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Cantares 1
Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Cantares 1: RV60
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Cantares 1:1
1.1 Dios se inspiró en su amor por la iglesia; Salomón es la figura de dicho amor. Literalmente se traduce: “de los cantares el cantar de Salomón es”. La Biblia contiene muchos cánticos, himnos, salmos y doxologías. Es eminentemente musical. Dichos cantos hablan toda clase de temas y son verdaderamente hermosos; sin embargo, cuando Dios compuso el Cantar de los cantares Él mismo lo llamó así, porque tratándose de una canción dedicada a su amada iglesia, su Espíritu se desbordó de pasión. ¡Este es su más excelente canción! ¡Y todo por causa de su amor por nosotros! Jamás llegaremos a entender la frase “de tal manera amó Dios…” (Juan 3:16). Saber cuanto nos ama es el principio de nuestro amor por Él. “Le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). De las mil cinco canciones que compuso Salomón (1 Reyes 4:32), los cinco cantos de Cantares son los únicos que fueron integrados al canon bíblico (a excepción de los salmos 72 y 127). Esto no es casualidad. Salomón podía ser un gran compositor, Dios lo había capacitado para ello, pero tratándose de la amada iglesia del Señor, la pluma del Salomón terrenal era demasiado pobre. Fue la inspiración del Espíritu Santo compartiéndole su aliento de amor lo que le llevó a componer Cantares. En Efesios 2:10 leemos que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús…”. La palabra griega traducida como hechura es poiema, de donde proviene nuestro termino latino poema. La iglesia es el poema de Dios y fue creada en Cristo con la inspiración de su amor. Esto nos muestra que la iglesia guarda un lugar muy especial en el corazón de Dios. De hecho, Dios creó todas las cosas a fin de producir a la iglesia como la esposa de su Hijo. Esto es ilustrado en Adán, llamado hijo de Dios (Lucas 3:38); quien, cuando fue creado estuvo primero solo, no pudiendo por esto decir el Creador que era bueno, como en los demás días de la creación si lo dijo (Génesis 1:10, 12, 18, 21, 25); por el contrario “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Con esto ejemplificaba que Dios mismo estaba solo en la eternidad anterior a la creación. Y así como los animales no fueron por compañía de amor a Adán por no ser idóneos, esto es, semejantes a Él; así tampoco ningún ser creado por Dios antes de la iglesia puede compartir su amor por no ser hechos a imagen y semejanza de Él. Así como Eva fue sacada del costado de Adán mientras este dormía para ser luego uno con él; así también la iglesia salió del costado herido de Cristo mientras éste “dormía” en la cruz para ser hecha uno con Él (compara Génesis 2:18-25 con Juan 19:33-35 y Efesios 5:25-32). Para un Salomón hace falta una sulamita (femenino de Salomón). La iglesia es el femenino de Cristo. Si existe Cristo ha de existir la iglesia. Si hay Amado hay amada y si hay amados no pueden faltar canciones. En Isaías 5 hallamos “el cantar del Amado a su viña”. En él vemos el gran amor del Amado y la superabundante provisión que dio a su viña. También encontramos que la viña, el pueblo del Señor dio frutos contrarios a la expectativa del Amado; lo cual trajo su desolación. Hermanos, el Amado canta de amor por nosotros y en su amor nos provee de todo lo necesario para nuestra maduración. Respondamos a su cántico amándolo también nosotros. La adoración madura es antifonal. Dios canta de amor a su pueblo y su pueblo le responde por amor también con cánticos.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:2
1.2 La iglesia esposa desea la gracia que viene de la Palabra de Cristo y el gozo de su comunión. Besar es la mejor demostración del amor humano. En los tiempos del rey Salomón era concedido ocasionalmente que alguna persona muy digna besara a los monarcas en su pie como señal de honra (Sal. 2:12 “besad al Hijo” traducción literal). Y cuando se trataba de personalidades muy especiales se les permitía que besaran al rey en su mano; ¡pero la sulamita está anhelando que el Rey la bese a ella! Su pasión desea los labios del Amado. Besarse en la boca es el beso más íntimo. No se trata pues, de un beso de honra o de afecto, sino de amor apasionado que pasa por alto las costumbres y los límites. La amada desea los besos del amado, en plural, no el beso, sino los besos; no la aprobación, sino la pasión. La iglesia-esposa va más allá, mucho más allá de la liturgia establecida por los hombres, porque sabe que el paladar del Amado es dulcísimo (Cantares 5:16). Anhelar semejante intimidad con un rey terrenal era peligroso, bástenos recordar a Ester temiendo por su vida tan solo por presentarse ante el rey Asuero sin ser llamada (Ester 4:11). La iglesia-esposa sabe que una adoración tan apasionada por Cristo es escándalo para los demás cristianos (vea 8:1), pero está dispuesta a correr cualquier riesgo. ¿Recuerdas a aquella mujer impura de mala fama que, entrando a una reunión de hombres, soportando las miradas lascivas y críticas que se cernían sobre ella por ser prostituta, llenó de lágrimas los pies del Maestro, los secó con sus cabellos, los besó y ungió con perfume (Lucas 7:38)? No debió ser fácil para ella. Fue criticada y menospreciada. Por ello no llegó de frente al Maestro, sino detrás de Él, a sus pies (recuerda que antes se reclinaban para comer). Esta mujer no tuvo tiempo para la liturgia y presentación correctas, tampoco alcanzó a santificarse primero. Era tanto su amor que sólo pudo tirarse a los pies del Señor a llorar y besarlos. La iglesia-novia no tiene tiempo que perder, mientras aprende a adorar, hace todo lo que puede por besar al Rey. Y más maravilloso aún, es considerar que el Rey también desea besar a la iglesia-novia. En Lucas 15:20 vemos al padre del pródigo corriendo hacia él y besándolo a pesar de su olor a cerdos y pecado; ¡cuánto más no será el amor de Cristo hacia su iglesia ya limpia y ataviada con santidad para Él! (Romanos 5:10; 8:32). Entendemos que nuestra alma tiene sed de Dios y aún nuestra carne lo anhela como la tierra sedienta al agua (Sal. 63:1), pero, ¿cómo puede Cristo besar a la iglesia-novia? Dice el Salmo 45:2 “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.” Estas palabras son dirigidas a Cristo. El Salmo 45 es un salmo mesiánico (“dirijo al rey mi canto”, dice el versículo 1). Los labios de Cristo están llenos de la gracia de Dios, el apóstol Juan dice que “de su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). De manera que Dios besa a la iglesia-novia derramando sobre ella más y más gracia divina, mientras ésta le brinda el fruto de sus labios, la adoración apasionada. En el beso boca a boca se transmite el aliento. El aliento es sinónimo bíblico del espíritu y de la vida. Dios sopló en el primer hombre aliento de vida después de formarlo del polvo de la tierra (Génesis 2:7). Por ello la sulamita clama anhelante por los besos del Amado; la iglesia necesita el aliento de Dios para adorarle. Todo lo que respira alabe al Señor, dice el Salmo 150. La adoración y la alabanza son producto del aliento del Señor. Necesitamos el soplo del Espíritu para adorarle. Clamemos con pasión por los besos del Amado: ¡Oh, ¡qué Él nos transmita su aliento de vida para adorarle! Por su parte, “los besos de su boca” son también la transmisión de su Palabra. La Palabra de Dios sale de la boca del Amado. Sus promesas nos besan y sus dichos nos transmiten su aliento, esto es lo que significa “alentar”. La Palabra de Dios que sale de su boca es nuestra delicia. La Palabra del Amado es creativa, con ella hizo los cielos y la tierra y por ella somos nuevas criaturas. Su Palabra nos produce la fe que incita la intimidad de la adoración. Anhelamos su Palabra, ¡anhelamos los besos de su boca! No podemos dejar de lado quiénes serán besados como esposa del Cordero. En Proverbios 24:26 leemos “Besados serán los labios del que responde palabras rectas”. De manera que no todo el que se profesa cristiano recibirá el beso del Señor, sino que la gracia y el aliento vivificante del Señor es en esta relación de amor para aquellos que descubren y buscan de corazón el lenguaje del romance entre Dios y el hombre. Nadie desea besar la boca sucia; Dios tampoco besará al inmundo de labios si primero no se limpiare. “El que ama la limpieza de corazón, por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey” (Prov. 22.11). Luego, la amada compara el amor del Amado con el vino diciendo que es mucho mejor. De hecho, se refiere a “los amores” en plural, pues son una alusión a las caricias del Amado (Proverbios 7:18). ¿Cuáles son las caricias del Amado? ¿Acaso tengo que responder esta pregunta después de tanto amor que nos ha dado? (lea Efesios 3:17-19). Por su parte, el vino en la Biblia es símbolo del gozo (“el vino que alegra el corazón del hombre” Salmo 104:15). De manera que las caricias de Cristo, esto es, las riquezas y bondades de su amor producen gozo a la iglesia-novia, un gozo más grande que el producido por cualquier otro medio. La sulamita ha conocido los efectos del vino, por eso puede comparar los amores del Amado con dichos efectos, hallando mucho mejores los amores de Cristo. Hebreos dice que Moisés encontró el vituperio de Cristo como mejores riquezas que los tesoros de los egipcios (Heb. 11.26). La iglesia se compone de personas redimidas del mundo. Conocimos sus efectos y placeres, pero el disfrute de Cristo es incomparablemente mucho mejor que todo lo que vivimos. Conocemos quién no es parte de la iglesia-novia por su falta de gozo y de disfrute de Cristo, especialmente durante “los amores”, a saber, la adoración. Si anhela el mundo aún no ha experimentado verdaderamente los amores del Amado. No es extraño que el primer milagro que hiciese nuestro Señor Jesucristo durante su ministerio terrenal fuera convertir el agua en vino, ¿en dónde? ¡Precisamente en las bodas de Caná de Galilea! (Juan 2:1-11). Esta fue una señal de su amor y de su vida. ¡Aleluya! Sin vino no hay bodas. Sin amor no hay matrimonio. Pero su amor es nuestro vino, Él nos embriaga de gozo, su amor nos conduce a las bodas del Cordero. Por esto también es que el Nuevo Pacto está sellado o confirmado con vino. Solo que en esta ocasión no es el agua la que fue transformada en vino, sino simbólicamente la propia sangre de Cristo como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (Mateo 26:28; 1 Pedro 1:19). Bien podemos ver el Nuevo Pacto como el compromiso previo de bodas, algo así como el pedir a la novia. ¡Fuimos pedidos en el Calvario por el Padre para ser la esposa del Hijo! (2 Corintios 11:2; Génesis 24; Efesios 5:25-27; Salmo 45:10-11).
