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Proverbios 1
El propósito de los proverbios
1Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel.🗨📝 2Para entender sabiduría y doctrina, Para conocer razones prudentes,🗨📝 3Para recibir el consejo de prudencia, Justicia, juicio y equidad;🗨📝 4Para dar sagacidad a los simples, Y a los jóvenes inteligencia y cordura.🗨📝 5Oirá el sabio, y aumentará el saber, Y el entendido adquirirá consejo,🗨📝 6Para entender proverbio y declaración, Palabras de sabios, y sus dichos profundos.🗨📝 7El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. Amonestaciones de la Sabiduría🗨📝La exhortación de un padre: adquiere sabiduría
8Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre;🗨📝 9Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello.🗨📝 10Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas.🗨📝 11Si dijeren: Ven con nosotros; Pongamos asechanzas para derramar sangre, Acechemos sin motivo al inocente;🗨📝 12Los tragaremos vivos como el Seol, Y enteros, como los que caen en un abismo;🗨📝 13Hallaremos riquezas de toda clase, Llenaremos nuestras casas de despojos;🗨📝 14Echa tu suerte entre nosotros; Tengamos todos una bolsa,—🗨📝 15Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas,🗨📝 16Porque sus pies corren hacia el mal, Y van presurosos a derramar sangre.🗨📝 17Porque en vano se tenderá la red Ante los ojos de toda ave;🗨📝 18Pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas, Y a sus almas tienden lazo.🗨📝 19Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, La cual quita la vida de sus poseedores.🗨📝La Sabiduría hace oír su voz en las calles
20La sabiduría clama en las calles, Alza su voz en las plazas;🗨📝 21Clama en los principales lugares de reunión; En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones.🗨📝 22¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, Y los burladores desearán el burlar, Y los insensatos aborrecerán la ciencia?🗨📝 23Volveos a mi reprensión; He aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, Y os haré saber mis palabras.🗨📝 24Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese,🗨📝 25Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi reprensión no quisisteis,🗨📝 26También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis;🗨📝 27Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.🗨📝 28Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán.🗨📝 29Por cuanto aborrecieron la sabiduría, Y no escogieron el temor de Jehová,🗨📝 30Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía,🗨📝 31Comerán del fruto de su camino, Y serán hastiados de sus propios consejos.🗨📝 32Porque el desvío de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará a perder;🗨📝 33Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Proverbios 1: RV60
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Proverbios 1:1
En los versículos del 1 al 7 se describe el propósito de los proverbios; fundamentalmente consiste en ser sabio en el pensar y en el vivir. Salomón es el escritor mayoritario del libro de Proverbios; hijo del rey David y descrito por Dios como el rey más sabio de todos los tiempos, dicho sea de paso, fue muy amado por Dios, un favorito. Sin embargo, tuvo setecientas princesas y trescientas concubinas, lo que a la postre inclinó su corazón hacia la construcción de templos paganos que provocaron idolatría en Israel. Posiblemente Salomón buscaba entretener, a la vez que recuperar el dinero de quienes venían a comercializar a Israel mediante dichos templos, cuya adoración incluía la prostitución. Esto desagradó severamente a Dios y provocó la división del reino. Con todo, en días de Salomón, Israel pasó de ser un reino naciente al más próspero de la tierra compitiendo con Egipto. La vida de Salomón presenta la ironía de saber cómo vivir, pero no hacerlo.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:2
El provecho de la Palabra de Dios está en entenderla; el Señor Jesús dijo que si alguno no comprende la Palabra, viene el malo y arrebata la semilla. Quien comprende con sabiduría la Palabra, entiende cómo vivir bendecido. Todo lo que existe está sustentado por la Palabra, disciérnela y sabrás cómo funciona la creación. Dos cosas son necesarias en dicho entendimiento: la primera es sabiduría y la segunda doctrina. La primera te lleva a la aplicación del conocimiento para resolución de problemas y situaciones. Esto hace la vida más fácil y exitosa. La segunda es entender doctrina, palabra que traduce un termino hebreo cuyo significado es tanto castigo como instrucción. Los proverbios te ayudan a comprender las consecuencias de las acciones y por ende, cómo evitar las malas y provocar las buenas. La segunda parte del versículo trata acerca de conocer razones prudentes, los proverbios te proveen conocimiento para una vida mejor mediante dichos sabios.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:3
