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Mateo 3
Juan el Bautista prepara el camino
1En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,🗨📝 2y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.🗨📝 3Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: par Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.🗨📝 4Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.🗨📝 5Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán,🗨📝 6y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.🗨📝 7Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?🗨📝 8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,🗨📝 9y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.🗨📝 10Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.🗨📝 11Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.🗨📝 12Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.🗨📝Bautismo de Jesús
13Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.🗨📝 14Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?🗨📝 15Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.🗨📝 16Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.🗨📝 17Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Mateo 3:1
3.1 Antes de que un Rey llegue a alguna nación, primero llega su mensajero, un precursor que lo anuncie. Juan, conocido como el Bautista y primo del Señor, hijo del sacerdote Zacarías y de Elizabeth, es el precursor del Rey Jesús. Así como Juan predicó al Mesías, antes de su primera venida, así mismo, la iglesia predica a Jesús como Señor y Rey, que ha de regresar en su segunda venida y el establecimiento de su reino milenial. Nuestro trabajo es mucho más sencillo que el de Juan. ¿En dónde predicaba Juan? ¡En el desierto de Judea! No era un hermoso púlpito en un acogedor templo sino una voz en el desierto. El hombre de Dios no requiere necesariamente un púlpito, ni una investidura dada por los hombres, sino un mensaje dado por Dios. Que le arda el alma con el mensaje del cielo. Si Juan podía ser mensajero del Rey con todas las incomodidades que le implicó su llamado, ¡cuánto más habremos de ser gozosos mensajeros del Señor con todas las comodidades que el mundo moderno nos presenta! Permíteme ampliar un poco más la información sobre Juan y tomemos ejemplo. La pasión de Michael Jordan por encestar una canasta más; la dedicación de Albert Einstein por descubrir la fórmula de la desintegración del átomo; la locura de un extremista musulmán que se ata bombas en el cuerpo; la persistencia de Abraham Lincoln por la Presidencia de los Estados Unidos y la emancipación de la esclavitud; la humildad y perseverancia de Gandhi; así como el amor del que cuida leprosos; estos y muchos otros son unos ejemplos de personas, buenas y malas, que fueron capaces de arder por algo. No hay nada más patético que un cerillo mojado. Juan el Bautista fue un personaje muy importante en la Biblia. Prácticamente el Antiguo Testamento termina profetizando su venida (Mal. 4:5-6) y el Nuevo Testamento comienza con él. Juan es el puente entre lo viejo y lo nuevo; demasiado grande para pertenecer a un solo Pacto. Es similar a aquella vez cuando el patriarca Abraham ofreció sacrificios a Dios y pactó con Él matando una vaquilla, una cabra y un carnero, cada uno de tres años de edad, los partió por la mitad y puso las mitades una frente a otra; luego tuvo que luchar contra los buitres que intentaban comerse el sacrificio y experimentó una visión terrible sobre el futuro de Israel: 400 años de tinieblas. La Palabra dice que se puso el sol y en las tinieblas apareció de pronto una antorcha ardiendo que pasó por en medio de los animales sacrificados. Ese día Dios pactó con Abraham (Gen. 15:7-18). Así sucedió también en tiempos del primer siglo, cuando todo Israel estaba en tinieblas (400 años de silencio sin Palabra de Dios) y de pronto, en un ministerio sacrificial de tres años apareció entre el Antiguo y Nuevo Testamentos una antorcha ardiente, como le llamó Jesús (Juan 5:25), un hombre llamado Juan, que vino a abrir camino al Mesías y al Nuevo Pacto. ¿De dónde salió? ¿Cuándo se encendió esta antorcha? Nació milagrosamente de padre viejo y mujer estéril; fue lleno del Espíritu Santo, encendido desde el vientre de su madre cuando María saludó a Elizabeth su madre estando ambas embarazadas de Jesús y Juan respectivamente (Luc. 1:39-41). Su padre profetizó de él: y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos (Luc. 1:67, 76-77). El Libro dice que Juan estuvo en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel (Luc. 1:80). Siendo sus padres ancianos cuando nació, es probable que comenzara a vivir solo desde su adolescencia. La soledad no es necesariamente algo malo; es una oportunidad de citarse con Dios. No hay ministerio eficaz sin tiempos de retiro con Dios. El desierto es una gran escuela. No maldigas tu pasado, pues también eso estuvo dentro de los planes divinos para graduarte. Pablo escribió que Dios lo apartó desde el vientre de su madre a pesar de haber sido un terrible perseguidor de la iglesia (Gal. 1:13-15); ¿cómo es esto posible? ¡Sabía que todo fue parte del plan! No maldigas tu desierto; no llores ni te quejes de tus experiencias; no digas: “si hubiese tenido una vida diferente”. La tierra del “hubiera” puede robarte la herencia del “ahora”. ¡Bendice tu pasado! ¡Gloríate en tu desierto porque también allí estuvo el Señor! Juan se vestía de pelo de camello, con un cinto de cuero a la cintura (Mat. 3:4) y al vivir en el desierto no tenía acceso a bañarse regularmente. Posiblemente vivían en cuevas. ¿De dónde sacaría Juan el cuero de camello? ¿Puedes imaginarlo persiguiendo, matando y arrancando el cuero a un camello en el desierto? Elías fue el primer hombre en vestirse así para ejercer un ministerio profético (2 Reyes 1:8); con ello creó una especie de moda, pues a partir de entonces aquellos que querían ser tomados como profetas se vestían igual (Zac. 13:4). Juan el Bautista era uno de esos locos. Tuvo desde su nacimiento un voto de nazareo, como Sansón, no debía cortarse el cabello. ¡Y pensar que hay quienes no quieren cambiar ni un pequeño aspecto de su persona por el Señor! ¿Has dejado crecer tu cabello? No hablo literalmente, sino por el Espíritu; ¿estás bajo la autoridad del reino de los cielos? ¿Es Cristo tu Cabeza? Es de suponerse que desde que naciste de nuevo Cristo es tu autoridad. Juan se alimentaba de langostas (insectos) y miel silvestre. ¿Puedes imaginarte a un hombre que come de panales de miel sin cortarse el cabello ni la barba y viviendo en el desierto, es decir, sin facilidad para bañarse? Además, se vestía de pieles de camellos que seguramente encontró muertos por allí. Por eso es que muchos dijeron sobre Juan que estaba endemoniado. ¡Parecía el gadareno! Todo esto nos habla de la pasión de Juan. ¡Juan ardía! Resultaba demasiado