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Mateo 18
El más importante en el reino
1En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?🗨📝 2Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,🗨📝 3y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.🗨📝 4Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.🗨📝 5Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.🗨📝 6Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.🗨📝 7¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!🗨📝 8Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.🗨📝 9Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.🗨📝 10Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.🗨📝 11Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.🗨📝Parábola de la oveja perdida
12¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?🗨📝 13Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.🗨📝 14Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.🗨📝Cómo corregir a otro creyente
15Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.🗨📝 16Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.🗨📝 17Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.🗨📝 18De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.🗨📝 19Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.🗨📝 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.🗨📝Parábola del deudor que no perdona
21Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?🗨📝 22Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.🗨📝 23Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.🗨📝 24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos🗨📝 25A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.🗨📝 26Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.🗨📝 27El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.🗨📝 28Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.🗨📝 29Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.🗨📝 30Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.🗨📝 31Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.🗨📝 32Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.🗨📝 33¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?🗨📝 34Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.🗨📝 35Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 18: RV60
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Mateo 18:1
18.1 El hombre es un ser vanidoso. Se dice que cierta ocasión, Napoleón Bonaparte intentó sin éxito alcanzar la manzana en la rama de un árbol, por lo que un soldado más alto se ofreció a bajarle dicho fruto diciendo: ”permítame, mi General, yo soy más grande”. A lo que Napoleón respondió: “¡usted será más alto, pero yo soy más grande!” En el capítulo anterior vimos que el Señor Jesús invitó a tres de sus discípulos al monte donde se transfiguró delante de ellos (Pedro, Jacobo, Juan). Luego vemos debajo del monte a los discípulos restantes fracasando en el intento de liberar a un endemoniado. Después fue el episodio de los impuestos en donde los recaudadores se dirigieron a Pedro; así como el Señor le mandó a él que pescara para pagarles. De modo que es muy probable que surgiera la pregunta: ¿Por qué a ellos tres? Y luego ¿Por qué a Pedro? ¿Es acaso Pedro el mayor entre nosotros? Marcos (9:33) dice que discutieron acerca de esto durante el camino. Es fácil caer en la tentación de sentirse mayor por haber sido bendecido por Dios. Es a Él a quien debemos dar la gloria y toda corona que nos sea concedida, debe ser puesta a sus pies. Preguntaron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” –evidentemente estaban pensando en un reino terrenal y no de los cielos. ¿Quién es el mayor? ¡Cristo es el mayor! Probablemente Pedro deseaba ser cabeza; así como los hijos de Zebedeo querían el trono (Mat. 20:20-28). Cuando Jorge III subió al trono de Inglaterra, una de las primeras cosas que prohibió fue que en el templo se pronunciase una sola vez su nombre con propósito de elogiarle. “Yo vengo a la capilla para oír alabar a Dios y no a la pobre criatura” –dijo. El Señor les acababa de anunciar en el capítulo anterior su humillación y muerte y ellos pensaban en su propia gloria. ¡Estaban repartiéndose la herencia! Querían ver quién sería el sucesor de Cristo. No conocían aun su promesa: He aquí estoy con vosotros todos los días. No necesitamos un Vicario porque el Señor nunca nos ha dejado. ¡Aleluya! Quien piensa en glorias personales no tiene la menor idea de lo que es el reino de los cielos.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:2
18.2-3 El estilo pedagógico de Jesús es extraordinario, práctico y eficaz. Para enseñar solía ser sumamente gráfico, especialmente tratándose de temas como la humildad. Así debemos enseñar el evangelio a todo hombre de todas las maneras posibles. El Maestro puso al niño en medio de ellos, el necio suele evadir a los pequeños, pero el sabio aprende de ellos. Entonces fue punzante con sus oyentes: necesitamos la reconversión: si no os volvéis y os hacéis como niños… Es un hecho, Jesús lo afirmaba con su clásico de cierto, de cierto os digo, hay que volver, regresar del orgullo hacia el camino del discipulado. Sin esto, no solo no seremos grandes, sino que ni siquiera podemos entrar al reino de los cielos. Los niños tienen amplia entrada, pero los soberbios no hallarán la puerta. Muchas cosas se pueden aprender de los pequeños, como la dependencia a sus padres, nosotros a Dios. También la humildad, ¿se ha levantado alguna vez un “niño Hitler” o “niño Napoleón” o “César” o “Alejandro el Grande niño”? ¡Nunca! ¡Son sencillos! Con poco son felices. Sencillez. El niño no es consciente de qué tan grande es él, se sabe pequeño. En el reino de los cielos el más grande es el que es menos consciente de su grandeza. Invitado el famoso misionero llamado Guillermo Carey a la mesa de un noble inglés, pudo escuchar a un capitán conversando con su compañero de enfrente, preguntándole: - ese señor misionero, ¿no fue un día un humilde zapatero? Carey, levantando la voz, dijo: -No, señor; no un zapatero, no pasé de “remendón”.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:3
18.2-3 El estilo pedagógico de Jesús es extraordinario, práctico y eficaz. Para enseñar solía ser sumamente gráfico, especialmente tratándose de temas como la humildad. Así debemos enseñar el evangelio a todo hombre de todas las maneras posibles. El Maestro puso al niño en medio de ellos, el necio suele evadir a los pequeños, pero el sabio aprende de ellos. Entonces fue punzante con sus oyentes: necesitamos la reconversión: si no os volvéis y os hacéis como niños… Es un hecho, Jesús lo afirmaba con su clásico de cierto, de cierto os digo, hay que volver, regresar del orgullo hacia el camino del discipulado. Sin esto, no solo no seremos grandes, sino que ni siquiera podemos entrar al reino de los cielos. Los niños tienen amplia entrada, pero los soberbios no hallarán la puerta. Muchas cosas se pueden aprender de los pequeños, como la dependencia a sus padres, nosotros a Dios. También la humildad, ¿se ha levantado alguna vez un “niño Hitler” o “niño Napoleón” o “César” o “Alejandro el Grande niño”? ¡Nunca! ¡Son sencillos! Con poco son felices. Sencillez. El niño no es consciente de qué tan grande es él, se sabe pequeño. En el reino de los cielos el más grande es el que es menos consciente de su grandeza. Invitado el famoso misionero llamado Guillermo Carey a la mesa de un noble inglés, pudo escuchar a un capitán conversando con su compañero de enfrente, preguntándole: - ese señor misionero, ¿no fue un día un humilde zapatero? Carey, levantando la voz, dijo: -No, señor; no un zapatero, no pasé de “remendón”.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:4
