Antiguo Testamento
Nuevo Testamento
Tamaño de letra
Fondo de lectura
Génesis 3
El hombre y la mujer pecan
1Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?🗨📝 2Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;🗨📝 3pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.🗨📝 4Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;🗨📝 5sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.🗨📝 6Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.🗨📝 7Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.🗨📝 8Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.🗨📝 9Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?🗨📝 10Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.🗨📝 11Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?🗨📝 12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.🗨📝 13Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.🗨📝 14Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.🗨📝 15Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.🗨📝 16A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.🗨📝 17Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.🗨📝 18Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.🗨📝 19Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.🗨📝El paraíso perdido: el juicio de Dios
20Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.🗨📝 21Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.🗨📝 22Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.🗨📝 23Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.🗨📝 24Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
Actualmente seleccionado
Génesis 3: RV60
Elige un fondo
Compartir versículo
Comparar versiones
Cargando...
Génesis 3:1
3:1 Pareciera que el mal gana terreno o que los planes de Dios son estorbados; sin embargo, tal cosa es imposible. La caída del hombre estaba contemplada en el plan divino para formar al Cristo corporativo. La muerte es necesaria para la existencia de la vida de resurrección. Dios no está improvisando ni adaptando su plan según los acontecimientos, su sabiduría es tal, que todo ha sido contemplado anticipadamente. ¡Cuánta confianza nos brinda saber que Dios está en control! ¡Cuán seguro y maravilloso es nuestro Dios que permite la acción del mal para cumplimiento de sus planes sin pérdida alguna de su propósito! Es evidente que la serpiente descrita no es el animal común y corriente que conocemos como serpiente; sino una personificación del mismo diablo (Apoc. 12:9; 2 Cor. 11:3, 14). Fue un engaño portentoso, pues usó un animal de hermosas características (recuerda que su condición reptil actual es condición de la sentencia divina contra ella Gen. 3:14). De hecho, la palabra traducida como serpiente es serafian, un ser celestial de fuego, brillante y glorioso. La tentación, para serlo, ha de presentarse seductora, atrayente. Satanás es padre de mentira (Juan 8:44), capaz de disfrazarse aún de ángel de luz (2 Cor. 11:14). La serpiente era astuta… Quien es de Dios tiene sabiduría; pero quien es del maligno tiene astucia. La astucia es vista en las Escrituras principalmente como un atributo maligno y consiste esencialmente en la adulteración de la verdad (2 Cor. 4:2). …la cual dijo a la mujer… No debe tomarse el engaño de la mujer como argumento de inferioridad de su género; tal cosa no sólo es un absurdo, sino ignorancia del diseño divino. La orden de no comer del árbol del huerto fue dada por Dios al varón. La mujer recibió el mandamiento de parte del varón, por tanto, era más susceptible a ser engañada. La revelación del Padre es una gran protección; pero la transmisión de la revelación divina por parte de carne y sangre no es tan firme. Pablo decía que le era más seguro a sus lectores que él volviera a repetirles las mismas cosas (Fil. 3:1). De manera que cada creyente ha de asegurarse de ser enseñado por el Señor y no solo por los hombres (Heb. 8:11). La mujer representa el aspecto femenino entre Dios y el hombre. La Palabra se refiere a Dios en términos masculinos y a la humanidad de forma femenina (Isaías 54:5). Adán no podía ser quien fuese atacado primero, por cuanto representa a Cristo, el segundo Adán. La mujer, por su parte, representa a la humanidad, la cual es susceptible de engaño y caída. Y solo después de la caída de la mujer vemos la caída del hombre, pues fue a causa de la caída de la humanidad que Cristo descendió dejando su forma de Dios para tomar las consecuencias de la caída de la humanidad sobre sí mismo como el Hijo del Hombre. ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? La serpiente tiene la forma de un signo de interrogación. El principio de toda tentación es el cuestionamiento de la Palabra de Dios. De modo que la mejor protección para no caer es aceptar la Palabra de Dios tal cual es. El razonamiento del hombre es bueno, pero no mejor que el razonamiento de Dios. Nuestras palabras manifiestan nuestro corazón; así también, la Palabra de Dios manifiesta el corazón de Dios. ¿En dónde estará la verdad, en nuestro corazón o en el corazón de Dios? Entonces, la Palabra de Dios debe ser creída antes que cuestionada. Dios nos invita a comer su Palabra para vivir no a analizarla para descubrir (Deut. 8:3; Mat. 4:4). Toda enseñanza mentirosa se basa en la tergiversación de lo que Dios ha dicho, por eso dijo la serpiente: no comáis de todo árbol… Dios sólo había prohibido comer de un árbol, no de todos los árboles. El propósito del tentador era doble, primero establecer el dialogo con la mujer al incitarla a responderle que Dios no le prohibió de todos los árboles; y segundo, difamar a Dios como si fuese un ser egoísta y aburrido que les priva del placer. El tentador puso en duda los motivos de Dios. De manera que la tentación al hombre tiene como base el reclamo de un derecho a disfrutar algo como legítimo. Dios diseñó el placer, pero el engañador suele acusar a Dios de prohibirle al hombre ser feliz.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:2
3:2-3 La conversación es la transmisión de pensamientos. Hablar con Dios cambia al hombre; pero hablar con Satanás también lo cambia. Terminamos pareciéndonos a las personas con las que hablamos. Si conversas con Dios, serás más parecido a Él cada vez. De modo que el principio de la caída del hombre fue establecer el dialogo con el mal. Jesús nunca conversaba con los demonios, Él los hacia callar y los expulsaba. En Marcos 1:34 leemos que Jesús no le permitía a los demonios hablar. Al mal no se le responde, se le reprende. Ante la mentira de la serpiente, la mujer intentó inocentemente defender a Dios aclarando lo que en verdad había dicho. Dios no necesita defensa, su gloria llena la tierra. La Palabra dice que en las muchas palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es prudente (Prov. 10:19). La mujer habló de más añadiendo a la Palabra de Dios. El Señor dijo que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, pero nada dice la Palabra respecto de que no debían tocarlo. Esta añadidura colocó a la mujer en terreno resbaladizo. Hay quienes piensan que Adán añadió la frase a Eva de “ni le tocaréis” como un sentido de mayor protección; sin embargo, tal cosa no es posible, pues Adán habría pecado si hubiese dicho que Dios mandó algo que en verdad no dijo. Con todo, existe la posibilidad de mala comunicación accidental, de la cual siempre saca provecho el chismoso. En principio, la caída comenzó cuando la mujer tomó la posición de cabeza en lugar de su marido al altercar con la serpiente en vez de esconderse detrás de Adán (1 Tim. 2:14). Se puede culpar a Adán de dejar sola a Eva, y hay cierta razón, pues además de labrar el huerto debía guardarlo; sin embargo, ambos eran inocentes y podían ser engañados. Para Eva, actuar sin su marido fue desastroso; para nosotros, actuar sin Cristo, nuestro marido, también es desastroso y mortal. Otra falla considerable en la caída fue cómo la mujer siguió la conversación de la serpiente hablando de Dios con los términos que el tentador usaba, la serpiente llamó Elohim a Dios y así se refirió también la mujer respecto de Dios; cuando en realidad, la Palabra lo presenta dando la prohibición como Yahwéh Elohim, el Dios del Pacto. En la estrategia del diablo siempre está la de intentar desposeer o hacer a un lado los títulos de autoridad. El rebelde siempre intenta tratar como su igual a la autoridad que quiere desconocer. Satanás desconoció el Pacto de Dios y llevó a la mujer a desconocerlo también, y aún cuando fuera por inocencia, aún así la mujer quedó sin amparo. ¿Cómo podrá el hombre protegerse aparte del Pacto de Dios? Era tal el desconcierto de la mujer a estas alturas que dijo para que no muráis, como quien habla de una posibilidad, cuando la Palabra explícita de Dios fue que de cierto morirás. Un hecho sin lugar a dudas.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:3
