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Mateo 13
Parábola del sembrador
1Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó unto al mar.🗨📝 2Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.🗨📝 3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.🗨📝 4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.🗨📝 5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;🗨📝 6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.🗨📝 7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.🗨📝 8Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.🗨📝 9El que tiene oídos para oír, oiga.🗨📝 10Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?🗨📝 11El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.🗨📝 12Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.🗨📝 13Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.🗨📝 14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.🗨📝 15Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.🗨📝 16Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.🗨📝 17Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.🗨📝 18Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:🗨📝 19Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.🗨📝 20Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;🗨📝 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.🗨📝 22El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.🗨📝 23Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.🗨📝Parábola del trigo y la maleza
24Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;🗨📝 25pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.🗨📝 26Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.🗨📝 27Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?🗨📝 28El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?🗨📝 29El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.📝 30Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.🗨📝Parábola de la semilla de mostaza
31Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo;🗨📝 32el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.🗨📝Parábola de la levadura
33Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.🗨📝 34Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba;🗨📝 35para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.🗨📝Explicación de la parábola del trigo y la maleza
36Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.🗨📝 37Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.🗨📝 38El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.🗨📝 39El enemigo que la sembróes el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.🗨📝 40De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, asíseráen el fin de este siglo.🗨📝 41Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,🗨📝 42y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.🗨📝 43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.🗨📝Parábolas del tesoro escondido y de la perla
44Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.🗨📝 45También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,🗨📝 46que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.🗨📝Parábola de la red para pescar
47Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;🗨📝 48y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.🗨📝 49Asíserá al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,🗨📝 50y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.🗨📝 51Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor.🗨📝 52El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.🗨📝Jesús es rechazado en Nazaret
53Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.🗨📝 54Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?🗨📝 55¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?🗨📝 56¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?🗨📝 57Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.🗨📝 58Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 13:1
13.1-2 A nadie le gusta el rechazo. Posiblemente no existe ofensa más grande que la que se hace al amor. Desilusión. Ira. Frustración. Y en ocasiones hasta venganza. Está implícita en la naturaleza de todo ser vivo que reaccionemos de mala manera si quien amamos nos da con la puerta en la nariz. En cierto modo el Arquitecto del universo dejó su sello personal en su creación. El Hijo de Dios tuvo esta experiencia. Dejó el cielo por nosotros; y lo que es más aún, dejó de ser Dios para usar sandalias de mortal. En el capítulo 12 vimos cómo los judíos consumaban su rechazo. Ahora nos disponemos ver cuál fue la reacción del Rey ante dicha actitud. El primer versículo del capítulo 13 dice Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Cada palabra de las Sagradas Escrituras es sumamente importante. La Biblia es muy económica y jamás habla por hablar. La frase citada precisamente después del rechazo judío representa lo que estaba por venir; es decir, que el Rey pronto dejaría al Israel terrenal para abrir oportunidad a los gentiles. La casa es Israel y el mar las naciones. No era la primera vez que el Amado daba carta de divorcio a su mujer por el adulterio de ésta (Jer. 3:8); lo cual no significa que Dios cambió de planes o que fue sorprendido como una marido que llega a su hogar cuando menos lo esperaban. En realidad Dios no remplazó a su pueblo, sino que lo redefinió. De ser únicamente judíos de sangre o según la carne, como dice el apóstol Pablo, pasó a judíos según el espíritu, es decir, en su interior por la fe: Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios (Rom. 2:28-29). Lee también Efesios 2:11-15. De modo que las siete parábolas de este capítulo acerca del Reino de los cielos no están dirigidas a los judíos según la carne, sino a los judíos en lo espiritual; a saber, la iglesia sin distingo nacional.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:2
13.1-2 A nadie le gusta el rechazo. Posiblemente no existe ofensa más grande que la que se hace al amor. Desilusión. Ira. Frustración. Y en ocasiones hasta venganza. Está implícita en la naturaleza de todo ser vivo que reaccionemos de mala manera si quien amamos nos da con la puerta en la nariz. En cierto modo el Arquitecto del universo dejó su sello personal en su creación. El Hijo de Dios tuvo esta experiencia. Dejó el cielo por nosotros; y lo que es más aún, dejó de ser Dios para usar sandalias de mortal. En el capítulo 12 vimos cómo los judíos consumaban su rechazo. Ahora nos disponemos ver cuál fue la reacción del Rey ante dicha actitud. El primer versículo del capítulo 13 dice Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Cada palabra de las Sagradas Escrituras es sumamente importante. La Biblia es muy económica y jamás habla por hablar. La frase citada precisamente después del rechazo judío representa lo que estaba por venir; es decir, que el Rey pronto dejaría al Israel terrenal para abrir oportunidad a los gentiles. La casa es Israel y el mar las naciones. No era la primera vez que el Amado daba carta de divorcio a su mujer por el adulterio de ésta (Jer. 3:8); lo cual no significa que Dios cambió de planes o que fue sorprendido como una marido que llega a su hogar cuando menos lo esperaban. En realidad Dios no remplazó a su pueblo, sino que lo redefinió. De ser únicamente judíos de sangre o según la carne, como dice el apóstol Pablo, pasó a judíos según el espíritu, es decir, en su interior por la fe: Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios (Rom. 2:28-29). Lee también Efesios 2:11-15. De modo que las siete parábolas de este capítulo acerca del Reino de los cielos no están dirigidas a los judíos según la carne, sino a los judíos en lo espiritual; a saber, la iglesia sin distingo nacional.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:3
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:4
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:5
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:6
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:7
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:8
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:9
13.3-9 Se le conoce como la parábola del sembrador, pero bien podría llamarse “la parábola de los suelos”. El énfasis está en la clase de tierra donde la semilla es puesta. La semilla que Dios siembra, sin lugar a dudas es buena y productiva, el problema radica en la clase de suelo donde se siembre. La infertilidad es producto de la actitud del hombre, rara vez es asunto de Dios. En contraste con las otras 6 parábolas, ésta comienza un poco diferente, pues no inicia como las demás diciendo: El reino de los cielos es semejante o tiene semejanza a… ¿A qué se debe esto? A que apenas iba a sembrarse la semilla del reino de los cielos, más dicho reino aún no existía como en las demás parábolas (distíngase el reino de los cielos como la manifestación del cielo en el tiempo del reino de Dios que es eterno). Si la semilla del reino de los cielos apenas está por ser sembrada, entonces es lógico pensar que la planta aún no ha brotado. El sembrador es el que lleva la Palabra de Dios. Es Cristo en principio: Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (vr. 37); sin embargo también incluye a Juan el Bautista así como a todo predicador. Lo sabemos por las palabras del apóstol Pablo: yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios (1 Cor. 3:6). La vida se abre camino como las raíces en el suelo o el polen en el aire. Quien ha sido depositario de la vida divina indiscutiblemente la propagará. Jesús está lleno de vida. Él es la Vida. Y como Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). La semilla es la Palabra de Dios (vr. 19). Jesús fue tan claro que no nos dejó espacio para discutir con argumentos teológicos como solemos hacer los hombres. En 1 Pedro 1:23 leemos: siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Pedro (al menos su escribano traductor) usa el término griego esperma traducido como simiente; literalmente significa “semilla”. Juan usa la palabra espora (1 Juan 3:9), la cual es la semilla de algunas plantas. Quizá a alguno no le parezca muy apropiado el término, pero Dios está hablándonos del esperma divino. Mientras no entendamos cómo funciona la sexualidad en forma, propósito y limpieza, difícilmente entenderemos qué es el esperma divino. La Palabra de Dios es una semilla porque produce vida; siendo el esperma de Dios produce la vida de Dios. Cuando el hombre recibe la semilla divina es fecundado con la vida de Dios, tal y como María concibió del Espíritu Santo a Jesús en su vientre. El proceso final de dicha semilla es que Cristo sea formado en nosotros (Gal. 4:19). El propósito de la Palabra es que todo el que la oiga quede preñado del cielo. Aquí no importa cuánto sepas, sino cuánta es tu intimidad con el Amado. No desprecio el conocimiento intelectual; es importante y tiene su lugar; pero poco importa de qué está lleno el cerebro cuando está vacío el corazón. Hasta donde sé, no habrá examen de teología cuando seamos llamados a su Presencia. El suelo junto al camino es el corazón duro. La semilla que cae junto al camino tiene poder para producir vida; pero no tiene vientre donde producirla. La Palabra de Dios es poderosa, pero si el hombre no presta el vientre de su espíritu para recibirla, de nada servirá en él. Será estéril. Cual Bartimeo el ciego, la semilla estaba junto al camino pero no dentro del camino. La semilla debe caer en el camino y no solo junto al camino. La tierra junto al camino es tierra endurecida por el transitar de la gente. Representa el corazón duro por amargura o resentimiento, heridas de las relaciones humanas mal enfocadas. La Palabra de Dios, por excelente que sea, no entra a la fuerza a nadie. A pesar de su poder, la semilla solo logra caer sobre él, pero no en él. La mujer abandonada que no tiene espacio para amar a Dios por el resentimiento hacia quién la dejó. El obrero que odia a su antiguo jefe por dejarle sin empleo y con las cuentas del hogar. El joven que perdió sus sueños al quedarse solo en el altar de bodas. La anciana que hipotecó su corazón desde niña ante la golpiza familiar. Las historias son muchas y variadas. Todos pensamos tener la razón para no amar; pero en realidad lo único que tenemos es sobre cupo en el alma. No hay espacio para volver a sentir. ¿Por qué arriesgarse al dolor? En este mundo una mujer puede resultar embarazada de una violación; pero Dios no es ningún violador. Él depositará su vida únicamente en quienes decidan amar y creer. La Palabra de Dios debe ser recibida voluntariamente y guardada en el corazón, pues si no entra se pierde el fruto. El salmista cantaba: en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti (Sal. 119:11). No basta oír, sino escuchar. Más que prestar la mente, se requiere abrir el corazón; lo más profundo de nuestro ser. El espíritu es el vientre del ser humano. El alma es un conducto que puede obstruir el acceso de la semilla cuando la mente decidió no creer y las emociones se han propuesto no sentir. La tierra junto al camino es un lugar peligroso; está expuesto a los pies del mundo. Las vidas amargadas son fácilmente pisoteadas. También es un suelo expuesto a “las aves del cielo” –dice la Biblia. Tales aves representan al maligno y a sus agentes (lea el versículo 19). Al no ser habitación de Dios se corre el riesgo de convertirse en habitación de demonios. El hombre es un recipiente, una vasija. Quien no se llena de amor, se llena de odio. Quien no se apasiona del Amado Celestial se apasiona de cualquier cosa terrenal. El hombre puede llegar a adorar animales, rocas, profesiones, incluso a otros hombres o hasta a sí mismo. ¿Y cuál es el resultado de todo esto? Dolor, decepción. Pisotones en el alma que endurecen más la tierra. La tierra junto al camino es un lugar de muerte. La Palabra no produce vida donde no penetra. La misma Palabra que es para unos “olor de vida para vida”, puede también ser para otros “olor de muerte para muerte” (2 Cor.2:16). La actitud del oyente define este asunto. Si la tierra no produce vida, entonces producirá muerte. Donde hay árboles y vegetación propicia la lluvia; más la erosión del suelo produce mayor sequía. El corazón blando se ablanda más con la semilla; y el corazón duro se endurece aún más con la Palabra. Un oyente de corazón duro es un lugar sin esperanza, no aprovecha el mensaje que le es dado. El pueblo hebreo es una terrible advertencia de esto: …no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Yahwéh de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Yahwéh de los ejércitos (Zac.7:11-12). Proverbios 23:9 dice: No hables a oídos del necio, porque despreciará la prudencia de tus palabras. Sin embargo, el Sembrador dio su semilla aún a quienes no les aprovechó. ¡Cuánta oportunidad da la gracia! No sabemos si recibirán o no la semilla, pero sembremos. La fiesta final en la casa del padre será una sorpresa por los que no dejaron entrar, pero quizá será aún más sorprendente por aquellos a los que si nos dejaron entrar. El suelo de pedregales representa al oidor impresionable. Es emocionalista, pues nadie duda que recibiera la Palabra con gozo (vr. 20); pero no permanecerá en el Señor. Su fe es tierra sin profundidad, su fe es superficial. El suelo con poca tierra representa a los que se entusiasmaron al principio, pero después se olvidaron de Dios (Job 8:13,17). Muchos quedan encantados con un buen mensaje pero nada más hay agitación. Su corazón está lleno de piedras que impiden a la semilla divina echar raíces; lleno de intenciones ocultas que no le permite fructificar. Una vez escuché la historia de un hombre que, desconociendo de electricidad, intentó instalar un foco a partir de los cables del timbre de su casa. El asunto no funcionó, pues sólo produjo una débil luz. Pidió ayuda a un verdadero electricista, el cual resolvió el problema. El hombre preguntó lo que la mayoría cuestionaríamos: ¿por qué no funcionó la primera vez? El experto respondió: “se necesita más poder para hacer luz que para hacer ruido.” ¡Esa es una gran verdad! ¡Se necesita más vida de Dios para ser luz que para hacer algarabía! Para ser ruidoso basta con ser latino; pero para ser lleno de vida se requiere la semilla divina. Con frecuencia confundimos al emocionalista con espiritual. Existe una enorme diferencia entre ser excéntrico o emocionalmente expresivo y ser espiritualmente vivo. Por su parte el sol representa la prueba (vr. 21). ¿Recuerda la parábola sobre la casa construida sobre la arena y la que fue edificada sobre la roca? Todo creyente será probado y esto no depende de nosotros; el reino invita a todos, pero es muy selectivo. Muchos son llamados y pocos son escogidos; y aún de entre los escogidos sólo algunos serán aprobados como fieles (Mateo 22:14; Ap. 17:14). Debemos aprender a echar raíces profundas en Cristo (Col.2:7). Dios no engaña a nadie; jamás prometió que la vida sería color de rosa; por el contrario, aseguró que en el mundo tendríamos aflicción. El sol de las pruebas sin lugar a dudas vendrá. Más la intención de Dios al hacer salir su sol sobre buenos y malos es bendecir; la planta necesita del sol para desarrollarse, madurar y dar fruto. Con todo, si no hay raíz (que representa la vida secreta del individuo) se secará, pues no tiene vida. El premio es alto por lo que la recompensa requiere de un costo similar; no en sufrimiento, sino en desarrollo. Es una advertencia para quienes sólo buscan la bendición de Dios y no al Dios de bendición. No es pecado acercarse a Dios buscando su bendición; pues el que se acerca a Dios debe creer que Él es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6); sin embargo, ese es sólo el comienzo. Cuando no hay raíces de fe, cuando no hay nutrición interior con la Palabra de Dios, es decir, sin vida íntima y secreta con Dios, la persona es vencida por las circunstancias exteriores; esto quiere decir que se quemó y se secó (vr.6). Un bebé recién nacido tiene gran hambre; si así no fuera correría peligro de morir. Su apetito le asegura con el alimento las defensas de su madre. Así el que es nacido de Dios, tiene la protección de Dios por el hambre que le lleva a alimentarse constantemente de Él. El suelo espinoso se refiere al oidor de doble ánimo. Tiene tierra suficiente, pero también tiene exceso de estorbos. Es la persona que no distingue la diferencia entre usar su tierra (vida) para Dios y para el mal. Los espinos representan la maldición. Fue la sentencia decretada contra la tierra a causa de la rebelión de Adán: espinos y cardos te producirá (Gen.3:18). Se aró la tierra, se le dio la semilla de la Palabra pero allí había espinos (intenciones ocultas que traerán maldición a dicha persona) esperando para crecer. ¿Qué sucede con la gente que una y otra vez escucha la Palabra de Dios, pero lejos de practicarla continúa haciendo el mal? Dice la Escritura: Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb. 6:7-8). Los espinos representan los afanes y el amor a las riquezas (vr. 22). Esto es ambición y deseos ocultos. Dios nos invita a no conformarnos a este siglo (Rom.12:2); es decir, a no hacernos según la forma del mundo. Existe una corriente de ambición desmedida; todos en una carrera de afanes, pisándose unos a otros con tal de llegar a ser lo que el mundo considera “gente de éxito”. Tal conducta destruye la vida espiritual suministrada en la Palabra: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (1 Tim.6:9-10). ¿Significa esto que nadie debiera trabajar ni intentar ser rico? Ese no es el consejo bíblico; pues líneas adelante Pablo vuelve a decir a Timoteo: A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1 Tim. 6:17). El Señor no prohíbe que haya ricos entre su pueblo, lo que Él sí denuncia, es el corazón confiado en las riquezas; o lo que es lo mismo, espinos en la tierra. Los espinos crecieron y la ahogaron (vr. 7). Para que la Palabra fructifique deben quitarse los espinos. Cuando la Palabra llega sólo a la mente, pero el hombre no permite que le regenere, entonces las intenciones ocultas del corazón ahogan su vida espiritual. De hecho, cuando hay intenciones ocultas en el corazón humano y éste escucha la palabra, suele tergiversar su mensaje según lo que tal persona considera más conveniente a sus intereses. Esta actitud viene a ahogar el fruto de la palabra y matar toda posibilidad de vida espiritual. El viejo hombre debe morir para que el nuevo hombre pueda fructificar. Hay que despojarse primero del viejo hombre, para poder vestirse luego del nuevo (Ef. 4:22-24). Nadie se pone ropa limpia encima de la sucia. Nota que la semilla no ahogó los espinos, pero los espinos sí ahogaron la Semilla. Por eso Dios nos amonesta a acercarnos a Él y limpiarnos (Stg. 4:8). Si nos acercamos sin limpiarnos no nos aprovechará el oír la Palabra. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg.1:8); por más que escuche, no permanecerá. La buena tierra por su parte, es un corazón preparado. Ha sido arado y roto por el Espíritu Santo (redargüido). La maleza y los espinos han sido cortados y arrancados de raíz, puestos en montones fuera del terreno. El corazón ya no tiene lugar para el afán y el amor a las riquezas. Es un corazón entendido que oye y entiende la Palabra (vr. 23). No solo oye, sino que pone atención y luego digiere lo que oyó para después hacerlo. En el Salmo 1 está ilustrado lo que es un corazón entendido: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Yahwéh está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Entiende porque se deleita en la palabra de Dios; aún y cuando dicha palabra correspondiera en el contexto del salmista a la ley. Es un corazón fructífero. El fruto se da cuando la Palabra halla cabida en nuestro corazón y luego la ponemos por práctica. La medida de la fructificación es a ciento, a sesenta y a treinta por uno. Esto es bendición de Dios (Gen. 26:12). En esto es glorificado mi Padre; en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos (Juan 15:7-8). Cada creyente fue alcanzado para ser mucho más que uno; a lo menos, a treinta por uno. La expectativa del Dueño de la viña en realidad no es alta, pues Él sabe cuanto puede producir su Vida injertada en nosotros. Una solemne advertencia: El que tiene oídos para oír, oiga –dice el maestro. Más que oír con los oídos naturales, disponte a escuchar espiritualmente la palabra, ¡escucha! Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y tardo para la ira (Stg. 1:19). (Ap. 2:7, 11, 17, 29). La Palabra es la misma, pero la actitud del oyente define los resultados. Todas las cosas son puras para los puros, pero para los impuros e incrédulos nada les es puro, pues hasta sus conciencias y mentes están corrompidas (Tito 1:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:10