Acudir al libro de Proverbios es como tener una cita con un consejo de sabios; en el cual, te proveen prudencia, justicia, juicio y equidad, cuatro palabras que traducen término hebreos cuyo significado literal es respectivamente, palabra por palabra: uno, inteligencia; dos, derecho que prospera; tres, veredicto o sentencia; y cuatro, nivel, equilibrio. Conocer los proverbios provee inteligencia, prosperidad y una vida equilibrada mediante dichos o sentencias breves.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:4
Simple, literalmente tonto. Los proverbios proveen mayor capacidad intelectual. También, le dan al inexperto o que es muchacho, un plan de vida (hebreo mezimmá), un proyecto para vivir. Eso es literalmente el significado de darle a los jóvenes inteligencia y cordura.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:5
Mientras que el tonto se vuelve más inteligente mediante el uso de los Proverbios (versículo anterior), el que ya es sabio se vuelve aun más sabio y más inteligente. Su capacidad intelectual se desarrolla. Una persona entendida o que ya tiene cierto grado de comprensión de la sabiduría, adquiere con el uso de los Proverbios herramientas para mejorar sus decisiones. Literalmente “anudará cuerdas”; es decir, decisión a decisión se forjará una vida exitosa, tanto para él como para aquellos que reciban su consejo.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:6
Los proverbios y declaraciones de este libro, te ayudan a comprender cuatro cosas descritas en este versículo: uno, frases superiores (lit.) o máximas de sabiduría; dos, aforismos (lit.); tres, palabras ingeniosas; y cuatro, enigmas o acertijos. Estas cuatro cosas son como misterios de antes de la fundación del mundo, por lo que discernirlos permite entender el origen y propósito de las cosas de esta creación.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:7
Conoces a un sabio en que se sujeta a Dios y a un necio en que no es enseñable. La sabiduría comienza con temer a Dios; por temerle comienzas a buscar cómo obedecerle. El temor de Dios no es el final ni la meta de la sabiduría, no es lo más profundo, sino su incentivo inicial. Sabiduría verdadera y no solo conocimiento. Ignorar la sabiduría es un insulto, un desprecio que ofende a Dios.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:8
8-9 Es responsabilidad del padre dar rumbo de vida u oficio al cual habrá de dedicarse al hijo; mientras que es responsabilidad de la madre el dar enseñanza de la Torá (traducción literal correspondiente a los primeros cinco libros de la Biblia); es decir, enseñar la Palabra. Esta combinación hará crecer en autoridad (adorno de gracia en la cabeza) y en distinción o gloria (collar en el cuello). Si el hijo no escucha esto de parte de sus padres, ya sea por necedad propia o irresponsabilidad de sus padres, sufrirá gran pérdida. Carecerá de autoridad y las cosas en esta vida no le resultarán bien; su vida será difícil.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:9
8-9 Es responsabilidad del padre dar rumbo de vida u oficio al cual habrá de dedicarse al hijo; mientras que es responsabilidad de la madre el dar enseñanza de la Torá (traducción literal correspondiente a los primeros cinco libros de la Biblia); es decir, enseñar la Palabra. Esta combinación hará crecer en autoridad (adorno de gracia en la cabeza) y en distinción o gloria (collar en el cuello). Si el hijo no escucha esto de parte de sus padres, ya sea por necedad propia o irresponsabilidad de sus padres, sufrirá gran pérdida. Carecerá de autoridad y las cosas en esta vida no le resultarán bien; su vida será difícil.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:10
Nadie es engañado sin su consentimiento; todo engaño apela al mal en el interior del engañado, de manera que no es víctima (salvo los niños y carentes de razón). Los pecadores suelen ser engañadores; es decir, comparten su pecado. Dios llama hijo a quien también llama a no ser engañado.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:11
Lógicamente, el engañador no es tan burdo ni directo en su seducción; el escritor está siendo irónico. Si analizamos las palabras seductoras veremos esta clase de absurdo disfrazado. Los sanguinarios buscan compañía; la crueldad se comparte para no sentirse cruel. Acechar sin motivo al inocente es propio de sanguinarios y también de cómplices necios. ¿Por qué alguno haría tal cosa? Porque las tinieblas desprecian la luz y la inocencia está del lado de la luz.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:12
