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Génesis 27
Jacob roba la bendición de Esaú
1Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí.🗨📝 2Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.🗨📝 3Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza;🗨📝 4y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.🗨📝 5Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.🗨📝 6Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:🗨📝 7Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera.🗨📝 8Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.🗨📝 9Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta;🗨📝 10y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.🗨📝 11Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño.🗨📝 12Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.🗨📝 13Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y vé y tráemelos.🗨📝 14Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba.🗨📝 15Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor;🗨📝 16y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos;🗨📝 17y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.🗨📝 18Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío?🗨📝 19Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.🗨📝 20Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí.🗨📝 21E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no.🗨📝 22Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.🗨📝 23Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo.🗨📝 24Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy.🗨📝 25Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.🗨📝 26Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.🗨📝 27Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;🗨📝 28Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto.🗨📝 29Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.🗨📝 30Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar.🗨📝 31E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.🗨📝 32Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.🗨📝 33Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito.🗨📝 34Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.🗨📝 35Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.🗨📝 36Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?🗨📝 37Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?🗨📝 38Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.🗨📝 39Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba;🗨📝 40Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz. 🗨📝Jacob huye a Padán-aram
41Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.🗨📝 42Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consula acerca de ti con la idea de matarte.🗨📝 43Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán,🗨📝 44y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;🗨📝 45hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?🗨📝 46Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Génesis 27: RV60
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Génesis 27:1
27:1 Se percibe un alto contraste entre la avanzada edad en vigor de Abraham y la vejez de Isaac. Mientras Abraham murió en buena vejez y lleno de años (Gen 25-7-8), engendrando hijos a los ciento cuarenta años; Isaac es un anciano sin vista a la misma edad (140) que no puede ver para bendecir a sus hijos. También miramos ciegos de vejez a Jacob y al sacerdote Elí, no muy ejemplares en su vivir. La vista física no es una característica de espiritualidad, pero la forma de la descripción bíblica sobre Isaac lo presenta desgastado; sin visión para bendecir correctamente. Pudo ser engañado porque había cierto grado de tinieblas en su vida. Dios había profetizado desde el nacimiento de Esaú y Jacob que sería Jacob quien recibiría la primogenitura (25:23), la ceguera de Isaac, esto es, el olvido de la palabra de Dios, le hace llamar a su hijo favorito por encima de la palabra profética.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:2
27.2 Isaac se llama viejo a sí mismo. Hay una diferencia entre ser anciano y ser viejo. Un anciano es avanzado en años, pero lo viejo está próximo a desaparecer (Heb. 8:13). Con todo, Isaac tiene la cordura de poner sus asuntos en orden antes de morir. Todo padre de familia debe aprender a dejar un testamento procurando heredar su patrimonio a sus descendientes con los menores conflictos. Acerca de la ceguera por vejez léase Eclesiastés 12:3.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:3
27:3 Esaú era un hombre de campo que comía de su caza. Lo obvio en su caso era que alcanzara la bendición paterna mediante su fuerza; sin embargo, la bendición de la primogenitura viene de la elección, Dios eligió a Jacob antes de que ambos hijos hubieran hecho algo para merecerlo (Rom. 9:10-13). Hay bendiciones que se alcanzan y otras que nos alcanzan a nosotros. Unas son producto de nuestros esfuerzos, como el principio de la siembra y la cosecha; pero otras son resultado de la soberanía divina. Es un misterio que, por un lado, sea Dios quien elija al hombre (Dios no elije para salvación, sino para alguna obra específica) y por otro lado, sea el hombre quien deba hacer firme la elección de Dios: Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás (2 Pedro 1:10). Como Ismael, hijo de Abraham (21:20), Esaú también era un tirador de arco e hijo nacido en primer lugar, pero que sería desplazado en su primogenitura por su hermano menor. Vemos el mismo principio en Jonatán, hijo de Saúl, quien dejaría el trono de su padre a David, a pesar de que era él y no David el primogénito de Saúl (1 Sam. 18:4). Este es el principio del arco, no son los poderosos en sí mismos (Gen. 10:9) quienes reciben la bendición de primogénitos, sino los poderosos en Dios. ¿Por qué razón? Porque se trata de la bendición del padre, no de su bendición como hijos. Es la transferencia de la autoridad del padre al hijo. Esto es mucho más que ser bendecido como hijo, es ser bendecido como padre; es decir, puesto por padre. Este es también el principio de la elección, si la bendición no se relaciona con la transferencia de paternidad, requiere del esfuerzo del hombre; pero si la bendición es respecto de dicha transferencia, entonces no hace falta el arco humano. Al contrario, si trata de tomar el lugar del padre por fuerza personal, se le cuenta el salario como deuda.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:4