13.10-11 Parece incongruente que un predicador y maestro, y más, el Predicador y Maestro Jesús, le hablase en parábolas a la gente. Es como si un comunicador usara claves para no darse a entender. Los discípulos preguntaron a Jesús la razón de esto movidos por el sentido común. Esto es un misterio: el reino de los cielos tiene un lenguaje más allá del intelecto, usa el intelecto y con gran sabiduría, pero codifica su mensaje de manera que pueda ser entendido solo por quienes tienen la actitud correcta de fe. Muchos de los oyentes, especialmente los fariseos y otros que venían con el propósito de hallarle en alguna palabra que pudieran usar en su contra, o bien, los que asistían únicamente por el morbo o el interés; todos estos no comprenderían la Palabra de Jesús y el Señor se encargaría de que no pudiesen hacerlo mediante el uso de parábolas. Las parábolas inspiradas por el Espíritu Santo son joyas de sabiduría dirigidas a los corazones de aquellos que toman la actitud de niños ante el reino de Dios. Son misterios que no pueden ser comprendidos por los de mal corazón o actitud y como resultado de ello, sus riquezas tampoco pueden ser recibidas por esas mismas personas.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:11
13.10-11 Parece incongruente que un predicador y maestro, y más, el Predicador y Maestro Jesús, le hablase en parábolas a la gente. Es como si un comunicador usara claves para no darse a entender. Los discípulos preguntaron a Jesús la razón de esto movidos por el sentido común. Esto es un misterio: el reino de los cielos tiene un lenguaje más allá del intelecto, usa el intelecto y con gran sabiduría, pero codifica su mensaje de manera que pueda ser entendido solo por quienes tienen la actitud correcta de fe. Muchos de los oyentes, especialmente los fariseos y otros que venían con el propósito de hallarle en alguna palabra que pudieran usar en su contra, o bien, los que asistían únicamente por el morbo o el interés; todos estos no comprenderían la Palabra de Jesús y el Señor se encargaría de que no pudiesen hacerlo mediante el uso de parábolas. Las parábolas inspiradas por el Espíritu Santo son joyas de sabiduría dirigidas a los corazones de aquellos que toman la actitud de niños ante el reino de Dios. Son misterios que no pueden ser comprendidos por los de mal corazón o actitud y como resultado de ello, sus riquezas tampoco pueden ser recibidas por esas mismas personas.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:12
13.12 Los religiosos del tiempo de Jesús se acercaron al Maestro con malas intenciones y por esto se irían aun más empobrecidos que como llegaron. No recibirían nada del reino, de hecho, lo que ya tenían les sería quitado y dado a los discípulos y creyentes que sí recibían su Palabra. El templo y sus rituales desaparecieron y la iglesia dominó el mundo. Este mismo principio funciona en todas las cosas respecto del reino de Dios; el cual, dicho sea de paso, no tiene ideología socialista y menos comunista, sino que recompensa la productividad. Todo lo que produce crece y lo que deja de producir se termina. Esta ley es inobjetable en todas las áreas.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:13
13.13 Mira las notas 13.10-12. Las parábolas de Jesús son enseñanzas sumamente profundas, tanto, que sus misterios solo pueden ser comprendidos por los que se rinden con fe ante el señorío de Jesús. Los demás tienen funciones aparentes o de esta vida, pero que no funcionan respecto de la vida eterna y el reino de Dios. Veían los milagros, pero no vieron al Rey. Oyeron el sonido de sus palabras, pero no escucharon la Palabra de Dios. Y aunque podían ser muy inteligentes, generalmente más educados que el resto de la población, los religiosos judíos no entendieron el evangelio. Su mente estaba embotada de necedad por un corazón hinchado de soberbia.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:14
13.14-15 El ser humano fue creado con sentidos naturales, pero también con sentidos espirituales. Los sentidos del espíritu son semejantes a los sentidos del cuerpo, puede oír, ver y entender de manera más profunda que la mente intelectual, es decir, de corazón. Por supuesto que lo que perciben los sentidos del espíritu son cosas espirituales. Sin embargo, es posible que alguno utilice bien los sentidos de su cuerpo y aun así no esté percibiendo con los sentidos de su espíritu. Esto se debe a que los sentidos del cuerpo perciben independientemente de la voluntad de la persona; mientras que los sentidos del espíritu requieren tanto la voluntad como la fe del individuo. Por tanto, como el viejo adagio dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, los religiosos judíos se habían propuesto oponerse a Jesús pasara lo que pasara, por lo que sus sentidos espirituales se cerraron impidiéndoles la recepción del evangelio y con ello, los beneficios del mismo, como la conversión y la sanidad. De esto habló el profeta Isaías y se cumplió cabalmente. Aprende la lección: si algo del reino de Dios no comprendes, puede deberse a que algo del reino de Dios no quieres aceptar.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:15
13.14-15 El ser humano fue creado con sentidos naturales, pero también con sentidos espirituales. Los sentidos del espíritu son semejantes a los sentidos del cuerpo, puede oír, ver y entender de manera más profunda que la mente intelectual, es decir, de corazón. Por supuesto que lo que perciben los sentidos del espíritu son cosas espirituales. Sin embargo, es posible que alguno utilice bien los sentidos de su cuerpo y aun así no esté percibiendo con los sentidos de su espíritu. Esto se debe a que los sentidos del cuerpo perciben independientemente de la voluntad de la persona; mientras que los sentidos del espíritu requieren tanto la voluntad como la fe del individuo. Por tanto, como el viejo adagio dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, los religiosos judíos se habían propuesto oponerse a Jesús pasara lo que pasara, por lo que sus sentidos espirituales se cerraron impidiéndoles la recepción del evangelio y con ello, los beneficios del mismo, como la conversión y la sanidad. De esto habló el profeta Isaías y se cumplió cabalmente. Aprende la lección: si algo del reino de Dios no comprendes, puede deberse a que algo del reino de Dios no quieres aceptar.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:16
13.16-17 Cuando los sentidos del espíritu están despiertos (mira la nota anterior), entonces la persona es feliz, bienaventurada. Los discípulos tenían esta virtud y también esta bendición. Los seres humanos intentan ser felices a partir de la satisfacción de sus sentidos corporales, pero eso es un error; la verdadera felicidad depende de que los sentidos del espíritu perciban a Cristo y su reino como sucedía con los discípulos, en contraste con los opositores que amargamente rechazaban al Señor. Ligado a esto, otra razón de su bienaventuranza era el hecho de que tenían el privilegio de ver al Rey Jesús, largamente esperado y anunciado por los profetas; y esto no solo con sus sentidos espirituales, sino también con sus sentidos naturales. Los siervos de Dios del Antiguo Pacto hubieran querido estar ahí y no les fue concedido. A lo más, anunciaron su venida, pero fueron los apóstoles quienes le disfrutaron. ¡Oh, de cuánto se perdían los que le rechazaban! Tu y yo tenemos el privilegio de ver a Cristo con el espíritu. No podemos verle con los ojos de la carne, salvo que Él mismo nos permitiera esto mediante alguna manifestación; pero sí podemos percibirle espiritualmente por la fe. Sé feliz, esto es maravilloso. Si esto no te hace feliz, nada más lo hará.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:17
13.16-17 Cuando los sentidos del espíritu están despiertos (mira la nota anterior), entonces la persona es feliz, bienaventurada. Los discípulos tenían esta virtud y también esta bendición. Los seres humanos intentan ser felices a partir de la satisfacción de sus sentidos corporales, pero eso es un error; la verdadera felicidad depende de que los sentidos del espíritu perciban a Cristo y su reino como sucedía con los discípulos, en contraste con los opositores que amargamente rechazaban al Señor. Ligado a esto, otra razón de su bienaventuranza era el hecho de que tenían el privilegio de ver al Rey Jesús, largamente esperado y anunciado por los profetas; y esto no solo con sus sentidos espirituales, sino también con sus sentidos naturales. Los siervos de Dios del Antiguo Pacto hubieran querido estar ahí y no les fue concedido. A lo más, anunciaron su venida, pero fueron los apóstoles quienes le disfrutaron. ¡Oh, de cuánto se perdían los que le rechazaban! Tu y yo tenemos el privilegio de ver a Cristo con el espíritu. No podemos verle con los ojos de la carne, salvo que Él mismo nos permitiera esto mediante alguna manifestación; pero sí podemos percibirle espiritualmente por la fe. Sé feliz, esto es maravilloso. Si esto no te hace feliz, nada más lo hará.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:18
13.18-23 Mira las notas 13.1-9.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:19
13.18-23 Mira las notas 13.1-9.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:20
13.18-23 Mira las notas 13.1-9.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:21
13.18-23 Mira las notas 13.1-9.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:22
13.18-23 Mira las notas 13.1-9.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:23
13.18-23 Mira las notas 13.1-9.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:24
13.24-30 La parábola del trigo y la cizaña. Se utiliza el verbo griego “jomoióo” que literalmente significa “fue hecho semejante el reino de los cielos.” Quiere decir que no fue lo que Dios creó originalmente, sino lo que llegó a hacer. En contraste con la parábola anterior (en la primera sólo dijo “el sembrador salió”), comprendemos que a partir de la segunda parábola el reino de los cielos es presente. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad; pero el reino de los cielos comenzó a edificarse a partir del Pentecostés, desde ese momento empezaron a mezclarse la cizaña entre el trigo. De manera que es un mensaje para la iglesia y ésta, dispersa en todo el mundo. Por cuanto es para la iglesia Jesús esperó a que se marchase la gente para dar la interpretación ¡y entró en la casa (símbolo de la iglesia)! para hablar del asunto (vr. 36). Sus discípulos le dijeron: explícanos la parábola del trigo y la cizaña específicamente. Requerimos humildad y reconocimiento de falto de comprensión para que Dios nos revele sus misterios. Pablo oraba sin cesar para que Dios le diera a los creyentes de Efeso espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-18); así necesitamos buscar diligentemente que Dios se revele a nosotros, lo mismo que nos enseñe sus misterios. Es mejor ser reprendido por Él como falto de entendimiento al inicio y luego recibir revelación, que permanecer en la ignorancia por miedo a preguntar. Después de todo, al Señor le agradan los hambrientos de su Palabra. ¿Será porque desea explicarnos para que sepamos o porque es una buena oportunidad para intimar con Él? El salmista decía que anhelaba estar en la casa de Dios para contemplar la hermosura del Señor e inquirir, a saber, preguntar en su templo (Sal. 27:5). El sembrador es Cristo como en la Parábola anterior (vr. 37). El Rey Jesús siembra buena semilla. El hombre sin Cristo siembra humanismo, superación individualista, psicología, etc. Y por su parte, Satanás sólo trae mala semilla. El hombre tiene buenas intenciones y el adversario malas intenciones; pero Cristo posee amorosas intenciones llenas de vida. El hombre intenta el bien; Satanás intenta el mal; pero sólo Cristo produce (no sólo intenta) vida verdadera. El campo es el mundo (vr. 38), es decir, la iglesia diseminada en el mundo entero. En la Biblia, Dios compara al pueblo de Israel con una viña cercada, rodeada, limitada (Mateo 21:33-34; Isaías 5). En contraste con el reino cuyo campo es todo el mundo, abierto, incluyendo a todos los pueblos. La iglesia está por el mundo entero y es inclusiva (lee 1 Tim. 2:4; Jn. 3:16; 2 P.3:9). En Mateo 24:14 dice que el evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio de todas las naciones. Y lo mismo leemos en Mateo 28:19 y en Marcos 16:15. Es un misterio y tremendo contraste con el espíritu religioso el hecho de que el reino como campo de cultivo del Señor no esté confinado a las paredes de un edificio ni a las normas religiosas y políticas de una denominación u organización específica; por el contrario, el reino está abierto en franca invitación a todos los que se aventuren a intentar entrar en él. La buena semilla son los hijos del reino (vr. 38). En la primera parábola la semilla era la Palabra de Dios; ¿por qué entonces ahora se refiere a los hijos del reino? La explicación es la esencia misma de la semilla: vida. La semilla es la vida divina manifestada en la Palabra. Es como si la palabra fuese una cáscara que envuelve la vida divina. Pero finalmente la semilla llega a ser según su naturaleza; en este caso, la semilla es la vida que llega a ser un hijo del reino. Leemos: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:12-13). Y también: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). Así como Cristo y la Palabra son uno solo y el mismo (Él es el Verbo de Dios); así también los hijos del reino son por esencia uno con la Palabra del reino. Ellos son la nueva expresión del gran misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16 Nota como en el versículo anterior Pablo está refiriéndose a la iglesia). Acerca de la cizaña, en apariencia, la cizaña es exactamente igual al trigo. La diferencia se hace notoria hasta que surge el fruto. El fruto del trigo es dorado y comestible; mientras el fruto de la cizaña es negro e inútil. Por sus frutos los conoceréis –había dicho el Señor. Así también, no es fácil distinguir a los verdaderos hijos del reino de los falsos. La cizaña representa a los hijos del malo (vr. 38). No son hijos del reino, pero tienen apariencia de hijos. Así como Dios engendra hijos por medio de su palabra; así también, y desafortunadamente, existen hijos del maligno engendrados con su naturaleza. Y lo que es peor, ¡se confunden con los hijos del reino! Parecen cristianos, pero son solamente religión en el mundo. La confusión es tal, que hasta los que no son hijos del reino podrían no saberlo. Lee 2 P. 2:1; Hch. 20:29-30; 1 Cor. 11:19; 2 Cor. 11:13-15; y Ap. 2:9, 13-14, 20-24. Con todo, una vez que el fruto se manifiesta se nota la diferencia; pues mientras que la cizaña tiene un fruto de mal aspecto y se mantiene erguida, el trigo posee un fruto dorado y hermoso que hace que la planta se incline casi hasta el suelo. Los hijos del reino poseen un carácter humilde que puede humillarse y adorar (recuerda cómo se humilló el Señor como Hijo del Hombre); mientras que los hijos del malo son orgullosos y soberbios como su padre y rechazan rebeldemente someterse a las leyes del reino. El enemigo es el diablo (39). Génesis 3:15 es el guión inicial y comienzo de esta batalla donde se declaró proféticamente que habría enemistad entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. El apóstol Pedro dijo que el enemigo se comporta como un león que anda dando vueltas en derredor de lo que él considera están sus presas buscando a quién devorar; por tanto nos amonesta a permanecer despiertos vigilando (1 Pedro 5:8). El enemigo tiene una naturaleza cobarde y traicionera; sembró cuando los hombres dormían (35); por eso ¡sed sobrios y velad! No suele atacar de frente. Sembró y se fue (25). Para dañar no hace falta más que un poco de discordia. La clásica ilustración de la manzana podrida sirve para enseñar esto. No esperes una invasión repentina de las tinieblas; en realidad, ya está en acción el misterio de la iniquidad (2 Tes. 2:7). Más permanece firme, pues no se dormirá el que te guarda y está aún más activo el misterio del reino de los cielos. La siega es el fin del siglo (39). Se refiere al final de la era de la iglesia cuando Cristo vuelva en busca de sus frutos (Ap. 14:15). Por años el bien pareció sin recompensa y el mal consideró quedar sin castigo, pero la última hoja del calendario de la justicia divina será cortada finalmente y la paga vendrá. El Sembrador depositó su semilla en espera de frutos y finalmente cosechará. Los segadores son los ángeles (39). Es un error común de la religiosidad matar a otros con la excusa de arrancar la cizaña. Este es un trabajo que no nos corresponde. Los siervos no somos los encargados de quitar la cizaña. Las raíces están entremezcladas, dañaríamos al trigo. No tenemos capacidad de juzgar con justo juicio, no solo las obras, sino las circunstancias y las motivaciones de las mismas; por lo cual, Dios enviará a sus ángeles a arrancar la cizaña en el día final. El juicio finalmente llegará, aunque de momento tengamos que crecer juntos. Acerca del castigo; invariablemente unos y otros seremos recogidos (vr. 30). Ninguno escapará. Aunque la cizaña parecía verdadero trigo será finalmente descubierta. Y aunque el trigo a veces también fue semejante a la cizaña, también recibirá su reconocimiento verdadero. Entonces los falsos hijos serán atados en manojos, figura de cómo estuvieron unidos para el mal e igualmente para el castigo. Como la paja ata a la paja, así el mal y el malhechor. Ya nada tendrá que ver con el trigo. Son quemados. La cizaña será quemada en el horno de fuego ardiendo (versículo 42). Apocalipsis 20:15; 21:8. Mientras tanto, los hijos del reino genuinos recibirán su recompensa: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga (ver. 43). Resplandecer, esa es la recompensa. Expresar la gloria de Dios eternamente. Dios es luz y con frecuencia Dios mismo, especialmente en la persona del Hijo es descrito bíblicamente resplandeciente como el sol. No existe absolutamente nada que pueda compararse a la recompensa tan grande de parecernos a Él. Seremos como Él porque le veremos tal y como Él es (1 Juan 3:2). Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Dn.12:3). ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad! (Mat. 25:34).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:25
