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Mateo 21

Entrada triunfal de Jesús

1Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,🗨 2diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.🗨 3Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.🗨 4Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:🗨 5Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.🗨 6Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;🗨 7y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.🗨 8Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.🗨 9Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!🗨 10Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?🗨 11Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.🗨

Jesús despeja el templo

12Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;🗨 13y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.🗨 14Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.🗨 15Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,🗨 16y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza?🗨 17Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y posó allí.🗨

Jesús maldice la higuera

18Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.🗨 19Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.🗨 20Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?🗨 21Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.🗨 22Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.🗨

Desafían la autoridad de Jesús

23Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?🗨 24Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.🗨 25El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?🗨 26Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.🗨 27Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.🗨

Parábola de los dos hijos

28Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña.🗨 29Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.🗨 30Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.🗨 31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.🗨 32Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.🗨

Parábola de los agricultores malvados

33Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.🗨 34Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.🗨 35Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.🗨 36Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.🗨 37Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.🗨 38Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.🗨 39Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.🗨 40Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?🗨 41Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.🗨 42Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?🗨 43Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.🗨 44Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.🗨 45Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos.🗨 46Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 21:1

Comentario general

21.1 Estamos llegando al clímax del evangelio. La última semana en la vida del Señor Jesucristo es tan importante que los evangelistas le dedicaron el mayor espacio en sus respectivos escritos; por ejemplo, Mateo usa 8 de sus 28 capítulos a la última semana del ministerio terrenal de Cristo; Marcos 6 de sus 16 capítulos; Lucas 6 de sus 27 capítulos; y Juan 9 de sus 21 capítulos. En conjunto usan el 34% sólo para los últimos días del Señor en carne, en contraste del 66% para el resto de su vida (¡una semana contra 33 años! ¡Qué importante es la muerte y resurrección del Señor!). Antes de entrar en Jerusalén, el Señor Jesucristo llegó primero a Betfagé, para ir al monte de los Olivos. Desde el monte preparó la entrada a Jerusalén. Era costumbre del Maestro ir al monte de los Olivos (Luc. 21:37; 22:39). Esto no sólo es porque el lugar fuera agradable, sino por el mensaje que daba su Presencia en dicho monte. La primera vez que se menciona en la Biblia el monte de los Olivos es en 2 Samuel 15:30-32. Relata cuando David subió el monte llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos a causa de la rebelión de su hijo Absalón, el cual se apoderó de la ciudad de Jerusalén y del trono de Israel. Un lugar al que también David solía subir para adrar a Dios. El Señor llegó primero al monte de los Olivos, antes de entrar a Jerusalén porque venía a recuperar aquello que se había perdido. La ciudad del Rey había sido tomada por el rebelde y ahora el Rey venía a recuperarla, lo mismo que su trono; por lo que guió su entrada a la ciudad desde dicho monte. También, vemos en las Sagradas Escrituras, más específicamente en el libro de Ezequiel, que la ocasión cuando la gloria de Dios abandonó el templo de Jerusalén, lo hizo por etapas: Primero pasó el umbral (10:4), luego sobre querubines (10:18), después pasó la puerta del este (10:19); y finalmente la gloria de Dios se puso sobre el monte de los Olivos (11:23). Por lo que ahora la Gloria de Dios regresaba a su templo, Cristo venía al templo de Jerusalén y lo hacía retomando el camino, del monte de los Olivos, por la puerta del este de la ciudad, para entrar al templo y purificarlo. Así es la restauración de Dios, recupera lo perdido y lo hace con mayor gloria que al principio. Incluso es posible que esto se repita, pues la Biblia habla del retorno el Rey retomando al monte de los Olivos (Zac. 14:4 aunque pudiera aplicarse a su primera venida); precisamente el lugar desde donde Él ascendió (Hch. 1:1-12). Por donde se fue la gloria retornará.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:2

Comentario general

21.2-3 El Señor cumplió deliberadamente las profecías mesiánicas en la última semana antes de su muerte. Compara los versículos 2-5 con Zac. 9:9. Estaba tan decidido hacer la voluntad del Padre que llevaba a cabo todo aquello que estaba escrito de Él en las Sagradas Escrituras, aún cuando esto le significase la muerte. ¿Estamos tan dispuestos como el Maestro para hacer la voluntad del Padre Celestial? ¿Quién es realmente el Señor en nuestra vida? Leamos la Biblia para conocer la voluntad de Dios para nuestra vida, tal y como el mismo Señor Jesucristo lo hiciera y obedezcamos el propósito para el cual fuimos salvados. Leamos la Biblia leyendo de nosotros. Los versículos 2-3 mencionan que el Señor envió dos de sus discípulos para que le trajesen una asna y un pollino. Si alguien, posiblemente el dueño, les preguntaba por qué se los llevaban, debían responderle “El Señor los necesita”. Literalmente “el Señor tiene necesidad de ellos”. Sabemos que el Señor tuvo necesidad de esos animales para cumplir las profecías, pero ¿verdaderamente necesita algo el Rey de reyes y Creador de todas las cosas? Dios es Todopoderoso, por tanto, no necesita nada de nadie, sin embargo condesciende con el hombre al invitarle a participar de su obra. El privilegio de participar en la obra del Señor en nada le proporciona virtud alguna en si mismo al siervo. Nota como el Rey Jesucristo dijo: el Señor los necesita; y luego los enviará (vr.3) ¡Somos transitorios! Siervos temporales. Hombres históricos. El único que permanece para siempre es el Rey Jesucristo, Él es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. Si Sansón mató a mil filisteos con una quijada de asno; si Dios le habló a Balaam a través del hocico de su asna; y si el Señor entró a Jerusalén sobre un pollino; entonces necesitamos humillarnos como asnos para tener grandes victorias, hablar la Palabra y glorificar al Rey Jesucristo. Si eso hizo Sansón con una quijada de burro, ¿qué no hará Dios con un burro completo como yo?

— Roberto Tinoco

Mateo 21:3

Comentario general

21.2-3 El Señor cumplió deliberadamente las profecías mesiánicas en la última semana antes de su muerte. Compara los versículos 2-5 con Zac. 9:9. Estaba tan decidido hacer la voluntad del Padre que llevaba a cabo todo aquello que estaba escrito de Él en las Sagradas Escrituras, aún cuando esto le significase la muerte. ¿Estamos tan dispuestos como el Maestro para hacer la voluntad del Padre Celestial? ¿Quién es realmente el Señor en nuestra vida? Leamos la Biblia para conocer la voluntad de Dios para nuestra vida, tal y como el mismo Señor Jesucristo lo hiciera y obedezcamos el propósito para el cual fuimos salvados. Leamos la Biblia leyendo de nosotros. Los versículos 2-3 mencionan que el Señor envió dos de sus discípulos para que le trajesen una asna y un pollino. Si alguien, posiblemente el dueño, les preguntaba por qué se los llevaban, debían responderle “El Señor los necesita”. Literalmente “el Señor tiene necesidad de ellos”. Sabemos que el Señor tuvo necesidad de esos animales para cumplir las profecías, pero ¿verdaderamente necesita algo el Rey de reyes y Creador de todas las cosas? Dios es Todopoderoso, por tanto, no necesita nada de nadie, sin embargo condesciende con el hombre al invitarle a participar de su obra. El privilegio de participar en la obra del Señor en nada le proporciona virtud alguna en si mismo al siervo. Nota como el Rey Jesucristo dijo: el Señor los necesita; y luego los enviará (vr.3) ¡Somos transitorios! Siervos temporales. Hombres históricos. El único que permanece para siempre es el Rey Jesucristo, Él es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. Si Sansón mató a mil filisteos con una quijada de asno; si Dios le habló a Balaam a través del hocico de su asna; y si el Señor entró a Jerusalén sobre un pollino; entonces necesitamos humillarnos como asnos para tener grandes victorias, hablar la Palabra y glorificar al Rey Jesucristo. Si eso hizo Sansón con una quijada de burro, ¿qué no hará Dios con un burro completo como yo?

— Roberto Tinoco

Mateo 21:4

Comentario general

21.4-5 Notemos la forma en la que entró. Era costumbre cuando un rey entraba a una ciudad como un guerrero o como un conquistador lo hiciese sobre un caballo; más cuando entraba de manera pacífica lo hacía sobre un burro. En occidente el asno es un animal menospreciado, pero en oriente un rey podía cabalgar en él con toda dignidad, especialmente cuando se viaja en son de paz. El texto dice que el Señor mandó traer una asna y a su pollino. Esto era para que la cría no se asustase con la multitud al seguir a su madre. (Qué bien hacen los hijos cuando siguen a sus padres en el camino del Señor; y que excelente es ver a los padres enseñándoles a los hijos a llevar el yugo de Cristo). El término “hija de Sión” fue usado por Zacarías y otros profetas del Antiguo Testamento para señalar a la ciudad de Jerusalén como el reino de Dios en la tierra. Sión es el símbolo del reino de Dios y la ciudad de Jerusalén es su hija, su fruto. El resultado final de la obra de Dios es una ciudad, la nueva Jerusalén (Ap. 3:12; 21:2) de la cual, la hija de Sión, la Jerusalén antigua y terrenal es el prototipo. Y así como la Jerusalén terrenal es el resultado del reino de Israel antes de su división, especialmente hablando del reinado de David; así también la iglesia es la nueva Jerusalén que ha sido el fruto, la hija del reino de Dios (Ap. 21:9-11). Este punto es básico y fundamental para comprender el mensaje central de Mateo: Jesús es el Rey y el fruto de su reino es la iglesia ¡Aleluya! Tu Rey viene a ti. El Señor Jesús es el Mesías de Israel. No es un rey de Israel, ni un rey que viene a Israel, es el Rey de Israel. El interés del evangelista es que los judíos reconozcan la identidad mesiánica del Señor Jesucristo. ¿Es también nuestro interés que el mundo conozca que nuestro Señor Jesucristo es el Rey de reyes? Cuando el profeta Zacarías habló estas palabras (Zac. 9:9) lo hizo inspirado por el Espíritu Santo para alentar a los judíos acerca de la restauración de Jerusalén y del templo cuando regresaron del exilio babilónico. ¿Qué más alentador para terminar la reedificación que saber que el Rey vendía a la ciudad? No hay esfuerzo demasiado grande cuando se trata de la edificación del reino de Dios. Cuando un grande, humanamente hablando, llega a una ciudad, la ciudad se prepara para recibirle. Así también el pueblo de Israel se debía preparar reedificando los muros de la ciudad, y sobre todo el templo, porque el Rey venía en camino. Mateo anuncia el cumplimiento de esa profecía, el Rey esperado había llegado. Pero también tiene un doble cumplimiento, ya que hoy la iglesia está esperando la segunda venida de Cristo. Escuchamos la voz profética tu Rey viene a ti; así que debemos prepararnos. ¿Cómo nos prepararemos? ¡Edificado la ciudad de Dios y su templo! ¡Edificando la iglesia! La iglesia es la ciudad de Dios, somos el templo del Dios Viviente; la mejor manera de esperar el retorno de nuestro Rey Jesucristo es edificando a la iglesia; añadiendo “piedras vivas”, esto es, trayendo las almas al Señor; y discipulándolas, edificar sus vidas con la Palabra de Dios. Trabajemos en el perfeccionamiento de la iglesia, no es suficiente con reunir a la gente en un lugar, es indispensable ayudarles a madurar, debemos procurar la unidad, la enseñanza sólida más allá de los rudimentos, la comunión de los cristianos hablándonos la Palabra de Dios unos a otros, dejando los asuntos triviales que nos dividen, ¡El Rey viene y su casa, la iglesia, debe estar terminada para recibirle! Yo creo firmemente que esto se logrará. Quizá aún se vean los muros a la mitad y algunas puertas quemadas, pero así como fue posible la reedificación primera en tiempos angustiosos, así será posible la edificación actual. Los pueblos vecinos, los enemigos de Israel se burlaban de la poca fuerza de los judíos y los amenazaban; así hoy muchos critican a la iglesia y llenos de soberbia se burlan de ella, pero la iglesia está preparándose, con todo el corazón, tiene en sus filas a valientes que están reedificando. Lea Ef.2:21-22. La expresión tu Rey viene a ti habla de la disposición y del gobierno del Rey. No fuimos nosotros a Él, sino que Él vino a nosotros. Según nuestro punto de vista, pareciera que nosotros vamos a Él, o bien, que somos llevados al cielo en donde Él está; sin embargo, desde la perspectiva divina, es Él quien viene a nosotros. Esto no significa que no exista el cielo, ni tampoco que no vayamos al cielo, esto significa que el Rey Jesucristo primero viene a nosotros, para que nosotros podamos ir a Él. Si el Rey no viene primero a nosotros, entonces no podemos presentarnos ante Él. El Señor dijo que nadie puede ir a Él a menos que el Padre lo lleve (Juan 6:44). Es por eso que es imposible ir a Él a través de obras, no podemos ir por nosotros mismos (Tito 3:3-5). Se requiere de que el Rey Jesucristo venga a cada uno personalmente: tu Rey viene a ti. Es cierto, Cristo viene por la iglesia, pero antes es imprescindible que venga a cada uno. ¿Y vino el Rey a ti? No te pregunto por religión; ¿verdaderamente el Rey ha venido a ti? Tampoco te pregunto si has hecho una oración de fe recibiendo a Cristo. ¿Le has aceptado como tu Rey y Señor y haces su voluntad? Manso. El Rey Jesucristo entró en Jerusalén como un Rey manso. Esta palabra “manso”, en gr. “praus”, habla de una humildad considerada, no pretenciosa, de un carácter gentil, suave y controlado. Los judíos, en especial los de la secta revolucionaria de los zelotes esperaban un Mesías guerrero, quien los libertaría a través de la fuerza militar. Pero el Rey Jesucristo mostró un poder más grande que el poder militar; el poder de la sabiduría humilde y el amor penetrante. Mansedumbre no es debilidad, sino poder bajo perfecto control. Hay más poder en retener el golpe que en darlo. Pr. 16:32 dice que es mejor el que tarda en airarse que el fuerte; y el que domina su espíritu, que el que conquista una ciudad. La invitación ha sido hecha: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas (Mat. 11:29). Si el Rey es así, ¡cuánto más debemos serlo sus súbditos! Es por eso que mucha gente no tiene descanso y vive con su alma cargada, no está dispuesto a ser manso y humilde, así que día a día vive cargando su alma de rencores, soberbias, pleitos, críticas y amarguras. ¡Humíllate ante el Rey y descansarás!