27.4 Es una condicionante de la bendición de primogénito el darle al padre el guiso como a él le gusta. Tanto Esaú como Jacob tuvieron que traer tal guiso. Así pues, hacemos firme nuestra vocación y elección cuando “hacemos el guiso al gusto del Padre”; esto es, cuando nos convertimos en los adoradores y servidores que Él busca. Si Dios se agrada comiendo nuestra ofrenda, soltará bendición sobre nosotros. Demasiadas personas intentan alcanzar bendición de Dios a su propia manera; pero en el reino de los cielos las cosas no funcionan así; la bendición sigue a la aprobación.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:5
27.5 Varias veces hallamos mujeres escuchando tras la puerta a sus maridos en la Biblia. Sara lo hizo y también Rebeca. Son buena figura de la iglesia, la cual escucha “tras la puerta” los planes que el Padre confiere al Hijo. Si la iglesia conoce los secretos del reino actuará en consecuencia intentando su cumplimiento. Rebeca supo de los planes de Isaac, su marido; y recordó la palabra profética que recibió cuando sus hijos nacieron, así que actuó procurando su consecución. No aprobamos sus métodos y reprobamos su engaño; pero alabamos su fe. Iglesia, ¿estás oyendo la conversación entre el Padre y el Hijo? Fue también durante “el viaje” del Hijo Primogénito de Dios al mundo cuando los humanos redimidos recibimos la oportunidad de ser hechos primogénitos. Y también Jesús hizo el viaje para buscar que traer como ofrenda al Padre.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:6
27.6-7 Jacob recibió de su madre el consejo para arrebatar la primogenitura a su hermano; asimismo, los creyentes recibimos de la iglesia la palabra de vida necesaria para ser parte de la asamblea de primogénitos inscritos en los cielos (Heb. 12:23). Lo que oye la iglesia, como madre de los creyentes (2 Juan 1:1), es de primordial importancia. Una iglesia sorda a los asuntos del reino tiene hijos sin bendición del Padre; pero una iglesia con agudos oídos espirituales a las Palabras de Dios, produce creyentes bendecidos que enriquecen el reino. ¡Qué bendecida la iglesia que puede decir: “yo he oído a tu Padre”! Toda bendición del reino es en Presencia de Yahwéh. Debemos aprender la importancia de la bendición patriarcal. ¿Qué es bendición? En primer lugar, es bien decir o decir lo bueno. Y, en segundo lugar, es hablar de parte de Dios la palabra profética que sella el destino de los hijos para bien. Todo padre cristiano debe tomarse el tiempo de bendecir uno a uno a sus hijos; y más sabiendo que en el Nuevo Pacto no hay necesidad de que un hijo sea bendecido por sobre otro hijo. Hablamos delante de Dios como si Dios hablara por medio nuestro. ¿Y qué sucede cuando Dios habla? La primera vez que la Biblia lo registra llegaron a existir todas las cosas hechas. Así de importante es.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:7
27.6-7 Jacob recibió de su madre el consejo para arrebatar la primogenitura a su hermano; asimismo, los creyentes recibimos de la iglesia la palabra de vida necesaria para ser parte de la asamblea de primogénitos inscritos en los cielos (Heb. 12:23). Lo que oye la iglesia, como madre de los creyentes (2 Juan 1:1), es de primordial importancia. Una iglesia sorda a los asuntos del reino tiene hijos sin bendición del Padre; pero una iglesia con agudos oídos espirituales a las Palabras de Dios, produce creyentes bendecidos que enriquecen el reino. ¡Qué bendecida la iglesia que puede decir: “yo he oído a tu Padre”! Toda bendición del reino es en Presencia de Yahwéh. Debemos aprender la importancia de la bendición patriarcal. ¿Qué es bendición? En primer lugar, es bien decir o decir lo bueno. Y, en segundo lugar, es hablar de parte de Dios la palabra profética que sella el destino de los hijos para bien. Todo padre cristiano debe tomarse el tiempo de bendecir uno a uno a sus hijos; y más sabiendo que en el Nuevo Pacto no hay necesidad de que un hijo sea bendecido por sobre otro hijo. Hablamos delante de Dios como si Dios hablara por medio nuestro. ¿Y qué sucede cuando Dios habla? La primera vez que la Biblia lo registra llegaron a existir todas las cosas hechas. Así de importante es.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:8
27.8 La iglesia debe tener oídos y también requiere de voz. Toda congregación necesita aprender a oír la voz del Padre y saber comunicarla a sus hijos correctamente. Pero además de los oídos y voz espirituales de la iglesia, hace falta también la obediencia de sus miembros, como hijos maduros. De otro modo la bendición no puede ser desatada. Nunca subestimes la obediencia, pues es la base de la bendición. Cristo mismo aprendió la obediencia (Heb. 5:8) y por la obediencia de Uno, los muchos fuimos constituidos justos (Rom. 5:19). En lo natural, Jacob estaba obedeciendo un mal consejo que además era engañoso; pero en lo espiritual, estaban persiguiendo el cumplimiento de la Palabra de Dios respecto de la primogenitura para Jacob.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:9
27.9 ¿De dónde proviene la ofrenda que la iglesia presenta al Padre? Del ganado o de los rebaños (Heb. 13:15). Rebeca pidió a Jacob que trajera dos cabritos para preparar viandas para su padre. Pero no solo dos cabritos, sino buenos cabritos; es decir, lo mejor del rebaño. La excelencia es básica en el reino de Dios. El estándar de calidad no debe rebajarse, sino subirse cuando se trata de Dios. Cuando se ofrece lo inferior se ofende al Señor. Solo cuando se ofrece lo mejor es cuando se recibe la bendición del Padre. ¿Y qué es lo mejor? Evidentemente, lo mejor es según el gusto del Padre y no de los hijos. Rebeca enfatizó que el guiso a ofrecer había de ser al gusto de Isaac; así es el reino de Dios, las ofrendas, sean de alabanza, servicio o de cualquier otro tipo, deben ser de acuerdo a los gustos de Dios. Dichos gustos es su orden establecido en la Palabra. Moisés había de edificar el tabernáculo según el modelo que Dios le mostró en el monte y los sacerdotes había de ofrecer incienso de acuerdo a la fórmula de Dios, podían ponerle su propio gusto, pero sin apartarse de los elementos de la fórmula dados por Dios; sin contar además con que tal incienso no debía reproducirse para agradar el olfato personal. Si las cosas no son a la manera de Dios, entonces no son cosas de Dios. No se trata sólo de hacer lo mejor posible, sino de hacer lo que Dios espera recibir. Caín puede ofrecer lo mejor de la tierra, pero si no es lo que Dios espera, entonces la ofrenda no será recibida.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:10