13.24-30 La parábola del trigo y la cizaña. Se utiliza el verbo griego “jomoióo” que literalmente significa “fue hecho semejante el reino de los cielos.” Quiere decir que no fue lo que Dios creó originalmente, sino lo que llegó a hacer. En contraste con la parábola anterior (en la primera sólo dijo “el sembrador salió”), comprendemos que a partir de la segunda parábola el reino de los cielos es presente. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad; pero el reino de los cielos comenzó a edificarse a partir del Pentecostés, desde ese momento empezaron a mezclarse la cizaña entre el trigo. De manera que es un mensaje para la iglesia y ésta, dispersa en todo el mundo. Por cuanto es para la iglesia Jesús esperó a que se marchase la gente para dar la interpretación ¡y entró en la casa (símbolo de la iglesia)! para hablar del asunto (vr. 36). Sus discípulos le dijeron: explícanos la parábola del trigo y la cizaña específicamente. Requerimos humildad y reconocimiento de falto de comprensión para que Dios nos revele sus misterios. Pablo oraba sin cesar para que Dios le diera a los creyentes de Efeso espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-18); así necesitamos buscar diligentemente que Dios se revele a nosotros, lo mismo que nos enseñe sus misterios. Es mejor ser reprendido por Él como falto de entendimiento al inicio y luego recibir revelación, que permanecer en la ignorancia por miedo a preguntar. Después de todo, al Señor le agradan los hambrientos de su Palabra. ¿Será porque desea explicarnos para que sepamos o porque es una buena oportunidad para intimar con Él? El salmista decía que anhelaba estar en la casa de Dios para contemplar la hermosura del Señor e inquirir, a saber, preguntar en su templo (Sal. 27:5). El sembrador es Cristo como en la Parábola anterior (vr. 37). El Rey Jesús siembra buena semilla. El hombre sin Cristo siembra humanismo, superación individualista, psicología, etc. Y por su parte, Satanás sólo trae mala semilla. El hombre tiene buenas intenciones y el adversario malas intenciones; pero Cristo posee amorosas intenciones llenas de vida. El hombre intenta el bien; Satanás intenta el mal; pero sólo Cristo produce (no sólo intenta) vida verdadera. El campo es el mundo (vr. 38), es decir, la iglesia diseminada en el mundo entero. En la Biblia, Dios compara al pueblo de Israel con una viña cercada, rodeada, limitada (Mateo 21:33-34; Isaías 5). En contraste con el reino cuyo campo es todo el mundo, abierto, incluyendo a todos los pueblos. La iglesia está por el mundo entero y es inclusiva (lee 1 Tim. 2:4; Jn. 3:16; 2 P.3:9). En Mateo 24:14 dice que el evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio de todas las naciones. Y lo mismo leemos en Mateo 28:19 y en Marcos 16:15. Es un misterio y tremendo contraste con el espíritu religioso el hecho de que el reino como campo de cultivo del Señor no esté confinado a las paredes de un edificio ni a las normas religiosas y políticas de una denominación u organización específica; por el contrario, el reino está abierto en franca invitación a todos los que se aventuren a intentar entrar en él. La buena semilla son los hijos del reino (vr. 38). En la primera parábola la semilla era la Palabra de Dios; ¿por qué entonces ahora se refiere a los hijos del reino? La explicación es la esencia misma de la semilla: vida. La semilla es la vida divina manifestada en la Palabra. Es como si la palabra fuese una cáscara que envuelve la vida divina. Pero finalmente la semilla llega a ser según su naturaleza; en este caso, la semilla es la vida que llega a ser un hijo del reino. Leemos: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:12-13). Y también: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). Así como Cristo y la Palabra son uno solo y el mismo (Él es el Verbo de Dios); así también los hijos del reino son por esencia uno con la Palabra del reino. Ellos son la nueva expresión del gran misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16 Nota como en el versículo anterior Pablo está refiriéndose a la iglesia). Acerca de la cizaña, en apariencia, la cizaña es exactamente igual al trigo. La diferencia se hace notoria hasta que surge el fruto. El fruto del trigo es dorado y comestible; mientras el fruto de la cizaña es negro e inútil. Por sus frutos los conoceréis –había dicho el Señor. Así también, no es fácil distinguir a los verdaderos hijos del reino de los falsos. La cizaña representa a los hijos del malo (vr. 38). No son hijos del reino, pero tienen apariencia de hijos. Así como Dios engendra hijos por medio de su palabra; así también, y desafortunadamente, existen hijos del maligno engendrados con su naturaleza. Y lo que es peor, ¡se confunden con los hijos del reino! Parecen cristianos, pero son solamente religión en el mundo. La confusión es tal, que hasta los que no son hijos del reino podrían no saberlo. Lee 2 P. 2:1; Hch. 20:29-30; 1 Cor. 11:19; 2 Cor. 11:13-15; y Ap. 2:9, 13-14, 20-24. Con todo, una vez que el fruto se manifiesta se nota la diferencia; pues mientras que la cizaña tiene un fruto de mal aspecto y se mantiene erguida, el trigo posee un fruto dorado y hermoso que hace que la planta se incline casi hasta el suelo. Los hijos del reino poseen un carácter humilde que puede humillarse y adorar (recuerda cómo se humilló el Señor como Hijo del Hombre); mientras que los hijos del malo son orgullosos y soberbios como su padre y rechazan rebeldemente someterse a las leyes del reino. El enemigo es el diablo (39). Génesis 3:15 es el guión inicial y comienzo de esta batalla donde se declaró proféticamente que habría enemistad entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. El apóstol Pedro dijo que el enemigo se comporta como un león que anda dando vueltas en derredor de lo que él considera están sus presas buscando a quién devorar; por tanto nos amonesta a permanecer despiertos vigilando (1 Pedro 5:8). El enemigo tiene una naturaleza cobarde y traicionera; sembró cuando los hombres dormían (35); por eso ¡sed sobrios y velad! No suele atacar de frente. Sembró y se fue (25). Para dañar no hace falta más que un poco de discordia. La clásica ilustración de la manzana podrida sirve para enseñar esto. No esperes una invasión repentina de las tinieblas; en realidad, ya está en acción el misterio de la iniquidad (2 Tes. 2:7). Más permanece firme, pues no se dormirá el que te guarda y está aún más activo el misterio del reino de los cielos. La siega es el fin del siglo (39). Se refiere al final de la era de la iglesia cuando Cristo vuelva en busca de sus frutos (Ap. 14:15). Por años el bien pareció sin recompensa y el mal consideró quedar sin castigo, pero la última hoja del calendario de la justicia divina será cortada finalmente y la paga vendrá. El Sembrador depositó su semilla en espera de frutos y finalmente cosechará. Los segadores son los ángeles (39). Es un error común de la religiosidad matar a otros con la excusa de arrancar la cizaña. Este es un trabajo que no nos corresponde. Los siervos no somos los encargados de quitar la cizaña. Las raíces están entremezcladas, dañaríamos al trigo. No tenemos capacidad de juzgar con justo juicio, no solo las obras, sino las circunstancias y las motivaciones de las mismas; por lo cual, Dios enviará a sus ángeles a arrancar la cizaña en el día final. El juicio finalmente llegará, aunque de momento tengamos que crecer juntos. Acerca del castigo; invariablemente unos y otros seremos recogidos (vr. 30). Ninguno escapará. Aunque la cizaña parecía verdadero trigo será finalmente descubierta. Y aunque el trigo a veces también fue semejante a la cizaña, también recibirá su reconocimiento verdadero. Entonces los falsos hijos serán atados en manojos, figura de cómo estuvieron unidos para el mal e igualmente para el castigo. Como la paja ata a la paja, así el mal y el malhechor. Ya nada tendrá que ver con el trigo. Son quemados. La cizaña será quemada en el horno de fuego ardiendo (versículo 42). Apocalipsis 20:15; 21:8. Mientras tanto, los hijos del reino genuinos recibirán su recompensa: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga (ver. 43). Resplandecer, esa es la recompensa. Expresar la gloria de Dios eternamente. Dios es luz y con frecuencia Dios mismo, especialmente en la persona del Hijo es descrito bíblicamente resplandeciente como el sol. No existe absolutamente nada que pueda compararse a la recompensa tan grande de parecernos a Él. Seremos como Él porque le veremos tal y como Él es (1 Juan 3:2). Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Dn.12:3). ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad! (Mat. 25:34).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:26
13.24-30 La parábola del trigo y la cizaña. Se utiliza el verbo griego “jomoióo” que literalmente significa “fue hecho semejante el reino de los cielos.” Quiere decir que no fue lo que Dios creó originalmente, sino lo que llegó a hacer. En contraste con la parábola anterior (en la primera sólo dijo “el sembrador salió”), comprendemos que a partir de la segunda parábola el reino de los cielos es presente. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad; pero el reino de los cielos comenzó a edificarse a partir del Pentecostés, desde ese momento empezaron a mezclarse la cizaña entre el trigo. De manera que es un mensaje para la iglesia y ésta, dispersa en todo el mundo. Por cuanto es para la iglesia Jesús esperó a que se marchase la gente para dar la interpretación ¡y entró en la casa (símbolo de la iglesia)! para hablar del asunto (vr. 36). Sus discípulos le dijeron: explícanos la parábola del trigo y la cizaña específicamente. Requerimos humildad y reconocimiento de falto de comprensión para que Dios nos revele sus misterios. Pablo oraba sin cesar para que Dios le diera a los creyentes de Efeso espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-18); así necesitamos buscar diligentemente que Dios se revele a nosotros, lo mismo que nos enseñe sus misterios. Es mejor ser reprendido por Él como falto de entendimiento al inicio y luego recibir revelación, que permanecer en la ignorancia por miedo a preguntar. Después de todo, al Señor le agradan los hambrientos de su Palabra. ¿Será porque desea explicarnos para que sepamos o porque es una buena oportunidad para intimar con Él? El salmista decía que anhelaba estar en la casa de Dios para contemplar la hermosura del Señor e inquirir, a saber, preguntar en su templo (Sal. 27:5). El sembrador es Cristo como en la Parábola anterior (vr. 37). El Rey Jesús siembra buena semilla. El hombre sin Cristo siembra humanismo, superación individualista, psicología, etc. Y por su parte, Satanás sólo trae mala semilla. El hombre tiene buenas intenciones y el adversario malas intenciones; pero Cristo posee amorosas intenciones llenas de vida. El hombre intenta el bien; Satanás intenta el mal; pero sólo Cristo produce (no sólo intenta) vida verdadera. El campo es el mundo (vr. 38), es decir, la iglesia diseminada en el mundo entero. En la Biblia, Dios compara al pueblo de Israel con una viña cercada, rodeada, limitada (Mateo 21:33-34; Isaías 5). En contraste con el reino cuyo campo es todo el mundo, abierto, incluyendo a todos los pueblos. La iglesia está por el mundo entero y es inclusiva (lee 1 Tim. 2:4; Jn. 3:16; 2 P.3:9). En Mateo 24:14 dice que el evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio de todas las naciones. Y lo mismo leemos en Mateo 28:19 y en Marcos 16:15. Es un misterio y tremendo contraste con el espíritu religioso el hecho de que el reino como campo de cultivo del Señor no esté confinado a las paredes de un edificio ni a las normas religiosas y políticas de una denominación u organización específica; por el contrario, el reino está abierto en franca invitación a todos los que se aventuren a intentar entrar en él. La buena semilla son los hijos del reino (vr. 38). En la primera parábola la semilla era la Palabra de Dios; ¿por qué entonces ahora se refiere a los hijos del reino? La explicación es la esencia misma de la semilla: vida. La semilla es la vida divina manifestada en la Palabra. Es como si la palabra fuese una cáscara que envuelve la vida divina. Pero finalmente la semilla llega a ser según su naturaleza; en este caso, la semilla es la vida que llega a ser un hijo del reino. Leemos: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:12-13). Y también: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). Así como Cristo y la Palabra son uno solo y el mismo (Él es el Verbo de Dios); así también los hijos del reino son por esencia uno con la Palabra del reino. Ellos son la nueva expresión del gran misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16 Nota como en el versículo anterior Pablo está refiriéndose a la iglesia). Acerca de la cizaña, en apariencia, la cizaña es exactamente igual al trigo. La diferencia se hace notoria hasta que surge el fruto. El fruto del trigo es dorado y comestible; mientras el fruto de la cizaña es negro e inútil. Por sus frutos los conoceréis –había dicho el Señor. Así también, no es fácil distinguir a los verdaderos hijos del reino de los falsos. La cizaña representa a los hijos del malo (vr. 38). No son hijos del reino, pero tienen apariencia de hijos. Así como Dios engendra hijos por medio de su palabra; así también, y desafortunadamente, existen hijos del maligno engendrados con su naturaleza. Y lo que es peor, ¡se confunden con los hijos del reino! Parecen cristianos, pero son solamente religión en el mundo. La confusión es tal, que hasta los que no son hijos del reino podrían no saberlo. Lee 2 P. 2:1; Hch. 20:29-30; 1 Cor. 11:19; 2 Cor. 11:13-15; y Ap. 2:9, 13-14, 20-24. Con todo, una vez que el fruto se manifiesta se nota la diferencia; pues mientras que la cizaña tiene un fruto de mal aspecto y se mantiene erguida, el trigo posee un fruto dorado y hermoso que hace que la planta se incline casi hasta el suelo. Los hijos del reino poseen un carácter humilde que puede humillarse y adorar (recuerda cómo se humilló el Señor como Hijo del Hombre); mientras que los hijos del malo son orgullosos y soberbios como su padre y rechazan rebeldemente someterse a las leyes del reino. El enemigo es el diablo (39). Génesis 3:15 es el guión inicial y comienzo de esta batalla donde se declaró proféticamente que habría enemistad entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. El apóstol Pedro dijo que el enemigo se comporta como un león que anda dando vueltas en derredor de lo que él considera están sus presas buscando a quién devorar; por tanto nos amonesta a permanecer despiertos vigilando (1 Pedro 5:8). El enemigo tiene una naturaleza cobarde y traicionera; sembró cuando los hombres dormían (35); por eso ¡sed sobrios y velad! No suele atacar de frente. Sembró y se fue (25). Para dañar no hace falta más que un poco de discordia. La clásica ilustración de la manzana podrida sirve para enseñar esto. No esperes una invasión repentina de las tinieblas; en realidad, ya está en acción el misterio de la iniquidad (2 Tes. 2:7). Más permanece firme, pues no se dormirá el que te guarda y está aún más activo el misterio del reino de los cielos. La siega es el fin del siglo (39). Se refiere al final de la era de la iglesia cuando Cristo vuelva en busca de sus frutos (Ap. 14:15). Por años el bien pareció sin recompensa y el mal consideró quedar sin castigo, pero la última hoja del calendario de la justicia divina será cortada finalmente y la paga vendrá. El Sembrador depositó su semilla en espera de frutos y finalmente cosechará. Los segadores son los ángeles (39). Es un error común de la religiosidad matar a otros con la excusa de arrancar la cizaña. Este es un trabajo que no nos corresponde. Los siervos no somos los encargados de quitar la cizaña. Las raíces están entremezcladas, dañaríamos al trigo. No tenemos capacidad de juzgar con justo juicio, no solo las obras, sino las circunstancias y las motivaciones de las mismas; por lo cual, Dios enviará a sus ángeles a arrancar la cizaña en el día final. El juicio finalmente llegará, aunque de momento tengamos que crecer juntos. Acerca del castigo; invariablemente unos y otros seremos recogidos (vr. 30). Ninguno escapará. Aunque la cizaña parecía verdadero trigo será finalmente descubierta. Y aunque el trigo a veces también fue semejante a la cizaña, también recibirá su reconocimiento verdadero. Entonces los falsos hijos serán atados en manojos, figura de cómo estuvieron unidos para el mal e igualmente para el castigo. Como la paja ata a la paja, así el mal y el malhechor. Ya nada tendrá que ver con el trigo. Son quemados. La cizaña será quemada en el horno de fuego ardiendo (versículo 42). Apocalipsis 20:15; 21:8. Mientras tanto, los hijos del reino genuinos recibirán su recompensa: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga (ver. 43). Resplandecer, esa es la recompensa. Expresar la gloria de Dios eternamente. Dios es luz y con frecuencia Dios mismo, especialmente en la persona del Hijo es descrito bíblicamente resplandeciente como el sol. No existe absolutamente nada que pueda compararse a la recompensa tan grande de parecernos a Él. Seremos como Él porque le veremos tal y como Él es (1 Juan 3:2). Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Dn.12:3). ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad! (Mat. 25:34).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:27