— Roberto Tinoco

Mateo 21:5

Comentario general

21.4-5 Notemos la forma en la que entró. Era costumbre cuando un rey entraba a una ciudad como un guerrero o como un conquistador lo hiciese sobre un caballo; más cuando entraba de manera pacífica lo hacía sobre un burro. En occidente el asno es un animal menospreciado, pero en oriente un rey podía cabalgar en él con toda dignidad, especialmente cuando se viaja en son de paz. El texto dice que el Señor mandó traer una asna y a su pollino. Esto era para que la cría no se asustase con la multitud al seguir a su madre. (Qué bien hacen los hijos cuando siguen a sus padres en el camino del Señor; y que excelente es ver a los padres enseñándoles a los hijos a llevar el yugo de Cristo). El término “hija de Sión” fue usado por Zacarías y otros profetas del Antiguo Testamento para señalar a la ciudad de Jerusalén como el reino de Dios en la tierra. Sión es el símbolo del reino de Dios y la ciudad de Jerusalén es su hija, su fruto. El resultado final de la obra de Dios es una ciudad, la nueva Jerusalén (Ap. 3:12; 21:2) de la cual, la hija de Sión, la Jerusalén antigua y terrenal es el prototipo. Y así como la Jerusalén terrenal es el resultado del reino de Israel antes de su división, especialmente hablando del reinado de David; así también la iglesia es la nueva Jerusalén que ha sido el fruto, la hija del reino de Dios (Ap. 21:9-11). Este punto es básico y fundamental para comprender el mensaje central de Mateo: Jesús es el Rey y el fruto de su reino es la iglesia ¡Aleluya! Tu Rey viene a ti. El Señor Jesús es el Mesías de Israel. No es un rey de Israel, ni un rey que viene a Israel, es el Rey de Israel. El interés del evangelista es que los judíos reconozcan la identidad mesiánica del Señor Jesucristo. ¿Es también nuestro interés que el mundo conozca que nuestro Señor Jesucristo es el Rey de reyes? Cuando el profeta Zacarías habló estas palabras (Zac. 9:9) lo hizo inspirado por el Espíritu Santo para alentar a los judíos acerca de la restauración de Jerusalén y del templo cuando regresaron del exilio babilónico. ¿Qué más alentador para terminar la reedificación que saber que el Rey vendía a la ciudad? No hay esfuerzo demasiado grande cuando se trata de la edificación del reino de Dios. Cuando un grande, humanamente hablando, llega a una ciudad, la ciudad se prepara para recibirle. Así también el pueblo de Israel se debía preparar reedificando los muros de la ciudad, y sobre todo el templo, porque el Rey venía en camino. Mateo anuncia el cumplimiento de esa profecía, el Rey esperado había llegado. Pero también tiene un doble cumplimiento, ya que hoy la iglesia está esperando la segunda venida de Cristo. Escuchamos la voz profética tu Rey viene a ti; así que debemos prepararnos. ¿Cómo nos prepararemos? ¡Edificado la ciudad de Dios y su templo! ¡Edificando la iglesia! La iglesia es la ciudad de Dios, somos el templo del Dios Viviente; la mejor manera de esperar el retorno de nuestro Rey Jesucristo es edificando a la iglesia; añadiendo “piedras vivas”, esto es, trayendo las almas al Señor; y discipulándolas, edificar sus vidas con la Palabra de Dios. Trabajemos en el perfeccionamiento de la iglesia, no es suficiente con reunir a la gente en un lugar, es indispensable ayudarles a madurar, debemos procurar la unidad, la enseñanza sólida más allá de los rudimentos, la comunión de los cristianos hablándonos la Palabra de Dios unos a otros, dejando los asuntos triviales que nos dividen, ¡El Rey viene y su casa, la iglesia, debe estar terminada para recibirle! Yo creo firmemente que esto se logrará. Quizá aún se vean los muros a la mitad y algunas puertas quemadas, pero así como fue posible la reedificación primera en tiempos angustiosos, así será posible la edificación actual. Los pueblos vecinos, los enemigos de Israel se burlaban de la poca fuerza de los judíos y los amenazaban; así hoy muchos critican a la iglesia y llenos de soberbia se burlan de ella, pero la iglesia está preparándose, con todo el corazón, tiene en sus filas a valientes que están reedificando. Lea Ef.2:21-22. La expresión tu Rey viene a ti habla de la disposición y del gobierno del Rey. No fuimos nosotros a Él, sino que Él vino a nosotros. Según nuestro punto de vista, pareciera que nosotros vamos a Él, o bien, que somos llevados al cielo en donde Él está; sin embargo, desde la perspectiva divina, es Él quien viene a nosotros. Esto no significa que no exista el cielo, ni tampoco que no vayamos al cielo, esto significa que el Rey Jesucristo primero viene a nosotros, para que nosotros podamos ir a Él. Si el Rey no viene primero a nosotros, entonces no podemos presentarnos ante Él. El Señor dijo que nadie puede ir a Él a menos que el Padre lo lleve (Juan 6:44). Es por eso que es imposible ir a Él a través de obras, no podemos ir por nosotros mismos (Tito 3:3-5). Se requiere de que el Rey Jesucristo venga a cada uno personalmente: tu Rey viene a ti. Es cierto, Cristo viene por la iglesia, pero antes es imprescindible que venga a cada uno. ¿Y vino el Rey a ti? No te pregunto por religión; ¿verdaderamente el Rey ha venido a ti? Tampoco te pregunto si has hecho una oración de fe recibiendo a Cristo. ¿Le has aceptado como tu Rey y Señor y haces su voluntad? Manso. El Rey Jesucristo entró en Jerusalén como un Rey manso. Esta palabra “manso”, en gr. “praus”, habla de una humildad considerada, no pretenciosa, de un carácter gentil, suave y controlado. Los judíos, en especial los de la secta revolucionaria de los zelotes esperaban un Mesías guerrero, quien los libertaría a través de la fuerza militar. Pero el Rey Jesucristo mostró un poder más grande que el poder militar; el poder de la sabiduría humilde y el amor penetrante. Mansedumbre no es debilidad, sino poder bajo perfecto control. Hay más poder en retener el golpe que en darlo. Pr. 16:32 dice que es mejor el que tarda en airarse que el fuerte; y el que domina su espíritu, que el que conquista una ciudad. La invitación ha sido hecha: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas (Mat. 11:29). Si el Rey es así, ¡cuánto más debemos serlo sus súbditos! Es por eso que mucha gente no tiene descanso y vive con su alma cargada, no está dispuesto a ser manso y humilde, así que día a día vive cargando su alma de rencores, soberbias, pleitos, críticas y amarguras. ¡Humíllate ante el Rey y descansarás!

— Roberto Tinoco

Mateo 21:6

Comentario general

21.6-7 La obediencia trae paz. Para que el Rey entrara pacíficamente en Jerusalén se necesitaba que los discípulos le obedecieran. Sin obediencia tendremos en Jesús al Juez y no al Rey de Paz. Si queremos que Jesús sea nuestro Rey de paz, esto es, que venga en paz, entonces necesitamos hacer todo lo que Él nos mande. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando –dijo (Jn. 15:14). Hay excelentes ejemplos de obediencia: Noé: hizo conforme a todo lo que Dios le mandó (Gen. 6:22). Abraham: se fue, como Dios le había dicho (Gen. 12:4). Moisés e Israel: vio toda la obra y he aquí que la habían hecho como Dios había mandado (Ex. 39:43). Hizo conforme a todo lo que Dios le había mandado (Ex. 40:16). Aunque también hay advertencias de desobediencia: Me pesa haber puesto a Saúl por rey, porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis palabras (1 Sm. 15:11). La obediencia indica discipulado. La demostración del discipulado es la obediencia. No somos discípulos de Jesús por aprender sobre Él, sino por seguirle a Él y obedecerle. A veces parece que Dios ha tenido a algunos preferidos, sin embargo, lo que Dios ha tenido es a algunos obedientes (Ex. 19:5). La obediencia es sujeción. No hicieron lo que a ellos les pareció mejor, no dijeron: “¿por qué llevarle asnos? ¡vamos a llevarle caballos!” Caín trajo lo mejor de la tierra que él había cosechado, él trajo como ofrenda lo que él quiso, no lo que Dios pedía. Saúl cometió el mismo error (1 Sm. 15:13-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:7

Comentario general

21.6-7 La obediencia trae paz. Para que el Rey entrara pacíficamente en Jerusalén se necesitaba que los discípulos le obedecieran. Sin obediencia tendremos en Jesús al Juez y no al Rey de Paz. Si queremos que Jesús sea nuestro Rey de paz, esto es, que venga en paz, entonces necesitamos hacer todo lo que Él nos mande. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando –dijo (Jn. 15:14). Hay excelentes ejemplos de obediencia: Noé: hizo conforme a todo lo que Dios le mandó (Gen. 6:22). Abraham: se fue, como Dios le había dicho (Gen. 12:4). Moisés e Israel: vio toda la obra y he aquí que la habían hecho como Dios había mandado (Ex. 39:43). Hizo conforme a todo lo que Dios le había mandado (Ex. 40:16). Aunque también hay advertencias de desobediencia: Me pesa haber puesto a Saúl por rey, porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis palabras (1 Sm. 15:11). La obediencia indica discipulado. La demostración del discipulado es la obediencia. No somos discípulos de Jesús por aprender sobre Él, sino por seguirle a Él y obedecerle. A veces parece que Dios ha tenido a algunos preferidos, sin embargo, lo que Dios ha tenido es a algunos obedientes (Ex. 19:5). La obediencia es sujeción. No hicieron lo que a ellos les pareció mejor, no dijeron: “¿por qué llevarle asnos? ¡vamos a llevarle caballos!” Caín trajo lo mejor de la tierra que él había cosechado, él trajo como ofrenda lo que él quiso, no lo que Dios pedía. Saúl cometió el mismo error (1 Sm. 15:13-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:8

Comentario general

21.8 En el original dice literalmente y la mayoría del gentío; así que en este pasaje bien podemos ver cuál es la actitud de las multitudes y cuál es la conducta de la mayoría en asuntos de religión. El gentío, que era muy numeroso, había cerca de tres millones de personas en Jerusalén, tendía sus mantos en el camino. La religión de la mayoría generalmente es la euforia ciega que lo mismo grita ¡Hosanna! que ¡crucifícale! Es como las ventas en los supermercados en donde la gente se aglutina y compra por la presión psicológica de la mayoría. Mucha gente mantiene una religión que ni entiende ni le ha dado paz, sólo por ser de la mayoría. Sacrificar la voluntad propia por ser parte de las masas es un suicidio intelectual. Frecuentemente la mayoría no tiene la razón. Juntar a los ciegos no produce luz. Algunos creen lo que creen “porque es la religión de sus padres”; otros, por ser la religión mayoritaria. Pero no importa si la religión es de la mayoría o de la minoría, lo que importa es que sea de Cristo. La relación con Cristo no se establece por votación, no es un asunto de democracia. La relación con Cristo se establece por una fe viva y personal en Él. La Biblia dice que la mayoría de la gente tendió sus mantos por el camino, como quien pone alfombra al rey; y otros cortaron ramas de árboles para hacer lo mismo. Esta era la forma tradicional con la que festejaban los judíos la fiesta de los tabernáculos (Lev. 23:40). Esto implica que la gente estaba muy alegre y que su intención era hacerle casa al Rey, esto es, recibirle en Jerusalén como su casa llenos de alegría. Pero había un problema, el Rey no venía a entronizarse en Jerusalén, sino a morir. No era la fiesta de los tabernáculos lo que estaba cumpliendo con su entrada sino la fiesta de la Pascua. La gran tragedia de la multitud judía fue no ser capaces de percibir el momento histórico que les tocó vivir, no supieron distinguir los tiempos.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:9

Comentario general

21.9 La actitud del séquito. Mucha gente acompañó al Maestro desde las afueras de Jerusalén, incluso desde Betania y Jericó. Eran un gran séquito que creía ver en Cristo la esperanza de su revolución, por eso gritaban: ¡Hosanna al Hijo de David! “Hosanna” significa ¡salve! Y el título “Hijo de David” es la referencia a su derecho real y mesiánico. Era el ruego de un pueblo oprimido dirigido a su Rey para que les diera libertad (Sal. 118:25-26). Por un lado estaban reconociendo en Jesús al Mesías, desafortunadamente, por otro lado estaban buscando un libertador militar. Es un problema acercarse a Dios con ideas preconcebidas; querer hallarle según a uno le parece es una necedad, es como querer encender el foco con un cerillo. Debemos acercarnos a Cristo para saber qué debemos creer. Hay una diferencia entre ver a Jesús como mi Mesías y como El Mesías. La manera en la que vemos a Jesús es muy importante, de ello depende nuestra eternidad. El séquito tenía razón al decir “Hijo de David”, porque efectivamente Jesús es el Mesías, el Cristo, descendiente del rey David, el Rey de Israel. Y tenían razón al gritar ¡Hosanna!, porque Él es el Salvador y el único que puede salvar. El problema era su concepción del cómo iba a salvarles y de qué iba a salvarles. No estaban pensando en el perdón de sus pecados, sino en quitarse el yugo de los romanos. Como los que reconocen en Jesús al Cristo y al Salvador pero le añaden mil caminos a su salvación. Pero el mensaje sigue siendo el mismo: “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”: “porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe”; “hay un solo Dios y un solo Mediador, Jesucristo Hombre”; “Él es la Puerta, el que por Él entrare será salvo… el que no entra por la puerta es ladrón y salteador…” La segunda parte en la alabanza de la gente era: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!, gr. en logeménus o erjemenos en onomati kurios, lit. Bendito el que viene en nombre de Señor. Porque Jesús no sólo vino en el nombre del Señor, sino que también vino en el Nombre de Señor. ¡Jesús es el Señor! La gente gritaba esta alabanza citando el Salmo 118:24-26. La promesa era que vendría el Cristo en el nombre de Yahwéh y la esperanza era tal que no solo esperaban que alguno viniese representando a Yahwéh, sino que Dios mismo vendría a Jerusalén; de manera que los judíos estuvieron a solo un paso de reconocer la divinidad de Jesucristo. ¡Cuánta gente se ha perdido porque fue casi salva! “Por poco me persuades a ser cristiano” –le dijo Agripa a Pablo (Hch. 26:28). El “casi” puede marcar la diferencia entre el cielo y el infierno eternamente. En tercer lugar, decían: ¡Hosanna en las alturas!, literalmente es sálvanos en los lugares más altos; es una forma de dirigir el ruego de salvación a los cielos, pero a partir de la costumbre de levantar altares en los montes. De manera que ya sea consciente o inconscientemente, el pueblo judío estaba reconociendo que Jesús es el Cristo, el Mesías Salvador y que venía desde el cielo a salvarles. Jesús mismo dijo en repetidas ocasiones que Él descendió del cielo (Jn. 3:12; 6:41,51,58); así que los cristianos no estamos siguiendo a un iluminado terrenal, sino a la luz misma de Dios, a Cristo. Cristo no es un hombre elevado como intentan decir los gnósticos y las doctrinas orientales, Cristo es el mismo Dios que descendió hasta nosotros para salvarnos. ¡Aleluya!

— Roberto Tinoco

Mateo 21:10

Comentario general

21.10-11 La actitud de la ciudad fue conmoverse. Esta palabra, conmover, se traduce mejor como estremecer. Toda la ciudad se estremeció. El término griego, de donde proviene nuestra palabra “sismos”, se utiliza en relación a los terremotos, de esta manera el evangelista Mateo nos está diciendo que la entrada de Jesús en Jerusalén fue un acontecimiento dramático que provocó gran conmoción en toda la ciudad. Donde llega Cristo siempre es como un terremoto, los cimientos de nuestra vida son sacudidos, las cadenas del pecado son rotas y toda basura del alma es echada fuera. Una vez que se conoce a Cristo la vida nunca más vuelve a ser la misma. Recibir a Cristo es como un terremoto de nueva vida. Por eso la ciudad entera dijo: “¿quién es éste?” ¿Quién es éste que sana los enfermos? ¿Quién es éste que promete vida eterna? ¿Quién es éste que perdona los pecados? ¿Quién es éste que resucita a los muertos? ¿Quién es éste…? ¡Este rabí que entra montado en un pollino es Jesús, el Rey y Salvador del mundo. Es el Cristo, el Hijo de Dios; es Dios mismo en forma de Hombre sobre una de sus criaturas. Y la gente misma decía con verdad: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. Es Jesús, significa Yahwéh Salvador. Es el profeta, el que Dios le prometió a Moisés que enviaría. Es de Nazaret por cuanto allí nació en carne como un Hombre (completamente humano). Y es de Galilea; por cuanto vino de la tierra despreciada a salvar a los despreciados.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:11

Comentario general

21.10-11 La actitud de la ciudad fue conmoverse. Esta palabra, conmover, se traduce mejor como estremecer. Toda la ciudad se estremeció. El término griego, de donde proviene nuestra palabra “sismos”, se utiliza en relación a los terremotos, de esta manera el evangelista Mateo nos está diciendo que la entrada de Jesús en Jerusalén fue un acontecimiento dramático que provocó gran conmoción en toda la ciudad. Donde llega Cristo siempre es como un terremoto, los cimientos de nuestra vida son sacudidos, las cadenas del pecado son rotas y toda basura del alma es echada fuera. Una vez que se conoce a Cristo la vida nunca más vuelve a ser la misma. Recibir a Cristo es como un terremoto de nueva vida. Por eso la ciudad entera dijo: “¿quién es éste?” ¿Quién es éste que sana los enfermos? ¿Quién es éste que promete vida eterna? ¿Quién es éste que perdona los pecados? ¿Quién es éste que resucita a los muertos? ¿Quién es éste…? ¡Este rabí que entra montado en un pollino es Jesús, el Rey y Salvador del mundo. Es el Cristo, el Hijo de Dios; es Dios mismo en forma de Hombre sobre una de sus criaturas. Y la gente misma decía con verdad: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. Es Jesús, significa Yahwéh Salvador. Es el profeta, el que Dios le prometió a Moisés que enviaría. Es de Nazaret por cuanto allí nació en carne como un Hombre (completamente humano). Y es de Galilea; por cuanto vino de la tierra despreciada a salvar a los despreciados.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:12