27.10 Rebeca preparó las viandas que Jacob presentó. La iglesia prepara las ofrendas que los miembros dan en lo particular. Isaac no dio a Esaú la bendición de primogénito, sino a Jacob. Jacob presentó lo que él preparó personalmente, pero Jacob presentó lo que le preparó su madre. La bendición del reino viene a aquellos que presentan su ofrenda por medio de la iglesia y no a los que intentan agradar a Dios independientes de ella. Fuera del cuerpo de Cristo no es posible la relación permanente con la Cabeza. Isaac bendijo después de comer y Dios bendice después de recibir adoración. La bendición de primogénito es una recompensa, no debe confundirse con la salvación por gracia. Aún si el requisito es tan mínimo como ofrecer adoración (que no es poco), es ya una ofrenda. ¿Por qué digo que Dios come adoración? Lo vemos cuando Jesús habló con la mujer samaritana (coincidentemente en el pozo de Jacob), después de que ella le reconoció como el Mesías, Jesús se negó a comer la comida que le trajeron sus discípulos. Él ya estaba satisfecho, tuvo otra comida que comer (Juan 4). La bendición patriarcal se daba antes de la muerte del padre. Es como la lectura del testamento espiritual, pero en vida del testador. Todo padre debe ser diligente para bendecir a sus hijos en vida. Es bueno dejar un patrimonio después de morir, pero es mejor aún ver a los hijos disfrutándolo. En lo espiritual es similar, alguien más continuará la obra que hicimos en Dios; pero es más glorioso dar el relevo como un corredor a otro, mientras ambos corren.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:11
27.11-12 La excusa de Jacob y su temor son válidos. Él no contaba con los atributos humanos necesarios para hacerse pasar por su hermano tal y como nosotros tampoco llenamos la medida de Cristo por nosotros mismos. El poder está en Él y a Él es a quien conoce el Padre Celestial. Fuera de Cristo no hay forma de ir a Dios (Juan 14:6). Intentar acercarnos a Dios aparte de Cristo es peligroso, es un acto de engaño y arrogancia que en lugar de alcanzar bendición redunda en maldición (Rom. 4:4-5). Jacob significa “usurpador”; él sabe que si es descubierto como Jacob y no como Esaú será tenido por burlador. Sin Cristo somos solo carne y la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Cor. 15:50). Jacob no puede ser hecho primogénito por su padre Isaac a menos de que sea tenido por Esaú; así también, cuando los hombres nos presentamos en Cristo ante Dios mediante la fe en Él, es que somos tenidos por primogénitos. Esta es la historia de la humanidad; también Cristo fue tenido por un segundo hijo en vez del primero en cuanto a ser Hijo del Hombre. El primer hijo humano de Dios fue Adán (Luc. 3:38); y el segundo fue Cristo, que desciende de Adán según la carne (Luc. 3:23, 38). Sin embargo, el segundo Adán, a saber, Cristo, fue hecho primogénito al tomar la cabeza y bendición que había perdido el primer Adán (1 Cor. 15:45; Rom 1:4; 8:29; Gal. 3:13). Y así también nosotros, al tomar o recibir la naturaleza de Cristo somos hechos primogénitos en Él (2 Pedro 1:4; Heb. 12:23). La aplicación es brillante y simple a la vez: toda la bendición de Cristo es nuestra si somos hallados por Dios en Él: bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efes. 1:3).
— Roberto Tinoco
Génesis 27:12
27.11-12 La excusa de Jacob y su temor son válidos. Él no contaba con los atributos humanos necesarios para hacerse pasar por su hermano tal y como nosotros tampoco llenamos la medida de Cristo por nosotros mismos. El poder está en Él y a Él es a quien conoce el Padre Celestial. Fuera de Cristo no hay forma de ir a Dios (Juan 14:6). Intentar acercarnos a Dios aparte de Cristo es peligroso, es un acto de engaño y arrogancia que en lugar de alcanzar bendición redunda en maldición (Rom. 4:4-5). Jacob significa “usurpador”; él sabe que si es descubierto como Jacob y no como Esaú será tenido por burlador. Sin Cristo somos solo carne y la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Cor. 15:50). Jacob no puede ser hecho primogénito por su padre Isaac a menos de que sea tenido por Esaú; así también, cuando los hombres nos presentamos en Cristo ante Dios mediante la fe en Él, es que somos tenidos por primogénitos. Esta es la historia de la humanidad; también Cristo fue tenido por un segundo hijo en vez del primero en cuanto a ser Hijo del Hombre. El primer hijo humano de Dios fue Adán (Luc. 3:38); y el segundo fue Cristo, que desciende de Adán según la carne (Luc. 3:23, 38). Sin embargo, el segundo Adán, a saber, Cristo, fue hecho primogénito al tomar la cabeza y bendición que había perdido el primer Adán (1 Cor. 15:45; Rom 1:4; 8:29; Gal. 3:13). Y así también nosotros, al tomar o recibir la naturaleza de Cristo somos hechos primogénitos en Él (2 Pedro 1:4; Heb. 12:23). La aplicación es brillante y simple a la vez: toda la bendición de Cristo es nuestra si somos hallados por Dios en Él: bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efes. 1:3).
— Roberto Tinoco
Génesis 27:13
27:13 La respuesta de Rebeca a su asustado hijo Jacob fue un gran error. El engaño estaba dispuesto, pero su amor materno le hizo cometer la terrible falta de echar sobre sí la maldición que pudiera venir sobre su hijo si fuese descubierto. Más tarde veremos que esto trajo terribles consecuencias para su vida personal. En esto, Rebeca fue similar al pueblo de Dios, Israel, cuando echaron sobre sí mismos la maldición de matar al Mesías: su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos –dijeron (Mat. 27:25). Esto no fue solo una palabra ligera, cuarenta años después fueron destruidos por medio del emperador romano Tito. Cuidemos nuestra boca, pues en ella está el poder de la vida y de la muerte (Prov. 18:21). Sin embargo, su transgresión redundó en nuestra riqueza (Rom. 11:12).