13.24-30 La parábola del trigo y la cizaña. Se utiliza el verbo griego “jomoióo” que literalmente significa “fue hecho semejante el reino de los cielos.” Quiere decir que no fue lo que Dios creó originalmente, sino lo que llegó a hacer. En contraste con la parábola anterior (en la primera sólo dijo “el sembrador salió”), comprendemos que a partir de la segunda parábola el reino de los cielos es presente. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad; pero el reino de los cielos comenzó a edificarse a partir del Pentecostés, desde ese momento empezaron a mezclarse la cizaña entre el trigo. De manera que es un mensaje para la iglesia y ésta, dispersa en todo el mundo. Por cuanto es para la iglesia Jesús esperó a que se marchase la gente para dar la interpretación ¡y entró en la casa (símbolo de la iglesia)! para hablar del asunto (vr. 36). Sus discípulos le dijeron: explícanos la parábola del trigo y la cizaña específicamente. Requerimos humildad y reconocimiento de falto de comprensión para que Dios nos revele sus misterios. Pablo oraba sin cesar para que Dios le diera a los creyentes de Efeso espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-18); así necesitamos buscar diligentemente que Dios se revele a nosotros, lo mismo que nos enseñe sus misterios. Es mejor ser reprendido por Él como falto de entendimiento al inicio y luego recibir revelación, que permanecer en la ignorancia por miedo a preguntar. Después de todo, al Señor le agradan los hambrientos de su Palabra. ¿Será porque desea explicarnos para que sepamos o porque es una buena oportunidad para intimar con Él? El salmista decía que anhelaba estar en la casa de Dios para contemplar la hermosura del Señor e inquirir, a saber, preguntar en su templo (Sal. 27:5). El sembrador es Cristo como en la Parábola anterior (vr. 37). El Rey Jesús siembra buena semilla. El hombre sin Cristo siembra humanismo, superación individualista, psicología, etc. Y por su parte, Satanás sólo trae mala semilla. El hombre tiene buenas intenciones y el adversario malas intenciones; pero Cristo posee amorosas intenciones llenas de vida. El hombre intenta el bien; Satanás intenta el mal; pero sólo Cristo produce (no sólo intenta) vida verdadera. El campo es el mundo (vr. 38), es decir, la iglesia diseminada en el mundo entero. En la Biblia, Dios compara al pueblo de Israel con una viña cercada, rodeada, limitada (Mateo 21:33-34; Isaías 5). En contraste con el reino cuyo campo es todo el mundo, abierto, incluyendo a todos los pueblos. La iglesia está por el mundo entero y es inclusiva (lee 1 Tim. 2:4; Jn. 3:16; 2 P.3:9). En Mateo 24:14 dice que el evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio de todas las naciones. Y lo mismo leemos en Mateo 28:19 y en Marcos 16:15. Es un misterio y tremendo contraste con el espíritu religioso el hecho de que el reino como campo de cultivo del Señor no esté confinado a las paredes de un edificio ni a las normas religiosas y políticas de una denominación u organización específica; por el contrario, el reino está abierto en franca invitación a todos los que se aventuren a intentar entrar en él. La buena semilla son los hijos del reino (vr. 38). En la primera parábola la semilla era la Palabra de Dios; ¿por qué entonces ahora se refiere a los hijos del reino? La explicación es la esencia misma de la semilla: vida. La semilla es la vida divina manifestada en la Palabra. Es como si la palabra fuese una cáscara que envuelve la vida divina. Pero finalmente la semilla llega a ser según su naturaleza; en este caso, la semilla es la vida que llega a ser un hijo del reino. Leemos: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:12-13). Y también: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). Así como Cristo y la Palabra son uno solo y el mismo (Él es el Verbo de Dios); así también los hijos del reino son por esencia uno con la Palabra del reino. Ellos son la nueva expresión del gran misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16 Nota como en el versículo anterior Pablo está refiriéndose a la iglesia). Acerca de la cizaña, en apariencia, la cizaña es exactamente igual al trigo. La diferencia se hace notoria hasta que surge el fruto. El fruto del trigo es dorado y comestible; mientras el fruto de la cizaña es negro e inútil. Por sus frutos los conoceréis –había dicho el Señor. Así también, no es fácil distinguir a los verdaderos hijos del reino de los falsos. La cizaña representa a los hijos del malo (vr. 38). No son hijos del reino, pero tienen apariencia de hijos. Así como Dios engendra hijos por medio de su palabra; así también, y desafortunadamente, existen hijos del maligno engendrados con su naturaleza. Y lo que es peor, ¡se confunden con los hijos del reino! Parecen cristianos, pero son solamente religión en el mundo. La confusión es tal, que hasta los que no son hijos del reino podrían no saberlo. Lee 2 P. 2:1; Hch. 20:29-30; 1 Cor. 11:19; 2 Cor. 11:13-15; y Ap. 2:9, 13-14, 20-24. Con todo, una vez que el fruto se manifiesta se nota la diferencia; pues mientras que la cizaña tiene un fruto de mal aspecto y se mantiene erguida, el trigo posee un fruto dorado y hermoso que hace que la planta se incline casi hasta el suelo. Los hijos del reino poseen un carácter humilde que puede humillarse y adorar (recuerda cómo se humilló el Señor como Hijo del Hombre); mientras que los hijos del malo son orgullosos y soberbios como su padre y rechazan rebeldemente someterse a las leyes del reino. El enemigo es el diablo (39). Génesis 3:15 es el guión inicial y comienzo de esta batalla donde se declaró proféticamente que habría enemistad entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. El apóstol Pedro dijo que el enemigo se comporta como un león que anda dando vueltas en derredor de lo que él considera están sus presas buscando a quién devorar; por tanto nos amonesta a permanecer despiertos vigilando (1 Pedro 5:8). El enemigo tiene una naturaleza cobarde y traicionera; sembró cuando los hombres dormían (35); por eso ¡sed sobrios y velad! No suele atacar de frente. Sembró y se fue (25). Para dañar no hace falta más que un poco de discordia. La clásica ilustración de la manzana podrida sirve para enseñar esto. No esperes una invasión repentina de las tinieblas; en realidad, ya está en acción el misterio de la iniquidad (2 Tes. 2:7). Más permanece firme, pues no se dormirá el que te guarda y está aún más activo el misterio del reino de los cielos. La siega es el fin del siglo (39). Se refiere al final de la era de la iglesia cuando Cristo vuelva en busca de sus frutos (Ap. 14:15). Por años el bien pareció sin recompensa y el mal consideró quedar sin castigo, pero la última hoja del calendario de la justicia divina será cortada finalmente y la paga vendrá. El Sembrador depositó su semilla en espera de frutos y finalmente cosechará. Los segadores son los ángeles (39). Es un error común de la religiosidad matar a otros con la excusa de arrancar la cizaña. Este es un trabajo que no nos corresponde. Los siervos no somos los encargados de quitar la cizaña. Las raíces están entremezcladas, dañaríamos al trigo. No tenemos capacidad de juzgar con justo juicio, no solo las obras, sino las circunstancias y las motivaciones de las mismas; por lo cual, Dios enviará a sus ángeles a arrancar la cizaña en el día final. El juicio finalmente llegará, aunque de momento tengamos que crecer juntos. Acerca del castigo; invariablemente unos y otros seremos recogidos (vr. 30). Ninguno escapará. Aunque la cizaña parecía verdadero trigo será finalmente descubierta. Y aunque el trigo a veces también fue semejante a la cizaña, también recibirá su reconocimiento verdadero. Entonces los falsos hijos serán atados en manojos, figura de cómo estuvieron unidos para el mal e igualmente para el castigo. Como la paja ata a la paja, así el mal y el malhechor. Ya nada tendrá que ver con el trigo. Son quemados. La cizaña será quemada en el horno de fuego ardiendo (versículo 42). Apocalipsis 20:15; 21:8. Mientras tanto, los hijos del reino genuinos recibirán su recompensa: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga (ver. 43). Resplandecer, esa es la recompensa. Expresar la gloria de Dios eternamente. Dios es luz y con frecuencia Dios mismo, especialmente en la persona del Hijo es descrito bíblicamente resplandeciente como el sol. No existe absolutamente nada que pueda compararse a la recompensa tan grande de parecernos a Él. Seremos como Él porque le veremos tal y como Él es (1 Juan 3:2). Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Dn.12:3). ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad! (Mat. 25:34).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:28
13.24-30 La parábola del trigo y la cizaña. Se utiliza el verbo griego “jomoióo” que literalmente significa “fue hecho semejante el reino de los cielos.” Quiere decir que no fue lo que Dios creó originalmente, sino lo que llegó a hacer. En contraste con la parábola anterior (en la primera sólo dijo “el sembrador salió”), comprendemos que a partir de la segunda parábola el reino de los cielos es presente. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad; pero el reino de los cielos comenzó a edificarse a partir del Pentecostés, desde ese momento empezaron a mezclarse la cizaña entre el trigo. De manera que es un mensaje para la iglesia y ésta, dispersa en todo el mundo. Por cuanto es para la iglesia Jesús esperó a que se marchase la gente para dar la interpretación ¡y entró en la casa (símbolo de la iglesia)! para hablar del asunto (vr. 36). Sus discípulos le dijeron: explícanos la parábola del trigo y la cizaña específicamente. Requerimos humildad y reconocimiento de falto de comprensión para que Dios nos revele sus misterios. Pablo oraba sin cesar para que Dios le diera a los creyentes de Efeso espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-18); así necesitamos buscar diligentemente que Dios se revele a nosotros, lo mismo que nos enseñe sus misterios. Es mejor ser reprendido por Él como falto de entendimiento al inicio y luego recibir revelación, que permanecer en la ignorancia por miedo a preguntar. Después de todo, al Señor le agradan los hambrientos de su Palabra. ¿Será porque desea explicarnos para que sepamos o porque es una buena oportunidad para intimar con Él? El salmista decía que anhelaba estar en la casa de Dios para contemplar la hermosura del Señor e inquirir, a saber, preguntar en su templo (Sal. 27:5). El sembrador es Cristo como en la Parábola anterior (vr. 37). El Rey Jesús siembra buena semilla. El hombre sin Cristo siembra humanismo, superación individualista, psicología, etc. Y por su parte, Satanás sólo trae mala semilla. El hombre tiene buenas intenciones y el adversario malas intenciones; pero Cristo posee amorosas intenciones llenas de vida. El hombre intenta el bien; Satanás intenta el mal; pero sólo Cristo produce (no sólo intenta) vida verdadera. El campo es el mundo (vr. 38), es decir, la iglesia diseminada en el mundo entero. En la Biblia, Dios compara al pueblo de Israel con una viña cercada, rodeada, limitada (Mateo 21:33-34; Isaías 5). En contraste con el reino cuyo campo es todo el mundo, abierto, incluyendo a todos los pueblos. La iglesia está por el mundo entero y es inclusiva (lee 1 Tim. 2:4; Jn. 3:16; 2 P.3:9). En Mateo 24:14 dice que el evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio de todas las naciones. Y lo mismo leemos en Mateo 28:19 y en Marcos 16:15. Es un misterio y tremendo contraste con el espíritu religioso el hecho de que el reino como campo de cultivo del Señor no esté confinado a las paredes de un edificio ni a las normas religiosas y políticas de una denominación u organización específica; por el contrario, el reino está abierto en franca invitación a todos los que se aventuren a intentar entrar en él. La buena semilla son los hijos del reino (vr. 38). En la primera parábola la semilla era la Palabra de Dios; ¿por qué entonces ahora se refiere a los hijos del reino? La explicación es la esencia misma de la semilla: vida. La semilla es la vida divina manifestada en la Palabra. Es como si la palabra fuese una cáscara que envuelve la vida divina. Pero finalmente la semilla llega a ser según su naturaleza; en este caso, la semilla es la vida que llega a ser un hijo del reino. Leemos: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:12-13). Y también: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). Así como Cristo y la Palabra son uno solo y el mismo (Él es el Verbo de Dios); así también los hijos del reino son por esencia uno con la Palabra del reino. Ellos son la nueva expresión del gran misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16 Nota como en el versículo anterior Pablo está refiriéndose a la iglesia). Acerca de la cizaña, en apariencia, la cizaña es exactamente igual al trigo. La diferencia se hace notoria hasta que surge el fruto. El fruto del trigo es dorado y comestible; mientras el fruto de la cizaña es negro e inútil. Por sus frutos los conoceréis –había dicho el Señor. Así también, no es fácil distinguir a los verdaderos hijos del reino de los falsos. La cizaña representa a los hijos del malo (vr. 38). No son hijos del reino, pero tienen apariencia de hijos. Así como Dios engendra hijos por medio de su palabra; así también, y desafortunadamente, existen hijos del maligno engendrados con su naturaleza. Y lo que es peor, ¡se confunden con los hijos del reino! Parecen cristianos, pero son solamente religión en el mundo. La confusión es tal, que hasta los que no son hijos del reino podrían no saberlo. Lee 2 P. 2:1; Hch. 20:29-30; 1 Cor. 11:19; 2 Cor. 11:13-15; y Ap. 2:9, 13-14, 20-24. Con todo, una vez que el fruto se manifiesta se nota la diferencia; pues mientras que la cizaña tiene un fruto de mal aspecto y se mantiene erguida, el trigo posee un fruto dorado y hermoso que hace que la planta se incline casi hasta el suelo. Los hijos del reino poseen un carácter humilde que puede humillarse y adorar (recuerda cómo se humilló el Señor como Hijo del Hombre); mientras que los hijos del malo son orgullosos y soberbios como su padre y rechazan rebeldemente someterse a las leyes del reino. El enemigo es el diablo (39). Génesis 3:15 es el guión inicial y comienzo de esta batalla donde se declaró proféticamente que habría enemistad entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. El apóstol Pedro dijo que el enemigo se comporta como un león que anda dando vueltas en derredor de lo que él considera están sus presas buscando a quién devorar; por tanto nos amonesta a permanecer despiertos vigilando (1 Pedro 5:8). El enemigo tiene una naturaleza cobarde y traicionera; sembró cuando los hombres dormían (35); por eso ¡sed sobrios y velad! No suele atacar de frente. Sembró y se fue (25). Para dañar no hace falta más que un poco de discordia. La clásica ilustración de la manzana podrida sirve para enseñar esto. No esperes una invasión repentina de las tinieblas; en realidad, ya está en acción el misterio de la iniquidad (2 Tes. 2:7). Más permanece firme, pues no se dormirá el que te guarda y está aún más activo el misterio del reino de los cielos. La siega es el fin del siglo (39). Se refiere al final de la era de la iglesia cuando Cristo vuelva en busca de sus frutos (Ap. 14:15). Por años el bien pareció sin recompensa y el mal consideró quedar sin castigo, pero la última hoja del calendario de la justicia divina será cortada finalmente y la paga vendrá. El Sembrador depositó su semilla en espera de frutos y finalmente cosechará. Los segadores son los ángeles (39). Es un error común de la religiosidad matar a otros con la excusa de arrancar la cizaña. Este es un trabajo que no nos corresponde. Los siervos no somos los encargados de quitar la cizaña. Las raíces están entremezcladas, dañaríamos al trigo. No tenemos capacidad de juzgar con justo juicio, no solo las obras, sino las circunstancias y las motivaciones de las mismas; por lo cual, Dios enviará a sus ángeles a arrancar la cizaña en el día final. El juicio finalmente llegará, aunque de momento tengamos que crecer juntos. Acerca del castigo; invariablemente unos y otros seremos recogidos (vr. 30). Ninguno escapará. Aunque la cizaña parecía verdadero trigo será finalmente descubierta. Y aunque el trigo a veces también fue semejante a la cizaña, también recibirá su reconocimiento verdadero. Entonces los falsos hijos serán atados en manojos, figura de cómo estuvieron unidos para el mal e igualmente para el castigo. Como la paja ata a la paja, así el mal y el malhechor. Ya nada tendrá que ver con el trigo. Son quemados. La cizaña será quemada en el horno de fuego ardiendo (versículo 42). Apocalipsis 20:15; 21:8. Mientras tanto, los hijos del reino genuinos recibirán su recompensa: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga (ver. 43). Resplandecer, esa es la recompensa. Expresar la gloria de Dios eternamente. Dios es luz y con frecuencia Dios mismo, especialmente en la persona del Hijo es descrito bíblicamente resplandeciente como el sol. No existe absolutamente nada que pueda compararse a la recompensa tan grande de parecernos a Él. Seremos como Él porque le veremos tal y como Él es (1 Juan 3:2). Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Dn.12:3). ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad! (Mat. 25:34).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:30
13.24-30 La parábola del trigo y la cizaña. Se utiliza el verbo griego “jomoióo” que literalmente significa “fue hecho semejante el reino de los cielos.” Quiere decir que no fue lo que Dios creó originalmente, sino lo que llegó a hacer. En contraste con la parábola anterior (en la primera sólo dijo “el sembrador salió”), comprendemos que a partir de la segunda parábola el reino de los cielos es presente. El reino de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad; pero el reino de los cielos comenzó a edificarse a partir del Pentecostés, desde ese momento empezaron a mezclarse la cizaña entre el trigo. De manera que es un mensaje para la iglesia y ésta, dispersa en todo el mundo. Por cuanto es para la iglesia Jesús esperó a que se marchase la gente para dar la interpretación ¡y entró en la casa (símbolo de la iglesia)! para hablar del asunto (vr. 36). Sus discípulos le dijeron: explícanos la parábola del trigo y la cizaña específicamente. Requerimos humildad y reconocimiento de falto de comprensión para que Dios nos revele sus misterios. Pablo oraba sin cesar para que Dios le diera a los creyentes de Efeso espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-18); así necesitamos buscar diligentemente que Dios se revele a nosotros, lo mismo que nos enseñe sus misterios. Es mejor ser reprendido por Él como falto de entendimiento al inicio y luego recibir revelación, que permanecer en la ignorancia por miedo a preguntar. Después de todo, al Señor le agradan los hambrientos de su Palabra. ¿Será porque desea explicarnos para que sepamos o porque es una buena oportunidad para intimar con Él? El salmista decía que anhelaba estar en la casa de Dios para contemplar la hermosura del Señor e inquirir, a saber, preguntar en su templo (Sal. 27:5). El sembrador es Cristo como en la Parábola anterior (vr. 37). El Rey Jesús siembra buena semilla. El hombre sin Cristo siembra humanismo, superación individualista, psicología, etc. Y por su parte, Satanás sólo trae mala semilla. El hombre tiene buenas intenciones y el adversario malas intenciones; pero Cristo posee amorosas intenciones llenas de vida. El hombre intenta el bien; Satanás intenta el mal; pero sólo Cristo produce (no sólo intenta) vida verdadera. El campo es el mundo (vr. 38), es decir, la iglesia diseminada en el mundo entero. En la Biblia, Dios compara al pueblo de Israel con una viña cercada, rodeada, limitada (Mateo 21:33-34; Isaías 5). En contraste con el reino cuyo campo es todo el mundo, abierto, incluyendo a todos los pueblos. La iglesia está por el mundo entero y es inclusiva (lee 1 Tim. 2:4; Jn. 3:16; 2 P.3:9). En Mateo 24:14 dice que el evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio de todas las naciones. Y lo mismo leemos en Mateo 28:19 y en Marcos 16:15. Es un misterio y tremendo contraste con el espíritu religioso el hecho de que el reino como campo de cultivo del Señor no esté confinado a las paredes de un edificio ni a las normas religiosas y políticas de una denominación u organización específica; por el contrario, el reino está abierto en franca invitación a todos los que se aventuren a intentar entrar en él. La buena semilla son los hijos del reino (vr. 38). En la primera parábola la semilla era la Palabra de Dios; ¿por qué entonces ahora se refiere a los hijos del reino? La explicación es la esencia misma de la semilla: vida. La semilla es la vida divina manifestada en la Palabra. Es como si la palabra fuese una cáscara que envuelve la vida divina. Pero finalmente la semilla llega a ser según su naturaleza; en este caso, la semilla es la vida que llega a ser un hijo del reino. Leemos: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios (Juan 1:12-13). Y también: El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). Así como Cristo y la Palabra son uno solo y el mismo (Él es el Verbo de Dios); así también los hijos del reino son por esencia uno con la Palabra del reino. Ellos son la nueva expresión del gran misterio de la piedad, Dios manifestado en carne (1 Tim. 3:16 Nota como en el versículo anterior Pablo está refiriéndose a la iglesia). Acerca de la cizaña, en apariencia, la cizaña es exactamente igual al trigo. La diferencia se hace notoria hasta que surge el fruto. El fruto del trigo es dorado y comestible; mientras el fruto de la cizaña es negro e inútil. Por sus frutos los conoceréis –había dicho el Señor. Así también, no es fácil distinguir a los verdaderos hijos del reino de los falsos. La