Comentario general

21.12 Si sales de la ciudad en la que vives y luego regresas a ella, ¿a qué lugar te diriges primeramente? ¡A la casa propia! Eso fue lo mismo que hizo el Señor Jesucristo, había estado fuera mucho tiempo de su casa y con Él fuera de ella, ¡qué terrible uso le habían dado! Pero ahora el Maestro venía a su casa. Él no entró en Jerusalén para dirigirse al palacio de Pilato, ni a la casa de algún grande humano; Él venía a su propia casa y en qué mal estado la encontró. ¿No es así también la vida del hombre sin Cristo? (Ap. 3:20). Cuando el Señor llegó al templo encontró en el Atrio de los gentiles un tremendo comercio de los judíos. La venta no estaba en el Lugar Santo y menos en el Santísimo (gr. naós), sino en el Atrio, en el patio conocido como el hierón. Allí encontró a los que vendían y compraban, no eran puestos de fritangas ni suvenires, sino de animales para los sacrificios. Este mercado se le conocía como “los bazares de los hijos de Anás”. Anás fue el sumo sacerdote anterior, ahora su yerno Caifás era el sumo sacerdote. Mira el negocio corrupto que tenían: Los que venían a ofrecer sacrificios y traían animales de fuera del templo con frecuencia eran rechazados, pues los animales debían ser “sin defecto”, así que con tal de vendérselos dentro era fácil hallarles algún defecto. Por supuesto, los animales que vendían dentro del templo tenían un precio muchísimo más elevado. Además, había un impuesto que se tenía que pagar en el templo; y así como todas las compras, debían hacerse en la moneda de uso corriente en Jerusalén, monedas que no solían traer consigo quienes venían de otras naciones, se tenían mesas para cambiar las monedas griegas y romanas en hebreas. Esto no hubiera sido tanto problema de no ser que por cada transacción cobraban el 15% del valor cambiado. Siendo ese lugar el Atrio de los gentiles, el lugar a donde podían entrar a orar todos aquellos que no eran judíos, ya que no se les permitía ir más allá, ¿quién podía orar en ese lugar? ¿Quién puede concentrarse en el Señor, meditar y orar en medio del mercado? Por eso el Señor vino a su casa y los echó de ella, esto es, a aquellos que no venían a orar, sino a hacer negocio. Para esto, el Señor Jesucristo no actuó con ira, sino con autoridad. Dios no obra en la ira del hombre. Aún sus opositores entendieron que el Señor no actuó impulsado por el enojo, sino por la autoridad, pues después de esto le preguntaron: “¿con qué autoridad haces estas cosas?” (vr.23). El templo de Jerusalén era la sombra de la verdadera casa de Dios. Según Hebreos 3:5-6, la Casa de Dios es la iglesia, nosotros los creyentes. La casa en donde Moisés fue fiel siervo era el tabernáculo. La casa de Cristo es la iglesia: “la cual casa somos nosotros”. La de Moisés era una sombra, una figura, un ejemplo (Heb.8:5). La iglesia es el verdadero templo. Mientras Jesús estuvo condicionado a su cuerpo de carne, Él entró en el templo de Jerusalén; pero ahora que ha sido glorificado ha entrado por el Espíritu en el verdadero templo que es la iglesia (Ef. 2:20-22; 1 Tim. 3:15). La iglesia es ahora la habitación de Dios (1 Cor. 3:16; Ez. 36:27; Juan 14:17; 2 Tim. 1:14; Ap. 21:1-2 el destino final de la iglesia es ser la ciudad de Dios).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:13

Comentario general

21.13-14 Cuando una maquinaria deja de funcionar hay que repararla; para esto, suele desarmarse primero y limpiarla. Así también Dios limpia su Casa para reactivarle su unción. Suele verse este pasaje desde la perspectiva de un Dios enojado; pero debe entenderse que la ira no fue únicamente por el templo físico, pues finalmente va a abandonar el templo y condenarle a su destrucción (no quedará piedra sobre piedra); en realidad, Jesús está molesto porque la Casa lleva cientos de años sin bendecir a nadie, así que va a reactivar la unción de sanidad y milagros en su casa limpiándola. Hay necesitados en su Casa: ciego y cojos (vr. 14). El templo de Jerusalén estaba lleno de actividad, pero la gente seguía igual. Sin visión y sin poder andar en el camino del Señor. Había muchas ceremonias, pero no había adoración. Tenían mucha sangre, pero no transformación. Estaban ocupados, pero no convertidos. Como trabajadores de hospital que no atienden a nadie por estar enfermos ellos mismos. El milagro en su casa es que el Señor sanó a dichos enfermos. Lo primero que sucede después de la limpieza de la Casa de Dios fue la sanidad de los enfermos que había en la Casa de Dios. Limpia tu casa, tu trabajo, tu vida. No digo que estés enfermo por estar en pecado, pero podría darse el caso que no esté fluyendo la unción de sanidad por haber perdido el rumbo. Un bloqueo en la tubería puede estorbar la abundancia del suministro. ¿Qué hizo Jesús para que volviera el suministro de sanidad? Dejó en claro varias cosas: Primero, los planos de la Casa: escrito está. Vuelve a la Palabra de Dios y volverás al plan original. ¿Quieres salud sin la Palabra de Dios? No se puede. Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina (Sal. 107:20). Si usas la maquina diferente al diseño del creador, se dañará. Vuelve al diseño original y se arreglará. En segundo lugar, considera al Dueño de la Casa: mi Casa –dijo Jesús. Los saduceos creían que era suya y se quedaban con toda la riqueza que producía. Los fariseos creían que era suya y se jactaban de su supuesta santidad. Los escribas creían que era suya y ahí dictaban su cátedra. Los herodianos creían que era suya porque la había hecho Herodes. Pero Jesús deja en claro que la Casa es suya. Como el día en el que le cobraron el impuesto del templo y que dijo a Pedro: ¿qué te parece? ¿Quiénes pagan los impuestos del templo, los hijos o los extranjeros? (Mat. 17:24-27). Si quieres sanidad: ama la iglesia por ser del Señor. En tercer lugar, el propósito de la Casa: casa de oración. Si vienes a hablar con Dios no te vas a ir igual; pero si vienes de espectador, lo más probable –salvo la misericordia de Dios que desee algo diferente- saldrás con la vista de un buen espectáculo y nada más. Si estando enfermo vas al hospital sólo a ver, por morbo o espectáculo, no sanarás. Probablemente hasta te contagiarás de otra enfermedad. En cuarto lugar, el destino de la Casa: será llamada. Dios desea que su iglesia trascienda, que sea gloriosa. No es gloriosa si sus miembros están llenos de problemas y no cambian su vivir. La buena fama de la iglesia debe extenderse y para esto se requiere que los hijos de Dios reciban sanidad y sean gloriosos. Victimizarse no funciona y tampoco funciona glorificar a Dios siendo vergonzoso. Pero glorificar a Dios siendo glorioso sí funciona. En quinto lugar, el error de la Casa: vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Los saduceos, fariseos, escribas y herodianos actuales somos nosotros. Probablemente tu pensaste en alguien más, pero debes saber que tu eres la iglesia, la casa de Dios y que por tanto, la Casa de Dios es lo que tu eres. ¿Ves un libro de medicina y te miras al espejo; pero lees un manual de psicología y los demás son los locos? Así eludimos a la conciencia. Si quieres sanidad, deja de usar tu cuerpo y tu vida para ti. Eres la Casa de Dios, úsala para Dios, no seas ladrón. En sexto lugar, el atractivo de la Casa: y vinieron a Él en el templo. Los que fueron sanados, fueron sanados porque vinieron a Cristo en su Casa. Sé parte de la iglesia, pero ven a Cristo. No todos los que fueron ese día al templo fueron a Cristo, pero todos los que vinieron a Él fueron sanados. El atractivo de la Casa de Dios es Dios. Ven a la iglesia a encontrarte con Cristo. Si vienes a una cita con el Médico, no te vayas después de hablar con el encargado de limpieza. Ven a Cristo y recibe sanidad.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:14

Comentario general

21.13-14 Cuando una maquinaria deja de funcionar hay que repararla; para esto, suele desarmarse primero y limpiarla. Así también Dios limpia su Casa para reactivarle su unción. Suele verse este pasaje desde la perspectiva de un Dios enojado; pero debe entenderse que la ira no fue únicamente por el templo físico, pues finalmente va a abandonar el templo y condenarle a su destrucción (no quedará piedra sobre piedra); en realidad, Jesús está molesto porque la Casa lleva cientos de años sin bendecir a nadie, así que va a reactivar la unción de sanidad y milagros en su casa limpiándola. Hay necesitados en su Casa: ciego y cojos (vr. 14). El templo de Jerusalén estaba lleno de actividad, pero la gente seguía igual. Sin visión y sin poder andar en el camino del Señor. Había muchas ceremonias, pero no había adoración. Tenían mucha sangre, pero no transformación. Estaban ocupados, pero no convertidos. Como trabajadores de hospital que no atienden a nadie por estar enfermos ellos mismos. El milagro en su casa es que el Señor sanó a dichos enfermos. Lo primero que sucede después de la limpieza de la Casa de Dios fue la sanidad de los enfermos que había en la Casa de Dios. Limpia tu casa, tu trabajo, tu vida. No digo que estés enfermo por estar en pecado, pero podría darse el caso que no esté fluyendo la unción de sanidad por haber perdido el rumbo. Un bloqueo en la tubería puede estorbar la abundancia del suministro. ¿Qué hizo Jesús para que volviera el suministro de sanidad? Dejó en claro varias cosas: Primero, los planos de la Casa: escrito está. Vuelve a la Palabra de Dios y volverás al plan original. ¿Quieres salud sin la Palabra de Dios? No se puede. Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina (Sal. 107:20). Si usas la maquina diferente al diseño del creador, se dañará. Vuelve al diseño original y se arreglará. En segundo lugar, considera al Dueño de la Casa: mi Casa –dijo Jesús. Los saduceos creían que era suya y se quedaban con toda la riqueza que producía. Los fariseos creían que era suya y se jactaban de su supuesta santidad. Los escribas creían que era suya y ahí dictaban su cátedra. Los herodianos creían que era suya porque la había hecho Herodes. Pero Jesús deja en claro que la Casa es suya. Como el día en el que le cobraron el impuesto del templo y que dijo a Pedro: ¿qué te parece? ¿Quiénes pagan los impuestos del templo, los hijos o los extranjeros? (Mat. 17:24-27). Si quieres sanidad: ama la iglesia por ser del Señor. En tercer lugar, el propósito de la Casa: casa de oración. Si vienes a hablar con Dios no te vas a ir igual; pero si vienes de espectador, lo más probable –salvo la misericordia de Dios que desee algo diferente- saldrás con la vista de un buen espectáculo y nada más. Si estando enfermo vas al hospital sólo a ver, por morbo o espectáculo, no sanarás. Probablemente hasta te contagiarás de otra enfermedad. En cuarto lugar, el destino de la Casa: será llamada. Dios desea que su iglesia trascienda, que sea gloriosa. No es gloriosa si sus miembros están llenos de problemas y no cambian su vivir. La buena fama de la iglesia debe extenderse y para esto se requiere que los hijos de Dios reciban sanidad y sean gloriosos. Victimizarse no funciona y tampoco funciona glorificar a Dios siendo vergonzoso. Pero glorificar a Dios siendo glorioso sí funciona. En quinto lugar, el error de la Casa: vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Los saduceos, fariseos, escribas y herodianos actuales somos nosotros. Probablemente tu pensaste en alguien más, pero debes saber que tu eres la iglesia, la casa de Dios y que por tanto, la Casa de Dios es lo que tu eres. ¿Ves un libro de medicina y te miras al espejo; pero lees un manual de psicología y los demás son los locos? Así eludimos a la conciencia. Si quieres sanidad, deja de usar tu cuerpo y tu vida para ti. Eres la Casa de Dios, úsala para Dios, no seas ladrón. En sexto lugar, el atractivo de la Casa: y vinieron a Él en el templo. Los que fueron sanados, fueron sanados porque vinieron a Cristo en su Casa. Sé parte de la iglesia, pero ven a Cristo. No todos los que fueron ese día al templo fueron a Cristo, pero todos los que vinieron a Él fueron sanados. El atractivo de la Casa de Dios es Dios. Ven a la iglesia a encontrarte con Cristo. Si vienes a una cita con el Médico, no te vayas después de hablar con el encargado de limpieza. Ven a Cristo y recibe sanidad.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:15

Comentario general

21.15 Hay personas cuyos sentidos son muy sensibles. Ante un ruido fuerte sienten que los oídos están por estallar; o bien, sus ojos no soportan la luz. Tal es el caso que trataremos hoy, así como la luz puede dejar ciegos a aquellos a los que llegar súbitamente, de improviso. Los cuales, por no estar habituados a la luminosidad pueden lastimarse la vista; mientras que la misma luz, con su misma intensidad, es eficaz para atraer a otros que al venir acercándose poco a poco, desde lejos, se acostumbran a la misma y les es de bendición. Esto es lo que vemos en estos versículos: Cristo, la luz de Dios vino al mundo dejando ciegos a los religiosos que lo confrontaron, pero alumbrando a aquellos que lo buscaron sinceramente. Los religiosos miraron sin ver y oyeron sin escuchar. Sus sentidos eran demasiado sensibles, por lo que fueron lastimados. Considera la condición de la religiosidad, desea ser principal. Más adelante el Señor Jesucristo habría de acusarles de amar los primeros asientos en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas (Mat. 23:6). Frecuentemente el religioso, negativamente hablando, sufre el “síndrome del querubín”; esto es, la ambición por el trono que trajo la caída del diablo. El corazón de diablo busca ser un principal y anhela reconocimientos. Pero el corazón conforme a Dios es humilde y mantiene como única ambición el que el Nombre del Señor sea glorificado. ¡En el cielo, en la tierra y debajo de la tierra no hay más principal que el Señor Jesucristo! El anciano apóstol Juan se quejaría años después de un supuesto pastor que le impedía entrar a una iglesia porque “le gustaba tener el primer lugar entre ellos”; ese varón era Diótrefes (3 Juan 9). Diótrefes significa “sustentado por Júpiter; educado por Zeus”; ciertamente aquel que ambiciona el primer lugar puede ser muy educado, pero no por Dios, sino por el enemigo. Un religioso, en sentido negativo, cree ser un sacerdote. Un sacerdote es uno que ministra a Dios e intercede ante Él; pero éstos hombres se creían una casta especial aparte del pueblo. A partir de Cristo, todos los creyentes somos constituidos en un reino de sacerdotes (Ap. 1:6) y sacerdocio santo (1 P. 2:5). El Nuevo Testamento no conoce nada de una clase sacerdotal en contraste a los laicos; todos los creyentes debemos ofrecer a Dios los mismos sacrificios espirituales y estamos en igual de circunstancias para acudir directamente a Él. Pero en el manejo de las masas, aquellos que gustan de enseñorearse de la gente y de tener el principal lugar entre ellos se llaman a sí mismos sacerdotes como una clase aparte del pueblo. Los creyentes sinceros no podemos constituirnos en una jerarquía eclesiástica, pues no queremos tener por cabeza a un hombre, sino a Jesucristo, como lo afirma su Palabra: Cristo es la cabeza de todo principado y potestad. La religiosidad exclusiva la verdad. El texto nos dice que parte de los opositores del Señor eran los escribas. Ellos eran los que se sentaban en la cátedra de Moisés, esto es, los que discernían y enseñaban la Ley de Moisés y las Escrituras. Eran los teólogos de su época. Su problema era la incongruencia que tenían entre lo que hablaban y lo que hacían. Y a pesar de todo su conocimiento no distinguían al Mesías a causa de la maldad y envidia de su corazón. Esta es una advertencia para todo estudiante bíblico, pero en especial para aquellos que hemos sido llamados a la exposición de la Palabra. Aprende, pero santifícate. Conoce, pero vive lo que conoces. Más que el árbol de la ciencia del bien y del mal, nuestro anhelo debe ser el árbol de la vida. ¿De qué sirve saber mucho de Dios si no le disfrutamos? Si nos aprendemos el menú de memoria, pero nunca comemos, ¿de qué aprovecha? Un religioso se caracteriza porque intenta ser la exclusiva de la verdad. Cabezas infladas y corazones vacíos son muerte. La religiosidad tiene ojos sensibles, pero para mal: Viendo las maravillas que Jesús hacía. Miraban los milagros y las sanidades, pero estaban ciegos para no ver a Cristo. Es tiempo de que el mundo vea, no lo que decimos, sino lo que Dios ha hecho. La evidencia contundente e irrefutable del cristianismo es la transformación de millones de vidas. No me discutas sobre doctrinas y tradiciones, mira lo que Cristo hace todos los días. Viciosos libertados, familias integradas, pecadores santificados, milagros diarios que el Señor, ¿me vas a decir que aún así prefieres tu religión? Esto fue lo mismo que hicieron lo “buenos religiosos” del tiempo de Jesús. Su tradición muerta de siglos era más importante para ellos que la vida nueva de Cristo. ¿O intentarás mezclar lo viejo con lo nuevo? Los odres viejos no pueden contener el vino nuevo. Jesús “hacía maravillas” dice el texto, pero la evidencia contemporánea dice que Jesús sigue haciendo maravillas. Los religiosos se indignaron con las maravillas que Jesús hacía, ¿no es esto una locura? Otra característica de la religiosidad es indignarse cuando es confrontado con la verdad. Si un hombre es librado por otro de caer en el hoyo ¿no le dará las gracias? Entonces, ¿por qué indignarse sintiéndose ofendido? Los religiosos que se indignaron cerraron su corazón. Si alguno no está de acuerdo, puede tomar lo que le parezca bueno, pero cerrar su corazón lo deja desamparado hasta la condenación. Ve cuán diferente es la actitud de los que buscan al Señor sinceramente, el versículo 14 dice que vinieron a Él en el templo ciegos y cojos y los sanó; allí, en medio de mesas volcadas, monedas en el suelo y opositores enardecidos los necesitados se encontraron en el Señor y fueron atendidos por Él. El corazón necesitado no se entiende en polémicas, mi alma tiene sed de ti oh Dios, del Dios vivo, no de otra cosa. La religiosidad tiene oídos sensibles para el mal; pues oyendo a los muchachos se enojaron aún más. Lo que les faltaba –pensaron. Tanto tiempo estudiando para que un montón de niños los desplazara. Pero Dios no da más Espíritu con los años. ¡Gocémonos cuando veamos al recién convertido alzar sus manos! ¡Alegrémonos cuando los que tienen menos tiempo en el Señor no sólo nos alcanzan, sino que nos están rebasando! ¡Aleluya! ¡Esta vida es poderosa! ¿Sabe una cosa? En el corazón de Dios ninguno tiene más tiempo que otro, estamos en Él desde antes de la fundación del mundo, su propósito es eterno. Oyendo las aclamaciones en el templo, se indignaron. Se ofendían de que dieran alabanzas a Cristo y peor aún ¡en el templo! Los religiosos cuidan mucho el orden, pero no se escandalizaban de su mercado, ¡qué ironía! Hay gente que se enoja porque se gritan alabanzas al Señor en la congregación. Alguien dijo: ”Yo nunca he visto en la Biblia que Cristo hiciera tanto escándalo” - tiene razón, pero también, aquellos que fueron tocados por El sí lo hicieron. ¿No entró el paralítico sanado saltando en el templo y gritando? Las alabanzas a Cristo eran ¡Hosanna al Hijo de David! En palabras anteriores vimos que significan ¡Sálvanos Rey! Que se enoje quien se enoje, ¿cómo vamos a dejar de clamar ¡sálvanos Rey?