El sanguinario es semejante al Seol y al abismo. Devora y traga la integridad de los inocentes dañándoles. Si tratas con crueldad a tu prójimo, especialmente al inocente, sabe que no perteneces al cielo ni a la vida, sino a la muerte y la condenación.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:13
La oferta del mal son riquezas y despojos a cambio del alma. Lo que deseas a cambio de lo que eres. Es una oferta que no te conviene, pues el bienestar no puede compararse con el bienser. Todo lo que obtengas maltratando al prójimo te pierde a ti; no te enriquece aunque parezca, en realidad te destruye.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:14
Los ladrones se ponen de acuerdo para un botín común y con ello, un destino común: la condenación. Ten cuidado quiénes son tus socios, pues podrías estar decidiendo cuál es tu camino. Con frecuencia estamos en la misma bolsa de nuestras personas más cercanas.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:15
Con el mal no se negocia, sino se separa. Del mal camino no se baja la velocidad, sino se da la vuelta. Los malos tienen veredas, intentan ahorrar el compromiso para llegar a los resultados; huye de dichas veredas, no evites la responsabilidad, el esfuerzo y el trabajo con excelencia.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:16
El sanguinario tiene prisa, está excitado por su maldad. Toma atajos para lograr resultados (vr. 15); y también corre hacia el mal. Cuando seas presionado a decidir apresuradamente, desconfía. Toma tu tiempo, piensa bien.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:17
17-18 Las aves, que no sobresalen en inteligencia, pueden librarse de una trampa cuando es puesta delante de ellos, a su vista; pero una mala persona que busca hacerle daño a su prójimo es más necio que un ave, pues él mismo coloca para sí la trampa al intentar el mal contra otro y, no siendo consciente del daño, se atrapa a sí mismo. Se hacen daño tanto interna como externamente, asechanzas a su sangre y lazo a su alma.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:18
17-18 Las aves, que no sobresalen en inteligencia, pueden librarse de una trampa cuando es puesta delante de ellos, a su vista; pero una mala persona que busca hacerle daño a su prójimo es más necio que un ave, pues él mismo coloca para sí la trampa al intentar el mal contra otro y, no siendo consciente del daño, se atrapa a sí mismo. Se hacen daño tanto interna como externamente, asechanzas a su sangre y lazo a su alma.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:19
1.19 El codicioso que llega a valorar más la riqueza que la vida del prójimo tiene como final su propia muerte. Sus sendas o decisiones cotidianas lo van dirigiendo hacia un final violento y antes de tiempo. La codicia es una bomba de tiempo que destruye a quien la lleva dentro de sí; y esto sin excepción, el pasaje dice “de todo el que es dado a la codicia”. La codicia cobra el aliento del codicioso.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:20
1.20 La sabiduría suele encontrarse en lugares públicos; las calles representan la comunicación y las plazas los sitios de reunión de su tiempo; semejante a internet y lugares de estudio. La enseñanza es que la sabiduría puede alcanzarse mediante la comunicación, está gritando a través de las sanas y escogidas relaciones públicas.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:21
1.21 Pon atención, hay sabiduría en todos lados. Está a la vista de quien la busque, examina todas las cosas y hallarás sabiduría. Pero sé selectivo poniendo especial atención y estudio en los principales lugares de reunión, es decir, aquellas instituciones, asociaciones, redes y páginas de internet que están dedicadas precisamente a la sabiduría o excelencia del oficio que deseas aprender y desarrollar. Las entradas de las ciudades era el principal lugar de concurrencia, ahí solían ponerse los mercaderes y también los jueces a resolver asuntos; la sabiduría se encuentra principalmente en el centro de las comunidades, sea dicho centro un lugar, institución o persona. Ve a la fuente de todo, allí está la sabiduría que produjo ese todo.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:22
1.22 Tres clases de personas que se impiden a sí mismos el ser sabios son: los simples, los burladores y los insensatos. Los simples son los tontos, se refiere en hebreo a la persona que es ignorante a propósito. El ignorante y el inexperto que deciden mantenerse así entran en esta categoría. Los burladores por su parte son eso, burlones que todo lo toman a mofa, para quienes reír a costa ajena importa más que saber. Y los insensatos por su parte, traduce un término hebreo que literalmente significa gordo y simbolicamente refiere al necio a propósito, no le gusta pensar por ser complaciente excesivamente consigo mismo. Sus pensamientos siguen el camino fácil, se niega a memorizar, argumentar y aprender.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:23