18.4 Después de la ilustración mediante un niño en medio de ellos, el Maestro pasa a la aplicación de su enseñanza: cualquiera que se humille. Claro signo de su libre albedrío para decidir qué hacer respecto del reino de los cielos (ejemplos de humillación Ezequías, 2 Cr. 32:24-26; Manasés, 2 Cr. 33:9-13; y el mismo Señor como Hijo del Hombre, Fil. 2:5-10). Este es el mayor –en donde el mayor no es el que más manda, sino el que mas sirve (Mat. 23:11-12). Por esencia y consecuencia, el cristiano es servidor. En siglos pasados, un misionero oyó cierto día en Corea hablar a dos no creyentes acerca de los cristianos. El uno le dijo al otro: - ¿Qué es lo que piensas de esta nueva religión? ¿Vas a hacerte también cristiano? - ¡No hombre! - contestó el otro pagano -, tengo que mirar por mi propio bien y estos cristianos están siempre mirando por el bien de los demás.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:5
18.5 Cualquiera que hace esto no será más considerado como cualquiera y sin embargo, cualquiera puede hacerlo. El amor hace honorable a quien lo hace. Servir al prójimo ha de hacerse por tratarse de servir a Cristo mismo. El Señor se identifica con el amado como si fuese Él a quien se amó. La identificación del Rey con sus súbditos es tal que se hace uno con ellos, por ejemplo, cuando encontró a Saulo camino a Damasco al ir éste persiguiendo la iglesia, le dijo: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” En donde “me” es profundísimo, haciéndose uno con el perseguido. ¿Y no son uno la Cabeza y el cuerpo? El Señor tomó a un niño de ejemplo, que en forma metafórica también significa un nuevo creyente. Tanta consideración ha de tenerse al ejemplo como al significado. Pero nota que no se trata sólo de recibirle, sino de recibirle en el Nombre del Señor, de otro modo no hay identificación con Cristo para ti (aunque sí para el Señor, Heb. 6:10), sino mero humanismo. Frecuentemente se enfatiza en este versículo a los niños y al recibir a los niños, asunto por demás importante y que debe hacerse; pero junto con eso y más allá de eso, es el Nombre del Señor que hace de ese recibir el ser parte del cuerpo de Cristo. Por el Nombre del Señor llegamos a ser parte del Cuerpo del Señor, así que el recibir a un miembro del Cuerpo de Cristo es recibir al Señor mismo. Si estrechas mi mano para saludarme, me estrechas a mí y me saludas a mí, no a mi cuerpo aparte de mí; así también el recibir a un miembro del Cuerpo de Cristo, por pequeño que sea, es recibir al Señor. Y de igual modo, rechazarle es rechazar al Señor. Ahora bien, afirmo que habla del Cuerpo de Cristo porque más adelante menciona la amputación de los miembros para evitar los tropiezos.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:6
18.6 Nuevamente el asunto más importante a considerar es la unión con el Señor, ahora dicha unión es “estos pequeños que creen en mí” ¡Unidos al Señor por la fe! El hombre es uno con el Señor por la fe en Él (Gal. 2:20). En este versículo, el énfasis no es recibir como en el anterior, sino lo opuesto, hacer tropezar (gr. “escandalizo”, producir escándalo, hacer caer) a los creyentes más pequeños, los más nuevos en la fe. Si recibir al pequeño es recibir a Cristo, rechazarlo es rechazar a Cristo. Y como cualquiera puede ser recompensado recibiéndole, también, cualquiera, por grande que suponga, será castigado rechazándole. Por pequeño que sea el miembro, pertenece al Cuerpo y es Cristo, de allí la terrible advertencia: mejor le fuera… como indicando mejor ventura en morirse. Lo cual, dicho sea de paso, no habla acerca del suicidio, pues Dios de ninguna manera aprobaría esto, además de que no dice que él se arrojara al mar, sino que fuese arrojado, a saber, por otros. Es tan grande ser tropiezo al Cuerpo de Cristo que el Señor presenta otra suerte trágica y dramática como una opción mejor. Una piedra de molino de asno, una piedra de gran tamaño, tan grande, que se requería una bestia de carga para poder hacerla girar. Y dice que sería mejor para quien hace tropezar a su hermano en la fe (que cree en mí) que se le atase esa piedra al cuello y se le arrojara al mar. Y para ser más enfático, sigue diciendo: que se le hundiese en lo profundo del mar, no en la orilla, donde otro pudiera ayudarlo, sino en lo profundo, de donde nadie puede sacarlo. Así que nadie piense que es algo insignificante que nuestra conducta o palabras produzcan escándalo o tropiezo al pequeño en la fe. ¡Es muy grave! ¡Es una afrenta al mismo Señor! De manera que no preguntes más si puedes hacer esto o lo otro, cuando hacerlo pudiera hacer tropezar a alguno, aun cuando ese fuese pequeño o de conciencia pequeña o débil (Rom. 14:15, 19, 21; 15:1-2). Metafóricamente, el mar en la Biblia representa multitudes, el mundo; mientras que el molino es la iglesia, el lugar en donde los creyentes como granos de trigo so procesados para producir harina fina para la satisfacción de Dios. De manera que atar una piedra de molino al cuello y ser arrojado al mar representa la excomunión de la iglesia, como aquella ocasión en la que Pablo, en ejercicio de su autoridad apostólica, ordenó echar de la iglesia y entregar a Satanás a cierta persona que se dedicaba al mal (1 Cor. 5:1-6). Los siguientes versículos explicarán aun más esto mismo.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:7
18.7 Concluyendo con lamento, el Señor afirma la realidad e inevitabilidad de los tropiezos. El “ay” del Maestro enfatiza las terribles consecuencias de los tropiezos. Pero es necesario que vengan los tropiezos; a lo cual podríamos sin mucha sabiduría objetar: ¿por qué son necesarios? Y la divina respuesta nos llevaría por los senderos del fruto. Se necesita zarandear el trigo para separarlo de la paja. A través de los tropiezos se purifica la iglesia, pues se hace distinción entre lo que es y lo que no es de Dios. Desafortunadamente, también arranca un poco de trigo (1Cor.11:14), eh allí la razón de los “ay”. También, el tropiezo condena al incrédulo. Hay gente que está esperando el error de los creyentes para mofarse de ellos por cuanto no cree, así que el tropiezo sirve para manifestarle el castigo por su incredulidad (2 Ts. 2:11-12). También, el tropiezo irónicamente purifica la fe de los fieles. El oro se prueba con fuego. El creyente fiel que permanece a pesar del tropiezo que otros produzcan, incrementa su fe y fortaleza, de manera que se hace más fuerte al resistir la prueba (Stg. 1:12). Con todo, el que los tropiezos sean necesarios no autoriza a nadie para cometerlos: ¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Corre el riesgo de su condenación (Mat. 13:41-42) si no se arrepiente. Y serán condenados a causa de que el ser tropiezo es ir en contra del reino de los cielos y el Cuerpo de Cristo (Mat. 23:13). ¿Recuerdas a Judas? (Mat. 26:24); él entregó al Señor, ¿y qué decir de los que traicionan al Cuerpo del Señor causando tropiezos?
