esta tierra de los cristianos son tomados en cuenta en el reino de los cielos. No importa que sean llamados y vivan por fe, si permiten la intervención de la carne se quedarán sin la Presencia de Dios. …y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Abram atendió la voz de Sarai acerca de usar a Agar para tener un hijo por incredulidad. Después de esto, Dios dejó de hablarle a Abram por trece años. Luego, se volvió a manifestar a él como el Dios Todopoderoso; ¿de qué otra forma podía Abram engendrar a Isaac de Sarai, sino creyendo en el poder de Dios? Los milagros no vienen por lo que somos, sino por lo que Dios es; por eso es que Dios se manifiesta ahora como Yo Soy. Nuestra opinión acerca de Dios define qué opinamos de nosotros mismos y qué producimos o dejamos de producir. Por eso Dios amonesta a Abram a creer en lo que Él es para andar perfecto delante de Él. Nuestros pasos son producto de nuestra fe. Ninguno andará delante de Dios a menos de que sepa Quién es Dios. Así mismo, la perfección humana resulta de la manifestación de la perfección divina; dicho de otro modo, el concepto que el hombre tiene de la deidad domina su humanidad. Si el hombre cree en dioses inventados por él mismo, será en extremo imperfecto en su vivir, es semejante a los dioses que hizo; pero si su fe está basada en el Dios verdadero, su andar será el de un verdadero hombre. La santidad no sale del hombre, sino que es impartida por Dios. En este versículo se manejan dos fundamentos de la revelación bíblica; el primero de ellos tiene que ver con Dios, y el segundo con nosotros; esto es, con Dios el Todopoderoso y segundo, con la perfección humana: Respecto de Dios, se manifiesta a sí mismo como El Todopoderoso. En hebreo es El Shaddai. Dicho nombre proviene de un término que en hebreo significa “pecho femenino”. Denotando el sentido de provisión. Para un bebé, su madre lo es todo. Dios parecía decirle a su llamado: “hijo, no camines en tu carne, para producir vida Yo Soy suficiente”. Se pueden hacer muchas cosas sin Dios, pero ninguna de ellas tendrá vida ni producirá vida. Solo Dios es la vida. Respecto del hombre, Abram necesitaba aprender a caminar en el camino de Dios. Hay caminos de los hombres y caminos de Dios. Por andar en el camino de Sarai produjo a Ismael. El Shaddai deseaba que Abram se sustentara con su pecho y no con el pecho de Sarai. Por incredulidad Abram se alimentó de Sarai y oyó su voz respecto de Agar. La incredulidad hace parecer más fácil los caminos de los hombres que los caminos de Dios; mientras la fe hace ver que el único camino viable es el camino de Dios. Un camino es la ruta a un destino. Tomar los caminos de los hombres es intentar llegar al destino fijado a través del poder de los hombres; en realidad es desviarse del camino; llega uno a Ismael en vez de a Isaac. La serpiente sugirió a la mujer en el huerto de Edén que llegara al mismo destino que Dios deseaba para ella por otro camino. Dios deseaba que fuera como Él, pero la serpiente instigaba a “ser como Dios conociendo el bien y el mal”. Es el camino de Satanás. De manera que hay caminos de los hombres, caminos de Satanás y caminos de Dios. Cualquiera en su ego puede caminar en los caminos de los hombres; y los necios, los pecadores y los engañados caminan en los caminos de Satanás; pero solo los perfectos caminan en el camino de Dios. Ser perfecto es la condición del camino de Dios. Perfecto significa “completo”. Un embrión es perfecto si está formado según lo que se espera de él a los tres meses de fecundación; un bebé es perfecto si actúa plenamente como un bebé de diez meses a los diez meses; y un adulto es perfecto si presenta la madurez de treinta años a los treinta años. Es evidente que un hombre de treinta años será más completo que un embrión de tres meses; pero ser perfecto no es una meta, sino una condición normal de la vida. Asimismo, andar delante de Dios y ser perfecto en el llamado de Abram, lo mismo que en el nuestro, es estar completo según la revelación recibida de Dios y lo que se espera de nosotros. Quien conoce al Shaddai no puede más producir a Ismael. Así pues, nuestra perfección es producto del suministro de Dios; al conocer a El Shaddai somos como el bebé alimentado por su madre; Dios es nuestra vida, de Él mana la vida y nosotros comemos de Él; entonces nuestro andar, es decir, nuestra conducta y calidad de vida resulta de la clase de vida que comimos. Así como un bebé se alimenta de su madre y tiene las defensas biológicas de su madre; así los llamados que se alimentan del Shaddai tienen los recursos de vida, protección y producción del Dios Todopoderoso. Por otro lado, la inmovilidad no es característica de los llamados por Dios. “Anda”, es la encomienda. No estés quieto, sino en movimiento. No se puede llegar sin andar. El llamado del cristiano es conocido también como “la carrera de la fe”. No es la siesta ni el paro de la fe, ni siquiera el paseo de la fe; sino la carrera de la fe. Es tiempo de velocidad. Dios no desea que caminemos a sus espaldas y ni siquiera a su lado. Dios dijo: anda delante de mí. Un buen padre sabe que solo si su hijo va delante de él puede cuidarlo, además de mirarlo lleno de complacencia. También, ver al hijo delante es sinónimo de crecimiento. Si el hijo va delante es que ya sabe caminar y sabe a donde ir, ha crecido. Dios guió al inmaduro pueblo de Israel andando Dios delante de ellos por el desierto, pero a Josué y a su generación le prometió que a donde ellos fueran Dios iría con ellos; es decir, caminarían delante de Dios (Jos. 1:9). No se puede andar sin ser. Anda delante de mí y sé… –mandó Dios. Andar es obrar y ser es existencial; si bien hacemos según lo que somos; también podemos cambiar lo que somos por las cosas que hacemos. Un hombre que asesinó a otro jamás será el mismo; la obra que hizo lo cambió. Así también, quien pone el amor en acción y no solo en emoción, cambiará su propio corazón. Dios le dijo a la fría iglesia de Laodicea: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente (Apoc. 3:15). Tus obras dicen quién eres. Pero también le dijo a la iglesia de Efeso: haz las primeras obras de lo contrario quitaré tu candelero (Apoc. 2:5); es decir, si no regresas a las obras correctas dejarás de ser.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:2
17.2 A través de la Biblia Dios establece diversos pactos, como, por ejemplo, el pacto con Noé (Gen. 6:18). En esta vez volvemos a ver a Dios establecer un pacto con el hombre. Dios es el iniciador de sus pactos, por eso Dios se menciona primero a sí mismo y luego al hombre receptor. La autoridad está por encima de la gramática y las costumbres de los hombres. En este pacto vemos algunos nuevos principios de los acuerdos divinos. El pacto está entre Dios y el hombre: “pondré mi pacto entre mí y ti”. En este sentido el Pacto es tipo de Cristo, quien es a su vez el mediador del pacto, el cumplimiento y el Pacto mismo (Heb. 8:6; 9:15; 12:24). ¿Cómo puede alguno intentar estar delante de Dios sin la mediación del Pacto? Imposible. Nadie va al Padre sino a través de Jesucristo (Juan 14:6; Hechos 4:12; 1 Tim. 2:11). Enseguida Dios promete multiplicar a Abram. Si el hombre llamado está alimentándose del Shaddai, entonces está convirtiéndose en la expresión de la vida que lo sustenta (vr. 1); por lo mismo, puede ser multiplicado, está lleno de vida y será fructífero; además, siendo Dios formado y expresado en Abram, al multiplicarle será Dios mismo quien sea multiplicado y expresado en diversos seres humanos. La multiplicación sigue al Pacto. La fidelidad a los acuerdos divinos es el camino más rápido a la producción de frutos y resultados. Nuestro enfoque no debe ser la multiplicación, sino el Pacto de Dios; cumpliendo lo uno tenemos lo otro. El “en gran manera” de la multiplicación, es el mismo “en gran manera” del amor por el que estableció el Nuevo Pacto (Juan 3:16).
