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Mateo 25
Parábola de las diez damas de honor
1Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.🗨📝 2Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.🗨📝 3Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;🗨📝 4mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.🗨📝 5Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.🗨📝 6Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!🗨📝 7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.🗨📝 8Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.🗨📝 9Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.🗨📝 10Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.🗨📝 11Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!🗨📝 12Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.🗨📝 13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.🗨📝Parábola de los tres siervos
14Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.🗨📝 15A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.🗨📝 16Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos🗨📝 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.🗨📝 18Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.🗨📝 19Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.🗨📝 20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.🗨📝 21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.🗨📝 22Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.🗨📝 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.🗨📝 24Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;🗨📝 25por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.🗨📝 26Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.🗨📝 27Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.🗨📝 28Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.🗨📝 29Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.🗨📝 30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.🗨📝El juicio final
31Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,🗨📝 32y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.🗨📝 33Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.🗨📝 34Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.🗨📝 35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;🗨📝 36estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.🗨📝 37Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?🗨📝 38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?🗨📝 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?🗨📝 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.🗨📝 41Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.🗨📝 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;🗨📝 43fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.🗨📝 44Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?🗨📝 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.🗨📝 46E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 25:1
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:2
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:3
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:4
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:5
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:6
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:7
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:8
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:9
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:10
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:11
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:12
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:13
25.1-13 Los versículos precedentes tratan acerca de la venida del Señor y de cómo tenemos que velar para recibirle. El Rey Jesucristo ilustra esto con la parábola de las 10 vírgenes, un evento de todos conocidos en Judea. Qué si las 10 vírgenes se refieren a la iglesia o qué si se refieren a los judíos, no es el tema a debatir pues la esperanza es la misma para unos y otros: el Rey viene y tenemos que estar preparados esperándole. Las diez vírgenes tenían características similares perteneciendo al mismo grupo. Las diez eran vírgenes, no eran creyentes falsos. El número 10 en las Sagradas Escrituras simboliza “plenitud”, número completo de algo. Por ejemplo: Noé era la décima generación desde Dios y completa la generación antediluviana. Los 10 mandamientos contienen todo lo necesario, completan la ley. Los diezmos representan la totalidad de lo que el hombre debe honrar a Dios. Las 10 plagas a Egipto completan los juicios de Dios (Ex. 9:14). El poder mundial del anticristo se compondrá de 10 reinos (Dn. 2:41). Diez veces murmuró Israel a Dios en el desierto, completando así el número de su rebelión. De manera que la parábola de las 10 vírgenes nos habla de la totalidad, del número completo de los creyentes, tanto judíos como gentiles. Eran vírgenes, símbolo de pureza (Ap. 14:4). Su carácter no estaba en duda. El problema no es algo que hubieran hecho, sino algo que no hicieron. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace les es pecado. El gran problema del creyente no es lo que ha hecho, puesto que el gran recurso de la sangre de Cristo libra todo obstáculo dando perdón; el problema del creyente es su indiferencia, es decir, lo que no hace por Cristo. Tenían el mismo testimonio, las diez tenían lámparas. Creyentes con prestigio de cristianos ante los demás, aunque no todas ante el Señor. Nuestro parámetro nunca debe ser qué piensan los hombres de nosotros, sino que piensa el Señor. También los fariseos se mostraban limpios y santos ante los hombres, pero ante el Señor se hallaban sucios como sepulcros blanqueados. Las 10 vírgenes tenían lámparas y alumbraban con ellas. El mundo entero está en tinieblas y el Señor dijo a los suyos: vosotros sois la luz del mundo (Mat. 5:14-16). No se habla pues, de falsos creyentes; un falso creyente, un impostor no tendría la luz de Cristo. Pero una cosa es tener la luz de Cristo y otra muy diferente andar y permanecer en esa