incómodo para todos los que pertenecían al mover anterior. Los sacerdotes y religiosos no podían comprender su vida; si tocas la antorcha puedes quemarte. Decían que Juan tenía demonio, estaban equivocados; ¡Juan tenía fuego! Tuvo mucho éxito como profeta, tanto que llegaron a pensar que el podría ser el Mesías. La gente le seguía en multitudes. No se puede esconder la luz de quien está ardiendo. Le preguntaron a un hombre sobre el por qué del éxito del gran predicador del siglo XIX Spurgeon, respondió: “si un hombre está ardiendo, la gente vendrá a ver las llamas”. Juan fue un innovador a su tiempo. Los judíos acostumbraban bautizar a los prosélitos gentiles para declararlos judíos, pero Juan comenzó a bautizar a los judíos para hacerlos creyentes arrepentidos. Es posible que si Juan viviera en nuestros tiempos entre nosotros comenzara a bautizar cristianos que no han vivido como verdaderos cristianos presionándolos a arrepentirse: Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego (Luc. 3:7-9). El mensaje de Juan era el de un mensajero delante del rey: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: preparad el camino del Señor… Él viene detrás de mí… yo no soy digno de desatar la correa de su calzado… ¡arrepentíos porque el reino de los cielos de ha acercado! (Juan 1:23; 1:27; Mat. 3:1-2). El clamor se da en el desierto; mientras que la alabanza se oye en la ciudad. El ministerio de Juan era arder en las tinieblas. A la gente le gusta arder donde hay luz. Nos gustan los ministerios populares, pero Dios busca ministerios encendidos. Juan preparaba el camino para el Rey que venía detrás de él. Es verdad que la antorcha llama la atención, pero los ojos terminan posándose en el que trae la antorcha. Como Juan esperamos la venida del Rey, el servicio cristiano se trata de prepararle el camino para su venida. Pensar que Dios viene detrás de mí me produce la misma sensación que pensar que detrás de mí viene una locomotora en toda su fuerza. ¡Es tiempo de apurarnos! ¡Velocidad! El reino de los cielos se ha acercado; Dios ha dado el primer movimiento, nos toca a nosotros responder. ¿Hay alguien que se acerque al reino de los cielos? El mensaje de Juan era también el de un amigo del Novio ayudándole en los preparativos de su boda: yo no soy el Cristo. Sino que he sido enviado delante de Él. El que tiene la novia es el Novio, pero el amigo del Novio que ha estado de pie y le escucha, se alegra mucho a causa de la voz del novio. Así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que yo mengue, pero que Él crezca (Juan 3:28-30). El Hijo intentó casarse mil quinientos años antes en el Sinaí (Ex. 24:3-8); pero la novia se asustó ante la fogosidad del novio (el fuego del monte). Luego reanudó y consumó su compromiso con la novia en el templo de Salomón mediante el fuego de la dedicación de la casa (Eze. 16:8-14); pero la novia se fue tras de otros amantes (Ez. 16:15-34; idolatría), por lo que Dios rompió su pacto con ella dándole carta de divorcio (Isa. 50:1; Jer. 3:8). Sin embargo, tanto la ha amado, que de nuevo prometió bodas (Oseas 2:13-23) y prometió volver a casarse con ella (Jer. 31:31-34, 38-41). …allí es donde aparece Juan, el amigo del Novio enviado a preparar las bodas (Juan 3:28-30); ¿te has fijado que el primer milagro que realizó fue precisamente en unas bodas? Con todo, hubo un nuevo rechazo, ¡en lugar de bodas, una cruz! (Mat. 22:2-10). Así que estamos llamados nuevamente a las bodas: Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo (2 Cor. 11:2; Ef. 5:31-32; Ap. 19:6-9). El corazón ardiente como el de Juan vive preparando unas bodas. El Bautista incomodó a la religión. Llamó a los fariseos y religiosos de su tiempo “generación de víboras”. Esto no lo hizo ganar muchos amigos. Prácticamente les dijo que tenían la genética de Satanás. Una persona que aparenta ser santa cuando en realidad no lo es, es similar a aquel que gusta de vestirse como ángel de luz. El hijo de un sacerdote fue un escándalo para el sacerdocio de la época. Un corazón ardiendo por Jesús no puede amoldarse a la apariencia de la religión. Necesita lo genuino. Es por eso que a todos molesta la hipocresía; en lo profundo del corazón anhelamos el fuego de lo legítimo y de la verdadera pasión por el Señor. Juan también incomodó a la corte y a la sociedad. Denunció al rey Herodes al haberse casado con la mujer de su hermano Felipe. De hecho, se lo gritó en su cara. Esto no le cayó nada bien ni a Herodes ni a Herodías, la mujer en cuestión. Los hambrientos y sedientos de justicia no son criticones de las personas puestas en autoridad, sino que las confrontan cara a cara. Cualquiera habla mal de otros, pero no cualquiera amonesta al príncipe por su pecado. Los murmuradores son personas con mente de esclavos que no quieren justicia, sino beneficios personales. Pero los que tienen hambre y sed de justicia actúan en busca de ella. El Bautista incomodó a los discípulos. Aun a sus propios discípulos les movió el nido cuando les dijo que se apartaran de él y siguieran a Jesús. Algunos de los doce fueron de ellos. Después de un estilo tan austero de Juan, ¿cómo seguir al alegre Jesús que siempre estaba de fiesta? No es fácil menguar ante el ministerio ajeno. Nos gusta “pelear nuestros derechos” y defender lo que tenemos. Un siervo genuino sabe que sólo tiene lo que Dios le concede. Hay mensajes que retienen a las multitudes; pero también hay mensajes que retienen la vida. El hombre de Dios no habla al oído, sino al corazón. Sin embargo, por haber denunciado el adulterio del rey, Juan fue encarcelado y encadenado en la cárcel, como si se tratase de un preso peligroso o de un loco (Mat. 4:12; Mar. 1:14; 6:17). No es popular hablar contra el pecado. La verdad te hace libre del alma, pero también te puede apresar el cuerpo. La vida justa puede hacer perder honores y privilegios del justo. En principio, si declaras todos los impuestos tendrás menos dinero; si no sobornas a un funcionario, perderás un contrato; si mientes retendrás a tu esposa; si copias en el examen pasarás; por no mover tu cuerpo en la pista de baile perderás al joven que te gusta; por oponerte al vicio de tu marido lo pierdes; etc. La recompensa por ser justo puede hacernos llorar al principio. ¡Pero no hacemos justicia por la recompensa, sino por ser justos! ¡No hacemos lo correcto por comodidad, sino porque es lo correcto! ¡Mantenemos nuestros valores y principios cristianos precisamente porque eso es la vida cristiana! El mártir en el circo romano lo sabía, lo mismo que el mártir en la hoguera. ¡Juan lo sabía! ¡Y yo lo sé! No puedo dejar de ser lo que soy: soy hijo de Dios y tengo su vida. Su justicia me emociona y su pasión me enciende. Con todo, una vez en la cárcel, la antorcha Juan pareció apagarse. Jesús comenzó su ministerio precisamente