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Génesis 25

Muerte de Abraham

1Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura,🗨 2la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.🗨 3Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.🗨 4E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura.🗨 5Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.🗨 6Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.🗨 7Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.🗨 8Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo.🗨 9Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón hijo de Zohar heteo, que está enfrente de Mamre,🗨 10heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue sepultado Abraham, y Sara su mujer.🗨 11Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me- ve.🗨

Descendientes de Ismael

12Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, a quien le dio a luz Agar egipcia, sierva de Sara;🗨 13estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados en el orden de su nacimiento: El primogénito de Ismael, Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam,🗨 14Misma, Duma, Massa,🗨 15Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema.🗨 16Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias.🗨 17Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y exhaló el espíritu Ismael, y murió, y fue unido a su pueblo.🗨 18Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto viniendo a Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos.🗨

Nacimiento de Esaú y Jacob

19Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,🗨 20y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.🗨 21Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.🗨 22Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;🗨 23y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.🗨 24Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.🗨 25Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.🗨 26Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.🗨

Esaú vende sus derechos de hijo mayor

27Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.🗨 28Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.🗨 29Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,🗨 30dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.🗨 31Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.🗨 32Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?🗨 33Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.🗨 34Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Génesis 25:1

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25:1 La vida impartida por Dios para engendrar a Isaac seguía en Abraham; por ello no es extraño mirar al viejo patriarca casarse de nuevo. Tantos años acompañado de Sara le hacían imposible la soledad. Cetura significa “perfumada” como ofreciendo incienso. Fue un regalo para la vejez del patriarca. Vemos satisfecho el anhelo del Padre Celestial: después de que el Hijo recibe a su iglesia esposa, el Padre recibe olor grato y plenitud de hijos.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:2

Comentario general

25.2 Los hijos de Cetura tuvieron nombres no muy agradables. Me sorprende que Abraham, un hombre de fe que conoce la importancia de los nombres (su propio nombre fue cambiado por Dios) haya puestos calificativos de semejantes significados. Los otros hijos de Abraham, llamados así en distinción de Isaac, representan a esa parte de creyentes que, aunque hijos de Abraham en cuanto a la fe, son imperfectos en su vivir. Zimram, “musical”. Jocsán, “insidioso”, de enlazar, atrampar. Medán, “discordia, rencilla”. Madián, “contienda, pleito”. Isbac, “dejar, cesar, irse”. Súa, “barranco, hondonada”. Estos son los hijos directos de Abraham, seis en total, número de hombre y que presentan una naturaleza muy humana: “musicales, insidiosos, rencillosos, contenciosos y que se rinden”; ¡vaya familia! Nada que ver Isaac, la simiente dada por medio del poder de Dios que resucita a los muertos. Los hijos de Abraham concebidos por Cetura fueron obra de hombre. En ocasiones, grandes hombres de Dios que lograron proezas, realizan al final de sus vidas obras absurdas. Esto no los descalifica, el registro de la vida toma en cuenta solo las obras de la fe.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:3

Comentario general

25.3 Jocsán, tomó la primogenitura de parte de la línea de Cetura en lugar de su hermano Zimram; lo sabemos porque se cita a su descendencia en vez de la de su hermano. El hijo de Jocsán fue Seba, significa “siete” en el sentido de juramento. Otro hijo de Jocsán fue Dedán. Es interesante que Jocsán llamara a sus hijos de forma similar a los hijos de Raama, hijo de Cus, nieto de Noé. ¿Por qué llamar a los hijos como una antigua familia? ¿Estaría intentando revivir la gloria terrenal de la primera civilización que existió en la tierra después del diluvio? Si esto es así, es muy lamentable. Dedán, nieto de Abraham por el lado de Cetura, engendró a Asurim, Letusim y Leumim; “exitoso”, “martillados (oprimidos), y “comunidades” respectivamente.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:4

Comentario general

25.4 Y los hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda; que significan “oscuridad”, “venado joven (como una referencia al color de la tierra), “iniciado”, padre de conocimiento” y “Dios de Sabiduría” respectivamente.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:5

Comentario general

25:5-6 Solo los hijos de la Simiente heredan. Siendo que Abraham entendía la diferencia entre la obra de Dios y sus propias obras; es decir, entre Isaac y los hijos de Cetura; heredó solo a Isaac, la simiente prometida. La herencia del reino es únicamente para los hijos legítimos; estos son aquellos que crecieron en el Señor a la altura de hijos maduros. El creyente recibe el poder para ser hecho hijo de Dios (Juan 1:12), pero no fue hecho hijo por el solo acto inicial de creer. Lo que se recibió fue el poder, pero hace falta el ejercicio de dicho poder para llegar a ser verdadera y legalmente declarado hijo y heredero de Dios. Gálatas 4:1 confirma: mientras el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo. Los creyentes inmaduros son hijos sin derechos de herencia. Solo los hijos maduros reciben la herencia de Cristo. Romanos 1:4 aclara la necesidad de la vida de resurrección y no solo natural, para ser declarado hijo de Dios con poder. Las congregaciones cristianas tienen demasiados hijos de Abraham a través de Cetura y pocos hijos de Abraham con la simiente madura de Dios. Reciben dones, son bendecidos, pero no disfrutan la herencia. Finalmente habrá una gran distancia entre los hijos maduros y los hijos inmaduros. Unos se sentarán en el trono de su Padre, mientras los otros son retirados a oriente. Es lamentable que muchos hijos inmaduros se conformen con esa situación. Toman sus dones y bendiciones y gozosos corren lejos del Padre pensando que tienen todo lo que se puede tener. Además de Cetura, Abraham tuvo concubinas y más hijos.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:6