— Roberto Tinoco
Cantares 1:3
1.3 El olor de Cristo es el olor de vida que atrae. Su atracción consiste en ser vida derramada. Tú que estás enamorado de Cristo: nota el cambio de tercera a segunda persona que hace la sulamita. En el versículo dos dijo: “si Él me besara”; pero al no poder detener la pasión, se dirige al Amado directamente en el versículo tres: “Tu Nombre es…”. Cuando adoramos al Señor frecuentemente hablamos acerca de Él; pero si nuestra pasión por Él no nos impulsa luego a dirigirnos en adoración a Él, entonces nuestro amor requiere crecer. A esto se debe que con frecuencia la alabanza nos guíe a la adoración (vea por ejemplo 2 Crónicas 29:30). En oriente antiguo tenían la costumbre de untarse aceite de oliva perfumado con especias después de bañarse para una mejor presentación. Cristo es el Ungido de Dios. La palabra Cristo en griego y Mesías del hebreo significan literalmente “Ungido”. Él nos ha enamorado con su perfumada unción: en Éxodo 29:2 menciona que se utilizaba el aceite de oliva para preparar el pan sagrado. Cristo es el Pan del Cielo ungido por Dios con su Espíritu como nuestro alimento (Juan 6:51). Él nos atrae porque satisface verdaderamente nuestra hambre. La iglesia es satisfecha cuando adora al Señor. Se ungía a los sacerdotes, a los profetas y a los reyes. Nuestro Amado es tipificado en Melquisedec como nuestro Sacerdote-Rey (Heb. 5:6,10; 6:20; 7:1-17); y también es el Profeta anunciado por Moisés (Dt. 18:18-19; Hch. 3:22-23; 7:37). Sus oficios nos atraen. ¿No sentimos nuestro corazón arder por Cristo cuando lo vemos por la fe intercediendo por nosotros? ¿No se inflama la pasión en adoración al mirarlo majestuoso Rey en su trono de gloria? ¿No se postra ante Él por causa de su palabra profética? El olor de sus oficios es maravilloso y atrayente. En Éxodo 27:20 leemos que se usaba el aceite de oliva fresco y puro para hacer arder las lámparas continuamente delante de Dios en el tabernáculo. Mientras que en Apocalipsis 1:20 hallamos revelado que los candeleros son la iglesia. ¿Cómo puede mantenerse la iglesia encendida y alumbrando? Todo en la iglesia debe percibir los suaves ungüentos de Cristo. El olor de Cristo es la fragancia de su Persona que llega a nosotros a través del Espíritu. Este perfume mantiene encendida la pasión de la iglesia. Sin el olor de Cristo la iglesia se transforma en religiosa y fría, pero al percibir su olor nos encendemos de amor por Él. No podemos adorar a menos de que percibamos el olor del Amado. Dice Proverbios 27:9 que “el ungüento y el perfume alegran el corazón del hombre”. ¡Cuánto gozo tiene el creyente al descubrir el olor de Cristo! ¿Quién puede mantenerse en un estado permanente de tristeza mientras adora al Señor? Iglesia: ¡Cambia tu lamento en baile adorando al Señor! Oye la voz del Amado, Él ha ordenado: “…que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (Isaías 61:3). El olor de Cristo nos hace felices. El Salmo 104:15 declara que el aceite hace brillar el rostro. ¿Haz visto brillar el rostro del Ungido? Contempla la hermosura del Señor para que puedas enamorarte de Él (Sal. 27:4). Admira los atributos del Amado y no podrás resistirte a adorarle. Al considerar la historia de Cristo notamos que su vida sobresale en mucho de la de cualquier otra persona. Él es atractivo sin igual. En ningún otro hombre se ha visto la unción de Dios como en Él. Él es el Cristo, el Ungido de Dios por excelencia. Pero, ¿cómo fue ungido y por qué? La respuesta está en el salmo 45:7-8 “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; desde palacios de marfil te recrean.” ¡Los suaves y atrayentes ungüentos del Señor son resultado de su consagración! Líneas atrás dijimos que la costumbre oriental era bañarse y luego ungirse con aceite de olivas perfumado con especias. El baño es primero. El suave olor de Cristo que nos atrae es su santidad. Somos atraídos en nuestra bajeza por su grandeza; en nuestro pecado por su santidad; en nuestra indignidad por su dignidad; en nuestros fracasos por su victoria; y en nuestra corrupción por su gloria. En cierto modo, este atractivo del Amado implica que la iglesia desea más de Cristo porque anhela ser como Cristo. Por su parte, los ungüentos del Amado son suaves. El atractivo de la unción de Cristo es sutil. No se ha presentado a nosotros como un poderoso guerrero que obliga a sus conquistados a postrarse ante Él; por el contrario, hemos conocido a un sencillo carpintero galileo, nacido en un establo. Pero la sutileza de su amor no ha mermado su efectividad, aún así ¡nos ha conquistado y movido por amor a postramos de adoración ante Él. Sin embargo; al ser los ungüentos del Amado suaves y delicados, requieren del olfato de la Sulamita. El olfato de la iglesia es el discernimiento espiritual. Cristo no tiene un solo ungüento, sino que la palabra habla en plural: “ungüentos”. La iglesia requiere de olfato espiritual para percibir los distintos aromas de la gracia de Cristo. Unos alcanzan a oler la justificación y el perdón de los pecados; ellos aprecian el olor de la sangre del Cordero. Otros alcanzan a percibir la santificación de sus almas; ellos han adiestrado su nariz espiritual para ser santos en Cristo. Otros huelen su sanidad; para ellos Cristo tiene olor de salvación. Algunos perciben la glorificación venidera de sus cuerpos; para éstos, Cristo huele a gloria. Y así pudiéramos dar ejemplos sin final. Pero existe un número un poco más reducido de apasionados por Cristo, cuyo olfato ha sido adiestrado por amor. De tanto oler a Cristo por la cercanía con Él han llegado a descubrir el olor de su Persona detrás de sus perfumes y gracias. No confunden los aromas, saben combinarlos. La unción no es lo primordial, sino el Ungido. Enseguida la Sulamita hace referencia al Nombre del Amado: “tu Nombre es como ungüento derramado”. La referencia al Nombre del Amado va mucho más allá del nombre de Salomón. Aquí hay un juego de palabras hebreas combinadas poéticamente de manera magistral. La palabra hebrea traducida ungüento es shemen; se refiere al aceite de oliva mezclado con fragancias para hacerlo perfume. Mientras que la palabra hebrea traducida como nombre es shem, y tiene la connotación de renombre o reputación. ¿Qué significa esto? ¡Que el Nombre del Amado es perfume derramado! ¿He valorado el Nombre del Señor lo suficiente como para que sea parte de mi adoración? Dijimos que shem significa nombre en el sentido principal de renombre, reputación y fama. “Mejor es la buena fama que el buen ungüento...” (Ecl. 7:1). Aplicado a Cristo viene a ser su renombre y buena fama. El perfume no extiende su olor a menos de que sea derramado. La primera aplicación que encuentro a lo anterior es la forma en la que el Nombre del Señor Jesucristo logró preeminencia histórica y universal. El profeta Isaías anunció: “…yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte…” (Isaías 53:12). Por cuanto el Hijo de Dios se humilló hasta lo sumo, Dios también le exaltó hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo nombre. Toda rodilla se doblará ante Él y toda lengua le confesará Señor (Fil. 2:6-11). La segunda aplicación sobre el olor del Nombre de Cristo es que la iglesia-esposa expande el olor del amado proclamándolo. La adoración de la iglesia extiende la gloria del Nombre del Señor al proclamar sus virtudes: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida” (2 Corintios 2:14-16). La iglesia-esposa tiene el privilegio de dar a conocer el maravilloso Nombre del Esposo, debe derramar el perfume de la Presencia de Cristo, especialmente a través de la adoración; por ejemplo, la Palabra nos dice: “Y puso delante del arca de Yahwéh ministros de los levitas, para que recordasen y confesasen y loasen a Yahwéh Dios de Israel” (1 Crónicas 16:4). Esto es parte de dar a conocer el dulce olor de su conocimiento: recordar al Señor, proclamarlo, confesarlo, loar, invocar cantando, etc., etc. “Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” (Ex. 9:16). “Alabad a Jehová, invocad su nombre, dad a conocer en los pueblos sus obras. cantad a él, cantadle salmos; hablad de todas sus maravillas. Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Yahwéh” (1 Crónicas 16:8-10). “En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Yahwéh; pues, aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Yahwéh, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Yahwéh, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel” (Isaías 12). “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Juan 17:26). Una tercera aplicación la encontramos en Marcos 14:3 “Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza”. El perfume es liberado hasta que el vaso es quebrantado; así mismo, habiendo puesto Dios en nosotros el olor de Cristo, es imprescindible un espíritu contrito y humillado para liberar su perfume. Tenemos el ministerio de gloria, Dios ha puesto su tesoro en nosotros, vasos de barro (2 Corintios 4:1,7), por tanto, liberemos su perfume con adoración, quebrantemos toda soberbia y apatía. Seamos expresivos, demos a conocer su aroma con libertad. Cristo alcanzó renombre humillándose y también la iglesia le exalta cuando se humilla. Hemos visto la manera en la que el Nombre del Señor es como ungüento derramado. Así la unción de su Persona es transmitida a otros, dando como resultado que otros perciban el olor de Cristo y lleguen a amarlo. A esto se debe que la Palabra diga: “Por eso las doncellas te aman”. Quien percibe el olor del Amado se enamora de Él: “por eso… te aman”. En el reino animal las especies son conducidas a través de las feromonas a aparearse. En el reino espiritual los creyentes son conducidos a la intimidad con Cristo por medio de su aroma de amor. Con respecto a las doncellas la Palabra hebrea en singular es almah; literalmente habla de una jovencita virgen. ¿Quiénes son las doncellas atraídas a Cristo? Una mujer virgen es aquella que no ha conocido varón. Espiritualmente, una virgen es aquella persona que ha mantenido en pureza su fidelidad a Cristo. En Apocalipsis 14:2-5 encontramos: “Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.” ¡Adoradores limpios! Creyentes que no se contaminaron con los ofrecimientos del mundo. Aquí es donde podemos notar por qué muchas personas no pueden percibir el olor de Cristo: su discernimiento espiritual ha sido afectado por los fétidos olores de la mundanalidad. Su nariz espiritual se ha cerrado con el pecado. El apóstol Pablo testifica de la iglesia diciendo: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Cor. 11:2). Sin embargo, tenemos que distinguir entre la esposa del Cordero y las doncellas o vírgenes que se enamoran del Amado. La esposa es la que se casa con el Rey, mientras que las doncellas son las acompañantes de la esposa: “Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella, compañeras suyas serán traídas a ti. Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del rey” (Salmo 45:14-15). Entre más personas se enamoren de Cristo mejor, pero, aunque todos pueden ser parte de la esposa del Cordero, no todos lo serán. El mismo libro del Cantar de los cantares da testimonio de esto en 6:8-9 “Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin número; mas una es la paloma mía, la perfecta mía.” De toda la cristiandad de todos los tiempos Dios está seleccionando a la amada como esposa de su Hijo. Dicha esposa es corporativa. Cabe la pregunta: ¿soy la esposa del Cordero o soy una de las doncellas acompañantes? o incluso aún más abajo (aunque salvo), ¿soy solo uno de los muchos invitados a las bodas? Muchos son llamados, más pocos escogidos. ¡Qué muchos se enamoren de Cristo por la pasión de su esposa!
— Roberto Tinoco
Cantares 1:4