— Roberto Tinoco
Génesis 27:14
27.14 Ver a Jacob tomar los cabritos del rebaño y darlos a su madre; así como mirarla a ella preparando los guisados al gusto del padre es una figura de la ofrenda que la iglesia presenta a Dios a partir de los recursos de sus miembros. Solamente requieren los creyentes obedecer la voz de la iglesia para fluir en la vida del cuerpo. Esto no anula la individualidad; por el contrario, impulsa la creatividad personal exponencialmente a través del cuerpo de Cristo. Cada miembro es eficaz a medida que colabora con el cuerpo y jamás logrará solo lo que puede lograr a través del cuerpo.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:15
27:15 La iglesia viste de Cristo a los creyentes como Rebeca vistió a Jacob de Esaú (Rom. 13:14). Sin esas ropas somos usurpadores, pero con ellas primogénitos. ¿Cómo viste la iglesia a los creyentes? Mediante el bautismo en agua y la enseñanza de la sana doctrina (Gal. 3:27; Col. 3:10). Rebeca tomó los vestidos de su hijo mayor, pero no cualquier vestido, ella tomó los preciosos. Vestirse del hermano mayor no es una vida ordinaria; Dios nos ha dado preciosas y grandísimas promesas para hacernos participar de la naturaleza divina de su Hijo (2 Pedro 1:4). Son los vestidos que se encuentran en la Casa de Dios (Rebeca los tenía en su casa). Son suficientes para cubrir al creyente.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:16
27.16-17 Donde no llega el vestido se le aplica piel del cabrito ofrecido al Padre; totalmente cubiertos de la gracia de Cristo. No debe quedar nada de carne nuestra expuesta. Solo así podemos presentarnos ante el Padre Celestial y no con las manos vacías, sino con sacrificio de adoración. Cualquier Jacob puede alcanzar la bendición del Padre, siempre y cuando esté totalmente cubierto del Hijo mayor; es decir, de Cristo. Somos aceptos en el Amado (Ef. 1:6); en Cristo podemos presentar nuestra vida y adoración al Padre, cosas que la iglesia prepara con los recursos que le traemos, pero que deben ser en comunión de la iglesia. Vestidos de Cristo con la ofrenda, servicio y adoración de la iglesia.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:17
27.16-17 Donde no llega el vestido se le aplica piel del cabrito ofrecido al Padre; totalmente cubiertos de la gracia de Cristo. No debe quedar nada de carne nuestra expuesta. Solo así podemos presentarnos ante el Padre Celestial y no con las manos vacías, sino con sacrificio de adoración. Cualquier Jacob puede alcanzar la bendición del Padre, siempre y cuando esté totalmente cubierto del Hijo mayor; es decir, de Cristo. Somos aceptos en el Amado (Ef. 1:6); en Cristo podemos presentar nuestra vida y adoración al Padre, cosas que la iglesia prepara con los recursos que le traemos, pero que deben ser en comunión de la iglesia. Vestidos de Cristo con la ofrenda, servicio y adoración de la iglesia.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:18
27.18 Vestido de Esaú, Jacob llamó padre mío a Isaac. Y vestido de Cristo, todo hombre llama Padre mío a Dios (Rom. 8:9, 15). Pero lo que es aún más sorprendente, Isaac llamó hijo mío a Jacob, vestido de Esaú. ¿No es sorprendente que Dios nos llame hijos en Cristo? (Juan 1:12). La pregunta de Isaac: ¿quién eres, hijo mío? es muy significativa. Jacob estaba externamente vestido de Esaú, pero su corazón era de Jacob, ¿no estaba engañando a su padre? Así pues, vestirse de Cristo no debe considerarse una obra externa de apariencia piadosa, sino una transformación interior que se refleja en el vivir exterior. Aunque te llame hijo, Dios siempre preguntará “¿quién eres?” si algo parece ser engañoso (Jacob) en nosotros. Él ama la verdad en lo íntimo (Sal. 51:6). Dios busca hombres de compromiso; ¿quiénes son éstos? Los que responden heme aquí (Isaías 6:8). Hace esto porque Él mismo mantiene su compromiso respondiendo igual.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:19
27.19 Jacob mintió descaradamente a su padre, no aprobamos ni la mentira, ni la simulación ni el engaño. Sin embargo, por revelación del Espíritu comprendemos que el hombre vestido de su hermano mayor, habla en nombre del hermano mayor y es el hermano mayor. Esto es lo que significa la expresión “en Cristo” (Efesios 1). No nos presentamos a Dios diciendo: “Hola, soy yo”; sino: “Yo Soy Cristo, tu Hijo Amado, tu Primogénito”. Por cuanto Cristo murió por nosotros, nosotros vivimos en Él (Rom. 14:7-9; Gal. 2:20). ¿No somos el Cuerpo de Cristo y miembros suyos en lo particular? (1 Cor. 12:27). Jesús dijo: Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo (Juan 14:13). Jacob en nombre de Esaú ante Isaac era una sombra de esto. No somos más hijos de desobediencia, hemos hecho todo lo que el Padre ordenó; esta es la forma en la que podemos venir ante el Padre ofreciendo sacrificios que le agraden y que bendiga por ellos. La bendición de primogenitura es una recompensa y no un regalo. Debemos aprender a vivir en el nivel de las recompensas y no solo en el nivel de los regalos. Esa es la vida de los primogénitos.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:20
27.20 El sentido común de Isaac le decía que algo no andaba bien, su hijo había traído demasiado pronto los guisados, ¿cómo pudo cazarlos los animales respectivos tan rápidamente? Jacob miente a pesar de atribuirle a Dios su éxito. ¡Cuán peligroso es “usar” a Dios para fines egoístas! Jacob pagó graves consecuencias de esto. El que un hombre presente ofrendas a Dios y sea tenido por justo es una obra de Dios. Esto no sería posible si no estuviera en Cristo como Jacob estaba en Esaú. Nosotros no mentimos al decir: “Yahwéh mi Dios ha puesto delante de mí a la ofrenda de la cruz”. Estaba perdido y encontré al Señor, estoy seguro que el Padre celestial preparó esto desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4).