— Roberto Tinoco
Mateo 18:8
18.8-9 Seria advertencia contra ser tropiezo al Cuerpo de Cristo. Es imperativo evitar todo aquello que sea tropiezo a uno mismo, sin embargo, por el contexto sabemos que está hablando de las relaciones de los creyentes y el riesgo de ser tropiezo al hermano en la fe; de manera que estos versículos son una alegoría del Cuerpo de Cristo y la disciplina de la iglesia local para evitar su desintegración (vrs.5-6 y 15-19). Pablo usa la misma alegoría en 1 Corintios 12:12, 20-21 y 27. La mano, el pie y el ojo son miembros muy útiles del cuerpo, de los más útiles; sin embargo, si se tornan en dañinos para un cuerpo como la gangrena o el cáncer, deben ser amputados. La expulsión de un miembro de la iglesia puede parecer muy cruel, pero la vida de la iglesia, que es el Cuerpo de Cristo va por encima del miembro individual. De otro modo, si la congregación consiente el mal, como hiciera el sacerdote Elí, perderá su presencia en la ciudad en la cual fue puesta (1 Sam. 2:17, 22-25; Ap. 2:4; Dt. 13:6-8; 1 Cor. 5:1-7).
— Roberto Tinoco
Mateo 18:9
18.8-9 Seria advertencia contra ser tropiezo al Cuerpo de Cristo. Es imperativo evitar todo aquello que sea tropiezo a uno mismo, sin embargo, por el contexto sabemos que está hablando de las relaciones de los creyentes y el riesgo de ser tropiezo al hermano en la fe; de manera que estos versículos son una alegoría del Cuerpo de Cristo y la disciplina de la iglesia local para evitar su desintegración (vrs.5-6 y 15-19). Pablo usa la misma alegoría en 1 Corintios 12:12, 20-21 y 27. La mano, el pie y el ojo son miembros muy útiles del cuerpo, de los más útiles; sin embargo, si se tornan en dañinos para un cuerpo como la gangrena o el cáncer, deben ser amputados. La expulsión de un miembro de la iglesia puede parecer muy cruel, pero la vida de la iglesia, que es el Cuerpo de Cristo va por encima del miembro individual. De otro modo, si la congregación consiente el mal, como hiciera el sacerdote Elí, perderá su presencia en la ciudad en la cual fue puesta (1 Sam. 2:17, 22-25; Ap. 2:4; Dt. 13:6-8; 1 Cor. 5:1-7).
— Roberto Tinoco
Mateo 18:10
18.10 En los versículos 6 al 9 advirtió contra ser tropiezo a los pequeños en la fe. Cuando algún creyente hace algo que produce el tropiezo del hermano pequeño generalmente lo toma en poco, lo menosprecia. El débil o pequeño en la fe es dado a juzgar, pero el fuerte en la fe tienen problemas con el menosprecio hacia su hermano débil (Rom.14:3). Si algún hermano considera que no es importante el escándalo que produce alguna de sus prácticas (refiriéndonos a aquellas que sin ser pecado sí son tema de discusión, como la liturgia, el comer ciertos alimentos, el vestir, guardar días, etc.) está menospreciando a su hermano pequeño en la fe; ¡cuánto más si se trata de pecado! Esto es así porque el pequeño, por débil que sea, es objeto de la especial atención de Dios. Pudiera alguno culpar al pequeño en la fe como culpable en su tropiezo por su debilidad y aunque esto pudiese ser así, menospreciarle ofende al Señor. Dios no lo considera así (Rom. 14:4). Dios tiene relación con el hombre por su corazón no por su trayectoria eclesiástica. También sucede con los hermanos que necesitan ser restaurados, no deben ser tenidos en poco (Gal. 6:1). Y acerca de sus ángeles que ven el rostro de Dios, significa que Dios esmera su protección hacia el débil. Es fácil suponer que los grandes siervos de Dios son los más protegidos y puede ser a causa del impacto de su obra, pero el Padre no distingue en su amor entre la protección de uno y de otro. De manera que existen ángeles especiales para cuidar a los pequeños en la fe (Heb. 1:14; Mat. 12:20). Os digo que sus ángeles –leemos, son exclusivos para el servicio de los pequeños en la fe. ¿Quién llevó al pobre Lázaro al seno de Abraham? ¡Los ángeles!. Dios tiene cuidado de todos, en especial de los más necesitados. Ven siempre el rostro de mi Padre –es decir, Dios está personalmente dirigiendo su cuidado y esto no de cuando en cuando, sino todos los días, tanto los buenos, como los malos días; así que tomará las medidas necesarias a favor de quienes los reciben y en contra de quienes los rechazan o menosprecian.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:11
18.11 El propósito del Rey Jesucristo. Este versículo no aparece en los manuscritos más antiguos y se cree que es una interpretación de Lucas 19:10. Sin embargo, debemos analizarlo puesto que presenta con mucha claridad el sentido exacto del contexto. Nos hace ver que el término “pequeños” se refiere a los débiles en la fe, a los que pueden ser el “perdido” (vr.11), o el “descarriado” (vr.12). Siendo el propósito del Señor que nadie se pierda, tengamos temor de ir a producir la caída y perdición de algún pequeño en la fe a causa de nuestra negligencia o menosprecio. Con respecto al propósito del Hijo del Hombre veamos: Ha venido. Por cuanto Él ha venido sabemos cuánto nos ama. Por cuanto Él ha venido sabemos que está con nosotros. Por cuanto Él ha venido tenemos esperanza. Por cuanto Él ha venido nosotros iremos a Él. Ha venido para salvar. (Jn. 3:17; 10:10, 12:47; 1 Tim. 1:15). Hace falta reconocerse perdido para saberse por Él encontrado. Repito, siendo el propósito del Señor que nadie se pierda, tengamos verdadero temor de ir a producir la caída y perdición de algún pequeño en la fe a causa de nuestra negligencia o menosprecio. Recordemos que lo que llevó al Señor Jesucristo a enseñar con respecto a no menospreciar a los pequeños en la fe fue precisamente que los discípulos habían discutido entre sí acerca de cual de ellos sería el más grande ahora que Cristo sería crucificado.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:12