luz. Tenían la misma esperanza, las diez anhelaban el retorno del Esposo y todas salieron a recibirle. Es una paradoja que todos los creyentes anhelamos la venida del Señor, siendo que para unos será una bendición, mientras que para otros será un día de vergüenza. Cantamos himnos sobre la venida del Señor, pero no todos tenemos las maletas listas. Tuvieron la misma espera y debilidad: Y tardándose el Esposo, cabecearon todas y se durmieron (vr.5). Cuando el apóstol Pablo habla a los Tesalonicenses sobre la venida del Señor, les dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Ts. 5:6). El sueño es insensibilidad. El esposo parece haberse tardado, pero se ha tratado de una acción de misericordia (2 P. 3:9) ¡cuántos siglos de oportunidad para preparar las lámparas! ¿Qué tienes dormilón? (Jon.1:6) –dijeron los incrédulos a Jonás. Elías echándose debajo de un enebro, se quedó dormido y he aquí el ángel de Yahwéh le tocó y le dijo: ¡levántate, come! (1 R. 19:5). Como la hija de Jairo, la iglesia no está muerta, sino que duerme (Luc. 8:52). Nuestro amigo Lázaro duerme, más voy a despertarle (Juan 11:11; lee Efesios 5:14). Tuvieron la misma sorpresiva noticia: Y a la media noche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el Esposo; salid a recibirle! En el momento más oscuro y menos esperado: a la medianoche. ¡la noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz! (Rom. 13:12). Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Ts. 5:2; 2 P. 3:10). Pero aunque las diez vírgenes tenían muchas cosas en común, también presentaban diferentes características; por ejemplo, unas eran prudentes, mientras que otras insensatas (vr. 2). La prudencia es ver anticipadamente el mal y tomar las precauciones necesarias para evitarlo a diferencia de la insensatez, que es ignorar voluntariamente el mal y caer el él. El Señor Jesucristo dijo que el hombre prudente oye sus palabras y las hace (Mat. 7:24), es obediente. Hay cristianos prudentes que viven velando sabiendo que Cristo viene y le llamará a cuentas; pero también hay cristianos negligentes que ignoran voluntariamente que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Unas tenían aceite; mientras que otras carecían de él (vrs. 3-4). El aceite representa al Espíritu Santo. Dice Isaías 61:1 el Espíritu del Señor Yahwéh está sobre mí, porque me ha ungido Yahwéh. Y también leemos en Hebreos 1:19 amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con aceite de alegría. Nuestra competencia proviene de Dios. Somos vasos de barro, vasijas donde Dios deposita su Espíritu para prender una lámpara. Por tanto, se necesita estar continuamente llenándose del Espíritu Santo para alumbrar (Ef. 5:18). Consiguiendo aceite: Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas (vr. 7). La palabra griega para arreglaron es kosmeo, de donde viene “cosméticos”. Se refiere a embellecer, decorar, hermosear, adornar, poner en orden. Ya se oye el clamor del Esposo que viene ¡pongamos en orden y adornemos nuestra vida! Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Más las prudentes respondieron diciendo: para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad por vosotras mismas (vrs. 8-9). Existen creyentes que, al empezar a apagarse espiritualmente no sintiendo más la presencia de Dios, empiezan a culpar a sus hermanos pidiéndoles aceite: “estoy así porque mis hermanos están muy apagados” ¡Falso! ¡Estás así porque has sido negligente en tu relación con Dios! Se puede ser lleno del Espíritu Santo en el desierto como Juan el Bautista o como Jesús en una sinagoga. ¡Id a comprar aceite por vosotras mismas! La llenura del Espíritu sólo puede comprarse personalmente por uno mismo. ¿Dónde puede comprarse este aceite? ¿Sólo en Cristo! Una iglesia llena del Espíritu no garantiza que tu lo seas, ¡sed llenos individualmente del Espíritu! Sólo en Cristo puede hallarse esto: Él os bautizará en Espíritu Santo y Fuego (Mat. 3:11). Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en Fuego para que seas rico; y vestiduras blancas para vestirte y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y colirio para que unjas tus ojos para que veas (Ap. 3:18). ¿Cuál es el precio? A todos los sedientos. ¡venid a las aguas! A los que no tienen dinero: ¡venid, comprad y comed! Comprad sin dinero y sin precio vino y leche (Is. 55:1). Ya está pagado, es un don, un regalo de gracia: vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Luc. 11:13). Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor Dios llamare (Hch. 2:39). ¿Cuándo hay que comprar este aceite? Dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:7-8). ¡Buscad a Yahwéh mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! (Is. 55:6). Las terribles consecuencias de la insensatez es que las lámparas se apagan. Sé un ejemplo no un proverbio para el mundo. Sin la llenura del Espíritu nuestra luz es pálida y terminamos siendo vergüenza de la fe. La puerta se cierra: Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! (vrs. 10-11). ¡Cuántos “demasiado tarde” existen en la historia de la iglesia! La advertencia es clara: corremos el riesgo de perdernos las bodas del Cordero por negligencia. Como en el arca de Noé: Dios abre y cierra la puerta. El Esposo desconoció a las vírgenes insensatas. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco (vrs. 11-12). Si eran vírgenes, no son falsos creyentes; pero aún así perdieron su oportunidad. Así como Dios olvida todas nuestras maldades cuando venimos a Él, así también Dios olvidará nuestras justicias si finalmente le dejásemos. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Yahwéh el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morir (Ez.18:22-24 sentencia que se repite en el Nuevo Pacto: Hebreos 10:38). Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:33). La aplicación es directa, Cristo viene y hay que estar preparados: Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir (Mat. 25:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:14