cizaña representa a los hijos del malo (vr. 38). No son hijos del reino, pero tienen apariencia de hijos. Así como Dios engendra hijos por medio de su palabra; así también, y desafortunadamente, existen hijos del maligno engendrados con su naturaleza. Y lo que es peor, ¡se confunden con los hijos del reino! Parecen cristianos, pero son solamente religión en el mundo. La confusión es tal, que hasta los que no son hijos del reino podrían no saberlo. Lee 2 P. 2:1; Hch. 20:29-30; 1 Cor. 11:19; 2 Cor. 11:13-15; y Ap. 2:9, 13-14, 20-24. Con todo, una vez que el fruto se manifiesta se nota la diferencia; pues mientras que la cizaña tiene un fruto de mal aspecto y se mantiene erguida, el trigo posee un fruto dorado y hermoso que hace que la planta se incline casi hasta el suelo. Los hijos del reino poseen un carácter humilde que puede humillarse y adorar (recuerda cómo se humilló el Señor como Hijo del Hombre); mientras que los hijos del malo son orgullosos y soberbios como su padre y rechazan rebeldemente someterse a las leyes del reino. El enemigo es el diablo (39). Génesis 3:15 es el guión inicial y comienzo de esta batalla donde se declaró proféticamente que habría enemistad entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer. El apóstol Pedro dijo que el enemigo se comporta como un león que anda dando vueltas en derredor de lo que él considera están sus presas buscando a quién devorar; por tanto nos amonesta a permanecer despiertos vigilando (1 Pedro 5:8). El enemigo tiene una naturaleza cobarde y traicionera; sembró cuando los hombres dormían (35); por eso ¡sed sobrios y velad! No suele atacar de frente. Sembró y se fue (25). Para dañar no hace falta más que un poco de discordia. La clásica ilustración de la manzana podrida sirve para enseñar esto. No esperes una invasión repentina de las tinieblas; en realidad, ya está en acción el misterio de la iniquidad (2 Tes. 2:7). Más permanece firme, pues no se dormirá el que te guarda y está aún más activo el misterio del reino de los cielos. La siega es el fin del siglo (39). Se refiere al final de la era de la iglesia cuando Cristo vuelva en busca de sus frutos (Ap. 14:15). Por años el bien pareció sin recompensa y el mal consideró quedar sin castigo, pero la última hoja del calendario de la justicia divina será cortada finalmente y la paga vendrá. El Sembrador depositó su semilla en espera de frutos y finalmente cosechará. Los segadores son los ángeles (39). Es un error común de la religiosidad matar a otros con la excusa de arrancar la cizaña. Este es un trabajo que no nos corresponde. Los siervos no somos los encargados de quitar la cizaña. Las raíces están entremezcladas, dañaríamos al trigo. No tenemos capacidad de juzgar con justo juicio, no solo las obras, sino las circunstancias y las motivaciones de las mismas; por lo cual, Dios enviará a sus ángeles a arrancar la cizaña en el día final. El juicio finalmente llegará, aunque de momento tengamos que crecer juntos. Acerca del castigo; invariablemente unos y otros seremos recogidos (vr. 30). Ninguno escapará. Aunque la cizaña parecía verdadero trigo será finalmente descubierta. Y aunque el trigo a veces también fue semejante a la cizaña, también recibirá su reconocimiento verdadero. Entonces los falsos hijos serán atados en manojos, figura de cómo estuvieron unidos para el mal e igualmente para el castigo. Como la paja ata a la paja, así el mal y el malhechor. Ya nada tendrá que ver con el trigo. Son quemados. La cizaña será quemada en el horno de fuego ardiendo (versículo 42). Apocalipsis 20:15; 21:8. Mientras tanto, los hijos del reino genuinos recibirán su recompensa: Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga (ver. 43). Resplandecer, esa es la recompensa. Expresar la gloria de Dios eternamente. Dios es luz y con frecuencia Dios mismo, especialmente en la persona del Hijo es descrito bíblicamente resplandeciente como el sol. No existe absolutamente nada que pueda compararse a la recompensa tan grande de parecernos a Él. Seremos como Él porque le veremos tal y como Él es (1 Juan 3:2). Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (Dn.12:3). ¡Venid, benditos de mi Padre, heredad! (Mat. 25:34).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:31
13.31-32 Antes de interpretar la 3ª de las parábolas, tenemos que tomar en consideración todo el contexto de las mismas, así como también seguir el curso usado por el Señor en la interpretación de las dos primeras. Tampoco debemos olvidar que las figuras y tipos usadas en las parábolas son familiares en toda la Palabra, su significado es el mismo que el que se les ha dado en otras partes de la Biblia, por lo que no debemos aislarlas dándoles una explicación diferente. En Mateo 13:52, cuando el Señor recapitula y da la conclusión de las parábolas proporciona el secreto de la interpretación de las mismas al decir que el escriba docto… saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Esto es, dividió las parábolas en nuevas y viejas. En el versículo uno leemos que el Rey Jesucristo salió de la casa y se sentó junto al mar; lo que simboliza que habría de salir de los judíos e ir a los gentiles por el rechazo descrito en el capítulo 12. Luego en el versículo 36 dice: Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa, y enseñaba. Lo que simboliza que el Señor regresó a “su casa” a los judíos. Así que las primeras parábolas pronunciadas en público son para los gentiles, son “los tesoros nuevos” o verdades nuevas. Mientras que las otras tres parábolas mencionadas en privado son “los tesoros viejos” o verdades anteriormente reveladas (nota cómo el Señor hace un paréntesis para explicar el propósito de las parábolas cuando lleva las primeras cuatro). De modo que las 7 parábolas presentan el desarrollo del reino de los cielos entre la primera y la segunda venida de Cristo, desde el inicio de la siembra hasta “el fin del siglo”. Estás son las cosas nuevas: 1.- El sembrador, la semilla y las clases de terreno. La proclamación del Reino. 2.- El trigo y la cizaña. La falsa imitación del Reino. 3.- La semilla de mostaza que llegó a ser un árbol. La apariencia externa del Reino. Y 4.- La levadura introducida en la harina. La corrupción interna del Reino. Y las cosas viejas son: 1.- El tesoro escondido. La nación israelita un tipo de la iglesia. 2.- La perla de gran precio. La verdadera iglesia formada dentro de la iglesia profesante. 3.- La red. El juicio de las naciones para determinar la entrada o la expulsión del reino milenial. Sobre la tercera parábola, la parábola del sembrador: Tomando como base la misma interpretación que en las dos parábolas anteriores, el sembrador es Cristo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (13:37); y el campo es el mundo (vr. 38). Me gusta como el Señor lo llamó: “su campo”. El mundo le pertenece a Cristo (Col. 1:16). Muchos gobernantes humanos, lo mismo que el diablo se jactaron de ser dueños de lo que en realidad no poseen. Dios sonríe desde su trono sin soltar los hilos de la historia. Por derecho propio todo le pertenece al Señor. Él es el Sembrador y el mundo es el campo donde siembra y cosecha a voluntad. La semilla es tanto la Palabra de Dios (vr. 19) como los hijos del reino (vr. 38). Como vimos anteriormente, la semilla es la vida divina que llega a ser uno con el receptor de la misma. En apariencia, esta semilla “es la más pequeña” (vr. 32); pero en esencia es la semilla más grande y poderosa de todas. Nada se compara a la vida divina. Asimismo, La iglesia inició como algo muy pequeño, considerado por muchos como un movimiento insignificante abanderado en su mayoría por analfabetas y personas comunes; pero con el pasar de los años, la semilla ha tenido un extraordinario desarrollo, tanto positiva como negativamente: Cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas y se hace árbol. Y he dicho que la iglesia a crecido tanto positiva como negativamente porque, aún y cuando fue diseñada para proveer del alimento y sabor de vida eterna al mundo (por eso es comparada con el trigo y con la mostaza); creció tanto que en el aspecto negativo llegó a ser un árbol, en donde “las aves del cielo” hicieron nido. Las aves del cielo según el versículo 18 del mismo capítulo representan a Satanás y a sus enviados; así que no se trata de un crecimiento saludable ni normal. La iglesia nació para ser una hortaliza, sin raíces permanentes, pues es una planta de temporada; en contraste con el árbol que tiene raíces permanentes en la tierra, el mundo. Fuimos llamados a ser extranjeros y peregrinos en este mundo, no permanentes. Esto habla de que la iglesia se estableció en el mundo olvidando su peregrinaje, se hizo poderosa mundanalmente hablando. Es Pérgamo, que significa “debidamente casada” (período más enfático en los años 300 - 800 d C cuando el emperador romano Constantino unió a la iglesia con el Estado). Es alianza mundana y principalmente gran crecimiento externo que dio lugar a la entrada de “aves” al reino. Lee Apocalipsis 2:13-15. y mira cómo el Señor amonesta a la iglesia por cohabitar con el trono de Satanás. Roma, el imperio que antes los perseguía ahora los abrazaba. La doctrina de Balaam (enseñanza que llevaba a la idolatría y a la inmoralidad se hizo tolerable a los creyentes. También la doctrina de los nicolaítas, el gobierno del pueblo y no de Dios sobre la iglesia) encontró cabida bajo un disfraz democrático. La parábola de la semilla de mostaza significa la organización exterior de la cristiandad o religiosidad, parece el reino de los cielos pero es un árbol terrenal con proyectos, planes y agentes terrenales. Es similar al árbol que soñó Nabucodonosor (Daniel 4:12), el cual simbolizaba tanto su grandeza como su caída por soberbia y orgullo. Pero a pesar de todo, el reino permanece. El misterio es precisamente que en medio de tanta degradación, el reino de los cielos siguió avanzando hasta que triunfará finalmente. He visto el final de la historia: Dios gana y su pueblo disfruta junto a Él de la victoria del reino.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:32
13.31-32 Antes de interpretar la 3ª de las parábolas, tenemos que tomar en consideración todo el contexto de las mismas, así como también seguir el curso usado por el Señor en la interpretación de las dos primeras. Tampoco debemos olvidar que las figuras y tipos usadas en las parábolas son familiares en toda la Palabra, su significado es el mismo que el que se les ha dado en otras partes de la Biblia, por lo que no debemos aislarlas dándoles una explicación diferente. En Mateo 13:52, cuando el Señor recapitula y da la conclusión de las parábolas proporciona el secreto de la interpretación de las mismas al decir que el escriba docto… saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Esto es, dividió las parábolas en nuevas y viejas. En el versículo uno leemos que el Rey Jesucristo salió de la casa y se sentó junto al mar; lo que simboliza que habría de salir de los judíos e ir a los gentiles por el rechazo descrito en el capítulo 12. Luego en el versículo 36 dice: Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa, y enseñaba. Lo que simboliza que el Señor regresó a “su casa” a los judíos. Así que las primeras parábolas pronunciadas en público son para los gentiles, son “los tesoros nuevos” o verdades nuevas. Mientras que las otras tres parábolas mencionadas en privado son “los tesoros viejos” o verdades anteriormente reveladas (nota cómo el Señor hace un paréntesis para explicar el propósito de las parábolas cuando lleva las primeras cuatro). De modo que las 7 parábolas presentan el desarrollo del reino de los cielos entre la primera y la segunda venida de Cristo, desde el inicio de la siembra hasta “el fin del siglo”. Estás son las cosas nuevas: 1.- El sembrador, la semilla y las clases de terreno. La proclamación del Reino. 2.- El trigo y la cizaña. La falsa imitación del Reino. 3.- La semilla de mostaza que llegó a ser un árbol. La apariencia externa del Reino. Y 4.- La levadura introducida en la harina. La corrupción interna del Reino. Y las cosas viejas son: 1.- El tesoro escondido. La nación israelita un tipo de la iglesia. 2.- La perla de gran precio. La verdadera iglesia formada dentro de la iglesia profesante. 3.- La red. El juicio de las naciones para determinar la entrada o la expulsión del reino milenial. Sobre la tercera parábola, la parábola del sembrador: Tomando como base la misma interpretación que en las dos parábolas anteriores, el sembrador es Cristo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre (13:37); y el campo es el mundo (vr. 38). Me gusta como el Señor lo llamó: “su campo”. El mundo le pertenece a Cristo (Col. 1:16). Muchos gobernantes humanos, lo mismo que el diablo se jactaron de ser dueños de lo que en realidad no poseen. Dios sonríe desde su trono sin soltar los hilos de la historia. Por derecho propio todo le pertenece al Señor. Él es el Sembrador y el mundo es el campo donde siembra y cosecha a voluntad. La semilla es tanto la Palabra de Dios (vr. 19) como los hijos del reino (vr. 38). Como vimos anteriormente, la semilla es la vida divina que llega a ser uno con el receptor de la misma. En apariencia, esta semilla “es la más pequeña” (vr. 32); pero en esencia es la semilla más grande y poderosa de todas. Nada se compara a la vida divina. Asimismo, La iglesia inició como algo muy pequeño, considerado por muchos como un movimiento insignificante abanderado en su mayoría por analfabetas y personas comunes; pero con el pasar de los años, la semilla ha tenido un extraordinario desarrollo, tanto positiva como negativamente: Cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas y se hace árbol. Y he dicho que la iglesia a crecido tanto positiva como negativamente porque, aún y cuando fue diseñada para proveer del alimento y sabor de vida eterna al mundo (por eso es comparada con el trigo y con la mostaza); creció tanto que en el aspecto negativo llegó a ser un árbol, en donde “las aves del cielo” hicieron nido. Las aves del cielo según el versículo 18 del mismo capítulo representan a Satanás y a sus enviados; así que no se trata de un crecimiento saludable ni normal. La iglesia nació para ser una hortaliza, sin raíces permanentes, pues es una planta de temporada; en contraste con el árbol que tiene raíces permanentes en la tierra, el mundo. Fuimos llamados a ser extranjeros y peregrinos en este mundo, no permanentes. Esto habla de que la iglesia se estableció en el mundo olvidando su peregrinaje, se hizo poderosa mundanalmente hablando. Es Pérgamo, que significa “debidamente casada” (período más enfático en los años 300 - 800 d C cuando el emperador romano Constantino unió a la iglesia con el Estado). Es alianza mundana y principalmente gran crecimiento externo que dio lugar a la entrada de “aves” al reino. Lee Apocalipsis 2:13-15. y mira cómo el Señor amonesta a la iglesia por cohabitar con el trono de Satanás. Roma, el imperio que antes los perseguía ahora los abrazaba. La doctrina de Balaam (enseñanza que llevaba a la idolatría y a la inmoralidad se hizo tolerable a los creyentes. También la doctrina de los nicolaítas, el gobierno del pueblo y no de Dios sobre la iglesia) encontró cabida bajo un disfraz democrático. La parábola de la semilla de mostaza significa la organización exterior de la cristiandad o religiosidad, parece el reino de los cielos pero es un árbol terrenal con proyectos, planes y agentes terrenales. Es similar al árbol que soñó Nabucodonosor (Daniel 4:12), el cual simbolizaba tanto su grandeza como su caída por soberbia y orgullo. Pero a pesar de todo, el reino permanece. El misterio es precisamente que en medio de tanta degradación, el reino de los cielos siguió avanzando hasta que triunfará finalmente. He visto el final de la historia: Dios gana y su pueblo disfruta junto a Él de la victoria del reino.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:33
13.33 la cuarta parábola: la levadura en la harina. La mayoría de los comentaristas bíblicos han interpretado que la levadura es el evangelio, la cual, introducida en la harina, a saber, el mundo, afectará a toda la humanidad. No soy mejor que nadie, pero disiento de esa interpretación. Sostengo que es equivocada, por cuanto es contraria a los símbolos bíblicos usados (la levadura, la harina, la mujer y las tres medidas); así como al contexto de las otras parábolas, que lejos de que todo sea alcanzado por el evangelio, más bien, la cizaña alcanzó a la iglesia, la semilla de mostaza llegó a albergar gente maligna, la red contendrá toda clase de peces, tanto buenos como malos, etc. Miremos bien: el reino de los cielos es semejante, la palabra “semejante” proviene del griego “homoioo”, que significa “hacer parecido”; y “tiene apariencia de”, “llegó a ser como…” Por eso es un misterio, porque la apariencia y resultado temporal del reino de los cielos no es lo que quisiéramos. La levadura en la Escritura se usa para describir maldad y su poder corruptor. Por ejemplo, la Biblia señala que Lot preparó a los dos ángeles, panes sin levadura (Gen. 19:3). Que la Pascua se celebraba también con panes sin levadura (Ex. 12:8). Que Israel guardaba una fiesta llamada: la fiesta de los panes sin levadura (Ex. 23:15). Lee Ex. 29:2. Todas las ofrendas eran sin levadura, salvo la de los panes en la fiesta de la cosecha, la cual representa a los creyentes, esto es, a los pecadores recibidos por gracia (Lev. 23:17). De modo que también aquí la levadura representa el pecado. Cuando Dios llamó a Gedeón, recibió una ofrenda sin levadura (Jue. 6:19-21). Similar a estos ejemplos, todo el Antiguo Testamento presenta más casos. Pero veamos ahora el Nuevo Testamento: Jesús dijo: Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos (Mat. 16:6); refiriéndose a la hipócrita religiosidad de los fariseos (Luc. 12:1); y al escepticismo doctrinal de los saduceos (Mat. 16:12). Pablo escribió: No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura, como sois; porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebramos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad (1 Cor. 5:6-8). Y otra vez leemos en Gálatas 5:9, cuando Pablo exhortaba a los creyentes a no dejarse contaminar por la doctrina del judaísmo y de la falsa salvación por obras; desde el versículo 7: Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de Aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gal. 5:7-9). Por tanto, la levadura representa la corrupción del mal. La levadura está hecha de microbios, específicamente de un hongo unicelular que se emplea para fermentar. Se toma masa normal para el pan, se le deja agriar aparte y mediante estos microbios se leuda la demás masa al mezclarla. De modo que aún su origen es la corrupción. Respecto a la harina en tres medidas, leemos en Génesis 18:6 que Abraham ofreció tortas hechas con tres medidas de harina como un alimento completo para Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También, la harina era parte fundamental de las ofrendas levíticas presentadas a Dios conforme al sacerdocio aarónico. Así que representa aquello que es ofrecido a Dios para su satisfacción. La harina es el producto procesado del trigo. El trigo es el fruto de la semilla sembrada por el Señor y se refiere a los hijos del reino (Mat. 13.38). Así que la harina es la iglesia procesada por el Espíritu Santo como una ofrenda para Dios. La tres medidas representan la medida completa; esto es, la ofrenda perfecta para Dios. Acerca de la mujer que escondió la levadura en la harina, veamos que no introdujo levadura en la harina como hace un panadero, sino que la escondió. El hecho de esconder implica sagacidad, malicia. Es así que la mujer en este caso, representa la maldad y la falsa religión. Por ejemplo, leemos en Zacarías 5:5-11 Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y me dijo: Alza ahora tus ojos, y mira qué es esto que sale. Y dije: ¿Qué es? Y él dijo: Este es un efa que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra. Y he aquí, levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa. Y él dijo: Esta es la Maldad; y la echó dentro del efa, y echó la masa de plomo en la boca del efa. Alcé luego mis ojos, y miré, y he aquí dos mujeres que salían, y traían viento en sus alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa entre la tierra y los cielos. Dije al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el efa? Y él me respondió: Para que le sea edificada casa en tierra de Sinar; y cuando esté preparada lo pondrán sobre su base. Esta mujer es la personificación de la maldad. No Debemos mirar en esto ningún concepto sexista; el símbolo de la mujer es usado en esta ocasión para referirse a la maldad; sin embargo, en muchos otros lugares de la Biblia se usa para referirse al bien; por ejemplo, es una mujer la que representa a la iglesia como la esposa del Cordero y la meta más alta de la glorificación de la humanidad. Sin embargo, la mujer que esconde levadura; es decir, la maldad que corrompe a la iglesia es un misterio de iniquidad que ha estado trabajando casi desde los albores de la humanidad. Tiene casa edificada en Sinar, como dijo el profeta Zacarías. Sinar es Babel, conocida más tarde como Babilonia. Ella es la mujer de Apocalipsis 17:1-6 llamada “la gran ramera”. Es la religión apóstata, dicho de otro modo, es el espíritu religioso que corrompe a la iglesia en su estructura nominal desde dentro, con la misma sutileza con la que la levadura leuda toda la masa. Esto no fue ligero, pues toda la masa fue leudada; todo el cristianismo fue afectado por esta corrupción. No podemos señalar a un movimiento en particular como si solamente ese hubiera sido dañado. La levadura ha hecho un daño más profundo: toda la masa fue leudada. Tenga Dios misericordia de nosotros. En verdad que el reino de los cielos es un misterio, pues a pesar de su apariencia externa avanza victorioso.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:34