3:2-3 La conversación es la transmisión de pensamientos. Hablar con Dios cambia al hombre; pero hablar con Satanás también lo cambia. Terminamos pareciéndonos a las personas con las que hablamos. Si conversas con Dios, serás más parecido a Él cada vez. De modo que el principio de la caída del hombre fue establecer el dialogo con el mal. Jesús nunca conversaba con los demonios, Él los hacia callar y los expulsaba. En Marcos 1:34 leemos que Jesús no le permitía a los demonios hablar. Al mal no se le responde, se le reprende. Ante la mentira de la serpiente, la mujer intentó inocentemente defender a Dios aclarando lo que en verdad había dicho. Dios no necesita defensa, su gloria llena la tierra. La Palabra dice que en las muchas palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es prudente (Prov. 10:19). La mujer habló de más añadiendo a la Palabra de Dios. El Señor dijo que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, pero nada dice la Palabra respecto de que no debían tocarlo. Esta añadidura colocó a la mujer en terreno resbaladizo. Hay quienes piensan que Adán añadió la frase a Eva de “ni le tocaréis” como un sentido de mayor protección; sin embargo, tal cosa no es posible, pues Adán habría pecado si hubiese dicho que Dios mandó algo que en verdad no dijo. Con todo, existe la posibilidad de mala comunicación accidental, de la cual siempre saca provecho el chismoso. En principio, la caída comenzó cuando la mujer tomó la posición de cabeza en lugar de su marido al altercar con la serpiente en vez de esconderse detrás de Adán (1 Tim. 2:14). Se puede culpar a Adán de dejar sola a Eva, y hay cierta razón, pues además de labrar el huerto debía guardarlo; sin embargo, ambos eran inocentes y podían ser engañados. Para Eva, actuar sin su marido fue desastroso; para nosotros, actuar sin Cristo, nuestro marido, también es desastroso y mortal. Otra falla considerable en la caída fue cómo la mujer siguió la conversación de la serpiente hablando de Dios con los términos que el tentador usaba, la serpiente llamó Elohim a Dios y así se refirió también la mujer respecto de Dios; cuando en realidad, la Palabra lo presenta dando la prohibición como Yahwéh Elohim, el Dios del Pacto. En la estrategia del diablo siempre está la de intentar desposeer o hacer a un lado los títulos de autoridad. El rebelde siempre intenta tratar como su igual a la autoridad que quiere desconocer. Satanás desconoció el Pacto de Dios y llevó a la mujer a desconocerlo también, y aún cuando fuera por inocencia, aún así la mujer quedó sin amparo. ¿Cómo podrá el hombre protegerse aparte del Pacto de Dios? Era tal el desconcierto de la mujer a estas alturas que dijo para que no muráis, como quien habla de una posibilidad, cuando la Palabra explícita de Dios fue que de cierto morirás. Un hecho sin lugar a dudas.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:4
3:4 Una vez que el tentador sacó a la mujer de la posición del Pacto y la hizo dudar de la veracidad de la Palabra, contradijo abiertamente la Palabra de Dios diciendo que no morirían. Eso es lo que significa “entonces”. La Palabra es escudo (Sal. 91:4; Efesios 6:16), pero, ¿cómo protegerá si no se usa a causa de la duda? Es escudo mediante la fe. Este era el momento de huir, pero al permanecer en el sitio de tentación, aún a sabiendas que la Palabra de Dios dice lo contrario, trae inevitable la caída.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:5
3:5 El tentador acusó a Dios de esconderles una bendición. La propia caída de Satanás fue intentar ser como Dios (Isaías 14:14), cosa que le fue negada. Pero en cuanto al hombre, el plan de Dios es que seamos hechos a la imagen de su Hijo (Rom. 8:29; 1 Juan 3:2); de hecho, el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios; entonces, ¿dónde está la tentación del diablo sobre esto? El engaño radica en ofrecer un camino alterno a la voluntad de Dios: “seréis como Dios por ustedes mismos, Dios está intentando impedirles cumplir su destino” –parecía decirle. Comer del árbol de la ciencia del bien y del mal trajo la ruina de la humanidad. Antes de probar el árbol, Adán y Eva se conducían exclusivamente por la Palabra de Dios. La voluntad de Dios era perfecta en ellos. Pero una vez que comieron del árbol de la ciencia, entró en ellos el conocimiento del bien y del mal; es decir, comenzaron a conducirse según su propio razonamiento acerca de lo que es bueno y de lo que es malo (3:7). Dicho razonamiento es lo mismo que llamamos “carne”. En Romanos 8:13 dice que si vivimos conforme a la carne, moriremos; es lo mismo que Dios le advirtió al hombre sobre comer del árbol de la ciencia; esto muestra que ambos son carne (entiéndase por carne a la naturaleza de pecado y no al cuerpo físico). Basta considerar Romanos 7 para darnos cuenta cuán mortífera y maligna es esa naturaleza, que, dicho sea de paso, no es parte del hombre, sino extraña a él, pues Pablo decía: de manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. En su origen, el hombre era espíritu, alma y cuerpo; más una vez que pecó fue constituido espíritu, alma, carne y cuerpo. Por eso es que Jesús fue hecho en semejanza de carne de pecado, para condenar al pecado en la carne (Rom. 8:3); es decir, destruir el poder de la carne matándola en la cruz. Se hizo carne para destruir la carne. El tentador dijo una verdad a medias, la cual es la peor y más engañosa de las mentiras: serán abiertos vuestros ojos… sabrán el bien y el mal. Es verdad que serían abiertos sus ojos, pero no en el sentido que les hacía creer. Parecía decirles: “es que ustedes no conocen toda la verdad, si tan sólo supieran de lo que se pierden”. El rebelde siempre acusa a la autoridad de esconder la verdad y siembra la duda a los seguidores de que son demasiado inocentes o crédulos: “hay cosas que no conoces”, “es que tu no sabes realmente cómo es”, etc. Los ojos abiertos suelen referirse a la revelación; lo cual nos muestra que hay revelación del Padre y hay falsa revelación de la carne. Jesús le dijo a Pedro: esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre (Mat. 16:17). La “revelación” del mal parece sabiduría, pero es falsa y trae malos frutos; mientras que la genuina revelación de Dios produce cosas de Dios. Jacobo escribió acerca de la sabiduría de lo alto y de la sabiduría terrenal diabólica (lea Stg. 3:13-17). Y seréis como Dios sabiendo el bien y el mal. La oferta de la serpiente era limitada, pues solo llegaba al conocimiento del bien y del mal. El hombre no sería como Dios en el sentido de la naturaleza y gloria de Dios, sino solo en cuanto a saber qué es bueno y qué es malo; era un fraude. Son treinta monedas por el mejor Hombre de todos los tiempos. Los atajos no llevan a la meta verdadera. Les ofreció un camino alterno que en realidad no tenía salida. No existe otro camino, Cristo es el Camino. Solo hay vida en el árbol de la vida.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:6
3:6 Hasta el momento, la mujer se condujo únicamente por su alma y no por su espíritu. Era difícil que fuese de otro modo, por cuanto fueron hechos alma viviente (1 Cor. 15:45), así que vivían por el alma. Y decimos que se condujo por el alma por cuanto solo ejercitó los atributos del alma: dio rienda a sus pensamientos sobre lo que la serpiente le decía, luego se dejó llevar por sus emociones al sentir agrado del fruto del árbol, y por último decidió voluntariamente comer del árbol. La mente, las emociones y la voluntad, esto es, el alma en su totalidad, fueron ejercitadas en la caída. Nadie puede resistir la tentación viviendo solo por su alma. Entre más pensamos un pecado, más apetecible parece a nuestras emociones y más frágil es nuestra voluntad para negarnos. Solo viviendo por el espíritu podemos vencer al pecado (Rom. 8:13). La mujer “vio, codició, tomó, comió y dio”; verbos por demás enfáticos que nos muestran el desarrollo del pecado. Quien se complace en ver, codiciará; quien codicia, tomará; quien toma, comerá; y quien peque compartirá con otros su pecado. El mal es en extremo contagiable. ¿Cómo detenerlo? En su fase inicial: ni siquiera mirando. Job dijo: he hecho pacto con mis ojos (Job 31:1). Los sentidos siempre están en acción, pero deben ser dirigidos por el espíritu. El proceso en la caída de la mujer es el mismo descrito en 1 Juan 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. También es comparable a la tentación de que fue objeto el Señor en el desierto (véase Marcos 4:1-11). Mira Santiago 1:14-15 cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. La mujer vio que el árbol era bueno, el pecado consiste en aprobar lo que Dios ha desaprobado y en desaprobar lo que Dios ha aprobado. Dios dijo que no comieran del árbol, con lo que lo desaprobó para el hombre, pero a la mujer le pareció bueno. Aprendamos que no importa tanto nuestra opinión como la voluntad de Dios. Y que era codiciable para alcanzar la sabiduría. La serpiente ofreció conocimiento y la mujer creyó que obtendría sabiduría. El conocimiento y la sabiduría son dos cosas diferentes, aunque parecidas. El conocimiento es básicamente información, mientras que la sabiduría es la aplicación positiva de dicha información. La trampa del conocimiento es que quien lo busca piensa que si sabe, será más capaz. Es verdad que el conocimiento es poder, pero sin sabiduría que lo aplique, el poder será para mal. La sabiduría no se alcanza con el conocimiento, sino con la vida y desde el momento que se codicia, ya se va por mal camino. Y tomó de su fruto y comió. Llama poderosamente mi atención el hecho de que Eva comiera primero del árbol de la ciencia y sin embargo, sus ojos no se abrieran inmediatamente, sino hasta después de que también su marido comiera, ¿por qué? Porque aún y cuando la mujer ejerció la cabeza al no consultar a su marido, la cabeza seguía siendo el varón; y mientras la cabeza está intacta, el cuerpo tiene esperanza. La cabeza de la serpiente habría de ser aplastada y David dio con la piedra a la cabeza del gigante Goliat. En el lenguaje bíblico, si la cabeza no cae, el cuerpo tampoco cae. Si Adán no hubiera comido, no se como hubiera sido esto, pero la caída no habría existido. Dios se refirió a ambos al prohibirles en plural comer del árbol de la ciencia. Y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Dios dijo después que Adán obedeció a la voz de su mujer (Gén. 3:17). Ella comió siendo engañada, pero él desobedeció abiertamente (1 Tim. 2:14). La mujer ejerció la cabeza indebidamente, eso fue un gran error, pero fue aún peor que el hombre lo permitiera. ¿Por qué comió Adán? No lo se. Posiblemente por empatía con su amada; quizá por cuanto miró que en apariencia nada había cambiado en ella después de comer. El hecho es que no lo hizo por inocencia ni por engaño, sino por libre voluntad; ¿y no es muy similar el pecado de muchos creyentes, quienes, habiendo recibido poder para que el pecado no se enseñoree de ellos, aún así consienten en pecar? (Rom. 6:14). Habiendo sido el hombre y no la mujer quien pecó deliberadamente y no por engaño, además de ser él la cabeza de la primera creación, fue hecho responsable de que por medio de él y no de la mujer, entró el pecado al mundo y con él la muerte (Rom. 5:12-21). Con todo, tengo una aplicación aún mejor: la mujer fue engañada y el hombre pecó voluntariamente por cuanto son un símbolo de cómo Cristo se humilló a sí mismo y se entregó por la iglesia. El hombre irredento fue acompañado por el Redentor en su caída, a fin de recuperarle, ¿habría Adán de perder a su amada dejando que solo ella fuera expulsada? ¿No bajó también el Señor al mismo Seol por nosotros?
— Roberto Tinoco
Génesis 3:7
3.7 Entonces. Es decir, por causa de comer del árbol prohibido. Fueron abiertos los ojos de ambos, fue hasta que comió Adán que se abrieron los ojos de ambos. La mujer no era cabeza. Las promesas de Satanás traen graves consecuencias; si bien se cumplió que se abrirían sus ojos y serían como Dios sabiendo el bien y el mal, no esperaban el gran mal que vendría a partir de entonces sobre toda la humanidad. Ojos abiertos es conciencia en acción. Los ojos abiertos son conocimiento, pero no siempre conveniente. Lo primero que conocieron fue su desnudez. El profeta Balaam dijo que estaba caído, pero con ojos abiertos (Num. 24:4, 16); ver no siempre es acorde a la posición, se puede estar completamente caído y aún así discernir el bien y el mal. Balaam se jactaba de tener ojo perfecto, pero ¿de qué sirve el ojo perfecto si el corazón es imperfecto? Y conocieron que estaban desnudos, fueron destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23). Dios se viste de gloria y de esplendor; es decir, de luz (Sal. 104:1-2); también Adán y su mujer estaban vestidos de esa misma gloria. Pablo dice que en la glorificación de nuestros cuerpos seremos revestidos de gloria (2 Cor. 5:4). Una vez que pecaron la luz de gloria fue retirada de ellos y conocieron su desnudez. La vergüenza tiene su origen en la falta de gloria; pero la muestra desvergonzada del cuerpo desnudo es resultado de la conciencia cauterizada. El Señor llama a la iglesia de Laodicea desnuda (Apoc. 3:17). Una congregación sin gloria es una congregación desnuda. Entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales, literalmente “cosas para ceñirse”. La “religión de delantal” es el intento deliberado de cubrir el pecado por medio de esfuerzos humanos. Basta que salga el sol de justicia para que caigan las hojas secas. Una característica del pecador es que procura primero cubrir el descrédito antes que recibir el perdón. Es lamentable que la primera obra creativa del hombre fuera un intento de esconder su culpa y vergüenza. Al mirar la línea de Caín encontramos que todos los avances en metales, música, ciudades, etc. se encuentran allí; a diferencia de la línea de Set, que se caracteriza por cuidar ganado para ofrecer sacrificios a Dios. La culpa y la vergüenza son un tremendo incentivo para la creatividad, lo mismo que un corazón vacío en intento de llenarse.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:8
3.8 ¡Cuán tierno es el Señor que no llega de improviso sorprendiéndolos, sino que anuncia su arribo! Aunque también surge la pregunta: ¿por qué no llegó antes para impedir la caída? Por dos razones, la primera, la caída estaba contemplada previamente en su plan; y la segunda, ¿cómo se le amará genuinamente sin oportunidad de dejar de amarle? Y podemos añadir una tercera razón ligada a la anterior: ¿cómo conoceríamos la inmensidad de su amor sin habernos hechos sus enemigos y aún amados por Él? El hombre y su mujer oyeron la voz de Dios, ¿qué fue lo que escucharon? ¿Llegó Dios gritando “hombre dónde estás tú”? No lo creo, prefiero pensar en el Dios feliz que llega cantando; Quien pudo cantar el día de su muerte para rescatarlos (Mat. 26:30), también puede cantar el día de su caída para visitarlos. Fue hasta después de que oyeron su voz que se escondieron y que por ende, Dios tuvo que llamarlos. Notemos que Dios tiene un carácter alegre, Él “se paseaba en el huerto, al aire del día”; ¿puede haber una mejor descripción de su felicidad y disfrute de la creación? A Dios le gusta andar en medio de su pueblo (Deut. 23:14) y estará dispuesto a pasearse en el mismo fuego, si allí estuvieren sus hijos (Dan. 3:25). “Dios vino al aire del día y no en la oscuridad de la noche cuando todos los miedos se duplican” -dijo Matthew Henry. Se presentó como un Padre intentando no atemorizarlos más de lo que ya estaban. Dios vino al hombre caído como Yahwéh Elohim, el Dios del Pacto. La mujer fue engañada cuando fue sacada de dicha Alianza, por lo tanto, Dios traía de nuevo su Pacto. Y el hombre y la mujer se escondieron de la Presencia, juntos en la caída, juntos en la vergüenza, juntos en el miedo. Es característico de quien practica el pecado que se esconde de Dios. Las tinieblas huyen ante la luz. El hombre había sido constituido pecador y trataba de escapar del Dios Santo. ¿Habrá una locura peor que la de intentar esconderse de la Presencia de Dios? La solución no es esconderse de la Presencia de Dios, sino esconderse en la Presencia de Dios. Como pastor he visto cómo el pecado va separando poco a poco al hombre de Dios, primero lo separa de las cosas de Dios como el congregarse con los santos, pero luego termina dejando al mismo Dios. ¿No buscó el hijo pródigo irse a una provincia apartada de su padre para vivir perdidamente? (Luc. 15:13). …se escondieron… entre los árboles del huerto, cuando Dios creó los árboles los vio y declaró que eran buenos; pero luego vemos al ser humano esconderse entre ellos en su caída. El hombre suele esconderse detrás de cosas buenas justificándose a sus ojos por su rebelión. Se esconde detrás de la familia, del trabajo, de la salud, etc., para desobedecer la voz de Dios. Dice el hermano Warren W. Wiersbe: “la naturaleza es una ventana a través de la cual vemos a Dios, ¡pero Adán y Eva la convirtieron en una puerta trancada para dejar a Dios fuera!”. El huerto de Edén fue hecho para deleite de Dios y el hombre, pero el pecado lo había convertido en un temible escondedero. Aún aquellas cosas que Dios nos da para nuestro deleite se transforman en espinas cuando desobedecemos a Dios. Habiendo utilizado a los árboles como el primer escudo del pecador contra Dios, no es de extrañarse que Cristo usara también un madero para reconciliarnos con Él. La cruz quitó los árboles de falsas justificaciones de entre de Dios y el hombre. Así también, suele Dios quitar todo “árbol” detrás del cual se esconda el hombre, ¿no pidió a Abraham la vida de su amado hijo?
— Roberto Tinoco
Génesis 3:9
3.9 Dios no se conformó con la ausencia humana. El que comenzó la buena obra gusta de terminarla (Fil. 1:6). La palabra “mas” significa “a pesar de todo”. “¿A dónde huiré de tu Espíritu?” –decía el salmista (Sal. Sal. 139:7-12). El apóstol Juan confirma que no fuimos nosotros quienes buscamos a Dios, sino que fue Él quien nos buscó a nosotros, le amamos a Él, porque Él nos amó primero (Juan 15:16; 1 Juan 4:10). Dios preguntó a la primera pareja lo que sigue preguntando a todo hombre vez tras vez: “¿Dónde estás tú?” Cada quien tiene sus propios árboles entre los cuales se esconde. El evangelio comienza con esta pregunta. Fue Pilatos quien respondió dónde estaba el hombre cuando presentó a Jesús diciendo: “He aquí al hombre” (Juan 19:5). ¡He allí sobre Jesús toda la ignominia humana que comenzó con una pareja escondida en un huerto! Si bien Dios llamó al hombre en sentido genérico, también es cierto que Dios llamó al hombre varón en el sentido de cabeza responsable. Aún cuando Eva fue inicial en la caída, el varón no puede eludir su responsabilidad como cabeza. Como hombre debe dar cuenta por su familia. Dios no dijo: ¿Dónde están ustedes? Sino, ¿Dónde estás tú? En principio porque los considera uno solo; y en segunda instancia, porque al tratar con la cabeza trata con todo el cuerpo. Quien entiende esto es cual Josué: Yo y mi casa serviremos al Señor (Jos. 24:15). Dios llama, luego escoge de entre los llamados, y por último, selecciona aún más de entre los escogidos a los fieles (Apoc. 17:14).
— Roberto Tinoco
Génesis 3:10
3.10 La voz de Dios puede ser un silbo apacible como con Elías o un trueno en el monte como en Sinaí; todo depende de los oídos del hombre. Si el corazón humano está bajo pecado, será dominado por el temor. Solo el amor echa fuera el temor (1 Juan 4:18). La intimidad produce gozo al oír la voz del Amado; y la infidelidad vergüenza y temor. ¡Cuán paradójico resulta oír la voz del Padre de toda bendición hablando en el mismo huerto de las delicias y tener miedo! ¿Cuál es la razón del miedo? La desnudez; es decir, la falta de gloria. Con lo cual entendemos la verdadera causa del miedo: la ausencia de gloria. El hombre no teme por el tamaño de sus enemigos ni por la cantidad de sus peligros; el hombre teme por falta de gloria de Dios en él. A eso se debe que la gente temerosa suele ser precisamente la más insegura y la de más bajo concepto de sí misma. “me escondí” –dijo Adán. ¿Cómo se esconde uno de Dios? Esa es la insensatez y ceguera del pecado. ¿Dónde podían esconderse que Dios no los hallara? ¿Acaso pensaron que Dios desistiría de buscarlos? ¿O que no le importaría no hallarlos en el huerto? ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz” (Sal. 139:7-12).
— Roberto Tinoco
Génesis 3:11
3:11 Dios motiva al hombre a confesarle su pecado; sólo así puede ayudarlo. Dios confronta el pecado. ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? Implica: ¿Cómo te diste cuenta de que perdiste la gloria? Dios no buscaba información, Él sabe todas las cosas. En realidad, Dios buscaba que el hombre confesara su pecado. Por eso es que fue aún más directo al volver a preguntarle antes de que respondiera la primera pregunta: ¿Has comido del árbol que yo te mandé no comieses? Era el momento de la confesión. El camino más corto hacia el perdón y la restauración es la confesión del pecado a Dios y el apartarse del pecado: el que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia (Pr. 28:13).
— Roberto Tinoco
Génesis 3:12
3:12 El hombre caído culpa a los demás de sus faltas. Antes de la caída, Adán llamó a su mujer: hueso de mis huesos y carne de mi carne, varona; pero después de la caída y de perder la gloria de Dios le echó la culpa de su propia rebelión. Es fácil distinguir la ausencia de gloria en un marido cuando culpa a su mujer de sus males. Reclama que su compañera le incita al mal. Y lo que es aún peor, culpa al mismo Dios de amor que le dio compañera y vino a buscarlo en su caída. El hombre dijo: “la mujer que me diste”; insinuando con ello que si no se la hubiera dado no habría caído. Nota cómo minimiza su propia participación en el pecado al decir: “y yo comí”, como si se tratase de un pequeño acto involuntario. La mujer fue engañada, el hombre fue rebelde.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:13
3.13 No fue sólo Elohim, sino Yahwéh Elohim quien preguntó a la mujer. La serpiente sacó a la mujer del pacto al referirse a Dios sólo como Elohim y ella cayó en la trampa y en la desprotección; más ahora Dios confrontaba como el Dios del Pacto. Él es fiel. La pregunta: ¿qué es lo que has hecho? también tenía el propósito de que la mujer confesara su pecado. Hay dos preguntas que todo hombre debe escuchar y responder, la primera fue dada al hombre y la segunda a la mujer: ¿Dónde estás tú? Y ¿Qué es lo que has hecho? Cuando Dios halló a Saulo camino a Damasco, Saulo hizo las dos preguntas más importantes que el hombre debe hacer a Dios: ¿Quién eres, Señor? Y ¿Qué quieres que yo haga? Hay mucha similitud en estas interrogantes; su propósito es definir posición y propósito; saber Quién es Dios y quienes somos nosotros define la posición; y saber qué desea que hagamos define nuestro propósito de vida. Quién, dónde y para qué. Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. No cabe duda que Eva estaba hecha de Adán, porque así como Adán acusó a Dios y a la mujer por su caída, así también la mujer acusó a la serpiente. Si bien la serpiente es el tentador, esto no implica que el hombre pueda escudarse de sus actos de pecado echándole la culpa. Cada quien dará a Dios cuenta de sí (Rom. 14:12). Así también, el engaño no justifica al pecador; ¿y por qué no justifica? Porque para engañar hace falta la participación del engañado con dudas y motivos equivocados. Hay tres palabras que no debieran jamás combinarse: serpiente, engaño y comer. Esta fórmula es siempre una caída. He escuchado creyentes echarle la culpa al diablo por sus propios pecados, tal actitud es irresponsable y retarda la restauración. El diablo es un miserable que tiene su propia condenación, pero cada quien es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído (Stg. 1:14-15).
— Roberto Tinoco
Génesis 3:14
3:14 Notemos que Dios no interroga a la serpiente. El Señor no esta interesado en su confesión, por cuanto ya le ha condenado. Así que simple y directamente le da sentencia. La Palabra de Dios es vida o muerte, según la persona a quien se dirige. Dios se dirigió a la serpiente con una maldición sobre el animal como un símbolo del castigo real a Satanás. Es interesante que Dios maldijera a Satanás y también al animal, e incluso maldijo la tierra; pero no maldijo al hombre, por cuanto el hombre le representa a Él mismo. Dios es bendito por los siglos. La maldición es resultado de lo que se hace. Las obras pueden cosechar bendición o maldición. Seremos mañana lo que hacemos hoy. Parece ser que la serpiente volaba como serafín antes de la caída (es la palabra que se usa para serpiente y quizá de ahí vengan las ideas de los dragones, como vemos a la serpiente en Apocalipsis), pues la maldición contra ella fue la de arrastrarse. En su origen estaba clasificada dentro de las aves y no de las bestias ni de los reptiles, pues la maldición le implicó su degradación al arrastrarse “entre todas las bestias y entre todos los animales”. Prefigura la caída de Satanás, quien se enaltece será humillado (Mateo 23:12); quiso ser como Dios y fue hecho espanto (Ezequiel 28:15-19). Comer polvo también implica una gran humillación. Arrastrarse teniendo siempre polvo en la boca es terrible. Satanás trató de subir a las alturas de Dios como quien se alimenta de gloria; pero en su lugar tiene solo un deseo irrefrenable de comer polvo, a saber, hombres corruptibles y mortales (1 Pedro 5:8). A partir de entonces, Satanás no puede dañar más allá de lo terrenal; daña el cuerpo y el alma de los hombres, pero no su espíritu ni nada celestial. Quien anda en el espíritu es intocable para Satanás. …todos los días de tu vida, la serpiente animal tiene vida, una clase de vida inferior. Pero Satanás solo tiene existencia. Todo en él es muerte. Estas palabras están dedicadas literalmente al animal y simbólicamente a Satanás. Comer polvo todos los días de la vida significa estar obsesivamente humillado.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:15
3:15 Esta la primera mención directa del evangelio. Aquí hallamos todo el plan redentor en forma de semilla. La serpiente y la mujer parecieron uno para desobedecer a Dios; pero ahora serían separadas por la Palabra de Dios. No duran unidos mucho tiempo quienes excluyen a Dios de su unidad. Comenzó la guerra de los siglos. La serpiente y la simiente de la mujer están en guerra desde el principio; sabemos quién es la serpiente, pero, ¿quién es la mujer? Si decimos que Eva, la mujer de Adán, tal guerra concluyó desde su origen, decir tal cosa es desconocer la revelación. Eva es un símbolo del pueblo de Dios. Su nombre significa viviente, porque es tanto receptora como dadora de vida. La iglesia es vista en la Biblia como una mujer, quien finalmente será la esposa del Cordero. En Apocalipsis 12 miramos a una mujer que da a luz un hijo varón; al compararla con el sueño de José descrito en Génesis 37:9-10 comprendemos que dicha mujer es el pueblo de Dios o la iglesia de todas las edades. El apóstol Juan se refería a la iglesia como “la señora elegida” (2 Juan). De modo que la serpiente y la iglesia en la Simiente que es Cristo han estado en guerra desde el huerto del Edén. Y más allá de la serpiente y la iglesia, sus respectivas simientes estarían en guerra. La iglesia tiene simiente, la vida de Cristo ha estado pasando de generación en generación a lo largo de los siglos (1 Juan 3:9). Esto es un misterio revelado en las genealogías de Cristo descritas en Mateo y en Lucas. Pero lo que es un misterio no muy conocido es la simiente de la serpiente. También Satanás ha engendrado hijos. El Señor Jesús habló a los judíos dividiéndolos en “hijos de Dios e hijos del diablo”; y lo mismo hace el apóstol Juan en su primera carta (1 Juan 3:10; Juan 8:44). Juan el Bautista les llamaba “generación (hijos) de víboras” (Mateo 3:17). ¿Quiénes son los hijos del diablo? Aquellos que tienen sus mismos deseos rechazando a Cristo, tanto judíos como gentiles. Son los que tienen naturaleza contraria a Dios. En gálatas 3:16 leemos que la simiente de la mujer, la cual pasó por Abraham, es solo una y no muchas. Esto es muy significativo, porque se trata solo de una vida transmitida de generación a generación y no de muchas vidas en relevo. Todos los hijos de Dios han sido hijos como resultado de llevar la vida de Dios en ellos. El apóstol Pedro escribe acerca del nuevo nacimiento de los creyentes diciendo: habéis nacido de nuevo, no de simiente corruptible, sino de incorruptible (1 Pedro 1:23); no dice que cada creyente sea una simiente, sino que todos llevan la vida de una sola simiente. Y el apóstol Juan escribió acerca de los santos: porque la simiente de Dios permanece en él (1 Juan 3:9). Nuevamente se habla solo de una vida en los creyentes, la vida de Dios. ¡Alabado sea Dios! Yo no soy una vida independiente; sino que la vida de Dios me hace vivir. Y usando el mismo principio, las Sagradas Escrituras tampoco hablan de varias simientes de la serpiente, sino de una sola. Le llamaré veneno (pues no puedo llamarle vida) a lo que está en aquellos en quienes no actúa la vida divina. Los hijos del diablo tienen la naturaleza del diablo, sin importar que tan buenos parezcan ser ocasionalmente; tan cierto como que los hijos de Dios tienen la naturaleza de Dios, sin importar que tan malos parezcan ser ocasionalmente. Una horrible verdad es que ambas simientes estén representadas en la misma familia terrenal. Caín y Abel fueron hermanos según la carne, y llevaban terrenalmente el ADN de Adán y de Eva; pero en cuanto a las cosas espirituales, Caín era del maligno, mientras que Abel llevaba la vida de Dios (1 Juan 3:12). No podemos elegir quienes son nuestros padres terrenales; pero si podemos elegir quién será nuestro padre espiritual por la eternidad. Debido a que la simiente de la serpiente es la que alimente el mal en los hijos del diablo, nuestra lucha jamás debe ser contra carne y sangre, sino contra principados y potestades, contra huestes espirituales de maldad (Efesios 6:12). No arremetamos contra quienes solo están siendo llevados por una naturaleza; es contra dicha naturaleza contra quien debemos pelear. Asimismo, no debemos pensar que dicha batalla sea esquivable, pues fue Dios mismo quien puso tal enemistad entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer. La lucha es real y debe pelearse. No hay posibilidad alguna de reconciliación. Amabas naturalezas se repelen entre sí y sin alguno no siente aversión hacia las inclinaciones de la serpiente, el tal no tiene la simiente de Dios. En Apocalipsis 12 se describe cómo la serpiente antigua persigue a la mujer y a su simiente, intentando sin éxito destruirles. …ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar... la herida en la cabeza es mortal; mientras que la herida en el calcañar no lo es. Dios permitió a la serpiente morder el talón del pie que le aplastaba. A través de la historia de la humanidad, la simiente de la serpiente ha perseguido a la simiente de la mujer: Caín mató a Abel; los hijos de los hombres se mezclaron con los hijos de Dios; Cam deshonró a su padre Noé; las mujeres de los patriarcas eran estériles; Faraón mandó matar a los hijos varones israelitas; los habitantes de Canaán fueron terribles enemigos de Israel; Asiria y Babilonia los invadieron cruelmente; Amán preparó un complot contra los judíos en días del rey persa Asuero; Herodes mandó matar a todos los niños judíos varones de hasta dos años de edad; etc.; pero a pesar de tanta persecución, la simiente del enemigo jamás logró destruir a la simiente de la mujer; quien, por su parte, en su expresión más alta de vida (Cristo), aplastó la cabeza de la serpiente antigua hiriéndola de muerte con su propia crucifixión y subsiguiente resurrección.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:16
3:16 Dios interrogó primero al hombre y después a la mujer; pero en su juicio, Dios primero se dirigió a la mujer antes que al hombre. En la cabeza se inicia la responsabilidad lo mismo que se concluye. Respecto a multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos, debemos preguntarnos: ¿acaso la mujer ya conocía los dolores de parto? Es un misterio que parece inferir que ya hubiera los hubiera experimentado; sin embargo, como la Palabra nada nos dice de esto, no podemos asegurarlo. A lo más, podemos decir que los dolores que Dios tenía planeados para experimentarse dentro del huerto eran insignificantes en comparación de los dolores después de la caída. Los dolores de las preñeces, lo mismo que los dolores de parto tienen como propósito restringir la libertad de la mujer caída, lo mismo que recordarle su condición. El hermano Witness Lee cita al apóstol Pablo para demostrar esto mismo: Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran. Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia (1 Tim. 5:13-14; lea también 1 Tim. 2:14-15). La maternidad es una bendición; pero las dificultades que implican el embarazo, el parto y la crianza de los hijos con una naturaleza caída requieren de tantos cuidados que mantienen sumamente ocupados a sus padres. Literalmente, el tiempo para pecar es reducido. Otra aplicación importante sobre el particular, es que el pecado trae dolor; a más pecado, mayor dolor. Espiritualmente, dar a luz también requiere de dolor. Pablo decía que volvía a sufrir “dolores de parto” por los hermanos de Galacia (Gál. 4:19). La iglesia es una mujer con dolores de parto sufriendo para dar a luz al hijo varón (creyentes vencedores) (Apoc. 12:12). Y aún la creación misma está gimiendo con dolores de parto esperando la adopción y manifestación de los hijos de Dios (Rom. 8:22). Manifestar la vida es difícil y requiere de un gran esfuerzo. A pesar del juicio del dolor, ¡cuán misericordioso es Dios que dando sentencia también declara su favor concediéndoles hijos! Y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti, Eva pecó al asumir la cabeza; por lo cual, Dios establece el principio de autoridad del varón sobre la mujer como una medida protectora contra posibles ataques futuros. Quien rompe la autoridad es sometido a la autoridad. Ella deseo la autoridad y la independencia cuando escuchó a la serpiente sin consultar a su marido; ese mismo deseo le es dado al varón legítimamente por Dios para ser cabeza de la mujer (1 Cor. 11:3). Y de hecho, las mujeres suelen mostrar cuán caídas están en la medida que son dependientes con emociones insanas a su marido. 1 Pedro 3:6 dice que Sara llamaba señor a Abraham y recomienda la misma sujeción a las creyentes como sus hijas en la fe respecto de sus propios maridos. Esto no implica maltrato de la mujer, sino bendición; pues la cabeza debe vivir exclusivamente para el beneficio de cuerpo. Una mujer sabia no se queja de la sujeción, sino del pecado por el cual se le obliga a sujetarse. Toda sujeción es un acto de fe a Dios. En la Biblia “Nueva Traducción del Arameo al Español” se traduce: “y a tu marido te volverás y él tendrá autoridad sobre ti”. Antes de la caída no hubo necesidad de establecer por decreto la sujeción de la mujer a su marido, por cuanto no vivían bajo ley, sino bajo principios de vida; la sujeción era natural hasta el momento en el que Eva decidió voluntariamente, aunque engañada, actuar por su cuenta en la tentación. La ley viene como resultado de la transgresión. Cuando se está sin redención, la sujeción es opresión.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:17
3:17 Dios se dirige ahora al varón, quizá Adán pensó que había escapado al juicio al responsabilizar a Eva, pero cada quien dará a Dios cuenta de sí. El hecho de ser sentenciado por Dios es ya una bendición, pues si después de ofenderle, todavía podemos oír su voz, somos privilegiados. Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer –la referencia a dicha obediencia tiene una connotación negativa. La mujer fue sacada del varón, este es el argumento que utiliza el apóstol Pablo para prohibir que la mujer ejerza dominio sobre el hombre (1 Tim. 2:12); de modo que la autoridad del varón no vino como resultado de la caída, sino de la creación. ¿De quién fue la culpa? Mayormente de Adán, puesto que fue él quien obedeció a la voz de su mujer por encima de la voz de Dios, lo que implica que pudo haberse negado y mantenido su autoridad. Con frecuencia las familias padecen males como resultado de hombres que ceden su autoridad o la ejercen de forma equivocada. Ser endeble por un lado o autoritario por el otro es obedecer a la mujer cediendo la autoridad, el primero es el hombre hecho siervo por su carácter endeble y pusilánime; pero el segundo, es el hombre reaccionario e inseguro que se impone ásperamente a la mujer por complejo. Ni uno ni otro tienen autoridad. Uno pierde su propia capacidad; el otro anula la capacidad de la mujer. Ambos son incompletos. Cuando de obediencia se trata, como de cualquier otra virtud, la voz de Dios tiene preeminencia. Nuestra obediencia final es a nuestro amor primero. Si Adán obedeció a su mujer por encima de la voz de Dios implica que había llegado a desplazar el amor de Dios a un segundo lugar. Dios es el primer amor por sobre todo, este es el primer y más grande mandamiento (Mat. 22:37-38). Toda caída comienza con apartarse de esta premisa. No se puede ser discípulo de Cristo sin aborrecer a cualquier otra persona o aún la vida propia (Luc. 14:26); lo que significa que en comparación, Dios es incomparable. Todo hombre sabio escuchará la voz de su mujer, aún Abraham fue instruido por Dios de escuchar y poner por obra el consejo de Sara; sin esto el hombre está a la mitad de su capacidad; pero cuando la voz del cónyuge se antepone a la voz de Dios, entonces debe ser desoída. Y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él, comer es un placer. El hombre fue diseñado para el placer, pero cuando el placer está fuera de los límites de Dios se transforma en dolor. ¿En dónde está el dolor? En el traspaso de los límites. Esto es verdad tanto con relación a comer como a la riqueza, sexo o cualquier otro placer. ¿En dónde está el placer? En disfrutar lo que Dios define como disfrute. Es placer dentro de los límites. Somos lo que comemos. Dios no quería que el hombre se transformara en un termómetro del bien y del mal, ¡cuán desagradable es una persona que siempre está juzgando! El corazón de Dios desea que el hombre viva por Él, esto es, siendo sustentado por la vida y no por la ciencia. El que añade ciencia, añade dolor (Eclesiastés 1:18). Maldita será la tierra por tu causa, siendo Adán la cabeza de la primera creación, su caída significó la ruina de la creación. Asimismo, la exaltación del segundo Adán, Cristo Jesús, significa la bendición de la segunda creación (Rom. 5:21; 1 Cor. 15.45-49). Dios no maldijo a Adán, puesto que fue creado a su imagen y semejanza; pero si maldijo la tierra que se hallaba bajo el señorío de Adán. Desde la caída, la creación entera ha estado esclavizada a corrupción y sujetada a vanidad, gimiendo con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos de Dios (Rom. 8:20-23). Cuando los hijos de Dios se levanten en gloria y por su herencia, la creación será libertada. El entorno siempre será según su ocupante. La habitación refleja la ruina o la gloria de su habitante. El mundo, desde una casa, ciudad, iglesia o hasta el mismo cosmos, será conforme a quien lo ocupe. Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Sal. 19:1); mientras tanto, la tierra denuncia la ruina de la humanidad. En el salmo 8 el salmista declara que al ver los cielos, la luna y las estrellas que Dios formó exclama ¿qué es el hombre para que tengas de él memoria?”. Nuevamente está viendo el cielo. ¿Cuál es la respuesta a su pregunta? O mejor dicho, ¿dónde está la respuesta? Mirando abajo lo sabemos: la tierra está en ruinas porque su administrador también está en ruinas. Por eso es que debemos decir: venga tu reino (Mat. 6:10); que el Señor del cielo esté como Señor de la tierra, para que la tierra sea hecha también un cielo. Con todo, ¡cuán superior es el hombre a la serpiente! Dios enjuició a la serpiente sujetándola a comer polvo de la tierra, precisamente de la tierra maldita por causa del hombre. Mientras la serpiente se arrastra, Dios pone al hombre sobre la tierra. Esto es una semilla del propósito divino para el nuevo hombre que es la iglesia: y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies (Rom. 16:20). Dios está sometiendo todas las cosas debajo de los pies del cuerpo de Cristo, a saber, la iglesia (Efesios 1:22-23). Con dolor comerás de ella, en el principio, el hombre tenía acceso al árbol de la vida; vivía por Cristo; pero una vez que pecó, habría de comer de la tierra. Esto significa que la humanidad dejaba de ser celestial para convertirse sólo en terrenal. Comer de Dios es un deleite (Sal. 16:11; Prov. 36:8); pero comer de la tierra es doloroso. La vida en Cristo es mucho mejor (Juan 10:10; Mateo 11:28-30). Comerás de ella todos los días de tu vida, se establece un final a la vida del hombre. La paga del pecado es la muerte (Rom. 6:23). El alimento terrenal es temporal. Nadie puede vivir mucho tiempo a partir de las cosas de este mundo. La vida humana es un soplo, ni siquiera se habla de sus años, sino de sus días.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:18
3.18 Los espinos y cardos en las Escrituras son mencionados juntos para referirse a juicio y desolación. La vida se vuelve difícil para el pecador. La tierra siempre produce según la semilla que se siembra; en este caso, la semilla era el pecado, por lo que la cosecha ha de ser la fatiga y el dolor. Aunque la semilla sea buena, si el sembrador es malo, la tierra será estorbada en su producción. Jesús llevó en la cruz una corona de espinas para librarnos de las malas cosechas de maldición, dolor y fatiga. Es hora de liberar nuestra mente de todo prejuicio e incredulidad. Todo trabajo en la tierra produce más fácilmente espinos y cardos que buenos frutos. Todo se destruye tan solo por no atenderlo, mientras que construir requiere de mucho trabajo. La tierra bajo maldición no necesita de nada para producir espinos y cardos, nacen y crecen solos; mientras que las buenas plantas y árboles requieren, en su mayoría, de numerosos cuidados. Esto prueba la maldición de la tierra. ¿Y no sucede igual con los seres humanos hechos de la misma tierra? ¿Acaso no producen más fácilmente malos frutos que buenos? El hombre caído, lo mismo que su tierra, está inclinado de continuo al mal. No tiene que hacer nada para ser pecador y le cuesta todo ser hecho santo. Y comerás plantas del campo, cuando Dios creó al hombre le indicó que podía comer de toda planta que da semilla y todo árbol cuyo fruto da semilla (1:29); pero después de la caída, Dios declara que el alimento humano también ha descendido. Dios ya no mencionó la semilla como requisito para que la planta pueda ser alimento del hombre, sino que sólo hace referencia a comer las plantas del campo. Por su alimento y a causa de la caída, vemos al hombre descender al nivel de las bestias (Dan. 4). Sabemos cuán grande es un hombre por su alimento, el nivel más bajo es el de aborígenes que no sólo comen insectos, sino que además son caníbales. Espiritualmente es igual, algunos se alimentan de filosofías, otros de religión; pero los más altos comen a Cristo, el pan de vida. Él es planta con semilla de vida eterna.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:19
3:19 El sudor es sinónimo de esfuerzo. Adán tendría que esforzarse para conseguir su sustento. Dicho esfuerzo ha sido un constante sufrimiento para la humanidad a lo largo de su historia; por ello fue que Jesús llevó tal suplicio sufriendo en el Getsemaní sudando como grandes gotas de sangre que caían a tierra (Luc. 22:44). Cada gota suya redimía a la tierra de las incontables gotas de sudor de los hombres caídos. El rostro de Moisés brilló después de bajar del monte donde estuvo cuarenta días con Dios, ¿cuánto más sería el resplandor del hombre antes de la caída? Sin embargo, la desobediencia cambió la gloria por sudor del rostro. A mayor desobediencia, más difícil es la vida en esta tierra (Deut. 28:15-68). El pan de la caída es pan obtenido con esfuerzo y dolor (Sal. 127:2). Por lo cual, Jesús fue hecho varón de dolores y experimentado en quebranto (Isaías 53:3). En Él, tenemos reposo. …hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás, se anuncia nuevamente la sentencia advertida: “ciertamente morirás”. Adam regresa a Adamah. Indefectiblemente el hombre ha de volver a la tierra; quien no quiso elevarse por encima del polvo ha de regresar al polvo. Pudiendo ser celestial, Adán eligió ser terrenal; de manera que su destino habría de ser la tierra. La única forma de librarse de semejante maldición es Cristo, quien fue hecho maldición, a fin de que recibiésemos la bendición (Gal. 3:13-14). En Cristo esperamos no sólo la vida eterna para nuestras almas, sino también para nuestros cuerpos en el día de la glorificación cuando todos los muertos en Cristo habrán de resucitar incorruptibles y los que estemos vivos en carne seamos transformados revestidos de gloria (1 Cor. 15:51-54). Tanto la sentencia dada a la mujer como la sentencia para la tierra y para el hombre son medidas restrictivas que Dios estableció, a fin de proteger al hombre caído de sí mismo. Los hijos y los afanes que implica su cuidado, la sujeción de la mujer al hombre, la dificultad de la tierra, así como el esfuerzo y dolor necesarios para que de su fruto y la muerte misma son establecidos como un medio de restricción del pecador. Considera: ocho horas para dormir y reponer fuerzas, ocho horas para trabajar y perder fuerzas, más ocho horas más para atender lo relativo al cuidado del cónyuge y de los hijos, así como del comer, bañarse, vestir, estudiar, etc. aunado a la fatiga, el dolor, las enfermedades, etc., ¡no hay tiempo para nada más! El hombre pecador estaría ocupado para no volverse sobremanera pecaminoso. Por esto es muy importante que ninguno sea ocioso ni desocupado. Y después de todo esto, la muerte, el mayor freno contra el pecado. ¿En qué forma frena la muerte al pecado? En que el pecador no podrá seguir pecando; ¿te imaginas, por ejemplo, que hombres como Hittler no murieran jamás? La redención de todo esto fue efectuada por el Señor Jesucristo en la cruz del Calvario; probando Él en su cuerpo nuestros dolores y muerte nos libró de terminar en el polvo, por así decirlo. Ahora tenemos vida eterna permanente en Él y nuestro destino es Dios por la eternidad. Nuevamente volvemos a ser celestiales.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:20
3:20 Mientras estuvieron sin caída, Adán consideró a Eva como parte de sí mismo. La llamó varona y la consideró una con él. Pero después de la caída la llamó con otro nombre, que si bien demuestra fe esperando que de Eva vendría la simiente que los libraría de su condición, aún así la miró por primera vez como un ser independiente de él. La división demuestra la pérdida de la imagen de Dios. Todo organismo, sea una familia o una iglesia, dividido, presenta ausencia de la imagen de Dios y demuestra condición caída. La solución para la unidad no es intentar unirnos, sino recuperar la imagen de Dios, la cual es Cristo (2 Cor. 4:4; Col. 1:15; Heb. 1:3). Eva significa “viviente”. Adán la llamó así con la esperanza en la promesa de Dios de que de ella vendría la simiente que los salvaría. Adán creyó el evangelio, supo que a pesar de la sentencia de muerte, aún había oportunidad de vida para ellos, así que llamó viviente a su mujer. Hoy podemos sentir los estragos de la enfermedad, vejez y muerte, pero bendito sea Dios por el evangelio ¡estamos llenos de vida! Eva prefigura a la iglesia, la viviente que da a luz a Cristo en los creyentes (Apoc. 12; Gal. 4:19, 27). La iglesia es la madre de los vivientes; Juan se refirió a ella como la señora elegida y a los miembros de la misma, como a los hijos (2 Juan). Ser parte de la iglesia no es un asunto de membresía, como tratándose de un club, sino de vida. Si un hombre no tiene vida de Cristo en él, no es de los vivientes; y si no es de los vivientes, aunque asista a algún lugar cargando Biblia, cantando himnos o incluso sirviendo en algo, no es hijo de Dios ni parte de la iglesia del Señor. Otra enseñanza importante de llamar Eva, Viviente, a la primera mujer es comprender que a la mujer le fue dado el guardar el código genético de la humanidad. A esto se debe que se siente atraída por aquellos hombres que expresar capacidad, productividad, carácter y resultados. Le atrae la prosperidad porque está inconscientemente cuidando el código genético de la humanidad. A eso se debe que una mujer rechace a un hombre, considera dentro de su ser, esencialmente, que dicha persona no debe reproducirse. Está reprobando, por decirlo así, la genética del tal. Por ello, si un hombre desea ser atractivo, debe rodearse de gloria.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:21
3:21 Esta es la semilla de la justificación, sustitución y redención. Para vestir a Adán y a Eva, Dios tuvo que quitar la vida a animales inocentes. Este es el primer sacrificio expiatorio, el cual, dicho sea de paso, fue ofrecido por Dios y fue ofrecido en el Edén, la morada de Dios. El Edén tenía que ser purificado antes de sacar al hombre de él. Pero aún este primer sacrificio requirió de fe, pues Adán primero declaró la vida llamando a su mujer viviente en el versículo 20 y luego Dios los vistió con pieles cubriendo su desnudez y su pecado en el versículo 21. Creer es requisito indispensable para que la sangre sea aplicada. Las hojas de higuera no eran suficientes para cubrir al hombre, como tampoco puede haber redención sin sangre. La Palabra dice que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado (Heb. 9:22; Lev. 17:11). Las obras humanas son insuficientes para cubrir sus pecados (Efesios 2:8-9). Esto es obra de Dios, es Él quien viste al hombre. Dios vistió tanto al hombre como a su mujer con túnicas de pieles. No vistió solo a uno y este vistió al otro; sino que los vistió a ambos. La salvación es individual y nadie puede ser salvo en lugar de otro, como tampoco ser Salvador de otro. Uno solo es el Salvador, Cristo. No hay otro Nombre debajo del cielo en el que podamos ser salvos (Hechos 4:12; 1 Tim. 2:5-6). Una vez vestidos, Adán y su mujer tenían la apariencia de los animales con los que fueron cubiertos. Mi opinión es que tenían apariencia de corderos. Esto es lo que significa en figura ser vestidos de Cristo, el Cordero de Dios (Gal. 3:27; Rom. 3:22; 13:14; Efes. 4:24; Col. 3:10). Cuando Dios mira al hombre en Cristo no mira a un pecador, sino a Cristo, el Cordero sin mancha y sin contaminación. Sin embargo, desde la perspectiva terrenal, la apariencia de Adán y Eva era muy inferior a su condición anterior a la caída; pues en lugar de ser luz, parecían anmales. ¡Qué grotesco debió parecerles que inocentes murieran por su culpa y ellos fueran cubiertos con sus pieles! De ahí en adelante, la humanidad estuvo animalizada, viviendo por sus sentidos. Por ello necesita a Cristo, el verdadero Cordero de Dios que lo reviste de gloria haciéndolos hijos de luz.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:22
3:22 Después de la sangre derramada, el Dios del Pacto y de la Trinidad vuelve a hablar: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal. En este sentido la serpiente no mintió; pero cuán terrible fue la omisión de las consecuencias que todo esto traería. Dios no deseaba que conociéramos el bien y el mal como un asunto de experiencia (si bien lo previó con anticipación); su anhelo es que participemos de su vida. Ser como Dios en el conocimiento del bien y del mal no es un asunto positivo, sino negativo. La rebelión les llevó a “ser como Dios sin Dios”; tal independencia no es permitida a ninguna criatura. Toda rebelión tiene el mismo principio: intentar ser la autoridad excluyendo a quien en ese momento sea la autoridad. Esto es el proceder diabólico. Nuevamente Dios se refiere a sí mismo en plural. Dios es varias Personas en un sólo Dios. Ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre, que un pecador viva para siempre es algo que Dios jamás permitirá. Por eso dio sentencias restrictivas. ¿Te imagina cuán arrogante y monstruoso sería con el pasar del tiempo un pecador inmortal? Dios sabía que el hombre intentaría revertir el juicio de la muerte comiendo del árbol de la vida, ¿no lo levantaría esto orgullosamente contra Dios aún más? ¿No sería esto peor que la caída? Pero aún más importante que esto es el hecho de considerar que no es posible participar de Cristo en una condición caída. Cristo es el árbol de la vida, en Él está la vida eterna. La premisa del reino es: apártese de iniquidad todo aquel que invoca el Nombre del Señor (2 Tim. 2:19). ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? (2 Cor. 6:14).
— Roberto Tinoco
Génesis 3:23
3.23 El huerto era delicias y bendición; pero la tierra fuera del huerto recibió maldición. Recuerda que Dios maldijo la tierra de la que fue tomado Adán. El hombre fue formado a partir de la tierra fuera del huerto. Por esto debía ser sacado del huerto para labrar la tierra fuera del mismo. El huerto es una especie de cielo, el paraíso; por tanto, el pecado no puede cohabitar con Dios. Dios no maldijo la tierra del huerto, sino aquella de la que fue tomado Adán. La tierra será de acuerdo a su morador, sea para bendición o para maldición, pues su morador es parte de la misma tierra. Nuestra familia, iglesia, trabajo, etc., es equivalente a la clase de persona que somos, pues ambos constituimos la misma tierra. A pesar de la maldición de la tierra, la tierra ha de labrarse (sea dicha tierra cualquier aspecto de la vida humana). No hay motivo para quejas, pues esto añade maldición. ¿La situación es mala? Entonces el hombre se esforzará aún más labrando la tierra; con todo, no desistirá ni abandonará su responsabilidad.
— Roberto Tinoco
Génesis 3:24
3:24 Esta es la condenación: ser echado fuera de la habitación de Dios. Además, ¿cómo podrían morir en presencia de la Vida? Todo castigo y consecuencia es soportable, menos el estar lejos del Señor. Su ausencia es la verdadera muerte. ¿Cómo se habrá sentido el hombre cuando fue expulsado por el mismo Dios de su Presencia? También esto fue satisfecho en la muerte de Cristo cuando exclamó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mat. 27:46). Su separación nos acercó (Heb. 4:16). Y puso al oriente del huerto de Edén querubines, los querubines son mencionados en las Sagradas Escrituras con relación al trono de Dios y su justicia. Por ejemplo, dos querubines estaban sobre el arca con sus rostros mirando el propiciatorio donde la sangre era derramada y donde se encendía la shekina, el fuego santo de Dios (Ex. 25:20; 2 Sam. 6:2; Sal. 80:1; 99:1). Los querubines tienen por oficio guardar la gloria de Dios (Eze. 9:3; Heb. 9:5); por eso es que fueron ellos también los comisionados para impedir al hombre la entrada al trono y gloria de Dios en Edén. Romanos 3:23 se cumplió literalmente, el hombre fue destituido de la gloria de Dios. Mientras no fuera satisfecha la justicia de Dios y su gloria reivindicada, los querubines debían impedir el acceso a Dios. La serpiente sabía muy bien que esto pasaría a Adán y Eva con su desobediencia. ¿Y cómo sabía esto? Porque él mismo era un querubín antes de su caída (Ezequiel 28:16). La entrada al huerto estaba al oriente del mismo, por eso que Dios puso allí a los querubines cual guardias. Más adelante veremos a Caín escogiendo como lugar de habitación y fundación de la primera civilización, precisamente el oriente de Edén (Gen. 4:16). El hombre se siente atraído por la gloria perdida y merodea en su derredor. Y una espada encendida que se revolvía por todos lados, no podemos saber la forma de la espada cabalmente, pero si que se refiere a una espada corta de doble filo y hasta cabe la posibilidad de que fuese curva (como pequeña cimitarra). La espada habla del castigo a la injusticia (Rom. 13:4). Era una espada encendida. El fuego representa la santidad de Dios. Él es fuego consumidor. El hecho de que la espada se revolviese por todos lados implica que no dejaba acceso alguno a nadie. La santidad de Dios no puede ser violada. Sin santidad, nadie verá al Señor (Heb. 12:14). Sus ojos escudriñan lo oculto de los corazones. Los dos símbolos juntos son justicia y santidad. Los querubines velaban por el cumplimiento o satisfacción de la justicia y la santidad del Señor, es decir, por la gloria de Dios. En el velo que impedía el acceso al Lugar Santísimo, el lugar donde la shekina de gloria se manifestaba, estaban bordados querubines como impidiendo el acceso a Dios. Cada vez que se ofrecían sacrificios una vez al año, se podía entrar a través de los querubines llevando sangre e incienso; pero todo esto fue simbólico; no fue sino hasta que Jesús, el Cordero de Dios, murió en la cruz, que el velo del templo se rasgó de arriba abajo completamente (Mat. 27:51); a partir de entonces todo el que está en Cristo puede entrar a Dios contando con la justicia, santidad y gloria de Dios satisfechas: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne (Heb. 10:19-20). Para guardar el camino del árbol de la vida, ya vimos el propósito de la expulsión del hombre, de los querubines, de la espada y del fuego: guardar el camino a la vida, basta solo añadir que la vida tiene fruto, pues es vista como un árbol; y también, hay un camino a dicho árbol (Prov. 12:28). Cristo Jesús es el Camino y también es la vida (Juan 14:6). Él es también nuestro disfrute. Lo que los querubines impiden, Cristo lo consigue. Lo que al pecador se le prohíbe, Cristo lo alcanza. Lo que Adán perdió, Cristo lo es y lo recupera. ¿Quiere alguno el Edén? Deje de buscar en los mapas y busque en Cristo Jesús.
— Roberto Tinoco