— Roberto Tinoco
Génesis 17:3
17:3 La revelación de Dios produce la genuina adoración a Dios. Dios se manifestó a Abram como el Shaddai y Abram lo adoró. La adoración más alta no empieza en nosotros, sino que es resultado de contemplar a Dios; el río comienza a partir del trono, va al hombre y regresa al trono de Dios (Apoc. 22). Por su parte, la adoración es un manantial de revelación. Abram adoró a Dios y Dios habló con él. Algunas personas cantan porque les gusta cantar y dicen que Dios le dijo esto o aquello sin haber escuchado a Dios, ¿y cómo van a escucharle si no se detienen a contemplarle? ¿Y cómo habrá de contemplarle quien no está dispuesto a adorarle? No oiremos más allá de lo que veamos. Y no veremos más allá de lo que adoremos. Las mejores palabras se escuchan de rodillas. Antes de comenzar a andar el camino de Dios, Abram se postró ante Dios, luego Dios le habló y entonces pudo comenzar a caminar. Algunos caminan y caminan sin detenerse a escuchar a Dios. Jesús llamó a los doce primeramente para que estuviesen con Él y sólo después de esto, para enviarlos a predicar (Mar. 3:14). Es posible dar pasos firmes y seguros después de haber estado a los pies del inventor del camino de la fe. Jesús es el Autor y Consumador de la fe (Heb. 12:2); en Él comienza y termina el camino.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:4
17.4 Todo Pacto que Dios hace con la humanidad lo establece primero con un individuo; aún la caída fue por causa de un hombre, así como la redención por medio de Uno (Rom. 5:12, 15). Dios dijo a Abram: mi Pacto es contigo; sin embargo, todos los que somos de la fe de Abraham estamos dentro del mismo Pacto. Dios no es un concepto ni una fuerza, Él es tres Personas y su trato es personal. ¿Estás tú en el Nuevo Pacto? No puedes entrar en Pacto con Dios a menos de que establezcas como Abram una relación personal de fe con el Señor. Ismael es un ejemplo de que no basta ser descendiente según la carne para ser parte del Pacto de Abraham. Pacto, hebreo berit, significa “alianza, acuerdo, convenio, confederación, pacto”. Es imposible pactar con Dios y quedarse pequeño o infecundo. Dios es vida, pactar con Él es ser tocados por la vida; todo lo que la vida toca lo vivifica y lo multiplica. El hombre suele intentar hacer obras para acercarse a Dios y ganar su favor cuando es al revés: por acercarnos a Dios y por tener su favor es que podemos andar en las obras que Él mismo preparó de antemano. Abram pactó con el Padre y fue hecho padre de muchedumbre. Quien pacta con el Santo es santificado. Quien Pacta con el Señor recibe autoridad. Quien pacta con el Proveedor es hecho rico. Dios es la fuente de toda bondad.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:5
17:5 Dios cambió el nombre de Abram por Abraham y con ello le cambió su destino. Si quieres saber quién eres verdaderamente pregúntale a Dios. Eres lo que Dios dice que eres. Hay varias enseñanzas del cambio de Nombre a Abram: Primero, no puede haber más padre exaltado que el Padre Celestial (Abram significa “padre exaltado”). Si Dios es exaltado sobre nosotros, seremos en extremo fructíferos. Segundo, al pactar con Dios, Abram recibió parte de Dios. El Nombre de Dios es YHWH, por lo que el Señor puso parte de su Nombre a Abram (H) al llamarle Abraham. A menos de que la Vida estuviera en Abraham no sería posible que tuviera descendencia. Cualquiera que sea la necesidad, no necesitamos mejores planes ni estrategias, sino mejor relación con Dios. Tercero, cambiando su nombre a “padre de multitudes” Dios cambió la mente y la fe de Abram para que pudiese entrar a la dimensión de lo sobrenatural. Cada vez que Abraham oyera su nombre o pronunciara su nombre, estaría confesando el poder y propósito de Dios sobre su vida: “te cambio el nombre porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes”. Necesitamos tener las promesas de Dios implícitas en nuestras conversaciones para tener su gloria y cumplimientos en nuestras experiencias. Y cuarto, la H representa al Espíritu en hebreo; de modo que Dios puso su Espíritu, a la vez que un espíritu nuevo en Abraham. Esto es figura del Nuevo Pacto y del Nuevo Nacimiento. Toda palabra importa para Dios (Mat. 12:36-37) y todo nombre es como profecía ante Él. La Biblia está llena de personas a las que Dios les cambió el nombre a causa del llamado que les hizo.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:6
17.6 Estar bajo Pacto con Dios no suma, sino multiplica los frutos. El crecimiento explosivo es producto del Pacto radical. Si Dios es injertado en el hombre (la H en Abram = Abraham), dicho hombre será extraordinariamente productivo. Hay niveles de grandeza y el más grande de ellos es ser la fuente de la grandeza de otros. Una cosa es ser grande en una nación o ser rey de la misma, y otra mucha mayor es ser fuente de naciones y de reyes. ¿Quieres estar junto a la fuente o ser hecho una fuente? Sin embargo, para ser una fuente se necesita un manantial interno. Dios sacaría naciones y reyes de Abraham; esto implica que dichas naciones y reyes ya estaban en Abraham (compara Heb. 7:9-10). La Vida divina había puesto en Abraham esas semillas. Dios no sacará de nosotros lo que no esté en nosotros. Hay quienes sueñan con grandezas, pero no hay semilla de grandeza en ellos. Qué produciré no depende de qué quiero producir; qué produciré depende de qué hay en mí. Mientras no hayamos sido sembrados o fecundados por Dios, ¿cómo engendraremos nosotros naciones y reyes? De manera que la preocupación no debe ser lo que producimos, sino lo que nos es sembrado por Dios primeramente. Cuando Dios le puso la H de su Nombre al nombre de Abram, le sembró su semilla divina por medio de la cual produciría naciones y reyes. Abraham es figura de un apóstol, quien, como un patriarca ha de vivir bajo pacto a fin de producir reyes e iglesias estableciendo el reino de Dios. Necesita tener a Dios formado en él (la H) para semejante empresa.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:7
17.7 Una y otra vez repite Dios que establecerá su pacto y los beneficios del mismo con Abraham. La Palabra de Dios es económica, por lo que repetir una y otra vez implica su preeminencia. Toda la Biblia y la historia humana giran en torno a los pactos de Dios. Esto trae seguridad al hombre. Establecer es poner como base, hacer firme su pacto. No son promesas a la ventura, sino el desarrollo de un plan preordinado por Dios. Su Palabra es permanente y segura. El Pacto está entre Dios y el hombre, es un mediador puesto por Dios que hará real las bendiciones prometidas. Este pacto ha estado entre Dios y Abraham y ha continuado entre Dios y sus descendientes. Si bien se refiere en principio a los israelitas (Hechos 3:25), se cumple eficazmente a los israelitas espirituales o de la fe en Cristo Jesús (Gal. 3:29). En este sentido, el pacto es generacional; más no según las generaciones de la carne, sino de la simiente prometida, a saber, Cristo. En el Nuevo Pacto somos regenerados, tomamos parte en las generaciones de Abraham como engendrados por Abraham, aunque en realidad engendrados por Dios. Los nacidos de Dios somos la generación de Abraham; estamos en el Pacto perpetuo; el Dios de Abraham es nuestro Dios también y sus promesas las nuestras. El propósito del Pacto no es hacer la vida del hombre más fácil, sino manifestar que Dios será su Dios; por eso dijo Dios: “establezco mi Pacto para ser tu Dios y el de tus descendientes”. ¿Qué es una generación? Es la vida que fue engendrada por un padre. Lo que engendramos hereda lo que somos y tenemos. La generación estaba dentro de su padre y salió de su padre con lo que su padre es y poseía. Por ello, todo el que está bajo Pacto heredará el Pacto y las promesas del mismo. Abraham tenía Pacto entre Dios y él, y todo el que salió de Abraham tiene un Pacto entre Dios y él. ¿Quieres heredar bendición a tus hijos? Entonces colócate bajo Pacto. Las promesas divinas alcanzarán a tus hijos en medida que tú respetes ese Pacto.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:8