en el ocaso de Juan y a Juan le llegaban noticias de que el ministerio de Jesús era algo escandaloso, se juntaba con publicanos y pecadores, andaba de fiesta en fiesta, le gustaba comer y reír. No era lo que esperaba. Quizá las noticias le llegaron distorsionadas por sus celosos seguidores. Así que el mismo que había declarado: ha aquí que el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo sobre Jesús, mandó preguntarle: eres tú el que había de venir o esperaremos a otro (Luc. 7:19). ¿Has dudado alguna vez? ¿Has llegado al límite? Cuando esperabas que Dios te sacara de la cárcel y no respondió; cuando creíste que te sanaría y la enfermedad continuó; cuando pensaste que te libraría de la deuda y te endeudaste mas; ¿has dicho: “¿dónde está Dios?” Te has preguntado: “¿será que no es bueno?” Dijiste: “Él me olvido” o “me equivoqué en lo que creí”. Sí, lo llamaste: “el Cordero de Dios que quitó mi pecado”, pero luego renegaste dudando: “¿por qué sigo preso de esto hábitos?” “¿Será Él?” “A lo mejor no era Él…” Juan pasó por ese valle. Pero Jesús no reprendió a Juan ni mandó llamarle la atención, sino que en esa misma hora sanó a muchos enfermos, liberó demonios y dio vista a ciegos y les respondió a los enviados: id y haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es predicado el evangelio y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo (escándalo) en mí (Luc. 7:19-23). Esta vez los milagros fueron en honor de Juan. Cuando eres débil en tu fe, Dios no te lanza una andanada de teología; y tampoco te reprende: “¡eres un infiel!” ¡No! Él te da una muestra de su gracia y de su bondad. No te confundas, sus milagros no tienen sólo el propósito de mostrarte su poder, Juan y tú no dudan de su poder; Él te muestra su bondad, esa es su gloria. ¿Por qué? Porque necesitas volver a creer que Dios es bueno… a pesar de todo. Porque necesitas volver a creer que Dios es confiable… a pesar de todo. Porque necesitas volver a creer que Dios tiene un mejor plan… a pesar de todo. A pesar de todo, los ciegos ven. A pesar de todo, los cojos andan. A pesar de todo, los leprosos son limpiados. A pesar de todo, los sordos oyen. A pesar de todo, los muertos son resucitados. A pesar de todo, los pobres tendrán buen porvenir. A pesar de todo, Jesús es el que había de venir. Que la cárcel no robe tu fe. Que los barrotes de la prisión no te quiten la esperanza. Que tu situación no se transforme en tu dios. La cárcel es temporal, pero el amor del Señor es eterno. La circunstancia adversa es pasajera; pero la bondad de Dios es permanente. Juan podía pensar: “si Jesús es el Mesías, ¿por qué no ha manifestado su poder? ¿Por qué no nos ha quitado el yugo romano? ¿Por qué sigo aquí mientras Herodes anda de fiesta? Y lo que es peor, si Él es el Mesías ¿por qué anda de fiesta mientras yo, su siervo que le preparó el camino, voy rumbo a ser decapitado? Este es el escándalo o tropiezo de Juan. El fuego tiende a apagarse cuando Dios no hace lo que esperamos o cuando no recibimos lo que creímos que recibiríamos. Sin embargo, Jesús no apagó el pabilo que humea ni rompió la caña cascada (Mat. 12:20); su amor fue compasivo con su siervo alentándolo al mostrarle su bondad y los resultados de la venida del reino. ¡Juan: ¡el reino en verdad llegó, míralo! Pero llegado el día, finalmente, la antorcha se apagó. En el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio y agradó al rey, por lo que el rey prometió darle lo que quisiera. La joven, instigada por su madre pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes, aunque triste, mandó decapitar a Juan. Hay danzas que roban el alma; momentos de pasión que roban lo eterno. Hay risas que harán llorar; diversiones pasajeras con terribles consecuencias. La antorcha fue apagada por la maldad de una mujer que no admitía reprensión. Hay personas que primero dejarán a Dios que su pecado. Prefieren apagar el fuego del espíritu antes que cambiar. ¡Qué se extinga la antorcha, yo quiero bailar! –dicen. ¡Ah! Pero no sólo fue Herodías la culpable de la cabeza de Juan; también Herodes es culpable. “Corten la cabeza a Juan pues he dado mi palabra”. Hay personas que prefieren decapitar los principios y la fe antes que quedar mal con aquellos que los miran. Prefieren volverse enemigos del reino antes que ridículos de sus amistades. “Qué pensarán de mí en el trabajo”. “Qué dirán de mí mis parientes”. “¿Cómo voy a orar por los alimentos en público?” “Si no me río de sus chistes morbosos pensarán que soy un fanático”. “¡Qué se extinga la antorcha, yo quiero quedar bien con los demás!” ¿Y la recompensa del profeta? Te diré… No siempre la recompensa de un hombre de Dios fue como el hombre de Dios esperaba. El único brillo que Juan tuvo para sí en esta vida, fue el del plato donde pusieron su cabeza. ¡Juan: no tropieces! ¡Juan: no te escandalices! ¿Y qué si tu graduación al reino del Padre no es con globos de colores ni serpentinas? Aunque tú no lo estés viviendo, el reino y el Rey son reales. ¿Y qué si la recompensa no vendrá ahora, sino hasta el final de los tiempos? Eso no invalida la bondad divina (Heb. 11:35-40). Luego vinieron los discípulos de Juan y pidieron su cuerpo. De la cabeza nada se menciona. No se dice nada de la cabeza, pues fue precisamente por seguir su ministerio sin retirarse después de señalar a Jesús, que hubo necesidad de quitarla. Únicamente puede haber una cabeza: Jesús. Cuando los discípulos de Juan contaron a Jesús estas cosas, el Señor testificó de él como el más grande profeta entre los nacidos de mujer. ¡He allí la recompensa de un profeta: el testimonio de haber agradado a Dios! ¿Quién es tu cabeza? ¿Quién dirige tu vida? ¿Has sido decapitado? Jesús es tu Cabeza cuando preferiste perder la propia antes que perderlo a Él. Jesús es tu Cabeza cuando preferiste perder beneficios del mundo antes que los principios del reino. Jesús es tu Cabeza cuando seguiste amándolo desde la cárcel. Jesús es tu Cabeza cuando continuaste siguiéndolo desde el hospital. Jesús es tu Cabeza cuando decidiste seguir confiando sin recompensa. Jesús es tu Cabeza cuando sostuviste tu fe desde una cama vacía. Jesús es tu Cabeza cuando proclamaste vida desde el funeral de tu Hijo. Jesús es tu Cabeza cuando ríes y lo adoras con el estómago vacío. ¿Arderá nuevamente la antorcha? ¡Hombres y mujeres dispuestos a consumirse en celo por la santidad! ¡Hombres y mujeres como antorchas alumbrando con su justicia! ¡Hombres y mujeres apasionados por allanarle el camino al Rey y proclamar sus bodas! ¡Hombres y mujeres como Elías y Juan dispuestos a confrontar la tibieza y el adulterio espiritual! ¡Hombres y mujeres que han perdido la cabeza por una causa! Como dice la Escritura (Juan 1:6), que vuelva a decirse: hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba… (Escribe aquí tu nombre).
