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Mateo 24

Jesús habla acerca del futuro

1Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.🗨 2Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.🗨 3Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?🗨 4Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.🗨 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.🗨 6Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.🗨 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.🗨 8Y todo esto será principio de dolores.🗨 9Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.🗨 10Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.🗨 11Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;🗨 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.🗨 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.🗨 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.🗨 15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),🗨 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.🗨 17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa;🗨 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.🗨 19Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!🗨 20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;🗨 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.🗨 22Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.🗨 23Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.🗨 24Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.🗨 25Ya os lo he dicho antes.🗨 26Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis.🗨 27Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.🗨 28Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.🗨 29E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.🗨 30Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.🗨 31Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.🗨 32De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.🗨 33Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.🗨 34De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.🗨 35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.🗨 36Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.🗨 37Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.🗨 38Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,🗨 39y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.🗨 40Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.🗨 41Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.🗨 42Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.🗨 43Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.🗨 44Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.🗨 45¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?🗨 46Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.🗨 47De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.🗨 48Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir;🗨 49y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos,🗨 50vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe,🗨 51y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 24: RV60

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Mateo 24:1

Comentario general

24.1 Los capítulos 24 y 25 de Mateo son polémicos, pues son históricos escatológicos, es decir, describen la historia de Jerusalén y los judíos por haber rechazado al Rey; así como tratan de la iglesia apuntando hacia el futuro. Tienen un cumplimiento en el primer siglo y otro en el retorno del Señor. Su énfasis principal es la segunda venida de Cristo (aclarando que la Biblia nunca dice “segunda” venida, sino que el retorno del Señor que nosotros llamamos “segunda venida” como la culminación de su primera venida. La Biblia habla de su venida, como si la segunda fuera parte de la primera). Estos capítulos son la respuesta que dio nuestro Señor Jesucristo a las preguntas de sus discípulos. Conviene tener esto en mente para no llegar a conclusiones erróneas. Los discípulos le preguntaron: ¿Cuándo serán estas cosas? Refiriéndose a la destrucción del templo de Jerusalén. ¿Qué señal habrá de tu venida? Refiriéndose a la segunda venida de Cristo. ¿Qué señal habrá del fin del siglo? Refiriéndose al final de la dispensación o época conocida como cristianismo. La respuesta del Señor en estos dos capítulos trata de la destrucción del templo (vrs.1-2); de todos los eventos trágicos que la humanidad ha enfrentado a lo largo de la historia de la iglesia (vrs.3-14); de la gran tribulación (vr.15-26); de su segunda venida (vrs.27-31); acerca de que la iglesia esté expectante esperándolo (Mat. 24:32-25:30); y por último, acerca del juicio que llevará a cabo a las naciones del mundo en su retorno (Mat. 25:31-46). Los primeros dos versículos, en los cuales veremos tipificado el abandono por parte del Rey Jesucristo del templo y de Jerusalén, como símbolos de Israel. Veamos. En el capítulo 26 de Levítico Dios da una serie de promesas de bendición y de castigo; entre ellas, emocionado Dios de amor por su pueblo le dice: ¡pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo! (Lev. 26:11-12). Ese es el deseo divino: habitar entre los hombres. En el Edén Dios muestra su propósito al hacer al hombre a su imagen y semejanza como una señal de lo que Dios mismo quería. Adán tipificaba a Dios, era su imagen y semejanza. Por ello creó al hombre, pero lo creó solo primeramente; y luego trajo los animales a él para que viera cómo los habría de llamar; con esto, Adán se dio cuenta de que algo le faltaba; tenía la abundancia de los frutos del huerto, clima perfecto e incontables animales, pero no tenía compañía. Al ponerle nombre a los animales observó que todos tenían pareja, eran macho y hembra, así llegó a la conclusión de que le faltaba su igual. Del mismo modo, quiso hacerse de una compañía para la eternidad, tenía la abundancia del cielo y millones de seres celestiales a su servicio, pero le faltaba alguien semejante a Él. Esta compañía es la humanidad redimida en donde Dios pudiera habitar y gozarse (Gen. 2:7-24). A lo largo de las Sagradas Escrituras tenemos muchos ejemplos y figuras como el de Adán. Dios habitó en el huerto del Edén. Luego Dios habitó en el altar de Noé, después de terminado el diluvio (Gen. 8). Mas tarde Dios no permitió la construcción de una casa en donde Él no moraba, esta es, la torre de Babel (Gen. 11). Entonces Dios, habiéndose propuesto crear un pueblo en el cual habitar, llamó a un hombre llamado Abraham a quien le dio promesas al respecto (Gen. 12). Con el tiempo, el nieto de Abraham llamado Jacob tuvo un sueño sobre la casa de Dios (Gen. 28); al despertar tomó la piedra que le había servido de cabecera y la llamó “casa de Dios” (Bet-el). De este Jacob hubo doce hijos y de ellos surgió el pueblo de Israel. A este pueblo Dios le prometió, si le servían, habitar en medio de ellos (Lev. 26:11-12), tal y como era su deseo original. Habitó en Israel en el tabernáculo de Moisés. Habitó en Israel en el tabernáculo de David. Habitó en Israel en el templo de Salomón. Cuando Israel se volvió idólatra, Dios los dejó por lo que el templo y la ciudad de Jerusalén fueron destruidos, los israelitas destruidos por los Asirios, salvándose únicamente los judíos y media tribu de Benjamín, siendo llevados a Babilonia por Nabucodonosor. Con todo, Dios no había olvidado su propósito original de hacerse de una casa y de una ciudad, por lo que después de 70 años de exilio los regresó a su tierra y se reconstruyó el templo y la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, cuando el Señor Jesús, el Mesías que es Dios mismo vino a su templo y a su ciudad para habitar en ella como Rey, los judíos lo rechazaron y lo llevaron a la cruz del Calvario; por esto, el Señor Jesús, el Dios Verdadero abandonó el templo y la ciudad para construir ahora un nuevo templo y una nueva ciudad: La iglesia. Él dijo: Edificaré mi iglesia (Mat. 16:18). Y esta vez no habría tropiezo. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Un día la iglesia estará terminada y será llamada La Nueva Jerusalén, la esposa del Cordero. ¡Aleluya! (Ap. 21). Esto es lo que significa el versículo primero de Mateo 24: Jesús salió del templo y la ciudad de Jerusalén por la dureza del corazón judío y por el rechazo de los religiosos (Mat. 23:37-39). Anteriormente, al entrar en Jerusalén limpió el templo, pero no quisieron recibirle. ¡Cuán trágico es tener el templo de Dios, que somos nosotros, sucio! En el pasado el profeta Ezequiel vio que la gloria de Dios abandonaba el templo (Ez. 10:18). Cuando Cristo salió del templo de Jerusalén volvió a cumplirse esta profecía. Por cuanto el Señor aún no había sido glorificado, los discípulos no habían entendido todas estas cosas; para ellos, el templo físico era maravilloso y quisieron mostrárselo al Señor Jesús; pero para el Señor Jesús ya no eran sino ruinas. Cristo es Dios y su cuerpo físico era la casa de Dios (Juan 1:1,14), como hoy lo somos nosotros, pero no lo entendían. Esta es la condición de algunos creyentes, para quienes las construcciones terrenales son el templo de Dios y lo ven maravilloso. Piensan que Dios habita allí, pero Dios no habita en templos hechas por manos de hombres (Hch. 17:24). La meta de Dios es la producción de su ciudad, la Nueva Jerusalén hecha por Él y que es la iglesia. A todos nos ha pasado que nos admiremos de los edificios que llamamos templos, pero eso es ceguera y religiosidad. ¡Admiremos la iglesia, el templo que Dios está haciendo! ¡Es glorioso!

— Roberto Tinoco

Mateo 24:2

Comentario general

24.2 A fin de que los discípulos comprendieran el propósito divino les respondió a los admirados discípulos: ¿veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Así nos dice ahora, ¿veis todas estas cosas? ¿los templos los edificios, los esfuerzos humanos, los programas y asuntos de hombre? ¡No quedará nada! Dios está usando piedras escogidas para su edificación y toda piedra que no es de Él, será derribada. A Dios no le impresiona la buena voluntad. Así como sólo Eva pudo satisfacer a Adán por cuanto había salido de él; así también sólo puede satisfacer a Dios lo que ha salido de Él. Todo lo que no edifica a la iglesia será quitado, el apóstol Pablo escribió: Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciera la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es (1 Cor. 3:9-17). Sólo permanece lo que es de Él y por Él. Sólo aquello que edifica a la iglesia para ser la casa y ciudad de Dios. Respecto a este nuevo templo y ciudad de Dios, la iglesia, esto es plenamente comprobado en las Escrituras: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (Mat. 16:18). Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 P. 2:5). Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad (1 Tim. 3:15). Pero Cristo como Hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firma hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza (Heb.3:6). Esta casa está en construcción, en crecimiento y en edificación: Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Ef. 2:20-22). Es un edificio que crece porque está vivo. Está hecho de piedras vivas, los creyentes. Nosotros somos el material para la edificación de la casa de Dios. Ahora, con respecto a que la iglesia es la ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén que está siendo edificada: Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (Ap. 21:2). Al principio del Génesis hay una novia, Eva, para el primer Adán. Al final también hay una novia: la iglesia, para Cristo, el postrer Adán (1 Cor. 15:45,47). El apóstol Juan dice que vio a esta novia y que era la Santa Ciudad, la nueva Jerusalén: Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal (Ap. 21:9-11). ¡La iglesia con la gloria de Dios! Esta ciudad está siendo edificada con todos los creyentes comprometidos con Cristo para ser uno solo con Él. Dios promete: al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios; y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre Él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén (Ap. 3:12). ¡Aleluya! ¡Haznos columna del templo Señor y danos el nombre de la Nueva Jerusalén! Esta es la consumación del deseo divino.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:3

Comentario general

24.3 Habiendo hablado el Señor Jesucristo acerca de la destrucción del templo (vrs. 1-2), la que incluía también la destrucción de la ciudad de Jerusalén; los discípulos preguntaron cuándo sería esto y qué señales habría antes de que ocurriera. Con respecto a la destrucción del templo de Herodes y de la ciudad de Jerusalén, esto se cumplió en el año 70 d.C. cuando el General romano, Tito, hijo del emperador Vespasiano y que a la postre también llegaría a ser emperador, sitió Jerusalén y la tomó destruyendo el templo; aquel asedio documenta el historiador judío Flavio Josefo, murieron 1,100,000 personas, la gran mayoría de hambre. En la respuesta del Señor Jesús encontramos, más que la explicación de tiempos, la necesidad de permanecer expectantes ante el retorno del Rey. El Señor Jesús nos habla de todos los eventos trágicos que la humanidad habría de enfrentar a lo largo de la historia de la iglesia (Vrs.3-14); de la gran tribulación (vrs.15-26); de su segunda venida (vrs.27-31); acerca de que la iglesia esté expectante esperándolo (Mt.24:32-25:30); y por último, acerca del juicio que llevará a cabo a las naciones del mundo en su venida (Mat. 25:31-46). Todo esto que habló el Señor Jesús es resultado de tres preguntas que le hicieran sus discípulos. Conviene tener esto en mente para entender correctamente lo que el Señor dijo. Este versículo contiene tres preguntas; las cuales se realizaron en el monte de los olivos. Esto es importante. Habiendo dejado Jerusalén, el Señor Jesús regresó al monte de los olivos. El monte de los olivos era como un refugio para el Señor, en los momentos cruciales de su ministerio como en la noche anterior a su arresto, fue allí para reunirse en privado con sus discípulos; pero más aún, para reunirse con Dios lejos del escándalo de la ciudad. Acababa de abandonar su ciudad y su templo, pero ahora lo vemos en paz, sentado en el monte de los olivos. Todos necesitamos tomar ejemplo, requerimos tener un lugar para estar a solas con Dios. Así era como los discípulos recibían las más grandes enseñanzas, estando en privado con Jesús: los discípulos se le acercaron aparte. No es fácil recibir la revelación del Señor sin estar en lo secreto con Él. Este tiempo requiere de voces y no de ecos; hacen falta maestros que enseñen lo que Dios muestra en privado y no que repitan lo que leyeron u otros les han dicho: porque ¿quién estuvo en el secreto de Yahwéh y vio y oyó su Palabra? ¿Quién estuvo atento a su Palabra y la oyó? (Jer. 23:18). Si algo ha caracterizado a los hombres de fe del pasado que dejaron huella fue que todos ellos tenían un tiempo diario devocional a solas con Dios para alimentarse de su Palabra y disfrutar al Señor; preguntándole y escuchándole. Este es el principio de preguntar en privado. Respecto a la triple pregunta: ¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Es la vértice en donde giran los capítulos 24 y 25 de Mateo. Ellos querían saber cuándo sería destruido el templo y la ciudad de Jerusalén; qué pasaría antes del retorno del Señor para poder estar expectantes; y también, cómo reconocerían el fin de esa edad, época o dispensación. El Señor Jesús respondió a estas preguntas y lo hizo de tal manera que aunque satisface plenamente las mismas no nos proporciona un mapa escatológico. Al menos en Mateo 24 y 25 no tenemos detallado todo lo referente a la profecía; así que haremos bien interpretando estos capítulos en torno a las preguntas que el Señor estaba respondiendo. Dicho sea de paso, la respuesta claramente podemos leerla en el versículo 36 Del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre. Este es un candado de seguridad que impedirá que nos extraviemos. Mateo 24 y 25 no son un mapa detallado, por el contrario, relata eventos muy generales. Su propósito no es el detallar, sino el de producir un anhelo tal que nos haga estar ansiosos esperando la venida del Señor como inminente a todos los tiempos.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:4

Comentario general

24.4-5 Con respecto a la triple pregunta (mira el versículo anterior), el Señor responde primero qué señal habrá del fin del siglo (vrs. 4-14); luego, qué señal habrá de su venida (vrs. 15-31); y por último cuándo serán estas cosas (vrs.32-39). Si nos fijamos bien, respondió en orden inverso a como se le preguntó. Su respuesta incluye doce señales. Los últimos días comenzaron desde que el Señor Jesucristo vino a este mundo, la destrucción de Jerusalén y del templo hizo patente que Dios ya no estaba tratando sólo con Israel sino con todo el mundo. El apóstol Pedro dijo que Joel había profetizado el descenso del Espíritu Santo en los postreros días (Hch. 2:17). Y el apóstol Juan escribió (1 Juan 2:18) hijitos, ya es el último tiempo. Así que los últimos días no se refieren a unos cuántos días, sino al último período de la historia de la humanidad antes de que el Señor Jesús establezca su reino. Veamos las señales: La primera señal: los falsos cristos. En el texto que citamos de 1 Juan 2:18 vemos que el apóstol reconocía su época como los últimos días porque decía que han surgido muchos anticristos, por eso conocemos que es el último tiempo. Desde que el Señor Jesús ascendió a los cielos muchos han dicho que son Cristo; muchos han venido usando Su Nombre y desafortunadamente también son muchos los que los han seguido. La historia está manchada de impostores de Cristo. El Señor Jesús sabía que después de su partida esto sucedería, de entre vosotros - dijo Pablo - se levantarán lobos rapaces que no perdonarán el rebaño (Hch. 20:29) ¿Cómo les reconocemos? Dijo el Señor Jesucristo: si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo o mirad, allí está, no lo creáis ni aunque hagan señales y prodigios (vrs.2 3-27 véanse). Cuando el Señor Jesucristo regrese no habrá lugar para dudas. La diferencia entre Cristo y los falsos cristos es que el Señor vino en nombre del Padre, ha diferencia entre Cristo y los falsos cristos es que el Señor vino en nombre del Padre, ha diferencia de los impostores que se anuncian a sí mismos (Juan 5:43); pero estos últimos no duran (Hch. 5:36-37).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:5

Comentario general

24.4-5 Con respecto a la triple pregunta (mira el versículo anterior), el Señor responde primero qué señal habrá del fin del siglo (vrs. 4-14); luego, qué señal habrá de su venida (vrs. 15-31); y por último cuándo serán estas cosas (vrs.32-39). Si nos fijamos bien, respondió en orden inverso a como se le preguntó. Su respuesta incluye doce señales. Los últimos días comenzaron desde que el Señor Jesucristo vino a este mundo, la destrucción de Jerusalén y del templo hizo patente que Dios ya no estaba tratando sólo con Israel sino con todo el mundo. El apóstol Pedro dijo que Joel había profetizado el descenso del Espíritu Santo en los postreros días (Hch. 2:17). Y el apóstol Juan escribió (1 Juan 2:18) hijitos, ya es el último tiempo. Así que los últimos días no se refieren a unos cuántos días, sino al último período de la historia de la humanidad antes de que el Señor Jesús establezca su reino. Veamos las señales: La primera señal: los falsos cristos. En el texto que citamos de 1 Juan 2:18 vemos que el apóstol reconocía su época como los últimos días porque decía que han surgido muchos anticristos, por eso conocemos que es el último tiempo. Desde que el Señor Jesús ascendió a los cielos muchos han dicho que son Cristo; muchos han venido usando Su Nombre y desafortunadamente también son muchos los que los han seguido. La historia está manchada de impostores de Cristo. El Señor Jesús sabía que después de su partida esto sucedería, de entre vosotros - dijo Pablo - se levantarán lobos rapaces que no perdonarán el rebaño (Hch. 20:29) ¿Cómo les reconocemos? Dijo el Señor Jesucristo: si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo o mirad, allí está, no lo creáis ni aunque hagan señales y prodigios (vrs.2 3-27 véanse). Cuando el Señor Jesucristo regrese no habrá lugar para dudas. La diferencia entre Cristo y los falsos cristos es que el Señor vino en nombre del Padre, ha diferencia entre Cristo y los falsos cristos es que el Señor vino en nombre del Padre, ha diferencia de los impostores que se anuncian a sí mismos (Juan 5:43); pero estos últimos no duran (Hch. 5:36-37).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:6

Comentario general

24.6-8 La segunda señal (mira la nota anterior): las guerras. Algo que ha caracterizado a la humanidad desde la primera venida de Cristo es su aumento en las guerras cada vez más abundantes. Aquí no se habla de la Gran Tribulación, sino de la historia de estos últimos dos mil años. El mundo ha vivido en incertidumbre: guerras y rumores de guerras. Lo que el ser humano tiene en su interior se ha visto reflejado en su exterior, la falta de paz ha engentado el fruto de la discordia. El caballo bermejo visto por Juan en el Apocalipsis (6:4) ha estado cabalgando desde aquel entonces y continúa rodeando la tierra. Se levantará nación contra nación y reino contra reino. La palabra griega usada aquí para nación es ethnos, la cual denota a la gente, especialmente a los gentiles. La palabra para reino es basileia, significa imperio. En otras palabras, el Señor Jesús advirtió como señal característica de la historia antes de su retorno que habría guerras civiles e internacionales y rumores de ellas en todas partes. Todo esto se a visto sobradamente y millones han muerto por la guerra. Deben bastarnos tan sólo los ejemplos de la Primera y la Segunda guerras mundiales más próximas ya que no es posible relatar todas las revueltas, evoluciones y guerras civiles e internacionales que la humanidad ha experimentado desde el primero siglo de nuestra era. Sin embargo, a pesar de tanta violencia, el Señor dice a su pueblo: no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin (vr. 6). No debemos turbarnos por la guerra ya que estamos en un mundo sin Cristo; lo difícil de entender es que sea necesario que todo esto acontezca. Parece que antes de que Dios edifique su nueva casa por completo es necesario que las ruinas de este mundo sean derrumbadas totalmente. La tercera y la cuarta señales: la peste y el hambre (vr. 7): Después de la guerra y como consecuencia lógica hay pestes y hambre. Ha habido ocasiones a lo largo de estos dos mil años en que después de terribles guerras los cadáveres putrefactos han provocado más muertes que la guerra misma. Así es toda enemistad y contienda: engendra muerte que a su vez contamina con muerte a otros. Y también, como se ha visto ya repetidas veces, después de la guerra abunda el hambre. El caballo negro del hambre sigue al bermejo de la guerra; dice Ap. 6:5-6 sobre este caballo: y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y se oyó una voz que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario. En otras palabras, describe la miseria y el hambre que resultan de la guerra. La quinta señal: los terremotos. Según los sismólogos, los temblores y terremotos han ido aumentando hacia un clímax al punto de que en los últimos cien años han habido más temblores y terremotos en el mundo que en los 1900 años juntos que les precedieron. Y siguen aumentando multiplicándose al doble cada 10 años. El Señor dijo que era principio de dolores, lo que significa que no era lo peor ni el total que había de pasar. Con todo, los cristianos no somos alarmistas ante la profecía bíblica, pues Dios nos ha prometido que El guarda en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Él persevera, porque en Él confía. ¡Confiad en Yahwéh para siempre, porque Él es la Roca de la eternidad! (Is. 26:3-4). El término usado para “principio de dolores” (gr. dolores= odinon) significa “los primeros dolores de parto”. Es decir, el mundo atraviesa terribles males, pero después de esto habrá de nacer el reino de Cristo. La Biblia aclara que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos…gemimos…esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Rom. 8:22-23). Dios se ha propuesto que nazca un Nuevo Hombre, una Nueva Humanidad redimida por la sangre de Cristo, la cual es la iglesia. Pablo trata este tema en su carta a los Efesios. No hablo de alguna denominación, sino de la iglesia de Cristo, de todos aquellos vencedores que nos propusimos vivir para Cristo. Todos los males de este mundo han sido la preparación de esta iglesia, por eso han sido necesarios (vr.6). De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo (Juan 16:20-22). Este nuevo Hombre está por nacer ¡Cristo viene! La iglesia está gestándose. Vemos, por ejemplo, en el Apocalipsis 12 que una mujer, que representa al pueblo de Dios, estaba encinta y clamaba con dolores de parto y sufría angustia de un alumbramiento para dar a luz a un puñado de creyentes victoriosos que sirvan al Señor. Lee también Miqueas 4:9-10. Y el apóstol Pablo escribió: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gal. 4:19). Estamos en exámenes pero se acerca el día de la graduación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:7

Comentario general

24.6-8 La segunda señal (mira la nota anterior): las guerras. Algo que ha caracterizado a la humanidad desde la primera venida de Cristo es su aumento en las guerras cada vez más abundantes. Aquí no se habla de la Gran Tribulación, sino de la historia de estos últimos dos mil años. El mundo ha vivido en incertidumbre: guerras y rumores de guerras. Lo que el ser humano tiene en su interior se ha visto reflejado en su exterior, la falta de paz ha engentado el fruto de la discordia. El caballo bermejo visto por Juan en el Apocalipsis (6:4) ha estado cabalgando desde aquel entonces y continúa rodeando la tierra. Se levantará nación contra nación y reino contra reino. La palabra griega usada aquí para nación es ethnos, la cual denota a la gente, especialmente a los gentiles. La palabra para reino es basileia, significa imperio. En otras palabras, el Señor Jesús advirtió como señal característica de la historia antes de su retorno que habría guerras civiles e internacionales y rumores de ellas en todas partes. Todo esto se a visto sobradamente y millones han muerto por la guerra. Deben bastarnos tan sólo los ejemplos de la Primera y la Segunda guerras mundiales más próximas ya que no es posible relatar todas las revueltas, evoluciones y guerras civiles e internacionales que la humanidad ha experimentado desde el primero siglo de nuestra era. Sin embargo, a pesar de tanta violencia, el Señor dice a su pueblo: no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin (vr. 6). No debemos turbarnos por la guerra ya que estamos en un mundo sin Cristo; lo difícil de entender es que sea necesario que todo esto acontezca. Parece que antes de que Dios edifique su nueva casa por completo es necesario que las ruinas de este mundo sean derrumbadas totalmente. La tercera y la cuarta señales: la peste y el hambre (vr. 7): Después de la guerra y como consecuencia lógica hay pestes y hambre. Ha habido ocasiones a lo largo de estos dos mil años en que después de terribles guerras los cadáveres putrefactos han provocado más muertes que la guerra misma. Así es toda enemistad y contienda: engendra muerte que a su vez contamina con muerte a otros. Y también, como se ha visto ya repetidas veces, después de la guerra abunda el hambre. El caballo negro del hambre sigue al bermejo de la guerra; dice Ap. 6:5-6 sobre este caballo: y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y se oyó una voz que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario. En otras palabras, describe la miseria y el hambre que resultan de la guerra. La quinta señal: los terremotos. Según los sismólogos, los temblores y terremotos han ido aumentando hacia un clímax al punto de que en los últimos cien años han habido más temblores y terremotos en el mundo que en los 1900 años juntos que les precedieron. Y siguen aumentando multiplicándose al doble cada 10 años. El Señor dijo que era principio de dolores, lo que significa que no era lo peor ni el total que había de pasar. Con todo, los cristianos no somos alarmistas ante la profecía bíblica, pues Dios nos ha prometido que El guarda en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Él persevera, porque en Él confía. ¡Confiad en Yahwéh para siempre, porque Él es la Roca de la eternidad! (Is. 26:3-4). El término usado para “principio de dolores” (gr. dolores= odinon) significa “los primeros dolores de parto”. Es decir, el mundo atraviesa terribles males, pero después de esto habrá de nacer el reino de Cristo. La Biblia aclara que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos…gemimos…esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Rom. 8:22-23). Dios se ha propuesto que nazca un Nuevo Hombre, una Nueva Humanidad redimida por la sangre de Cristo, la cual es la iglesia. Pablo trata este tema en su carta a los Efesios. No hablo de alguna denominación, sino de la iglesia de Cristo, de todos aquellos vencedores que nos propusimos vivir para Cristo. Todos los males de este mundo han sido la preparación de esta iglesia, por eso han sido necesarios (vr.6). De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo (Juan 16:20-22). Este nuevo Hombre está por nacer ¡Cristo viene! La iglesia está gestándose. Vemos, por ejemplo, en el Apocalipsis 12 que una mujer, que representa al pueblo de Dios, estaba encinta y clamaba con dolores de parto y sufría angustia de un alumbramiento para dar a luz a un puñado de creyentes victoriosos que sirvan al Señor. Lee también Miqueas 4:9-10. Y el apóstol Pablo escribió: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gal. 4:19). Estamos en exámenes pero se acerca el día de la graduación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:8

Comentario general

24.6-8 La segunda señal (mira la nota anterior): las guerras. Algo que ha caracterizado a la humanidad desde la primera venida de Cristo es su aumento en las guerras cada vez más abundantes. Aquí no se habla de la Gran Tribulación, sino de la historia de estos últimos dos mil años. El mundo ha vivido en incertidumbre: guerras y rumores de guerras. Lo que el ser humano tiene en su interior se ha visto reflejado en su exterior, la falta de paz ha engentado el fruto de la discordia. El caballo bermejo visto por Juan en el Apocalipsis (6:4) ha estado cabalgando desde aquel entonces y continúa rodeando la tierra. Se levantará nación contra nación y reino contra reino. La palabra griega usada aquí para nación es ethnos, la cual denota a la gente, especialmente a los gentiles. La palabra para reino es basileia, significa imperio. En otras palabras, el Señor Jesús advirtió como señal característica de la historia antes de su retorno que habría guerras civiles e internacionales y rumores de ellas en todas partes. Todo esto se a visto sobradamente y millones han muerto por la guerra. Deben bastarnos tan sólo los ejemplos de la Primera y la Segunda guerras mundiales más próximas ya que no es posible relatar todas las revueltas, evoluciones y guerras civiles e internacionales que la humanidad ha experimentado desde el primero siglo de nuestra era. Sin embargo, a pesar de tanta violencia, el Señor dice a su pueblo: no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin (vr. 6). No debemos turbarnos por la guerra ya que estamos en un mundo sin Cristo; lo difícil de entender es que sea necesario que todo esto acontezca. Parece que antes de que Dios edifique su nueva casa por completo es necesario que las ruinas de este mundo sean derrumbadas totalmente. La tercera y la cuarta señales: la peste y el hambre (vr. 7): Después de la guerra y como consecuencia lógica hay pestes y hambre. Ha habido ocasiones a lo largo de estos dos mil años en que después de terribles guerras los cadáveres putrefactos han provocado más muertes que la guerra misma. Así es toda enemistad y contienda: engendra muerte que a su vez contamina con muerte a otros. Y también, como se ha visto ya repetidas veces, después de la guerra abunda el hambre. El caballo negro del hambre sigue al bermejo de la guerra; dice Ap. 6:5-6 sobre este caballo: y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y se oyó una voz que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario. En otras palabras, describe la miseria y el hambre que resultan de la guerra. La quinta señal: los terremotos. Según los sismólogos, los temblores y terremotos han ido aumentando hacia un clímax al punto de que en los últimos cien años han habido más temblores y terremotos en el mundo que en los 1900 años juntos que les precedieron. Y siguen aumentando multiplicándose al doble cada 10 años. El Señor dijo que era principio de dolores, lo que significa que no era lo peor ni el total que había de pasar. Con todo, los cristianos no somos alarmistas ante la profecía bíblica, pues Dios nos ha prometido que El guarda en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Él persevera, porque en Él confía. ¡Confiad en Yahwéh para siempre, porque Él es la Roca de la eternidad! (Is. 26:3-4). El término usado para “principio de dolores” (gr. dolores= odinon) significa “los primeros dolores de parto”. Es decir, el mundo atraviesa terribles males, pero después de esto habrá de nacer el reino de Cristo. La Biblia aclara que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos…gemimos…esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Rom. 8:22-23). Dios se ha propuesto que nazca un Nuevo Hombre, una Nueva Humanidad redimida por la sangre de Cristo, la cual es la iglesia. Pablo trata este tema en su carta a los Efesios. No hablo de alguna denominación, sino de la iglesia de Cristo, de todos aquellos vencedores que nos propusimos vivir para Cristo. Todos los males de este mundo han sido la preparación de esta iglesia, por eso han sido necesarios (vr.6). De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo (Juan 16:20-22). Este nuevo Hombre está por nacer ¡Cristo viene! La iglesia está gestándose. Vemos, por ejemplo, en el Apocalipsis 12 que una mujer, que representa al pueblo de Dios, estaba encinta y clamaba con dolores de parto y sufría angustia de un alumbramiento para dar a luz a un puñado de creyentes victoriosos que sirvan al Señor. Lee también Miqueas 4:9-10. Y el apóstol Pablo escribió: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gal. 4:19). Estamos en exámenes pero se acerca el día de la graduación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:9

Comentario general

24.9 La sexta señal: la persecución. Después de mencionar las primeras cinco señales el Señor Jesús dijo que esto eran el principio de los dolores de parto que eran necesarios para dar a luz al Nuevo Hombre creado en Cristo Jesús. Ahora, con la sexta señal nos indica el incremento de esos dolores de parto. La sexta señal, la persecución, fue vista por el apóstol Juan en su visión apocalíptica: cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la Palabra de Dios y por el testimonio que tenían (Ap. 6:9-11). Todo esto ha venido pasando ya por casi dos mil años. El altar celestial de Dios tiene muchas almas de mártires. Esta tribulación no es la Gran Tribulación y tiene como propósito provocar a la definición cristiana. Nada ha pulido más a la iglesia como la persecución. La iglesia es como la hoguera, cuanto más se le golpea con la vara más fuego enciende con sus chispas. Dos reinos contrarios no pueden evitar enfrentarse, si fuerais de mundo, el mundo amaría lo suyo. Pero por cuanto no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo; por eso el mundo os aborrece (Juan 15:19). Si alguno no se ha topado con el diablo es que va en su misma dirección. Ante la persecución debemos regocijarnos, el libro de los Hechos relata que los apóstoles se gozaban por haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre de Jesús (Hch. 5:41). Si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello (1 P. 4:16). La historia de la iglesia está plagada de mártires; millones han derramado su sangre por causa de Jesús y muchos más estamos dispuestos a vivir y morir por Cristo. Ignacio de Antioquía (107 d.C.): “Estoy empezando a ser discípulo…el fuego y la cruz, muchedumbres de fieras, huesos quebrados… todo he de aceptarlo, con tal de que yo alcance a Jesucristo”. El rogaba para que no se le quitara el privilegio de ser muerto por Cristo: “no pidan por mi libertad, sino para que no solo me llame cristiano, sino que me comporte como tal. Mi amor está crucificado… no me gusta ya la comida perecedera. Porque cuando yo sufra, seré libre en Jesucristo y con Él resucitaré en libertad. Soy testigo de Dios y los dientes de las fieras han de molerme para que pueda ser ofrecido como limpio pan de Cristo”. Policarpo de Esmirna (155 d.C.): Cuando el procónsul del imperio romano le instó a maldecir a Cristo y jurar por el emperador para liberarlo, respondió: “86 años le he servido y sólo me ha hecho bienes, ¡cómo he de maldecir a mi Rey que me salvó?” Así como ellos muchos han tenido el privilegio de ofrendar su vida a Cristo. Esta es la sexta señal.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:10

Comentario general

24.10 La séptima señal: los tropiezas. Desafortunadamente no sólo han existido grandes mártires, sino también grandes tropiezos y traiciones. El Señor Jesús anunció que esto sería una señal. A lo largo de la historia de la iglesia hicieron falta para que unos murieran por Cristo y que otros lo entregaran; lo mejor y lo peor de la humanidad. Ante la persecución y las dificultades muchos tropezarán entonces. La palabra griega para tropezar es “skandalizo” (compara con escándalo). Significa que aquellos que tropiezan, tropiezan en la fe porque se escandalizan, se alarman ante las dificultades que les implica ser cristianos o las faltas de otros cristianos y prefieren regresarse al mundo. Ante eso, dijo el Señor: bienaventurado el que no halle tropiezo en mí (Mat. 11:6). Los que no tienen raíces profundas en Cristo tropiezan al venir las aflicciones, la persecución o las fallas (Mat. 13:21). Se entregarán unos a otros y es triste decirlo, pero a lo largo de la historia de la iglesia se ha visto esto. El profeta Miqueas escribió: no creáis en el amigo; ni esperéis en el compañero. Cuídate de la que duerme contigo; guarda tu boca. Porque el hijo trata con menosprecio a su padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra la suegra, y los enemigos del hombre son los de su propia casa (Miq. 7:5-6). Por eso, amamos a Cristo por sobre todas las cosas.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:11

Comentario general

24.11 El apóstol Pablo también advirtió que este tiempo se caracterizan por falsos profetas: El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañosos y a doctrinas de demonios (1 Tim. 4:1). Lee 2 Pedro 2:1. ¡Cómo los reconocemos? Por sus frutos los conoceréis dijo el Señor (Mat. 7:15). Judas 1:4. Los hijos se parecen a los padres y los hijos de Dios nos parecemos a Dios (1 Juan 3:9). Un falso profeta es aquel que dice anunciar algo de parte de Dios, pero habla por sí mismo; también, un falso profeta es aquel que habla lo que no vive.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:12

Comentario general

24.12-13 La novena señal: la falta de amor. La consecuencia lógica de un mundo donde hay creyentes que tropiezan y falsos profetas que engañan es que el amor de muchos se enfríe. Por haberse multiplicado la maldad, esto es, las guerras, el hambre, los terremotos, la persecución de los creyentes, los tropiezos de unos y las traiciones de otros, los falsos profetas que abusan de la fe, etc., etc., el amor de muchos se enfriará. Sin embargo, aquél que deja de amar al Señor y a sus hermanos a causa de todo esto no es una víctima, sino culpable; pues el Señor Jesús dice: tengo contra ti que haz dejado tu primer amor… ¡arrepiéntete! (Ap. 2:4). De allí que mismo Señor nos exhorta que a pesar de que el amor de muchos se enfríe, el que perseverare hasta el fin, éste será salvo (vr.13). Dios recompensa a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que por su perseverancia…buscan gloria, honra e incorrupción (Rom. 2:6-7) Si retenemos la confianza y el gloriarnos de la esperanza (Heb. 3:6).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:13

Comentario general

24.12-13 La novena señal: la falta de amor. La consecuencia lógica de un mundo donde hay creyentes que tropiezan y falsos profetas que engañan es que el amor de muchos se enfríe. Por haberse multiplicado la maldad, esto es, las guerras, el hambre, los terremotos, la persecución de los creyentes, los tropiezos de unos y las traiciones de otros, los falsos profetas que abusan de la fe, etc., etc., el amor de muchos se enfriará. Sin embargo, aquél que deja de amar al Señor y a sus hermanos a causa de todo esto no es una víctima, sino culpable; pues el Señor Jesús dice: tengo contra ti que haz dejado tu primer amor… ¡arrepiéntete! (Ap. 2:4). De allí que mismo Señor nos exhorta que a pesar de que el amor de muchos se enfríe, el que perseverare hasta el fin, éste será salvo (vr.13). Dios recompensa a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que por su perseverancia…buscan gloria, honra e incorrupción (Rom. 2:6-7) Si retenemos la confianza y el gloriarnos de la esperanza (Heb. 3:6).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:14

Comentario general

24.14 la décima señal: la predicación del evangelio del reino en todo el mundo. Hay quien dice que el Señor Jesús no puede regresar por cuanto aún existen lugares como la llamada ventana 10.40 que no ha sido alcanzada por el evangelio. Al respecto quiero aclarar que todo el mundo ya ha recibido la oportunidad de escuchar el evangelio; la misma ventana 10.40 fue en el principio de la historia de la iglesia (siglos I y II) la más evangelizada y en diferentes épocas cada parte del mundo ha tenido el testimonio del evangelio. Que algunas regiones hayan desaprovechado su tiempo no impide el retorno del Señor. Jesús dijo de Israel: no conociste el tiempo de tu visitación, así ha sucedido también a otros lugares; pero todo el mundo ha tenido ya la oportunidad de la predicación del evangelio del reino (Rom. 10:18). También se menciona que hay un evangelio del reino y un evangelio de la gracia, yo no pienso así, pues no existe más evangelio que el evangelio de Jesucristo (Gal. 1:6-9), el cual incluye tanto la gracia como el reino. Dondequiera que se predique al Rey Jesucristo, allí está el evangelio del reino. Hasta aquí hemos visto diez señales que han venido cumpliéndose en la historia de la iglesia y de la humanidad. Ninguna de ellas señala un día específico, sino un acontecimiento específico: ¡Cristo viene! ¡Aleluya! Estemos preparados para recibirle.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:15

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:16

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:17

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:18

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:19

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:20

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:21

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:22

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:23

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:24

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:25

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:26

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:27

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:28

Comentario general

24.15-28 Los versículos del 15 al 28 tratan acerca de las señales antes del fin de la presente era cristiana. Una vez que los discípulos preguntaron al Señor Jesús ¿Cuándo serán estas cosas? - refiriéndose a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén - ¿qué señal habrá de tu venida? - refiriéndose al retorno del Señor - ¿y qué señal habrá del fin del siglo? - refiriéndose al término de la historia como la conocemos, a la presente era o dispensación (Mat. 24:3). El Rey respondió que habría doce señales, de las cuales ya vimos en versículos anteriores las primeras diez. La señal número once es la Gran Tribulación. Señal que debe suceder antes de la venida del Señor según el orden de dicha respuesta. Éstos versículos no contienen todos los detales de la Gran Tribulación, únicamente lo que el Señor dijo, ya que el énfasis no es el de un estudio escatológico, sino el de esperar su venida. Con respecto a la venida del Señor, no perdamos de vista que la Biblia nunca dice “la segunda venida”, sino sólo “la venida”; porque su retorno es en realidad parte del cumplimiento de lo que hoy llamaremos “su primera” venida. Cuando el Señor inició su ministerio, dice Lucas que leyó en una sinagoga de Nazaret al profeta Isaías (Luc. 4:17-19); en dicha lectura anunció el cumplimiento de la venida del Mesías en su persona, y leyó (Luc. 4:17-19). Si comparamos lo dicho por el Señor en Lucas con lo dicho por Isaías en Isaías 61:1-3 vemos que el Señor se detuvo intencionalmente en su lectura en el año de la buena voluntad de Yahwéh y omitió el día de venganza del Dios nuestro. Lo que habló fue cumplido con su ministerio terrenal de tres y medio años, más lo que omitió está aun por cumplirse, y se llevará a cabo en su retorno. En esto vemos que no hay primera y segunda venida, sino que lo que hoy llamamos la segunda, esto es, el retorno del Señor es parte de la primera venida. Cristo regresará a terminar lo que empezó. Por ello, para contestar a los discípulos acerca de cuándo vendrá, dio la señal de la Gran Tribulación, que sucederá inmediatamente antes de la segunda parte de su venida, el retorno. ¿Cuándo será? –le preguntaron. Y su respuesta fue cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel. Y fue más enfático al decir: el que lee entienda. Tenemos que ir a Daniel para entender de que estaba hablando el Señor. En dicho libro encontramos una especie de mapa en el que Dios le explica a Daniel cuál habría de ser el futuro para el pueblo de Israel. Esto es muy importante, ya que trata acerca de Israel y no del resto del mundo, aún cuando todo el mundo enfrente la Gran Tribulación, porque la Gran Tribulación tiene como propósito preparar a la nación de Israel para recibir al Mesías; Dios, en su gracia hará que Israel se vuelva de su rebeldía a la fe de Cristo. Según Dn. 9:24, la profecía tanto acerca del pueblo de Daniel y de la ciudad de Daniel; recordemos que Daniel estaba en Babilonia y Jerusalén destruida cuando Dios le habló estas cosas. Esto es una figura. Así como en aquel tiempo fue llevada Israel al exilio a causa de su rechazo a Dios con su idolatría pero recibió la promesa de ser restaurada; así también llegará el día cuando el pueblo de Israel, que fue rechazado por no recibir del Señor. Porque no quiero, hermanos que ignoréis este ministerio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio son enemigos por causa de vosotros pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom. 11:25-29). Según Daniel 9:24, el plan de Dios tiene como propósitos: 1.- Terminar la prevaricación o rebeldía, actos pecaminosos. 2.- Poner fin al pecado 3.- Expiar la iniquidad, habla del sacrificio de Cristo por nosotros. 4.- Traer la justicia, una referencia al reino de los cielos. 5.- Sellar la profecía, cumplir lo escrito. 6.- Ungir al Santo de los Santos; está mal traducido; debe ser “ungir al Lugar Santísimo”, porque es una referencia a la iglesia. Ungir a la iglesia; esto es, consumar la habitación de Dios, Su Templo, Su Lugar Santísimo, Su iglesia. Luego, en el versículo 25 de Daniel 9 vemos que todo esto comenzó con la orden para restaurar Jerusalén y que desde allí hasta la aparición de Cristo habrían 483 años, (7+62 x 7) lo cual ya se cumplió. En el versículo 26 dice que había de ser muerto el Mesías, una referencia a su crucifixión. Y que después de eso la ciudad sería destruida por otro príncipe que habría de venir. Esto último también se cumplió ya, pues a consecuencia de que los judíos rechazaron al Señor, el Señor dijo que “no quedaría piedra sobre piedra”; y después de que lo crucificaron, poco después, su ciudad fue destruida por el emperador romano Tito en el año 70 d.C. Esto sucedería después y no dentro de las primeras 69 semanas. Por último, el versículo 27 de Dn. 9 habla de “otra semana”. En esta otra semana de años se confirmará el pacto. Notemos que dice “el pacto”. En las Sagradas Escrituras no podemos hablar de más pactos que el que Dios hace con su pueblo, por lo que no hay tal cosa como un pacto del anticristo o cosas semejantes, de las cuales otros han hablado. En otra semana, según vimos el cumplimiento en las 69 semanas anteriores de modo literal, se refiere a siete años. El texto dice que a la mitad, esto es a los 3 ½ años haría cesar el sacrificio y la ofrenda. Fue precisamente después de los 3 ½ años de ministerio del Señor Jesucristo que con su crucifixión hizo cesar el sacrificio y la ofrenda. El apóstol Pablo escribió que con su muerte Cristo anuló el acta, a saber, el Antiguo Pacto, la ley de los decretos que habría contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col.2:14). De esto trata precisamente gran parte de la carta a los Hebreos, de cómo el sacrificio de Cristo hace a un lado las sacrificios y las ofrendas del orden Aarónico o levítico, esto es, de la ley o del Antiguo Pacto, para darnos un nuevo pacto y quitar de en medio el pecado como describe Daniel 9:24-27. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pro allí uno de quien se da testimonio de que vive, y por decirlo así en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiando el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar (Heb. 8:8-13). Así que por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Heb. 9:15-20, 28). Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Heb. 10:8-10, 16-18). Y luego continúa Daniel (9:27), después con la muchedumbre de las abominaciones, en otras palabras, después de la multitud de maldades cometidas en estos dos mil años - o más - vendrá el desolador, quien no es otro, sino el anticristo. Hasta la consumación, es decir, hasta concluir las 70 semanas. Y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Significa que vengan la condenación eterna ya profetizada para el anticristo. Volviendo a Mateo 24:15 ¿cuándo vendrá el Señor? El Señor responde: Primero tengo que morir y el mundo pasar por muchos males; luego ha de aparecer el anticristo y después de 3 ½ años de grandes calamidades vendré. Si entendemos bien lo anteriormente expuesto, entonces tenemos que diferenciar entre cuánto durará la Gran Tribulación y cuánto durará la última semana de Daniel. La última semana son 7 años; pero la Gran Tribulación comprende sólo su segunda mitad, a saber tres y medio años. En los cuales, los judíos tendrán que escapar de Jerusalén a causa de la persecución del anticristo (Mat. 24:16-21 comparece con Luc. 21:20). El versículo 19 enfatiza cuán terrible será ese tiempo. Procurando que no sea día de reposo para poder escapar (vr. 20), pues trata primordialmente de los judíos. El versículo 21 deja en claro que jamás ha existido un tiempo semejante en este mundo. Basta leer lo relativo a las trompetas y las copas de la ira de Dios mencionados en Apocalipsis para darnos cuenta cuán terrible será. Con respecto a Mateo 24:22 se menciona que los días serán acortados a causa de los escogidos. Estos escogidos siguen siendo los judíos (Rom. 11:28-29), de los cuales trata el pasaje. Y serán acortados los días, pues si no fuese así, nadie (de ellos) sería salvo. Esto significa que si Dios no acorta esos días todos los judíos serían exterminados. El texto menciona que los judíos escogidos serán salvos refiriéndose a ser salvos de la Gran Tribulación, es decir, sobrevivirla (Isaías 65:8-9). En Daniel 12:11 vemos que originalmente el plan era de 1290 días; más a causa de los judíos será acortada a 1260 días (Ap. 12:6). También, y especialmente en la Gran Tribulación, muchos se levantarán haciéndose pasar por Cristo, el Señor advierte que no les crean (vrs. 23-26). La manera de no confundir la venida de Cristo, dijo el Señor, será en que el Señor vendrá visible a toda la tierra: porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Pensar que la venida de Cristo se refiere a la manifestación o formación de Cristo en los creyentes es otra manera de hacerse pasar por Cristo negando su retorno. He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los judíos); y todos los linajes de la tierra… (Ap.1:7). Esto es algo muy claro, aún en la ascensión del Señor, los ángeles que estuvieron allí dijeron a los discípulos: Este mismo Jesús (no otro), que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hch. 1:11). Es decir, visible, en las nubes (Zac. 9:14). Por último, tenemos el versículo 28. Este texto es muy difícil de interpretar. Crisóstomo sostuvo que las águilas eran ángeles, “mártires y santos”. Otros estuvieron de acuerdo con esto, pero explicando que el cuerpo muerto aludía a la muerte de Cristo. Calvino habló de creyentes que se reunirían alrededor del “Autor de la vida, por Quien son verdaderamente alimentados”. Erasmo, Zwinglio y Beza sostuvieron el mismo criterio. Trapp representa a los puritanos cuando respalda al siguiente, quizá crudo pensamiento: “El cuerpo sacrificado de Cristo tiene un perfume sumamente fragante que invita a los santos (como a las aves de rapiña) a volar desde lejos con maravillosa velocidad hasta este cuerpo muerto pero vivificante.” Por otra parte, Adam Clarke siguió a Whitby, al interpretar que el cuerpo muerto se refería a los judíos, y las águilas a los ejércitos romanos que tenían esta ave como insignia. Juan Wesley dice que la nación judía “es ya ante Dios un cadáver al que las águilas romanas devorarán”. La única referencia similar en la Escritura es Ap. 19:17-21, la cual habla acerca de la venida del Señor cuando destruya a los ejércitos del anticristo que sitiaron a Jerusalén y persiguieron a los judíos. Esta masacre terrible de los ejércitos del mundo es llamada la guerra de Armagedón, la cual tendrá lugar, según Apocalipsis 19 inmediatamente antes de la venida del Señor y culminará precisamente en su venida. Notemos como en Mat. 24 inmediatamente después del vr.28 se menciona la venida del Señor (vrs.29-31). Así que esto último debe ser la interpretación correcta por venir de las Escrituras. En todo lo que hemos visto hasta aquí, el Señor no ha dicho nada acerca del rapto de la iglesia, la razón es que su respuesta es concerniente al pueblo judío, así que no debemos salirnos de este contexto hablando sobre si será antes, durante o después de la Gran Tribulación. Lo que el Señor nos dice aquí es que vendrá. En otras porciones bíblicas se aclara que el arrebatamiento de los santos será antes de la tribulación.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:29

Comentario general

24.29-31 La venida del Rey es un tema de gran importancia. Tanto, que el primer profeta de la historia habla de ella, (Judas 1:14-15). Es también el tema del último mensaje de Cristo cuando asciende a los cielos; y las últimas palabras de la Biblia (Ap. 22:20-21). La doctrina de la venida del Señor ocupa más espacio en las Sagradas Escrituras que cualquier otra doctrina; y es el principal tema de las profecías del Antiguo y Nuevo Testamentos. En el pasado, la iglesia hablaba constantemente de la venida del Señor. En el versículo 27 el Señor dijo: así será también la venida del Hijo del Hombre, indicando con esto que la venida del Señor tiene varias facetas o formas. En realidad, no hay tal cosa como primera y segunda venida, sólo existe “la venida del Señor”, ya que su retorno es parte de su venida. Estábamos alejados de Dios y Dios vino a nosotros; cuando la Biblia habla de la venida del Señor usa el término griego “parusia”, que significa “presencia” y no “venida”. En otras palabras, lo que nosotros llamamos segunda venida no es otra cosa que el que el Señor se haga presente, frecuentemente esperamos su Presencia, es decir, su Presencia visible y corporal. Cuando entendemos esto comprendemos que tanto su encarnación como el arrebatamiento de la iglesia y su retorno es parte de la venida del Señor; de esta forma evitamos empalmar los sucesos y nos libramos de confundir el arrebatamiento de los santos con la parusia o retorno del Señor. Veamos lo que el Señor dijo sobre su retorno, lo cual fue breve pero sumamente descriptivo: Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (vr.29). Hemos de entender que se refiere a la Gran Tribulación mencionada en los versículos anteriores (vr. 21). Será inmediatamente después porque de hecho la venida del Señor pone fin a la Gran Tribulación con la batalla de Armagedón que mencionada líneas atrás (Mat. 24:27-28; Ap. 19:17-21). Sin embargo, la Parusia o Presencia visible y corporal del Señor Jesucristo no debe confundirse con el arrebatamiento de los Santos. El arrebatamiento de los Santos puede llevarse a cabo en cualquier momento y es parte de la venida del Señor por cuanto la venida del Señor implica desde su encarnación hasta su retorno; pero la Parusia o Presencia de visible de Cristo glorificado, será la culminación de todo lo que Él vino a hacer. El Señor no nos dice exactamente cuándo, ¿porqué? ¡Porque es necesario estar velando!: velad, pues, porque no sabéis a que hora ha de venir nuestro Señor (vr.42). A fin de ver su venida debemos vivir como si nunca se hubiera ido. A fin de presenciar su retorno debemos vivir como ante su Presencia. A fin de mirarle en aquel día debemos mantener los ojos de la fe fijos en Él. Si supiéramos exactamente el día y la hora posiblemente muchos de nosotros dejaríamos de velar y nos prepararíamos unos instantes antes de su aparición. Más por la fe en Cristo y su venida no somos así. No somos de los que miran el suelo, sino tenemos levantado nuestro rostro hacia los cielos esperando a nuestro Señor. No somos de los que se enredan en lo terrenal, sino de los que buscan lo celestial. Respecto a cómo volverá el Rey, será poderosamente. El universo entero se conmoverá: el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas (Mat. 24:29; Is. 13:10; Ez. 32:7-8). El sol se oscurecerá porque aparecerá un Sol más poderoso Cristo Jesús, el Sol de Justicia (Mal. 4:2). La luna no dará su resplandor porque habrá un resplandor mayor: Cristo Jesús en la gloria del Padre, la imagen visible del Dios invisible, el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia (Heb. 1:3; Col. 1:15). Las estrellas caerán del cielo, por cuanto aparecerá el Señor Jesús la Estrella resplandeciente de la Mañana (Ap. 22:16). Las potencias de los cielos serán conmovidas, porque el mismo que sustenta el universo se hará presente ante nosotros (Col. 1:17). No podemos afirmar que dichas potencias se refiera a las potestades, principados y gobernadores de las tinieblas, las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales; también a los ángeles se les ha llamado estrellas y potestades; pero lo que sí podemos decir, es que cuando el Señor Jesucristo vuelva sacudirá todas las cosas, incluyendo al diablo y sus ángeles (Ap. 20:1-3). El diablo y sus huestes son un perro con una larga cadena, pero viene el día en el que el Señor jalará esa cadena y los aprisionará. Y nosotros tomaremos parte en la victoria del Señor (Jud.1:14-15; Joel 2:1-11). El Rey volverá visiblemente: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre (vr. 30). Los discípulos le habían preguntado: ¿qué señal habrá de tu venida? (vr. 3); por lo que el Señor les responde aparecerá la señal del Hijo del Hombre (30). ¿Cuál es esa señal? Esa señal es la forma en la cual vendrá. Primero vendrá con apariencia humana, como el Hijo del Hombre. Será efectivamente el mismo Jesús que anduvo entre nosotros, aunque glorificado. Dice Zacarías 12:10: mirarán a mí, a quien traspasaron para referirse a que sería precisamente el mismo, solo que revestido de la shekina, la gloria de Dios. En segundo lugar, esta señal es una referencia al cumplimiento de lo anunciado por los profetas respecto a su humanidad. El Señor Jesús no vendrá como Dios, sino como el Hijo del Hombre que ha ganado el derecho al trono como Rey de reyes con su muerte, resurrección y ascensión: Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Dios y le presentaron delante de Él. Entonces la fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno, que no se acabará; y su reino uno que será destruido (Dn. 7:13-14). Volviendo a Mateo 24:30 el versículo dice claramente que el Señor Jesús aparecerá…en el cielo; de modo que su retorno será visible y no místico o espiritual como algunos han anunciado erróneamente. En Hechos 1:9-11 dice: y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Quiere decir que el mismo Señor que ascendió es el mismo que descenderá. Y volverá física, visible y corporal visto en las nubes. El apóstol Juan escribió: He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá y los que le traspasaron, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él (Ap. 1:7). ¡Ven, Señor Jesús! Los discípulos estaban mirando el cielo cuando el Señor ascendió y no despegaron su vista, sino hasta que los ángeles les hablaron. Nadie puede decir que no lo vieron. Así vendrá, lo veremos. ¿Y por qué lamentarán todas las tribus de la tierra el regreso del Señor? ¡Porque no han querido creer ni han estado velando en espera de su retorno! El Señor volverá gloriosamente. El dijo: y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (vr. 30). Ya no será más el carpintero de Nazaret ni el galileo despreciado; ahora vendrá gloriosamente. El versículo dice sobre las nubes del cielo. ¿Por qué? Como vimos en Hechos 1:9 fue alzado y le recibió una nube. La expresión “fue alzado” nos sugiere también que el Señor no ascendió con su propio poder, aún cuando hubiese podido hacerlo, sino que fue Dios Padre quien lo llevó mediante su Espíritu. Más tarde el apóstol Pablo habría de decir que Cristo subió por encima de todos los cielos (Ef. 4:10), lo que nos habla de la unidad de propósito y de obra en la deidad. Similar a su muerte y resurrección, en donde Dios Padre entregó al Hijo y lo resucitó de entre los muertos por el Espíritu, pero también el Hijo se dio y se resucitó a sí mismo (Juan 10:17-18). Y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos –una referencia a la Presencia de Dios. La nube simboliza que Cristo es recibido por la Presencia de Dios o ha llegado a la Presencia de Dios. En Éxodo 34:5 dice que Yahwéh descendió en la nube y estuvo allí. También, el pueblo de Israel fue guiado en el desierto de día con nube y toda la noche con resplandor de fuego (Sal. 78:14). Vemos también que cuando fue inaugurado el templo de Salomón la nube llenó la casa de Yahwéh (1 Reyes 8:10). Cuando el Señor se transfiguró delante de tres de sus discípulos en el monte se oyó la voz del Padre desde la nube (Mat. 17:5). El Señor Jesús fue llevado arriba y ocultado por una nube y mañana vendrá en las nubes del cielo (Mat. 26:64). La palabra griega para nube aquí es “nephele”. No se usa la palabra “homichle”. “Homichle” se refiere a una neblina no tan espesa como “nephele”. Mientras que “nephele” se refiere a una nube con forma definida o a masas de nubes con una forma definida. No es bruma, sino nubes espesas. Así que el versículo habla de nubes físicas como un símbolo de la realidad de la Presencia de Dios recibiendo al Hijo corporalmente. La expresión le ocultó de sus ojos (gr. upélaben) literalmente debe traducirse un lugar de ocultar “llevar por debajo”. Así que la frase literal es “le llevó por debajo de sus ojos” (de uper, debajo: y lambano, llevar). En otras palabras, la Presencia de Dios ha dejado al Señor Jesucristo fuera del alcance de nuestros ojos terrenales. Pero también, la frase en su original griego sugiere que la nube se colocó debajo de Cristo. Cristo no entró a la nube, sino que la nube de gloria, la “shekinah” de Dios se puso debajo de Él y le llevó hasta quedar fuera del alcance de la vista de los discípulos. Si la gloria de Dios no nos sostiene, no podemos ser llevados a ningún lado. Ahora bien, el Señor Jesús ascendió a los cielos porque era necesario que así como entró en el mundo en un momento determinado (“venido en cumplimiento del tiempo”); así también era necesario que saliera de él en un momento específico para que retornara a la gloria del Padre que había tenido antes de su encarnación (Juan 17:4-5,11,13; Léase Fil.2:4-11). Y así también se hace necesario entonces que regrese de la misma manera lleno de gloria de Dios. Por su parte, el hecho de que la nube se pusiera debajo de los pies del Señor simboliza la exaltación de Cristo. Él no ascendió siguiendo la gloria de Dios como lo hicieran los israelitas en el desierto, sino que la gloria de Dios le fue dada y con ella, todas las cosas fueron puestas debajo de sus pies (léase Ef. 1:22; Heb. 2:8). Por eso dice Mt. 24:30 que regresará sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria Y cuando venga, dice el vr.31: enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. El apóstol Pablo dijo que el Señor se manifestará desde el cielo con sus poderosos ángeles para dar reposo a los atribulados junto al reposo que ya tengamos los glorificados y después dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecieron el evangelio del Señor Jesucristo (2 Ts. 1:7-8). Así que dichos ángeles son seres espirituales y no los santos glorificados. Por otro lado, a pesar de que en su parusia el Señor alcanzará al mundo entero, el versículo 31 de Mateo 24 tiene como énfasis a los judíos, lo sabemos por el contexto, ya que todo este discurso nace como resultado de que los judíos querían saber acerca de la destrucción de su ciudad y del fin de la era. Por lo que cuando dice que juntaría a sus escogidos se refiere a los judíos que huirán de Jerusalén durante la Gran Tribulación (vrs. 16-22); a los cuatro vientos, es decir a todo el mundo (4 puntos cardinales); desde un extremo del cielo hasta el otro, no faltará uno solo por muy recóndito que se encuentre.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:30

Comentario general

24.29-31 La venida del Rey es un tema de gran importancia. Tanto, que el primer profeta de la historia habla de ella, (Judas 1:14-15). Es también el tema del último mensaje de Cristo cuando asciende a los cielos; y las últimas palabras de la Biblia (Ap. 22:20-21). La doctrina de la venida del Señor ocupa más espacio en las Sagradas Escrituras que cualquier otra doctrina; y es el principal tema de las profecías del Antiguo y Nuevo Testamentos. En el pasado, la iglesia hablaba constantemente de la venida del Señor. En el versículo 27 el Señor dijo: así será también la venida del Hijo del Hombre, indicando con esto que la venida del Señor tiene varias facetas o formas. En realidad, no hay tal cosa como primera y segunda venida, sólo existe “la venida del Señor”, ya que su retorno es parte de su venida. Estábamos alejados de Dios y Dios vino a nosotros; cuando la Biblia habla de la venida del Señor usa el término griego “parusia”, que significa “presencia” y no “venida”. En otras palabras, lo que nosotros llamamos segunda venida no es otra cosa que el que el Señor se haga presente, frecuentemente esperamos su Presencia, es decir, su Presencia visible y corporal. Cuando entendemos esto comprendemos que tanto su encarnación como el arrebatamiento de la iglesia y su retorno es parte de la venida del Señor; de esta forma evitamos empalmar los sucesos y nos libramos de confundir el arrebatamiento de los santos con la parusia o retorno del Señor. Veamos lo que el Señor dijo sobre su retorno, lo cual fue breve pero sumamente descriptivo: Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (vr.29). Hemos de entender que se refiere a la Gran Tribulación mencionada en los versículos anteriores (vr. 21). Será inmediatamente después porque de hecho la venida del Señor pone fin a la Gran Tribulación con la batalla de Armagedón que mencionada líneas atrás (Mat. 24:27-28; Ap. 19:17-21). Sin embargo, la Parusia o Presencia visible y corporal del Señor Jesucristo no debe confundirse con el arrebatamiento de los Santos. El arrebatamiento de los Santos puede llevarse a cabo en cualquier momento y es parte de la venida del Señor por cuanto la venida del Señor implica desde su encarnación hasta su retorno; pero la Parusia o Presencia de visible de Cristo glorificado, será la culminación de todo lo que Él vino a hacer. El Señor no nos dice exactamente cuándo, ¿porqué? ¡Porque es necesario estar velando!: velad, pues, porque no sabéis a que hora ha de venir nuestro Señor (vr.42). A fin de ver su venida debemos vivir como si nunca se hubiera ido. A fin de presenciar su retorno debemos vivir como ante su Presencia. A fin de mirarle en aquel día debemos mantener los ojos de la fe fijos en Él. Si supiéramos exactamente el día y la hora posiblemente muchos de nosotros dejaríamos de velar y nos prepararíamos unos instantes antes de su aparición. Más por la fe en Cristo y su venida no somos así. No somos de los que miran el suelo, sino tenemos levantado nuestro rostro hacia los cielos esperando a nuestro Señor. No somos de los que se enredan en lo terrenal, sino de los que buscan lo celestial. Respecto a cómo volverá el Rey, será poderosamente. El universo entero se conmoverá: el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas (Mat. 24:29; Is. 13:10; Ez. 32:7-8). El sol se oscurecerá porque aparecerá un Sol más poderoso Cristo Jesús, el Sol de Justicia (Mal. 4:2). La luna no dará su resplandor porque habrá un resplandor mayor: Cristo Jesús en la gloria del Padre, la imagen visible del Dios invisible, el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia (Heb. 1:3; Col. 1:15). Las estrellas caerán del cielo, por cuanto aparecerá el Señor Jesús la Estrella resplandeciente de la Mañana (Ap. 22:16). Las potencias de los cielos serán conmovidas, porque el mismo que sustenta el universo se hará presente ante nosotros (Col. 1:17). No podemos afirmar que dichas potencias se refiera a las potestades, principados y gobernadores de las tinieblas, las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales; también a los ángeles se les ha llamado estrellas y potestades; pero lo que sí podemos decir, es que cuando el Señor Jesucristo vuelva sacudirá todas las cosas, incluyendo al diablo y sus ángeles (Ap. 20:1-3). El diablo y sus huestes son un perro con una larga cadena, pero viene el día en el que el Señor jalará esa cadena y los aprisionará. Y nosotros tomaremos parte en la victoria del Señor (Jud.1:14-15; Joel 2:1-11). El Rey volverá visiblemente: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre (vr. 30). Los discípulos le habían preguntado: ¿qué señal habrá de tu venida? (vr. 3); por lo que el Señor les responde aparecerá la señal del Hijo del Hombre (30). ¿Cuál es esa señal? Esa señal es la forma en la cual vendrá. Primero vendrá con apariencia humana, como el Hijo del Hombre. Será efectivamente el mismo Jesús que anduvo entre nosotros, aunque glorificado. Dice Zacarías 12:10: mirarán a mí, a quien traspasaron para referirse a que sería precisamente el mismo, solo que revestido de la shekina, la gloria de Dios. En segundo lugar, esta señal es una referencia al cumplimiento de lo anunciado por los profetas respecto a su humanidad. El Señor Jesús no vendrá como Dios, sino como el Hijo del Hombre que ha ganado el derecho al trono como Rey de reyes con su muerte, resurrección y ascensión: Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Dios y le presentaron delante de Él. Entonces la fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno, que no se acabará; y su reino uno que será destruido (Dn. 7:13-14). Volviendo a Mateo 24:30 el versículo dice claramente que el Señor Jesús aparecerá…en el cielo; de modo que su retorno será visible y no místico o espiritual como algunos han anunciado erróneamente. En Hechos 1:9-11 dice: y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Quiere decir que el mismo Señor que ascendió es el mismo que descenderá. Y volverá física, visible y corporal visto en las nubes. El apóstol Juan escribió: He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá y los que le traspasaron, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él (Ap. 1:7). ¡Ven, Señor Jesús! Los discípulos estaban mirando el cielo cuando el Señor ascendió y no despegaron su vista, sino hasta que los ángeles les hablaron. Nadie puede decir que no lo vieron. Así vendrá, lo veremos. ¿Y por qué lamentarán todas las tribus de la tierra el regreso del Señor? ¡Porque no han querido creer ni han estado velando en espera de su retorno! El Señor volverá gloriosamente. El dijo: y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (vr. 30). Ya no será más el carpintero de Nazaret ni el galileo despreciado; ahora vendrá gloriosamente. El versículo dice sobre las nubes del cielo. ¿Por qué? Como vimos en Hechos 1:9 fue alzado y le recibió una nube. La expresión “fue alzado” nos sugiere también que el Señor no ascendió con su propio poder, aún cuando hubiese podido hacerlo, sino que fue Dios Padre quien lo llevó mediante su Espíritu. Más tarde el apóstol Pablo habría de decir que Cristo subió por encima de todos los cielos (Ef. 4:10), lo que nos habla de la unidad de propósito y de obra en la deidad. Similar a su muerte y resurrección, en donde Dios Padre entregó al Hijo y lo resucitó de entre los muertos por el Espíritu, pero también el Hijo se dio y se resucitó a sí mismo (Juan 10:17-18). Y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos –una referencia a la Presencia de Dios. La nube simboliza que Cristo es recibido por la Presencia de Dios o ha llegado a la Presencia de Dios. En Éxodo 34:5 dice que Yahwéh descendió en la nube y estuvo allí. También, el pueblo de Israel fue guiado en el desierto de día con nube y toda la noche con resplandor de fuego (Sal. 78:14). Vemos también que cuando fue inaugurado el templo de Salomón la nube llenó la casa de Yahwéh (1 Reyes 8:10). Cuando el Señor se transfiguró delante de tres de sus discípulos en el monte se oyó la voz del Padre desde la nube (Mat. 17:5). El Señor Jesús fue llevado arriba y ocultado por una nube y mañana vendrá en las nubes del cielo (Mat. 26:64). La palabra griega para nube aquí es “nephele”. No se usa la palabra “homichle”. “Homichle” se refiere a una neblina no tan espesa como “nephele”. Mientras que “nephele” se refiere a una nube con forma definida o a masas de nubes con una forma definida. No es bruma, sino nubes espesas. Así que el versículo habla de nubes físicas como un símbolo de la realidad de la Presencia de Dios recibiendo al Hijo corporalmente. La expresión le ocultó de sus ojos (gr. upélaben) literalmente debe traducirse un lugar de ocultar “llevar por debajo”. Así que la frase literal es “le llevó por debajo de sus ojos” (de uper, debajo: y lambano, llevar). En otras palabras, la Presencia de Dios ha dejado al Señor Jesucristo fuera del alcance de nuestros ojos terrenales. Pero también, la frase en su original griego sugiere que la nube se colocó debajo de Cristo. Cristo no entró a la nube, sino que la nube de gloria, la “shekinah” de Dios se puso debajo de Él y le llevó hasta quedar fuera del alcance de la vista de los discípulos. Si la gloria de Dios no nos sostiene, no podemos ser llevados a ningún lado. Ahora bien, el Señor Jesús ascendió a los cielos porque era necesario que así como entró en el mundo en un momento determinado (“venido en cumplimiento del tiempo”); así también era necesario que saliera de él en un momento específico para que retornara a la gloria del Padre que había tenido antes de su encarnación (Juan 17:4-5,11,13; Léase Fil.2:4-11). Y así también se hace necesario entonces que regrese de la misma manera lleno de gloria de Dios. Por su parte, el hecho de que la nube se pusiera debajo de los pies del Señor simboliza la exaltación de Cristo. Él no ascendió siguiendo la gloria de Dios como lo hicieran los israelitas en el desierto, sino que la gloria de Dios le fue dada y con ella, todas las cosas fueron puestas debajo de sus pies (léase Ef. 1:22; Heb. 2:8). Por eso dice Mt. 24:30 que regresará sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria Y cuando venga, dice el vr.31: enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. El apóstol Pablo dijo que el Señor se manifestará desde el cielo con sus poderosos ángeles para dar reposo a los atribulados junto al reposo que ya tengamos los glorificados y después dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecieron el evangelio del Señor Jesucristo (2 Ts. 1:7-8). Así que dichos ángeles son seres espirituales y no los santos glorificados. Por otro lado, a pesar de que en su parusia el Señor alcanzará al mundo entero, el versículo 31 de Mateo 24 tiene como énfasis a los judíos, lo sabemos por el contexto, ya que todo este discurso nace como resultado de que los judíos querían saber acerca de la destrucción de su ciudad y del fin de la era. Por lo que cuando dice que juntaría a sus escogidos se refiere a los judíos que huirán de Jerusalén durante la Gran Tribulación (vrs. 16-22); a los cuatro vientos, es decir a todo el mundo (4 puntos cardinales); desde un extremo del cielo hasta el otro, no faltará uno solo por muy recóndito que se encuentre.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:31

Comentario general

24.29-31 La venida del Rey es un tema de gran importancia. Tanto, que el primer profeta de la historia habla de ella, (Judas 1:14-15). Es también el tema del último mensaje de Cristo cuando asciende a los cielos; y las últimas palabras de la Biblia (Ap. 22:20-21). La doctrina de la venida del Señor ocupa más espacio en las Sagradas Escrituras que cualquier otra doctrina; y es el principal tema de las profecías del Antiguo y Nuevo Testamentos. En el pasado, la iglesia hablaba constantemente de la venida del Señor. En el versículo 27 el Señor dijo: así será también la venida del Hijo del Hombre, indicando con esto que la venida del Señor tiene varias facetas o formas. En realidad, no hay tal cosa como primera y segunda venida, sólo existe “la venida del Señor”, ya que su retorno es parte de su venida. Estábamos alejados de Dios y Dios vino a nosotros; cuando la Biblia habla de la venida del Señor usa el término griego “parusia”, que significa “presencia” y no “venida”. En otras palabras, lo que nosotros llamamos segunda venida no es otra cosa que el que el Señor se haga presente, frecuentemente esperamos su Presencia, es decir, su Presencia visible y corporal. Cuando entendemos esto comprendemos que tanto su encarnación como el arrebatamiento de la iglesia y su retorno es parte de la venida del Señor; de esta forma evitamos empalmar los sucesos y nos libramos de confundir el arrebatamiento de los santos con la parusia o retorno del Señor. Veamos lo que el Señor dijo sobre su retorno, lo cual fue breve pero sumamente descriptivo: Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (vr.29). Hemos de entender que se refiere a la Gran Tribulación mencionada en los versículos anteriores (vr. 21). Será inmediatamente después porque de hecho la venida del Señor pone fin a la Gran Tribulación con la batalla de Armagedón que mencionada líneas atrás (Mat. 24:27-28; Ap. 19:17-21). Sin embargo, la Parusia o Presencia visible y corporal del Señor Jesucristo no debe confundirse con el arrebatamiento de los Santos. El arrebatamiento de los Santos puede llevarse a cabo en cualquier momento y es parte de la venida del Señor por cuanto la venida del Señor implica desde su encarnación hasta su retorno; pero la Parusia o Presencia de visible de Cristo glorificado, será la culminación de todo lo que Él vino a hacer. El Señor no nos dice exactamente cuándo, ¿porqué? ¡Porque es necesario estar velando!: velad, pues, porque no sabéis a que hora ha de venir nuestro Señor (vr.42). A fin de ver su venida debemos vivir como si nunca se hubiera ido. A fin de presenciar su retorno debemos vivir como ante su Presencia. A fin de mirarle en aquel día debemos mantener los ojos de la fe fijos en Él. Si supiéramos exactamente el día y la hora posiblemente muchos de nosotros dejaríamos de velar y nos prepararíamos unos instantes antes de su aparición. Más por la fe en Cristo y su venida no somos así. No somos de los que miran el suelo, sino tenemos levantado nuestro rostro hacia los cielos esperando a nuestro Señor. No somos de los que se enredan en lo terrenal, sino de los que buscan lo celestial. Respecto a cómo volverá el Rey, será poderosamente. El universo entero se conmoverá: el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas (Mat. 24:29; Is. 13:10; Ez. 32:7-8). El sol se oscurecerá porque aparecerá un Sol más poderoso Cristo Jesús, el Sol de Justicia (Mal. 4:2). La luna no dará su resplandor porque habrá un resplandor mayor: Cristo Jesús en la gloria del Padre, la imagen visible del Dios invisible, el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia (Heb. 1:3; Col. 1:15). Las estrellas caerán del cielo, por cuanto aparecerá el Señor Jesús la Estrella resplandeciente de la Mañana (Ap. 22:16). Las potencias de los cielos serán conmovidas, porque el mismo que sustenta el universo se hará presente ante nosotros (Col. 1:17). No podemos afirmar que dichas potencias se refiera a las potestades, principados y gobernadores de las tinieblas, las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales; también a los ángeles se les ha llamado estrellas y potestades; pero lo que sí podemos decir, es que cuando el Señor Jesucristo vuelva sacudirá todas las cosas, incluyendo al diablo y sus ángeles (Ap. 20:1-3). El diablo y sus huestes son un perro con una larga cadena, pero viene el día en el que el Señor jalará esa cadena y los aprisionará. Y nosotros tomaremos parte en la victoria del Señor (Jud.1:14-15; Joel 2:1-11). El Rey volverá visiblemente: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre (vr. 30). Los discípulos le habían preguntado: ¿qué señal habrá de tu venida? (vr. 3); por lo que el Señor les responde aparecerá la señal del Hijo del Hombre (30). ¿Cuál es esa señal? Esa señal es la forma en la cual vendrá. Primero vendrá con apariencia humana, como el Hijo del Hombre. Será efectivamente el mismo Jesús que anduvo entre nosotros, aunque glorificado. Dice Zacarías 12:10: mirarán a mí, a quien traspasaron para referirse a que sería precisamente el mismo, solo que revestido de la shekina, la gloria de Dios. En segundo lugar, esta señal es una referencia al cumplimiento de lo anunciado por los profetas respecto a su humanidad. El Señor Jesús no vendrá como Dios, sino como el Hijo del Hombre que ha ganado el derecho al trono como Rey de reyes con su muerte, resurrección y ascensión: Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Dios y le presentaron delante de Él. Entonces la fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno, que no se acabará; y su reino uno que será destruido (Dn. 7:13-14). Volviendo a Mateo 24:30 el versículo dice claramente que el Señor Jesús aparecerá…en el cielo; de modo que su retorno será visible y no místico o espiritual como algunos han anunciado erróneamente. En Hechos 1:9-11 dice: y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. Quiere decir que el mismo Señor que ascendió es el mismo que descenderá. Y volverá física, visible y corporal visto en las nubes. El apóstol Juan escribió: He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá y los que le traspasaron, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él (Ap. 1:7). ¡Ven, Señor Jesús! Los discípulos estaban mirando el cielo cuando el Señor ascendió y no despegaron su vista, sino hasta que los ángeles les hablaron. Nadie puede decir que no lo vieron. Así vendrá, lo veremos. ¿Y por qué lamentarán todas las tribus de la tierra el regreso del Señor? ¡Porque no han querido creer ni han estado velando en espera de su retorno! El Señor volverá gloriosamente. El dijo: y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria (vr. 30). Ya no será más el carpintero de Nazaret ni el galileo despreciado; ahora vendrá gloriosamente. El versículo dice sobre las nubes del cielo. ¿Por qué? Como vimos en Hechos 1:9 fue alzado y le recibió una nube. La expresión “fue alzado” nos sugiere también que el Señor no ascendió con su propio poder, aún cuando hubiese podido hacerlo, sino que fue Dios Padre quien lo llevó mediante su Espíritu. Más tarde el apóstol Pablo habría de decir que Cristo subió por encima de todos los cielos (Ef. 4:10), lo que nos habla de la unidad de propósito y de obra en la deidad. Similar a su muerte y resurrección, en donde Dios Padre entregó al Hijo y lo resucitó de entre los muertos por el Espíritu, pero también el Hijo se dio y se resucitó a sí mismo (Juan 10:17-18). Y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos –una referencia a la Presencia de Dios. La nube simboliza que Cristo es recibido por la Presencia de Dios o ha llegado a la Presencia de Dios. En Éxodo 34:5 dice que Yahwéh descendió en la nube y estuvo allí. También, el pueblo de Israel fue guiado en el desierto de día con nube y toda la noche con resplandor de fuego (Sal. 78:14). Vemos también que cuando fue inaugurado el templo de Salomón la nube llenó la casa de Yahwéh (1 Reyes 8:10). Cuando el Señor se transfiguró delante de tres de sus discípulos en el monte se oyó la voz del Padre desde la nube (Mat. 17:5). El Señor Jesús fue llevado arriba y ocultado por una nube y mañana vendrá en las nubes del cielo (Mat. 26:64). La palabra griega para nube aquí es “nephele”. No se usa la palabra “homichle”. “Homichle” se refiere a una neblina no tan espesa como “nephele”. Mientras que “nephele” se refiere a una nube con forma definida o a masas de nubes con una forma definida. No es bruma, sino nubes espesas. Así que el versículo habla de nubes físicas como un símbolo de la realidad de la Presencia de Dios recibiendo al Hijo corporalmente. La expresión le ocultó de sus ojos (gr. upélaben) literalmente debe traducirse un lugar de ocultar “llevar por debajo”. Así que la frase literal es “le llevó por debajo de sus ojos” (de uper, debajo: y lambano, llevar). En otras palabras, la Presencia de Dios ha dejado al Señor Jesucristo fuera del alcance de nuestros ojos terrenales. Pero también, la frase en su original griego sugiere que la nube se colocó debajo de Cristo. Cristo no entró a la nube, sino que la nube de gloria, la “shekinah” de Dios se puso debajo de Él y le llevó hasta quedar fuera del alcance de la vista de los discípulos. Si la gloria de Dios no nos sostiene, no podemos ser llevados a ningún lado. Ahora bien, el Señor Jesús ascendió a los cielos porque era necesario que así como entró en el mundo en un momento determinado (“venido en cumplimiento del tiempo”); así también era necesario que saliera de él en un momento específico para que retornara a la gloria del Padre que había tenido antes de su encarnación (Juan 17:4-5,11,13; Léase Fil.2:4-11). Y así también se hace necesario entonces que regrese de la misma manera lleno de gloria de Dios. Por su parte, el hecho de que la nube se pusiera debajo de los pies del Señor simboliza la exaltación de Cristo. Él no ascendió siguiendo la gloria de Dios como lo hicieran los israelitas en el desierto, sino que la gloria de Dios le fue dada y con ella, todas las cosas fueron puestas debajo de sus pies (léase Ef. 1:22; Heb. 2:8). Por eso dice Mt. 24:30 que regresará sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria Y cuando venga, dice el vr.31: enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. El apóstol Pablo dijo que el Señor se manifestará desde el cielo con sus poderosos ángeles para dar reposo a los atribulados junto al reposo que ya tengamos los glorificados y después dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecieron el evangelio del Señor Jesucristo (2 Ts. 1:7-8). Así que dichos ángeles son seres espirituales y no los santos glorificados. Por otro lado, a pesar de que en su parusia el Señor alcanzará al mundo entero, el versículo 31 de Mateo 24 tiene como énfasis a los judíos, lo sabemos por el contexto, ya que todo este discurso nace como resultado de que los judíos querían saber acerca de la destrucción de su ciudad y del fin de la era. Por lo que cuando dice que juntaría a sus escogidos se refiere a los judíos que huirán de Jerusalén durante la Gran Tribulación (vrs. 16-22); a los cuatro vientos, es decir a todo el mundo (4 puntos cardinales); desde un extremo del cielo hasta el otro, no faltará uno solo por muy recóndito que se encuentre.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:32

Comentario general

24.32-35 Tengamos cuidado de no fechar los asuntos escatológicos (cumplimientos de profecías), así como de asegurar que esto será así o asá. Esta clase de error ocurre cuando ajustamos la interpretación bíblica a las circunstancias del mundo que nos rodea; por ejemplo, San Agustín creyó que había llegado el milenio al ver que la iglesia se estaba apoderando del mundo entero y cometió el error de fechar el retorno de Cristo para el año 650 de nuestra era; así como también desvió la doctrina de la iglesia al inventar el método amilenanista de interpretación, que consiste en el milenio es la presente era, y se extiende entre la primera y la segunda venidas del Señor Jesucristo; siendo que la doctrina de la iglesia desde los apóstoles había sido premilenanista, es decir, la iglesia esperaba ser arrebatada para Dios, que surgiera el anticristo y una gran tribulación angustiará al mundo entero, especialmente a los judíos y después de esto el Señor regresara física y visiblemente para establecer el reino milenario, su gobierno en la tierra como preludio de su reino eterno. La higuera es un símbolo del pueblo de Israel (Jer. 24:1-6; Os. 9:10; Joel 1:6-7). A causa de no recibir al Señor Jesús la higuera se secó, Israel dejó de ser el pueblo de Dios y recibió como castigo el dejar de ser temporalmente una nación. Ya el Señor había advertido esto: un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces dijo al viñador: He aquí ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra? (Luc. 13:6-7). Después de 3 años de ministerio de Jesús se les dio oportunidad y los judíos no la aprovecharon, con todo el Señor concedió un poco de tiempo más, pero tampoco fructificaron; así que esta higuera fue maldecida. Después de que el Señor salió del templo de Jerusalén que habían hecho “cueva de ladrones”, maldijo a una higuera que no tenía frutos, sino sólo hojas como símbolo de que Israel se secaría (Mat. 21:12-19) por no tener frutos de Él, sino religión de apariencia. Hojas de higuera como aquellas con las que Adán y Eva se cubrieron después de pecar. La consecuencia de esta maldición hacia Israel fue que tanto el templo como la ciudad de Jerusalén ya no servían más a Dios, sino que serían devastadas al quedarse sin el Rey (Mat. 23:37 - 24:2). Sin embargo, porque Dios es bueno, volverá a vivificar a Israel; el apóstol Pablo dice que son amados por Dios a causa de haberles elegido y porque los dones y llamamiento son irrevocables (Rom. 11:28-29). Aprendamos de la parábola, Israel volverá a vivir, dice Dios, cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas; es una señal de vida de la higuera. Tal como sucediera antes de Cristo cuando Israel fue llevado en cautiverio, la ciudad y el templo fueron destruidos; más después Dios les concedió regresar a su tierra para volver a ser nación. Así fue en el primer siglo, a partir del año 70 d.C. Israel dejó de ser nación y fue esparcido entre las naciones. Aunque regresó o mejor dicho, fue regresado por Dios a su tierra en 1948 para volver a ser una nación. La higuera recibió nueva vida. Israel resurgió. Esta es una señal antes de la venida del Señor. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas (Mat. 24:33). Ya pasó el invierno de Israel, ya llegó el verano y por lo tanto, está cerca la cosecha. De cierto os digo, que no pasarán esta generación hasta que todo esto acontezca (vr. 34). Existen diferentes opiniones al respecto. Unos dicen que se aplicaba a la generación que estaba escuchando a Cristo en aquel tiempo y que la profecía se cumplía en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén; sin embargo esto no es así, porque entonces, ¿dónde está la restauración de Israel? ¿Por qué no regresó el Señor inmediatamente después de esto? Y ¿qué sucedió con el reino milenario? ¿Por qué aún no hemos sido glorificados? Para poder explicar esto los que creen que esta generación se refiere a la generación de Jesús tienen que espiritualizar todo negando con esto el cumplimiento literal de las Escrituras. Otros creen que esta generación se refiere a una generación después de que Israel vuelva a ser una nación; algunos la cuentan de 40 años, otros de 70 y otros de 80 años, fechando el regreso de Cristo. Sin embargo, esto es pura especulación y carece de verdadero sustento bíblico, que necesita hacer puentes de imaginación para ligar los textos aislados. Quien piensa así no está realmente interpretando las Sagradas Escrituras con honestidad sino que busca que su interpretación conocida con su propia vida a fin de tomar parte en el retorno del Señor y alarmar a sus oyentes. En realidad, cuando el Señor dijo que “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” estaba diciendo que la nación de Israel, la raza, la familia o el linaje de Israel sería preservada hasta la consumación del plan Divino con el retorno del Señor, a pesar de todas las persecuciones recibidas en la historia, incluyendo la Gran Tribulación y del desolador (el anticristo) que la perseguiría. La Biblia usa aquí la palabra griega geneá traducida como “generación”. Geneá significa “engrandecimiento”, es decir familia o linaje o miembros de una genealogía, como cuando habla de la genealogía de Jesús en Mat. 1:17; también se refiere a una raza en donde sus miembros tienen características similares generalmente malas como en Mat. 17:17. De modo que, cuando el Señor dice “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” no está diciendo que quedan 40, 70 u 80 años para que el Señor regrese después del establecimiento de Israel como nación; sino que Dios preservará a esta generación, es decir al pueblo de Israel hasta que Cristo se manifieste en gloria. ¡A pesar de la Gran Tribulación y del anticristo que los hará huir, Israel sobrevivirá como nación! Esta es una fiel promesa de Dios: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Conviene aclarar que Israel no será un pueblo aparte de la iglesia, sino que cuando vengan al Señor serán uno con la iglesia: Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tu fuiste cortando del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? (Rom.11:23-24). Así que no serán los judíos y los gentiles, sino ambos pueblos dentro de la iglesia, para que sólo sea un nuevo Hombre: La Iglesia, compuesta de judíos y de gentiles (Ef. 2:14, 16; Gal. 3:28). El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Podemos estar seguros de que todo lo que el Señor dijo se cumplirá. He aquí al menos dos razones de ello: Su Palabra es anterior a la creación; es decir, no es una creación. El apóstol Pedro escribió: por la palabra de Dios existen desde tiempos antiguos los cielos y la tierra (2 P. 3:5) y Hebreos 11:3 dice: por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se cree fue hecho de lo que no se veía. Si el cielo y la tierra fueron hecho por la Palabra de Dios, son anteriores a la creación. Y si es anterior, así como el medio mismo por el que la creación llegó a ser, luego la Palabra es superior a la creación y por tanto, permanecerá después de la creación. No importa que circunstancias estés viviendo, tu confianza debe estar en la Palabra de Dios que sustenta toda circunstancia. Su Palabra permanece después de la creación. Todo lo creado es finito y existe porque Dios así lo desea; pero por cuanto Dios es Infinito y Todopoderoso todo lo que Él diga es igualmente infinito y todo poderoso; ha de cumplirse. Nada le faltará y nada turbará su Palabra. Esta es la confianza que tenemos: La Palabra de Dios no puede ser invalidada (vr. 35; Mat. 5:18; Sal. 102:26). Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben - Dios dice - mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho Yahwéh, quien tiene compasión de ti (Is. 54:10). Esto significa también (vr. 35) que Dios tiene preparado un día en el cual el cielo y la tierra que hoy conocemos pasarán, es decir, dejarán de existir tal y como hoy los conocemos (2 Pedro 3:10-12). La amonestación es consagrarnos a Dios. Si el cielo y la tierra parecen tan grandes y estables dejarán de existir para llegar a ser cielos nuevos y tierra nueva por el poder de Jesucristo, ¿cuánto mas nosotros que sólo somos vasijas de barro? En la parábola de la higuera aprendemos que Dios es fiel y misericordioso al darle a Israel nuevamente la oportunidad de volver a ser una nación y de llegar a ser parte de la iglesia con sólo creer en Jesucristo. Si alguno ha caído y piensa que ya no tiene oportunidad con Dios, se equivoca: Por la misericordia de Yahwéh no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad. Mi porción es Yahwéh, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Yahwéh a los que en Él esperan, al alma que le busca, bueno es esperar en silencio la salvación de Yahwéh, bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; ponga su boca en el polvo, porque aún hay esperanza; dé la mejilla al que la hiere, y sea colmado de afrentas. Porque el Señor no desecha para siempre (Lam. 3:22-31).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:33

Comentario general

24.32-35 Tengamos cuidado de no fechar los asuntos escatológicos (cumplimientos de profecías), así como de asegurar que esto será así o asá. Esta clase de error ocurre cuando ajustamos la interpretación bíblica a las circunstancias del mundo que nos rodea; por ejemplo, San Agustín creyó que había llegado el milenio al ver que la iglesia se estaba apoderando del mundo entero y cometió el error de fechar el retorno de Cristo para el año 650 de nuestra era; así como también desvió la doctrina de la iglesia al inventar el método amilenanista de interpretación, que consiste en el milenio es la presente era, y se extiende entre la primera y la segunda venidas del Señor Jesucristo; siendo que la doctrina de la iglesia desde los apóstoles había sido premilenanista, es decir, la iglesia esperaba ser arrebatada para Dios, que surgiera el anticristo y una gran tribulación angustiará al mundo entero, especialmente a los judíos y después de esto el Señor regresara física y visiblemente para establecer el reino milenario, su gobierno en la tierra como preludio de su reino eterno. La higuera es un símbolo del pueblo de Israel (Jer. 24:1-6; Os. 9:10; Joel 1:6-7). A causa de no recibir al Señor Jesús la higuera se secó, Israel dejó de ser el pueblo de Dios y recibió como castigo el dejar de ser temporalmente una nación. Ya el Señor había advertido esto: un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces dijo al viñador: He aquí ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra? (Luc. 13:6-7). Después de 3 años de ministerio de Jesús se les dio oportunidad y los judíos no la aprovecharon, con todo el Señor concedió un poco de tiempo más, pero tampoco fructificaron; así que esta higuera fue maldecida. Después de que el Señor salió del templo de Jerusalén que habían hecho “cueva de ladrones”, maldijo a una higuera que no tenía frutos, sino sólo hojas como símbolo de que Israel se secaría (Mat. 21:12-19) por no tener frutos de Él, sino religión de apariencia. Hojas de higuera como aquellas con las que Adán y Eva se cubrieron después de pecar. La consecuencia de esta maldición hacia Israel fue que tanto el templo como la ciudad de Jerusalén ya no servían más a Dios, sino que serían devastadas al quedarse sin el Rey (Mat. 23:37 - 24:2). Sin embargo, porque Dios es bueno, volverá a vivificar a Israel; el apóstol Pablo dice que son amados por Dios a causa de haberles elegido y porque los dones y llamamiento son irrevocables (Rom. 11:28-29). Aprendamos de la parábola, Israel volverá a vivir, dice Dios, cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas; es una señal de vida de la higuera. Tal como sucediera antes de Cristo cuando Israel fue llevado en cautiverio, la ciudad y el templo fueron destruidos; más después Dios les concedió regresar a su tierra para volver a ser nación. Así fue en el primer siglo, a partir del año 70 d.C. Israel dejó de ser nación y fue esparcido entre las naciones. Aunque regresó o mejor dicho, fue regresado por Dios a su tierra en 1948 para volver a ser una nación. La higuera recibió nueva vida. Israel resurgió. Esta es una señal antes de la venida del Señor. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas (Mat. 24:33). Ya pasó el invierno de Israel, ya llegó el verano y por lo tanto, está cerca la cosecha. De cierto os digo, que no pasarán esta generación hasta que todo esto acontezca (vr. 34). Existen diferentes opiniones al respecto. Unos dicen que se aplicaba a la generación que estaba escuchando a Cristo en aquel tiempo y que la profecía se cumplía en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén; sin embargo esto no es así, porque entonces, ¿dónde está la restauración de Israel? ¿Por qué no regresó el Señor inmediatamente después de esto? Y ¿qué sucedió con el reino milenario? ¿Por qué aún no hemos sido glorificados? Para poder explicar esto los que creen que esta generación se refiere a la generación de Jesús tienen que espiritualizar todo negando con esto el cumplimiento literal de las Escrituras. Otros creen que esta generación se refiere a una generación después de que Israel vuelva a ser una nación; algunos la cuentan de 40 años, otros de 70 y otros de 80 años, fechando el regreso de Cristo. Sin embargo, esto es pura especulación y carece de verdadero sustento bíblico, que necesita hacer puentes de imaginación para ligar los textos aislados. Quien piensa así no está realmente interpretando las Sagradas Escrituras con honestidad sino que busca que su interpretación conocida con su propia vida a fin de tomar parte en el retorno del Señor y alarmar a sus oyentes. En realidad, cuando el Señor dijo que “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” estaba diciendo que la nación de Israel, la raza, la familia o el linaje de Israel sería preservada hasta la consumación del plan Divino con el retorno del Señor, a pesar de todas las persecuciones recibidas en la historia, incluyendo la Gran Tribulación y del desolador (el anticristo) que la perseguiría. La Biblia usa aquí la palabra griega geneá traducida como “generación”. Geneá significa “engrandecimiento”, es decir familia o linaje o miembros de una genealogía, como cuando habla de la genealogía de Jesús en Mat. 1:17; también se refiere a una raza en donde sus miembros tienen características similares generalmente malas como en Mat. 17:17. De modo que, cuando el Señor dice “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” no está diciendo que quedan 40, 70 u 80 años para que el Señor regrese después del establecimiento de Israel como nación; sino que Dios preservará a esta generación, es decir al pueblo de Israel hasta que Cristo se manifieste en gloria. ¡A pesar de la Gran Tribulación y del anticristo que los hará huir, Israel sobrevivirá como nación! Esta es una fiel promesa de Dios: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Conviene aclarar que Israel no será un pueblo aparte de la iglesia, sino que cuando vengan al Señor serán uno con la iglesia: Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tu fuiste cortando del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? (Rom.11:23-24). Así que no serán los judíos y los gentiles, sino ambos pueblos dentro de la iglesia, para que sólo sea un nuevo Hombre: La Iglesia, compuesta de judíos y de gentiles (Ef. 2:14, 16; Gal. 3:28). El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Podemos estar seguros de que todo lo que el Señor dijo se cumplirá. He aquí al menos dos razones de ello: Su Palabra es anterior a la creación; es decir, no es una creación. El apóstol Pedro escribió: por la palabra de Dios existen desde tiempos antiguos los cielos y la tierra (2 P. 3:5) y Hebreos 11:3 dice: por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se cree fue hecho de lo que no se veía. Si el cielo y la tierra fueron hecho por la Palabra de Dios, son anteriores a la creación. Y si es anterior, así como el medio mismo por el que la creación llegó a ser, luego la Palabra es superior a la creación y por tanto, permanecerá después de la creación. No importa que circunstancias estés viviendo, tu confianza debe estar en la Palabra de Dios que sustenta toda circunstancia. Su Palabra permanece después de la creación. Todo lo creado es finito y existe porque Dios así lo desea; pero por cuanto Dios es Infinito y Todopoderoso todo lo que Él diga es igualmente infinito y todo poderoso; ha de cumplirse. Nada le faltará y nada turbará su Palabra. Esta es la confianza que tenemos: La Palabra de Dios no puede ser invalidada (vr. 35; Mat. 5:18; Sal. 102:26). Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben - Dios dice - mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho Yahwéh, quien tiene compasión de ti (Is. 54:10). Esto significa también (vr. 35) que Dios tiene preparado un día en el cual el cielo y la tierra que hoy conocemos pasarán, es decir, dejarán de existir tal y como hoy los conocemos (2 Pedro 3:10-12). La amonestación es consagrarnos a Dios. Si el cielo y la tierra parecen tan grandes y estables dejarán de existir para llegar a ser cielos nuevos y tierra nueva por el poder de Jesucristo, ¿cuánto mas nosotros que sólo somos vasijas de barro? En la parábola de la higuera aprendemos que Dios es fiel y misericordioso al darle a Israel nuevamente la oportunidad de volver a ser una nación y de llegar a ser parte de la iglesia con sólo creer en Jesucristo. Si alguno ha caído y piensa que ya no tiene oportunidad con Dios, se equivoca: Por la misericordia de Yahwéh no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad. Mi porción es Yahwéh, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Yahwéh a los que en Él esperan, al alma que le busca, bueno es esperar en silencio la salvación de Yahwéh, bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; ponga su boca en el polvo, porque aún hay esperanza; dé la mejilla al que la hiere, y sea colmado de afrentas. Porque el Señor no desecha para siempre (Lam. 3:22-31).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:34

Comentario general

24.32-35 Tengamos cuidado de no fechar los asuntos escatológicos (cumplimientos de profecías), así como de asegurar que esto será así o asá. Esta clase de error ocurre cuando ajustamos la interpretación bíblica a las circunstancias del mundo que nos rodea; por ejemplo, San Agustín creyó que había llegado el milenio al ver que la iglesia se estaba apoderando del mundo entero y cometió el error de fechar el retorno de Cristo para el año 650 de nuestra era; así como también desvió la doctrina de la iglesia al inventar el método amilenanista de interpretación, que consiste en el milenio es la presente era, y se extiende entre la primera y la segunda venidas del Señor Jesucristo; siendo que la doctrina de la iglesia desde los apóstoles había sido premilenanista, es decir, la iglesia esperaba ser arrebatada para Dios, que surgiera el anticristo y una gran tribulación angustiará al mundo entero, especialmente a los judíos y después de esto el Señor regresara física y visiblemente para establecer el reino milenario, su gobierno en la tierra como preludio de su reino eterno. La higuera es un símbolo del pueblo de Israel (Jer. 24:1-6; Os. 9:10; Joel 1:6-7). A causa de no recibir al Señor Jesús la higuera se secó, Israel dejó de ser el pueblo de Dios y recibió como castigo el dejar de ser temporalmente una nación. Ya el Señor había advertido esto: un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces dijo al viñador: He aquí ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra? (Luc. 13:6-7). Después de 3 años de ministerio de Jesús se les dio oportunidad y los judíos no la aprovecharon, con todo el Señor concedió un poco de tiempo más, pero tampoco fructificaron; así que esta higuera fue maldecida. Después de que el Señor salió del templo de Jerusalén que habían hecho “cueva de ladrones”, maldijo a una higuera que no tenía frutos, sino sólo hojas como símbolo de que Israel se secaría (Mat. 21:12-19) por no tener frutos de Él, sino religión de apariencia. Hojas de higuera como aquellas con las que Adán y Eva se cubrieron después de pecar. La consecuencia de esta maldición hacia Israel fue que tanto el templo como la ciudad de Jerusalén ya no servían más a Dios, sino que serían devastadas al quedarse sin el Rey (Mat. 23:37 - 24:2). Sin embargo, porque Dios es bueno, volverá a vivificar a Israel; el apóstol Pablo dice que son amados por Dios a causa de haberles elegido y porque los dones y llamamiento son irrevocables (Rom. 11:28-29). Aprendamos de la parábola, Israel volverá a vivir, dice Dios, cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas; es una señal de vida de la higuera. Tal como sucediera antes de Cristo cuando Israel fue llevado en cautiverio, la ciudad y el templo fueron destruidos; más después Dios les concedió regresar a su tierra para volver a ser nación. Así fue en el primer siglo, a partir del año 70 d.C. Israel dejó de ser nación y fue esparcido entre las naciones. Aunque regresó o mejor dicho, fue regresado por Dios a su tierra en 1948 para volver a ser una nación. La higuera recibió nueva vida. Israel resurgió. Esta es una señal antes de la venida del Señor. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas (Mat. 24:33). Ya pasó el invierno de Israel, ya llegó el verano y por lo tanto, está cerca la cosecha. De cierto os digo, que no pasarán esta generación hasta que todo esto acontezca (vr. 34). Existen diferentes opiniones al respecto. Unos dicen que se aplicaba a la generación que estaba escuchando a Cristo en aquel tiempo y que la profecía se cumplía en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén; sin embargo esto no es así, porque entonces, ¿dónde está la restauración de Israel? ¿Por qué no regresó el Señor inmediatamente después de esto? Y ¿qué sucedió con el reino milenario? ¿Por qué aún no hemos sido glorificados? Para poder explicar esto los que creen que esta generación se refiere a la generación de Jesús tienen que espiritualizar todo negando con esto el cumplimiento literal de las Escrituras. Otros creen que esta generación se refiere a una generación después de que Israel vuelva a ser una nación; algunos la cuentan de 40 años, otros de 70 y otros de 80 años, fechando el regreso de Cristo. Sin embargo, esto es pura especulación y carece de verdadero sustento bíblico, que necesita hacer puentes de imaginación para ligar los textos aislados. Quien piensa así no está realmente interpretando las Sagradas Escrituras con honestidad sino que busca que su interpretación conocida con su propia vida a fin de tomar parte en el retorno del Señor y alarmar a sus oyentes. En realidad, cuando el Señor dijo que “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” estaba diciendo que la nación de Israel, la raza, la familia o el linaje de Israel sería preservada hasta la consumación del plan Divino con el retorno del Señor, a pesar de todas las persecuciones recibidas en la historia, incluyendo la Gran Tribulación y del desolador (el anticristo) que la perseguiría. La Biblia usa aquí la palabra griega geneá traducida como “generación”. Geneá significa “engrandecimiento”, es decir familia o linaje o miembros de una genealogía, como cuando habla de la genealogía de Jesús en Mat. 1:17; también se refiere a una raza en donde sus miembros tienen características similares generalmente malas como en Mat. 17:17. De modo que, cuando el Señor dice “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” no está diciendo que quedan 40, 70 u 80 años para que el Señor regrese después del establecimiento de Israel como nación; sino que Dios preservará a esta generación, es decir al pueblo de Israel hasta que Cristo se manifieste en gloria. ¡A pesar de la Gran Tribulación y del anticristo que los hará huir, Israel sobrevivirá como nación! Esta es una fiel promesa de Dios: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Conviene aclarar que Israel no será un pueblo aparte de la iglesia, sino que cuando vengan al Señor serán uno con la iglesia: Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tu fuiste cortando del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? (Rom.11:23-24). Así que no serán los judíos y los gentiles, sino ambos pueblos dentro de la iglesia, para que sólo sea un nuevo Hombre: La Iglesia, compuesta de judíos y de gentiles (Ef. 2:14, 16; Gal. 3:28). El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Podemos estar seguros de que todo lo que el Señor dijo se cumplirá. He aquí al menos dos razones de ello: Su Palabra es anterior a la creación; es decir, no es una creación. El apóstol Pedro escribió: por la palabra de Dios existen desde tiempos antiguos los cielos y la tierra (2 P. 3:5) y Hebreos 11:3 dice: por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se cree fue hecho de lo que no se veía. Si el cielo y la tierra fueron hecho por la Palabra de Dios, son anteriores a la creación. Y si es anterior, así como el medio mismo por el que la creación llegó a ser, luego la Palabra es superior a la creación y por tanto, permanecerá después de la creación. No importa que circunstancias estés viviendo, tu confianza debe estar en la Palabra de Dios que sustenta toda circunstancia. Su Palabra permanece después de la creación. Todo lo creado es finito y existe porque Dios así lo desea; pero por cuanto Dios es Infinito y Todopoderoso todo lo que Él diga es igualmente infinito y todo poderoso; ha de cumplirse. Nada le faltará y nada turbará su Palabra. Esta es la confianza que tenemos: La Palabra de Dios no puede ser invalidada (vr. 35; Mat. 5:18; Sal. 102:26). Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben - Dios dice - mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho Yahwéh, quien tiene compasión de ti (Is. 54:10). Esto significa también (vr. 35) que Dios tiene preparado un día en el cual el cielo y la tierra que hoy conocemos pasarán, es decir, dejarán de existir tal y como hoy los conocemos (2 Pedro 3:10-12). La amonestación es consagrarnos a Dios. Si el cielo y la tierra parecen tan grandes y estables dejarán de existir para llegar a ser cielos nuevos y tierra nueva por el poder de Jesucristo, ¿cuánto mas nosotros que sólo somos vasijas de barro? En la parábola de la higuera aprendemos que Dios es fiel y misericordioso al darle a Israel nuevamente la oportunidad de volver a ser una nación y de llegar a ser parte de la iglesia con sólo creer en Jesucristo. Si alguno ha caído y piensa que ya no tiene oportunidad con Dios, se equivoca: Por la misericordia de Yahwéh no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad. Mi porción es Yahwéh, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Yahwéh a los que en Él esperan, al alma que le busca, bueno es esperar en silencio la salvación de Yahwéh, bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; ponga su boca en el polvo, porque aún hay esperanza; dé la mejilla al que la hiere, y sea colmado de afrentas. Porque el Señor no desecha para siempre (Lam. 3:22-31).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:35

Comentario general

24.32-35 Tengamos cuidado de no fechar los asuntos escatológicos (cumplimientos de profecías), así como de asegurar que esto será así o asá. Esta clase de error ocurre cuando ajustamos la interpretación bíblica a las circunstancias del mundo que nos rodea; por ejemplo, San Agustín creyó que había llegado el milenio al ver que la iglesia se estaba apoderando del mundo entero y cometió el error de fechar el retorno de Cristo para el año 650 de nuestra era; así como también desvió la doctrina de la iglesia al inventar el método amilenanista de interpretación, que consiste en el milenio es la presente era, y se extiende entre la primera y la segunda venidas del Señor Jesucristo; siendo que la doctrina de la iglesia desde los apóstoles había sido premilenanista, es decir, la iglesia esperaba ser arrebatada para Dios, que surgiera el anticristo y una gran tribulación angustiará al mundo entero, especialmente a los judíos y después de esto el Señor regresara física y visiblemente para establecer el reino milenario, su gobierno en la tierra como preludio de su reino eterno. La higuera es un símbolo del pueblo de Israel (Jer. 24:1-6; Os. 9:10; Joel 1:6-7). A causa de no recibir al Señor Jesús la higuera se secó, Israel dejó de ser el pueblo de Dios y recibió como castigo el dejar de ser temporalmente una nación. Ya el Señor había advertido esto: un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces dijo al viñador: He aquí ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra? (Luc. 13:6-7). Después de 3 años de ministerio de Jesús se les dio oportunidad y los judíos no la aprovecharon, con todo el Señor concedió un poco de tiempo más, pero tampoco fructificaron; así que esta higuera fue maldecida. Después de que el Señor salió del templo de Jerusalén que habían hecho “cueva de ladrones”, maldijo a una higuera que no tenía frutos, sino sólo hojas como símbolo de que Israel se secaría (Mat. 21:12-19) por no tener frutos de Él, sino religión de apariencia. Hojas de higuera como aquellas con las que Adán y Eva se cubrieron después de pecar. La consecuencia de esta maldición hacia Israel fue que tanto el templo como la ciudad de Jerusalén ya no servían más a Dios, sino que serían devastadas al quedarse sin el Rey (Mat. 23:37 - 24:2). Sin embargo, porque Dios es bueno, volverá a vivificar a Israel; el apóstol Pablo dice que son amados por Dios a causa de haberles elegido y porque los dones y llamamiento son irrevocables (Rom. 11:28-29). Aprendamos de la parábola, Israel volverá a vivir, dice Dios, cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas; es una señal de vida de la higuera. Tal como sucediera antes de Cristo cuando Israel fue llevado en cautiverio, la ciudad y el templo fueron destruidos; más después Dios les concedió regresar a su tierra para volver a ser nación. Así fue en el primer siglo, a partir del año 70 d.C. Israel dejó de ser nación y fue esparcido entre las naciones. Aunque regresó o mejor dicho, fue regresado por Dios a su tierra en 1948 para volver a ser una nación. La higuera recibió nueva vida. Israel resurgió. Esta es una señal antes de la venida del Señor. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas (Mat. 24:33). Ya pasó el invierno de Israel, ya llegó el verano y por lo tanto, está cerca la cosecha. De cierto os digo, que no pasarán esta generación hasta que todo esto acontezca (vr. 34). Existen diferentes opiniones al respecto. Unos dicen que se aplicaba a la generación que estaba escuchando a Cristo en aquel tiempo y que la profecía se cumplía en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén; sin embargo esto no es así, porque entonces, ¿dónde está la restauración de Israel? ¿Por qué no regresó el Señor inmediatamente después de esto? Y ¿qué sucedió con el reino milenario? ¿Por qué aún no hemos sido glorificados? Para poder explicar esto los que creen que esta generación se refiere a la generación de Jesús tienen que espiritualizar todo negando con esto el cumplimiento literal de las Escrituras. Otros creen que esta generación se refiere a una generación después de que Israel vuelva a ser una nación; algunos la cuentan de 40 años, otros de 70 y otros de 80 años, fechando el regreso de Cristo. Sin embargo, esto es pura especulación y carece de verdadero sustento bíblico, que necesita hacer puentes de imaginación para ligar los textos aislados. Quien piensa así no está realmente interpretando las Sagradas Escrituras con honestidad sino que busca que su interpretación conocida con su propia vida a fin de tomar parte en el retorno del Señor y alarmar a sus oyentes. En realidad, cuando el Señor dijo que “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” estaba diciendo que la nación de Israel, la raza, la familia o el linaje de Israel sería preservada hasta la consumación del plan Divino con el retorno del Señor, a pesar de todas las persecuciones recibidas en la historia, incluyendo la Gran Tribulación y del desolador (el anticristo) que la perseguiría. La Biblia usa aquí la palabra griega geneá traducida como “generación”. Geneá significa “engrandecimiento”, es decir familia o linaje o miembros de una genealogía, como cuando habla de la genealogía de Jesús en Mat. 1:17; también se refiere a una raza en donde sus miembros tienen características similares generalmente malas como en Mat. 17:17. De modo que, cuando el Señor dice “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” no está diciendo que quedan 40, 70 u 80 años para que el Señor regrese después del establecimiento de Israel como nación; sino que Dios preservará a esta generación, es decir al pueblo de Israel hasta que Cristo se manifieste en gloria. ¡A pesar de la Gran Tribulación y del anticristo que los hará huir, Israel sobrevivirá como nación! Esta es una fiel promesa de Dios: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Conviene aclarar que Israel no será un pueblo aparte de la iglesia, sino que cuando vengan al Señor serán uno con la iglesia: Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tu fuiste cortando del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? (Rom.11:23-24). Así que no serán los judíos y los gentiles, sino ambos pueblos dentro de la iglesia, para que sólo sea un nuevo Hombre: La Iglesia, compuesta de judíos y de gentiles (Ef. 2:14, 16; Gal. 3:28). El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (vr. 35). Podemos estar seguros de que todo lo que el Señor dijo se cumplirá. He aquí al menos dos razones de ello: Su Palabra es anterior a la creación; es decir, no es una creación. El apóstol Pedro escribió: por la palabra de Dios existen desde tiempos antiguos los cielos y la tierra (2 P. 3:5) y Hebreos 11:3 dice: por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se cree fue hecho de lo que no se veía. Si el cielo y la tierra fueron hecho por la Palabra de Dios, son anteriores a la creación. Y si es anterior, así como el medio mismo por el que la creación llegó a ser, luego la Palabra es superior a la creación y por tanto, permanecerá después de la creación. No importa que circunstancias estés viviendo, tu confianza debe estar en la Palabra de Dios que sustenta toda circunstancia. Su Palabra permanece después de la creación. Todo lo creado es finito y existe porque Dios así lo desea; pero por cuanto Dios es Infinito y Todopoderoso todo lo que Él diga es igualmente infinito y todo poderoso; ha de cumplirse. Nada le faltará y nada turbará su Palabra. Esta es la confianza que tenemos: La Palabra de Dios no puede ser invalidada (vr. 35; Mat. 5:18; Sal. 102:26). Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben - Dios dice - mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho Yahwéh, quien tiene compasión de ti (Is. 54:10). Esto significa también (vr. 35) que Dios tiene preparado un día en el cual el cielo y la tierra que hoy conocemos pasarán, es decir, dejarán de existir tal y como hoy los conocemos (2 Pedro 3:10-12). La amonestación es consagrarnos a Dios. Si el cielo y la tierra parecen tan grandes y estables dejarán de existir para llegar a ser cielos nuevos y tierra nueva por el poder de Jesucristo, ¿cuánto mas nosotros que sólo somos vasijas de barro? En la parábola de la higuera aprendemos que Dios es fiel y misericordioso al darle a Israel nuevamente la oportunidad de volver a ser una nación y de llegar a ser parte de la iglesia con sólo creer en Jesucristo. Si alguno ha caído y piensa que ya no tiene oportunidad con Dios, se equivoca: Por la misericordia de Yahwéh no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad. Mi porción es Yahwéh, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Yahwéh a los que en Él esperan, al alma que le busca, bueno es esperar en silencio la salvación de Yahwéh, bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; ponga su boca en el polvo, porque aún hay esperanza; dé la mejilla al que la hiere, y sea colmado de afrentas. Porque el Señor no desecha para siempre (Lam. 3:22-31).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:36

Comentario general

24.36-37 En los versículos 15 al 28 el Señor Jesucristo estuvo describiendo el período conocido como la Gran Tribulación, enseñando que ésta es una señal anterior a su venida. De allí que, para pasar a explicar su retorno dijese: e inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (vr.29); y luego diese señales de ese tiempo tales como el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, etc. (30). Entonces, inmediatamente después aparecerá el Señor. Vimos también como el pueblo de Israel habría de volver a ser una nación, así como la higuera florece como una señal que anuncian la inminencia de la venida de Cristo; y cómo el Señor prometió que esa nación no dejaría de existir hasta que todas estas cosas se cumplieran cuando expresó: no pasará esta generación (vrs. 32-35). De modo que al dar la señal de la nación de Israel, el Señor estaba girando sus palabras hacia la iglesia para que estuviésemos apercibidos. Por ello, las palabras enseguida pronunciadas son dirigidas a la iglesia y ya no a Israel. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles en los cielos, sino sólo mi Padre (vr. 36). Es un hecho, nadie sabe. No debemos dar fecha alguna sobre la venida del Señor. Quien esto hace, se equivoca; tampoco los ángeles conoces el cuando del retorno de Cristo. Esto no es dado a criatura alguna. No os toca a vosotros saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad (Hch. 1:6-7). Así que absolutamente nadie fuera del Padre Celestial sabe cuando será la venida de su Hijo. Y para hacer esto aún más enfático y sin lugar a dudas, Mateo 24:36 dice literalmente: mas acerca del día aquel y de la hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Algunas versiones omiten la expresión ni el Hijo, pero el texto griego original sí lo registra. No tenemos porque omitir lo que el Señor dijo, Él dijo que no sabía cuando volvería. Recordemos que Él se hizo hombre y se sujetó en todo a la naturaleza humana, tal y como era el hombre antes de la caída. Él se despojó a sí mismo (Fil. 2:6-8) y jamás actuó en tanto estuvo en carne según su divinidad. Todos los milagros y prodigios los hizo en el poder del Padre y no en el suyo propio (Hch. 2:22). De allí que el diablo le tentara a actuar independiente al Padre cuando le decía: “si eres Hijo de Dios…” esto es, “sé independiente, no tienes porque estar sujeto al Padre si tu puedes hacer todo por ti mismo”. Es pues, en su humanidad que el Señor Jesucristo desconocía cuando volvería. Notemos como habla del retorno del “Hijo del Hombre” y no del Hijo de Dios, pues en todo esto está actuando en su humanidad y no en su divinidad. Como Dios, el Hijo conoce todas las cosas, pero como Hombre estuvo limitado a la naturaleza humana. Entonces, si el mismo Hijo del Hombre, Cristo, desconocía cuando regresaría, ¿cómo es que todavía siguen saliendo supuestos profetas que afirman saber cuándo volverá el Señor? Cuando un profeta hable en el nombre de Yahwéh y no se cumpla ni acontezca lo que dijo, esa es la palabra que Yahwéh no ha hablado. Con soberbia la habló aquel profeta; no tengas temor de él (Dt. 18:22). Otro de los problemas que se han presentado en la interpretación de estos versículos es la confusión acerca de lo que se conoce como el arrebatamiento de la iglesia, comúnmente llamado “rapto”; y el retorno del Señor, comúnmente llamado “la segunda venida”. En los versículos anteriores el Señor ya había hablado todo lo concerniente a las señales que habrían de suceder antes de su venida, incluyendo la Gran Tribulación (vrs. 15-28) y luego mencionó su venida en los versículos 29-31; pero después de esto, y como dando aplicación de todo lo hablado, empezó a dirigirse hacia la iglesia, poniéndole primero como señal a los judíos en la parábola de la higuera (32-35) y advirtiéndoles acerca de que nadie sabe ni sabrá cuándo volverá (vr.36). De esta forma, los versículos de esta nota, son con respecto a la iglesia y no al mundo ni a los judíos; por tanto, tratan más acerca del arrebatamiento de la iglesia que de otra cosa desde la perspectiva de estar expectantes hacia este evento. Según la Biblia no hay 1ª y 2ª venida, sino que todos los eventos desde su encarnación hasta su regreso son parte de “La venida del Señor”. Al no distinguir esto, algunos no pueden conciliar la idea de que exista un arrebatamiento de la iglesia como parte de la venida del Señor; de allí que el Señor unas veces se refería al arrebatamiento de los santos y otra a su retorno diciendo en una y en otra: así será también la venida del Señor; indicando con ese “también” que su venida implica muchos eventos diferentes.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:37

Comentario general

24.36-37 En los versículos 15 al 28 el Señor Jesucristo estuvo describiendo el período conocido como la Gran Tribulación, enseñando que ésta es una señal anterior a su venida. De allí que, para pasar a explicar su retorno dijese: e inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (vr.29); y luego diese señales de ese tiempo tales como el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, etc. (30). Entonces, inmediatamente después aparecerá el Señor. Vimos también como el pueblo de Israel habría de volver a ser una nación, así como la higuera florece como una señal que anuncian la inminencia de la venida de Cristo; y cómo el Señor prometió que esa nación no dejaría de existir hasta que todas estas cosas se cumplieran cuando expresó: no pasará esta generación (vrs. 32-35). De modo que al dar la señal de la nación de Israel, el Señor estaba girando sus palabras hacia la iglesia para que estuviésemos apercibidos. Por ello, las palabras enseguida pronunciadas son dirigidas a la iglesia y ya no a Israel. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles en los cielos, sino sólo mi Padre (vr. 36). Es un hecho, nadie sabe. No debemos dar fecha alguna sobre la venida del Señor. Quien esto hace, se equivoca; tampoco los ángeles conoces el cuando del retorno de Cristo. Esto no es dado a criatura alguna. No os toca a vosotros saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad (Hch. 1:6-7). Así que absolutamente nadie fuera del Padre Celestial sabe cuando será la venida de su Hijo. Y para hacer esto aún más enfático y sin lugar a dudas, Mateo 24:36 dice literalmente: mas acerca del día aquel y de la hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Algunas versiones omiten la expresión ni el Hijo, pero el texto griego original sí lo registra. No tenemos porque omitir lo que el Señor dijo, Él dijo que no sabía cuando volvería. Recordemos que Él se hizo hombre y se sujetó en todo a la naturaleza humana, tal y como era el hombre antes de la caída. Él se despojó a sí mismo (Fil. 2:6-8) y jamás actuó en tanto estuvo en carne según su divinidad. Todos los milagros y prodigios los hizo en el poder del Padre y no en el suyo propio (Hch. 2:22). De allí que el diablo le tentara a actuar independiente al Padre cuando le decía: “si eres Hijo de Dios…” esto es, “sé independiente, no tienes porque estar sujeto al Padre si tu puedes hacer todo por ti mismo”. Es pues, en su humanidad que el Señor Jesucristo desconocía cuando volvería. Notemos como habla del retorno del “Hijo del Hombre” y no del Hijo de Dios, pues en todo esto está actuando en su humanidad y no en su divinidad. Como Dios, el Hijo conoce todas las cosas, pero como Hombre estuvo limitado a la naturaleza humana. Entonces, si el mismo Hijo del Hombre, Cristo, desconocía cuando regresaría, ¿cómo es que todavía siguen saliendo supuestos profetas que afirman saber cuándo volverá el Señor? Cuando un profeta hable en el nombre de Yahwéh y no se cumpla ni acontezca lo que dijo, esa es la palabra que Yahwéh no ha hablado. Con soberbia la habló aquel profeta; no tengas temor de él (Dt. 18:22). Otro de los problemas que se han presentado en la interpretación de estos versículos es la confusión acerca de lo que se conoce como el arrebatamiento de la iglesia, comúnmente llamado “rapto”; y el retorno del Señor, comúnmente llamado “la segunda venida”. En los versículos anteriores el Señor ya había hablado todo lo concerniente a las señales que habrían de suceder antes de su venida, incluyendo la Gran Tribulación (vrs. 15-28) y luego mencionó su venida en los versículos 29-31; pero después de esto, y como dando aplicación de todo lo hablado, empezó a dirigirse hacia la iglesia, poniéndole primero como señal a los judíos en la parábola de la higuera (32-35) y advirtiéndoles acerca de que nadie sabe ni sabrá cuándo volverá (vr.36). De esta forma, los versículos de esta nota, son con respecto a la iglesia y no al mundo ni a los judíos; por tanto, tratan más acerca del arrebatamiento de la iglesia que de otra cosa desde la perspectiva de estar expectantes hacia este evento. Según la Biblia no hay 1ª y 2ª venida, sino que todos los eventos desde su encarnación hasta su regreso son parte de “La venida del Señor”. Al no distinguir esto, algunos no pueden conciliar la idea de que exista un arrebatamiento de la iglesia como parte de la venida del Señor; de allí que el Señor unas veces se refería al arrebatamiento de los santos y otra a su retorno diciendo en una y en otra: así será también la venida del Señor; indicando con ese “también” que su venida implica muchos eventos diferentes.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:38

Comentario general

24.38-39 Mira la nota anterior. Aquí encontramos las condiciones del mundo respecto del arrebatamiento de los santos. Más como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre –leemos. ¿Cómo fue el mundo antes del diluvio? Dice el apóstol Pedro (2 P. 2:5) que Noé fue pregonero de justicia, durante ciento veinte años anunció que vendría el diluvio (Gen. 6:3); pero el mundo de aquel entonces no creyó, por lo que según Hebreos 11:7, el mundo fue condenado; es decir a causa de su incredulidad. Lo cual significa que antes del rapto de la iglesia no tendremos un mundo mayormente salvo. La fe en Cristo es el arca para cuando el Hijo del Hombre venga; entonces, ¿habrá fe en la tierra? En los días de Noé, según Génesis 6, los hijos de Dios, que algunos equivocadamente confunden con ángeles, pero eran los descendientes de Set, los que invocaban a Dios, se degradaron moralmente de manera que la sal se hizo insípida, o lo que es lo mismo, la tierra se corrompió en inmoralidad y desenfreno sexual (Gen. 6:5,12). Esto describe la condición del mundo antes del repto de la iglesia y de la venida del Señor. Según Génesis 6:11 y 13 estaba la tierra llena de violencia. Un mundo de asesinatos, abuso infantil, violencia familiar, vandalismo, robos, venganzas, narcotráfico, ¡un ring con olor a cloaca! Un mundo en dolores de parto. En los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos –dice la Palabra. Indiferentes y ocupados cada uno en sus propios asuntos. Ya no la sensualidad ni la violencia, el pecado condenable aquí es la indiferencia; un riesgo no solo del mundo, sino también de los creyentes que viven sin importar quién se salva o quién se pierde. Ya el apóstol Pablo había advertido esto al decir que en los últimos días vendrían tiempos difíciles (2 Tim. 3:1), cuando no sufrirán la sana doctrina (2 Tim. 4:3); habría un espíritu engañoso en los incrédulos (2 Ts. 2:11); y que muchos apostatarán de la fe (1 Tim. 4:1). El apóstol Pedro dijo que habría herejías destructoras (2 P. 2:1) y burladores sarcásticos que anduviesen en sus propias concupiscencias (2 P. 3:3). Como en los días de Noé… no entendieron hasta que vino el diluvio (37, 39). En aquel tiempo vino sobre ellos repentinamente el diluvio; así también, en cualquier momento Dios arrebatará sus santos, su iglesia victoriosa. Así será también la venida del Hijo del Hombre: arrebatados… para el encuentro con el Señor en el aire, y así estaremos siempre en el Señor (1 Ts. 9:17). Los que son de Cristo en su venida (1 Cor. 15:23), tal y como Lot fue sacado de Sodoma antes de que la ciudad fuera destruida. Un día la puerta del arca fue cerrada, no fue Noé, sino Dios. Así también, esta puerta de gracia que hoy escuchas, un día se cerrará cuando el Señor regrese y los que no estén apercibidos de ello serán arrojados a las tinieblas de afuera, allí será el lloro y el crujir de dientes. No me gusta esta parte, pero no puedo omitirla, pues también es la Palabra de Dios.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:39

Comentario general

24.38-39 Mira la nota anterior. Aquí encontramos las condiciones del mundo respecto del arrebatamiento de los santos. Más como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre –leemos. ¿Cómo fue el mundo antes del diluvio? Dice el apóstol Pedro (2 P. 2:5) que Noé fue pregonero de justicia, durante ciento veinte años anunció que vendría el diluvio (Gen. 6:3); pero el mundo de aquel entonces no creyó, por lo que según Hebreos 11:7, el mundo fue condenado; es decir a causa de su incredulidad. Lo cual significa que antes del rapto de la iglesia no tendremos un mundo mayormente salvo. La fe en Cristo es el arca para cuando el Hijo del Hombre venga; entonces, ¿habrá fe en la tierra? En los días de Noé, según Génesis 6, los hijos de Dios, que algunos equivocadamente confunden con ángeles, pero eran los descendientes de Set, los que invocaban a Dios, se degradaron moralmente de manera que la sal se hizo insípida, o lo que es lo mismo, la tierra se corrompió en inmoralidad y desenfreno sexual (Gen. 6:5,12). Esto describe la condición del mundo antes del repto de la iglesia y de la venida del Señor. Según Génesis 6:11 y 13 estaba la tierra llena de violencia. Un mundo de asesinatos, abuso infantil, violencia familiar, vandalismo, robos, venganzas, narcotráfico, ¡un ring con olor a cloaca! Un mundo en dolores de parto. En los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos –dice la Palabra. Indiferentes y ocupados cada uno en sus propios asuntos. Ya no la sensualidad ni la violencia, el pecado condenable aquí es la indiferencia; un riesgo no solo del mundo, sino también de los creyentes que viven sin importar quién se salva o quién se pierde. Ya el apóstol Pablo había advertido esto al decir que en los últimos días vendrían tiempos difíciles (2 Tim. 3:1), cuando no sufrirán la sana doctrina (2 Tim. 4:3); habría un espíritu engañoso en los incrédulos (2 Ts. 2:11); y que muchos apostatarán de la fe (1 Tim. 4:1). El apóstol Pedro dijo que habría herejías destructoras (2 P. 2:1) y burladores sarcásticos que anduviesen en sus propias concupiscencias (2 P. 3:3). Como en los días de Noé… no entendieron hasta que vino el diluvio (37, 39). En aquel tiempo vino sobre ellos repentinamente el diluvio; así también, en cualquier momento Dios arrebatará sus santos, su iglesia victoriosa. Así será también la venida del Hijo del Hombre: arrebatados… para el encuentro con el Señor en el aire, y así estaremos siempre en el Señor (1 Ts. 9:17). Los que son de Cristo en su venida (1 Cor. 15:23), tal y como Lot fue sacado de Sodoma antes de que la ciudad fuera destruida. Un día la puerta del arca fue cerrada, no fue Noé, sino Dios. Así también, esta puerta de gracia que hoy escuchas, un día se cerrará cuando el Señor regrese y los que no estén apercibidos de ello serán arrojados a las tinieblas de afuera, allí será el lloro y el crujir de dientes. No me gusta esta parte, pero no puedo omitirla, pues también es la Palabra de Dios.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:40

Comentario general

24.40-41 La ilustración de los días de Noé nos habla de una larga espera en medio de un mundo indiferente e incrédulo, pero con una conclusión repentina. Ahora el Señor Jesucristo muestra dos ilustraciones más para expresar el aspecto separador de su venida, así como lo repentino de la misma. Ambas ilustraciones hablan del arrebatamiento de los santos; ambas muestran a dos personas; pero la diferencia entre ambas ilustraciones es que la primera muestra a dos trabajadores varones; mientras que la segunda a dos mujeres trabajadoras. Respecto a la ilustración masculina: Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado (vr. 40). Este versículo tiene un aspecto de separación similar a los dos ladrones crucificados a los lados del Señor, uno de ellos creyó y el otro se perdió. Y si recordamos que en este caso el Señor está hablando a su iglesia, entonces existe el riesgo de que algún creyente se pierda los beneficios del arrebatamiento de los santos; no su salvación final o vida eterna, sino parte de los beneficios de dicha salvación relativos a las recompensas. Todas las veces que el Señor Jesucristo hizo referencia al campo lo hizo en sus parábolas para describir la obra de Dios en el mundo (Mat. 13:38). Así que al expresar “estarán dos en el campo” estaba diciendo que dos estarían trabajando en la obra de Dios. La palabra griega para “campo” aquí es agro (compárese agropecuario); es una palabra única para referirse a la tierra de cultivo; así que los dos que están en el campo son dos que están en la obra de Dios. ¡Y uno es tomado y el otro es dejado! (literal). Podemos pensar que es una advertencia para todos los creyentes, pues todos estamos, lo sepamos o no, dedicados al reino de Dios; pero en realidad, es una advertencia aun más cierta para todos los siervos de Dios llamados al ministerio. No basta estar trabajando en el campo, hay que llenarse de Cristo y quizá por esto, por Cristo, es que es una ilustración masculina. La ilustración femenina: Dos mujeres están moliendo en un molino; la una será tomada y la otra será dejada (vr.41). En las Escrituras, el trabajo detrás de un molino era visto como una obra de mujeres y siervas (Ex. 11:5); como de primera necesidad y del común de la gente (Dt. 24:6); es decir, como un trabajo sencillo de las mayorías, de los pobres y del pueblo. También, en la Biblia, la mujer simboliza a la humanidad, ya sea a la humanidad corrupta (Zac. 5:5-11) o a la humanidad santa, la iglesia, la esposa del Cordero. En este caso, por tratarse de un mensaje a la iglesia en el que se le advierte a estar velando, trata acerca de la iglesia, el pueblo de Dios. Es una advertencia para todos los creyentes a ser uno con Cristo y no solo haciendo algo para Cristo. Notemos como los cuatro estaban trabajando, los unos en el campo, en la obra de Dios; y las otras en el molino, la responsabilidad de la iglesia. Sin embargo, no todos fueron llevados. Para ser parte del arrebatamiento se requiere mucho más que estar trabajando. El arrebatamiento es la recompensa a los cristianos vencedores. Muchos dicen que por ser Cristianos todos seremos arrebatados, pero la Escritura dice que esto no es así, y como hemos visto, ¡hasta los ministros corremos el riesgo de quedarnos! El Señor Jesús dijo: Velad, pues en todo tiempo rogando para que logréis (literal) escapar de todas estas cosas que van a suceder, y estar en pie (glorificado) delante del Hijo del Hombre (Luc. 21:36). Apocalipsis 3:10 señala: Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre toda la tierra habitada, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí vengo pronto (Ap. 3:10-11). En Mat. 24:44 dice estad preparados; lógicamente quien no se prepare no será arrebatado para Dios. Únicamente los que aman su venida (2 Tim. 4:8). Al que venza y guarde mis obras hasta el fin (Ap. 2:26) –dijo el Señor.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:41

Comentario general

24.40-41 La ilustración de los días de Noé nos habla de una larga espera en medio de un mundo indiferente e incrédulo, pero con una conclusión repentina. Ahora el Señor Jesucristo muestra dos ilustraciones más para expresar el aspecto separador de su venida, así como lo repentino de la misma. Ambas ilustraciones hablan del arrebatamiento de los santos; ambas muestran a dos personas; pero la diferencia entre ambas ilustraciones es que la primera muestra a dos trabajadores varones; mientras que la segunda a dos mujeres trabajadoras. Respecto a la ilustración masculina: Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado (vr. 40). Este versículo tiene un aspecto de separación similar a los dos ladrones crucificados a los lados del Señor, uno de ellos creyó y el otro se perdió. Y si recordamos que en este caso el Señor está hablando a su iglesia, entonces existe el riesgo de que algún creyente se pierda los beneficios del arrebatamiento de los santos; no su salvación final o vida eterna, sino parte de los beneficios de dicha salvación relativos a las recompensas. Todas las veces que el Señor Jesucristo hizo referencia al campo lo hizo en sus parábolas para describir la obra de Dios en el mundo (Mat. 13:38). Así que al expresar “estarán dos en el campo” estaba diciendo que dos estarían trabajando en la obra de Dios. La palabra griega para “campo” aquí es agro (compárese agropecuario); es una palabra única para referirse a la tierra de cultivo; así que los dos que están en el campo son dos que están en la obra de Dios. ¡Y uno es tomado y el otro es dejado! (literal). Podemos pensar que es una advertencia para todos los creyentes, pues todos estamos, lo sepamos o no, dedicados al reino de Dios; pero en realidad, es una advertencia aun más cierta para todos los siervos de Dios llamados al ministerio. No basta estar trabajando en el campo, hay que llenarse de Cristo y quizá por esto, por Cristo, es que es una ilustración masculina. La ilustración femenina: Dos mujeres están moliendo en un molino; la una será tomada y la otra será dejada (vr.41). En las Escrituras, el trabajo detrás de un molino era visto como una obra de mujeres y siervas (Ex. 11:5); como de primera necesidad y del común de la gente (Dt. 24:6); es decir, como un trabajo sencillo de las mayorías, de los pobres y del pueblo. También, en la Biblia, la mujer simboliza a la humanidad, ya sea a la humanidad corrupta (Zac. 5:5-11) o a la humanidad santa, la iglesia, la esposa del Cordero. En este caso, por tratarse de un mensaje a la iglesia en el que se le advierte a estar velando, trata acerca de la iglesia, el pueblo de Dios. Es una advertencia para todos los creyentes a ser uno con Cristo y no solo haciendo algo para Cristo. Notemos como los cuatro estaban trabajando, los unos en el campo, en la obra de Dios; y las otras en el molino, la responsabilidad de la iglesia. Sin embargo, no todos fueron llevados. Para ser parte del arrebatamiento se requiere mucho más que estar trabajando. El arrebatamiento es la recompensa a los cristianos vencedores. Muchos dicen que por ser Cristianos todos seremos arrebatados, pero la Escritura dice que esto no es así, y como hemos visto, ¡hasta los ministros corremos el riesgo de quedarnos! El Señor Jesús dijo: Velad, pues en todo tiempo rogando para que logréis (literal) escapar de todas estas cosas que van a suceder, y estar en pie (glorificado) delante del Hijo del Hombre (Luc. 21:36). Apocalipsis 3:10 señala: Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre toda la tierra habitada, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí vengo pronto (Ap. 3:10-11). En Mat. 24:44 dice estad preparados; lógicamente quien no se prepare no será arrebatado para Dios. Únicamente los que aman su venida (2 Tim. 4:8). Al que venza y guarde mis obras hasta el fin (Ap. 2:26) –dijo el Señor.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:42

Comentario general

24.42 ¿Qué significa velar? En aquel tiempo se usaba este término para referirse a la guardia de soldados que vigilaban relevándose en tres vigilias durante la noche. Para la iglesia significa estar despiertos no enredándose en las cosas de este mundo, ni dormirse en la indiferencia. Estar despiertos ante los enemigos y peligros de esta vida. Un texto paralelo nos aclara esto: Mirad también por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se carguen de disipación y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día como un lazo. Porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo rogando para que logréis escapar de todas estas cosas que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Luc. 21:34-36). Velar significa mirar por uno mismo, que nuestras intenciones no estén cargadas de placeres por un lado o de afanes por otro, tanto legítimos como ilegítimos. Que lleguemos a estar lo suficientemente fuertes para alcanzar la dignidad necesaria para ser arrebatados. También, leyendo Tito 2:12-13 vemos que velar también significa que vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada, la manifestación de la gloria de nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo. Sin santidad nadie verá al Señor. El apóstol Pablo dijo poco antes de morir: desde ahora me está guardada la corona de justicia, con la cual me recompensará el Señor…en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que aman su venida (2 Tim. 4:8). Bendita esperanza de la iglesia y cierre de la Biblia: El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven, Señor Jesús! (Ap. 22:20).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:43

Comentario general

24.43-44 El Señor Jesucristo ha estado hablando de lo inminente, real y sorpresivo de su venida, así como del arrebatamiento de los santos. Lo ilustró con “los días de Noé”; luego, hablando de dos hombres trabajando en el campo y después con dos mujeres trabajando en el molino (véase notas a los versículos anteriores). Ahora nos habla con otra ilustración, la de un ladrón en la noche que viene inesperadamente a robar a una casa. Esto no quiere decir que el Señor sea un ladrón, sino que viene como un ladrón, es un símil. ¿Cómo viene un ladrón? Así vendrá el Señor, de forma inesperada. Un ladrón no manda un aviso de que va a llegar: “estimado padre de familia, tengo el placer de informarle que el fin de semana, específicamente el sábado a las tres de la mañana tendré el privilegio de visitarle personalmente. Le ruego tenga a bien quitar todos los muebles que haya junto a la pared del lado este de la casa pues por allí voy a entrar minando la pared. Espero que la presente llegue en buen momento y sea de su completo agrado. P.D. Por favor fuera tan amable de dejarme el joyero a la mano, así como un pan con chocolate caliente. Atte. El ladrón” ¡Ridículo! ¡Un ladrón no avisa! Así tampoco el Señor nos ha dicho ni nos dirá cuándo será el rapto y su venida. Los que anuncian un día específico para la venida del Señor son engañadores que lo único que hacen es quitarle al hombre la expectación de la venida del Señor. No hay nada peor que pensar que todavía hay tiempo (Ap. 3:3). Un ladrón viene de manera inesperada. Planea la forma de entrar a robar de tal modo que sea sorpresivo. No va con el padre de la familia para preguntarle cual es la pared más fácil de minar para entrar. Los creyentes somos dados a explicar con lujo de detalles cómo vendrá el Señor; pero Dios sólo nos ha dado algunas pistas, más no nos ha dicho exactamente como será esto. Debemos de tener cuidado de no ir a caer en el error que perdió a los escribas y fariseos, que tenían tan formulada la venida del Mesías que cuando vino, no lo pudieron reconocer. Su teología era muy estrecha como para darse cuenta que el Señor llegó de una manera diferente a lo que ellos esperaban. ¿Has visto a un hombre sabio en su propia opinión? ¡Más esperanza hay del necio que de él! (Pr. 26:12). Sabemos que Cristo viene y será de manera inesperada. Estemos preparados a recibirle cuando Él venga y cómo Él venga. Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos (1 Cor. 3:18-19). Un ladrón viene por lo valioso, por el oro y las piedras preciosas. No se lleva todo lo que encuentra ni toma igualmente el sillón viejo y roto que las joyas y el dinero. Hay quienes piensan que el arrebatamiento de los santos se llevará a todos los creyentes por igual. Pero el Señor dijo el uno será tomado y el otro será dejado (lee los vrs. 40-42). Dios no le dice al incrédulo o al mundo que vele, sino a los suyos, a los creyentes. Y si todos nos fuésemos con él por igual, ¿que caso tendría velar? El tabernáculo de Moisés fue hecho entre otras cosas con madera de acacia recubierta de oro, si la madera no era recubierta de oro no podría usarse. No hubo nada en el tabernáculo que fuera sólo de madera. La madera representa el elemento humano producido en la tierra, mientras que el oro representa el elemento divino que transforma al humano (la naturaleza divina); así tampoco puede ser llevado por el Señor para ser parte de su templo ningún hombre que no haya sido cubierto plena y completamente por la naturaleza divina. Dice 1 Cor. 3:9-16 que el templo de Dios es construido con oro, plata y piedras preciosas, de modo que esa clase de vidas cristianas que reflejan el fulgor de la gloria de Dios es lo que el viene a buscar. La parte de la iglesia que habrá de ser arrebatada, la que es llamada la Nueva Jerusalén, tiene la gloria de Dios y su fulgor es semejante al de una piedra preciosísima (Ap.21:11). Un ladrón llega causando un desastre y comienza minando la casa. Minar la casa es hacer un agujero en la pared por donde introducirse. En el tiempo del Señor Jesús en carne, era fácil horadar las paredes de las casas palestinas, ya que generalmente estaban hechas de adobe. Un ladrón produce un desastre en la casa que roba, no sólo por la manera cómo entra, sino por cómo busca y por lo que se lleva. Así también el arrebatamiento de la iglesia producirá un tremendo desastre en el mundo: al llevarse el Señor a la luz del mundo la dejará en tinieblas, y al quitar de aquí la sal de la tierra, quitará el elemento preservador de la misma; haciendo con esto que el juicio de Dios caiga sobre el mundo (la Gran Tribulación). Similar a cuando Dios sacó a Lot de Sodoma: Porque nada podré hacer hasta que no hayas escapado de allá (Gen. 19:22). Un ladrón produce una gran pérdida, ya que se lleva lo valioso y produciendo en ocasiones, la bancarrota de dicha casa (recordemos que solían guardar todos sus bienes en casa). Así también quien no esté velando se perderá una tremenda oportunidad; no la salvación, pero si maravillosas recompensas y el ser librado de la Gran Tribulación. El Señor Jesucristo dijo: He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, es decir, su conducta; una vez que el Señor arrebata a los santos, quien se queda sufrirá la vergüenza de quedarse en este mundo cuestionado por otros y por sí mismo al respecto del por qué no fue llevado. Será desnudado, será visto tal cual es, la vergüenza de quedarse le expondrá como uno que aparentaba cristianismo pero que no lo vivía del todo. Como la esposa de Lot, una “estatua o columna de sal” para testimonio de vergüenza, incredulidad y apego al mundo. Un ladrón va preparado para todo, él sabe que alguien le puede salir al encuentro y en defensa de la casa; él sabe que si lo descubren le impedirían robar con violencia, pues el padre de la familia tratará por todos los medios de proteger su casa, sus bienes y su familia. La casa es la vida misma. Si a alguno le interesa la venida del Señor ha de cuidar su vida. No sea que se cumpla el proverbio “hay hombres que viven como si no fueran a morir y luego mueren como si jamán hubiesen vivido”. Como aquel hombre que siendo velado en su funeral se expresaron de él los dolientes diciendo: “pero ya está en el cielo”. A lo que un siervo de dicho amo fallecido expresó: “a mi me parece que no, porque cada vez que mi amo salía de viaje se preparaba con anticipación, y yo nunca lo vi prepararse para el cielo”. ¡Prepárate! ¡Cristo viene y su galardón consigo! Un ladrón llega preparado, pues sabe que hay un padre de familia preocupado por proteger a su familia. Así que protege tu vida y la de los tuyos. Cristo viene, asegúrate que también los tuyos sean salvo y consagrados. No sabemos cuando vendrá el Señor, pero sí sabemos que vendrá, así que estemos preparados a recibirle. Un padre de familia para proteger su casa del ladrón pone rejas, alarma, quizá perros y es posible que al dormir mantenga el sueño ligero. Así también, si sabemos que el Señor ha de venir, mantengamos nuestra vida familiar e iglesia protegida del mal, ¡no nos durmamos! Cristo viene.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:44

Comentario general

24.43-44 El Señor Jesucristo ha estado hablando de lo inminente, real y sorpresivo de su venida, así como del arrebatamiento de los santos. Lo ilustró con “los días de Noé”; luego, hablando de dos hombres trabajando en el campo y después con dos mujeres trabajando en el molino (véase notas a los versículos anteriores). Ahora nos habla con otra ilustración, la de un ladrón en la noche que viene inesperadamente a robar a una casa. Esto no quiere decir que el Señor sea un ladrón, sino que viene como un ladrón, es un símil. ¿Cómo viene un ladrón? Así vendrá el Señor, de forma inesperada. Un ladrón no manda un aviso de que va a llegar: “estimado padre de familia, tengo el placer de informarle que el fin de semana, específicamente el sábado a las tres de la mañana tendré el privilegio de visitarle personalmente. Le ruego tenga a bien quitar todos los muebles que haya junto a la pared del lado este de la casa pues por allí voy a entrar minando la pared. Espero que la presente llegue en buen momento y sea de su completo agrado. P.D. Por favor fuera tan amable de dejarme el joyero a la mano, así como un pan con chocolate caliente. Atte. El ladrón” ¡Ridículo! ¡Un ladrón no avisa! Así tampoco el Señor nos ha dicho ni nos dirá cuándo será el rapto y su venida. Los que anuncian un día específico para la venida del Señor son engañadores que lo único que hacen es quitarle al hombre la expectación de la venida del Señor. No hay nada peor que pensar que todavía hay tiempo (Ap. 3:3). Un ladrón viene de manera inesperada. Planea la forma de entrar a robar de tal modo que sea sorpresivo. No va con el padre de la familia para preguntarle cual es la pared más fácil de minar para entrar. Los creyentes somos dados a explicar con lujo de detalles cómo vendrá el Señor; pero Dios sólo nos ha dado algunas pistas, más no nos ha dicho exactamente como será esto. Debemos de tener cuidado de no ir a caer en el error que perdió a los escribas y fariseos, que tenían tan formulada la venida del Mesías que cuando vino, no lo pudieron reconocer. Su teología era muy estrecha como para darse cuenta que el Señor llegó de una manera diferente a lo que ellos esperaban. ¿Has visto a un hombre sabio en su propia opinión? ¡Más esperanza hay del necio que de él! (Pr. 26:12). Sabemos que Cristo viene y será de manera inesperada. Estemos preparados a recibirle cuando Él venga y cómo Él venga. Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos (1 Cor. 3:18-19). Un ladrón viene por lo valioso, por el oro y las piedras preciosas. No se lleva todo lo que encuentra ni toma igualmente el sillón viejo y roto que las joyas y el dinero. Hay quienes piensan que el arrebatamiento de los santos se llevará a todos los creyentes por igual. Pero el Señor dijo el uno será tomado y el otro será dejado (lee los vrs. 40-42). Dios no le dice al incrédulo o al mundo que vele, sino a los suyos, a los creyentes. Y si todos nos fuésemos con él por igual, ¿que caso tendría velar? El tabernáculo de Moisés fue hecho entre otras cosas con madera de acacia recubierta de oro, si la madera no era recubierta de oro no podría usarse. No hubo nada en el tabernáculo que fuera sólo de madera. La madera representa el elemento humano producido en la tierra, mientras que el oro representa el elemento divino que transforma al humano (la naturaleza divina); así tampoco puede ser llevado por el Señor para ser parte de su templo ningún hombre que no haya sido cubierto plena y completamente por la naturaleza divina. Dice 1 Cor. 3:9-16 que el templo de Dios es construido con oro, plata y piedras preciosas, de modo que esa clase de vidas cristianas que reflejan el fulgor de la gloria de Dios es lo que el viene a buscar. La parte de la iglesia que habrá de ser arrebatada, la que es llamada la Nueva Jerusalén, tiene la gloria de Dios y su fulgor es semejante al de una piedra preciosísima (Ap.21:11). Un ladrón llega causando un desastre y comienza minando la casa. Minar la casa es hacer un agujero en la pared por donde introducirse. En el tiempo del Señor Jesús en carne, era fácil horadar las paredes de las casas palestinas, ya que generalmente estaban hechas de adobe. Un ladrón produce un desastre en la casa que roba, no sólo por la manera cómo entra, sino por cómo busca y por lo que se lleva. Así también el arrebatamiento de la iglesia producirá un tremendo desastre en el mundo: al llevarse el Señor a la luz del mundo la dejará en tinieblas, y al quitar de aquí la sal de la tierra, quitará el elemento preservador de la misma; haciendo con esto que el juicio de Dios caiga sobre el mundo (la Gran Tribulación). Similar a cuando Dios sacó a Lot de Sodoma: Porque nada podré hacer hasta que no hayas escapado de allá (Gen. 19:22). Un ladrón produce una gran pérdida, ya que se lleva lo valioso y produciendo en ocasiones, la bancarrota de dicha casa (recordemos que solían guardar todos sus bienes en casa). Así también quien no esté velando se perderá una tremenda oportunidad; no la salvación, pero si maravillosas recompensas y el ser librado de la Gran Tribulación. El Señor Jesucristo dijo: He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, es decir, su conducta; una vez que el Señor arrebata a los santos, quien se queda sufrirá la vergüenza de quedarse en este mundo cuestionado por otros y por sí mismo al respecto del por qué no fue llevado. Será desnudado, será visto tal cual es, la vergüenza de quedarse le expondrá como uno que aparentaba cristianismo pero que no lo vivía del todo. Como la esposa de Lot, una “estatua o columna de sal” para testimonio de vergüenza, incredulidad y apego al mundo. Un ladrón va preparado para todo, él sabe que alguien le puede salir al encuentro y en defensa de la casa; él sabe que si lo descubren le impedirían robar con violencia, pues el padre de la familia tratará por todos los medios de proteger su casa, sus bienes y su familia. La casa es la vida misma. Si a alguno le interesa la venida del Señor ha de cuidar su vida. No sea que se cumpla el proverbio “hay hombres que viven como si no fueran a morir y luego mueren como si jamán hubiesen vivido”. Como aquel hombre que siendo velado en su funeral se expresaron de él los dolientes diciendo: “pero ya está en el cielo”. A lo que un siervo de dicho amo fallecido expresó: “a mi me parece que no, porque cada vez que mi amo salía de viaje se preparaba con anticipación, y yo nunca lo vi prepararse para el cielo”. ¡Prepárate! ¡Cristo viene y su galardón consigo! Un ladrón llega preparado, pues sabe que hay un padre de familia preocupado por proteger a su familia. Así que protege tu vida y la de los tuyos. Cristo viene, asegúrate que también los tuyos sean salvo y consagrados. No sabemos cuando vendrá el Señor, pero sí sabemos que vendrá, así que estemos preparados a recibirle. Un padre de familia para proteger su casa del ladrón pone rejas, alarma, quizá perros y es posible que al dormir mantenga el sueño ligero. Así también, si sabemos que el Señor ha de venir, mantengamos nuestra vida familiar e iglesia protegida del mal, ¡no nos durmamos! Cristo viene.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:45

Comentario general

24.45 En el versículo 40 uno es tomado y otro es dejado, ambos hombres estaban en verdad trabajando en el campo, la obra de Dios. En el versículo 41 una mujer es tomada y otra es dejada, ambas mujeres estaban en verdad trabajando en el molino, representa a la iglesia. Vimos que unos son llevados y otros no; la razón fue que unos velaban y otros no (vr. 42). Unos se mantenían expectantes a la venida del Señor, manteniéndose en fe, mientras que otros tenían como prioridad sus propios anhelos personales, aun cuando ambos trabajaban. Siguiendo esa misma línea de pensamiento, tenemos la parábola de los siervos del Rey, el primero es presentado como fiel y el segundo como infiel; ambos son siervos del Rey y ejemplifican a los creyentes, especialmente a los ministros. La definición de un buen siervo del Rey surge de la pregunta del Rey: ¿quién es, pues, el siervo…? Está invitándonos a serlo. ¿Quién quiere ser el siervo de Dios? Este siervo, según la expresión sobre su casa, significa literalmente “sobre la servidumbre”. Así que el Señor en principio está dirigiéndose a los ministros, a los que cuidan su Casa, su iglesia: ¿Quién es, pues, el ministro que sea responsable, fiel, prudente sobre la servidumbre de Dios, los creyentes, la iglesia? Es lo mismo que dijese Pablo al despedirse de los ancianos de Efeso: Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual Él ganó por su propia sangre (Hch. 20:28). Si te consideras llamado por Dios, ten un verdadero corazón de siervo, que todo hombre nos considere como servidores de Cristo y mayordomos de los ministros de Dios (1Cor. 4:1). Siervos y mayordomos, no dueños ni señores de la iglesia. No existe mayor gloria en esta tierra que ser considerados verdaderos siervos de Jesucristo. La palabra griega usada para siervo es “doulos”, la cual significa “esclavos”. No criados contratados. Tampoco obreros en busca de recompensa. ¡No! ¡Somos esclavos voluntarios! (con la oreja horadada como los esclavos por amor de Ex. 21:5-6). Esto significa renunciar a nuestros derechos para con Dios, libre y voluntariamente. En la parábola anterior vimos que tenemos que velar así como un padre cuida su casa ante la intromisión de un ladrón; a un padre lo mueve el amor. Ahora tenemos la parábola de dos esclavos; un esclavo no cumple por amor, sino por obligación. De este modo el Señor nos dice que velemos por amor, pero si no amásemos, ¡aún así tenemos que hacerlo! Como dice la Palabra: Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada (1 Cor. 9:16-17). Fidelidad: ¿Quién es, pues, siervo fiel…? El término para fiel es pistós (gr.); literalmente significa “leal y obediente a la fe encomendada” (pistós proviene de peitho, fe); y por tanto, digno de confianza. Ahora bien se requiere de los mayordomos que cada uno sea hallado fiel (1 Cor. 4:2). El apóstol Pablo daba gracias a Dios por haberlo tenido por fiel para ponerlo en el ministerio (1 Tim. 1:12). ¿Qué significa ser leal y obediente a la fe encomendada? Poner al servicio del cuerpo de Cristo los dones personales (1 P. 4:10). Apegarse estrictamente a hacer todas las cosas en el Señor (1 P. 4:11). Un buen administrador es aquel que administra los bienes de acuerdo al Amo. Dice el versículo 45 que Dios nos ha puesto a los siervos de Dios para dar alimento a tiempo a los de la casa de Dios, la iglesia. Desafortunadamente hay algunos que, como dijo el profeta Ezequiel, son pastores que se apacientan a sí mismos (Ez. 34:2). Hombres y mujeres de Dios: si amamos a Cristo, apacentemos sus ovejas (el ejemplo de Pedro Jn. 21:15-17). Prudencia: ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente? El término prudencia es griego es phronesis; literalmente significa “uno que es juicioso y mira donde pisa”. Como dice la Escritura: el que tiene conocimiento refrena sus palabras y el espíritu sereno es hombre prudente (Pr. 17:27). También, que el prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño (Pr. 22:3). El Señor Jesús dijo que el hombre prudente edifica su casa sobre la roca (véanse notas de Mateo 7:24). Así que el siervo prudente es aquel que mira hacia el futuro y hace preparativos necesarios. Quien no planea, en especial si fue llamado al ministerio, es infiel e insensato. No se necesita planear para fracasar, solo dejar de planear. Si fracasamos al planear planeamos fracasar. Un siervo prudente es aquel que vive permanentemente preparado para la venida del Señor, nos dice Él mismo. Todo lo hace pensando en que habrá de dar cuentas al Señor en su venida. Responsable, ya que el Señor le puso sobre su casa. Un verdadero siervo de Jesucristo es puesto por Él y no por sí mismo. Lo puso sobre su casa, es responsable de ocuparse de la Iglesia, la Casa del Señor. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado (2Tim.2:4). Si todo creyente debe tener cuidado de no estar afanado en las cosas de este mundo, de modo que descuide su responsabilidad con Dios en su iglesia, ¡cuánto más el que fue llamado al ministerio! Fijémonos bien: puso su Señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo. Un verdadero siervo de Dios es uno que se dedica a alimentar a “la servidumbre” del amo (literal). El ministro tiene como prioridad en su llamado hacia la iglesia el darle el alimento de la Palabra de Dios. La principal tarea y llamado que hemos recibido los pastores es el de apacentar a las ovejas. De hecho, la razón del llamado a todos los ministerios es la de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (Ef. 4:11-13). Dice Efesios 5:27 que Cristo quiere presentarse a sí mismo a una iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha; ¿cómo se logra esto? El versículo anterior lo dice: con la Palabra (Ef. 5:26). El siervo de Jesucristo que no se dedica a alimentar a la iglesia con la genuina Palabra de Dios es un irresponsable e infiel.

— Roberto Tinoco

Mateo 24:46

Comentario general

24.46-47 La recompensa del siervo fiel es la de ser inmensamente feliz. Bienaventurado (gr. makarios) aquel siervo. ¡Qué glorioso es servir a Cristo! ¡No puedo dedicarme a algo mejor! En Él vale la pena ser una antorcha hasta consumirse. El siervo fiel y prudente recibirá herencia: cuando su Señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Primero, notemos cuándo será esto: cuando su Señor venga”. De manera que sucederá hasta el reino milenario; así que no debemos exigir tenerlo en esta vida como obligación divina. En el tribunal de Cristo, literalmente, en el asiento de recompensa de Cristo. En segundo lugar, notemos que la herencia no es pequeña: sobre todos sus bienes le pondrá. ¡Aleluya! Dice Proverbios 17:2 que el siervo prudente se enseñoreará sobre el hijo que avergüenza y junto con los hermanos compartirá la herencia. Mientras los judíos rechazaron al Rey y tomar parte de su reino, nosotros fuimos hechos herederos de Dios y coherederos con Cristo (Rom. 8:17). Siempre y cuando seamos mayordomos fieles y prudentes para no sufrir la pérdida de la herencia prometida (1 Cor. 3:15). El apóstol Pablo dijo a la iglesia: todo es vuestro (1 Cor. 3:21-22). ¡Todo!

— Roberto Tinoco

Mateo 24:47

Comentario general

24.46-47 La recompensa del siervo fiel es la de ser inmensamente feliz. Bienaventurado (gr. makarios) aquel siervo. ¡Qué glorioso es servir a Cristo! ¡No puedo dedicarme a algo mejor! En Él vale la pena ser una antorcha hasta consumirse. El siervo fiel y prudente recibirá herencia: cuando su Señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Primero, notemos cuándo será esto: cuando su Señor venga”. De manera que sucederá hasta el reino milenario; así que no debemos exigir tenerlo en esta vida como obligación divina. En el tribunal de Cristo, literalmente, en el asiento de recompensa de Cristo. En segundo lugar, notemos que la herencia no es pequeña: sobre todos sus bienes le pondrá. ¡Aleluya! Dice Proverbios 17:2 que el siervo prudente se enseñoreará sobre el hijo que avergüenza y junto con los hermanos compartirá la herencia. Mientras los judíos rechazaron al Rey y tomar parte de su reino, nosotros fuimos hechos herederos de Dios y coherederos con Cristo (Rom. 8:17). Siempre y cuando seamos mayordomos fieles y prudentes para no sufrir la pérdida de la herencia prometida (1 Cor. 3:15). El apóstol Pablo dijo a la iglesia: todo es vuestro (1 Cor. 3:21-22). ¡Todo!

— Roberto Tinoco

Mateo 24:48

Comentario general

24.48-49 La advertencia a la maldad de la indolencia: pero si aquel siervo malo –leemos. La palabra griega usada para malo es Kakós; literalmente describe a una persona que carece de todas aquellas cualidades propias de lo que es el ser humano creado por Dios, es decir, completamente opuesto a bueno. Pero, ¿en que radica la maldad de este siervo? Su grave maldad radica en defraudar a Jesucristo, Rey y Señor descuidando a su iglesia. La causa de su indolencia es su mal corazón: Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón –una mala intención interior que empezó como un pensamiento. Porque de dentro del corazón del hombre, salen los malos pensamientos y toda clase de pecados (Mr. 7:21). Por ello, sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él emana la vida (Pr. 4:23). Hermanos amados, siervos de Jesucristo, cuidemos con toda sinceridad la condición de nuestro corazón, si éste se desvía, nos desviamos de la vida verdadera. Esto no es por ignorancia, pues el mal siervo reconoce que Jesús es el Señor: Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: mi Señor tarda en venir. A pesar de su maldad sigue llamándole Señor. Ante el error podemos estar en la ceguera de seguirnos considerando siervo de Dios. Esto no debe ser así. ¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Luc. 6:46). Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre echamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces Yo os declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí hacedores de maldad (Mt.7:22-23). Un mal siervo suele tener un mal pronóstico: mi Señor tarda en venir, pues predice lo que desea y no lo que habrá de suceder. Es común del hombre negligente que tiene la esperanza de poder arrepentirse después; deja su compromiso para después; así como su consagración. Es el experto aplazado de la responsabilidad. Como Sansón cuando le habían cortado el cabello después de muchas rebeliones contra Dios: Esta vez escaparé como las otras. Pero Sansón no sabía que Dios ya se había apartado de él (Jueces 16:20). Existen otro tipo de siervos malos que además de aplazar su compromiso con Cristo todavía se atreven a dar fechas de su venida, haciendo con esto que la iglesia sea descuidada. Esto es soberbia: y comenzare a golpear a sus consiervos. El mal siervo es orgulloso y engreído, se cree superior a sus hermanos. Todo ministro es tentado en esto, pero no debe permitirse creerse más que ninguno. Eres siervo de Cristo y no señor de los hombres. Ningún padre de familia permitiría que la niñera maltratara a sus hijos, el Padre Celestial tampoco. Apacentad el rebaño de Dios que está a vuestro cargo, cuidándolo no por fuerza, sino de buena voluntad según Dios; no por ganancias deshonestas, sino de corazón; no como teniendo señorío de los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y al aparecer el príncipe de los pastores, recibiréis la corona inmarchitable de gloria (1 P 5:24). Lee acerca del mal ejemplo de Diótrefes en 2 Juan 1:9-10. La disipación del mal siervo: Y aun a comer y beber con los borrachos. Mira Ezequiel 34:1-4. El mal siervo es mundano uniéndose a borrachos, ocupándose de comer y beber; interesado en su sustento y diversión. Esto amerita arrepentimiento inmediato con gran dolor. Los que no sirven a Dios, sirven a dioses falsos: el dinero (Mat. 6:24) o el vientre (Filipenses 3:19): ídolos, ídolos, ídolos (que significa en griego: solo figura y nada más).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:49

Comentario general

24.48-49 La advertencia a la maldad de la indolencia: pero si aquel siervo malo –leemos. La palabra griega usada para malo es Kakós; literalmente describe a una persona que carece de todas aquellas cualidades propias de lo que es el ser humano creado por Dios, es decir, completamente opuesto a bueno. Pero, ¿en que radica la maldad de este siervo? Su grave maldad radica en defraudar a Jesucristo, Rey y Señor descuidando a su iglesia. La causa de su indolencia es su mal corazón: Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón –una mala intención interior que empezó como un pensamiento. Porque de dentro del corazón del hombre, salen los malos pensamientos y toda clase de pecados (Mr. 7:21). Por ello, sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él emana la vida (Pr. 4:23). Hermanos amados, siervos de Jesucristo, cuidemos con toda sinceridad la condición de nuestro corazón, si éste se desvía, nos desviamos de la vida verdadera. Esto no es por ignorancia, pues el mal siervo reconoce que Jesús es el Señor: Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: mi Señor tarda en venir. A pesar de su maldad sigue llamándole Señor. Ante el error podemos estar en la ceguera de seguirnos considerando siervo de Dios. Esto no debe ser así. ¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Luc. 6:46). Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre echamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces Yo os declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí hacedores de maldad (Mt.7:22-23). Un mal siervo suele tener un mal pronóstico: mi Señor tarda en venir, pues predice lo que desea y no lo que habrá de suceder. Es común del hombre negligente que tiene la esperanza de poder arrepentirse después; deja su compromiso para después; así como su consagración. Es el experto aplazado de la responsabilidad. Como Sansón cuando le habían cortado el cabello después de muchas rebeliones contra Dios: Esta vez escaparé como las otras. Pero Sansón no sabía que Dios ya se había apartado de él (Jueces 16:20). Existen otro tipo de siervos malos que además de aplazar su compromiso con Cristo todavía se atreven a dar fechas de su venida, haciendo con esto que la iglesia sea descuidada. Esto es soberbia: y comenzare a golpear a sus consiervos. El mal siervo es orgulloso y engreído, se cree superior a sus hermanos. Todo ministro es tentado en esto, pero no debe permitirse creerse más que ninguno. Eres siervo de Cristo y no señor de los hombres. Ningún padre de familia permitiría que la niñera maltratara a sus hijos, el Padre Celestial tampoco. Apacentad el rebaño de Dios que está a vuestro cargo, cuidándolo no por fuerza, sino de buena voluntad según Dios; no por ganancias deshonestas, sino de corazón; no como teniendo señorío de los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y al aparecer el príncipe de los pastores, recibiréis la corona inmarchitable de gloria (1 P 5:24). Lee acerca del mal ejemplo de Diótrefes en 2 Juan 1:9-10. La disipación del mal siervo: Y aun a comer y beber con los borrachos. Mira Ezequiel 34:1-4. El mal siervo es mundano uniéndose a borrachos, ocupándose de comer y beber; interesado en su sustento y diversión. Esto amerita arrepentimiento inmediato con gran dolor. Los que no sirven a Dios, sirven a dioses falsos: el dinero (Mat. 6:24) o el vientre (Filipenses 3:19): ídolos, ídolos, ídolos (que significa en griego: solo figura y nada más).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:50

Comentario general

24.50 Si un gerente defrauda en una compañía es encarcelado. Si un banquero falta a la confianza de sus ahorradores es denunciado. Y si una sirvienta roba las joyas de sus señora es puesta en prisión. ¡Cuánto más será el castigo del siervo malagradecido que defrauda al Señor Jesucristo! ¡Y todavía peor, pues su iglesia la compró a precio de su propia sangre! El Señor vendrá de forma inesperada y traerá consigo su galardón, así como su castigo. La aparente demora del Señor no significa que haya cancelado su venida. Vendrá. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guardalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré como ladrón, y no sabéis a que hora vendré sobre ti (Ap. 3:3). La Biblia dice que el hombre que se endurece, de repente será quebrantado (Pr.29:1).

— Roberto Tinoco

Mateo 24:51

Comentario general

24.51 Lo castigará duramente (gr. dicho tomései) se traduce literalmente lo partirá por en medio. Este es el castigo apropiado para uno que ha vivido una doble vida. En la LXX se usa este mismo verbo en Éxodo 29:17 para referirse a cortar el carnero por la mitad como holocausto. Mucho se dice que sólo será castigado, pero no condenado; probablemente así sea; pero eso parece más una especie de “purgatorio cristiano”. Estamos hablando de un mal siervo que se puso a vivir disipadamente comiendo y bebiendo con los borrachos, es decir, hablamos de uno que mundanalizó y que además puso en riesgo a la iglesia negándole su sustento. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estrado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito y la puerca lavada a revolcarse en el cieno (2 P. 2:20-22). Así que estamos hablando de uno que, llamándose cristiano y habiendo sido llamado por Dios a servirle en el ministerio, maltrató a la iglesia de Dios y se volvió atrás viviendo como mundano y perjudicando a la iglesia. ¿Qué es lo que le espera si mejor le fuera nunca haber conocido a Cristo? ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! (Heb. 10:29-31). Y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes (vr. 51). Si vivimos fingiendo, terminaremos con los hipócritas. Hipócrita en griego es hupokrites; era la manera como los griegos y romanos llamaban a los actores que usaban grandes máscaras con dispositivos para aumentar la potencia de la voz y representar a un personaje. Tal es el ministro cuando es mundano y que desempeña el ministerio sin tener relación con Dios, un hipócrita, un actor que representa un papel, un engañador, un fariseo que se preocupa más en aparentar ser santo que en serlo. El Señor Jesús dijo que tal siervo tendría su parte con los hipócritas, ¿cuál es la parte de los hipócritas? Un hipócrita es uno que conoce la verdad y finge ante los demás que obedece la verdad; pero no es verdadero, sino mentiroso; la Palabra de Dios dice que la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia detienen la verdad. El que se dice ministro y practica el pecado fingiendo ser santo recibirá su castigo como cualquier otro pecador que no conoce a Cristo. Para los cobardes e incrédulos, para los abominables y homicidas, para los fornicarios y hechiceros, para los idólatras y todos los mentirosos (un hipócrita es un mentiroso profesional), su parte será con el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Ap. 21:8). Esto es muy serio. El Señor Jesucristo dijo a los escribas y fariseos, a los religiosos, pastores y líderes espirituales de su tiempo: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque reconocéis mar y tierra para hacer un prosélito; y cuando lo lográis, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros (Mat. 23:33). Así que si hemos sido hipócritas solo resta tirarnos al piso arrepentidos clamando misericordia, seamos o no ministros. ¡Líbrenos Dios de tratar de auto justificarnos!

— Roberto Tinoco

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