25:14 En la parábola anterior, la de las 10 vírgenes, se describe la vida interior. En esta parábola (vrs. 14-30) se describe la actividad exterior. Se requiere la experiencia de la vida espiritual interior para poder producir fruto en la actividad exterior. Lo primero que hallamos es a los siervos comisionados por el Señor; el cual es Cristo y se fue lejos, es decir, a los cielos en su ascensión. Antes de irse llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. Sus bienes son todo lo que hemos recibido, en especial aquello que se relaciona directamente con su reino. El apóstol Pablo dice que subiendo a lo alto…dio dones a los hombres…y el mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros (Ef. 4:10-12); y todo esto buscando la edificación de la iglesia.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:15
25.15 El Señor repartió sus talentos entre sus siervos, lo cual nos habla de comisión. Un talento es una medida, un peso y no una moneda ni una virtud. El precio variaba según el metal que se pesara. Generalmente se usaba plata, de hecho, el texto griego parece indicar esto al usar la palabra argyrion; de modo que sería aproximadamente 13,272 dólares cada talento (año 2019). Lo que significa que dio en plata a los tres siervos respectivamente 66,360, 26,574 13,272 dólares. Cinco, dos y un talento. A cada uno según su capacidad, literalmente, según su poder. Todos tenemos alguna capacidad, don o talento para dedicarlo al Señor y el que menos tiene, mucho tiene. No hay modestia en decir que no se puede o se sabe hacer nada, sino deshonestidad. Negar que tenemos forma de servir a Cristo y al prójimo es ingratitud para Aquel que nos capacitó. Es pereza excusarse para hacer nada. Sin olvidar que todo lo que hemos recibido de Dios, de manera que ninguno se gloríe en sí mismo. “¿Qué tienes que no hayas recibido?” - se le dijo a los Corintios. “De lo recibido de tu mano te damos” - oró Salomón cuando recogieron las ofrendas para el nuevo templo.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:16
25.16-18 Toda persona está negociando y negociamos desde que nacimos. Al menos inconscientemente; pero debemos hacerlo a conciencia por el reino de Dios. Negociar significa “negar el ocio”. Activarse, servir, trabajar. De los tres siervos, uno de ellos no negó el ocio. Dos fueron siervos diligentes. El de cinco talentos ganó otros cinco. El de dos talentos ganó otros dos. El que no negó el ocio fue negligente no ganando ningún talento. Por el contrario, escondió el que tenía. No producir es ofensa al reino de Dios. Se espera que todos produzcamos el cien por ciento. La ley del 100%. Es la ley de la productividad. ¿Quién de estos dos siervos productivos es un mejor siervo? (el de 5 y el de 2; el otro ni lo mencionamos). ¡Son iguales, pues ambos produjeron el 100%! Tanto el de cinco como el de dos talentos produjeron el 100%. A los dos los elogió igualmente el Señor, pues aunque uno produjo dos y el otro cinco, en porcentaje produjeron lo mismo. Otro puede ser más llamativo que tu en sus frutos, pero ambos pueden estar produciendo lo mismo según lo que se les dio. El de un talento no ganó ninguno. Escondió su talento. Normalmente quien dice no saber hacer algo esconde su talento en tierra. Quien se detiene a pensar que no puede termina creyéndolo y haciendo nada. El secreto del éxito no está en lo que recibes, sino en lo que haces con lo recibido.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:17
25.16-18 Toda persona está negociando y negociamos desde que nacimos. Al menos inconscientemente; pero debemos hacerlo a conciencia por el reino de Dios. Negociar significa “negar el ocio”. Activarse, servir, trabajar. De los tres siervos, uno de ellos no negó el ocio. Dos fueron siervos diligentes. El de cinco talentos ganó otros cinco. El de dos talentos ganó otros dos. El que no negó el ocio fue negligente no ganando ningún talento. Por el contrario, escondió el que tenía. No producir es ofensa al reino de Dios. Se espera que todos produzcamos el cien por ciento. La ley del 100%. Es la ley de la productividad. ¿Quién de estos dos siervos productivos es un mejor siervo? (el de 5 y el de 2; el otro ni lo mencionamos). ¡Son iguales, pues ambos produjeron el 100%! Tanto el de cinco como el de dos talentos produjeron el 100%. A los dos los elogió igualmente el Señor, pues aunque uno produjo dos y el otro cinco, en porcentaje produjeron lo mismo. Otro puede ser más llamativo que tu en sus frutos, pero ambos pueden estar produciendo lo mismo según lo que se les dio. El de un talento no ganó ninguno. Escondió su talento. Normalmente quien dice no saber hacer algo esconde su talento en tierra. Quien se detiene a pensar que no puede termina creyéndolo y haciendo nada. El secreto del éxito no está en lo que recibes, sino en lo que haces con lo recibido.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:18
25.16-18 Toda persona está negociando y negociamos desde que nacimos. Al menos inconscientemente; pero debemos hacerlo a conciencia por el reino de Dios. Negociar significa “negar el ocio”. Activarse, servir, trabajar. De los tres siervos, uno de ellos no negó el ocio. Dos fueron siervos diligentes. El de cinco talentos ganó otros cinco. El de dos talentos ganó otros dos. El que no negó el ocio fue negligente no ganando ningún talento. Por el contrario, escondió el que tenía. No producir es ofensa al reino de Dios. Se espera que todos produzcamos el cien por ciento. La ley del 100%. Es la ley de la productividad. ¿Quién de estos dos siervos productivos es un mejor siervo? (el de 5 y el de 2; el otro ni lo mencionamos). ¡Son iguales, pues ambos produjeron el 100%! Tanto el de cinco como el de dos talentos produjeron el 100%. A los dos los elogió igualmente el Señor, pues aunque uno produjo dos y el otro cinco, en porcentaje produjeron lo mismo. Otro puede ser más llamativo que tu en sus frutos, pero ambos pueden estar produciendo lo mismo según lo que se les dio. El de un talento no ganó ninguno. Escondió su talento. Normalmente quien dice no saber hacer algo esconde su talento en tierra. Quien se detiene a pensar que no puede termina creyéndolo y haciendo nada. El secreto del éxito no está en lo que recibes, sino en lo que haces con lo recibido.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:19
25.19 Ya ha pasado algún tiempo desde que el Señor Jesús se fue, pero es una realidad que volverá. ¡Cristo viene y su galardón consigo…! –es la esperanza cristiana a lo largo de veinte siglos. Y arregló cuentas con ellos –todos daremos cuenta; a su tiempo todos compareceremos ante el Tribunal de Cristo. El día de dar cuenta ha parecido tardar; pero una vez que llega será muy exacto. No confundas la ausencia de Dios con indiferencia. El Justo juzgará.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:20
25.20 Vemos la ley de la entrega, que consiste en la ley del 200 por ciento. Quien lo da todo, tendrá el doble en el reino de los cielos. La enseñanza es que no pidas recibir más, sino crece en capacidad para recibir más y así producir más. El reino de los cielos se entrega el doble de lo que se recibió. El que recibió cinco talentos entregó diez; y el que recibió dos talentos entregó cuatro. Es como al que te pida llevar carga por una milla, ve con él dos. Así funciona el reino, recibes algo y debes el doble. En el reino de Dios no está permitido entregar todo lo que eres, sino todo lo que eres multiplicado por más. No hay injusticia en esto, porque a su tiempo tanto lo recibido como lo producido te será dado, todo será tuyo.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:21
25.21-23 Solo cumpliendo la ley de la entrega (nota anterior) es que escucharemos “bien” de parte del Señor. No regresa a ver que hicimos mal, eso lo hace el acusador de los hermanos , el diablo. El Señor viene a buscar que si hacemos y que esté bien hecho. Buen siervo y fiel –no se elogia su capacidad de negociar, ni su destreza; sino su fidelidad al servir. A fin de cuentas lo único que se requiere es fidelidad, pues quien es fiel a Dios le sirve con todo su corazón y es Él quien actúa en nosotros produciendo el querer como el hacer por su buena voluntad. Entonces veremos la generosidad del Rey en la recompensa, la ley del mil por ciento: sobre poco fuiste fiel sobre mucho te pondré. Me siento abundado de lo que he recibido en esta vida, pero Dios me dice que es poco y que si soy fiel a este poco recibiré mucho. ¡Cuánta será su gracia en aquel día! El Señor no está obligado a dar nada a su siervo, es su esclavo, por lo que es su obligación es servirle como esclavo sin esperar recompensa. Si el amo hubiera tomado todo sin darles nada no haría injusticia, todo es de Él, incluyendo a sus esclavos; pero es magnánimamente generoso. Y no conforme con recompensarles, les invita a la comunión con Él: ¡entra en el gozo de tu Señor! Esta es la mejor recompensa, pues no se trata de nuestro gozo, sino del gozo del Señor. Mi capacidad de gozarme es muy limitada, pero si la recompensa será el gozo según la capacidad del Señor, ¡es un gozo indescriptible! El siervo diligente y trabajador puede ver que ha valido la pena, los esfuerzos, las luchas, el dolor, los afanes, la fatiga, ¡todo! ¡ha valido la pena! ¡Es infinitamente grande la recompensa! El hombre desea por encima de todas las cosas ser feliz; y Cristo asegura que quien invierta su vida entera al 100% en Él será inmensamente feliz eternamente. No existe recompensa como estar bien con el Señor por los siglos.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:22
25.21-23 Solo cumpliendo la ley de la entrega (nota anterior) es que escucharemos “bien” de parte del Señor. No regresa a ver que hicimos mal, eso lo hace el acusador de los hermanos , el diablo. El Señor viene a buscar que si hacemos y que esté bien hecho. Buen siervo y fiel –no se elogia su capacidad de negociar, ni su destreza; sino su fidelidad al servir. A fin de cuentas lo único que se requiere es fidelidad, pues quien es fiel a Dios le sirve con todo su corazón y es Él quien actúa en nosotros produciendo el querer como el hacer por su buena voluntad. Entonces veremos la generosidad del Rey en la recompensa, la ley del mil por ciento: sobre poco fuiste fiel sobre mucho te pondré. Me siento abundado de lo que he recibido en esta vida, pero Dios me dice que es poco y que si soy fiel a este poco recibiré mucho. ¡Cuánta será su gracia en aquel día! El Señor no está obligado a dar nada a su siervo, es su esclavo, por lo que es su obligación es servirle como esclavo sin esperar recompensa. Si el amo hubiera tomado todo sin darles nada no haría injusticia, todo es de Él, incluyendo a sus esclavos; pero es magnánimamente generoso. Y no conforme con recompensarles, les invita a la comunión con Él: ¡entra en el gozo de tu Señor! Esta es la mejor recompensa, pues no se trata de nuestro gozo, sino del gozo del Señor. Mi capacidad de gozarme es muy limitada, pero si la recompensa será el gozo según la capacidad del Señor, ¡es un gozo indescriptible! El siervo diligente y trabajador puede ver que ha valido la pena, los esfuerzos, las luchas, el dolor, los afanes, la fatiga, ¡todo! ¡ha valido la pena! ¡Es infinitamente grande la recompensa! El hombre desea por encima de todas las cosas ser feliz; y Cristo asegura que quien invierta su vida entera al 100% en Él será inmensamente feliz eternamente. No existe recompensa como estar bien con el Señor por los siglos.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:23
25.21-23 Solo cumpliendo la ley de la entrega (nota anterior) es que escucharemos “bien” de parte del Señor. No regresa a ver que hicimos mal, eso lo hace el acusador de los hermanos , el diablo. El Señor viene a buscar que si hacemos y que esté bien hecho. Buen siervo y fiel –no se elogia su capacidad de negociar, ni su destreza; sino su fidelidad al servir. A fin de cuentas lo único que se requiere es fidelidad, pues quien es fiel a Dios le sirve con todo su corazón y es Él quien actúa en nosotros produciendo el querer como el hacer por su buena voluntad. Entonces veremos la generosidad del Rey en la recompensa, la ley del mil por ciento: sobre poco fuiste fiel sobre mucho te pondré. Me siento abundado de lo que he recibido en esta vida, pero Dios me dice que es poco y que si soy fiel a este poco recibiré mucho. ¡Cuánta será su gracia en aquel día! El Señor no está obligado a dar nada a su siervo, es su esclavo, por lo que es su obligación es servirle como esclavo sin esperar recompensa. Si el amo hubiera tomado todo sin darles nada no haría injusticia, todo es de Él, incluyendo a sus esclavos; pero es magnánimamente generoso. Y no conforme con recompensarles, les invita a la comunión con Él: ¡entra en el gozo de tu Señor! Esta es la mejor recompensa, pues no se trata de nuestro gozo, sino del gozo del Señor. Mi capacidad de gozarme es muy limitada, pero si la recompensa será el gozo según la capacidad del Señor, ¡es un gozo indescriptible! El siervo diligente y trabajador puede ver que ha valido la pena, los esfuerzos, las luchas, el dolor, los afanes, la fatiga, ¡todo! ¡ha valido la pena! ¡Es infinitamente grande la recompensa! El hombre desea por encima de todas las cosas ser feliz; y Cristo asegura que quien invierta su vida entera al 100% en Él será inmensamente feliz eternamente. No existe recompensa como estar bien con el Señor por los siglos.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:24
25.24 El inevitable juicio, llegará. Pero no debemos temer, sino alegrarnos; si es que lo esperamos dando resultados con los talentos recibidos. La expectativa de la venida del Señor depende de la productividad; por lo que el de uno y el de cinco talentos esperarán de forma muy diferente al Rey. El siervo negligente cree conocer al Señor, pero tiene una imagen distorsionada de Él. Quien no vence el ocio piensa mal de Dios. Por tener una idea errónea del Rey fue improductivo. Somos improductivos por desconfianza de Dios. Serás tratado por Dios según la opinión que tienes de Él. Notemos que el Rey no corrigió la deficiente opinión que tenía el siervo malo acerca de Él, sino que así lo trató, precisamente como pensaba de Él. También, consideremos que opinamos de Dios según somos nosotros. El siervo malo pensaba que el Rey es malo. Para muchos, Dios no pasa de ser un tirano; lo miran como al dios mitológico Zeus con rayos en las manos, listo para lanzarlos contra el primero que falle. ¡Cuán lejos está del Padre Celestial! Quienes conocemos a Dios podemos llamarle “Abba, Padre”. Quienes piensan mal de Dios tienen acusaciones malvadas. que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste” .dijo el siervo flojo y negligente. Su colmo es acusar a Dios de su desgracia. Dios nunca pedirá nada que no podamos hacer. Él nunca nos llevará a donde su gracia no nos pueda sostener.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:25
25.25 El temor a Dios es el principio de la sabiduría, pero el miedo negligente denuncia en sí mismo la maldad; tal es el caso de Adán, que después de pecar fue esconderse. Esta clase de miedo denuncia también la falta de amor: en el amor no hay temor –dice la Escritura. Pero cuando se tiene semejante miedo es precisamente porque no se ha amado a Dios, por lo que la conciencia acusa y produce temor. Algunos llegan a los altares llenos de temor, avergonzados y sintiéndose indignos de levantar las manos; no porque reconozcan la santidad de Dios, sino porque son conscientes que viven pecando contra Dios a sabiendas del juicio. La condenación no del hecho, sino de la ausencia de acto, lo que se ha dejado de hacer: no negociar. Fui y escondí tu talento en tierra; aquí tienes lo que es tuyo. La teología del avestruz: esconderse. Dice un adagio: “El que no arriesga no gana” y “el que no se arroja no cruza el río”. Vivir sólo para salvarse a uno mismo es otra forma de extraviarse del camino, es seguir mi propia sombra y mis propios pasos. Dios ha dado por lo menos un talento a cada hombre y no usarlo es condenable. Si al finalizar tu aliento en este mundo te arrepientes más de lo que no hiciste, que de lo que hiciste, no supiste vivir. Aquí tienes lo que es tuyo –es actuar con mezquindad y esto no ante los hombres, sino ante el mismo Dios.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:26
25.26-27 El Señor no se defiende diciendo que Él no es como lo consideraba el siervo negligente; sino que lleno de dignidad toma las palabras del siervo y aplicándoseles a sí mismo las usa contra el siervo: “si soy así como tu dices, ¡con mayor razón debías haber sido diligente en tu trabajo hacia mí! ¡Cuando menos me hubieras dado el dinero con intereses! Tendrás de Dios lo que creas de Dios. Tu fe define tu vivir y tu opinión será tu gloria o tu vergüenza. Tu dices cómo deseas a Dios manifestarse en tu vida.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:27
25.26-27 El Señor no se defiende diciendo que Él no es como lo consideraba el siervo negligente; sino que lleno de dignidad toma las palabras del siervo y aplicándoseles a sí mismo las usa contra el siervo: “si soy así como tu dices, ¡con mayor razón debías haber sido diligente en tu trabajo hacia mí! ¡Cuando menos me hubieras dado el dinero con intereses! Tendrás de Dios lo que creas de Dios. Tu fe define tu vivir y tu opinión será tu gloria o tu vergüenza. Tu dices cómo deseas a Dios manifestarse en tu vida.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:28