— Roberto Tinoco

Mateo 21:16

Comentario general

21.16-17 La religiosidad tiene la boca sensible para el mal. Estuvieron prontos a reclamar. Los religiosos normalmente son tardos para tributar a Dios alabanza sincera, pero son prontos para reclamar todo lo que les molesta. Detrás de cada reclamo sobre asuntos de iglesia se percibe un religioso que ha perdido vida. La religiosidad se caracteriza por su celo, pero los hijos de Dios por la vida. Estaban prontos a ofenderse: ¿Oyes lo que éstos dicen? Como diciendo: “¿pues que estás sordo, que no oyes?” y en tono despectivo: “lo que éstos”, no lo que los muchachos o los niños. Quien pierde la vida teniendo solo religión, se cree espiritual y para él los demás son carnales. Pero la verdad es que un espiritual es como el Espíritu de Dios, misericordioso y paciente para con las debilidades de otros. La religiosidad tiene cabeza dura para su propio mal. Tenían ojos, oídos y boca sensible para el mal, y así también su cabeza dura, por lo que Jesús les dijo: ¿nunca leísteis? Como diciendo: “¿que si los oigo? ¡Me gozo en el cumplimiento de las Escrituras!” Ese “¿nunca leísteis?” es también un: con todos sus estudios y no se han dado cuenta. ¿Por qué todas las religiones que se dicen cristianas usan la Biblia y son tan diferentes? Porque la mayoría son religiosos que a causa de su dureza no entienden las Escrituras. Por otro lado, la alabanza no puede ser perfecta mientras no sea ofrecida a Dios con la sencillez y sinceridad de un niño. Las poses no impresionan a Dios. El corazón es lo que lo toca. Pero también, las alabanzas no son perfeccionadas en tanto que no haya niños en ellas. Alabar a Dios no es exclusivo de los adultos, sino de todas las criaturas. Nota cómo los muchachos alababan a Cristo con las mismas alabanzas que le dieran los adultos en su entrada triunfal el día anterior (vrs.16 al 19). Los hijos aprenden de los padres más que de sermones. Que nos vean alabar a Dios para que sean movidos a alabarle. Por todo esto, el Señor se retiró del Templo de Jerusalén. Prefirió la tranquilidad de sus amigos Lázaro, María y Marta en Betania que la pompa religiosa judía en la gran ciudad de Jerusalén. Esta es un advertencia: Cuidemos a no ir a sacar al Señor de nuestra vida con la religiosidad. Recordemos que Apocalipsis 3:20 está dirigido a la iglesia (Laodicea).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:17

Comentario general

21.16-17 La religiosidad tiene la boca sensible para el mal. Estuvieron prontos a reclamar. Los religiosos normalmente son tardos para tributar a Dios alabanza sincera, pero son prontos para reclamar todo lo que les molesta. Detrás de cada reclamo sobre asuntos de iglesia se percibe un religioso que ha perdido vida. La religiosidad se caracteriza por su celo, pero los hijos de Dios por la vida. Estaban prontos a ofenderse: ¿Oyes lo que éstos dicen? Como diciendo: “¿pues que estás sordo, que no oyes?” y en tono despectivo: “lo que éstos”, no lo que los muchachos o los niños. Quien pierde la vida teniendo solo religión, se cree espiritual y para él los demás son carnales. Pero la verdad es que un espiritual es como el Espíritu de Dios, misericordioso y paciente para con las debilidades de otros. La religiosidad tiene cabeza dura para su propio mal. Tenían ojos, oídos y boca sensible para el mal, y así también su cabeza dura, por lo que Jesús les dijo: ¿nunca leísteis? Como diciendo: “¿que si los oigo? ¡Me gozo en el cumplimiento de las Escrituras!” Ese “¿nunca leísteis?” es también un: con todos sus estudios y no se han dado cuenta. ¿Por qué todas las religiones que se dicen cristianas usan la Biblia y son tan diferentes? Porque la mayoría son religiosos que a causa de su dureza no entienden las Escrituras. Por otro lado, la alabanza no puede ser perfecta mientras no sea ofrecida a Dios con la sencillez y sinceridad de un niño. Las poses no impresionan a Dios. El corazón es lo que lo toca. Pero también, las alabanzas no son perfeccionadas en tanto que no haya niños en ellas. Alabar a Dios no es exclusivo de los adultos, sino de todas las criaturas. Nota cómo los muchachos alababan a Cristo con las mismas alabanzas que le dieran los adultos en su entrada triunfal el día anterior (vrs.16 al 19). Los hijos aprenden de los padres más que de sermones. Que nos vean alabar a Dios para que sean movidos a alabarle. Por todo esto, el Señor se retiró del Templo de Jerusalén. Prefirió la tranquilidad de sus amigos Lázaro, María y Marta en Betania que la pompa religiosa judía en la gran ciudad de Jerusalén. Esta es un advertencia: Cuidemos a no ir a sacar al Señor de nuestra vida con la religiosidad. Recordemos que Apocalipsis 3:20 está dirigido a la iglesia (Laodicea).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:18

Comentario general

21.18-19 Esta porción de la Palabra el Señor es muy diferente en personalidad y carácter al resto de la Escritura. Sin embargo, como veremos a continuación, Él no se ensañó caprichosamente con una planta, sino ejemplificó dramáticamente el rechazo al pueblo de Israel a causa de su incredulidad e hipocresía. Tal es el caso conocido como “la higuera estéril”; acerca de la cual vemos que la higuera es un símbolo bíblico de Israel. En el pasado, cuando Dios anunció juicio a la nación de Israel usó la metáfora de la higuera: Los cortaré del todo, dice Yahwéh. No quedarán… higos en la higuera, y se caerá la hoja (Jer.8:13). Una cesta tenía… higos muy malos, que de malos no se podían comer. Y también, he aquí yo envío contra ellos espada (Jer.24:2; 29:17). Como la fruta temprana de la higuera… hallé a Israel… su raíz está seca, no dará más fruto (Os.9:10,16). Pero además de ser símbolo de Israel, también simboliza su religión. Desde el principio, la religión ha sido ejemplificada con la higuera. Notemos, por ejemplo, que después de que Adán y Eva pecaran en el huerto del Edén conocieron que estaban desnudos, ¿y con qué se cubrieron? Cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales (Gen. 3:7). Lo mejor de la religión humana, la moral más alta que puede alcanzar el hombre en su prosperidad religiosa está simbolizada por las inútiles hojas de higuera. Acerca de esto vemos a hombres que se destacaron en la religión judía como Natanael, de quien Jesús dijo he aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. ¿Acaso Natanael era impecable? ¡Claro que no! No hay hombre que haga el bien y nunca peque. Pero en cuanto a la moral más alta que puede producir la religión, Natanael, como Pablo, (en cuanto a la ley irreprensible) era uno de ellos. Por eso dijo el Señor Jesús acerca de él: cuando estabas debajo de la higuera, te vi (Juan 1:47-48). Así que la higuera representa, no sólo a la nación de Israel sino a su religión también, el judaísmo y la más alta moral que el hombre puede conseguir por sí mismo. Una higuera cerca del camino. Algo común y cualquiera podía tomar de su fruto. Esa fue la realidad de Israel, siempre estuvo junto al camino, desafortunadamente no estuvo dentro de Él. Estuvo al alcance de los ídolos de las demás naciones. Así sucede a todo aquel que está cerca del camino del Señor, pero no dentro de Él. Hay personas que de tan cerca parecen cristianos, pero no lo son. Imitadores de formas, seguidores de costumbres, semejantes a los creyentes; pero al alcance de cualquier corriente doctrinal. Judas, el hermano del Señor, les llama nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados (Judas 12). Esta higuera fue vista por el Rey y tenía un compromiso para con Él. Como nación, Israel debía vivir a la vista de Dios o según sus parámetros (Heb. 4:13). Se cuidaron de los hombres, eran expertos de las apariencias, pero vacíos del corazón. Y como la higuera, la nación de Israel fue buscada por el rey: Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. El Rey Jesucristo después de haber pasado la noche en Betania en casa de Marta, María y Lázaro, regresó a la ciudad de Jerusalén, a pesar del rechazo de los judíos. Marcos dice que primero maldijo la higuera y luego entró al templo a purificarlo, ese es el orden cronológico correcto, pero Mateo invierte el orden relatando primero la purificación del templo y luego la maldición de la higuera. La intención de Mateo es la de presentar el amor del Rey Jesucristo por Israel al decir que volvió a la ciudad, a pesar de que lo rechazaron, porque Dios estuvo buscando a la nación judía vez tras vez con paciencia y misericordia. Así nos busca el Señor, es el Hijo cual Pastor que busca la oveja perdida, es el Espíritu cual mujer que busca la moneda perdida y es cual Padre espera al hijo pródigo. Pero el punto más importante aquí no sólo es que el Rey miraba escudriñando a Israel ni que le buscaba amorosamente, sino que el Rey anhelaba a Israel para satisfacerse (tuvo hambre). La satisfacción de Dios está en el fruto de su pueblo. Dios anhela que demos fruto porque esto satisface su corazón; Dios se complace en ser obedecido (1 Sam. 5:22). No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en los músculos del hombre. Yahwéh se complace en los que le temen y en los que esperan en su misericordia (Sal. 147:10-11). Dios es amor y el amor requiere de un objeto amado: ¡tú eres ese amado de Dios! Así como Adán estuvo insatisfecho hasta el momento en el que recibió a Eva, así también el amor divino está insatisfecho en tanto que el Cordero no reciba a su Esposa, la iglesia. Pero la higuera era estéril, la nación de Israel carecía de frutos para satisfacerle: vino a ella y no halló nada en ella. La higuera es un árbol generoso, ya que produce frutos dos veces al año (cuando es cultivada). Sus dos frutos son las brevas y los higos. La primera la da en las ramas viejas al principio del año madurándose en abril, pero no son comestibles. La segunda cosecha, la de higos, la que sí es comestible es hasta junio. Entonces, si no es posible que hubiese frutos comestibles en abril, ¿por qué se enojó el Señor? La razón es, que la higuera ya abundaba en hojas, lo cual es un claro indicio para un conocedor de que ese año no iba a haber cosecha. Esto significa que la esterilidad es presagio del desastre. Un creyente o una iglesia sin fruto es la próxima a desaparecer. El fruto es la vida de Dios y quien no refleja a Dios está por ser cortado. Como dijo el profeta: Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Y en otra parte: La tierra… que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:7-8). El llamado de Dios a su iglesia es recuerda por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete. Y has las primeras obras; pues si no, vendré contra ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepientes (Ap. 2:5). La nación, como la higuera, era sólo apariencia. Estaba llena de hojas pero no tenía fruto, es de esperarse que si una higuera da primero fruto y después hojas ya abundase en fruto, pero no era así. En aquel entonces la nación de Israel exhibía muchas cosas exteriormente, pero no tenía fruto. En ella no había realidad, no había nada que satisficiera a Dios. La higuera aparentaba tener mucho fruto. Estaba la forma del amor sin el amor y la apariencia de religión sin Presencia de Dios. A los ojos del Señor un grupo de personas o un hombre que aparentan ser la iglesia de Dios es muy ofensivo. Yo conozco tus obras -dice el Señor -que tienes nombre de que vives pero estás muerto (Ap. 3:1). Si la iglesia no refleja la vida del Señor está muerta. Si la iglesia cuida más la apariencia que la genuina santidad, está muerta. Si la iglesia procura más el acomodarse al mundo y a los placeres antes que deleitarse en el Señor, está muerta. La ruina de la higuera por su falta de fruto sucedió cuando vino la Palabra de Dios contra ella. La ruina de Israel fue su hipocresía, esto trajo como resultado que ahora la Palabra de Dios fuese no para su bien, sino para su mal. Jesús maldijo la higuera. Israel se secó. La misma Palabra que produce vida y que hizo los cielos y la tierra es también poderosa para destruir y traer muerte. Cuando Dios mandó a Jeremías en el pasado a profetizar contra Israel: mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar (Jer. 1:10). Si hoy escuchamos su voz que dice venid luego y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana entonces, dice el Señor si quisierais y oyereis, comeréis el bien de la tierra pero si no le escuchaos, si no quisiereis y fueres rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho (Is. 1:18-20). La Palabra que hoy es vida, mañana será condenación. Entonces el juicio contra la esterilidad es la eterna esterilidad: Nunca jamás nazca de ti fruto. Sólo Dios puede producir fruto, sólo él puede mandar fructificad y multiplicaos; pero también, ante el corazón hipócrita y endurecido, Él también es poderoso para cerrar la fuente de todo fruto. Cuando Esaú intentó cambiar su actitud de indiferencia hacia Dios fue demasiado tarde (Heb. 12:16-17). Y luego se secó la higuera. El evangelista Marcos añade: desde las raíces (Mr. 11:20). Este fue el fin de Israel como nación en ese tiempo (aunque reservó sus promesas a la nación para este tiempo presente).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:19