1.4 La vida derramada de Cristo en la cruz nos atrae y nos lleva a la intimidad; esto produce alegría a todos los creyentes. ¡Qué hermosa es la Palabra! ¡Cada frase es inmensamente rica! “Atráeme” –dice la sulamita. ¿Por qué pide ser atraída? En principio, porque lo necesita. ¿Cómo iríamos a Jesucristo si Él no nos atrajera? Como dijese Watchman Nee: “su poder de atracción es nuestra fortaleza para buscarlo.” La idea de este romance nació en Dios. “Le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4.19). No lo escogimos nosotros a El, sino que fue Él quien nos escogió a nosotros (Juan 15.16). “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). Por eso el salmista cantaba: “Por el camino de tus mandamientos correré, cuando ensanches mi corazón” (Salmo 119.32). ¡Señor: ensancha nuestro corazón para buscarte! Aprendamos cómo ser atraídos con el ejemplo de la sulamita. Ella rogaba anhelante por los besos del Amado y ahora pide ser atraída; así mismo, nosotros también, como la iglesia-novia debemos comenzar a adorar al Señor suplicando por el aliento de su Espíritu que nos inspira a buscarle más intensamente, rogando que seamos llevados a una comunión más íntima con Él. Por su parte, el Amado es atrayente. ¿Cuál es su atractivo? Es obvio que la hermosura del Señor va mucho más allá de la apariencia física, la cual es incomparable. El salmista David anhelaba estar todos los días de su vida en el santuario para contemplar “la hermosura de Yahwéh” (Sal. 27:4). Muchas son las virtudes del Amado (1 Pedro 2:9). Comentemos por lo menos dos de ellas a través de las cuales nos atrae. La primera es su Palabra y la segunda es la cruz. Les dijo a muchos: “sígueme” y éstos le siguieron. Su Palabra es atractiva. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). En segundo lugar, tenemos la atracción de la cruz. ¿Qué tiene este instrumento de muerte, maldición y tortura que ha causado tal impacto en todas las naciones? ¡Oh! No es la cruz, sino el nazareno que murió en ella: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32). Hay quienes se acercan a Cristo buscando solución a los problemas, y Cristo los socorre. También hay quienes le buscan por intereses mezquinos y egoístas, y en su misericordia le han llegado a encontrar. Pero la atracción de la iglesia-esposa hacia Cristo es el resultado de una relación mucho más alta; el apasionado amor entre ambos. Dios ha sido tierno con unos y con otros, como dijo a través del profeta Oseas “con cuerdas humanas los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como los que ponen un bebé contra sus mejillas, y me inclinaba hacia ellos para alimentarlos” (Oseas 11:4 versión moderna). Con todo, nuestra relación debe crecer en intimidad y profundidad. No podemos pasar desapercibido que, si bien la obra de atracción es por parte del Señor, la sulamita rogó ser atraída; es decir, también es necesaria la voluntad del hombre para ser atraídos y también puede darse el caso de que alguno resista la atracción. Es cierto, “No es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16); sin embargo, si no pudiese el hombre caer escogiendo voluntariamente entre seguir a Cristo o no, entonces no necesitaría de misericordia. Amado hermano, no resista al Espíritu santo (Hechos 7:51). Usted ocúpese de buscar al Señor de todo su corazón, que Él hará su parte dándole la fortaleza necesaria para hallarlo e intimar con Él (Filipenses 2:12-13). Muchos no dicen atráeme, esperando aún así ser atraídos. La experiencia cristiana nos marca cuán pocos de ellos corrieron finalmente en pos del Señor. Ahora, hay quienes son atraídos a la iglesia y no ha Cristo. Algunos se tornan en adoradores de la adoración. Otros, se sienten atraídos por la música, el ritmo y la liturgia. Y los hay también quienes van buscando al predicador o al ministro; los que tiene fe en la fe; y los que confían en su oración y no en Aquel a quien se la dirigen. Pero la iglesia-novia va en pos de Cristo, si bien no desprecia a la iglesia. ¡Ella es la iglesia! Pero toda actividad dentro de la misma es parte de su expresión hacia el Amado y nunca la sustitución de la relación con el Amado. Algo que me emociona en la atracción del Amado es la caballerosidad con la que nos llama. Somos atraídos a Él, pero no empujados. Esto nos habla de seducción. Cristo se sabe irresistible, por ello no nos obliga a amarle, todo lo contrario, a preferido enamorarnos. Pero, ¿por qué lo hace? Su amor nos impulsa a amarle (2 Corintios 5:14), más, ¿qué lo impulsa a Él? Quizá la respuesta sea la misma: su amor. “Yahwéh se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3). “…en pos de ti correremos”. Si sigues a Cristo, otros te seguirán a ti. “Aquí vemos la relación que existe entre un creyente individual y los demás creyentes. Yo soy atraído, pero nosotros corremos en pos del Señor. Yo soy llevado a las cámaras, pero nosotros nos gozaremos y alegraremos en ti” (Wachman Nee). Leemos en el Salmo 45:14 “Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella, compañeras suyas serán traídas a ti.” Es imposible seguir a Cristo íntimamente sin que otros nos acompañen. Ten por seguro, que, si tu relación con el Señor se incrementa, otros lo notarán. Esto sólo le sucede a quienes viven con la conciencia de ser la esposa del Cordero. Las vírgenes compañeras siguen a la reina, pero difícilmente se seguirán entre sí. Y ¿cómo siguen a la reina? ¿Acaso la siguen en forma fría o indiferente? ¡No! “En pos de ti correremos” –dicen las doncellas. Correr habla de urgencia. El mundo vive de prisa, todos están apurados; afanados en toda clase de cosas. Incluso la iglesia nominal está afanada y turbada como Martha, tiene prisa y activismo. Pero la iglesia-esposa tiene una prisa diferente. Nuestra prisa es crecer en el conocimiento (intimidad) de Cristo; por esto las doncellas son inspiradas (en el ejemplo de la esposa) a buscar con prisa al Señor. Cuando se trata de estar a los pies del Maestro no hay tiempo que perder. No podemos avanzar en esto caminando, ¡corramos! Correr requiere más esfuerzo que caminar. La iglesia-esposa no toma las cosas con ligereza. Es activa y no pasiva. La adoración de la esposa es dinámica y agresiva. Su oración es persistente y entusiasta. No escatima esfuerzos. “Me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos” (Sal. 119:60). La negligencia y la pereza no toman parte en los vestidos de la reina. Corremos porque estamos sanos y fuertes. Ni la novia ni las doncellas que la siguen son un desfile de lisiados, por el contrario, son la carrera de los vencedores: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús…” (Hebreos 12:1-2). Consideremos también el compromiso corporativo con la iglesia local. El pasaje en cuestión dice: “…en pos de ti…” ¿En pos de quién? ¡En pos de la iglesia! Aquí no hay lugar para ser independiente del Cuerpo de Cristo. No podemos ser parte de la Esposa del Cordero viviendo aparte de ella. Los miembros separados del cuerpo pierden su vida y las doncellas que no siguen a la novia se pierden la boda. Y aún cuando la relación individual con Cristo sea excelente, no es la más alta. Por ejemplo, la adoración individual puede ser maravillosa como hijo de Dios, pero la de la esposa sólo existe si dicha adoración es corporativa. Existe una gran diferencia entre el creyente individual y la Esposa del Cordero. Principalmente la diferencia radica entre ser la Esposa o sólo un acompañante. Seguro que la Esposa estará en las Bodas, pero no puede decirse lo mismo de las vírgenes acompañantes (Mateo 25:10). Todo está en el corazón, si éste es corporativo o individualista; inclusivo o excluyente. “El Rey me ha metido en sus cámaras”. La respuesta del Amado a la petición de la amada será siempre la intimidad. La Sulamita rogó “atráeme”; por lo que la respuesta fue ven. Un día Pedro clamó a Jesús: “si eres tu manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. La respuesta del Señor fue “ven” (Mateo 14:28-19). Si la iglesia clama por su Amado, será traída ante Él. Las reuniones de adoración no son insignificantes. Él prometió responder. Surge la pregunta: ¿qué son las cámaras del Rey? En el sentido natural no es difícil entenderlo, las cámaras del rey son sus habitaciones privadas. Aún en nuestra propia experiencia sabemos lo que esto significa. Cuando usted visita a su hermano, a pesar del afecto que ambos se tienen, posiblemente sólo le permitirá la entrada a la sala y comedor; pero la relación requiere de ser muy estrecha y hasta íntima para llevarlo a su habitación. Así también es la relación de la esposa del Cordero con su Amado; Cristo no tiene reservas para ella. La iglesia tiene acceso a los secretos y riquezas de Cristo. Las doncellas siguen a la reina, pero sólo la reina entra a las habitaciones íntimas del Rey. En el salmo 45:14-15 leemos que las doncellas también pueden entrar, pero ellas únicamente entran al palacio del Rey y no a su intimidad. Las cámaras del Rey son sus habitaciones íntimas, el lugar donde habita. Un símbolo del lugar santísimo (Hebreos 10:19). ¿Dónde es esto? En nuestro caso, corresponde a nuestro propio espíritu humano habitado por el Señor (2 Timoteo 4:22). Hermanos, no podemos conformarnos con la costumbre eclesiástica y los rituales, vamos más adentro. Hay un camino abierto hasta el lugar santísimo, abrirlo le costó todo a nuestro Amado (Hebreos 10:19-22), ¿cómo nos reservaremos algo impidiéndonos entrar hacia Él? Esto requiere que le conozcamos como Rey. El versículo dice que “el Rey me ha metido en sus cámaras”. Notemos, el Rey. De todos sus títulos el Señor escogió este, ¿y por qué razón? Porque no habrá satisfacción sin entrega. La llenura viene después de la consagración. No hay reina sin Rey. Como hijos conocemos al Padre, pero como esposa estamos sujetos al Esposo. Y en dicha sujeción es imprescindible conocerle en su majestad de Rey. La adoración de la esposa nunca brinca al trono; y no se puede llegar al trono sin haber pasado primero por la cruz. “…nos gozaremos y alegraremos por ti…” Las doncellas se gozan por el disfrute de la esposa. Se espera que la alegría de los creyentes en lo individual sea el resultado del crecimiento y beneficio congregacional. La adoración de la esposa cambia del singular al plural. A solas di al Señor: “te amo”. Pero en la asamblea de los santos confiesa: “te amamos”. No solo nos gozamos, sino también nos alegramos. El término hebreo para “gozaremos” es guil, literalmente significa “girar alrededor”. Y la palabra hebrea para “alegrarse” es samákj, cuyo significado es “hacerse alegre”. Esto es muy significativo. Alegrarse es disponerse en cuanto a actitud; mientras que gozarse es la expresión externa de la alegría en forma jubilosa. La adoración y alabanza normal es gozosa y expresiva: “Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, y saltarán de alegría” (Salmo 68:3). “Cantad alegres a Yahwéh, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Yahwéh con arpa; con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del rey Yahwéh” (Salmo 98:4-6). “Cantad a Yahwéh cántico nuevo; su alabanza sea en la congregación de los santos. Alégrese Israel en su Hacedor; los hijos de Sion se gocen en su Rey. Alaben su nombre con danza; con pandero y arpa a él canten. Porque Yahwéh tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación. Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos, para ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro; para ejecutar en ellos el juicio decretado; gloria será esto para todos sus santos. Aleluya” (Salmo 149). “…nos acordamos de tus amores más que del vino…” La feliz memoria de los enamorados. Las doncellas no pueden olvidar el ejemplo de amor entre el Rey y la esposa. Tal relación es una tremenda inspiración que marca con recuerdos la consagración de los creyentes individuales. Nos acordaremos, es una declaración. ¡Jamás podremos olvidar tanto gozo! David conocía estas experiencias: “Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta” (Sal. 42:4). “Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová” (Salmo 111:4). Lo mismo que Isaías: “De las misericordias de Yahwéh haré memoria, de las alabanzas de Yahwéh, conforme a todo lo que Yahwéh nos ha dado, y de la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus piedades” (Isaías 63:7). ¿Por qué cree que el Señor nos dejó la celebración de la Santa Cena como un memorial? ¿Se ha gozado alguna vez con recuerdos al mirar las fotografías de un viejo álbum? Jamás olvides los amores de Dios, sus caricias y bendiciones y jamás estarás triste ni insatisfecho. En proverbios 23:31-35 miramos el ejemplo de aquel que, a pesar de ser golpeado, no solo no sintió los golpes, sino que además continuó buscando el vino al día siguiente. Las doncellas de Jerusalén dicen a la sulamita que el recuerdo de sus amores es más fuerte que el del vino. Esto significa que a pesar de las circunstancias nada impedirá que continúen en pos del amor de la esposa y del Esposo. ¡Sea nuestra pasión tan fuerte que nada nos estorbe para seguir a Cristo! Además, la expresión “nos acordaremos de tus amores más que del vino es una especie de declaración profética. Es una confesión llena de esperanza basada en la gozosa expectativa del futuro: “es imposible que este disfrute de Cristo y la iglesia se nos pase” o “este amor y disfrute es para siempre”. Declare proféticamente su amor por el Señor y la confianza de su permanencia. “…con razón te aman…” El amor entre Cristo y la iglesia no es un amor ciego. “Con justa razón” y “en verdad te aman”. Significa ambas cosas. Hay sobradas razones para este romance. “…estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Tanto la fe como el amor del Señor hacia nosotros y de nosotros a Él tienen razones validas y verdaderas para existir. No es un amor imaginario ni exclusivamente sentimental. El romance divino entre Dios y el hombre está bien fundado. También podríamos interpretarlo como “los rectos te aman”. Es el amor que procede de un corazón puro y de buena conciencia (1 Timoteo 1:5). “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén” (Efesios 6:24).