13.34-35 Mira las notas 13.10-15. El propósito de Jesús era traer el reino de los cielos a los hombres, lo cual requiere el código celestial, es decir, las parábolas. En ellas están las cosas de Dios escondidas desde la fundación del mundo, misterios llenos de riquezas, nuevas y viejas. Dicho código libera las bendiciones del reino a quien está dispuesto a creer y entender. Jesús no negociaría esto con la gente, no era populista ni trataba de agradar a nadie fuera del Padre; por ello no les hablaba sin parábolas. De hecho, declaraba las cosas escondidas con parábolas, las hacía claras con el código. Lo mismo sucede cada vez que leemos las Sagradas Escrituras, encontramos el código de Dios que pone al descubierto sus misterios, así como sus bendiciones. Debes estar dispuesto a seguir a Jesús para que la Palabra te sea revelada. Si no entiendes la Biblia, tienes más un problema de actitud que intelectual.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:35
13.34-35 Mira las notas 13.10-15. El propósito de Jesús era traer el reino de los cielos a los hombres, lo cual requiere el código celestial, es decir, las parábolas. En ellas están las cosas de Dios escondidas desde la fundación del mundo, misterios llenos de riquezas, nuevas y viejas. Dicho código libera las bendiciones del reino a quien está dispuesto a creer y entender. Jesús no negociaría esto con la gente, no era populista ni trataba de agradar a nadie fuera del Padre; por ello no les hablaba sin parábolas. De hecho, declaraba las cosas escondidas con parábolas, las hacía claras con el código. Lo mismo sucede cada vez que leemos las Sagradas Escrituras, encontramos el código de Dios que pone al descubierto sus misterios, así como sus bendiciones. Debes estar dispuesto a seguir a Jesús para que la Palabra te sea revelada. Si no entiendes la Biblia, tienes más un problema de actitud que intelectual.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:36
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:37
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:38
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:39
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:40
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:41
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:42
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:43
13.36-43 Lee las notas 13.24-30.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:44
13.44 La quinta parábola, el tesoro escondido. Tal parece que Dios está interesado en contarnos la historia. No una historia ni siquiera la historia de nuestras vidas, sino Su Historia. La más grande historia de todas; sin embargo, no desea enseñar la trama a cualquiera, así que la codificó en forma de parábolas. Para aquellos que están dentro del reino, es decir, que son conscientes de su papel dentro de la película divina, para ellos no hay misterios, pues les explica todas las cosas. Pero para aquellos que se encuentran fuera del reino, inconscientes de su participación dentro de la gran trama de los siglos, todo es dado en misterios y parábolas. Eso es Mateo 13. Ahora veamos lo relativo al pasaje citado; recordemos que antes de esta parábola aprendimos con las anteriores que el misterio del reino de los cielos es cómo la iglesia (en su apariencia terrenal) fue pervertida en su propósito mutando su naturaleza (de una similla de mostaza a un árbol donde hicieron sus nidos las aves). También vimos que la perversión religiosa y doctrinal se introdujo encubiertamente en la iglesia leudándola en su pureza prácticamente en su totalidad. El hecho de que Jesús lo enseñara antes de que sucediera implica que el reino no ha sufrido ninguna derrota, sino que aún esto estaba dentro de sus planes. Así como Dios tomó polvo de la tierra para formar a Adán; así también Dios esta volviendo a tomar polvo (nuestra humillación y ruina) para formar al nuevo hombre, el postrer Adán, compuesto de Cristo como cabeza y la iglesia como su cuerpo. Al final de la historia Dios es el vencedor y todo colaboró para cumplir sus propósitos; o mejor dicho, todo era parte del guión. El tesoro es el Israel espiritual. La Iglesia de Dios en el Antiguo Testamento era el pueblo de Israel. Donde ellos estaban, allí estaba el reino. Por ejemplo, Hechos 7:38 le llama la congregación (griego eklessia) en el desierto. Ellos fueron llamados a ser su especial tesoro, su reino de sacerdotes (Ex. 19:4-6; Sal. 135:4). En el Nuevo Testamento la iglesia sin distingo de nacionalidad terrenal cumple el llamamiento a ser reino de sacerdotes y nación santa (Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia 1 Pedro 2:9-10). Y esto no en substitución de Israel según la carne, sino en añadidura unidos al mismo olivo que es Cristo. Dios había profetizado ese día diciendo a través del profeta Malaquías: Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Yahwéh de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve (Mal. 3:17). El verdadero Israel, su especial tesoro de entre todas las naciones. Este es el misterio del reino: Dios entresaca su tesoro de entre todo el mundo. El misterio es una selección cuidadosa que el Rey decidió hacer antes de crear al mundo. Su tesoro son individuos comunes escondidos en el mundo; vasijas de barro aparentemente corrientes, pero con un tesoro divino en su interior (2 Cor. 4:7). El tesoro es la vida del reino. El misterio es que Dios da a conocer dicho tesoro por medio de vasijas que lo contienen. La ironía es que la vasija esconde, a la vez que manifiesta el tesoro del Rey. El campo es el mundo. Jesús mismo explicó a sus discípulos que el campo es el mundo (Mt.13:38); y el hombre es Cristo. ¿Quién sino Cristo podía ver el tesoro del reino? Sólo el Señor Jesús podía mirar en la eternidad el tesoro de su amada iglesia y crear todas las cosas con dicho tesoro escondido entre ellas para obtener un día a su Esposa. Este es el misterio escondido desde los siglos en Dios que creó todas las cosas: obtener al Cristo corporativo compuesto del Señor Jesús como la Cabeza y la iglesia como su Cuerpo (Efes. 3:5, 6, 9). Donde esté nuestro tesoro, allí estará nuestro corazón, dijo el Señor Jesús (Mat. 6:21); y verdaderamente su corazón estuvo en su iglesia. Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella, dice Efesios 5:25; por eso dice la parábola que el hombre vendió todo lo que tenía (Fil.2:6-11) (2 Cor. 8:9). Se ha dicho que el Señor Jesucristo vino a Israel, pero en su rechazo tuvo que esconder el tesoro (el reino a Israel) hasta el fin de la presente dispensación (Rom.11:25-26). Hay verdad en esto, sin embargo no debemos pensar que Dios volverá a Israel como una entidad separada de la iglesia. Dios no tiene dos esposas ni dos pueblos y tampoco dos cuerpos; tanto Israel en la carne como los gentiles son miembros del mismo cuerpo si están en Cristo (Efes. 3:6). Con todo, Jesús compró el campo, esto es, el mundo entero por medio de la cruz; y esto incluye absolutamente todo, sea judío o gentil (si bien sólo quienes lo reciben y están en Él pueden ser llamados su tesoro). Satanás le ofreció a Jesús el mundo, y por cierto barato: “todo esto te daré…” –le dijo (Mt.4). Se lo había quitado a Adán en el huerto del Edén; sin embargo Jesús pagó aún mucho más, y esto a su padre, pues Satanás era un ladrón y usurpador que no tenía derecho legal para negociar con Cristo, el verdadero Heredero. En algún lugar leí la siguiente historia que ilustra muy bien esto: el caso realmente sucedido en la corte de Versalles, donde, de noche y en un pasillo oscuro, un embajador de España perdió una moneda de diez céntimos. Para encontrarla, encendió un billete de mil pesetas (único combustible o luz de que disponía) y, cuando un colega le reprochó la locura de tal proceder, replicó quijotescamente: El billete no lleva la imagen de mi rey, pero la moneda sí, y no consiento que nadie la pise. Por baja que haya descendido una persona humana, todavía quedan en ella rasgos de la imagen divina, y no podemos estimar en poco lo que Dios estimó tanto, que entregó a la muerte de cruz a Su propio y único Hijo, para rescatarla del abismo de perdición. También podemos ver la misma verdad tipificada: cuando Abraham compró un campo para sepultar a Sara y Efrón quería regalárselo, Abraham no aceptó, sino que pagó por el campo (Gen. 23:9-19). Así también, cuando David compró el campo de Arauna para edificar un altar a Dios y que Arauna quería regalárselo, David no lo aceptó, sino que lo compró. El tesoro del reino está escondido en el campo del mundo y sus riquezas serán finalmente manifestadas. Sólo el Comprador conoce dicho tesoro, aunque aún no tome plenamente posesión de él, ya que primero está tomando posesión del campo (1 Cor. 15:24-28; Heb. 2:8).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:45
13.45-46 La sexta parábola: el mercader que busca buenas perlas. Generalmente se explica esta parábola como la necesidad de que los creyentes renuncien a todo por Cristo, Él es la perla de gran precio y el cristiano ha de darlo todo por Él. Indudablemente es una hermosa aplicación; pero no es la correcta interpretación. Veamos cuál es… Jesús es el gran comerciante del reino. Siempre supo que estaba dedicándose a “los negocios del Padre” (Luc. 2:49). Jamás debemos olvidar el principio de que fue Él quien nos buscó a nosotros y no nosotros a Él. Él buscó lo que a sus ojos es una perla preciosa y dio todo por ella. En la parábola anterior, la del tesoro escondido en un campo, Él encontró el tesoro; más en la presente parábola no encontró la perla; sino que ese es su negocio. Es un Mercader que busca buenas perlas. Como Salvador vino a busca y a salvar lo que se había perdido; más como Hijo de Dios está en los negocios del Padre. Por un lado, la iglesia es un gran tesoro; por otro, es el negocio del cielo. El Mercader busca buenas perlas. Literalmente: “perlas finas”, “de buena calidad”. Las parábolas del reino son en sí misterios; pero es un misterio aún más grande su amor. ¡Cuánto es su amor! Llama perlas de gran precio a multitud de pecadores con los que está formando la iglesia. Por lo pronto, aprendamos a valorar lo que Dios valora a tan grande precio. ¿Cuánto vale un alma? Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mr.8:36-37). El menosprecio de un alma redimida por Dios es un insulto al Redentor; es considerarse de juicio más digno que Dios. Maravillosamente somos para Él no sólo una perla, sino la buena perla. Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Luc. 19:10). Cristo es el Buen Pastor que busca la centésima oveja (Mat. 18:2). Y el Padre que ama a su hijo perdido. Lo mismo que el Espíritu que busca cual mujer la moneda perdida. Él busca, busca y busca. No lo escogimos nosotros a Él, antes bien, Él nos escogió a nosotros (Jn.15:16). Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero (1 Jn. 4:19). Una cruz en el Calvario me dice que renunciará a todo, incluyendo a sí mismo, antes que a su iglesia. La iglesia es la perla de gran precio, la posesión adquirida por Cristo (Hechos 20:28; Ef.1:14; 1 Pedro 2:9). En Apocalipsis 21 Dios se refiere a la iglesia como la esposa del Cordero; la cual es vista ataviada para su marido con adornos de perlas y piedras preciosas. La iglesia, como perla, es formada gradualmente. Cristo dijo: Edificaré mi iglesia (Mat. 16:18). Esta no es una obra insignificante; y por lo mismo, tampoco rápida. Así como Dios tomó barro del polvo de la tierra para formar el cuerpo de Adán; así también Dios está tomando polvo del mundo (vidas de seres humanos) para formar el Cuerpo del segundo Adán, a saber, Cristo. Esta edificación parece lenta porque es gloriosa. Nunca se apresura a un artista. Está edificándose desde la primera venida del Señor, hombres como el apóstol Pablo han sido peritos arquitectos de la obra en algunas épocas, pero todos colaboramos construyendo (1 Cor. 3:10). Ningún cristiano es todo el edificio; pero todos somos la materia prima con la que Dios trabaja, a la vez que sus colaboradores en lo individual. Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor (Ef.2:20-21). La iglesia, como perla, tiene el propósito de adornar a Cristo, reflejar la gloria de Dios. Alguien ataviado con perlas se ve con gloria. La iglesia, según el misterio eterno escondido por Dios, fue formada para dar a conocer la gloria de Dios (Efesios 3:9-10). ¡Qué importante es reflejar la gloria de Dios! El testimonio cristiano debe hacer lucir el evangelio. El testimonio de la iglesia debe hacer lucir a Dios. La iglesia, como perla, llegará a ser adorno de Cristo cuando sea levantada del lugar en el que fue formada. Como una perla literal. ¿Dónde tiene que dar a conocer la iglesia la gloria de Cristo? En los lugares celestiales (Ef. 2:6; 3:9-10). Y esto para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia. De modo que la iglesia adornará a Cristo hasta que se consume el plan de Dios y sea manifestada la nueva Jerusalén, mientras tanto, por la fe, debe vivir “en los lugares celestiales con Cristo” para cumplir el propósito de glorificar a Dios! Debes considerar el precio de la compra para vivir mejor. Ser glorioso, refulgente, pues Cristo vendió todo lo que tenía por nosotros (2 Cor. 8:9; Fil. 2:6-8). ¡Demos todo por Cristo! Todo lo que somos, todo lo que tenemos, todo lo que llegaremos a ser, y todo lo que tendremos ¡le pertenece a Cristo! ¡Fuimos comprados por precio! (1 Cor. 6:20; 1 Pedro 1:18-19; Hechos 20:28; Ap. 5:9).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:46
13.45-46 La sexta parábola: el mercader que busca buenas perlas. Generalmente se explica esta parábola como la necesidad de que los creyentes renuncien a todo por Cristo, Él es la perla de gran precio y el cristiano ha de darlo todo por Él. Indudablemente es una hermosa aplicación; pero no es la correcta interpretación. Veamos cuál es… Jesús es el gran comerciante del reino. Siempre supo que estaba dedicándose a “los negocios del Padre” (Luc. 2:49). Jamás debemos olvidar el principio de que fue Él quien nos buscó a nosotros y no nosotros a Él. Él buscó lo que a sus ojos es una perla preciosa y dio todo por ella. En la parábola anterior, la del tesoro escondido en un campo, Él encontró el tesoro; más en la presente parábola no encontró la perla; sino que ese es su negocio. Es un Mercader que busca buenas perlas. Como Salvador vino a busca y a salvar lo que se había perdido; más como Hijo de Dios está en los negocios del Padre. Por un lado, la iglesia es un gran tesoro; por otro, es el negocio del cielo. El Mercader busca buenas perlas. Literalmente: “perlas finas”, “de buena calidad”. Las parábolas del reino son en sí misterios; pero es un misterio aún más grande su amor. ¡Cuánto es su amor! Llama perlas de gran precio a multitud de pecadores con los que está formando la iglesia. Por lo pronto, aprendamos a valorar lo que Dios valora a tan grande precio. ¿Cuánto vale un alma? Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (Mr.8:36-37). El menosprecio de un alma redimida por Dios es un insulto al Redentor; es considerarse de juicio más digno que Dios. Maravillosamente somos para Él no sólo una perla, sino la buena perla. Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Luc. 19:10). Cristo es el Buen Pastor que busca la centésima oveja (Mat. 18:2). Y el Padre que ama a su hijo perdido. Lo mismo que el Espíritu que busca cual mujer la moneda perdida. Él busca, busca y busca. No lo escogimos nosotros a Él, antes bien, Él nos escogió a nosotros (Jn.15:16). Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero (1 Jn. 4:19). Una cruz en el Calvario me dice que renunciará a todo, incluyendo a sí mismo, antes que a su iglesia. La iglesia es la perla de gran precio, la posesión adquirida por Cristo (Hechos 20:28; Ef.1:14; 1 Pedro 2:9). En Apocalipsis 21 Dios se refiere a la iglesia como la esposa del Cordero; la cual es vista ataviada para su marido con adornos de perlas y piedras preciosas. La iglesia, como perla, es formada gradualmente. Cristo dijo: Edificaré mi iglesia (Mat. 16:18). Esta no es una obra insignificante; y por lo mismo, tampoco rápida. Así como Dios tomó barro del polvo de la tierra para formar el cuerpo de Adán; así también Dios está tomando polvo del mundo (vidas de seres humanos) para formar el Cuerpo del segundo Adán, a saber, Cristo. Esta edificación parece lenta porque es gloriosa. Nunca se apresura a un artista. Está edificándose desde la primera venida del Señor, hombres como el apóstol Pablo han sido peritos arquitectos de la obra en algunas épocas, pero todos colaboramos construyendo (1 Cor. 3:10). Ningún cristiano es todo el edificio; pero todos somos la materia prima con la que Dios trabaja, a la vez que sus colaboradores en lo individual. Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor (Ef.2:20-21). La iglesia, como perla, tiene el propósito de adornar a Cristo, reflejar la gloria de Dios. Alguien ataviado con perlas se ve con gloria. La iglesia, según el misterio eterno escondido por Dios, fue formada para dar a conocer la gloria de Dios (Efesios 3:9-10). ¡Qué importante es reflejar la gloria de Dios! El testimonio cristiano debe hacer lucir el evangelio. El testimonio de la iglesia debe hacer lucir a Dios. La iglesia, como perla, llegará a ser adorno de Cristo cuando sea levantada del lugar en el que fue formada. Como una perla literal. ¿Dónde tiene que dar a conocer la iglesia la gloria de Cristo? En los lugares celestiales (Ef. 2:6; 3:9-10). Y esto para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia. De modo que la iglesia adornará a Cristo hasta que se consume el plan de Dios y sea manifestada la nueva Jerusalén, mientras tanto, por la fe, debe vivir “en los lugares celestiales con Cristo” para cumplir el propósito de glorificar a Dios! Debes considerar el precio de la compra para vivir mejor. Ser glorioso, refulgente, pues Cristo vendió todo lo que tenía por nosotros (2 Cor. 8:9; Fil. 2:6-8). ¡Demos todo por Cristo! Todo lo que somos, todo lo que tenemos, todo lo que llegaremos a ser, y todo lo que tendremos ¡le pertenece a Cristo! ¡Fuimos comprados por precio! (1 Cor. 6:20; 1 Pedro 1:18-19; Hechos 20:28; Ap. 5:9).
