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Mateo 28
La resurrección
1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.🗨📝 2Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.🗨📝 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.🗨📝 4Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.🗨📝 5Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.🗨📝 6No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.🗨📝 7E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.🗨📝 8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,🗨📝 9he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.🗨📝 10Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.🗨📝El informe de los guardias
11Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.🗨📝 12Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados,🗨📝 13diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos.🗨📝 14Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.🗨📝 15Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.🗨📝La gran comisión
16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.🗨📝 17Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.🗨📝 18Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.🗨📝 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;🗨📝 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 28:1
28.1 Si lo traducimos literalmente del griego, el texto cita: al final de los sábados (gr. sabbatón - plural) en lugar de “pasado el día de reposo”; lo que confirma lo que he venido diciendo, que el Señor murió y fue sepultado en jueves, siendo el viernes día de reposo a causa de la Pascua y unido al sábado daba un doble sábado o día de reposo “de gran solemnidad”; lo mismo que “sábados” (plural), correspondiente al viernes de reposo pascual mas el sábado semanal. Así que Jesús murió en sábado y no en viernes, resucitando el domingo. Se mencionan dos tiempos relacionados con la resurrección: “pasado el día de reposo”, uno; y “al amanecer del primer día de la semana”, dos. Es como si Mateo dijese: “después de ponerse el sol del sábado” (6 de la tarde) y antes de que saliera el sol del domingo” (6 de la mañana). Esto significa que el Señor resucitó durante la noche entre esas horas. ¿Porque al amanecer del primer día de la semana resucitó y no en otro día? Marcos dice claramente: habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana… (16:9). (literal “y habiendo resucitado temprano el primer día de la semana…”). Esto se debe a que la resurrección es una nueva vida distinta a la antigua creación, por lo que era necesario que fuese el primer día de la semana para dar comienzo a una distinta creación. Vemos que en Génesis 1:3-5 que la luz fue manifiesta el primer día de la creación de todas las cosas; así pues, Cristo Jesús dijo de sí mismo: Yo Soy la luz (Juan 8:12). El apóstol Juan escribió acerca de Cristo: En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres; y aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo (Juan 1:4,9). Es por esto que el Señor Jesús resucita el primer día de la semana, por cuanto Él es la luz de la Nueva Creación. La primera creación fue para los hijos de los hombres; la segunda es para los hijos de Dios, creados en Cristo Jesús, nuestra luz. Acerca de la visita de las mujeres, María Magdalena, según cuenta el evangelista Marcos, fue liberada por Cristo de siete demonios (Mar. 16:9). Siguió a Jesús desde entonces y por todas partes sirviéndole con sus bienes (Luc. 8:2-3). Ella amaba a Jesús por cuanto la había hecho libre. También tú y yo, si hemos conocido a Cristo, hemos sido libertados por Él; razón sobrada para buscarle, aún en circunstancias de sombra de muerte y en medio de las tumbas. La otra María parece ser Salomé, la madre de Jacobo y de Juan (Mar. 16:11). Esta mujer amaba al Señor, ¿y cómo podía ser de otro modo si dos de sus hijos eran discípulos de Él? Cuando vemos las maravillas y bendiciones que Dios hace con nuestros hijos ¿cómo no lo amaremos? También, Lucas menciona a Juana (Luc. 24:10), quien era mujer de chuza, intendente de Herodes; y que fue sanada de enfermedades (Luc. 8:2-3) también fue con las Marías al sepulcro…también estaba agradecida. ¡Cuán diferentes éstas mujeres de los 9 leprosos ingratos y del paralítico del estanque siloé! Los leprosos no regresaron con Jesús y el paralítico lo traicionó delatándolo con los judíos. Ellas fueron convencidas de encontrarse con un muerto y hallaron al Resucitado. Quienes aman al Crucificado le encuentran Resucitado. Quienes aman a Cristo en su debilidad son bendecidos con su poder. Marcos 16:1 dice que fueron para ungirle con especias aromáticas como acostumbraban hacer los judíos con sus muertos amados. Más tarde recibirían ellas la Unción del Espíritu que Cristo resucitado les daba. Quien intenta darle buen olor y protección al Cuerpo de Cristo recibe la Unción de Dios para tal servicio. Ellas fueron las últimas en irse de la cruz y del sepulcro, incluso después de José de Arimatea y Nicodemo; y fueron los primeros en venir al sepulcro (si no fuera por el sábado, nunca se hubiesen ido de allí). ¡Por eso también fueron las primeras en verle resucitado! Dios honra a los que le honran.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:2
28.2-3 Mateo menciona un ángel, Lucas habla de dos (Luc. 24:4). Esto se debe a que, aún y cuando fueran dos ángeles, uno de ellos fue el portador de la Palabra. Siendo dos cumplen el requisito de la ley del reino para poder ser testigos. Era el ángel del Señor, es decir, un mensajero (gr. anggelus) de Cristo. Con su resurrección Cristo fue exaltado: es el Señor. Glorioso título, ningún oficio como éste: ángel del Señor. “Descendiendo del cielo y llegando”; muy diferente a lucifer que cayó del cielo y fue echado a la tierra. Hay quienes viven recordando el ayer, normalmente se trata de quienes han perdido su lugar de privilegio; pero aquel que sigue siendo un ángel del Señor habla del Resucitado y no de lo que el mismo fuese antes. Mateo nos dice que el aspecto del ángel era “como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve” (vr.3). El término griego para aspecto es eidéa, “apariencia”; esto es, la idea de lo que uno ve, lo mejor que se le puede describir. Como un relámpago denota un aspecto terrible y poderoso. Sus vestiduras blancas como la nieve hablan de santidad, pero más aún, contrastan con las tinieblas cual vestiduras de luto, que hubo en la tierra como resultado de la muerte del Señor; es como si se vistiese de alabanza celebrando su resurrección. Hubo un gran terremoto. En griego seismos megas (compárese mega - sismos). Este terremoto no fue para que el Señor resucitara ni cuando Él resucitó, sino hasta después que los ángeles descendieron del cielo y movieron la piedra que se hallaba a la entrada del sepulcro. Y si tal fue el terremoto que los ángeles produjeron con su venida, ¡cuál irá a ser el terremoto cuando Cristo regrese! El verbo griego para “removió” la piedra usado aquí es apekúlisen que más que remover en el sentido de hacer a un lado significa “quitar girando” (de apo, “de, desde”, y kulio, girar); pero en Marcos 16:3-4 leemos: Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y allí se utiliza el verbo anakekúlistai; que va más allá de sólo “quitar girando”, ya que se le agrega ana (griego), que significa arriba. ¡Los ángeles rodaron la piedra hasta arriba de la peña en donde fue labrado el sepulcro! ¡Cuán impresionados quedarían todos al ver a dicha piedra de tamaño espectacular arriba del monte. Eso es lo que necesitamos, que el poder de Dios remueva las piedras que estorban a otros para ver a Jesús Resucitado. Somos piedras vivas, pero cuando estorbamos la visión de los hermanos necesitamos un cambio de posición; es decir, que el poder y la gracia de Dios nos quite de la entrada y nos ponga sobre la peña que es Cristo a fin de que todos puedan ver a Cristo. La piedra fue removida, pero no para que Cristo saliera, Él ya no estaba allí. La piedra fue removida para que las mujeres pudieran ver dentro del sepulcro y comprobar que Jesús ya no estaba allí, sino que había resucitado. Para sumarle dramatismo, el ángel se sentó sobre la piedra, como si se tratase de la muerte vencida. Los ángeles vendrán sobre aquellos que dejan ver la resurrección.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:3
28.2-3 Mateo menciona un ángel, Lucas habla de dos (Luc. 24:4). Esto se debe a que, aún y cuando fueran dos ángeles, uno de ellos fue el portador de la Palabra. Siendo dos cumplen el requisito de la ley del reino para poder ser testigos. Era el ángel del Señor, es decir, un mensajero (gr. anggelus) de Cristo. Con su resurrección Cristo fue exaltado: es el Señor. Glorioso título, ningún oficio como éste: ángel del Señor. “Descendiendo del cielo y llegando”; muy diferente a lucifer que cayó del cielo y fue echado a la tierra. Hay quienes viven recordando el ayer, normalmente se trata de quienes han perdido su lugar de privilegio; pero aquel que sigue siendo un ángel del Señor habla del Resucitado y no de lo que el mismo fuese antes. Mateo nos dice que el aspecto del ángel era “como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve” (vr.3). El término griego para aspecto es eidéa, “apariencia”; esto es, la idea de lo que uno ve, lo mejor que se le puede describir. Como un relámpago denota un aspecto terrible y poderoso. Sus vestiduras blancas como la nieve hablan de santidad, pero más aún, contrastan con las tinieblas cual vestiduras de luto, que hubo en la tierra como resultado de la muerte del Señor; es como si se vistiese de alabanza celebrando su resurrección. Hubo un gran terremoto. En griego seismos megas (compárese mega - sismos). Este terremoto no fue para que el Señor resucitara ni cuando Él resucitó, sino hasta después que los ángeles descendieron del cielo y movieron la piedra que se hallaba a la entrada del sepulcro. Y si tal fue el terremoto que los ángeles produjeron con su venida, ¡cuál irá a ser el terremoto cuando Cristo regrese! El verbo griego para “removió” la piedra usado aquí es apekúlisen que más que remover en el sentido de hacer a un lado significa “quitar girando” (de apo, “de, desde”, y kulio, girar); pero en Marcos 16:3-4 leemos: Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y allí se utiliza el verbo anakekúlistai; que va más allá de sólo “quitar girando”, ya que se le agrega ana (griego), que significa arriba. ¡Los ángeles rodaron la piedra hasta arriba de la peña en donde fue labrado el sepulcro! ¡Cuán impresionados quedarían todos al ver a dicha piedra de tamaño espectacular arriba del monte. Eso es lo que necesitamos, que el poder de Dios remueva las piedras que estorban a otros para ver a Jesús Resucitado. Somos piedras vivas, pero cuando estorbamos la visión de los hermanos necesitamos un cambio de posición; es decir, que el poder y la gracia de Dios nos quite de la entrada y nos ponga sobre la peña que es Cristo a fin de que todos puedan ver a Cristo. La piedra fue removida, pero no para que Cristo saliera, Él ya no estaba allí. La piedra fue removida para que las mujeres pudieran ver dentro del sepulcro y comprobar que Jesús ya no estaba allí, sino que había resucitado. Para sumarle dramatismo, el ángel se sentó sobre la piedra, como si se tratase de la muerte vencida. Los ángeles vendrán sobre aquellos que dejan ver la resurrección.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:4
28.4 Vimos lo que la resurrección significa para los seres celestiales, ahora veamos lo que significa para los adversarios: miedo como de muerte. Notemos que luego el ángel dice a las mujeres en el versículo siguiente: “no temáis vosotras”. La Resurrección del Señor es temor o paz según nuestra actitud hacia Él. Teman los rebeldes la realidad del juez. Teman los incrédulos la existencia de Dios. Teman los indiferentes la existencia de un infierno. Teman los cobardes la existencia del cielo. A causa del temor, los guardias temblaron. Se usa la misma palabra griega para el temblor de miedo de los guardas que para el terremoto que produjeron los ángeles con su venida (gr. seismos). El temor de Dios no es cosa pequeña para los que se oponen. Los guardias quedaron como muertos. No significa que los mataron ni que se murieron, sino que tal y como los muertos no responden ante nada, así los soldados se quedaron como paralizados de miedo. Esto nos da una idea en miniatura de como los hombres que se pierdan se quedaran completamente callados y como congelados ante la sentencia del Señor en el juicio final. Que nadie piense que podrá altercar con Dios.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:5
28.5 Mientras que el temor es para No temáis vosotras que le fuisteis fieles desde Galilea (siempre). No temáis vosotras que le fuisteis fieles en la cruz y en el dolor. No temáis vosotras que le fuisteis fieles en el sepulcro cuando parecía que no había esperanza. No temáis vosotras que le sois fieles, porque todo aquel que busca al Resucitado no tiene más temores de esta vida. Y junto con dicha paz, tienen satisfacción. Vinieron a buscar a Jesús y hallarán a Jesús. No se conformarán con ángeles. Fuera del Señor Jesús, nada ni nadie más puede satisfacer nuestra alma. Cristo es el Pan de Vida. Quieren comunión con Él; con el mismo que se hizo Hombre, anduvo entre nosotros y volverá a nosotros. Con Cristo, el crucificado, el que hizo esto por nosotros. Mateo usa el presente perfecto: “ha sido crucificado”, aún y cuando ya no estaba crucificado; esto se debe a la acción continua salvadora de la cruz.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:6
28.6 El gozo de la ausencia: no está aquí. Es la primera vez que causa alegría la ausencia del Señor Jesús. ¡Gozaos, no está en el sepulcro! ¡El resucitó! Cuando Lutero estaba triste y preocupado su mujer se vistió de luto. Entonces Lutero le preguntó: ¿Quién se murió? - su esposa respondió con seriedad: Dios. - ¿Cómo puedes decir eso?, ¡Dios vive para siempre! - respondió Lutero. - Entonces, - continúo la esposa - ¿por qué te preocupas, como si no estuviera vivo? Unos dicen que Jesús está aquí o allí; esto es, en estampas, estatuas, panes, etc.; pero el mensaje de Dios a través del ángel es que Cristo no está aquí ni allí, sino que Él está resucitado. Esta es nuestra confianza: ha resucitado, como dijo. Si Él habló es lo más normal, no se sorprendan –parecían decir los ángeles. La prueba es una tumba vacía: venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. Si los ángeles lo llamaron Señor, ¡cuánto más nosotros debemos reconocerlo como nuestro Señor!