— Roberto Tinoco
Cantares 1:5
1.5 Es hasta que Dios nos lleva a sus habitaciones intimas que llegamos a tener una correcta identidad de nosotros mismos. Jacob, cuyo nombre significa “usurpador” vivió siempre como un usurpador creyendo el nombre que le había sido dado, fue hasta que se encontró con Dios que supo que su verdadera identidad era “príncipe de Dios”. Si queremos conocer nuestra verdadera identidad, preguntémosle a Dios y no a los hombres. Con frecuencia el creyente pierde su relación con Cristo a causa de poner oídos a la opinión que los demás tienen acerca de él. La sulamita dice de sí misma: “soy morena”. Literalmente “negra”. Se ha dicho que la sulamita se mira negra a causa de ser la representación de la humanidad caída en Adán. Sin embargo, mi punto de vista acerca de esto es que no se refiere a la humanidad en pecado, la humanidad caída en Adán. Así como tampoco pienso que el color negro de la sulamita simbolice el pecado. Sostengo que esto no puede ser así porque la sulamita es la representación simbólica de la iglesia, esto es, la humanidad en Cristo. Notemos que dice “soy morena” en tiempo presente; no “fui morena” ni “seré morena”; y tampoco “siempre he sido morena”. El verbo está en presente: “soy morena”. Esa es su condición actual, nada dice de antes y después. Moisés se casó con una mujer cusita (de raza negra) y vemos que también Salomón hizo lo mismo. ¡Hermoso tipo de Cristo uniéndose a la humanidad! Ella misma especifica la razón de su color. No es negra de nacimiento. No es negra por venir de Adán. Es negra “porque el sol la miró” (vr. 6). No era negra, fue hecha negra. El sol es figura de Jesucristo, “el sol de justicia” (Mal. 4:2). En Mateo 17:2 vemos que el rostro de Jesús resplandeció como el sol. Y en Apocalipsis 1:16 dice que Jesús se presentó a Juan con su rostro como el sol cuando resplandece en su fuerza (al medio día). Y el versículo catorce del mismo libro dice que los ojos de Cristo eran “como llama de fuego”. La sulamita dice que “el sol la miró”; esto significa que la sulamita es negra porque fue disciplinada por el Señor. En Mateo 13:6 dice que el creyente es probado para ver si tiene profundidad de raíz y la prueba es comparada con el salir del sol que quema la planta. Un ejemplo de esto es el pueblo judío. Ellos, nos cuenta Jeremías, fueron castigados por el Señor a causa de su idolatría; el pasaje en cuestión dice: “Sus nobles fueron más puros que la nieve, más blancos que la leche; más rubios eran sus cuerpos que el coral, su talle más hermoso que el zafiro. Oscuro más que la negrura es su aspecto; no los conocen por las calles; su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo” (Lam. 4:7-8). La iglesia esposa es la iglesia tratada y aprobada por la disciplina del Señor. Su color negro testifica de su camino de aprendizaje. La iglesia esposa tiene testimonio de haber aprendido a obedecer y sujetarse. Los rebeldes nunca serán parte de la iglesia esposa. Los independentistas tampoco podrán. Se necesitan cicatrices sanadas para comprobar la resurrección del cuerpo de Cristo. La iglesia esposa tiene marcas, sus heridas están sanas, posee vida de resurrección como cuerpo de Cristo. Es negra y codiciable. …oh hijas de Jerusalén… La amada dirige sus palabras a las hijas de Jerusalén. ¿Quiénes son las hijas de Jerusalén? En Cantares 3:10 vemos nuevamente a las hijas de Jerusalén como las mujeres que decoran la carroza de bodas de Salomón, pero esto tampoco contesta nuestra pregunta. Lo más que alcanzamos a ver aquí es que al ser decoradoras de la carroza nupcial no son la novia, sino una especie de vírgenes acompañantes. Siendo hijas son nacidas de Dios, pero, ¿quiénes son las hijas de Jerusalén? En el evangelio según Lucas el Señor Jesucristo llamó a las mujeres piadosas que le acompañaron por la llamada “vía dolorosa” al Calvario diciéndoles: “hijas de Jerusalén”. No todas ellas eran oriundas de Jerusalén, la ciudad terrenal, algunas venían de Galilea, así que el Señor les llamó de esa manera a causa de su fidelidad y empatía con sus sufrimientos. El apóstol Pablo dice que la iglesia es “nuestra madre, la Jerusalén de arriba” (Gálatas 4:26). Por lo que los miembros de la iglesia pueden ser llamados hijos. Por ejemplo, el apóstol Juan dirige su segunda carta a “la señora elegida” gozándose porque sus hijos andaban en la verdad (2 Juan 1:1-4). Es decir, a la iglesia y a sus miembros fieles. De manera que el término “las hijas de Jerusalén” son una forma de llamar alegóricamente a los demás creyentes, que, en este caso, son los acompañantes de la esposa, pero no la esposa. Son las diez vírgenes de Mateo 25. Creyentes religiosos. Salvos sí, pero, como veremos en Cantares, tuvieron en poco a la morena sulamita, la iglesia novia. Ante lo cual, es evidente que no son parte de la esposa corporativa del Cordero. ” …pero codiciable…” La sulamita es negra a causa de su arduo trabajo en el sol. Ella ha sido disciplinada por el Señor. Pero esto no le resta atractivo. Es codiciable. La palabra hebrea para codiciable en este versículo es navé. Es un término único en las Escrituras Sagradas. Literalmente significa “deseable, hermosa”. El Amado Divino desea en forma única a su iglesia. Para Él es hermosa sin igual. Ahora, es la sulamita la que se expresa así de sí misma. Esto es muy significativo. La iglesia esposa tiene un concepto especial sobre su propio ser. Los creyentes individuales que componen a la esposa corporativa no tienen sobre sí mismo “más alto concepto que el que deben de tener”; sin embargo, con respecto a la iglesia esposa su opinión es de constante elogio. Los murmuradores, quejumbrosos y criticones de la iglesia no son parte de la esposa del Cordero. Además, la opinión que debemos de tener acerca de la iglesia está basada en la apreciación del Amado. La sulamita es codiciable, ¿codiciada por quién? Principalmente, la frase va dirigida a Cristo, quien amó a la iglesia al punto de entregarse a muerte por ella. Esto es codiciarla. Para Cristo la iglesia es el tesoro en el campo y la perla de gran precio por los que vendió todos sus bienes (Mateo 13:44-46). Si Cristo desea a su iglesia esposa, entonces también nosotros debemos desearla. Si Cristo se entregó por ella, entonces también nosotros debemos entregarnos por ella. Si Cristo busca el perfeccionamiento de su iglesia, entonces también nosotros debemos trabajar dedicados e incansables al perfeccionamiento de la iglesia. Amado hermano o hermana, ¿codicias a la iglesia? Que ninguno sea hallado indiferente. “…codiciable… Como las tiendas de Cedar, como las cortinas de Salomón.” Las tiendas en tiempos bíblicos de Salomón eran lugares de habitación, casas. Por ejemplo, Dios mandó a Moisés que le hiciesen una tienda (tabernáculo) para habitar en medio de ellos (Ex. 25). Cedar (Quedar) era un descendiente de Ismael (Génesis 25:13), de donde proviene una parte del pueblo árabe. También, Cedar representa un lugar donde se aborrece la paz (Salmo 120:5-6). Sus descendientes están bajo el juicio y disciplina de Dios (Isaías 21:16-17; Jeremías 49:28). Con todo, Dios ha profetizado que Cedar será restaurada: “Cantad a Yahwéh un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas. Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo” (Isaías 42:10-11). Y sus bienes, lo mismo que los de su hermano Nebaiot, hijo de Ismael, servirán para ofrendas a Dios: “Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria” (Isaías 60:7). Así que el Cantar de los Cantares nos presenta evidencia de que Dios ha dado provisión para salvación a los pueblos árabes, ya que la hermosura de la iglesia esposa tiene relación con las tiendas de Cedar. Isaac e Ismael se unieron al final para sepultar a su padre Abraham en la cueva de Macpela. Un día judíos y árabes se unirán a causa de la muerte de Cristo para tomar parte de un solo redil (Macpela significa redil). Pero allí no termina la comparación bíblica de la belleza de la iglesia. Es codiciable “como las cortinas de Salomón”. Esta es una referencia a las cortinas que Salomón mandó hacer para el templo de Jerusalén. ¡Así que la iglesia esposa tiene ante el Señor una apariencia codiciable compuesta de judíos y gentiles! Este es el misterio de Cristo revelado en el Nuevo Testamento por el Espíritu Santo a sus apóstoles y profetas, que judíos y gentiles somos miembros del mismo cuerpo, coherederos con Cristo y copartícipes de la promesa por medio del evangelio (Efesios 3). Exteriormente es negra como las tiendas de Cedar, pero internamente es blanca como el lino de las cortinas de Salomón. Tiene la apariencia del tabernáculo, externamente pieles rociadas con sangre, pero su interior revestida de velos y oro de forma primorosa. Sin embargo, el tipo puede ser imperfecto, pues la sulamita es hermosa por dentro y por fuera. Por fuera como las tiendas de Cedar y por dentro como las cortinas de salomón. La santificación de la iglesia es tanto interna como externa. Es santa espíritu, alma y cuerpo (1 Tes. 5:23; Efesios 1:4). Su santidad es tanto mística como práctica. Dios la ve, pero también los hombres.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:6
1.6 Ya vimos que la iglesia es morena, literalmente negra (ve notas del versículo 5). La iglesia es negra no por causa del pecado, como muchos sostienen, sino por razón del trato divino: “el sol me miró”. Cristo la ha tratado e irónicamente es esto origen del menosprecio de la iglesia por parte de aquellos que, aunque profesan la misma fe, no viven la misma fe. ¡Oh! ¡Si tan solo comprendieran que la iglesia es hermosa por las divinas manos que la forman y no por el barro que se usó para hacerla! Por eso el escritor sagrado dice: “no menosprecies la disciplina del Señor” (Hebreos 12:5-11; Job 5:17). ¿Por qué será que el hombre hace burla del barro en las manos del Alfarero cuando él mismo es parte del barro? ¿O será acaso que al poder hacer burla del barro está fuera de él? Y si está fuera del barro que el Señor moldea, ¿por qué se burla negando así estar en las manos del Señor? Que ninguno sea hallado culpable de fijar su vista en el color de la iglesia, pues al mirar la apariencia aún no terminada de la misma y menospreciarla corre el riesgo de menospreciarse a sí mismo y a la gracia que lo salva. IRA. “Los hijos de mi madre se airaron contra mi.” La historia es la misma, aunque los personajes cambien. José fue odiado por sus hermanos a causa del amor especial de su padre. Si la iglesia esposa es aborrecida por alguien, suele serlo con motivo del especial amor del Amado. Los odres viejos no contienen vino nuevo. Los sistemas religiosos viejos, obsoletos y endurecidos no saben cómo disfrutar y retener el vino fresco del gozo del novio. ¡Y para colmo las bodas del novio siempre tienen vino nuevo! El pródigo sabe que será mejor recibido por los cerdos de quienes ambiciona las algarrobas, que de su santo hermano mayor de quien anhela al Padre. No en vano la sabia advertencia del Maestro: “los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mateo 10:36). La iglesia novia pasa por el mismo camino que su Amado. El Novio “a lo suyo vino y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). La iglesia novia vive para el amor del Novio, pero esto causa escándalo al orden de la iglesia nominal estructurado por centurias. ¿Quién puede entender al corazón enamorado? ¿Cómo dar razón de lo irrazonable? Sabemos lo que sentimos y no tenemos ninguna duda en cuanto a lo que creemos, pero ¿cómo ponemos en letras al mismísimo amor del Verbo de Dios? No es extraño que los hermanos de la sulamita se llenen de ira contra ella. Lo familiar en la familia es el cuestionar todo lo que rebasa sus límites. El manto de colores de José es demasiado para la envidia de sus hermanos. Hasta al Amado cuestionaron: “qué heridas son éstas en tus manos” Y Él responde: con ellas fui herido en casa de mis amigos” (Zac. 13:6). Los mismos que lo hieren luego han de preguntarle la causa de sus heridas. Igual sucede a la iglesia novia, sus mismos hermanos que la atacan suelen luego preguntarle el origen de sus cicatrices. Acerca de Jesús, “ni aún sus hermanos creían en Él” (Juan 7:5). Y con respecto a la iglesia esposa, ¿creen verdaderamente en ella todos los hermanos? ¿Quiénes son estos hermanos que llamándose hermanos se comportan como enemigos? Son diferentes a “las hijas de Jerusalén”, pues éstas últimas suelen ir tras de la novia imitando inspiradas su amor por el Novio; mientras que “los hijos de mi madre” la persiguen con su ira, sin mayor inspiración que su propia envidia. Si bien “las hijas de Jerusalén” son creyentes religiosos, “los hijos de mi madre” a los que la sulamita hace referencia son únicamente creyentes nominales. No pasa desapercibido que la sulamita no se refiere a ellos como “los hijos de mi Padre”, así como tampoco los llama “hermanos”. El apóstol Juan llama a la iglesia y a sus miembros “la señora y sus hijos” (2 Juan), sin embargo, los hijos de la distinguida señora a la que Juan escribe, es decir, los hermanos y miembros de la iglesia a la que Juan se dirige, son elogiados por andar en la verdad; mientras que “los medios-hermanos” de la sulamita andan en oposición a la verdad. ¿Acaso no se airaron contra la novia del que se llamó a sí mismo La Verdad? ¿Y por qué digo que “los hijos de mi madre” a los que la sulamita hace referencia son sus medios-hermanos? Por cuanto no son llamados hijos del mismo Padre, sino sólo de la misma iglesia. El Padre dijo de Israel, su pueblo, que tenía hijos no engendrados por Él (Os. 5:7). Esto me recuerda aquel pasaje dónde Jesús dijo que los judíos incrédulos eran descendientes de Abraham, pero no hijos de Abraham (Juan 8:37-44). ¡Terrible misterio que haya en la iglesia medios-hermanos! Nacidos de la religión, más no de Dios. SERVIDUMBRE. “Me pusieron a guardar las viñas” Los medios-hermanos son para la iglesia esposa una terrible carga. Al igual que los fariseos del tiempo de Jesús ponen cargas a otros que ellos no están dispuestos a llevar. Cargaron a la iglesia con denominaciones, reglas, activismo, parlamentos, comités, leyes, deudas, tradiciones, costumbres, liturgias y toda clase de obras que Dios no preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Esta es la razón por la cual el sol miró a la sulamita, por estar cuidando las viñas de sus hermanos. La iglesia novia sale de entre las viñas de sus hermanos a causa del calor de la disciplina del Señor. ¿Cómo pudimos olvidar que cada vez que Dios posa sus ojos en alguno lo llama a salir? Abraham fue llamado a salir de su tierra y de su parentela. Moisés fue levantado para sacar al pueblo de Dios de Egipto. Años después, salieron de Babilonia para regresar a Jerusalén. Y nosotros hemos sido llamados por Dios para salir de las tinieblas a la luz de Cristo. Aquí aprendemos que la iglesia esposa debe salir además de las viñas de sus medios hermanos. PÉRDIDA. “Y mi viña, que era mía, no guardé.” El resultado del activismo que Dios no ha pedido y de todo aquello que mencionamos antes, es perder el fruto en aquello que Dios si ha encomendado. La viña es ella misma, pues en Isaías 5 el Amado canta a su amada comparándola a una viña. Y en Mateo 20 dijo que el reino de los cielos era como una viña. ¡La iglesia esposa es la viña! Así que cuando el pasaje dice que la sulamita descuidó su propia viña por la imposición de sus hermanos de cuidar las de ellos enseña cómo la iglesia corre el riesgo de no prepararse a sí misma como esposa a causa de las cargas que le imponen los creyentes nominales ajenos a la vida del Señor. El profeta Jeremías advirtió que los pastores arruinan la viña del Señor pisoteándola (Jer. 12:10). Pisarla es equivalente a ponerle pesos o cargas que la aplasten robándola su vida. Esta es una seria advertencia a todos los creyentes apasionados por Dios que buscamos ser la esposa del Cordero. No podemos distraernos en cosas ajenas a la preparación del vestido de bodas. ¡Que nada te robe el fuego de la pasión por Cristo!