17:8 Dios promete tierra a los descendientes del Pacto con Abraham. El hombre y la tierra están íntimamente relacionados. El hombre fue hecho de tierra… Se nos llama “moradores del polvo” (Isaías 26:19) y “los que habitan en casa de barro” (Job 4:19). Y en el Nuevo Testamento Jesús preguntó: cuando el Hijo del hombre venga, hallará fe en la tierra (Luc. 18:8). La tierra no tiene fe, sino que se refiere al hombre. Siendo que Dios nos creó de tierra, ¿cómo escogió Dios la clase de tierra con la que haría al hombre? Desde el principio somos tierra deseable y el anhelo de Dios es que volvamos a serlo (Mal. 3:12). Tan sólo consideremos el término “tierra” y la palabra “hombre”: Adamah se usa para “tierra” y Adam para “hombre” (compara con adom, “ser rojo”). La bendición de adamah depende de Adam, por ejemplo, Génesis 2:5 expresa que mientras no había hombre que labrara la tierra, tampoco había hecho Dios llover. Y por eso es que una vez que Adam pecó, entonces Adamah fue maldita (por cuanto esto hicisteis, maldita será la tierra Gen. 3:17) y cuando aumentó la maldad de Adam en el pecado de Caín, entonces Adamah perdía su fuerza (la tierra no volverá a darte su fuerza Gen. 4:12). Una de las últimas cosas que dice la Biblia es que la primera tierra pasó y había una nueva tierra (Apoc. 22:1). Ese es parte del plan divino, cambiar la vieja tierra en nueva. Por eso se habla de un viejo hombre y de un nuevo hombre. La tierra vieja está bajo maldición y produce espinos y cardos (maldición); pero la tierra nueva tiene amor, vida, gozo, etc. (Apoc. 22:1-4; 22:1-4). Cuando la tierra fija estaba llena de violencia, Dios destruyó a la tierra que caminaba (los hombres) y que causaba dicha violencia (Gén. 6:13). Una vez que terminó el juicio del diluvio (nota que es poner la tierra bajo el agua; es decir, sepultar la tierra), y que solo quedó “tierra santa” (Noé que hizo un altar y ofreció sacrificios a Dios), entonces Dios prometió no volver a ocultar la tierra de su rostro de la tierra (no más diluvio de agua). Para Dios, la faz de la tierra era sólo de violencia. La faz significa el rostro. El rostro de la tierra no era más a su imagen y semejanza, sino a imagen de Satanás; por eso Dios “lavó el rostro a la tierra”, a la vez que ocultó su propio Rostro de ella, hasta que volvió a quedar la tierra con un rostro limpio y que sólo miraba en ella su propia imagen y semejanza. Así también, Dios le promete a Abraham una tierra para obtener Dios su propia tierra. Abraham no quiso la tierra “terrenal”, sino la “tierra celestial” (Heb. 11:9-10, 16). Abraham es el modelo de lo que Dios haría, es el padre de la fe, el prototipo de los llamados. En medida que el hombre (Adam) posea la tierra prometida (adamah), la bendición de Dios alcanzaría a sus descendientes (mas Adames). Miremos a Jacob: Y he aquí, Yahwéh estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Yahwé, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho (Gen. 28:14-15). Así pues, el pueblo bajo el Pacto de Dios con Abraham recibe tierra en herencia por cuanto también el pueblo es tierra deseable para Dios. Cuando Dios obtiene su tierra (Adam), le da al hombre su tierra (adamah). Pero nunca se reciben las promesas divinas sin que primero Dios obtenga los beneficios que espera de su Pacto. En un Pacto ambas partes reciben lo esperado, de otra forma el pacto sería abolido.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:9
17.9 La Palabra de Dios siempre es fresca y nueva, pero en ocasiones es especialmente nueva. Dios habló de nuevo a Abraham y esto es importante, primero, porque ya no habla a Abram, sino a Abraham, la relación ha cambiado; Dios está hablando a su propia imagen. Segundo, Dios está por añadir algo a las palabras anteriormente dichas y lo que va a decir es en relación con la circuncisión como señal de su Pacto con Abraham. Esto muestra que la circuncisión en la carne es una añadidura al Pacto, una especie de enmienda temporal y no parte original del contrato. Abram fue justificado hallándose aún incircunciso a fin de ser padre en la fe de los no circuncidados, es decir, de los no judíos según la carne; pero luego Abraham es circuncidado como sello de su justicia para ser padre de los de la circuncisión, es decir, de los judíos (Rom. 4:9.12). De manera que la religión y el abolengo de las tradiciones nada son para el cristiano, pues si nada fueron para el judío con sus miles de años de historia, menos han de serlo para el gentil habiendo sido añadido al pacto. ¿Por qué defendemos tan celosamente nuestras ideas, tradiciones, dogmas y conceptos religiosos? ¿Por qué circuncidamos al Cuerpo de Cristo mutilándolo y dividiéndolo por asuntos temporales e intrascendentes? La circuncisión es una añadidura y como tal es prescindible (lo mismo que todo aquello que practicamos sin ser un principio bíblico). En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones, -independientemente de la añadidura, Abraham y sus descendientes según la carne fueron sujetados a la circuncisión. Con frecuencia debemos atender asuntos de nuestra fe que no corresponden a la fe de los demás. Ante esto, no debemos obligar a nadie a creer igual, cada uno debe conducirse según su conciencia y fe personal, siempre y cuando no afecte el crecimiento y la pureza de la fe de otros hermanos (Rom. 14). Puede darse el caso que Dios ordene a alguno hacer o dejar de hacer alguna cosa, en su caso, está sujeto a la Palabra de Dios; pero no debe el tal enseñar ni presionar a los demás a hacer o dejar de hacer lo mismo, pues Dios le habló a él por él y no por los demás. Esto es válido para un creyente como para una iglesia. La iglesia tiene los mismos cimientos, pero la decoración de cada habitación se permite hacerla al gusto del edificador ayudante del Perito Constructor. La Palabra es en cuanto a ti y a tu descendencia como puede serlo a un pastor o equipo pastoral y a su congregación sin autorización para imponerla a otros fuera de su ministerio o ministración de vida (generación). Yo tengo autoridad para ordenar a mis hijos la conducta que creo conducente para ellos y que yo mismo practico; pero de ningún modo impondré la misma conducta a los que no son mis hijos; y así haré también con aquellos que en el Señor han sido puestos bajo mi cuidado. Cada uno esté convencido en su propia mente respecto de lo que Dios le ha dicho.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:10
17:10 Mira el comentario anterior. La circuncisión es una añadidura al Pacto con Abraham con el propósito de señalar a la descendencia según la carne, pero también como una figura de la santidad de los llamados según el espíritu. Así como puede distinguirse a un judío según la carne por la cicatriz en su carne; así también puede distinguirse a un judío según el espíritu por la cicatriz de su alma (al retirarle la carnalidad) (Rom. 2:25-29). En cuanto a la carne se circuncidaba a todo varón exceptuando a la mujer por obvias razones; pero en cuanto a la circuncisión del corazón no hay varón ni mujer, judío ni gentil (Gal. 3:28); en este sentido somos uno solo en Cristo y la circuncisión se trata no solo de quitar la carnalidad de un miembro del cuerpo, sino de que no exista carnalidad en todo el Cuerpo de Cristo. El cuerpo a circuncidar es el Cuerpo de Cristo, dicho cuerpo es el varón en cuestión; y cada uno colabora quitando su propia carne. El propósito de las generaciones o mejor dicho, de la regeneración, es que no exista carne (naturaleza de pecado) en el Cuerpo de Cristo.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:11