— Roberto Tinoco
Mateo 28:7
28.7 La urgencia del evangelio. Este versículo está cargado de imperativos y apremiadores de parte del ángel para las mujeres (lo mismo que para nosotros). Analicemos: “Id pronto”. El ángel les invita a ver la tumba vacía, pero como quien da un vistazo solamente: “venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto…” (vrs.6-7). No hay tiempo de polemizar sobre la resurrección. No hay tiempo de filosofar sobre la resurrección. No hay tiempo de teorizar sobre la resurrección. La tumba no es la importante. Se les ordena “id” (como a nosotros), significa no esperar a que vengan. Significa ponerse en acción. Debían ir pronto. La urgencia del evangelio está en su importancia: se trata de proclamar al Rey. La urgencia del evangelio está en su eficacia: se trata del remedio del mundo agonizante. La urgencia del evangelio está en su propósito: Dios invita al hombre a hacer la paz con Él. La urgencia del evangelio está en su efecto: hace feliz al hombre. “Y decid a sus discípulos”. El evangelio es básicamente un mensaje hablado. Dios bendiga a los otros medios, pero esto es insustituible. Agradó a Dios salvar al hombre por la locura de la predicación –decía el apóstol Pablo. El evangelio es buenas nuevas; ¡a decirlas! El evangelio fue encomendado no solo a los evangelistas; fue a unas mujeres a las que primero se les dio el mandato de proclamarlo. Fue una mujer la que primero cayó; también fue otra la que primero creyó y vio la resurrección del Señor para salvación. Decid a sus discípulos –Dios estaba más interesado en consolar y alentar a sus hijos que en demostrar que el Hijo había resucitado. No fue primero al Sanedrín ni a los religiosos judíos, ni a los potentados romanos; tampoco fue primero a los cultos griegos; sino que mandó que primero se diera la noticia a los discípulos. Ser discípulo conlleva el privilegio de que el cielo tenga nuestro correo. “decid…: que ha resucitado de los muertos”. El mensaje del evangelio es la buena nueva de la victoria del Rey. No se les envió un mensaje de juicio por abandonarle, reproche por acobardarse ni sarcasmo por negarle. Decid al abatido: ¡Él ha resucitado! Hay aliento para ti. Decid al desesperado: ¡Él ha resucitado! Hay esperanza para ti. Decid al que tiene problemas: ¡Él ha resucitado! Hay solución para ti. Decid al deprimido: ¡Él ha resucitado! Hay gozo para ti. Decid al enfermo, al abandonado, al moribundo, al empobrecido; ¡él ha resucitado! Así que tenemos salud, compañía, vida, resurrección y rica herencia eterna, ¡Él ha resucitado! “Decid…he aquí va delante de vosotros a Galilea”. Los afligidos discípulos pensaban en regresar a su tierra, parecía que todo había terminado. ¡Pero el Señor les manda decir que Él va delante de ellos a Galilea! El Cristo resucitado va delante de nosotros sea cual sea la necesidad. Delante del desalentado. Delante del pródigo. Delante del confundido. Cristo va delante a fin de allanarnos el camino para nuestra protección. Cristo va delante a fin de prepararnos el camino para nuestra restauración. Cristo va delante a fin de esperarnos con los brazos abiertos cuando no podamos descender más. “Allí le veréis”. Los discípulos se regresaron a Galilea, ¿cuál es tu galilea? No existe un lugar a donde quieras regresar después de conocer a Cristo en el que Él no te esté esperando. Allí le veréis. Idos al mundo, allí le veréis. Apartaos al placer terrenal, también allí le encontraréis. Escondeos en las tinieblas de la religiosidad, allí le veréis brillando. Escudaos en la ciencia, os encontraréis con Él. Aunque renuncies como su discípulo, Él no renuncia a ser tu Maestro. Aunque renuncies cono su hijo, Él no está dispuesto a renunciar como tu Padre. Entre más te pierdas, más será tu Salvador, pues más le necesitáis. ¿Por qué estoy tan seguro de lo que te digo? Porque el Señor lo dijo por medio del ángel: allí le veréis. He aquí os lo he dicho.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:8
28.8 El fruto del evangelio es vida. Lo primero que sucede cuando creemos el evangelio es que “salimos del sepulcro”. Antes de conocerle estábamos muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:1). Por eso Cristo no mejora lo que somos, nos hace nuevos. La muerte no mejora, la persona requiere ser reavivada. Ser una nueva criatura. Las mujeres, a pesar de la reconvención tierna del ángel seguían teniendo temor; sin embargo, tenían “temor y gran gozo”. ¿Es posible esta mezcla? Desde luego que sí. Cuando contemplando su Gloria sentimos temor, pero también gozo por verle. Cuando Dios hace maravillas está el temor ante su poder, pero también el gozo de sus maravillas. Una tumba trae temor, pero gran gozo si está vacía. La escritura dice que tenían “temor y gran gozo”, no gozo y gran temor, pues aunque temiesen a los ángeles, el gozo que Él nos produce es aun mayor. El gozo del Cristo resucitado opaca todos los temores. Enseguida viene la obediencia: las mujeres fueron corriendo a dar las nuevas. No se quedaron a analizar las cosas, ellas fueron. Tampoco se detuvieron a preparar una “estrategia evangelista” ellas fueron ¡y fueron corriendo! ¡Oh que tengamos la misma prisa por anunciar a Cristo! Por otro lado, la bienaventuranza de la obediencia pronta es que mientras iban a dar las nuevas… Jesús salió a su encuentro (vrs.8-9). No existe mejor manera de ver a Cristo resucitado que obedeciéndole. Si cantamos que queremos verle, también habremos de entonar obedecerle.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:9
28.9 A pesar de anunciar que les vería en Galilea, el Señor tierno y amoroso no pudo esperar hasta entonces. Él desea reunirse contigo aun más que tu. Muchas cosas pasaron en el inter de su resurrección y su encuentro con éstas mujeres, lo que nos habla de lo emocionado y urgente que el Rey estaba por encontrarse con los suyos. Mateo resume los eventos, pero por los relatos de los demás evangelistas sabemos que entre la resurrección de Cristo y su encuentro con las mujeres, Pedro y Juan vinieron al sepulcro (Luc. 24:12; Juan 20:1-10); y el Señor se presentó resucitado ante María Magdalena prohibiendo tocarle por cuanto aún no ascendía al Padre como primicias de la resurrección (Mar. 16:9-11; Juan 20:11-18); y por último, el Señor ascendió al Padre y regresó (nota como prohibió a Marta porque todavía no iba al Padre pero permitió a las demás mujeres un poco después que lo abrazaran de los pies adorándole). En todo esto vemos el gozo y la intención de Cristo por tener comunión con el Padre Celestial; con Marta, María, con las demás mujeres, con Pedro, con los demás discípulos, ¡con todos los que le aman! En el texto griego se utiliza el término chairete para describir el saludo del Señor hacia estas mujeres (traducido ¡Salve!). Chairete significa ¡Regocijaos! Sin embargo, es probable que el término hebreo que el Señor usará ese día como saludo sea el característico judío ¡Shalom! Shalom significa paz. Pero ya sea regocijaos o paz, tal es el fruto del encuentro con Cristo. El reino de los cielos consiste en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. ¡Cuánto asombro sentirían! ¡Cuánta emoción contenida en los últimos días! Después de seguirle desde Galilea, después de verle morir, llorarle ante la cruz, y dejarle en el sepulcro. Me imagino que, no sabiendo hacer algo mejor se tiraron abrazando sus pies, adorándole en una explosión de amor. En un instante, de golpe todo tiene sentido. La depresión y el desconsuelo de las mujeres pasó a ser una poderosa fe capaz de impulsarles como testigos de Cristo. Hay quienes cargan crucifijos con grabados de “cristos muertos” en ellos, esa es una imagen triste, patética, melancólica. Mi Señor no aceptó más de seis horas en la cruz, suficientes para salvarnos, de allí en más Él resucitó glorioso y está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. No veo que las mujeres estuvieran adorándolo en la cruz, pero sí en su resurrección. El evangelio no está completo en el calvario, sino en la resurrección. Nuestros pecados son perdonados en su muerte, pero fue necesaria su resurrección para nuestra justificación y vida nueva. Hay quienes ofrecen a un Cristo muerto todos los días en sus rituales, pero nosotros tenemos al Cristo Vivo Glorioso de los cielos! Adoran lo que no saben, nosotros lo que conocemos (Juan 4:22). Se traduce “le adoraron” o “se postraron” la palabra griega proskuneo viene de pros, “hacia”; y kuneo, “besar” y alude a la costumbre del oriente en el que los hombres se postraban ante los reyes besando sus pies (Sal.2:12 “honrad”, mejor traducido “inclinarse y besar”). Con el tiempo, esta práctica se diferenció entre dar honra, homenaje y adorar; siendo la honra usada también para los hombres, pero la adoración exclusiva de la Deidad. De modo que la adoración que éstas mujeres ofrecieron a Cristo es una demostración bíblica de la Divinidad del Señor Jesucristo. Los judíos pidieron la crucifixión del Señor por cuanto dijo que era el Hijo de Dios y según dijeron, con eso se hacía igual a Dios (Juan 5:18); su resurrección demostró que efectivamente era el Hijo de Dios y Uno con Dios, ¡por eso le adoraron! Y por eso lo adoramos.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:10
28.10 Parte del propósito de la resurrección del Señor fue el darnos paz. Paz con Dios y paz entre nosotros: entonces Jesús les dijo: no temáis. Ya el ángel les había dicho lo mismo, pero por lo visto su temor continuaba; y es que, aunque un ángel nos diga que no temamos, sólo Cristo Jesús puede darnos paz. Pero algo más sorprendente que la paz, es el hecho de que Jesús resucitara para producir hijos para Dios. A sus discípulos llamó siervos, luego los llamó amigos, pero fue hasta que Él resucitó que los llamó hermanos. Dice Hebreos 2:11 que Él no se avergüenza de llamarnos hermanos. ¡Gloria al Señor! ¡Gracias Jesús! Antes de su resurrección Jesús siempre fue el Unigénito Hijo de Dios, y en relación a su Deidad siempre será el Unigénito; pero después de su resurrección es llamado el Primogénito (Rom. 8:29; Heb. 1:5-6), ¡es nuestro hermano mayor! Vaya que tenemos influencia en los cielos con Cristo, el Juez y Abogado, nuestro hermano mayor y Dios, el Padre Celestial, nuestro Padre. La expresión única de Dios siempre es su Hijo y siempre fue Cristo Jesús, al verlo a Él miramos al Padre. Pero una vez que resucitó impartió la vida Divina por el Espíritu Santo a todos los creyentes; haciéndonos así hijos de Dios y la expresión de Dios. En cierto sentido Dios sigue expresándose sólo a través de su Hijo; solo que ahora su Hijo se compone de la Cabeza que es Cristo y del Cuerpo que somos la iglesia, los hermanos de Cristo. Todo esto ha sido hecho posible por la resurrección del Señor Jesucristo. Por todo lo anteriormente expuesto, a fin de que la Vida Divina sea ampliada, todos tienen que saber que el Señor ha resucitado: id, dad las nuevas… para que vayan… allí me verán (vr.10).