25.28-29 Es tal la indignación del Señor hacia el creyente perezoso que ni siquiera toma Él mismo el talento, sino que ordena a sus siervos que lo tomen ellos. Y es tal el agrado del Señor hacia el creyente trabajador que da un talento extra al que más fruto había producido. Nadie puede acusarlo de injusticia: ¿que no puedo hacer con lo mío lo que yo quiera? –dijo en otra ocasión. Además: ¿a quién darías mayor responsabilidad sobre tus bienes? ¿No se lo darías al mayordomo más fiel y más capacitado? Al más productivo. Pero al que tiene, le será dado, y tendrá más.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:29
25.28-29 Es tal la indignación del Señor hacia el creyente perezoso que ni siquiera toma Él mismo el talento, sino que ordena a sus siervos que lo tomen ellos. Y es tal el agrado del Señor hacia el creyente trabajador que da un talento extra al que más fruto había producido. Nadie puede acusarlo de injusticia: ¿que no puedo hacer con lo mío lo que yo quiera? –dijo en otra ocasión. Además: ¿a quién darías mayor responsabilidad sobre tus bienes? ¿No se lo darías al mayordomo más fiel y más capacitado? Al más productivo. Pero al que tiene, le será dado, y tendrá más.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:30
25.30 Mira los versículos anteriores y no te limites. Inténtalo, vive con intensidad, sin miedos. Dios te ha dotado de muchos talentos, ponlos en servicio de Él, de su reino y de tu prójimo. Sirve con todo que arriesgarse por Cristo siempre trae excelentes resultados. ¿Por qué habrías de perderte? Unos dicen que este versículo no habla de condenación, otros que sí; pero no conviene comprobarlo. La mala administración presente es la ruina eterna; la incredulidad y el ocio son muy mal negocio.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:31
25.31 A lo largo del Evangelio según Mateo hemos venido observando cómo Dios establece su reino a partir del Rey de dicho reino: su Hijo Jesucristo. Es precisamente a las alturas de los versículos 31 al 46 que el Rey anuncia su retorno para establecer el reino mesiánico, conocido como el milenio (Ap. 20). En la parábola de las 10 vírgenes, pone a prueba el interior y la profundidad de la vida espiritual de los creyentes en su venida. Con la parábola de los talentos, pone a prueba el servicio de los creyentes en su venida. Y en el pasaje relativo a los versículos 31-46, el Señor pone a prueba al mundo entero en el llamado juicio de las naciones. El Rey viene a establecer su trono y a juzgar al mundo. Vendrá en su gloria. El Hijo de Dios se despojó de todo para venir a encarnarse como el Hijo del Hombre; pero aunque dejó Su gloria la recuperó como Hombre venciendo sobre la muerte. Por cuanto supo colgar en ignominiosa desnudez de una cruz, puede también presentarse vestido de gloria en su venida. Por cuando supo enclaustrar su propio cuerpo muerto en una tumba prestada, puede también sentarse en su trono de gloria por derecho propio. Quien vistió pañales en un pesebre es poderoso para vestir también la misma Shekina de Yahwéh. Un día lo miraron Hombre, encarcelado en la fragilidad de la carne; más el mundo entero habrá luego de mirarle Dios, vestido de su Majestad. Vendrá con sus santos ángeles. En su 1ª. Venida nació en un establo, asistido entre animales por una adolescente y visitado por extraños de oficio pastoril. En su ministerio perdió la compañía de su familia, ni sus hermanos creían en Él. En su muerte fue abandonado aun por aquellos que se decían capaces de morir defendiéndole. Nunca en su vida recibió los honores propios de su Ser; sin embargo, en su venida regresará rodeado de sus santos ángeles. Son sus santos ángeles pues le pertenecen. Como dice la Palabra: Vendrá Yahwéh y todos los santos con Él (Zac. 14:15). De esto Enoc profetizó: he aquí el Señor vino con sus santos decenas de millares (Judas 14). Y permíteme darte la buena noticia: “los creyentes vendremos con Él, si verdaderamente estuvimos preparados para salir a recibirle. Esto sucederá cuando el Señor Jesús con sus poderosos ángeles se manifieste desde el cielo. Vendrá para establecer su trono. Al nacer no se halló lugar para Él en el mesón; al crecer no tuvo donde recostar su cabeza; al morir le hicieron sentar en trono de escarnio entre los escupitajos, golpes e insultos de los soldados que burlonamente decían hincando la rodilla: “¡salve, Rey de los judíos!” Más volverá, y los que le traspasaron harán lamentación por Él (Ap. 1:7). Se sentará en su trono de gloria. No es un trono cualquiera; no se trata de ocupar un sitio entre los poderosos de la tierra, pues ante Él no existen más poderosos. El mismo Padre Celestial ha dicho acerca del trono del Hijo: Tu trono, oh Dios. es por los siglos de los siglos, cetro de equidad es el cetro de tu reino (Heb. 1:8). ¡Aleluya! No establecerá su reino por la vanidad del poder, es decir, no se sentará en un trono para presumir grandeza como lo hacen los hombres de este mundo; sino que se sentará en su trono de gloria por cuanto establecerá un reino de justicia que jamás será conmovido. Dijo el profeta Daniel: miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (Dn. 7: 13-14). Lee Isaías 9:7.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:32
25.32-33 Por siglos los hombres juzgaron si creer o no creer en el Rey; pero llegado el día todos seremos juzgados por Él. Días ha designado Jesucristo como el Juez del mundo, dando fe de ella al resucitarle de entre los muertos (Hch. 17:31). Juan el Bautista, mientras preparaba el camino al Mesías decía: su aventador está en su mano y limpiará su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará (Mat. 3:12). Jesucristo no solo ha sido el personaje central a lo largo de la humanidad; sino que seguirá siéndolo, ante Él se reunirán todas las naciones. No hay poder convocador más grande que su voz. Loa artistas y los políticos jamás han visto poder semejante para reunir a las multitudes. ¡Cuán Grande es el Señor Jesús! No por nada se dice en dos ocasiones que Yahwéh vino …a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad (Sal. 96:13; 98:9). ¡El juicio de Jesucristo hace evidente su Deidad! Nadie faltará allí de todos los habitantes del mundo, porque nadie puede resistir a