— Roberto Tinoco
Mateo 3:2
3.2 La obra de Juan era preparar el camino al Rey, sensibilizar sus corazones para convertirse a Cristo, produciendo primero un despertar de la conciencia y un cambio en la manera de pensar. Eso es lo que significa arrepentíos. La obra de todo fiel cristiano es exactamente la misma: sensibilizar el corazón del mundo despertando la conciencia: Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en Nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios (2 Cor. 5:20). Lo mismo que sensibilizar el corazón de la iglesia para que esté lista para cuando su Señor venga (Mat. 24:46). Con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no seáis movidos fácilmente de vuestro modo de pensar (2 Ts. 2:1-2). A la media noche se oyó gritar: ¡He aquí el novio! ¡Salid a recibirle! (Mat. 25:6). Juan era el obrero que iba delante del Rey quitando las piedras y componiendo el camino por donde este pasaría. Su forma de arreglar el camino era la predicación, método insustituible para la salvación. Es bueno pregonar por diversos medios a Jesucristo, pero nada sustituye la predicación de Jesucristo a viva voz. Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvara los creyentes por la locura de la predicación (1 Cor.1.21). El mensaje de Juan el Bautista, como el de todo predicador del evangelio, es el anuncio de la necesidad de un cambio de mentalidad porque el reino de los cielos ha llegado a la tierra; es decir, dejar de pensar terrenalmente para adoptar las reglas del vivir celestial. En la tierra, pero bajo parámetros eternos. Se entiende religiosamente, pero tiene una connotación cultural muy grande. Es pensar en las cosas de arriba y no en las de la tierra; cambiar hábitos regresando a los principios de vida y moralidad propias de la Palabra de Dios. Es el regreso a la autoridad del Rey Jesucristo.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:3
3.3 Respecto a la identidad del precursor del Rey Jesucristo, Juan el Bautista es un personaje controversial y muy carismático de su tiempo. El evangelio de Lucas presenta la maravillosa historia de su nacimiento (Luc. 1:5-25), producto de un milagro, de la sanidad de esterilidad de su madre y del toque de Dios a su anciano padre; semejante al milagro por el cual nace Isaac a Abraham y Sara. En Juan aprendemos que un mensajero del Rey Jesucristo debe primero nacer del Espíritu, venir de Dios, ser real en la experiencia con Dios antes de pregonar a Dios. No se debe predicar el evangelio sin antes haber experimentado el milagro del nuevo nacimiento, Jesús dijo a Nicodemo que si no nacía de nuevo, del Espíritu, no podía ver el reino de Dios (Juan 3:3). Ser un milagro para anunciar milagros. Dicho de otro modo, un mensajero del Rey y de su reino ya ha nacido de nuevo, ya puede verlo, y por tanto, puede proclamarlo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquél de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Rom. 10:14-15). Juan era de la línea sacerdotal, su padre era el sacerdote Zacarías. Todo precursor del Señor, todo siervo de Dios, debe constituirse, o mejor dicho, Dios lo constituyó en un sacerdote (Ap. 1:6; 5:10), un intercesor, un hombre encargado de reconciliar al hombre con su Creador, por ello es que Juan predicaba: Arrepentíos. El Bautista era el Elías que había de venir (Mal. 4:5; Mat. 11:14). Nunca un siervo de Dios ha existido por casualidad; es el cumplimiento de un plan previamente determinado por Dios. Según el evangelista Mateo, Juan el Bautista es el cumplimiento de Isaías 40:3. Versículo que para los judíos fue consuelo en el cautiverio babilónico y esperanza de que Dios los regresaría a su tierra. Para Israel, en el tiempo de Jesús, Juan fue consuelo de la esclavitud romana y esperanza en un Rey que venía a libertarles, del pecado primeramente y del mar vivir en segundo lugar. Para hoy, todo Juan, todo cristiano, debe ser consuelo al mundo en medio de su esclavitud, libertad del pecado y esperanza a la iglesia de que el Rey ya viene, ¡Jesucristo está por regresar!