— Roberto Tinoco
Mateo 13:47
13.47-50 La oportunidad que el reino de los cielos extendió sobre todos los seres humanos en todo lugar y en todos los tiempos fue indiscriminadamente. Todos pudieron quedar dentro, pero tan inclusiva la invitación como exclusiva la selección: no todos quedaron dentro. La red echada al mar es el evangelio predicado al mundo entero por la iglesia, la cual fue oído por todos, atrayendo números incuantificables –valga la contradicción. A lo largo de los siglos recogió de todos, lo cual será especialmente cierto en el día final de la iglesia cuando regresando el Señor juzgue a las naciones, a todos, buenos y malos, para definir quién entrará y quien quedará fuera en el milenio (Ap. 20). Pero respecto a la iglesia, en ella se han encontrado toda clase de peces. Un día se llenará la red y la plenitud de los gentiles de por terminada esta era. Entonces, como pescadores en la orilla, los ángeles del Señor separarán lo bueno de lo malo. Unos para entrar en el reino de los cielos y los otros para ser dejados fuera, en condenación, ilustrada por el lloro y el crujir de dientes, es decir, terrible. La expresión “horno de fuego” parece no ser parte de la analogía, pues los peces malos no son quemados; por lo que decir esto enfatiza la realidad y dureza de la condenación.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:48
13.47-50 La oportunidad que el reino de los cielos extendió sobre todos los seres humanos en todo lugar y en todos los tiempos fue indiscriminadamente. Todos pudieron quedar dentro, pero tan inclusiva la invitación como exclusiva la selección: no todos quedaron dentro. La red echada al mar es el evangelio predicado al mundo entero por la iglesia, la cual fue oído por todos, atrayendo números incuantificables –valga la contradicción. A lo largo de los siglos recogió de todos, lo cual será especialmente cierto en el día final de la iglesia cuando regresando el Señor juzgue a las naciones, a todos, buenos y malos, para definir quién entrará y quien quedará fuera en el milenio (Ap. 20). Pero respecto a la iglesia, en ella se han encontrado toda clase de peces. Un día se llenará la red y la plenitud de los gentiles de por terminada esta era. Entonces, como pescadores en la orilla, los ángeles del Señor separarán lo bueno de lo malo. Unos para entrar en el reino de los cielos y los otros para ser dejados fuera, en condenación, ilustrada por el lloro y el crujir de dientes, es decir, terrible. La expresión “horno de fuego” parece no ser parte de la analogía, pues los peces malos no son quemados; por lo que decir esto enfatiza la realidad y dureza de la condenación.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:49
13.47-50 La oportunidad que el reino de los cielos extendió sobre todos los seres humanos en todo lugar y en todos los tiempos fue indiscriminadamente. Todos pudieron quedar dentro, pero tan inclusiva la invitación como exclusiva la selección: no todos quedaron dentro. La red echada al mar es el evangelio predicado al mundo entero por la iglesia, la cual fue oído por todos, atrayendo números incuantificables –valga la contradicción. A lo largo de los siglos recogió de todos, lo cual será especialmente cierto en el día final de la iglesia cuando regresando el Señor juzgue a las naciones, a todos, buenos y malos, para definir quién entrará y quien quedará fuera en el milenio (Ap. 20). Pero respecto a la iglesia, en ella se han encontrado toda clase de peces. Un día se llenará la red y la plenitud de los gentiles de por terminada esta era. Entonces, como pescadores en la orilla, los ángeles del Señor separarán lo bueno de lo malo. Unos para entrar en el reino de los cielos y los otros para ser dejados fuera, en condenación, ilustrada por el lloro y el crujir de dientes, es decir, terrible. La expresión “horno de fuego” parece no ser parte de la analogía, pues los peces malos no son quemados; por lo que decir esto enfatiza la realidad y dureza de la condenación.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:50
13.47-50 La oportunidad que el reino de los cielos extendió sobre todos los seres humanos en todo lugar y en todos los tiempos fue indiscriminadamente. Todos pudieron quedar dentro, pero tan inclusiva la invitación como exclusiva la selección: no todos quedaron dentro. La red echada al mar es el evangelio predicado al mundo entero por la iglesia, la cual fue oído por todos, atrayendo números incuantificables –valga la contradicción. A lo largo de los siglos recogió de todos, lo cual será especialmente cierto en el día final de la iglesia cuando regresando el Señor juzgue a las naciones, a todos, buenos y malos, para definir quién entrará y quien quedará fuera en el milenio (Ap. 20). Pero respecto a la iglesia, en ella se han encontrado toda clase de peces. Un día se llenará la red y la plenitud de los gentiles de por terminada esta era. Entonces, como pescadores en la orilla, los ángeles del Señor separarán lo bueno de lo malo. Unos para entrar en el reino de los cielos y los otros para ser dejados fuera, en condenación, ilustrada por el lloro y el crujir de dientes, es decir, terrible. La expresión “horno de fuego” parece no ser parte de la analogía, pues los peces malos no son quemados; por lo que decir esto enfatiza la realidad y dureza de la condenación.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:51
13.51-52 Jesús da la clave de la interpretación de las parábolas. Un escriba no podía sacar nada nuevo, él solamente transcribía tal cual los escritos sin poder corregir ni añadir nada a la historia bíblica; sin embargo, Jesús dice que un escriba docto en el reino de los cielos es como un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Este es un escriba diferente; más que transcribir es un narrador de la historia que aporta su interpretación a la misma. Su sabiduría se basa en entender las escenas pasadas y combinarlas con las escena presente, a fin de entender a donde se dirige todo, cual es el desenlace. Si queremos entender los misterios del reino de los cielos es necesario que volteemos hacia atrás y honremos a nuestros antecesores en la fe comprendiendo el mensaje que tuvieron y la parte que desempeñaron dentro del reino. Fue Albert Einstein quien dijo: “he podido ver hasta donde he visto, porque me he parado sobre hombros de gigantes”.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:52
13.51-52 Jesús da la clave de la interpretación de las parábolas. Un escriba no podía sacar nada nuevo, él solamente transcribía tal cual los escritos sin poder corregir ni añadir nada a la historia bíblica; sin embargo, Jesús dice que un escriba docto en el reino de los cielos es como un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. Este es un escriba diferente; más que transcribir es un narrador de la historia que aporta su interpretación a la misma. Su sabiduría se basa en entender las escenas pasadas y combinarlas con las escena presente, a fin de entender a donde se dirige todo, cual es el desenlace. Si queremos entender los misterios del reino de los cielos es necesario que volteemos hacia atrás y honremos a nuestros antecesores en la fe comprendiendo el mensaje que tuvieron y la parte que desempeñaron dentro del reino. Fue Albert Einstein quien dijo: “he podido ver hasta donde he visto, porque me he parado sobre hombros de gigantes”.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:53
13.53-58 A partir de aquí se intensificará la oposición a Jesús hasta llegar a la cruz. Oposición de parte de sus vecinos y amigos de Nazaret, así como de los líderes religiosos y también de su familia. Cuando Jesús terminó las parábolas regresó a su tierra (Nazaret) en donde demostró que es más difícil predicar a los propios que a los ajenos. Aunque fue a los suyos, primero predicó a los religiosos: les enseñaba en la sinagoga –leemos. Era su costumbre acudir en sábado a la sinagoga (Mar. 6:2; Luc. 4:16). Acostumbró toda su vida - hasta que lo echaron de ella debido a la superioridad de su vida. Ir a la sinagoga proporciona una gran lección: A pesar de no estar de acuerdo, no los saboteó, tampoco los criticó, soportó sus faltas, estaba allí para ayudarles. Recordemos que así inició su ministerio (Luc. 4:17) y así lo terminó (en un juicio en la sinagoga para ir ante Pilato y la cruz). Fue a sus vecinos; era su tierra, literalmente “su pequeña patria”. Nazaret, donde inició su ministerio leyendo a Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Nazaret, la tierra anunciada por el profeta Isaías; la despreciada ciudad galilea que lo vio crecer. Y la misma pequeña ciudad que ya lo había despreciado anteriormente en el inicio de su ministerio (Luc. 4:16, 22-24). Allí estaban sus vecinos, sus conocidos, sus amigos de la infancia; pero también los corazones más duros que había conocido. Fue a su familia. Como dice el refrán: “el buen juez por su casa empieza”; así que Jesús inició con los suyos. El Maestro tenía familia según la carne, José y María tuvieron por lo menos seis hijos más aparte de Jesús; lo que pone de manifiesto que María no fue siempre virgen, salvo cuando tuvo a Jesús (Mat.1:18 “antes que se juntasen” = lit. - convivir). (Mat.1:25 = “no la conoció hasta que dio a luz…” sin relación marital antes del nacimiento de Jesús, pero implicando después de nacer Jesús. “Su hijo primogénito” = primero, no unigénito). Sus hermanos eran 4 varones (se dan sus nombres) y 2 o más hermanas (no sabemos cuántas ni quiénes porque no se dan sus nombres). Quizá el más relevante de todos fue Jacobo, quien más tarde llegaría a ser pastor de la iglesia en Jerusalén Hch. 15:13). El hermano del Señor (Gal.1:19); autor de la epístola conocida como Santiago por una mala traducción). Los otros hermanos fueron José, Simón y Judas (autor de la epístola que lleva su nombre). Mira a Cristo, no a María, sólo Jesús es Admirable (Is. 9:6). Fue rechazado por los suyos por segunda vez (Juan 1:11). Esta vez, lo rechazaron entre otras cosas, por su poca preparación escolar. Lo rechazaron, no por sus enseñanzas, pues estaban maravillados (54); pero cuando no quieren creer no creerán. Lo rechazaron por no ser un hombre educado y con títulos académicos, ya que dijeron: De dónde tiene éste esta sabiduría(54). No lo aceptaban, pues no tenía estudios formales. El prejuicio y las ideas preconcebidas son los peores tapones para los oídos. En lugar de decir que si no había estudiado es que sólo Dios podía darle tal sabiduría, estaban llenos de envidia. ¡Que prospere el desconocido, pero no “éste”, expresión despectiva. Era tanta su ceguera voluntaria que no creían ni por los milagros que realizaba. De dónde tiene estas cosas, como diciendo que es una farsa. Más de la mitad del Sermón la da el auditorio, pues si el auditorio está expectante y abierto hasta el peor sermón lo edificará; pero si está prejuicioso ni el mensaje más ardiente y bueno le será de bendición. Lo rechazaron por causa de la carne, pues conocían a su familia habiéndolo tenido entre ellos toda la vida: ¿No es éste el hijo del carpintero? Un oficio semejante al ingeniero civil y encargado desde los muebles hasta la edificación de la casa entera; de manera que quizá trabajó para ellos, así que lo menospreciaron. Así como tropezaron en la carne de Jesús, así también hoy algunos tropiezan en la carne del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Mirando la debilidad humana dejan de ver la manifestación divina. No te escandalices de la iglesia o te perderás el reino de los cielos. La consecuencia de sus prejuicios fue perder la más grande de las oportunidades. Se escandalizaron, es decir, se sintieron ofendidos. No en vano el profeta Isaías había escrito: Despreciado y desechado entre los hombres (Is.53:3); y Simeón lo había dicho: es puesto para caída y para levantamiento de muchos (Luc. 2:34). Jesús, el más amado y el más odiado (1 Cor. 1:23-24). No era el primer profeta en ser rechazado en su tierra, pero sí el Primero de todos los profetas. Así que perdieron su oportunidad por incredulidad, la cual es el candado de los cielos. De manera que el Señor no hizo muchos milagros allí; según el evangelista Marcos, no pudo hacerlos a pesar de ser el Mesías (Mar. 6:5). En su empatía sujetó su gracia, poder y misericordia a la fe de los hombres. Ellos pudieron elegir y tu también puedes hacerlo. Ellos eligieron mal, elige tu bien.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:54
13.53-58 A partir de aquí se intensificará la oposición a Jesús hasta llegar a la cruz. Oposición de parte de sus vecinos y amigos de Nazaret, así como de los líderes religiosos y también de su familia. Cuando Jesús terminó las parábolas regresó a su tierra (Nazaret) en donde demostró que es más difícil predicar a los propios que a los ajenos. Aunque fue a los suyos, primero predicó a los religiosos: les enseñaba en la sinagoga –leemos. Era su costumbre acudir en sábado a la sinagoga (Mar. 6:2; Luc. 4:16). Acostumbró toda su vida - hasta que lo echaron de ella debido a la superioridad de su vida. Ir a la sinagoga proporciona una gran lección: A pesar de no estar de acuerdo, no los saboteó, tampoco los criticó, soportó sus faltas, estaba allí para ayudarles. Recordemos que así inició su ministerio (Luc. 4:17) y así lo terminó (en un juicio en la sinagoga para ir ante Pilato y la cruz). Fue a sus vecinos; era su tierra, literalmente “su pequeña patria”. Nazaret, donde inició su ministerio leyendo a Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Nazaret, la tierra anunciada por el profeta Isaías; la despreciada ciudad galilea que lo vio crecer. Y la misma pequeña ciudad que ya lo había despreciado anteriormente en el inicio de su ministerio (Luc. 4:16, 22-24). Allí estaban sus vecinos, sus conocidos, sus amigos de la infancia; pero también los corazones más duros que había conocido. Fue a su familia. Como dice el refrán: “el buen juez por su casa empieza”; así que Jesús inició con los suyos. El Maestro tenía familia según la carne, José y María tuvieron por lo menos seis hijos más aparte de Jesús; lo que pone de manifiesto que María no fue siempre virgen, salvo cuando tuvo a Jesús (Mat.1:18 “antes que se juntasen” = lit. - convivir). (Mat.1:25 = “no la conoció hasta que dio a luz…” sin relación marital antes del nacimiento de Jesús, pero implicando después de nacer Jesús. “Su hijo primogénito” = primero, no unigénito). Sus hermanos eran 4 varones (se dan sus nombres) y 2 o más hermanas (no sabemos cuántas ni quiénes porque no se dan sus nombres). Quizá el más relevante de todos fue Jacobo, quien más tarde llegaría a ser pastor de la iglesia en Jerusalén Hch. 15:13). El hermano del Señor (Gal.1:19); autor de la epístola conocida como Santiago por una mala traducción). Los otros hermanos fueron José, Simón y Judas (autor de la epístola que lleva su nombre). Mira a Cristo, no a María, sólo Jesús es Admirable (Is. 9:6). Fue rechazado por los suyos por segunda vez (Juan 1:11). Esta vez, lo rechazaron entre otras cosas, por su poca preparación escolar. Lo rechazaron, no por sus enseñanzas, pues estaban maravillados (54); pero cuando no quieren creer no creerán. Lo rechazaron por no ser un hombre educado y con títulos académicos, ya que dijeron: De dónde tiene éste esta sabiduría(54). No lo aceptaban, pues no tenía estudios formales. El prejuicio y las ideas preconcebidas son los peores tapones para los oídos. En lugar de decir que si no había estudiado es que sólo Dios podía darle tal sabiduría, estaban llenos de envidia. ¡Que prospere el desconocido, pero no “éste”, expresión despectiva. Era tanta su ceguera voluntaria que no creían ni por los milagros que realizaba. De dónde tiene estas cosas, como diciendo que es una farsa. Más de la mitad del Sermón la da el auditorio, pues si el auditorio está expectante y abierto hasta el peor sermón lo edificará; pero si está prejuicioso ni el mensaje más ardiente y bueno le será de bendición. Lo rechazaron por causa de la carne, pues conocían a su familia habiéndolo tenido entre ellos toda la vida: ¿No es éste el hijo del carpintero? Un oficio semejante al ingeniero civil y encargado desde los muebles hasta la edificación de la casa entera; de manera que quizá trabajó para ellos, así que lo menospreciaron. Así como tropezaron en la carne de Jesús, así también hoy algunos tropiezan en la carne del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Mirando la debilidad humana dejan de ver la manifestación divina. No te escandalices de la iglesia o te perderás el reino de los cielos. La consecuencia de sus prejuicios fue perder la más grande de las oportunidades. Se escandalizaron, es decir, se sintieron ofendidos. No en vano el profeta Isaías había escrito: Despreciado y desechado entre los hombres (Is.53:3); y Simeón lo había dicho: es puesto para caída y para levantamiento de muchos (Luc. 2:34). Jesús, el más amado y el más odiado (1 Cor. 1:23-24). No era el primer profeta en ser rechazado en su tierra, pero sí el Primero de todos los profetas. Así que perdieron su oportunidad por incredulidad, la cual es el candado de los cielos. De manera que el Señor no hizo muchos milagros allí; según el evangelista Marcos, no pudo hacerlos a pesar de ser el Mesías (Mar. 6:5). En su empatía sujetó su gracia, poder y misericordia a la fe de los hombres. Ellos pudieron elegir y tu también puedes hacerlo. Ellos eligieron mal, elige tu bien.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:55