Dios. Su juicio, como todo juicio verdadero, segregará, separará. En la iglesia unos y otros se han confundido. En el mundo ovejas y cabritos conviven libremente. Ha sido casi imposible distinguirlos; pero llegado el día, los ojos de fuego del Hijo del Hombre serán capaces de discernir la diferencia. Esta diferencia no radica en el hablar, pues muchos cabritos también hablan cristianamente. Tampoco radica en el vestir, pues muchos cabritos saben llevar “la moda eclesiástica”. Tampoco radica en el comer, pues muchos cabritos también saben abstenerse de lo impropio. Incluso unos y otros pueden ser semejantes en cuanto a ceremonias y religión. La diferencia radica en la naturaleza de cada uno. Mientras unos son ovejas, otros son cabritos y nada de lo que hagan hace la diferencia; el único remedio es nacer de nuevo. El lugar de nacimiento marca la ciudadanía; y espiritualmente tiene trascendencia eterna: las ovejas nacen en le reino de los cielos, de allí que son hijas del reino; para ellas es la palabra: no temáis manada pequeña, porque ha vuestro Padre le ha placido daros el reino. Pero los cabritos han nacido en el reino de las tinieblas; por lo que, lejos de ser ciudadanos del reino Celestial, la Nueva Jerusalén, son pertenecientes de la condenación. Para ellos es la Palabra: si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. El consejo a Nicodemo sigue siendo válido: os es necesario nacer de nuevo (lee Sal. 79:13; Sal.100:3; Juan 10:26-27). Cuando Jesucristo vuelva separará a los habitantes del mundo en dos grupos principales: invitados a entrar al reino conocido como el milenio; mientras los extraños aparte para ser condenados. Ovejas a la derecha y cabritos a la izquierda. El lado derecho en las Sagradas Escrituras es un símbolo de aprobación, autoridad y porción. Tenemos por ejemplo en Gen. 48:14-19 (léase) que la mano derecha iba sobre el primogénito para que recibiese la porción y bendición mayor (lee Sal. 45:9). Las ovejas al lado derecho habla de aprobación para entrar al reino milenial; mientras que los cabritos al lado izquierdo es reprobación y expulsión del reino. Naciones enteras no podrán entrar en el milenio. Sólo quienes sean puestos a la derecha, es decir, seleccionados para ello. Cristo mismo se sentó a la derecha del Padre después de vencer en su ministerio mesiánico (Heb. 1:3); así mismo, ser puesto a la derecha de Cristo implica ser un vencedor de entre los demás creyentes.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:33
25.32-33 Por siglos los hombres juzgaron si creer o no creer en el Rey; pero llegado el día todos seremos juzgados por Él. Días ha designado Jesucristo como el Juez del mundo, dando fe de ella al resucitarle de entre los muertos (Hch. 17:31). Juan el Bautista, mientras preparaba el camino al Mesías decía: su aventador está en su mano y limpiará su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará (Mat. 3:12). Jesucristo no solo ha sido el personaje central a lo largo de la humanidad; sino que seguirá siéndolo, ante Él se reunirán todas las naciones. No hay poder convocador más grande que su voz. Loa artistas y los políticos jamás han visto poder semejante para reunir a las multitudes. ¡Cuán Grande es el Señor Jesús! No por nada se dice en dos ocasiones que Yahwéh vino …a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad (Sal. 96:13; 98:9). ¡El juicio de Jesucristo hace evidente su Deidad! Nadie faltará allí de todos los habitantes del mundo, porque nadie puede resistir a Dios. Su juicio, como todo juicio verdadero, segregará, separará. En la iglesia unos y otros se han confundido. En el mundo ovejas y cabritos conviven libremente. Ha sido casi imposible distinguirlos; pero llegado el día, los ojos de fuego del Hijo del Hombre serán capaces de discernir la diferencia. Esta diferencia no radica en el hablar, pues muchos cabritos también hablan cristianamente. Tampoco radica en el vestir, pues muchos cabritos saben llevar “la moda eclesiástica”. Tampoco radica en el comer, pues muchos cabritos también saben abstenerse de lo impropio. Incluso unos y otros pueden ser semejantes en cuanto a ceremonias y religión. La diferencia radica en la naturaleza de cada uno. Mientras unos son ovejas, otros son cabritos y nada de lo que hagan hace la diferencia; el único remedio es nacer de nuevo. El lugar de nacimiento marca la ciudadanía; y espiritualmente tiene trascendencia eterna: las ovejas nacen en le reino de los cielos, de allí que son hijas del reino; para ellas es la palabra: no temáis manada pequeña, porque ha vuestro Padre le ha placido daros el reino. Pero los cabritos han nacido en el reino de las tinieblas; por lo que, lejos de ser ciudadanos del reino Celestial, la Nueva Jerusalén, son pertenecientes de la condenación. Para ellos es la Palabra: si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. El consejo a Nicodemo sigue siendo válido: os es necesario nacer de nuevo (lee Sal. 79:13; Sal.100:3; Juan 10:26-27). Cuando Jesucristo vuelva separará a los habitantes del mundo en dos grupos principales: invitados a entrar al reino conocido como el milenio; mientras los extraños aparte para ser condenados. Ovejas a la derecha y cabritos a la izquierda. El lado derecho en las Sagradas Escrituras es un símbolo de aprobación, autoridad y porción. Tenemos por ejemplo en Gen. 48:14-19 (léase) que la mano derecha iba sobre el primogénito para que recibiese la porción y bendición mayor (lee Sal. 45:9). Las ovejas al lado derecho habla de aprobación para entrar al reino milenial; mientras que los cabritos al lado izquierdo es reprobación y expulsión del reino. Naciones enteras no podrán entrar en el milenio. Sólo quienes sean puestos a la derecha, es decir, seleccionados para ello. Cristo mismo se sentó a la derecha del Padre después de vencer en su ministerio mesiánico (Heb. 1:3); así mismo, ser puesto a la derecha de Cristo implica ser un vencedor de entre los demás creyentes.