— Roberto Tinoco
Mateo 3:4
3.4 Tanto el vestido de Juan como su comida eran semejantes al vestido y comida del profeta Elías (compara Mat. 3:4 con 2 R. 1:8); de manera que el cristiano no solo es cristiano, sino que también debe parecer cristiano, de acuerdo a su llamado (1 P. 3:3). Esto es mayormente cierto en el vestido interno: El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo (1Juan 2:6). Juan estaba vestido de piel de camello, figura de profeta. Todo siervo de Dios debe estar dispuesto a resistir la presión extrema del desierto y permanecer siervo en la mayor sequedad. Tiene cinto de cuero alrededor de sus lomos, mientras el Rey se ciñe con oro, símbolo de la naturaleza divina; el siervo se ciñe con la figura del servicio, de la dedicación y la entrega al Rey. Come langostas. En el libro de Joel, las langostas representan ejércitos; así que el siervo de Dios devora ejércitos. Puede plantar y desarraigar naciones. Pero también se alimentaba de miel silvestre, figura de la palabra de Dios, más dulce que la miel. Para presentar el reino de los cielos hay que tener la palabra del cielo.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:5
3.5 Un ministro encendido no pasa desapercibido. El público de Juan el Bautista no era pequeño, salían a él de Jerusalén, la gran ciudad de Dios, pero también de toda Judea y de todo el límite de la tierra prometida, alrededor del Jordán. Juan no iba a ellos, sino que ellos venían a Juan. Un imán de gracia, una luz en la oscuridad. El ministerio de un hombre es tan grande como su influencia. Pasar desapercibido implica no estar haciendo bien las cosas. La fama y la gloria nunca están separadas; y por muy humilde que sea un hombre o una mujer de Dios, si hay gloria de Dios en él o ella, también habrá fama. Quien vive en el pacto produce impacto. Un trastornador del mundo, uno que marca el antes y después de él en su tierra.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:6
3.6 Los judíos tenían la costumbre de bautizar a sus prosélitos antes de circuncidarlos y aceptarlos en su pueblo judío. Era un volver a empezar muriendo y volviendo a nacer. Pero no solían hacer esto con los que ya eran judíos; de manera que la acción de Juan el Bautista fue muy innovadora y revolucionaria, pues bautizaba a los judíos para mostrar su arrepentimiento. También era un volver a empezar, pero en un nuevo movimiento, el movimiento del Rey Jesús. Juan no hizo esto por sí mismo, sino que dio testimonio que Dios lo mandó a bautizar hasta presentar al Rey. Luego Jesús y sus discípulos siguieron con esta práctica y la iglesia la realiza hasta nuestros días. Significa identificarse con Cristo en su muerte y resurrección para una nueva vida (Rom. 6:4); y así, mediante la fe en Él por el bautismo, somos hechos participantes del Cuerpo de Cristo, la comunidad orgánica de creyentes. El bautismo requiere, para ser efectivo, que la persona se arrepienta de sus pecados, los confiese a Dios y se aparte de ellos; de otro modo, se tratará de un ritual sin significado verdadero ni efecto sobrenatural (mira la nota siguiente).
— Roberto Tinoco
Mateo 3:7
3.7 El ministerio de Juan el Bautista no solo atrajo al pueblo en general, sino que alcanzó impacto también entre la clase alta de Israel, los fariseos y los saduceos venían a su bautismo. Eran la parte dominante de la religión y, por ende, de la política y economía de Israel, ya que se derivaban de ella. Los fariseos eran los radicales, significa “santos”. Se trataba del grupo más ortodoxo y comprometido con el judaísmo. Ávidos de ayunar y de hacer largas oraciones, especialmente públicas por el reconocimiento que esto les producía. Cumplían hasta el hartazgo con la ley, de manera que podían separar una semilla de cada diez para dar sus diezmos. El problema con ellos, es que eran duros, carentes de amor, sumamente crueles y críticos de los demás. A sus ojos, eran dignos de las bendiciones de Dios y el resto debía conformarse con su juicio. Por otro lado, estaban los saduceos, la clase dominante, ya que la mayoría de los sacerdotes eran saduceos, incluyendo al Sumo Sacerdote. Eran los más ricos de Israel porque habían hecho del templo su negocio particular. En él, vendían todo lo que se podía vender, desde especie hasta servicios. Sin embargo, no creían en nada sobrenatural, así como tampoco en ángeles ni espíritus, cielo ni infierno. Su religión era materialista y aunque creían en Dios, para ellos todo era aquí y ahora, sin resurrección ni vida eterna en el sentido que la comprendemos hoy. También fariseos y saduceos venían al bautismo de Juan, por lo que Juan no se contuvo y en su acostumbrada manera directa de confrontar, los llamó “generación de víboras”, literalmente significa “que llevan la semilla del diablo” o son hijos del diablo. No había frase peor que esta: como el diablo fingían la religión y se agazapaban entre los hijos de Dios para seguir su maldad. Juan reconoció en ellos a quienes no querían perder a las multitudes y la fama, así como los bienes que resultaban de ellas, de manera que venían al bautismo aparentando arrepentimiento. ¿De quién aprendieron esto? –les reclamó Juan. Ironía alusiva a las tinieblas o Satanás que huyen de la luz como las serpientes escapando del fuego.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:8