18.12-13 Ilustrando el propósito del Rey expresado en el versículo anterior, el Señor nos da el valor de un alma para Él. Un pastor pone toda su atención en aquella oveja que se le ha perdido. Un padre de familia en aquel de sus hijos que ha enfermado; y Dios en aquella criatura que se ha extraviado. Tu alma, si te extravías, no deja a Dios descansar. Para su amor no hay satisfacción por los millones de ángeles que han permanecido fieles ni por los santos que le sirven hasta que tu alma sea también de Él. Así como un Padre jamás prescindiría de uno de sus hijos aunque tenga muchos, así tampoco Dios prescindirá de ti. te buscará como el pastor va por los montes a buscar a la oveja descarriada; ¿acaso no te ha buscado?, descendió del mismo cielo a las partes más bajas de la tierra, te llama por todos los medios, hoy te sigue buscando y lo seguirá haciendo hasta encontrarte, no hay forma de eludirlo, finalmente te hallará ¡tanto es su amor. Dices de alguno “sin remedio”, pero para el tierno corazón de Dios no acepta negativas. Jesús busca y no se rinde jamás. Los casos imposibles son su especialidad, los pecados imperdonables también pueden ser limpiados con su sangre. ¡Es el único dispuesto a cambiar su propia vida por el que dicen, no tiene esperanza! ¿Comprendes su regocijo al salvar? No deja de buscar porque somos su deleite. Si acontece que la encuentra –comprendiendo que puede ser o no el caso. Es probable que alguno no se deje hallar. Mas si es hallado tiene más gozo por el pecador redimido que por el santo que no le falla (alusión a manera de reprensión al que cree no fallarle y que por tanto, menosprecia al pequeño). ¿Y no nos pasa igual que sentimos más gozo por aquel de nuestros hijos que es sanado después de que los médicos dijeron que moriría que por el resto de nuestros hijos que no ha enfermado? ¡Oh! ¡cuán grande y maravilloso Dios que después de que hemos pecado contra Él en lugar de condenarnos disgustado hace a un lado nuestras faltas, se llena de gozo y amorosamente nos recibe! ¡se regocija en hallarnos sin importarle lo obstinados y malos que fuimos al perdernos! Si ese es su propósito, ¿por qué entonces menospreciamos a los pequeños en la fe, a los débiles que tropiezan?
— Roberto Tinoco
Mateo 18:13
18.12-13 Ilustrando el propósito del Rey expresado en el versículo anterior, el Señor nos da el valor de un alma para Él. Un pastor pone toda su atención en aquella oveja que se le ha perdido. Un padre de familia en aquel de sus hijos que ha enfermado; y Dios en aquella criatura que se ha extraviado. Tu alma, si te extravías, no deja a Dios descansar. Para su amor no hay satisfacción por los millones de ángeles que han permanecido fieles ni por los santos que le sirven hasta que tu alma sea también de Él. Así como un Padre jamás prescindiría de uno de sus hijos aunque tenga muchos, así tampoco Dios prescindirá de ti. te buscará como el pastor va por los montes a buscar a la oveja descarriada; ¿acaso no te ha buscado?, descendió del mismo cielo a las partes más bajas de la tierra, te llama por todos los medios, hoy te sigue buscando y lo seguirá haciendo hasta encontrarte, no hay forma de eludirlo, finalmente te hallará ¡tanto es su amor. Dices de alguno “sin remedio”, pero para el tierno corazón de Dios no acepta negativas. Jesús busca y no se rinde jamás. Los casos imposibles son su especialidad, los pecados imperdonables también pueden ser limpiados con su sangre. ¡Es el único dispuesto a cambiar su propia vida por el que dicen, no tiene esperanza! ¿Comprendes su regocijo al salvar? No deja de buscar porque somos su deleite. Si acontece que la encuentra –comprendiendo que puede ser o no el caso. Es probable que alguno no se deje hallar. Mas si es hallado tiene más gozo por el pecador redimido que por el santo que no le falla (alusión a manera de reprensión al que cree no fallarle y que por tanto, menosprecia al pequeño). ¿Y no nos pasa igual que sentimos más gozo por aquel de nuestros hijos que es sanado después de que los médicos dijeron que moriría que por el resto de nuestros hijos que no ha enfermado? ¡Oh! ¡cuán grande y maravilloso Dios que después de que hemos pecado contra Él en lugar de condenarnos disgustado hace a un lado nuestras faltas, se llena de gozo y amorosamente nos recibe! ¡se regocija en hallarnos sin importarle lo obstinados y malos que fuimos al perdernos! Si ese es su propósito, ¿por qué entonces menospreciamos a los pequeños en la fe, a los débiles que tropiezan?