— Roberto Tinoco
Cantares 1:7
1.7 La sulamita pregunta al Amado porque desea conocer quien es ella en verdad. La opinión que tiene de si misma es que es negra. Igual concepto de ella tienen las hijas de Jerusalén; y los hijos de su madre la desprecian por esa razón. Así que ahora quiere conocer cuál es la opinión que el Amado tiene acerca de ella. No podemos saber quienes somos mientras no hemos conocido Quien es Cristo. Y, no sabemos quienes somos hasta que no escuchamos de los labios del Amado tal definición. Jacob fue llamado “Usurpador” toda su vida. Escuchó a sus padres llamarlo así; también su hermano lo miraba como un usurpador, lo mismo que todos los conocidos. No es extraño entonces que se comportara como tal, la identidad a los ojos de los demás y a los de sí mismo era la de un usurpador. Sin embargo, cuando luchó con Dios todo cambió. Dios le preguntó por su nombre, preguntando así por su identidad, ¿quién creía Jacob que era él? La respuesta fue la misma carga que llevó toda su vida: mi nombre es “Usurpador”. Fue entonces cuando Dios le reveló quién era ante sus ojos: “no se llamará tu nombre Jacob (Usurpador), sino Israel” (Príncipe de Dios). Si queremos conocer quiénes somos en realidad, hay que consultar al Amado. Es fácil menospreciar a la iglesia novia y llamarla negra; tanto su carne como su apasionada apariencia son un escándalo. Pero si queremos conocer la verdadera identidad de ella hay que preguntarle al Amado. La sulamita pregunta al Amado porque es a él a quién ama. Ella está pidiendo dirección. La dirección de la vida es el amor. Para hallarle hay que amarle. La sulamita ama a Cristo más que las hijas de Jerusalén y que los hijos de su madre. Esa es la búsqueda que la iglesia novia debe hacer del Amado; buscarle por encima de todos porque le ama más que todos y que a todos. El amor de la iglesia novia está por encima del promedio. El corazón va tras el Amado mucho más que la religión y la costumbre. “¿Me amas más que estos?” –preguntó Jesús a Pedro (Juan 21:15-17). Y Pedro mismo, muchos años después habría de escribir acerca del amor de los creyentes por Cristo: “a Él le amáis, sin haberlo visto” (1 P. 1:8). La sulamita novia está dispuesta a seguir a quien ama verdaderamente. El amor a Cristo es tanto la meta como el camino. El amor a Cristo hace a la esposa y también la lleva a las bodas. “Hazme saber dónde apacientas…” La sulamita pregunta al Amado porque Él tiene pastos. Cristo es el Buen Pastor. Él es el Rey-Pastor; quien da su vida por las ovejas. Todo el que viene a Cristo “entrará y saldrá y hallará pastos”. Él es el Príncipe de los pastores (Salmo 23; Juan 10; 1 P. 5:4). La sulamita iglesia pregunta dónde está. Ella quiere la dirección de los pastos; está buscando dónde esta el Pastor. Hay muchos rebaños y muchos pastores, pero el creyente que busca ser la esposa no se conforma con otro rebaño y con otro pastor. Está buscando la Presencia del Pastor. Los rebaños de los compañeros del Pastor pueden ser excelentes, pero no le satisfacen. Todo hombre busca ser feliz. La felicidad se encuentra en intentar dar satisfacción a Dios; pues Él es feliz al darnos felicidad. Sus pastos son su comunión. Alimentándonos de Él sabemos quiénes somos y por qué estamos aquí; tal conocimiento es la felicidad. Los pastos donde el Buen Pastor lleva a sus ovejas son incomparables e indescriptibles. ¿Con qué podemos comparar el amor y la Presencia de Dios? Y, ¿cómo podemos describirlo a Él y a su manera de amar? “Hazme saber dónde sesteas al mediodía…” El sol está en su clímax al mediodía. A esa hora es más intenso su calor, pero también su luz. Los tiempos de crisis sueles ser también los de mayor revelación. Al mediodía se encontró Jesús con la mujer samaritana (Juan 14:6). A la hora que tuvo que soportar el sol con tal de evitar las críticas de las demás mujeres se encontró con el agua viva que sació su alma. Al mediodía Pedro tuvo la visión de la salvación gentil (Hch. 10:9-16). Es en el techo sobre un lugar inmundo donde se curtían pieles, con la cara al sol, que el proyecto divino de los siglos fue revelado a un pescador de almas. Al mediodía Saulo de Tarso se encontró con Jesús camino a Damasco (Hechos 22:6). En la crisis del perseguidor, cuando más punzaba el aguijón, fue que pudo felizmente besar la tierra ante el resplandor del Salvador. El amor de Cristo brilla más que el mediodía de nuestra necesidad. ¿Y por qué es esto así? Porque fue también al mediodía cuando Cristo murió. La iglesia esposa desea saber donde descansa el Amado al mediodía; ella anhela saber dónde descansar en los momentos difíciles. Es negra por el sol. La vida no ha sido fácil, pero la respuesta es sencilla: el Amado descansó en una cruz al mediodía. Allí está nuestro descanso. La cruz de Cristo es el reposo de los fatigados y el escondedero en tiempos de crisis. Es entonces que la luz del mediodía es transformada en la luz del crecimiento. “La luz de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es pleno” (Pr. 4:18). “…pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?” La traducción literal de esta porción bíblica es “¿por qué había yo de estar como la que se cubre?” Este es un hebraísmo. La sulamita está haciendo referencia a una prostituta. Por ejemplo, Judá creyó que Tamar era una prostituta cuando esta se cubrió (Génesis 38:14-15). La sulamita está preguntándose: ¿por qué ha de vivir avergonzada cuando es ella la novia del Cordero? ¿Por qué bajar la mirada cuando nuestro destino es el cielo? ¿Por qué esconderse cuando nos espera la manifestación de la gloria? ¿Por qué vivir arrastrándose en el pecado teniendo las alas del espíritu? ¿Por qué aceptar el menosprecio cuando el Cordero nos ha visto invaluables? Somos la novia y con esa dignidad hemos de vivir. No somos errantes de un rebaño a otro; somos la esposa del Cordero. El errante anda de aquí para allá porque no tiene propósito. El errante anda de aquí para allá porque no tiene raíces. El errante anda de aquí para allá porque no tiene compromiso. El errante anda de aquí para allá porque no tiene vida. “Nubes sin agua llevados de aquí para allá por todo viento…” La iglesia novia tiene propósito, raíces, compromiso y vida; la iglesia novia tiene al Amado. Por tanto, no vivimos “como la que se cubre”. No prostituimos la verdad ni vendemos nuestro amor. Somos la mujer de Apocalipsis 21 no la mujer de Apocalipsis 17. Somos la Esposa del Cordero no una prostituta. Ya no tenemos velos. Nuestro Señor lo quitó rompiéndolo en el Calvario. Hemos contraído compromiso matrimonial.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:8
1.8 El Amado parece decirle a la sulamita: “si te falta dirección”. Es la voz del Amado diciéndole a la iglesia: “si deseas aún más”; “si estás incompleto”; “si tienes hambre de Dios”. Esta es una invitación a los buscadores; a los santos inconformes; a los ambiciosos del reino; a los apasionados adoradores; a los violentos que arrebatan… Andrés trajo a Pedro, Felipe a Natanael y la mujer samaritana a Samaria; pero, ¿quién te atrae a Cristo? ¿Qué voz estás siguiendo? ¿Te has conformado con la voz de los hermanos o buscas la dirección personal del Amado? Esta es una invitación para aquellos que desean pasar de Pedro, de Felipe y de la samaritana; es una invitación para aquellos que desean seguir al Amado. Pedro, Natanael y los samaritanos siguieron a Jesús más allá de los que les trajeron a Él; por ejemplo, los samaritanos dijeron, ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros lo hemos visto. ¿Haz visto a Jesús? Si tú no sabes cómo tener mayor intimidad con el Señor. Pregunta. Si tú no sabes cómo crecer en comunión con el Amado. Búscalo. Si tú no sabes cómo conocerle más. Acércate. Si tú no sabes, pero deseas saber, el Amado te enseñará. Esta clase de ignorancia no te pierde. Más si tú no sabes y no te interesa saber, tal actitud te roba el tesoro de la vida. Por otro lado, si la iglesia novia no lo sabe, ¿quién más podría saberlo? Lo más cercano a Cristo es su Amada y si ella no sabe dónde mora el Amado, nadie más fuera de Él puede enseñarle. La creación entera anhela que la iglesia esposa sea manifestada, pues sin ella no hay otra opción de libertad. El Señor Jesús dijo a Nicodemo: “¿eres tu maestro de la ley y no sabes esto?” Era un ciego guiando ciegos. La iglesia debe saber, pues ha de enseñar a otros a seguir a Jesús. Si ella no aprende dónde está la Presencia de Dios no habrá esperanza de luz para el mundo. “…oh hermosa entre las mujeres…” La opinión de las hijas de Jerusalén era que la sulamita era negra. Los hijos de su madre, sus medios hermanos la menospreciaron por la misma razón; incluso la opinión de la sulamita acerca de sí misma fue también de cierta auto conmiseración; pero ahora escucha la opinión verdadera sobre quién es ella en realidad. Los ojos del Amado la miran como “la más hermosa entre las mujeres”. Así mira Cristo a su iglesia: la más hermosa. Por eso se entregó por ella. Así debemos también ver a la iglesia: la más hermosa. Por eso debemos entregarnos por ella. La iglesia no es hermosa entre otras mujeres hermosas. No está en el desfile de las religiones. La iglesia novia es la más hermosa entre todas. Lo mejor de la humanidad es grotesco al compararle con la iglesia. ¿Y por qué es hermosa la iglesia novia? Es hermosa a causa de la belleza de Cristo en ella. Las riquezas de Cristo la embellecen. El Espíritu de Dios en ella es su más grande atractivo. La salvación de Dios le ha adornado. La gracia de Dios la ha hermoseado. La unción del Espíritu la ha vestido de gloria. ¡Jamás menospreciemos a quién Dios tanto admira! ¡Jamás ignoremos a quién Dios tanto dedica! ¡Jamás ofendamos a quién Dios ama tanto! Debemos decir de la iglesia lo que Dios dice de ella: “es la más hermosa entre las mujeres”. “…ve, sigue las huellas del rebaño…” La sulamita preguntó por la dirección donde el Amado llevaba a sus rebaños y descansaba al mediodía. La respuesta de Cristo es maravillosa: “ve, sigue las huellas del rebaño”. Primero, ve. No te quedes en el lugar en donde estás. Avanza, camina, sal. Cada vez que Dios atrae a alguien hacia si, primero lo hace salir de donde está y de sí mismo. Llamó a Abram diciéndole: “sal de tu tierra y de tu parentela…” Llamó a su pueblo Israel, pero primero lo hizo salir de Egipto. Cristo llama a su esposa y no le dice ven, sino ve. Esto es muy significativo. La iglesia primero debe salir de sí misma para poder ir al Amado. En segundo lugar, la instrucción del Amado es “sigue las huellas”. Las huellas son pasos dados por otros en el pasado. Son las marcas que dejaron los que ya pasaron por ese camino. Los patriarcas fueron todos pastores y seguir sus huellas implica fundarse en ellos. También, la profesión de Jacob, “el que toma por el calcañar” fue la de pastor; y dicha profesión es vista en la Biblia como símbolo del pueblo hebreo: “por una mujer cuidó rebaños” (Oseas 12:12-13). Dios está cuidando rebaños para obtener a su mujer, la iglesia. Así que seguir las huellas del rebaño es considerar cómo la obra de los siervos de Dios a estado produciendo a la esposa del Cordero, a fin de que continuemos su obra. Veamos las huellas de los santos bíblicos, ese es el rebaño a seguir. Son las huellas del rebaño, no las huellas del mundo. Es la voz de la sangre de Abel; son las aclamaciones de los invocadores del tiempo de Enós; son los pasos que caminó Enoc con Dios; son los golpes de martillo que hiciera Noé mientras proclamaba la justicia divina; es la confianza del anciano Abraham que tendría simiente bendita; es Isaac recibiendo su esposa; es Jacob luchando con el ángel; es José abriendo los graneros de Egipto; es Moisés bajo la nube en el monte con Dios; es Josué tomando la tierra prometida; son los jueces gobernando con libertad doce tribus; es el jovencito David matando al gigante; es Salomón edificando la casa de Dios; son los profetas voceros de Dios; es Juan el bautista señalando al Cordero de Dios; son ciento veinte bajo el fuego de Pentecostés; es Pablo conquistando con su evangelio al mundo; es un anciano en una isla viendo el futuro… Esto y mucho más, con todos sus detalles lo que constituyen las huellas del rebaño. ¡Ah! Pero no son todas las huellas; aún faltan por considerar las huellas de los santos históricos: son los discípulos de los discípulos; es Clemente de Alejandría depurando la moral de la iglesia; es Tertuliano defendiendo en los tribunales romanos a los creyentes condenados al circo; es Orígenes alegorizando la Escritura; es Atanasio proclamando la trinidad de la Deidad; es Cirilo de Jerusalén catequizando a los hombres; es Jerónimo traduciendo la Palabra; es Juan Crisóstomo alumbrando la intimidad; es la pluma maestra de Agustín de Hipona; es Bernardo de Claravall anticipando pensamientos de Reforma, lo mismo que Juan Wyclif y Jerónimo Savonarola, cuya luz creció en la hoguera; es Martín Lutero clavando sus noventa y cinco tesis; es Felipe Melanchton proclamando con trueno el evangelio; es Menno Simons y su santidad radical; es Casiodoro de Reina traduciendo la Biblia a la lengua de Cervantes; es Cipriano de Valera corrigiendo; Es Jacobo Arminio buscando el equilibrio; es el peregrinaje de John Bunyan; es la pasión pentecostal de Jonathan Edwards; son las huellas apostólicas de Juan Wesley; la predicación de Jorge Whitefield; el evangelismo de Carlos Finney; la teología de Charles Hodge; la profundidad de J.N. Darby; la grandeza de Andrew Murral; la elocuencia de C.H. Spurgeon; es la vida de oración de E.M. Bounds; la agudeza y magistral sencillez de D.L. Moody; la lista sigue y sigue. Saltamos a muchos, pero no los ignoramos. Seguir las huellas del rebaño implica no perder las raíces de quienes nos antecedieron. Ellos caminaron por allí, conocen sus peligros y saben donde están los tropiezos. Iguales, pero delante de nosotros. Seguir las huellas del rebaño implica conocerlas. La iglesia esposa no debe ignorar los pasos de los santos bíblicos e históricos, a fin de no ir a perder las riquezas