3.8 Tanto Juan como la doctrina cristiana no conciben la conversión sin arrepentimiento y el arrepentimiento sin obras que avalen el cambio de conducta. De manera que reclamó a los religiosos su hipocresía exigiéndoles demostrar mediante frutos de vida que se habían arrepentido verdaderamente. Una vez que el hombre ha creído, ha de seguir la fe con el arrepentimiento para salvación. ¿Qué es el arrepentimiento? Arrepentimiento, traducción del griego metánoia, significa «pensar diferente» en el sentido de compunción o dolor. Por definición, el arrepentimiento implica el sentimiento de culpa por el pecado cometido. Y, por consiguiente, se espera un cambio de dirección en la conducta como resultado de un cambio en la forma de pensar. El arrepentimiento bíblico es aquel que trayendo convicción al individuo de su falta al punto de sentir dolor por su acción, hay un cambio en la conducta tratando de enmendar el rumbo del pecado hacia Cristo. La voluntad de Dios es que todos procedan al arrepentimiento, a fin de que ninguno se pierda (2 pedro 3:9); en este sentido, la fe y el arrepentimiento actúan juntos; recayendo la responsabilidad en el hombre y la oportunidad en Dios. Por esto el mensaje del evangelio comienza con arrepentíos y la razón de tal acto es que el reino de los cielos se ha acercado (Mat. 4:17); esto es, los beneficios del cielo comienzan con el arrepentimiento, allí está el punto de partida de la vida cristiana; así como el enmendar el rumbo si en algún momento el creyente parece extraviarse, recuperando así los beneficios y recompensas de esta salvación tan grande. Pero, ¿cómo sabemos que alguno verdaderamente ha creído y se ha arrepentido? El arrepentimiento genuino es seguido de frutos dignos de arrepentimiento; es decir, obras dignas de un cambio de mente del mundo hacia Dios (Hechos 26:20). Si una persona dice haberse convertido a Jesucristo, pero no muestra un cambio de conducta acorde a la justicia y buenas obras de la fe cristiana, el tal miente o se engaña a sí mismo. Nada pone más en claro esto que el ministerio de Juan el Bautista (Mat. 3:1-2, 6-10). La predicación por excelencia del evangelio incluye el arrepentimiento, no hay paz con Dios sin él. Juan comenzó su mensaje de esa forma y aún nuestro Señor Jesucristo habría de iniciar de igual manera. Pero Juan, siendo un ministerio confrontador, repito, al ver que los religiosos de su tiempo también venían a su bautismo, y conociendo que no eran especialmente afectos a sentir dolor por sus pecados, sino que se creían justos, los confrontó con su verdadera naturaleza llamándolos generación de víboras, es decir, de los genes del diablo. Esto demuestra que la conversión es un asunto de cambio de naturaleza y no sólo de religión. Luego, Juan les exigió la demostración de esa nueva naturaleza mediante una nueva manera de conducta, la cual consiste en frutos dignos de arrepentimiento, a saber, nueva vida acorde a la nueva naturaleza por la nueva fe. Anticipándose a la respuesta de los religiosos, Juan les amonesta a reconocer que no tienen los genes de los verdaderos creyentes sin la verdadera conducta, pues les recrimina que no se llamen hijos de Abraham a sí mismos sin hacer las obras de Abraham, por decirlo así (compara Juan 8:39). Necesitaban nacer de nuevo, lo cual sólo Dios puede hacer en el hombre que cree, El puede sacar hijos a Abraham de quien sea (habrían de venir las piedras en el lugar de los hijos del reino, la iglesia gentil y no sólo la nación judía). La consecuencia de la simulación es la condenación, sin frutos de arrepentimiento sólo queda el fuego eterno. El mensaje es claro, propio de alguien tan directo como Juan el Bautista, pero base también del evangelio del reino. Sólo hasta que se han conjuntado la fe, el arrepentimiento y las obras dignas de arrepentimiento podemos decir apropiadamente que la persona se ha convertido a Cristo verdaderamente.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:9
3.9 Los religiosos judíos escondían su hipocresía detrás del linaje sanguíneo. Conforme a la carne descendían de Abraham, pero la refutación de Juan el Bautista es otro paso innovador en el mover de Dios para la salvación humana: no son hijos de Abraham los que descienden de Abraham según la carne, sino según la fe o el espíritu –diría más tarde el apóstol Pablo como el mismo argumento (Rom. 2:28-29). Los religiosos no le decían nada a Juan ante su recriminación, eran cobardes y lo decían dentro de ellos, es decir, en su pensamiento. Pero Juan, lleno del Espíritu Santo podía discernir lo que estaban pensando hacia este particular. La fuente de los hijos de Abraham no era Abraham, sino Dios, en este sentido Isaac era el hijo legítimo de Abraham, el hijo de la promesa que vino mediante la fe; solo Ismael, el otro hijo, podía ser considerado obra de la carne de Abraham, por ello la Palabra dice que los judíos sin la fe de Cristo no son Isaac, sino Ismael (Gal. 4:24-31). Dios levantó a Isaac como hijo de Abraham por la fe y habría de levantar hijos a Abraham de las mismas piedras, pues los gentiles que no éramos pueblo, hemos sido hecho pueblo y considerados piedras vivas de la Casa de Dios a causa de nuestra fe en Cristo Jesús (Ef. 2:13-14; 1 Pedro 2:5), de manera que nuestro verdadero Padre es Dios.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:10
3.10 Los judíos como nación, especialmente los religiosos de la misma, tuvieron mil quinientos años de oportunidad entre Moisés y Cristo para dar fruto que trajera satisfacción a Dios. Dicho fruto eran los frutos del reino de Dios, es decir, su manifestación. El mundo no conoció como debería a Dios y su reino durante el Antiguo Pacto porque los judíos fueron infructíferos. Como consecuencia, el reino sería quitado de ellos y dado a la gente que sí produjera los frutos correctos (Mat. 21:43). Juan el Bautista usó como metáfora para enseñar esta verdad la acción de cortar un árbol infructífero que inutiliza la tierra y quemarlo. Toda persona que escucha el evangelio comienza un tiempo de prueba, si produce fruto, será limpiado y producirá más fruto, pero si no expresa la vida del reino de los cielos, no será considerado más parte del reino (Juan 15:2). Ser cortado y echado en el fuego se escucha como condenación, aunque también podríamos suponer que se refiera al quemar de las obras y no del alma (1 Cor. 3:15).