Comentario general

25:5-6 Solo los hijos de la Simiente heredan. Siendo que Abraham entendía la diferencia entre la obra de Dios y sus propias obras; es decir, entre Isaac y los hijos de Cetura; heredó solo a Isaac, la simiente prometida. La herencia del reino es únicamente para los hijos legítimos; estos son aquellos que crecieron en el Señor a la altura de hijos maduros. El creyente recibe el poder para ser hecho hijo de Dios (Juan 1:12), pero no fue hecho hijo por el solo acto inicial de creer. Lo que se recibió fue el poder, pero hace falta el ejercicio de dicho poder para llegar a ser verdadera y legalmente declarado hijo y heredero de Dios. Gálatas 4:1 confirma: mientras el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo. Los creyentes inmaduros son hijos sin derechos de herencia. Solo los hijos maduros reciben la herencia de Cristo. Romanos 1:4 aclara la necesidad de la vida de resurrección y no solo natural, para ser declarado hijo de Dios con poder. Las congregaciones cristianas tienen demasiados hijos de Abraham a través de Cetura y pocos hijos de Abraham con la simiente madura de Dios. Reciben dones, son bendecidos, pero no disfrutan la herencia. Finalmente habrá una gran distancia entre los hijos maduros y los hijos inmaduros. Unos se sentarán en el trono de su Padre, mientras los otros son retirados a oriente. Es lamentable que muchos hijos inmaduros se conformen con esa situación. Toman sus dones y bendiciones y gozosos corren lejos del Padre pensando que tienen todo lo que se puede tener. Además de Cetura, Abraham tuvo concubinas y más hijos.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:7

Comentario general

25.7 Abraham estaba como muerto a los cien años, pero el poder de Dios le extendió la vida hasta los ciento setenta y cinco años; dicho poder está al alcance humano mediante la fe según el propósito de Dios para cada uno (Rom. 4:19; Heb. 11:12).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:8

Comentario general

25.8 Exhalar el espíritu es la muerte del cuerpo. El hombre recibió vida a partir del aliento divino (Gen. 2:7), y al separarse de este muere (Ecl. 12:7). Nuestra vida no es como la vida de los animales, ellos tienen alma, pero no tienen espíritu; tampoco es como la vida de las plantas, ellas son vivificadas de modo diferente, pues no tienen ni alma ni espíritu por no tener aliento. El ser humano vive por la vida divina; en cierto modo, es tanto celestial como terrenal. La palabra “exhaló” en hebreo es alá, significa “ascender”, denotando al ser humano como “ser alto”. Abraham ascendió en su espíritu; los hombres vivieron su cuerpo descender a la tumba, pero el patriarca ascendió a la esfera celestial. Esto es lo que sucede con la muerte de los santos; al mirar su cuerpo muerto sabemos que ya no están allí. El apóstol Pablo dijo: quisiera partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor (Fil. 1:23); él sabía que la muerte no es un estado de inconciencia, sino que los santos van a Dios al morir. La expresión fue unido a su pueblo se refiere al hombre interior de Abraham y no al exterior; pues sus restos mortales fueron sepultados en una tumba casi vacía (solo estaban allí los restos de Sara) y en una tierra extraña; pero su espíritu ascendió a la dimensión espiritual. Debo aclarar que “ascender” en el caso de Abraham, habla de posición y no necesariamente de lugar; pues el Nuevo Testamento demuestra que antes de la victoria de Cristo, los hombres salvos iban a un lugar llamado el seno de Abraham, el cual estaba dividido del lugar de tormento por una sima o abismo (Luc. 16:22-26). Más después de la resurrección del Señor, es posible la entrada a los cielos para los que mueren en Él. Sin embargo, la Biblia llama ascender al entregar el espíritu expresando la liberación de su carne y su acceso al mundo espiritual desatado de las limitaciones terrenales (2 Cor. 5:1-7). ¿Debemos esperar a la muerte para experimentar la liberación del espíritu? La revelación del Nuevo Testamento nos enseña que el quebrantamiento de la carne permite la liberación del espíritu. Nuestro mayor problema no es el cuerpo en sí mismo, sino la naturaleza carnal que se aloja en él; por ende, lo que necesitamos no es necesariamente ser desnudados del cuerpo, sino revestidos de gloria (lee de nuevo 2 Cor. 5:1-7; además Romanos 7 y 8). Son las bestias de la tierra las que están sujetas a esclavitud y no pueden desobedecer los instintos de su cuerpo; pero los seres humanos participamos de una vida más alta, por lo que podemos aspirar al dominio propio y a la santidad. Tenemos aliento divino y podemos vivir erguidos. Somos una criatura especial que tiene la capacidad para caminar en la tierra o para volar en los cielos y todo, al alcance de la voluntad, es decir, de la fe.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:9