Comentario general

21.18-19 Esta porción de la Palabra el Señor es muy diferente en personalidad y carácter al resto de la Escritura. Sin embargo, como veremos a continuación, Él no se ensañó caprichosamente con una planta, sino ejemplificó dramáticamente el rechazo al pueblo de Israel a causa de su incredulidad e hipocresía. Tal es el caso conocido como “la higuera estéril”; acerca de la cual vemos que la higuera es un símbolo bíblico de Israel. En el pasado, cuando Dios anunció juicio a la nación de Israel usó la metáfora de la higuera: Los cortaré del todo, dice Yahwéh. No quedarán… higos en la higuera, y se caerá la hoja (Jer.8:13). Una cesta tenía… higos muy malos, que de malos no se podían comer. Y también, he aquí yo envío contra ellos espada (Jer.24:2; 29:17). Como la fruta temprana de la higuera… hallé a Israel… su raíz está seca, no dará más fruto (Os.9:10,16). Pero además de ser símbolo de Israel, también simboliza su religión. Desde el principio, la religión ha sido ejemplificada con la higuera. Notemos, por ejemplo, que después de que Adán y Eva pecaran en el huerto del Edén conocieron que estaban desnudos, ¿y con qué se cubrieron? Cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales (Gen. 3:7). Lo mejor de la religión humana, la moral más alta que puede alcanzar el hombre en su prosperidad religiosa está simbolizada por las inútiles hojas de higuera. Acerca de esto vemos a hombres que se destacaron en la religión judía como Natanael, de quien Jesús dijo he aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. ¿Acaso Natanael era impecable? ¡Claro que no! No hay hombre que haga el bien y nunca peque. Pero en cuanto a la moral más alta que puede producir la religión, Natanael, como Pablo, (en cuanto a la ley irreprensible) era uno de ellos. Por eso dijo el Señor Jesús acerca de él: cuando estabas debajo de la higuera, te vi (Juan 1:47-48). Así que la higuera representa, no sólo a la nación de Israel sino a su religión también, el judaísmo y la más alta moral que el hombre puede conseguir por sí mismo. Una higuera cerca del camino. Algo común y cualquiera podía tomar de su fruto. Esa fue la realidad de Israel, siempre estuvo junto al camino, desafortunadamente no estuvo dentro de Él. Estuvo al alcance de los ídolos de las demás naciones. Así sucede a todo aquel que está cerca del camino del Señor, pero no dentro de Él. Hay personas que de tan cerca parecen cristianos, pero no lo son. Imitadores de formas, seguidores de costumbres, semejantes a los creyentes; pero al alcance de cualquier corriente doctrinal. Judas, el hermano del Señor, les llama nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados (Judas 12). Esta higuera fue vista por el Rey y tenía un compromiso para con Él. Como nación, Israel debía vivir a la vista de Dios o según sus parámetros (Heb. 4:13). Se cuidaron de los hombres, eran expertos de las apariencias, pero vacíos del corazón. Y como la higuera, la nación de Israel fue buscada por el rey: Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. El Rey Jesucristo después de haber pasado la noche en Betania en casa de Marta, María y Lázaro, regresó a la ciudad de Jerusalén, a pesar del rechazo de los judíos. Marcos dice que primero maldijo la higuera y luego entró al templo a purificarlo, ese es el orden cronológico correcto, pero Mateo invierte el orden relatando primero la purificación del templo y luego la maldición de la higuera. La intención de Mateo es la de presentar el amor del Rey Jesucristo por Israel al decir que volvió a la ciudad, a pesar de que lo rechazaron, porque Dios estuvo buscando a la nación judía vez tras vez con paciencia y misericordia. Así nos busca el Señor, es el Hijo cual Pastor que busca la oveja perdida, es el Espíritu cual mujer que busca la moneda perdida y es cual Padre espera al hijo pródigo. Pero el punto más importante aquí no sólo es que el Rey miraba escudriñando a Israel ni que le buscaba amorosamente, sino que el Rey anhelaba a Israel para satisfacerse (tuvo hambre). La satisfacción de Dios está en el fruto de su pueblo. Dios anhela que demos fruto porque esto satisface su corazón; Dios se complace en ser obedecido (1 Sam. 5:22). No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en los músculos del hombre. Yahwéh se complace en los que le temen y en los que esperan en su misericordia (Sal. 147:10-11). Dios es amor y el amor requiere de un objeto amado: ¡tú eres ese amado de Dios! Así como Adán estuvo insatisfecho hasta el momento en el que recibió a Eva, así también el amor divino está insatisfecho en tanto que el Cordero no reciba a su Esposa, la iglesia. Pero la higuera era estéril, la nación de Israel carecía de frutos para satisfacerle: vino a ella y no halló nada en ella. La higuera es un árbol generoso, ya que produce frutos dos veces al año (cuando es cultivada). Sus dos frutos son las brevas y los higos. La primera la da en las ramas viejas al principio del año madurándose en abril, pero no son comestibles. La segunda cosecha, la de higos, la que sí es comestible es hasta junio. Entonces, si no es posible que hubiese frutos comestibles en abril, ¿por qué se enojó el Señor? La razón es, que la higuera ya abundaba en hojas, lo cual es un claro indicio para un conocedor de que ese año no iba a haber cosecha. Esto significa que la esterilidad es presagio del desastre. Un creyente o una iglesia sin fruto es la próxima a desaparecer. El fruto es la vida de Dios y quien no refleja a Dios está por ser cortado. Como dijo el profeta: Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Y en otra parte: La tierra… que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:7-8). El llamado de Dios a su iglesia es recuerda por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete. Y has las primeras obras; pues si no, vendré contra ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepientes (Ap. 2:5). La nación, como la higuera, era sólo apariencia. Estaba llena de hojas pero no tenía fruto, es de esperarse que si una higuera da primero fruto y después hojas ya abundase en fruto, pero no era así. En aquel entonces la nación de Israel exhibía muchas cosas exteriormente, pero no tenía fruto. En ella no había realidad, no había nada que satisficiera a Dios. La higuera aparentaba tener mucho fruto. Estaba la forma del amor sin el amor y la apariencia de religión sin Presencia de Dios. A los ojos del Señor un grupo de personas o un hombre que aparentan ser la iglesia de Dios es muy ofensivo. Yo conozco tus obras -dice el Señor -que tienes nombre de que vives pero estás muerto (Ap. 3:1). Si la iglesia no refleja la vida del Señor está muerta. Si la iglesia cuida más la apariencia que la genuina santidad, está muerta. Si la iglesia procura más el acomodarse al mundo y a los placeres antes que deleitarse en el Señor, está muerta. La ruina de la higuera por su falta de fruto sucedió cuando vino la Palabra de Dios contra ella. La ruina de Israel fue su hipocresía, esto trajo como resultado que ahora la Palabra de Dios fuese no para su bien, sino para su mal. Jesús maldijo la higuera. Israel se secó. La misma Palabra que produce vida y que hizo los cielos y la tierra es también poderosa para destruir y traer muerte. Cuando Dios mandó a Jeremías en el pasado a profetizar contra Israel: mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar (Jer. 1:10). Si hoy escuchamos su voz que dice venid luego y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana entonces, dice el Señor si quisierais y oyereis, comeréis el bien de la tierra pero si no le escuchaos, si no quisiereis y fueres rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho (Is. 1:18-20). La Palabra que hoy es vida, mañana será condenación. Entonces el juicio contra la esterilidad es la eterna esterilidad: Nunca jamás nazca de ti fruto. Sólo Dios puede producir fruto, sólo él puede mandar fructificad y multiplicaos; pero también, ante el corazón hipócrita y endurecido, Él también es poderoso para cerrar la fuente de todo fruto. Cuando Esaú intentó cambiar su actitud de indiferencia hacia Dios fue demasiado tarde (Heb. 12:16-17). Y luego se secó la higuera. El evangelista Marcos añade: desde las raíces (Mr. 11:20). Este fue el fin de Israel como nación en ese tiempo (aunque reservó sus promesas a la nación para este tiempo presente).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:20

Comentario general

21.20-22 Dios buscó fruto en Israel, al no hallarlo la nación cayó bajo maldición (se secó en lo que respecta a representar el reino de Dios). Esto se vio ilustrado en la higuera estéril. El punto a tratar ahora es que la fe de Jesús fue el conducto de Dios a través del cual se secó la higuera para simbolizar la consecuencia de la incredulidad de Israel. No fue por el capricho de Jesús sino por la dureza de sus corazones. La fe en acción es maravillosa, pues los discípulos se maravillaron ante la higuera que se secó de inmediato. Basta leer Hebreos 11 para comprender lo maravillosa que es la fe en acción. Las sanidades y los milagros nos permiten comprender lo maravillosa que es la fe en acción. Sin embargo, no vayamos a tener “fe en la fe”, por decirlo así. Es un riesgo de extraviarse el exaltar la fe como si por sí misma pudiese producirlo todo. Se han usado estos versículos de esa manera equivocadamente. Tengamos cuidado. Confiamos en Dios no en nuestra fe aparte de Dios. El secreto del milagro no es la fe por sí misma, sino el objeto de la fe. ¿Es la fe del hombre o el poder de Dios el que realiza el milagro? ¡Es Dios en su misericordia! Toda teología que exalta al hombre aparte de Dios fracasa. No era la fe de Pedro ni de Pablo la que hacía los milagros, la Biblia dice que era Dios respaldando no la palabra de Pedro o la de Pablo, sino su propia Palabra Divina. Literalmente, el versículo trata de la fe de Dios, mucho más allá de la fe en Dios. No se refiere a nuestra fe, sino a la fe de Dios. La fe sujeta a la voluntad de Dios o basada en el propósito y deseo de Dios. La higuera se secó porque estaba dentro del plan de Dios para ejemplificar el rechazo de Israel, así que el Señor Jesús sólo anunció creyendo lo que Dios deseaba hacer a través de Él. El creyente no puede caprichosamente ejercer su fe para secar higueras o mover montes, pues no tiene ese poder. Jesús declaró el propósito de Dios, pero ningún otro puede hacerlo, a no ser que Dios le diga que lo haga específicamente, esa era una palabra específica para Jesús. Por ejemplo: cuando Dios ordenó a Josué dar siete vueltas a Jericó en silencio para conquistarla era una palabra dada a él. Si fuera virtud de Josué hubiera conquistado todas las ciudades dándoles vueltas para que cayeran las murallas. Así que el poder mover montes y secar higueras está condicionado al ejercicio de la fe en la voluntad de Dios (en su deseo y propósito) y no en el capricho del hombre. Jamás olvides que la fe está sujeta a la soberanía de Dios y no el poder del Dios a la fe del hombre. Se citan casos como el de Elías cuando dijo “no pasará esto o aquello, sino por mi palabra” como prueba de la autoridad que supuestamente tenemos todos los creyentes para hacer lo que queramos si lo creemos. Pero quien esto hace olvida citar también que Elías declaraba: Vive Yahwéh, en cuya presencia estoy esto es, ¡vivo en su voluntad! y también decía sea hoy manifiesto que tú eres Dios de Israel y que yo soy tu siervo; y que por tu palabra he hecho todas estas cosas (1 Reyes 18:36). Dios sigue siendo Dios y Soberano y el hombre es su siervo. Jacobo dijo: pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites (Stg. 4:3). Una vez que quitamos las hierbas del terreno podemos entender cuál es la oración de autoridad que Jesús estaba enseñando. La oración de autoridad es el orar y hablar en sintonía con la voluntad de Dios, según el propósito de Dios para que sucedan maravillas. El Señor Jesús maldijo la higuera y ésta se secó porque la voluntad de Dios era mostrar que Israel (la higuera) había perdido su posición como representante del reino de Dios al no dar frutos de justicia rechazando a Cristo. Es en ese sentido que los montes son quitados por la fe y que podemos pedir en oración, creer y recibir. Prediquemos la vida de fe, de sanidad y de milagros, pero no olvidemos que va de la mano con el mensaje de la vida de la cruz. El ejercicio de la fe por una vida crucificada con Cristo. Si enfatizamos la vida de la fe sin la cruz tendremos un cristianismo superfluo y aparente e iglesias llenas de personas no regeneradas. Por otro lado, si enfatizamos la vida de la cruz sin la vida de la fe, tendremos una iglesia desanimada y cargada. Tengamos equilibrio, la cruz y la fe nos permiten propósito y poder.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:21

Comentario general

21.20-22 Dios buscó fruto en Israel, al no hallarlo la nación cayó bajo maldición (se secó en lo que respecta a representar el reino de Dios). Esto se vio ilustrado en la higuera estéril. El punto a tratar ahora es que la fe de Jesús fue el conducto de Dios a través del cual se secó la higuera para simbolizar la consecuencia de la incredulidad de Israel. No fue por el capricho de Jesús sino por la dureza de sus corazones. La fe en acción es maravillosa, pues los discípulos se maravillaron ante la higuera que se secó de inmediato. Basta leer Hebreos 11 para comprender lo maravillosa que es la fe en acción. Las sanidades y los milagros nos permiten comprender lo maravillosa que es la fe en acción. Sin embargo, no vayamos a tener “fe en la fe”, por decirlo así. Es un riesgo de extraviarse el exaltar la fe como si por sí misma pudiese producirlo todo. Se han usado estos versículos de esa manera equivocadamente. Tengamos cuidado. Confiamos en Dios no en nuestra fe aparte de Dios. El secreto del milagro no es la fe por sí misma, sino el objeto de la fe. ¿Es la fe del hombre o el poder de Dios el que realiza el milagro? ¡Es Dios en su misericordia! Toda teología que exalta al hombre aparte de Dios fracasa. No era la fe de Pedro ni de Pablo la que hacía los milagros, la Biblia dice que era Dios respaldando no la palabra de Pedro o la de Pablo, sino su propia Palabra Divina. Literalmente, el versículo trata de la fe de Dios, mucho más allá de la fe en Dios. No se refiere a nuestra fe, sino a la fe de Dios. La fe sujeta a la voluntad de Dios o basada en el propósito y deseo de Dios. La higuera se secó porque estaba dentro del plan de Dios para ejemplificar el rechazo de Israel, así que el Señor Jesús sólo anunció creyendo lo que Dios deseaba hacer a través de Él. El creyente no puede caprichosamente ejercer su fe para secar higueras o mover montes, pues no tiene ese poder. Jesús declaró el propósito de Dios, pero ningún otro puede hacerlo, a no ser que Dios le diga que lo haga específicamente, esa era una palabra específica para Jesús. Por ejemplo: cuando Dios ordenó a Josué dar siete vueltas a Jericó en silencio para conquistarla era una palabra dada a él. Si fuera virtud de Josué hubiera conquistado todas las ciudades dándoles vueltas para que cayeran las murallas. Así que el poder mover montes y secar higueras está condicionado al ejercicio de la fe en la voluntad de Dios (en su deseo y propósito) y no en el capricho del hombre. Jamás olvides que la fe está sujeta a la soberanía de Dios y no el poder del Dios a la fe del hombre. Se citan casos como el de Elías cuando dijo “no pasará esto o aquello, sino por mi palabra” como prueba de la autoridad que supuestamente tenemos todos los creyentes para hacer lo que queramos si lo creemos. Pero quien esto hace olvida citar también que Elías declaraba: Vive Yahwéh, en cuya presencia estoy esto es, ¡vivo en su voluntad! y también decía sea hoy manifiesto que tú eres Dios de Israel y que yo soy tu siervo; y que por tu palabra he hecho todas estas cosas (1 Reyes 18:36). Dios sigue siendo Dios y Soberano y el hombre es su siervo. Jacobo dijo: pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites (Stg. 4:3). Una vez que quitamos las hierbas del terreno podemos entender cuál es la oración de autoridad que Jesús estaba enseñando. La oración de autoridad es el orar y hablar en sintonía con la voluntad de Dios, según el propósito de Dios para que sucedan maravillas. El Señor Jesús maldijo la higuera y ésta se secó porque la voluntad de Dios era mostrar que Israel (la higuera) había perdido su posición como representante del reino de Dios al no dar frutos de justicia rechazando a Cristo. Es en ese sentido que los montes son quitados por la fe y que podemos pedir en oración, creer y recibir. Prediquemos la vida de fe, de sanidad y de milagros, pero no olvidemos que va de la mano con el mensaje de la vida de la cruz. El ejercicio de la fe por una vida crucificada con Cristo. Si enfatizamos la vida de la fe sin la cruz tendremos un cristianismo superfluo y aparente e iglesias llenas de personas no regeneradas. Por otro lado, si enfatizamos la vida de la cruz sin la vida de la fe, tendremos una iglesia desanimada y cargada. Tengamos equilibrio, la cruz y la fe nos permiten propósito y poder.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:22