— Roberto Tinoco
Mateo 18:14
18.14 Se un restaurador y no un crítico, pues Dios mismo tiene por su voluntad la salvación de todos sus pequeños, no deseando la condenación de ninguno. No desea que se pierda el pequeño al que se hace tropezar, pero tampoco el que considerándose grande le hizo caer. ¿Cuál es la voluntad de Dios? Condenación para ninguno, salvación para todos. Desde luego que respetará el libre albedrío, de modo que reciba o rechace cada uno esta salvación tan grande según su voluntad. De esta manera tenemos que Dios tiene una voluntad que siempre cumple cuando se trata de decretos, pero otra que solo cumple al arbitrio de las criaturas, esta tiene que ver con sus preceptos. Por ejemplo, Dios dijo sea la luz, este es un decreto que nada ni nadie pudo evitar; pero también, Dios dijo no matarás, siendo esta voluntad hecha o contradicha por la criatura. El primero es un decreto, el segundo es un precepto. El decreto es voluntad irresistible; pero el precepto es voluntad permisible.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:15
18.15 En la historia humana está registrado que los Estados Unidos de América, en conjunto con los aliados, ganaron la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, al considerar las consecuencias de la misma para esa generación y más aun, para la siguiente generación, vemos que perdieron la guerra igual que todos. Como el viejo adagio: los pleitos ni ganados son buenos. A causa de la guerra los hombres del país tuvieron que salir y dejar a sus familias, las mujeres se emplearon en las fábricas y la educación de los hijos fue descuidada. Esto trajo como consecuencia que las siguientes generaciones se desviaran de los principios del cristianismo. Estados Unidos había perdido la guerra. En el conflicto, el único que gana es el mal. La falta de perdón y de un espíritu restaurador ha sido el instrumento más usado por el mal para dañar a la iglesia. El texto que nos atañe y los versículos siguientes se refieren precisamente a la disciplina de la iglesia local (“donde estén dos o tres congregados en mi Nombre”) para evitar la desintegración de la iglesia y por consiguiente la destrucción de reino de los cielos. Por tanto, une con los versículos anteriores señalando con esto que el significado de los versículos 15-17 sigue siendo en relación con el trato entre los hermanos. Y al decir por tanto, se refiere a que el hermano pequeño en la fe (mencionado en el vr.14) por ser débil en la fe muy posiblemente pecará contra el fuerte en la fe; por consiguiente, se espera que el fuerte lleve a la flaqueza del débil (que él tome la iniciativa para la reconciliación). Aunque esto es aplicable en ambos sentidos. Es una realidad que hay creyentes débiles que batallan para estar firmes y que cometen pecado contra sus hermanos. La palabra griega usada para pecado es “amartía” literalmente significa “errar al blanco”. No es la voluntad del hermano pecar contra su prójimo, pero lo hizo, ¿qué hacer al respecto? Nota cómo el texto dice “si tu hermano peca contra ti”. Aún cuando en los manuscritos más antiguos no aparece la expresión “contra ti”, aún así está correcto, pues por el contexto vemos que debe ser el hermano ofendido quien en este caso debe tomar la iniciativa para la reconciliación. “¿Por qué yo, si no fui yo el culpable?” –podrá decir. Pero el hermano ofensor por ser el ofensor y posiblemente el débil en la fe, puede no estar en condiciones de ser restaurador, por lo que debe ser el fuerte en la fe, si en verdad es fuerte, quien de el primer paso (Gal. 6:1). Sin embargo, si no tomamos en cuenta las palabras “contra ti”, pensando que fueron añadidas, entonces, sin importar cuál de los hermanos ha pecado, todo miembro de la iglesia debe sentirse responsable por su restauración, a no ser que como Caín diga: ¿soy yo acaso guarda de mi hermano? El proceso para la restauración contempla primero, la exhortación a solas: Ve y repréndele estando tú y él solos. La palabra griega usada para “repréndele” es “elencho”. No se refiere a condenar, sino exponer. Por ejemplo en Efesios 5:11,13 se usa la misma palabra en el sentido de poner en evidencia o sacar a la luz el mal para que al ser expuesto sea quitado. De modo que el Señor Jesucristo con estas palabras no está autorizando a nadie para criticar ni condenar al hermano que ha pecado. Al contrario, la idea es entrevistarlo a solas, y exponerle su falta para que se arrepienta como lo hiciera el profeta Natán con el rey David. Hasta este punto, el propósito es lograr el arrepentimiento del hermano ofensor sin más descrédito o daño a la obra de Dios: a solas. Quienes reprenden al hermano pero también cuentan a todo mundo el caso, hacen mucho daño. Si te oyere, has ganado a tu hermano. Cada hermano es parte de uno mismo. Somos el Cuerpo de Cristo y miembros los unos de los otros. Si el hermano se perdiese, un miembro estaría siendo amputado. En primer lugar, lo gana para bendición del mismo hermano en problemas (Stg. 5:19-20). En segundo lugar, lo gana para bendición del hermano ofendido, pues su corazón es libre de amargura y del resentimiento (Lev. 19:18; Ef. 4:30-32). Y en tercer lugar, lo gana para bendición y vida del Cuerpo de Cristo, que a fin de cuentas es lo más importante (1 Cor. 12:22-26).
— Roberto Tinoco
Mateo 18:16
18.16 Si no hay reconciliación hablando a solas, entonces puede procurarse la mediación de hermanos maduros y prudentes, aptos para pacificar como hijos de Dios, y capaces de guardar secretos; esta es la exhortación con testigos: Mas si no te oyere. La debilidad en la fe y la dureza del corazón tienen mucha semejanza. Frecuentemente el ofensor es obstinado y débil, mas no por eso debe ser menospreciado, al contrario, debe ser ayudado. La forma correcta es el uso de testigos, esto tiene varios propósitos: Primeramente, la restauración del ofensor al ser convencido por más hermanos, nunca avergonzarle ni exhibirle. En segundo lugar, dejar constancia de lo que se ha dicho, ya que es fácil tergiversar las palabras en medio de un conflicto: conste toda palabra.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:17
18.17-18 Es la autoridad de la iglesia local como el reino de los cielos. Cuando un hermano no ha querido arrepentirse ni a solas ni con testigos, entonces, buscando su restauración debe ser reprendido por la iglesia local, a saber, las autoridades de la iglesia y no el exhibirle en la congregación. Esto es lo que se conoce como disciplina eclesiástica y no hay instancias más allá de la iglesia. Si aún así no quisiere arrepentirse, entonces el ofensor debe ser considerado por la iglesia como gentil y publicano, este es como una persona no creyente y ajeno a la iglesia, como uno que no conoce a Dios. Vemos la autoridad de la iglesia como el reino de los cielos en esta tierra para el ejercicio de la disciplina. Cuando la iglesia está actuando bajo la dirección del Rey Jesucristo al administrar la disciplina con espíritu restaurador, el cielo aprueba sus decisiones. Todo lo que atéis (esto es, declarar culpable) será atado en el cielo; y todo lo que desatéis (esto es, perdonar o declarar inocente), será desatado en el cielo. Lo que había sido dicho con anterioridad al apóstol Pedro cuando éste confesó que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios Viviente era dirigido a toda la iglesia, la cual se compone de “piedras vivas” como Pedro. ¡Y vaya que Dios respalda a la iglesia, pues en la experiencia trata fuerte con el ofensor endurecido!
— Roberto Tinoco
Mateo 18:18
18.17-18 Es la autoridad de la iglesia local como el reino de los cielos. Cuando un hermano no ha querido arrepentirse ni a solas ni con testigos, entonces, buscando su restauración debe ser reprendido por la iglesia local, a saber, las autoridades de la iglesia y no el exhibirle en la congregación. Esto es lo que se conoce como disciplina eclesiástica y no hay instancias más allá de la iglesia. Si aún así no quisiere arrepentirse, entonces el ofensor debe ser considerado por la iglesia como gentil y publicano, este es como una persona no creyente y ajeno a la iglesia, como uno que no conoce a Dios. Vemos la autoridad de la iglesia como el reino de los cielos en esta tierra para el ejercicio de la disciplina. Cuando la iglesia está actuando bajo la dirección del Rey Jesucristo al administrar la disciplina con espíritu restaurador, el cielo aprueba sus decisiones. Todo lo que atéis (esto es, declarar culpable) será atado en el cielo; y todo lo que desatéis (esto es, perdonar o declarar inocente), será desatado en el cielo. Lo que había sido dicho con anterioridad al apóstol Pedro cuando éste confesó que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios Viviente era dirigido a toda la iglesia, la cual se compone de “piedras vivas” como Pedro. ¡Y vaya que Dios respalda a la iglesia, pues en la experiencia trata fuerte con el ofensor endurecido!