— Roberto Tinoco
Mateo 28:11
28.11 Los soldados fueron testigos oculares de un gran terremoto provocando por el descenso de ángeles; uno de los cuales, también removió la piedra del sepulcro y anunció a unas mujeres la resurrección del Señor. Ellos vieron que el aspecto de ellos era como del relámpago y sus vestiduras blanquísimas. Con todo, van a terminar aceptando un soborno para mentir acerca de esto. Es impresionante la facilidad con la que los seres humanos nos corrompemos a pesar de las experiencias espirituales que tengamos. Judas puede pasar tres años y medio con el mismo Dios viéndole hacer maravillas en esta tierra y aún así entregarlo. El que crea estar firme, mire que no caiga. Descender siempre ha sido más fácil que ascender. Tomemos advertencia, mejores hombres y mujeres que nosotros se han quedado en el camino del desierto de este mundo sin poder entrar a la Canaán celestial. También podemos aprender aquí que las experiencias espirituales no son garantía de que estamos firmes en el Señor. Sólo el Espíritu Santo nos sostiene por la fe si amamos al Señor. Mas el justo por la fe vivirá; nada se dice de estar firme por experiencias sobrenaturales, que aunque gloriosas, no pueden sustituir la relación íntima con Cristo por la fe. La Biblia dice que después de que la guardia de soldados vio lo que había acontecido fueron a dar aviso a los principales sacerdotes. A pesar de ser romanos fueron a los sacerdotes judíos pues a ellos habían sido prestados por Pilato (27:65), por lo que a ellos tenían que dar cuenta en primera instancia y también, par ver si les ayudaban a salir del apuro en el que estaban. Roma podría matarlos. Lo que para los creyentes eran buenas nuevas, debieron ser malas noticias para los religiosos judíos. Nada se nos dice de que los soldados vieran la resurrección de Jesús, pienso que no, pues aún estaban allí para cuando vinieron las mujeres; pero si escucharon el mensaje del ángel acerca de la resurrección del Señor. ¿Qué hubiera sucedido si en lugar de ir a los principales sacerdotes se unen a los creyentes? De seguro los creyentes hubieran tenido sus reservas hacia estos gentiles e incluso los hubieran rechazado, pero ellos habrían salvado sus almas. Sin embargo prefirieron atender primero su compromiso con los religiosos. Así sucede actualmente, hay personas que escuchan el mensaje genuino del evangelio pero en lugar de convertirse prefieren acudir en busca de religiosos obsoletos, quienes finalmente les roban la semilla de la Palabra a base de mentiras y argumentos filosóficos y tradicionalistas. Imaginemos el informe que los soldados presentaron: “¡Vimos como dos dioses que bajaban del cielo!” Recuerda que eran paganos - la tierra tembló y uno de los ángeles quito la piedra del sepulcro rompiendo el sellos del Cesar, ¡y puso la piedra hasta arriba de la peña! Luego, uno de ellos dijo a unas mujeres que llegaron, que miraran dentro del sepulcro, que ya no estaba allí Jesús, que había resucitado ¡dijo que había resucitado! “¡Vimos las vendas y ya no estaba allí!”. Los principales sacerdotes se han de haber quedado sin habla y sin color: “qué, qué”, ¿cómo? ¿resucitó?, ¡no puede ser!…pero si nosotros pensamos que…este…pero, no, no es posible. ¿Y ahora que vamos a hacer? ¿Qué le decimos a la gente? Abraham dijo al rico atormentado en el Hades que si los hombres no creen la Palabra de Dios no creerán aunque alguno se levantase de entre los muertos (Luc. 16:19-31). Y eso fue precisamente lo que sucedió; los religiosos judíos estaban obstinados en no creer. Su religión de siglos era más importante que la verdad.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:12
28.12 Habiendo determinado en su corazón que no creerían en Cristo no consideraron siquiera la posibilidad de que la resurrección fuera verdad. Consideremos el asunto. Se trata del consejo de ancianos de Jerusalén, es decir, de los gobernantes y ricos de entre los judíos. De los mismos que condenaron a muerte al Señor. Son ellos los que más temen al mensaje del Nazareno pues pone a temblar su señorío sobre el pueblo. Normalmente, aquellos que tienen la autoridad sobre otros (humana por supuesto), así como las riquezas y lugares de eminencia son los que más se oponen a los cambios que Dios hace. Pero, ¿de qué sirve reunirse en consejo si el corazón tiene malos motivos e ideas malignas preconcebidas? En la multitud de consejeros está la sabiduría; pero esta vez ellos no buscaban consejo para hallar la verdad, sino para callar la verdad. La Escritura no nos dice cuánto fue lo que dieron a los soldados, pero debió ser una gran cantidad, puesto que fue suficiente para que mintieran a pesar de haber visto ángeles. El mundo dice que todo tiene su precio y es que todo en el mundo está en venta; sólo los celestiales no se venden. Es inconcebible cómo los religiosos y las demás autoridades judías estaban empeñadas en defender su religión al punto de ser capaces del soborno para negar con mentiras la verdad de la resurrección. Una vez escuché de una mujer religiosa que su hijo se había convertido al cristianismo, que dijo que lo prefería muerto o vicioso como era, antes que cristiano. Aferrarse a la religión por encima incluso de la verdad no puede ser solamente un asunto humano, es demoniaco, son cadenas espirituales de maldad. No puede explicarse de otro modo; me parece a mí que los peores demonios están más involucrados en la religiosidad que en la hechicería. El dios de este siglo les ha cegado el entendimiento para que no crean ni se conviertan. Y volviendo a los soldados; ellos tuvieron su precio. Su experiencia sobrenatural fue tremenda, pero aún así se vendieron. Judas también probó la gloria de Dios y aún así se vendió. A través de los siglos son miles los que se han vendido, por dinero, por fama, por placer, por poder, etc. La pregunta es: ¿tengo yo un precio? El soborno que los ancianos hiciesen a los soldados junto con la mentira judía respectiva es contado sólo por Mateo. Esto es comprensible si consideramos que Mateo escribe a los judíos, de modo que está atacando una farsa que para el tiempo de Mateo se había extendido en todo el pueblo. ¡Qué fácilmente se extiende la mentira! Jacobo nos dice que la murmuración es como fuego y, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! (Santiago 3:5). Es como un cáncer, crece descontroladamente hasta que termina matando al cuerpo. Pero a pesar de cómo se extendió la mentira judía contra la resurrección del Señor, basta considerarla un poco para ver su absurdo, es un contraataque ridículo y fallido de parte de los adversarios; de allí que prácticamente ya nadie recuerda la mentira judía, pero el mensaje del Resucitado continúa avanzando victorioso.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:13
28.13 Tal informe es ridículo: si estaban dormidos no pudieron ver que se llevaran el cuerpo de Jesús y menos aún decir que fueron los discípulos. En segundo lugar, ¿cómo le hicieron para subir la piedra a la peña más de cuatro metros arriba en la montaña? No tenían fuerza suficiente ni puede hacerse esto sin despertar a los guardianes. En tercer lugar, ¿cómo es que se llevaron el cuerpo de Jesús pero dejaron las vendas enrolladas exactamente con la forma del cuerpo? ¡Parecía que el cuerpo había traspasado las vendas! ¿Cómo podían hacer esto los discípulos? En cuarto lugar, de dónde sacarían valor los discípulos para enfrentar al imperio romano teniendo muerto a su Maestro si estando vivo no pudieron enfrentar a los judíos? En quinto lugar, ¿para qué robar un cuerpo muerto?, ¿serían capaces los discípulos de morir por una mentira? Los religiosos judíos estuvieron dispuestos a mentir por su fe e incluso a sobornar para defender su religión, ¿es así de importante tu religión? Espero que no, pues si tu religión necesita del mal para subsistir, entonces no proviene de Dios; y si tu religión necesita ser defendida entonces no tiene vida en sí misma. Mas si tu fe es Cristo, entonces Él puede defenderse solo y no requiere de maquinaciones para vencer.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:14
28.14 Era costumbre de aquel tiempo en ley romana, que si un soldado romano se dormía cuando estaba de guardia o perdía aquello que estaba guardando debía morir. Por eso los judíos ofrecieron “persuadir”; es decir, comprar con una enorme suma de dinero al gobernador para proteger a los soldados a fin de garantizarles la vida para que estuviesen dispuestos a mentir por dinero. La historia nos muestra que pudieron comprar a Pilato. ¡Cuán peligrosa es la corrupción! Las Escrituras dicen que las autoridades son puestas por Dios y que nosotros debemos orar por ellas para que vivamos quieta y reposadamente delante del Señor. Otro pensamiento interesante en este punto es que los judíos estuvieron dispuestos a dar grandes sumas de dinero (para poder sobornar a Pilato, debió ser una enorme cantidad), con tal de mantener una mentira, ¿estamos nosotros los creyentes dispuestos a dar también abundante dinero para que sea extendida la verdad del evangelio de Jesucristo? Las iglesias, la obra evangelística, especialmente las misiones requieren de fondos económicos para su labor y crecimiento. Dios ha instituido para ello el diezmo y las ofrendas; si los judíos incrédulos fueron capaces de dar abundantemente para el mal, ¡cuánto más nosotros los creyentes estamos dispuestos a dar abundantemente para el Señor! que digo dar, si todo es de Él. Un pensamiento más es, ¿de dónde tomaron el dinero de los sobornos? Debido a las cantidades y tomando como referencia el caso de Judas, debieran tomarlo del tesoro del templo. Tal cosa fue una blasfemia, ¡mira que usar el dinero del Señor contra el Señor! Aquí vemos una aplicación: ¿cuál es el uso que el ministro da al dinero que la iglesia diezma y ofrenda? El dinero ofrendado ha sido santificado por el altar y tal debe ser su uso: santificado; es decir, para las cosas santas. Y en el caso del creyente igualmente, ¿diezma verdaderamente?
— Roberto Tinoco
Mateo 28:15
28.15 Dice Pr.23:23 “comprad la verdad y lo la vendas”; pero tanto los judíos como los soldados hicieron exactamente lo contrario. Ellos vendieron la verdad por dinero. Hay personas que un día se regresan al mundo abandonando la fe por dinero, poco a poco fueron envueltas por la codicia. Hay otros que continúan en su iglesia como miembros pero su corazón hace tiempo se vendió por dinero; su nombre continúa en la lista de membresía del templo, pero ya ha sido borrado del libro de la vida. Y lo mismo pudiéramos decir de la vanagloria, del orgullo, de la inmoralidad y tantas otras cosas con las que los seres de barro suelen venderse. Y lo que compraron fue una mentira que se hizo popular para el tiempo en el que Mateo escribió el evangelio, unos treinta años después. Sin embargo, ya para nuestro tiempo no tiene ninguna fuerza. Aún y cuando la mentira y las tinieblas parezcan progresar de momento no permanecerán en contra de la verdad. La luz en las tinieblas resplandece; y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:16
28.16 Al mirar el contexto ( el soborno de los soldados) vemos el patético último intento de los enemigos del Rey Jesucristo por minimizar la Victoria del Rey. Después del ineludible triunfo del Rey era imperativo una “cumbre de planeación” sobre el dar a conocer al mundo entero su Victoria. El evangelio no es antropológico, sino Cristológico. Es decir, todo lo visto en Mateo no sucedió por motivo del hombre, sino debido a los planes del Rey. Debió de haber pasado más de una semana entre la reunión la noche de resurrección del domingo y la reunión cumbre con el Rey de Galilea; debido a que en la primera resurrección Tomás no estuvo presente y el Rey tuvo a bien mostrarse a él al domingo siguiente (Juan 20:24-29). Fue una reunión ordenada por el Rey Jesús. Antes de que el Señor fuese muerto y resucitara les dio la orden de reunirse en cierto monte de Galilea (Mat. 26:32). Los creyentes nos reunimos porque hemos sido impelidos a hacerlo por Jesucristo. ¡Es Él quien nos congrega como el pastor a su rebaño! El lugar de la reunión no lo sabemos con exactitud; podría ser el monte de la transfiguración en donde vieron la gloria del Rey; tal y como Moisés regresó al “monte de Dios”, donde Dios se le había aparecido para comisionarle después de ser liberados de Faraón, es decir, después de que el Rey venció al pecado y a la muerte muriendo y resucitando; es necesario volver, regresar al lugar donde ardía la zarza; esto es, al lugar en donde el Rey mostró su gloria transfigurándose. Lo que enseña que nuestro rescate es por causa de Él y no de nosotros. Nos rescató para que lo declaremos Señor, no solo para que seamos libres. De hecho, ahora somos siervos de Él. Así como Jacob regresó a Bet-el (el lugar en donde Dios le mostró en un sueño la escalera al cielo) cuando su hermano Esaú le salió al encuentro con 400 hombres armados; así los discípulos regresan al monte de gloria como Bet-el, “casa de Dios” para ser comisionados a enfrentarse a sus hermanos según la carne a fin de hacer la paz de las naciones con Dios. Acerca del por qué en un monte, vemos que Mateo nos muestra que el Rey Jesucristo dio “la Constitución del Reino de los cielos” en un monte (Mat. 5:1); acostumbraba apartarse a orar a los montes (Mat. 14:23); le gustaba enseñar desde un monte (Mat. 15:29). Y se transfiguró ante tres de sus discípulos en un monte (Mat. 17:1). Pareciera que el Rey Celestial gustara de los montes para enseñar a sus súbditos terrenales a buscar las alturas celestiales. Sobre el propósito de la reunión; no era solo con el fin de reencontrarse, sino para la planeación de la conquista del mundo. El Rey había resucitado y ahora era necesario la avanzada para la extensión de su reino. ¡Jamás rey alguno se lanzó a tal conquista con once hombres que no eran siquiera soldados! Sin embargo, jamás rey alguno obtuvo tantas victorias como Él Señor. Porque de Yahwéh es el reino y Él se enseñoreará de las naciones (Sal. 22:28). Yahwéh ha dado a conocer su victoria; ante los ojos de las naciones ha manifestado su justicia (Sal. 98:2). Quien todo ha vencido ha de poseerlo todo. El Señor no necesitó de un ejército numeroso, once sencillos creyentes le son suficientes porque no fueron ellos como tampoco somos nosotros, fue el mismo Señor Jesucristo quien ha conquistado al mundo: he aquí yo estoy con vosotros. Con solo dos personas hizo la humanidad.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:17