Comentario general

25.9 La muerte de Abraham unió a Isaac y a Ismael. Fue su padre lo que tenían en común. La única posibilidad de reconciliación entre judíos y árabes es la revelación del Padre Celestial. Mientras unos sigan a Moisés y otros a Mahoma no tienen futuro junto. Abraham fue sepultado en la cueva de Macpela, “redil”. Allí estaban los restos mortales de Sara y allí también serían sepultados los restos terrenales de Isaac, Rebeca, Jacob y Lea. Los santos se unen al rebaño celestial que el Padre pastorea.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:10

Comentario general

25.10 Se menciona el lugar donde estaba la cueva de Macpela como la heredad de Efrón heteo que compró Abraham. Esto se ha repetido muchas veces en el relato inspirado; siendo que Dios es económico con su palabra y solo habla lo que es relevante, debemos entender que Dios está enfatizando el reino en donde las riquezas de las naciones pasan a ser parte de los justos (Isaías 60:11; 61:6). Ver notas relacionadas en 23:9, 17-19.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:11

Comentario general

25.11 Es extraño el orden de ideas de este versículo, Dios bendijo a Isaac después de la muerte de Abraham; ¿necesitaba morir Abraham para que Isaac fuera bendecido? Por increíble que parezca, hay verdad en esto; se necesita que el padre portador de gloria y de unción sea quitado para que la transferencia de sus riquezas pase a la siguiente generación. Miremos el ejemplo de Elías y de Eliseo, debía ser quitado el primero y permanecer fiel el segundo para que el manto profético fuese trasladado de uno a otro. El propósito de la paternidad es la transferencia de la bendición y ésta multiplicada. Dios bendijo a Isaac por ser hijo de Abraham. El éxito de Abraham, como en todo padre, está en la gloria de Isaac, el hijo. …y habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me-ve. Isaac habitó en el mismo lugar en donde Agar, sierva de su madre Sara, recibió la revelación de Dios cuando fue despedida por Abraham para que su hijo no heredara con él. ¿Cómo es posible que se quedara a vivir en el único lugar relevante para su medio hermano Ismael? ¿También eso le arrebataría? Isaac era el heredero legítimo de Abraham, Ismael representa la carne; y siendo que Dios entregó toda la tierra prometida como herencia a Abraham, Isaac debía poseerla (incluyendo la región del pozo donde se manifestó a Agar). La carne no puede heredar el reino de Dios (1 Cor. 15:50); no hay herencia para Ismael en canaán. No debemos mirar esto con los ojos terrenales, pues entonces sentiremos pena por Ismael y nos molestaremos con Isaac; la carne puede hacernos mirar las cosas como injustas. Esto debe ser visto con el espíritu, mediante la revelación de Dios que nos enseña la realidad. Isaac enfrentaría problemas con los filisteos al habitar en ese lugar; pero, ¿cómo evitarlo si los filisteos ocupaban parte de la tierra de la herencia de Isaac? Alcanzar las promesas del reino conlleva retos y desafíos. La primera habitación de Isaac como hijo maduro fue el pozo “del Viviente que me ve”. La vida de Isaac va a estar rodeada de pozos y cada uno de ellos nos revelará parte de su experiencia espiritual; por lo pronto, aprendemos que el comienzo de los herederos ha de ser bebiendo de la revelación del Dios Viviente (Mat. 16:16-19).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:12

Comentario general

25.12 Inmediatamente después de hablar de Isaac habitando el lugar donde Dios se manifestó a Agar, la Palabra da un giro hacia Ismael. El propósito de esto es mostrarnos que Dios no desamparó a Ismael y que también él alcanzó promesas de Dios (Gen. 17:20). También de él hubo descendencia por cuanto era hijo de Abraham. Agar, a pesar de ser egipcia y sierva, vería bendición para sus descendientes. Sin embargo, y sin menosprecio racial ni discriminatorio lo digo (solo como figura o sombra que enseña una realidad espiritual que nada tiene que ver con las razas), Ismael seguiría siendo de ascendencia egipcia e hijo de esclavitud. Miremos esto espiritualmente y no de acuerdo a la carne. Lo que es nacido de la carne, carne es. Todo lo que engendremos por medio de la carne seguirá siendo terrenal, puede alcanzar cierto grado de gloria, pues hasta el ministerio de muerte y de condenación fueron con gloria (2 Cor. 3), pero aún así será limitado y terrenal.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:13

Comentario general

25.13 El primogénito o principio del vigor de Ismael fue Nebaiot, “fructificación” (de una raíz que significa “germinar”). Luego engendró a Cedar, “moreno” de color oscuro. Adbeel, “castigado o disciplinado por Dios”. Mibsam, “fragante”.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:14

Comentario general

25.14 Misma, “informe, oír”. Duma, “estar mudo, silencio”. Massa, “carga, tributo” y también “pronunciamiento” como profético.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:15

Comentario general

25.15 Hadar, “cámara, apartamento, alcoba, aposento”. Tema, “el sur” (como estando a la derecha de una persona que mira hacia el este). Jetur, “circunscrito, encerrado, hilera”. Nafis, “refrescado”. Cedema, “procedencia”.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:16