— Roberto Tinoco
Mateo 18:19
18.19-20 El propósito de la disciplina eclesiástica es restaurar y no excomulgar. Ante el versículo 17 de tener al ofensor no arrepentido como un gentil y publicano, se puede pensar que todo acabó en la expulsión de tal hermano de la iglesia, pero ese no es el Espíritu de Cristo. La idea de tenerlo como gentil y publicano es considerarle como alguien que habiéndose endurecido no acepta reprensiones, por lo que hay que buscar otras instancias: Primeramente, reconvenirle por vergüenza; es decir, al ser considerado como uno que no conoce a Dios, o como un creyente endurecido, el ofensor puede sentirse avergonzado, lo que lo motivaría a buscar el perdón (compara 1 Cor. 5:1-5 con 2 Cor. 2:6-10; 2 Tes. 3:6, 14-15). En segundo lugar, la autoridad espiritual en la oración de la iglesia debe ser usada. El último y más poderoso recurso de la iglesia para la restauración de los creyentes es la oración. Si dos se pusieren de acuerdo. De acuerdo es “sumphoneo” en griego de “sum”, “junto” y , “phoneo”, “sonar”. “Sumphoneo” es sonar simultáneamente en armonía, de allí viene “sinfonía”. Así como se reunieron dos o tres como testigos, y así como la iglesia juzgó el caso, así también, al no arrepentirse el ofensor, debe los hermanos orar en armonía por tal hermano rogando a Dios que lo restaure. Cuando los hermanos oran unidos por algún creyente que se ha endurecido se desata el poder tremendo del Padre Celestial en favor de dicho hermano. (Nota el énfasis: les será hecho por mi Padre que está en los cielos, donde estén dos o tres en mi Nombre; esta es la voluntad de Dios). De modo que la iglesia nunca debe estar por la expulsión o condenación de nadie, sino por su restauración hasta donde sea posible; pues aún cuando tenga que disciplinar a un hermano, separarle de la iglesia o pensar de él como de un creyente endurecido, aún así, debe orar en unidad buscando su restauración. El Señor no deshecha para siempre, Él dijo: id antes a las ovejas perdidas de la casa. Aún cuando un padre de familia tenga muchos hijos, nunca le sobra alguno (por muy difícil que este sea). La iglesia, como el ejército, debe atender a sus heridos ¿qué no nos ha enseñado el Príncipe de los pastores la importancia de hacer todo lo necesario para regresar al redil a la oveja cien que se ha extraviado? Recuerda a José y sus hermanos, los hijos de Jacob. Tales hermanos intentaron hacer pasar por muerto a José delante de su padre Jacob y no les importó el terrible dolor que le causaron y las lágrimas que derramó “¡enlutado descenderá hasta mi hijo al Seol! Y su padre lloraba” (Gen. 37:35). ¿Te interesa el dolor del Padre Celestial por sus hijos extraviados? Un día Nehemías, después de saber que la casa de Dios en Jerusalén estaba en ruinas, lloró, ayunó y rogó a Dios y luego fue a Jerusalén a reconstruir la casa de Dios (Neh. 1-2); tal debe ser la conducta de la iglesia, una especie de Nehemías restaurador que repare las piedras vivas (que son los creyentes) de la casa espiritual de Dios (que es la iglesia).
— Roberto Tinoco
Mateo 18:20
18.19-20 El propósito de la disciplina eclesiástica es restaurar y no excomulgar. Ante el versículo 17 de tener al ofensor no arrepentido como un gentil y publicano, se puede pensar que todo acabó en la expulsión de tal hermano de la iglesia, pero ese no es el Espíritu de Cristo. La idea de tenerlo como gentil y publicano es considerarle como alguien que habiéndose endurecido no acepta reprensiones, por lo que hay que buscar otras instancias: Primeramente, reconvenirle por vergüenza; es decir, al ser considerado como uno que no conoce a Dios, o como un creyente endurecido, el ofensor puede sentirse avergonzado, lo que lo motivaría a buscar el perdón (compara 1 Cor. 5:1-5 con 2 Cor. 2:6-10; 2 Tes. 3:6, 14-15). En segundo lugar, la autoridad espiritual en la oración de la iglesia debe ser usada. El último y más poderoso recurso de la iglesia para la restauración de los creyentes es la oración. Si dos se pusieren de acuerdo. De acuerdo es “sumphoneo” en griego de “sum”, “junto” y , “phoneo”, “sonar”. “Sumphoneo” es sonar simultáneamente en armonía, de allí viene “sinfonía”. Así como se reunieron dos o tres como testigos, y así como la iglesia juzgó el caso, así también, al no arrepentirse el ofensor, debe los hermanos orar en armonía por tal hermano rogando a Dios que lo restaure. Cuando los hermanos oran unidos por algún creyente que se ha endurecido se desata el poder tremendo del Padre Celestial en favor de dicho hermano. (Nota el énfasis: les será hecho por mi Padre que está en los cielos, donde estén dos o tres en mi Nombre; esta es la voluntad de Dios). De modo que la iglesia nunca debe estar por la expulsión o condenación de nadie, sino por su restauración hasta donde sea posible; pues aún cuando tenga que disciplinar a un hermano, separarle de la iglesia o pensar de él como de un creyente endurecido, aún así, debe orar en unidad buscando su restauración. El Señor no deshecha para siempre, Él dijo: id antes a las ovejas perdidas de la casa. Aún cuando un padre de familia tenga muchos hijos, nunca le sobra alguno (por muy difícil que este sea). La iglesia, como el ejército, debe atender a sus heridos ¿qué no nos ha enseñado el Príncipe de los pastores la importancia de hacer todo lo necesario para regresar al redil a la oveja cien que se ha extraviado? Recuerda a José y sus hermanos, los hijos de Jacob. Tales hermanos intentaron hacer pasar por muerto a José delante de su padre Jacob y no les importó el terrible dolor que le causaron y las lágrimas que derramó “¡enlutado descenderá hasta mi hijo al Seol! Y su padre lloraba” (Gen. 37:35). ¿Te interesa el dolor del Padre Celestial por sus hijos extraviados? Un día Nehemías, después de saber que la casa de Dios en Jerusalén estaba en ruinas, lloró, ayunó y rogó a Dios y luego fue a Jerusalén a reconstruir la casa de Dios (Neh. 1-2); tal debe ser la conducta de la iglesia, una especie de Nehemías restaurador que repare las piedras vivas (que son los creyentes) de la casa espiritual de Dios (que es la iglesia).