13.53-58 A partir de aquí se intensificará la oposición a Jesús hasta llegar a la cruz. Oposición de parte de sus vecinos y amigos de Nazaret, así como de los líderes religiosos y también de su familia. Cuando Jesús terminó las parábolas regresó a su tierra (Nazaret) en donde demostró que es más difícil predicar a los propios que a los ajenos. Aunque fue a los suyos, primero predicó a los religiosos: les enseñaba en la sinagoga –leemos. Era su costumbre acudir en sábado a la sinagoga (Mar. 6:2; Luc. 4:16). Acostumbró toda su vida - hasta que lo echaron de ella debido a la superioridad de su vida. Ir a la sinagoga proporciona una gran lección: A pesar de no estar de acuerdo, no los saboteó, tampoco los criticó, soportó sus faltas, estaba allí para ayudarles. Recordemos que así inició su ministerio (Luc. 4:17) y así lo terminó (en un juicio en la sinagoga para ir ante Pilato y la cruz). Fue a sus vecinos; era su tierra, literalmente “su pequeña patria”. Nazaret, donde inició su ministerio leyendo a Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Nazaret, la tierra anunciada por el profeta Isaías; la despreciada ciudad galilea que lo vio crecer. Y la misma pequeña ciudad que ya lo había despreciado anteriormente en el inicio de su ministerio (Luc. 4:16, 22-24). Allí estaban sus vecinos, sus conocidos, sus amigos de la infancia; pero también los corazones más duros que había conocido. Fue a su familia. Como dice el refrán: “el buen juez por su casa empieza”; así que Jesús inició con los suyos. El Maestro tenía familia según la carne, José y María tuvieron por lo menos seis hijos más aparte de Jesús; lo que pone de manifiesto que María no fue siempre virgen, salvo cuando tuvo a Jesús (Mat.1:18 “antes que se juntasen” = lit. - convivir). (Mat.1:25 = “no la conoció hasta que dio a luz…” sin relación marital antes del nacimiento de Jesús, pero implicando después de nacer Jesús. “Su hijo primogénito” = primero, no unigénito). Sus hermanos eran 4 varones (se dan sus nombres) y 2 o más hermanas (no sabemos cuántas ni quiénes porque no se dan sus nombres). Quizá el más relevante de todos fue Jacobo, quien más tarde llegaría a ser pastor de la iglesia en Jerusalén Hch. 15:13). El hermano del Señor (Gal.1:19); autor de la epístola conocida como Santiago por una mala traducción). Los otros hermanos fueron José, Simón y Judas (autor de la epístola que lleva su nombre). Mira a Cristo, no a María, sólo Jesús es Admirable (Is. 9:6). Fue rechazado por los suyos por segunda vez (Juan 1:11). Esta vez, lo rechazaron entre otras cosas, por su poca preparación escolar. Lo rechazaron, no por sus enseñanzas, pues estaban maravillados (54); pero cuando no quieren creer no creerán. Lo rechazaron por no ser un hombre educado y con títulos académicos, ya que dijeron: De dónde tiene éste esta sabiduría(54). No lo aceptaban, pues no tenía estudios formales. El prejuicio y las ideas preconcebidas son los peores tapones para los oídos. En lugar de decir que si no había estudiado es que sólo Dios podía darle tal sabiduría, estaban llenos de envidia. ¡Que prospere el desconocido, pero no “éste”, expresión despectiva. Era tanta su ceguera voluntaria que no creían ni por los milagros que realizaba. De dónde tiene estas cosas, como diciendo que es una farsa. Más de la mitad del Sermón la da el auditorio, pues si el auditorio está expectante y abierto hasta el peor sermón lo edificará; pero si está prejuicioso ni el mensaje más ardiente y bueno le será de bendición. Lo rechazaron por causa de la carne, pues conocían a su familia habiéndolo tenido entre ellos toda la vida: ¿No es éste el hijo del carpintero? Un oficio semejante al ingeniero civil y encargado desde los muebles hasta la edificación de la casa entera; de manera que quizá trabajó para ellos, así que lo menospreciaron. Así como tropezaron en la carne de Jesús, así también hoy algunos tropiezan en la carne del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Mirando la debilidad humana dejan de ver la manifestación divina. No te escandalices de la iglesia o te perderás el reino de los cielos. La consecuencia de sus prejuicios fue perder la más grande de las oportunidades. Se escandalizaron, es decir, se sintieron ofendidos. No en vano el profeta Isaías había escrito: Despreciado y desechado entre los hombres (Is.53:3); y Simeón lo había dicho: es puesto para caída y para levantamiento de muchos (Luc. 2:34). Jesús, el más amado y el más odiado (1 Cor. 1:23-24). No era el primer profeta en ser rechazado en su tierra, pero sí el Primero de todos los profetas. Así que perdieron su oportunidad por incredulidad, la cual es el candado de los cielos. De manera que el Señor no hizo muchos milagros allí; según el evangelista Marcos, no pudo hacerlos a pesar de ser el Mesías (Mar. 6:5). En su empatía sujetó su gracia, poder y misericordia a la fe de los hombres. Ellos pudieron elegir y tu también puedes hacerlo. Ellos eligieron mal, elige tu bien.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:56
13.53-58 A partir de aquí se intensificará la oposición a Jesús hasta llegar a la cruz. Oposición de parte de sus vecinos y amigos de Nazaret, así como de los líderes religiosos y también de su familia. Cuando Jesús terminó las parábolas regresó a su tierra (Nazaret) en donde demostró que es más difícil predicar a los propios que a los ajenos. Aunque fue a los suyos, primero predicó a los religiosos: les enseñaba en la sinagoga –leemos. Era su costumbre acudir en sábado a la sinagoga (Mar. 6:2; Luc. 4:16). Acostumbró toda su vida - hasta que lo echaron de ella debido a la superioridad de su vida. Ir a la sinagoga proporciona una gran lección: A pesar de no estar de acuerdo, no los saboteó, tampoco los criticó, soportó sus faltas, estaba allí para ayudarles. Recordemos que así inició su ministerio (Luc. 4:17) y así lo terminó (en un juicio en la sinagoga para ir ante Pilato y la cruz). Fue a sus vecinos; era su tierra, literalmente “su pequeña patria”. Nazaret, donde inició su ministerio leyendo a Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Nazaret, la tierra anunciada por el profeta Isaías; la despreciada ciudad galilea que lo vio crecer. Y la misma pequeña ciudad que ya lo había despreciado anteriormente en el inicio de su ministerio (Luc. 4:16, 22-24). Allí estaban sus vecinos, sus conocidos, sus amigos de la infancia; pero también los corazones más duros que había conocido. Fue a su familia. Como dice el refrán: “el buen juez por su casa empieza”; así que Jesús inició con los suyos. El Maestro tenía familia según la carne, José y María tuvieron por lo menos seis hijos más aparte de Jesús; lo que pone de manifiesto que María no fue siempre virgen, salvo cuando tuvo a Jesús (Mat.1:18 “antes que se juntasen” = lit. - convivir). (Mat.1:25 = “no la conoció hasta que dio a luz…” sin relación marital antes del nacimiento de Jesús, pero implicando después de nacer Jesús. “Su hijo primogénito” = primero, no unigénito). Sus hermanos eran 4 varones (se dan sus nombres) y 2 o más hermanas (no sabemos cuántas ni quiénes porque no se dan sus nombres). Quizá el más relevante de todos fue Jacobo, quien más tarde llegaría a ser pastor de la iglesia en Jerusalén Hch. 15:13). El hermano del Señor (Gal.1:19); autor de la epístola conocida como Santiago por una mala traducción). Los otros hermanos fueron José, Simón y Judas (autor de la epístola que lleva su nombre). Mira a Cristo, no a María, sólo Jesús es Admirable (Is. 9:6). Fue rechazado por los suyos por segunda vez (Juan 1:11). Esta vez, lo rechazaron entre otras cosas, por su poca preparación escolar. Lo rechazaron, no por sus enseñanzas, pues estaban maravillados (54); pero cuando no quieren creer no creerán. Lo rechazaron por no ser un hombre educado y con títulos académicos, ya que dijeron: De dónde tiene éste esta sabiduría(54). No lo aceptaban, pues no tenía estudios formales. El prejuicio y las ideas preconcebidas son los peores tapones para los oídos. En lugar de decir que si no había estudiado es que sólo Dios podía darle tal sabiduría, estaban llenos de envidia. ¡Que prospere el desconocido, pero no “éste”, expresión despectiva. Era tanta su ceguera voluntaria que no creían ni por los milagros que realizaba. De dónde tiene estas cosas, como diciendo que es una farsa. Más de la mitad del Sermón la da el auditorio, pues si el auditorio está expectante y abierto hasta el peor sermón lo edificará; pero si está prejuicioso ni el mensaje más ardiente y bueno le será de bendición. Lo rechazaron por causa de la carne, pues conocían a su familia habiéndolo tenido entre ellos toda la vida: ¿No es éste el hijo del carpintero? Un oficio semejante al ingeniero civil y encargado desde los muebles hasta la edificación de la casa entera; de manera que quizá trabajó para ellos, así que lo menospreciaron. Así como tropezaron en la carne de Jesús, así también hoy algunos tropiezan en la carne del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Mirando la debilidad humana dejan de ver la manifestación divina. No te escandalices de la iglesia o te perderás el reino de los cielos. La consecuencia de sus prejuicios fue perder la más grande de las oportunidades. Se escandalizaron, es decir, se sintieron ofendidos. No en vano el profeta Isaías había escrito: Despreciado y desechado entre los hombres (Is.53:3); y Simeón lo había dicho: es puesto para caída y para levantamiento de muchos (Luc. 2:34). Jesús, el más amado y el más odiado (1 Cor. 1:23-24). No era el primer profeta en ser rechazado en su tierra, pero sí el Primero de todos los profetas. Así que perdieron su oportunidad por incredulidad, la cual es el candado de los cielos. De manera que el Señor no hizo muchos milagros allí; según el evangelista Marcos, no pudo hacerlos a pesar de ser el Mesías (Mar. 6:5). En su empatía sujetó su gracia, poder y misericordia a la fe de los hombres. Ellos pudieron elegir y tu también puedes hacerlo. Ellos eligieron mal, elige tu bien.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:57
13.53-58 A partir de aquí se intensificará la oposición a Jesús hasta llegar a la cruz. Oposición de parte de sus vecinos y amigos de Nazaret, así como de los líderes religiosos y también de su familia. Cuando Jesús terminó las parábolas regresó a su tierra (Nazaret) en donde demostró que es más difícil predicar a los propios que a los ajenos. Aunque fue a los suyos, primero predicó a los religiosos: les enseñaba en la sinagoga –leemos. Era su costumbre acudir en sábado a la sinagoga (Mar. 6:2; Luc. 4:16). Acostumbró toda su vida - hasta que lo echaron de ella debido a la superioridad de su vida. Ir a la sinagoga proporciona una gran lección: A pesar de no estar de acuerdo, no los saboteó, tampoco los criticó, soportó sus faltas, estaba allí para ayudarles. Recordemos que así inició su ministerio (Luc. 4:17) y así lo terminó (en un juicio en la sinagoga para ir ante Pilato y la cruz). Fue a sus vecinos; era su tierra, literalmente “su pequeña patria”. Nazaret, donde inició su ministerio leyendo a Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Nazaret, la tierra anunciada por el profeta Isaías; la despreciada ciudad galilea que lo vio crecer. Y la misma pequeña ciudad que ya lo había despreciado anteriormente en el inicio de su ministerio (Luc. 4:16, 22-24). Allí estaban sus vecinos, sus conocidos, sus amigos de la infancia; pero también los corazones más duros que había conocido. Fue a su familia. Como dice el refrán: “el buen juez por su casa empieza”; así que Jesús inició con los suyos. El Maestro tenía familia según la carne, José y María tuvieron por lo menos seis hijos más aparte de Jesús; lo que pone de manifiesto que María no fue siempre virgen, salvo cuando tuvo a Jesús (Mat.1:18 “antes que se juntasen” = lit. - convivir). (Mat.1:25 = “no la conoció hasta que dio a luz…” sin relación marital antes del nacimiento de Jesús, pero implicando después de nacer Jesús. “Su hijo primogénito” = primero, no unigénito). Sus hermanos eran 4 varones (se dan sus nombres) y 2 o más hermanas (no sabemos cuántas ni quiénes porque no se dan sus nombres). Quizá el más relevante de todos fue Jacobo, quien más tarde llegaría a ser pastor de la iglesia en Jerusalén Hch. 15:13). El hermano del Señor (Gal.1:19); autor de la epístola conocida como Santiago por una mala traducción). Los otros hermanos fueron José, Simón y Judas (autor de la epístola que lleva su nombre). Mira a Cristo, no a María, sólo Jesús es Admirable (Is. 9:6). Fue rechazado por los suyos por segunda vez (Juan 1:11). Esta vez, lo rechazaron entre otras cosas, por su poca preparación escolar. Lo rechazaron, no por sus enseñanzas, pues estaban maravillados (54); pero cuando no quieren creer no creerán. Lo rechazaron por no ser un hombre educado y con títulos académicos, ya que dijeron: De dónde tiene éste esta sabiduría(54). No lo aceptaban, pues no tenía estudios formales. El prejuicio y las ideas preconcebidas son los peores tapones para los oídos. En lugar de decir que si no había estudiado es que sólo Dios podía darle tal sabiduría, estaban llenos de envidia. ¡Que prospere el desconocido, pero no “éste”, expresión despectiva. Era tanta su ceguera voluntaria que no creían ni por los milagros que realizaba. De dónde tiene estas cosas, como diciendo que es una farsa. Más de la mitad del Sermón la da el auditorio, pues si el auditorio está expectante y abierto hasta el peor sermón lo edificará; pero si está prejuicioso ni el mensaje más ardiente y bueno le será de bendición. Lo rechazaron por causa de la carne, pues conocían a su familia habiéndolo tenido entre ellos toda la vida: ¿No es éste el hijo del carpintero? Un oficio semejante al ingeniero civil y encargado desde los muebles hasta la edificación de la casa entera; de manera que quizá trabajó para ellos, así que lo menospreciaron. Así como tropezaron en la carne de Jesús, así también hoy algunos tropiezan en la carne del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Mirando la debilidad humana dejan de ver la manifestación divina. No te escandalices de la iglesia o te perderás el reino de los cielos. La consecuencia de sus prejuicios fue perder la más grande de las oportunidades. Se escandalizaron, es decir, se sintieron ofendidos. No en vano el profeta Isaías había escrito: Despreciado y desechado entre los hombres (Is.53:3); y Simeón lo había dicho: es puesto para caída y para levantamiento de muchos (Luc. 2:34). Jesús, el más amado y el más odiado (1 Cor. 1:23-24). No era el primer profeta en ser rechazado en su tierra, pero sí el Primero de todos los profetas. Así que perdieron su oportunidad por incredulidad, la cual es el candado de los cielos. De manera que el Señor no hizo muchos milagros allí; según el evangelista Marcos, no pudo hacerlos a pesar de ser el Mesías (Mar. 6:5). En su empatía sujetó su gracia, poder y misericordia a la fe de los hombres. Ellos pudieron elegir y tu también puedes hacerlo. Ellos eligieron mal, elige tu bien.
— Roberto Tinoco
Mateo 13:58
13.53-58 A partir de aquí se intensificará la oposición a Jesús hasta llegar a la cruz. Oposición de parte de sus vecinos y amigos de Nazaret, así como de los líderes religiosos y también de su familia. Cuando Jesús terminó las parábolas regresó a su tierra (Nazaret) en donde demostró que es más difícil predicar a los propios que a los ajenos. Aunque fue a los suyos, primero predicó a los religiosos: les enseñaba en la sinagoga –leemos. Era su costumbre acudir en sábado a la sinagoga (Mar. 6:2; Luc. 4:16). Acostumbró toda su vida - hasta que lo echaron de ella debido a la superioridad de su vida. Ir a la sinagoga proporciona una gran lección: A pesar de no estar de acuerdo, no los saboteó, tampoco los criticó, soportó sus faltas, estaba allí para ayudarles. Recordemos que así inició su ministerio (Luc. 4:17) y así lo terminó (en un juicio en la sinagoga para ir ante Pilato y la cruz). Fue a sus vecinos; era su tierra, literalmente “su pequeña patria”. Nazaret, donde inició su ministerio leyendo a Isaías “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Nazaret, la tierra anunciada por el profeta Isaías; la despreciada ciudad galilea que lo vio crecer. Y la misma pequeña ciudad que ya lo había despreciado anteriormente en el inicio de su ministerio (Luc. 4:16, 22-24). Allí estaban sus vecinos, sus conocidos, sus amigos de la infancia; pero también los corazones más duros que había conocido. Fue a su familia. Como dice el refrán: “el buen juez por su casa empieza”; así que Jesús inició con los suyos. El Maestro tenía familia según la carne, José y María tuvieron por lo menos seis hijos más aparte de Jesús; lo que pone de manifiesto que María no fue siempre virgen, salvo cuando tuvo a Jesús (Mat.1:18 “antes que se juntasen” = lit. - convivir). (Mat.1:25 = “no la conoció hasta que dio a luz…” sin relación marital antes del nacimiento de Jesús, pero implicando después de nacer Jesús. “Su hijo primogénito” = primero, no unigénito). Sus hermanos eran 4 varones (se dan sus nombres) y 2 o más hermanas (no sabemos cuántas ni quiénes porque no se dan sus nombres). Quizá el más relevante de todos fue Jacobo, quien más tarde llegaría a ser pastor de la iglesia en Jerusalén Hch. 15:13). El hermano del Señor (Gal.1:19); autor de la epístola conocida como Santiago por una mala traducción). Los otros hermanos fueron José, Simón y Judas (autor de la epístola que lleva su nombre). Mira a Cristo, no a María, sólo Jesús es Admirable (Is. 9:6). Fue rechazado por los suyos por segunda vez (Juan 1:11). Esta vez, lo rechazaron entre otras cosas, por su poca preparación escolar. Lo rechazaron, no por sus enseñanzas, pues estaban maravillados (54); pero cuando no quieren creer no creerán. Lo rechazaron por no ser un hombre educado y con títulos académicos, ya que dijeron: De dónde tiene éste esta sabiduría(54). No lo aceptaban, pues no tenía estudios formales. El prejuicio y las ideas preconcebidas son los peores tapones para los oídos. En lugar de decir que si no había estudiado es que sólo Dios podía darle tal sabiduría, estaban llenos de envidia. ¡Que prospere el desconocido, pero no “éste”, expresión despectiva. Era tanta su ceguera voluntaria que no creían ni por los milagros que realizaba. De dónde tiene estas cosas, como diciendo que es una farsa. Más de la mitad del Sermón la da el auditorio, pues si el auditorio está expectante y abierto hasta el peor sermón lo edificará; pero si está prejuicioso ni el mensaje más ardiente y bueno le será de bendición. Lo rechazaron por causa de la carne, pues conocían a su familia habiéndolo tenido entre ellos toda la vida: ¿No es éste el hijo del carpintero? Un oficio semejante al ingeniero civil y encargado desde los muebles hasta la edificación de la casa entera; de manera que quizá trabajó para ellos, así que lo menospreciaron. Así como tropezaron en la carne de Jesús, así también hoy algunos tropiezan en la carne del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Mirando la debilidad humana dejan de ver la manifestación divina. No te escandalices de la iglesia o te perderás el reino de los cielos. La consecuencia de sus prejuicios fue perder la más grande de las oportunidades. Se escandalizaron, es decir, se sintieron ofendidos. No en vano el profeta Isaías había escrito: Despreciado y desechado entre los hombres (Is.53:3); y Simeón lo había dicho: es puesto para caída y para levantamiento de muchos (Luc. 2:34). Jesús, el más amado y el más odiado (1 Cor. 1:23-24). No era el primer profeta en ser rechazado en su tierra, pero sí el Primero de todos los profetas. Así que perdieron su oportunidad por incredulidad, la cual es el candado de los cielos. De manera que el Señor no hizo muchos milagros allí; según el evangelista Marcos, no pudo hacerlos a pesar de ser el Mesías (Mar. 6:5). En su empatía sujetó su gracia, poder y misericordia a la fe de los hombres. Ellos pudieron elegir y tu también puedes hacerlo. Ellos eligieron mal, elige tu bien.
— Roberto Tinoco