Comentario general

21.20-22 Dios buscó fruto en Israel, al no hallarlo la nación cayó bajo maldición (se secó en lo que respecta a representar el reino de Dios). Esto se vio ilustrado en la higuera estéril. El punto a tratar ahora es que la fe de Jesús fue el conducto de Dios a través del cual se secó la higuera para simbolizar la consecuencia de la incredulidad de Israel. No fue por el capricho de Jesús sino por la dureza de sus corazones. La fe en acción es maravillosa, pues los discípulos se maravillaron ante la higuera que se secó de inmediato. Basta leer Hebreos 11 para comprender lo maravillosa que es la fe en acción. Las sanidades y los milagros nos permiten comprender lo maravillosa que es la fe en acción. Sin embargo, no vayamos a tener “fe en la fe”, por decirlo así. Es un riesgo de extraviarse el exaltar la fe como si por sí misma pudiese producirlo todo. Se han usado estos versículos de esa manera equivocadamente. Tengamos cuidado. Confiamos en Dios no en nuestra fe aparte de Dios. El secreto del milagro no es la fe por sí misma, sino el objeto de la fe. ¿Es la fe del hombre o el poder de Dios el que realiza el milagro? ¡Es Dios en su misericordia! Toda teología que exalta al hombre aparte de Dios fracasa. No era la fe de Pedro ni de Pablo la que hacía los milagros, la Biblia dice que era Dios respaldando no la palabra de Pedro o la de Pablo, sino su propia Palabra Divina. Literalmente, el versículo trata de la fe de Dios, mucho más allá de la fe en Dios. No se refiere a nuestra fe, sino a la fe de Dios. La fe sujeta a la voluntad de Dios o basada en el propósito y deseo de Dios. La higuera se secó porque estaba dentro del plan de Dios para ejemplificar el rechazo de Israel, así que el Señor Jesús sólo anunció creyendo lo que Dios deseaba hacer a través de Él. El creyente no puede caprichosamente ejercer su fe para secar higueras o mover montes, pues no tiene ese poder. Jesús declaró el propósito de Dios, pero ningún otro puede hacerlo, a no ser que Dios le diga que lo haga específicamente, esa era una palabra específica para Jesús. Por ejemplo: cuando Dios ordenó a Josué dar siete vueltas a Jericó en silencio para conquistarla era una palabra dada a él. Si fuera virtud de Josué hubiera conquistado todas las ciudades dándoles vueltas para que cayeran las murallas. Así que el poder mover montes y secar higueras está condicionado al ejercicio de la fe en la voluntad de Dios (en su deseo y propósito) y no en el capricho del hombre. Jamás olvides que la fe está sujeta a la soberanía de Dios y no el poder del Dios a la fe del hombre. Se citan casos como el de Elías cuando dijo “no pasará esto o aquello, sino por mi palabra” como prueba de la autoridad que supuestamente tenemos todos los creyentes para hacer lo que queramos si lo creemos. Pero quien esto hace olvida citar también que Elías declaraba: Vive Yahwéh, en cuya presencia estoy esto es, ¡vivo en su voluntad! y también decía sea hoy manifiesto que tú eres Dios de Israel y que yo soy tu siervo; y que por tu palabra he hecho todas estas cosas (1 Reyes 18:36). Dios sigue siendo Dios y Soberano y el hombre es su siervo. Jacobo dijo: pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites (Stg. 4:3). Una vez que quitamos las hierbas del terreno podemos entender cuál es la oración de autoridad que Jesús estaba enseñando. La oración de autoridad es el orar y hablar en sintonía con la voluntad de Dios, según el propósito de Dios para que sucedan maravillas. El Señor Jesús maldijo la higuera y ésta se secó porque la voluntad de Dios era mostrar que Israel (la higuera) había perdido su posición como representante del reino de Dios al no dar frutos de justicia rechazando a Cristo. Es en ese sentido que los montes son quitados por la fe y que podemos pedir en oración, creer y recibir. Prediquemos la vida de fe, de sanidad y de milagros, pero no olvidemos que va de la mano con el mensaje de la vida de la cruz. El ejercicio de la fe por una vida crucificada con Cristo. Si enfatizamos la vida de la fe sin la cruz tendremos un cristianismo superfluo y aparente e iglesias llenas de personas no regeneradas. Por otro lado, si enfatizamos la vida de la cruz sin la vida de la fe, tendremos una iglesia desanimada y cargada. Tengamos equilibrio, la cruz y la fe nos permiten propósito y poder.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:23

Comentario general

21.23 Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo eran el Sanedrín de Jerusalén, el grupo gobernante de Israel debajo de la autoridad romana. Los principales sacerdotes presidían la autoridad religiosa en Jerusalén. Los ancianos del pueblo ejercían la autoridad civil en la ciudad. Así que eran el tribunal de justicia más alto en Israel, la máxima autoridad judía. Las autoridades judías vinieron a cuestionar la autoridad del Señor porque había echado fuera a los mercaderes del templo. “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” –se referían a la limpieza del templo y no a sus milagros. También lo cuestionaban por enseñar en el templo sin la autorización correspondiente de ellos. Nota cómo lo interrumpieron mientras enseñaba en el templo. No les importaba la verdad de su enseñanza. En aquel tiempo era costumbre que si un rabino enseñaba en el templo debía primero contar con la aprobación de los principales sacerdotes. Esto no tiene nada de malo, pues se debe respetar toda autoridad en todo lugar. El problema estaba en que era a Cristo a quien se oponían. Él es la máxima autoridad y a Él deberían someterse. Y peor aun, se oponían por envidia y porque les había perjudicado su fuente de ganancia. ¡Cuán terrible es oponerse a la obra de Dios! La ambición y la soberbia llevan al hombre a abusar de la autoridad, oponiéndose así a la obra del Señor. Revisemos nuestros motivos cuando nos oponemos a algo: ¿nos mueve el deseo de ganancia deshonesta o el amor a Dios y a su obra? ¿Abusamos de la autoridad que nos ha sido delegada? El apóstol Pedro, uno de los que Dios le encargó el cuidado de las ovejas, escribió: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey (1 P. 5:2-3). Los miembros del Sanedrín hicieron dos preguntas al Señor Jesús para cuestionar su autoridad: “¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” La primera pregunta, literalmente: “¿con qué clase de autoridad estás haciendo estas cosas?” Es decir, “¿tú autoridad es profética, mesiánica o de qué tipo?” “¿eres el Mesías o un profeta para que cambies el régimen establecido en el templo?” Si el Señor hubiese dicho que era el Mesías lo hubiesen acusado de Blasfemia, pero aún faltaban unos días para la cruz. Jesús sabía esperar. Aquellos que ambicionan el poder siempre se oponen a la autoridad. Aquellos que gustan de enseñorearse de los demás siempre dudan del ministerio de otros. Y también, la religión es un odre viejo y endurecido que no soporta el vino nuevo. Aquellos que ejercen señorío se oponen a los cambios por el temor inconsciente a perder su autoridad. La segunda pregunta fue: “¿quién te dio esta autoridad?” Esta interrogante estaba encaminada a acusar al Señor de usar el Nombre de Dios en vano si respondía que su autoridad venía de Dios; o de mentira si decía que el sumo sacerdote o algún sacerdote principal lo había autorizado; y si decía que hacía esto por sí mismo, lo acusarían de profano y sacrílego. Aquellos que se enseñorean de los demás se reconocen a sí mismos como puestos por Dios pero niegan que Dios esté con los que no piensan igual que ellos, no los reconocen como autoridad ni como puestos en autoridad.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:24

Comentario general

21.24 Yo también os haré una pregunta, podemos traducirlo: “Yo también les preguntaré una palabra” (palabra, gr. logos). La manera en la que es posible ocultar una verdad comprometedora es respondiendo con el Logos, la Palabra de Dios. Como las respuestas del Señor a las tentaciones del diablo en el desierto, siempre con el Logos de Dios, la Palabra. Y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. En realidad, si respondían la verdad, ellos se responderían a sí mismos. Nunca tendrás mejor defensa que el Logos.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:25

Comentario general

21.25-26 la cuestión es de dónde viene la verdadera autoridad detrás de todas las cosas. “¿El ministerio de Juan fue puesto por Dios o era sólo cosa de hombres?” –es una pregunta magistral porque la verdadera autoridad viene solo de Dios. Es una verdad, tanto para el Señor como para sus opositores. Por eso el rabino Gamaliel, sin ser cristiano dijo que si el cristianismo era de Dios permanecería y no podría ser detenido (Hechos 5:34-39). La autoridad de Dios permanece. La autoridad no la da la experiencia ni los títulos académicos ni el dinero o las influencias; la verdadera autoridad proviene de Dios y no se recibe de los hombres. En última instancia, únicamente Dios levanta ministros y sólo Dios puede quitarlos. Si Dios no levanta al hombre, éste fracasará; pero si Dios lo levanta es poderoso para sostenerle. La verdadera autoridad no es un autoritarismo, sino el respaldo divino a su siervo consagrado. Que nadie se sienta firme fuera de Él. Que nadie empiece a maltratar a sus consiervos porque sólo hay un Señor: Cristo. Y una sola la autoridad: El respaldo divino. La falsa autoridad busca lo más conveniente y no la verdad. La falsa autoridad busca la salida más diplomática, la opción menos comprometedora, el camino de menos riesgo a pesar de ir en contra de la verdad. Por eso es que los miembros del Sanedrín discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todas tienen a Juan por profeta. ¡Y respondieron: No sabemos! En lugar de responder cuál era su opinión acerca de Juan ellos buscaban cómo ganar el pleito. Guardar silencio por cobardía es vergonzosa deshonestidad. La falsa autoridad rehúye la verdad por temor a las consecuencias. La falsa autoridad teme perder la supuesta autoridad que ejerce. Los sacerdotes y los ancianos temían al pueblo, lo que quiere decir que no se comportaban como debían y tenían temor de perder su autoridad, así que vivían guardando las apariencias para enseñorearse de la gente. Hay alguien peor que un hipócrita y es un hipócrita religioso. No tenían temor de Dios para esconder la verdad porque tenían mucho temor del pueblo para decirla.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:26

Comentario general

21.25-26 la cuestión es de dónde viene la verdadera autoridad detrás de todas las cosas. “¿El ministerio de Juan fue puesto por Dios o era sólo cosa de hombres?” –es una pregunta magistral porque la verdadera autoridad viene solo de Dios. Es una verdad, tanto para el Señor como para sus opositores. Por eso el rabino Gamaliel, sin ser cristiano dijo que si el cristianismo era de Dios permanecería y no podría ser detenido (Hechos 5:34-39). La autoridad de Dios permanece. La autoridad no la da la experiencia ni los títulos académicos ni el dinero o las influencias; la verdadera autoridad proviene de Dios y no se recibe de los hombres. En última instancia, únicamente Dios levanta ministros y sólo Dios puede quitarlos. Si Dios no levanta al hombre, éste fracasará; pero si Dios lo levanta es poderoso para sostenerle. La verdadera autoridad no es un autoritarismo, sino el respaldo divino a su siervo consagrado. Que nadie se sienta firme fuera de Él. Que nadie empiece a maltratar a sus consiervos porque sólo hay un Señor: Cristo. Y una sola la autoridad: El respaldo divino. La falsa autoridad busca lo más conveniente y no la verdad. La falsa autoridad busca la salida más diplomática, la opción menos comprometedora, el camino de menos riesgo a pesar de ir en contra de la verdad. Por eso es que los miembros del Sanedrín discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todas tienen a Juan por profeta. ¡Y respondieron: No sabemos! En lugar de responder cuál era su opinión acerca de Juan ellos buscaban cómo ganar el pleito. Guardar silencio por cobardía es vergonzosa deshonestidad. La falsa autoridad rehúye la verdad por temor a las consecuencias. La falsa autoridad teme perder la supuesta autoridad que ejerce. Los sacerdotes y los ancianos temían al pueblo, lo que quiere decir que no se comportaban como debían y tenían temor de perder su autoridad, así que vivían guardando las apariencias para enseñorearse de la gente. Hay alguien peor que un hipócrita y es un hipócrita religioso. No tenían temor de Dios para esconder la verdad porque tenían mucho temor del pueblo para decirla.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:27

Comentario general

21.27 Los responsables de saber dijeron no saber. No había nada más que decir, decidieron callar, así que se les negaría el escuchar. Jesús no les respondería a sus preguntas. Si decían no ser capaces de reconocer un ministerio genuino de uno falso o qué es de Dios y qué no es de Dios, no eran aptos para cuestionar al Maestro. Es el deber de los líderes espirituales el distinguir entre el bien y el mal; pero cuando los líderes voluntariamente deciden no ver, son como los demandados por el profeta Isaías: sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir …comilones insaciables… (Is.56:10-11). De la actitud de los religiosos judíos aprendamos que ante el recibimiento de autoridad, primero hay que servir con humildad. Antes de ordenar, hay que obedecer. Si alguno piensa diferente a nosotros o hace las cosas de modo diferente, no necesariamente es contrario a Dios. No juzguemos a otro sino cada quien a sí mismo. La Biblia dice: si, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados (1 Cor. 11:31).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:28

Comentario general

21.28-32 La parábola de Jesús ilustra la pérdida de la primogenitura por parte de Israel. Israel rechazó al Mesías por lo que fue rechazado. Esto fue ilustrado en la maldición de la higuera estéril (vrs. 18-19). Luego preguntaron al Señor por su autoridad, por lo que el Señor les respondió preguntándoles acerca de Juan. En seguida les da esta parábola en donde les hace ver que los publicanos y rameras que sí creyeron a Juan iban delante de los religiosos judíos (vr.32). De manera que a partir de aquí cambia el orden del pueblo de Dios, ahora la primogenitura y sus derechos están en aquellos que son de la fe de Cristo, sean judíos o gentiles. El judaísmo decía “Sí, Señor, voy”, pero no obedeció a la fe de Cristo (30). A diferencia de aquellos que parecían sin religión y que originalmente dijeron “No quiero”, pero después obedecieron a la fe del Señor (29). Israel era el primogénito en el reino de Dios. En Éxodo 4:22 leemos: Y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Nadie puede dudar qué especial ha sido para Dios este pueblo, su pueblo. Desafortunadamente, su religión dijo “voy, Señor”, pero no fue (vr.30). Por lo que al rechazar a Cristo el reino fue quitado de ellos y dado a gente que produzca los frutos (vrs. 42-45). Como leemos en Mateo 8:11-2 ante la fe del centurión: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí serán el lloro y el crujir de dientes. Esto nos habla de un cambio de primogenitura, tan visto en el Antiguo Testamento desde Caín y Abel. Ahora bien, al que cree se refiere a la iglesia, sin distingo de nacionalidad judía ni gentil (vr. 32; Gálatas 3:28; 5:6; Romanos 1:16; 3:30; 10:12-13). La iglesia es el primogénito por estar en Cristo, ya que incluso Cristo Jesús tomó la primogenitura que perdió Adán. Hay muchos tipos del traspaso de la primogenitura del reino de Dios en las Sagradas Escrituras: El hijo de la mujer aborrecida (Dt. 21:15-17). Éramos aborrecidos, pero en el plan divino y eterno somos los herederos. Esaú y Jacobo (Gn.27:19-32) Ismael e Isaac (Gál.4:22-26,28-31). La ley del Levirato (Dt.25:5-6). Israel según la carne no produjo hijos sino una religión de muerte, por lo que la iglesia ha tomado su lugar y debe producir hijos. Dichos hijos de la iglesia llevan el nombre del pueblo de Dios, especialmente los primeros hijos que fueron de entre los judíos. Efraín y Manasés (Gen. 48:14-20). La bendición como primogénito fue sobre Efraín (Jer. 31:9). Rubén y José (1 Cr. 5:1-2). Eliab y David (1 Cr. 2:13-15), igual que Amnón y Salomón (2 Sam. 3:2). Los hijos de Job murieron en casa del primogénito (Job 1:18-19). Dos árboles (Ez. 17:22-24). Este traspaso de la primogenitura no fue una improvisación de Dios, sino parte de su plan, era su misterio eterno. No es que cambiara de pueblo; su plan ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo. Israel fue llamado primero al plan divino, pero después los gentiles. Cuando Israel sea restaurado lo será dentro de este mismo plan en un solo pueblo y no aparte de los gentiles (un solo es el olivo de Dios). Las otras ovejas (Juan 10:16, 11:52; 17:20-21). Es el misterio de Cristo que fue revelado a Pablo, como él mismo lo relata en la carta a los Efesios: 3:4-6. Un solo pueblo (Ef. 2:13-14). Un solo hombre (Ef. 2:15; 4:13,24; Col. 3:9-11). Un solo cuerpo (Ef. 2:16; 4:14; 5:30) Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos… y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu (1 Cor. 12:13). Un solo Espíritu (Ef. 2:17-18). Una sola familia (Ef. 2:19). Una sola ciudad (Ef. 2:19) (la nueva Jerusalén). Un solo templo (Ef. 2:20-22). Una sola esposa (Ef. 5:25-27,30-32). Ya no hay más pueblo especial que éste, sea judíos o gentiles: la iglesia. La circuncisión no es nada, y la incircuncisión no es nada; más bien, lo que vale es guardar los mandamientos de Dios (1 Cor. 7:19). Los religiosos judíos perdieron el reino por su incredulidad y falta de frutos. Ellos decían obedecer a Dios, pero sus obras eran contrarias; mientras que aquellos pecadores indignos que decían no querer servir a Dios, finalmente creyeron y arrepentidos obedecieron. A causa de esto Dios traspasó la primogenitura de Israel al mundo entero, sin distinción de nacionalidad; esta es una advertencia: Si decimos obedecer al Señor y no lo hacemos, ¿qué impide que también nosotros corramos la misma suerte que la rechazada Israel? Por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar (Rom.11:20-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:29

Comentario general

21.28-32 La parábola de Jesús ilustra la pérdida de la primogenitura por parte de Israel. Israel rechazó al Mesías por lo que fue rechazado. Esto fue ilustrado en la maldición de la higuera estéril (vrs. 18-19). Luego preguntaron al Señor por su autoridad, por lo que el Señor les respondió preguntándoles acerca de Juan. En seguida les da esta parábola en donde les hace ver que los publicanos y rameras que sí creyeron a Juan iban delante de los religiosos judíos (vr.32). De manera que a partir de aquí cambia el orden del pueblo de Dios, ahora la primogenitura y sus derechos están en aquellos que son de la fe de Cristo, sean judíos o gentiles. El judaísmo decía “Sí, Señor, voy”, pero no obedeció a la fe de Cristo (30). A diferencia de aquellos que parecían sin religión y que originalmente dijeron “No quiero”, pero después obedecieron a la fe del Señor (29). Israel era el primogénito en el reino de Dios. En Éxodo 4:22 leemos: Y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Nadie puede dudar qué especial ha sido para Dios este pueblo, su pueblo. Desafortunadamente, su religión dijo “voy, Señor”, pero no fue (vr.30). Por lo que al rechazar a Cristo el reino fue quitado de ellos y dado a gente que produzca los frutos (vrs. 42-45). Como leemos en Mateo 8:11-2 ante la fe del centurión: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí serán el lloro y el crujir de dientes. Esto nos habla de un cambio de primogenitura, tan visto en el Antiguo Testamento desde Caín y Abel. Ahora bien, al que cree se refiere a la iglesia, sin distingo de nacionalidad judía ni gentil (vr. 32; Gálatas 3:28; 5:6; Romanos 1:16; 3:30; 10:12-13). La iglesia es el primogénito por estar en Cristo, ya que incluso Cristo Jesús tomó la primogenitura que perdió Adán. Hay muchos tipos del traspaso de la primogenitura del reino de Dios en las Sagradas Escrituras: El hijo de la mujer aborrecida (Dt. 21:15-17). Éramos aborrecidos, pero en el plan divino y eterno somos los herederos. Esaú y Jacobo (Gn.27:19-32) Ismael e Isaac (Gál.4:22-26,28-31). La ley del Levirato (Dt.25:5-6). Israel según la carne no produjo hijos sino una religión de muerte, por lo que la iglesia ha tomado su lugar y debe producir hijos. Dichos hijos de la iglesia llevan el nombre del pueblo de Dios, especialmente los primeros hijos que fueron de entre los judíos. Efraín y Manasés (Gen. 48:14-20). La bendición como primogénito fue sobre Efraín (Jer. 31:9). Rubén y José (1 Cr. 5:1-2). Eliab y David (1 Cr. 2:13-15), igual que Amnón y Salomón (2 Sam. 3:2). Los hijos de Job murieron en casa del primogénito (Job 1:18-19). Dos árboles (Ez. 17:22-24). Este traspaso de la primogenitura no fue una improvisación de Dios, sino parte de su plan, era su misterio eterno. No es que cambiara de pueblo; su plan ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo. Israel fue llamado primero al plan divino, pero después los gentiles. Cuando Israel sea restaurado lo será dentro de este mismo plan en un solo pueblo y no aparte de los gentiles (un solo es el olivo de Dios). Las otras ovejas (Juan 10:16, 11:52; 17:20-21). Es el misterio de Cristo que fue revelado a Pablo, como él mismo lo relata en la carta a los Efesios: 3:4-6. Un solo pueblo (Ef. 2:13-14). Un solo hombre (Ef. 2:15; 4:13,24; Col. 3:9-11). Un solo cuerpo (Ef. 2:16; 4:14; 5:30) Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos… y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu (1 Cor. 12:13). Un solo Espíritu (Ef. 2:17-18). Una sola familia (Ef. 2:19). Una sola ciudad (Ef. 2:19) (la nueva Jerusalén). Un solo templo (Ef. 2:20-22). Una sola esposa (Ef. 5:25-27,30-32). Ya no hay más pueblo especial que éste, sea judíos o gentiles: la iglesia. La circuncisión no es nada, y la incircuncisión no es nada; más bien, lo que vale es guardar los mandamientos de Dios (1 Cor. 7:19). Los religiosos judíos perdieron el reino por su incredulidad y falta de frutos. Ellos decían obedecer a Dios, pero sus obras eran contrarias; mientras que aquellos pecadores indignos que decían no querer servir a Dios, finalmente creyeron y arrepentidos obedecieron. A causa de esto Dios traspasó la primogenitura de Israel al mundo entero, sin distinción de nacionalidad; esta es una advertencia: Si decimos obedecer al Señor y no lo hacemos, ¿qué impide que también nosotros corramos la misma suerte que la rechazada Israel? Por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar (Rom.11:20-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:30

Comentario general

21.28-32 La parábola de Jesús ilustra la pérdida de la primogenitura por parte de Israel. Israel rechazó al Mesías por lo que fue rechazado. Esto fue ilustrado en la maldición de la higuera estéril (vrs. 18-19). Luego preguntaron al Señor por su autoridad, por lo que el Señor les respondió preguntándoles acerca de Juan. En seguida les da esta parábola en donde les hace ver que los publicanos y rameras que sí creyeron a Juan iban delante de los religiosos judíos (vr.32). De manera que a partir de aquí cambia el orden del pueblo de Dios, ahora la primogenitura y sus derechos están en aquellos que son de la fe de Cristo, sean judíos o gentiles. El judaísmo decía “Sí, Señor, voy”, pero no obedeció a la fe de Cristo (30). A diferencia de aquellos que parecían sin religión y que originalmente dijeron “No quiero”, pero después obedecieron a la fe del Señor (29). Israel era el primogénito en el reino de Dios. En Éxodo 4:22 leemos: Y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Nadie puede dudar qué especial ha sido para Dios este pueblo, su pueblo. Desafortunadamente, su religión dijo “voy, Señor”, pero no fue (vr.30). Por lo que al rechazar a Cristo el reino fue quitado de ellos y dado a gente que produzca los frutos (vrs. 42-45). Como leemos en Mateo 8:11-2 ante la fe del centurión: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí serán el lloro y el crujir de dientes. Esto nos habla de un cambio de primogenitura, tan visto en el Antiguo Testamento desde Caín y Abel. Ahora bien, al que cree se refiere a la iglesia, sin distingo de nacionalidad judía ni gentil (vr. 32; Gálatas 3:28; 5:6; Romanos 1:16; 3:30; 10:12-13). La iglesia es el primogénito por estar en Cristo, ya que incluso Cristo Jesús tomó la primogenitura que perdió Adán. Hay muchos tipos del traspaso de la primogenitura del reino de Dios en las Sagradas Escrituras: El hijo de la mujer aborrecida (Dt. 21:15-17). Éramos aborrecidos, pero en el plan divino y eterno somos los herederos. Esaú y Jacobo (Gn.27:19-32) Ismael e Isaac (Gál.4:22-26,28-31). La ley del Levirato (Dt.25:5-6). Israel según la carne no produjo hijos sino una religión de muerte, por lo que la iglesia ha tomado su lugar y debe producir hijos. Dichos hijos de la iglesia llevan el nombre del pueblo de Dios, especialmente los primeros hijos que fueron de entre los judíos. Efraín y Manasés (Gen. 48:14-20). La bendición como primogénito fue sobre Efraín (Jer. 31:9). Rubén y José (1 Cr. 5:1-2). Eliab y David (1 Cr. 2:13-15), igual que Amnón y Salomón (2 Sam. 3:2). Los hijos de Job murieron en casa del primogénito (Job 1:18-19). Dos árboles (Ez. 17:22-24). Este traspaso de la primogenitura no fue una improvisación de Dios, sino parte de su plan, era su misterio eterno. No es que cambiara de pueblo; su plan ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo. Israel fue llamado primero al plan divino, pero después los gentiles. Cuando Israel sea restaurado lo será dentro de este mismo plan en un solo pueblo y no aparte de los gentiles (un solo es el olivo de Dios). Las otras ovejas (Juan 10:16, 11:52; 17:20-21). Es el misterio de Cristo que fue revelado a Pablo, como él mismo lo relata en la carta a los Efesios: 3:4-6. Un solo pueblo (Ef. 2:13-14). Un solo hombre (Ef. 2:15; 4:13,24; Col. 3:9-11). Un solo cuerpo (Ef. 2:16; 4:14; 5:30) Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos… y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu (1 Cor. 12:13). Un solo Espíritu (Ef. 2:17-18). Una sola familia (Ef. 2:19). Una sola ciudad (Ef. 2:19) (la nueva Jerusalén). Un solo templo (Ef. 2:20-22). Una sola esposa (Ef. 5:25-27,30-32). Ya no hay más pueblo especial que éste, sea judíos o gentiles: la iglesia. La circuncisión no es nada, y la incircuncisión no es nada; más bien, lo que vale es guardar los mandamientos de Dios (1 Cor. 7:19). Los religiosos judíos perdieron el reino por su incredulidad y falta de frutos. Ellos decían obedecer a Dios, pero sus obras eran contrarias; mientras que aquellos pecadores indignos que decían no querer servir a Dios, finalmente creyeron y arrepentidos obedecieron. A causa de esto Dios traspasó la primogenitura de Israel al mundo entero, sin distinción de nacionalidad; esta es una advertencia: Si decimos obedecer al Señor y no lo hacemos, ¿qué impide que también nosotros corramos la misma suerte que la rechazada Israel? Por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar (Rom.11:20-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:31

Comentario general

21.28-32 La parábola de Jesús ilustra la pérdida de la primogenitura por parte de Israel. Israel rechazó al Mesías por lo que fue rechazado. Esto fue ilustrado en la maldición de la higuera estéril (vrs. 18-19). Luego preguntaron al Señor por su autoridad, por lo que el Señor les respondió preguntándoles acerca de Juan. En seguida les da esta parábola en donde les hace ver que los publicanos y rameras que sí creyeron a Juan iban delante de los religiosos judíos (vr.32). De manera que a partir de aquí cambia el orden del pueblo de Dios, ahora la primogenitura y sus derechos están en aquellos que son de la fe de Cristo, sean judíos o gentiles. El judaísmo decía “Sí, Señor, voy”, pero no obedeció a la fe de Cristo (30). A diferencia de aquellos que parecían sin religión y que originalmente dijeron “No quiero”, pero después obedecieron a la fe del Señor (29). Israel era el primogénito en el reino de Dios. En Éxodo 4:22 leemos: Y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Nadie puede dudar qué especial ha sido para Dios este pueblo, su pueblo. Desafortunadamente, su religión dijo “voy, Señor”, pero no fue (vr.30). Por lo que al rechazar a Cristo el reino fue quitado de ellos y dado a gente que produzca los frutos (vrs. 42-45). Como leemos en Mateo 8:11-2 ante la fe del centurión: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí serán el lloro y el crujir de dientes. Esto nos habla de un cambio de primogenitura, tan visto en el Antiguo Testamento desde Caín y Abel. Ahora bien, al que cree se refiere a la iglesia, sin distingo de nacionalidad judía ni gentil (vr. 32; Gálatas 3:28; 5:6; Romanos 1:16; 3:30; 10:12-13). La iglesia es el primogénito por estar en Cristo, ya que incluso Cristo Jesús tomó la primogenitura que perdió Adán. Hay muchos tipos del traspaso de la primogenitura del reino de Dios en las Sagradas Escrituras: El hijo de la mujer aborrecida (Dt. 21:15-17). Éramos aborrecidos, pero en el plan divino y eterno somos los herederos. Esaú y Jacobo (Gn.27:19-32) Ismael e Isaac (Gál.4:22-26,28-31). La ley del Levirato (Dt.25:5-6). Israel según la carne no produjo hijos sino una religión de muerte, por lo que la iglesia ha tomado su lugar y debe producir hijos. Dichos hijos de la iglesia llevan el nombre del pueblo de Dios, especialmente los primeros hijos que fueron de entre los judíos. Efraín y Manasés (Gen. 48:14-20). La bendición como primogénito fue sobre Efraín (Jer. 31:9). Rubén y José (1 Cr. 5:1-2). Eliab y David (1 Cr. 2:13-15), igual que Amnón y Salomón (2 Sam. 3:2). Los hijos de Job murieron en casa del primogénito (Job 1:18-19). Dos árboles (Ez. 17:22-24). Este traspaso de la primogenitura no fue una improvisación de Dios, sino parte de su plan, era su misterio eterno. No es que cambiara de pueblo; su plan ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo. Israel fue llamado primero al plan divino, pero después los gentiles. Cuando Israel sea restaurado lo será dentro de este mismo plan en un solo pueblo y no aparte de los gentiles (un solo es el olivo de Dios). Las otras ovejas (Juan 10:16, 11:52; 17:20-21). Es el misterio de Cristo que fue revelado a Pablo, como él mismo lo relata en la carta a los Efesios: 3:4-6. Un solo pueblo (Ef. 2:13-14). Un solo hombre (Ef. 2:15; 4:13,24; Col. 3:9-11). Un solo cuerpo (Ef. 2:16; 4:14; 5:30) Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos… y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu (1 Cor. 12:13). Un solo Espíritu (Ef. 2:17-18). Una sola familia (Ef. 2:19). Una sola ciudad (Ef. 2:19) (la nueva Jerusalén). Un solo templo (Ef. 2:20-22). Una sola esposa (Ef. 5:25-27,30-32). Ya no hay más pueblo especial que éste, sea judíos o gentiles: la iglesia. La circuncisión no es nada, y la incircuncisión no es nada; más bien, lo que vale es guardar los mandamientos de Dios (1 Cor. 7:19). Los religiosos judíos perdieron el reino por su incredulidad y falta de frutos. Ellos decían obedecer a Dios, pero sus obras eran contrarias; mientras que aquellos pecadores indignos que decían no querer servir a Dios, finalmente creyeron y arrepentidos obedecieron. A causa de esto Dios traspasó la primogenitura de Israel al mundo entero, sin distinción de nacionalidad; esta es una advertencia: Si decimos obedecer al Señor y no lo hacemos, ¿qué impide que también nosotros corramos la misma suerte que la rechazada Israel? Por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar (Rom.11:20-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:32

Comentario general

21.28-32 La parábola de Jesús ilustra la pérdida de la primogenitura por parte de Israel. Israel rechazó al Mesías por lo que fue rechazado. Esto fue ilustrado en la maldición de la higuera estéril (vrs. 18-19). Luego preguntaron al Señor por su autoridad, por lo que el Señor les respondió preguntándoles acerca de Juan. En seguida les da esta parábola en donde les hace ver que los publicanos y rameras que sí creyeron a Juan iban delante de los religiosos judíos (vr.32). De manera que a partir de aquí cambia el orden del pueblo de Dios, ahora la primogenitura y sus derechos están en aquellos que son de la fe de Cristo, sean judíos o gentiles. El judaísmo decía “Sí, Señor, voy”, pero no obedeció a la fe de Cristo (30). A diferencia de aquellos que parecían sin religión y que originalmente dijeron “No quiero”, pero después obedecieron a la fe del Señor (29). Israel era el primogénito en el reino de Dios. En Éxodo 4:22 leemos: Y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Nadie puede dudar qué especial ha sido para Dios este pueblo, su pueblo. Desafortunadamente, su religión dijo “voy, Señor”, pero no fue (vr.30). Por lo que al rechazar a Cristo el reino fue quitado de ellos y dado a gente que produzca los frutos (vrs. 42-45). Como leemos en Mateo 8:11-2 ante la fe del centurión: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí serán el lloro y el crujir de dientes. Esto nos habla de un cambio de primogenitura, tan visto en el Antiguo Testamento desde Caín y Abel. Ahora bien, al que cree se refiere a la iglesia, sin distingo de nacionalidad judía ni gentil (vr. 32; Gálatas 3:28; 5:6; Romanos 1:16; 3:30; 10:12-13). La iglesia es el primogénito por estar en Cristo, ya que incluso Cristo Jesús tomó la primogenitura que perdió Adán. Hay muchos tipos del traspaso de la primogenitura del reino de Dios en las Sagradas Escrituras: El hijo de la mujer aborrecida (Dt. 21:15-17). Éramos aborrecidos, pero en el plan divino y eterno somos los herederos. Esaú y Jacobo (Gn.27:19-32) Ismael e Isaac (Gál.4:22-26,28-31). La ley del Levirato (Dt.25:5-6). Israel según la carne no produjo hijos sino una religión de muerte, por lo que la iglesia ha tomado su lugar y debe producir hijos. Dichos hijos de la iglesia llevan el nombre del pueblo de Dios, especialmente los primeros hijos que fueron de entre los judíos. Efraín y Manasés (Gen. 48:14-20). La bendición como primogénito fue sobre Efraín (Jer. 31:9). Rubén y José (1 Cr. 5:1-2). Eliab y David (1 Cr. 2:13-15), igual que Amnón y Salomón (2 Sam. 3:2). Los hijos de Job murieron en casa del primogénito (Job 1:18-19). Dos árboles (Ez. 17:22-24). Este traspaso de la primogenitura no fue una improvisación de Dios, sino parte de su plan, era su misterio eterno. No es que cambiara de pueblo; su plan ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo. Israel fue llamado primero al plan divino, pero después los gentiles. Cuando Israel sea restaurado lo será dentro de este mismo plan en un solo pueblo y no aparte de los gentiles (un solo es el olivo de Dios). Las otras ovejas (Juan 10:16, 11:52; 17:20-21). Es el misterio de Cristo que fue revelado a Pablo, como él mismo lo relata en la carta a los Efesios: 3:4-6. Un solo pueblo (Ef. 2:13-14). Un solo hombre (Ef. 2:15; 4:13,24; Col. 3:9-11). Un solo cuerpo (Ef. 2:16; 4:14; 5:30) Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos… y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu (1 Cor. 12:13). Un solo Espíritu (Ef. 2:17-18). Una sola familia (Ef. 2:19). Una sola ciudad (Ef. 2:19) (la nueva Jerusalén). Un solo templo (Ef. 2:20-22). Una sola esposa (Ef. 5:25-27,30-32). Ya no hay más pueblo especial que éste, sea judíos o gentiles: la iglesia. La circuncisión no es nada, y la incircuncisión no es nada; más bien, lo que vale es guardar los mandamientos de Dios (1 Cor. 7:19). Los religiosos judíos perdieron el reino por su incredulidad y falta de frutos. Ellos decían obedecer a Dios, pero sus obras eran contrarias; mientras que aquellos pecadores indignos que decían no querer servir a Dios, finalmente creyeron y arrepentidos obedecieron. A causa de esto Dios traspasó la primogenitura de Israel al mundo entero, sin distinción de nacionalidad; esta es una advertencia: Si decimos obedecer al Señor y no lo hacemos, ¿qué impide que también nosotros corramos la misma suerte que la rechazada Israel? Por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar (Rom.11:20-23).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:33

Comentario general

21.33 Dios cambia los arrendatarios de su reino. Desde que el Señor entró en Jerusalén y limpió el templo ha venido hablando sobre el rechazo de Israel: La higuera estéril, maldecida, simbolizando a la nación seca y abandonada por no dar los frutos del reino de Dios. El desafío a la autoridad de Cristo como muestra de su incredulidad y envidia. La parábola de los dos hijos en donde vimos a Israel perdiendo su primogenitura en el reino de Dios. Es en ese mismo tenor que el Señor da la parábola de los versículos 33 al 42. Primeramente vemos un padre de familia, literalmente Amo de una casa. Sin duda se trata del Padre Celestial, nuestro Dios. La obra del Padre Celestial es plantar una viña. Tradicionalmente se ha enseñado que la viña es el pueblo de Israel, sin embargo, esto no es del todo cierto. En realidad, la viña es el reino de Dios, que en su momento lo desarrolló a través de Israel (Sal. 80:8-16; Jer. 2:21; Ez. 15:1-6). Es por eso que el Señor Jesucristo diría acerca de sí mismo: Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el Labrador (Juan 15:-11). Israel parecía, pero no era la vid verdadera; sólo fue parte temporalmente de la viña. Aún así, los judíos entendieron claramente que cuando el Señor Jesús hablaba de la viña se refería a Israel (Is. 5:1-7). Ahora la iglesia compuesta sin distingo de judíos y gentiles es la labranza de Dios (1 Cor. 3:9). La cercó de vallado. Esta cerca o vallado era un seto de espinos que los labradores ponían a sus sembradíos para impedir que los animales salvajes; así como tampoco los ladrones entraran y robaran el fruto. El vallado que Dios puso a su obra fue la ley, la cual traía maldición al desobediente. A través de ordenanzas buscó guardar a su pueblo de que se corrompiera como los demás pueblos. La ley fue el ayo, el cuidador, en tanto que eran “niños” (Gal. 3:19,23-24). Cavó en ella un lagar. Un lugar labrado en la roca en forma de dos surcos conectados por un canal. Las uvas se pisaban en el surco más alto para que el jugo se pasara al siguiente. Esto significa que el Dueño de la viña esperaba frutos del reino en Israel. Edificó una torre. La torre sería de vigilancia para que desde la parte más alta sus atalayas cuidaran de la viña. La historia nos dice que los atalayas de Israel fueron ciegos. No hubo cuidadores de la obra de Dios. La arrendó a unos labradores. Era cosa común el hacer esto. Los arrendatarios espirituales fueron los líderes judíos que debían cuidar la obra de Dios en Israel y edificar el reino (reyes, sacerdotes, levitas, escribas, rabíes, líderes espirituales, etc.), fariseos, herodianos, saduceos. Misterio de su amor, Dios confiando en el hombre.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:34

Comentario general

21.34 Dios pide resultados de todo lo que ha bendecido. Proporciona recursos y espera multiplicación de los mismos, obras, frutos. A los labradores se les pidió fruto en su tiempo. La paciencia de Dios no apura al hombre (Lev. 19:23-25). Dios no pone al hombre a trabajar por entretenimiento, sino porque tiene que presentarle fruto. Ninguno se acercará a Dios con las manos vacías. Cada uno dará a Dios cuenta de sí. Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:35

Comentario general

21.35-36 Los inquilinos a quienes se les encargó el reino de Dios, es decir, a los judíos, afrentaron a los profetas de Dios. El Dueño de la viña envió siervos por los frutos del reino. Estos siervos fueron los profetas (Mat. 5:12). A uno golpearon, literalmente “dañaron su piel o despellejaron”. A otro mataron. A otro apedrearon. Luego les envió profetas en mayor número (lit.), la era dorada de la profecía; e hicieron lo mismo con ellos. Por siglos Dios estuvo amonestando a Israel a través de los profetas, siendo el último de ellos Juan el Bautista, ¡y no escucharon! Una seria advertencia a la iglesia: no cerremos los oídos.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:36

Comentario general

21.35-36 Los inquilinos a quienes se les encargó el reino de Dios, es decir, a los judíos, afrentaron a los profetas de Dios. El Dueño de la viña envió siervos por los frutos del reino. Estos siervos fueron los profetas (Mat. 5:12). A uno golpearon, literalmente “dañaron su piel o despellejaron”. A otro mataron. A otro apedrearon. Luego les envió profetas en mayor número (lit.), la era dorada de la profecía; e hicieron lo mismo con ellos. Por siglos Dios estuvo amonestando a Israel a través de los profetas, siendo el último de ellos Juan el Bautista, ¡y no escucharon! Una seria advertencia a la iglesia: no cerremos los oídos.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:37

Comentario general

21.37 Después de los profetas, Dios envió a su propio Hijo. Vemos la paciencia, la justicia y el amor de Dios. La paciencia en soportarles que mataran a sus siervos; la justicia en que no esperaba de ellos más de lo justo. ¡Y su amor en enviar a su Hijo! ¡Qué longanimidad, qué paciencia ante las afrentas, que buena disposición a perdonar, qué desgana a castigar! ¡Cuán abrumador contraste entre la codicia egocéntrica del hombre y la benignidad misericordiosa de Dios! Tendrán respeto a mi Hijo –la aparición de su Hijo puso en evidencia la terrible enemistad del corazón del hombre contra Dios. Así es la gracia de Dios, da lo mejor a quien es peor. La cruz de Cristo exalta el amor divino, pero también evidencia el endurecimiento de Israel.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:38

Comentario general

21.38 Desecharon al Hijo por envidia. Con estas palabras el Señor Jesús puso en evidencia las intenciones ocultas de los líderes espirituales judíos. Ellos querían matarle, le tenían envidia, sentían que estaban perdiendo su lugar de privilegio (Juan 11:47-50). Los labradores de la parábola no sabían que era imposible tener la herencia sin el Heredero; así también hay quienes piensan tener la herencia celestial sin Cristo; pero no se puede ser heredero de Dios sin ser coheredero con Cristo (Rom. 8:9,17). No se puede ir a Dios y ser salvo aparte de Cristo.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:39

Comentario general

21.39 Así que llevaron al heredero fuera de la viña y le mataron. Por tanto, también Jesús padeció fuera de la puerta de la ciudad para santificar al pueblo por medio de su propia sangre (Heb. 13:12). Esta es la actitud del que se pierde, saca al Señor de su vida, se propone vivir como él quiera aunque esto signifique expulsar a Dios de sus pensamientos y matar todo lo que provenga de Él. Por otro lado, ¡qué tremendo misterio! ¡si no fuera por la muerte del Hijo no tendríamos la herencia divina quienes creemos en Él!

— Roberto Tinoco

Mateo 21:40

Comentario general

21.40 Cuando venga. No sabemos muchas cosas con exactitud acerca del juicio final, pero sí sabemos que vendrá efectivamente. Dios no puede ser burlado, todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Dice un proverbio popular que “el hombre vive como si no fuera a morir y luego muere como si no hubiera vivido”. Esta es la biografía de algunos. Vidas sin propósito, ajenos de Dios; con la “teología del avestruz”, pensando que si ignoran el juicio de Dios no vendrán a Él. Pero el juicio de Dios vendrá. El Señor pregunta qué se hará con los labradores malvados y la respuesta será el juicio sobre sí mismos.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:41

Comentario general

21.41 Fueron ellos mismos quienes dictaron la sentencia. Nada es más patético como el que conoce el juicio de Dios pero vive indiferente a Él. Notemos cómo es censurada también la pasividad. Los inútiles son puestos a un lado y su trabajo es dado a otros. Dios ha advertido a la iglesia a no dejar que otro tome su corona. Israel según la carne perdió su privilegio y nada impide que tú y yo lo perdamos si no servimos a Dios. El Rey desea vasos de honra en su palacio.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:42

Comentario general

21.42 El Señor Jesús citó el Salmo 118:22-23. La expresión: la piedra que desecharon los edificadores en el original da a entender que los líderes judíos no aprobaron a Cristo, como el albañil rechaza una piedra como inservible, considerándola no apta. Esto mismo hacen todos aquellos que ante el evangelio no lo consideran como provechoso para sí mismo ni para los suyos. Los judíos eran los edificadores, pero no edificaron el reino. Hoy edificamos la iglesia; quien no se dedica a edificarla será quitado de ella. Ha venido a ser cabeza del ángulo. Significa que aún cuando tuvieron a Cristo en poco, Él continúa creciendo. Él es la Cabeza de la iglesia. El único que ha sido exaltado sobre todos y dado por Cabeza a la iglesia es Cristo Jesús. La indiferencia y el menosprecio humano no pueden opacar a Cristo. Aunque lo tengan en poco intentando darle su lugar a otros, Jesucristo es el Señor. Los edificadores pensaron que esa Piedra no servía, pero todo el reino de Dios está sobre ella. Él es la Piedra que ha definido el ángulo de la construcción y la Roca que ha definido su resistencia. ¡Aleluya! El Señor ha hecho esto. Es inevitable, es obra de Dios. No es idea de hombres; no importa cuánto nos opongamos; ¡Dios lo ha hecho! Por eso es cosa maravillosa a nuestros ojos. Para los hombres, la Piedra fue inservible, para Dios preciosa; para los creyentes Él es maravilloso.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:43

Comentario general

21.43 En el original no dice que será dado a gente, sino “a una nación”. Esta es la prueba de que la nación de Israel en cuanto a la carne fue quitada como pueblo de Dios y el reino de Dios fue dado a otra nación, a la iglesia, la nación celestial. El Israel de arriba. Que produzca los frutos - literalmente “que hace continuamente los frutos del reino”. La historia de la iglesia nos muestra que la iglesia ya pasó por esta misma experiencia: Después de siglos de oscurantismo, de ignorancia espiritual, de inquisición, de esconder la Biblia, de lujos eclesiásticos, de indulgencias y de abusos de “señores” Dios levantó un nuevo pueblo de creyentes que buscaron hacer su voluntad. El turno ha pasado a nosotros, si cometemos el mismo error correremos la misma suerte. El que no produzca los frutos del reino será cortado. Los frutos del reino son la vida y justicia del reino de Dios. El que practica el pecado no tiene frutos del reino. Las obras de la carne no son el fruto del reino (Gal. 5:19-21).

— Roberto Tinoco

Mateo 21:44

Comentario general

21.44 Ignorar a Cristo es tropezarse con la piedra. Actuar contra Él y su obra es recibir el impacto de esta Roca. Es ser aplastado. Literalmente “esparcirá como polvo”. Descripción gráfica de la condenación.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:45

Comentario general

21.45-46 Los principales sacerdotes y fariseos entendieron que el Señor Jesús hablaba de ellos. ¿Entendemos que habla de nosotros? Pero aunque lo entendían no creyeron ni se arrepintieron. ¿Lo creemos verdaderamente? ¿Nos mueve al arrepentimiento? Ellos buscaban echarle mano pero tenían al pueblo, esta clase de dualidad no debe ser nuestra. Creamos en Cristo por la gente y a pesar de la gente.

— Roberto Tinoco

Mateo 21:46

Comentario general

21.45-46 Los principales sacerdotes y fariseos entendieron que el Señor Jesús hablaba de ellos. ¿Entendemos que habla de nosotros? Pero aunque lo entendían no creyeron ni se arrepintieron. ¿Lo creemos verdaderamente? ¿Nos mueve al arrepentimiento? Ellos buscaban echarle mano pero tenían al pueblo, esta clase de dualidad no debe ser nuestra. Creamos en Cristo por la gente y a pesar de la gente.

— Roberto Tinoco

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