28.17 El centro de la reunión fue Jesucristo. Era a Él a quien necesitaban. Jesucristo debe ser el centro de toda reunión cristiana o no será una reunión cristiana. No podemos llamar culto a lo que no ha sido centrado en Dios. Pero si nuestro objetivo es reunirnos para agradarlo a Él, seguro es que también será del agrado de los hombres. El Señor dijo: si el Hijo del Hombre fuere levantado, a todos atraerá a sí mismo; si nos reunimos para exaltarlo, será el más poderoso imán para alcanzar a otros. Si saben que Dios está en la reunión, todos querrán venir a ella. Este es tanto nuestro disfrute como nuestro privilegio: adorarle. Para eso nos reunimos; para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió (Juan 5:23). Si venimos a ver al Rey, necesario es que nos postremos ante Él. Se usa el griego “proskuneo”, la misma palabra que se utiliza cuando la Escritura habla de adorar al Padre Celestial. Esto nos muestra que la adoración al Hijo no es en ningún sentido inferior a la adoración al Padre. Por otro lado, adorar al Señor es nuestro disfrute. El alma que adora es un alma que descansa. El alma que adora es un alma que recibe bendición, deléitate en Yahwéh y Él te concederá las peticiones de tu corazón (Sal. 37:4). Sin embargo, hay un requisito de toda reunión cristiana: creer: Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban –dice el versículo. La reunión es para todos, la entrada es gratuita; sin embargo, se requiere fe para disfrutarla verdaderamente. Vemos que los discípulos adoraron al Señor, sin embargo, “algunos dudaban”. No pensemos mal de ellos, sus dudas confirman nuestra fe, pues vemos que no eran hombres inclinados a creer fanáticamente, sino que se aseguraban en lo que creían; de modo que si después todos ellos llegaron a hacer de la adoración a Cristo el centro de su vida, entonces tal fe es ciertísima. Con todo, la fe es el ingrediente indispensable de la reunión cristiana. Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6). Todos adoraban, pero no todos creían, como sucede hoy en día.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:18
28.18 Jesús se acercó y les habló. ¡Cuán glorioso es esto! El Rey sabía que algunos dudaban y les habló para afirmarles en la fe. No hay nada que nos aliente más que oírle contarnos su victoria. Pensemos: los discípulos tenían dudas y estaban siendo enviados a la conquista del mundo, ¡que frágiles eran! Por eso el Señor les habló dándoles confianza: Toda potestad me es dada…y he aquí estoy con vosotros. ¡Aleluya! Su victoria nos alienta. Pero notemos que no solo les habló, sino que para hablarles se acercó; ¡cuán bueno es el Señor que se acerca a nosotros precisamente cuando más frágiles somos! El Señor Jesús no los rechazó porque dudaban ni les dijo que no le servían, sino que cuando los supo dudando, entonces se les acercó más. Como escribiera Pablo: Y me dijo: bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad…porque cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Cor. 12:9-10). Esta es nuestra confianza, que toda potestad fue dada a Cristo Jesús por el Padre. Él posee toda la autoridad. Y no fue como Hijo de Dios que recibió la autoridad y el poder sobre todas las cosas, pues como Hijo de Dios el es Dios sobre todo; sino que fue como Hijo del Hombre que Él recibió toda potestad sobre todo. Fue como Hombre que vivió sin pecado en la tierra, por lo que recuperó toda la creación que Adán había perdido al morir como el Hijo del Hombre que el Señor Jesús descendió al Hades cuando fue muerto y sepultado para tomar por derecho propio las llaves de la muerte y del Hades; el ladrón, el diablo que había robado la autoridad sobre la creación terrena fue vencido cuando el Señor Jesucristo murió y resucitó no pudiendo ser retenido por la muerte. ¡Fue como una ratonera contra el diablo! Y fue también como el Hijo del Hombre que el Señor Jesús ascendió a los cielos glorificado para sentarse a la diestra del Padre; de este modo tomó también de parte del Padre Celestial, la potestad de los cielos. ¡Aleluya! ¡Toda potestad le fue dada en el cielo y en la tierra por cuanto se la ganó como el Hijo del Hombre! Este es el mensaje del evangelista Mateo: Jesús es el Mesías, el Rey sobre todo.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:19
28.19-20 Ese “por tanto” relaciona la comisión con el versículo anterior. En base a que Cristo ha recibido del Padre toda la potestad sobre todo es que comisiona a sus discípulos a extender la noticia de su victoria. Meditémoslo un poco, el Señor Jesús estaba enviando a los once discípulos a la conquista del mundo; así que los envía en razón de su victoria y motivándoles con ella: “no temáis, el Señor de todo os envía”. Ya no era más un humilde carpintero de Galilea, sino ¡el Todopoderoso quien los enviaba! La obediencia de los hombres radica en buena medida de la opinión que tiene sobre quien lo envía. Es fácil desobedecer a un carpintero, pero no es tan fácil negarle algo al Rey. Es por esto que la obediencia pone de manifiesto la fe (o la falta de fe). Qué y Quién es Jesús para mi es respondido por qué hago por Él y cómo lo obedezco. En base a esto es que el Señor Jesús expuso como al servicio como la muestra de amor: si me amáis, guardaréis mis mandamientos (Juan 14:15). Si alguno me ama, mi Palabra guardará. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él. El que no me ama no guarda mil palabras. Y la palabra que escuchéis no es mía, sino del Padre que me envió (Juan 14:23-24). Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor (Juan 15:10). Tres veces dijo a Pedro: si me amas, apacienta mis ovejas (Juan 21:15-17). Id, y haced discípulos. Discípulo en griego es mathetes (de manthano, aprender; de una raíz math que indica tanto el pensamiento como el esfuerzo). Un discípulo no es solo uno que aprende, sino uno que está siendo formado en una réplica de su maestro. De modo que no hemos sido llamados sólo a ser proclamadores de la verdad, sino en forjadores de dicha verdad. Es decir, no solo debemos aventar a los cuatro vientos el mensaje del evangelio, sino dedicarnos pacientemente a la formación de los creyentes. El propósito de Dios es formarnos a la imagen de su Hijo; y el nuestro debe ser también el mismo. Somos escultores con un sólo molde: todo lo que hacemos son imágenes de Cristo con todo el que se deja moldear. No tenemos más moldes ni patrones a seguir. Sólo queremos formar a Cristo. El plan no ha cambiado, desde el principio permanece el propósito de Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (Gen. 1:26). Sabemos que a los que antes conoció también los perdonó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo (Rom. 8:29). Es por eso que Pablo no solo era predicador y apóstol (enviado); sino también maestro de los gentiles (2 Tim. 1:11). Es una comisión mundial: haced discípulos a todas las naciones –el área de acción es el mundo. Nuestra parcela es el mundo. Los límites del taller en donde forjamos las réplicas de Cristo es el mundo entero. Este es un privilegio que no podemos desaprobar; la mujer Sirofenicia tuvo que pelear por su bendición, el mandato fue originalmente hacia Israel; pero actualmente: Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan (Hch. 17:30). En cierto modo, todos tenemos un llamado misionero. Todos tenemos la comisión del discipulado mundial. Todos tenemos que involucrarnos en el deseo de Dios: ganar al mundo para Él. Es interesante notar que el término griego usado en Mateo 28:19 para naciones es ethnias. Dios tuvo el cuidado de que ni aún los pueblos indígenas más apartados fueran excluidos del discipulado cristiano. El Rey Jesús, por ser Señor de todo ha de poseerlo todo. Su herencia son las naciones y los confines de la tierra (Sal. 2:8). Es una comisión incluyente: bautizándolos. Del griego baptizo, que significa sumergir. Los griegos llamaban baptizo al teñido de vestidos cuando los sumergían en tintes ¡así que siendo sumergidos en Cristo tenemos el color de Cristo!: porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos (Gal. 3:27). También, los griegos llamaban baptizo al hecho de sacar agua introduciendo una vasija en otra más grande; es decir, el bautismo representa que nosotros como una vasija fuimos sumergidos en el Padre, Hijo y Espíritu Santo para ser saturados de su agua de vida. La importancia del bautismo se ve marcada por el mandato de Dios a Juan de “predicar el bautismo de arrepentimiento” (Luc. 3:3; Hch. 10:37). La importancia del bautismo es resaltada en que el mismo Señor Jesús fue bautizado. Él dijo: conviene que cumplamos toda justicia (Mat. 3:13-16); es decir, debemos actuar según Dios lo instituyó. La importancia del bautismo se marca en que el Señor además de ser bautizado, también bautizó a muchos otros por medio de sus discípulos (Juan 3:22; 4:2). La importancia del bautismo se pone de manifiesto en la enseñanza bíblica de que cualquiera que rechaza el ser bautizado es excluido del plan de Dios para él. Dice Lucas 7:30 pero los fariseos y los intérpretes de la ley rechazaron el propósito de Dios para ellos, no siendo bautizados por él. En relación a la forma del bautismo hemos de notar que baptizo significa primeramente “sumergir”. Y los testimonios de la iglesia durante los primeros mil años era el de bautizar sumergiendo a la persona completamente en agua; con excepción a un libro antiquísimo de principios del segundo siglo llamado “la enseñanza de los doce apóstoles” en donde se indica la posible excepción de sumergir sustituyéndolo por la aspersión en casos de fuerza mayor. El libro citado dice que debía bautizarse en agua corriente y si no se puede en agua corriente, en otra agua. Si no es posible en agua fría entonces en agua tibia; y si no tiene ni uno ni lo otro, entonces eche agua tres veces sobre la cabeza. Como vemos, el bautismo por aspersión era permitido en casos imposibles de evitar, pero no como un método de bautismo. Y en lo que respecta al significado del bautismo tenemos al apóstol Pablo explicándolo en Romanos 6:3-5: ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección. El bautismo es el símbolo de la unión del creyente con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. El agua del bautismo tipifica la tumba. Cuando una persona es sumergida en el agua, es como si estuviera siendo sepultada. Salir del agua representa salir de la tumba siendo que fue sepultado, significa que murió; y siendo que salió de la tumba, entonces resucitó a una nueva vida. Por tanto, el bautismo representa que al estar unidos a Cristo por la fe, estamos en Cristo; muertos a nosotros y resucitados en Él para una nueva vida. Con respecto a la eficacia del bautismo; hay quienes piensan que el bautismo en aguas salva y lava los pecados; incluso que regenera. Sin embargo, tales afirmaciones son contrarias a las Sagradas Escrituras. El error viene al no interpretar correctamente algunos versículos, tales como Hechos 2:38 en donde el apóstol Pedro dice que el bautizarse era “para perdón de los pecados”. Al analizar el pasaje vemos la misma construcción gramática griega que cuando Juan el Bautista dijo: Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento (Mat. 3:11). El bautismo de Juan no producía arrepentimiento. Juan se negaba a bautizar a quienes no mostraban “fruto dignos de arrepentimiento (Mat. 3:7-8); por lo que el pasaje significa que Juan los bautizaba “como testimonio de arrepentimiento” (eso es lo que verdaderamente significa “para arrepentimiento”); de igual modo, al decir Pedro “para perdón de los pecados” está expresando “como testimonio del perdón de sus pecados”. Otro pasaje frecuentemente mal interpretado es Marcos 16:16: el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Al tratar de evitar el error de que el bautismo sea el medio de la salvación cometemos el error de cambiar el pasaje por “el que creyere y sea salvo, será bautizado”. Con todo, eso no es lo que dice la Escritura: “el que creyere y fuere bautizado, será salvo…” Entonces, ¿a qué se refiere el Señor Jesucristo? Es lógico que no se refería a que el bautismo diera vida eterna, pues Él mismo afirma “el que no creyere será condenado” sin decir “el que no creyere o no fuere bautizado será salvo”. Esto es, no pone el bautismo como un medio de salvación (la condenación cae sobre los que no creen, por lo que el bautismo es claramente un precepto de la salvación y no un medio). El mismo Señor Jesucristo afirmó: a cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:32). Y el apóstol Pablo dice: si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación (Rom. 10:9-10). Esta confesión pública está íntimamente relacionada con el bautismo; siendo entonces así el bautismo necesario como testimonio de salvación. Aún cuando alguno ha creído, si aún no se ha bautizado sigue a los ojos del mundo como si no fuera cristiano. El versículo en cuestión dice: el que creyere y fuere bautizado, será salvo. Esto es así porque cuando una persona cree y es bautizada, todos se enteran de su nueva posición. Por la sola incredulidad el hombre es condenado y por la sola fe el hombre es salvado; pero por el bautismo el hombre es separado del mundo, siendo en este sentido salvo del mundo, pues le ha testificado con esto que ha muerto al mundo y al pecado y ha resucitado con Cristo y para Cristo en una nueva vida. Es por esto que cuando algún judío cree en Cristo en secreto no es perseguido, pero si se bautiza, es decir, si da testimonio de su vida en Cristo; entonces será perseguido. Por el bautismo ha roto con el judaísmo, y al ser separado de él ha sido salvado de él. Es pues, el bautismo tanto un símbolo de haber muerto, sepultado y resucitado con Cristo como el testimonio de haber muerto para el mundo y por ende, salvo de él. El apóstol Pedro dice: Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo (1 P. 3:20-21). El agua del diluvio no salvó a Noé, Noé fue salvo por la fe que le llevó a construir el arca, eso es lo que dice Heb. 11:7. Pero el pasar por el diluvio fue para Noé y su familia el bautismo, es decir, el testimonio de su fe a través del cual fueron salvados del mundo. Noé y su familia fueron salvados del mundo y su juicio pasando a través del agua por cuanto fueron salvos al creer lo que Dios les había anunciado. Pedro tiene el cuidado de aclarar: el bautismo que corresponde a esta nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios); es decir, no limpia los pecados ni regenera, pero establece el vínculo correcto con Dios al testificar de la fe en Él. Y aún más, Pedro declara enfático: por la resurrección de Jesucristo; dejando en claro que la obra de Cristo es el medio de salvación para vida eterna, de la cual es símbolo el bautismo. Antes de pasar a considerar a lo que se le ha llamado “la fórmula del bautismo”; conviene reflexionar acerca de quienes han de ser bautizados. Dios nos enseña en su Palabra que el bautismo en agua es solo para los creyentes. Según el pasaje de Noé anteriormente citado, Noé creyó en Dios antes que viniera