Comentario general

25.16 Así como surgieron de Abraham doce tribus a través de Jacob, su nieto; así surgieron también doce príncipes y sus respectivos reinos de los hijos de Ismael. Abraham tenía una simiente de gobierno; pero los resultados de andar en el espíritu y de andar en la carne en ocasiones son muy parecidos. También los resultados de la carne pueden ser de apariencia fructífera (mira el significado de los nombres atentamente), aunque no transparentes ni limpios, una vida de disciplina y castigo, aunque presentando ofrendas; un andar que escucha, pero no sabe hablar de acuerdo al reino; creyentes cargados como siervos y no como libres; cerca de la verdad, pero limitados; refrescados y con procedencia de hijos; príncipes, pero no legítimos del todo.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:17

Comentario general

25.17 Ismael vivió menos años que su padre Abraham y también menos años que su medio hermano Isaac. Ismael representa las obras de la carne, él fue producto de la carne de Abraham; las obras de la carne duran menos tiempo que los frutos del espíritu. También Ismael exhaló el espíritu como Abraham; véase al respecto las notas respectivas (25:8).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:18

Comentario general

25.18 Los descendientes de Ismael se extendieron desde Havila, “arenal” y también, “circular”; hasta Shur, “pared”, “muro” que circunda. Son habitantes limitados, príncipes, pero no conquistadores del mundo. Pueden llegar frente a Egipto, pero no despojarlo. La vida de los que andan conforme a la carne tiene muros y limitaciones; solo los que viven por el espíritu son rompe límites. Ismael murió en presencia de todos sus hermanos; de manera que Isaac y los demás medios hermanos, hijos de Cetura, estaban allí. Ismael nació de una sierva de Sara y era hijo de esclavitud, pero en su misericordia, Dios le concedió una muerte en paz, ¡Él es bueno!

— Roberto Tinoco

Génesis 25:19

Comentario general

25.19 Ya vimos la descendencia de Abraham a partir de la línea de Cetura y de Ismael; ahora veremos la línea de Isaac. Este es un capítulo cuyo contenido trata acerca de los hijos de Abraham. Es una figura de los cristianos, los hijos de la fe. Hay creyentes de la línea de Ismael, viven en la carne; y creyentes que podríamos llamar los hijos de Cetura, que solo viven como hombres; pero también los hay descendientes de Isaac, cristianos en cuya vida Cristo es formado, que llevan la simiente divina y manifiestan al Hijo de la Promesa.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:20

Comentario general

25.20 Isaac esperó hasta los cuarenta años para tener esposa. El número cuarenta es un número de prueba. Isaac esperó hasta la muerte de su madre para casarse. Era una especie de niño mimado, heredero sin esfuerzo, bendecido en todo; pero que estaba siendo probado en cuanto a ser figura del Hijo de Dios. Rebeca (“encadenar” con belleza) es una figura de la iglesia, la Esposa del Hijo prometido. Hija de Betuel, que significa “destruido de Dios”. Así como la creación fue formada a partir del desorden y del caos; y así como Eva fue sacada de Adán cuando éste fue dormido, sinónimo de muerte; así la iglesia proviene de una restauración; antes de que Dios saque lo mejor de nosotros ha de destruir lo peor de nosotros. El origen de la iglesia es Padan-aram, “extender a tierras altas”; parece terrenal, pero es celestial. Así como Eva no fue formada del polvo, sino sacada de Adán; así la iglesia no es de la tierra, sino celestial. Rebeca proviene de Betuel, morador de tierras altas. Rebeca era hermana de Labán, también arameo, Labán significa “blanco”; llamados así los habitantes de mesopotamia. Para más referencias sobre Labán, véase las notas 24:29. Se repite el término arameo una y otra vez, aunque esta es la primera mención de la palabra como tal. Arameo significa “que se extiende”, como refiriéndose a moradores de mesetas o planicies. Con el tiempo, la lengua aramea se convirtió en el lenguaje dominante del Medio Oriente e incluso, llegó a ser la lengua de Israel durante y después del cautiverio babilónico (Isaías 36:11). Con frecuencia se confunden las palabras arameas llamándoselas hebreas (Hechos 22:2). El origen del pueblo de Dios finalmente prevaleció. Jesús hablaba arameo. Los sirios son la línea más directa de los arameos; de allí era Labán y de allí proviene Abraham (Dt. 26:5).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:21