1.23 Los proverbios contienen la sabiduría práctica para vivir; escuchar su reprensión, esto es, su corrección, conlleva la promesa de recibir con dicha reprensión al que reprende, a saber, al Espíritu Santo. Dios da su Espíritu a quienes le escuchan. ¿Y por qué hace esto? Porque solo mediante su Espíritu podemos entender espiritualmente o de manera profunda lo que quiere decirnos e sus proverbios. Si pones atención a sus palabras, Él mismo vendrá a ti a explicarlas; de manera que estudiar la Palabra de Dios no es solo recibir algo, sino recibir Alguien. Su Palabra está Viva.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:24
1.24-26 Rechazar la sabiduría de Dios, específicamente la Palabra de Dios es rechazar a Dios. Siendo que Él promete dar su Espíritu a quienes atiendan sus palabras (versículo 23), es congruente que también retire su Presencia, así como los beneficios de su Presencia, a quienes desprecien sus palabras. Esto no sucede de inmediato como si Dios se sintiera ofendido y abandonara al tal por capricho o descontrol emocional; sino que es un proceso en el que la persona recibió oportunidades que rechazó. Dios llama al hombre y el tal no quiso responder; Dios extiende su mano al hombre y éste no quiso escuchar. Extender la mano va más allá de llamar y su desprecio también va más allá. Es la actitud grosera de ignorar, despreciar y burlar. En consecuencia, cuando llegue el momento de la necesidad no contarán con la ayuda divina. Esto no es un asunto de venganza, sino del respeto divino al libre albedrío con el que dotó al hombre, y por ese mismo respeto es que tratará al hombre como el hombre escoja ser tratado. Si el hombre se burló de la Palabra y de la compasión divina, recibirá su propia burla en el día de su aflicción. Siembra y cosecha.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:25
1.24-26 Rechazar la sabiduría de Dios, específicamente la Palabra de Dios es rechazar a Dios. Siendo que Él promete dar su Espíritu a quienes atiendan sus palabras (versículo 23), es congruente que también retire su Presencia, así como los beneficios de su Presencia, a quienes desprecien sus palabras. Esto no sucede de inmediato como si Dios se sintiera ofendido y abandonara al tal por capricho o descontrol emocional; sino que es un proceso en el que la persona recibió oportunidades que rechazó. Dios llama al hombre y el tal no quiso responder; Dios extiende su mano al hombre y éste no quiso escuchar. Extender la mano va más allá de llamar y su desprecio también va más allá. Es la actitud grosera de ignorar, despreciar y burlar. En consecuencia, cuando llegue el momento de la necesidad no contarán con la ayuda divina. Esto no es un asunto de venganza, sino del respeto divino al libre albedrío con el que dotó al hombre, y por ese mismo respeto es que tratará al hombre como el hombre escoja ser tratado. Si el hombre se burló de la Palabra y de la compasión divina, recibirá su propia burla en el día de su aflicción. Siembra y cosecha.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:26
1.24-26 Rechazar la sabiduría de Dios, específicamente la Palabra de Dios es rechazar a Dios. Siendo que Él promete dar su Espíritu a quienes atiendan sus palabras (versículo 23), es congruente que también retire su Presencia, así como los beneficios de su Presencia, a quienes desprecien sus palabras. Esto no sucede de inmediato como si Dios se sintiera ofendido y abandonara al tal por capricho o descontrol emocional; sino que es un proceso en el que la persona recibió oportunidades que rechazó. Dios llama al hombre y el tal no quiso responder; Dios extiende su mano al hombre y éste no quiso escuchar. Extender la mano va más allá de llamar y su desprecio también va más allá. Es la actitud grosera de ignorar, despreciar y burlar. En consecuencia, cuando llegue el momento de la necesidad no contarán con la ayuda divina. Esto no es un asunto de venganza, sino del respeto divino al libre albedrío con el que dotó al hombre, y por ese mismo respeto es que tratará al hombre como el hombre escoja ser tratado. Si el hombre se burló de la Palabra y de la compasión divina, recibirá su propia burla en el día de su aflicción. Siembra y cosecha.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:27
1.27-28 La sabiduría no se puede adquirir de último momento, en la emergencia, sino que debe cultivarse pacientemente amando a Dios y su Palabra (mira la nota correspondiente a los versículos 24 al 26).