que Cristo dispensó en ellos. En tercer lugar, conviene mirar la traducción literal del versículo en cuestión. Nuestra versión traduce: “sigue las huellas del rebaño”; pero la traducción literal reza: “sigue las huellas del calcañar”. ¿Qué significa esto? La primera mención bíblica del calcañar se encuentra en Génesis 3:15; de manera que seguir las huellas del calcañar es seguir la línea de la Simiente de la mujer (Cristo) a través de las edades y en los santos antes referidos. Por ejemplo, en Génesis 25:26 se menciona a un hombre llamado “el que toma por el calcañar”. La Simiente ha estado en los hombres y mujeres de Dios, debemos aprender a seguir las huellas de Cristo en ellos. No literalmente a ellos, pero si “las huellas del calcañar”, esto es, lo que Cristo vivió en ellos. Sigue las huellas de la Vida. “…y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.” Primero, “apacienta tus cabritas”. Esto es muy significativo. Quien ama a Cristo ame también a su iglesia. Jesús dijo a Pedro: “si me amas, apacienta mis ovejas” (Juan 21:17). No se puede seguir las huellas del rebaño sin amar al rebaño. El apóstol Juan escribió que andar en la verdad es amar a los hermanos (2 y 3 Juan). Si queremos pastos del Amado, debemos apacentar a quienes Él ama. Si queremos descanso del cielo debemos primero dar descanso a la tierra. Si anhelamos amar a Dios, no pasemos por alto amar a sus ovejas. Segundo, las cabritas que la sulamita debe apacentar no son sólo las cabritas del Amado, sino las cabritas de la sulamita (“apacienta tus cabritas”). Pablo no llamaba al evangelio sólo como el evangelio de Jesucristo, sino que, haciéndolo propio, lo llamaba “mi evangelio” (Rom. 2:16; 16:25; 2 Tim. 2:8). El creyente que es parte de la iglesia esposa considera al resto de la iglesia como su iglesia, mirando a cada creyente como parte de sí mismo. Somos el Cuerpo de Cristo, somos uno con Él y en Él. Tercero, el pasaje dice: “apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores”. La sulamita preguntó por el lugar donde el Pastor Amado pastorea sus ovejas y descansa. Ella no quiere estar con los rebaños de los compañeros del Amado, está cansada de menosprecio; sin embargo, la respuesta del Pastor es que la sulamita debe dirigirse y apacentarse “junto a las cabañas de los pastores”. La dirección del Amado no ha estado lejos de la sulamita. La iglesia novia halla a Cristo “junto a los rebaños”; esto es, en las congregaciones locales. El independentismo es contrario al reino de Dios. Dios habita en el principio de autoridad. Los pastos más verdes para nosotros se encuentran en la iglesia a la que pertenecemos. Ninguno debe pasar de una congregación a otra con la utopía de mejores pastos. Los árboles que son cambiados de lugar suelen dejar de dar fruto por lo menos durante los primeros tres años después de que fueron trasplantados. Echar raíces trae fruto y descanso. Si la iglesia novia es menospreciada a causa de su apariencia radical y apasionada no debe ella perder su posición separándose de las iglesias locales.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:9
1.9 Literalmente “a mi yegua…” Comparar a un ser humano con un animal en estos tiempos no es un elogio, pero en tiempos bíblicos era hermoso. El rey Salomón fue el primero en introducir caballos y carros en el ejército de Israel. Los compraba precisamente en Egipto a precio de 150 siclos de plata por caballo y 600 siclos por carro (1 Reyes 10:28-29). Esta fue una clara desobediencia de parte de Salomón, pues Dios había mandado en la ley: “pero él (rey) no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Yahwéh os ha dicho: No volváis nunca por este camino” (Dt. 17:16-17). Salomón dio mucho valor a las cosas de este mundo, al menos antes de darse cuenta de que son vanidad; sin embargo, conforme a la tipología del Cantar de los Cantares comparar a la sulamita con su yegua implica el gran valor que Cristo le da a la iglesia y su pasión por ella. En este caso la comparación no trata de la mejor yegua de Faraón, sino de la mejor yegua del rey de Israel, como dice literalmente el pasaje. La iglesia no es lo mejor que Cristo obtiene de este mundo; sino lo mejor de las posesiones del cielo. Cristo dijo que no somos de este mundo (Juan 17:16), salimos de Él y Él es Celestial. Habla de pertenencia: “mi yegua”. Somos de Cristo. La yegua es símbolo de sometimiento y obediencia, pero también de hermosura. Así mismo, la iglesia esposa esta sujeta a Cristo y de dicha sumisión proviene su hermosura. En Efesios leemos: “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efe. 5:24-27). Primero se menciona la sujeción de la iglesia a Cristo y luego se hace referencia de la obra embellecedora de Cristo en ella. La sujeción provee hermosura. La yegua es también símbolo de rapidez. La Biblia dice que estamos en una carrera (Hch. 13:25; 20:24; 1 Corintios 9:24-26; Fil. 3:13-14; 2 Timoteo 4:7; Heb. 12:1-2). La iglesia esposa se compone de todos los creyentes vencedores, los que aventajan en esta carrera. “A mi yegua entre los carros de Faraón” (traducción literal). En los carros de los reyes en tiempos bíblicos se usaban sementales, de manera que una yegua entre los caballos habla de muchos símbolos gráficos. Por ejemplo, la iglesia esposa es única. No hay otra como ella. En el mundo (Egipto, Faraón) hay muchas religiones y filosofías, pero nada puede compararse con la iglesia. Ella es única entre todas las cosas de este mundo. El Amado no tiene otra mujer aparte de la iglesia. Habla de escándalo y deseo. Una yegua entre sementales provocaría problemas. Así es la iglesia en este mundo, incomoda al sistema de pecado y un escándalo a los hombres. Pero, por otro lado, deseada por los corazones humanos. Habla de poder y fuerza para la guerra. La yegua está entre los carros de Faraón. Dichos carros eran carros de guerra. Por un lado, estamos en una carrera, pero por otro estamos en una guerra. La carrera es con respecto a los hermanos, pero la guerra con respecto de Satanás, del mundo y del pecado. “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1 Tim. 6:12). Esta orden fue dada por un General en la fe y dirigida a un prometedor soldado de la misma. Pablo a Timoteo. Al final de su vida, Pablo pudo volver a escribirle al mismo soldado en un cambio de mando: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:7-8). Ha llegado hasta nosotros esta guerra. Ha llegado hasta nosotros este reto. Ha llegado hasta nosotros la oportunidad de la gloria. No hay lugar ni tiempo para ser débiles. Habla de valor. Los carros de guerra son para la confrontación. Sus caballos requerían valor, de hecho, el caballo en la Biblia es símbolo de valor (Job 39:14). En la guerra espiritual no hay lugar para los cobardes. Aún se escucha el eco divino ordenándole a Gedeón: “quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase” (Jueces 7). El reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan (Mateo 11:12). Habla de gracia. El rey mira a la yegua distinguida entre los carros de Faraón. Esto ilustra cómo el Señor mira hermosa a la iglesia a pesar de que aún está en el mundo. A los ojos de los hombres la iglesia no es muy distinguida. Las hijas de Jerusalén la miran negra y los medios hermanos la menosprecian, pero a los ojos del Señor la iglesia es distinguida y hermosa a pesar de su imperfecta condición. “Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida” (Isaías 43:4). Cuando te critiquen di: “Dios aún no ha terminado conmigo.” La comparación con la yegua entre los carros también habla ser útiles, de tener un propósito. La iglesia esposa no es un artículo decorativo que el Señor esté formando para engalanar los pasillos del cielo. Sin lugar a dudas que hermoseará el cielo siendo en sí misma el mensaje de la gracia de Dios, pero la iglesia tiene además otra utilidad. Es el Cuerpo de Cristo, es decir, el medio usado por Dios para someter todas las cosas a sí mismo y representarlo enseñoreándose de la creación. Junto a Cristo, su Cabeza, la iglesia es el segundo Adán, el Nuevo Hombre. Habla de ser escogidos y especiales. No cualquier caballo era puesto en carro de rey. El caballo del rey era muy especial (Ester 6:8). Jesús dijo que “muchos son los llamados, más pocos son los escogidos” (Mateo 22:14). No todo el que ha profesado ser cristiano tomará parte en las bodas del Cordero. “Amiga mía”. En el Cantar de los Cantares el Amado llama con frecuencia a la sulamita “amiga mía”. Esto es muy significativo. En la Biblia el término “amigo” tiene una connotación muy especial. Principalmente habla de una relación creciente. Jesús dijo a los discípulos que ya no les llamaría siervos, sino amigos, porque a ellos les hacía saber todas las cosas, mientras que los siervos no saben lo que hace su Señor (Juan 15:15). La iglesia esposa cuenta con la confianza del Amado; es el Abraham de Dios, el amigo al que Dios le cuenta sus planes. Habla también de unidad; pues “hay amigo que es más unido que un hermano” (Prov. 18:24). Habla de amor incondicional; pues “en todo tiempo ama el amigo” (Prov. 17:17). Habla de entrega; pues “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). La iglesia novia esta compuesta por los íntimos de Dios; por aquellos que amando su compañía son llamados sus amigos.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:10
1.10 Casi siempre que se mencionan las mejillas en las Sagradas Escrituras son con referencia a la humillación. Muchos son los ejemplos de las mejillas golpeadas como una manera de humillar; bástenos el caso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien, no solo enseñó a poner la otra mejilla ante la ofensa, sino también lo demostró entregando sus mejillas a los que le arrancaban la barba (Isaías 50:6). Ahora bien, recordemos que la sulamita ha sido menospreciada por las hijas de Jerusalén y por sus propios medios hermanos; de manera que el elogio del Amado viene a ser un bálsamo sanador. Mientras algunos intentan humillar a la iglesia esposa menospreciándola, el Amado encuentra su belleza precisamente en su humillación. Por otro lado, la referencia a las mejillas entre los pendientes nos habla en lenguaje poético del compromiso matrimonial. Por ejemplo, Raquel recibió como obsequios pendientes y brazaletes al haber sido escogida como esposa para Isaac, el hijo de la promesa. Así mismo, la iglesia esposa se compone de todos aquellos que habiendo recibido las arras del Espíritu están comprometidos en matrimonio con el Hijo de Dios. Esto es maravilloso; pues el elogio del Señor es el siguiente: “intentan humillarte, pero tu eres la esposa escogida, tal es tu hermosura.” ¡Aleluya! Cabe aclarar que en este versículo todavía se trata de los adornos propios de la sulamita; siendo los regalos del Amado dados en el versículo siguiente; sin embargo, el simbolismo permanece intacto, pues la amada intenta vivir en el compromiso matrimonial con toda su fe, por lo que el Amado recompensará dándole el poder necesario para lograrlo. Por lo que no está mal considerar a los pendientes que hermosean el rostro de la sulamita también como símbolo de las riquezas de Cristo que hermosean a la iglesia (¿qué tenemos que no hallamos recibido?): “Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos y collar a tu cuello. Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a reinar. Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice Yahwéh el Señor” (Ezequiel 16:11-14; lee también 2 P. 1:3-4). Otro punto por demás importante es considerar que el Amado admira más la belleza de la Amada que sus adornos. Cristo ama a la iglesia por encima del plan que se ha propuesto llevar a cabo por medio de ella. Así debemos también los creyentes amar a Cristo: por encima de sus dones y bendiciones. Amamos al Dador y al Bendito más que a sus dádivas y bendiciones. Sin dejar lo anterior, otra interpretación con respecto a los pendientes es válida. Se usa la palabra hebrea rahalá, traducida pendientes en el versículo que aquí nos ocupa, pero que también significa “velo largo”; e incluso “cabello trenzado”. Si tal es el caso, entonces la belleza de la sunamita está íntimamente relacionada con la autoridad, pues sería una referencia a la sujeción de la Iglesia a Cristo. En el Nuevo Testamento hallamos la discusión con respecto al velo para cubrir la cabeza de las mujeres como señal de que estaban bajo autoridad; así como también la afirmación de que el cabello lo tienen en lugar del velo para cubrirse (1 Corintios 11:5-15). La iglesia esposa, sin lugar a dudas es hermosa y embellecida por estar bajo la autoridad de Cristo, su Cabeza. “Tu cuello entre los collares”. Posible traducción: “tu cuello entre los collares de corales”. El cuello refiere la dignidad y los collares el honor. José fue exaltado y recibió un collar de oro (Génesis 41:42); similar fue la experiencia de Daniel (5:7,16,29). La iglesia esposa vive con la dignidad de la exaltación de Cristo, como sentada en los lugares celestiales con Cristo. En Job 39:19 se menciona que el cuello de los caballos fue adornado con crines. La sulamita fue comparada a la yegua del rey entre los carros de Faraón y luego se hace mención de su cuello. Es posible que se esté siguiendo la misma alegoría; sin embargo, me inclino a pensar que es un elogio directo a la iglesia en la figura de una mujer. La sabiduría y la disciplina son vistas en la Biblia como collares al cuello de los entendidos y obedientes (Prov. 1:7-9). La iglesia esposa está instruida en el temor de Dios. Esto va ligado a la sujeción. Un cuello erguido es símbolo de un corazón soberbio (Isaías 3:16); mientras que un collar al cuello es símbolo, entre otras cosas, del yugo (Jer. 27:2). La iglesia novia es hermoseada con el yugo de Cristo. ¡Precioso yugo del Señor que trae descanso al que lo lleva! (Mateo 11:29-30); ¿o será acaso el yugo quién nos lleva a nosotros? La Biblia usa mucho la expresión de “llorar sobre el cuello” o “echarse al cuello a llorar”. ¡He allí el descanso de los que llevan el yugo de Cristo!