Comentario general

25:21 Los patriarcas estuvieron inmersos en una guerra espiritual; las tinieblas trataron de impedir el nacimiento de la Simiente Prometida produciendo esterilidad a las mujeres; Sara, mujer de Abraham era estéril; Rebeca, mujer de Isaac también era estéril; y Raquel, quien habría de ser mujer de Jacob, también tuvo el mismo mal. Por eso los judíos miraban la esterilidad como una maldición; sus antepasados fueron atacados por el mal para tratar de detener la línea del Mesías. Más tarde, el enemigo levantaría una guerra más directa; por ejemplo, cuando Faraón ordenó la muerte de los hijos varones de Israel o Herodes igualmente en tiempos de Jesús. La palabra traducida como “estéril” es acár, literalmente significa “arrancar” como si le hubiesen sido extirpados los órganos generadores de vida, el vientre mismo. Tal es el ataque del enemigo contra una mujer o contra una iglesia, arranca su capacidad vital y reproductiva. No le importa lo mucho que ame a su Isaac, mientras no conciba su vida; que se entretenga en liturgia y religión, pero que no se forme Cristo en ella. No ignoremos sus maquinaciones. La oración de Isaac tiene un doble significado. Por un lado, su oración fue un juicio (heb. Palál) y por otro fue intercesión (heb. Atár). La oración de Isaac juzgó al enemigo y lo venció y también adoró a Dios. Así es la intercesión que produce vida, juzga la causa que la impide y bendice al Señor que la produce. Es una figura de Jesús, el Hijo de Dios, quien juzgó al enemigo echándolo fuera para hacer posible la fructificación de la iglesia (Juan 5:22-27; 12:31; 16:11; Lucas 10:17-19; Col. 2:15; Apoc. 12:9-11). Esto también aplica a la vida cristiana, ¿cómo sabemos que somos victoriosos en la guerra espiritual? ¡Por los hijos producidos! Dios aceptó la oración de Isaac por varias razones; primero, era su voluntad que concibiera Rebeca para perpetuar la Simiente Prometida. Segundo, es la oración patriarcal del varón, como sacerdote de su casa y cabeza de la mujer, la que trae libertad y vida; no debemos menospreciar la oración de un esposo por su mujer, hay poder desatado en ello. Y tercero, Dios oyó la oración de Isaac porque tenía pacto con su padre Abraham; Dios es fiel a su Palabra y respeta sus pactos. La bendición está bajo el pacto con Abraham, el Nuevo Pacto, bajo el cual estamos los cristianos, se sostiene sobre el Pacto de Dios con Abraham. La palabra “aceptó” (heb. Atár) significa dos cosas: “incienso” e “intercesión”. Dios miró la intercesión de Isaac por su esposa como adoración, fue olor grato para Él. Toda obra de amor de un hombre por su mujer, así como de un ministro por su iglesia, especialmente la intercesión por la formación de la Simiente Prometida en ella, es un acto de adoración a Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:22

Comentario general

25.22 Cuando Rebeca concibió, dos vidas se formaron en su interior. Dichas vidas fueron antagónicas desde su concepción; era como la representación de dos simientes que se oponían entre sí. Y si Eva sufrió lo indecible cuando su hijo Caín mató a su otro hijo Abel, Rebeca prefería morir a saber que en su interior se encontraba una guerra similar entre sus hijos. Sin embargo, Rebeca hizo lo que toda mujer de Dios debe hacer en momentos de angustia o de preocupación: ella fue ha consultar a Yahwéh. Muchos dolores y malas decisiones se evitarían siguiendo este ejemplo.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:23

Comentario general

25:23 Esta promesa acompañó a Rebeca toda su vida. Dios respondió a Rebeca que había dos naciones dentro de ella; Rebeca pensaba que esperaba dos hijos, pero Dios le amplió la visión, no se trataba solo de dos hijos, sino de dos naciones. Pensar en morir era pensar en el genocidio de dos naciones; así debieran pensar quienes se atreven a considerar el aborto. Además, Dios le reveló a Rebeca el futuro de ambos hijos: tendrían rivalidad, pero el mayor terminaría sirviendo al menor. Esta palabra profética habría de dirigir la vida de Rebeca respecto de la educación de sus hijos. Que diferente es la formación de los hijos cuando tenemos palabras proféticas sobre ellos. No debiéramos atrevernos a educar a nadie sin que primero Dios nos indique cuál es su destino. Esto es válido tanto para el hogar como para la iglesia y la escuela. Consultemos a Dios sobre cada discípulo. Así como Rebeca consultó a Dios en su preocupación, todo afán, angustia y preocupación debe hacernos acercarnos al Señor. Convirtamos el mal aparente en bendición evidente. Los niños “luchaban” en el interior de su madre. Eran como dos simientes diferentes. La Palabra para “luchaban”, ratsáts, significa “partir” en pedazos. La guerra de los hermanos era fuerte, de allí que su madre pensara en que la muerte era mejor. Cuántas madres tienen un gran sufrimiento en su interior a causa de la guerra entre sus hijos; y cuántas iglesias sufren la guerra civil de los hermanos. Estar en el mismo vientre (iglesia) no garantiza la unidad, incluso a veces la impide. El problema de todo esto no es que ambos hermanos buscaran la bendición de Dios, sino que buscaban la bendición de su hermano; esto es, la bendición que Dios había dado al hermano. Los celos y envidias han ocasionado incontables muertes en el mundo, empezando desde el asesinato de Abel hasta nuestro tiempo, Caín sigue sin satisfacer su envidia homicida en las más diversas formas. Dios dijo a Rebeca que había dos naciones dentro de ella; se refirió a sus hijos no solo en relación a su multiplicación, sino que además utilizó una palabra para naciones en su lengua original que no solo se refiere a naciones, sino a “naciones gentiles”. Cuando los hermanos están en guerra es como si fueran del mundo; ¿cómo llamaremos hijos de Dios a quienes se aborrecen? Se trata de dos hermanos divididos que engendrarán a dos naciones divididas. Lo que no se arregla de raíz no se arregla nunca. El odio desde las entrañas será un odio por generaciones. Uno será más fuerte que otro. “Fuerte”, amats, literalmente es estar alerta. Esto no es una referencia a fuerza física, sino a fuerza de disposición. Jacob tendría un corazón más dispuesto que el de su hermano Esaú; esto se prolongaría a sus descendientes. El “mayor”, rab, “más abundante”, sería finalmente servidor del menor, tsaír, “pequeño”. En última instancia la grandeza no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia (Rom. 9:16). ¿Quién es engrandecido? Hay que estar alerta al mover de Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:24