el diluvio (Heb. 11:7). El mandato del Señor Jesús fue que sus discípulos hicieran discípulos y luego dice que los bauticen (Mat. 28:19). Lo mismo vemos en Mar. 16:16 el que creyere y fuere bautizado; es decir, creer antecede al bautismo. En el libro de los Hechos hallamos un caso aún más directo: cuando Felipe el diácono y evangelista fue a Samaria dice la Escritura que como resultado del tremendo ministro de Felipe muchos creyeron y luego fueron bautizados: cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el Nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres (Hch. 8:8-12). Luego en los vrs. 27-36 vemos la conversión del eunuco etíope oficial de Candace la reina de Etiopía, quien preguntó después de creer: aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? La respuesta de Felipe marca cual era la teología bautismal de la iglesia, el requisito y quienes podían bautizarse: Felipe dijo: si crees con todo tu corazón, bien puedes. Y la respuesta del eunuco maraca la condición para bautizarse, así como también quien puede bautizarse: respondiendo dijo: creo que Jesús, el Cristo, es el Hijo de Dios. Entonces Felipe le bautizó. Otro problema comienza cuando alguno piensa que el bautismo en agua es la sustitución de la circuncisión, la cual se hacía a los niños; o bien confunden versículos tales como Hechos 16:33 y 1 Cor. 1:16 donde dice que fueron bautizados Cornelio y Estéfanas con toda su casa respectivamente. Explicaré esto. Cuando la Biblia trata en el Nuevo Testamento el asunto de la circuncisión dice: ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación (Gal. 6:15). No dice: “ni la circuncisión vale nada ni la incircuncisión, sino el bautismo”. El texto es claro, lo que ahora vale en sustitución de la circuncisión es ser nuevas criaturas (2 Cor. 5:17). Y con respecto a Cornelio y Estéfanas, ellos fueron bautizados “con toda su casa”; pero esto no implica que a los niños se les bautizara, pues en aquellos días los niños no eran considerados como verdaderos miembros de la familia hasta el tiempo en el cual fuesen declarados en la “condición de hijos” al llegar a cierta edad. En Gálatas 4:1-2 dice: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; más bien, está bajo guardianes y mayordomos hasta el tiempo señalado por su padre. Entremos ahora si al tema de la fórmula bautismal. Mateo 28:19 dice: bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Sin embargo, en el libro de los Hechos dice repetidamente “bautizándolos en el nombre de Jesucristo”; debido a lo cual muchos se oponen al bautismo que han llamado Trinitario (conviene aclarar que aquellos que se oponen no lo hacen por motivos del bautismo en sí, sino por cuanto son unitarios, es decir, niegan pluralidad de Personas en sólo Dios). Mateo 28:19 dice bautizándolos en el Nombre, vemos que “Nombre” está en singular; mientras que Padre, Hijo y Espíritu Santo es plural; sin embargo, en el lenguaje bíblico es completamente normal. Por ejemplo, en Rut 1:2 hablando de los hijos de Elimelec y Noemí dice la traducción literal en el original: “el nombre de sus hijos Mahlón y Quelión”. Si se usa “los nombres” se tendría que dar varios nombres para el Padre, varios para el Hijo y varios para el Espíritu. Pudiera alguno objetar que “Padre, Hijo y Espíritu Santo no es Nombre”; sin embargo este es un argumento que muestra ignorancia tanto de las Escrituras como de la interpretación bíblica; si no era la intención en Isaías 9:6 dice el Señor: y se llamará su nombre: admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, etc. ¡claro que Padre es Nombre! Y más cuando consideramos el uso correcto del término “nombre”, en griego onoma, que más que nombre propio como decir Pedro o Pablo significa “título”, “persona” “Autoridad”, atributos, etc. Ahora bien, el Señor Jesús mandó bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y dijimos que en el Libro de los Hechos se dice “en el nombre de Jesús”. En nuestras traducciones al español en nada difiere la fase “en el nombre”, sin embargo, en su original griego hay gran diferencia. Miremos bien: En Mateo 28:19 el Señor envió a sus discípulos a bautizar “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. El texto griego dice “eis to onoma”; literalmente se traduce “introduciéndolos hacia el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”. El Señor ordenó entonces, introducirlos al Todo - Dios, el Dios Triuno: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero tenemos en Hechos 2:38 que Pedro contesta a los judíos acerca de que hacer en relación a Cristo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo; en griego es “epi o en onomati”. Aquí se usa epi y no eis como en Mateo porque literalmente no significa “en el Nombre” ni “hacia el Nombre”; sino sobre el Nombre de Jesucristo”; es decir, el apóstol Pedro ordena bautizarles en razón de su autoridad (toda potestad en el cielo y en la tierra) delegada por el Señor Jesús. Por eso vemos frecuentemente a los discípulos hablar del bautismo en el Nombre del Jesucristo en el Libro de los Hechos, porque bautizaban “sobre el Nombre de Jesucristo” es decir, en razón de la comisión que recibieron de Él en Mateo 28:19 donde el Señor les mandó introducir a todos los que hicieran discípulos “hacia el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. ¡Que glorioso: ser introducidos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo! La Trinidad es la existencia de Dios es tres personas que esencialmente son Uno pero no el mismo. No tres dioses, sino tres personas en un solo Dios. Trinidad; del latín “trinos” = triple (tres en uno). Del griego “trias” y “triada” = conjunto de tres. El término “Trinidad” no viene en la Biblia, mas así como el planeta tierra ya existía antes de ser llamado así, del mismo modo la Trinidad Divina lo ha sido desde antes de la acuñación del término. El origen del término trinidad obedeció a la necesidad de una declaración más definida de la fe cristiana, llamada dogma. Primero, para entender mejor las doctrinas bíblicas. Segundo, para evitar confusiones doctrinales o herejías. Y tercero, para mantener unida a la iglesia en lo más posible. Miremos estas tres razones: primero, a causa de que surgieron herejías entre los diversos miembros de la iglesia que negaban la existencia de tres Personas en Dios, fue necesario un Concilio para dejar en claro la enseñanza bíblica a este respecto. Dichas herejías fueron: Los gnósticos; que sostenían que había con serie de emanaciones de Dios con diferentes rangos, la primera de esas emanaciones, decían, era Cristo. Otra herejía fue el arrianismo; (doctrina de Arrio, un presbítero de Alejandría) Sostenía que el verbo era una criatura del Padre, un instrumento usado por Dios para crear todas las cosas, ya que Dios no podía tener contacto con la materia. Una herejía más fue el sabelianismo (de Sabelio, siglo III). Hay un solo Dios, pero una sola persona en Dios se manifiesta en tres formas diferentes: Como Creador (Padre), como Redentor (Hijo) y como Santificador (Espíritu Santo). El concilio que se llevó a cabo para erradicar estos males fue el concilio de Nicea (año 325); cuya conclusión es conocida como el Credo Niceno: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por el Espíritu Santo, y nació de María virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos y resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso. Y habrá de venir para juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la santa iglesia universal, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida perdurable.” Es muy similar al “credo de los apóstoles” conocido también como “el Antiguo Credo Romano” (150 d.C.), pero más extendido. Por otro lado, la Biblia da mucho testimonio acerca de Dios en tres Personas: en el Antiguo Testamento: Gen. 1:26 “dijo Dios” = singular; “hagamos” = plural; “a nuestra” = plural. Gen. 3:22 “es como uno de nosotros” = plural. Gen. 11:6-7 “Dijo Yahwéh: …descendamos y confundamos…” Gen. 16:7 “Ángel” significa “mensajero”; mensajero es quien trae un mensaje de otro, y los mismos rabinos judíos admiten que este “Ángel de Yahwéh” se identifica con el mismo Yahwéh, siendo a la vez un “mensajero de Yahwéh” (también Gen. 18:1-21; 19:1-28; Mal. 3:1). Gen. 19:24 “Entonces Yahwéh hizo llover…de parte de Yahwéh”. Is. 6:8 “…quien irá por nosotros?” Gen. 1:1 La palabra hebrea “Elohim” (Dios), que se encuentra en el primer versículo del Génesis, es ciertamente la forma plural de la palabra Eloah. En Deuteronomio 6:4 tenemos la declaración; “Shema, Israel, Adonai Eloenu, Adonai ejad” (Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es), pero precisamente este texto prueba como ninguno la pluralidad en el ser Divino Único, pues la traducción literal sería: “Oye, Israel los Señores nuestros Dioses, los Señores Uno es. Parece un contrasentido, pero Dios sabía lo que hacía cuando inspiró a Moisés estas palabras y no otras. El contrasentido desaparece cuando al profundizar en el texto hebreo nos damos cuenta de que la palabra “ejad” significa “uno compuesto de varios”. La palabra “uno”, en el sentido único, no es “ejad”, sino “yajid”. Así, Jefté tenía una hija “Yajid” o sea única. En cambio, cuando dos o varias cosas se convierten en una por una íntima unión o identificación, la palabra hebrea que se emplea en la Sagrada Escritura es “ejad”; por ejemplo: “El hombre y la mujer unidos en matrimonio son “ejad” (una sola cosa Gen. 2:24), y el pueblo de Israel era como un “ejad Adán” (un solo hombre), se nos dice, para expresar su unión en un compacto ejército (Jue. 20:1-11). Is. 48:16 Dios dice que lo envió YHWH-ADONAI (Yahwéh el Señor) y su Espíritu. Is. 6:3 Tres veces Santo, no dos ni cuatro. Sal. 110:1 “Yahwéh dijo a mi Señor” Señor en hebreo Adonai y en griego Kyrios es exclusivo de Dios. Zac. 3:2 “dijo Yahwéh:… Yahwéh te reprenda” lee el contexto en el que se ve al Hijo defendiendo y al Padre como juez. Y en el Nuevo Testamento: Mat. 28:19 En la fórmula bautismal ¿ Se incluiría a las criaturas junto al Nombre de Dios? ¡Nunca! Además dice “en el Nombre de” (singular) “Padre, Hijo y Espíritu Santo” (plural). Rom. 8:9 Tres personas guiando al creyente. 2 Cor.13:14 En la bendición apostólica (compara con Num. 6:24-26). Mat. 3:16-17 El Padre habla acerca del Hijo y el Espíritu se hace presente. 1 Cor. 12:4-6 Igual en la forma bautismal, pero a la inversa: “El Espíritu es el mismo…, el Señor es el mismo…, Dios (Padre)…es el mismo”. Ef. 4:4-6 El Espíritu en el versículo 4; el Hijo (Señor) en el vr.5; y el Padre en el vr. 6. 1 P. 1:2 El Padre elige, el Hijo redime y el Espíritu Santo santifica. 1 Jn. 5:7 Es sumamente claro, pero se cree fue agregado al texto original, por lo menos 100 años después, no obstante nos muestra cuál era la fe de la iglesia en el primer siglo. Luc. 24:49 “Yo enviaré (el Hijo) La Promesa (El Espíritu) de mi Padre (igual que en Jn. 15:26). Hch. 2:33 El Exaltado, el Padre me da la Promesa y el Espíritu Santo que es derramado. Hch. 5:31-32 Dios Padre exalta al Hijo por Príncipe y Salvador y el Espíritu Santo es el testigo de ello. Hch. 7:55-56 El testimonio de Esteban: lleno del Espíritu vio al Hijo al lado del Padre. Gal. 4:6 Dios envía (Padre) el Espíritu (Santo) de su Hijo (Jesús). 2 Tes. 3:5 El Señor (aquí se refiere al Espíritu Santo quien escudriña lo profundo del hombre), Dios amante (es el Padre) y Cristo como ejemplo de paciencia. 1 P.1:2 El resumen de la obra completa en nosotros de las tres Personas de la Deidad. Ap. 4:8 Tres veces Santo, visto también en una triple expresión en el tiempo y la eternidad. Y también, tres Personas en un solo Dios es demostrado en sus actividades y títulos: Cada una de las Personas Divinas es llamada Dios: El Padre (Jn. 17:3; 1 Cor. 8:4-6; Ef. 4:6; 1 Tim. 2:5). El Hijo (Jn. 1:1; Heb. 1:8-9; Rom. 9:5). El Espíritu Santo (Hch. 5:3-4; Hch. 7:51; Hch. 15:28; Gen. 1:2; 2 Cor. 3:17). A los tres se les llama Yahwéh: Al Padre (1 Sm. 2:2; 1 Cr. 17:20; Sal. 83:18; Is. 37:20). Al Hijo (Is. 8:13; Jer. 23:6; compara Is. 40:3 con Mt. 3:3). Al Espíritu (Jue. 15:14 y 16:20, Heb. 3:7-9 y Éxodo 17:7; 2 P. 1:21 y Num. 12:6). A los tres se les llama Señor Dios (Yahwéh Adonai): Al Padre (Os. 13:4). Al Hijo (Jn. 20:28). Al Espíritu Santo (compara Hch. 7:51 con 2 R. 17:14). Los tres son El Preexistente: El Padre (Pr. 8:22). El Hijo (Jn. 1:1; 17:5,24). El Espíritu Santo (Gen. 1:1-2). Siendo que sólo Dios es Preexistente (Is. 43:10,13). Los tres son El Eterno: El Padre (Sal. 90:2; 93:2; 102:12). El Hijo (Heb. 13:8; Ap. 1:8,17-18). El Espíritu Santo (Heb. 9:14). Siendo que sólo Dios es Eterno (Is. 41:4; 43:10; 44:6). Los tres son El Omnipotente: El Padre (2 Cr. 20:6; Is. 14:27; Ef. 1:19). El Hijo (Mat. 28:18; Fil. 3:21; Ap. 1:8;3:7). El Espíritu Santo (Is. 30:28, Zac. 4:6; Rom. 15:13,19). Siendo que sólo Dios es Omnipotente (Dt. 3:24; Sal. 89:6-8; Is. 43:12-13; Jer. 10:6). Los tres son El Benigno: El Padre (Sal. 86:5; 108:4, Luc. 6:35). El Hijo (2 Cor. 10:1; Hch. 10:38; Mat. 11:28). El Espíritu Santo (Neh. 9:20; Sal. 143:10). Siendo que sólo Dios es Bueno (Mat. 19:17; Mr. 10:18; Luc. 18:19). Los tres son el Santo: El Padre (Lev. 19:2;20:26; Is. 6:3; Ap. 4:8). El Hijo (Hch. 3:14; Ap. 3:7; 15:4). El Espíritu Santo (Is. 63:10; Rom. 15:16; Tito 3:5; 1 Jn. 2:20). Siendo que sólo Dios es Santo (1 Sm. 2:2; Ex. 15:11; Is. 40:25; Ap. 15:3-4). Los tres son El Verdadero: El Padre (Dt. 32:4; Jer. 10:10; Jn. 7:28; 1 Jn. 5:20). El Hijo (Jn. 1:14; 14:6; 1 Jn. 5:20; Ap. 3:7). El Espíritu Santo (Jn. 14:7; 15:26; 16:13; 1 Jn. 5:6). Siendo que sólo Dios es verdadero (Jn. 17:3; 1 Jn. 5:20). Los tres son El Sabio: El Padre (Dn. 2:20; Jer. 32:19; Rom. 11:33). El Hijo (Luc. 2:40,47,52; 1 Cor. 1:24; Col. 2:3). El Espíritu Santo (Is. 11:2; Jn. 14:26; Ef. 1:17). Siendo que sólo Dios es sabio (Rom. 16:27; 1 Tim. 1:17; Jud. 25). Los tres son El Omnipresente: El Padre (Jer. 23:23-24; Amos 9:2-3; Heb. 4:13). El Hijo (Mat. 18:20; 28:20; Jn. 3:13). El Espíritu Santo (Sal. 139:7-13; 1 Cor.3:16; Jn. 14:17). Siendo que sólo Dios está presente en todas partes (Jer. 23:23-29). Los tres son El Omnisciente: El Padre (Sal. 139:1-6; Hch. 15:18; Heb. 4:13). El Hijo (Jn. 16:30; 21:17; Col. 2:3). El Espíritu Santo (Jn. 14:26; 1 Cor.2:10-11; 1Jn. 2:20,27). Siendo que sólo Dios conoce todas las cosas (Dn. 2:20- 22; Mat. 24:36; Mr. 13:32 recuérdese que el Hijo estaba en la limitación de su encarnación). Los tres son la vida: El Padre (Sal. 36:9; Hch. 17:25,28). El Hijo (Jn. 1:4; 11:25). El Espíritu Santo (Job. 33:4; Rom. 8:2). Siendo que sólo Dios es la fuente de la vida (Dt. 32:39). Los tres son El Creador: El Padre (Neh. 9:6; Jer. 27:5; Sal. 146:6; Hch. 14:15). El Hijo (Col. 1:16; Jn. 1:3,10; Heb. 1:2,10; Ef. 3:9). El Espíritu Santo (Sal. 