— Roberto Tinoco
Génesis 27:21
27.21 Jacob presentó un guiso a su padre y entonces éste le invitó a acercarse para tocarlo. Antes del toque del Padre presentamos ofrendas. Así como el sumo sacerdote se presentaba con incienso, así nosotros nos presentamos con ofrendas diversas; siendo la ofrenda de Cristo por excelencia la que ha abierto el camino a Dios (Heb. 10:10, 20). La adoración precede el toque de Dios. Y el toque de Dios confirma que somos sus hijos (Rom. 8:16). Cuando el Padre se manifiesta los hijos falsos son descubiertos (Rom. 8:9).
— Roberto Tinoco
Génesis 27:22
27:22 Hay creyentes que hablan como cristianos, pero sus obras son de mundanos. Para Jacob era peligroso acercarse a su padre Isaac; y para nosotros es peligroso acercarnos a Dios si no estamos en Cristo. El toque de Dios trae las cosas a la luz; cuando Dios se manifiesta pone al descubierto el doblez de algunas personas. También hay creyentes que son “voz de Jacob y manos de Esaú”; hablan como cristianos, pero viven como mundanos. Nuestras palabras pueden juzgar nuestras acciones.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:23
27.23 Jacob personificó a su hermano Esaú y Dios no lo reconoció. Esto es una mezcla de sustitución y justificación. Las manos horadadas de Jesús son nuestra salvaguarda eterna.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:24
27.24 Jacob mintió y no debió hacerlo; pero en tipología, cuando el Padre Celestial pregunte: “eres tu mi Hijo Jesús”; responderemos con verdad: “yo soy en Él” (Efesios 1). Sin nuestro Hermano Mayor carecemos de identidad. Los cristianos estamos en el Cuerpo de Cristo, de manera que nuestra identidad es Cristo. ¿Cómo se llama tu mano? Tu mano eres tú mismo y tiene tu propio nombre; así los miembros del Cuerpo de Cristo somos Cristo mismo. Entendemos la diferencia entre la Cabeza y el Cuerpo; así como el hecho de que no somos objetos de adoración; pero tampoco podemos separar nuestra identidad de la de Él.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:25
27:25 Isaac disfrutó la comida que su hijo le presentó y prometió bendecirle a causa de ella; así la bendición del Padre viene a través de la ofrenda del Hijo; Efesios 1:3 dice que nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo. Uno de los errores más comunes del ser humano es la afanada búsqueda de su satisfacción personal, cuando es la satisfacción del Padre la fuente de su bendición. Hazlo sonreír y serás feliz. Jesús estableció el Nuevo Pacto dando pan y vino a sus discípulos. Del Nuevo Pacto proceden miles de bendiciones para los creyentes. De modo inverso, Jacob ofreció comida y vino a su padre Isaac y recibió bendición. Es una sombra del Pacto. Todo Pacto con Dios comienza en el disfrute; adóralo y serás bendito.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:26
27.26 ¿Has besado a Dios? Cantares muestra a la sulamita, figura de la iglesia, anhelante por los besos del Amado (Cant. 1:2). Dios también te desea. Desde que besó al hombre dándole su aliento el día de la creación, hasta hoy, Dios suspira de amor por nosotros (Sof. 3:17). Es hora de que el hombre devuelva el favor y bese a Dios; ¿cómo puede hacer esto? La adoración es la respuesta: todo lo que respira (que tiene aliento) alabe al Señor (Sal. 150).
— Roberto Tinoco
Génesis 27:27
27.27 Isaac distinguió el olor de los vestidos de Esaú. El olfato espiritual es el discernimiento. Dios distingue el olor de Cristo, olor de vida (2 Cor. 2:14-15). Cuando estás vestido de Cristo hueles a Cristo, olor fragante a Dios (Ef. 5:2). Olor de campo bendecido, de Edén, de tierra de gloria, olor de reino. Si estás vestido de Cristo hueles a la bendición de Dios. ¿Cuál es tu aroma? ¿De qué estás vestido? Tu estilo de vida es la respuesta. Después, Isaac bendijo a Jacob. Este fue un acto de fe del patriarca (Heb. 11.20). Los incrédulos no bendicen, al menos, no al modo de los creyentes. La bendición requiere de fe para no ser solo palabras.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:28
27.28 Aquí están los ingredientes, por decirlo así, de la bendición de la primogenitura: La bendición del cielo: Fruto. El rocío regaba la tierra antes del diluvio. Lo mismo vemos “en el rocío de Hermón” (Sal. 133), bendición y vida eterna. El rocío es purificación y alimento. Dios enviaba su maná a Israel con el rocío de la mañana; el cual servía para evitar que la tierra ensuciara el maná. Llamado y victoria. El rocío del cielo confirmó el llamado de Gedeón (Jueces 6:36-40). La bendición de la tierra: Las grosuras de la tierra son sus riquezas. Dios no solo da bendiciones espirituales; también otorga las terrenales. La bendición del reino: Trigo y mosto; pan y vino. Las promesas del Pacto. La vida abundante es la vida normal cristiana.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:29
27.29 Mira la nota al versículo anterior, pues esta es continuación de la misma: La bendición del mundo: El servicio de los pueblos y homenaje de las naciones; es decir, gloria. El creyente no debe temer ser glorioso, ese es su llamado y su gloria redunda en la gloria del Padre que le bendijo. La bendición de la familia: Ser el primogénito, el principal entre los hermanos. Es tanto una promesa como un llamado a ser señor y ejercer autoridad. La bendición de Abraham o de la fe: Malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren. Dios es escudo alrededor de ti; su bendición es la garantía de su protección. Todos los que procuran el bien de aquellos que gozamos del favor de Dios hacen bien, pues serán bendecidos.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:30
27.30-31 Esta vez Jacob fue primero. La última vez que compitieron Jacob solo alcanzó a tomar del pie a su hermano que nació primero. Pero por unos minutos, Jacob acaba de tomar revancha. Llegó primero a la tienda de su padre y salió con la bendición de la primogenitura. La historia ha cambiado y las cosas nunca volverán a ser iguales. Ese es el poder de la bendición, una vez que se desata no puede retraerse. El futuro se ha reescrito. Apenas había salido Jacob… su hermano volvió; es el poder de la oportunidad, la ventaja de la pasión, la llave de la anticipación. Los últimos serán los primeros, Jacob persiguió esta verdad hasta que la alcanzó. ¿Es lícito competir en el reino? Es propio de Jacob; sin embargo, sigue siendo la carrera de la fe donde uno solo se lleva el premio y donde se ha de correr para alcanzarlo (1 Cor. 9:24). Tengamos cuidado de no andar de cazaría mientras otros toman nuestra bendición. Esaú era cazador por naturaleza y aún su padre le pidió que le trajera de su caza, no hizo nada indebido; sin embargo, llegó segundo a la repartición de riquezas del reino. ¿Le hicieron trampa? Es verdad. ¿Lo engañaron? (aunque él había engañado primero vendiendo su primogenitura y luego negándose a darla); Lo engañaron, pero solamente estaba cumpliéndose lo que anticipadamente se profetizó. Estoy seguro que si Esaú no hubiera vendido antes la primogenitura Dios no habría permitido que Jacob se llevara su bendición de esa manera. Fue su retorno de la primera cacería cuando se vendió por un plato de lentejas y no su segunda cacería lo que le privó de su bendición. Te pregunto: ¿a qué te dedicas? ¿Andas detrás de las presas de tus propias pasiones? Así se pierden bendiciones principales.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:31
27.30-31 Esta vez Jacob fue primero. La última vez que compitieron Jacob solo alcanzó a tomar del pie a su hermano que nació primero. Pero por unos minutos, Jacob acaba de tomar revancha. Llegó primero a la tienda de su padre y salió con la bendición de la primogenitura. La historia ha cambiado y las cosas nunca volverán a ser iguales. Ese es el poder de la bendición, una vez que se desata no puede retraerse. El futuro se ha reescrito. Apenas había salido Jacob… su hermano volvió; es el poder de la oportunidad, la ventaja de la pasión, la llave de la anticipación. Los últimos serán los primeros, Jacob persiguió esta verdad hasta que la alcanzó. ¿Es lícito competir en el reino? Es propio de Jacob; sin embargo, sigue siendo la carrera de la fe donde uno solo se lleva el premio y donde se ha de correr para alcanzarlo (1 Cor. 9:24). Tengamos cuidado de no andar de cazaría mientras otros toman nuestra bendición. Esaú era cazador por naturaleza y aún su padre le pidió que le trajera de su caza, no hizo nada indebido; sin embargo, llegó segundo a la repartición de riquezas del reino. ¿Le hicieron trampa? Es verdad. ¿Lo engañaron? (aunque él había engañado primero vendiendo su primogenitura y luego negándose a darla); Lo engañaron, pero solamente estaba cumpliéndose lo que anticipadamente se profetizó. Estoy seguro que si Esaú no hubiera vendido antes la primogenitura Dios no habría permitido que Jacob se llevara su bendición de esa manera. Fue su retorno de la primera cacería cuando se vendió por un plato de lentejas y no su segunda cacería lo que le privó de su bendición. Te pregunto: ¿a qué te dedicas? ¿Andas detrás de las presas de tus propias pasiones? Así se pierden bendiciones principales.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:32
27.32 ¿Quién eres tú? ¿No es una gran pregunta? De ella depende cómo vives tú, qué haces tú, y a dónde te diriges tú. Y la respuesta también es muy poderosa: “yo soy tu hijo, tu primogénito”. Es la mejor respuesta que se puede dar a Dios, siempre y cuando sea verdad. En el caso de Esaú no era del todo la verdad, pues si bien era el primer hijo nacido de acuerdo a la carne, vendió su primogenitura; por lo que ya no era más el principal. Carne y sangre no heredan el reino de Dios. Esaú no podía reclamar basado en la carne lo que desperdició en el espíritu.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:33
27.33 Isaac se estremeció grandemente, en hebreo kjarád, “temblar con terror”. ¿Quién pudo haberse llevado la bendición de primogénito? ¿Y si fue un extraño o un malvado? Por un instante en la historia temprana de la humanidad, Dios tembló ante la idea de que Adán perdiera su autoridad y señorío; más bendito sea Dios, fue Jacob el segundo hijo quien la recuperó; es decir, el segundo Adán, Cristo Jesús. La respuesta de Isaac era del todo la verdad: yo lo bendije y será bendito. Nada puede anular la bendición patriarcal, especialmente la de primogenitura. ¿No es esto maravilloso? Por medio de la fe en Cristo Jesús recibimos la bendición de Dios prometida a Abraham y nada, absolutamente nada, puede maldecir lo que Dios bendice.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:34
27.34 Como el viejo adagio: “no llores como mujer lo que no defendiste como hombre”. Esaú hizo un verdadero escándalo cuando vino sobre él lo que antes no le importó: perdió la bendición de la primogenitura. Es más cansado ser negligente, requiere más energía llorar lo que se despreció, que disfrutar lo que se tiene. La vida incrédula tiene un pesado yugo. Tiene amargura y clamor de frustración sin esperanza. Si el Padre te hablara acerca de las decisiones que has tomado, ¿te gustaría lo que oirías o clamarías con amarga exclamación? La voz de la mala siembra tiene un amargo fruto. Enseguida viene la parte de un perdedor: bendíceme también a mí. ¿Es que acaso la bendición de Dios es un producto en oferta? ¿Está Dios tirando su bendición sobre cualquier incrédulo y apático? Me pregunto: ¿lloraba Esaú por la primogenitura o por la competencia con su hermano? Su vida no mostró mucho interés ni fe por las cosas de Dios; en realidad lloraba su medalla de plata. Dios tiene suficiente poder para bendecir a todos, como de hecho lo hace en cuanto a bendiciones generales como hacer salir el sol sobre buenos y malos; pero hay algunas bendiciones que se basan en pactos y que solo pueden alcanzarse mediante la pasión de la fe.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:35