Comentario general

25.24 La vida tiene su tiempo, no sólo para que sean dados a luz los hijos, sino para que se manifiesten los hijos de luz (Gal. 4:4). Primero vimos la diferencia entre hijos legítimos e hijos ilegítimos considerando la diferencia de vientre que los concibió en Isaac e Ismael; ahora tenemos la ilustración de caso semejante en las vidas de Jacob y Esaú, solo que ahora proceden de la misma madre; ¿a qué se debe la diferencia? Esta vez obedece a la diferencia de corazón. Jacob y su hermano mayor Esaú eran gemelos no idénticos, más propiamente mellizos. El mismo vientre puede producir hijos diferentes, tal y como hay diferentes clases de cristianos en la misma iglesia local. No sólo somos influenciados por la matriz que nos parió a la nueva vida, sino también por la actitud propia con la que decidimos vivir la nueva vida. La iglesia madre y el corazón interno es de lo que hablo.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:25

Comentario general

25.25 El primogénito era rubio, mejor traducido “rojizo” y velludo como una pelliza, es decir, como una túnica de pieles (Gen. 27:11, 16, 23). Lo llamaron Esaú, “manejar, áspero”; probablemente a causa de su apariencia al tacto. Esaú, es llamado en las Escrituras también Edom, que significa “rojo” a causa del guiso rojo que le dio su hermano Jacob en cambio de su primogenitura (ver notas respectivas a 25:30). La característica más sobresaliente de Esaú que enmarca el significado de su persona es la elección de Dios: a Jacob amé, más a Esaú aborrecí (Mal. 1:2-3; Rom. 9:13); por lo que Esaú es la representación de los creyentes que por poco y consiguen llegar. Son los segundos del reino, los que iban primero y fueron rebasados a causa de su apatía; son los más dotados de capacidad, pero no de corazón. Cada vez que encontramos a Esaú en las Escrituras, miramos la representación de los cristianos “por poco”. ¿Eres un cristiano “Esaú”? ¿Una persona que “por poco” alcanza la victoria?

— Roberto Tinoco

Génesis 25:26

Comentario general

25.26 Por su parte, tenemos también al segundo hijo, a Jacob; el cual salió del vientre de su madre con la mano trabada al calcañar de su hermano Esaú; de hecho, por esta causa lo llamaron Jacob, que significa “usurpador”, “suplantador”, ya que nació peleando con su hermano por nacer primero, era una lucha por la primogenitura. Jacob es figura de los creyentes que luchan, primero consigo mismo, pues suelen hacer la mayoría de sus obras impulsados por su carne; pero también, son apasionados de la primogenitura, anhelan la herencia del Padre y no se conforman al segundo lugar. Podemos llamarles codiciosos, pero Dios los llama hombres de fe. No desean el primer lugar solo por ser primero que otro, sino por hambre de Dios; desean todo lo que puedan tener de Dios. Hay quienes buscan los primeros lugares por la soberbia del poder, pero los creyentes Jacob anhelan el primer puesto porque están corriendo la carrera del reino, sienten un desperdicio la apatía de los corredores que, como Esaú, deciden dormirse a un lado de la carretera, por lo que rebasan considerando una obligación tomar lo que otros desperdician. Calcañar, aquéb, se refiere al talón. Esta es la segunda vez que en las Escrituras se hace referencia al talón. La primera vez fue cuando Dios sentenció la destrucción de la serpiente insidiosa que tentó a Eva al decirle: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (Gen. 3:15). El calcañar prefigura la caída humana, pero ligada a su futura gloria; fue la humillación y muerte de Cristo, pero también la semilla de su exaltación y glorificación. Así pues, el hecho de que Jacob naciera tomado del calcañar de su hermano lo colocó muchos años de su vida en una posición de vergüenza al ser declarado “suplantador”, pero también fue la semilla de gloria para que surgiera “Israel”, “Príncipe de Dios”, cuando decidió no soltarse de Dios (se tomó de nuevo del calcañar el día que luchó con Él; mira las notas 32:24-30). Cuando nacieron Esaú y Jacob, su padre Isaac tenía sesenta años. Habían pasado veinte años de espera desde el matrimonio con Rebeca. Fueron veinte años de esterilidad. El número sesenta estaba ligado a Jacob, es número de hombre, figura de fuerza humana. Años después, cuando Jacob llegue a Egipto, lo hará llevando sesenta y seis personas, como los libros de la Biblia (Gen. 46:26 sin contar a Jacob, José y los hijos de José que ya estaban allí). Por otro lado, ¿qué es la primogenitura que tanto pelearon Jacob y Esaú? Es el principio del vigor del padre. En Génesis 49:3 se refiere Jacob a su hijo Rubén como el principio de su vigor; principal en dignidad y principal en poder. El primer hijo es el inicio de la manifestación del poder de su padre, a la vez que el principio del desgaste de dicho poder. Esaú era (pero lo perdió) la primera manifestación del poder de Isaac; la esperanza de la transmisión de la simiente, del nombre y de la herencia. Ese es el primogénito y por ello la ley de Moisés le otorgaría años más tarde una doble porción de la herencia del padre a los hijos primogénitos (Dt. 21:17).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:27