— Roberto Tinoco
Mateo 18:21
18:21 Cuando el apóstol Pedro escuchó el trato que había de dársele a los hermanos que han ofendido a otros buscando la restauración de la amistad, planteó la pregunta acerca de la reincidencia y esto a su vez, le hizo pensar en el perdón. ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? Todos tenemos alguien que ofende constantemente (fácilmente pensamos en quién) y todos hemos sido esa persona que ofende constantemente (difícil de aceptar). ¿hasta dónde debemos perdonar los creyentes? Luego, en un intentó de quedar bien con el Maestro, el arrojado apóstol se respondió a sí mismo la pregunta: ¿hasta siete? Quizá porque los rabinos enseñaban que el perdón debía ser por un máximo de tres ocasiones y a la cuarta ya no era posible. De manera que Pedro se sintió generoso con el perdón ¡Gracias a Dios por Pedro y los que son como él!, ya que su espíritu impulsivo dio lugar al Señor para maravillosas enseñanzas.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:22
18.22 Setenta veces siete no implica un límite, pues para esto habría que llevar cuentas; y quien cuenta no olvida, por lo que tampoco perdona. El siete es el número simbólico de lo perfecto, así que setenta veces siete es una alusión al perdón infinito y sin límite. Aunque debe distinguirse el perdón de la continuación de la relación; pues siempre se debe perdonar, pero no siempre debe seguir adelante la relación, debido a que la parte ofensora muestra en su reincidencia estar dañada e imposibilitarse para relacionarse sanamente. El perdón implica no sentir mal alguno hacia el otro; pero a veces esto debe llevarse en la distancia.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:23
18.23-24 Con su manera característica, el Maestro nos ilustra cómo debe ser el perdón entre los súbditos del reino por medio de una historia. Dicha historia da cuenta del perdón que un hombre ha recibido de un rey y de la dureza con la que él trató a su consiervo al no perdonarle una deuda muy pequeña. Es una realidad, tenemos que dar cuenta. Indefectiblemente: el Rey hará cuentas con sus siervos. Tenemos un Dios justo que no pasará por inocente al culpable. Además, nuestra deuda con el Rey es enorme, impagable. Diez mil talentos equivalente a 60,000,0000 denarios ¡algo así como sesenta millones de salarios de jornalero! ¡34 veces el presupuesto de toda la provincia de Galilea en aquel tiempo! El número 10,000 en la Escritura es símbolo de sin límite, por ejemplo, la Sulamita dijo que su “Amado es blanco y rubio, distinguido entre 10,000”. Pablo usa el mismo término al decir a los corintios: “si tuvieses 10,000 ayos en Cristo… yo os engendré”; y también: “prefiero hablar 5 palabras con entendimiento que 10,000 en lengua desconocida”.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:24
18.23-24 Con su manera característica, el Maestro nos ilustra cómo debe ser el perdón entre los súbditos del reino por medio de una historia. Dicha historia da cuenta del perdón que un hombre ha recibido de un rey y de la dureza con la que él trató a su consiervo al no perdonarle una deuda muy pequeña. Es una realidad, tenemos que dar cuenta. Indefectiblemente: el Rey hará cuentas con sus siervos. Tenemos un Dios justo que no pasará por inocente al culpable. Además, nuestra deuda con el Rey es enorme, impagable. Diez mil talentos equivalente a 60,000,0000 denarios ¡algo así como sesenta millones de salarios de jornalero! ¡34 veces el presupuesto de toda la provincia de Galilea en aquel tiempo! El número 10,000 en la Escritura es símbolo de sin límite, por ejemplo, la Sulamita dijo que su “Amado es blanco y rubio, distinguido entre 10,000”. Pablo usa el mismo término al decir a los corintios: “si tuvieses 10,000 ayos en Cristo… yo os engendré”; y también: “prefiero hablar 5 palabras con entendimiento que 10,000 en lengua desconocida”.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:25
18.25 Tan grande es nuestra deuda con Dios que somos reos de muerte, vendidos al pecado y a la condenación eterna. Todo lo que somos y lo que se relaciona con nosotros está perdido (necesitamos el perdón de Dios). No importa si te sientes o no perdido, esos son los hechos. Adán y sus hijos, la especie humana, fuimos vendidos como esclavos sin poder pagar la deuda de muerte por el pecado.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:26
18.26 La desesperación aturde el sentido común. El deudor rogaba paciencia prometiendo pagar una cantidad que no podría pagar. Es propio de humanos prometer lo que sea, con tal de salir de apuros. Es la arrogancia del hombre común, que supone poder pagar a Dios su salvación. Acerca de la paciencia de Dios, miles de años han demostrado que es paciente; pero no debe ser vista su paciencia como indiferencia o su aparente tardanza con nulidad de juicio. Él es justo y finalmente traerá a todos a cuentas.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:27
18.27 Movido a misericordia, un sentimiento de amor profundo, desde las entrañas; ¡cuán bueno es nuestro Dios! Se cuenta la historia de un pordiosero que mendigando junto al camino pidió limosna a Alejandro Magno, el conquistador griego. El emperador le lanzó varias monedas de oro, una pequeña fortuna; a los que uno de sus cortesanos, atónito ante esa generosidad exclamó: ¡Señor, monedas de cobre es lo apropiado para un hombre como éste! Alejandro contestó en tono majestuoso: - Monedas de cobre serían lo apropiado para recibir a un pordiosero; pero monedas de oro es lo apropiado para dar a Alejandro, el emperador de las naciones. Así nuestro Dios ha sido inconmensurablemente misericordioso al perdonar nuestros pecados y darnos vida eterna cuando no merecíamos otra cosa que la condenación. ¡Movido a misericordia le saltó y le perdonó la deuda! ¡Bendito sea Dios! Es nuestra historia desde otros ojos.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:28