33:4; Sal. 33:6; 104:30). Siendo que sólo Dios es el Creador (Is. 43:10; 44:24; 45:5-7,12,18). Los tres son El Salvador: El Padre (Luc. 1:47; 1 Tim. 1:1; Tito 3:4; Ap. 7:10). El Hijo (Luc. 23:42,43; Jn. 10:9,28; Heb. 7:25; Hch.4:12). El Espíritu Santo (Ef. 4:30; Tito 3:4-5; Ef. 1:13). Siendo que sólo Dios es el Salvador (Is. 43:11; 45:21-22; Os. 13:4; Stg. 4:12). Volviendo a Mateo 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (20a). Para dar hay que tener algo que dar, se necesita haber aprendido para poder enseñar. El Señor Jesús preparó a los discípulos; a mi parecer, no es tanto que confiara en ellos, Él sabía a quienes tenía por discípulos, los mismos que le acababan de abandonar; Jesús confiaba en sí mismo, en la clase de Maestro que era y el trabajo que había hecho. En cierto modo, no hay malos alumnos, sino malos maestros. Entonces, al comisionara a los doce a enseñar lo que Él les había mandado, debemos entender que el Maestro es primeramente aquel que tiene algo que enseñar. El maestro debe ser uno que conozca antes de enseñar. No es un vendedor sin existencias ni un adolescente con sueños de conquistador al mundo; es un maestro, uno que domina la materia. En segundo lugar, deber ser, como escribiera el apóstol Pablo a Timoteo: fiel e idóneo para enseñar también a otros (2 Tim. 2:2); es decir, una vasija con tres cualidades: La primera es que no tenga grietas por donde pudiera escaparse el contenido. La segunda es que no esté contaminada para mantener con integridad el mensaje a enseñar. Y la tercera que sirva como conducto para transmitir la enseñanza, dispuesto a vaciarse en otros lo mismo que apto para hacerlo. Escuché que cuando se requieren equipos de alta fidelidad, ya sea de sonido o de computación, se utilizan circuitos de oro, por ser el oro un mejor conducto que los tradicionales. La Biblia dice que la Nueva Jerusalén tiene calles de oro transparente como vidrio. El oro es símbolo de la Vida Divina, las calles son medios de comunicación, y la ciudad nueva de Jerusalén es la iglesia. Lo que significa que la única manera de Dios para transmitir con fidelidad todo lo que Él nos ha mandado es a través de la Vida que Él ha depositado en nosotros. Un buen maestro es de oro, es decir, saturado por la Vida Divina, lleno del Señor. Sólo así puede ser “apto para enseñar”, un buen conducto del mensaje divino que ni leuda , ni merma, ni retiene sólo para sí lo que Dios le ha enseñado. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. El Señor no nos ha mandado sólo a transmitir conocimiento como quien vacía el contenido de un libro al cerebro de un creyente. El Señor nos mandó a enseñar a guardar lo enseñado. Esto es, más que a conocer, a como obedecer sus mandamientos. Lógicamente no se puede obedecer lo que no se conoce; pro también, se conoce para obedecer. Dios no se impresiona por cerebros hinchados de conocimiento; pero sí se maravilla de pasos de obediencia. Las presas de agua muy llenas ponen nervioso a cualquiera. Un organismo que sólo se hincha y se hincha y se hincha con lo que come, pero sin poder digerirlo, ciertamente no está sano y morirá. La Palabra de Dios es viva (Heb.4:12), por lo que ha de vivirse. El mensaje divino es más orgánico que cognoscitivo. El verbo debe hacerse carne en mí. De nada sirve conocer la ley de gravedad si aún así me lanzo del techo sin protección alguna. ¡Conozco la ley de gravedad para guardarla! Y guardo la ley de gravedad para mi propio bien. Ahora, notemos el texto: “enseñándoles que guarden”; es decir, no se trata de enseñar qué es lo que se tiene que guardar, sino cómo se debe guardar. Es fácil decir lo que sí se debe hacer y lo que no se debe hacer; pero el asunto es mostrar como haces esto o cómo no hacer aquello. Se trata de enseñar a vivir no se trata de dictar reglas. A eso se refería el apóstol Pablo cuando se ponía de ejemplo ante los Corintios: sed imitadores de mí, así como yo de Cristo (1 Cor. 11:1). No somos capataces sólo para mandar, ni agentes de tránsito sólo para dirigir. No hemos sido llamados a ser directores (aún y cuando se deba dirigir), sino formadores. Cada creyente debe formar a otro y el mejor método es el ejemplo. Los discípulos conocieron a Dios, como es, que siente, cual es su modo de pensar, que desea, como se comporta, etc., por cuanto convivieron con el Señor Jesucristo y en Él conocieron a Dios. Ahora ellos eran capaces también de enseñar a otros la vida cristiana (por no decir la Vida Divina), no a través de dogmas, de credos y de mandamientos; sino a través de su vida por la Palabra de Dios. Lo mismo se espera de cada uno que se precie de haber aceptado el discípulado del Señor. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. No solo hemos recibido la comisión de enseñar a guardar algunas cosas que El Señor nos ha mandado, sino todas las cosas que nos ha mandado. La verdad ha de enseñarse toda o deja de ser verdad. “Medio bueno” no es bueno. La vida cristiana “a medias” no tiene nada que ver con la Vida Divina. Jacobo decía “quien transgrede en un punto se hace culpable de toda la ley”. Quien guarda unas cosas y quebranta otras no puede llamarse fiel. Si depositas todos tus bienes y capital convertido en dinero en un banco y al cabo de diez años lo vas a recoger, ¿estarías satisfecho con que te hubieran guardado el noventa y cinco por ciento del total? Entonces, ¿de dónde sacamos que Dios se va a agradar de que guardemos sólo una parte de lo que Él nos ha mandado? Casi fiel, no es fiel. Casi hijo, no es hijo. Casi salvo, no es salvo. Casi obediente, no es obediente. Casi libre, no es libre. Guardarlo casi todo es desobediencia. Enseñando que guarden todas las cosas que os he mandado. A través de los años, los creyentes fuimos acumulando una gran cantidad de cosas que enseñamos como de Dios que nada tienen que ver con lo que el Señor nos enseñó. Tradiciones, hábitos, costumbres, religiosidad, ceremonias…No ha sido conscientemente y tampoco hemos querido hacerle mal a nadie, pero lo cierto es que “atamos cargas pesadas a los hombres” enseñándoles “mandamientos de hombres”. Es tiempo, a la luz de esta porción bíblica, de ser lo suficientemente humildes y valientes como para investigar cuales son las cosas que el Señor nos mandó guardar, a fin de enseñar a guardar solamente esas. Los héroes de la fe, los gigantes de la iglesia siempre abogaron por la “sola Escritura”. La Biblia únicamente como nuestra regla de fe y conducta. Así pues, no le viene mal a la iglesia revisar lo que cree y lo que guarda a la luz de la Biblia para saber si está acorde con ella. Y si en algo no fuera así, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Enseñando que guarden todas las cosas que os he mandado. Implica Quien es el Maestro inicial y principal: Cristo Jesús. Habiendo recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra puede mandar qué cosas hemos de guardar. La transmisión de la enseñanza cristiana tiene como fin ligar al discípulo con el Maestro que es Cristo. Enseñar a guardar las cosas que Él nos mandó enseñar a los discípulos a obedecer a Jesucristo. Son mis aprendices, pero no mis esclavos. Son mis aprendices para que lleguen a ser sus esclavos, siervos de Jesucristo. El Señor Jesús me ha constituido en el pastor - maestro (Ef.4:11) no para enseñorearme de los que están a mi cuidado, sino para ser ejemplo de la grey a fin de enseñarles a obedecer al Señor Jesucristo. La gente se sujeta a mi en virtud de Cristo. Él es la fuente y Él es la meta, pero también Él es el medio. El propósito divino es el que seamos conformados a la imagen de su Hijo y ese es también nuestro trabajo. Edificamos lo que Él está edificando. De modo que no se trata de enseñar a los demás a que nos hagan caso, sino a que obedezcan al Señor; sin que esto implique rebeldía a las autoridades que Dios ha establecido, pues también es cierto que quien resiste a la autoridad resiste a Dios. Quien no se sujeta a su pastor humano, a quien si ve, menos se sujetará al Príncipe de los pastores, a quien no ve. Nuestro compromiso es “enseñar a guardar todas las cosas que Él ha mandado”. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Esta última palabra deja en claro, como mencioné antes, que la enseñanza cristiana más que intelectual es un camino de obediencia. El asunto es que es un mandato del Señor. No hay tal cosa como “si lo siento” o “que Dios lo haga en mí” o “es que no me nace”. Simplemente el Señor lo ha mandado. Es un imperativo, una orden. Si le reconocemos Señor, le obedecemos. Si no le obedecemos, entonces somos rebeldes y desconocemos su Señorío. No hablo de una vida perfecta, sino de una vida de obediencia. Las cosas por Él enseñadas han de ser obedecidas y punto. Su yugo es fácil y su carga ligera, pero sigue siendo carga. El evangelio según Mateo nos ha mostrado que Jesús en el Mesías, el Ungido, el Rey de Israel. Ese es el mensaje: Él es el Rey y quien quiera seguirlo ha de hacerse su súbdito y siervo. El fin de todo discurso es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos. Cumpliéndose todo esto, tenemos su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Su permanente Presencia es la mejor recompensa. Todos los días, tanto buenos como malos días independientemente de las circunstancias. Promesa inagotable hasta el fin del mundo. Primero se acaba la creación que abandonarnos. Amén.
— Roberto Tinoco
Mateo 28:20
28.19-20 Ese “por tanto” relaciona la comisión con el versículo anterior. En base a que Cristo ha recibido del Padre toda la potestad sobre todo es que comisiona a sus discípulos a extender la noticia de su victoria. Meditémoslo un poco, el Señor Jesús estaba enviando a los once discípulos a la conquista del mundo; así que los envía en razón de su victoria y motivándoles con ella: “no temáis, el Señor de todo os envía”. Ya no era más un humilde carpintero de Galilea, sino ¡el Todopoderoso quien los enviaba! La obediencia de los hombres radica en buena medida de la opinión que tiene sobre quien lo envía. Es fácil desobedecer a un carpintero, pero no es tan fácil negarle algo al Rey. Es por esto que la obediencia pone de manifiesto la fe (o la falta de fe). Qué y Quién es Jesús para mi es respondido por qué hago por Él y cómo lo obedezco. En base a esto es que el Señor Jesús expuso como al servicio como la muestra de amor: si me amáis, guardaréis mis mandamientos (Juan 14:15). Si alguno me ama, mi Palabra guardará. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él. El que no me ama no guarda mil palabras. Y la palabra que escuchéis no es mía, sino del Padre que me envió (Juan 14:23-24). Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor (Juan 15:10). Tres veces dijo a Pedro: si me amas, apacienta mis ovejas (Juan 21:15-17). Id, y haced discípulos. Discípulo en griego es mathetes (de manthano, aprender; de una raíz math que indica tanto el pensamiento como el esfuerzo). Un discípulo no es solo uno que aprende, sino uno que está siendo formado en una réplica de su maestro. De modo que no hemos sido llamados sólo a ser proclamadores de la verdad, sino en forjadores de dicha verdad. Es decir, no solo debemos aventar a los cuatro vientos el mensaje del evangelio, sino dedicarnos pacientemente a la formación de los creyentes. El propósito de Dios es formarnos a la imagen de su Hijo; y el nuestro debe ser también el mismo. Somos escultores con un sólo molde: todo lo que hacemos son imágenes de Cristo con todo el que se deja moldear. No tenemos más moldes ni patrones a seguir. Sólo queremos formar a Cristo. El plan no ha cambiado, desde el principio permanece el propósito de Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (Gen. 1:26). Sabemos que a los que antes conoció también los perdonó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo (Rom. 8:29). Es por eso que Pablo no solo era predicador y apóstol (enviado); sino también maestro de los gentiles (2 Tim. 1:11). Es una comisión mundial: haced discípulos a todas las naciones –el área de acción es el mundo. Nuestra parcela es el mundo. Los límites del taller en donde forjamos las réplicas de Cristo es el mundo entero. Este es un privilegio que no podemos desaprobar; la mujer Sirofenicia tuvo que pelear por su bendición, el mandato fue originalmente hacia Israel; pero actualmente: Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan (Hch. 17:30). En cierto modo, todos tenemos un llamado misionero. Todos tenemos la comisión del discipulado mundial. Todos tenemos que involucrarnos en el deseo de Dios: ganar al mundo para Él. Es interesante notar que el término griego usado en Mateo 28:19 para naciones es ethnias. Dios tuvo el cuidado de que ni aún los pueblos indígenas más apartados fueran excluidos del discipulado cristiano. El Rey Jesús, por ser Señor de todo ha de poseerlo todo. Su herencia son las naciones y los confines de la tierra (Sal. 2:8). Es una comisión incluyente: bautizándolos. Del griego baptizo, que significa sumergir. Los griegos llamaban baptizo al teñido de vestidos cuando los sumergían en tintes ¡así que siendo sumergidos en Cristo tenemos el color de Cristo!: porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos (Gal. 3:27). También, los griegos llamaban baptizo al hecho de sacar agua introduciendo una vasija en otra más grande; es decir, el bautismo representa que nosotros como una vasija fuimos sumergidos en el Padre, Hijo y Espíritu Santo para ser saturados de su agua de vida. La importancia del bautismo se ve marcada por el mandato de Dios a Juan de “predicar el bautismo de arrepentimiento” (Luc. 3:3; Hch. 10:37). La importancia del bautismo es resaltada en que el mismo Señor Jesús fue bautizado. Él dijo: conviene que cumplamos toda justicia (Mat. 3:13-16); es decir, debemos actuar según Dios lo instituyó. La importancia del bautismo se marca en que el Señor además de ser bautizado, también bautizó a muchos otros por medio de sus discípulos (Juan 3:22; 4:2). La importancia del bautismo se pone de manifiesto en la enseñanza bíblica de que cualquiera que rechaza el ser bautizado es excluido del plan de Dios para él. Dice Lucas 7:30 pero los fariseos y los intérpretes de la ley rechazaron el propósito de Dios para ellos, no siendo bautizados por él. En relación a la forma del bautismo hemos de notar que baptizo significa primeramente “sumergir”. Y los testimonios de la iglesia durante los primeros mil años era el de bautizar sumergiendo a la persona completamente en agua; con excepción a un libro antiquísimo de principios del segundo siglo llamado “la enseñanza de los doce apóstoles” en donde se indica la posible excepción de sumergir sustituyéndolo por la aspersión en casos de fuerza mayor. El libro citado dice que debía bautizarse en agua corriente y si no se puede en agua