Comentario general

25.27 Según las características naturales, Esaú era un hombre superior a Jacob; un hombre con mayores posibilidades de liderazgo y expresión de masculinidad. ¿A quién escogeríamos como el heredero de la primogenitura, al cazador Esaú o al mimado Jacob? Mientras Esaú conquistaba el campo, Jacob se mantenía junto a las faldas de su madre en la cocina. Sin embargo, Dios prefirió escoger a Jacob por encima de Esaú. La Palabra denota un sentido de confiabilidad respecto de Jacob; la Escritura dice que era “varon quieto” (heb. Tam), el significado de esta expresión en su lengua original significa “completo”, “sólido”, “estable”. Mientras que Esaú era un hombre de aventura, Jacob era retrospectivo, meditador, firme e incluso pleno. Con todo, la elección de Dios no depende del que quiere ni del que corre, sino de Él que es misericordioso (Rom. 9:16); Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos (Ecl. 9:11). Desde el principio, Dios no se ha visto muy impresionado con los cazadores, ¿recuerdas al poderoso Nimrod? Fue una espina para el reino de Dios. Tampoco Ismael ganó muchos créditos como cazador, a pesar de ser hijo de Abraham. Parece que su gusto ha sido primordialmente para los guardianes de animales como los pastores, comenzando con Abel y pasando por hombres como Jacob, Moisés y David, entre otros. El justo cuida de la vida de su bestia; más el corazón de los impíos es cruel (Prov. 12:10).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:28

Comentario general

25:28 Tanto Isaac como Rebeca su mujer presentaron un fuerte favoritismo acerca de sus hijos, esta actitud inapropiada como padres acentuó las diferencias entre Esaú y Jacob al punto de separarlos como enemigos de muerte. También el amor divide cuando no está acompañado de sabiduría. Isaac basaba su favor a esaú en la comida que este le ofrecía como producto de su caza; lo miraba como el más apto humanamente para dirigir el clan, actuaba según la vista de sus ojos (por eso perdió la vista). Por su parte, Rebeca tenía como fundamento de su preferencia la promesa divina de que Jacob recibiría la primogenitura. Esto es claramente demostrado en el capítulo 27 cuando Isaac pide a Esaú un guisado de su caza antes de bendecirle como primogénito; mientras Rebeca urde el plan de que Jacob arrebate dicha bendición sustituyendo a su hermano y llevando la comida que su madre le preparase. Si bien ambos actuaron de forma equivocada, al menos Rebeca intentaba caminar según la palabra de Dios.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:29

Comentario general

25.29-30 Se piensa que era costumbre de la tierra la posibilidad de vender la primogenitura a un hermano; en esto, Jacob se comporta como un hombre común, tiene fe, pero todavía no hay mucha confianza como para esperar en Dios. Por otro lado, Esaú actúa como un hombre profano (Heb. 12:16) al menospreciar la porción de Dios para su vida como primogénito. Los Esaú del mundo son creyentes que anteponen las necesidades cotidianas al llamado del reino. Primero llenan el vientre, aunque les cueste vaciar el corazón. Cansados de afanes traicionan la fe. Tienen el nombre de su hambre y su alma se pinta del color de la tierra; seres celestiales sin alas al cortarlas con el menosprecio de las cosas espirituales. A su vez, los Jacob del mundo son creyentes oportunistas de la unción; santos ladrones de gloria. Toman lo propio y aprovechan lo que los demás desprecian. Su pasión por las cosas espirituales les fabrica enemigos, pero les atrae también la mirada del Padre. No muchos harían negocios con Jacob, pero Dios sí. Los edomitas no solo son los descendientes de Esaú según la carne, sino los que un día fueron creyentes, pero vendieron su posición de hijos. Son los apostatas de la fe; los que pudieron ser y abandonaron; los que tienen pasado, pero carecen de futuro al vender su presente. Son parientes de la fe, pero si poder llamarles familia. Los edomitas abrían de ser uno de los peores enemigos de Israel; no hay peor enemigo que quien renuncia a ser amigo traicionándolo.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:30

Comentario general

25.29-30 Se piensa que era costumbre de la tierra la posibilidad de vender la primogenitura a un hermano; en esto, Jacob se comporta como un hombre común, tiene fe, pero todavía no hay mucha confianza como para esperar en Dios. Por otro lado, Esaú actúa como un hombre profano (Heb. 12:16) al menospreciar la porción de Dios para su vida como primogénito. Los Esaú del mundo son creyentes que anteponen las necesidades cotidianas al llamado del reino. Primero llenan el vientre, aunque les cueste vaciar el corazón. Cansados de afanes traicionan la fe. Tienen el nombre de su hambre y su alma se pinta del color de la tierra; seres celestiales sin alas al cortarlas con el menosprecio de las cosas espirituales. A su vez, los Jacob del mundo son creyentes oportunistas de la unción; santos ladrones de gloria. Toman lo propio y aprovechan lo que los demás desprecian. Su pasión por las cosas espirituales les fabrica enemigos, pero les atrae también la mirada del Padre. No muchos harían negocios con Jacob, pero Dios sí. Los edomitas no solo son los descendientes de Esaú según la carne, sino los que un día fueron creyentes, pero vendieron su posición de hijos. Son los apostatas de la fe; los que pudieron ser y abandonaron; los que tienen pasado, pero carecen de futuro al vender su presente. Son parientes de la fe, pero si poder llamarles familia. Los edomitas abrían de ser uno de los peores enemigos de Israel; no hay peor enemigo que quien renuncia a ser amigo traicionándolo.