— Roberto Tinoco
Cantares 1:11
1.11 Naturaleza divina y redención. La palabra hebrea traducida “zarcillos” es muy interesante: lákjash. Significa “susurro, oración privada”. En el sentido negativo se refería a los amuletos usados para encantamientos y oraciones, pero en sentido positivo refiere a la oración íntima. La sulamita es considerada hermosa a pesar de sus modestos adornos. Ahora el Amado le ofrece cambiar lo poco que tiene por mucho más (corales por oro). Cambiar sus esfuerzos humanos de agradar a Cristo por la naturaleza divina tipificada en el oro. ¿Cómo es esto posible? En 2 Pedro 1:3-4 leemos: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.” Dicho conocimiento no es intelectual, sino de intimidad. Por ejemplo, “conoció Adán a su mujer y ésta concibió”. ¡Todo nos es dado mediante la intimidad con Cristo! Vimos que la palabra zarcillos también significa “oración íntima”. La oración íntima es un medio dado por Dios para relacionarnos con Cristo y a su vez, tal relación nos enriquece con la vida divina. A través de la oración íntima la iglesia esposa es transformada y llenada con la gloria de Dios (oro). La Biblia testifica de la iglesia esposa diciendo que tiene la gloria de Dios (Ap. 21:10-11 compara con 4:3). De manera que la naturaleza divina adorna y embellece a la iglesia como los atavíos a la sulamita. Por su parte, la plata simboliza la redención. Los zarcillos de oro que el Amado obsequia a la novia están decorados de plata. La obra redentora de Cristo y la vida de la iglesia basadas en la cruz, enfatizan el embellecimiento de la iglesia. ¡Cómo nos gozamos ante las vidas transformadas! ¡Son la hermosura de la iglesia! No puedo pasar al siguiente versículo sin antes proclamar la pluralidad de Personas en la Deidad. Nota la obra plural en la transformación de la iglesia: “zarcillos de oro te haremos”. Similar a la primera creación: “Dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen…” (Génesis 1:26). Algunos piensan que son las hijas de Jerusalén las que hablan; sin embargo, esto no puede ser así, puesto que transformar el coral en oro sólo puede ser la obra de Dios en su carácter de Trinidad.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:12
1.12 El Rey es Cristo. Algunos ven un triangulo amoroso en donde el amado pastor es diferente al rey, ¿acaso no pueden ver las diferentes facetas de Cristo? Él es tanto el Amado como el Pastor y el Rey. El reclinatorio del rey era una especie de diván para inclinarse ante la mesa (recordemos que la costumbre en el antiguo oriente no era la de sentarse en sillas, sino recostarse frente a una mesa de apenas unos centímetros de alto). Reclinarse a la mesa es símbolo de comunión. Hay que abrirse al Señor para disfrutar su provisión: “he aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20). La mesa es símbolo de disfrute y provisión, bástenos considerar las riquezas de los manjares de Salomón para darnos una idea de los inconmensurables deleites de Cristo (1 R. 4:22-23; 10:5). Cuando comemos los sacrificios que Dios ha aceptado, entonces también somos alimentados por Él (los que ofrendaban sacrificios comían de ellos). Y cuando somos alimentados por su provisión, deleite y comunión, es entonces que despedimos su olor fragante. Cuando la iglesia alimenta a Dios con su adoración, también Dios alimenta a la iglesia con su Presencia. Abraham dio de comer a Dios y Dios le dio un hijo (Génesis 18). Jacob recibió la bendición de la primogenitura cuando dio a su padre Isaac el guiso que le gustaba (Génesis 27). La viuda pobre alimentó primero a Elías y luego la harina y el aceite se multiplicaron (1 R. 17:13-16). Elías recibió fuego porque primero reparó el altar de Dios (1 R. 18:30-38). La mujer de Sunem alimentó a Eliseo y le preparó un aposento alto y después recibió la bendición de un hijo (2 R. 4:8-17). Ester dio dos banquetes consecutivos al rey antes de recibir la liberación de los judíos. Los caminantes de Emaús recibieron la revelación del Señor Resucitado porque le insistieron que comiera con ellos (Lucas 24:13-32). El nardo, planta conocida también como espicanardo. Proviene de los montes Himalaya. De su raíz y tallos se prepara un perfume de gran olor fragante y muy costoso. Es símbolo de adoración y ofrenda (Fil. 4:8). De manera que al decir la sulamita que su nardo da su aroma mientras el rey está en su reclinatorio está expresando que la intimidad con Cristo produce una vida fragante. La Biblia habla de aquella ocasión cuando le prepararon una cena al Señor Jesús en Betania, en casa de Lázaro; y estando Jesús reclinado a la mesa, María ungió los pies de Jesús con un perfume de nardo muy costoso, llenando con su aroma toda la casa. Así también los creyentes apasionados, al preparar alimento al Señor con su adoración, sale de ellos olor fragante que llena la casa de Dios.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:13
1.13 “Mi Amado es para mí…” Quizá para otros Cristo es “como raíz de tierra seca” y para otros “una piedra desechada”; más para nosotros, Cristo es precioso, tanto en precio (invaluable) como en aprecio (inmedible). La mirra es símbolo de la cruz y de la muerte. Por ejemplo, Nicodemo llevó mirra y especies aromáticas a la tumba de Jesús para ungirle en su sepultura (Juan 19:39-40). Por su parte, las mujeres hebreas tenían la costumbre de llevar un manojito o bolsita de mirra o algún otro perfume colgada al cuello para perfumarse. En este caso, el pasaje en cuestión dice que la sulamita lleva dicho manojito “entre los pechos”, lo que nos habla del corazón. Efesios 3:17 dice que Cristo habita por la fe en nuestro corazón para que estemos arraigados en amor. Y así como la sulamita estaba continuamente oliendo la mirra que traía en su pecho, del mismo modo la iglesia esposa está continuamente oliendo a Cristo; esto es, pensando siempre en el sacrificio de nuestro Señor. Mirra, áloe y casia exhalan las vestiduras del Señor (Sal. 45:8). La iglesia no debe olvidar jamás que Cristo la amó al punto de entregarse a muerte por ella (Efesios 5:25). Todo avivamiento está centrado en la muerte de nuestro Salvador. Este olor guía a los creyentes. Nota que la amada dice que su Amado reposa entre sus pechos, lo que habla del disfrute íntimo, a solas. Así es la adoración de los creyentes enamorados de Cristo, no solo en público, sino aún más en privado y siendo el reposo del Señor, tal y como Él es nuestro reposo.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:14
1.14 En el versículo anterior vimos que la iglesia esposa tiene siempre presente el aroma de la muerte del Salvador; en el versículo presente da un salto hacia la resurrección. Esta es la vida de la iglesia. El racimo de flores representa la vida de resurrección. Las flores de alheña (como denota la traducción literal) son muy significativas. La palabra hebrea traducida alheñas es kófer. Kófer es el mismo vocablo que define el precio para redimir una vida; así que el racimo de flores de alheña es tipo de la poderosa vida de Cristo que vence a la muerte, a la vez que también prefigura la redención que Dios ministra a quienes le reciben. Por su parte, las viñas representan a las iglesias. Son “el lugar de las uvas”. Mientras que En-gadi significa “la fuente del Cordero”. ¡Por demás significativo! La novia parece decir: “mi Amado es el manantial de resurrección. Él es mi redención y mi vida.” Esto es glorioso: el manantial de Cristo está en las iglesias. Allí está la gloriosa vida de resurrección. Cuando Saúl intentó matar a David, éste huyó al oasis de En-gadi. Por cierto, allí también David perdonó la vida de su injusto perseguidor Saúl (1 Samuel 23-24). Así que el Amado es para la iglesia también la fuente del perdón. Esa es la fuente del Cordero, el amor al enemigo y el respeto al principio de autoridad. Allí está el manantial de la vida. La vida fragante a Dios se encuentra en la vida de la iglesia basada en la muerte y resurrección de Cristo.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:15
1.15 Cristo inicia el romance divino. “Lo amamos a Él, porque Él nos amó primero” –diría el apóstol Juan. Tenemos primero el doble elogio: “he aquí que tú eres hermosa”, es el primero; y, “he aquí que eres bella”, es el segundo. ¿Por qué un doble elogio? ¡Porque la iglesia es el deleite de Dios! “Deseará el Rey tu hermosura”, dice el salmo 45:11. No tenemos problema en comprender que la iglesia es el deleite del Señor. Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella (Efesios 5:25). Esto es inobjetable. El problema radica en si la iglesia es el deleite de los creyentes. ¿Es la iglesia tu deleite? ¿Amas lo que Dios ama? ¿O menosprecias el deleite de Dios? “Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios” (1 Crónicas 29:3). Estas son palabras de David y son preciosas. “Mi afecto en la casa de Dios”; como decir, es mi deleite, lo que amo y disfruto. La casa de Dios actual es la iglesia, en ella debe estar nuestro afecto. Mira como David no solo decía tener su afecto en la casa de Dios, sino que lo demostraba dándole su tesoro a ella. Nuestro tesoro particular puede ser bienes materiales, pero también la familia o los talentos y aptitudes. ¿Están éstos al servicio de la iglesia? Si no es así, entonces es falso que nuestro afecto esté en la casa de Dios. “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Salmo 84:10). Un salmo de los hijos de Coré, un salmo de los pocos sobrevivientes de aquel hombre que incitó una rebelión contra Aarón y contra Moisés y que fue tragado por la tierra junto con todos los que le apoyaron (Números 16). Coré buscaba usurpar el sacerdocio e hizo contrataciones para ello, sus tiendas fueron “las moradas de maldad”. Por lo visto sus hijos aprendieron la lección, es mejor ser portero que rebelde. Mejor a la puerta de la casa de Dios obedeciéndole que haciendo la voluntad propia como enemigo de Dios. Es interesante que los hijos de Coré mencionados no se amargaron contra Dios por la muerte de su familia, sino que amaban tanto al Señor que amaron también Su casa para ser por lo menos porteros en ella (que no es poco, por cierto). “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Yahwéh iremos” (Sal. 122:1). ¿Es nuestra alegría ir a la casa de Dios? ¿Nos alegra reunirnos con la iglesia? Y aún más directo, ¿nos alegra que otros se reúnan como iglesia? No debiera haber invitación más dichosa que la de ser iglesia. Los que aman a Dios tienen por tiempo favorito el que pasan con los hijos de Dios. La iglesia novia siempre está de fiesta. “Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría” (Sal. 137:5-6). La Nueva Jerusalén es la iglesia esposa (Ap. 21). El salmista sabe que olvidarla es perder “la destreza de su diestra”; esto es, inutilizar los dones y el poder que ha recibido de Dios. Menospreciar a la iglesia es que ella no sea la razón más importante de nuestra alegría, tal cosa nos inutiliza hasta en el hablar. Nuestra lengua se pega al paladar cuando no disfrutamos a la iglesia como nuestro más alto deleite en esta tierra, dejamos de profetizar, perdemos el aliento y la palabra de Dios a causa de la sed espiritual no satisfecha (por la sed se pega la lengua al paladar). El Amado alaba a la iglesia y los creyentes debemos también enaltecerla. He visto creyentes que alaban a Cristo, pero critican a la iglesia y también los he visto secarse al hacer esto. He visto también, creyentes que alaban a Cristo y a la iglesia, y los he visto rejuvenecerse al hacer esto. El Amado ha dicho de la iglesia: “he aquí que tu eres hermosa, he aquí que tu eres bella”. En ocasiones la iglesia es a nuestros ojos como una terrible mujer llena de defectos; sin embargo, Cristo la ama y la mira