18.28 Todos debemos y a todos nos deben. El punto es que lo que debemos a Dios es impagable, mientras que aquello que debemos a nuestro prójimo es como nada. El siervo perdonado encontró a un consiervo que le debía; en este caso, cien denarios. A él se le acababa de perdonar el equivalente a 60 millones de denarios, pero no estaba dispuesto a perdonar cien denarios. Todos hemos ofendido a Dios incontables veces, considéralo: cuántas veces has pensado o sentido lo que no agrada a Dios; sin embargo, nos ofendemos con nuestro hermano por una palabra o algún error de actitud. ¿Guardas rencor? ¿Sigues molesto con tu prójimo? Si Dios usara contigo el mismo trato y paciencia que tienes con los demás, ¿cómo sería tu vida? Pedro había preguntado cuántas veces se debía perdonar, la respuesta en parábola de Jesús responde: las veces que desees ser perdonado. Mira cuán miserable es el corazón que no perdona: le ahogaba. Clásico del rencor, pues no solo quiere el pago, sino venganza. Se nos ha perdonado una deuda que no podríamos haber pagado jamás, nuestros pecados causaron la muerte del Hijo de Dios; y por eso, debemos perdonar a los demás como Dios nos ha perdonado a nosotros, o no podemos esperar ser tratados con misericordia.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:29
18.28-29 Todos debemos y a todos nos deben. El punto es que lo que debemos a Dios es impagable, mientras que aquello que debemos a nuestro prójimo es como nada. El siervo perdonado encontró a un consiervo que le debía; en este caso, cien denarios. A él se le acababa de perdonar el equivalente a 60 millones de denarios, pero no estaba dispuesto a perdonar cien denarios. Todos hemos ofendido a Dios incontables veces, considéralo: cuántas veces has pensado o sentido lo que no agrada a Dios; sin embargo, nos ofendemos con nuestro hermano por una palabra o algún error de actitud. ¿Guardas rencor? ¿Sigues molesto con tu prójimo? Si Dios usara contigo el mismo trato y paciencia que tienes con los demás, ¿cómo sería tu vida? Pedro había preguntado cuántas veces se debía perdonar, la respuesta en parábola de Jesús responde: las veces que desees ser perdonado. Mira cuán miserable es el corazón que no perdona: le ahogaba. Clásico del rencor, pues no solo quiere el pago, sino venganza. Se nos ha perdonado una deuda que no podríamos haber pagado jamás, nuestros pecados causaron la muerte del Hijo de Dios; y por eso, debemos perdonar a los demás como Dios nos ha perdonado a nosotros, o no podemos esperar ser tratados con misericordia.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:30
18.30 El siervo perdonado no quiso perdonar, ¿tienes alguna semejanza? Echó en la cárcel al siervo que le debía como si él fuese digno de justicia mayor que el amo que le perdonó. Tal es la actitud de un creyente que no perdona a su hermano pasando por alto toda ofensa. El rencor encarcela, tanto al que no es perdonado como al que no perdonó. Hay cuerpos libres con almas presas por la calle debido a esto mismo.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:31
18.31 Viendo lo que pasaba se entristecieron –el rencor roba la felicidad de todos. Debe producirnos tristeza ver al maltratado no perdonado y también tristeza por el que maltrata al no perdonar. No nos enfadamos, nos entristece saber de la condición de la carne y su ingratitud. Los siervos que se pusieron de acuerdo para hacer saber al amo lo sucedido son una buena figura de la oración en el poder del acuerdo. Por ello el contexto trata acerca de dos o tres que se poner de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que pidieran al Padre Celestial.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:32
18.32-33 Dios no puede ser burlado, así que llama a cuentas al siervo que no quiso perdonar. Le llama malvado, pues es una maldad no perdonar. ¿Tienes rencor? ¿Desearías el mal de alguien? Ten cuidado, pues tal sentir te clasifica entre los malvados. Te perdoné porque me regaste –es el reclamo. No había ninguna obligación por parte del Señor para perdonar, salvo la misericordia; y no había mérito en el siervo por su perdón, salva haber rogado. Dios es bueno y el hombre debe procurar rogando esa bondad. La pregunta del Señor es propia del juicio final: ¿no debías tu también tener misericordia de tu consiervo, como Yo tuve misericordia de ti? Directo y claro. Con la vara que medimos seremos medidos. Tienes en el trato con tus semejantes un anticipo de cómo te va a ir en el día final delante de Dios. El Señor te ha perdonado, haz lo mismo.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:33
18.32-33 Dios no puede ser burlado, así que llama a cuentas al siervo que no quiso perdonar. Le llama malvado, pues es una maldad no perdonar. ¿Tienes rencor? ¿Desearías el mal de alguien? Ten cuidado, pues tal sentir te clasifica entre los malvados. Te perdoné porque me regaste –es el reclamo. No había ninguna obligación por parte del Señor para perdonar, salvo la misericordia; y no había mérito en el siervo por su perdón, salva haber rogado. Dios es bueno y el hombre debe procurar rogando esa bondad. La pregunta del Señor es propia del juicio final: ¿no debías tu también tener misericordia de tu consiervo, como Yo tuve misericordia de ti? Directo y claro. Con la vara que medimos seremos medidos. Tienes en el trato con tus semejantes un anticipo de cómo te va a ir en el día final delante de Dios. El Señor te ha perdonado, haz lo mismo.
— Roberto Tinoco
Mateo 18:34
18.34-35 La parábola dice una gran verdad: el que no perdona tendrá que pagar sus deudas. Algunos creen ver aquí una especie de purgatorio, pero el problema es, ¿cómo pagar lo impagable? ¿Qué dará el hombre por su alma? Si el hombre pudiera alcanzar su salvación no sería necesaria la cruz de Cristo. Además, se está hablando de las relaciones entre los hermanos, así como de la disciplina eclesiástica, ejemplos terrenales para ilustrar cosas eternas; más no debe verse en las cosas terrenales la exactitud de las cosas eternas. Debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo (Ef. 4:32); y de la manera como Cristo nos perdonó, debemos hacerlo entre nosotros (Col. 3:13). Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 18:35
18.34-35 La parábola dice una gran verdad: el que no perdona tendrá que pagar sus deudas. Algunos creen ver aquí una especie de purgatorio, pero el problema es, ¿cómo pagar lo impagable? ¿Qué dará el hombre por su alma? Si el hombre pudiera alcanzar su salvación no sería necesaria la cruz de Cristo. Además, se está hablando de las relaciones entre los hermanos, así como de la disciplina eclesiástica, ejemplos terrenales para ilustrar cosas eternas; más no debe verse en las cosas terrenales la exactitud de las cosas eternas. Debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo (Ef. 4:32); y de la manera como Cristo nos perdonó, debemos hacerlo entre nosotros (Col. 3:13). Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco