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Salmos 147
Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Salmos 147: RV60
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Salmos 147:4
TÚ ENTRE LAS ESTRELLAS «Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres» (Salmo 147:4). Dios no es astrónomo, es Padre. Las estrellas referidas pueden ser astros como nuestro sol, pero es más propio entenderlas como su familia. A Abraham le dijo que contara las estrellas del cielo y que así sería su descendencia; es claro que el propósito divino para el viejo patriarca nunca fue realizar un censo galáctico, sino fortalecer su fe para visualizar cuánta sería su prole. En cada estrella miraba un hijo y contó: «Isaac, Jacob, Judá, Rubén, etc.». En Apocalipsis leemos que la rebelión del querubín arrastró tras sí la tercera parte de las estrellas del cielo, esto es, la tercera parte de los ángeles y criaturas celestes. También, cuando José soñó a sus hermanos, los soñó como estrellas. Y el profeta Daniel hacía referencia a los entendidos salvos brillando como estrellas a perpetua eternidad. Pablo en la sabiduría de la revelación que le fue dada, escribió que el cuerpo glorificado que recibiremos será diferente uno del otro en gloria así como una estrella es más gloriosa que otra. Todo esto confirma que Dios cuenta las estrellas y a cada una llama por su nombre. No está hablando de astros, sino de personas. Esto significa que Dios te conoce personalmente. Estás en su libro y tienes nombre en su familia. Independientemente del árbol genealógico del que procedes, si has nacido de nuevo y estás en Cristo, perteneces a la familia de Dios. Y si Dios conoce a sus criaturas celestiales, créeme que te conoce aun más a ti, que eres su hijo. Sea tu familia eminente en los ojos humanos o no lo sea, con estirpe y renombre o sin ello, tu brillas en Cristo delante del Padre Celestial. No eres un cometa, sino una estrella; no eres pasajero, sino permanente. Estás lleno de luz y muchos orbitan a tu derredor. Así eres visto por los ojos divinos y así se espera que sea también tu vivir. Te encuentras en el número de sus hijos y te llama por tu nombre, que, dicho sea de paso, no es el que hoy tienes, sino uno nuevo que te ha preparado para aquel día en el que seas presentado vencedor.
— Roberto Tinoco