— Roberto Tinoco
Mateo 3:11
3.11 Juan el Bautista estaba perfectamente ubicado acerca de quién era él respecto del Rey Jesús. Ante su creciente fama y la manera en la que la gente comenzaba a exaltarle, llegando a pensar algunos que él pudiese ser el Mesías, Juan habló sobre sí como el esclavo más bajo de una gran casa. Aquel que se hallaba en el escalafón más bajo entre los esclavos era el que se encargaba de llevar el calzado de su amo, Juan decía que no era digno ni de eso. ¡Como hace falta esa humildad en todos! Como dijese el profeta: no a nosotros, oh Yahwéh, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad (Sal. 115:1). Mi trabajo - decía Juan - es decirles que se arrepientan, ¡pero sólo Jesucristo salva! Mi trabajo es anunciarles que el Rey ya viene y bautizarles con agua en el Jordán como símbolo de arrepentimiento, ¡Pero el Rey Jesucristo viene a bautizarles con el Espíritu Santo! Vivir en ustedes y regenerarles purificándoles como con fuego (el fuego es un símbolo de la regeneración y de la presencia de Dios). Veamos también aquí que no es el Espíritu Santo el que bautiza, sino Jesucristo quien bautiza con el Espíritu Santo. Juan dijo que el Rey venía después de Él, ya que Juan le preparaba el camino. Nosotros decimos que el Rey ya vino, pero que nuevamente regresará, y lo decimos con la misma urgencia e inminencia de Juan.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:12
3.12 Rechazar al Rey Jesús trae condenación. No porque se condene a partir de ese momento el tal, sino porque no aceptó lo único que podía salvarle quien ya estaba condenado. Se usa la figura de un campesino aventando el grano de trigo al aire, la paja se va con el viento, mientras que el trigo cae por ser de más peso. Esto es separación. El reino discrimina entre lo genuino y lo falso, lo útil y lo inútil, la fe y la incredulidad, el amor y la apatía. Semejante a lo sucedido al rey Belsasar, nieto de Nabucodonosor, quien fue hallado falto de peso y condenado por Dios (Dan. 5:1-27). Seria advertencia para cada uno de nosotros. Lo grave de esto es que tanto el granero como el fuego son eternos; es decir, tanto la vida verdadera como la ausencia de ella son para siempre. No vale la pena arriesgarse a entrar en la eternidad para comprobar esta verdad.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:13
3.13 Lo sorprendente, muestra magnánima de la extrema voluntad de Dios por salvarnos: Jesús vino a Juan para ser bautizado por él. El Creador ante la criatura, lo eterno ante lo temporal, lo infinito delante de lo finito. La iniciativa nunca fue nuestra, fue Dios quien se acercó a nosotros. Los méritos tampoco son nuestros, Él lo consiguió todo por sí mismo. Fue su justicia, fueron sus frutos, fueron sus obras. Nosotros sólo recibimos sus beneficios. El Rey vino de Galilea, otra indicación de su humildad. Galilea era considera territorio gentil, menospreciado territorio gentil, cabe decir. Pero Jesús vivió allí y desde allí fue en busca de Juan al Jordán. En el límite de la tierra prometida, el Jordán, entre lo santo y lo inmundo, la vida y la muerte. Así inició y así terminaría: entre el cielo y la tierra.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:14
3.14 Entendido de la grandeza del Rey, Juan se sentía confundido y abrumado ante la petición de Jesús. ¿Cómo habría de bautizar a su Señor? Además, era Juan quien sí necesitaba ser bautizado, el Bautista era pecador, lo mismo que los demás; pero no así Jesús, Él fue sin pecado (Is. 53:9; Heb. 4:15; Heb. 7:26; 1 P. 2:22; 1 Jn. 3:5), sino para ser ungido Rey y para identificarse con todos los pecadores. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Co.5:21). De manera que Cristo no requería bautismo, pues no tenía de qué arrepentirse. En Él no hacía falta el nuevo nacimiento, pues nació de Dios desde su concepción. Es de esos extraños momentos en los que Dios parece necesitarte, no te necesita, pero parece. De pronto el Todopoderoso te llama a su servicio como si fueses útil y no tienes más opción que servirle (aunque es un gozoso privilegio). Es maravilloso que Dios te haga parte, lo que te convierte en especial. ¿Sabías que Dios viene a ti? Por otro lado, la costumbre bíblica para coronar a un rey sobre Israel era la unción con aceite. Ejemplos: Samuel ungió a David (1 Sam. 16:13); Samuel ungió a Saúl (1 Sam. 10:1); un siervo de Eliseo ungió a Jehú, hijo de Josafat por orden del profeta (2 R. 9:6). Por ello, era necesario que Jesús fuese bautizado, sería ungido con aceite hasta el final de su ministerio, para morir; pero al principio con agua para presentar la nueva vida del reino. Dicho mas claramente: requería ser ungido Rey, esto significa Cristo, “el ungido”, mas con agua, símbolo de la nueva vida, del reino de Dios (Jn.3:5). El Bautismo significa “muerte, sepultura y resurrección” (Rom.6:4), por lo que Jesucristo al bautizarse, habría de llevar a cabo su obra en el poder de la resurrección. La resurrección habla de nueva vida (Rom.6:4), Jesucristo trajo nueva vida aún antes de morir (Juan 3:36; 5:24; 6:54). El bautismo de Jesús hace a un lado el orden anterior de la ley, el ministerio de muerte, para dar lugar al ministerio del Espíritu, la nueva vida (2 Cor. 3:7-8).
— Roberto Tinoco
Mateo 3:15
3.15 Conviene que cumplamos toda justicia. El ideal de justicia que no se cumple no es justicia y tampoco lo es la justicia que cumple solo una parte de la misma. El Rey ha sido la expresión más alta de la justicia de Dios, la justicia perfecta, por tanto, no iba a dejar un solo punto sin cumplir. Viviría todo lo relativo al reino de Dios, incluyendo aquello que no necesitara personalmente, pero que si se requería corporativamente. Es decir, como Cabeza de la nueva creación debía hacer todo lo que trajera nuestra justificación. Jesús no ganaba nada bautizándose para Él ni perdía nada para Él por no bautizarse; pero como Salvador debía hacer todo lo que nosotros habríamos de requerir, su bautismo nos incluye en un Cuerpo a todos los que nos identifiquemos con Él luego que también seamos bautizados en su Nombre y nos permite ser tomados como justos por Dios. Hay ocasiones cuando hacer lo correcto en un punto específico podría ser evitado de forma personal, pero debe realizarse por causa de los demás. Es la responsabilidad corporativa. Hacer lo que se debe hacer por los demás y no solo lo que se necesita hacer por uno mismo. Esto conviene, es benéfico.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:16