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:28
1.27-28 La sabiduría no se puede adquirir de último momento, en la emergencia, sino que debe cultivarse pacientemente amando a Dios y su Palabra (mira la nota correspondiente a los versículos 24 al 26).
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:29
1.29-31 Hacer lo que quieres puede parecerte libertad, pero es todo lo contrario. No confundas la anarquía con la libertad. No eres tan sabio como para no equivocarte, necesitas el consejo de Dios; ni eres tan poderoso como para librarte de la consecuencia de todos tus errores, necesitas la misericordia de Dios. Por tanto, no menosprecies su sabiduría, es decir, su Palabra. Finalmente comerás lo que sembraste. El libre albedrío no es un permiso para hacer el mal. La creación entera tiene causa y efecto. Tu voluntad es una causa, pero la misma tendrá su efecto. No intentes borrar el efecto argumentando libertad de causa. La ley del libre albedrío te permite decidir la causa, pero te impide decidir el efecto. Puedes calcularlo para tomar una mejor decisión, pero tendrás finalmente las consecuencias de lo que hayas elegido. El privilegio del libre albedrío es que no se te impone un estilo determinado de vida; puedes vivir como gustes, sin embargo, esto no significa que no tengas consecuencias de tus acciones, solo que eres libre para decidir, más no lo que habrás de recibir. Por ello es que desde el principio el ser humano fue puesto ante la posibilidad de escoger entre dos árboles, no que hubiera algo bueno en uno y algo malo en otro necesariamente, pues todo lo que Dios creó es bueno; pero sí que el hombre es probado en el ejercicio del libre albedrío para que escoja la vida y evite lo que puede dañarle. Como hacemos con los niños, a quienes enseñamos a decidir por aquellas cosas que les hacen bien por encima de las que no convienen. Como dice la Escritura: …os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Dt. 30:19). Así que tienes libre albedrío como un don extraordinario, no como una licencia para el mal; pues además del albedrío te fue obsequiado también otro don maravilloso, el don de la moralidad. Eres un ser moral que lleva en su interior de manera nata el bien y el mal como llevamos el placer y el dolor y el uno limita al otro. Tu sabes que en el momento en el que el dolor aparece es porque te advierte de que algo está mal en tu cuerpo y es momento de atenderlo. Todo ser humano, independientemente de la educación, siente o percibe sensaciones de paz o de falta de paz por lo que hace, haciendo saber de esta manera qué hace bien o ha hecho mal.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:30
1.29-31 Hacer lo que quieres puede parecerte libertad, pero es todo lo contrario. No confundas la anarquía con la libertad. No eres tan sabio como para no equivocarte, necesitas el consejo de Dios; ni eres tan poderoso como para librarte de la consecuencia de todos tus errores, necesitas la misericordia de Dios. Por tanto, no menosprecies su sabiduría, es decir, su Palabra. Finalmente comerás lo que sembraste. El libre albedrío no es un permiso para hacer el mal. La creación entera tiene causa y efecto. Tu voluntad es una causa, pero la misma tendrá su efecto. No intentes borrar el efecto argumentando libertad de causa. La ley del libre albedrío te permite decidir la causa, pero te impide decidir el efecto. Puedes calcularlo para tomar una mejor decisión, pero tendrás finalmente las consecuencias de lo que hayas elegido. El privilegio del libre albedrío es que no se te impone un estilo determinado de vida; puedes vivir como gustes, sin embargo, esto no significa que no tengas consecuencias de tus acciones, solo que eres libre para decidir, más no lo que habrás de recibir. Por ello es que desde el principio el ser humano fue puesto ante la posibilidad de escoger entre dos árboles, no que hubiera algo bueno en uno y algo malo en otro necesariamente, pues todo lo que Dios creó es bueno; pero sí que el hombre es probado en el ejercicio del libre albedrío para que escoja la vida y evite lo que puede dañarle. Como hacemos