corriente, en otra agua. Si no es posible en agua fría entonces en agua tibia; y si no tiene ni uno ni lo otro, entonces eche agua tres veces sobre la cabeza. Como vemos, el bautismo por aspersión era permitido en casos imposibles de evitar, pero no como un método de bautismo. Y en lo que respecta al significado del bautismo tenemos al apóstol Pablo explicándolo en Romanos 6:3-5: ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección. El bautismo es el símbolo de la unión del creyente con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. El agua del bautismo tipifica la tumba. Cuando una persona es sumergida en el agua, es como si estuviera siendo sepultada. Salir del agua representa salir de la tumba siendo que fue sepultado, significa que murió; y siendo que salió de la tumba, entonces resucitó a una nueva vida. Por tanto, el bautismo representa que al estar unidos a Cristo por la fe, estamos en Cristo; muertos a nosotros y resucitados en Él para una nueva vida. Con respecto a la eficacia del bautismo; hay quienes piensan que el bautismo en aguas salva y lava los pecados; incluso que regenera. Sin embargo, tales afirmaciones son contrarias a las Sagradas Escrituras. El error viene al no interpretar correctamente algunos versículos, tales como Hechos 2:38 en donde el apóstol Pedro dice que el bautizarse era “para perdón de los pecados”. Al analizar el pasaje vemos la misma construcción gramática griega que cuando Juan el Bautista dijo: Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento (Mat. 3:11). El bautismo de Juan no producía arrepentimiento. Juan se negaba a bautizar a quienes no mostraban “fruto dignos de arrepentimiento (Mat. 3:7-8); por lo que el pasaje significa que Juan los bautizaba “como testimonio de arrepentimiento” (eso es lo que verdaderamente significa “para arrepentimiento”); de igual modo, al decir Pedro “para perdón de los pecados” está expresando “como testimonio del perdón de sus pecados”. Otro pasaje frecuentemente mal interpretado es Marcos 16:16: el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Al tratar de evitar el error de que el bautismo sea el medio de la salvación cometemos el error de cambiar el pasaje por “el que creyere y sea salvo, será bautizado”. Con todo, eso no es lo que dice la Escritura: “el que creyere y fuere bautizado, será salvo…” Entonces, ¿a qué se refiere el Señor Jesucristo? Es lógico que no se refería a que el bautismo diera vida eterna, pues Él mismo afirma “el que no creyere será condenado” sin decir “el que no creyere o no fuere bautizado será salvo”. Esto es, no pone el bautismo como un medio de salvación (la condenación cae sobre los que no creen, por lo que el bautismo es claramente un precepto de la salvación y no un medio). El mismo Señor Jesucristo afirmó: a cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mat. 10:32). Y el apóstol Pablo dice: si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación (Rom. 10:9-10). Esta confesión pública está íntimamente relacionada con el bautismo; siendo entonces así el bautismo necesario como testimonio de salvación. Aún cuando alguno ha creído, si aún no se ha bautizado sigue a los ojos del mundo como si no fuera cristiano. El versículo en cuestión dice: el que creyere y fuere bautizado, será salvo. Esto es así porque cuando una persona cree y es bautizada, todos se enteran de su nueva posición. Por la sola incredulidad el hombre es condenado y por la sola fe el hombre es salvado; pero por el bautismo el hombre es separado del mundo, siendo en este sentido salvo del mundo, pues le ha testificado con esto que ha muerto al mundo y al pecado y ha resucitado con Cristo y para Cristo en una nueva vida. Es por esto que cuando algún judío cree en Cristo en secreto no es perseguido, pero si se bautiza, es decir, si da testimonio de su vida en Cristo; entonces será perseguido. Por el bautismo ha roto con el judaísmo, y al ser separado de él ha sido salvado de él. Es pues, el bautismo tanto un símbolo de haber muerto, sepultado y resucitado con Cristo como el testimonio de haber muerto para el mundo y por ende, salvo de él. El apóstol Pedro dice: Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo (1 P. 3:20-21). El agua del diluvio no salvó a Noé, Noé fue salvo por la fe que le llevó a construir el arca, eso es lo que dice Heb. 11:7. Pero el pasar por el diluvio fue para Noé y su familia el bautismo, es decir, el testimonio de su fe a través del cual fueron salvados del mundo. Noé y su familia fueron salvados del mundo y su juicio pasando a través del agua por cuanto fueron salvos al creer lo que Dios les había anunciado. Pedro tiene el cuidado de aclarar: el bautismo que corresponde a esta nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios); es decir, no limpia los pecados ni regenera, pero establece el vínculo correcto con Dios al testificar de la fe en Él. Y aún más, Pedro declara enfático: por la resurrección de Jesucristo; dejando en claro que la obra de Cristo es el medio de salvación para vida eterna, de la cual es símbolo el bautismo. Antes de pasar a considerar a lo que se le ha llamado “la fórmula del bautismo”; conviene reflexionar acerca de quienes han de ser bautizados. Dios nos enseña en su Palabra que el bautismo en agua es solo para los creyentes. Según el pasaje de Noé anteriormente citado, Noé creyó en Dios antes que viniera el diluvio (Heb. 11:7). El mandato del Señor Jesús fue que sus discípulos hicieran discípulos y luego dice que los bauticen (Mat. 28:19). Lo mismo vemos en Mar. 16:16 el que creyere y fuere bautizado; es decir, creer antecede al bautismo. En el libro de los Hechos hallamos un caso aún más directo: cuando Felipe el diácono y evangelista fue a Samaria dice la Escritura que como resultado del tremendo ministro de Felipe muchos creyeron y luego fueron bautizados: cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el Nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres (Hch. 8:8-12). Luego en los vrs. 27-36 vemos la conversión del eunuco etíope oficial de Candace la reina de Etiopía, quien preguntó después de creer: aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? La respuesta de Felipe marca cual era la teología bautismal de la iglesia, el requisito y quienes podían bautizarse: Felipe dijo: si crees con todo tu corazón, bien puedes. Y la respuesta del eunuco maraca la condición para bautizarse, así como también quien puede bautizarse: respondiendo dijo: creo que Jesús, el Cristo, es el Hijo de Dios. Entonces Felipe le bautizó. Otro problema comienza cuando alguno piensa que el bautismo en agua es la sustitución de la circuncisión, la cual se hacía a los niños; o bien confunden versículos tales como Hechos 16:33 y 1 Cor. 1:16 donde dice que fueron bautizados Cornelio y Estéfanas con toda su casa respectivamente. Explicaré esto. Cuando la Biblia trata en el Nuevo Testamento el asunto de la circuncisión dice: ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación (Gal. 6:15). No dice: “ni la circuncisión vale nada ni la incircuncisión, sino el bautismo”. El texto es claro, lo que ahora vale en sustitución de la circuncisión es ser nuevas criaturas (2 Cor. 5:17). Y con respecto a Cornelio y Estéfanas, ellos fueron bautizados “con toda su casa”; pero esto no implica que a los niños se les bautizara, pues en aquellos días los niños no eran considerados como verdaderos miembros de la familia hasta el tiempo en el cual fuesen declarados en la “condición de hijos” al llegar a cierta edad. En Gálatas 4:1-2 dice: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; más bien, está bajo guardianes y mayordomos hasta el tiempo señalado por su padre. Entremos ahora si al tema de la fórmula bautismal. Mateo 28:19 dice: bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Sin embargo, en el libro de los Hechos dice repetidamente “bautizándolos en el nombre de Jesucristo”; debido a lo cual muchos se oponen al bautismo que han llamado Trinitario (conviene aclarar que aquellos que se oponen no lo hacen por motivos del bautismo en sí, sino por cuanto son unitarios, es decir, niegan pluralidad de Personas en sólo Dios). Mateo 28:19 dice bautizándolos en el Nombre, vemos que “Nombre” está en singular; mientras que Padre, Hijo y Espíritu Santo es plural; sin embargo, en el lenguaje bíblico es completamente normal. Por ejemplo, en Rut 1:2 hablando de los hijos de Elimelec y Noemí dice la traducción literal en el original: “el nombre de sus hijos Mahlón y Quelión”. Si se usa “los nombres” se tendría que dar varios nombres para el Padre, varios para el Hijo y varios para el Espíritu. Pudiera alguno objetar que “Padre, Hijo y Espíritu Santo no es Nombre”; sin embargo este es un argumento que muestra ignorancia tanto de las Escrituras como de la interpretación bíblica; si no era la intención en Isaías 9:6 dice el Señor: y se llamará su nombre: admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, etc. ¡claro que Padre es Nombre! Y más cuando consideramos el uso correcto del término “nombre”, en griego onoma, que más que nombre propio como decir Pedro o Pablo significa “título”, “persona” “Autoridad”, atributos, etc. Ahora bien, el Señor Jesús mandó bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y dijimos que en el Libro de los Hechos se dice “en el nombre de Jesús”. En nuestras traducciones al español en nada difiere la fase “en el nombre”, sin embargo, en su original griego hay gran diferencia. Miremos bien: En Mateo 28:19 el Señor envió a sus discípulos a bautizar “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. El texto griego dice “eis to onoma”; literalmente se traduce “introduciéndolos hacia el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”. El Señor ordenó entonces, introducirlos al Todo - Dios, el Dios Triuno: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero tenemos en Hechos 2:38 que Pedro contesta a los judíos acerca de que hacer en relación a Cristo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo; en griego es “epi o en onomati”. Aquí se usa epi y no eis como en Mateo porque literalmente no significa “en el Nombre” ni “hacia el Nombre”; sino sobre el Nombre de Jesucristo”; es decir, el apóstol Pedro ordena bautizarles en razón de su autoridad (toda potestad en el cielo y en la tierra) delegada por el Señor Jesús. Por eso vemos frecuentemente a los discípulos hablar del bautismo en el Nombre del Jesucristo en el Libro de los Hechos, porque bautizaban “sobre el Nombre de Jesucristo” es decir, en razón de la comisión que recibieron de Él en Mateo 28:19 donde el Señor les mandó introducir a todos los que hicieran discípulos “hacia el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. ¡Que glorioso: ser introducidos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo! La Trinidad es la existencia de Dios es tres personas que esencialmente son Uno pero no el mismo. No tres dioses, sino tres personas en un solo Dios. Trinidad; del latín “trinos” = triple (tres en uno). Del griego “trias” y “triada” = conjunto de tres. El término “Trinidad” no viene en la Biblia, mas así como el planeta tierra ya existía antes de ser llamado así, del mismo modo la Trinidad Divina lo ha sido desde antes de la acuñación del término. El origen del término trinidad obedeció a la necesidad de una declaración más definida de la fe cristiana, llamada dogma. Primero, para entender mejor las doctrinas bíblicas. Segundo, para evitar confusiones doctrinales o herejías. Y tercero, para mantener unida a la iglesia en lo más posible. Miremos estas tres razones: primero, a causa de que surgieron herejías entre los diversos miembros de la iglesia que negaban la existencia de tres Personas en Dios, fue necesario un Concilio para dejar en claro la enseñanza bíblica a este respecto. Dichas herejías fueron: Los gnósticos; que sostenían que había con serie de emanaciones de Dios con diferentes rangos, la primera de esas emanaciones, decían, era Cristo. Otra herejía fue el arrianismo; (doctrina de Arrio, un presbítero de Alejandría) Sostenía que el verbo era una criatura del Padre, un instrumento usado por Dios para crear todas las cosas, ya que Dios no podía tener contacto con la materia. Una herejía más fue el sabelianismo (de Sabelio, siglo III). Hay un solo Dios, pero una sola persona en Dios se manifiesta en tres formas diferentes: Como Creador (Padre), como Redentor (Hijo) y como Santificador (Espíritu Santo). El concilio que se llevó a cabo para erradicar estos males fue el concilio de Nicea (año 325); cuya conclusión es conocida como el Credo Niceno: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por el Espíritu Santo, y nació de María virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos y resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso. Y habrá de venir para juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la santa iglesia universal, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida perdurable.” Es muy similar al “credo de los apóstoles” conocido también como “el Antiguo Credo Romano” (150 d.C.), pero más extendido. Por otro lado, la Biblia da mucho testimonio acerca de Dios en tres Personas: en el Antiguo Testamento: Gen. 1:26 “dijo Dios” = singular; “hagamos” = plural; “a nuestra” = plural. Gen. 3:22 “es como uno de nosotros” = plural. Gen. 11:6-7 “Dijo Yahwéh: …descendamos y confundamos…” Gen. 16:7 “Ángel” significa “mensajero”; mensajero es quien trae un mensaje de otro, y los mismos rabinos judíos admiten que este “Ángel de Yahwéh” se identifica con el mismo Yahwéh, siendo a la vez un “mensajero de Yahwéh” (también Gen. 18:1-21; 19:1-28; Mal. 3:1). Gen. 19:24 “Entonces Yahwéh hizo llover…de parte de Yahwéh”. Is. 6:8 “…quien irá por nosotros?” Gen. 1:1 La palabra hebrea “Elohim” (Dios), que se encuentra en el primer versículo del Génesis, es ciertamente la forma plural de la palabra Eloah. En Deuteronomio 6:4 tenemos la declaración; “Shema, Israel, Adonai Eloenu, Adonai ejad” (Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es), pero precisamente este texto prueba como ninguno la pluralidad en el ser Divino Único, pues la traducción literal sería: “Oye, Israel los Señores nuestros Dioses, los Señores Uno es. Parece un contrasentido, pero Dios sabía lo que hacía cuando inspiró a Moisés estas palabras y no otras. El contrasentido desaparece cuando al profundizar en el texto hebreo nos damos cuenta de que la palabra “ejad” significa “uno compuesto de varios”. La palabra “uno”, en el sentido único, no es “ejad”, sino “yajid”. Así, Jefté tenía una hija “Yajid” o sea única. En cambio, cuando dos o varias cosas se convierten en una por una íntima unión o identificación, la palabra hebrea que se emplea en la Sagrada Escritura es “ejad”; por ejemplo: “El hombre y la mujer unidos en matrimonio son “ejad” (una sola cosa Gen. 2:24), y el pueblo de Israel era como un “ejad Adán” (un solo hombre), se nos dice, para expresar su unión en un compacto ejército (Jue. 20:1-11). Is. 48:16 Dios dice que lo envió YHWH-ADONAI (Yahwéh el Señor) y su Espíritu. Is. 6:3 Tres veces Santo, no dos ni cuatro. Sal. 110:1 “Yahwéh dijo a mi Señor” Señor en hebreo Adonai y en griego Kyrios es exclusivo de Dios. Zac. 3:2 “dijo Yahwéh:… Yahwéh te reprenda” lee el contexto en el que se ve al Hijo defendiendo y al Padre como juez. Y en el Nuevo Testamento: Mat. 28:19 En la fórmula bautismal ¿ Se incluiría a las criaturas junto al Nombre de Dios? ¡Nunca! Además dice “en el Nombre de” (singular) “Padre, Hijo y Espíritu Santo” (plural). Rom. 8:9 Tres personas guiando al creyente. 