— Roberto Tinoco
Mateo 25:34
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:35
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:36
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:37
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:38
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:39
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:40
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:41
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:42
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:43
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:44
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:45
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco
Mateo 25:46
25.34-46 Primero, el tiempo del juicio. Por el contexto sabemos que trata de la segunda venida de Cristo, después del arrebatamiento de la iglesia y después de la Gran Tribulación. En ese día, el Rey Jesucristo establecerá su trono de gloria en Sión y llevará a cabo el juicio de las naciones, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Esto nos habla de su deidad, pues el Salmo 24:7-10 nos pregunta: ¿Quién es este Rey de Gloria? Y a la vez nos responde: ¡Yahwéh el Fuerte y valiente, Yahwéh el Poderoso en Batalla! Él es el Rey de Gloria! Dicho sea de paso, habla de la batalla precisamente después de la guerra de Armagedón que tendrá lugar en el valle de Meguido al fin de la Gran tribulación. También, trata de su unidad con el Padre, pues el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio ha dado al Hijo (Juan 5:22). Como dijo el profeta Isaías: Porque Yahwéh es nuestro Juez, Yahwéh es nuestro Legislador, Yahwéh es nuestro Rey; Él mismo nos salvará (Is. 33:22). Pilato quiso burlarse de los judíos al poner el escrito sobre la cruz de Jesús: “Rey de los Judíos” ; pero la verdad es que dijo una gran verdad: Jesucristo es el Rey, tanto de los judíos, como de las naciones. Cuando Él regrese, traerá en su vestidura y en su muslo escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (Ap. 19:16), ¡Aleluya! ¡Dios o se avergüenza de llamarse Dios de nosotros, por lo que nos ha preparado una ciudad! (Heb. 11:16). La base del juicio (35-36, 42-43) será haber escuchado su Palabra y obedecerle. El Señor dijo que sus hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 8:21). También, después de resucitar llamó hermanos a los discípulos (Mat. 28:10; Juan 20:17); así que los hermanos de Jesús a los que se refiere Mat. 25 son los creyentes, los hijos de Dios; como dice Hebreos 2:11-13 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él, y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. Y siendo que este juicio se lleva a cabo después de la Gran Tribulación entonces tenemos que el Señor recompensará o castigará, según las naciones trataron a los creyentes, a los hijos de Dios durante la Gran Tribulación. Ya que a causa de las persecuciones, los creyentes vivos en carne durante ese tiempo, por no haber sido arrebatados, sufrirán hambre, sed, falta de casa y algunos hasta de patria, desnudez, enfermedad y cárcel. Por lo que aquellas personas e incluso naciones enteras que den asilo a los creyentes, dándoles de comer, de beber, una casa y una patria, abrigo, cuidados de enfermedad y visitación en la cárcel o la misma libertad serán recompensados permitiéndoseles entrar a disfrutar el reino milenario que el Rey Jesucristo viene a establecer en el mundo entero. Este es el principio del cuerpo de Cristo y todo lo que se haga con él (la iglesia) se hace con el Señor; como cuando Pablo perseguía a la iglesia, ante lo cual, el Señor le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9:4). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (vr. 40). Cristo es el Primogénito de la familia de Dios y los hermanos más pequeños a los que se refiere serán los creyentes durante la Gran Tribulación. Ya anteriormente había dicho: y a cualquiera que de a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto sois de Cristo de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mar. 9:41; Mat. 10:42). Y lo mismo sucede en orden inverso: Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis (vr.45). El desprecio a su iglesia es el desprecio a Él. Concluimos pues, que la manera en la que las naciones del mundo actúen en relación a los creyentes, será determinante en su entrada o rechazo al reino milenial; no porque la salvación fuese por obras, ya que esto contraría la Escritura (Ef.2:8; Rom.3:20,24,27-28; 916; 11:6; 1Cor.1:29); sino respecto a seguir viviendo en carne en este mundo. Respecto a los que no, simplemente adelantaron su condenación los que ya estaban condenados, al perseguir a los creyentes. Y los que aún no sean salvos pero tengan misericordia de los creyentes recibirán la oportunidad de continuar viviendo en este mundo para ver el reino milenial y tener oportunidad de salvación. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia (Mat. 5:7). Similar a la oportunidad que recibió Cornelio para escuchar el evangelio: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios (Hch. 10:31). ¿Quiere decir que ya era salvo por dar limosnas? No; sino que se le dio la oportunidad de oír el evangelio de Jesucristo por cuanto era misericordioso a fin de que, si se arrepentía, fuese salvo; que fue precisamente lo que sucedió. Los que serán puestos a la izquierda, los que persiguieron a los creyentes o les negaban su ayuda no recibirán la oportunidad de entrar al reino milenial, sino que serán condenados. Como dice la Escritura: Porque habrá juicio sin misericordia contra aquel que no hace misericordia (Stg. 2:13).
— Roberto Tinoco