17.11 Dios dijo que la circuncisión sería una señal del Pacto con Dios para Abraham y sus descendientes según la carne. Los terrenales necesitan cicatrices terrenales (por ejemplo, Jacob y su muslo descoyuntado); así como los espirituales llevan cicatrices espirituales. Las señales son marcas que nos ayudan a llegar al final del camino. No podemos cumplir nuestro destino sin señales. Aún la creación tiene las señales del sol, la luna y las estrellas. ¡Hay señales por todos lados! Sin espiritualizar en demasía, necesitamos aprender a distinguir las señales de los tiempos (Mat. 16:3). Hay Palabra de Dios que se expresa de manera gráfica como metáforas de vida y el que tiene ojos para ver y oídos para oír las mirará y las escuchará. Recuerda las marcas de tu vida, experiencias que “marcaron” el resto de tus días y que influyen en tus decisiones y reacciones a nuevas experiencias. El hombre lucha con Dios hasta que no puede caminar más en la carne. Peleamos con Dios cuando resistimos nuestro propósito de vida. Peleamos con Dios cuando nos empecinamos en dirigir nuestras vidas sin Él. Peleamos con Dios por darle gusto a la carne. Hasta que llega la marca de su Presencia en nuestra carne. Éstas marcas o señales no son con la intención de producirnos dolor (y vaya que lo producen); sino para producir vida. La circuncisión en Abraham sería un recordatorio permanente de que su carne produce Ismaeles y necesita andar en el espíritu. Solo después de circuncidado puede producir a Isaac. El apóstol Pablo habla de las marcas en su cuerpo, cicatrices de su vida de servicio a Dios y exige a los judaizantes que solo pensaban en el rito externo en la carne (circuncisión) como regla para ellos y para los gentiles que no le causen molestias (Gal. 6:17). Pablo sabe que estas señales de cicatrices sostienen su vida y le motivan a seguir avanzando; son sus experiencias apostólicas (2 Cor. 11:23-25). Las cicatrices de Pablo eran mucho más que evidencias de persecuciones; eran parte de su gloria, pues nadie podía negar que amaba y servía a Dios con todo su corazón y su vida. Mientras Jacob cojeaba por luchar con Dios, Pablo tenía cicatrices por luchar por Dios. Mientras que Abraham fue circuncidado por haber producido a Ismael; Pablo tenía cicatrices por plantar iglesias. En el caso de Pablo, las cicatrices no eran marcas del odio de los enemigos, sino las marcas de la Presencia de Dios. Y aunque Pablo habló a los Gálatas y a los Corintios sobre las marcas en su cuerpo, la marca más significativa de su vida fue la que recibió camino a Damasco cuando la Presencia del Señor lo tiró a tierra y transformó su vida del terrible perseguidor Saulo al poderoso apóstol Pablo. El resto de su vida fue impulsado a ganar al mundo y edificar la iglesia por la marca celestial que recibió ese día. La señal de la circuncisión sería para Abraham como ser marcado por el fuego. En la antigüedad, cuando se adquiría un esclavo, solía marcársele con un hierro candente; así, donde quiera que dicho esclavo estuviera, todos lo reconocerían como propiedad de su amo. Asimismo, Abraham, que ha estado en la Presencia de Dios ha sido marcado por Él; a partir de entonces todos reconocerán que es propiedad de Dios. La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deut. 10:16; Jer. 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jer. 31:33; Eze. 36:25-27; Heb. 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, no es cristiano pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:12
17:12 Los ocho días son símbolo de resurrección, de nueva vida y de nueva creación. Jesús resucitó después del día de reposo, es decir, después del séptimo día (Mar. 16:9). Circuncidar a los varones en el octavo día representa la nueva vida, la vida de resurrección de los creyentes bajo el Nuevo Pacto en el reino de Dios (sin distingo de hombre o mujer). Todos los nacidos de nuevo han de ser pasados por la circuncisión del corazón; deben andar en vida nueva habiendo pasado las cosas viejas: en él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos (Col. 2:11-12 ;2 Cor. 5:17; Deut. 30:6; Jer. 4:4; Rom. 2:29). Según los versículos citados, la circuncisión del Antiguo Testamento y el Bautismo del Nuevo Testamento son figura de lo mismo; ambos se refieren a morir a la antigua vida y comenzar la nueva en el reino de Dios. El bautismo es la circuncisión de Cristo. Con todo, no es el ritual lo que circuncida el corazón, sino la realidad de la vida en Cristo. Pero, así como la circuncisión era la señal del Pacto con Abraham; así también el bautismo es la señal del Nuevo Pacto. Una cosa son las señales y otra la realidad que señalan. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Recuerda que tú no fuiste comprado por dinero como para menospreciar la circuncisión, sino que fuiste rescatado de la vana manera de vivir no con oro ni con plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19), ¡vive para Cristo! Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:13
17.13 Se repite el requisito de circuncidar tanto al hijo natural como al varón adquirido por precio remarcando así su importancia. Siendo la circuncisión señal del pacto de Dios con Abraham, no debe pensarse que el esclavo o el extranjero son inferiores como para que no participen de él. El Pacto es universal y todo inclusivo. En cierto modo, este versículo es una alegoría, representa a los judíos y a los gentiles, los nacidos en casa y los adquiridos por precio respectivamente. Sin excepción de personas, todo ser humano ha sido llamado a incluirse en el Nuevo Pacto. La circuncisión requería de derramar sangre, y a causa de la sangre de Jesucristo todos podemos ser agregados al Pacto de Dios. …y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo, los contratos humanos suelen estamparse en papel; pero los contratos divinos se escriben en los hombres. El apóstol Pablo dijo que los creyentes son cartas de Cristo expedidas por ministros del evangelio y escritas con el Espíritu Santo en el corazón (2 Cor. 3:3). La circuncisión es figura de esto mismo, pues era una señal del pacto de Dios escrita en la carne del hombre. ¿Qué dices tú como carta de Cristo? ¿Qué es lo que leen los hombres en ti? Los creyentes predicamos todo el tiempo, hasta cuando hablamos.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:14
17:14 La carnalidad anula el Pacto. Si una persona no contaba con la señal de la circuncisión no podía ser parte del Pacto de Dios con Abraham; sin excepción, no podía contársele como parte del pueblo de Dios. En el Nuevo Pacto es similar, quien no tiene una vida nueva habiendo cortado la carnalidad de su vida no tiene derecho de llamarse hijo de Dios (1 Juan 3:10; y esto a pesar de que haya hecho rituales cristianos). La vida en la carne viola el pacto con Dios; es decir, lo rompe o quebranta. ¿Por qué tomamos por cristianos a todos los que asisten a una congregación cristiana? La membresía no debiera ser un nombre en una lista ni un ritual religioso, sino el examen aprobado de una vida regenerada con abundante evidencia de frutos. Sin embargo, esto es algo que solo Dios puede hacer, ya que nuestra limitación podría cortar el trigo juntamente con la cizaña.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:15
17:15 Se incluye a la mujer en el llamado a reinar. Dios llamó a Abraham y le cambió el nombre haciéndolo fructífero; asimismo, Dios procede a cambiar también el nombre de Sarai, esposa de Abraham y con ello su corazón y destino. Ella también tiene un llamado y un trato personal de Dios. No solo es “la esposa de”, sino la mujer llamada por Dios por su nombre. Sarai significa “Princesa” y Sarai, “La Princesa”; es decir, la reina. Así como Abraham fue hecho “Padre de multitudes”; así también Sara fue llamada “la Reina”. Dios llamó a ambos por nombre y de forma personal. Quizá Sarai pensó: “yo no le sirvo a mi señor Abram para que él cumpla el llamado de Dios, le daré a mi sierva para no estorbarle”. Pero Dios responde: “No, sino que también he llamado a Sara y hago pacto con ella dándole promesas de naciones y de reyes” (mira las notas siguientes). Aún antes de ser llamada por nombre, Sara era considerada una princesa por Dios; más una vez llamada, fue tenida por reina. No ha menosprecio en Dios. Como reina, Sara es tipo de la iglesia, la mujer del Señor que le da a luz descendencia. Era estéril, pero fue vivificada. No hay lugar para Agar, una sola es la reina. Muchas parecen reinas y muchas concubinas hay, sin número, pero solo una es la reina, la paloma del Amado (Cantares 6:8-9).
— Roberto Tinoco
Génesis 17:16
17.16 Dos veces dice Dios: “la bendeciré”. Y enfatiza: “Sí”. Sara no sólo es bendita por causa de Abraham, sino que es bendita en si misma por causa de Dios. Una mujer que honra a su marido y es llamada por Dios es doblemente bendecida, pues tiene la bendición de su marido y la bendición propia. La bendición de Dios produce hijos a Dios: la bendeciré y te daré hijo. La vida en acción. ¿Está alguno bendito? Entonces es fecundo. Pero si tiene cosas en lugar de vidas, entonces está engordado, más no bendecido. Dios confirma a Abraham que la simiente prometida ha de venir a través de Sara. Nunca más volverá a intentarse incluir a Agar ni de ayudarse a Dios, Él es el Shaddai, es todo suficiente para producir vida. “Te daré de ella hijo” –dijo Dios a Abraham. Los hijos del reino suelen venir de la forma más difícil. Los frutos genuinos no se dan como la maleza, sino que requieren del poder milagroso de Dios. Tus decisiones no deben basarse en cuál es el camino más fácil, sino en cuál es el camino correcto. No importa que Agar parezca una opción más sencilla, ¿cuál es la voluntad de Dios? Haz lo que debes hacer y no lo que quieras hacer. Entonces serás doblemente bendecido. …y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Abraham fue llamado a ser padre de naciones y de reyes; pero no lo sería a través de diferentes mujeres, sino solo por medio de Sara, pues Sara también fue llamada por Dios. Ella es figura de la iglesia, madre de naciones y de reyes. La iglesia es la señora elegida, como diría el apóstol Juan (2 Juan 1:1). Las naciones de la tierra traerán un día su gloria a la iglesia porque andarán a su luz (Apoc. 21:24, 26); es decir, vivirán por su vida. La iglesia tiene el llamado de Cristo.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:17
17:17 La revelación de Dios produce adoración a Dios. Dios se manifestó a Abraham como el Shaddai, le cambió el nombre, le dio promesas y estableció pacto con él; incluso llamó a su mujer de manera personal; por lo que Abraham respondió adorándole. Un adorador en espíritu y en verdad no puede ser fabricado, no es producto de una decisión personal como quien decide qué ropa ponerse; un verdadero adorador es la respuesta normal a la manifestación de Dios en gloria. Postrarse es adorar. Postrarse sobre el rostro es adorar con humillación, adoración total. No hay más rostro que el de Dios, el rostro es la Persona e identidad. Abraham se postra sobre su rostro como regresando a la tierra de donde procedemos; de esta manera sólo queda Uno en pie, un solo rostro a contemplar como Señor de todo, el Creador de la tierra y del Pacto. …y se rió… Los adoradores ríen. No es la risa de incredulidad como sucedería tiempo después con Sara, sino de sorpresa y alegría: “¿cómo es posible que me suceda algo tan maravilloso? ¡Aleluya!” Me atrevo a decir que Abraham no dudó porque Dios dice que no dudó: El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia (Rom. 4:18-22). ¿Has dejado de reír? Entonces es posible que hayas dejado de asombrarte de Dios y de lo que Dios hace. ¿Qué hablas en tu corazón? Lo que te profetizas a ti mismo es más importante que lo que le profetizas a otros. Si un hombre de cien años y una mujer estéril de noventa años pueden tener hijos, entonces tu problema tiene solución. Todavía hay esperanza para ti. ¿Puedes volver a concebir sueños? Todo depende de si puedes volver a creer que lo imposible para los hombres es posible para Dios. Algunos dejaron de soñar por las desilusiones recibidas a través de los años; pero no debe ser la experiencia la que dicte tu fe, sino que tu fe es la que dicta las experiencias. No creas lo que vives, mejor comienza a vivir lo que crees. Todo es posible al que cree. Repito: ¡todo es posible al que cree! Basa tu fe en los triunfos de Dios no en tus fracasos. Confía en lo que Dios puede no en lo que tú no has podido. Y sin importar si lo intentaste un millón de veces, ¡vuelve a intentarlo!
— Roberto Tinoco
Génesis 17:18
17.18 Siendo que Dios rechazó el intento de la carne por el que se produjo a Ismael y confirmó que la descendencia prometida vendría a través de Sara, Abraham intercede por Ismael. Para Dios Ismael no existía en cuanto a su plan, vivía como individuo, pero estaba muerto como simiente. Entonces Abraham clama porque Ismael viva delante de Dios; es decir, insiste en que se le considere simiente y cumplimiento de las promesas. Si la Biblia no dijera que Abraham no dudó, yo pensaría que, si lo hizo, pues primero se ríe al considerar que él tendrá un hijo de Sara a los 100 y 90 años respectivamente y luego insiste para que Dios considere a Ismael como la simiente prometida; ¡parece que dudaba! Siendo que la Biblia dice que no lo hizo debe ser otra la explicación. Cuando tenemos frutos de obras de la carne, no me refiero a pecados, sino a cosas que consideramos buenas o provechosas (aunque para Dios están muertas por nacer de la carne), solemos insistir en testificar de ellas o en que sean consideradas como provechosas para el reino. No nos gusta que tales obras sean descalificadas y queremos ponerlas junto a los trofeos del reino como frutos aprobados. “yo hice esto y aquello”-decimos, como si el fin justificara los medios. Pero lo que es nacido de la carne, carne es. De ningún modo Ismael puede vivir delante de Dios, hay promesas para él, pero no puede ser la simiente prometida, pues no es producto de la fe en el poder de Dios. ¿Qué cosas has hecho tú que no viven delante de Dios? ¿Insistes en que te sean tomadas en cuenta, aunque sabes que las hiciste por los motivos o de la forma equivocada? En la traducción al español que estamos usando hay un contrasentido en la semántica. El pasaje dice: “Ojalá Ismael viva delante de ti”, son palabras de Abraham dirigidas a Dios. Sin embargo, el término “ojalá” proviene de palabras árabes que significan “quiera Alá”. ¿No es esto un contrasentido? ¿Abraham intercede ante el Dios Verdadero para que quiera Alá, el dios de los árabes, que Ismael, el progenitor de los árabes, viva delante de Yahwéh, el Dios de los hebreos? Nuestra traducción al español está equivocada en este versículo y debiera ser modificada.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:19
17:19 Dios reitera el plan, no necesita la fuerza de la carne. Dios responde hasta cuando no está de acuerdo, ¿no es un Padre tierno? Y su respuesta en este caso fue confirmar de nuevo el rumbo de su plan: sería a través de Sara y no de Agar como vendía la Simiente; y sería su nombre Isaac y no Ismael. Isaac significa “risa”. El cumplimiento de las promesas divinas produce gozo. Hay alegría en la vida que Dios da. ¿Por qué amargarse o deprimirse siendo la Simiente risa? Aún antes de que la simiente llegara Abraham se había reído, por ello llaman a su hijo “Risa”. Cuando escuchamos las promesas de Dios comenzamos a gozarnos y alegrarnos. Quien se amarga o se deprime está oyendo algo diferente a las palabras de Dios. La vida cristiana es una vida alegre, pues la vida que la origina se llama “risa”. Si puedes reírte, puedes ver la confirmación del pacto: “te daré risa y confirmaré mi pacto”. Isaac es la simiente prometida en forma de figura, es Cristo en tipología. La relación con Él trae gozo, y dicho gozo confirma el Pacto. Es el gozo de la salvación. Dios confirmó el pacto de manera perpetua con Cristo en la persona de Isaac; y así como los descendientes de Isaac están dentro del Pacto de la circuncisión; así los creyentes en Cristo están dentro del Nuevo Pacto con gozo por medio de la fe. Este es un Pacto de alegría, la vida de gozo de sus integrantes lo confirma.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:20
17.20 La simiente prometida vendría a través de Isaac por medio de Sara; pero Dios no olvidaría a Ismael, como tampoco olvidó a Agar. Este versículo no señala a las realidades de que son símbolos Agar e Ismael, sino a sus personas. Dios no solo los trataría como figuras espirituales, símbolos o tipos; sino como individuos. Agar e Ismael fueron vistos por Dios como personas a las que Él amó, aún cuando no fueran la línea de la simiente prometida. Y en esto, tiene mucho que ver la intercesión de Abraham, pues Dios le dijo: en cuanto a Ismael, también te he oído. Quizá un hijo nazca de las relaciones equivocadas, pero aún así tiene el amor de Dios sobre él; y aún pueden los padres pedir la bendición divina sobre él. Dios dijo: he aquí que le bendeciré. Y así como Dios prometió bendecir a Abraham, el padre con fruto y multiplicación; así también Dios bendeciría al hijo ilegítimo con lo mismo. Se sienta el precedente de que el hijo no llevará el pecado del padre, pero si su bendición. ¡Cuán bueno es Dios! A la postre, doce príncipes saldrían de Abraham por medio de Isaac y luego de Jacob, conocidos como las doce tribus de Israel; del mismo modo, doce príncipes saldrían de Ismael para formar una gran nación. Dichos príncipes fueron (en orden de nacimiento): Ismael, el primogénito; y Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam, Misma, Duma, Massa, Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema (Gen. 25:13-16). Las naciones árabes actuales corresponden a los descendientes de Ismael; en este sentido, Israel y los árabes son hermanos y están bajo bendiciones del Pacto de Dios con Abraham. Todo esto es un anticipo del misterio de Cristo que haría de todas las naciones un solo cuerpo en Cristo (Efesios 2:14-16). En Cantares 1:5 se menciona que la iglesia en la figura de la Sulamita es codiciable como las tiendas de Cedar y como las cortinas de Salomón. Cedar (Quedar) era un descendiente de Ismael (Génesis 25:13), de donde proviene una parte del pueblo árabe. También, Cedar representa un lugar donde se aborrece la paz (Salmo 120:5-6). Sus descendientes están bajo el juicio y disciplina de Dios (Isaías 21:16-17; Jeremías 49:28). Con todo, Dios ha profetizado que Cedar será restaurada: Cantad a Yahwéh un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas. Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo (Isaías 42:10-11). Y sus bienes, lo mismo que los de su hermano Nebaiot, hijo de Ismael, servirán para ofrendas a Dios: Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria (Isaías 60:7). Así que el Cantar de los Cantares como el Génesis, nos presenta evidencia de que Dios ha dado provisión para salvación a los pueblos árabes, ya que la hermosura de la iglesia esposa tiene relación con las tiendas de Cedar. Isaac e Ismael se unieron al final para sepultar a su padre Abraham en la cueva de Macpela. Un día judíos y árabes se unirán a causa de la muerte de Cristo para tomar parte de un solo redil (Macpela significa redil). Pero allí no termina la comparación bíblica de la belleza de la iglesia. Es codiciable como las cortinas de Salomón. Esta es una referencia a las cortinas que Salomón mandó hacer para el templo de Jerusalén. ¡Así que la iglesia esposa tiene ante el Señor una apariencia codiciable compuesta de judíos y gentiles! Este es el misterio de Cristo revelado en el Nuevo Testamento por el Espíritu Santo a sus apóstoles y profetas, que judíos y gentiles somos miembros del mismo cuerpo, coherederos con Cristo y copartícipes de la promesa por medio del evangelio (Efesios 3).
— Roberto Tinoco
Génesis 17:21
17.21 A pesar de que Dios también bendeciría a Ismael (ver nota anterior), el desarrollo de su plan sería a través de Isaac. Por lo mismo, Dios le promete a Abraham que su hijo Isaac habrá de nacer cerca de un año después de que conoció al Shaddai e hizo pacto con Él con el sello de la circuncisión. Isaac es fruto del Pacto. La Simiente prometida, a saber, Cristo, vino a través de Pacto y de despojar la carne. Para que Cristo sea formado en nosotros es imperativo despojarnos de la carne. Isaac es el primer hijo de Abraham nacido después de que fue circuncidado. La Simiente prometida, Cristo, no es producto de la carne. En Jesús no hubo carnalidad, nada de naturaleza pecaminosa, pues nació de Dios y no se José.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:22
17:22 Mientras esté la Palabra, estará también la Presencia de Dios. Dios terminó de hablar. No es el hombre el que inicia ni el que termina una conversación con Dios; es Dios quien se acercó y quien regresa a su lugar. Y cuando Dios termina de hablar con su llamado, Dios subió de estar con Abraham; esto implica que Dios descendió primero para hablar con él. Cuando Dios viene al hombre para hablar con él, Dios debe descender, su dimensión es más alta que la nuestra (Is. 55:9); pero también en ocasiones, Dios le ha pedido al hombre que suba a hablar con Él, por ejemplo, cuando dio a Moisés la tabla de los diez mandamientos (Ex. 24:12). El principio es el mismo: si queremos comunión con Dios, debemos estar en su mismo nivel. Dios se acercó primero a nosotros para que pudiéramos también nosotros acercarnos a Él. El Hijo de Dios se hizo Hijo del Hombre para que los hijos de los hombres fuéramos hechos hijos de Dios. A la Presencia de Dios no se entra, sino se sube.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:23
17.23 Abraham tomó a su hijo y a sus siervos y los circuncidó. Miramos el sacerdocio patriarcal. Es el padre de familia el encargado de circuncidar a los varones de su casa. El padre de familia tiene la responsabilidad de asegurarme que tanto sus hijos como todos los que estén debajo de la autoridad que el Señor le ha delegado, conozcan a Dios. Dentro del Pacto de Dios no hay excepción, no hay esclavo ni libre, todos somos uno en Cristo (Gal. 3:28). Lo mismo es el hijo que el siervo, todo el que esté dentro de la Casa de Dios, la iglesia, ha de ser circuncidado del corazón para seguir en ella. …en aquel mismo día, como Dios le había dicho. Abraham no esperó para obedecer, circuncidó a los de su casa junto consigo mismo, precisamente el día que Dios le dijo. La obediencia que tarda no es completa obediencia. La obediencia inmediata es característica de los llamados que caminan por fe. Si nuestros pasos no van a la misma velocidad de la Palabra de Dios no estamos viviendo nuestro llamado efectivamente.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:24
17.24 Circuncidarse es un acto doloroso, más para un hombre viejo como Abraham; pero aún así obedeció para estar en Pacto con Dios. Cuando hacemos lo cómodo por encima de lo correcto, perdemos la vida del llamado y del Pacto de Dios. Para ser cristiano no debe tomarse en cuenta lo fácil o difícil del camino, sino lo que Dios ha dicho. Esto es vivir por la Palabra. Abraham fue circuncidado antes de cumplir el siglo de vida. La Biblia considera a la presente era como “el siglo” (Mat. 24:24); el fin del siglo y el comienzo del nuevo siglo es una forma de decir que ha pasado lo terrenal y comenzado lo celestial. Abraham fue circuncidado a los noventa y nueve años de vida a fin de comenzar el nuevo siglo según la nueva vida que Dios le había dado, la vida de resurrección con un nuevo nombre, llevando el Nombre de Dios sobre él y recibiendo el nacimiento del hijo prometido, la simiente que habría de venir. ¿En qué siglo vives? A la era terrenal se le llama “el presente siglo malo” (Gal. 1:4); y a Satanás se le llama el dios de este siglo (2 Cor. 4:4); y también la Palabra habla de los príncipes de este siglo (1 Cor. 2:8). Por eso se necesita la circuncisión espiritual, para cortar con todo lo terrenal y comenzar lo celestial, la nueva vida, la vida de resurrección.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:25
17:25 A partir de entonces, los descendientes de Ismael que estaban en el pacto con Abraham debían ser circuncidados en el año 13; a diferencia de los judíos en el octavo día de nacidos. Los judíos tienen su declaración de “hijos de la ley” (Bar Mitzbah) cuando cumplen doce años de edad. Esto marca diferencia entre judíos e ismaelitas aún cuando ambos sean aceptados dentro del Pacto de Dios con Abraham. Sin embargo, como vimos líneas antes, la Palabra nos da provisión para los descendientes de Ismael. El número trece en las Escrituras no ha sido muy favorable en relación a Israel, como tampoco lo fue Ismael para Isaac. El número doce se mueve en relación de Israel y el trece con Ismael. Un ejemplo de cómo el trece fue tomado para mal de Israel lo vemos en el libro de Ester. El día 13 del mes primero se mandó por edicto real de Asuero y conspiración de Amán a todas las provincias de su imperio, que el día 13 del mes decimosegundo se exterminase a los judíos (Ester 3:12-13). Pero llegado ese día, fueron los judíos quienes se impusieron a sus enemigos matando a más de 75,000 personas. Luego, los días 14 y 15 del mes de Adar fueron declarados de fiesta a causa de lo que sucedió el día 13. La fiesta se conoce como la fiesta de Purim (“suerte”) y se celebra un mes antes de la Pascua. El trece suele relacionarse también con la obra de los hombres para los hombres, a diferencia del doce, como símbolo del gobierno del reino de los cielos. Por ejemplo, Salomón edificó su palacio en trece años, haciéndolo aún más grande que la misma Casa de Dios. Circuncidar a Ismael a los trece años es una manera de expresar que si bien está dentro del Pacto de Dios con Abraham, no es él la simiente prometida, sino la generación de los hombres.