2 Cor.13:14 En la bendición apostólica (compara con Num. 6:24-26). Mat. 3:16-17 El Padre habla acerca del Hijo y el Espíritu se hace presente. 1 Cor. 12:4-6 Igual en la forma bautismal, pero a la inversa: “El Espíritu es el mismo…, el Señor es el mismo…, Dios (Padre)…es el mismo”. Ef. 4:4-6 El Espíritu en el versículo 4; el Hijo (Señor) en el vr.5; y el Padre en el vr. 6. 1 P. 1:2 El Padre elige, el Hijo redime y el Espíritu Santo santifica. 1 Jn. 5:7 Es sumamente claro, pero se cree fue agregado al texto original, por lo menos 100 años después, no obstante nos muestra cuál era la fe de la iglesia en el primer siglo. Luc. 24:49 “Yo enviaré (el Hijo) La Promesa (El Espíritu) de mi Padre (igual que en Jn. 15:26). Hch. 2:33 El Exaltado, el Padre me da la Promesa y el Espíritu Santo que es derramado. Hch. 5:31-32 Dios Padre exalta al Hijo por Príncipe y Salvador y el Espíritu Santo es el testigo de ello. Hch. 7:55-56 El testimonio de Esteban: lleno del Espíritu vio al Hijo al lado del Padre. Gal. 4:6 Dios envía (Padre) el Espíritu (Santo) de su Hijo (Jesús). 2 Tes. 3:5 El Señor (aquí se refiere al Espíritu Santo quien escudriña lo profundo del hombre), Dios amante (es el Padre) y Cristo como ejemplo de paciencia. 1 P.1:2 El resumen de la obra completa en nosotros de las tres Personas de la Deidad. Ap. 4:8 Tres veces Santo, visto también en una triple expresión en el tiempo y la eternidad. Y también, tres Personas en un solo Dios es demostrado en sus actividades y títulos: Cada una de las Personas Divinas es llamada Dios: El Padre (Jn. 17:3; 1 Cor. 8:4-6; Ef. 4:6; 1 Tim. 2:5). El Hijo (Jn. 1:1; Heb. 1:8-9; Rom. 9:5). El Espíritu Santo (Hch. 5:3-4; Hch. 7:51; Hch. 15:28; Gen. 1:2; 2 Cor. 3:17). A los tres se les llama Yahwéh: Al Padre (1 Sm. 2:2; 1 Cr. 17:20; Sal. 83:18; Is. 37:20). Al Hijo (Is. 8:13; Jer. 23:6; compara Is. 40:3 con Mt. 3:3). Al Espíritu (Jue. 15:14 y 16:20, Heb. 3:7-9 y Éxodo 17:7; 2 P. 1:21 y Num. 12:6). A los tres se les llama Señor Dios (Yahwéh Adonai): Al Padre (Os. 13:4). Al Hijo (Jn. 20:28). Al Espíritu Santo (compara Hch. 7:51 con 2 R. 17:14). Los tres son El Preexistente: El Padre (Pr. 8:22). El Hijo (Jn. 1:1; 17:5,24). El Espíritu Santo (Gen. 1:1-2). Siendo que sólo Dios es Preexistente (Is. 43:10,13). Los tres son El Eterno: El Padre (Sal. 90:2; 93:2; 102:12). El Hijo (Heb. 13:8; Ap. 1:8,17-18). El Espíritu Santo (Heb. 9:14). Siendo que sólo Dios es Eterno (Is. 41:4; 43:10; 44:6). Los tres son El Omnipotente: El Padre (2 Cr. 20:6; Is. 14:27; Ef. 1:19). El Hijo (Mat. 28:18; Fil. 3:21; Ap. 1:8;3:7). El Espíritu Santo (Is. 30:28, Zac. 4:6; Rom. 15:13,19). Siendo que sólo Dios es Omnipotente (Dt. 3:24; Sal. 89:6-8; Is. 43:12-13; Jer. 10:6). Los tres son El Benigno: El Padre (Sal. 86:5; 108:4, Luc. 6:35). El Hijo (2 Cor. 10:1; Hch. 10:38; Mat. 11:28). El Espíritu Santo (Neh. 9:20; Sal. 143:10). Siendo que sólo Dios es Bueno (Mat. 19:17; Mr. 10:18; Luc. 18:19). Los tres son el Santo: El Padre (Lev. 19:2;20:26; Is. 6:3; Ap. 4:8). El Hijo (Hch. 3:14; Ap. 3:7; 15:4). El Espíritu Santo (Is. 63:10; Rom. 15:16; Tito 3:5; 1 Jn. 2:20). Siendo que sólo Dios es Santo (1 Sm. 2:2; Ex. 15:11; Is. 40:25; Ap. 15:3-4). Los tres son El Verdadero: El Padre (Dt. 32:4; Jer. 10:10; Jn. 7:28; 1 Jn. 5:20). El Hijo (Jn. 1:14; 14:6; 1 Jn. 5:20; Ap. 3:7). El Espíritu Santo (Jn. 14:7; 15:26; 16:13; 1 Jn. 5:6). Siendo que sólo Dios es verdadero (Jn. 17:3; 1 Jn. 5:20). Los tres son El Sabio: El Padre (Dn. 2:20; Jer. 32:19; Rom. 11:33). El Hijo (Luc. 2:40,47,52; 1 Cor. 1:24; Col. 2:3). El Espíritu Santo (Is. 11:2; Jn. 14:26; Ef. 1:17). Siendo que sólo Dios es sabio (Rom. 16:27; 1 Tim. 1:17; Jud. 25). Los tres son El Omnipresente: El Padre (Jer. 23:23-24; Amos 9:2-3; Heb. 4:13). El Hijo (Mat. 18:20; 28:20; Jn. 3:13). El Espíritu Santo (Sal. 139:7-13; 1 Cor.3:16; Jn. 14:17). Siendo que sólo Dios está presente en todas partes (Jer. 23:23-29). Los tres son El Omnisciente: El Padre (Sal. 139:1-6; Hch. 15:18; Heb. 4:13). El Hijo (Jn. 16:30; 21:17; Col. 2:3). El Espíritu Santo (Jn. 14:26; 1 Cor.2:10-11; 1Jn. 2:20,27). Siendo que sólo Dios conoce todas las cosas (Dn. 2:20- 22; Mat. 24:36; Mr. 13:32 recuérdese que el Hijo estaba en la limitación de su encarnación). Los tres son la vida: El Padre (Sal. 36:9; Hch. 17:25,28). El Hijo (Jn. 1:4; 11:25). El Espíritu Santo (Job. 33:4; Rom. 8:2). Siendo que sólo Dios es la fuente de la vida (Dt. 32:39). Los tres son El Creador: El Padre (Neh. 9:6; Jer. 27:5; Sal. 146:6; Hch. 14:15). El Hijo (Col. 1:16; Jn. 1:3,10; Heb. 1:2,10; Ef. 3:9). El Espíritu Santo (Sal. 33:4; Sal. 33:6; 104:30). Siendo que sólo Dios es el Creador (Is. 43:10; 44:24; 45:5-7,12,18). Los tres son El Salvador: El Padre (Luc. 1:47; 1 Tim. 1:1; Tito 3:4; Ap. 7:10). El Hijo (Luc. 23:42,43; Jn. 10:9,28; Heb. 7:25; Hch.4:12). El Espíritu Santo (Ef. 4:30; Tito 3:4-5; Ef. 1:13). Siendo que sólo Dios es el Salvador (Is. 43:11; 45:21-22; Os. 13:4; Stg. 4:12). Volviendo a Mateo 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (20a). Para dar hay que tener algo que dar, se necesita haber aprendido para poder enseñar. El Señor Jesús preparó a los discípulos; a mi parecer, no es tanto que confiara en ellos, Él sabía a quienes tenía por discípulos, los mismos que le acababan de abandonar; Jesús confiaba en sí mismo, en la clase de Maestro que era y el trabajo que había hecho. En cierto modo, no hay malos alumnos, sino malos maestros. Entonces, al comisionara a los doce a enseñar lo que Él les había mandado, debemos entender que el Maestro es primeramente aquel que tiene algo que enseñar. El maestro debe ser uno que conozca antes de enseñar. No es un vendedor sin existencias ni un adolescente con sueños de conquistador al mundo; es un maestro, uno que domina la materia. En segundo lugar, deber ser, como escribiera el apóstol Pablo a Timoteo: fiel e idóneo para enseñar también a otros (2 Tim. 2:2); es decir, una vasija con tres cualidades: La primera es que no tenga grietas por donde pudiera escaparse el contenido. La segunda es que no esté contaminada para mantener con integridad el mensaje a enseñar. Y la tercera que sirva como conducto para transmitir la enseñanza, dispuesto a vaciarse en otros lo mismo que apto para hacerlo. Escuché que cuando se requieren equipos de alta fidelidad, ya sea de sonido o de computación, se utilizan circuitos de oro, por ser el oro un mejor conducto que los tradicionales. La Biblia dice que la Nueva Jerusalén tiene calles de oro transparente como vidrio. El oro es símbolo de la Vida Divina, las calles son medios de comunicación, y la ciudad nueva de Jerusalén es la iglesia. Lo que significa que la única manera de Dios para transmitir con fidelidad todo lo que Él nos ha mandado es a través de la Vida que Él ha depositado en nosotros. Un buen maestro es de oro, es decir, saturado por la Vida Divina, lleno del Señor. Sólo así puede ser “apto para enseñar”, un buen conducto del mensaje divino que ni leuda , ni merma, ni retiene sólo para sí lo que Dios le ha enseñado. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. El Señor no nos ha mandado sólo a transmitir conocimiento como quien vacía el contenido de un libro al cerebro de un creyente. El Señor nos mandó a enseñar a guardar lo enseñado. Esto es, más que a conocer, a como obedecer sus mandamientos. Lógicamente no se puede obedecer lo que no se conoce; pro también, se conoce para obedecer. Dios no se impresiona por cerebros hinchados de conocimiento; pero sí se maravilla de pasos de obediencia. Las presas de agua muy llenas ponen nervioso a cualquiera. Un organismo que sólo se hincha y se hincha y se hincha con lo que come, pero sin poder digerirlo, ciertamente no está sano y morirá. La Palabra de Dios es viva (Heb.4:12), por lo que ha de vivirse. El mensaje divino es más orgánico que cognoscitivo. El verbo debe hacerse carne en mí. De nada sirve conocer la ley de gravedad si aún así me lanzo del techo sin protección alguna. ¡Conozco la ley de gravedad para guardarla! Y guardo la ley de gravedad para mi propio bien. Ahora, notemos el texto: “enseñándoles que guarden”; es decir, no se trata de enseñar qué es lo que se tiene que guardar, sino cómo se debe guardar. Es fácil decir lo que sí se debe hacer y lo que no se debe hacer; pero el asunto es mostrar como haces esto o cómo no hacer aquello. Se trata de enseñar a vivir no se trata de dictar reglas. A eso se refería el apóstol Pablo cuando se ponía de ejemplo ante los Corintios: sed imitadores de mí, así como yo de Cristo (1 Cor. 11:1). No somos capataces sólo para mandar, ni agentes de tránsito sólo para dirigir. No hemos sido llamados a ser directores (aún y cuando se deba dirigir), sino formadores. Cada creyente debe formar a otro y el mejor método es el ejemplo. Los discípulos conocieron a Dios, como es, que siente, cual es su modo de pensar, que desea, como se comporta, etc., por cuanto convivieron con el Señor Jesucristo y en Él conocieron a Dios. Ahora ellos eran capaces también de enseñar a otros la vida cristiana (por no decir la Vida Divina), no a través de dogmas, de credos y de mandamientos; sino a través de su vida por la Palabra de Dios. Lo mismo se espera de cada uno que se precie de haber aceptado el discípulado del Señor. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. No solo hemos recibido la comisión de enseñar a guardar algunas cosas que El Señor nos ha mandado, sino todas las cosas que nos ha mandado. La verdad ha de enseñarse toda o deja de ser verdad. “Medio bueno” no es bueno. La vida cristiana “a medias” no tiene nada que ver con la Vida Divina. Jacobo decía “quien transgrede en un punto se hace culpable de toda la ley”. Quien guarda unas cosas y quebranta otras no puede llamarse fiel. Si depositas todos tus bienes y capital convertido en dinero en un banco y al cabo de diez años lo vas a recoger, ¿estarías satisfecho con que te hubieran guardado el noventa y cinco por ciento del total? Entonces, ¿de dónde sacamos que Dios se va a agradar de que guardemos sólo una parte de lo que Él nos ha mandado? Casi fiel, no es fiel. Casi hijo, no es hijo. Casi salvo, no es salvo. Casi obediente, no es obediente. Casi libre, no es libre. Guardarlo casi todo es desobediencia. Enseñando que guarden todas las cosas que os he mandado. A través de los años, los creyentes fuimos acumulando una gran cantidad de cosas que enseñamos como de Dios que nada tienen que ver con lo que el Señor nos enseñó. Tradiciones, hábitos, costumbres, religiosidad, ceremonias…No ha sido conscientemente y tampoco hemos querido hacerle mal a nadie, pero lo cierto es que “atamos cargas pesadas a los hombres” enseñándoles “mandamientos de hombres”. Es tiempo, a la luz de esta porción bíblica, de ser lo suficientemente humildes y valientes como para investigar cuales son las cosas que el Señor nos mandó guardar, a fin de enseñar a guardar solamente esas. Los héroes de la fe, los gigantes de la iglesia siempre abogaron por la “sola Escritura”. La Biblia únicamente como nuestra regla de fe y conducta. Así pues, no le viene mal a la iglesia revisar lo que cree y lo que guarda a la luz de la Biblia para saber si está acorde con ella. Y si en algo no fuera así, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Enseñando que guarden todas las cosas que os he mandado. Implica Quien es el Maestro inicial y principal: Cristo Jesús. Habiendo recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra puede mandar qué cosas hemos de guardar. La transmisión de la enseñanza cristiana tiene como fin ligar al discípulo con el Maestro que es Cristo. Enseñar a guardar las cosas que Él nos mandó enseñar a los discípulos a obedecer a Jesucristo. Son mis aprendices, pero no mis esclavos. Son mis aprendices para que lleguen a ser sus esclavos, siervos de Jesucristo. El Señor Jesús me ha constituido en el pastor - maestro (Ef.4:11) no para enseñorearme de los que están a mi cuidado, sino para ser ejemplo de la grey a fin de enseñarles a obedecer al Señor Jesucristo. La gente se sujeta a mi en virtud de Cristo. Él es la fuente y Él es la meta, pero también Él es el medio. El propósito divino es el que seamos conformados a la imagen de su Hijo y ese es también nuestro trabajo. Edificamos lo que Él está edificando. De modo que no se trata de enseñar a los demás a que nos hagan caso, sino a que obedezcan al Señor; sin que esto implique rebeldía a las autoridades que Dios ha establecido, pues también es cierto que quien resiste a la autoridad resiste a Dios. Quien no se sujeta a su pastor humano, a quien si ve, menos se sujetará al Príncipe de los pastores, a quien no ve. Nuestro compromiso es “enseñar a guardar todas las cosas que Él ha mandado”. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Esta última palabra deja en claro, como mencioné antes, que la enseñanza cristiana más que intelectual es un camino de obediencia. El asunto es que es un mandato del Señor. No hay tal cosa como “si lo siento” o “que Dios lo haga en mí” o “es que no me nace”. Simplemente el Señor lo ha mandado. Es un imperativo, una orden. Si le reconocemos Señor, le obedecemos. Si no le obedecemos, entonces somos rebeldes y desconocemos su Señorío. No hablo de una vida perfecta, sino de una vida de obediencia. Las cosas por Él enseñadas han de ser obedecidas y punto. Su yugo es fácil y su carga ligera, pero sigue siendo carga. El evangelio según Mateo nos ha mostrado que Jesús en el Mesías, el Ungido, el Rey de Israel. Ese es el mensaje: Él es el Rey y quien quiera seguirlo ha de hacerse su súbdito y siervo. El fin de todo discurso es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos. Cumpliéndose todo esto, tenemos su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Su permanente Presencia es la mejor recompensa. Todos los días, tanto buenos como malos días independientemente de las circunstancias. Promesa inagotable hasta el fin del mundo. Primero se acaba la creación que abandonarnos. Amén.
— Roberto Tinoco