3.16 Al bautizarse los cielos le fueron abiertos; el bautismo significa muerte y resurrección, por esto es que el cielo se abre a quienes han dejado atrás la vida terrenal. Hay quienes viven como con los cielos cerrados por estar enfocados en lo terrenal, pero también hay quienes tienen los cielos abiertos por tener su corazón en las cosas de arriba. Jesús vio al Espíritu de Dios que venía en forma corporal sobre Él como paloma. No solo Él lo vio, todos lo vieron; pero sólo vino sobre Él. Ser ungido con el Espíritu Santo no pasa desapercibido a nadie, pero únicamente es recibido por quienes se dan a Dios de verdad. ¿Quieres verlo o quieres verlo y experimentarlo? Ser un testigo de las maravillas del Espíritu Santo es muy emocionante, pero ser un ungido con el Espíritu Santo que luego hará maravillas es mucho mejor. Sigue los pasos de Jesús para vivirlos y no solo para conocerlos. Aquí vemos al Cordero y a la Paloma; nos llama la atención el León y el Fuego, pero Dios no solo es poder, sino también compasión. Es Cordero para sacrificio y Paloma de carácter manso. Somos atraídos por lo espectacular, pero lo espectacular no significará nada, sin la misericordia y la compasión. La Paloma desciende sobre el Cordero; así que busca ser una ofrenda a Dios y el Espíritu Santo vendrá sobre ti. Cuando David fue ungido Rey, el Espíritu de Dios descendió con poder sobre David (1 Sam. 16:13); lo mismo sucedió con Saúl, quien dice la Biblia, después de su unción como Rey de Israel, “Dios le transformó el corazón”, “lo mudó en otro hombre”, porque “descendió el Espíritu de Dios sobre él” (1 Sam. 10:1,6,9-10). Así mismo, después de que Jesús fue bautizado en agua, símbolo de su unción real, los cielos se abrieron y el Espíritu vino sobre Él. Así estaba escrito por Isaías: Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre Él y el Espíritu de Yahwéh; Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor de Yahwéh (Isaías 11:1-2). ¿Por qué necesitaba Jesús el poder del Espíritu Santo, si Él es Dios Hijo? Mateo, Marcos y Lucas presentan el bautismo de Jesús en sus respectivos escritos para resaltar en Jesús el Rey, en Jesús el Siervo y en Jesús el Hombre, su humanidad. Únicamente Juan omite en su evangelio el bautismo de Cristo, porque él presenta a Jesús como el Verbo divino, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Deidad. Como Mesías, según Mateo, Jesús actuó humanamente, en el poder del Espíritu Santo, dijo al respecto el apóstol Pedro en su sermón en casa de Cornelio: Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él (Hch. 10:38). Esto nos alienta, si Jesús, siendo perfecto, siendo el Hijo de Dios, vivió en la guianza del Espíritu Divino como Hombre dejando de lado su propio poder, ¡Cuánto más lo necesitamos nosotros! Llama la atención que Jesús fue bautizado por Juan en el Jordán y “subió luego del agua”, esta es una clara referencia a que el bautismo se realiza por inmersión, tal y como lo enseñaron los padres de la iglesia, salvo los casos clínicos en los que por enfermedad, los creyentes no podían ser sumergidos en el agua, por lo que se les administraba el bautismo por aspersión. También resaltan las tres Personas de la Deidad, el Hijo es bautizado por Juan, el Espíritu Santo desciende sobre Él en forma de paloma y el Padre habla desde los cielos (Mt.3:16-17). Esto nos enseña que las tres personas Divinas habitan simultáneamente (1 Juan 5:6-8). Además, la Trinidad presente valida la fórmula bautismal enseñada después por Jesucristo: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mat. 28:19). Respecto de que el Espíritu Santo descendió en forma de paloma es posible añadir que una paloma fue enviada por Noé para saber si habían descendido las aguas del diluvio a fin de salir seguros del arca (Gen. 8:8-12). (Por cierto que Pedro usa el diluvio como figura del bautismo 1 P. 3.21). La paloma era la ofrenda por el pecado del pobre, a fin de tener seguridad de perdón (Lev. 5:7,11; 12:8). El salmista expresa su deseo de encontrar reposo y seguridad al poder escapar de sus aflicciones con “alas de paloma” (Sal. 55:6). Así como el título de su salmo 56 “la paloma silenciosa de la lejanía”. Mictam de David cuando los filisteos lo apresaron en Gat. Jeremías amonestó al pueblo a buscar la seguridad escapando de las ciudades a los peñascos, “como la paloma hace sus nidos en los bordes del precipicio” (Jer. 48:28). Además de que la señal que confirmaría a Juan el Bautista para conocer al Mesías era ver “descender el Espíritu de Dios como paloma” sobre el Cristo. Una señal segura: El es el que bautiza con el Espíritu Santo, seguridad de que es el Hijo y el Cordero de Dios (Juan 1:32-36). ¿Cuál es la semejanza en el uso de la paloma en estos versículos? ¡La seguridad! Para Noé, la seguridad de salvación. Para el pecador, la seguridad de perdón. Para el salmista, la seguridad de ser librado de sus enemigos. Para Israel en tiempo de Jeremías, la seguridad de escapar de la dispersión y esclavitud babilónica. Para Juan el Bautista la seguridad de que Jesús bautiza con el Espíritu Santo, es el Hijo y el Cordero de Dios. El mensaje del Espíritu al mundo al descender como paloma sobre Jesús es que hay seguridad en Jesucristo. Él es el ungido, el Cristo, el Rey. Ten confianza, hay seguridad en el Hijo de Dios que vino como Hijo del Hombre. Hay esperanza, la Paloma sobre Cristo dice que el Cordero de Dios quita el pecado del mundo y salva de la condenación. No hay juicio, como el diluvio, que te condene, ni pecado que no sea perdonado, ni liberación de los enemigos que no pueda efectuarse , ni libertad que no se de si creemos en el Rey Jesús.
— Roberto Tinoco
Mateo 3:17
3.17 Se oyó desde los cielos, porque Él es el Padre Celestial (Mat. 6:14,26; Luc. 11:13). Esta es una forma de indicar que el Reino de Dios, en el cual Jesús es el Rey, es un reino donde los cielos gobiernan la tierra; no es de este mundo: Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí (Juan 18:36; mira además Mat. 3:2; 4:17; 10:7). En tres ocasiones sobresalientes durante el ministerio del Rey Jesús se oyó esta misma voz desde los cielos: en el bautismo del Rey (Mat. 3:17); en la transfiguración del Rey (Mat. 17:5); y poco antes de su crucifixión (Juan 12:28). Diciendo con esto el Padre Celestial: “He ungido a mi Hijo amado para que sea vuestro Rey, su gloria real fue anunciada por la ley y los profetas y lo he dado por vosotros para vuestra justificación y mi glorificación a través de su muerte.” El mensaje celeste del Padre fue: “este es mi Hijo amado”; ya vimos que sobre esta declaración descansa el evangelio del reino de los cielos. Pero además, cuando dijo “Amado” estaba enfatizando que Él es único, diferente, especial. De manera que al enviarlo nos mostraba su amor, pues si nos da lo que más ama, ¿cuánto nos amará? En esto se mostró el amor de Dios para nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:9-10). Un día, Dios demandó de Abraham una prueba de su amor al pedirle a su único hijo en sacrificio, “a quien amas” - le dijo (Gen. 22:1-2). Mas en el texto que nos ocupa, Dios demostró su amor al mundo dando a su único Hijo “en quien tiene complacencia”: Porque de tal manera amó Dios al mundo Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).
— Roberto Tinoco