con los niños, a quienes enseñamos a decidir por aquellas cosas que les hacen bien por encima de las que no convienen. Como dice la Escritura: …os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Dt. 30:19). Así que tienes libre albedrío como un don extraordinario, no como una licencia para el mal; pues además del albedrío te fue obsequiado también otro don maravilloso, el don de la moralidad. Eres un ser moral que lleva en su interior de manera nata el bien y el mal como llevamos el placer y el dolor y el uno limita al otro. Tu sabes que en el momento en el que el dolor aparece es porque te advierte de que algo está mal en tu cuerpo y es momento de atenderlo. Todo ser humano, independientemente de la educación, siente o percibe sensaciones de paz o de falta de paz por lo que hace, haciendo saber de esta manera qué hace bien o ha hecho mal.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:31
1.29-31 Hacer lo que quieres puede parecerte libertad, pero es todo lo contrario. No confundas la anarquía con la libertad. No eres tan sabio como para no equivocarte, necesitas el consejo de Dios; ni eres tan poderoso como para librarte de la consecuencia de todos tus errores, necesitas la misericordia de Dios. Por tanto, no menosprecies su sabiduría, es decir, su Palabra. Finalmente comerás lo que sembraste. El libre albedrío no es un permiso para hacer el mal. La creación entera tiene causa y efecto. Tu voluntad es una causa, pero la misma tendrá su efecto. No intentes borrar el efecto argumentando libertad de causa. La ley del libre albedrío te permite decidir la causa, pero te impide decidir el efecto. Puedes calcularlo para tomar una mejor decisión, pero tendrás finalmente las consecuencias de lo que hayas elegido. El privilegio del libre albedrío es que no se te impone un estilo determinado de vida; puedes vivir como gustes, sin embargo, esto no significa que no tengas consecuencias de tus acciones, solo que eres libre para decidir, más no lo que habrás de recibir. Por ello es que desde el principio el ser humano fue puesto ante la posibilidad de escoger entre dos árboles, no que hubiera algo bueno en uno y algo malo en otro necesariamente, pues todo lo que Dios creó es bueno; pero sí que el hombre es probado en el ejercicio del libre albedrío para que escoja la vida y evite lo que puede dañarle. Como hacemos con los niños, a quienes enseñamos a decidir por aquellas cosas que les hacen bien por encima de las que no convienen. Como dice la Escritura: …os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Dt. 30:19). Así que tienes libre albedrío como un don extraordinario, no como una licencia para el mal; pues además del albedrío te fue obsequiado también otro don maravilloso, el don de la moralidad. Eres un ser moral que lleva en su interior de manera nata el bien y el mal como llevamos el placer y el dolor y el uno limita al otro. Tu sabes que en el momento en el que el dolor aparece es porque te advierte de que algo está mal en tu cuerpo y es momento de atenderlo. Todo ser humano, independientemente de la educación, siente o percibe sensaciones de paz o de falta de paz por lo que hace, haciendo saber de esta manera qué hace bien o ha hecho mal.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:32
1.32 El ser humano no vive en este mundo lo suficiente como para dejar de ser un inexperto. Apenas está aprendiendo a vivir y se muere; por tanto, necesita la sabiduría de los siglos vertida en la Palabra de Dios. Y cuando en la necedad de su inexperiencia el hombre llega a alcanzar cierto grado de prosperidad, suele resultarle para mal. Se enorgullece confiando en sí mismo, lo que le pierde aun más respecto de la vida eterna, si no es que en esta vida tira su propia vida.
— Roberto Tinoco
Proverbios 1:33
1.33 Oír en el sentido de obedecer; no es lo que aprendes, sino lo que practicas lo que te da una buena vida. Cuida tu cerebro, pero cuida aún más tu corazón. ¿Por qué algunos no viven tranquilos? Por no confiar en la Palabra y sabiduría de Dios. La preocupación es desconfianza y como tal, también mide la desobediencia.
— Roberto Tinoco