hermosa. Debemos cambiar nuestro mirar, ¿tenemos mejores gustos que Dios? ¿Somos más aptos que Dios para definir qué es hermoso y qué no lo es? Dios repite su elogio. El principio bíblico de la repetición es el énfasis: “Samuel, Samuel”; “Martha, Martha”; “de cierto de cierto te digo”; “hermosa, bella”. Que no quede lugar a dudas, la iglesia es hermosa doblemente. También llama a la iglesia “amiga mía”. ¿Qué significa esto? La Biblia dice que “en todo tiempo ama el amigo” (Prov. 17:17). La iglesia novia es fiel amante de Cristo a causa de Cristo mismo y no de las circunstancias. Si los acontecimientos son adversos no mengua su amor, y si son afortunados, tampoco se incrementa. Ama a Cristo invariablemente en todo tiempo. “Hay amigo más unido que un hermano” (Prov. 18:24). A causa del nuevo nacimiento los creyentes somos llamados hijos de Dios. Cristo es el primogénito entre muchos hermanos (Rom. 8:29). Pero, ¿cuántos de los nacidos de nuevo intiman con Cristo al punto de ser sus amigos? Jesús dijo a los discípulos que ya no los llamaría siervos, sino amigos, por cuanto le había dado a conocer las cosas del Padre, mientras que los siervos las desconocen (Juan 15:15). Sólo los creyentes que intiman con Cristo llegan a conocer sus planes. Los siervos no tienen derechos, pero los amigos disfrutan los éxitos mutuos. Sabemos quién sí es parte de la iglesia novia en que conoce los planes del Padre. No me refiero al conocimiento intelectual, sino al conocer el corazón del Padre de manera relacional. La belleza de la iglesia novia consiste en la Presencia de Dios en ella, la comunión la hermosea. Por ello intercala la frase “amiga mía” entre “hermosa mía” y “eres bella”. La intimidad de la amistad es su hermosura. Un prototipo de la iglesia amiga es Abraham (2 Cr. 20:7; Stg. 2:23). ¿Cómo llegó Abraham a ser considerado amigo de Dios? Primero, Abraham llegó a ser considerado amigo de Dios, no siempre lo fue. Segundo, el caminar con Dios aprendiendo las lecciones que este camino presenta le hicieron crecer en intimidad. Tercero, creyó a Dios contra toda imposibilidad. Cuarto, estuvo dispuesto a entregar a Dios a su hijo unigénito Isaac, tal y cómo Dios entregó a su Hijo Unigénito Jesús. Esto muestra que amaba a Dios sobre todo y que tenía un corazón semejante a Él. “Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo” (Sal. 101:6). No se puede ser parte de la iglesia novia si no se ha sido fiel como amigo de Dios. “Su comunión es con los rectos” (Prov. 3:32). “Tus ojos son como palomas”, termina diciendo el versículo quince. El Amado dice que los ojos de la iglesia son como palomas, no dice que tenga ojos como los de las palomas. He leído muchos comentaristas que al leer esto hablan de los ojos de las palomas, pero tal comparación es un error y limita la interpretación. La amada tiene ojos como palomas, ¿qué dice la Biblia de los ojos? En Mateo 6:22-23 dice que “la lámpara del cuerpo es el ojo”. Los ojos de la sulamita expresan cómo es su interior. Y su interior es como palomas. La iglesia es vista por el Señor “sencilla como palomas” (Mateo 10:16). La paloma es símbolo también del Espíritu Santo (Mateo 3:16). Los ojos de la iglesia novia como palomas expresan que su visión es a través del Espíritu santo. Tiene visión y discernimiento espiritual. ¡Qué diferente la oferta de la serpiente: “serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios conociendo el bien y el mal”! (Génesis 3:5-7). ¡Cuánto contraste con la visión de Lot que consideró la tierra rumbo a Sodoma “como el huerto de Dios”! (Gen 13:10,14). La iglesia novia tiene la visión del Espíritu, por ella Rebeca vio a Isaac y se unió a él (Génesis 29:64). Y por ella la iglesia novia percibe a Cristo y se une a Él. Necesitamos la visión del Espíritu, sin ésta corremos el riesgo de ser “una esposa de segunda categoría”. Las Escrituras muestran que Lea era de tiernos ojos, pero Jacob prefirió a Raquel por cuanto era de bella figura y hermoso semblante (Gen. 29:17). Los ojos tiernos no son suficientes. La pregunta obligada es: ¿cómo se adquiere la visión del Espíritu? Y la respuesta es: la experiencia de vivir en intimidad con Dios. Job era un excelente hombre de Dios, sin embargo, después de su quebranto y posterior manifestación de Dios, después de mucho buscarle pudo decir: “de oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Nada sustituye la escuela de la experiencia con Dios. Por eso Esdras, el salmista posterior al exilio podía pedir: “abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley” (Sal. 119:18). Por otro lado, las palomas eran también una ofrenda (Lucas 2:24). Lo que nos muestra que cuando la iglesia mira por el Espíritu es una ofrenda viviente para Dios.
— Roberto Tinoco
Cantares 1:16
1.16 La iglesia novia sabe que toda belleza procede de Cristo. Todo es embellecido desde fuera, pero el Amado es hermoso por naturaleza. “Él es el más hermoso de los hijos de los hombres” (Sal. 45:2). “Porque ¡cuánta es su bondad y cuánta es su hermosura!” (Zac. 9:17). “Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad, Desde el seno de la aurora tienes Tú el rocío de tu juventud” (Salmo 110:3). El mundo no entiende los términos de la iglesia que definen la hermosura de Dios, ¿cómo pueden llamar hermoso a quien es invisible? –dicen. Sin embargo, lo decimos porque tenemos los ojos como palomas; tenemos la mirada del Espíritu y podemos apreciar las virtudes de Cristo. Somos como Simeón, el anciano que, guiado por el Espíritu, reconoció a Dios encarnado en un bebé (Luc. 2:26). “…nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). La ternura del lenguaje visto en la sulamita es propia de la oración de la iglesia esposa. No debe pensarse que son sólo frases sensuales. Efectivamente, implica también los sentimientos románticos más profundos, pero, ¿no es acaso la relación de Cristo y su mujer? “Amado mío…” Hay muchas cosas que aman los hombres, pero los creyentes que componen a la iglesia novia tienen un solo Amado: Cristo. El apóstol Pablo es un excelente ejemplo de esto. Escribió a los filipenses: “…aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en Él… a fin de conocerle…” (Fil. 2:8-10). Ve la identificación amorosa: Amado, sí; pero mí Amado. ¿De que serviría conocer las virtudes y la excelencia del amor de Cristo sin apropiarse de ellas? El mero conocimiento intelectual de Cristo no es suficiente, nada sustituye el conocimiento que es producto de la relación intima. “…y dulce…” Hermoso a los ojos del discernimiento y delicioso al corazón. Sabemos que Cristo es dulce porque lo hemos disfrutado. Él endulza nuestra alma. La iglesia novia tiene su deleite en Cristo. Cristo es hermoso y dulce. La Biblia habla de Absalón, uno de los hijos de David, dice que era de apariencia hermosa, pero de amargo carácter. No así Cristo, Él es hermoso por naturaleza y de dulce carácter. ¡Considera su trato a los enfermos, necesitados y débiles! ¡Cuenta las bendiciones que proceden de Él! ¡Analiza sus palabras y la ternura de su compasión!
— Roberto Tinoco
Cantares 1:17
1.17 Esta es una descripción poético-metafórica del campo en donde se amaron el rey y la sulamita: alfombra verde floreada, árboles por paredes y techo. Así es el romance entre Cristo y la iglesia, abierto y libre. La descripción de la casa de amores nos presenta el anhelo de Dios. Las Sagradas Escrituras hablan de principio a fin del deseo de Dios por su casa. Se paseaba en el huerto del Edén; visitó a Abraham en su tienda; a Jacob mostró el sueño de su casa mientras huía; le dio a Moisés los planos de su casa para habitar entre ellos; le agradó la idea de David de construirle una; encomendó a Salomón dicho trabajo; habitó entre nosotros en la casa de carne del Carpintero galileo; y actualmente está edificándose una casa compuesta de piedras vivas, a saber, los creyentes procesados por el Espíritu. Finalmente, la conclusión de su morada será la Nueva Jerusalén, la esposa del Cordero. Nota la relación: “nuestro lecho, nuestra casa”; no “mí lecho ni tú casa”. El deseo de Dios es también el deseo de la iglesia. “Nuestro lecho es de flores…” El lecho es el lugar de amor conyugal (Heb. 13:4). La iglesia como lugar de adoración es el lecho de flores, el lugar del romance y la intimidad. La traducción literal es “lecho verde floreado”. Es una descripción del campo, símbolo del descanso, producto de la intimidad y confianza: “en delicados pastos me hará descansar” (Sal. 23:2). En este lugar somos amados con la Palabra y el rocío del Espíritu. En este lugar le amamos con expresiones de oración y caricias de adoración. Esta es la relación frondosa de vida entre Cristo y la iglesia en el placentero lugar espiritual de los amores. Por otro lado, el lecho es el lugar de descanso y las flores son símbolo de resurrección. De manera que “nuestro lecho es de flores” significa “nuestro descanso es la vida que vence la muerte”. Ni aún la muerte nos puede separar del amor de Dios (Rom. 8:38-39). “…las vigas de nuestra casa son de cedro…” La madera en la Biblia, especialmente la de cedro, es símbolo de la humanidad. Las vigas son la estructura que sostiene todo el edificio, son la firmeza de la casa, de manera que Dios ha decidido estructurar su iglesia en base a hombres. La iglesia es la casa de oración, la casa edificada sobre la Roca con vigas de cedro. “…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo…” (Efesios 2:20). Las vigas de cedro son los creyentes considerados columnas, los hermanos sobresalientes que sobrellevan las cargas de los demás (Gálatas 2:9). Todo esto estaba tipificado en el templo construido por Salomón, el cual también tenía vigas de cedro (1 R. 6:9; 7:1-3). La iglesia es “la casa del Dios Viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:15). En Apocalipsis encontramos la promesa de Dios a los vencedores de hacerlos columna en su templo y llamarlos con el nombre de la Nueva Jerusalén (Ap. 3:12). La Biblia menciona la historia de un hombre llamado Hiram. Este varón era un artesano habilidoso que colaboró en la construcción del Templo de Salomón principalmente como constructor de columnas (1 R. 7:13-46; 2 Cr. 2:13-14; 4:11-16). Cristo es el edificador de la iglesia (Mateo 16:18). Él es el verdadero Hiram que edifica la iglesia como casa de Dios instituyendo sus columnas, esto es, los ministros sobresalientes (Efesios 4:11; Pablo menciona a Jacobo, Pedro y Juan con reputación de columnas de la iglesia en Gálatas 2:9. “…de cipreses los artesonados…” Mejor traducido como “de cipreses los decorados en ascenso”. Se refiere al decorado en el techo, pero también a terrazas y jardines escalonados. Lo anterior tiene grandes enseñanzas, la primera de ellas es la vida ascendente de la iglesia que adorna el evangelio de Jesucristo. La vida de los creyentes es de poder en poder (Sal. 84:7); de gloria en gloria (2 Cor. 3:18); y en constante aumento como la luz de la aurora (Pr. 4:18). La segunda es que la iglesia es el jardín alto donde Dios se pasea; su Edén y su deleite. La tercera es cómo adornan los creyentes individuales el reino de Dios con su vivir: “…fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10). La cuarta es el atavío de la iglesia novia. Los cipreses artesonados son otra forma de referirse a su vestido de boda (su preparación y santificación para su encuentro con Cristo): “…vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” “…y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa…” (Ap. 21:2,19). La quinta es su gran valor. Los adornos de ciprés sólo existían en el templo y los palacios. Eran muy elegantes y costosos. Así también, la vida santa y creciente de Dios sólo se encuentra en su iglesia novia.
— Roberto Tinoco