— Roberto Tinoco

Génesis 25:31

Comentario general

25.31-32 Esaú no estaba a punto de morir, sino que miraba su vida sin propósito, desconocía el reino. Los Esaú son temporales, carecen de visión eterna. Mientras tanto, el codicioso del reino de los cielos comercia las promesas y persigue comprar a bajo precio las ofertas del reino. Aunque imperfecta sigue siendo fe la de Jacob. No sabe esperar, quiere asegurar la bendición “en este día”. No puedo culparlo, así son los hombres que finalmente reciben las promesas. ¿Puede la bendición del reino comprarse? Si le preguntamos a Simón el mago dirá que no debe siquiera intentarse (Hech. 8:18-23); y si consultamos con Esaú nos dirá el gran mal que implica su venta. Pero si interrogamos a Jacob dirá que vale la pena cambiarlo todo por la bendición de Dios. La diferencia no está en el qué, sino en el por qué; es la razón y no el hecho lo que marca la diferencia. Dios mira el corazón. ¿Para qué sirve la primogenitura? ¿Qué provecho hay en servir a Dios? Es la pregunta del incrédulo. Más todo el que tiene visión de reino sabe la importancia de la doble porción de la heredad de Dios. Quienes se saben mortales juzgan sin la luz de la vida eterna; un guiso es suficiente para cegarlos. Pero aquellos que se saben eternos por la vida recibida, saben que nada de lo que Dios da es temporal o perecedero; por eso son receptores de gloria. Unos dicen: “voy a morir, ¿de qué sirve la consagración? Hay que disfrutar la vida”; son necios y ciegos. Otros declaran: “voy a morir, así que haré que mi corta vida valga la pena”; son hombres y mujeres de fe. ¿A qué grupo perteneces? Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará (Mat. 16:25).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:32

Comentario general

25.31-32 Esaú no estaba a punto de morir, sino que miraba su vida sin propósito, desconocía el reino. Los Esaú son temporales, carecen de visión eterna. Mientras tanto, el codicioso del reino de los cielos comercia las promesas y persigue comprar a bajo precio las ofertas del reino. Aunque imperfecta sigue siendo fe la de Jacob. No sabe esperar, quiere asegurar la bendición “en este día”. No puedo culparlo, así son los hombres que finalmente reciben las promesas. ¿Puede la bendición del reino comprarse? Si le preguntamos a Simón el mago dirá que no debe siquiera intentarse (Hech. 8:18-23); y si consultamos con Esaú nos dirá el gran mal que implica su venta. Pero si interrogamos a Jacob dirá que vale la pena cambiarlo todo por la bendición de Dios. La diferencia no está en el qué, sino en el por qué; es la razón y no el hecho lo que marca la diferencia. Dios mira el corazón. ¿Para qué sirve la primogenitura? ¿Qué provecho hay en servir a Dios? Es la pregunta del incrédulo. Más todo el que tiene visión de reino sabe la importancia de la doble porción de la heredad de Dios. Quienes se saben mortales juzgan sin la luz de la vida eterna; un guiso es suficiente para cegarlos. Pero aquellos que se saben eternos por la vida recibida, saben que nada de lo que Dios da es temporal o perecedero; por eso son receptores de gloria. Unos dicen: “voy a morir, ¿de qué sirve la consagración? Hay que disfrutar la vida”; son necios y ciegos. Otros declaran: “voy a morir, así que haré que mi corta vida valga la pena”; son hombres y mujeres de fe. ¿A qué grupo perteneces? Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará (Mat. 16:25).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:33

Comentario general

25.33 El contrato de venta de la primogenitura era el juramento. Era una costumbre común que el comercio se basara en la palabra. En el reino de Dios, las palabras son pactos y aún las palabras ociosas demandan ser juzgadas (Mat. 12:36). Más tarde, Esaú intentaría recobrar lo que vendió, pero no pudo romper ni con lágrimas lo que menospreció con incredulidad (Heb. 12:16).

— Roberto Tinoco

Génesis 25:34

Comentario general

25.34 El pacto de Esaú fue de pan y lentejas, no era de pan y vino; esto es, carecía de la redención de la sangre. ¿Qué bendición puede haber dónde no hay redención? Quien come y bebe del pacto de Esaú “se levanta y se va”; es decir, transita en este mundo. Pero quien come y bebe del Nuevo Pacto, participa del cuerpo y de la sangre del Señor; es hecho uno con Cristo y con la iglesia (1 Cor. 10:16-17). Menospreciar es dar menor precio. Esaú dio menor precio a la primogenitura y fue desechado. Duro contraste con el Hijo de Dios, quien menospreció el oprobio por el gozo puesto delante de Él y sufrió la cruz (Heb. 12:2); Esaú pierde lo poco que tenía; mientras el Señor se ha sentado a la diestra de Dios.

— Roberto Tinoco

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