27.35 El versículo treinta y cinco comienza con una frase sumamente contradictoria: vino tu hermano con engaño y tomó tu bendición; ¿cómo es esto posible? ¿Puede arrebatarse la bendición de otra persona? ¿Y puede el engaño tomar parte en esto? A todas luces suena mal; sin embargo, Jacob lo consiguió. Ese es el poder de la pasión y de la fe, logró lo imposible. Isaac fue engañado, pero aún así su palabra, como la de Dios, se mantiene fiel.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:36
27.36 Esaú en parte tenía razón, Jacob correspondía a su nombre, era un suplantador. Pero solo la segunda vez, pues en la primera ocasión fue Esaú quien vendió la primogenitura por un plato de lentejas y luego no la entregó (25:29-34). Y quien compra la primogenitura tiene también la bendición de la misma. Esaú había menospreciado su posición de principal y pagaba consecuencias. En el reino de los cielos no es posible tener en poco alguna gracia y aún así retenerla, solo tenemos la unción que respetamos. Conservamos lo que apreciamos. Esaú no debería preguntar: ¿has guardado bendición para mí?, sino ¿he guardado bendición para mí? Él era responsable y no su padre ni su hermano de lo que acababa de perder. Aprende la lección, lo que tienes es lo que tu mismo has conservado, no culpes al destino ni al vecino; posiblemente hoy no puedas comprenderlo, pero tienes el resultado de todas tus decisiones, grandes y pequeñas.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:37
27.37 La vida en el reino de los cielos es certera, lo que se habla significa pacto y se respeta. A pesar de que Isaac fue engañado no cambia su bendición; Dios honra a quienes respetan su palabra aún cuando esto les traiga daño a sí mismos (Sal. 15:4). La bendición de primogénito que Isaac dio a Jacob representaba una gran pérdida para Esaú: Jacob sería su señor y el de sus familiares; además de que sería enriquecido por encima de ellos. La envidia, el celo y la amargura que esto causó, llevó a Esaú a deseos asesinos contra su hermano. La Palabra enseña que aun cuando Esaú procuró la bendición que perdió con lágrimas no hubo lugar para arrepentimiento (Heb. 12:17). Se dice que mientras hay vida hay esperanza; pero el tiempo de bendición tiene límites. Las consecuencias de la incredulidad rebasan esos límites y acaban con la oportunidad de arrepentirse. ¿Recuerdas a los diez espías que desanimaron al pueblo? Después intentaron entrar a la tierra y fue para su mal (Núm. 14:40-45). Dos características que aparecen prácticamente en todas las bendiciones declaradas por Dios son el señorío y la prosperidad.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:38
27.38 ¿Cuántas bendiciones tiene Dios? Incontables. La pregunta de Esaú y la respuesta de Isaac no limitan las bendiciones de Dios, sino que condicionan las mismas. Cada quien recibirá bendición; pero lo que ya se dio a uno no debe pedirlo otro. Isaac y Esaú se dicen mutua y respectivamente “hijo mío y padre mío” una y otra vez; es un momento emotivo y trágico de padre e hijo. ¿Alguna vez se frustraron tus planes familiares? ¿Lloraste o lloraron a tu lado? Un dicho popular reza: “para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo”. Esa era la situación, nada duele como lo que amas. Pero ¿qué podía hacer Isaac? ambos eran hijos. ¿Y qué puedes hacer tú, llorar para siempre? Las lágrimas de Esaú no movieron a Dios, pero la fe de Jacob sí, a pesar de su inmadurez.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:39
27.39 La bendición de Isaac hacia su hijo Esaú fue inferior a la bendición de primogénito que le dio a Jacob. Sin embargo, también contenía preciosos elementos. ¿En qué consistió esta bendición? Vivir enriquecido del producto de la tierra y del cielo; ser hombre de guerra, pero victorioso; y servir a la descendencia de su hermano hasta que se tuviera la fuerza suficiente para librarse de ella.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:40
27.40 Una constante lucha entre los israelitas y los edomitas, descendientes de ambos patriarcas. Con el tiempo, la palabra profética de Isaac sobre Esaú de librarse del yugo de Jacob, traería terribles consecuencias de sangre derramada para el pueblo de Dios. Cuidado con las palabras y los acuerdos; hoy, por salir de lo urgente, podemos cometer el error de hipotecar el futuro dañando lo relevante. El yugo era el marco de madera que unía a dos animales; se usa metafóricamente para describir la sujeción forzada.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:41
27.41 Esto demuestra que Esaú no procuraba la bendición de primogénito por un asunto de fe, sino de competencia con su hermano. Al recibir una bendición inferior, comenzó a planear la forma de matar a Jacob. El corazón de Caín se había apoderado de él. ¿Cómo puede la bendición de Dios producir que alguno aborrezca a su hermano? Es tierra que sin importar la calidad de la semilla que se le siembre produce espinos y abrojos. Aún así, quedaba un destello de bondad en Esaú, pues no intentaría nada contra su hermano mientras su padre viviera, quería evitarle el dolor y sufrimiento de Adán cuando Caín mató a Abel. Un hombre que se siente defraudado familiarmente y aún así honra a su padre tiene esperanza. Años mas tarde comprobaremos esta verdad acerca del corazón de Esaú.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:42