— Roberto Tinoco
Génesis 17:26
17.26 Cuando Abraham estaba a punto de entrar en la centuria e Ismael en la edad de la hombría, fueron circuncidados. Lo nuevo y lo viejo dejando la carnalidad. Tanto el hombre de la fe, el llamado de Dios, como el hombre de la carne, fueron circuncidados el mismo día. Creyentes espirituales y creyentes carnales recibimos nuestra vida el mismo día: el día que Jesús fue crucificado quitando en figura el prepucio de nuestras pasiones y deseos. La edad generacional de la circuncisión espiritual, representada por Abraham e Ismael es el día de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo. En un mismo día fuimos todos rescatados de nuestra vana manera de vivir, si bien se aplicó de manera práctica hasta que llegamos a ser, la salvación no fue cuando yo recibí a Cristo en 1982, sino cuando Dios me recibió a mí en Cristo, desde la perspectiva de Dios Padre antes de la fundación del mundo y presentado por el Hijo en el día del Calvario. Se le llama a Ismael hijo de Abraham, tanto él como sus descendientes tienen acceso a las promesas si acceden también a la fe de Abraham: sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham (Gal. 3:7). Y ya que sois de Cristo, ciertamente sois descendencia de Abraham, herederos conforme a la promesa (Gal. 3:29). Y esto es para todos los gentiles: Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Efesios 2:11-13). Un día expresaría el Señor Jesús: hoy ha llegado la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham (Luc. 19:9). Ante esto, ¿por qué ha de sentirse inferior el creyente? ¿Cómo deprimirse habiendo sido amado y aceptado por Dios? Se necesita perder la fe y olvidar esta maravillosa verdad para ser infeliz: ¡Dios me ama!
— Roberto Tinoco
Génesis 17:27
17.27 La circuncisión, obviamente, es una acción para varones, lo cual suscita la pregunta: ¿acaso las mujeres no estaban en el pacto? (la cuestión en si misma es una aberración en nuestro tiempo y cultura occidental, pero discutida en otras épocas y culturas). Gálatas 3:28 dice que en Cristo ya no hay varón ni mujer, sino que somos uno en Él. Más en el tiempo de Abraham, la figura de autoridad era patriarcal, todos los miembros de una familia, e incluso sus siervos, estaban representados por el varón cabeza de la misma. Circuncidar a los varones era abrir la posibilidad de pacto a sus generaciones. La circuncisión se relaciona con la procreación. El hombre engendra y la mujer concibe, por eso es que la señal del pacto estaba en los varones, son ellos los que transmiten la vida a las siguientes generaciones. La señal del Pacto de Abraham es la expresión de la vida a las próximas generaciones. Quien no era circuncidado era cortado del Pacto, de manera que sus descendientes estarían sin pacto ni promesas. También los padres cristianos son abridores de puertas de bendición a sus descendientes. …el siervo nacido en casa... Los siervos nacidos en casa eran los hijos de los esclavos comprados que le nacieron durante su servidumbre. Un siervo nacido en casa era aún más esclavo que el que fue comprado, pues cabía la posibilidad de que terminara el tiempo de servidumbre del que fue adquirido, pero el nacido en casa pertenecía a su amo para siempre, a menos de que este eligiera darle libertad. De manera que la libertad se relaciona con el nacimiento. Por eso debemos nacer de nuevo, porque nuestros padres terrenales fueron esclavos; y por eso también debemos ser circuncidados (del corazón), porque la carne y la sangre no heredan el reino de Dios. También en la casa de Abraham hay esclavos. Se puede estar bajo la bendición de Abraham y aún así limitado en las bendiciones recibidas. Hay creyentes que son extraordinarios siervos, pero no maduran para ser adoptados como hijos. Son circuncidados igualmente, pues están dentro del Pacto, pero tienen vida de siervo y no de hijo. ¿Qué hace la diferencia? El ADN espiritual. …y el comprado del extranjero por dinero, fueron circuncidados con él. Dios establece un principio de libertad: la hermandad. No podía comprarse al hermano (nacional), sino al extranjero. Esto era en tiempos de los patriarcas, pero ya para la época del apóstol Pablo, encontramos en la carta de Pablo a Filemón el mismo principio de libertad un poco más desarrollado: …que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor (Filemón 15-16). Cristo emancipó de la esclavitud no sólo a los conciudadanos, sino a todos los seres humanos; y no sólo de esclavitudes terrenales, sino espirituales y eternas. En el reino de los hombres, los hombres eran comprados con dinero; en el reino de Dios somos comprados por precio, no de oro ni de plata, sino de la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19). El pacto de Abraham, lo mismo que el Nuevo Pacto en Cristo (ambos son pactos de fe), son para todos sin distingo de posición: donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos (Col. 3:11). Lo mismo era ante Dios en su Pacto Abraham que el siervo comprado con dinero, siempre y cuando estuvieran bajo la señal de la circuncisión. Y lo mismo es ante Dios en el Nuevo Pacto todo ser humano, siempre y cuando esté en Cristo y circuncidado del corazón por el Espíritu (Tito 3:5-6).
— Roberto Tinoco