27.42 De nuevo Rebeca, la madre, protege a su favorito. Al escuchar las ideas homicidas de Esaú, comienza a desarrollar un plan para salvarle la vida. Esta es la actitud que debe asumir la iglesia ante los conflictos de los hermanos, buscar la manera de impedir que se hagan daño. ¿Cómo puede ser un consuelo la idea de matar al hermano? En tales tinieblas se hallaba Esaú. Estaba ignorando la Palabra de bendición de Dios dicha a través de su padre Isaac, consideraba que tenía oportunidad de cegar la vida de Jacob, ¡no creía a Dios! El Señor había anunciado el futuro de ambos y de sus descendientes, ¿cómo pues creía poder matar a su hermano? Los celos, la envidia y la rivalidad oscurecen el entendimiento espiritual al punto de hacer a un lado la Palabra de Dios. Cuando el corazón está herido pierde el discernimiento. Los caminantes de Emaús no reconocieron a Jesús a causa de la tristeza; tampoco los israelitas escuchaban a Moisés por la dura servidumbre que experimentaban. Si llegamos a pensar que podemos hacer el mal y salir airosos, debemos revisar nuestro corazón, pues en tal caso habremos caído en incredulidad y tinieblas. ¿Qué consuela tu alma? ¿Cuáles son los pensamientos que te hacen sentir bien? Si en ellos hay tinieblas, entonces el corazón se halla extraviado, herido y supurando muerte. Hay personas que imaginan que si consiguen vengarse de quien consideran les hirió, descansarán o recuperarán la paz. Nada más falso e ilusorio que eso. La muerte nunca engendra vida y la venganza no trae paz.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:43
27.43 A Rebeca no le quedó otra cosa que perder a su hijo poniendo distancia a fin de no perderlo mediante el homicidio. Era mejor perder a un hijo porque se fue y no a los dos como le sucedió a Eva con el asesinato de Abel donde pierde al asesinado y al asesino. Todo esto fue el resultado de hacer las cosas mal. El engaño y la mentira son pecados y como tales, tienen por paga la muerte. Todo lo que hacemos aparte del reino llegará también a estar aparte de nosotros algún día.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:44
27.44-45 Los hermanos no deben estar separados para siempre. Rebeca aconsejó a Jacob que estuviera con su hermano Labán por unos días, en lo que se mitigaba el enojo de Esaú. ¿Cuánto dura el enojo de los hermanos? No debiera pasar ni un solo día (Ef. 4:26). Sin embargo, esto se prolongó por muchos años. Es lamentable que un pleito que pudo haberse evitado divida a la familia por años; hay hogares así, comienzan con una rencilla y terminan separados como enemigos. ¿No debieran reconciliarse inmediatamente? Rebeca, como figura de la iglesia, no actuó correctamente en esto, pues sus consejos primeros provocaron el pleito y sus consejos siguientes la división. La iglesia debe ser un cuerpo, vivir en unidad. ¿Se suscitaron problemas entre sus miembros? No lo mutilamos, sino que les ayudamos a reconciliarse. Si hay que pedir perdón, pues a pedirlo. Si se requiere restaurar el agravio, pues a restituir la pérdida. Lo que se tenga que hacer, pero llevar a los hermanos al perdón, la reconciliación y olvido de la diferencia. Es mejor un mal rato ahora que una vida de rencor por haber evadido la reconciliación. El tiempo no siempre cura las heridas, en ocasiones sólo las profundiza cauterizando el alma. Reconciliación y no división.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:45
27.44-45 Los hermanos no deben estar separados para siempre. Rebeca aconsejó a Jacob que estuviera con su hermano Labán por unos días, en lo que se mitigaba el enojo de Esaú. ¿Cuánto dura el enojo de los hermanos? No debiera pasar ni un solo día (Ef. 4:26). Sin embargo, esto se prolongó por muchos años. Es lamentable que un pleito que pudo haberse evitado divida a la familia por años; hay hogares así, comienzan con una rencilla y terminan separados como enemigos. ¿No debieran reconciliarse inmediatamente? Rebeca, como figura de la iglesia, no actuó correctamente en esto, pues sus consejos primeros provocaron el pleito y sus consejos siguientes la división. La iglesia debe ser un cuerpo, vivir en unidad. ¿Se suscitaron problemas entre sus miembros? No lo mutilamos, sino que les ayudamos a reconciliarse. Si hay que pedir perdón, pues a pedirlo. Si se requiere restaurar el agravio, pues a restituir la pérdida. Lo que se tenga que hacer, pero llevar a los hermanos al perdón, la reconciliación y olvido de la diferencia. Es mejor un mal rato ahora que una vida de rencor por haber evadido la reconciliación. El tiempo no siempre cura las heridas, en ocasiones sólo las profundiza cauterizando el alma. Reconciliación y no división.
— Roberto Tinoco
Génesis 27:46
27:46 Rebeca no volvió a ver a Jacob. El nuevo consejo de Rebeca fue tan malo como el primero; provocó la rebeldía de Esaú. ¿Podemos imaginar a una mamá comparando a dos hijos que de por sí ya se odian? El argumento que usó para convencer a Isaac de dejar partir a Jacob fue otro golpe de menosprecio a Esaú. A esto se le llama “echarle más leña al fuego”. No negamos que las hijas del terror (Het) fueran un fastidio al alma de Rebeca, es el resultado de las uniones con yugos desiguales; pero, ¡estaba hablando de las esposas de su otro hijo! Un nuevo insulto a la lista. ¿Podía medio pasar que Esaú se casara con tan “terribles mujeres”, pero se moriría si lo hiciera su consentido hijo Jacob? Permíteme preguntarte: ¿cómo estás instruyendo a tus hijos? ¿Los comparas entre sí? ¿Tienes favoritos? Ten cuidado de no ir a destruir el carácter de alguno al menospreciarlo. Los hijos suelen vivir según el precio (aprecio) que sus padres les dan. Y lo mismo sucede con la iglesia, sus hijos se comportan según lo que se dice de ellos. Un mal común es que desde el mismo púlpito donde se elogian a los héroes de la fe se menosprecian a los santos presentes. Esto no se debe hacer. Trata a cada hijo como favorito y precioso y lo será. Trata a cada hermano como maravilloso y te sorprenderá favorablemente. Hacer lo contrario tiene el mismo efecto que tuvieron los consejos de Rebeca, los hermanos se dividen, se odian y la familia, como la iglesia, se estanca. ¡Más bendito sea Dios! …la historia continúa. En los siguientes capítulos veremos cómo la gracia de Dios cubre y restaura lo que el hombre dañó. Este es el sueño de Dios y tiene un final feliz.
— Roberto Tinoco